Mordida de amor
15: Mordisco para Unirnos
—Gracias, Shizune. Aprecio esto realmente, —dijo sinceramente Hinata mientras la seguía a la puerta principal.
—No es problema, Hinata. Yo también fui joven una vez.
Hinata parpadeó. Siempre encontraba sorprendente cuando las personas suponían que eran más viejas que ella... Y, por supuesto, Shizune lo hacía. Pensaba que Hinata tenía veinticinco. ¿Sabía la pequeña mujer que estaba hablando a alguien que era más de un siglo y medio mayor que ella?
Shizune sonrió apenas.
—Comprendo. Mi madre tampoco aprobaba a nadie con el que saliera. Incluyendo a mi marido, que fue un príncipe entre los hombres hasta el día que murió. —se detuvo en la puerta y regresó para mirar hacia Hinata, pasando luego su mirada a la entrada de la cocina donde Naruto esperaba. Una abierta sonrisa compartió sus labios—. Y tu Naruto parece a un príncipe también: guapo, educado y un médico. ¡Ve por él, niña!
—Bien, un psicólogo de todos modos, —dijo Hinata con una sonrisa leve, agradecida no por primera vez que Shizune hubiera estado en casa cuando la hermana de Naruto los había dejado.
Shizune había estado comprensiblemente sorprendida cuando Hinata había aparecido sobre su umbral con Naruto a remolque. Hinata podía haberla controlado y hacer que ella los dejara quedarse, pero no había querido hacerlo. En vez de eso, se había arriesgado y le había pedido su ayuda.
No había explicado mucho, sólo le había dicho a Shizune que había estado alojándose en casa de Kurenai mientras su departamento era pintado, pero que habían tenido una pelea y necesitaba un lugar dónde quedarse a dormir. Shizune había echado un vistazo a su expresión tensa y a la adusta de Naruto y llegado a sus propias conclusiones, suponiendo que la pelea había sido aparentemente por él.
Shizune Comprensiva, dulce, y fanática de las novelas románticas, les había dado la bienvenida en su casa.
—Eres muy misteriosa, ¿no? —dijo Shizune ahora—. Nunca mencionaste que estaban pintando tu departamento, ni hablar del hecho de que estuvieras enamorada.
—No estoy enamorada, —protestó Hinata automáticamente, sobresaltada por las palabras de la mujer, pero Shizune sólo se río entre dientes.
—Hinata querida, reconozco la forma en que ustedes dos se miran. Es cómo mi marido y yo solíamos mirarnos. —su expresión se tornó triste ante el recuerdo de su marido muerto, y luego agitó la melancolía y sonrío—. No hay manera de que me convenzas de que no adoras a este hombre.
Hinata vaciló; no estaba preparada para usar la palabra amor aún, pero confesó:—Realmente recién estamos comenzando, Shizune.
—¿Pero? —preguntó Shizune—. Escucho un pero ahí.
—Pero ¿cómo sabes si un tipo es el correcto para ti? —preguntó Hinata—. Quiero decir, Kurenai pensó que mi padre era el correcto cuando se casó con él y terminaron siendo miserables por si... er... mucho tiempo.
Shizune consideró la pregunta, entonces dijo:—Dijiste una vez que Kurenai era muy joven cuando se casaron, ¿no?
—Quince, —dijo con una inclinación de cabeza.
—¡Quince! —gruñó Shizune—. Eso no es joven, eso es un crimen.
—Su madre tuvo que dar un permiso especial, —mintió Hinata, recordándose en silencio que debía tener más cuidado con lo que decía. Después estaría soltando que era un vampiro.
Expirando despacio, Shizune agitó su cabeza.
—Bien, cariño, no puedes dejar que el error de Kurenai te asuste. Era sólo un bebé cuando conoció y se casó con tu padre. Dios, los quinceañeros están yendo en el barco de las hormonas, no pueden tomar una decisión para toda la vida como con quién desearían casarse.
Shizune agitó su cabeza otra vez, y luego dijo:—Pero tú eres un poco mayor y eres muy madura para tu edad. Pienso que debes confiar en ti misma. Puedes decir si un hombre es lo que afirma ser o no.
—Sí, —estuvo de acuerdo Hinata, y sabía que tenía una ventaja en esa área. Otras mujeres tenían que juzgar a un posible compañero basadas en lo que un hombre podría decir o sus movimientos en el tiempo anterior al casamiento. Aunque Hinata no podía leer los pensamientos de Naruto normalmente; había estado dentro de su cabeza cuando lo había mordido y sabía cómo era él en realidad. Sabía que era un buen hombre.
—Sólo escucha a tu cabeza y escucha lo que dice, escucha después lo que dice tu corazón y sopésalos a ambos. Y recuerda, nadie es perfecto, incluyéndote, —añadió, y luego sonrío—. Lo lograrás. Y, como eres afortunada, tendréis este lugar para vosotros solos hasta mañana por la mañana para pensarlo, por que prometí visitar a mi madre esta noche antes del trabajo. Luego simplemente me dirigiré al refugio un rato antes en vez de perder el tiempo viniendo aquí.
