Mordida de amor


8: Mordisco por Conocerte


El clic de la puerta fue lo que lo despertó. Abriendo sus ojos, Naruto miró fijamente el techo oscuro, y luego giró su cabeza para observar con atención los alrededores de la habitación en penumbra. La luz del baño estaba encendida, la puerta se encontraba entreabierta, evitando que la habitación estuviera totalmente a oscuras.

Reconoció a Hinata cuando se acercó a la cama, y entonces estuvo inmediata y completamente despierto. Parecía insegura de su bienvenida, y no podía criticarla. Naruto había estado demasiado complacido de que lo arrastraran de regreso la noche pasada y había sido algo locuaz al respecto. Probablemente se lo habían dicho. Sai había entrado y tratado de hablarle en algún momento, pero no había estado de un humor abierto, y el hombre se había rendido y dejado que, simplemente, continuara con su vocifero hasta que cayó en un sueño agotador.

—Debes odiarme.

Naruto se calmó ante ese comentario y le miró con ojos agrandados por la sorpresa.

—¿Por qué te odiaría? No eres quien me trajo aquí. A decir verdad, tú me liberaste.

—Sí, pero mi fobia es la que lo puso aquí en primer lugar —señaló.

—Eso no es culpa tuya. Nadie decide tener una fobia —dijo suavemente, la miró atentamente, conmovido por lo que era.

Un vampiro.

Su llegada y primeras palabras habían expulsado ese hecho de su mente, pero ahora lo enfrentó. Esa hermosa pelinegra de plateados ojos que lo había besado y acariciado y le había hecho un chupón que no era un chupón, era un vampiro.

Naruto apenas podía creer que estaba pensando esas cosas. Era psicólogo, por el amor de Dios. Si un paciente hubiera entrado en su oficina y anunciado que había sido mordido por un vampiro, lo habría diagnosticado como alucinatorio, o paranoico alucinatorio o cualquier otra cosa que se pudiera traducir por demente. Y sin embargo, allí estaba tendido, habiendo sido arrastrado a un nido de vampiros de algún modo.

A pesar de la línea que estaban siguiendo sus pensamientos, Naruto no había estado seguro sobre lo que había pasado hasta que Fû y Kurenai aparecieron en su puerta. Ninguna de ellas debería haber sido capaz de forzarla de la forma en que lo hizo Kurenai para luego caminar tranquilamente dentro de su living para alcanzarlo. Pero el factor verdaderamente decisivo fue lo que Kurenai había dicho cuando Fû había descubierto su lista de vampiro / no vampiro sobre la mesa de café. Kurenai había palidecido, parecido desdichada, y dicho:

—Sabe qué somos. Eso explica en parte por qué es tan difícil controlarlo. ¿Ahora qué hacemos?

—Bien —había dicho Fû suavemente—. Eché un vistazo dentro de su cerebro, Kurenai, y él verdaderamente...

Naruto no había captado más de su conversación. Fû había permanecido de pie y había instado a Kurenai a alejarse algunos metros para hablar en susurros. La cosa interesante era que en cuanto Fû hubo dejado de tocarlo y se hubo alejado, Naruto se había encontrado libre de la coacción de quedarse sentado sobre el sofá. Su mente era suya de nuevo y se había llenado inmediatamente con pensamientos aterrorizados de qué debía hacer: huye, llama a la policía, o has las mil y una preguntas sobre estos seres que están atestando tu mente.

Naruto se había encontrado dividido en dos. La mitad de él estaba absurdamente aterrorizado; la otra mitad, tenía una curiosidad infernal.

Antes de que pudiera determinar con qué mitad proseguir, las mujeres se habían enderezado, y Fû estaba de regreso a su lado, tomando su brazo otra vez. Naruto se había visto impulsado por una nueva compulsión. Había salido del departamento con las dos mujeres, subido al ascensor, salido del edificio y sentado en la misma camioneta que Hinata y sus primos habían usado para transportarlo a casa.

Esta vez se había acomodado sobre el primero de los dos asientos de atrás de la furgoneta. Fû se había sentado a su lado durante el viaje de regreso a la casa. Una vez ahí, había caminado al mismo dormitorio, entrado en él y permitido que lo ataran otra vez.

