- ¡¿QUÉ TU HICISTE QUÉ?!

- ¿No que querías vivir tus aventuras sin ataduras durante toda tu vida? - contestó la mujer elegantemente vestida viendo con desprecio al hombre frente a ella -, Bueno, yo tampoco quería seguir manteniendo a un mocoso que interrumpía mi trabajo con su llanto. Era un niño raro, lo vendí al mejor postor, era lo mejor.

- Mi hijo...

El hombre abatido con la noticia ocultaba su rostro con el antebrazo para que aquella arpía no le viera llorar. Se arrepentía de no haber tomado aquella vez a su hijo consigo.

- ¿Lloras? ¿Por qué? Dijiste que no lo querías. Olvídalo. Ten- le lanzó un collar de perlas blancas que el hombre tomó con ambas manos como reflejo -. Si venías a robarme, es todo lo que tengo. Ahora vete.

- No... - el hombre desenvainó su alfanje - Esta es el último día que respiras, mujer.

Ningún grito se escuchó. El acero cortó tan rápido su garganta que las cuerdas vocales no pudieron emitir ni el último gemido lastimero de la mujer que se desvanecía al suelo. El piso se tintó con el rojo sangre, manchando las botas del pirata que salió tirando el collar en la espalda de la mujer muerta en el suelo. Nada de ella era digno de llevarse consigo.

Las labores de mantenimiento al barco habían comenzado hace un par de horas. El sol levemente opacado por las brillantes nubles blancas del cielo resplandecía como siempre alumbrando un nuevo día para los malhechores de los oceános que trapeaban y daban ruidosos martillazos para unir las tablas destrozadas por el ataque de la armada. Agradecían que el cielo este nublado, muchos aún resentían las heridas en su cuerpo que el sudor hacía arder.

El segundo al mando, "Stan Rotten" como le conocía la tripulación, supervisaba las labores con recelo y voz autoritaria para que las reparaciones se hicieran de forma precisa y con dedicación; sabía las consecuencias de cualquier hoyo mal arreglado. Con las botas rechinando en la madera, se dirigía a la habitación del capitán. Había mandado a Burdock a llamarle, sin embargo estaba demorando demasiado en regresar. Tal vez habría pasado algo, por lo que decidió ir él mismo a echar un vistazo. No tuvo que esperar mucho para que unas pisadas se dejaran escuchar: El capitán con aire de supremacía y los brazos cruzados, hacía presencia ante los marineros con un cabizbajo Burdock a cinco pasos de distancia detrás suyo con las manos atadas adelante con una cuerda. El rubio de cuando en cuando volteaba a verle malhumorado.

- Hola Stan. -Saludó el rubio al acercarse lo suficiente, sin disimular su molestia.

El azabache ni bien se cercioró que nadie estuviera cerca, se acercó al oído del capitán.

- ¿No crees que exageras con esto? - masculló al oído de su amigo.

- No confío en él, ¿Por qué lo enviaste a mi cuarto? ¡¿Y si intentaba matarme?! - masculló bajo sin poder evitar un tic en su ojo.

- Solo lo mandé a llamarte, no exageres.

El rubio frunció el ceño y luego agregó recordando algo:

- ¿Y Randy?

- Él esta bien, antes del ataque le saqué del calabozo - el pelinegro se separó para quedar frente a su amigo.

- ¿y lo volviste a encerrar? - soltó con tono amenazante.

- mmmm... - masculló el pelinegro sonriendo nervioso perdiendo todo rastro de seriedad.

- ¡GRACIAS POR SU PERDÓN, CAPITÁN! - se escuchó desde el puesto del vigía mostrando a un Randy sonriente agitando los brazos desde lo alto.

- ¡Dije dos semanas! - gritó indignado el rubio agitando los brazos con desespero.

- Perdón, yo también estaba enojado con él ayer, ¿Pero no crees que hoy debemos estar agradecidos? Nos salvamos de la muerte por muy poco. Te juro que le vigilaré, no hará más tonterías.

Randy bajó con prisa con la ayuda de una cuerda que usó para deslizarse con ayuda de sus manos, obviando el hecho que se produciría fricción, se soltó a unos pocos centímetros del suelo cayendo torpemente de espaldas. Una mueca de extrañeza apareció en los presentes que observaron la escena. Se incorporó rápidamente para hablar frente al rubio sobándose el trasero y soplándose las manos rojas.

