Mordida de amor


7: Mordisco Verdadero


Naruto colgó el teléfono y se sentó en el sofá, mirando fijamente alrededor de su salón con perplejidad. Después de toda su inquietud con su vuelo a Cancún, realmente, no había perdido nada. El vuelo había sido cancelado de todos modos, a causa de dificultades técnicas lo que sea signifique eso.

Naruto había tratado de reservar un asiento en el próximo vuelo disponible, sólo para descubrir que el siguiente vuelo no era hasta el miércoles. Le parecía estúpido pasar todo el día de miércoles en aeropuertos y aviones, solo para dos días en Cancún, para volver el sábado, así que Naruto se pasó media hora cancelando su hotel y su vuelo de regreso.

Mientras que las últimas veinticuatro horas habían sido las más inusuales por no mencionar estresantes de su vida, no habían afectado sus planes de vacaciones. De todos modos, fueron condenadas obviamente al fracaso. Parecía que el destino planeaba otra cosa para él, no una semana de sol, arena, y mujeres semidesnudas, pensó Naruto, frotándose distraídamente su cuello.

Su administrador fue la primera persona que había notado su cuello. El hombre salió del ascensor y comentó con una sonrisa ancha:

—¿Te quedaste fuera, no? —Después lo había escrutado más de cerca, y dijo—: ¿Qué es lo que tienes en el cuello? ¿Una mordedura de vampiro?

El hombre se había reído a carcajadas mientras le hizo la pregunta, pero... —como no estaba de humor para chistes— Naruto solo se había encogido de hombros, olvidando la pregunta, mientras que el administrador le había abierto la puerta de piso. Le agradeció por haberlo dejado entrar y arreglaron para conseguir copias de las llaves de su piso y la puerta de la torre. El administrador había prometido arreglarlo y entregárselos tan pronto como era posible, mientras volvió al ascensor. Naruto se había olvidado completamente de su chiste acerca del cuello, cuando había cerrado su puerta.

Después de cerrarlo, se había apoyado contra la sólida puerta de madera y suspiró aliviado de estar en casa, sólo hacer una mueca al pensar en el apuro que estaba. Su abrigo, las llaves, la cartera, y el maletín, todas estaban en aquella casa. Perder su cartera era suficientemente malo, tenía su identificación y las tarjetas de crédito en ella, pero en su maletín tenía su agenda y sus notas sobre los pacientes más recientes.

Incapaz de hacer algo acerca de ello, Naruto se había asegurado a sí mismo que todo era reemplazable y se dirigió a su dormitorio. Después de pasar veinticuatro horas en el traje, hasta dormir en el, quería darse una ducha y cambiarse de ropa.

Fue al afeitarse, cuando Naruto había visto las marcas en el cuello. No era un chupetón, sólo dos claros pinchazos, a distancia de una pulgada. Las palabras del administrador habían flotado por su mente, mientras él los había examinado. —¿Qué es lo que tiene en el cuello? ¿Una mordedura de vampiro?

Las palabras le habían parecido tan ridículas en la cabeza de Naruto, como cuando los había dicho el hombre, y había reído incómodamente y se alejó del espejo, para vestirse. Cuando terminó, había llamado al aeropuerto, pero una vez que acabó con esa tarea, Naruto se encontró moviendo los dedos repetidamente sobre su cuello. Peor todavía, distintos recuerdos inundaban su mente, pintando un cuadro en su cabeza. Kurenai acusando a Hinata de morderlo, cuando ella los había encontrado en el dormitorio, y explicándole que Naruto no era la cena. Sai, contándole que la fobia de Hinata era como Naruto desmayándose al ver comida, y Hinata, diciéndole que su fobia era la hemofobia.

También estaba la conversación entre las mujeres del asiento trasero de la camioneta, de camino hacia la ciudad. Ellas habían hablado de que Hinata no puede leerlo, que era por esto que lo había mordido. Y uno de las mas jóvenes había comentado que deseaba poderse alimentar sobre la marcha también, que sonaba mucho más agradable que la sangre embolsada.

