Mordida de amor
10: Mordisco Inquietante
—¡Está despierta!
Todos en la furgoneta saltaron cuando Moegi gritó esas palabras, incluyendo a Sai que, asustado, pisó arrebatadamente los frenos, haciendo que todos dieran un tirón en su asiento.
—Maldición —murmuró Hinata, agradecida de haberse abrochado el cinturón de seguridad.
—Moegi, cariño —gritó Sai con fingido palmoteo mientras terminaba de aparcar—. Si alguna vez vuelves a hacer eso cuando yo esté conduciendo, tomaré tu pequeño y escuálido cuello.
—Lo siento, Sai —la muchacha no parecía muy apenada—. Sólo temía que Kurenai estuviera esperando por nosotros. Quiero decir, Hinata se imaginó que estaríamos de vuelta antes de que despertara. Pero Kurenai ya está despierta.
—Y, muchachos, parece enojada —comentó Hanabi.
Hinata estaba de acuerdo. De hecho, Kurenai la miraba enfadada, parada entre la puerta principal y el garaje. En realidad, lucía tan enojada el día de hoy como lo estaba ayer, a pesar de que debía ver que Naruto estaba en la furgoneta con ellos.
Él estaba en el asiento del pasajero, siguiendo las instrucciones de Sai. Los chicos, habían insistido, deberían ir al frente. Una decisión totalmente sexista de la que Hanabi se había quejado pero que a Hinata no le importaba, eso había hecho que a Sai le gustara el hombre. Y por alguna razón, eso la complacía.
—De acuerdo —Sai paró el motor de la furgoneta y desabrochó su cinturón de seguridad—. Actúen de manera casual. No hay ninguna razón para que Kurenai esté enojada. Apenas lleguen a ella, sonrían, luego descargamos los comestibles y vamos adentro juntos. ¿Entendido?
—Entendido —contestaron todos y comenzaron a moverse. La furgoneta fue inmediatamente inundada por el sonido de las puertas al abrirse y cada quien por su lado, salió fuera.
—Gracias —murmuró Hinata cuando Naruto tomó su mano para ayudarla a bajar. Él le dio un apretón ligero con los dedos y se dio la vuelta para ayudar a los demás, mientras ella siguió a Tenten a la parte trasera de la camioneta. Echó un vistazo entre la puerta del garaje y la casa mientras caminaba, sólo para encontrar que Kurenai seguía allí.
Hinata suspiró. Lastimosamente, ellos tendrían que volver. El último par de horas habían estado muy relajados y divertidos, todos bromeando y riendo.
Naruto había demostrado ser todo un caballero aún cuando había estado atado a una cama. En el restaurante familiar en el que Sai los había llevado a comer, Naruto les había sostenido las puertas y separado las sillas con un antiguo encanto que Hinata creía perdido en los hombres de hoy en día. Hanabi, Moegi y Naruto fueron los únicos que habían comido. Los otros habían tomado café y jugo, mirando con diversión cómo esos tres engullían el alimento como si no hubiesen comido por días.
Después, habían asaltado las tiendas de comestibles. Desde el primer momento en el que estuvieron dentro, las chicas habían comenzado a discutir sobre quién de ellas iba a empujar el carrito de compras. Naruto había parado la disputa, argumentando que él sería quién debía manejarlo, dejándoles el camino libre para que decidieran qué era lo que querían llevar.
No fue raro que él mismo hubiese intervenido en varias ocasiones porque el hombre era tan débil ante los dulces como las chicas. Al final, el carro había sido llenado casi en su totalidad por comida chatarra. Había caramelos, opciones saladas, congelados y comida preparada, como perritos calientes y pizza; y tres clases diferentes de palomitas de maíz. Por lo visto, Naruto y las chicas pensaban llevar a cabo todo un mes de pijamadas.
—Demonios —murmuró Hinata cuando ella y Tenten llegaron a la parte trasera de la furgoneta justo cuando Sai abría el baúl para sacar las compras del interior—. No puedo creer que hayamos comprado tanta comida. ¿Quién se va a comer todo esto?
—¿Estabas pensando que nos quedaríamos todo el mes, verdad? — preguntó Ino con diversión cuando ella y los demás se detuvieron.
—No es tanto —protestó Moegi.
