Mordida de amor
21: Mordisco Final
—No abras los ojos, puedes seguir débil.
Aquellas fueron las primeras palabras que escuchó Hinata. Sus ojos parpadearon preparándose para abrirse mientras recuperaba la conciencia, pero los cerró fuertemente y tomó una lenta respiración.
—¿Naruto?
—Si.
—¿Estás bien?—le preguntó Hinata, hacia donde podía deducir venía la voz. Preguntó simplemente para escuchar su voz nuevamente. No había estado lo suficientemente despierta la primera vez que habló, y no podía juzgar nada por la palabra —sí—, pero Hinata pensaba que sonaba un poco extraña.
—Sí. Supongo que estoy bien—las palabras fueron seguidas por una forzada risa. Ella suponía que el sonido provenía a través de sus dientes, así como su discurso. El hombre apretaba sus dientes, diciéndole que el dolor era horrible.
Ella giró su cabeza hacia la izquierda, abrió sus ojos y se encontró afuera en un patio soleado. No había señales del Padre Nagato o Yahiko, y Hinata estaba segura que, de hecho, ella y Naruto estaban solos en el soleado porche.
Cuando giró su cabeza un poco más, Hinata pudo observar que estaba sentada, apoyada en la puerta de cristal corrediza. Sus brazos sobre su cabeza, sus muñecas amarradas con cadenas. Estaba encadenada a la pared.
—Secuelas de la Inglaterra medieval—murmuró ella, y luego le preguntó a Naruto—. ¿También estas encadenado a la pared?
—Sí.
Hinata asintió.
—¿Qué pasó? ¿Por qué no nos matan?
—Bien, tu desmayo al ver sangre los confundió. No encajaba con la imagen de un gran vampiro malo—dijo él burlándose—. Ahora no saben qué pensar. Padre Nagato estaba en mal estado. No sabía qué hacer, pero tenía que irse y no tenía tiempo de momento para discernir, entonces decidieron encadenarnos hasta que se ocuparan de la situación de emergencia en el refugio.
—Significa que no creen que seamos vampiros y ¿se marcharon dejándote herido y sangrante?—preguntó Hinata con asombro.
—Sí, buena esta la cosa—dijo Naruto, y ahora era positivo que él le hablará a Hinata apretando los dientes—. El Padre se apresuró a ayudarme después de tu desmayo. Abrió mi camisa y comenzó a limpiar la sangre, entonces él y Yahiko discutieron si llamar o no a una ambulancia. Padre Nagato estaba insistiendo en que debían hacerlo, pienso que después de todo él estaba cayendo en la historia. Yahiko no quería hacerlo; tenía miedo de ir a la cárcel por dispararme. El Padre Nagato finalmente lo convenció de llamar, entonces regresaron a curarme nuevamente y notaron que la herida era pequeña. Él le dijo a Yahiko que colgara.
—Oh, querido—murmuró Hinata.
—Sí—acordó Naruto con un cansado suspiro—. Él estaba molesto porque la bala de plata no me mató... sobre eso, la bala estaba saliendo mientras discutían. ¿Cómo es...?
—Los nanos pueden considerarlo un cuerpo extraño y trabajar en expulsarlo.
—Increíble—suspiró.
—No realmente, naturalmente el cuerpo hace lo mismo con astillas y tales—ella observó nuevamente las cadenas—. ¿Planean cuidarnos cuando regrese el Padre Nagato?
—Sí—él sonrió sin aliento—. Las buenas noticias son que el Padre Nagato mencionó que trajo una madera y Yahiko está fabricando una estaca mientras hablamos, así que no habrá espera. Podemos ser estacados si al final así lo deciden.
—Maldición—sopló Hinata.
—Exactamente mis sentimientos—agregó Naruto. Calló, y ella pensó haber escuchado un gemido antes del silencio. Preocupada por comer, cerró sus ojos, giró su cabeza hacia la derecha, inclinándose hacia atrás, y abrió sus ojos. Hinata dejó escapar un pequeño suspiro y se encontró mirando la pared y el techo de cristal sobre ellos. Tomando otra fuerte respiración, lentamente deslizó su mirada hasta el tope de su cabeza y comenzó a ver entonces su frente, sus ojos, su nariz, su boca.