Naruto continuó frotando las pequeñas heridas, su mente giraba estos hechos una y otra vez, causando que ideas más raras entrasen en su cabeza. Ideas tan locas e imposibles que casi tenía miedo de pensarlas pero explicarían mucho acerca de su propia conducta que no había comprendido y que francamente lo alarmaban: como subir en la camioneta de un extraño, y dejarse atar.

Naruto sacudió la cabeza en un esfuerzo de quitarse los locos pensamientos de su mente, pero ellos persistían tercamente, y finalmente, cogió una pluma y el bloc de notas y trazó una línea en el centro de la primera página. Escribió Vampiro/No Vampiro por encima y empezó a hacer su lista, incluyendo todas las conversaciones y también las pruebas materiales, como las marcas de su cuello. Todo esto iba a la mitad de la hoja que tenía puesto Vampiro. Entonces, se concentró su atención al lado de No Vampiro y vaciló. Por lo último, escribió loco, imposible, y no existe. Comparado al lado del Vampiro, los argumentos en contra fueron bastante débiles, notó él con frustración, y dio una risa inestable.

Parecía que todo lo que hacía con Hinata lo frustraba en un sentido u otro. Un golpe en la puerta interrumpió sus meditaciones y Naruto miró hacia ella con irritación, tiró el cojín en la mesa y se acercó para contestar. No había sonado el timbre de abajo, así que tenía que ser el administrador con las copias de las llaves que le había prometido. Por lo menos era algo. Con ellas y sus copias de las llaves del coche en el cajón de su escritorio, sería libre de coger un taxi hasta su oficina, para recuperar su coche. Entonces quizás iría por algo comer, pensó él, mientras que abría su puerta.

La sonrisa de Naruto se congeló, y sus planes murieron de una muerte rápida como vio quién estaba esperado en el pasillo.

Kurenai y Fû. Naruto cerró la puerta, o trató de hacerlo, pero Kurenai había deslizado un pie en el camino, impidiéndole cerrar la puerta. Al instante, él sintió presión y fue forzado a retroceder, mientras que la puerta comenzaba a abrirse. El redobló sus esfuerzos de cerrarla, pero no tuvo efecto.

La mujer era increíblemente fuerte, de un modo alarmante. Maldijo, mientras la puerta fue forzada a abrirse; empezó a retroceder por el vestíbulo, mientras que las mujeres entraron y cerraron la puerta detrás de ellas.

Kurenai fue la primera en hablar. Sonriendo brillantemente, levantó los artículos que tenía, y anunció:—Trajimos sus cosas.

Naruto miró fijamente su cartera y su abrigo, el cerebro le trabajaba frenéticamente. Ellas no debían estar allí. Era un edificio que tenía seguridad. El portero las debía haber parado en el vestíbulo y llamarle a ver si les permitían subir, pero no lo hizo. Aparentemente, se había sentado y les permitió subir.

—Fû, no puedo controlarlo. ¿Lo puedes tú? —preguntó Kurenai de repente, y Naruto se dio cuenta de que se había quedado allí, simplemente, mirándolas fijamente, mientras él trataba de darse cuenta que hacer. El comenzó a esquivar a la derecha, pensando huir al dormitorio y bloquear la puerta, pero Fû le atacó de repente y tocó el brazo, y tal cual, Naruto se calmó. Al instante, tuvo la repentina obligación de entrar en el salón y sentarse en el sofá. Vino de ningún lugar y era imposible resistir.

Dándose la vuelta en los talones, Naruto entró lentamente en la habitación, y Fû le sujetaba el brazo como si la acompañara. Se sentaron en el sofá como una persona, pero no lo soltó. Y a él parecía no importarle.

Naruto miró con desinterés como Kurenai se sentó en una silla, delante de ellos.

—¿Podremos borrar su memoria? —Kurenai preguntó inquieta.

Fû se giró para mirar a Naruto y él sentía un breve que movimiento en su mente. Era la única manera en que podría pensar en describirlo, como un movimiento silencioso por su cabeza. Después de un momento, ella miró el cuaderno que él dejó en la mesa, y dijo a Kurenai:

—Tienes que mirar esto.

.

.

.

—No almorzaste aún. Debes de tener hambre. —Hinata miró hacia arriba con una sonrisa mientras que su compañera, Shizune entró en la oficina. De cincuenta años, y una actitud de maternal, Shizune era la compañera favorita de Hinata.

