Mordida de amor
1: Mordisco Dulce
—Mmm. ¡Qué bien que huele tu cabello!
—Umm, ¡caramba! Gracias, Jack.
Hinata Hyuga miró con atención los alrededores del oscuro estacionamiento que estaban cruzando; aliviada al ver que estaban solos.
— ¿Pero crees que podrías sacar tu mano de mi culo?
—Yahiko.
— ¿Qué?
Ella echó confusa un vistazo hacia su apuesto rostro.
—Mi nombre es Yahiko, —explicó él con una abierta sonrisa.
— ¡Oh! —Suspiró—. Bien, Yahiko, ¿podrías sacar tu mano de mi culo?
—Creí que te gustaba.
Su mano estaba firmemente plantada sobre su nalga izquierda, apretando de una manera total pero a la vez amistosa. Resistiendo el impulso de aporrearlo en la cabeza y arrastrarlo a los arbustos como el neandertal que era, forzó una sonrisa.
—Me gustas, pero esperemos hasta que llegamos a tu automóvil si quieres.
— ¡Oh! Sí. Mi automóvil, —interrumpió—. Sobre eso...
Hinata dejó de caminar para mirarlo a la cara, sus ojos se entrecerraron con desconfianza ante la incomodidad que pasó repentinamente por su expresión.
— ¿Qué?
—No tengo automóvil, —admitió Yahiko.
Hinata sintió que su cerebro parpadeaba mientras intentaba aceptar noticias. En Canadá, todos los mayores de veinte años tenían un automóvil. Bien, prácticamente todos. Está bien, quizás ésa fuera una exageración, pero la mayoría de los machos solteros en edad de tener citas tenían ruedas. Era como una norma tácita o algo por el estilo.
Antes de que pudiera hacer comentarios, Yahiko añadió:—Pensaba que tú tendrías uno.
Sonaba casi como una acusación, notó Hinata frunciendo el ceño. En algunos aspectos, el movimiento feminista realmente no le había hecho ningún favor a las mujeres. Dónde se habían ido los días en que él, como el hombre, habría tenido el vehículo o asumido la responsabilidad de conseguirles un lugar en dónde estar solos sin segundas intenciones. Ahora parecía disgustado, como si ella le hubiera fallado de algún modo por no tener un automóvil.
—Tengo automóvil, —dijo poniéndose a la defensiva—. Pero vine hasta aquí con mi primo.
— ¿El del corte hongo?
—No. Ése es mi amigo, Lee. Sai es el que conducía, —contestó Hinata distraídamente mientras consideraba el problema. No tenía ningún automóvil y Sai había cerrado con llave el Jeep cuando habían llegado. Suponía que podía regresar a la barra, encontrar a Sai y pedirle prestadas sus llaves; pero realmente, Hinata no quería usar su Jeep para...
—Bien, aquí está bien. No me molesta la naturaleza.
Hinata sacudió sus pensamientos cuando la agarró por las caderas y la apretó contra él. Ella se apoyó instintivamente, poniendo un poco de espacio entre la mitad superior de sus cuerpos, pero eso no hizo nada para evitar que sus mitades inferiores se ajustaran. Había quedado repentinamente claro que la idea de la naturaleza realmente no molestaba a Yahiko. En realidad, la dureza que la presionaba indicaba que la idea lo había excitado.
Era, obviamente, un tipo excitable, decidió Hinata. Ella misma no veía cual era el atractivo de la naturaleza, por lo menos no durante un invierno canadiense.
— ¡Vamos!
Abandonando sus caderas, Yahiko la agarró de la mano y la llevó rápidamente al fondo del estacionamiento. Fue hasta que la arrastró detrás del montó de grandes recipientes metálicos de basura en la esquina trasera que se dio cuenta de sus intenciones.
Hinata se tragó un sarcástico comentario sobre su naturaleza romántica y simplemente decidió agradecer que estuvieran a principios del invierno. Que no hubieran tenido todavía la primera nevada y que hiciera el frío suficiente para que no hubiera ningún olor a comida en estado de putrefacción de los contenedores.