—Hay el alimento suficiente para dar de comer a una familia de diez integrantes —dijo Tenten.
—O a dos jovencitas en crecimiento y a un grande y fuerte mortal con un apetito feroz —contestó Hanabi.
—Dos jovencitas en crecimiento y un grande y fuerte mortal con un apetito feroz por la comida basura —dijo Mirai con recelo, y luego le echó un vistazo a Naruto—. Puedo entender las preferencias alimenticias de las muchachas porque son adolescentes, pero tú no comes todo esto en casa, ¿o sí?
—No —admitió él con una sonrisa—. Como todo lo que es sano: fruta, vegetales, arroz y pollo asado a la parrilla —se inclinó hacia la furgoneta para tomar dos de los tres paquetes de palomitas de maíz, esperando a que Sai agarrara el último antes de utilizar el codo para cerrar la puerta del maletero, y añadió—: Pero como durante esta semana estoy de vacaciones, pensé que no sería malo. La próxima semana volveré con la comida sana y el ejercicio.
—Ustedes, los mortales —rió Sai en silencio mientras le daba un codazo a la segunda puerta para cerrarla—. Se pasan dos semanas al año comiendo lo que quieren, para luego estar el resto de las cincuenta y cinco semanas del año arrepintiéndose. Eso debe ser una mierda.
—Hmmm —la boca de Naruto se torció cuando el grupo, de mala gana, comenzó a dirigirse hacia la puerta, en donde Kurenai seguía esperando—. Supongo que ustedes, chicos, no tienen que preocuparse de hacer una dieta de sangre, pero pienso que seguiré con los fritos y la pizza.
Hinata aún se reía de ese comentario cuando alcanzaron a Kurenai. Su risa desapareció rápidamente con incomodidad cuando divisó su expresión severa.
—Kurenai —saludó dando una cabezadita—. Te levantaste temprano.
—¿Haciendo las compras? —preguntó Kurenai, maliciosamente, gesticulando hacia Hinata mientras pasaba a su lado y se movía la mitad del camino hacia el garaje, pasando los dos coches y alcanzando su auto deportivo antes de darse la vuelta para afrontarla.
—Lo sé —dijo Hinata rápidamente—. Estás alterada porque hayamos llevado de compras a Naruto, pero no había ningún alimento en casa y él y las muchachas estaban privados de la comida. Y... —añadió—, él se comportó perfectamente todo el tiempo. No trató de escapar o convencernos de que lo lleváramos a su casa, ni nada —Hinata se pausó para capturar algo de aliento y agregó—: Sinceramente, Nai, no puedes tener a este hombre atado a la cama todo el tiempo. Eso es un secuestro. Se suponía que tú ibas a limpiar su memoria, no traerlo aquí de nuevo.
Kurenai suspiró. Algo de su cólera había desaparecido.
—Lo intenté. Lamentablemente, él tiene una mente muy fuerte. Peor aún, había conjeturado lo que éramos y eso lo hizo aún más complicado.
—Sí, lo sé —reconoció Hinata—. Me hizo unas preguntas esta mañana y le expliqué unas cuantas cosas.
Kurenai asintió.
—Bueno, el conocimiento y su cautela lo hacen casi imposible de controlar ahora. Fû es la única que puede hacer algo, controlarlo mentalmente. Mientras ella está en sus pensamientos, él hace lo que queremos, pero en el momento en que es liberado...—se encogió—. Permanece tranquilo unos minutos más... y no pudimos limpiar su memoria.
—Demonios —Hinata dejó caer sus hombros con cansancio. Echó un vistazo hacia la puerta donde los demás aún la esperaban. No se habían ido, haciendo acopio a la frase «Todos para uno», en caso de que ella gritara pidiendo ayuda. Sonrió ligeramente ante su muestra de apoyo, y luego miró nuevamente a Kurenai para preguntar—: ¿Y ahora qué?
—Lo llevaremos con tu tío Hizashi para que lo examine.
—¿Con el tío Hizashi? —Hinata se apoyó contra el coche deportivo de Kurenai, de repente sus piernas se volvieron débiles debido a la preocupación. Cuando el tío Hizashi era llamado para que acudiera a atender un tema delicado, eso significaba que era malo. Muy malo.
