Mordida de amor
12: Mordiscos y Problemas
—Vamos a probar la —desensibilización sistemática— anunció Naruto.
—¿Eh? —inquirió Hinata, educadamente, y él no pudo evitar percibir que ella estaba más cautelosa que impresionada con las noticias.
No se sorprendió; el miedo era algo terrible y difícil para afrontar, y eso era lo que ellos estaban a punto de hacer: ocuparse del miedo de Hinata y, esperanzadamente, curar su fobia.
Había otras cosas que Naruto preferiría hacer con Hinata que ocuparse de su fobia, pero Kurenai había estado tan alterada por el hecho de que ellos no hicieran absolutamente ninguna terapia mientras ella estuviera dormida, que él se encontró prometiendo que trabajarían directamente después de que él y las chicas comieran la cena que estaba preparando. Así que, allí estaban, en la biblioteca, para lo que Hinata había llamado su primera sesión de tortura.
—¿Esta —desensibilización sistemática— funcionará?
—Debería. Es muy eficaz con las fobias —le aseguró él.
—De acuerdo —suspiró, enderezó sus hombros y, entonces, preguntó—: ¿Qué tengo que hacer?
—Bien, necesitaré que pienses en situaciones que te causen ansiedad, y...
—No siento ansiedad con la sangre —interrumpió Hinata—. Sólo me desmayo.
—Sí, pero... —Naruto hizo una pausa, entonces inclinó su cabeza y preguntó—: ¿Sabes por qué reaccionas así hacia la sangre? Podría considerar que esto era una queja común entre los de tu clase. ¿Cuándo pasó por primera vez?
Hinata miró hacia abajo y Naruto siguió el movimiento, notando que ella estaba torciendo sus manos unidas en su regazo. La sangre sólo la hacía desmayar, pero ella estaba sintiendo angustia ante la idea de hablar sobre cuándo comenzó la situación.
Después de un largo silencio, ella alzó la vista y, renuentemente, admitió: —Empezó después de mi primera caza.
La expresión torturada en su cara era difícil de soportar. Él lo había visto antes en las caras de sus pacientes, pero ésto era diferente. Naruto quiso envolver sus brazos alrededor de Hinata y decir que nunca necesitaría pensar sobre eso de nuevo, que él la mantendría a salvo. Pero no lo hizo, claro. Hinata deseaba las herramientas y el conocimiento para estar libre de su fobia. No era Sâra. Esa era una de las cosas que más le gustaba de ella.
Tomando una profunda bocanada de aire, dijo:—Cuéntame sobre tu primera caza.
—Yo... Bien, tenía trece años —dijo despacio y Naruto manejó no retroceder exteriormente. Simplemente trece.
¡Cristo! Una niña, pero entonces se recordó que era una habilidad esencial que Hinata habría necesitado, uno que la habría mantenido viva si algo hubiera pasado a sus padres, y ella habría necesitado defenderse por si misma. Si él estaba teniendo problemas oyendo esto, Naruto supo que para ella era peor.
Decidió darle a Hinata una oportunidad de acostumbrarse a la idea de discutirlo y satisfacer su curiosidad al mismo tiempo.
—¿Cómo te alimentabas antes de eso? —preguntó y sintió algo de tensión abandonarlo cuando ella se relajó un poco.
—Antes de los bancos de sangres, yo tenía... bueno, el equivalente vampiro de nodrizas, supongo. Sólo que no me amamantaba de su pecho, les mordía sus muñecas o cuellos —Cuando Naruto hizo muecas, ella agregó—: Ahora que hay bancos de sangre, las nodrizas no son necesarias.
Naruto asintió, alegre de oírlo, y entonces preguntó:—¿Podías controlar mentes cuando eras una niña?
—No hasta, aproximadamente, los ocho o nueve —admitió Hinata con un encogimiento de hombros—. Antes de eso, un padre o guardián controla las mentes de los donadores para que ellos no sientan el dolor.
—De acuerdo —Naruto consideró su expresión. Ella lucía más relajada, pero él supo que no duraría por mucho, cuando le sugirió—: Estoy suponiendo que no estabas sola tu primera vez.
—No. Un guardián siempre acompaña el primer par de veces. Es necesario. Hay demasiado que hacer en un seguimiento — explicó, y era obvio que no estaba bastante lista para sumergirse en su primera vez, motivo por el cual estaba generalizando—. No importa cuántas veces pones en práctica el control mental con tus nodrizas, esto es en la seguridad y privacidad de tu casa. Cuando sales a cazar, tienes que controlar la mente de la persona y realizar un seguimiento de tus alrededores, en caso de que alguien venga.
