Mordida de amor


3: Mordisco de Confusión


Replegando los colmillos, Hinata liberó el cuello de Naruto Uzumaki y, sintiéndose culpable, echó un vistazo encima de su hombro.

La visión de Sai y su tía mirándola fijamente con los ojos desorbitados desde la puerta era suficiente para hacerla ponerse rápidamente de pie. Sus manos se movieron para enderezar su ropa y su cabello.

—¡No puedo creer ésto! —Kurenai caminó a través del cuarto—. Entrando a hurtadillas por aquí y desenvolviendo tus regalos, ¡antes de tu cumpleaños, como si tuvieras doce en lugar de doscientos! ¿En qué estabas pensando?

—Bien, técnicamente es su cumpleaños, Tía Kurenai — apuntó Sai, cerrando la puerta.

Hinata dio a su primo una sonrisa de agradecimiento, pero dijo:—Yo no entré a hurtadillas aquí. Simplemente subí para ponerme medias limpias —las sacó fuera de la cama, y agregó—: Y no los desenvolví.

Kurenai miró intencionadamente el suelo. Después echó un vistazo al suelo para ver el lazo desatado y olvidado allí.

Hinata hizo una mueca y admitió:

—De acuerdo, lo desaté, pero sólo porque él estaba enojado y odiaba dejarlo angustiado —hizo una pausa inclinando su cabeza y dijo—: Entiendo que la llegada de Neji te interrumpió antes de que pudieras ponerlo en un serio contratiempo. Él estaba disgustado sobre ser secuestrado y exigió ser desatado cuando llegué aquí.

—No lo secuestré —dijo Kurenai ofendida. Entonces pasando de Hinata al Dr. Naruto Uzumaki, agregó—: No te secuestré, te pedí prestado — volvió su atención a Hinata—. Y no lo sometí a un completo contratiempo.

—¿En serio? —sus cejas se arquearon por la sorpresa, y Hinata lanzó una mirada llena de confusión de su tía al hombre que se encontraba en la cama—. No parece estar bebido.

Kurenai suspiró, algo de su tensión comenzaba a abandonarla.

—Sí, bueno, él parece tener una mente fuerte.

Hinata asintió.

—Lo noté. No podía entrar en sus pensamientos para calmarlo. De ninguna manera. Por eso estaba alimentándome de él. Pensé que podría permitirme unir su mente con la mía y aliviarlo —explicó Hinata.

—Eso parece haber funcionado bien —comentó Sai con diversión—. Aunque no diría que se alivió exactamente.

Hinata siguió su mirada hacia la entrepierna del hombre, en dónde una erección estaba haciendo presión contra sus pantalones. Pero en ese mismo instante, la carpa de los mismos se desinfló.

—Nada de pepinos entonces — comentó Sai ligeramente, y Hinata tuvo que morder sus labios en una risita nerviosa.

Aclarando su garganta, murmuró:

— Lo siento, tía. No quise estropear la cena de cumpleaños que tenías planeada. Realmente no quería; quiero decir, ya puede no ser una sorpresa, pero verdaderamente no tuve mucho, solo un rápido mordisco Un mordisco pequeño, en realidad. Podría alimentarme mucho más —su mirada hambrienta estudió al hombre en la cama, su cuerpo cosquilleó ante la idea de alimentarse nuevamente de él.

—Él no es tu cena del cumpleaños.

Hinata a regañadientes dejó de comerse con los ojos a su regalo del cumpleaños y se volvió hacia su tía con confusión.

—¿Qué?

—Él no es tu cena de cumpleaños — repitió ella—. Ordené comida china para ti. El muchacho de la entrega debería estar aquí pronto.

—Oh —no disimuló su desilusión. A Hinata le gustaba la comida china, pero nunca acababa de satisfacerse. Una hora después, tendría hambre de nuevo. Sin embargo, Naruto Uzumaki habría sido robusto y apetitoso, habría sido totalmente un atiborraste y satisfactorio estofado, al lado del caldo diluido de Yahiko.

También habría sido un placer, en maneras que ella no había esperado. Esa noche, Hinata había sentido un poco de la excitación que sus huésped normalmente sentían y le transmitían cuando se alimentaba de ellos. La excitación que ella nunca realmente entendía, o la que nunca había experimentado; excepto, claro, de segunda mano, solamente observando.

Esta vez no había sido capaz de permanecer ajena y atenta. Al seducirlo, aparentemente, se había seducido a sí misma...