—¿No, no lo he hecho, y tengo hambre, pero creo que esperaré hasta...

—¿He oído decir a alguien que tiene hambre? —Hinata miró hacia la puerta, mientras que el Padre Nagato entraba en el despacho. Ella miró interrogativamente hacia Shizune, pero la otra mujer parecía igual de desconcertada como ella, a la vista del hombre. A menudo, el padre Nagato trabajaba muchas horas en el refugio, pero generalmente acababa cuando ellas llegaban a su turno. Hinata nunca lo había visto estar en el refugio a estas horas a menos que hubiera una emergencia a la que tenía que tender. Esto la hizo preguntar:

—¿Hay algún problema, Padre Nagato?

—No, no. ¿Por qué piensa esto?

—Bien, es tan tarde... —empezó ella.

—Ah, veo —la interrumpió él, y entonces apartó la mirada, su mirada recorrió la oficina antes de soltar— el insomnio. Sufro ocasionalmente de insomnio. —Él sonrió brillantemente, entonces movió un plato de plástico con comida—. Tan solo cocinaba para pasar el tiempo, hice una sopa, y pensé que no podría comerla solo, así que os traje un poco chicas—y les sonrió.

—Ah, eso... ya he comido —dijo Shizune bruscamente, mientras él abrió el recipiente de plástico y el ajo penetró inmediatamente cada rincón de la habitación.

—Pero Hinata, no —el Padre Nagato le sonrió brillantemente—. ¿Lo hiciste?

—Er...—Hinata escrutó la sopa con desconfianza. Era blanca y cremosa, y podría haber sido crema de patatas, pero apestaba de ajo. Hinata raramente comía comida, y el olor del ajo era bastante fuerte, y no es que no le gustara el ajo. Le gustaba, pero el olor que venía de la sopa era realmente fuerte. Por otro lado, no quiso herir sus sentimientos—. Gracias. Eres muy amable.

—Acabo de hacerla. Está todavía tibia. Aquí. —él sostenía el plato, alcanzó en el bolsillo y cogió una cuchara y lo entregó también. Hinata aceptó la sopa y la cuchara y forzó una sonrisa. Cuándo el Padre Nagato la miró fijamente, expectante, ella se dio cuenta de no había nada que hacer y sacó la cucharada.

En el momento en el que la metió en la boca, se arrepintió de su innata cortesía. El olor de ajo había sido fuerte, pero no fue nada comparado al sabor. Era casi tan grueso como un puré de patatas, pero no era crema de sopa de patatas. Si se arriesgaría a adivinar, diría que era puré de ajo, caliente. Por lo menos, eso era lo que probó, y fue tan fuerte que quemó la boca y la garganta mientras tragó.

—¡Hinata! —gritó Shizune con alarma, mientras ella empezó a estrangularse. Corrió hacia el escritorio y tomó un cuenco de plástico y comenzó a palmar su espalda.

—¡Shizune! —El Padre Nagato gritó—. Déjale espacio para respirar. — Hinata estaba vagamente consciente de que el Padre Nagato agarró el brazo de la otra mujer para quitarla del medio y le estuvo agradecida, mientras corría, a toda prisa, por el pasillo, hacia el agua más fría.

Parecía que le llevaba para siempre el llegar al refrigerador, tomar un vaso plástico, y llenarlo con agua. Hinata casi fue tentada de arrodillarse delante de la sangrienta cosa, meterse la boca bajo el chorro, y permitir que el líquido se vierta directamente dentro, pero logró refrenarse. Bebió el agua con alivio, y lo llenó otra vez. Tomó tres vasos hasta que se calmó el ardor que sentía en la boca.

Comenzando a sentirse un poco mejor, Hinata tomó un cuarto vaso y se giró para volver a su oficina, deteniéndose al ver a Shizune y al Padre Nagato en la puerta.

—¿Estás bien? —preguntó Shizune con preocupación.

—Sí, sí. Fue solo un poco... mmm... fuerte —dijo ella delicadamente, no quería herir los sentimientos del Padre Nagato.