Naruto no había empezado a gritar y luchar hasta que habían terminado de amarrarlo y Fû había liberado su brazo. Sus pensamientos habían vuelto a pertenecerle inmediatamente, y se había sentido frustrado y furioso por encontrarse otra vez cautivo en esa cama. Naruto había vociferado y despotricado contra ellas, pero las mujeres simplemente habían hecho caso omiso de él y se habían alejado. Eso, sin embargo, no lo había detenido; había continuado bramando con toda la fuerza de sus pulmones hasta quedar ronco y, finalmente, sin voz.

Se sentía mucho más en calma esta mañana. Naruto sospechaba que debería estar aterrorizado o algo por el estilo, pero encontraba un poco difícil tener miedo de Hinata O, ya sea, de cualquiera de sus primos. Era difícil ser temeroso de las personas a quienes has visto en sus pijamas. Pijamas con Muñequitas bebé y Spiderman no son algo capaz de inspirar miedo. Se reservaba su opinión respecto a Fû y Kurenai. Por alguna razón, las encontraba a ambas bastante intimidantes.

—Así que —dijo finalmente—, todos ustedes parecen muy buena gente para estar muertos.

Hinata parpadeó, obviamente horrorizada ante sus palabras. No tan escandalizada como lo estaba él, Naruto no podía creer que hubiera dicho eso. ¡Dios mío! Era tan zalamero. No era de extrañar que su familia pensara que necesitaba que lo ayudaran a encontrar una mujer.

—No estamos muertos —dijo Hinata, y Naruto dejó de patearse mentalmente en el culo por su estupidez para mirarla atentamente, sin comprender.

—Pero son vampiros. Nosferatu. El no—muerto... —Parpadeó ante sus propias palabras, y luego dijo—: ¡Oh! sí, ya veo. Eres un no—muerto.

Antes de que Hinata pudiera confirmar o negar eso, preguntó:

—Ahora que me has mordido, ¿me convertiré en un vampiro, también? ¿O sólo estoy en la etapa de tipo Renfield donde empezaré a comer bichos?

—No te has convertido en vampiro, y no, no tendrás repentinamente un impulso inexplicable de comer bichos —le garantizó Hinata pacientemente.

—Eso es bueno. Odio los bichos. En verdad lo hago, tengo una fobia terrible en lo que se refiere a ellos.

Ella parpadeó con sorpresa.

—Tratas las fobias, ¿y tienes una?

Se encogió de hombros, viéndose frustrado.

—Es el viejo refrán; un plomero tiene tubos agujereados, el contador llega siempre tarde con sus impuestos...

—Y el experto en fobias tiene una fobia propia —terminó divertida y luego añadió con seriedad—: No estamos muertos, Naruto.

Naruto levantó sus cejas.

—¿Así que, son vampiros, pero no muerto ni no—muertos?

—Justamente, aunque no usaría el término vampiro frente a Kurenai. Lo odia — informó Hinata—. La mayoría de los vampiros más viejos lo hacen.

—¿Por qué? Es lo que tú eres, ¿no? —indagó.

Vaciló, pero luego explicó:—Vampiro es un término mortal. No lo escogimos. Además, la palabra trae muchas connotaciones desagradables Drácula, demonios.

Se encogió de hombros.

—Así que tú no eres un demonio, es bueno saberlo —dijo irónicamente y luego preguntó—: ¿Y cuan vieja eres?

Hinata permaneció mucho tiempo en silencio, él no creyó que fuera a responder, pero entonces se sentó en el costado de la cama, miró atentamente sus manos, frunció sus labios, y admitió:

—Nací en 1798.

Naruto había oído perfectamente, eso era increíble ¿1798?

Mi Dios, tenía doscientos dos años, esa era su edad, comprendió, ¿e irónicamente él se había retirado preocupado de que pudiera pensar que era demasiado viejo para ella? Agitando su cabeza, preguntó:

—¿Pero tú no estás muerta?

—No —dijo firmemente.

Naruto frunció el ceño y señaló:—Pero de acuerdo con todos los libros y películas, los vampiros están muertos.

—De acuerdo con muchos libros y películas, los psicólogos y psiquiatras son psicópatas asesinos —respondió—. Piensa en Dressed to Kill o Silence of the Lambs.

—Touché —admitió divertido.

Quedaron en silencio por un minuto, luego Hinata dijo:—Como con todo, los relatos sobre nuestra clase se han ido distorsionando con los siglos.