—Esto es bueno.
Yahiko apoyó su espalda contra el frío metal de uno de los contenedores y se de un recipiente y se apiñó a su lado.
Hinata suspiró interiormente, deseando no haber dejado su abrigo dentro. Era más inmune al resfriado que una persona corriente, pero no totalmente inmune. El metal frío en su espalda estaba extrayendo todo el calor de su interior, forzando a su cuerpo a esforzarse más para mantenerse tibio. Hambrienta y deshidratada como estaba, lo último que necesitaba era que su cuerpo tuviera que trabajar todavía más.
El repentino y torpe asalto a su boca la forzó a concentrarse en el tema inmediato y la convenció de que era tiempo de tomar el control de la situación. Haciendo caso omiso del sondeo ondulante de su lengua contra sus labios cerrados, aferró sus dedos sobre el frente de su chaqueta y lo retorció, vapuleándolo contra el costado del recipiente un poco más duro de lo que hubiera querido mientras intercambiaba lugares con él.
— ¡Guau!, —dijo entre dientes con sus ojos brillando— Una mujer salvaje.
— ¿Esa es la forma en que tú lo haces? —Preguntó secamente Hinata—. Entonces vas a adorar esto.
Liberando su abrigo, pasó una mano en el pelo sobre su nuca y lo agarró por cortos cabellos. Tirando de su cabeza para ladearla, dirigió su boca a su cuello.
Yahiko murmuró con placer cuando movió ligeramente sus labios a todo lo largo de su vena yugular. En cuanto encontró el mejor lugar sus propósitos, Hinata abrió su boca y aspiró por la nariz mientras sus colmillos se deslizaban hasta alcanzar su completa y afilada longitud para luego hundirlos en su cuello.
Yahiko dejó escapar un pequeño grito entrecortado mientras se dejaba ir con sus brazos apretados alrededor de ella, pero eso solamente duró breves momentos. Pronto empezó a relajarse contra el frío contenedor mientras Hinata le enviaba las sensaciones que estaba experimentando como la satisfacción cuando la sangre corría hacia arriba a través de sus dientes y directamente a su sistema, la mareante precipitación cuando su sistema se movió ansiosamente para absorber dicha ofrenda
La única descripción que podía haber utilizado para explicar esa reacción inicial era la manera en que un bote se inclinaba hacia el agua cuando todos a bordo se precipitaban a un lado de la cubierta. El cuerpo de Hinata tenía esa misma reacción cuando su sangre hambrienta se precipitaba para absorber la sangre nueva, corriendo desde cada rincón de su cuerpo hacia su cabeza, al lugar dónde sus dientes estaban chupando lo que su cuerpo tan desesperadamente necesitaba. Eso causaba la no del todo desagradable sensación de que su cabeza entraba en éxtasis. Imaginaba que era similar a la experiencia de tomar una droga. Solamente que esto no era una droga, era la vida de Hinata.
Escuchó a Yahiko dar un pequeño gemido de placer. Este se hizo eco de silencio que ella experimentaba cuando el calambre de su cuerpo comenzaba a disminuir lentamente. Demasiado lentamente, Hinata se dio cuenta repentinamente de que algo estaba mal.
Manteniendo sus dientes sumergidos en su cuello, empezó a revisar su mente. No tardó mucho en encontrar el problema. Yahiko no era tan sano como aparentaba. A decir verdad, muy pocas cosas sobre él eran lo que parecía.
Por sus pensamientos supo que la protuberancia que presionaba su bajo vientre era un pepino que había metido dentro de sus pantalones, sus hombros anchos eran resultado del relleno bajo su chaqueta, y el atractivo bronceado que lucía venía de una botella. Lo utilizaba para esconder la palidez natural causada por la...Anemia.
Hinata arrancó su boca con una maldición, sus dientes se deslizando rápidamente de regreso a su puesto de descanso mientras lo miraba furiosa. Solo fue el instinto lo que le hizo pasar por su cabeza el pensamiento de que tenía que cambiar sus recuerdos sobre la cita. Estaba tan enfadada con ese hombre...