Hinata asintió con la cabeza.
—Shizune, de verdad quiero agradecerte. No sé dónde nos habríamos ido si tú no hubieras...
—Estoy más que feliz de ayudar, —garantizó Shizune, anunciando luego—, hay mucha comida en la cocina y pienso que debe haber una botella de vino en algún lugar. Sírvete tú misma, mi casa es su casa. Ahora, mejor que me ponga en camino a lo de mami antes de que se ponga impaciente y empiece a llamar.
Shizune dio un abrazo rápido a Hinata y partió.
—Parece simpática. Me gusta, —comentó Naruto, viniendo desde el pasillo de la cocina ahora que su anfitriona se había ido.
—Es simpática.
Hinata cerró con llave la puerta y observó a Shizune subir en su automóvil. La mujer puso en marcha el motor, luego echó un vistazo hacia la casa, la descubrió y la saludó con la mano. Hinata le devolvió el saludo y sonrió cuando le dijo:—Y tú le gustas, también.
—Recogí eso, —murmuró, cuando se movió más allá de él en la sala.
—Nos escuchaste, ¿no? —preguntó Hinata divertida cuando cayó en el sofá. Estaba exhausta. Eran las ocho de la noche, y el único sueño que había tomado desde el día anterior había sido la breve siesta en el cine.
—Pareces destrozada. —Naruto escogió el sofá a su lado.
—Lo estoy, pero debo llamar a Sai y averiguar qué está ocurriendo en la casa. —Hinata empezó a ponerse de pie, pero Naruto la agarró del brazo y la obligó a volver a sentarse.
—Puede esperar, —le garantizó—. Estamos a salvo por ahora.
—Puede que sí, —le permitió Hinata—. Pero no podemos quedarnos aquí para siempre. ¿Qué vamos a hacer mañana?
—Nos preocuparemos de eso mañana por la mañana, —dijo firmemente—. Debemos estar seguros hasta entonces por lo menos.
—No estoy segura que lo estemos, —dijo con abatimiento—. ¿Qué pasa si Nai va al refugio para explorar?
Naruto permaneció en silencio por un momento, y luego suspiró.
—Crees que leerá la mente de Shizune y sabrá que estamos aquí.
Hinata asintió con la cabeza.
—Está bien. Eso podría ocurrir, pero, Hinata, estás totalmente exhausta. Nunca he visto a alguien tan extenuado como tú pareces estar en este momento. Tienes que descansar.
—Solo...
Naruto levantó una mano para hacerla callar, y luego dijo:—Shizune no estará en el refugio hasta dentro de unas horas como para que puedan leerla. Así que, puedes dejar de preocuparte y dormir por ese tiempo por lo menos.
Hinata mordió su labio.
—¿No dije nada para aliviar tus preocupaciones? —preguntó.
—No, —admitió en tono apenado.
—Está bien, así que sólo relájate durante diez minutos entonces. Ha sido un día estresante entre el centro comercial y mi familia.
—Me gusta tu familia, —dijo Hinata con una sonrisa.
Naruto hizo una mueca, pero dijo:—A ellos les gustaste también. Mientras tú estabas en el baño, tanto mamá como Sakura dijeron que estabas buena y para morderte.
La sonrisa de Hinata se destiño.
—No dirían eso si supieran qué soy, ¿o sí? —no era una pregunta, pero Naruto la trató como si lo fuera, su expresión se tornó atenta. Esperaba su respuesta con curiosidad.
—Creo que lo harían, —dijo finalmente—. Si creyeran que tú podrías hacerme feliz, lo harían. Y pienso que tú podrías hacerme feliz.
Hinata sorbió su aliento ante esas palabras tan seriamente dichas. Todavía estaba tratando de absorberlas y considerar qué podrían representar cuando frunció el ceño, y dijo:—Todavía estás muy pálida. Un donante no fue suficiente, ¿o sí?
—No importa. —Hinata se encogió de hombros, a disgusto con el tema—. No hay mucho que pueda hacer sobre ello por el momento de todos modos, —señaló.
Naruto atrapó su barbilla con un dedo y llevó su cara hacia atrás para encontrar su mirada.
—Sí, puedes, —dijo seriamente—. Yo estoy aquí.
Hinata tragó. Se le estaba brindando, y se sentía tentada por la propuesta, pero...
—No, no debo hacerlo... simplemente no puedo... —se detuvo y agitó su cabeza confusa.
—Sí, claro, —dijo firmemente, entonces señaló con el dedo afuera—, no es como si no lo hubieras hecho antes.
—Sí, pero eso era diferente. No te conocía entonces.
Naruto arqueó una ceja ante su mirada de incredulidad.