- Señor, sé que cometí un error con las bombas que diseñé para el ataque y lo siento.

- ¡Casi destruyes mi barco! - gritó el capitán.

- lo sé, lo sé; pienso redimirme. Ahora no puedo regresar al calabozo, tengo que vigilar a Stan, permítame hacer eso.

- ¿A mí por qué? - preguntó estupefacto el mencionado.

- Stan, sé que intentas ayudar al nuevo con su memoria y eso no lo voy a permitir. Capitán, yo le vigilaré.

- ¡No! ¡Papá no puedes hacer eso!

El rubio vio al mayor y luego a Stan empezar su absurda riña. Se apresuró a tomar una decisión antes de que la discusión se saliera de control.

- ¡De acuerdo! - gritó alterado interrumpiendo la acalorada charla -. A cambio de que tu padre se quede fuera del calabozo se encargará de vigilarte para que no sigas ayudando a Burdock, así como tú te encargarás que no vuelva a poner en peligro a todos. Ahora vuelvan al trabajo.

El rubio se alejó con la seriedad pintada en su rostro con Burdock pasando entre los dos marineros siguiéndole aun cabizbajo, dejando a padre e hijo mirándose con enfado y empezando su inevitable discusión.

- Di la verdad.

El capitán se había dirigido a su nuevo asistente sin verle. No espero respuesta para seguir.

- ¿Aún no puedes recordar nada? Di la verdad, o yo mismo acabaré ahora contigo.

El azabache bajó la cabeza meditabundo. Al cabo de unos segundos, respondió muy seguro:

- Nada aún.

- ¿Y entonces como sabes pelear? ¿crees que puedes engañarme? - El rubio se giró para terminar con la distancia que los separaba dando grandes zancadas -. Puedes engañar a Stan, a Clyde, a los demás, pero no a mí - Sus ojos verdes chocaron con los azules desafiantes del azabache -. No creas que por haberme salvado te debo algo...

- Si tanto me teme, ¿Por qué no acaba conmigo? ¿acaso me teme tanto?

El rubio sacó de un rápido movimiento el alfanje aún manchado con sangre de la noche anterior, apuntando el filo a un lado del cuello del azabache. Lo haría, mejor era acabar con esto de una vez ahora que estaban solos, era la oportunidad perfecta, ¿pero por qué no podía hacerlo? Su mano apretaba el acero intercambiando miradas con el chico tan solo unos centímetros más alto que él.

- Lo haré. - dijo con convicción el de doradas hebras.

- Es tonto que intentes evitar que tu amigo me ayude. Si está tan interesado en su pasado seguirá inténtandolo.

- ¡Cállate!

- Aunque creo que es inútil, nada de lo que ha hecho funciona hasta ahora.

- ¿Qué? - el rubio bajó ligeramente su arma sorprendido de lo que decía.

Burdock no cambió su gesto sereno al dirigirse al rubio.

- No puedo irme de aquí, he sellado mi destino al asesinar a alguien inocente por Usted. Me queda claro que si abandono este barco será solo cuando su alfanje haya atravesado mi pecho.

El rubio reflexionó las palabras del pelinegro. Él tenía mucha razón.
Desvío la mirada de esos ojos azules y bajó su arma lentamente agregando con voz amenazante:

- Si osas traicionarnos...

- No lo haré. He aceptado mi destino, y aunque mis recuerdos regresen, sé que no podré salir vivo de aquí, me superan en número.

El rubio volvió a enfocarse en la mirada fría del azabache. Tenía tanta seguridad en sí mismo que le despertaba algo de envidia. Él aun luchaba por ganarse un nombre entre su tripulación y llenar el vacío tan grande que había dejado su padre.

- B-bien - tartamudeó sin querer, intimidado por sus palabras.

Burdock inclinó un poco la cabeza a un lado con curiosidad por el repentino cambio de actitud del capitán. Tweek al darse cuenta, abrió los ojos sonrojándose un poco y de inmediato le dio la espalda para que no le viera y recobrar la compostura que repentinamente había perdido.

- Sígueme, hoy te enseñaré a manejar el barco. Reemplazarás a Stan o a mí en algún momento, así que mejor p-presta atención.

Y como si huyera, el rubio salió a paso raudo, nervioso por lo que había pasado seguido de cerca por Burdock que aún no podía asimilar la escena.

