Mordida de amor
17: Mordisco para el cambio
—Bueno, esto es el colmo. No tengo la suficiente sangre aquí para uno de ellos aún menos para ambos.
Naruto levantó su cabeza de la muñeca de Hinata con las palabras de Sai y miró hacia la puerta para encontrarse con que él y Tenten habían regresado. Cuando su mirada encontró las tres bolsas de sangre que traía Sai, Naruto comenzó a advertirle a Hinata que no abriera sus ojos, pero era demasiado tarde.
Con un murmullo —Ah maldición,— Se hundió en el colchón totalmente desfallecida. Tenten cambió sobre sus pies y cacareo con irritación, entonces dijo, ¿Por qué no me avisaste que ibas a hacer eso? Me habría ahorrado despertar a tres vecinos en busca de jugo.
Naruto deslizó la mirada sobre la hermosa joven mujer rubia al lado de Tenten. El jugo de naranja no era lo único que había traído. Adivinó que la rubia era uno de los vecinos que había prometido traer a Hinata para alimentarse.
Tenten siguió su mirada y suspiró con fatiga. —Siéntate, Mary,— ordenó, entonces puso el jugo de naranja en el aparador y cruzó el cuarto cuando su vecina se sentó con el rostro blanco en la silla al lado de la puerta.
—¿Cuánto tienes?— preguntó ella.
Naruto sacudió su cabeza y abrió su boca para admitir que no estaba seguro, pero moviendo su cabeza consiguió que el cuarto girara. Cerrando la boca, él se hundió suavemente en la cama al lado de Hinata sin responder.
—Obviamente demasiado,— Sai contestó por él. Se acercó a la cabecera y los observó, entonces miró a Tenten para preguntar, —¿Alguna vez has supervisado un cambio?.
—No.— Ella arqueó una ceja. —¿Tú?
Él sacudió su cabeza.
—Esto va ser sucio,— comentó Tenten.
—Hmm.— Sai asintió. Pienso que no tenemos suficientes vecinos para esta situación.
Tenten resopló, y se miraron el uno al otro.
—¿Kurenai?— Él preguntó.
Tenten asintió solemnemente. —No hay razón para no hacerlo, Hinata lo entendió así.— Se giró para observar a la muchacha sentada en la puerta. —¿Entonces? ¿Usaremos a Mary aquí?
—¿Por qué molestarse?— preguntó Sai. —Ambos necesitan más de lo que ella podría suplir, y eso sólo nos retrasaría.
—Correcto. La llevaré a su casa entonces,— anunció Tenten, y caminó a recoger a la muchacha.
—Mientras lo haces, llamaré y advertiré a los demás. Le daremos la oportunidad a Kurenai de conseguir más sangre y enviarla a la casa.
Naruto se quedó en silencio cuando ellos se fueron del cuarto, su corazón bombeando fuerte en su pecho tratando de ignorar el creciente dolor de su estomago. Hinata le contó que ellos llamaban progenitor a quien realizaba el cambio, porque era como un renacimiento. Sospechaba que la presente incomodidad que estaba experimentando no era nada comparada con lo que estaba por venir.
.
.
.
—¿Cómo te encuentras ahora?—
Naruto hizo una mueca ante la pregunta. Sai le había preguntado por lo menos veinte veces en los pasados veinte minutos mientras les conducían fuera de la casa. Deseó que se detuviera. Cada vez que el hombre le preguntaba por eso, parecía centrar toda la atención de Naruto en el dolor que sentía y se propagaba a través de él. Se había iniciado en su estomago, un ácido estomacal desgastándolo que había sido solo soportable, pero cada momento pasado se incrementaba y se estaba dispersándo despacio hacia afuera, expandiéndose como un virus o un cáncer y comiéndoselo con sus pequeños dientes afilados.
Esto había conseguido empeorar tanto desde que había tomado la sangre hacia media hora que sudaba por su frente, y Naruto se encontró a sí mismo apretando sus dientes y manos como si luchara con el dolor. Sus respuestas a las preguntas de Kurenai, cuando se encontraron con ella en el aparcamiento momentos antes, habían sido monosílabos como mucho. Era terriblemente difícil encontrar cualquier pensamiento más allá de la agonía que lo consumía.
—Lleva al Dr. Uzumaki al cuarto rosa, Sai,— ordenó Kurenai, abriendo la puerta del cuarto de Hinata para que Hizashi Hyuga llevara a su sobrina adentro. —Me adelantaré en un momento, solo quiero comenzar con Hinata su infusión, entonces vendré a ver a Naruto.