—¿Así que está bien ir por ahí besando y mordiendo a desconocidos, pero no a los amigos?
Hinata frunció el ceño.
—Generalmente no necesito besar para alimentarme. Tú eras diferente. No podía entrar en tus pensamientos.
—Muy bien, cambiaré mi pregunta. ¿Por qué podías alimentarte de mí cuando no me conocías, pero sientes que no puedes ahora?
Se encogió de hombros incómodamente y trató de ordenar sus ideas en su propia mente con el propósito poder explicárselo. No es que no quisiera morderlo. Hinata había querido morderlo cada minuto que había estado cerca de él desde ese primer mordisco pero ya no era simplemente un extraño más con un lazo alrededor de su cuello. Era Naruto, un hombre que le gustaba y disfrutaba pasando el tiempo con él, y quería desesperadamente protegerlo de Kurenai y su tío.
—¿Ayudaría si te dijera que lo disfruté la última vez?
Hinata echó un vistazo arriba bruscamente, tragó entonces y lamió sus labios, calmándose cuando Naruto extendió la mano para frotar un dedo ligeramente sobre de la humedad que había dejado.
—¿En serio? —preguntó, su voz quebrándose y volviéndose más ronca—. ¿Te atreverías a darnos placer mientras te alimentas de mí?
Casi incapaz de hablar, Hinata le respondió permitiendo que sus labios se abrieran para recibir la punta de su dedo en su boca como él le había hecho esa primera noche. Su lengua se deslizó hacia adelante para frotar la carne redondeada mientras lo chupaba ligeramente. El brillo repentino en sus ojos le dijo que había sido una buena respuesta.
Tiró de su dedo liberándolo y lo reemplazó con su lengua cuando su boca cubrió la suya.
Hinata dio la bienvenida a la invasión, su cuerpo estalló en llamas como si todas las horas entre su primer beso y este nunca habían ocurrido. ¡Oh! Sí, pensó débilmente mientras sus brazos se envolvieron alrededor de ella. Quería satisfacerlos a ambos. Entonces perdió la capacidad de pensar cuando fue consciente de la mano que se deslizó desde su estómago hacia su pecho.
Naruto había estado atado a la cama la última vez que se habían besado, dejándolo incapaz de tocarla. No lo estaba ahora. Hinata gimió cuando ahuecó su mano contra su pecho, gimió entonces y se arqueó ante su tacto mientras él apretaba suavemente. Cuando usó su pulgar y uno de sus dedos para tironear de su pezón repentinamente erguido a través de su blusa, podía pensar que era una buena cosa que el hombre hubiera estado atado a la cama la noche de su fiesta. Por lo demás, Kurenai y Sai podrían haberse encontrado con algo mucho mayor que besar y morder.
Los miedos y recelos sobre su seguridad que tenía Hinata empezaron a desvanecerse rápidamente mientras la acariciaba. Incluso su agotamiento pareció desaparecer cuando Naruto abandonó su pecho y cambió de lugar sus dedos a los botones de su blusa. Le habría dicho que la rasgara para abrirla, pero era difícil hablar con su lengua en su boca así que Hinata lo dejó con ello y puso a sus propios dedos a tirar de su camiseta hacia arriba.
Apenas había recorrido la mitad de camino sobre su espalda antes de detenerse para tener la oportunidad de mover sus dedos en la carne que había revelado.
Su espalda era suave, amplia y dura, se sentía bien contra sus dedos y palmas, pero no era suficiente y pronto empezó a tirar de su camiseta otra vez hasta que no pudo jalarla más arriba. Antes de que pudiera sentirse frustrada porque sus esfuerzos estaban siendo entorpecidos, Naruto rompió su beso y se reclinó. Las manos de Hinata cayeron a sus lados y lo acarició con los ojos mientras agarraba la camiseta y tiró de ella sobre su cabeza.
El hombre podría ser un psicólogo que holgazaneaba en su oficina todo el día, pero una no podía distinguir eso por el pecho musculoso que tenía. Hinata suspiró con placer y se inclinó hacia adelante para pasar sus manos por la superficie llena de músculos mientras tiraba su camiseta a un lado, pero eso fue todo lo que le permitió tocar. Sacando sus manos fuera del camino agarró su blusa y Hinata echó un vistazo abajo para ver que había terminado de desabotonarla antes de parar. Ahora se la quitó, sentándola ante él en pantalones negros y un sostén de encaje blanco.
—Hermosa, —murmuró Naruto, y sus manos aferraron sus pechos a través de las blancas tasas del sostén.
Hinata aspiró y su espalda se arqueó, empujando sus pechos hacia adelante cuando él se inclinó hacia adelante para besarla otra vez. Dejó que sus brazos se deslizaran alrededor de sus hombros mientras sus cuerpos se acariciaban. Naruto la besó sólo una vez permitiendo que su boca se arrastrara por los costados de la suya por toda la superficie de su mejilla hasta su oreja.