Al llegar el mediodía, unas campanadas se escucharon en todo el barco parando cualquier actividad. Todos sabían que significaba: Hora de repartir el botín.
Los malhechores del océano corrieron a la parte media del barco, ansiosos por tener entre sus manos el tesoro de la noche anterior.

En medio del gran grupo de piratas que se reunían alrededor de unas cuantos cofres y telas regadas en el piso, Stan junto al capitán alentaban a que todos quedaran en silencio para proceder a repartir.

- Bien, entonces cada uno tomará una de estas finas telas, señores. El capitán como saben tomará una gran parte por ser...

- ¿Pero no fue Burdock quién nos salvo? - se escuchó en medio del gentío.

Y los murmullos empezaron. Tweek incómodo calló a todos con voz feroz.

- ¡Silencio! ¡YO SOY SU CAPITÁN Y SE HARÁ LO QUE YO DIGA!

- ¡Burdock nos salvó! - protestaron varios a la vez - ¡Es justo que tenga la mayor parte!

- ¡silencio! ¡yo soy el capitán! - vocifereaba el rubio a cuanta voz trataba de contradecirle.

Los murmullos se volvieron voces fuertes: ¡Todos sabemos que Stan es mejor capitán que tú! ¡si no fuera por Burdock todos estaríamos muertos!

Y más voces se dejaron escuchar. Tweek con la cabeza ligeramente inclinada, pasaba saliva tratando de mantener sus nervios en control.

- ¡es suficiente! - Calló Stan alzando las manos- ¡Deben respeto al capitán...!

El rubio a su lado, que había permanecido escuchando todo en silencio, ahora le fulminaba con la mirada. Stan calló de inmediato. El capitán golpeó con su bota sobre el suelo para llamar la atención.

- ¡YO SOY EL CAPITÁN DE ESTE BARCO! ¡CUALQUIERA QUE ESTE CONTRA MÍ CAMINARÁ POR LA TABLA PARA SER COMIDA DE TIBURONES!- gritó a los hombres y luego de eso, empujó a Stan bruscamente para que se apartara de su camino con rumbo desconocido.

La muchedumbre había enmudecido y fue cuando Stan habló a todos de nuevo, indicándoles que podían tomar las cosas según como él había ordenado.

Poco a poco, todos los piratas se acercaron a tomar su botín en silencio. Cuando Stan pudo, se acercó disimuladamente a Burdock y susurró a su oído:

- Quédate a que revisar que no tomen más de lo que deben. Ahora vuelvo.

El azabache salió con cuidado de no ser visto sabiendo bien dónde había ido el capitán. Sus botas lo guiaron hasta la puerta de madera de la habitación de su amigo. No tenía que ser una de esas brujas marinas para saber que estaba trancada desde dentro. Llamó suavemente a lo que recibió una contundente respuesta.

- ¡Fuera de aquí! ¡Déjame solo! - gritó enérgicamente desde dentro el capitán.

- Tienes que calmarte. - pronunció con voz tranquila.

- ¡Soy una verguenza! ¡Mi padre nunca debió nombrarme como su sucesor! ¡aahh!- desde dentro se escuchaban sus alteradas pisadas.

- Estoy seguro que no es así. Vamos, ábrame y conversemos.

Hubo un silencio breve antes de que la puerta de madera se abriera. Stan ingresó y vio el desastre que había hecho su amigo. El loro en su jaula se mantenía en silencio aún ante el desastre y los gritos.

- ¡Aaahh! ¡no puedo! ¡no puedo ser un buen capitán! ¡aaah! ¡es demasiada presión! - el rubio daba vueltas en círculos jalándose el cabello.

- Si sigues diciendo eso, estoy seguro que el capitán estaría avergonzado de ti. - Comentó duramente, cerrando la puerta con seguro.

- ¡ya cállate! ¡Agh! ¡Todos te quieren a ti como capitán! -El rubio paro de repente y con lágrimas en los ojos, vio directo a los ojos azules del otro - ¿Por qué soy tan débil? ¿Por qué no puedo ser como mi padre?

Burdock había huído del tumulto (y de su nuevo "amigo" Clyde), para acercarse a la habitación del capitán. La mirada destrozada y acongojada del rubio no habían pasado desapercibidas para él y encendió aún más la curiosidad del azabache que había despertado con el fugaz encuentro hacía poco tiempo con su superior.