»También tienes que prestar atención a cuánto tiempo te alimentas, para no tomar demasiada sangre —hizo una pausa, y agregó—: Cuando estás con las nodrizas, puedes tomar más sangre y está todo bien si ellas están un poco débiles o incluso se desmayan, pueden descansar si lo necesitan; pero cuando cazas, tienes que tomar menos... —Hinata encontró su mirada y parecía más relajada cuando admitió—: Para alimentarnos usamos más de un donador o huésped en una noche, distribuyéndolo entre dos o tres para que nadie quede físicamente afectado. No sería bueno dejar a los donadores tambaleándose enfermizamente por la calle. Tienen que poder ser capaces de caminar sintiéndose bien.
»Así, cuando los de nuestra clase sale por primera vez, tienen que aprender cuánto tiempo es seguro alimentarse. Para eso, la persona que los acompaña está allí, para estar seguro de que ellos no pierden la noción del tiempo —terminó, haciendo una mueca—. Hay tanto para prestar atención. Intentar hacer las tres cosas puede ser agobiante al principio.
—Ya veo —asintió Naruto—. Imagino que estarías nerviosa la primera vez o la segunda también. A lo que, simplemente, se agregaría el stress.
—Sí —confirmó Hinata.
—Así que, ¿fue tu padre quien te llevó?
Su cabeza se sacudió con la sorpresa.
—¿Cómo lo supiste?
—Porque no pienso que Kurenai habría permitido que algo saliera mal —dijo Naruto simplemente, y era verdad. Estaba seguro, Kurenai habría hecho todo lo que podía para asegurar que esa cuestión pasara sin problemas para Hinata. A pesar de cualquier otra cosa que pensara sobre la mujer, era obvio que la amaba.
—No —Hinata se permitió respirar en un suspiro lento—. Kurenai no habría permitido que nada saliera mal si hubiese podido evitarlo.
Naruto asintió.
—Así que, ¿tu padre te llevó?
—Sí —dijo amargamente—. Kurenai no quiso, pero él estaba borracho y terco. Desgraciadamente, yo no ayudé. Era arrogante y estaba segura de que no necesitaría a nadie conmigo —Hinata hizo muecas de autorepugnancia.
—Cuéntame —dijo Naruto suavemente.
Hinata se encogió de hombros.
—Fue bueno al principio. De alguna manera, yo estaba nerviosa, pero entusiasmada también. Fuimos a Hyde Park y escogí a un hombre joven; un año o así más viejo que yo y... todo fue estupendo al principio —reiteró ella, entonces sus cejas se encontraron.
—¿Qué salió mal? —instigó Naruto.
—Bien, como dijiste, estaba un poco agobiada. Estaba concentrándome en controlar su mente e intentando de prestar atención a los alrededores para estar segura que nadie salía furtivamente mientras yo estaba desprevenida... y perdí la noción del tiempo. Normalmente, tus padres simplemente te harían saber que es tiempo de detenerte, pero...
—Pero tu padre estaba borracho.
Hinata asintió.
—Él no dijo nada, ninguna advertencia en absoluto. Apenas me agarró por el hombro y me apartó —levantó una cara pálida y agregó—: Mis dientes todavía estaban en el cuello del muchacho —Naruto hizo una mueca de dolor. Antes de que pudiera imaginar la horrible escena, Hinata se apresuró en continuar—: Afortunadamente, Kurenai nos había seguido. Ella no había confiado en papá. Fue para salvar al muchacho, pero... estuvo tan cerca. Él casi murió y perdió tanta sangre... —restregó su cara fatigadamente—. Nunca he podido resistir la vista de sangre desde entonces.
Ella miró a sus flácidas manos, entonces levantó su rostro afligido hacia él, y dijo:—Casi maté a ese muchacho.
—Pero no lo hiciste, Hinata. No lo mataste —moviéndose más cerca, él cedió ante la tentación que había tenido antes y la empujó a sus brazos. Sosteniéndola cerca, pasó sus manos de arriba abajo en su espalda, intentando confortarla. Deseó que Hiashi todavía estuviera vivo, para que él pudiera aporrear al cretino. En un irreflexivo, ebrio momento, el idiota había causado casi dos siglos de tormento para su hija. Naruto acarició su espalda, entonces la apartó ligeramente—. ¿Hinata?