Shizune miró detenidamente el hondo plato que sostenía, sacó una cucharada, y lo probó. Inmediatamente, su cara se enrojeció, y palideció. Empujó el plato en la mano del Padre Nagato, y voló hacía el vaso con agua. Hinata lo dejó sin lucha, e inmediatamente se dio la vuelta para llenar un segundo vaso, cuando Shizune se bebió el primero.

Se habían necesitado tres vasos para sacar el fuego en la boca de Hinata de la cucharada del ajo. Se necesitaron cuatro para la pequeña prueba de Shizune. Una vez que estuvieron relativamente recuperadas, se dieron la vuelta para estar enfrente del Padre Nagato. Él les echó un vistazo y después miró la sopa con desilusión.

—Adivino que no funcionó—refunfuñó el Padre Nagato.

—¿No funcionó? —preguntó Shizune.

—La receta —dijo él con un suspiro, cuando puso la tapa del contenedor.

—Bien, esto disolvió mi nariz —dijo Shizune con una sonrisa sardónica—. Tal vez debería guardar aquella receta para cuando una de nosotras está resfriada.

—Hmm. —El padre Nagato se apartó y anduvo con dificultad por el pasillo, pareciendo terriblemente desalentado.

—Era la peor sopa que he probado alguna vez —dijo Shizune tan pronto como el hombre había dado vuelta al final de pasillo y había desaparecido de la vista.

Hinata hizo una mueca, en acuerdo.

—No me vuelvas a recordar nunca el gusto de su comida.

—Como si podrías olvidarlo después de esto —dijo Shizune con diversión—. Ahora. —Ella tomó el vacío cristal de Hinata—. Comete tu almuerzo y relájese. Sin hacer nada mientras comes. No nos pagan lo bastante para trabajar en nuestros descansos.

—Sí, señora. —Hinata la miró alejarse, antes de volver a su oficina. Se asentó detrás de su escritorio, miró fijamente el trabajo que tenía que hacer, luego otra vez hacia la entrada. Ella teníahambre, pero no era un buen momento para tratar de alimentarse.

Mientras que los clientes de refugio deberían dormir, no era un hotel con cuartos aparte en los cuales podría meterse para alimentarse en privado, sin el miedo de ser descubierta. Había seis grandes cuartos con de diez a veinte camas en cada uno. Sería arriesgado intentar alimentarse de alguien en aquellos cuartos. Podría haber uno o dos clientes que no dormían, o quiénes tenían el sueño ligero y podrían despertarse. Hinata prefería alimentarse cuando se trasladaban, cuando se preparaban para la cama o cuando se despertaban por la mañana.

Ella trataría de agarrar uno en su camino hacia o de vuelta del cuarto de baño o algo parecido, Hinata se decidió. Los habitantes de refugio por lo general comenzaban a moverse justo antes de que ella dejara el trabajo por la mañana, los madrugadores se levantaban a las seis o seis treinta por la mañana. Ella se sentía mejor intentándolo entonces, así que no hizo caso de su hambre y volvió a su trabajo.

Como siempre, Hinata salía tarde cuando dejó su oficina. Para entonces, no sólo había sonidos de la actividad del refugio, si no que el padre Nagato estaba ya allí y lleno de energía nerviosa. Divisándola, él decidió librarse de ello, andando hacia su coche.

Sin otra posibilidad, Hinata fue obligada a dejar sus esperanzas de una comida rápida, su cuerpo tenía retortijones de hambre. Blasfemándose por ser idiota, ella se dirigió hacia la casa de Kurenai.

Pareció que tendría que dejar a su tía que le ponga un intravenoso si Kurenai estaba todavía fuera de la cama o ella tendría que esperar hasta la próxima noche a alimentarse. Normalmente, ella evitaba un intravenoso, aun si esto significara sufrir una debilitante hambre durante veinticuatro horas. Al menos tenía desde su graduación, su trabajo en el refugio, y se había ido a vivir sola. Todo lo cual se suponía que la hacía independiente.

Hinata hizo una mueca ante el pensamiento. Independiente. Ella podría alimentarse ahora, más que depender de su tía para ponerle una intravenosa en su brazo cada mañana, pero no se alimentaba bien. Muy a menudo, Hinata se acostaba hambrienta y sufriendo de los calambres debilitantes que acompañaban tal hambre. Tanto para independencia.