Gimió cuando la mordisqueó allí brevemente, entonces arrastró sus dientes y labios hacia abajo a lo largo de su cuello. Hinata no se dio cuenta de que la estaba exhortando a recostarse hacia atrás hasta que sintió el sofá sobre su espalda. Naruto la siguió, su boca moviéndose a la suya para besarla otra vez, casi distrayéndola del suave roce de sus dedos que deslizaba la correa del sostén sobre un hombro. Tembló ligeramente cuando el aire fresco golpeó pezón caliente y erguido, y luego él rompió su beso e hizo descender su cabeza sobre su pecho.
Un suspiro de placer se escapó de sus labios, y envolvió sus dedos en su pelo rubio cuando su boca se cerró sobre su pezón. Hinata estaba tan excitada, sus pezones tan erguidos y delicados que su succión se volvía casi insoportable, gimió y se arqueó debajo de él. Ella se restregó inconscientemente contra la pierna que tenía entre las suya y Naruto respondió moviéndose para que la dura prueba de su excitación sustituyera a su pierna, entonces mordió el nudo susceptible de su pecho, haciéndola gemir y agitarse bajo él otra vez.
Esta vez gimió al mismo tiempo que ella y empujó nuevamente mientras Hinata abría sus piernas para envolverlas alrededor de su cintura para poder disfrutarlo más completamente. Clavó sus talones en sus costados, instándolo mientras se frotaba contra él y Naruto respondió al pedido silencioso, movió sus caderas durante largos momentos antes de detenerse repentinamente y arrancar la boca de su pecho.
—Oh dios, Hinata, —gimió—. Tenemos que aflojar el paso.
—No, —murmuró, tratando de atraerlo contra ella—. Por favor. Te necesito.
—No todavía, —le garantizó y silenció cualquier protesta adicional besándola.
Sintió su mano entre ellos alcanzar el botón de sus pantalones y unos momentos después se había encargado de desprenderse del cierre. Hinata no sabía qué esperaba que pasara después, pero no que rompiera su beso y se pusiera de pie para tomar su mano levantarla a ella a su lado.
—¿Qué...? —empezó con aire vacilante, y luego cayó en silencio cuando él sonrío y empezó a deslizar sus pantalones por sus caderas. Cuando la tela cayó debajo de sus rodillas, se arrodilló para levantar cada pie y desprenderla de ellos.
Hinata esperaba que él volviera a ponerse de pie entonces, pero en su lugar, Naruto se recostó sobre sus piernas y observó su cuerpo. Sus ojos ardientes se movieron sobre sus bragas de encaje blancos, y luego hasta el sostén de encaje blanco que cubría solo uno de sus pechos. Su mirada permaneció sobre él, quemando su piel.
—Quítate el sostén, —pidió con voz ronca, y Hinata vaciló, luego alcanzó el sostén y buscó el broche a presión de su espalda. Lo dejó caer encima de sus pantalones y permaneció quieta, muy consciente de que estaba casi desnuda mientras él todavía llevaba sus vaqueros.
Naruto devoró sus pechos descubiertos con sus ojos, y luego su mirada se deslizó a la braga otra vez. Esperaba que él le ordenara se la quitara, pero, en su lugar, extendió la mano repentinamente para atraparla por las caderas y se inclinó hacia delante para darle un beso al triángulo de encaje blanco.
Hinata aspiró bruscamente, mordió su labio y cerró sus ojos cuando sintió su aliento caliente a través de la tela como si estuviera calentando el centro de su ser. Sintió que sus manos se movían y parpadeó rápidamente, echó un vistazo abajo para verlo sujetar con sus dedos la cinturilla de sus bragas. Se las quitó despacio hasta que pudo salir de ellas también.
En cuanto la pieza de encaje se hubo unido el resto de la ropa sobre el suelo, Naruto regresó su posición anterior alzándose sobre sus rodillas lo suficiente para poder darle otro beso allí, esta vez sin la tela entre ellos.
Hinata se aferró a su cabeza, enredando sus dedos en su pelo para mantener su balance mientras la instaba a separar sus piernas, entonces tomó una de sus piernas la colocó sobre su hombro para poder abarcar una mayor superficie.
La atrapó firmemente por sus caderas para mantenerla en el lugar y ella gimió, jalando su pelo ante la conmocionada sorpresa por el inmediato placer que la atravesó cuando encontró su centro con su boca y empezó a saborearla con golpes largos, cariñosos.
Hinata no podía mantenerse en esa postura por mucho más tiempo. Cuanto más se excitaba le era más difícil mantener el balance. Consciente de su dificultad, Naruto la llevó hacia el sofá para sentarla sobre él. Trató de atraparlo por los hombros y llevarlo sobre ella, pero la evadió y se arrodilló ante ella para terminar lo que había empezado, dándole placer hasta que se corrió, gritando su nombre.
