Mordida de amor


2: Mordisco Excitante


Naruto miró fijamente la puerta cerrada. No podía creer que alguien acabara de abrirla, detenerse obviamente sobresaltado por verlo disculparse y luego cerrar la puerta mientras él permanecía tendido como un idiota, demasiado sorprendido para decir o hacer algo. No había tenido mucha chance de reaccionar y mucho menos de calmarse.

Los músculos del cuello empezaron a dolerle por el esfuerzo de mantener la cabeza levantada para mirar hacia la puerta con ojos de miope.

Con un suspiro de derrota, Naruto la dejó caer sobre la almohada y empezó a mascullar entre dientes, resoplando sobre su propia estupidez.

Esa noche había llegado a la conclusión de que era un completo idiota. Naruto nunca había pensado en sí mismo como un idiota. A decir verdad, se había considerado siempre algo inteligente, pero eso fue antes de que se hubiera metido en el maletero de un automóvil extraño y encerrado a sí mismo dentro para ningún buen propósito en el que pudiera pensar.

—Definitivamente un movimiento idiota —anunció Naruto, pero entonces quizás loco sería una mejor descripción. Un estúpido se habría encerrando en un maletero por casualidad. Trepar al interior y cerrarlo tranquilamente era más del estilo de una locura inexplicable. Y estaba empezando a hablarse a sí mismo, señaló. Sí, parecería que había perdido su afiance sobre la cordura. No podía evitar preguntarse exactamente cuándo había perdido su mente, y cómo.

Quizás la locura era contagiosa, ponderó. Quizás se había contagiado de uno de sus clientes. Aunque Naruto no tenía de ese tipo de clientes a quienes se habría diagnosticado como locos. Se encargaba principalmente de tratar fobias en su práctica, aunque trataba con algunos pacientes que estaban, por decirlo de algún modo, en apuros. Supuso que podía haber tenido dentro todo el tiempo las semillas de la locura, y esta noche habían brotado simplemente en un completo ataque de demencia. Ésa era una teoría. Tal vez la locura corría en la familia. Debería consultar con su madre al respecto, le preguntaría si tenían un loco o dos en la historia familiar.

Sólo que no era el montañismo dentro del maletero lo que molestaba a Naruto, que había sido solamente la primera de sus locas acciones de esta noche, y una que había lamentado tan pronto como la cerradura de maletero había hecho clic en su sitio. Había permanecido tendido en la oscuridad, acalambrándose en ese reducido espacio, llamándose a sí mismo con todos los sinónimos existentes de estúpido por lo menos media hora cuando el automóvil se había detenido frente a esa casa.

Entonces el automóvil había parado, el maletero se había abierto y ¿qué había hecho? ¿Había salido de su escondite disculpándose por su comportamiento anormal, y se había ido a casa? No. Había permanecido de pie y esperado mientras la bonita morena del ascensor salía del automóvil para reunirse con él, la había seguido dócil como un corderito al interior de esa inmensa casa y luego a esa habitación.

Naruto había estado tan alegre y confiado como un niño de cinco años cuando había trepado en la cama sin que siquiera se lo pidiera y preparado a sí mismo para que ella lo atara. Naruto le había devuelto su sonrisa cuando había moldeado su mejilla y anunciado:

—Mi sobrina va a amarlo. Usted es el mejor regalo de cumpleaños que le haya dado nunca.

Después de que había dejado la habitación, había permanecido tendido allí, su mente vacía por algunos momentos antes de la situación en la que estaba había empezado a hacer mella. Naruto había pasado el tiempo desde entonces en perpleja contemplación de lo que había ocurrido. Su propio comportamiento sin mencionar el de la mujer no tenía sentido. Era como si hubiera perdido, temporalmente, la razón. O el control de sí mismo. Incapaz de solucionar el dilema, había centrado sus pensamientos en incumbencias más inmediatas, como lo qué iba a ocurrir ahora que estaba allí.

«Mi sobrina va a amarlo. Usted es el mejor regalo de cumpleaños que le haya dado nunca». Estas palabras junto con el hecho de que Naruto estaba, actualmente, atado despatarrado sobre una cama lo habían hecho temer primero que fuera algún regalo caído del cielo más bien de naturaleza sexual. Un esclavo sexual, quizás. Esa posibilidad inmediatamente lo había hecho imaginarse cautivo por alguna criatura inmensa y fea con una horrible complexión y vello facial. Porque, con seguridad, solamente alguien muy poco atractivo necesitaría que un hombre fuera raptado y atado a su cama para obtener relaciones sexuales en el clima sexualmente libre de hoy en día.