Naruto consideró eso brevemente, y preguntó:—¿Cómo de distorsionados están esos relatos? ¿Tú estás maldita y sin alma?

Ella sonrío francamente divertida.

—No, no estamos malditos, no carecemos de alma, y el ajo y los símbolos religiosos no tienen ningún efecto sobre nosotros.

—¿Pero bebes sangre?

—Necesitamos sangre para sobrevivir —concedió.

—Esto es disparatado —dijo Naruto pensando en voz alta, rebelándose a aceptar lo inaceptable—. Vampiros, viviendo para siempre, alimentándose de sangre... Son ficción, un mito, leyendas.

La mayoría de las leyendas y mitos están basados en un poco de realidad —dijo tranquilamente.

Los ojos de Naruto se abrieron alarmados.

—¿Y los lobizones y esas cosas?

—¡Oh! Bien, tú eres psicólogo —dijo divertida—. Seguramente investigaste la licantropía.

—Es una psicosis donde el paciente tiene ilusiones de que es un lobo.

—Allí llegaste al punto.

¿Qué significaba eso?, se preguntó Naruto. Realmente no creía en tales cosas como lobizones, pero tampoco había creído en vampiros antes. Este trabajo realmente había puesto patas para arriba su sistema de creencias. No sabía qué pensar.

—Siento haberte mordido.

La voz de Hinata lo trajo de regreso de sus pensamientos, lo que probablemente era una algo bueno. Podría volverse loco con todas esas ideas pasando por su cabeza. Después creería en hadas y duendes.

—Fue un error —añadió ella suavemente—. Cuando te vi atado en la cama con un moño alrededor de tu cuello pensé que eras mi regalo de cumpleaños lo cual eras. Sólo que no me di cuenta de que tenías que tratar mi fobia. Supuse que tú eras... Un gusto especial.

—¿Un gusto especial? —Naruto hizo eco de su delicada expresión con incredulidad—. ¿No quieres decir que pensabas que era la cena?

Ella hizo una mueca y tuvo el buen talante de tirar de la cadena culpablemente, y Naruto se apenó por haberle dicho eso. No estaba demasiado enfadado con ella por morderlo. Era difícil estar furioso por algo que había disfrutado tanto, y Naruto lo había disfrutado. Sólo recordarlo bastaba para ponerlo duro.

—Así que, eres un vampiro con hemaphobia —dijo cambiando el tema.

—Ridículo, ¿no? —murmuró entre dientes, disgustada consigo misma—. Sé que no debo tener miedo a la sangre, que no hay porque temerle, pero...

—Las fobias no son sensatas. Tengo un cliente que mide uno ochenta y pesa noventa kilos y está totalmente aterrorizado por las diminutas arañas enanas. Las fobias definitivamente no son juiciosas —le aseguró, entonces se le ocurrió otro pensamiento y preguntó—: ¿Qué hay sobre la luz del sol?

—¿La luz del sol? —preguntó con aire vacilante.

—De acuerdo con la leyenda, la luz del sol destruye a los vampiros — señaló.

¡Oh! Bien... —Vaciló, y al instante dijo—: Le hace el mismo daño a nuestros cuerpos que el que le hace al tuyo, pero es un poco más peligroso para nosotros porque nuestros cuerpos usan sangre en para acelerar la reparación del daño, Lo cual, por consiguiente, nos deshidrata, lo que quiere decir que necesitamos más alimento. En los viejos días evitábamos la luz del sol como para no tener que alimentarnos más a menudo. La alimentación era un asunto peligroso en esa época. Podía provocar que nos descubrieran.

—¿Y ahora?

—Ahora, la mayoría de nosotros usamos bancos de sangre para alimentarnos, pero muchos todavía evitan el sol a fuerza de costumbre, o como un mecanismo útil. El tener que acarrear refrescos de sangre en lata para reaprovisionarnos puede ser un verdadero dolor de cabeza.

Naruto asintió con la cabeza en reconocimiento.

—¿Si no estás maldita o muerta, qué eres tú?

Hinata consideró el tema por un momento, y entonces dijo:—Supongo que sería más fácil de entender si te lo explico desde el comienzo.

—Por favor.

Anoche había estado furioso al encontrarse aquí otra vez en contra de sus deseos, o más específicamente, sin ser que se le diera elección, pero ahora... Bien, si la verdad fuera dicha, Naruto era extremadamente curioso.