Hinata se detuvo una vez su rostro estuvo a la vista, sabiendo que si captaba una visión de una gota de sangre se desmayaría otra vez.
Ahora podía verlo, casi lamentándose de ello. Entre la herida y el sol, Naruto estaba en mal estado. Él se inclinó contra la pared como ella hizo, pero con su cabeza agachada como si la encontrara demasiado pesada. Sus ojos estaban cerrados y su rostro tan pálido que estaba gris. Se le veía casi firme ante el dolor. Naruto necesitaba desesperadamente sangre y sufría horriblemente.
Ignorante de que Hinata lo estaba observando, él tomó una lenta y profunda respiración y dijo con voz firme.
—Tal vez no. Puede que sólo jueguen conmigo y no contigo. Cuando se fue, Padre Nagato no sabía qué pensar. Ellos creen que soy un vampiro, pero no están seguros de que tú lo seas. Consideran que eres un nuevo vampiro, y esa es la razón de tu desmayo al ver sangre. El Padre mencionó que si ese fuera el caso, podrías regresar a tu estado normal si era vencido.
—Oh—Hinata sintió su corazón romperse cuando él se detenía para hablar y apretaba sus labios con dolor. Él estúpido hombre estaba tratando de ser valiente y no dejarle saber cómo estaba sufriendo.
Si hubiera sido ella, estaría gritando y brillando en el infierno. Hinata no era una fanática del dolor.
Decidiendo que tenía que conseguir sacarlo de allí, miró hacia arriba fijamente y dio un experimental tirón al agarre de las cadenas que sostenían sus brazos a la pared—. Me sorprende que Yahiko no este aquí haciendo guardia.
—Lo hizo, por un tiempo—dijo Naruto—. Se sentó aquí, sonriendo y tallando la maldita estaca sobre una media hora, pero entonces algo lo asustó y se fue. Pienso que está tallando su estaca afuera mientras espera a que regrese el Padre Nagato.
—¿Él tuvo algún tipo de alucinación?—preguntó Hinata.
Naruto sonrió corto y breve.
—Tal vez tenga algo que ver con mi amenaza de arrancarle el corazón y comérmelo.
—¿Qué?—Ella preguntó con una media sonrisa de incredulidad.
—Bien, estaba con dolor y enojado, pero no fue por que no llamaran a una ambulancia cuando notaron la herida encogiéndose—Naruto se excusó a sí mismo, entonces añadió—: Y el idiota estaba haciendo las más estúpidas y malditas preguntas.
—¿Cómo qué?—preguntó Hinata, con la esperanza de distraerlo del dolor.
—Preguntas como, ¿Qué le gusta hacer a una mujer vampiro? ¿Y puede un tipo mantener una erección más que un vampiro?—Naruto sacudió su cabeza con disgusto—. El tipo es un patético y desagradable perdedor. No puedo creer que lo mordieras.
Antes de que Hinata pudiera responder a eso, él preguntó:—No fue como cuando nosotros... quiero decir, no te gustó...
Él mordió sus propias palabras y cambió su posición, solo para hacer una mueca de dolor.
—No es como cuando me muerdes—dijo gentilmente Hinata, reconociendo que él estaba celoso. Ella no podía realmente culparlo. Todas sus mordeduras habían incluido, al menos, besos y mucho más; ella no estaba sorprendida de que se preguntara si la alimentación era como con ella. No estaba sorprendida de que él se preguntara si siempre la alimentación sería así para ella.
—Nunca besé a Yahiko. De hecho, besar no es usualmente parte de una alimentación para mí, Naruto. Tú eres un caso especial—le informó ella, entonces recordó que el hombre trató de besarla. Hinata simplemente no le respondió.
Encogiéndose sin darle importancia, ella continuó:—Y, como es un perdedor irritable, haberlo mordido me hizo sentir un poco menos culpable.