—Que no cunda el pánico —dijo Kurenai rápidamente—. Hizashi es viejo, mucho más viejo y mucho más experto y poderoso. Espero que él pueda solucionarlo, y así limpiar su memoria como nosotros no pudimos hacer.
Hinata también lo esperaba. Sabía muy bien que si el tío Hizashi no podía borrar su memoria, nadie podría, y no vacilaría en borrar a Naruto del mapa para que no pusiera en peligro a la especie.
—¿Cuándo viene? —preguntó con inquietud, y sus ojos se estrecharon cuando vio a Kurenai morderse el labio y vacilar para responderle.
—Bien, ese es un problema —admitió—. Estamos teniendo problemas para contactarnos con él.
—¿Qué? —inquirió Hinata.
—Neji prometió buscarlo por mí. Mientras tanto... —dijo con un forzado ademán—, no hay razón para que el Dr. Uzumaki no te trate mientras esté aquí.
Hinata rodó sus ojos ante su persistencia. Esa mujer nunca desistía cuando ponía su atención en algo. Sacudiendo la cabeza, dijo:—Es que simplemente no puedo estar con él, sintiéndome de lo más tranquila, cuando sé que lo estamos reteniendo en contra de su voluntad.
—Estoy segura de que estará de acuerdo —le aseguró Kurenai—. Parece un hombre bastante razonable. Y como has dicho, salió con ustedes a hacer las compras esta mañana y se comportó maravillosamente, volviendo sin ningún problema —deslizó su mirada por el hombre y añadió—: Estoy segura de que ya quiere venir.
Hinata siguió su mirada que estaba fija en Naruto. Las estaba observando con ojos solemnes, obviamente consiente de que estaban hablando de él. Forzando una sonrisa para tranquilizarlo, se volvió hacia Kurenai y le advirtió:
—No tienes ni idea de cuánto le tomará a Neji detectar al tío Hizashi. Eso podría llevar tiempo.
—Sí —reconoció Kurenai.
El tío Hizashi tendía a desaparecer por amplios períodos de tiempo. Nadie sabía a dónde iba, pero siempre volvía si se presentaba alguna emergencia que requiriera de su atención. Sin embargo, ¿quién sabía si él consideraría esto una emergencia que necesitara de su atención inmediata? Después de todo, Naruto estaba controlado y no representaba ninguna inmediata amenaza mientras estuviera allí.
—No puedes mantenerlo amarrado —dijo Hinata.
—Hinata...
—Kurenai, no puedes —debatió—. No es ningún animal y no puedes tenerlo amarrado en plan de esclavo sin que eso le moleste.
—Sí, pero...
—Yo le hablaré —la cortó rápidamente—. Si él promete no tratar de escaparse...
—Seré yo la que hablará con él —interrumpió Kurenai, firmemente—. Y entonces, lo decidiré.
Hinata vaciló, pero no era como si tuviera mucha voz ni voto en el asunto. Asintió no muy convencida, sin embargo, no sabía lo que haría si Kurenai decidiera que él tendría que permanecer amarrado. Hinata no creía que pudiera aceptarlo así como si nada. Si lo ataban otra vez, probablemente, lo ayudaría a escapar.
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—Aquí vienen —Naruto asintió cuando Sai murmuró esas palabras.
—Kurenai ya no parece enfadada —dijo Hanabi esperanzada.
—No, pero Hinata no parece contenta —indicó Moegi.
—Luce preocupada —Mirai se veía afectada, y Naruto fue consiente de los vistazos ansiosos que, de repente, comenzó a lanzarse el grupo. Supuso que estaban preocupados por lo que eso podría significar para él. También estaba preocupado por sí mismo.
—Bien, ¿por qué todos ustedes están parados aquí? —Kurenai sonrió cuando llegó al grupo junto con Hinata—. La comida se deteriorará, es mejor que la lleven dentro.
Naruto parpadeó con sorpresa cuando ella tomó los paquetes de palomitas de maíz que llevaba. Los levantó tan fácilmente como si fueran plumas y se volvió para dárselos a Moegi que era la que estaba más cerca. Y se sorprendió aún más cuando la adolescente los tomó con una sola mano, sosteniéndolos como lo haría una camarera con una bandeja de bebidas mientras se dirigía a la casa.
Naruto sacudió su cabeza lentamente. Tendría que preguntar a Hinata cuánta fuerza extra les proporcionaban los nanos. Esas cosas eran de gran importancia para él.
