Mordida de amor
19: Mordisco Decidido
sí que nunca me dijiste... ¿Qué pasó?
Hinata miraba inexpresivamente mientras Shizune caminaba por su oficina y se sentaba en la silla frente a su escritorio.
—¿Qué pasó con qué?
—¿Qué pasó con qué?— repitió secamente Shizune—. Cuando dejé mi casa el lunes por la tarde tú te estabas estableciendo por la noche. Cuando regresé el jueves por la mañana después del trabajo, la casa estaba más limpia de lo que la había dejado, y allí estaba un gran arreglo de rosas en la mesa de la cocina con una tarjeta de ¡Gracias!, y tú no estabas por ninguna parte. Pudiste haberme dejado una nota con lo que sabes que pasó.
—Lo siento— murmuró Hinata.
Sai le había dicho que él le había mencionado a Tenten el lío que había en la casa de Shizune cuando ella y Naruto se habían ido del lugar. Aparentemente, ella se lo dijo a Hizashi y él inmediatamente llamó para que lo limpiaran. Al parecer, quienquiera que él había enviado a casa de Shizune, había hecho un trabajo de limpieza completo. Hinata no estaba sorprendida: su tío no podría aceptar menos. Las flores la sorprendieron; nadie le había mencionado aquello a ella.
—Lo siento— repitió ella—. Debería haber pensado en una nota.
—Sí, debiste hacerlo— dijo Shizune con una sonrisa—. Especialmente desde que no te presentaste ayer por la noche a trabajar y Kurenai llamara para decir que estabas enferma. La curiosidad estuvo matándome por dos días hasta ahora— suspiró pesadamente—. ¿Entonces? Dime. ¿Debo entender que tú y Kurenai lo habéis arreglado todo? ¿Eso significa que ella aceptó a Naruto?
—Sí— murmuró Hinata con una pequeña sonrisa.
Todos habían aceptado a Naruto. Después de pasar el día alternativamente haciendo el amor y durmiendo, los dos se habían encontrado con su cama rodeada por sus primos y Tenten.
—¿Aún en la cama?— les preguntó Sai con asombro, cuando Hinata les había pestañeado—. Me alegro de que descansaras un poco el resto del día. Temía que trabajaras en la muerte de Naruto mientras el resto de nosotros intentaba dormir.
—¿Intentaba dormir?— había preguntado Naruto, sofocando un bostezo cuando cambió la posición de cuchara en que habían estado durmiendo y había rodado sobre su espalda bajo las sábanas.
—Sí, bueno, fue difícil— les había informado Sai—. Escuché gritos y chillidos desde esta habitación. Entonces hizo una pausa mientras observaba con interés cómo Hinata se ponía roja, antes de decir:—Supuse que era una de aquellas malditas pesadillas que dicen que acompañan el cambio.
—Sí, Naruto tuvo pesadillas— había dicho Hinata, agarrándose gratamente a la excusa.
—Hmm, eso fue lo que pensé— había murmurado Sai.
—Entonces me di cuenta de que tú también estabas gritando, Hinata— había arqueado una ceja y, en su rostro, había aparecido una amplia sonrisa, y había exclamado—. Son muy ruidosos en la cama. He oído menos ruido de un gato en celo y su compañero.
Gimiendo cuando todos sus primos se empezaron a reír, Hinata había enterrado su rostro en la almohada cuando Naruto había intentado poner fin a la fiesta anunciando que él estaba por levantarse y, a no ser que quisieran verlo, sería mejor que se marcharan.
A Mirai, Tenten, Ino, Hanabi y Moegi no les molestó la idea de ver un espectáculo gratis, pero Kurenai les había pedido que se alejaran un poco para examinar a Naruto. Después de echarle una ojeada, había declarado que estaba sano y salvo y había sacado a cada uno fuera del cuarto para que él y Hinata pudieran levantarse.
El resto de la tarde la había pasado en el normalmente caótico ambiente familiar, con cada uno feliz y locuaz, diciéndole a Naruto todas las cosas que ellos pensaban que él debería saber ahora porque él era uno de ellos.