Intelectualmente hablando, todo esto resultaba muy fascinante. Era como descubrir que había un Santa. Mejor, mucho mejor.

—Has oído hablar de la Atlántida.

No era realmente una pregunta, pero Naruto gruñó un —Sí— a pesar de estar un poco confundido sobre qué tendría que ver la mítica nación con los vampiros —La civilización perdida, Platón, Poseidón, Creita. Un paraíso con personas adineradas quienes disgustaron a Zeus siendo avaras—, recordó de sus cursos en la universidad.

—Zeus los castigó convocando a todos los dioses y pasándoles un trapo por encima.

—Eso es lo que los libros dicen —acordó Hinata con una pizca de diversión.

—¿Qué tiene que ver la mítica Atlántida con el hecho de que seas un vampiro?

Atlántida es tanto mito como el de los vampiros —anunció—. Era una civilización muy avanzada, y justo antes del final, los científicos desarrollaron allí un tipo de nano.

—¿Esas computadoras diminutas? —preguntó Naruto.

—Sí —dijo—. No finjo comprenderlo todo. Nunca he encontrado la ciencia realmente interesante. Mi hermano, Neji, podría explicártelo más claramente, pero básicamente, combinaron la nanotecnología con una suerte de bio algo.

—¿Bioingeniería? —curioseó.

—Algo por el estilo —admitió—. Combinaron las dos tecnologías para crear nanos microscópicos que podían ser arrojados al flujo sanguíneo, donde vivirían y se reproducirían.

—No comprendo qué tiene que ver con que...

—Estos nanos fueron programados para reparar tejidos — interrumpió Hinata—. Iban a funcionar como ayudas médicas para colaborar en la cura de personas gravemente heridas o enfermas.

Naruto arqueó una ceja.

—¿Y funcionaron?

—¡Oh! Sí. Funcionaron mejor de lo que cualquiera hubiera esperado. Una vez dentro del cuerpo, no sólo repararon los tejidos dañados, destruyeron cualquier infección y regeneraron todo el tejido destruido o muerto.

—Ah —dijo Naruto, comprendiendo repentinamente por qué le estaba contando sobre Atlántida—. Y gracias a estos nanos es cómo vives tanto tiempo y permaneces tan joven.

—Sí. Fue un efecto secundario inesperado. Fueron programados para autodestruirse cuando el daño en el cuerpo estuviese reparado, excepto que...

—El cuerpo está constantemente bajo el ataque de la luz del sol, la contaminación, y el simple envejecimiento —terminó Naruto por ella.

—Sí. —sonrío complacida con su reconocimiento—. Mientras hay daño para reparar, los nanos vivirán y crearán a otros de su clase, usando parte del flujo de sangre. Y siempre hay daño para reparar.

Naruto cerró sus ojos, su mente girando con los conocimientos que acababa de darle. Planteaba tantas preguntas como las que respondía.

—¿Y la sangre? Tú la... Err... comes, ¿no es así? ¿Es porque los nanos usan la sangre?

Sí. La usan para cargar combustible y hacer las reparaciones. Cuanto más daño, más sangre se necesita. Pero incluso con sólo el daño del día a día, el cuerpo no puede proporcionar la suficiente sangre para satisfacerlos.

—Así que tienes que beber sangre para alimentar a los nanos —razonó él.

—Sí. Béberla o hacerse transfusiones.

—¿Transfusiones? —Repitió complacido de escuchar una palabra común en esta conversación—. ¿Así que es realmente más o menos como la hemofilia? Un tipo de trastorno sanguíneo... —entonces hizo una pausa y añadió irónicamente—: Salvo por el hecho de que tú eres de una antigua, pero científicamente, avanzada raza. —se pausó cuando una idea lo enredó—. Pero naciste sólo hace poco más de doscientos años. Tú no eres de la Atlántida. ¿Es pasado de madre a hijo?

—Me fue pasado a través de mi madre —asintió Hinata—. Pero mi madre no nació con ellos.

—¿Tu padre? —preguntó, y se dio cuenta de que no había preguntado cuántos años tenía Hiashi Hyuga cuando murió un par de años atrás—. ¿Qué edad tenía tu padre?