Al menos lograba alimentarse bastante para mantenerse viva apenas. Sería probablemente más fácil, sin embargo, si cambiara su carrera.

Después de todo el tiempo y dinero que había puesto en la adquisición de su grado de asistencia social, Hinata llegaba a la conclusión que este negocio del refugio no había sido la idea más brillante que había tenido alguna vez. Últimamente, había estado jugando con la posibilidad de marcharse e intentar algo más. Sólo que no había visto una alternativa viable.

Por supuesto, si debía ser curada de su fobia.

Hinata permitió que entretuviera brevemente la posibilidad. No volver a desmayarse a la vista de sangre. Ser capaz de alimentarse de sangre empaquetada como todos los demás. Andar simplemente al refrigerador, sacar una bolsa, y romperla con sus dientes, antes que tener que buscar una comida en el refugio o en las barras.

Parecía divino. Hinata lamentaba la necesidad de tener que cazar su comida. Ella odiaba la molestia de ello, y lamentaba ser diferente que el resto de su familia. Ser curado sería la felicidad, pero una gran parte de ella temía que nunca se libraría de su fobia y dudaba de tener esperanzas, por miedo a la desilusión que seguiría si no pasara.

Quizás Kurenai tendría buenas noticias para ella, se dijo Hinata cuando entró en la calzada. Sin duda Kurenai conseguiría de Naruto el nombre de un buen terapeuta, antes de borrarle la memoria de su encuentro.

Era necesario, Hinata lo sabía, pero descubrió que no estaba del todo contenta de pensar que él ya no recordaría que existía, lo cual era tonto, realmente. Apenas conocía al hombre y no había pasado mucho tiempo con él, pero parece ser que no podía olvidar su beso compartido y la sensación de él bajo su cuerpo.

Bien, no era importante, se dijo ella. Lo que importó era que Kurenai podría haber reservado ya una cita con el psicólogo que Naruto había sugerido, y quizás en una semana más o menos, Hinata estaría sin la fobia que trastornaba tanto su vida.

feliz por aquel pensamiento, aparcó el coche deportivo de Kurenai, que había tomado a préstamo para conducir al trabajo, y cruzó el garaje con una primavera en su paso. Ella no había alcanzado la puerta, cuando Sai le abrió.

Hinata hizo una pausa, sorprendida.

—¿Qué sigues haciendo? Es casi el alba. Pensé que todos estarían durmiendo ya.

—Todos los demás, sí —él se movió para que ella pueda entrar, luego cerró la puerta y esperó mientras ella se quitaba su abrigo y botas—. Hice té.

Hinata hizo una pausa con una bota y le echó un vistazo cautelosamente. Mientras muy pocos estaban interesados en la comida después de una cierta edad, todos ellos todavía bebían bebidas normales. Sin embargo, pareció que el té para dos al amanecer, sugería que había un problema.

—Había un problema con borrar la memoria de Naruto—dijo Sai, en la respuesta a su mirada de interrogatorio.

—¿Qué tipo de problema? —preguntó Hinata con la preocupación.

—Quítate tu otra bota y entra en la sala de estar. El té está allí —anunció él, luego dejó el cuarto antes de que ella pudiera decir que algo le pasaba.

Hinata se quitó rápidamente su segunda bota y le siguió a la sala de estar. Él le dio una taza cuando ella se unió a él en el canapé, luego se recostó con su propia taza y tomó un sorbo, por lo visto con ninguna prisa por explicar las cosas. Hinata era un poco menos paciente.

—¿Qué pasó?— preguntó ella, sin hacer caso del té que sostenía.

—Naruto —dijo Sai—. El Doctor Uzumaki. Ellos le volvieron a traer. Está amarrado otra vez en tu cama.

—¿Qué?—Hinata lo miró con incredulidad—. ¿Por qué le devolvieron? Se suponía que conseguirían el nombre de otro terapeuta y limpiarían su memoria, no que le volverían a traer aquí.

—Parece que no podían limpiar su memoria —dijo Sai silenciosamente.

Hinata le contempló incomprensivo.

—¿No podían?

Él asintió.

—¿Ni siquiera Fû pudo hacerlo? —preguntó ella con incredulidad. Fû era la hermana más joven de su padre y el tío Hizashi. Podría haber sido más joven que los dos hombres, pero era más vieja que Kurenai y una de las mujeres más poderosas de su clase. Era incomprensible que ella no hubiera sido capaz de limpiar su memoria.