Hinata había estado triste cuando comprendió que era el momento de prepararse para ir a trabajar y que había envidiado a Sai y Mirai por no tener que trabajar esta semana.
Los dos trabajaban para Neji en Hyugas Enterprises, pero les había dado la semana libre a insistencias de Kurenai para que la ayudaran a entretener a Ino y a las muchachas durante su visita. Hinata no tenía el tipo de trabajo donde ella pudiera tomar una semana sin avisar. Las personas en el refugio dependían de ella.
Naruto parecía igualmente decepcionado porque ella tuviera que trabajar y había acompañado a Hinata al cuarto para ayudarla a bañarse y cambiarse. Sus esfuerzos la habían retrasado considerablemente, y ella habría llegado a trabajar tarde si Sai no hubiera ido a recordarle la hora y ofrecerse a llevarla.
Arrastrándose fuera de la cama, con el pelo húmedo, Hinata le había lanzado su ropa y se había cambiado bajo las escaleras con Naruto pegados a sus talones. Él los había acompañado a la ciudad, dándole un beso de despedida antes de que ella se bajara del Jeep, entonces los hombres se habían ido, y habían ido al el apartamento de Naruto a recoger más ropa para regresar a la casa de ella. Le habían convencido de que debería permanecer allí hasta que se acostumbrara a todos los cambios que podría atravesar, y Hinata estaba casi segura de que él estaba con sus primos, recibiendo un curso avanzado de cómo ser vampiro.
—Tierra a Hinata, Tierra a Hinata— repitió Shizune y Hinata brincó cuando la otra mujer pasó una mano frente a sus ojos.
—Lo siento— murmuró cuando la mujer la regresó de sus pensamientos—. Sólo estaba pensando.
—¿Pensando?— Shizune arqueó una ceja—. Cariño, comparte algunos de esos pensamientos conmigo, quiero sentir cualquier cosa que hizo que sonrieras como lo hiciste.
Hinata se sonrojó por su burla y arrugó la nariz, luego dijo:—Siento no haber dejado una nota, Shizune. Sobre todo después de ayudarnos como lo hiciste.
— No importa— dijo fácilmente—. Te perdonaré por completo si me dices qué pasó.
Hinata vaciló, entonces dijo:—Bueno, Naruto consiguió mudarse con mi primo Sai y él y una amiga de nombre Tenten despejaron todo— eso era lo más cerca de la verdad que podría llegar a estar, decidió. —Kurenai está feliz, soy feliz...— Hinata se encogió de hombros—. Todo va sobre ruedas.
Shizune miró su rostro; examinando su expresión minuciosamente, entonces dijo:—No suenas completamente segura.
Hinata bajó su mirada, pero no sabía que decir. Ella no estaba del todo segura. Ella era sobretodo muy feliz, pero...
—¿Es miedo?— preguntó Shizune—. Ahora no hay objeciones por parte de Kurenai, ¿te está dando la oportunidad de tener algunas dudas propias?
Hinata comenzó a negarlo, y entonces comprendió que podría estar mintiendo. Tenía miedo.
Shizune no le obligó a que se lo contara. Poco después dijo:—No podría ser sorpresa si lo es. Me sentía igual con mi marido y me casé. Era miedo, puro y simple. Temía que fuera posible que él no fuera tan maravilloso como parecía y arruinara las cosas, y que acabara con mi corazón roto...— suspiró con pesadez— Y yo tenía razón.
La cabeza de Hinata dio un respingo de sorpresa.
Shizune sonrío con ironía ante su desconcertada expresión, y añadió:
—El día de su muerte mi corazón se rompió irreparablemente— tenía un gran dolor dentro—. La vida no siempre es fácil, Hinata. Está llena de duras decisiones y angustias y las cosas no siempre resultan como esperamos. La vida simplemente no viene con garantías. Y a veces, por evitar arriesgarse a tener una oportunidad con las personas, evitamos que nos duela el corazón, pero también podemos perdernos los mejores momentos de nuestras vidas. No le tengas miedo al amor.