—Él, su hermano gemelo, y sus padres estaban entre ésos que huyeron de la Atlántida cuando cayó. Fû nació un par de cientos de años después.

Su padre y su familia habían huido de la Atlántida cuando cayó, consideró en silencio. ¿Cuándo había sido eso? No estaba seguro. Indudablemente antes de los romanos, antes del nacimiento de Cristo... Mi Dios, no valía la pena pensar en ello.

—Mi padre introdujo los nanos en mi madre cuando se casaron —añadió Hinata cuando su silencio continuó.

Naruto comenzó a procesar las noticias.

—Así que cualquiera podría...

—No tienes que nacer como uno —admitió suavemente cuando él hizo una pausa—. Al principio fueron introducidos a la sangre por vía intravenosa y todavía pueden serlo.

—Y la sangre no tiene que ser necesariamente consumida —dijo, su mente regresaba a ese punto. No sabía por qué. Puede que porque así lo hacía parecer no más extraño que el trastorno sanguíneo de un hemofílico.

—Sí, pero es algo —trató de encontrar la comparación correcta con la comida y explicó—Piensa en la diferencia de tomar un trago de agua a esperar que te ingresen ese mismo líquido por una solución salina con un vía intravenosa.

Supongo que eso era inconveniente para ti cuando los demás simplemente pueden tomarse el trago e irse —dijo, luchando por comprender.

—No es que fuera inconveniente —expresó en murmullos—. Mamá solía esperar hasta que estaba en cama para pasar el día antes de traer la sangre. Comía mientras dormía. No era muy inconveniente en absoluto, pero...

Vaciló, y luego admitió:

—Me hacía sentir como una niña dependiente, tan vulnerable como los pajaritos que necesitan a sus madres para digerir el gusano y dárselos en al pico. Era dependiente.

—¿Y ahora no lo eres? —preguntó Naruto.

—Ahora me alimento —respondió con orgullo pero, a continuación, admitió un poco irónicamente—: No siempre bien, pero como.

—¿Si eres hemofóbica, cómo comes?

Suspiró.

—Naruto no creo...

—¿Cómo? —Insistió, aunque pensaba que ya sabía la respuesta. Si se desmayaba al ver sangre, entonces la única alternativa abierta a ella. Sin que alguien le pusiera una intravenosa era morder cuando lo necesitara.

—A la vieja manera —admitió ella finalmente.

—¿Es culpabilidad lo que escucho en tu voz? —preguntó con sorpresa. Aunque a él mismo le parecía que el que pensara en usar a las personas para conseguir su sangre la convertía en una especie de macabra versión femenina de Drácula, no había esperado que a ella le molestase.

—Los bancos de sangre se convirtieron en la principal fuente de alimentación para la gente desde hace, aproximadamente, cincuenta años. Todos cambiaron, y empecé a ser alimentada por vía intravenosa —explicó—. Después de cincuenta años de no comer directamente de los mortales puedes llegar a convencerte a ti mismo que ellos y la bolsa de sangre no tienen nada que ver. Los mortales sólo se hacen vecinos y amigos y...

—Comprendo —interrumpió Naruto, y lo hacía. Supuso que era similar al fenómeno que los seres humanos disfrutaban, donde la carne venía envuelto en paquetes pequeños ordenados y uno podía olvidar que la ternera que estaban comiendo venía del pequeño y lindo ternerito con piernas larguiruchas y ojos grandes.

La mente de Naruto se desvió hacia la conversación que había tenido con Sai su primera noche allí, cuando el hombre había alegado el caso de Hinata, explicando que su fobia estaba causando que todos ellos se preocuparan de que pudiera terminar de la misma manera que su padre. Caviló

sobre el tema, su mente relacionaba las cosas lentamente. Hinata se había esforzado por tratar de mejorar en función de Kurenai: se graduó, consiguió un trabajo, y su propio departamento. Ella...

—Tú trabajas en el refugio —dijo con comprensión.

—Sí, —dijo cautelosamente.

—Comes allí —no era una pregunta. Eso era lo único que tenía sentido. Si se estaba alimentando a la vieja usanza y se había graduado y conseguido un trabajo, probablemente había escogido un trabajo donde pensaba que podría comer mejor.

—Pensaba que podía ayudar a las personas y atender mis propias necesidades al mismo tiempo —explicó.

