Mordida de amor
11: Mordisco del Pasado
—¿Esa es Kurenai?
Hinata pausó y echó un vistazo hacia arriba del salón para ver que Naruto se había detenido junto a un retrato sobre la pared. Retrocediendo, miró detenidamente a Kurenai en un vestido medieval.
—Sí. Mi padre lo encargó como un regalo de bodas.
—Se ve joven—Naruto pasó un dedo ligeramente sobre el marco antiguo. —¿Hay pinturas de ti cuando eras joven?
Hinata asintió con la cabeza.
—En la habitación de retratos.
Sus ojos se iluminaron con interés.
—¿Hay una habitación de retratos?
No necesitaba tener la habilidad de leerle la mente para saber que le gustaría verla, justo como no había necesitado la habilidad de leer su mente para saber que la conversación con Kurenai lo había dejado un poco estupefacto. Cuando había entrado en la habitación, el hombre había estado agitando su cabeza y hablándose entre dientes sobre algo referido a una pesadilla.
Hinata no tenía idea de qué había causado tal reacción, pero había estado tan contenta de que Kurenai hubiera decidido dejarlo vagar libremente por la casa que simplemente había preguntado si todo estaba bien. Cuando había dicho que sí, había sugerido que se unieran a los otros en la habitación de espectáculos para una película.
Habían alquilado la película en una tienda de alquiler que estaba junto a la tienda de comestibles. Había sido idea de Sai, una manera de mantener a las chicas entretenidas. Mientras estaban desempacando los comestibles, había sugerido que la miraran en cuanto Kurenai hubiera acabado con Naruto. Hinata lo había considerado una buena idea en ese momento; ahora, sin embargo, decidió que podían saltarse la película y en su lugar desviarse a la habitación de los retratos.
Estaba segura, sin embargo, que lamentaría haberle preguntado cuando se diera cuenta de cuántos retratos había. Era el equivalente de un álbum de fotos familiar, y desde que empezaba con el retrato de Kurenai antes de su matrimonio en 1280, y seguía hasta que las cámaras vieron la existencia en el 1800, el número de retratos terminaría mareándolo. —¡Venga!—Hinata fue hacia las escaleras—. Te daré un recorrido rápido antes de que nos reunamos con los otros.
La habitación de retratos había sido el salón de baile originalmente. Cuando los bailes habían dejado de estar de moda, habían cambiado de lugar los retratos que habían estado guardados en el depósito. Había mucho de ellos, y Naruto parecía determinado a revisar cada uno. Estaba fascinado por los pedazos de historia revelada en las ropas.
—Tienes una familia apuesta—comentó mientras se movían entre los retratos de sus hermanos. Kurenai había organizado los retratos en forma lineal, empezando con una de sí y Hiashi, pintada el año en que se casaron. Era seguido por varias pinturas más de ellos; algunos juntos y otras por separado.
—¿Cómo era la vida en esa época?—preguntó Naruto, mirando el retrato de Hinata que su padre había encargado para su cumpleaños número veinte. Estaba sentada bajo un árbol llevando un pálido traje azul largo de la era.
—¿Cómo era?—repitió Hinata pensativamente cuando los recuerdos la asaltaron. Luego de un momento, agitó su cabeza y dijo—: asistir a los bailes de gala de la nobleza, montar en el parque—simplemente para ser visto ¡claro está! —añadió irónicamente y entonces agregó—: pero no había ningún televisor, computadoras o microondas y mujeres eran más bien como esclavas.
—¿Cómo es eso?—preguntó Naruto con el ceño fruncido.
Hinata se encogió de hombros.
—No nos permitían poseer ninguna propiedad o riqueza y vivíamos bajo el reinado de nuestros padres hasta que nos casábamos. Se esperaba que las mujeres de la clase alta se casaran bien y tuvieran bebés, entonces todo lo que heredábamos o poseíamos incluyendo nuestros mismos cuerpos y cualquier niño que tuviéramos pasaban a convertirse en pertenencia de nuestros maridos para que hiciera con ellos lo que deseara.