Cerciorándose de que todos se hayan ido a comer, se paró frente a la puerta con intenciones de tocarla. Sabía que todo esto era por él y se sentía algo culpable, por lo que pensaba disculparse. Su mano en puño se detuvo al escuchar voces desde dentro.

- No puedes ser como él, tienes que ganarte el respeto a tu manera. - El azabache anduvo en silencio hasta la cama del rubio y se sentó en la orilla con las piernas abiertas - Si sirve de algo, yo creo que estas haciendo un buen trabajo - comentó sereno.

- ¡Ah! Yo... ¡No quiero defraudarlo! No quiero... - se acercó al lado de su amigo tirando la cabeza hacia atrás temblando nervioso - Yo... ¡agh! Lamento haberte culpado de todo. Trataré de esforzarme, no puedo rendirme, se lo debo a mi padre - sus ojos verdes buscaron los de su amigo que le veía con una sonrisa amable.

- Estoy seguro que él está muy orgulloso de ti, Tweek.

Burdock, que desde afuera escuchaba toda la conversación con atención, retrocedió asustado algunos pasos al escuchar la última palabra; en su mente, imágenes, voces, sombras, se hacían presentes de forma abrupta, mareándole. La voz de una sombra que apareció en un recuerdo resonó con fuerza en sus oídos.

- Sé que mi hijo esta vivo,por favor, encuéntralo. "Tweek" era el nombre que su madre escogió para nuestro pequeño. Él esta vivo, sé que lo está. Te lo ruego, tráelo de vuelta con su padre, tráelo de vuelta a casa.

La herida en su cabeza de la lucha anterior punzó al colocar su mano fuertemente sobre ella al querer parar el torbellino de memorias. El recuerdo había sido tan repentino y abrupto que le punzaba la cabeza sin parar. De pronto, todo el barco lo sentía meciéndose con violencia debajo de sus pies.

La puerta de madera se abrió en ese instante frente a él. Las figuras de los dos chicos fue lo último que vio antes de caer desmayado.

Una suave sensación en la espalda, un olor agradable de sopa caliente que llegaba a su nariz, recibieron a Burdock que abría los ojos suavemente en medio de la habitación del capitán. La luz suave de una vela sobre un mueble de madera a su lado iluminaba tenuemente la habitación.

- ya despertaste.

La voz que pudo identificar como la de Stan le hizo girar la cabeza al lado izquierdo suyo. El chico tenía un gesto extraño y aburrido, después de todo, había estado observándole un buen rato.

De pronto, el recuerdo de la tarde vino de nuevo a él y se sentó rapidamente en la cama para buscar respuestas.

- ¡¿Tueic?! - balbuceó atropelladamente tomándole de los brazos para que no huyera.

- ¡¿QUÉ?! ¡SSHH! ¡Que no te escuche! - Stan se puso pálido de inmediato y liberándose del agarre, colocó ambas manos sobre su boca.

- ¡AAAAck! ¡Tweek! - canturreó el loro en su jaula.

- ¡SHH! ¡No repitas eso, Jack! - apuntó al ave que inclinó su cabecita a un lado sin comprender. Stan regresó su atención a Burdock - ¡¿De dónde oíste eso?! ¡No vuelvas a mencionarlo nunca! ¿Oíste? - su rostro se coloreó de rojo y su pulso se aceleró. Si su amigo se enteraba, lo colgaría del mastil o peor.

- Lo oí en la tarde - mencionó, haciéndose para atrás y liberarse. Se tocó suavemente el área de la cabeza dónde no tenía dolor -. Pude recordar algo y fue por ese nombre, ¿Es ese el verdadero...?

Los ojos de Stan brillaron y lo tomaron de los hombros con fuerza, no dejándole finiquitar su pregunta.

- ¡¿Recordaste de dónde vienes?! - su sonrisa se ensanchaba más y más- ¡Tienes que decírmelo! ¡Oh, pero que no lo sepa el...!

- ¿No se entere quién? - murmuró el capitán entrando al cuarto con algunas mantas consigo entre sus brazos.

Ambos chicos sintieron resonar el latido de sus corazones en los oídos ante la abrupta entrada del rubio.

- ¿De qué hablaban? - Preguntó el recién llegado acomodando las mantas en el suelo no tan alejadas de la puerta - ¿Interrumpí algo? - observó con escrutinió a ambos sin dejar su labor.