—Ni siquiera Fû —confirmó Sai.

—Ah querido. —Hinata consideró las implicaciones durante un momento, luego preguntado—. ¿Qué van a hacer?

Él se encogió de hombros.

—No nos dirían. Le devolvieron, le pusieron en tu cuarto, luego se encerraron en el estudio la mayor parte de la noche. Moegi y Hanabi escucharon fuera de la puerta, pero sólo podrían agarrar una palabra aquí o allí. Ellos oyeron mencionar al tío Hizashi y al consejo.

—Ah no —respiró Hinata —. ¿Y Naruto? ¿Cómo se tomó él todo esto? Debe estar furioso.

—Lo estaba —reconoció Sai, y sonrió abiertamente—. Él bramaba con todos los pulmones sobre ser secuestrado por un par de desalmados, sorbe—sangre, hembras de vampiro. Supongo que él se refería a Kurenai y Fû—añadió él inexpresivo, pero Hinata no se reía.

—¿Él sabe qué somos?— preguntó ella con el horror—. ¿Cómo?

—¿Cómo crees? No habría sido muy difícil entenderlo. Kurenai dijo delante de él que él no era tu comida, si no tu terapeuta, y vosotras, las muchachas hablaban de morderle y sobre la sangre empaquetada en la parte de atrás de la furgoneta durante el camino a la ciudad.

—¿Él nos oyó? —preguntó ella con la consternación.

Sai asintió.

—Y sin duda, él vio las señales de mordedura.

Hinata gimió interiormente. Sus señales de mordedura. Caray, ella misma había causado la parte de este problema. Ahora había entendido lo que eran y Kurenia y Fû no podía limpiar su memoria y el Tío Hizashi y el consejo podrían ser atraído a esto.

—Yo debería ir a investigarle. —Hinata comenzó a moverse, pero Sai la paró, poniendo una mano en su brazo.

—Espera, primero quiero hablar contigo —dijo él, luego esperando para volver a sentarse, para decir:

—Algo me ocurrió cuando lo he ido a dejar, y ha estado molestándome desde entonces.

Hinata levantó sus cejas con curiosidad.

Sai frunció el ceño ligeramente, como si estuviera inseguro sobre cómo seguir, luego preguntó:

—¿Cuál es el problema que nos hace difícil tener una relación seria con mortales?

—Con nuestra capacidad de leer sus pensamientos y controlar su comportamiento, no se hacen nada más que marionetas —contestó Hinata, sin hasta tener la necesidad de pensar en ello. Era un problema que había encontrado repetidamente durante los dos siglos pasados. Todos ellos. De algunos modos, siendo capaz de leer pensamientos no era una bendición, si no una maldición. Cada uno tenía un pensamiento crítico de vez en cuando, o encontraba a alguien atractivo, además de su compañero. Era difícil no sentirse herida cuando podrías oír el irritado pensamiento de tu novio de que eras densa u obstinada. O que no fue nada buena en algo, o hasta sólo pareció áspera ese día. Incluso peor era cuando él notaba que mona era la camarera y se preguntaba cómo sería acostarse con ella. Él no podría hasta tener la intención de hacerlo, podría ser sólo un pensamiento, pero de todos modos, esto dolía.

También era difícil resistir el impulso de controlar a un compañero cuando querías hacer algo que él no, o cambiarle de idea cuando tenían un desacuerdo. Con el compañero equivocado, su clase podría ser monstruos de control tiránicos. Ella lo había visto, con sus padres.

—¿Y qué dice siempre Kurenai sobre un compañero de vida verdadero? —preguntó Sai.

—Nuestro compañero de vida verdadero será al que no podamos leer — contestó Hinata puntualmente.

Sai saludó con la cabeza e indicó:—No puedes leer a Naruto.

Hinata parpadeó, y luego despacio afectó a su cabeza.

—Esto es diferente, Sai. Él es diferente. Resistente, resuelto. Acabas de decirme que ni Fû pudo borrar su memoria, y Kurenai se esforzó por controlarle desde el principio. Él no es...

