Algunas lunas habían pasado ya. Durante el tiempo en que el nuevo, "Burdock", se había integrado al grupo, no había habido ninguna otra novedad. Se disfrutaba del botín pasado antes de su llegada y con eso las cosas parecían estar en calma, a excepción de que el capitán lo obligaba a hacer labores más pesadas y que nadie quería hacer. El nuevo tenía ganarse el pan desde abajo consideraba él, además que con eso se aseguraba de tener ocupada su mente y su cuerpo por si se le ocurría planear algo.
Hoy era una noche común como todos los días. Era la hora de la cena y ya todos estaban reunidos para disfrutar de una caliente sopa para espantar el frío. El capitán estaba sentado solo en una mesa circular apartada de su tripulación esperando que le trajeran su plato. Observaba distraído su cucharón de madera hasta que siente la presencia de alguien acercándose.
- Tweek, voy a llevarle la cena a mi padre, ¿no podrías perdonarle? Lleva ahí una semana...
- Dos semanas en el calabozo, esa fue mi orden y así se quedará, Stan - musitó sin siquiera verle.
- sí, solo pensé que podrías haber cambiado de parecer. - su amigo suspiró resignado, alejándose con un plato humeante entre las manos.
El capitán vio de reojo a su amigo alejarse y de nuevo a su cuchara. Que curioso, hace días que llevaba pensando en las letras de la esclava de oro de Burdock sin tener menor idea de que podían significar, ¿Serían su nombre? ¿De la ciudad de donde viene?.. el ruido repentino de burlas lo obligaron a levantar la cabeza; Burdock estaba siendo molestado por los demás al traer una gran olla de metal sujetada por las asas con el caldo humeante que sería la cena.
- Oye, yo primero, te salvé la vida ese día, ¿Eh? - bromeó el vigía Clyde que ahora estaba sin camisa, esperando ansioso su ración sentado en una de las tantas mesas rectangurales junto a los demás.
El nuevo solo lo vio por el rabillo del ojo un instante y siguió su camino.
- ¡Oye! ¡Primero sirve aquí! ¡Tengo hambre! - se volvió a quejar a las espaldas del chico.
- No creo que esperar un poco te afecte, ¿No estas algo subido de peso? - murmuró el pelinegro haciendo estallar las fuertes risotadas entre los camaradas mientras servía tranquilamente a la otra mesa.
- grrr... - gruñó el castaño con molestia.
El capitán ahora que el nuevo estaba distraído en su labor, le veía disimuladamente; usaba un delantal sucio por el trabajo de cocina, unos pantalones cafes a la altura de las rodillas y una camisa blanca estirada con las mangas hasta la altura de los codos. Sus cabellos azabaches estaban algo brillosos por la grasa de la cocina. Era un chico guapo, bastante atractivo a su parecer; ese detalle no pasó desapercibido por Tweek que frunció el ceño; el nuevo parecía estar en mejor forma que cualquier chico ordinario de barco o esclavo, no estaba desnutrido y tenía sus dientes completos y blancos. Algo no cuadraba.
Bajo la cabeza llegando a una conclusión: Ese chico no era cualquier persona.
El ruido de algo estrellarse contra el suelo le despertó del trance en el que estaba. El vigía furioso se había levantado y había empujado al nuevo por detrás, haciéndole botar toda la olla de comida cuando iba a servir a otra mesa. Los gritos de ambos se escuchaban en todo el lugar y los hombres alentaban la discusión que no tardó en volverse una pelea entre los dos.
El capitán rodando los ojos, se abrió paso por el círculo de hombres que ya se habían levantado a arengar; llegó hasta donde los dos jóvenes se estaban agarrando a puño limpio rodando por el suelo.
- ¡ya basta ustedes dos! - gritó tratando de sonar lo más rudo y autoritario posible, por dentro estaba alterado por la inesperada situación -. ¡Si siguen peleando los arrojaré a ambos al mar!
- ¡Me empujó!
- ¡Tú fuiste quién faltó el respeto al gran vigía Clyde!
- ¡Suficiente! - desenvainó su espada y la clavo en la madera del suelo con fuerza para llamar su atención - ¡Su castigo será limpiar toda la nave después de hacer la cena que acaban de tirar! ¡Quiero que todo este limpio por la mañana! ¡¿Me escucharon?!
