¡Hola! Hace mucho no escribo algo, pero últimamente he estado jugando Breath of The Wild, y se me vino esto cuando leía el diario de Zelda en el juego :P. Link parece ser mudo, pero en realidad habla, solo que se expresa cuando es realmente requerible. Y bueno, esto es corto pero espero que les guste, planeo escribir más pero por ahora voy a dejar esto aquí. También voy a traducirlo en inglés para que lo lean los amantes de este ship de habla anglosajona! c:
Y eso sería todo. Disfrútenlo!
Advertencia: Hay spoilers del juego, por lo que queda bajo tu responsabilidad leerlo.
Se ha sabido que el joven Link no es alguien de muchas palabras, lo cual se debe a la presión social que carga su puesto como guardia personal de la princesa de Hyrule. Esto lo ha convertido en objeto tanto de admiración por muchos, como de envidia por otros. Por ende, soltar el más mínimo vocablo puede significar un millar de malentendidos, que se prestarían fácil a los chismes. (tal vez como los de Mirene, por ejemplo.)
Pero esto no quiere decir que deba ser una piedra por el resto de su vida. Él, al verse sumido en esta situación, ha decidido sólo hablar y decir lo indispensable en los momentos adecuados, siempre procurando ser honesto y con determinación a ser fiel a su propia idea expresada, sin importar el qué dirán. Puede sonar contradictorio, pero es que hay sentimientos que deben salir de nuestro interior sí o sí, puesto a que reprimirlos no siempre es bueno (y a veces, el decirlos trae sorpresas inesperadas.)
Y un ejemplo bastante claro de eso último es lo que sucedería a continuación.
...
La joven monarca de la Tierra Sagrada de las Diosas había enfermado, a causa de uno de sus tantos sobre esforzados rezos. Era ya común que esto pasase, pero no quiere decir que no sea asunto de preocupación para varios seres cercanos a la princesa.
Sin embargo, se mostraba ya en un estado de recuperación leve, aunque eso no la detenía de querer escabullirse de su cuarto para ir a hacer sus investigaciones con los sheikah (que a fin de cuentas, si aportaban algo para la solución al problema del despertar de Ganon que todos temían.)
No iba a ir sola, pues la matriarca de las gerudo, quien apoyaba firmemente ese espíritu investigador y explorador de Zelda, estaría en sus planes para ayudarle. Necesitaba saber si algunas piedras preciosas con las que trabajan las gerudo para hacer joyería, tenían un efecto que minimizara los ataques de rayos que a veces arrojaban los esbirros de la Calamidad
Por su parte, Link quedó libre ese día, ya que le habían informado que el personal del castillo se haría cargo de los cuidados personales y de salud de la chica. Este aprovechó para ir a Hatelia a recoger unas cosas que había dejado su antiguo hogar.
Iba vestido con su túnica hyliana roja y una capucha hecha por la misma princesa. Se le hacía muy cómoda y le cubría del sol que a veces daba un calor terrible (e inconscientemente, no podía estar sin llevar algo de Zelda en su atuendo de día a día. En ese caso, como no portaba la túnica de Campeón Hyliano, decidió llevar esa capa que tanto le gustaba.)
Pero su pasivo trayecto se vió interrumpido, cuando sus puntiagudas orejas lograron captar algo que retumbaría incómodamente su conciencia.
—¿Ya viste que la princesa volvió a fallar en su labor? -dijo con voz burlona una campesina.
—¿De verdad? era de esperarse de ella. Sinceramente, ya no me sorprende. -le sucedió otra mujer, de una edad algo más adulta.
Link no era un aficionado al chisme y mucho menos hacía caso de rumores tontos, pero por alguna razón no pudo evitar esconderse tras un ancho árbol, que se situaba cerca de las dos hylianas, cosa que hizo para oír mejor la conversación.
—Dicen que se enfermó de nuevo, y ni así pudo lograr algo mínimo. Si que deja mucho que desear.
—También oí que tenía problemas con su padre, porque no estaba atenta con sus responsabilidades reales. No solo es una inútil para proteger a su pueblo, si no que también es un fracaso como princesa.
Un sentimiento negativo crecía en el interior del Elegido de las Diosas. Apretó su puño derecho con molestia, mientras seguía ahí, con la vaga esperanza de que se detuvieran.
No obstante, lo próximo que escucharía sería la gota que derramara el vaso.
—Pero para lo que es buena es para elegir hombres. Ese muchacho que siempre está con ella es todo un galán... ¿Cómo se llamaba? -cuestionó la fémina joven estando curiosa.
—¡Oh! ¿Hablas de su guardaespaldas personal? Si no me equivoco, se llamaba Link. Y sí... el chico si que tiene lo suyo. Dicen que es muy habilidoso con la espada... -mencionó la dama más adulta con picardía.
—Uh, ¿de verdad? Hmm, me imagino que con muchos tipos de armas también... a lo mejor por eso lo escogió la princesa, para poder saciar a la muy zo...