Naruto tomó un aliento sonriendo, entonces hizo una mueca de dolor y pausó por un minuto antes de poder decir:—Me imagino cómo sería el caso. Yo no me sentiría del todo culpable por morderlo.
—Tal vez tendrás una oportunidad—murmuró Hinata, y volteó su rostro hacia las cadenas, pensando que si podía conseguir salir, Yahiko podría ser el almuerzo de Naruto. Anémico o no, ella tenía la esperanza de que Naruto pudiera aliviar con él su incomodidad y darle un poco de fuerzas para poder escapar.
Hinata tendría entonces que llegar a casa y enviar a Kurenai y a los otros. Limpiarían la memoria de Yahiko, y entonces esperarían a que regresara el Padre Nagato y lo capturarían, también. Con la cautela que estaban teniendo, ella no sería capaz, pero los hombres no podrían reconocer a Kurenai, Fû, o su tío, y los viejos harían lo que ella no podía.
—Supongo que definitivamente estoy fuera del trabajo. Tendré que dejar de trabajar en el refugio—dijo Hinata para mantener a Naruto hablando—. Supongo que eso terminará con nuestro conflicto de horarios.
—Si. Eso es cierto—dijo Naruto con una fuerte risa, entonces rompió a toser violentamente.
—¿Estás del todo bien?—preguntó preocupada, cuando el momento pasó.
—Sí. Sólo tengo la garganta un poco reseca. Necesito un trago. Me siento seco—se quejó.
Hinata apretó su boca. Eran los nanos, ella lo sabía. Podían succionar la sangre a una velocidad increíble, y su cuerpo podía estar filtrando líquidos desde cualquier parte para producir más sangre y así apaciguarse. No se lo dijo a Naruto; en cambio, ella volteó su atención hacia las cadenas que la mantenían en la pared.
Había solamente una longitud bastante larga de cadena, observó. Desde una de sus muñecas a la otra, y había sido enroscada a la pared usando un aro. Hinata estudió la anilla con interés, notando que era una pieza de metal en forma de círculo, pero que sus extremos no estaban soldados. Si aplicaba la suficiente presión, tal vez podría abrirlos, quizás lo suficiente como para deslizar y liberar la cadena.
Sus muñecas continuarían estando encadenadas, pero ella podría ser capaz de levantarse y tal vez salir de allí.
—Entonces—dijo Naruto, llevando su mirada de vuelta a él—. Así que como en todas las películas malas de terror, aquí terminamos, un par de vampiros, estacados afuera en el sol o en el porche, como sea el caso.
Hinata rió, ella no podía evitarlo, su tono era tan sarcástico.
—Todas las malas películas—coincidió ella—. Hollywood no entiende a nuestros vampiros.
—Creo que están celosos —anunció Naruto—. Todo ese dinero y éxito, y ellos envejecen y mueren.
—Sí—agregó Hinata, pero ella no estaba divirtiéndose. Había vivido dos siglos, Naruto solo treinta y uno y él no había mordido a nadie bien, la mordió a ella, pero eso no contaba—y muriendo por ser como ella y ella nunca le había dicho que lo amaba. ¿Por qué nunca lo había dicho?.
Porque tenía miedo miedo a cometer un error, miedo a resultar herida.
Bien, hacía un par de horas ella había decidido no tener miedo nunca más, así que ya era tiempo de decirle. Era ahora o nunca.
—Naruto—le dijo tranquilamente.
—¿Sí?—sonaba tan cansado y adolorido.
—¿Recuerdas cuando me preguntaste sobre nuestra vida como compañeros?
—Sí. Dijiste que Kurenai reclamó un verdadero compañero de vida para cada uno de ustedes.
—No te dije cómo los reconoceríamos, ¿no?—dijo solemnemente. No se molestó en esperar su respuesta, pero tomó una fuerte respiración, entonces dijo—: Nosotros suponemos que los reconocemos por dos cosas: por no poder leer su mente y por no poder controlarlo. Así como yo no puedo leer tu mente ni controlarte.
