CAPÍTULO 6

EL CAMINO DE REGRESO

Me quedo pasmada tratando de encontrarle lógica al letrero. ¿Tal vez lo estaba leyendo mal? ¿O tal vez el cansancio me estaba haciendo una jugada?

Entonces, como rayos en una tormenta, las ideas llegan una tras otra, cada una cargada con una sensación de angustia más intensa que la anterior. ¿Por qué debo quedarme aquí? ¿Hay alguien en peligro? ¿En dónde está Peeta? ¿Es esto una trampa? ¿Están de regreso? Una ola de terror amenaza con envolverme cuando los flashbacks de los primeros juegos llegan. Cierro los ojos con mucha fuerza y lanzo mis manos a los oídos tratando de ahogar el conteo regresivo, los gruñidos y el zumbido que sube y sube de volumen. El pecho comienza a dolerme y siento que el aire se me escapa. Estoy siendo revolcada por la ola y los recuerdos de los segundos juegos llegan como un golpe que me deja sin aire: el agua salada, la frontera eléctrica, la mano invisible que fue matándolos a todos uno a uno. Pero la imagen de todos los tributos a punto de saltar al agua me recuerda que mi determinación era más fuerte que el sistema que nos había puesto ahí, y que tenía una misión: proteger a Peeta a toda costa. Y entonces, mi instinto de supervivencia se activa.

Alerta, pienso primero en mi arco guardado en mi casa, pero el letrero de Peeta me ancla al piso. Dividida entre ambas opciones, elijo quedarme pero entro para estar más segura. Me detengo un instante intentando distinguir entre la oscuridad si hay alguien-o algo- en la sala o el comedor, pero una mirada rápida-también al techo-me hace creer que no es así.

Busco frenéticamente algo con lo que pueda defenderme. Abro cajones en la cocina y me hago de un cuchillo. Volteo hacia la sala y al ver la chimenea recuerdo las herramientas para el fuego, así que me dirijo hacia allí. Intento pensar en si subir al segundo piso es buena idea, pero ahora que sé que el primer nivel está vacío, me quedo en una esquina junto a la chimenea con el cuchillo en una mano y un azadón en la otra, además, si es necesario, puedo salir por la puerta de enfrente. Me agacho hasta quedar en cuclillas y espero.

Una gota de sudor frío me recorre la espalda. Si están aquí, debo estar preparada para recibirlos así que intento tranquilizarme para que el palpitar de mi corazón deje de retumbar en mis oídos. Respiro. ¿Qué espero escuchar? Respiro. ¿Sonido de las botas de soldados? Respiro. ¿Las pisadas de mutos en el pasto? Respiro ¿Un grito de angustia de Peeta?

Respira, Katniss.

No sé cuánto tiempo ha pasado. ¿Unos minutos o una hora? Un ruido frente a mí me acelera la respiración...alguien está pasando por el lateral de la casa. La altura de las ventanas no me dejan distinguir qué es así que agudizo mi oído. Los pasos se alejan y me quedo inmóvil por unos segundos más. Volteo frenéticamente hacia todos lados buscando cualquier cosa que me de una pista de lo que está pasando.

Peeta, ¡¿dónde estás?!

-¡¿Katniss, estás aquí?!

-¿Peeta?-respondo incrédula.

-¡Oh, Katniss!-

Escucho un ruido y un momento después la luz se enciende, dejándome momentáneamente ciega. Cuando logro ver bien de nuevo, Peeta se dirige apresuradamente hacia mí y su rostro refleja el alivio que noté en su tono de voz.

-Peeta…- logro decir mientras intento ponerme de pie.

-¡AQUÍ ESTÁ!-dice a todo pulmón sin quitarme los ojos de encima -¿Estás bien?-me pregunta bajando la voz mientras da los últimos pasos para llegar al sitio en el que estoy, extendiendo sus manos para ayudarme a ponerme de pie.

-¿Qué…-

-¡KATNISS!- la voz de Haymitch llega desde afuera y me inclino ligeramente hacia un lado para esquivar la figura de Peeta y poder ver hacia el porche. La luz de la cocina me permite distinguir la figura de Haymitch subiendo los escalones y al asomar la cabeza por la puerta pregunta -¿Está bien, Peeta?

Volteo a ver a Peeta extrañada y sus ojos escudriñan mi rostro frenéticamente. Está muy cerca mío y con gran delicadeza alcanza mi mano.

-¿Katniss, voy a quitarte el cuchillo, de acuerdo? ¿Podrías soltar el azadón?-

Un "Oh" sale involuntariamente de mis labios. Me había olvidado que los sostenía. Hago lo que me pide mientras relajo la mano izquierda para que pueda tomar el cuchillo. El azadón hace un ruido sordo en la alfombra.