Y con Lee, también, decidió. Después de todo, había sido su amigo el que había insistido que se llevara al tipo fuera para un mordisco rápido. Conociendo a su tía estaba segura que tenía algo preparado para ella, por eso Hinata había querido esperar hasta llegar a su fiesta de cumpleaños para comer, pero Lee y su prima Mirai se habían preocupado de que su palidez llevara que a Kurenai Yûhi le pusiera una intravenosa en el momento en que llegara a casa.
Cuando Yahiko había empezado revolotear a su alrededor, Hinata había permitido que Lee la convenciera de que lo sacara para un mordisco rápido. Y ahora podría tener un problema. Había tardado algunos momentos en darse cuenta de que había algo que estaba mal, luego un par minutos más para encontrar la información de que era anémico. Solamente esperaba no haber tomado demasiada sangre de él en ese tiempo.
Terminando con sus recuerdos, Hinata echó el ojo a Yahiko con partes iguales de irritación y preocupación. A pesar de su bronceado enfrascado, el hombre parecía pálido, pero por lo menos todavía estaba sobre sus pies. Poniendo su mano a su muñeca, tomó su pulso y se relajó un poco. Aunque estaba un poco acelerado, era fuerte. Debería estar bien antes de mañana por la mañana. Yahiko no se sentiría bien durante un tiempo, sin embargo, pero, después de todo, no era ni más ni menos que lo que se merecía por andar de un lado a otro inflado y cubierto para echarle el lazo a una chica. Idiota.
Las personas podían ser tan tontas, pensó con irritación. Como niños jugando a vestirse con ropa de grandes fingiendo ser mayores de lo que realmente eran, los adultos andaban de un lado a otro inflados, encorsetados o rellenados con siliconas para ser algo que realmente no eran, o ser aquello que pensaban que era atractivo. Y cada vez la cosa se ponía peor.
Se preguntaba por qué no comprendían que sus verdaderas identidades eran suficientemente buenas, y si no lo eran, entonces lo mismo daba porque tratar disfrazar lo que eran no haría en definitiva que lo fueran.
Hinata puso en Yahiko el recuerdo de que había decidido salir a tomar aire porque no se había sentido bien.
Se aseguró de ordenarle que se quedara allí hasta que se sintiera mejor, luego debía tomar un taxi hasta casa, luego tuvo que cerrar sus ojos mientras terminaba de borrarle la memoria. Una vez segura de que había hecho el trabajo apropiadamente, Hinata lo dejó balanceándose sobre sus pies y se alejó de los contenedores hacia la playa de estacionamiento.
— ¿Hinata?
Una figura cruzó el terreno hacia ella.
—Padre Nagato.
Alzando una ceja Hinata cambió de dirección para encontrarse con el hombre. El reverendo que era su jefe en el refugio donde trabajaba durante el turno de noche. Un Bar no era el tipo de lugar que soliera frecuentar. — ¿Qué está haciendo aquí?
—Haku dijo que había un nuevo niño en la calle. No cree que el niño tenga más de doce o trece y está más que seguro que ha estado comiendo de los recipientes de basura. Pensé que en ver si podía encontrarlo y convencerlo de venir al refugio.
— ¡Oh!
Hinata echó un vistazo a su alrededor. Haku era uno de los habituales del refugio. A menudo los dirigía hacia las personas que podían necesitar ayuda. Si había dicho que había un nuevo niño en la calle, entonces lo había. Haku era confiable sobre tales cosas. Y el Padre Nagato era igual de confiable respecto de salir a buscar a tales animales extraviados con la esperanza de llegar a ellos antes de que hicieran algo muy grave o estúpido, o se dejaran arrastrar en las drogas o la prostitución.
—Ayudaré, —observó Hinata—. Probablemente esté por aquí en algún lugar. Yo...
—No, no. Ésta es tu noche libre, —dijo el Padre Nagato, luego frunció el ceño antes de continuar—. Además, no llevas ningún abrigo. ¿Qué estás haciendo aquí sin un abrigo?