El rubio se dio vuelta para regresar a su mesa ante la atónita mirada de sus hombres que no tardaron en regresar a sus puestos para no hacer enfadar más a su capitán. Al quedarse solos, ambos jóvenes se vieran con molestia y luego de un intercambio de amenazas visuales, se levantaron rumbo a su labor.
- Papá, te traje la cena.
El joven azabache había descendido hasta las oscuras y sombrías mazmorras para ver a su desdichado padre tras las rejas de su celda. La luz de la luna colándose por las pequeñas ventanas de las celdas ayudaron a ubicar los lugares de las velas en las paredes. No tardó en encender un par.
- Gracias, Stan - habló el hombre sentado en una pequeña banca de madera. Su cabeza estaba apoyada sobre las rejas oxidadas dándole un aspecto melancólico.
- Intente convencer a Tweek que te perdonara el castigo, pero no me escucha.
- Déjalo Stan, es el capitán, tiene que ser rudo.
El azabache jaló una banca donde sentarse para darle la sopa a su padre por entre los espacios libres.
- Papá, ese nuevo del que te comenté... perdóname, pero le ayudaré y tal vez...
- ¡Stan! - gritó el mayor - ¡Te dije que te olvidaras de ese asunto de una maldita vez!
- ¡No! - bajó el plato hasta dejarlo en el suelo - ¡No puedo! ¡Quiero saber de dónde soy! ¡Papá, sería tan fácil si me dijeras! ¡Quiero ir a casa!
- ¡Ya basta! ¡Cállate! - tomó las rejas con los dedos - ¿Qué quieres? ¿Qué nos maten? ¡No podemos volver!
- ¡Eres un cobarde! - le gritó en el rostro - ¡Pudimos volver para hallar al culpable de quién mató a mi madre y a mi hermana, pero preferiste quedarte aquí!
- ¡Todo lo hice por ti hijo! - sus lágrimas no tardaron en aparecer por sus ojos - ¡Soy culpable y lo sé! ¡De mi boca no saldrá nada y te pido que no sigas buscando! ¡NO VOLVEREMOS JAMÁS A CASA!
El joven al sentir las lágrimas acumularse en sus ojos se las limpió con rapidez, abandonando el lugar enseguida dejando a su padre solo en medio de un amargo silencio.
- Cuando termine de limpiar, terminaré contigo Burdock.
A la luz de la luna en una fría noche, dos jóvenes limpiaban en soledad la proa del barco. Por precaución de causar otro alboroto, habían quedado por mutuo acuerdo no acerarse el uno al otro.
- Malditos mareos... estúpido Burdock... - mascullaba el castaño hundiendo su sucia mopa en el balde de aguas negras tratando de no aspirar el hedor. Aún con tanto tiempo en el barco aún resentía el movimiento del navío en su estómago.
- ¡Hagan su trabajo en silencio! - gritó Stan desde la zona alta del timón.
- grrr...
Ambos jóvenes seguían con su labor,restregaban el piso con ahinco y dedicación ya que el segundo al mando supervisaba desde lo alto. Burdock estaba enfocado en el piso, hizo una pausa para pasar el brazo sobre su frente y limpiarse el sudor, tomándose el tiempo para tomar una gran bocanada de aire para seguir, pero algo en el suelo escondido detrás de un barril le llamó la atención y arrodillándose para verlo de cerca, jaló el objeto; la extraña forma impactó por unos segundos sus ojos que veían con curiosidad el objeto por primera vez. Con paso cauteloso, se acercó por la espalda al vigía meciéndole un poco el hombro.
- ¿Ah? ¿Qué quieres ahora? - el castaño al voltear se encontró frente a un broche dorado.
- ¿Qué es esto? - preguntó el azabache sosteniendo el objeto frente y cerca a los ojos de vigía.
- Iuuugggh, debió ser de uno de esos cerdos ingleses que atacamos - con su mano bajo el objeto de su vista.
- ¿Quiénes son los ingleses?
- Son los que quitan lo divertido a nuestra libertad. - sonrío.