-Está bien-le dice Peeta a Haymitch girando ligeramente el rostro hacia el porche.

-No vuelvas a irte así, Katniss-me dice Haymitch desde la cocina- Peeta tuvo una crisis nerviosa y yo ya estoy muy viejo para buscar a nadie en el bosque.

-¿Estás herida?-Me pregunta tranquilamente Peeta mirándome a los ojos.

-Yo...no, estoy bien-le contesto recuperando un poco la compostura.

Un suspiro profundo sale de Peeta seguido inmediatamente del azote de la puerta de la cocina.

-Yo les aviso, Peeta ¡Quiero escuchar todo mañana, sweetheart!- grita Haymitch mientras lo veo alejarse en dirección a su casa.

Quiero decir algo pero me cuesta ordenar mis ideas. Peeta sigue frente a mí y lo atrapo viendo el cuchillo, que ahora está en su mano. El silencio se cierne sobre ambos.

-¿Por qué no volviste cuando oscureció?- finalmente dice.

Su pregunta me toma por sorpresa, pero un velo de alivio parece finalmente cubrir el caos de mi mente. La realización apaga algo en mí y por segunda vez en el día, siento que mis piernas colapsan debajo mío.

Las manos de Peeta me sujetan con fuerza y con un movimiento rápido pasa su brazo por debajo de mis piernas para levantarme en vilo. Hago un esfuerzo consciente por no cerrar mis párpados pero se siente muy bien. Tal vez solo unos segundos…

Me siento como una pluma a merced del viento. Suspendida en la nada, floto sin rumbo.

-Katniss- la voz de Peeta me regresa y abro lentamente mis ojos. Su rostro preocupado está muy cerca del mío y siento el calor de su cuerpo a mi costado. Estoy recostada en uno de los sillones.

Un cosquilleo agradable me recorre el cuerpo. Tengo mucho sueño.

-Lo siento-le digo sin pensar.

-Tranquila, todo está bien-y añade- Te desmayaste- respondiendo así una pregunta que aún no terminaba de formarse en mi mente.

El silencio queda suspendido entre nosotros, pero esta vez es distinto. Hay cierta calma en ello. El aura de los mutos que acecharon mi mente hace poco se ha quedado en segundo plano, aunque un dejo de inquietud sigue presente.

-¿A dónde fuiste?- me pregunta.

-Al prado- le respondo un instante después, aunque encuentro rara su pregunta. Él sabe que siempre salgo hacia allá.

-Fuimos a buscarte y no estabas ahí.

Mi cerebro decide por fin ponerse a trabajar y me doy cuenta de lo que pasó.

-Oh, sí, es que cuando ví que se hizo de noche, tomé otra ruta que es más fácil.

-Oh-se limita a contestar- Es que se hizo muy tarde y me preocupé...nos preocupamos-añadió.

Reflexiono un momento en un esfuerzo por explicarle pero "me quedé dormida" suena un poco simplista y hasta ridículo. La culpa me invade.

-Lo siento...yo...creo que me quedé dormida.

-Ah…-y unos momentos después añade- ¿por eso estás empapada? Dormiste en el pasto-dice, aparentemente para sí mismo.

-Creo que sí.

-Estás muy helada. Será mejor que te cambies de ropa o te vas a resfriar.

La inquietud de hace un momento finalmente toma forma: debo irme a casa. Un escalofrío recorre mi cuerpo al pensar en la oscuridad y la soledad que la invaden y en donde, estoy segura, pasaré una noche terrible con las escenas revividas de los juegos aún frescas en mi mente.

Hago el intento de incorporarme en el sillón pero me cuesta trabajo. Peeta se pone de pie y me ayuda tomándome de las manos para jalarme y poder sentarme propiamente.

-Te traeré agua-anuncia en el momento en que me suelta las manos.

Me siento totalmente agotada. Mi boca está seca y noto que la espalda ha comenzado a dolerme de nuevo al tiempo que bajo los pies al piso.

Peeta regresa con un vaso de agua y me lo ofrece. Me lo termino de un solo trago al darme cuenta de lo sedienta que estoy y recuerdo que que no he bebido ni comida nada desde el almuerzo. Peeta se sienta frente a mí en la mesita del café mientras me seco la barbilla.

-Yo también lo siento…-me dice mirándome a los ojos- por haberte asustado con el letrero-y desviando la mirada añade- Se hizo tarde y cuando vi que no llegabas entré en pánico.

-Pensé en mil cosas- le confieso sin pensar.