—Ven, Dr. Uzumaki —Kurenai lo cogió del codo con mano firme y giró con él hacia la puerta—. Los chicos guardarán los comestibles en su sitio. Mientras tanto, me gustaría hablar contigo, si no te importa.
A pesar de su expresión cortés, Naruto sintió como si estuviera siendo la presa de una manada de depredadores cuando ella lo llevó lejos de los demás.
—Estaré aquí tan pronto los comestibles estén guardados en su sitio — anunció Hinata y Naruto echó un vistazo sobre su hombro para ver la tiesa sonrisa alentadora que forzaba con sus labios. Él simuló su media sonrisa.
—No hay nada por lo cual preocuparse, Dr. Uzumaki —dijo Kurenai con dulzura, mientras lo conducía a través de la cocina hacia el pasillo—. Sólo vamos a charlar.
Naruto no se molestó en responder. No tenía ningún sentido que mintiera, diciendo que no estaba preocupado cuando la mujer podía leer su mente, así que retuvo a su lengua; pero su corazón se hundió cuando lo condujo arriba. Lo estaba llevando de regreso a la habitación, y él no dudó en que, una vez que lo tuviera nuevamente allí, volvería a amarrarlo. Naruto sabía que no podría soportar ser atado a la cama otra vez después de la libertad que había disfrutado esa tarde.
La salida con los demás había sido todo un placer para Naruto. Había disfrutado de la compañía tanto como de la libertad temporal. Las chicas más pequeñas realmente eran unas devoradoras insaciables, y Hinata... ella era simpática, graciosa, divertida. La había visto relajarse con sus primos y había sido impresionante. Era abiertamente cariñosa y afectuosa y, obviamente, los respetaba tanto a ellos como a sus sentimientos. Nunca era condescendiente con las mas jovenes. A Naruto le gustaba. Ella era, sinceramente, una persona agradable. Por no mencionar que era tan sexy como el infierno.
Naruto hizo una mueca ante sus propios pensamientos, y luego suspiró cuando Kurenai lo condujo hacia el dormitorio en el que había pasado la mayor parte de los anteriores dos días amarrado.
—Sentémonos en el sofá —sugirió Kurenai suavemente cuando él se dirigió directamente hacia la cama.
Naruto hizo todo lo posible para ocultar su sorpresa mientras, rápidamente, cambiaba de dirección hacia el sofá que se encontraba contra la pared de la ventana. Se sentó en un extremo al tiempo que Kurenai se ubicaba en el otro.
Entonces esperó, preguntándose qué vendría a continuación. Por mucho que le sorprendiera, la mujer parecía insegura de cómo comenzar y vaciló durante varios minutos antes de decir:
—Hinata me contó que te explicó algunas cosas sobre nosotros.
—Me respondió un montón de preguntas, sí.
Kurenai asintió.—¿Hay algo que hayas pensado y que tengas el deseo de aclarar?
Naruto titubeó. Después de permanecer un tiempo con el grupo más joven, fue repentinamente consiente de la diferencia en la forma de hablar que tenía Kurenai. Hinata y los demás tenían lo que él habría llamado un leve acento, una pequeña en su pronunciación que era apenas evidente, pero que insinuaba un origen extranjero. En cambio, Kurenai tenía un acento muy pronunciado; también evitaba la jerga y, raramente, acortaba sus frases. Hablaba un inglés preciso. Eso le pareció curioso.
—Usted no es canadiense de nacimiento —dijo finalmente.
—Nací en Inglaterra —informó Kurenai.
Naruto frunció el ceño. Nunca habría adivinado que su acento era inglés. Al menos, no era ningún acento inglés que él hubiera escuchado.
—He vivido mucho tiempo, Dr. Uzumaki, y en muchos sitios.
—¿Cuánto tiempo y en cuántos sitios? —preguntó él puntualmente, y Kurenai sonrió ante su agudeza.
—Nací el cuatro de Agosto de 1265 —anunció ella.
La mandíbula de Naruto se desencajó, pero sacudió su cabeza y dijo:—Es imposible. Eso significaría que tiene más de setecientos años.
Kurenai sonrió abiertamente.