— Puedo conectar los intravenosos por ti, mamá,— se ofreció Mirai .
Kurenai dudó, moviendo su mirada por el pálido rostro de Naruto cuando Sai medio lo cargaba, y entonces ella asintió. —Gracias, Mirai . Hice que María trajera el intravenoso y una nevera con bolsas de sangre justo después de que Sai llamara. Si puedes comenzar por mí, regresaré para verificar tan pronto como pueda.
—Si, mamá.
Naruto observó a Mirai seguir al cuarto de Hinata antes de que Sai lo arrastrara hacia el siguiente cuarto.
—Ponlo en la cama, Sai,— ordenó Kurenai cuando los siguió adentro.
Naruto captó un vistazo de las sogas atadas a las columnas y miró atrás bruscamente hacia Kurenai cuando cerró la puerta antes de que Tenten, Ino, y los demás pudieran arrastrarlo dentro. Kurenai vio su expresión e hizo una mueca cuando se movió hacia las ataduras de la cama.
—Estas solo son para prevenir que se haga daño a usted mismo mientras se da la vuelta, Dr. Uzumaki. Usted no es un prisionero. Lo prometo.
Relajándose, Naruto dejó que Sai lo amarrara a la cama. Al momento él estaba recostado, Kurenai se sentó en el borde del colchón y se inclinó para examinar sus ojos, aunque él no tenía ni idea de lo que ella estaba buscando.
—¿Cuánto tiempo pasó desde que Hinata le ofreciera su sangre? —preguntó, sentándose.
—Sobre media hora, —contestó Sai cuando Naruto comenzó a mirarla inexpresivamente, eludiendo la respuesta que repentinamente supo debería saber.
Kurenai asintió y soltó un poco la respiración que podría haber sido de alivio. —Entonces todavía no ha comenzado. Está solo todavía en la etapa preliminar.
Naruto sintió su corazón caer ante aquellas palabras. ¿No había comenzado aún? La agonía que estaba experimentando era solo preliminar? Dios mío.
—Sai, hice que Neji llamará a los laboratorios y ordené algunos narcóticos que podrían ayudar a Naruto en esto,— dijo ella, cuando la puerta se abrió y Hizashi y Fû entraron.
—¿Podrías ir abajo y esperar por ellos, por favor?.
—Narcóticos, —dijo Hizashi con un resoplido de mofa cuando Sai dejó el cuarto. —En mis tiempos no usábamos narcóticos para esto. Esto era un ritual de tránsito, y nosotros lo aceptábamos como hombres pero supongo que el hombre de hoy es más suave, ellos no podrían resistir el dolor.
—No necesito drogas,— dijo Naruto, el orgullo que lo hizo picar el cebo que el otro hombre había ofrecido. Hizashi Hyuga parecía haberle tomado una instantánea aversión durante la mañana que lo había entrevistado cuando llegó, Naruto pensó que no tenía idea de porqué. Lo único que podía pensar era que el hombre se había pasado por su mente y captado algunas de sus intenciones menos puras hacia Hinata. Naruto supuso que no debía sorprenderse si el hombre se oponía a su deseo por su sobrina.
—Hizashi, basta,— cortó Kurenai, entonces le dijo a Naruto, —Sí, necesitas las drogas.
—No, No lo haré — insistió él, irritado por la expresión de superioridad en el rostro de Hizashi Hyuga.
—Sí, lo harás,— le informó firmemente Kurenai. —Las tomarás y te gustarán.
—¿Pensé que dijo que no era un prisionero?— dijo Naruto irritado.
—No lo eres,— anunció Hizashi Hyuga. —Kurenai, él es un hombre adulto. Si él no quiere las drogas, no puedes forzarlo a tomarlas.
Ella miró al tío de Hinata con exasperación, entonces suspiró y se dio la vuelta hacia Naruto.
—¿Estás seguro?— ella preguntó un momento después. —La experiencia será más dolorosa sin ellas.
Naruto no estaba seguro del todo. Él ya estaba con suficiente dolor y las drogas sonaban demasiados buenas, pero con Hizashi sonriendo burlonamente al pie de la cama, él se mordería antes su lengua que admitirlo.
Asintiendo con la cabeza dijo:, —Puedo lograrlo.