Justo cuando Naruto había empezado a hiperventilar con el horror imaginado, se dio una bofetada mental.

La mujer no podía tener más de veinticinco o treinta años a lo sumo. Seguramente ninguna hija o sobrina suya sería lo suficientemente mayor como para querer un esclavo sexual. O incluso saber qué hacer con uno, además, por qué alguien lo querría a él como esclavo sexual, se había preguntado.

Naruto tenía una alta autoestima, y sabía que era atractivo, pero no era una estrella de rock o un bello modelo. Era un psicólogo que se vestía con trajes conservadores, tenía un corte de pelo conservador, y llevaba una vida conservadora, fundada alrededor del trabajo, su familia y ese tipo de pequeñeces. Bien, su trabajo, su familia e intentar escaparse de las citas a ciegas que organizaban sus hermanas, tías, y su madre, se corrigió irónicamente.

Los pensamientos de Naruto se agitaron cuando la puerta del dormitorio se abrió otra vez. Endureciéndose, tiró de su cabeza hacia arriba para mirar con atención hacia la puerta para ver que era la mujer de hacía un momento. Le echó el ojo con un interés precavido. Excepto por su largo pelo oscuro. Era hermosa, con labios llenos, una cara ovalada, una nariz recta, y los ojos mas misteriosos que haya visto nunca, color gris perla, parecían dos lunas, ella parecía una criatura de la noche. Obviamente, compraban sus lentes de contacto en el mismo lugar.

No, pensó Naruto. Los ojos no eran exactamente los mismos. Los ojos de la morena habían sostenido una tristeza y sabiduría que había desmentido la juventud de su piel y sus rasgos. Esta mujer carecía de eso. Los ojos de esta mujer eran claros, impasibles ante el pesar o la verdadera pena. Eso la hacía parecer más joven.

Sin embargo esta pelinegra era, obviamente, pariente de la morena, pensó Naruto cuando la observó caminar hacia el tocador que estaba contra la pared adyacente a la cama y abrir un cajón. Probablemente su hermana, adivinó. Dejó que sus ojos se posaran en el breve y ajustado vestido azul que llevaba, no se podía negar que tenía una buena figura, y la idea que cruzó por su mente fue que era casi una lástima que fuera demasiado vieja para ser la hija o la sobrina de la morena. No le habría molestado ser su regalo de cumpleaños... sus ojos se giraron ante sus propias ideas caprichosas. Naruto la observó cerrar el tocador y esperó con expectación a que le brindara su atención, pero no lo hizo. Para su absoluto asombro, ella simplemente caminó hacia la puerta para, obviamente, salir de la habitación sin prestarle ninguna atención. Naruto estaba tan escandalizado que su boca se abrió y cerró dos veces antes de que se las arreglara para conseguir expresar un simple:

—Discúlpeme.

La pelinegra se detuvo en la puerta y giró para mirarla con los ojos entrecerrados con curiosidad.

Naruto forzó una sonrisa formal y preguntó:

—¿Usted cree que tal vez podría desatarme?

—¿Desatarlo?

Pareciendo sorprendida por el pedido, se trasladó a la cabecera para mirarle detenidamente.

—Sí, por favor —dijo firmemente, notando la manera en que su mirada se deslizó sobre sus manos. Naruto sabía que sus muñecas estaban rojas y desgarradas por tirar de sus ataduras. Su estado pareció confundirla y afligirla.

—¿Por qué tía Kurenai no lo calmó? No debería haberlo dejado de este modo. ¡Qué...! —se detuvo y parpadeó, entonces el reconocimiento se expresó en su cara—. ¡Oh! Por supuesto. La llegada temprana de Neji debe haberla interrumpido antes de que pudiera acomodarlo apropiadamente.

Probablemente quiso volver y acabar con usted después, pero se olvidó.

Naruto no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba hablando, excepto que parecía pensar que su tía lo había traído ahí, y él sabía que, efectivamente, estaba equivocada.

—La mujer que me trajo aquí era demasiado joven para ser su tía. Se parecía a usted, pero tenía cabello oscuro y los ojos de un tono rojo. ¿Su hermana tal vez? —adivinó.

Por alguna razón sus palabras la hicieron sonreír.