El teniente miraba a todos lados y a la nada a la vez con el nerviosismo dibujado en su rostro. Suerte que estuviera a espaldas del capitán. Tomando con cautela el asunto, se tomó el puente la nariz tratando de idear un rápido plan. Cuando hubo pensado en algo, habló viendo seriamente a Burdock a los ojos, tratando de que comprendiera lo que iba a hacer.

- Oh, de acuerdo - pronunció con voz resignada- solo que no quería que te enteraras que mi padre al querer ayudar hoy en la cocina quemó ligeramente la sopa.

- ¡Stan! - protestó el rubio - ¡Te dije que lo vigilaras!

- Lo sé. Lo siento. - Sin apartar su mirada del otro azabache, movió sus labios solo para que el otro comprendiera:

"Mantén los ojos abiertos"

Dando media vuelta, se acercó al rubio.

- Yo tomaré tu turno, estás cansado y yo tengo dos ojos a diferencia de ti. Puedes enseñarle otro día sobre la guardia.

- Mmmm... - masculló su amigo, observando a Burdock que inclinó su cabeza hacia abajo - De acuerdo, solo por lo que pasó hoy. - murmuró lo último.

- Bien. Descansen. - Y salió sin decir más. Esperaba que Burdock hiciera lo que le había encomendado. Esta era la oportunidad perfecta.

Los serenos ojos azules retaban silenciosamente a los ojos verdes del capitán en medio de la habitación iluminada por una débil vela que luchaba por no extinguirse. Burdock había abandonado la caliente cama para ubicarse en las mantas del suelo, mas esa no era la razón del por qué no podía dormir; iba a cumplir lo dicho por Stan, por lo que, cubierto hasta el cuello, luchaba contra el sueño con los ojos muy abiertos.

- ¡¿Qué pasa?! ¡¿quieres asesinarme, eh?! - se quejaba el capitán cubierto también hasta el cuello.

- No puedo dormir.

- mmm... - el rubio se abrigó más entre las sábanas, perdiendo contacto visual.

Hubo un corto silencio.

- ¿Por qué me salvaste?

Burdock había vuelto a centrarse en la figura del capitán.

- ¿Por qué? Desde que llegaste te mostré rencor, ¿Por qué salvar a alguien que te odia? - lo único descubierto entre las sábanas eran los ojos verdes del capitán.

El azabache no cambió su expresión. Acomodándose para quedar de espaldas contra el suelo, sus manos salieron de entre las cobijas para quedar debajo de su nuca.

- Me salvó. Yo lo salvé. Estamos a mano. - Un bostezo salió sin querer del azabache, que cerró los ojos.

- Ngh... - se quejó bajito el más joven, desesperándole el poco hablar de su nuevo compañero de cuarto. Quiso preguntar más, pero Burdock parecía estar cediendo al sueño.

Espero unos minutos, y al escuchar las suaves respiraciones de su asistente, supo que por fin podría dormir. Sopló finalmente la vela, no sin antes ajustar su alfanje escondido entre sus sábanas, antes de caer totalmente rendido a los brazos de Morfeo.

En medio de la oscuridad, Burdock abrió los ojos. No sabría cuánto tendría que esperar o que hora eran, solo sabía que tenía que esperar una señal. El pequeño espacio entre la puerta y el suelo dejaba ver la luz de la luna que Burdock usaba para no dormirse. En medio de la noche, una sombra apareció opacando la luz. Esa era su señal.

Con cautela, movió sus pies y cuerpo por entre la penumbra, tanteando con la mano la puerta de madera para abrirla. Que curioso, su cuerpo parecía casi entrenado para escapar como un vil ladrón. Abrió la puerta, encontrándose con la mirada penetrante de Stan, que, con un dedo entre sus labios, le dio una seña de que le siguiera.

Stan cerró rapidamente la puerta, generando el menor ruido posible, no quería alertar a nadie ni a los marineros que hacían guardia con él. Buscó una vela del pequeño almacén de verduras(ya casi vacío), encediéndola para empezar la charla.

- ¿Entonces? ¿Recordaste algo sobre el lugar de dónde vienes? - preguntó con entusiasmo.

Burdock se inclinó hacia atrás algo incómodo.