—Sin embargo, es verdad. Cuando nací, Inglaterra estaba en guerra civil y Enrique III era el rey. No había tuberías y la caballerosidad era más que la respuesta a un crucigrama. Aunque, desde luego, eso sólo era permitido para los ricos y poderosos —añadió irónicamente.
—¿Y tengo que suponer que eras parte de los ricos y poderosos? — indagó él.
Kurenai negó con la cabeza.
—Yo era una campesina. Era la indeseada de uno de los muchos señores que visitaban el castillo en el que mi madre era una criada.
—¿No deseada? —preguntó Naruto compasivo.
—Lamentablemente, sí. Me temo que el único motivo por el que ella recordaba la fecha de mi nacimiento era porque fue durante la batalla de Evesham —Kurenai se encogió—. Trabajé en el castillo tan pronto comencé a caminar, y habría muerto allí, probablemente a una muy corta edad, si Hiashi no hubiera aparecido y sacado de todo eso.
—Me han contado que Hiashi tenía un problema con el alcohol, ¿es cierto?
Kurenai asintió despacio.
—Y eso lo mató. Murió cuando tomó demasiada sangre de un hombre borracho y se desmayó. No se despertó cuando la casa estalló en llamas alrededor suyo. Se quemó hasta la muerte.
—Sí, creo que Sai había mencionado que Hiashi murió en un incendio —dijo Naruto. Luego levantó una ceja y preguntó—: ¿Así que tu gente puede morir?
—Por supuesto. No tan fácilmente, pero podemos morir —le aseguró—. Y el fuego es una de las cosas que pueden matarnos.
—No es una forma agradable de morir, me imagino —murmuró Naruto.
—No. Y preferiría que Hinata no siga los pasos de su padre.
—Lo cual es el motivo por el que me trajo aquí —él levantó una ceja—. No quería alimentarla... err...
—De la forma antigua —sugirió Kurenai—. Desde luego que ella podría seguir alimentándose así, pero es un asunto peligroso. Además del riesgo a descubrir a nuestra gente, también tiene el riesgo a alimentarse de la clase incorrecta y sufrir los efectos colaterales.
—Supongo que a lo que llama «la clase incorrecta», está refiriéndose a la gente sin hogar en el refugio, ¿no? —preguntó Naruto.
—No soy una snob, Dr Uzumaki —dijo Kurenai, cansinamente—. Pero la gente sin hogar que busca refugios para vivir, son de la clase menos sana. Su sangre no es lo mejor en nutrición.
Naruto asintió. Hinata, anteriormente, le había dicho lo mismo, pero pensó que, probablemente, había mucha gente con casas, que tuvieran una dieta a base de comida chatarra, resultando de todas formas como una faltante de nutrientes. No se molestó en mencionar esto, ya que no era realmente importante.
—¿Entonces de los efectos de los que te preocupas es de que ella pueda ponerse ebria?
Kurenai asintió.
—Hinata volvió a casa del refugio bebida, o casi, varias veces después de alimentarse de algún individuo incorrecto cuando ella todavía vivía aquí. Y sé que esto aún pasa. Ella no siempre puede deducir si son buena gente o narcotraficantes antes de que sea demasiado tarde. Todo lo que usan, aumenta su resistencia, pero ella no tiene ninguna. Así que, tal vez, cuando uno de ellos abandona el lugar, puede estar medianamente mejorado, tratando de moderarse, pero la dejan completamente intoxicada y ebria.
Naruto trató de imaginarse a Hinata ebria, pero no pudo. Ella, simplemente, no se parecía a esa clase.
—Así que... —dijo, repentinamente, Kurenai—. ¿Qué es lo que piensas de Hinata?
Asustado por el cambio de tema, Naruto se encontró a sí mismo poniéndose rígido cuando un torrente de pensamientos se precipitó en su mente. Él pensaba que Hinata era hermosa y dulce y agradable y que olía delicioso y... La lista que rondaba su mente era infinita, pero antes de que pudiera hacer la colecta de las cosas cálidas y agradables que él pensaba y sentía hacia Hinata, Kurenai asintió y preguntó:
—¿Y cómo te encuentras después de todos los conocimientos sobre nuestra clase? Imagino que debes estar desconcertado.