Hinata se echó hacia atrás en su silla cuando Shizune dejó la oficina, las palabras de la mujer estaban dando vueltas en su cabeza. —No le temas al amor— Recordó su conversación con su tío Hizashi.
—¿Crees que le tengo miedo al amor?— le preguntó, y cuando ella asintió, había dicho—. Bueno tal vez...y tal vez es cierto que se necesite uno para conocerse a uno.
Hinata soltó un lento suspiro y reconoció que tenía miedo. El miedo le había impedido hablar con Naruto cuando él había querido hablar con ella después de despertarse. Tenía miedo de ser herida. No por ser rechazada, ella sabía que él estaba dispuesto a ser su compañero de vida y Hinata sabía que no era porque ella lo hubiera cambiado. Naruto la amaba. Ella lo sentía cada vez que sus mentes se fusionaban. Ella le tenía miedo al futuro y a lo que podría hacerle a su amor.
—La vida no viene con garantías— le había dicho Shizune, pero tampoco el amor. Nadie sabe lo que le deparará el futuro, pero Hinata sabía que el tiempo pasado con Naruto había sido el más maravilloso en todos sus doscientos años. También sabía que si permitía que el miedo tomara la oportunidad de un futuro con Naruto, el precio sería renunciar a tener la oportunidad de tener más de aquellos mejores momentos. Básicamente, esto no era el pago por tenerle miedo al amor, pensó, y decidió que esta noche hablarían sobre el futuro. Estaba lista para arriesgarse.
—¿Hinata?
Ella alzó su mirada ante el comienzo del sonido de su nombre y se encontró al Padre Nagato en su puerta.
—¿Si Padre?
—Aquí hay un hombre que quiere verte,— anunció el sacerdote, entonces se dio la vuelta para que alguien se adelantara.
Nadie había venido a verla al refugio y Hinata estaba comenzando a fruncir el ceño con confusión, cuando Naruto se detuvo ante ella.
—¡Naruto!— empujó su silla y se puso de pie, pero entonces hizo una pausa y refrenó el impulsó de correr alrededor del escritorio para lanzarse hacia él. Intentando mantener una actitud profesional por el bien del Padre Nagato, Hinata mantuvo un tono calmado cuando le preguntó—. ¿Qué haces aquí?
—Estoy aquí para llevarte a casa— anunció él—. ¿Lista para irte?
—Ah— Hinata bajó su mirada hacia su reloj y frunció el ceño al comprender que había pasado el tiempo. Como era costumbre, siempre perdía la noción del tiempo. Su mirada se deslizó sobre su escritorio, y gimió.
—Necesito guardar los expedientes y dejarle una nota a la muchacha que trabaja de día, entonces ella sabrá qué llamadas hacer y...
—Adelante— interrumpió Naruto—. No me importa esperar.
Hinata sonrió, entonces observó al Padre Nagato.
—Gracias, Padre— murmuró, moviéndose alrededor de su escritorio hacia la puerta—. Gracias por regresar.
—¿Está todo bien entonces?
—Ah, sí. Él es un amigo— le aseguró.
—Ah— asintió el Padre Nagato—. Bien— vaciló, entonces retrocedió hacia la puerta cuando Naruto se deslizó en la oficina.— Sólo...— el sacerdote agitó su mano con vaguedad, entonces se giró y se fue por el pasillo.
Hinata lo observó irse con preocupación. El Padre Nagato no estaba durmiendo lo suficiente y esto estaba comenzando a preocuparla. Tenía ojeras lo suficientemente grandes para hacer una tienda de dulces en ellas y su complexión estaba tomando un tinte gris de mala salud. Suspirando cuando él salió de su campo de visión, cerró su puerta y se giró hacia Naruto, jadeando con sorpresa cuando se encontró entre sus brazos y su boca descendió a la suya.
—Mmm— murmuró él y terminó el beso—. Hola.
—Hola— susurró ella fuertemente—. ¿Tuviste que esperar mucho?