Su cara estaba pálida cuando ella la levantó. Naruto estaba tentado de besarla, pero tenía que saber la respuesta a la pregunta que simplemente se le había ocurrido.
—¿Tengo que suponer que esto significa que nunca has matado a alguien de quien te has alimentado? ¿No vas por ahí desangrándolos?
—No, claro no —Hinata sonaba sobresaltada, como si la misma pregunta la sorprendiera y Naruto sonrió, soltando la respiración que no sabía que había estado sosteniendo. Estaba tan contento con la noticia que podría haberla besado. Ese pensamiento atrajo su mirada a sus labios e inesperadamente encontró su boca, simplemente, abandonándose.
Hinata no se apartó o intentó detenerlo. Sus ojos temblaron brevemente, entonces se acercó justo antes de que sus labios frotaran los suyos. Ambos soltaron un pequeño suspiro y fue como abrir una compuerta, Naruto sentía el deseo precipitarse dentro de él, como una burbujeante olla hirviente. Instó a sus labios a abrirse e introdujo su lengua entre ellos, entonces se congeló cuando la voz de Sai penetró en sus pensamientos.
—No puedo creer que pensaras que nosotros chuparíamos a un mortal hasta secarlo. Simplemente es idiota, como matar la vaca lechera. No puedes conseguir leche de una vaca lechera muerta.
Naruto y Hinata se separaron y giraron para mirar fijamente al hombre cuando él salió desde atrás de las cortinas que cubrían las puertas francesas a lo largo de la pared exterior.
—¡Sai! ¿Qué estás haciendo? —la voz de Hinata murió cuando también sus otras primas salieron desde atrás de las cortinas.
—Quisimos ver cómo marchaba la primera sesión de la terapia —explicó con un encogimiento de hombros Tenten para justificar su presencia.
—No esperábamos que se convirtiera en una sesión de besuqueo.
Hinata lo miró perpleja y, obviamente, no supo qué decir. Naruto fue quien lo hizo. Muy insultado, miró ferozmente a Sai y preguntó:—¿Simplemente estás igualando a los humanos con las vacas?
—No a los humanos. A los mortales. Nosotros también somos humanos —dijo Sai con diversión, entonces miró a su prima y se burló—: La culpa es tuya Hinata. Sabes bien que no debes jugar con tu comida.
—Compórtate, Sai —regañó Mirai bruscamente, y luego le explicó a Naruto—: Él solo está bromeando. —se encogió de hombros, y agregó—: Lo sentimos, estábamos espiando y simplemente nos habríamos marchado para no interrumpirlos cuando las cosas se pusieron... er... —Agitó vagamente sus brazos hacia ellos y Naruto miró a Hinata para encontrar que ella estaba ruborizándose. Doscientos dos años y ella todavía podía ruborizarse por ser atrapada besándose. No consiguió maravillarse mucho antes de que Mirai continuara—. Pero está haciéndose tarde, y sabemos que Hinata tiene que trabajar esta noche.
—¡Oh!
Naruto lanzó una mirada hacia Hinata, para encontrar que se había puesto de pie de un salto.
—Oh, cielos, no me di cuenta de que era tan tarde. Sería mejor que me vaya yendo.
Naruto frunció el entrecejo cuando ella se dio prisa hacia la puerta. No le gustó dejar esto así, pero...
—¿Qué estás esperando? síguela. Dale un beso a tu novia para que te recuerde en el trabajo.
Naruto se volvió bruscamente hacia Sai cuando Hinata se escabulló del cuarto, sabiendo de dónde había venido el pensamiento. De todas las cosas que podría haber dicho, lo que salió rápidamente de su boca fue:—Ella no es mi novia.
Sai resopló negando.
—Estás durmiendo en su cama... donde ella se te unió anoche. Ustedes dos estuvieron constantemente desnudándose con las miradas uno al otro hoy y escabulléndose para estar solos y ésta es la segunda vez. He entrado mientras estabas besándola. La primera vez también se parecía demasiado a un beso. ¿Cuánto tiempo toma para que sea una novia?
Naruto pestañeó ante las palabras, entonces agitó su cabeza y se levantó para perseguirla. No tenía tiempo para discutir el punto, si estaba yendo a atrapar a Hinata antes de que ella desapareciera de su cuarto. Incluso si había algo que discutir. Naruto encontró que no le molestaba la idea de que todos pensaran en ella como su novia. De hecho, si fuera honesto, más bien le gustaba la idea.