— ¡Oh! —La mirada de Hinata se deslizó a los recipientes de basura que sonaron tras ellos. Una lectura rápida a los pensamientos de Yahiko le dijo que había golpeado su cabeza contra el contenedor cuando se apoyó contra él. Idiota. Regresó su atención al Padre Nagato que miraba atentamente hacia los recipientes y habló rápidamente para distraerlo.
—Olvidé algo en el automóvil de mi primo.
Era una flagrante mentira, y Hinata esperaba que el hombre no hubiera notado desde dónde venía con exactitud, sinceramente esperaba que pensara que había estado en el pequeño Mazda negro estacionado junto a los contenedores. No queriendo mentir más de lo necesario, frotó sus brazos, y añadió:—Dios, usted tiene razón, aquí está haciendo frío.
—Sí. —Sus ojos la miraban con preocupación—. Sería mejor que volvieras adentro.
Asintiendo con la cabeza, Hinata le deseó buenas noches y se apresuró a escapar. Cruzó rápidamente la playa de estacionamiento y solo disminuyó la velocidad cuando llegó al interior del bullicioso y abarrotado Bar. Sai no estaba por ningún lado, pero gracias al brillo que reflejaba su pelo, Hinata no tuvo ningún problema para descubrir a Lee en la barra con Mirai.
—Bien, te ves... —Lee vaciló mientras Hinata los alcanzaba, y luego finalmente terminó diciendo—, igual.
— ¿Qué ocurrió?
—Anémico. —Escupió la palabra con fastidio.
—Pero parecía tan sano... —protestó Mirai.
—Hombros rellenados y bronceado de frasco, —dijo—. Y eso no es todo.
— ¿Qué más podía haber? —preguntó Mirándola con sequedad.
Hinata hizo una mueca.
—Tenía un pepino dentro de sus pantalones.
Mirai lanzó una incrédula risita tonta, pero Lee gimió, y dijo:—Debe haber sido un pepino inglés, el hombre parecía inmenso.
Hinata lo miró boquiabierta.
— ¿Miraste?
—¿Tú no? —Contestó.
Mirai se echó a reír, pero Hinata sólo agitó la cabeza y echó un vistazo a los alrededores de la barra.
— ¿Dónde está Sai?
—Aquí
Se dio media vuelta cuando su mano se posó sobre uno de sus hombros.
— ¿Te escuché bien? ¿Tu Romeo estaba luciendo un pepino dentro de sus pantalones? —preguntó divertido mientras le daba un afectuoso apretón en el hombro.
Hinata asintió con la cabeza con aversión.
— ¿Puedes imaginarlo?
Sai soltó una risa.
—En realidad, lo triste es que sí puedo. Antes las mujeres rellenaban sus sostenes, ahora los hombres rellenan sus boxers. —Agitó la cabeza—. ¡Qué mundo es este!
Hinata sintió que una renuente sonrisa tiraba de la comisura de sus labios y entonces se rindió, permitiendo descender su irritación. No estaba demasiado molesta porque Yahiko hubiera lucido un pepino; de todos modos no había estado interesada en sus boxers. Demonios, ni siquiera había querido realmente sacarlo para un mordisco. Simplemente estaba enojada por la pérdida de tiempo y el hecho de haber usado la sangre que le quedaba para mantenerse tibia, energía que la sangre débil del hombre no había alcanzado a reponer. Estaba si era posible aún más hambrienta que lo que había estado antes de ir fuera. Todo lo que la excursión había logrado había sido abrir su apetito.
— ¿Cuánto falta para que podamos ir con Nai? —Preguntó esperanzada.
Sus primos y Lee habían decidido sacarla a bailar antes de dirigirse a la fiesta de cumpleaños que su tía estaba preparando para ella. Hinata había estado feliz con la idea en ese momento, pero eso había sido cuando simplemente había estado hambrienta. Ahora estaba hambrienta y ansiosa por llegar a la fiesta y aprovechar la ofrenda que su tía sin duda tenía a mano. En ese punto hasta aceptaría una intravenosa, lo que era decir bastante. Hinata odiaba ser alimentada por vía intravenosa.