—Pero todavía pueden ambas leer sus pensamientos, y yo también —la interrumpió él.

Hinata contempló a su primo, sus pensamientos de repente se arremolinaron. ¿Naruto su compañero de vida verdadero? Seguramente no podía leerle, y Kurenai siempre los había aconsejado que la incapacidad de leer a una persona era la señal de un compañero de vida verdadero, pero no se le había ocurrido que Naruto podría ser esto. Ahora lo consideraba.

Ella podría confesar que pareció que el doctor Uzumaki tenía un efecto singularmente extraño en ella. En doscientos años, Hinata nunca había experimentado el nivel de placer y entusiasmo en los brazos de otro hombre que Naruto había manejado con un par de besos. Hasta él, nunca había encontrado erótico el morder. Y era verdad que en doscientos años, nunca había encontrado a otro cuyos pensamientos no pudiera leer, pero aun así, Naruto era diferente. Kurenai no podía controlarle totalmente como a los otros, y Fû no podía borrar su memoria. Ella no sabía qué pensar. Hinata estaba cansada y hambrienta y realmente no podía aceptar la suposición.

—Sé que te he sorprendido con esta idea, sólo quiero que la tengas en cuenta —dijo finalmente Sai, luego inclinó su cabeza, su expresión preocupada.

—¿Pareces pálida, no te alimentaste esta noche, verdad?

—No tuve la posibilidad —confesó ella cansada.

Sai vaciló, y luego se puso de pie.

—Tengo una idea. Espera aquí.

Hinata le miró andar a la barra, luego echó un vistazo alrededor de la sala de estar. Era en donde habían sostenido el improvisado fiesta en pijama la mañana antes, y donde ella había esperado que los demás durmieran otra vez esta mañana. Ella podía haberse unido a ellos sólo para ser sociable, pero él había dicho que todos los demás se habían acostado. —¿dónde está cada uno?

—En la cama. Cada uno se ha ido a casa excepto Fû, las muchachas, y nosotros, así que ahora tenemos dormitorios. Kurenai dijo que deberías dormir en la habitación rosa esta noche —añadió Sai cuando abrió la nevera.

Ella asintió.

—Cierra los ojos —la instruyó Sai.

—¿Por qué?— preguntó Hinata, justo cuando lo hizo.

—Tienes que alimentarte, así que voy a alimentarte —anunció él.

Hinata se puso rígida.

—No pienso...

—Sólo confía en mí y mantén tus ojos cerrados —dijo Sai.

Ella se calló y le escuchó cruzando la alfombra, luego sintió que el canapé se movía bajo su peso.

—Mantén tus ojos cerrados, pero abre la boca y suelta tus dientes. Voy a hacer reventar un bolso en ellos. Será frío, así que no te asustes y abras los ojos.

Hinata casi abrió sus ojos por la sorpresa, pero se agarró y los mantenía cerrados.

En cambio, abrió la boca e inhaló, cuando sus dientes se deslizaron.

—Aquí viene —la advirtió Sai, cuando colocó una mano al dorso de su cabeza para estabilizarla, entonces el bolso frío fue de repente presionado a su boca y ella oyó un pequeño pop, cuando sus dientes penetraron la bolsa.

Hinata se quedó completamente inmóvil, cuando sus dientes hicieron su trabajo, sorbiendo la sangre y en su sistema. El líquido era frío, no estaba acostumbrada, pero era mucho más rápido de lo que una caza habría sido. En unos momentos, Sai la había alimentado con tres bolsas. La mantuvo con los ojos cerrados, hasta que las acabó.

Hinata abrió sus ojos cuando él anduvo atrás de sacudirlos en el cubo de la basura detrás de la barra y sonrió extensamente.

—¿Te he dicho que últimamente eres mi primo favorito?

Sai sonrió abiertamente.

—Para, me hará sonrojarme.

Riéndose, Hinata se puso de pie y le dio un beso en la mejilla.

—Gracias.

—De nada. —le acarició la espalda, luego se alejó y se dirigió hacia la puerta—. Debo acostarme.

—Voy a investigar a Naruto, y yo también voy a acostarme.

—Pienso que deberías hacerlo —reconoció él.

—Buenas noches.

—Buenas noches.


Continuará...