—No tengo ninguna hermana. La mujer a quien usted está describiendo es mi tía. Es más vieja de lo que parece.

Naruto aceptó esto con un poco de incredulidad, entonces sus ojos se abrieron ante las ramificaciones de lo qué estaba diciendo.

—Entonces, ¿soy su regalo de cumpleaños?

Asintió con la cabeza despacio, inclinó su cabeza, y dijo:

—Ésa es una sonrisa extraña. ¿Qué está pensando usted?

Naruto estaba pensando que era el más afortunado hijo de puta vivo mientras su mente se ajustaba automáticamente a las situaciones que había imaginado más temprano de una mujer grande y fea que se desnudaba y se trepaba sobre él.

Él mismo se permitió disfrutar de la fantasía por un momento, pero se dio cuenta de que su cuerpo lo estaba disfrutando demasiado, una protuberancia perceptible estaba creciendo en sus pantalones. Dio una sacudida a su cabeza. Aún cuando le pareciera tan encantador pensar en cómo pudiera ser pasar una noche como el esclavo sexual de esta mujer, tenía planes un viaje lleno de las playas arenosas, palmeras, y mujeres medio desnudas que darían vueltas sobre una pista de baile. Y ya estaba pagado.

Ahora... Si después de su viaje esta mujer quisiera mantener una cita de la manera normal, entonces podría atarlo a una cama y terminar el asunto con él... Bien, a Naruto le gustaba considerarse un tipo atento. Además, en este caso, pensaba que ser un esclavo sexual no podría ser tan malo. Se dio cuenta que sus pensamientos estaban pasando a áreas que era mejor dejar de lado por ahora, Naruto les dio una patada mental y forzó una mirada severa sobre su cara.

—El rapto es ilegal.

Sus cejas se alzaron.

—¿Nai lo raptó?

—No exactamente —admitió, recordando cómo se había metido en el maletero bajo su propio incentivo. El rapto, en general, requería ser se llevado a la fuerza. Naruto supuso que podía haber mentido; sin embargo era muy mal mentiroso—. Pero no quiero estar aquí, y realmente no tengo ni idea de por qué me metí en el maletero del automóvil de su tía. No es algo que haga generalmente, pero nunca tengo...

La voz de Naruto se arrastró cuando se dio cuenta de que la pelinegra no lo estaba escuchando. Por lo menos, no parecía hacerlo. Estaba mirando su cabeza con concentración y un gesto cada vez más fruncido. También se estaba acercando a la cama, aunque sospechaba que era una acción subconsciente. Parecía completamente concentrada en su pelo, pero entonces agitó su cabeza con evidente frustración, y habló entre dientes:

—No puedo leer su mente.

—¿No puede leer mi mente? —repitió despacio.

Agitó su cabeza.

—Veo... Y... Er... ¿Ése es un problema? —preguntó—. Quiero decir, ¿puede leer generalmente las mentes de las personas?

Asintió con la cabeza, pero era un movimiento ausente, sus pensamientos estaban obviamente en otra parte.

Naruto trató de hacer caso omiso de la decepción que repentinamente lo asaltó cuando reconoció que la mujer estaba enojada, o por lo menos desilusionada como si pensara que realmente podía leer mentes. Supuso que no debería estar sorprendido. La tía no podía ser exactamente normal, o no permitiría que hombres extraños se metieran en su maletero, porque había estado detrás de él y tuvo que haberlo visto trepar allí. Alguien más habría corrido gritando por el guardia de seguridad del edificio en lugar de llevarlo a su casa con ella.

Al parecer la demencia estaba corriendo endémica esta noche. El primer ejemplo había sido su comportamiento, después el de la morena, y ahora la mujer con ojos de luna que pensaba que podía leer mentes. Le hizo preguntarse si no había alguna suerte de demencia en toda la ciudad. Quizás hombres por todo Toronto se estaban metiendo en maleteros y dejando que los ataran a la cama. Era, quizás, alguna especie de droga soltada en la represa de agua de la ciudad; una conspiración terrorista para incapacitar a los hombres de Canadá.

Por otro lado, quizás esto no era más que un extraño sueño, y lo que sucedía realmente era que todavía estaba trabajando en su escritorio, la cabeza fuera de servicio y profundamente dormido. Naruto decidió que ésa era la posibilidad más probable. Proveía una explicación más satisfactoria de su propio comportamiento inexplicable. Por supuesto, nada de eso importaba realmente. Dormido o despierto, enojado o no, estaba aquí, e incluso si era un sueño, quería apartarse de esa casa. Tenía un vuelo que alcanzar.