—Son apenas pasadas las nueve, —anunció Lee mirando su reloj de pulsera—. Kurenai nos dijo que no debíamos llevarte hasta después de las diez.
—Hmm. —la boca de Hinata se retorció contrariada. — ¿Alguno de ustedes tiene alguna idea de por qué la fiesta comienza tan tarde?
—Tía Kurenai dijo que tenía que recoger algo para ti en la ciudad antes de la fiesta, y que no podía hacerlo hasta después de las nueve p.m., — observó Sai—. Luego tiene que conducir de regreso, de todos modos —se encogió de hombros— ninguna fiesta comienza antes de las diez.
—Debe estar recogiendo tu obsequio. —supuso Lee.
—No lo creo, —dijo Sai—. Mencionó algo sobre Hinata y su comida. Sospecho que está recogiendo un postre especial o algo.
— ¿Un postre especial? —Preguntó Mirai interesada—. ¿En la ciudad? ¿Después de las nueve?. Su mirada se deslizó hacia la expresión ilusionada de Hinata cuando sugirió:— ¿Un Mordisco Dulce?
—Debe serlo, —Hinata estuvo de acuerdo en ello, sonriendo con gusto ante el panorama. Había heredado el amor por los dulces de su tía y nada la satisfacía de la misma manera que un Mordisco Dulce, que era el término con el que se referían a los diabéticos no diagnosticados que andan de un lado para otro con niveles de glucemia peligrosamente altos. Es un gusto infrecuente, aún más infrecuente por el hecho de que después siempre ponían en la mente de la persona la idea de llamar a su médico para hacerse un análisis de sangre, lo que por lo tanto retiraba de la carta a ese Mordisco Dulce en particular.
—Ése podía ser eso, —comentó Sai—. Explicaría la buena voluntad de Tía Kurenai de conducir desde las afueras de Toronto al centro de la ciudad. Odia conducir en la ciudad y en general lo evita como la plaga.
—Si condujera ella, —comentó Lee—. Puede haberle pedido a Neji que enviara para ella uno de los automóviles con chofer de la compañía.
Sai agitó su cabeza ante la mención del hermano de Hinata, la cabeza de las empresas Hyuga.
—Nope. Ella iba a conducir y no estaba feliz por ello.
Hinata se movió impacientemente, y preguntó:—Así que, ¿cuánto tiempo hasta que podamos irnos?
Sai vaciló.
—Bien, es viernes por la noche, y el tráfico podría ser malo, con todos tratando de librarse de la ciudad por el fin de semana, —dijo pensativamente—. Supongo que podríamos salir en otros quince minutos y no arriesgarnos a llegar demasiado adelantados.
—¿Y si partimos ahora y conduces despacio? —sugirió Hinata.
—No soy tan aburrido, ¿o sí? —preguntó divertido.
—No tú. Este lugar. Es como una carnicería, —dijo Hinata arrugando la nariz.
—Está bien, malcriada.
Sai enredó su pelo cariñosamente. Era cuatro años mayor que ella y era más como un hermano mayor que sus propios hermanos, pero era porque ellos habían sido criados juntos.
—Salgamos. Haré el todo lo posible para conducir despacio.
—Sí, está bien, —dijo Mirai con un bufido—. Como si algo así fuera a ocurrir alguna vez.
Hinata sonreía mientras recogían sus abrigos y se dirigían hacia la salida. Sai era una especie de demonio de velocidad, y sabía que Mirai tenía razón. No tenía duda de que llegarían temprano y enfadarían a su tía. Era un riesgo que estaba dispuesta a correr.
Hinata había olvidado todo sobre el Padre Nagato cuando había sugerido que partieran, pero no había ninguna señal de él cuando caminaron hacia el Jeep de Sai. Se había rendido, o proseguido su búsqueda en otro lugar. Su próximo pensamiento fue para Yahiko, y Hinata echó un vistazo hacia los contenedores mientras Sai conducía frente a ellos, su mirada tenía la capacidad de escudriñara entre las sombras, pero tampoco había ninguna señal de él.