—Lo sé—dijo él suavemente, dibujando su asustada mirada en su rostro. Sonrió a pesar de su dolor, y añadió—: Sai me lo dijo.
—¿Cuándo?—le preguntó ella con sorpresa.
—Anoche—admitió, entonces dijo—: me hizo sentir mejor.
—¿Lo hizo? ¿Por qué?
—Porque me hizo comprender que lo que estaba sintiendo era probablemente lo que creía.
Hinata suspiró cansadamente.
—¿Era esto lo que significaba ser, entonces?
—Hinata—él giró su cabeza lentamente hacia ella. Sus cejas se levantaron cuando vio que lo observaba, pero dijo—: No me arrepiento de nada. Incluso si muero hoy, el haberte conocido fue lo mejor que me paso.
Cuando el comenzó de nuevo, su rostro estaba blanco. Naruto sonrió y cerró sus ojos.
—Hinata, ¿has notado que cuando estas feliz, el tiempo pasa rápido, y en cambio cuando eres miserable realmente pasa lento?
—Sí.
Naruto abrió sus ojos.
—La vida podría haber sido un parpadeo contigo aunque durase un milenio o un mes. Soy feliz cuando estoy contigo.
Él le estaba diciendo que la amaba, y Hinata tomó una fuerte respiración, la mantuvo, volvió a soltarla lentamente, y dijo:—Soy feliz contigo, también. Te amo, Naruto, y aunque automáticamente no este convirtiéndote en mi compañero de vida, me gustaría que lo fueras.
Naruto tenía una aquietada expresión, entonces lentamente una sonrisa llegó a sus ojos.
—Te amo, y también me gustaría—le dijo seriamente—. He esperado treinta y un años por ti y me enamoré en pocos días—pausó, y entonces añadió con tristeza—: Y deseo poder ser tu compañero de vida. Por siempre no sería suficiente tiempo, pero no importa ya que parece que no tenemos más que unas pocas horas—Naruto sacudió su cabeza—. No puedo creer que te perderé cuando apenas te encontré.
—No me vas a perder—dijo tristemente.
—¿No hoy?—preguntó con incredibilidad.
—No—dijo ella firmemente—. Saldremos de aquí.
—¿Y cómo lo conseguiremos?
Él sonaba exhausto y gastado, y estaba empezando a parecer como un cadáver sin sangre. Hinata sabía que no podría permanecer consciente por más tiempo. Sintió el aumento de su furia, y la dejó entrar en ella, mentalmente alimentándose con la injusticia de la situación, deliberadamente construyendo sobre una ira que podría añadir a su fuerza.
¿Él había esperado treinta y un años? La pregunta sonaba a través de su cabeza. Ella había esperado doscientos años, y maldito fuera si alguien lo alejaba de ella, especialmente un sacerdote confundido y manteniendo a aquel idiota en su compañía.
Alzando la mirada, agarró unas de las cadenas sobre su muñeca, amarrándola en la pared, y dijo:—De este modo—mientras se inclinaba hacia delante, tirando de las cadenas con todas sus fuerzas.
—Somos más fuertes que ellos, Naruto—señaló, cuando ella se enderezó y examinó el aro en el cual su cadena estaba enroscada. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios cuando Hinata vio que allí ahora había una pequeña grieta que unía los dos extremos del aro. No era lo suficientemente grande para liberarla...Aunque.
—Pienso que somos más listos que ellos, también, al menos sé que somos más inteligentes que Yahiko—se inclinó hacia delante nuevamente con otro tirón, entonces enderezándose pudo observar cómo se había ampliado el aro un poco más.
—Y no permitiré que cualquiera de nosotros sea vencido por un idiota que va por ahí corriendo con un bronceado y un pepino en sus pantalones.
Hinata tiró hacia delante una vez más y el aro se amplió lo suficiente como para que la cadena se deslizara libremente y cayera de golpe sobre su cabeza.