- ¿y por qué esto está aquí? - aunque no lo dijera, la cabeza de Burdock había tenido un extraño shock al ver eso, parecía querer recordar algo, pero no lograba conseguirlo. La imagen del broche teniendo un timón en medio como figura central sobre unas palabras que no lograba entender y arriba del mencionado timón una pequeña corona, le resultaba familiar.
- No sé, tal vez se le cayó a uno de esos soldados. No es oro puro, así que mejor lo tiro.
El castaño camino hasta el borde del barco para lanzar la cosa al horizonte, mas una figura a lo lejos divisada por su gran visión le detuvo y corrió gritando a todo pulmón: "¡UN BARCO! ¡SE APROXIMA UN BARCO!"
Stan desde lo alto buscó el catalejo para cerciorarse de la información; en efecto, un barco un poco más pequeño que el suyo se acercaba a lo lejos. De inmediato ordenó a ambos a tocar la campana y despertar a toda la tripulación.
- Maldición, solo espero que no sea otro barco armado... - masculló el azabache viendo aproximarse a paso rápido la embarcación. Ya pronto se dio cuenta que mientras más se acercaba, el barco se hacía más grande a lo que había pensado. Era igual o más grande que el suyo.
Los minutos pasaban y el revuelo se armó entre todos los marineros que con armas en mano, habían salido a proa a enfrentar al enemigo. El barco se aproximaba a velocidad cerca a ellos, en unos minutos estaría ya pasando babor.
Las banderas blanco con rojo se dejaron ver: la bandera inglesa izaba por todos lados en ese barco.
- ¡ICEN NUESTRA BANDERA! - gritó el capitán a todo pulmón desde la zona del timón.
La bandera negra de una calavera de perfil con unos huesos cruzados abajo de ella se dejaron ver claramente al enemigo flameando en medio del silencioso océano. El barco no mostró rendición,al contrario de la advertencia, aumentaron la velocidad. La colisión de fuerzas era ya inevitable, los marinos lo sabían y ahora todos corrían por todos lados buscando las sogas y tablas para hacer el abordaje. La marea golpeó con algo de fuerza el navío, la velocidad del barco se hizo sentir en un remezón. Su velocidad disminuyó al estar cerca de seguro preparando el ataque.
- ¡Los cañones! ¡Bombas listas!
El barco había disminuido la velocidad. No podían huir, tenían que enfrentarlos.
Cuando estuvieron lado a lado, los piratas arrojaron sus ganchos y bombas con trinchetes al enemigo, mientras como aves del cielo se lanzaban desde arriba cayendo con todo su furia hacia el rival. Los cañones empezaron con lo suyo y el capitán no paraba de gritar intrucciones mientras él mismo bajaba y detenía el avance de los soldados con el alfanje de su padre que ahora empuñaba con maestría. Stan había bajado con su daga sostenida fuertemente y ahora peleaba hombro a hombro al lado de Tweek.
- ¡Usted vendrá con nosotros, Capitán Scurvy! - gritaban los soldados encerrando al rubio junto con su segundo al mando. Eran demasiados y el ataque se intensificaba cada segundo.
En un lugar muy alejado de la acción, Burdock estaba observando desde atrás de un barril que usaba para cubrirse. No tenía idea de qué pasaba o en que fuera a terminar todo, solo sabía que ellos eran el enemigo y que si se mantenía alejado de todo estaría a salvo. Escuchaba las pisadas y el acero golpear una y otra vez, cerraba los ojos esperando no ser encontrado por unos de esos soldados hasta que sintió una patada en el barril que le hizo tensarse. El barril se rompió en mil pedazos a la segunda patada que puedo sentir dejando ver a un hombre uniformado y armado apúntandole con un rifle. Al ver su cara, su miedo se manifesto en un escalofrío, tenía que luchar, tenía que hacer algo para salvar su vida. La mopa que usaba para limpiar estaba tras de sí, la toma con prisa dibujando una sonrisa socarrona en el soldado que apunta hacia el joven. El aire se detiene en los pulmones de Burdock.
El ruido de un disparo resuena.
- ¡Son demasiados, capitán!