Naruto sonrió ligeramente ante la insinuación de sus palabras. ¿Desconcertado? Oh, sí. Teniendo en cuenta que tus creencias y tu opinión del mundo habían sido puestos de cabeza en tan poco tiempo, resultaba un poco desconcertante, pero también increíblemente interesante. Sobre todo, después de su conversación con Hinata y teniendo algunas cosas explicadas.
Supuso que su interés resultaría extraño para otros, pero... bien, después de todo, ellos eran personas increíbles, con habilidades y capacidades de las cuales él sólo pudo hacer conjeturas por un buen tiempo. Kurenai afirmaba tener más de setecientos años. Dios querido, los acontecimientos mundiales que ella debía haber atestiguado, los avances tecnológicos, la gente que podría haber conocido en todo ese tiempo... los verdaderos personajes de la historia sobre los que Naruto y otros sólo podían leer. Incluso Hinata con más de doscientos años debía haber visto cosas que sobresaldrían de mentes enfermas.
De cierta manera, se sentía agradecido de haber sido traído a ese lugar. Era verdaderamente más interesante que andar holgazaneando en los alrededores del mar, o jugar volleyball en la playa.
Comprendiendo que Kurenai esperaba una respuesta, Naruto levantó la vista, pero antes de que pudiera hablar, ella asintió otra vez y preguntó:
—¿Estarías dispuesto a quedarte aquí como nuestro invitado y tratarla?
Naruto la miró fijamente, percatándose de pronto, que ella había estado consiguiendo sus respuestas leyendo su mente, por lo que no se molestaba a esperar que contestara. Había olvidado, brevemente, esa capacidad, pero ahora que la recordaba, Naruto estaba más divertido que disgustado. Lo había salvado de buscar las palabras para decir cortésmente lo que pensaba. Aunque suponía que debería estar alarmado porque no todos sus pensamientos y sentimientos hacia Hinata eran aptos para menores.
—¿Dr. Uzumaki? —apremió Kurenai.
—Llámeme Naruto —murmuró él, notando con interés que ella parecía impaciente, incluso frustrada. Parecía como si sus pensamientos evitaran darle la respuesta a su pregunta.
Interesante, pensó.
—¿Tratarás a Hinata? —repitió.
Una pequeña sonrisa socarrona tiró de sus labios y dijo:—Cuente conmigo.
Sus ojos se estrecharon ante el desafío, pero inclinó su cabeza y se quedaron en silencio. Naruto permaneció los siguientes minutos manteniendo su mente en blanco, probando ver si podría bloquearla. Cuando vio que la impaciencia volvía a aparecer en su rostro, él casi se convenció de haberla bloqueado, pero poco después, ella se enderezó y asintió.
—Deberías inclinarte más por sus necesidades terapéuticas, antes de despertarla sexualmente, pero veo que también deseas ayudarla aunque siento que Mirai tiene razón y no puedes mantener tu ética habitual en este caso. Tan sólo ayúdala —dijo con calma, y bostezó—. Ahora, voy a dormir un poco esta mañana. Creo que volveré a mi cama hasta que se ponga el sol.
—¿Cama? —Naruto habló distraídamente.
Su mente estaba consumida por el horror al percatarse de la precisión con la que ella había leído sus sentimientos. La mujer era la pesadilla de todo chico, una madre quien sabría lo que quería cada tipo, que no podía ser engañada por buenos modales y mentiras corteses.
—Ya no dormimos en ataúdes, Naruto. Hubo un tiempo en el que los ataúdes eran los lugares más seguros para que durmiéramos, para protegernos tanto de la luz del sol como de personas que quisieran cazarnos, pero esos tiempos pasaron. Dormimos en camas, en habitaciones con ventanas tapadas por cortinas oscuras que nos protegen de los dañinos rayos de sol —Kurenai inclinó su cabeza y preguntó—: ¿No te diste cuenta que estabas en la habitación de Hinata?
—Errr... sí —respondió, sintiéndose un poco idiota—. Y realmente no creía que durmieran en ataúdes, pero...
—Pero no estabas seguro —Naruto asintió, excusándose—. Bien, el resto es fácil. Allí no hay ningún ataúd —le aseguró Kurenai, yendo hacia la puerta—. Hinata ha estado fuera en el pasillo por mucho tiempo, no deseando interrumpir. Estará aliviada al encontrarte todavía desatado. Disfruta el resto de tu tarde. Espero que sea productiva.
Continuará...