—Hmm—Naruto parecía indiferente ante estas noticias.
Hinata sonrió ante su expresión, luego se rió.
—Las mujeres de las otras clases empezaban a trabajar entre los ocho y doce años. Ellas, también, se casaban luego y todo lo que poseían—incluyendo sus cuerpos y cualquier niño que tuvieran—pertenecía también a sus maridos. Es mejor hoy.
Observó su decepción y sonrío irónicamente.
— Tienes la visión romántica que muestran en películas y libros. Estoy segura que mi opinión está coloreada por mis recuerdos y el hecho de que soy una mujer. Es más fácil ser una mujer ahora. No necesitamos casarnos si no lo deseamos y no podemos ser forzadas a tener niños. Podemos conseguir una educación, tener una carrera, poseer propiedades, y poseer riquezas. Cuando nací, todo lo que éramos o nos era permitido hacer era ser hijas cumplidoras, casarnos y convertirnos en esposas y madres cumplidoras.
—Tú no te casaste ni tuviste hijos— señaló, inclinó su cabeza, frunció el ceño y preguntó—¿o sí?
—No.
—¿Por qué?. Tienes más de doscientos.
Hinata sonrío débilmente.
—Lo haces sonar como si fuera una solterona. Todo es relativo. Cuando es probable que vivas un par de miles de años o más, no hay necesidad de precipitarse en el matrimonio.
—Sí, pero... ¿doscientos años? ¿En ese tiempo nunca te has enamorado?
Hinata se encogió de hombros.
—Es difícil enamorarse cuando todos a quienes conoces no son nada más que una bonita marioneta.
Naruto parpadeó.
—No comprendo. ¿Por qué una bonita marioneta?
Hinata vaciló, y luego preguntó:—¿Podrías querer a Kurenai?
Su expresión era respuesta suficiente, pero Naruto dijo:—No soy un fanático del control, pero me gusta estar al mando de mí mismo por lo menos en la mayoría de las situaciones. Me hace sentir...
—Inferior, como un niño, nada más que una marioneta andante y que habla—sugirió y Naruto asintió ante la repentina comprensión.
—Ya veo. La relación no podía ser equilibrada. Como Sâra y yo, tú siempre tendrías el control.
Hinata asintió con la cabeza.
—Y... como tú... necesito un igual.
Compartieron una sonrisa, luego Naruto miró con atención hacia atrás a lo largo de las fotografías a una que incluía a Hiashi Hyuga.
—Sai dijo algo sobre tu padre y el control. Tenía algo que ver con...
Kurenai era criada en un castillo, sólo tenía quince años— interrumpió Hinata, mirando en una pintura de ambos—. Padre podía leerla. Entró sobre su corcel; fuerte, apuesto, y brillante como un nuevo penique y ella se enamoró. Era como un dios ante sus ojos y fue barrida a sus pies fácilmente. ella lo adoraba y lo creía perfecto. Todo lo cual debió ser indudablemente halagador—señaló Hinata con gravedad—. La convirtió y se casó con ella relativamente rápido y las cosas fueron buenas por un breve tiempo.
—¿Entonces?
—Pero en cuanto el encaprichamiento cayó en declive, vio que no era perfecto, y sus pensamientos ya no fueron tan halagadores—Hinata le echó un vistazo—. Él, por supuesto, pudo leer las pequeñas ideas críticas tan fácilmente como leería el temor ante él y se sintió lastimado y frustrado. Empezó beber y flirtear sin duda en un intento de reforzar su autoestima desfalleciente.
—¿Podía controlarla como Kurenai conmigo?—preguntó Naruto.
Hinata asintió con la cabeza.
