¡Hola! Una disculpa por la tardanza. Máximo faltan dos o tres capis para que termine esta historia n.n. Gracias por su apoyo.


Parte (5/?)

- ¿conoces a Burdock? - preguntó Stan al teniente.

- No debo explicaciones a un sucio pirata, ¡Llévenselo!

- ¡NO! ¡ESPERA! ¡QUIERO HACERTE UNAS PREGUNTAS! ¡NOOO!

A rastras y con violencia, Rotten fue llevado al barco de los soldados y arrojado en las mazmorras junto a otros de sus compañeros. Buscó a Tweek en medio del gentío que golpeaba y empujaba los barrotes, pero el rubio no estaba allí.

- ¡STAN! - gritaba Randy desde otra celda lejos - ¡¿Stan?!

- ¡AQUÍ! - gritó - ¡¿Dónde está el capitán?!

- ¡PARLEY! ¡PARLEY! - gritaba Clyde sin descanso.

- ¡Silencio!

Token apareció con un séquito de guardias tras de él.- Ni se les ocurra algo tan tonto como escapar. Ustedes - se dirigió a sus hombres - vigílenlos.

El moreno salió dejando a todos anonadados

- ¡NO QUIERO MORIR! ¡PARLEY! - lloriqueaba el ex-vigía.

- ¡POR FAVOR! ¡Yo soy de la ciudad! ¡Vengo de donde viene Burdock! - gritó Stan agitando los barrotes entre sus manos.

- Cállate, Stan - Se quejó Randy en la lejanía.

- ¡papá, es la única forma de salvarnos de la horca!

- Silencio, sucio pirata - un guardia golpeó el barrote de la celda de Stan con su arma -, no tienes nada que nos pruebe que eres ciudadano de algo.

- ¡Lo tengo! ¡tengo algo que lo prueba!

Randy se inquietó en su lugar.

- Entonces cuando lleguemos a tierra será mejor que lo muestres, o te asesinaré por mentir - masculló el guardia que volvió al lugar al lado de sus compañeros.

En el silencio camino a tierras inglesas, Randy temblaba encogido en su celda al no poder evitar lo que se venía.


Burdock sentado en una silla de madera, una manta verde cubriéndole la espalda del frío y una taza humeante en sus manos, se preguntaba aún que había pasado. El ataque había sido sorpresivo, rápido, nadie pudo hacer nada para detener a esos tipos y más encima ese chico oscuro no dejaba de llamarlo "Craig", cosa que le estaba hartando.

- ¿Estás mejor, Craig?

De nuevo venía con el dichoso nombrecito.

- ¿Quién eres? ¿Por qué me llamas así? Me llamo Burdock - contestó huraño enfocando sus ojos azules en él.

El moreno tomó una silla para sentarse en el lugar frente a su amigo.

- ¿Aún no me recuerdas?

- No.- Dijo enojado - ¿Dónde has llevado al capitán? ¿Dónde están los demás?

El azabache se levantó con claras inteciones de ir a buscarle, pero de inmediato Token lo tomó de los hombros regresándolo a su silla.

- Si te refieres a ese pirata rubio ya no está en mi poder, no puedo hacer nada por él. Olvídalo. Cuando lleguemos a tierra me aseguraré de que descanses. Estarás bien.

El azabache se quedó quieto y cuando creyó que la situación estaba controlada, se levantó de improviso hasta la puerta para escapar. Token se abalanzó tras él, quedando encima de su espalda sujetándole las manos con una soga.

- ¡Suéltame! - batallaba el pirata.

- ¡No estás bien, Craig! ¡Lo siento por lo que haré! - Cuando hubo sujetado sus manos por la espalda con un fuerte nudo, dio un certero golpe en la nuca del chico que quedó inconsciente de inmediato. Con pesar de haberle herido, el teniente cargó el cuerpo del chico en brazos llevándole a una cama cercana cubriéndole con la manta. Esperaba que su amigo recobrara sus recuerdos al ver a su familia. Arrastró su silla velando sus sueños hasta que el barco tocara el puerto.