Kurenai abrió su boca para hablar de nuevo, pero Fû se movió hacia su lado y puso una mano sobre su hombro refrenándola. —Déjalo por ahora, Kurenai. Los drogas estarán aquí por si cambia de opinión.
—Sí,— Hizashi acordó. —Será interesante ver cuánto dura antes de que este llorando como un bebe y ruegue por las drogas.
—Tendrás una larga espera,— le prometió Naruto, y en silenció esperó que pudiera ser cierto.
.
.
.
—¿Bien? ¿Alguna suerte?.
Hinata reconoció la voz de Tenten cuando vagaba hacia la conciencia, así como la de Sai cuando contestó, —No. Ellos no se han molestado en abrir la puerta hasta el momento. Escuché en la sala durante un minuto.
—¿Y? Esta vez fue Mirai quien habló.
—Él está más que todo incoherente, gimiendo y ocasionalmente —se detuvo cuando llegó un grito de terror amortiguado de alguna parte de la casa, entonces finalizó en seco, —Gritando.
—Pobre hombre,— ella escuchó el infeliz susurró de Hanabi.
—Te hace agradecer ser un nacido y no un transformado, ¿eh?.
Hinata parpadeó abriendo sus ojos para mirar a Ino cuando hizo este último comentario. Esperando a los pies de la cama, su prima era mirando la puerta incómodamente, pero giró hacia la cama, tanteando cuando la vio con los ojos abiertos.
—Estás despierta.
Sus primos y Tenten inmediatamente se amontonaron alrededor de la cama, y Hinata miró de un rostro al otro con confusión. —¿Qué está pasando? ¿Quién esta gritando?
Hubo una breve pausa cuando el grupo la miró con incomodidad e intercambiando miradas, entonces Mirai ignoró su pregunta, y preguntó, —¿Cómo te sientes?
Ella consideró la pregunta, preguntándose porque su prima le preguntó con tanta ansiedad, entonces regresaron los recuerdos y Hinata recordó claramente la estaca. El bonito recuerdo fue seguido por una imagen llena de recuerdos dolorosos. Ella recordó vagamente una vez antes de despertar. Había estado en agonía entonces y pensó que Naruto le había dicho que ellos estaban con Tenten. Hinata estaba segura de que algo importante había pasado allí, pero no podía colocarlo en su lugar. Era todo tan confuso.
Dejándolo ir por el momento, se movió experimentalmente en la cama, aliviada cuando no sintió dolor o molestia alguna. Al parecer su pecho estaba completamente sanado. Hinata no estaba sufriendo alguna sensación de hambre por el cambio.
—Estoy bien,— les aseguró a ellos, entonces comprendió que ninguno debería estar allí. Observando bruscamente alrededor del cuarto, Hinata comprendió que estaba en el antiguo cuarto de Kurenai y que era ella quien no debería estar allí. De repente, ella recordó la conversación que había tenido con Naruto sobre...y recordó haberle ofrecido a él su sangre...y él aceptándola.
Los últimos rastros de somnolencia se alejaron, Hinata se sentó abruptamente. —¡Naruto! ¿Él está del todo bien?
—Él está bien,— Mirai se apresuró a asegurarle. Ella se detuvo fuera del camino cuando Hinata echó a un lado las blancas sábanas.
—Eso pensamos.— Añadió Sai, cuando ella se aflojó a sus pies.
Otro grito hizo que Hinata se detuviera y mirara con horror el rostro de todas las personas a su alrededor.
—¿Es él?— preguntó débilmente.
Seis renuentes cabezas asintieron en admisión y Hinata se hundió sentándose en el borde de la cama y dejó salir un débil suspiro. ¿Cuánto tiempo he estado fuera de juego? ¿Cuánto tiempo ha estado él así?.
—Llegamos hace alrededor de tres horas,— le dijo Sai. —Y él ha estado así sobre...bien, ha estado gritando probablemente dos.
La mirada de Hinata se movía alrededor del cuarto, pero se detuvo en las bolsas de sangre vacías sobre la mesa del lado de la cama. Se giró con sospecha hacia Sai. —No podría haber tomado tantas bolsas en tres horas.
—Las reventamos sobre tus dientes y también usamos la intravenosa,— le explicó Tenten, entonces se encogió. —Estabas inconsciente de todos modos así que no tuvimos que preocuparnos por tu desmayo.
—Y tus dientes aspiraron más rápido que el gotero del intravenoso,— señaló silenciosamente Mirai .