—Era más fácil antes de que se convirtiera, pero después todavía podía controlarla. Solamente que entonces lo hacía conscientemente. También ella podía leer sus pensamientos. Por lo menos podía cuando no los estaba vigilando. Padre no podía o no quería mantenerlos controlados cuando estaba ebrio.
—Sabía sobre su bebida y donjuanismo—se dio cuenta Naruto con horror—. Y lo sabría y se resentiría por cada vez que la controlara.
Hinata asintió.
—Peor aún. Kurenai se enteró de que se había casado con ella porque se parecía a una mujer de la que se había enamorado en Atlántida, pero que estaba desilusionado porque, por supuesto, no era ella y no era lo mismo. Había cometido un error que lamentaba y yo pienso que la castigaba por eso no protegiendo sus ideas deliberadamente.
—Suena como una pesadilla—dijo con gravedad—. ¿Por qué Kurenai no se fue?
—Era una situación difícil. La había engendrado.
—¿Engendrado?
—Dicen que el cambio es tan doloroso como el parto, y que alguien que es convertido es nacido a una nueva existencia, así que quien hacía el cambio es considerado como su progenitor—explicó.
—¡Oh! Ya veo—Naruto consideró eso por un momento, entonces preguntó:— Doloroso, ¿no?
Hinata asintió con la cabeza seriamente.
—Yo misma nunca he presenciado uno, pero me dijeron que es muy doloroso.
Frunció sus labios y entonces dijo:
—¿Por eso se quedó, porque la engendró?
Hinata hizo una mueca.
—Bien, en parte. Supongo que podría decirse que se sentía en compromiso con él por eso. Le había dado su nueva vida, tanto como otra hija y todas las comodidades y la riqueza de que disfrutaba. Sin él, Kurenai se habría quedado como una sirvienta en el castillo donde nació, trabajando hasta alcanzar una muerte temprana... eso era algo que él siempre le recordaba cuando ella perdía finalmente la paciencia con él.
—Manipulador—dijo Naruto en voz alta—. ¿Por qué otra cosa se quedó?
Hinata se encogió de hombros.
—La misma razón por la que la mayoría de las mujeres se quedan en un matrimonio desdichado... No tenía nada. Él era todopoderoso, todo era suyo mientras vivía, y podía haberla castigado seriamente y con la bendición de la ley y la sociedad si lo hubiera dejado.
Empezaron a caminar otra vez, y dijo:
—Afortunadamente, mi padre se aburría fácilmente y partía por décadas al tiempo que tenía amores con alguna mujer u otra. Desafortunadamente, siempre regresaba. Éramos más felices cuando estaba ausente. Sospecho que fue igual para mamá la mayor parte de su matrimonio.
—Y por haber presenciado esto primero con tu madre y luego con Kurenai y durante doscientos años, yo supongo que serías reacia a sujetarte al matrimonio y a la posibilidad de sufrir del mismo modo.
Hinata miró la próxima pintura ciegamente, sus palabras repasando su mente. Nunca había considerado cómo los matrimonios de su padre la habían afectado, pero en verdad, estaba aterrorizada de cometer un error y ser miserable por siglos como su madre y Kurenai.
—Comprendo que no se divorciara en las épocas medievales, pero en la actualidad es algo normal—dijo Naruto, distrayéndole—. Crees que si todavía estuviera vivo él o Kurenai hubieran...
— No—interrumpió con seguridad.
—¿Por qué?
El divorcio no es nada que tomemos a la ligera.
—¿Por qué?—repitió.
Hinata vaciló, y luego dijo:
—Sólo se nos permite engendrar a una persona en nuestras vidas. Por mayoría, es su compañero. Siendo ese el caso, es mejor tomarse tiempo y estar seguro que es correcto.
Se encogió de hombros.