—Treinta y un años, por ti valió la pena esperar— le aseguró Naruto.
Hinata sonrió suavemente y besó la punta de su nariz, entonces dijo:—Quise decir esta noche.
—Quieres decir esta mañana— le corrigió—. Aunque aún parece de noche pues aún no ha salido el sol.
—Es un poco confuso tener las horas opuestas cada uno— reconoció ella.
—Sí, lo es— concordó Naruto—. Y la respuesta a tu pregunta, he estado esperando por media hora. Llevo aquí cinco minutos. En realidad, llegué a la ciudad con media hora de antelación y me detuve en una tienda de donuts para que no se me viera patéticamente impaciente por sentarme en el estacionamiento.
—¿Patéticamente impaciente, ah?— preguntó Hinata con diversión, relajándose en sus brazos y jugando con los botones de su camisa.
—Probablemente sea bueno que te hallas detenido en una tienda de donuts. Dudo que estuvieras de tan buen humor si yo te mantuviera esperándome durante una hora.
Él se encogió de hombros ligeramente.
—No sabías que estaba aquí.
Hinata asintió distraídamente, su mirada siguió en el botón con el que estaba jugando hasta que Naruto le dio un apretón, y dijo:—Reconozco esa mirada, es tu mirada de preocupación. ¿Qué sucede?
—Solo me preguntaba...
—Te preocupabas— corrigió secamente Naruto.
—Si has pensado en cómo afectará esto a tu práctica— siguió ella, ignorando la interrupción.
—Ah— dijo él solemnemente—. Te preocupa que esto afecte mi práctica y tal vez resienta que afecte a mi práctica y comience a odiarte y me valla.
Hinata sonrió con ironía por ser tan fácil de leer.
—¿Eres muy inteligente, ah?
—Lo suficientemente inteligente como para reconocer a una buena mujer cuando la veo— dijo Naruto con facilidad, entonces puso un beso en su frente y dijo—. De hecho, he pensado en ello y no me preocupa. Muchos de mis clientes y empleados prefieren tener citas por la tarde para que no afecten a sus trabajos. Hasta ahora yo me he pasado la mayor parte del día terminando mi libro y poniendo al día las notas de mis pacientes y la tarde y noche en sesiones con mis pacientes— se encogió de hombros—. Ahora sólo tomaré pacientes a las cinco y trabajaré en mi libro mientras que tú trabajas, entonces dormiré el resto del día.
Hinata frunció el ceño.
—¿Entonces estarás trabajando mientras duermo y escribiendo mientras yo trabaje?
Naruto parpadeó.
—Así es— dijo con suavidad cuando comprendió su hundimiento—. Tú comenzarás a trabajar sobre las once y yo probablemente tome pacientes hasta las diez. Nunca nos veríamos el uno al otro— ahora él también fruncía el ceño—. Tal vez podría...
—No, espera— dijo rápidamente Hinata, su mente estaba trabajando a toda velocidad—. No verías clientes los sábados y domingos, entonces si cambio mis noches para lunes y martes, entonces podría solo ser miércoles, jueves y viernes los días en que no nos veríamos el uno al otro.
—¿Entonces sólo te vería la mitad de la semana? No creo que— dijo él con seco descontento, entonces parpadeó y una lenta sonrisa comenzó en sus labios.
—¿Qué?— preguntó Hinata.
—Sólo estoy contento de que quieras continuar viéndome— dijo él calladamente—. No estaba seguro de donde estaba parado. No has querido hablar del futuro.
Hinata suspiró y apoyó su frente en su barbilla.
—Lo siento. Sólo estaba un poco...
—¿Asustada?— sugirió cuando ella vaciló.
—Sí, tal vez. Y un poco abrumada también, creo. Todo ha pasado tan rápido— levantó su cabeza y se lo aseguró—. Bien, hablaremos sobre todo esto cuando lleguemos a casa; nosotros, nuestras horas, todo. Buscaremos una forma de hacerlo funcionar.