—Escuche, si usted sólo pudiera desatarme, prometo que me olvidaré de todo esto. No traeré las autoridades o nada por el estilo.

—¿Las autoridades? —repitió la mujer—. ¿Se está refiriendo a la policía?

Parecía sorprendida por la posibilidad.

Como si no se le hubiera ocurrido.

—Bien, sí —dijo Naruto con el ceño fruncido—. Está bien, así que vine aquí aparentemente de forma voluntaria —admitió de mala gana—. Pero ahora quiero irme a casa, y si usted no me desata, es confinamiento a la fuerza, y ése sí es un delito.

Hinata empezó a mordisquear su labio inferior. Había tratado de entrar a los pensamientos del hombre para calmarlo y controlarlo como había hecho antes con Yahiko, como su tía debería haber hecho antes de dejarlo, pero no podía alcanzar sus pensamientos. Era como si hubiera una pared impenetrable alrededor de su mente y, aunque había oído hablar de esto, nunca había tropezado ella misma con esa situación.

Hinata nunca había conocido a ningún mortal al que no hubiera podido leer y controlar. Aunque sí había tropezado con personas individuales con las que tenía dificultad en leer y controlar. Generalmente, esa dificultad disminuyó o desapareció totalmente en cuanto se comenzó a alimentarse de ellos.

Inclinó su cabeza y echó el ojo a su obsequio, debatiéndose sobre si debía tratar de tomar de él para que fuera más fácil acceder a sus pensamientos y calmarlo. El único problema con eso era que si no podía acceder, ni siquiera un poco a sus pensamientos, Hinata no podría protegerlo de experimentar el dolor cuando sus dientes se hundieran por primera vez en su cuello.

Aunque...

Lee le había contado sobre haberse enfrentado con una situación similar una vez. Había dicho que había besado y acariciado al hombre, relajándolo, y se las había arreglado para pasar a sus pensamientos en cuanto sus dientes se hundieron en él.

Hinata consideró el tema brevemente. Nunca antes había seducido a nadie. Habiendo nacido y criado en la Inglaterra georgiana, su vida había estado algo protegida, y cuando la sociedad se había vuelto más liberal ya habían pasado los primeros cincuenta años de su vida. Sus padres estaban demasiado arraigados en los viejos valores y viejas creencias que era difícil que cambiaran y se modernizaran. Mientras su tía podría haberle permitido más libertad, su madre nunca se habría girado a la sociedad.

Aún así, no podía simplemente dejar allí a ese hombre angustiado, decidió Hinata. Además, no debería molestarle el darle un pequeño preestreno a su cena de cumpleaños, más o menos como una lamedura a un pastel antes de que fuera servido.

Está bien, deseaba darle un poquito más que una lamida, pero sólo un mordisco rápido, lo justo para aliviar su hambre, se aseguró.

Bien, claro, pensaba Hinata peculiarmente. Este hombre se veía tan atractivo que se sentiría tentada a dejarlo seco, una tentación de rechupete que no había sentido en décadas.

—La soga está muy ajustada.

Sacada de sus pensamientos por su queja, Hinata echó un vistazo a sus muñecas, otra vez hacia las rozaduras y sintió que su incertidumbre se dispersaba. Le habían enseñado que era de mala educación jugar con su comida o permitir que sufriera innecesariamente. Y este hombre estaba sufriendo. Era su deber entrar en su mente y calmarlo. Era su culpa que no pudiera hacerlo de la manera normal y fuera a tener que probar las medidas más extremas.

Mente hecha y conciencia aplacada, Hinata se estableció a un costado de la cama.

—Usted no debe luchar, y mucho menos preocuparse. Odio que se angustie de esta manera.

La miró furioso, como si lo ofendiera que supiera que estaba disgustado. O quizás sólo estaba furioso porque no lo estaba desatando como le había pedido.

—No va a conseguir nada con esto —sugirió, y apoyó las medias que había colocado sobre su regazo con el propósito trabajar en el lazo alrededor de su cuello. Él suspiró cuando fue retirado, relajándose un poco sobre la cama, y Hinata decidió que también le quitaría la corbata.

—¿Así está mejor? —preguntó deslizando la tela de seda por su cuello.