Ambos chicos habían logrado escapar del círculo, ahora cada uno peleaba con un puñado de soldados al mismo tiempo, pero después de combatir con muchos les estaba dejando sin fuerza; un puñetazo directo en el estómago del rubio evidenció su cansancio al no poder defenderse. Cayó de rodillas abrazando con ambas manos su vientre.
- ¡Capitán! ¡NO! - El azabache se vio en aprietos al bajar inconscientemente la guardia y sentir un golpe en su nuca dejándole desmayado a merced del enemigo.
- No dañen a la tripulación... - masculló el capitán, débilmente.
- Esos sucios piratas irán a la cárcel, ahora contigo tenemos otros "asuntos" - el rubio vio extrañado al soldado con las manos en su estómago aún resentido del golpe. - De pie, vamos con el teniente.
Los soldados se diponían a llevarse al capitán, pero los gritos a los lejos de sus compañeros los alertaron de una amenaza, dejando al rubio para enfrentar a la amenaza.
- ¿Burdock? -alzó una ceja el rubio asombrado de la forma de combatir del azabache.
El pelinegro no entendía como podía pelear, hasta ahora no comprendía como manejaba tan bien el chuzo que usaba para noquear, su cuerpo parecía estar en modo automático golpeando sin parar a cuánto soldado se cruzase. De un pequeño tumulto de soldados que huyó espantado al apuntarles con su arma, descubrió al vigía tendido en el suelo, atado e inmovilizado.
- ¡Vaya! ¡No sabía que podías pelear! ¿Me echas una mano? - Burdock se apresuró a soltar el nudo del castaño que al tenerlo cerca, detuvo de hacer algún comentario gracioso al ver sangre resbalando de la cabeza de su compañero - Oye, estás sangrando de la cabeza.
Burdock detuvo sus manos que liberaban al vigía y las dirigió hacia la parte de la cabeza donde sentía el dolor que ignoró de seguro por la adrenalina.
- Tal vez la bala del soldado me causó la herida - comentó tratando de limpiar la sangre que escurría hasta su ojo izquierdo.
El castaño con dificultad aprovechó que la cuerda estaba más suelta y finalmente se desató, desenredó su pañuelo verde que llevaba en la cabeza para detener la hemorragia. Un arete de oro se dejó a la vista en su oreja izquierda.
- Esto servirá por ahora - dijo viendo su pañuelo cubriendo todo el cabello azabache, atándolo con un firme nudo.
No tuvieron más tiempo de plática, más soldados con sables en mano venían para liquidarlos. Un intercambio de miradas antes de lanzarse sobre ellos con todo el coraje y furia que podía tener un bandido protegiendo su botín.
- ¡Retroceden, capitán! - comentó Stan agitado en medio de un combate que terminó al dar una puñalada certera al corazón del soldado.
El rubio ocupado batallando arduamente con un puñado de soldados se escapó de la pelea para ver el estado de su tripulación. Había muchos heridos en el suelo, otros agonizantes y él había recibido una cortada en el brazo izquierdo que le estaba impidiendo batallar correctamente, pero no eran lo únicos, el enemigo estaba tan herido como lo estaban ellos mismos y ahora corrían de vuelta a su nave.
- ¡Stan! ¡Que sigan los cañones! - El rubio solo se había distraído un par de segundos antes de sentir un fuerte cañonazo estrellándose contra la madera de su barco generando un humo extraño. El olor era fuerte e insoportable y sentía un escozor en los ojos que le hicieron lagrimear. Su cuerpo no aguantó y cayó al suelo.
- ¿Qué.. qué es esto? - balbuceó, tosiendo de inmediato.
Nada podía ver, sus ojos ardían como nunca había sentido. Con ayuda de sus extremidades gateaba, trataba de escabullirse hasta recobrar sus cinco sentidos cuando el sonido de unas pisadas de algún lugar cerca suyo lo pusieron en alerta de inmediato. Alza el cuello para ver a su alrededor, pero se dio cuenta que había cometido un error al dejarse tan expuesto. El filo cerca de sus ojos le hizo caer en cuenta de su error.