O quizás, él había sido el seductor, pensó. Recordando los labios masculinos, guió uno de sus dedos a su boca.

No que se hubiera tomado mucho tiempo seduciendo. Él realmente era el hombre más atractivo que ella se había conocido alguna vez, y eso ya quería decir algo. Hinata había conocido a muchos hombres en sus doscientos años de vida, y muchos eran mucho más atractivos estéticamente, pero ellos sólo la habían dejado fría. Había algo sobre éste que la atraía aunque... y también olía muy bien. Y esos pocos instantes en los cuales sus mentes se habían fusionado...

Hinata ciertamente no había intentado leer o controlar sus pensamientos como pretendía. Había estado ocupada disfrutando del momento, pero desde la breve conexión, ella había recibido una imagen de su mente. Era una mezcla de confusión, deseo, inteligencia, y una honestidad y carácter que la atrajeron.

Consciente del silencio que había caído encima del cuarto, Hinata lanzó una mirada alrededor. El hombre que ahora llenaba sus pensamientos estaba descansando en la cama, mirándola fijamente con silenciosa fascinación.

Hinata pensó que eso era interesante. Por otro lado, su tía y primo también estaban mirándola fijamente con concentrado interés y ella no podía evitar pensar que eso no podría ser algo bueno. No había estado guardando sus pensamientos, comprendió con incomodidad y no tenía ninguna duda que el par simplemente se había entrometido en sus reflexiones del placer que ella había experimentado con Naruto Uzumaki.

—¿Entonces? — preguntó Hinata abruptamente, ansiosa de quitar los pensamientos de su tía de aquéllos que habían estado flotando en su propia mente.

Sai ayudó preguntando:

—Si él no es su cena de cumpleaños. ¿Para qué sirve?

—¿Disculpa? ¿Cena de cumpleaños? —bramó Naruto. Él estaba más boquiabierto que horrorizado. Al parecer, no había entendido la conversación que continuaba en torno a él al principio. Ahora lo había entendido y estaba disgustado por todo de nuevo. Ella se habría tomado el tiempo necesario para aliviarlo, pero su tía habló, distrayéndola.

—Él es tu regalo de cumpleaños, pero no la cena —cuando Hinata la miró tan fija e inexpresivamente, suspiró y cruzó el cuarto para tomar su mano—. Se suponía que era una sorpresa que iba a ser presentada en la fiesta, pero como ya has desenvuelto tu regalo, puedo explicarlo. Querida, éste es Dr. Naruto Uzumaki. Él es un psicólogo, quién se especializa en fobias y lo traje aquí para curarte. Feliz Cumpleaños.

El Dr. Naruto Uzumaki era psicólogo, razonó Hinata lentamente. No había pensado preguntar qué clase de doctor era cuando había preguntado su nombre y él había dicho Dr. Naruto Uzumaki. Ahora lo sabía. Él era un psicólogo para curar su fobia.

—Oh —murmuró por fin, lanzando una mirada sorprendida a Naruto cuando él hizo eco del "oh" en su mismo tono decepcionado. Eso incentivó a su curiosidad. Su propia desilusión estaba basada en el hecho de que ella más bien prefería mordisquearlo antes de tratar algo tan desagradable como su fobia, pero parecía que él no estaba menos complacido con la idea que ella.

Naruto suspiró interiormente. Supuso que él no debería estar defraudado por el anuncio de la morena. ¿Debería alegrarse de que no era un esclavo sexual o... la cena? Todavía estaba intentando ordenar eso. Hinata, como la morena se había dirigido a la pelinegra, había pensado que él era su cena de cumpleaños.

¿Él?

¿La cena de cumpleaños? La idea era suficiente para derribar cada uno de los perturbadores y lujuriosos pensamientos en su cabeza.

¿La cena de cumpleaños? ¿Eran caníbales?

Buen Dios, ella había pellizcado su cuello después de besarlo, pero simplemente un pequeño pellizco, luego ella había decidido chupar, sin duda dándole un gran chupón que se pasaría una semana intentando esconder, o quizá más. Naruto no estaba seguro.

Había tenido un chupón sólo una vez antes, y eso era cuando fue un adolescente. No podía recordar cuánto tiempo había pasado para que desapareciera.

Tampoco recordaba que había sido tan agradable como el de esta experiencia. Sin embargo hubiera aceptado feliz que la pelinegra lamiera su cuello todo lo que ella quisiera, o cualquier otra parte del cuerpo que ella recibiera con agrado.