Después de que la besara, tenía que explicarle sobre los verdaderos compañeros de vida.
Naruto no detuvo la sugerencia mental, pero se dio prisa para salir de la biblioteca. Cuando tuviera curiosidad, podría preguntarle a Hinata sobre eso... después de que la besara. Realmente quería un beso apropiado, no uno tímido, no uno interrumpido.
A pesar de moverse rápido, Naruto no alcanzó a Hinata hasta que ella llegó a su cuarto. O el cuarto de ella, supuso, entonces, previó en ese momento que era una clase de cuarto conjunto desde que él había estado durmiendo allí, pero la ropa de ella estaba ahí. Lo que le dio una excusa por haberla seguido, comprendió, cuando ella lanzó una mirada atrás con su mano en la puerta e hizo una pausa al verlo.
—Sólo estaba pensando —dijo Naruto cuando fue hacia ella—. Toda tu ropa está aquí y quizá deba mudarme a otro cuarto. Podría ser más conveniente para ti que dormir en cualquier otra parte, teniendo que venir aquí para buscar tu ropa.
—Oh —parecía sorprendida, entonces asintió—: Sí, supongo que podríamos cambiar los cuartos. Supuestamente yo me quedaba en el cuarto rosa, pero... —la charla fue tan lejos como Naruto le permitió seguir. No podía evitarlo. Tenía que besarla. Era para lo que había venido, después de todo. Agarrando la cara de Hinata entre sus manos, la arrastró hacia delante y bajó su cabeza para cubrir sus labios con los suyos, entonces suspiró con alivio cuando ella inmediatamente se fundió contra él, abriendo su boca para permitirle la entrada.
Naruto supuso no debería sorprenderse que después de que doscientos años Hinata fuera buena besando, pero ella lo deslumbró. Sólo había previsto un beso rápido. Bueno, un semi—beso rápido realmente, pero de algún modo se salió de control y estaba presionando su espalda contra la puerta, sus manos moviéndose sobre su cuerpo. Hinata no protestó. Ella se arqueó contra él, sus propias manos subiendo lentamente para tomar su pelo y sus propios labios volviéndose más exigentes cuando él se derritió contra ella.
Provocándola con su lengua, Naruto dejó deslizar su mano debajo de la blusa, buscando carne desnuda. Sus dedos rozaron su plano estómago, entonces encontró la seda de su sostén, y tomó su pecho a través del suave material y entonces apretó más agresivamente.
Si una puerta no se hubiera cerrado en el pasillo más lejos, devolviéndolo a su juicio, Naruto sospechó que podría haber deseado hacer el amor allí mismo contra la puerta. Pero el sonido era como baldado de agua fría. Rompió el beso y dio un paso atrás.
—Debería dejar que te prepares para el trabajo.
—Sí —susurró ella.
Naruto asintió y esperó que entrara en el cuarto, pero ella simplemente estaba de pie, mirándolo fijamente. Estaba empezando a preguntarse por qué cuando Hinata aclaró su garganta y murmuró:—¿Piensas que podrías soltar mi...?
—¡Oh! —abriendo la boca, Naruto soltó su pecho y deslizó su mano fuera de su blusa. Comenzó a volverse avergonzado—. Me acostaré pronto — Hinata asintió, una pequeña sonrisa tirando de sus labios—. Aunque estaré levantado cuando vuelvas —ella asintió nuevamente—. Quizá te haré un regalo sorpresa.
—De acuerdo —susurró Hinata—. Lo esperaré.
Naruto continuó retrocediendo en el pasillo y entonces dijo:—Que tengas una buena noche.
—Tú también —alargando la mano detrás de su espalda, abrió la puerta.
Asintiendo, él sonrió, entonces se giró con un suspiro cuando ella finalmente desapareció del cuarto.
—Bueno, ¿no estás dichosa de verme?
Hinata sonrió ante el saludo de Shizune cuando caminó dentro del refugio antes del comienzo de su turno.
—Ese es un buen saludo. ¿Qué hay de nuevo?
—Nada realmente —Shizune la siguió por el pasillo hacia su oficina—. Lo usual. Haku estaba chiflado como una mula vieja esta noche y cuando finalmente salió de la cama, dos de los jóvenes se metieron en una pelea y se destrozaron un poco el uno al otro antes de que pudiéramos separarlos y el Padre Nagato todavía está sufriendo insomnio.