También había partido. Estaba un poco sorprendida ante su rápida recuperación, pero se encogió de hombros y dejó el tema a un lado. No estaba tendido inconsciente en medio de la playa de estacionamiento así que obviamente se las había arreglado para pedir un taxi.
El tráfico no era malo después de todo. Habían esquivado lo peor de él y habían logrado un buen tiempo para llegar a la residencia de su tía en las afueras de Toronto. Demasiado bueno.
—Llegamos con media hora de antelación, —dijo Mirai desde el asiento trasero cuando Sai estacionaba el Jeep detrás del pequeño deportivo rojo de Kurenai.
—Sí. —Él echó un vistazo a la casa y se encogió de hombros. —Estará de acuerdo con ello.
Mirai resopló. —Tú quieres decir que estará de acuerdo con ello tan pronto como tú le dediques tu encantadora sonrisa. Deberías permanecer siempre alrededor de mamá.
—¿Por qué piensas que me gustaba colgarme de Sai cuando éramos más jóvenes? —preguntó Hinata divertida.
— ¡Oh! ¡Ya veo! —Rió Sai cuando salió del vehículo—. Así que por fin se conoce la verdad. Solamente te gusto por mi habilidad con la tía.
—Bien, no pensabas que en realidad me gustaba estar colgada de ti, ¿o sí? —lo bromeó Hinata mientras caminaba a su lado.
—Malcriada. —le dio un juguetón tirón de pelo cuando se reunió con ella.
— ¿Ese no es el automóvil de tu hermano Neji? —preguntó Lee mientras salía desde el asiento trasero y cerraba de golpe la puerta del Jeep.
Hinata echó un vistazo hacia el Mercedes oscuro y asintió con la cabeza. —eso parece.
—Me pregunto si alguien más está aquí. —murmuró Mirai.
Hinata se encogió de hombros. —No veo otros automóviles. Pero supongo que Neji podría haber organizado que un par de automóviles de la compañía recogieran y dejaran caer a los invitados.
—Si lo hizo, dudo que alguien haya llegado aún, —dijo Lee mientras se dirigían hacia la puerta principal—. Sabes que no está de moda llegar puntual. Solamente los gansos pasados de moda llegan a tiempo.
—Supongo que eso nos convierte en gansos pasados de moda, — comentó Hinata.
—Nah. Somos sólo marcadores de estilo, —anunció Sai y todos rieron.
Neji abrió la puerta principal cuando se acercaron.
—Me pareció escuchar un automóvil.
— ¡Neji, muchacho! —Lo recibió Lee con alborozo, y se acercó inmediatamente para darle al hombre un abrazo que lo dejó mudo de la sorpresa—. ¿Con qué te descuelgas, muchacho?
Hinata mordió su labio para evitar reírse y echó un vistazo hacia Ino y Sai, y se volvió rápidamente cuando vio que también estaban teniendo problemas para controlar sus expresiones ante el cambio repentino en Lee. Había pasado de ser un tipo común y corriente a ser un tipo que vive en la luna en el tiempo que dura un latido.
—Sí... Bien... Lee. Hola.
Neji se las arregló para desprenderse de su exuberante amigo. Como de costumbre, parecía incómodo y no completamente seguro de cómo tratar al hombre más joven. Era por eso que Lee actuaba así, sabía que familiares mayores de cuatrocientos y seiscientos años tendían a tratarlo como un niño y eso nunca dejaba de molestarlo.
Ser considerado como poco más de un niño cuando se tienen más de doscientos años puede ser muy molesto y es por eso que actuaba como un asno cuando estaba cerca de ellos. Nunca dejaba de hacer sentir incómodos a los hombres de más edad y Hinata sospechaba que eso le daba a Lee cierta ventaja. Ellos siempre lo subestimaban debido a sus prejuicios.
Sufriendo ella ese mismo prejuicio, Hinata podía compadecerse de Lee. Tampoco dejaba nunca de disfrutar observando cómo sus hermanos mayores se retorcían de malestar.