El hombre empezó a asentir con la cabeza, pero se detuvo y frunció el ceño cuando ella desató los tres botones superiores de su camisa.

—Sería aún mejor si usted me soltara.

Hinata sonrío divertida por la manera en que estaba luchando contra ella, trató de distraerlo, entonces, pasando sus dedos por la extensión de pecho que se había revelado. Para su satisfacción, un pequeño escalofrío lo atravesó cuando sus largas uñas chirriaron suavemente de un lado a otro de su piel descubierta. Este asunto de la seducción estaba resultando ser mucho más fácil de lo que había temido. O quizás era sólo una persona con talento innato, pensó Hinata, y se preguntó si debía estar preocupada sobre esa posibilidad.

—Desáteme —estaba tratando de ser firme, pero era obvio que su corazón ya no estaba, completamente, detrás del deseo de ser libre.

Sonriendo por saberlo, Hinata deslizó sus dedos de su pecho para correr a lo largo de la tela justo encima de su cinturón.

La acción provocadora provocó que se le tensaran los músculos del estómago, y su respiración salió en un pequeño silbido.

—¡Qué demonios! —susurró—. Hay cosas peores que ser un esclavo sexual.

Hinata parpadeó con sorpresa ante su comentario y decidió que lo había relajado lo suficientemente.

—¿Cual es su nombre?

—Naruto —limpió su garganta, y dijo más firmemente—: Dr. Naruto Uzumaki.

—Doctor ¿eh? —levantó una mano para acariciarlo ligeramente hasta arriba de su pecho otra vez, observando la manera en que sus ojos cayeron inmediatamente de su cara para seguir a la acción—. Bien, Doctor... Usted es un hombre muy apuesto.

Cambió su mano de lugar hacia su cabello, pasándola ligeramente a través de las hebras finas y rubias, maravillándose por lo suaves que eran. Su mirada fija se deslizó a sus profundos ojos azules y a los firmes contornos de sus labios mientras consideraba el siguiente movimiento. Era un hombre atractivo. En su tiempo, había visto a hombres que eran más apuestos, pero había algo en éste que resultaba aún más atractivo para ella. Su mirada se deslizó por las arrugas sobre su frente, y sus dedos las siguieron, pasando ligeramente por las líneas para frotarlas.

—¿Le molestaría mucho si lo beso? —preguntó suavemente.

Dr. Naruto Uzumaki no respondió, sólo la miró con ojos que se le habían oscurecido con interés cuando permitió que su dedo se moviera empujado por la corriente a sus labios y tropezó ligeramente con los blandos contornos. Cuando su boca se extendió repentinamente para chupar su dedo con un tibio calor, ella tomó eso como su permiso, pero Hinata no se movió, sus ojos que encontraron y sostuvieron su mirada con fascinación mientras notaba el fuego arder allí. Entonces chupó el dedo que se encontraba en el interior de su boca, su lengua deslizándose a lo largo de los costados de su dedo mientras lo hacía, y Hinata lanzó un pequeño y sobresaltado gritito de sorpresa.

Tenía más de doscientos años de edad y nunca se le hubiera ocurrido que un dedo era una zona erógena, pensó Hinata débilmente, mientras que el mismo fuego que ardía en sus ojos empezaba a crecer dentro de ella, pero mucho más al sur de su cuerpo.

Naruto Uzumaki era un hombre peligrosamente distrayente, y decidió que sería mejor recuperar el control de la situación. Con esa intención, Hinata retiró despacio el dedo de su boca y se inclinó hacia adelante para frotar su mejilla fugazmente contra la suya para impregnarse de su saludable olor. La acción había sido instintiva, un depredador que evaluando el olor de su presa. El suyo era un aroma muy condimentado y oscuro que le encantaba.

Hinata sonrío débilmente, entonces pasó sus labios contra su mejilla para seguir todo el camino hacia los labios masculinos. Los presionó allí firmemente y luego los frotó suavemente de un lado a otro.

Los labios de Naruto Uzumaki se veían firmes y duros, pero se sentían blandos al tacto. Hinata continuó simplemente frotando sus labios suavemente sobre los de él, disfrutando de la caricia erótica, hasta que él levantó su propia cabeza en un esfuerzo para hacer más profundo el beso.

Cuando ella deslizó su lengua para recorrer con ella el largo pliegue en el lugar dónde sus labios se encontraban, el abrió los suyos para dejarla resbalar en su interior.