Ser la cena de cumpleaños, de todas formas, no parecía bastante agradable. Querido Dios, dejarlo subir en la cajuela del auto de un caníbal. Realmente prefería el escenario de esclavo sexual. Definitivamente sonaba más agradable.

Naruto rodó sus ojos y tuvo que mentalmente sacudir su cabeza para dispersar sus propios pensamientos. Estaba sonando como un lunático desesperado. De hecho, eso no estaba lejos de la verdad. A pesar de los grandes esfuerzos casamenteros de su familia, no había tenido sexo por casi un año. Aunque las mujeres con que su familia tendía a emparejarlo eran preciosas, ninguna de ellas había despertado demasiado interés en él, por lo menos no el suficiente para arrastrar su atención fuera del trabajo por algún tiempo.

Esto no había preocupado mucho a Naruto; tenía una vida llena y ocupada. Siempre se dijo que el día que encontrara una mujer tan fascinante como su carrera, sería el día en el que sabría que había encontrado a la Señorita Correcta. Mientras tanto, su familia nunca optimista continuaba liándolo con cada mujer soltera que conocían y Naruto continuaba evitando compartir la cama con mujeres, para evitar molestos enredos con amigos de la familia que podrían causar resentimientos. Eso significaba que estaba restringido a brincar sexualmente con mujeres que él lograba conocer por su cuenta, cuando no estaba escoltando a las amigas de su familia a varias comidas o funciones.

La última vez que Naruto había logrado empezar una relación con alguien, había sido con una fría pelinegra psiquiatra de British Columbia. Se habían conocido en la conferencia de salud mental el invierno pasado, había ido por una bebida después de una de las conferencias, entonces él la había acompañado de vuelta a su cuarto, ella lo había invitado, y muy educada y clínicamente tuvo sexo con él. Había sido frío, funcional y horrorosamente aburrido mas bien como tomar Metamucil. Consiguió hacer el trabajo, limpió las cañerías, pero le dejó un mal sabor en la boca. Naruto estaba relativamente seguro que esta pelinegra no le dejaría un mal sabor en su boca. También estaba seguro que ella haría mucho más que limpiar sus cañerías.

—¿Lo trajiste aquí para tratar mi fobia?

Naruto lanzó una mirada a Hinata cuando ella hizo la pregunta, notando por primera vez que ella, también parecía más bien defraudada por las noticias.

—Sí, cariño.

—¿Él no es...?

—No — interrumpió firmemente la morena, entonces frunció el entrecejo ante la obvia falta de entusiasmo de la pelinegra por su regalo—. Querida, ésta es una buena causa. Pensé que estarías agradecida. Pensé que era perfecto. Él puede curar tu fobia, permitiéndote vivir una vida normal. Una sin la molestia del cuidado nocturno o el riesgo de ir tropezando a casa borracha dos o tres veces por semana.

Las cejas de Naruto se arquearon e intentó deducir mentalmente qué tipo de fobia podría llevar a alguien a emborracharse.

—Bueno —la morena se volteó hacia él con una deslumbrante sonrisa—. Hágalo.

Naruto la miró inexpresivamente.

—¿Disculpe?

—Cure a mi Hinata de su fobia —dijo pacientemente.

Naruto giró de la expresión expectante de esos sabios ojos viejos a los ojos más luminosos de la sobrina. Eran de un tono perla gris claros.

Encantador, pensó Naruto y simplemente deseó que no fueran lentes de contactos. Le molestó que ella sintiera la necesidad de algo artificial para agregar a su belleza.

—No son lentes de contacto — anunció la morena de repente, haciendo que Naruto diera un respingo.

Seguramente ella no había leído sus pensamientos. ¿O sí?

—¿Qué es lo que no son lentes de contacto? —indagó la pelinegra, mirándolo a él y a su tía con confusión.

—Tus ojos, cariño — explicó la morocha, entonces dijo a Naruto—: A pesar de tus anteriores pensamientos, nuestro color de ojos es natural. No estoy segura si ellos incluso tienen lentillas de contacto del color de nuestros ojos... todavía —agregó secamente.

—Natural —murmuró Naruto con fascinación, mirando fijamente la luminosidad en el color de ojos de la sobrina. Fue entonces que su mente absorbió lentamente sus palabras. ¿A pesar de sus anteriores pensamientos? ¿Ella no quiso decir en el ascensor?