—La mayoría se quedan juntos de todos modos. Esos pocos que se separa permanecen solos o encuentran a compañeros entre nuestra clase y no necesitan convertir a nadie. Los otros parten y permanecen solos, o gastan sus vidas moviéndose empujados por la corriente de un amante mortal al próximo, nunca capaces de quedarse más de diez años o algo así porque el hecho de no envejecer se empieza a notar.
—¿Y si aquel que engendras y con el que te apareas se muere? ¿Puedes engendrar otro?
—¡Santo Dios! No—Hinata se río ante la sugerencia—. Habría compañeros sufriendo repentinamente accidentes fortuitos por todas partes si eso estuviera admitido.
—Supongo—asintió Naruto—. ¿Pero por qué solo se puede engendrar a una persona de todos modos?
—Control demográfico—le respondió inmediatamente, apuntado luego—: no sería bueno si el comedero se sobre-poblara de anfitriones. También es por eso que solo tenemos permitido tener un niño cada cien años.
Naruto sonó un silbido silencioso a través de sus dientes.
—Eso haría una diferencia de edad entre tú y cada uno de tus hermanos—pausó y echó un vistazo hacia atrás sobre las fotografías que ya habían recorrido—, así que Anko tiene trescientos y algo.
— Anko tiene trescientos once, Neji cuatrocientos nueve, y creo que... —añadió luego—, mi hermano mayor tiene seiscientos diez aproximadamente.
Las cejas de Naruto se unieron con sorpresa.
— ¿Seiscientos diez? ¿Por qué una brecha grande?
Hinata se encogió de hombros.
—Sólo porque no puedes tener más que uno cada cien años, no significa que tengas que tener uno cada cien años—señaló.
—Es cierto, supongo—estuvo de acuerdo Naruto. —Tengo una duda, ¿porque Kurenai se refiere a ti como sobrina, y ustedes le llaman tía?. Ella viene siendo tu madrastra ¿no?.
— Bueno si, somos muchos nos llamamos de muchas formas. —Hinata lo miro y le sonrió, —Pero si, Kurenai ha sido una madre para mi, para todos, es solo una forma de llamarnos, somos una familia grande como has podido observar.
¡Aquí están!—echaron un vistazo a la puerta mientras las chicas entraban por ella rápidamente.
—Los extrañamos en la primera película, ¡y era fenomenal!—Hanabi se deshizo en elogios.
—Así que pensamos que era mejor venir a ver si querían ver la próxima antes que empecemos—dijo Moegi.
—Vamos a hacer palomitas de maíz—añadió Hanabi, tratando de tentarlos.
Aliviada de poder dejar a un lado el desagradable tema de su padre, Hinata esbozó una sonrisa, y dijo:—Me parece bien. Estábamos casi listos aquí de todos modos. ¿No lo estábamos?—echó un vistazo a Naruto de manera inquisitiva.
Él sonrío divertido, pero asintió con la cabeza, y ella dejó escapar un suspiro de alivio.
—Palomitas de maíz suena bien—dijo—. ¿De qué es la película? ¿Tiene un vampiro?
—¡Oh! ¡Por favor! Cómo si miraríamos películas de vampiros—resopló Moegi.
—Siempre los pintan malos—se quejó Hanabi—. Y son tan estúpidos. Sin ir más lejos, mira el Drácula de Stoker, escribió que Drac tenía un harén de vampiresas en su castillo y estaba todavía persiguiendo a Lucy y Mina. ¿¡Hola!? Tú solo puedes cambiar una.
—¿Y eso de transformarse murciélago, ratas, o lobos?—preguntó Moegi con aversión—. Puaj. ¿Pero qué esperar cuando consiguió su información de una vampiresa borracha?
—Y luego está Renfield—añadió Hanabi con un estremecimiento—. La única manera en que puedes terminar con un comilón de bichos como Renfield es si el Concilio lo ha decidido.
—¿El Concilio?—preguntó Naruto con interés—. ¿Y qué quieres decir con que Stoke consiguió su información de un vampiro borracho? ¿Habló con uno de ustedes realmente como yo estoy haciéndolo?