—Así que, ¿dónde es la fiesta, muchacho? —preguntó Lee vivazmente.
—No ha empezado aún, —dijo Neji—. Tú eres el primero llegar.
—No, tú fuiste el primero en llegar—, interrumpió Sai alegremente, y luego agregó confidente, —no sabes qué aliviado me hace sentir eso. Porque si hubiéramos sido primeros, Lee dijo que habríamos parecido gansos pasados de moda. Pero no lo fuimos. Tú lo fuiste.
Hinata tosió para cubrir el bufido de risa que se las arregló para escapársele cuando su hermano reconoció que acababa de ser llamado ganso pasado de moda. Cuando recuperó el control de sí fue consciente de que Neji permanecía de rígido, erguido y al aparecer un poco enojado. Tuvo compasión de él, y preguntó:
—Así que, ¿dónde está Nai? ¿Ya podemos entrar, o tenemos que esperar otros quince minutos aquí?
—Oh, no. Entra. —rápidamente Neji se hizo a un lado para dejarlos pasar—. Yo recién llego, y tía Kurenai fue a cambiarse para la fiesta después de dejarme entrar. Debería bajar en algunos minutos. Tal vez deberías esperar en la sala de juegos hasta que baje. Ella no desea que veas las decoraciones hasta que todos estén aquí.
—Está bien, —dijo Hinata mostrándose de acuerdo mientras pasaba a su lado para entrar.
— ¿Querer jugar a un partido de pool? —preguntó Sai alegremente mientras seguía a Hinata al interior de la casa.
— ¡Oh!... Er... No. Gracias, Sai; tengo que estar atento a la llegadas tempranas hasta que Kurenai esté lista. —Neji se volvió para regresar al salón mientras hablaba—. Le diré que tú estás aquí.
—Me ama, —dijo Sai divertido mientras Neji desaparecía en el salón, entonces abrió sus brazos para guiarlos hacia la puerta cerrada a la derecha del salón. Vamos. A jugar. ¿Alguien es apto para un partido de pool?
—Jugaré, —dijo Lee, y luego añadió—, Hinata, tú tienes una corrida en tus medias.
— ¿Qué? —Hinata se detuvo y miró detenidamente sus piernas.
—La derecha, por detrás, —dijo Lee, y se inclinó para mirar la parte posterior de su pierna derecha.
—Debo haberme enganchado con algo junto a los basureros, —farfullo Hinata contrariada cuando descubrió la larga corrida que atravesaba a lo largo de su pantorrilla derecha.
— ¿Basurero? —preguntó Sai con interés.
—No preguntes, —dijo secamente, luego hizo una mueca de irritación y se enderezó—. Tendré que ir a cambiar mis medias antes de que la fiesta empiece. Afortunadamente, Kurenai insistió en que dejara ropa de repuesto aquí en mi viejo cuarto cuando me mudé. Debo tener un par de medias. Vamos gente, vayan a jugar.
—Vuelve rápido, —gritó Sai mientras ella trotaba ligeramente hasta arriba de las escaleras.
Hinata simplemente saludó con la mano por sobre el hombro cuando llegó al descanso y se dirigió por el pasillo hacia su dormitorio, pero estaba pensando que era un buen consejo. Kurenai Yûhi no iba a estar demasiado complacida de que hubieran llegado temprano, pero Sai conseguiría de cualquier irritación que pudiera sentir inicialmente desapareciera rápidamente. Solo por esa razón sería mejor que se encontrara con Sai y los otros cuando se encontrara con su tía.
—Cobarde, —se reprendió Hinata. Tenía más de doscientos años y estaba más allá de la edad en que debería tener que preocuparse por hacer enfadar a su tía.
—Sí, claro, —farfulló Hinata, reconociendo que probablemente todavía se preocuparía por eso cuando tuviera seiscientos. Todo lo que tenía que hacer era mirar a sus hermanos para saber eso. Eran independientes, tenían una fuerte personalidad y... Bien... Simplemente eran viejos y todavía se preocupaban por complacer o disgustar a Kurenai Yûhi.