La morena asintió.

—Sí, en el ascensor.

—¿Puedes leer su mente? —Hinata parecía más molesta que sorprendida, notó él y recordó que eso había pensado cuando ella se había quejado del hecho de que no podía leer su mente. Ahora, la morena parecía estar haciendo precisamente eso. Naruto no podía decidir si él estaba durmiendo y soñando todo esto, perdiendo la cabeza e imaginando todo esto, o si estaba despierto, sensato, y la mujer realmente estaba leyendo su mente.

Peor aún, no podía decidir cuál de esas opciones prefería. No quería estar durmiendo porque eso significaría que Hinata no era nada más que una fantasía que habría imaginado, y no estaba contento con la idea de que nunca la vería fuera de sus sueños. Perder la cabeza no era una buena alternativa, pero la idea de la morena siendo capaz de leer su mente era un poco desconcertante... Especialmente desde que su mente estaba llena de pensamientos lujuriosos sobre su sobrina.

—¿Entonces? — incitó la morena.

Soñando o no, parecía que tendría que tratar con el asunto. Naruto agitó su cabeza.

—Señora, curar una fobia no es como tomar una píldora. Tarda algún tiempo — le informó. Y luego, preguntó un poco menos paciente—: ¿Podría desatarme, por favor?

—Eso no es lo que el artículo decía — se opuso la morena, ignorando su demanda de ser desatado—. En el periódico usted estaba citado diciendo que los nuevos tratamientos pueden ser sumamente eficaces y la mayoría de las fobias pueden curarse en sólo unas sesiones, algunas personas sólo necesitaban una.

Naruto dejó salir el aire en un lento suspiro, ahora entendiendo el motivo por el que había llegado hasta allí. La morena obviamente había leído la entrevista que él había hecho para el periódico, un artículo especial sobre las fobias. Había salido el último fin de semana.

—Eso es verdad, algunas fobias se tratan fácilmente — comenzó, intentando permanecer tranquilo y... bueno... paciente, pero la situación era tan anormal. Él estaba atado a una cama, en nombre de Dios, y ellos tres estaban de pie actuando como si eso fuera absolutamente normal. Naruto simplemente no podía abstenerse por completo de la irritación—. Ya sabes, la mayoría de las personas hace una cita para verme —estalló, pero intentó razonar nuevamente—: Y voy a volar a Mexico mañana de vacaciones. Hay cosas que necesito hacer antes. Apreciaría que usted me desatara y me permitiera salir de aquí. Realmente no tengo tiempo para esto.

El silencio apenas había empezado al terminar su última palabra cuando hubo un toque en la puerta. Ésta se abrió y una joven mujer asomó su cabeza y los miró. Ella era otra morena, bonita y con su cara en forma de corazón. Le lanzó una mirada curiosa, y luego volvió la atención a la tía.

—Tío Hizashi está aquí, mamá.

—Oh, gracias Mirai —la tía, Kurenai, inmediatamente comenzó a empujar a Hinata y Sai hacia la puerta, diciendo—: Todos trataremos con esto más tarde. No debemos dejar a todos esperando. ¿Mirai, ha llegado ya Anko?

— Sí. Estaba entrando cuando yo subía las escaleras —la mujer abrió la puerta para que ellos pudieran salir—. También ha llegado la orden de comida china. Puse al muchacho de la entrega en la despensa hasta que estés lista para él. Aunque, probablemente no deberías dejarlo demasiado tiempo esperando.

—No. Bueno justo bajábamos a la fiesta y todo comenzará —anunció Kurenai cuando ella, seguida de Hinata y Sai, salió al vestíbulo—. Hinata puede abrir sus otros regalos después y... —la puerta se cerró impidiendo que oyera el resto de la frase de la mujer.

Naruto miró fijamente la superficie de madera con asombro, incapaz de creer que ellos lo habían dejado simplemente allí, atado a la cama. Esto era una locura. Locos.

La cabeza le daba vuelta con diversos pensamientos, Naruto cerró sus ojos e intentó ordenarlos. Todo lo que estaba sucediendo y cómo escapar de ello. A pesar de sus propias acciones en llegar él mismo allí, estaba comenzando a considerarse un secuestrado. Sin embargo, no estaba siendo chantajeado y no era ninguna cena. Eso era bueno, se dijo. ¿Lo era?