El soldado con los ojos rojizos por el humo habló, estaba seguro que había dicho algo, pero sus oídos no escuchaban. Le vio mover de nuevo los labios acompañado de un gesto de molestia en su rostro; dedujo que tal vez quería que se ponga de pie y así lo hizo. Estaba en desventaja, no era buena idea contradecirle. Le vio hablar más, pero no entendía; el hombre tosió y luego paso a paso desaparecía la distandia entre ellos. El rubio herido de un brazo y tuerto, supo que ya no podía pelear, estaba incómodo con el humo, sus ojos picaban y su cuerpo se sentía pesado, no podía sacar su arma, así que trató de poner un gesto de seriedad; si moría lo haría como todo un líder de navío. Sus ojos verdes no temblaban al ver a su enemigo, por lo que cuando un chuzo atraveso certeramente a la altura del estómago del enemigo salpicándole sangre a su ropa, tuvo que parpadear para cerciorarse que eso había ocurrido. El cuerpo cayó inerte cerca a sus pies, mientras que el lanzador certero sacaba con cierto miedo e incomodidad su arma.
- ¿Burdock?- preguntó el rubio al no reconocer a su compañero con el pañuelo que llevaba.
El azabache no dijo nada, dejó su arma de manera intempestiva y se lanzó sobre el rubio cayendo ambos al suelo a la par que una bala cruzaba en medio del humo. Un segundo antes y les hubiera volado la cabeza.
- ¡Capitán! ¡Están escapando!
Las palabras de su segundo al mando hicieron que el azabache se aparte a un lado. Ambos se pusieron de pie rapidamente solo para ver como el barco enemigo huía en medio del humo a gran velocidad.
Los piratas sobrevivientes heridos y algunos bañados en sangre se acercaron a la orilla de babor para hacer señas obscenas al enemigo. Una victoria a medias, pero era una victoria.
En medio de tosidos y ojos picosos, el capitán se asomó al lado de Burdock para observar como el enemigo se marchaba. La luz tenue del amanecer los hizo divisar mejor la tripulación del barco contrario; muchos hombres heridos y ensangrentados veían con rabia a los sucios ladrones celebrar. En medio del todos los soldados, un hombre llamaba la atención; joven de piel oscura, corpulento y con un traje distinto a los demás; sus ojos café irradiaban odio puro hacia ellos. De seguro era el teniente que mencionaron lo soldados.
Burdock junto al Capitán Scurvy, a diferencia de los demás, tenían un gesto sereno en sus rostros. La batalla había sido casi mortal para ellos, pero ahora Tweek había corroborado sus sospechas. Veía de reojo a su derecha donde se encontraba el azabache con un gesto serio, cuando acabaran las celebraciones de la victoria él mismo pediría la pistola para matarle, era mejor acabarle antes de que su memoria regresara y estar a merced de un corsario o lo que fuera.
Burdock veía con tranquilidad el barco alejarse con un extraño sentimiento de deja vú, nunca había visto un barco inglés, pero le resultaba extrañamente familiar. Los piratas incluido el capitán se apartaron del borde para seguir con sus quehaceres, dejándole solo. Su mano se apartaba lentamente del borde aún con la mirada de rabia del hombre a muchos metros ya de distancia, cuando un ventarrón inusual removió el fuerte nudo del vigía de su cabeza haciendo volar el pañuelo al mar. Sus cabellos azabaches quedaron expuestos agitándose con la brisa, lo que le hizo girar su cuerpo para regresar con los demás. No necesitaba ser reconocido por el enemigo.
Lo que no vio Burdock fue la expresión de sorpresa y conmosión del capitán del barco enemigo.
- ¿¡Cómo se te cayó mi pañuelo!? Ah, no importa.
En medio de los canticos de los hombres, Burdock se había acercado al vigía para comentarle el incidente que pronto fue olvidado por el castaño para rodearle con su brazo por detrás de su cuello en señal de compañerismo.
- Me salvaste el pellejo y vi como salvabas la del capitán matando a un inglés. Ya eres parte de nosotros, Burdock. - el castaño sonrió mientras ajutastaba un poco el agarre para acercarle.
El azabache solo le dio una media sonrisa mientras apartaba el brazo del castaño que le respondió con un suave codazo en su brazo sin dejar de sonreír a su ahora nuevo amigo.