-Yo también- me responde-, no pude evitar pensar en los peores escenarios y decidí ir al centro del pueblo a preguntard. Cuando Sae me dijo que averiguó que te habían visto dirigirte al cerco, regresé por Haymitch para salir por tí pero solo pudimos llegar hasta cierto punto del camino, así que decidimos esperarte ahí- su mirada está fijada en algún punto detrás mío.

-Entiendo-le digo-Lo lamento- vuelvo a decirle.

-Está bien-responde, pero su mirada esconde algo que no sé descifrar.

-No vuelvas a hacerlo ¿de acuerdo?. Y si lo haces sigue el mismo camino para poder ir por tí si es necesario, ¿está bien?

-Sí-respondo sin pensarlo mucho.

Un suspiro suyo llena el espacio y finalmente es él quien habla.

-Vayamos a descansar, Katniss.

Me tenso en el sillón. No quiero molestarlo más pero la perspectiva de ir a casa me paraliza. Algo en mi mirada me delata.

-Quédate aquí- me dice torpemente.- Ha sido un día difícil y tengo el presentimiento de que la noche lo será aún más.

Ante la perspectiva de pasar una noche terrible, me tomo unos momentos para responder, pero en el fondo sé que no tengo energía para luchar contra mi conciencia. De verdad no quiero molestarlo, pero encuentro la idea de ir a mi casa repulsiva. Avergonzada, asiento con mi cabeza.

-Puedo dormir aquí en el sillón, está bien-ofrezco casi inmediatamente. No quiero incomodarlo más de lo que ya lo he hecho.

-No-me responde de tajantemente y rápidamente añade en otro tono- Me refiero a que hay tres habitaciones en la casa y este sillón es muy incómodo. Despertarás con dolor de espalda, créeme.

La ironía no se me escapa y resisto la tentación de contarle que tengo meses con dolor de espalda

-Vamos-me dice al tiempo que se pone de pie-Te prestaré algo con que dormir. Muero de cansancio y no tengo energía para ir por un cambio a tu casa.

Por un momento pienso en discutir. Puedo ir yo misma por mi ropa, o simplemente puedo dormir con la ropa que traigo puesta, como lo hago siempre. Pero para cuando comienzo a subir los primero escalones, he decidido ahorrarnos a los dos ese intercambio.

-Aquí-señala Peeta después de encender la luz de la habitación- Hay mantas en el armario. Ya vuelvo con ropa para tí.

Entro sigilosamente a una habitación de techo bajo, piso de madera y grandes ventanas con cortinas que se mueven ligeramente por la brisa nocturna. El olor a la noche se siente como un bálsamo que parece tranquilizar mi mente agitada. Me doy la vuelta cuando escucho los pasos de Peeta y lo veo emerger de la habitación cruzando el pasillo.

-Cámbiate-me dice al entregarme un paquete de ropa cuidadosamente doblada- Puedes dejar tu ropa en el suelo, mañana lidiamos con ello.

-Gracias-le digo en voz baja.

Su mirada compasiva aterriza en mi rostro y me dice

-De nada, Katniss- y un momento después, añade en tono dudoso -No cerremos las puertas de las habitaciones...así podremos escucharnos si algo pasa-añade con una mirada significativa que ambos entendemos bien: pesadillas.

-Avísame si necesitas algo, ¿de acuerdo?

-Sí

-Descansa

-Buenas noches

Recostada bajo las mantas, usando la ropa de Peeta, en una cama que de alguna manera se siente más cómoda, en una habitación que parece ser más acogedora, respirando un aire menos viciado, hago un esfuerzo por desacelerar mi mente. Me resisto a cerrar los ojos hasta que lo logre.

Escucho sus pasos antes de verlo.

-Katniss ¿Estás despierta?-me pregunta desde la puerta

-Sí.

-¿Cómo supiste que yo te había dejado la nota? Pudieron ser ellos.

No es su pregunta lo que me sorprende, sino que su tren de pensamiento haya ido hacia el mismo rumbo que el mío. Ellos. Ni él ni yo hemos dejado de tener nuestra guardia arriba. Agotados emocionalmente todo el tiempo, es difícil avanzar.

-Reconocería tu letra en cualquier lado.

-Claro.

-Peeta, ¿por qué saliste a buscarme? Siempre he regresado, ¿por qué habría de ser diferente esta vez?

-Bueno...me aterra que, de alguna manera, te pierdas en el camino

No se me escapa el significado detrás de su respuesta y su honestidad me anima a hacerle la pregunta que me está carcomiendo.

-...Bueno...Gracias por buscarme

-De nada

-Peeta…

-Si…

-Sería mejor para ti que yo no estuviera cerca ¿Real o no real?

Después de unos momentos responde:

-No real. Buenas noches