Estaba ahí para tratar una fobia. Francamente, Naruto pensó que la familia entera necesitaba el tratamiento... y no por las fobias, pero que así fuera. Ellos lo querían para tratar una fobia, y él quería ser liberado. ¿Ciertamente allí había alguna oferta que podría aceptar? Si así fuera, estaría absolutamente de acuerdo en tratar a la encantadora Hinata y prometer no informar a las autoridades, si lo dejaban en libertad. Entonces él iría directamente a la estación de policía.

O no.

Naruto estaba un poco desconcertado con el problema de lo que quería hacer en este momento. Parte de él estaba furioso y deseoso de ir a la policía con la acusación de que había sido retenido en contra de su voluntad y así sucesivamente, pero si en verdad, Hinata estaba por recaer en el cuarto y besarlo y acariciarlo como ella había estado haciendo, con eso, pensó, podría olvidarse rápidamente de su enojo.

Naruto sospechó que la mayoría de esto era parte, claramente, de una vieja frustración sexual.

Dejando de lado la frustración, él principalmente estaba confundido por los eventos de la noche. Además, no podría ir a la policía. ¿Qué podría decirles?

«Hola, mi nombre es Dr. Uzumaki y esta noche subí a un cajuela de un auto extraño por mi propia voluntad, me encerré con llave para viajar a una casa extraña, entonces bajé y voluntariamente participé de dichas premisas, yendo incluso a subir las escaleras y recostarme para ser atado a la cama. Pero mierda, no me desataron cuando yo lo pedí y ahora quiero cobrármelas».

Oh sí, eso funcionaría más que bien, pensó Naruto irónicamente. Él se reiría fuera de la estación de policía.

Además, realmente no quería traer problemas a estas personas. Bien, por lo menos no quería traer problemas a Hinata.

Naruto lamió sus labios cuando recordó el toque y el sabor de ella. La había sentido tan bien abrazada contra él y había hecho esos pequeños murmullos eróticos de placer cuando se habían besado. Si sus manos no hubieran estado atadas, la habría rodado bajo él, la habría despojado de cada retazo de ropa que ella llevara y habría usado sus manos y su boca en su cuerpo para sacar más de esos pequeños murmullos.

Su piel era de un pálido marfil y Naruto no tenía problemas imaginando su cuerpo de alabastro estirándose y arqueándose en la cama cuando él cerrara su boca encima de un pezón erecto y pasando su mano por sus costillas, hacia su plano estómago para escabullirse entre sus piernas y encontrar su húmeda dulzura. Ella estaría caliente y sensible a su toque y después de que él la hubiera hecho gritar con la liberación, una o dos veces, subiría a encima de ella y empujaría...

Naruto gimió en voz alta con frustración y dispersó sus fantasías cuando sintió la dolorosa queja de su entrepierna. De acuerdo, ésa había sido una estúpida jugada. Ahora, estaba más frustrado que nunca.

Suspirando, alzó su cabeza para ver hacia la puerta cerrada, preguntándose cuando regresaría Hinata o si lo haría. Había deducido que él debería estar en su cuarto, o ella no hubiera ido a buscar las medias. Así que, tarde o temprano tendría que volver.

Quizás después de la fiesta, pensó Naruto cuando notó el tenue sonido de la música viniendo desde abajo. La fiesta estaba evidentemente en marcha.

La fiesta de cumpleaños de Hinata, recordó y se preguntó cuántos años tendría. Había supuesto que tenía cerca de veinticinco o veintiséis. Unos buenos seis años más joven que él. ¿La diferencia de edad le molestaría? Ese pensamiento era preocupante. Ella podría pensar que él era demasiado viejo para ella y no repetir los besos de esa noche.

Comprendiendo hacia dónde se dirigían sus pensamientos, Naruto se dio otro sacudón mental. ¿Qué estaba pensando? Estaba atado a una cama y retenido en contra de su voluntad. Había pedido ser desatado, pero nadie lo escuchó. Todavía yacía ahí, su mente consumida con nada más que la pelinegra y bonita Hinata.

Necesitas tener tus prioridades, se dijo firmemente. ¿Qué tal tratar de soltarte y escapar de aquí? Tienes que tomar un avión por la mañana, tú sabes.

Ignorando el hecho de que se estaba hablando a sí mismo, Naruto inclinó su cabeza atrás para ver las ataduras que iban desde sus muñecas a los postes de la cama.


Continuará...