Naruto inclinó la cabeza. Tenía sentido. Ayudaría a facilitar cualquier culpabilidad que sintiera por volver a comer después de haberlo hecho por vía intravenosa durante tanto tiempo.

—También pensaba que las personas en el refugio cambiarían todas las noches.

—¿No lo hacen? —preguntó Naruto con sorpresa. No estaba demasiado al tanto en lo referente a los refugios.

—Desafortunadamente, no. A menudo son las mismas personas una y otra vez por meses, aunque hay algunos que vienen y se van.

—Pero muchas personas sin hogar son alcohólicos o drogadictos — señaló, comprendiendo cuál era la preocupación de la familia. Si la mayor parte de los asistentes al refugio tenían un problema de abuso de drogas, y estaba comiendo de ellos... con regularidad, eso era un problema.

—Algunos lo hacen —dijo muy bajito—. No todos. Para algunos el alcohol o las drogas son lo que los dejó en la calle; perdieron sus trabajos, familias, casas... Para otros, las circunstancias los dejaron sin hogar, y pueden beber ahora o tomar drogas para olvidar su situación durante un tiempo. Pero no todos son adictos.

Naruto sonrío ante su tono débilmente defensivo. Obviamente le importaban las personas del refugio como algo más que la cena. Era bueno saberlo.

—Pero muchos de ellos no están sanos —continuó ella—. Tienen poco o nada de dinero y no comen apropiadamente. Algunos solamente consiguen una comida al día, desayunan en el refugio por la mañana.

—Es por eso que tu familia está preocupada y quiere que yo cure tu fobia

—supuso Naruto—. Si no estás comiendo de los alcohólicos o drogadictos y estás comiendo de personas que no comen sanamente tú no estás comiendo sanamente.

—Sí —hizo una mueca—. Subsisto a base del equivalente de una dieta de ayuno; llena como para aplacar el hambre pero contiene pocos nutrientes. Creo que realmente esto molesta a Kurenai tanto o mucho más que el alcohol.

Naruto asintió con la cabeza, pero no podía apartar la mirada de su boca. Nunca había prestado mucha atención a sus dientes, su atención hasta ahora se había enfocado en sus labios y en lo que le gustaría que ella hiciera con ellos. Sin embargo, ahora pensaba que, en algún momento, debió haber notado sus colmillos.

—¿Puedo ver tus dientes?

Hinata se calmó, sus ojos se clavaron en su cara.

—¿Por qué?

—Bien... —Naruto cambió su peso y frunció el ceño—. Creo principalmente en lo que tú me cuentas de tu gente. Vi las marcas del mordisco; sé que he sido controlado, pero...

—Pero quieres más pruebas. La prueba física —conjeturó, vacilante.

—Lo siento, pero lo que estamos hablando aquí es bastante increíble — señaló él—. ¿Vampiros de Atlántida que no están malditos, ni carecen de alma pero viven para siempre y se mantienen jóvenes y saludables? Es como si me preguntaran si creo en el conejo de Pascua.

Hinata asintió con la cabeza en reconocimiento, pero todavía vaciló otro momento antes de abrir su boca, mostrando sus dientes. Eran tan blancos y rectos como perlas, pero...

—Ningún colmillo —dijo decepcionado.

En respuesta a su comentario, Hinata se acercó un poco más. Él vio que sus ventanas nasales se dilataban ligeramente cuando aspiró, y sus colmillos cambiaron, se deslizaron suavemente afuera como si bajaran por una guía formada por sus otros dientes. Los dos colmillos largos y afilados sobresalían repentinamente de su boca.

Naruto se sintió pálido e inquieto.

—Y eso —se detuvo para limpiar su garganta cuando porque su voz sonó anormalmente aguda, trató entonces otra vez—, ¿eso duele?

Hinata dejó que sus dientes se deslizaran a su posición de descanso antes de tratar de hablar.

—¿Te refieres a cuando los dientes se extienden o se retraen?

Asintió con la cabeza, sus ojos todavía fijados en su boca.

—No.

—¿Cómo lo hacen?

—Deduzco que es como las garras de un gato —dijo con un encogimiento de hombros, luego levantó una mano para ocultar un bostezo antes de terminar—, al menos eso es lo que mi hermano Neji dice.