Hinata levantó sus cejas.
—¿Todavía?
—Sí. Y está empezando a hablar con él mismo. O eso o está bendiciendo los refrigeradores de agua —se encogió de hombros—. Pienso que el insomnio lo está afectando.
—Probablemente —acordó Hinata, mientras se quitaba la chaqueta al tiempo que entraba a su oficina.
—Parece bastante raro tenerte aquí un domingo —comentó Shizune, siguiéndola—. Raro pero bueno. Esa Shion quien toma tus turnos en tus noches libres es alguien irritante. No siento darle esta noche para que falte cuando todo está funcionando mal.
—Hmm —Hinata lanzó una mirada simpática a la otra mujer cuando colgó su chaqueta en el perchero de la esquina y se movió alrededor de su escritorio.
Ciertamente, encontraba a la muchacha más bien molesta con sigo misma. Shion tomaba el turno de Shizune dos noches de la semana y el turno de Hinata durante sus dos noches, también. Así, ella y Shizune trabajaban juntas tres noches por semana, pero ambas trabajaban dos noches por semana con Shion. Hinata prefería sus noches mientras Shizune estaba trabajando. Shion irritaba un poco sus nervios.
—Entonces, el Padre Nagato todavía está aquí o él ha ido a... —la pregunta de Hinata acabó en un sorprendido graznido cuando al sentarse en su silla, sintió un aguijonazo en el trasero.
—¿Qué es? —Shizune avanzó mientras Hinata se ponía de pie de un salto y se volvía para mirar hacia abajo en lo en que ella se había sentado.
Las dos miraron fijamente, estupefactas, al ver la cruz en su asiento.
—¿Qué es...?
—¿Una venta de cruces? —sugirió Shizune y Hinata le lanzó una mirada a ella con confusión para encontrar que la otra mujer ya no estaba mirando fijamente la cruz en la silla. Su mirada estaba deslizándose con desconcierto por encima de la oficina.
Siguiendo su mirada, Hinata miró fijamente la profusión de cruces que llenaban su oficina. Grandes, pequeños, de madera, de metal; cada tamaño y clase, yacían por toda su oficina, cubriendo la superficie de su escritorio, su silla, los estantes, la cima de su archivador... Simplemente estaban por todas partes.
—¿Qué demonios? —murmuró con desconcierto. Un movimiento por la esquina de su ojo, atrajo su atención hacia la puerta donde el Padre Nagato merodeaba, mordiendo su labio.
—¿Padre Nagato? ¿Qué...? —agitó su mano vagamente alrededor del cuarto para indicar las cruces.
—Estaba ordenando las cruces —explicó él, disculpándose.
—¿Ordenando las cruces? —Hinata hizo eco con desconcierto—. ¿En mi oficina?
—Sí —asintió el Padre Nagato—. Era el único cuarto vacío hoy —dijo moviéndose hacia el interior de la oficina—. Esperaba hacerlo antes de que llegaras. Lo siento —miró alrededor del cuarto, y extendió su mano—. Si sólo pudieras pasarme la que está en tu silla, empezaré a quitarlas.
Hinata recogió la cruz y se la entregó. El Padre Nagato aceptó el artículo, lo miró silenciosamente, cuando él lo giró en sus manos, entonces se giró hacia la puerta.
—Iré a traer una caja para el resto. ¿Podrías juntarlas mientras lo hago?
Una vez él estaba fuera de vista, Shizune se giró con una ceja arqueada.
—Luce como el infierno. ¿No?
—Sí. Espero que supere este insomnio pronto. Algo realmente debe estar molestándolo para seguir así.
Shizune asintió, su rostro se mostraba pensativo mientras comenzaban a recoger las cruces. No pasó mucho antes de que el Padre Nagato volviera con una caja y la oficina de Hinata quedara una vez más libre de cruces. Ella lo observó llevando la caja, notando sus hombros inclinados y sus pesados pasos. El hombre estaba evidentemente exhausto, pensó y agitó su cabeza.
—Necesita dormir.
—Sí —concordó Shizune con un suspiro—. Hablaré con él sobre conseguir algunas píldoras para dormir o algo. Este ataque de insomnio tiene que acabar.