—¿Estás bien?—preguntó Naruto. Se veía que estaba más alerta. Ella asintió y se enderezó.
La esperanza estaba despertando en él. Libre de la pared, Hinata comenzó a girarse hacia él, y se frenó, recordando que no podía mirarlo. Esto podría ser difícil.
—Esto puede ser malo—dijo Naruto, y ella sabía que él estaba observándola cuando consiguió ponerse en pie y girarse hacia él hasta quedar frente a la pared.
—¿Qué puede ser malo?—preguntó, caminando hacia el lado hasta que chocó con sus brazos y pudo ver las cadenas aguantando sus muñecas a la pared. Su cadena era más larga, permitiendo a sus manos mantenerse a su lado.
Hinata tomó el anillo de su cadena y lo examinó.
—Esto—dijo Naruto—. Ser salvado por una chica. Puede ser malo para mi ego. No se supone que los tipos sean salvados por una chica.
Hinata sonrió ligeramente, liberada por su ligero tono de voz. Era mucho más sano que la derrota anterior.
—Tu ego sobrevivirá—le aseguró—. Y tú podrás salvarnos la próxima vez si eso te hace sentir mejor.
—Caray, ¿Quieres decir que esto pasa a menudo?—preguntó, cuando ella consiguió el anillo y cerró ambas manos en su cadena.
Hinata rió entre dientes y le aseguró:—Casi nunca—después, colocando un pie en la pared, tiró con todas sus fuerzas.
—¿Qué significa casi nunca exactamente?—preguntó, sonando aburrido cuando ella pausó y examinó su trabajo—. ¿Debo estar atento a este tipo de cosas cada...digamos...cincuenta años?
—Una vez cada cien años o así—contestó ella, entonces tiró nuevamente de la cadena. La brecha se amplió un poco más.
—Además—dijo Hinata cuando ella reajustó su agarre y tiró de la cadena otra vez—. Ya me salvaste una vez, cuando fui estacada. Esta vez es mi turno.
Tiró otra vez de la cadena y tropezó retrocediendo un paso; casi perdió su equilibrio cuando la cadena quedó libre. Encogiéndose, Hinata dejó sus cadenas y apoyó su mano por un minuto en la pared. Liberar a ambos había tomado mucha de su energía, y sin tener en cuenta en el tiempo que estuvo inconsciente, y en que ellos habían sido expuestos al sol por al menos una hora según sus cálculos. Ella estaba sintiendo los efectos, también.
—¿Estás bien?—preguntó Naruto.
—Sí—dijo Hinata, tratando de concentrarse en sacarlos fuera de allí sin ver sangre en su pecho y desmayarse.
Ella oyó un traqueteo y sabía que Naruto estaba tratando de conseguir ponerse en pie. También sabía que él no podría bajo su propio empuje.
Alejándose de la pared, Hinata se arrodilló a su lado y a ciegas llegó hasta sentir el brazo de él, entonces deslizando su mano y lo ayudó a ponerse en pie.
—Vas a tener que ser mis ojos—le dijo, cuando se las arreglaron para estar de pie. Cerrando sus ojos, Hinata giró para poder tener su brazo sobre su hombro y ayudar a levantarlo.
Naruto gimió.
—Nosotros realmente tenemos que enfrentarnos a tu fobia.
—Mañana—le aseguró Hinata, y escuchó los pequeños alientos de risas escapársele a él.
—¿Qué?
—Nada—dijo, pero ella podía escuchar la sonrisa en su voz—. Sólo comienzo a creer que habrá un mañana para nosotros, después de todo.
—Oh, lo habrá. Muchos de ellos—le aseguró, y comenzó a urgirlo a moverse.
—¿La puerta está en esa dirección, correcto?
—Correcto.
Hinata supo el momento en el que el sol salió incluso antes de que Naruto lo dijera.
—Estamos en la casa. Está oscuro. Probablemente puedas abrir tus ojos.