Drogada con el placer, Hinata miró a través de sus ojos entrecerrados cuando Naruto se alzó finalmente. Sus dedos se movieron abrir sus vaqueros y ella abrió ampliamente sus ojos ante el espectáculo. Cuando él se detuvo, sintió que lo último de su letargo se escabullía para ser reemplazado por la curiosidad sobre lo que lo estaba haciendo vacilar. Al siguiente momento él se inclinaba repentinamente para levantarla del sofá.
Hinata gimió y aferró sus brazos alrededor de sus hombros cuando Naruto la llevó afuera de la sala y a lo largo del pasillo hasta el dormitorio principal. El sol se había puesto y la habitación estaba llena de las sombras, pero había algo de luz proveniente de las farolas en frente de la casa para permitirles orientarse. Naruto la llevó al otro lado de la habitación, a la cama, pero no la puso allí inmediatamente. En su lugar atrapó sus labios con los suyos y la besó suavemente, recién entonces liberó sus piernas y permitió que se deslizaran al suelo mientras la besaba otra vez.
Hinata se afirmó sobre sus pies y giró hasta que estuvieron cara a cara mientras profundizaba más el beso. Sus manos se deslizaron alrededor de sus hombros y luego hasta su pelo. Las anudó allí antes de deslizarlas, raspando sus dedos ligeramente a lo largo de su cráneo, luego a los costados de su cuello y finalmente sobre su pecho y estómago. En la cumbre de sus vaqueros, paró y se encargó de su cinturón, rompió el beso entonces mientras le quitaba sus pantalones, dejándolos caer sobre sus pies para retirarlos completamente.
Cuando lo hubo hecho se dejó caer sobre las rodillas para revisar lo que había revelado. Hinata no era ninguna experta sobre la anatomía masculina, pero estaba segura que Naruto era probablemente una de las más finas muestras que pudiera encontrar por allí. No pensaba que fuera del tipo que sintiera necesidad de colocar pepino dentro de sus pantalones para impresionar a las mujeres. Cuando extendió la mano y cerró con curiosidad sus dedos alrededor de él, Naruto endureció y dejó escapar una respiración siseante.
Cuando Hinata movió ligeramente sus dedos por toda su longitud, gimió. Pero cuando cerró su boca alrededor de su erección, corcoveó ligeramente, anudó su mano en su pelo y la separó.
—No esta vez, —gruñó, exhortándola a ponerse de pie.
Hinata lo dejó ponerla en pie, sabiendo que era probablemente mejor así. En el momento en que lo había llevado a su boca fue consciente de la sangre que palpitaba justo debajo de la piel cálida y su hambre había brotado, dándole el impulso repentino de morder. Dejar de darle placer por un rato cuando su hambre lo convertiría en un mejor banquete, pensó Hinata con un suspiro cuando se puso de pie y usó su asimiento para darle un beso sobre el pelo y atraerla hacia adelante. Esta vez no era tierno. Parecía que había despertado a la bestia.
La boca de Naruto se movió sobre la suya, caliente, hambrienta y dominante, tan dominante como la mano que repentinamente se deslizó entre sus piernas. Hinata boqueó, pero no había aire para tomar, sólo Naruto. Su lengua estaba en su boca, su cuerpo contra el suyo, una de sus manos sujetando su cabeza en su lugar y la otra entre sus piernas, deslizó un dedo primero por sus labios y luego ahondó en ella, instándola a los máximos apogeos de excitación.
Gimió desde el fondo de su garganta cuando todo el deseo saciado regresó gritando a la vida en su interior. Extendiendo la mano entre ellos, Hinata lo atrapó firmemente en su mano y apretó suavemente, causando un gruñido en la garganta de Naruto. Sabía que estaba jugando con fuego y aún así movió su mano cerrada de arriba abajo por toda su longitud otra vez, sonriendo contra su boca triunfal cuando dejó de acariciarla repentinamente, la atrapó por la cintura, y la levantó ligeramente.
Hinata soltó su asidero en su erección y envolvió sus brazos alrededor de sus hombros mientras sus piernas se envolvieron alrededor de su cintura, entonces la bajó hacia él y ella gimió cuando la llenó.
Naruto vaciló, dio un paso adelante y apoyó la mayor parte de su peso sobre el tocador al lado de la cama.
Hinata gimió cuando el movimiento permitió que la condujera tan profundamente como era posible. Apretó su culo sobre el borde de la superficie de tocador e inclinó su torso sobre ella para que quedara semi—reclinada y aferrada a sus hombros, su cara presionó uno de sus omóplatos mientras se clavaba dentro de ella una y otra vez.
Cuando la tomó de sus muslos y levantó sus piernas ligeramente, Hinata gimió ante este nuevo ángulo y volteó su cara a su cuello, sus dientes rozando su piel. Sintió que Naruto temblaba ante su tacto y entonces susurró:
—Adelante. Hazlo.