Era un sentimiento que resonó en Hinata hasta el final de su turno, cuando fue en busca de un candidato para alimentarse antes de dirigirse a casa y se encontró al Padre Nagato rondando por los pasillos. Ella podría deslizarse en sus pensamientos y podría enviarlo a su forma de ser habitual, pero Hinata intentaba evitar perder el tiempo en las mentes de las personas con las que ella trabajaba. Tenía que verlos diariamente y no tenía deseos de aprender algo que podría incomodarla al tratar con ellos.
Decidiendo que un día sin comida no la mataría especialmente desde que se había alimentado tan bien la noche anterior gracias a Sai, Hinata simplemente le permitió acompañarla al automóvil, le deseó un buen día y encendió el motor.
Una vez que estuvo en el camino, la mente de Hinata volvió a Naruto. Él había prometido estar levantado para cuando volviera. Él iba a dormir durante su turno, entonces haría café y un regalo especial listo para cuando ella entrara. Hinata no tenía una pista de lo que era el obsequio. Sospechaba que probablemente era alguna comida u otra a la que él era aficionado, aunque Naruto parecía aficionado a las vísceras.
A Hinata realmente no le importaba lo que fuera. Simplemente estaba entusiasmada con la perspectiva de verlo nuevamente.
Le gustaba él, le gustaba hablar con él y el hombre podía besar como nadie... como ella descubrió antes de salir para el trabajo anoche. Claro, se habían besado antes, pero esta vez no hubo ninguna interrupción, ningún lazo que lo refrenara y el hombre la había deslumbrado. Ella estaba esperando más besos deslumbrantes.
Hinata sonrió ante sus pensamientos cuando estacionó en el garaje. No fue hasta que salió del vehículo y estaba dirigiéndose hacia la puerta de la cocina que notó el Porsche negro estacionado al lado del pequeño automóvil deportivo de Kurenai. La vista hizo retardar sus pasos y su corazón dio un pequeño salto de alarma en su pecho.
Tío Hizashi estaba allí.
Tragando dificultosamente, se apuró, corriendo dentro de la casa y directamente arriba, temiendo por Naruto, tomando firmemente su pecho.
En su disgusto, Hinata se olvidó de que Naruto había dicho que él se mudaría al cuarto de huéspedes rosa esa noche para que ella pudiera recuperar su propio cuarto. Entró de sopetón en su dormitorio, esperando encontrar a su Kurenai, Hizashi, y Naruto allí, sólo para encontrarlo vacío. Echando su bolsa en la cama, retrocedió hacia la puerta, tomándola cuando esta se cerró. Podría haberla abierto y abalanzarse hacia afuera, pero el sonido de una puerta abriéndose en el pasillo la hizo detenerse.
—Necesitaré llamar el concilio, Kurenai —oyó la voz profunda de Tío Hizashi.
—Puedes usar el teléfono en el estudio —contestó Kurenai en un tono bajo.
Hinata permanecía todavía quieta cuando los pasos retrocedieron hacia la escalera. Su mente estaba nadando en el caos. ¿Él tenía que llamar al concilio? ¿Por qué? No parecía nada bueno.
Caminando por el pasillo, se apresuró hacia la puerta del cuarto rosa. Hinata entró casi asustada de lo que podría encontrar. Si Hizashi no hubiera podido limpiar la memoria de Naruto, él ya podría estar...
Su respiración salió como un silbido cuando espió a Naruto que intentaba verla desde la cama. Ellos lo habían atado nuevamente y su tío estaba llamando al concilio. Las dos cosas juntas no pintaban un cuadro demasiado bonito.
—Sabía que eras tú —las palabras de Sai hicieron que Hinata girara hacia la puerta cuando él y el resto del grupo más joven entraron—. Oí tu automóvil —explicó.
Fue Tenten quien frunció el entrecejo y dijo:—Hinata, estás transmitiendo miedo y pánico, tienes que controlarte mejor antes de que vengan aquí Kurenai y Hizashi.
Hinata restringió el pánico que había hecho erupción dentro de ella a la vista de Naruto atado a la cama, entonces se obligó a respirar firmemente y concentrarse en guardar sus pensamientos. Las emociones fuertes siempre eran las más fáciles de leer. Parecían difundirse de modo que uno de su propia clase no necesitaba incluso estar intentando Leer los pensamientos para recibirlas.
La última cosa que necesitaba era tener a Kurenai, Fû, o a Tío Hizashi recogiendo las olas de emoción y venir a investigar. Y, de algún modo, tenía que estar segura de que Naruto no transmitió a cualquiera sus pensamientos para que ella pudiera sacarlo de ese enredo.
Continuará...