—Bien— Naruto la abrazó, y entonces la separó y le dio una palmada en el trasero. —El sol saldrá pronto y tengo hambre de nuevo. No debería ser así, tomé una bolsa antes de salir de casa.
—Tendrás mucha hambre dentro de poco— dijo con simpatía Hinata cuando ella resbaló de sus brazos.
—Sí. Tu familia ha estado advirtiéndome sobre todas las cosas que debo esperar— murmuró, observándola sentada en su asiento en recuperación y tomando un cuaderno de notas frente a ella—. Sai me prometió enseñarme cómo cazar algo de noche mientras tú trabajas, así no estaré completamente desorientado si hay cualquier emergencia y necesite alimentarme fuera de la ciudad.
Hinata se tensó y le preguntó maliciosamente —¿Él?, ¿Sai?
—¿Por qué?, Hinata, mi amor. ¿Es un toque de lila el que veo en tus ojos? Y yo pensé que eran plateados.
Hinata frunció el ceño con fastidio.
—A mí me pareció que sabes cómo alimentarte fuera de la ciudad. Ciertamente has estado practicando lo suficiente conmigo.
—¿Cómo va esa nota?— le preguntó con una mueca.
Torciendo su boca, Hinata regresó su atención hacia la nota y continuó escribiendo.
—Haré un trato contigo— le dijo Naruto observándola escribir.
—¿Cuál?— preguntó ella ausente.
—Prometes morder sólo a otras mujeres de ahora en adelante y yo prometo que cuando Sai me lleve a enseñarme, sólo morderé a otro hombre.
Ella lo miró con sorpresa ante su sugerencia y se encontró con que él estaba frunciendo el ceño ante sus propias palabras.
—O, tal vez te prometo sólo poner al revés a otras mujeres y no morderlas— decidió Naruto—. Como tú dices, puedo practicar la mordedura contigo y en realidad no me gusta acercarme tanto a otro hombre.
Hinata sonrío con diversión cuando terminó la carta y se puso en pie.
—¿Pero no te importa que me acerque tanto a otra mujer?
—Hmm— él lo consideró brevemente, parecía colgado, entonces suspiró—. Bien, entonces enmienda número dos, yo curo tu fobia y así no tendrás que morder a nadie más en absoluto, y yo...
—Naruto— lo interrumpió gentilmente y él pausó observándola y preguntándose. Hinata se movió para recoger su bolso y abrigo, y dijo, — Podemos hablar de esto cuando llegamos a casa también, pero ahora tenemos que movernos, el sol saldrá pronto.
—Sí— Una torcida sonrisa curvaba sus labios, él tomó su mano y caminó con ella hacia la puerta.
El Padre Nagato estaba de pie al final del pasillo cuando ellos salieron de la oficina y Hinata deslizó su mano con timidez lejos de Naruto cuando lo vio. Apenas lo había hecho así cuando él sacerdote miró hacia el camino.
—¿Todo listo?— preguntó, cuando ellos se acercaban.
—Sí— Hinata sonrió cuando llegaron a la puerta, y entonces comentó. Estoy sorprendida de que Kelly no esté aquí. ¿Llamó para decir que estaba enferma?— mientras Shion había cubierto su posición durante las noches que Hinata no había estado, Kelly era la muchacha que tenía el turno durante el día. Ella estaba usualmente allí antes de que Hinata se fuera.
—No— el Padre Nagato sacudió su cabeza—. Le dije que había alguien contigo en la oficina, entonces bajó a la oficina para traerme una taza de café. Ella debe estar a punto de llegar.
—Ah, bien— Sonrió Hinata—. La veré por la noche, entonces.
—Sí. Ten un buen día— dijo el Padre Nagato, entonces miró a Naruto y añadió educadamente—. Ha sido agradable reunirme con usted.
—Ha sido agradable reunirme con usted, también, Padre— contestó Naruto, entonces le abrió la puerta a Hinata.
—¿Dónde está el Jeep?— preguntó Hinata, cuando ellos cruzaron al estacionamiento.