—Tenias mucho dolor, y nosotros tratamos de conseguirte la sangre que necesitabas lo más rápido posible,— añadió Ino.
Hinata asintió y manejo una sonrisa. Apreciaba su preocupación por ella. ¿Quién supervisa el cambio de Naruto?.
—Fû, Kurenai, y él tío Hizashi,— contestó Ino.
Ella asintió nuevamente, —¿Y la estaca? ¿Sabemos qué pasó? ¿Quién era?.
Sai inclinó su cabeza. —¿No crees que alguien entonces enviara el tío Hizashi?.
—¿Qué?— Hinata lo observó con sorpresa. —No, por supuesto que no. Él sabía que una estaca no me mataría. Además, que tipo de rudo castigo sería ese para sacar a Naruto de aquí.
—Naruto pensó que eran ellos,— Tenten le informó, y Hinata frunció el ceño.
—Bien, él escuchó todo sobre lo que hace el concilio, probablemente él tiene una imagen bastante severa del tío Hizashi y el concilio.
Sai asintió. —Kurenai, Fû, y tío Hizashi estaban muy trastornados al oír lo de la estaca cuando les llamé. Estoy seguro que investigarán eso. El tío Hizashi probablemente ya envío a alguien hacerlo.
Hinata asintió, y entonces se puso de pie, haciendo una mueca en la tirantez de su blusa al moverse. Afortunadamente, el color negro no mostraba la sangre en la camisa, de lo contrario, se desmayaría de nuevo y regresaría a la cama.
—Quizás deba tomar un baño,— sugirió Ino.
Hinata sacudió su cabeza. —Quiero ver a Naruto primero.
—Hinata, ellos no te dejarán,— dijo calladamente Sai. —Hemos intentando conseguir verlo, y ellos ni siquiera abren la puerta. Solo gritan que él está bien y que nos vayamos.
Sus palabras hicieron que ella vacilara, pero entonces Hinata se movió resueltamente hacia la puerta. —Tengo que verlo.
—¿Dónde está?
—En el cuarto de al lado— murmuró Ino.
Asintiendo, se detuvo en el pasillo, consciente de que el resto la seguía. Su presencia la ayudo a reforzar su decisión de modo que cuando Hinata llegó al cuarto, ella no vaciló y no se molestó en tocar, sino que simplemente abrió la puerta y entró.
Sus ojos se ampliaron con horror cuando ella tomo una imagen. Naruto se retorcía en la cama, sus manos y tobillos estaban atados. Aparentemente, temiendo que las cuerdas no fueran lo suficientemente fuertes para sostenerlo, Fû y su tío Hizashi estaban a ambos lados de la cama, añadiendo sobre él su fuerza mientras Kurenai trataba de insertarle un intravenoso en su brazo.
—¿Va todo bien?— preguntó Hinata preocupada.
Como si sus palabras fueran una especie de señal, Naruto gritó repentinamente y redobló su paliza. Para su asombro, él casi se liberó del agarre que Fû y Hizashi tenían sobre él.
—¡Cierra la puerta!— rugió su tío Hizashi.
Hinata se giró automáticamente a hacerlo, su mirada apologética cuando ella cerró la puerta a sus primos y Tenten. Entonces se giró para regresar a la lucha que había por mantener a Naruto en la cama.
—¿Los nanos ya lo han hecho más fuerte?— ella preguntó con asombro cuando se acercó a la cama.
—No. Es el dolor que tiene,— gritó Kurenai, desistiendo de lo que estaba haciendo para dirigirse a su brazo y hombro cuando él la golpeó.
—¿Dolor?— Hinata se movió alrededor de su tío hacia la cabecera de la cama y tocó gentilmente la frente de Naruto, murmurando su nombre.
Él pareció asentarse un poco ante el sonido de su voz. Al menos, sus luchas disminuyeron. Hinata rompió a llorar ante la desesperada agonía que lo llenaba cuando él abrió sus ojos y la encontró.
Ella había escuchado que los cambios eran dolorosos. Lo nanos estaban invadiéndolo con fuerza, comiéndose su sangre en un increíble precio, ellas se multiplicaban y se extendían a través de su cuerpo, entrando en cada órgano y célula.
Hinata había escuchado que era como si la sangre se convirtiera en ácido, y que este ácido se lo comía pulgada a pulgada. Había escuchado que el dolor no era lo peor, lo eran las pesadillas y alucinaciones que lo acompañaban, aterradoras visiones de muerte y tortura y, generalmente, quemándolo vivo.