—No, no como tú lo estás haciendo. Estamos todos sobrios—señaló Hanabi.
—Aquí están: estábamos a punto de empezar la segunda película sin ustedes.
Naruto miró alrededor sorprendido ante las palabras de Sai y vio que habían llegado a la habitación de espectáculos. Era básicamente una sala grande con una pantalla inmensa sobre una pared y todo el mobiliario preparado de cara a ella.
— ¡Oh! ¡Hey!—gritó Hanabi—. Hicieron las palomitas de maíz—olvidando la conversación se precipitó a tomar el tazón grande de palomitas de maíz untado con mantequilla que Ino estaba sujetando.
—Mirai y yo las hicimos—les informó Ino, dio uno de los dos tazones remanentes a Moegi y otro a Naruto—. Pensábamos que ahorraría tiempo. Ahora, siéntese aquí que nosotros podemos empezar la película.
Naruto agradeció a Ino por las palomitas de maíz y siguió a Hinata para uno de los dos sofás enfrente de la pantalla. Lo escogieron juntos cuando alguien apagó las luces y la pantalla se encendió con la imagen de un logotipo de la compañía de películas.
Era una película de acción, pero ninguna buena y Hinata no estuvo muy sorprendida cuando Naruto se inclinó hacia ella para hablar, pero si fue sorprendida por la elección del tema cuando preguntó en un susurro:
—Pero, sobre esto de solamente engendrar a un compañero y tener un niño cada cien años... ¿Quién hace cumplir eso?
Hinata vaciló. No estaba acostumbrada a hablar de estas cosas. Aquellos que eran de su gente ya lo sabían y no tenían ninguna razón para hablar ello, —fuera de un puñado de personas selectas de confianza como María, la empleada de Nai—aquellos que no eran de su gente no sabían nada. Aún así María y otros mortales como ella no sabían demasiado, solo que eran longevos, fuertes y con algunas habilidades especiales. Suponía que adivinaban sobre su vampirismo debido a la sangre en el refrigerador, de lo que nunca escuchó que hablaran. Y no había necesidad que ellos estuvieran al tanto del Concilio.
— ¿Es un secreto?—preguntó.
Hinata se sacudió de sus pensamientos y decidió que no había razón para no decírselo. Cuando el tío Hizashi acabara con él, no recordaría nada de todos modos. Por lo menos, eso esperaba. La alternativa de que no pudieran limpiar su memoria era indigerible para ella.
—Tenemos un Concilio que hace cumplir las leyes—respondió muy suavemente.
—¿Un Concilio?—meditó al respecto—. ¿Kurenai y hermanos están en él?
—No. Son demasiado jóvenes.
Sus ojos se abrieron incrédulamente.
—¿Setecientos es demasiado joven?
Hinata sonrió abiertamente.
Kurenai es relativamente joven para nuestra gente.
—Supongo—admitió Naruto, y ella supo que probablemente estaba recordando que su padre había sido mucho, mucho más viejo.
—Tío Hizashi es la cabeza del Concilio.
—¿Tu tío?—consideró eso brevemente, preguntado entonces—, así que ¿qué hacen si alguien viola la ley y engendra a más de una persona?
Hinata se revolvió incómodamente, pasaba de un tema desagradable a otro.
—He oído hablar solamente de un ejemplo donde alguien convirtió a una segunda persona—admitió.
—Y ¿qué hicieron tu tío y sus concejos?—preguntó.
—Le pusieron... fin al que llevó a cabo el cambio.
—¿Poner fin?—Naruto se recostó hacia atrás ante estas noticias, preguntó entonces—: ¿Cómo?
—Fue atado al aire libre por un día para permitir que el sol lo devastara y luego prendido fuego una vez que el sol se puso.
—Dios querido, —respiró—. Tu tío es brutal.