—Debe ser una cosa de familia, —decidió mientras abría la puerta a la habitación que había sido suya hasta hace poco, y donde todavía dormía ocasionalmente cuando se quedaba demasiado tarde como para volver a casa antes del amanecer.
Hinata empezó a entrar en la habitación, pero sus pasos se detuvieron y sus ojos se abrieron con sorpresa al ver al hombre sobre la cama.
— ¡Oh! Me equivoqué de cuarto, —dijo entre dientes antes de cerrar la puerta otra vez.
Solo cuando estuvo de nuevo en el pasillo se quedó mirando hacia todas partes sin comprender cuando se dio cuenta de que no había entrado en la habitación equivocada. Ese era su viejo dormitorio. Había pasado algunas décadas durmiendo allí y conocía su propia habitación cuando la veía. Lo que no sabía era por qué había un hombre adentro. O, más importante, por qué estaba atado estirado todo a lo largo de la cama.
Hinata consideró el tema por un momento. Su tía no habría alojado a un pensionista, y si lo hubiera hecho, indudablemente nuca lo habría hecho sin mencionárselo a sus hijos. Ni lo hubiera puesto en el viejo cuarto de Hinata, una habitación que todavía usaba en las infrecuentes oportunidades en que se quedaba. Además, el hecho de que estuviera atado a la cama dejaba de lado la posibilidad de que la suya hubiera sido una visita voluntaria.
Igual que el lazo alrededor de su cuello, pensó Hinata mientras recordaba el alegre lazo rojo que medio se había aplastado contra su barbilla cuando había intentado mirarla.
Lo que finalmente le permitió relajarse fue darse cuenta que tenía que ser la sorpresa especial para la que su tía había traído de la ciudad. El Mordisco Dulce que Mirai había sugerido. Sin embargo, según pensó Hinata, el hombre en su cama parecía bastante sano, pero entonces, acaso puedes saberlo hasta que te encuentras lo suficientemente cerca como para oler el aroma dulzón de un diabético.
En efecto, el hombre era una torta de cumpleaños caminado. Y una que se veía de rechupete, decidió, recordando su mirada. Sus ojos habían sido agudos e inteligentes, su nariz recta, su barbilla fuerte... Y su cuerpo había sido algo bonito también. Le había parecido alto, delgado y musculoso, allí estirado sobre la cama.
Por supuesto, después de su experiencia con Yahiko, Hinata sospechaba que podía haber algo de relleno bajo la chaqueta que llevaba. No había buscado pepinos, pero el hombre no parecía lucir un bronceado embotellado o parecido anémico por lo demás, más aún, su tía no era dada a cometer un error del tipo que ella había cometido antes.
Kurenai se habría asegurado de que fuera exactamente lo que quería darle a su sobrina, y Hinata estaba pensando que probablemente Mirai tenía razón, y era un diabético sin tratar. Nada más tenía sentido. Su tía no necesitaba conducir todo el camino hasta la ciudad simplemente para traer a una persona sana estándar cuando podía haber pedido una pizza y pasado al niño del delivery a Hinata, que es lo que generalmente hacía.
Así que, era un dulce para comer, razonó, y sintió el hambre remordiendo su estómago. A Hinata no le hubiera molestado darle un mordisco ahora mismo. Sólo una probada para sacarla de un apuro hasta su tía se lo diera en realidad. Pero acabó con esa idea rápidamente. Sin Sai no podría conseguir sacar a su tía de su mal humor si Hinata hacía un truco como ese. Así que, regresar y morderlo estaba descartado, pero todavía tenía que ir por medias buenas.
Aunque Hinata sabía que probablemente debería simplemente regresar a la sala de juegos sin ellas, lo cierto era que siendo que la sorpresa ya estaba arruinada era absurdo andar de un lado para otro con las medias rotas toda la noche. Estaba aquí, y solamente tardaría un momento en agarrar un par de repuesto de aquellas que había dejado para un caso de emergencia.
Continuará...