—¡NI UNA PALABRA MÁS, SEÑORITA!
El ojiazul apareció con un remarcado enojo, tanto en su voz como en su mirada. No pudo soportar las palabras de las habitantes y no quería seguir oyendo, por nada del mundo, las groserías con las que describirían a su princesa.
—¿Eh? ¿Y tú quién eres? -cuestionó una de ellas altanera.
—¡O-oye! Creo que es el guardaespaldas de la princesa Zelda... ¿no es así?
—Eso da igual, señorita. Pero lo que si debe importarle es no hablar falacias de su majestad, pues ella se ha esforzado como no se lo imagina. ¿Acaso cree que se enferma por gusto? ¡Claro que no! Ella día con día le pide a las diosas desde lo más profundo de su corazón, ser y alma que le ayuden a proteger de este reino. No es un trabajo fácil y no lo haría una persona cualquiera como lo serían ustedes dos.
La ira fulminante de Link logró asustar a las chicas, quienes ya no sabían que decir. Pero ahí no acababa, el iba a soltar todo lo necesario para dejar en claro lo que pensaba de su princesa.
Incluso las personas que estaban alrededor se detuvieron, les llamaba la atención la discusión que estaba ocurriendo en ese momento a mitad del pueblo.
—Y por último, déjeme decirle que ella es una mujer muy decente en muchos aspectos, incluso más que ustedes dos juntas. Ella me eligió porque se siente segura conmigo y porque confía en mí en absoluto. Y yo he demostrado eso en cada momento que estoy a su lado, siempre procurando protegerla y no dejarla sola, tanto por cuestiones de peligro como por cuestiones personales.
Acercó su mano al torso, justo donde estaba su corazón, que latía tan intenso como su discurso.
—Yo deseo protegerla con cada fibra de mi ser, pero se que también puede ser libre en muchas cosas, así que la apoyo en todo lo que ella necesite, pues mi deber no solo es cuidarla, si no que también asegurarme de su bienestar emocional. Incluso me atrevo a decir que, si no hubiera sido yo un caballero en esta vida... si yo hubiera sido otra persona...de igual manera, habría buscado la forma de protegerla, ya sea directa o indirectamente. -dió un paso adelante, lo que logró intimidarlas más. —Así que dejen de soltar estupideces que no aportan nada bueno o útil a nuestro pueblo... ¿Les quedó claro?
Las mujeres se petrificaron. La defensa de Link fue tan vehemente que ellas ya no supieron que decir. No les quedó de otra más que alejarse del muchacho, al que criticaron en murmullos. Por su parte, el ojiazul reaccionó tarde con un fuerte rubor, a las intensas y reveladoras afirmaciones que salieron de lo más profundo de su ser. La gente, por su lado, reaccionó positivo a las palabras de Link con aplausos y alabos, quienes concordaban en muchos puntos con él.
Pero Link no pudo pensar en otra cosa más qué en la vergüenza de su atrevida declaración, por lo que rápido se fue de ahí a desaparecer de ahí, antes de que alguien se atreviera a preguntar sobre ciertas declaraciones.
Ajeno a todo eso, había dos personas que habían contemplado todo de lejos.
—Ah, mira que si valió la pena venir de incógnito, Zelda. Ese chico sabe lo que dice.
Urbosa y Zelda, quienes habían oído todo a escondidas de una casa, iban a ir al laboratorio para una cosas que necesitaban para su investigación. Estaban cubiertas con para proteger sus identidades. Sin embargo, se toparon con esa escena y fue difícil ignorar lo que confesaba el chico. Urbosa tenía una enorme sonrisa y le enorgullecía mucho la actitud y sinceridad de Link, mientras que la princesa ardía de un color rojo, uno que tal vez, era más fuerte que la cabellera de la matriarca.
—L-Link... -dijo la ojiverde muy bajo.
—¿Qué ocurre? ¿Te quedaste sin palabras?
—¿Ehh?... ¡N-no! Es que...
La gerudo no evitó reír por su reacción. Sabía que esos dos estaban destinados a estar juntos desde hace mucho. Y ver qué realmente había sentimientos genuinos por el otro le agradaba bastante, aunque también no podía evadir sus ganas de molestar a la que fuera como su segunda hija con el tema.
—Ahora la callada eres tú. Se lo tenía muy bien guardado ese muchacho. Hasta parece que tiene un don de saber cuando y cómo hablar en los instantes apropiados.
—Ya vámonos con Prunia, nos ha de estar esperando... -expresó nerviosa la muchacha, queriendo cambiar el tema.
—Lo que tú digas, princesa... de Link. -agregó la morena con una sonrisa mordaz.
—¡Agh, Urbosaaaa!
Partieron al laboratorio de la sheikah científica. Mientras Urbosa se mofaba, Zelda seguía pasmada por lo que acababa de oír. Pero por muy dentro, una sensación de felicidad revoloteaba. Era un sentimiento que pocas veces había sentido... pero le gustaba mucho por más efímero que fuese.