Ella levantó su cabeza para así mirar adelante y no hacia Naruto, entonces abrió sus ojos. Estaban en el pasillo que conducía al patio. Hinata dudó, pensando en la posibilidad de dejar a Naruto allí y dirigirse a hacerse cargo de Yahiko, pero ella estaba renuente a dejarlo solo. No tenía idea de dónde estaba Yahiko y no quería dejar a Naruto mientras buscaba al hombre por la casa. Pero ella no podría arrastrarlo. Hinata suspiró, entonces se movió hacia la puerta más cercana, arrastrando a Naruto con ella. La puerta conducía hacia la cocina.
Allí no había lámparas encendidas, y las ventanas tenían cortinas, pero algunos rayos de sol estaban crispando alrededor de los bordes, haciendo que fuera lo suficientemente brillante como para ver. Ayudó a Naruto a entrar al cuarto y a sentarse en la silla de la mesa, su mirada captando la pila de correo. El sobre tenía escrito Yahiko, pero debajo decía otros nombres.
—Esta debe ser la casa de sus padres—murmuró Naruto, mirando también sobre el correo—. Debe vivir con su mamá y papá.
—Sí—acordó Hinata.
—Juzgando la pila de correo sin abrir, ellos de momento deben estar de viaje—Naruto dijo con un suspiró.
—Sí—repitió Hinata, entonces dirigió la mirada hacia la puerta de la cocina cuando escuchó el sonido de un vehículo viniendo por el camino.
—Regresó el Padre Nagato—dijo Naruto gravemente.
—Quédate aquí—Hinata giró regresando a la puerta, después fuera hacia la sala. Cuando se dirigía a la sala escuchó lo que creía ser la puerta de un coche cerrándose de golpe, entonces otro y después el distintivo sonido de la puerta de una camioneta abriéndose.
¿Él Padre Nagato trajo compañía?. Se preguntó Hinata con ansiedad.
Ella se situó en la ventana del lado de la puerta delantera y miró fijamente a través de una esquina de la cortina, lista a romper a correr hacia el cuarto más cercano en el momento que ellos se aproximaran a la casa, pero estaba segura de tener un poco de tiempo debido a que no había escuchado la puerta lateral de la camioneta cerrarse. Presumiblemente, ellos estaban sacando algo de la camioneta.
—Probablemente una espada para cortarnos la cabeza después de estacarnos—murmuró Hinata con disgusto, después calló cuando vio que Yahiko estaba parado en el patio frontal.
—Naruto, ¡está bien!—gritó hacia la sala, entonces abrió la puerta y salió hacia el porche.
—¡Hinata!—Hanabi la vio primero y llegó corriendo. Tenten, Moegi, Ino y Kurenai le seguían los pasos. Sólo Fû se quedó atrás y Hinata supo que la mujer estaba dentro de la cabeza de Yahiko, controlándolo y borrándole la mente. Aunque él la había visto con Sai y Mirai en el bar, Yahiko no había conocido al resto de la familia por lo que no había sido cuidadoso con su acercamiento, siendo vulnerable a su control.
Aunque Hinata tenía que preguntarse qué habría pensado él cuando la camioneta había llegado y un montón de mujeres habían salido.
—¿Podemos salir?— escuchó el grito de Sai desde la camioneta.
—Si—llamó Kurenai—. Fû lo tiene bajo control.
Mirai , y Sai comenzaron a salir de la camioneta.
—¡Trae cualquier sangre si tienes! Naruto esta en mal estado—gritó Hinata, entonces separándose cuando llegaron las chicas y ambas intentaron inmediatamente sostenerla.
—¿Estás bien?—preguntó Kurenai cuando subió al porche.
Hinata asintió y sonrió cuando sus primos la liberaron.
—¿Cómo nos encontraste?
—Cuando no llegaste a casa, nos preocupamos. Todavía estaba el pequeño tema de la estaca por resolver y sabía que no pensabas que fuera tu amiga Shizune, aunque ella seguía siendo sospechosa. Entonces, cuando no llegaste, llamé al refugio. Una chica llamada Kelly contestó a tu teléfono. Dijo que tú y un tipo guapo habían salido con el Padre Nagato.