—Eso fue hace siglos, todos eran atroces entonces—dijo rápidamente, añadiendo entonces—, fue utilizado como un factor disuasivo para prevenir a otros de violar la ley.
—Bastante persuasivo—dijo entre dientes—. ¿Qué le pasó a la persona que fue engendrada?
Hinata se encogió de hombros.
—Nada de lo que haya oído hablar; se le permitió vivir. Supongo que su vida reemplazó a la de su progenitor.
Naruto dejó escapar su respiración en un suspiro y, con él, un poco de la tensión que lo dejaba.
—¿Qué otras leyes han dictado tus Concilios?
Hinata frunció sus labios.
—No se nos permite asesinar o robarnos entre nosotros.
—¿Sí?—preguntó, otra vez utilizando un tono cáustico—. ¿Y a mortales?
—No sin una buena razón—le garantizó.
—¿Una buena razón?—Naruto la miró boquiabierto—. ¿Qué exactamente constituye una buena razón?
Hinata suspiró ante su reacción, sabiendo que debería haberla esperado.
—Bien, presumiblemente para protegernos a nosotros mismos u otros de nuestra clase.
Naruto lanzó un gruñido y dio una inclinación de cabeza, presumiblemente diciendo que podía comprender eso, y Hinata se relajó un poco, pero entonces preguntó:
—¿Qué significa?
Mordió su labio, y luego admitió:
—A forraje en caso de una emergencia.
—¿Qué clase de emergencia permitiría que uno de ustedes asesine o robe a un mortal?
—Ha ocurrido en el pasado que en sus viajes, uno de nuestra clase por un accidente o un simple error se ha encontrado lastimado y sin un suministro de sangre. En tal caso, puede robar un banco de sangre local o si está sumergido en la selva o el algún otro lugar donde su único recurso es el origen puede tomar lo que necesita—dijo con delicadeza.
Naruto no fue engañado por su fraseo.
—Quieres decir, si están volando a algún lugar y el avión choca y están lastimados afuera quién sabe dónde con solamente uno o dos supervivientes, pueden vaciarlos hasta dejarlos secos, ¿no?
—Sí, ese tipo de cosas—admitió Hinata con un suspiro—. Pero solamente si es completamente necesario.
Naruto asintió con la cabeza.
—¿Por lo demás, solamente se permite comer del Origen para razones de salud como tu fobia?
—Sí.
—¿Hay otras razones de salud que lo permitan?
Hinata asintió con la cabeza.
—En realidad, hay algunas. Tengo un primo y un tío que pueden sobrevivir sólo consiguiendo sangre. Sus cuerpos necesitan una enzima específica que se muere en cuanto la sangre deja el cuerpo. Pueden consumir bolsa tras bolsa de sangre y todavía morirse de hambre.
Naruto silbó a través de sus dientes.
—No pensé que los nanos permitirían que tal condición continuara.
—Los nanos reparan el daño y atacan la enfermedad, no corrigen un estado genético o natural. Y la necesidad de mi tío y primo por esa enzima cuando el resto no lo necesita es por una anomalía genética e innata a ellos.
—Ah, ya veo.
—Bien, eso fue un desperdicio de película—dijo Sai con aversión.
Hinata parpadeó cuando las luces se encendieron. La película había terminado, y, por lo que se podía deducir por el comentario de su primo, no se había perdido mucho mientras hablaba con Naruto.
—Sí, era malísima—estuvo de acuerdo Hanabi—. Y me alegro de que haya terminado, estoy muerta de hambre.
—¿Cómo puedes estar muerta de hambre? Tú sola te comiste un inmenso tazón de palomitas de maíz—dijo Ino.
—Las palomitas de maíz no son comida, son palomitas de maíz—le dijo Moegi con riendo, luego se giró hacia Naruto—. ¿Qué tienes ganas de comer? Podíamos hervir algunos perritos calientes, o calentar una de las pizzas.