Hinata había pensado que aquellas historias eran exageraciones, pero al ver al Naruto como estaba ahora, ella creía cada una de ellas. Su mirada se deslizó sobre Kurenai. —¿No hay algo aquí que puedan darle para el dolor?
—Él quiso pasarlo sin drogas,— dijo Kurenai en un suspiro.
—Solo porque Hizashi lo acosó con que los vampiros reales lo tomaban como hombre, mierda.—Fû sacudió a su hermano con una mirada llena de repugnancia. —Ellos no habían tenido fuertes analgésicos en Roma o en tiempo medievales, pero no me convencerás que una sociedad ha avanzado lo suficiente como para desarrollar este tipo de cosas, no tenían el conocimiento para crear supresores del dolor para hacer fácil su introducción en el cuerpo. Además, —ella añadió significativamente, —tu naciste así, como yo.
Hinata vio la sonrisa juguetear en los labios de su tío, y gruñó con furia cuando se giró hacia Kurenai para soltar, —¡Denle algo!
—Él dijo que quería sufrir por ello,— comentó suavemente Hizashi. —Tú no puedes...
—¡Esto no es ninguno de tus negocios!— ladró Hinata. —Él no es ninguna amenaza ahora. Se me permite convertir a uno, lo hice, y ni tú ni el concilio pueden lastimarlo.— Ella se detuvo brevemente respirando fuertemente, entonces dijo más calmada, —Él es mío. Yo lo convertí, y digo que lo duerman.
Durante un momento hubo un completo silencio. Incluso mientras Naruto luchaba, como sintiendo la repentina tensión en el aire cuando Hizashi miró con frialdad a Hinata. Nadie le hablaba a Hizashi Hyuga así. Al menos, ella nunca había escuchado que pasará.
— Su tío finalmente dijo suavemente.— Kurenai, nuestra pequeña gatita ha encontrado sus garras.
—Hizashi,— Kurenai dijo titubeando.
—Haz lo que ella dice,— interrumpió él con calma. —Él es suyo.
Hinata observó a Kurenai, entonces miró abajo al brazo de Naruto cuando ella había intentado insertarle el intravenoso. Fue cuando ella vio la sangre manchar su brazo, así como en la cama alrededor de ello Hinata comprendió que la mujer mayor no había estado intentando insertarle el intravenoso, había estado intentando reinsertarlo.
—Ah demonios,— ella murmuró cuando el cuarto comenzó a girar.
—Ah demonios,— ella escuchó a él eco de su tío Hizashi cuando soltó una mano de Naruto y reaccionó para cogerla a ella en su desmayó.
Hinata abrió sus ojos para encontrarse tumbada en su vieja cama otra vez. Al principio, ella pensó que estaba sola, pero entonces su tío se detuvo ante su vista y la miró detenidamente, encontrando su mirada.
Hinata lo miró cautelosamente. Él le regresó la mirada, expresión severa, entonces preguntó, —¿Cómo te sientes?.
—Bien,— dijo suavemente, entonces abrió su boca y preguntó cómo estaba Naruto, pero él la previno.
—Tú Naruto está bien. Kurenai lo tiene todo drogado e ignorando cualquier sufrimiento.
—¿Supongo que te decepcioné?— Preguntó Hinata con amargura, y él se encogió.
—Realmente, no. Sus chillidos me estaban dando dolor de cabeza, y sostenerlo quieto se estaba volviendo tedioso,— admitió con una lenta sonrisa. —Lamenté rápido el haberme mofado de su temple.
—Que te sirva de lección.— Dijo Hinata con fatiga y sentándose en la cama. Ella puso sus pies en posición de luto y se inclinó contra el cabecero.
—Sí, estoy seguro de hacerlo,— reconoció irónicamente Hizashi. Entonces añadió, —Estoy contento por lo que hice. Tu hombre me sorprendió. Muchos podrían haber estado gritando por drogas al minuto que los nanos llegaran a sus testículos. Él comenzó a gritar como soprano, pero no para pedir por drogas. Él es digno de mi sobrina.— Hinata estaba intentando comprender qué hacer cuando él inclino su cabeza, y dijo, —A pesar de lo que piensas, yo no te estaque. Siempre hago lo mejor para proteger a mi familia, y eso incluye a mi hermano, sus esposas, y cada uno de sus hijos. No ordene que te estaquen como castigo por desafiarme.