Hinata asintió lentamente. La oficina que ella y Kelly compartían daba hacia el estacionamiento. La chica debió haber estado en la oficina y mirando por la ventana cuando ella y Naruto habían salido del coche y subido a la camioneta.
—No sabía qué hacer entonces, así que todos nos apilamos en la camioneta y nos dirigimos hacia el refugio—continuó Kurenai—. Tu amiga Shizune ya se iba.
Hinata sonrió. Shizune era peor que ella trabajando hasta tarde. Desde la muerte de su esposo, parecía no querer quedarse sola en la casa.
—Ya que ella estaba allí y no estaba resuelto el negocio de la estaca, leí su mente y encontré que ella sólo le había dicho a Kurenai y alguien llamada Shion que estabas en su casa esa noche, pero el Padre Nagato había estado allí cuando le había dicho a la chica.
—Así que sospechamos que el Padre Nagato era nuestro hombre—le anunció Sai, subiendo al porche con una nevera en la mano. Sangre para Naruto, supo Hinata.
—Kurenai hizo que lo trajéramos a la casa cuando salimos. Sólo por si acaso— explicó Sai, cuando la vio mirando hacia la neverita—. ¿Dónde esta Naruto?
—Al final de la sala, la puerta a la izquierda—respondió Hinata, deseando poder ir a él, pero podría ser una pérdida de tiempo. En el momento en que viera su pecho ella se desmayaría. Esto la hizo preguntar:—¿Supongo que no tienes contigo una camisa extra que pudieras prestarle a Naruto?
—Voy a averiguar algo—le dijo Sai, y se movió hacia la casa.
Hinata se giró hacia Kurenai.
—¿Fueron los de la emergencia en el refugio?
Mirai gimió.
—Sí. Sabíamos que teníamos que encontrar al Padre Nagato. Teníamos a la chica llamada Kelly, pero ella no podía decir dónde estaba, así que nosotros inventamos una emergencia para sacarlo del refugio y así nosotros poder leer su mente y saber dónde estabas.
—Y todo este tiempo nosotros pensamos que podría ser tarde— murmuró tranquilamente Ino.
—Pero no fue así—Hinata puso la mano sobre el hombro de su prima y apretó—. ¿Qué hiciste con el Padre Nagato?
—Hizashi está tratando con él—le informó Kurenai—. Él borrara su mente, entonces lo llevará de vuelta a la casa.
—Y Fû se ocupa de Yahiko—dijo Hinata, mirando hacia el patio, pero la pareja ya no estaba allí.
—Fû lo está llevando de vuelta—dijo calmadamente Kurenai—. Ella necesita estar tranquila para hacer el trabajo. Es más difícil cuando saben qué somos.
Hinata asintió.
—Ven—Kurenai urgió sus pasos hacia el porche—. Te ves pálida. Necesitas sangre. Tenemos otra neverita en la camioneta.
—No tenemos un intravenoso—le advirtió Mirai. —Pero Sai dijo que podemos cerrar tus ojos, pincharemos las bolsas con tus dientes y funcionará.
—Si—dijo Kurenai, entonces sacudió su cabeza—. Ojalá lo hubiera pensado hace años. Es más rápido que un intravenoso.
—¿Y Naruto?—preguntó Hinata, mirando hacia el oscuro pasillo detrás de ella.
—Sai se hará cargo de él—le aseguró Kurenai—. Estará pronto recuperado.
Hinata asintió y permitió que la llevara hacia el porche.
—¿Entonces?—Kurenai preguntó cuando se acercaban a la camioneta— . ¿Tú y Naruto arreglaron todo?
—Sí—murmuró Hinata y una pequeña sonrisa jugó alrededor de sus labios—. Finalmente hablamos y acordamos ser compañeros de vida.
Kurenai rió.
—Nunca hubo dudas en que fuera tu compañero de vida, cariño. Sólo tenías que entenderlo y tomarte el tiempo suficiente para comprenderlo.
FIN