Naruto sugirió:
—¿Por qué no toman un bocado para salir del apuro mientras yo preparo chile?
—Chile, ¿no?—consideró Hanabi, entonces preguntó—: ¿También papas fritas?
—Y con queso—añadió Moegi, pareciendo excitada.
—Sus deseos son órdenes—rió Naruto, poniéndose de pie y extendiendo la mano para ayudar a Hinata a levantarse.
—Si te pidiera que me lleves casa, ¿qué dirías?
Hinata echó un vistazo por encima de la revista que había estado hojeando y miró fijamente a Naruto. Estaba revolviendo su chile y con su vista fija en lo que hacía, lo que probablemente fuera bueno, porque si su expresión reflejaba sus sentimientos, sería una mole de confusión. Su mente giraba con los pensamientos que la pregunta de Naruto le provocaba.
Lo había liberado la primera vez porque se sentía culpable. Todavía sentía esa culpabilidad. Más ahora que tío Hizashi estaba al tanto de la situación, haciendo la posición de Naruto precaria. Si argumentara su caso convincente y suficientemente, Hinata tenía mucho miedo de que a pesar de la ira de Kurenai y la amenaza que podría representarles podía ser convencida de devolverlo a su departamento otra vez.
—Me traería muchos problemas—fue todo lo que dijo, pero la abierta sonrisa que curvó sus labios inmediatamente indicó que Naruto sabía que podía ser convencida de liberarlo.
—Bien, no te preocupes, no te lo pediré—dijo de modo tranquilizador.
Su comentario la sobresaltó.
—¿Por qué?—dejó escapar Hinata.
Naruto consideró la pregunta mientras miraba con atención el horno para verificar las patatas fritas. Estaba probando ser un mago con las labores domésticas. El hombre sabía lo que era un batidor, lo cual era una suerte, supuso Hinata, porque estaba perdida en la cocina. Se habría muerto de hambre si hubiera tenido que esperar que ella cocinara para él.
Afortunadamente para Naruto y las chicas, a pesar de que la cocina Hyuga estaba generalmente desprovista de la comida, estaba equipada con todos los platos, utensilios y aparatos de cocina acostumbrados. Tenían fiestas ocasionalmente que eran abastecidas de comida, y a Kurenai le gustaba estar preparada para cualquier eventualidad.
—Es difícil explicar—dijo Naruto definitivamente—. Aprender sobre tu gente es más o menos como hacer atletismo junto a alienígenas amigables. ¿No querrías saber más sobre ellos?
Hinata asintió con la cabeza despacio. Comprendía su razonamiento y supuso que debería haber esperado su curiosidad. No tenía corazón para decirle que cualquier cosa que aprendiera sería efímera, y que Kurenai estaba esperando que tío Hizashi pudiera limpiar sus recuerdos de ellos de su mente.
—¿Por qué comen las chicas mientras el resto de ustedes no lo hacen?
La pregunta significaba un rápido cambio de tema y por lo tanto le tomó un momento a la mente de Hinata hacer el cambio, y luego dijo:—Las chicas aún son jóvenes. Cuando somos niños es necesario comer para madurar apropiadamente, pero en cuanto maduras ya no lo es.
—Así que puedes comer, sólo... ¿Qué? ¿Sólo dejan de hacerlo?— preguntó Naruto.
—Básicamente—dijo con una inclinación de cabeza—. Después de un tiempo, la comida se vuelve aburrida y tener que comer de tanto en tanto se convierte en una especie de molestia. Así que, sí, la mayoría de nosotros sólo dejamos de preocuparnos por ello.
—¿Comida? ¿Una molestia aburrida?—Naruto parecía escandalizado—. ¿Incluso el chocolate?
Hinata se río entre dientes.
—El chocolate no es comida, el Chocolate nunca se pone aburrido.
—Bien, agradezco a Dios por eso—murmuró entre dientes, dando otra movida a su chile.
Continuará...