—No pensé que lo harías. Naruto fue el único que lo pensó,— admitió ella, entonces inclinó su cabeza y preguntó, —¿Por qué haces esto?.
—¿Hago qué?— él preguntó.
—Lo que dijiste, «Siempre hago lo mejor para proteger a mi familia, y lo que incluye mi hermano, sus esposas y cada uno de sus hijos.»
—¿Qué importa eso?— él preguntó con rigidez.
—Eso creo yo. Es como si no reconocieras que nosotros tenemos alguna conexión contigo excepto a través de él. Es como si guardarás una distancia emocional hablando de nosotros de forma objetiva. Como separándonos.
Él pareció perturbado por sus palabras, pero no había terminado Hinata. Con la molestia depositada en sus labios, ella preguntó. —¿Por qué nunca te volviste a casar?. ¿Seguramente desde entonces has conocido a alguien que pudieras amar? ¿O eres demasiado cobarde para permitirte volver amar?.
—¿Piensas que le tengo miedo al amor?— preguntó con sorpresa.—Ella asintió.—Bien...quizás.— aceptó, entonces añadió, —y tal vez es cierto que se necesita a otro para conocerse a uno.
Hinata frunció el ceño. —¿Qué significa eso?.
Hizashi sacudió su cabeza como diciendo que no tenía importancia, entonces forzó su mirada hacia ella con curiosidad, y preguntó —¿No me tienes miedo después de todo, verdad?.
Suspirando, ella bajó su mirada, entonces se encogió con infelicidad. — Te lo tenía.
—¿Entonces qué ha cambiado?.
—Estoy cansada de estar asustada. No es una forma de vida.
—Tu padre,— dijo él con pesar.
—Te pareces a él,— dijo tranquilamente Hinata.
Era una tonta por decir eso. Por supuesto que se parecía a su padre. Ellos habían sido gemelos, pero ahora pensó que quizás esa era parte de la razón por la que ella siempre se avergonzaba en su presencia. Él le recordaba a su padre, y Hinata había siempre tenido miedo de Hiashi Hyuga, y entonces ella por instinto le temía a su tío Hizashi.
—Puedo parecerme a él, Hinata, pero no soy él,— dijo calladamente cuando se sentó en la cama, medio girado hacia ella. Entonces sonrió. —Sabía que era difícil vivir con él y que le hizo la vida dura a ti, a tu madre y a Kurenai, pero yo nunca comprendí como de dura. Lo siento.
—Aquí no había nada que pudieras haber hecho,— dijo ella encogiendo sus pequeños hombros.
—Sí,— Hizashi contrarrestó. —La hubo. Me temo que lo protegí cuando no debí hacerlo. Tu padre pudo haber sido estacado y horneado haces siglos por sus delitos menores si yo no hubiera intervenido.
Los ojos de Hinata se ampliaron por su declaración, entonces ella suspiró. —Él era tu hermano, la sangre es fuerte, y el amor nos lleva a hacer cosas que quizás no deberíamos, cosas que luego lamentamos.— Ella se encogió de hombros.— Solo mira lo que Sai y los otros hacen por mí.
—Y lo que hiciste por Naruto.
—Eso es diferente,— dijo rápidamente Hinata. —Yo no lo amo— Ella hizo una pausa y enrojeció ante su mirada de saber.
—Al menos no puedes seguir mintiéndote a ti misma sobre tus sentimientos por él. Ahora solo tienes que encontrar el coraje para admitirlos ante él,— dijo su tío con suave diversión. Cuando Hinata lo miró con una muestra de perplejidad, él dijo, —Kurenai dijo que supo lo que él era para ti al momento de verlos juntos. Los otros lo pensaron, también, y cuando ellos se encontraron con que Naruto sabía sobre nosotros o cuando mucho que él podría saberlo con todas aquellas ridículas películas e historias sobre nosotros afuera y que no, nos rechazaba, Fû y Kurenai decidieron que ellos no podían limpiar su memoria. Ellas lo trajeron a la casa para que ustedes dos descubrieran por sí mismos lo que ellas ya sabían.
—¿Entonces porque te llamó ella?.
Su tío le ofreció una pequeña sonrisa. —Nadie me llamó. Solo pasé para dejarme caer para una visita. Había pasado tiempo,— dijo él irónicamente. —Cuando Sai casi se ahoga al verme, las mujeres se vieron forzadas a explicarme, entonces me llevaron a reunirme con Naruto.