- Cuando escuché ese nombre, "Tweek", vino una voz a mi cabeza. No sé quién era, o de donde era, solo sé que he escuchado ese nombre antes y quiero saber que relación hay entre ese nombre y el capitán, eso me ayudaría tal vez a recordar quién era.

Stan nuevamente apretó los labios como lo había hecho en la habitación del rubio, recostándose sobre la puerta de madera.

- Escucha Burdock, yo... no debería contarte esto - el azabache apretó los puños - Intentemos con algo antes, ¿Qué tal si te doy un golpe como te lo di el otro día?

- No creo que eso ayude .- Se apresuró a decir el azabache recordando el sartenazo que había recibido como "ayuda" de su igual hacía algunas lunas.

Stan quedó en silencio meditando si estaba haciendo lo correcto en contarle algo tan privado como lo que le diría. Se sentíria como un traidor en la mañana, pero si eso ayudaba a la memoria de Burdock, entonces tenía que hacerlo.

- Antes, júrame que esto no se lo dirás a nadie y mucho menos a... a Tweek. Júralo.

La cabeza de Burdock volvió a recordar las mismas palabras de la tarde.

- Lo juro. - mostró la palma de su mano derecha.

- Bien.

El teniente meció suavemente su cabeza antes de empezar.

- Tweek es el verdadero nombre del capitán pirata Benjamin Scurvy. Durante años, solo he sido yo el único conocedor de su verdadera identidad. Cuando éramos niños, Tweek y yo jugábamos juntos siempre, así que me soprendió cuando, una tarde de aquellas, me dijo que su nombre era "Tweek" y no Benjamin como lo habíamos llamado su padre y yo todo este tiempo. Nunca quiso decirme por qué utiliza ese nombre o quién se lo dio, solo sé que lo guarda celosamente a los demás. Nunca lo quiso usar en público y tampoco decírselo a su padre. Me hizo jurar, Burdock - alzó su mano derecha, imitando su accionar anterior - , que nunca revelaría a nadie ese nombre y mucho menos a su padre.

- ¿Por qué?

- No lo sé.

Ambos chicos se perdieron en sus propios pensamientos.

- A ti no te importa tu pasado, ¿Por qué el repentino interés?

- Cuando ese recuerdo vino a mí, sentí que hay algo pendiente que debo hacer. Mi pasado me importa ahora.

- Pero es posible que tú puedas preguntarle la razón - sonrió el teniente para sí mismo -. Eres su asistente, estarás cerca suyo, tal vez si te ganas su confianza...

- Eso es imposible - negó el azabache -. Me odia desde el día que llegué. Si tú siendo su amigo no quiso decírtelo, menos a mí.

Su igual se acercó colocando ambas manos sobre sus hombros observando su rostro.

- Eres tan igual a mí... Estoy seguro que vienes de donde vengo yo - apretó el agarre suavemente de sus dedos-. No odio esta vida, es solo que quiero regresar a casa, Burdock. Yo solo quiero regresar y vengar a mi madre y hermana. Necesito regresar a casa... - murmuraba con voz seca, casi suplicando -. Sé que es muy posible que te lo revele a ti, él... nunca me lo diría a mí; desde que murió el capitán nuestra relación cambió, ya no confía en mí ni en nadie, pero tú - sonrió amargamente -. Creo que tú puedes hacer que te diga la verdad. Te ayudaré, no temas.

Burdock aun no procesaba toda la información cuando una voz chillona que reconocieron ambos hizo eco en el pequeño almacén.

- ¿¡DÓNDE ESTÁ!?

El capitán había despertado.

Un chico algo subido de peso, dormitaba con la mejilla sobre un montón de papeles en la mesa de madera de su oficina. Como siempre, parecía ser una noche sin novedad hasta que la puerta de madera se abrió abruptamente, haciéndole levantar la cara con torpeza. Una excusa atropellada salió de sus labios que el recién llegado no comprendió.

- ¿Señor?

El recién despertado, al reconocer a su perturbador de sueños, enjugándose los ojos, soltó con irritación:

- Carajo Token, ¿por qué interrumpes mi guardia? Estoy muy ocupado y jodes a mitad de madrugada, ¿no podías esperar hasta mañana a dar tu reporte?

El joven de piel oscura que se había mantenido con una expresión seria, solo pronunció:

- Encontré a Craig.

Continuará...

Próximo capítulo: "Cercanía".

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