En medio del tumulto, el ruido de un arma cargarse interrumpió el festejo, provocando que todos se apartaran del camino al que apuntaba el arma. El capitán había sacado una pistola apuntando directamente a la cabeza de Burdock.
- ¡¿Qué hace?! - gritó Clyde que no se había apartado del lado de Burdock.
- ¿No lo ven? Tal vez es un corsario, ¡Tenemos que matarlo antes de que recupere su memoria!
El murmullo de los demás resonó de inmediato.
- ¡¿Acaso el de la mala memoria es Usted?! ¡Burdock le salvó de morir! ¡Si él no le hubiera asestado el chuzo a ese soldado ahora no tendríamos capitán! - protestó de nuevo el vigía.
De nuevo un murmullo estalló, para luego Stan salir con serenidad en medio del tumulto y ya cerca al capitán, bajar con lentitud el arma.
- Capitán, no creo que todos estén de acuerdo. Está es una democracia, así que - Stan giró para hablar a todos - ¿Quiénes están a favor de que Burdock sea ejecutado?
Una o dos manos arriba se dejaron ver.
- Dos contra todos. Esta decidido, Burdock se queda. Ahora, pasemos a votar lo segundo.
- ¿Lo segundo? - preguntó el rubio sin entender.
- Creo que tengo la solución - le sonrió el azabache girando un poco y luego de nuevo alzando la voz a los demás - El capitán desconfía y tiene razón de hacerlo, así que ¿Quiénes están favor de que Burdock pase a ser ayudante del capitán y esté siendo vigilado por él y por mí?
- ¿¡QUÉ!? - exclamó el rubio.
El voto general no se hizo esperar.
- Decidido. Burdock, a partir de cuando el sol ilumine con más claridad, tú y el capitán no deberán apartarse para así cumplir con lo decidido hoy. Ahora vayan todos a descansar, debemos arreglar el barco luego.
Y con lo último, todos se dispersaron hacia las habitaciones.
- ¡Burdock! ¡Serás ayudante del capitán! - exclamó el castaño con sincera alegría.
- ¿Y que debo hacer?
- ¡Eso no importa! ¡Tal vez llegues a ser tercero en dar las órdenes algún día! o... quién sabe, - el castaño sonrío coqueto susurrando - si se llevan bien tal vez lleguen a tener un matelotage...
- ¿Qué? - acercó el oído al no escucharle claramente.
- ¡nada! ¡nada! Hora de dormir, mejor vámonos viejo - el castaño jaló a su nuevo amigo de la mano mientras exageraba una sonrisa hacia el capitán y Stan que le regresaron una mirada de extrañeza al vigía.
Finalmente habían quedado el capitán y su amigo solos a la vez que un bello amanecer se dibujaba en el horizonte.
- ¿Por qué lo hiciste? - susurró el rubio.
- También sospecho de él, pero si le matabas en frente de todos hubieras ocasionado una revuelta que no hubieras podido manejar.
- No solo es por eso - afirmó.
su amigo suspiró dándole la razón.
- Necesito saber porque se parece tanto a mí, necesito respuestas y solo él puede dármelas. Lo siento, no podía dejar que le mates. Aún no.
El rubio le dio la espalda para ir a dormir a su habitación.
- Lo vigilaré de cerca ahora. Si veo algún tipo o cualquier señal de traición, lo mataré a él...luego a ti.
- Lo sé. - suspiró el azabache musitando un buenas noches antes de irse.
El rubio recordó algo escondido entre sus ropas y lo buscó furiosamente pensando que tal vez debido al ataque lo habría perdido. Cuando tuvo entre sus manos la esclava de Burdock se dedicó a contemplarla; presentía que la verdad saldría pronto a la luz.
- Era él, estoy seguro...- musitaba a solas en su habitación el capitán moreno que arrodillado en el suelo con los codos sobre la cama, rezaba a Dios con fervor - protégele hasta que podamos volver a vernos; protégele hasta que traiga conmigo a toda la marina real británica. Aguanta un poco más mi amigo, aguanta un poco más... Craig.
Continuará...
Una enoooorme disculpa por el error anterior :/ . Agradezco fervientemente a quién me lo hizo saber en su lindo comentario :D