—¿Y?— Hinata preguntó curiosamente.
—Y no estaba seguro,— admitió Hizashi, entonces añadió, —hasta que llegaste a la casa esta mañana mientras nosotros estábamos con Naruto. Tu pánico al comprender que yo estaba allí fue fuerte y ruidoso, y cada pizca de tu energía se enfocó en él.— Él se encogió de hombros.
—¿Entonces porque lo amarraste y decidiste involucrar al concilio?— le preguntó Hinata confundida.
—Kurenai lo tenía amarrado, no yo. Yo estaba llamando al concilio para informarles que él se uniría a nuestras filas pronto. El concilio sigue la pista de cada uno, ya lo sabes. Después de que lo sacaras a hurtadillas, Kurenai admitió que tuvo la esperanza de que no te lo tomaras todo por el lado incorrecto. Ella esperaba que el miedo a ser sometido al concilio de tres pudiera forzarte a reconocer tus sentimientos por él. Sin embargo, al instante lo agarraste y corriste.
Hinata lo miró con asombro, ¿Todo esto ha sido una estafa? ¿Kurenai sólo había estado manipulándola en un esfuerzo de mantenerlos juntos? ¿Ella había estado jugando a la casamentera?
—¿Entonces no fuimos perseguidos por Kankurõ en la calle? ¿No enviaste a nadie a seguirnos?— ella preguntó con incredulidad.
Hizashi gimió. —Bien, puse a un par de muchachos a seguirlos y a asegurarse que no salieran del país, pero no, no puse a los perros detrás de ti o algo.
—Excepto a Buru, dijo ella secamente.
Hizashi gruñó. —Buru nunca te haría daño. Ese perro es un cordero cuando se trata de ti y Kurenai. Él pudo haber seguido después a Naruto, por supuesto, pero esperamos que encontrarías una forma de alejarlo.
Y lo hiciste.
Hinata liberó un lento suspiro mientras consideraba todo esto. Era bueno saber que su tío no la había estacado. Por otro lado, esto significaba que alguien más lo hizo.
—Entonces,— dijo Hizashi, siguiendo tus pensamientos. —Esta Shizune la casera en donde te quedas, ¿ella es tu compañera de trabajo?.
Hinata asintió. —Y mi amiga.
—¿Entonces no crees que ella pudiera estar detrás de la estacada?.
—No.— Hinata sacudió su cabeza con firmeza. —Ella es una amiga, y ella debería haber estado trabajando anoche en el refugio cuando pasó. Además, ella no tiene idea de que soy un vampiro. Nadie en el refugio lo sabe. Apostaría mi vida en ello.
—Apuestas tu vida en ello,— dijo suavemente Hizashi Hyuga. — Estacar a un vampiro es un truco mortal, Hinata. Nuestra clase habría sabido lo suficiente para cortar tu cabeza.
—Sí, pero...— Hinata frunció el ceño. —Tío Hizashi, otro aparte de nuestra clase, no conozco a nadie que pudiera saber quién soy. He sido cuidadosa.
Él pensó por un minuto, y entonces murmuró, —Bien, estaré observando y veré lo que puedo aprender, me quedaré hasta que esté resuelto.— Él levantó una ceja. —¿Supongo que quieres ir a verlo ahora?.
Él tío de Hinata no necesito explicarle quien era —él—. Sonriendo, ella asintió.
—Si, por favor.
Su tío asintió y se puso en pie. —Vamos entonces.
Hinata se revolcó fuera de la cama y se levantó al lado de él. Al momento que ella estuvo en pie, él tomo su codo en forma caballerosa y caminó con ella a la puerta.
—A propósito, tus primos y esa amiga tuya te oyeron gritarme en el otro cuarto. Ahora tú eres su héroe, por ambas razones tanto por desafiarme y tomar a Naruto e irte de aquí, como por atreverte a gritarme.— Él no parecía contento cuando expuso este conocimiento, entonces él añadió, —Puedes hacerles creer que vine aquí para gritarte y ponerte en tu lugar.
Hinata asintió solemnemente, pero una sonrisa apareció en las comisuras de su boca y dijo, —Tu reputación está a salvo conmigo. No diré una palabra sobre lo que pasó aquí.
Hizashi Hyuga sonrió abiertamente y tiró de su barbilla. —Buena chica.
Continuará...