—No, —gimió Hinata, tratando de resistir, pero estaba llena de deseo y necesidad, y su hambre por su sangre se estaba confundiendo con su deseo por él y ambos le estaban instando a que hundiera sus dientes en su cuello.
—Hinata, Dios, sólo hazlo, por favor, —gimió Naruto en su oreja. Y, sin parar para pensar, Hinata giró su cabeza y hundió los dientes en su garganta.
Naruto echó hacia atrás su cabeza y gritó, su cuerpo corcoveando contra ella cuando sus mentes confluyeron y su placer se mezcló y se hizo eco en sus cuerpos. Se hizo más fuerte con cada impulso, hasta que Hinata estuvo ebria de él. Ella continuó aferrada, sus brazos y piernas envolviéndolo fueron presas del placer. El orgasmo los atravesó, vibrando a través de ellos en un pulso que estremeció sus cuerpos una y otra vez desde la punta de los dedos de sus pies a la cima de sus cabezas.
Hinata sentía que sus dedos la aferraban desesperadamente, mientras sus propios dedos alcanzaban su trasero. Estaba empezando a pensar que este placer casi insoportable podría ser también interminable. Entonces Naruto se tambaleó débilmente contra ella, y se dio cuenta de que todavía tenía sus dientes en su cuello, y estaba todavía bebiendo de él.
Hinata lo soltó inmediatamente y oyó a Naruto mascullando una protesta. Intuía su intensa decepción cuando el combinar de sus mentes empezó a difuminarse para finalmente desvanecerse totalmente. Y con él, el dilatado orgasmo también se desvaneció finalmente.
Se desplomaron uno contra el otro, con la respiración agitada, entonces Naruto susurró:
—Nunca estuve tan cerca de alguien como en el momento en que nuestros pensamientos se unieron. Eran como estuviéramos de pie uno frente al otro con las almas y los corazones al desnudo. Parecía que conocía todo lo que existe dentro de ti. Es lo mismo para ti, ¿no?
—Sí, —admitió Hinata contra su cuello, entonces preguntó:—¿Estás bien? Te estás tambaleando.
Asintiendo con la cabeza, retrocedió, su miembro ahora fláccido deslizándose de su cuerpo.
Viendo su palidez, Hinata se deslizó inmediatamente del tocador, tiró de las mantas a un lado sobre la cama y lo instó a echarse en ella. Cuando empezó a enderezarse la arrastró hacia él, aparentemente no estaba dispuesto a separarse de ella aún. Hinata empujó las mantas para cubrirlos a ambos y luego permitió que la apretara contra su pecho y envolviera sus brazos alrededor de ella. Abrazada contra él pensó que sería feliz de ser sujetada por él de este modo para siempre.
Permanecieron tendidos de ese modo durante varios minutos antes de que Naruto la mirara detenidamente y dijera:—Hinata, ¿qué es ser un verdadero compañero en la vida?
Se endureció contra él, sobresaltada por la pregunta.
—¿Dónde te enteraste de eso?
—Sai dijo que debía preguntarte, pero me olvidé hasta ahora.
Hinata permaneció en silencio por un minuto, y luego limpió su garganta.
—Kurenai ha dicho siempre que cada persona tiene su propio compañero de vida. Se supone que es el destinado a ser tu consorte.
—Parece que Kurenai es una romántica, —dijo con tierna diversión.
—Quizás, —estuvo de acuerdo Hinata.
Otro silencio los rodeó y luego preguntó:—Cuéntame sobre tu tío.
Parpadeó con sorpresa ante su pedido, entonces se inclinó para mirar atentamente su cara y preguntar:—¿Por qué?
—Porque tú y cada uno de tus primos parece temerosos de él, y quiero saber por qué.
Lamentando el regreso a la realidad, Hinata suspiró y volvió a apoyar su cabeza en él. Pensó por un minuto y entonces dijo:—Es viejo y frío, según lo describe Sai.
—Viejo y frío, —repitió Naruto seriamente.
Asintió con la cabeza.
—No es que sea cruel o algo, es justo. —luchó brevemente por encontrar las palabras y luego dijo—. Ha estado vivo por muchísimo tiempo, Naruto. Algunos milenios. Era guerrero en Roma, era un guerrero en la Inglaterra medieval... —se encogió de hombros—. Es un guerrero. Ha visto a incontables personas nacer y morir, y probablemente mató a muchos en batalla también, con el tiempo. Ahora, está en el Consejo y hace lo que tiene que ser hecho para mantener segura a su gente.
Naruto permaneció en silencio por un minuto, y luego dijo:—No quiero ser un zombi.
Hinata movió sus dedos con dulzura sobre su pecho y prometió:—No dejaré que eso ocurra.