—¿Piensas en el Jeep de Sai?— preguntó Naruto con sorpresa.
—Sí. ¿No tomaste prestado el Jeep para venir a buscarme?
—No. Traje mi propio coche— dijo él, entonces explicó—. Lo fuimos a buscar cuando Sai me llevó a mi apartamento a por una maleta con ropa. Él regresó en el Jeep y yo lo seguí en mi coche. Me siento menos...
—¿Prisionero?— preguntó Hinata suavemente cuando él se cortó.
Naruto gimió, pero asintió cuando él la condujo hacia el oscuro BMW. Abrió y mantuvo la puerta delantera del pasajero abierta para que ella entrara, entonces la cerró y caminó alrededor del coche hacia el lado del conductor. Hinata se inclinó para abrirle la puerta a él, y entonces él se sentó dentro. Ella se abrochó el cinturón cuando él puso la llave en el arranque y la giró, entonces levantó sus cejas cuando no pasó nada. Frunciendo el ceño, Naruto trató nuevamente, pero el motor no estaba encendiendo.
—¿Qué dem...?— presionó el embrague varias veces y trató una vez más, entonces maldijo con frustración cuando nada pasó.
Hinata mordió su labio cuando lo intentó de nuevo.
—Quizás podamos llamar un taxi.
—Estaba funcionando bien de camino aquí— murmuró Naruto, intentándolo una vez más, entonces un sonido de golpecitos en la ventana les hizo dar un salto y vieron afuera al Padre Nagato. El sacerdote estaba de pie afuera en el pavimento al lado de la puerta del conductor.
Naruto bajó la ventanilla cuando él hizo un gesto y el hombre preguntó: —¿Problemas?
—No enciende— murmuró Naruto, intentándolo de nuevo.
El Padre Nagato observó cuando giraba la llave y frunció el ceño cuando no pasó nada.
—Debe ser el arranque. Esto aún no enciende.
—No, no lo es,— agregó Naruto, recostándose en su asiento con un suspiro.
Él hombre vaciló, y entonces dijo:
—Estaba solo por recoger algunos suministros. Podría llevarle. ¿A dónde iba usted?
—Ah, que dulce, Padre, pero probablemente lo desviaríamos de su camino— dijo Hinata, entonces mencionó el área donde Kurenai vivía.
—¡Ah!— exclamó Padre Nagato, alegremente—. No está lejos de adonde me dirijo. Debe ser el destino. Venga, la tendré en su casa en un instante.
Alejándose sin esperar respuesta, caminó hacia la furgoneta con el logo del refugio en uno de los lados y Naruto la miró interrogante.
—Se hace tarde— dijo él—. Y podría llamar al garaje y hacerlos recoger el coche para que lo miren mientras que nosotros dormimos.
Suspirando, Hinata asintió y se desabrochó el cinturón de seguridad.
—Espero que no les importe, pero como estamos en el camino, pienso solo detenerme en los proveedores de la salida.
Hinata miró hacia el frente de la furgoneta ante las palabras del Padre Nagato, después afuera de las ventanas cuando él tomó la carretera. Según sus cálculos, estaban a menos de cinco minutos de la casa de Kurenai.
—Supongo que habría sido igual de rápido detenerse de regreso, pero sólo podría usar una mano para cargar los suministros y como no estarías conmigo de regreso...— le envió a Naruto una mirada que expresaba una disculpa—. No le importaría, ¿verdad? Puedo volver si usted...
—No, por supuesto que no, Padre— le aseguró Naruto—. Apreciamos que nos lleve. Nos parece justo ayudarlo con los suministros.
Hinata sonrió débilmente por las palabras corteses. Ella lo conocía lo suficientemente bien para reconocer que, mientras que él estaba en desacuerdo por el retraso, él sentía que sería rudo rehusarse a ayudar al hombre cuando los había salvado del pago de la tarifa de un taxi para ir a casa de Kurenai.
—Aquí estamos.