—¿Así que, tú naciste con ellos? —inquirió Naruto, y cuando ella asintió con la cabeza, preguntó—: Excepto que seguramente tus antepasados, me refiero a los Atlantes originales, no tenían colmillos, ¿o sí?

—No. Mis antepasados son tan humanos como los tuyos.

Naruto no pudo ocultar la duda de su cara, y frunció el ceño.

—Lo somos —insistió ella—. Somos sólo... —Luchó brevemente por encontrar las palabras y dijo—: Sólo evolucionamos un poco diferente. Los nanos nos forzaron a que desarrolláramos ciertos rasgos que nos resultaran útiles y nos ayudaran a sobrevivir. Necesitamos que la sangre nos sostenga así que...

—Así que por eso están los colmillos —terminó Naruto por ella cuando la notó titubear.

Hinata asintió con la cabeza y bostezó otra vez, entonces dijo:

—Probablemente debería acostarme.

Naruto frunció el ceño. Era de mañana para él, y estaba totalmente despierto y endemoniadamente curioso, pero también sabía que ella trabajaba en el refugio por las noches y que era su hora de dormir. Luchó con su conciencia por un momento, pero su egoísmo ganó.

—¿No puedes quedarte un poco más? Aquí, siéntate a mi lado e inclínate contra la pared. Será más cómodo para ti —sugirió, haciéndose a un lado tanto como sus manos atadas se lo permitieron.

Hinata vaciló, y luego se acercó para sentarse a su lado en la cama. Mulló su almohada, acomodándola en su brazo, se apoyó entonces contra él y se puso cómoda.

Naruto la miró, pero su mente estaba en lo bien que olía, realmente bien, y estaba lo suficientemente cerca como para que pudiera sentir el calor irradiando de ella. Luego de un momento, se las arregló para llevar su mente de regreso a las preguntas que giraban en su cabeza.

—¿Qué más? ¿De qué otras maneras los hicieron evolucionar los nanos?

Hinata hizo una mueca.

—Tenemos una visión nocturna excelente, y somos más rápidos y más fuertes.

—Para ver y cazar a tu presa. Los han convertidos en perfectos depredadores nocturnos.

Hizo una mueca ante la descripción, pero asintió con la cabeza.

—¿Y el control de la mente?

Hinata suspiró.

—Hace más fácil alimentarse. Permite que controlemos a nuestros anfitriones o donantes, y limpiemos sus recuerdos de la experiencia después. Podemos protegerlos de sentir el dolor mientras comemos, y los hacemos olvidar qué ocurrió, lo que era más seguro tanto para los donantes como para nosotros.

—¿Así que qué salió mal conmigo? —preguntó Naruto con curiosidad cuando ella bostezó otra vez.

Hinata vaciló.

—Algunos mortales son más difíciles de controlar que otros. Tú pareces ser uno de ellos.

—¿Por qué?

—Quizás tienes una mente más fuerte —se encogió de hombros—. Verdaderamente no lo sé. Aunque había oído hablar de casos como el tuyo, ésta es la primera vez en que tropiezo con uno. Lo único que sé es que yo no puedo leer tu mente en lo absoluto, mucho menos controlarte, y Kurenai pasó apuros contigo desde el principio.

—Dijo algo sobre no ser capaz de controlarme cuando entraron en mi departamento primero, pero no parecieron tener ningún problema para traerme de regreso anoche —dijo Naruto secamente, frunció el ceño, y añadió—: o quizás fue esa mujer, Fû. Se aseguró de tocar mi brazo. Lo sujetó todo el tiempo hasta que me ataron, y al minuto de soltarme mi mente se aclaró; pero la noche anterior, me tomó un par de minutos después de que Kurenai me dejara para volver a pensar claramente y darme cuenta de lo que había hecho y la situación en la que estaba.

Hinata dejó escapar un agudo suspiro y frotó sus ojos cansadamente.

—Tienen que entrar en tu mente, y necesitan estar tocándote para hacer la conexión ahora.

Naruto tuvo el presentimiento por su expresión que por alguna razón no pensaba que fuera algo bueno. El creía que sí. No le gustaba la idea de ser controlado en absoluto así que el hecho de que les estuviera poniendo las cosas más difíciles, a él le resultaba algo gratificante.

Echó un vistazo a su expresión y lo único que notó fue que sus ojos se cerraban de golpe. Hinata se había quedado dormida.


Continuará...