—Sé que tratarás de asegurarte que no ocurra, —dijo—. Pero si tu tío trata de borrar mi memoria y no puede hacerlo, como ustedes dudaron que pudiera esta mañana en casa de Kurenai, querrá someterme al Consejo de tres o algo así, ¿no?
Hinata permaneció en silencio, pero no tuvo que responder. Ya le había explicado lo suficiente a él para saber que ese era el caso. Y tampoco quería que ocurriera. La idea de violar la mente de Naruto era demasiado dolorosa para considerarlo siquiera. Su mente era una de las cosas que más le gustaba sobre él. Aunque, tuvo que reconocer, su cuerpo no estaba nada mal.
—¿Cuáles son mis oportunidades de seguir mi camino sin que ellos hagan papilla mi cerebro?
—No pienses en eso, Naruto. —dijo—. No dejaré que ocurra.
—¿Cómo puedes impedirlo? Este consejo gobierna a tus gente, ¿no? Son como la policía para tu gente.
—Sí, —reconoció.
— Y estoy suponiendo, que desde que evitaste responder, mis oportunidades de evitar al consejo son muy remotas. —se movió bajo ella ligeramente, casi impaciente—. Quiero decir, si pueden controlar a cualquiera, pueden probablemente entrar en cualquier oficina o banco y obtener toda la información que necesiten sobre mí.
—Sí. —suspiró.
Volvieron a caer en un largo momento de silencio y entonces preguntó:—¿Qué te harán por liberarme?
Hinata se encogió de hombros.
—No hay nada que puedan hacer. Kurenai puede gritarme, pero el Consejo no puede castigarme puesto que no hablé con mi tío y no sabía lo que ellos querrían...
—Ese es un detalle técnico, y mientras podría funcionar en un tribunal judicial humano, sospecho que no funcionaría con el Consejo. Especialmente si tu tío puede leer tu mente y descubrir que básicamente sabías lo que querían hacer.
Incapaz de argumentar el punto, Hinata permaneció en silencio.
—Así que, si tratamos de huir, probablemente nos encontrarán y me convertirán en un Renfield y luego te harán sabe Dios qué cosa a ti.
—Puede que sí, —reconoció, y colocó su cabeza sobre su pecho otra vez.
Luego de otro silencio Hinata dijo:—Sin embargo puede haber una forma de protegerte.
—¿Cuál? ¿Un cambio de sexo y mudarme a Timbuktu? —preguntó irónicamente divertido. Luego movió su mano pasándola ligeramente por sus largos y sedosos cabellos.
—No creo que eso sirviera, —dijo frunciendo los labios—. Te encontrarían.
—¿Entonces cómo...?
—Podría convertirte, —dijo Hinata rápidamente.
La mano de Naruto se detuvo sobre su pelo. Podía escuchar sus latidos, la lenta inhalación y exhalación de su respiración, la marca del reloj digital junto a la cama. Finalmente, su mano empezó a moverse otra vez.
—¿Convertirme? ¿Hacerme uno de ustedes?
—Si tú fueras uno de nosotros, no tendrían miedo de que hablaras sobre nosotros o revelaras nuestra presencia. Nuestra seguridad sería la tuya. No necesitarían juzgarte con el Consejo de tres.
— ¿Y tú me convertirías en tu compañero de vida para mantenerme seguro?
Las palabras eran tensas, preguntando. Hinata no podía decir si estaba contenta por la idea o no, pero no quería ponerlo en la posición de tener que escoger entre vivir con su mente intacta o ser su compañero de vida para sobrevivir. Lamiendo sus labios, dijo:—Convertirte no te convertiría automáticamente en mi compañero de vida.
Naruto se detuvo otra vez, entonces preguntó:—¿No lo hace?
—No. Por supuesto que no. Aunque lo normal es que nosotros convirtamos a nuestros compañeros de vida, no siempre es ese el caso. Muchos han convertido a mortales por otras razones.
—Pero entonces si tú descubrieras que alguien es tu compañero de vida después, no podrías convertirle, —señaló.
Hinata se encogió de hombros. Luego se incorporó y se deslizó de la cama.
—¿Hinata? —dijo Naruto con aire vacilante cuando ella caminó desnuda a la puerta.
Regresando, lo encontró sentado en la cama con la preocupación escrita en su cara. Sonrío suavemente.
—Solo te estoy dejando solo para que lo pienses.
—Yo...
Hinata levantó una mano para hacerlo callar.
—Naruto, necesito que te olvides de mí en esta ecuación. Esto no es sobre mí; es sobre ti y tus elecciones. Es lo que quieres o no hacer lo que importa. Esta decisión es algo con lo que tú tienes que estar de acuerdo contigo mismo.