Sus ojos se abrieron con sorpresa ante las sensaciones que la asaltaron cuando se introdujo en él.

Hinata había sido besada durante los pasados doscientos años muchas veces, incontables incluso si es que iba a ser honesta. Algunos besos habían sido bienvenidos y algunos robados, algunos disfrutados y otros no, pero éste beso...

Su lengua estaba tibia, mojada, y firme mientras se movía ásperamente junto a la suya. Sabía a caramelo de menta, café y otra cosa que no pudo identificar inmediatamente, pero realmente Hinata no se quería tomar el trabajo de hacerlo. Dejó que sus ojos se cerraran y se deleitó en las sensaciones que la agobiaban.

Lo que había empezado como parte de un intento de seducir a Naruto Uzumaki terminó seduciéndola a ella.

Hinata se encontraba absorta en el beso cuando su lengua la llenó, introduciéndose y extendiéndose a través de su boca con una demanda que la hizo estremecerse. Por un momento, su propósito fue totalmente olvidado. Cambió de lugar y deslizó sus piernas sobre la cama con el propósito de quedar tendida a su lado, sus piernas se entrelazaron con las suyas incluso cuando sus dedos se enredaron y quedaron cautivos en su pelo.

Ella intuyó como tiraba de sus ataduras pero realmente solo fue consciente de ello a medias, hasta que él giró su cabeza para romper el beso y gimió:

—Desátame. Quiero tocarte.

Hinata estaba tentada, pero hizo caso omiso del pedido y se concentró en besar un camino descendente por su mejilla, su cuerpo que se movía bajo el suyo. Era obviamente más alto que ella. Antes de que sus labios alcanzaran su garganta, sus pelvis estuvieron parejas, y giró sus caderas, incitándose a sí mismo contra ella, incrementando inmediatamente las sensaciones de ambos.

Su quejido era a la vez frustrado y excitado cuando sus labios se movieron a lo largo de su garganta y se movió con impaciencia debajo suyo hasta que ella encontró la yugular y dejó salir sus dientes para adentrarse profundamente en su piel y en la vena que ésta cubría.

Naruto se puso rígido con la conmoción, pero se relajó rápidamente con un largo quejido mientras Hinata empezaba a alimentarse, y el placer estalló dentro de su mente y comenzó a transmitirse fuera a él. Esta era una experiencia completamente diferente a la que había tenido con Yahiko. Normalmente, no sentía el alimentarse como una experiencia erótica, pero habitualmente Hinata no tenía tampoco que seducir a su anfitrión. Sólo tomaba el control de su mente e iba al punto.

Esta vez era diferente. Estaba excitada, él estaba excitado, y la sangre que ingresaba a montones a su cuerpo era un cordel que conectaba su emoción, haciéndola rebotar entre ellos e incrementándola de algún modo cuando su mente se abría a ella. Pero Hinata no estaba manteniendo el control esta vez, no estaba enviando su control, sino recibiendo los suyos.

Era como un fantástico calidoscopio de colores. Las emociones y los pensamientos inundaban su mente en olas que estallaban en nuevas olas. Pasión, deseo, inteligencia, generosidad, honor, valor... Hinata tenía una ventana abierta levemente a su alma, y en ésos pocos momentos aprendió más sobre él de lo que podía haber logrado con cientos de conversaciones. No había mentiras, no había medias verdades, o evasivas que trataran de impresionarla. Era sólo él allí, entonces todo eso fue empujado por una avalancha de deseo.

Hinata olvidó todo sobre sus intenciones de calmarlo, se olvidó de todo, excepto del hambre que se estaba desencadenando en su cuerpo: tanto la vieja necesidad por la sangre como la nueva necesidad por el placer que le estaba dando. En ese momento, con sus cuerpos entrelazados, ambos gimiendo, arqueándose y retorciéndose, solamente este hombre parecía capaz de satisfacer su hambre, y Hinata podría, muy probablemente, haberse perdido hasta el punto de vaciarlo si la voz de Sai no hubiera alcanzado su oído, distrayéndola.

—No veo por qué estás tan disgustada. Sólo se acercó para buscar medias nuevas —su voz sonaba amortiguada por la puerta, pero había crecido en volumen, mientras ésta se abría para luego cerrarse repentinamente, seguida de un breve silencio. Muy breve.

—¡Hinata Hyuga!

Hinata se quedó quieta, sus ojos muy abiertos cuando reconoció la voz de su tía.


Continuará...