Hinata miró fuera de la ventana, frunciendo el ceño cuando inició un largo camino hacia una gran casa blanca. Allí no había señales que pudieran indicar que era algún tipo de negocio. Esto estaba también en medio de la nada por lo que ella podía ver cuando miró alrededor. Allí no había casas de vecinos a la vista. Hinata comenzó a sentirse de repente un poco incómoda.
—Esta es la mujer que borda nuestro logo en todas las toallas, sábanas y fundas, Hinata— le anunció el Padre Nagato al estacionarse frente a la casa—. Ella es una de mis parroquianas, una buena y dulce anciana.
—Ah— murmuró Hinata y sintió que se relajaba.
—Tarda un poco más de lo que lo haría una fábrica— siguió él alegremente cuando apagó el motor y desabrochó su cinturón de seguridad—. Pero ella es viuda y necesita el dinero, así que le traigo todas las sábanas y toallas siempre que conseguimos un nuevo lote.
—Eso es muy amable por su parte— murmuró Naruto, desabrochándose su propio cinturón de seguridad.
—En realidad, me complace tenerlos a los dos conmigo— farfulló él—. Ella trata a menudo de que me quede para el té, y tendré una excusa para no quedarme con ustedes dos delante.
Hinata murmuró educadamente y entonces desabrochó su cinturón de seguridad cuando el Padre Nagato abrió su puerta y salió.
—Parece ser un buen hombre, pero es muy hablador, ¿no?— murmuró Naruto una vez que la puerta se cerró y estuvieron solos.
—Él ha estado sufriendo de insomnio la última semana más o menos— explicó a modo de disculpa Hinata, pero no estaba del todo segura de que el hombre fuera hablador si sufría de insomnio o no. Él trabaja días, ella trabaja noches. Ella, en realidad, apenas lo conocía.
—Bien, cuanto más pronto agarremos aquellas hojas, más pronto llegaremos a casa— dijo Naruto, alcanzando el picaporte, entonces pausó y preguntó—. ¿Cuánta luz del sol me puede tocar en esta etapa del juego?
Hinata miró hacia el horizonte, notando que los primeros rayos del amanecer estaban arrastrándose hasta el cielo. Ella sacudió su cabeza.
—No estoy segura. Pero esto no debe tomarnos mucho tiempo sólo unos cinco o seis minutos de casa. Estarás bien.
Asintiendo, Naruto abrió la puerta y salió, entonces dejó la puerta abierta y le ofreció su mano cuando Hinata cambió de asiento y se sentó en el del copiloto y consiguió salir.
Era obvio que la dulce anciana quien borda el lino había estado esperando por ellos, la puerta ya estaba abierta y el Padre Nagato estaba entrando en la casa en el momento en que Naruto cerraba la puerta de la furgoneta. Se apresuraron por acercarse a él y los escuchó hablando cuando ellos se aproximaban, entonces se pararon y los miraron cuando ellos empezaron a caminar hacia el porche.
—Dice que está todo hecho, que las estaba empaquetando— les informó cuando llegaron a la puerta—. Fue a poner la última de ellas en la caja. Es de esta forma.
Hinata cerró la puerta del frente, así todo el calor no se escaparía, y entonces siguió al hombre por el pasillo. Al final del camino, el Padre Nagato se detuvo, abrió la puerta y la sostuvo para que ellos entraran. Hinata murmuró, —Gracias,— cuando ella siguió a Naruto dentro del oscuro cuarto, iluminado sólo por una pequeña lámpara sobre una mesa al lado de la puerta.
Ella casi pisó a Naruto cuando éste se detuvo de repente.
—Vamos— dijo el Padre Nagato y Hinata miró atrás, entonces se congeló ante la vista de un arma en sus manos. Ella lo miró inexpresivamente durante un minuto, la confusión reinando en su mente, entonces retrocedió y caminó al lado de Naruto para examinar alrededor de él. Ella no estaba sorprendida de que allí no estuviera a la vista la pequeña anciana que bordaba lino. Hinata se sorprendió cuando reconoció al hombre frente a ellos, apuntando con una segunda arma al pecho de Naruto.
Continuará...