Tomó un hondo respiro y luego dijo:
—Esto no es algo como perforarte las orejas y hacerte miembro de una secta. Esto es algo para siempre, o tan de cerca del para siempre como los seres humanos pueden estar. Tienes que considerarlo seriamente. ¿Puedes dejar de lado la libertad de ser capaz pasar interminables horas bajo la luz del sol y convertirte principalmente en una criatura de la noche? ¿Puedes consumir sangre? Si hay una emergencia, ¿podrías alimentarte de otro para sobrevivir? ¿Y podrías abandonar a tu familia?
Dio un respingo.
— ¿Mi familia?
—Sí, —dijo tristemente—. Tú no puedes decirles que te has convertido. El consejo no admitirían eso.
—No, por supuesto que no, pero...
—Y ¿cuando tú no envejezcas como ellos, cómo podrías explicarlo? — Hinata respondió a la pregunta ella misma—, no podrías. Y así que, tú tendrías cinco, tal vez diez años si fueras afortunado y luego tendrías que desaparecer de sus vidas. Tendrías que falsificar tu muerte y nunca verlos otra vez.
Viendo la conmoción sobre su cara, Hinata asintió con la cabeza tristemente.
—No habías pensado en eso, ¿o sí? Solamente pensaste eso del para siempre joven y para siempre y para siempre... —suspiró y agitó su cabeza—. Hay una desventaja para todo, y tú tienes que estar seguro que puedes aceptar la desventaja aquí, porque esto no es reversible. En cuanto seas convertido, muy posiblemente es para siempre.
Naruto la miró fijamente, su corazón hundiéndose en las complicaciones que no había considerado.
—Dormiré en el sofá, —dijo Hinata, volteándose—. Hablaremos otra vez después de que hayamos dormido un poco.
Naruto la observó cerrar la puerta y se dejó caer sobre la cama con un suspiro. Dejar a su familia. Nunca se le había ocurrido que tendría que dejar algo para ser como ellos. Había pensado... bien, cuando se lo había dicho, quizás había estado pensando solamente en el lado positivo; los centenares, incluso miles de años por vivir, nunca envejecer, ser más fuerte, más rápido, tal vez más listo... ser testigo de la Historia de primera mano durante los siglos... Y —había pensado al principio haciendo todo eso con Hinata como su compañera de vida, pero ella le estaba diciendo que no necesariamente lo sería.
¿Estaba diciendo eso porque no lo quería como compañero de vida, o porque no quería que él se sienta atrapado como su compañero de vida? No estaba seguro.
Naruto sabía que nunca había conocido a nadie como ella; alguien a quien podía admirar y que le gustara tanto como Hinata. Era protectora con aquellos a quienes amaba, amable, inteligente, hermosa, pero con un deje de la niña que fue todavía viva dentro de la mujer.
Tenía más de doscientos años y a menudo parecía tan madura como esos años indicaban, pero cuando Hinata se relajaba, cuando se olvidaba de ser la buena hija, o la prima mayor y responsable para las chicas, había una malicia infantil en ella, un destello afloraba a sus ojos. Sin embargo, fue cuando lo mordió, Naruto estuvo seguro que era la mujer perfecta... Por lo menos a sus ojos. La experiencia no era tan solo física. Cuando se unieron de ese modo, su mente fue inundada de sus pensamientos y para él fue casi como tener una ventana a su alma. Hinata tenía un alma hermosa, suave pero fuerte, generosa y sin prejuicios. Cuando estuvieron unidos así, se sintió fuerte y amado. Se sintió completo.
Naruto estaba seguro que podía intercambiar veinte o treinta años con su familia que lo había amado y respaldado toda su vida por un para siempre con Hinata. Pero eso no era lo que estaba brindando. Había dicho que la conversión no lo convertiría automáticamente en su compañero de vida. Si la dejara convertirlo, ¿podía convencerla de tomarlo como compañero después? ¿Su propuesta de salvarlo era causada por nada más que la culpabilidad? Naruto no lo creía, había visto su alma y nada así había sido reflejado allí.
Suspirando, Naruto pasó sus manos por su pelo con agitación. Tenía mucho para pensar.
.
.
.
El frío fue lo que la despertó. Hinata murmuró una queja somnolienta por el frío en el aire y tiró fuertemente hacia arriba de la manta afgana, poniéndose en posición fetal en un esfuerzo de entibiarse, pero el frío persistía. Comprendiendo que tendría que levantarse y girar el calor, o encontrar otra manta por lo menos antes de volverse a dormir, Hinata abrió sus ojos y rodó sobre su espalda, se congeló entonces conmocionada cuando descubrió la forma oscura y amenazante sobre ella.
Por un momento, se quedó paralizada, su cuerpo arrojando adrenalina por sus venas ante la amenaza, pero luego se dio cuenta de que debía ser Naruto que venía para hablarle, y se relajó. Hinata esperó que él hablara, solamente dándose cuenta de que había cometido un error cuando el brazo que antes no había notado que estaba levantado cayó repentinamente hacia abajo y sintió la estaca perforar su pecho.
Continuará...
Glosario:
- CQ: Publicación trimestral de caballeros