Un séquito de guardias no sabía como controlar al rubio capitán que había perdido el control de sí al tratar de regresar a su barco. Estaba desnudo del torso y sus manos estaban atadas tras su espalda, sin embargo no las necesitaba, podía pelear con bien con sus piernas. A pesar de su bravura y su furia, pudo ser reducido rápidamente y encerrado en una regular celda, la diferencia era que estaba en una habitación, como si fuera un espectáculo de salón.

- ¡DÉJENME MORIR CON MI TRIPULACIÓN! - casi suplicaba con los ojos húmedos a punto de llorar.

- Silencio. - masculló el líder de la tropa.

- ¡¿A dónde me llevan?! ¡¿Por qué no estoy con los demás?!

El séquito sacó sus fusiles que le apuntaron directo a la cabeza.

- Una palabra más y olvidaré la orden del capitán Cartman. Cuando lleguemos a tierra, sabrás lo que sucederá contigo.

El rubio dubitativo siguió preguntando, mas nada salía de los duros labios cerrados de esos tipos. Aceptó en silencio calmarse con la esperanza de al tocar tierra, pudiera buscar a sus hombres y planear el escape. Se dejó caer con las piernas cruzadas por delante y la cabeza gacha, esperando. Sus ojos verdes abiertos totalmente pensaban en Burdock; era un traidor, pertenecía al grupo de su enemigo, el chico moreno que les había encerrado le conocía y ahora con eso en mente, su corazón se llenaba de odio al recordar los besos de la noche anterior. Había sido un estúpido al dejarse engañar.

El barco se mecía una y otra vez, hasta que hubo un brusco golpe que obligó a Tweek a ver por ventana de la habitación.

Habían llegado.


El hijo mayor de los Broflovski comía una manzana roja camino de vuelta a su estudio. Hacía algunas horas había salido a dar una vuelta para refrescarse, mas la fría mañana le había golpeado en la cara, por lo que había recurrido a usar una ushanka verde(regalo de su madre) para cubrirse las orejas. En su mente divagaba sobre su predicción en la anomalía de las olas, vio al horizonte en dirección al puerto, ¿Sería prudente ir luego de las noticias que decían que habían capturado una banda de piratas? Revisó sus bolsillos sin encontrar su pluma y su libreta de apuntes. Se maldijo siguiendo su camino a su estudio.

Pasaría a recoger sus cosas y otros artefactos antes de ir al puerto.

Los soldados perfectamente uniformados bajaron a los malhechores uno por uno siendo resguardados por una tropa que esperaba en puerto, bajo las órdenes del capitán Eric Cartman. Su pequeña sonrisa maligna no la podía disimular luego de que un soldado le avisara que habían capturado a un buscado pirata que tenía un jugosa recompensa: El capitán Benjamin Scurvy.

- Ni bien ese rubio esté en tierra, enciérrenlo en las celdas de mi oficina - ordenó antes de retirarse, a su armada.

Uno por uno fueron bajados del navío en medio de miradas curiosas y gritos de algunos. El capitán fue el penúltimo en bajar. Su torso desnudo tiritó en medio de la fría mañana, oponiéndose con fuerza a que lo alejaran de su barco que había sido jalado a la orilla junto al que lo había transportado. Sin mucho que pudiera hacer con las manos atadas atrás en medio de empujones, fue avanzando poco a poco a regañadientes hasta una casona grande. Sus ojos verdes veían la ciudad por primera vez; era tan diferente a lo que había conocido antes y se sentía algo asustado. El ex-pirata veía a todas partes; sus hombres iban por otra dirección a diferencia de él.

- ¿Por qué me traen aquí? - preguntó a su verdugos sin obtener respuesta.

Luego de entrar a esa casa, fue llevado escaleras abajo hacia una mazmorra dónde fue encerrado de inmediato para su molestia. Haciendo uso de su ingenio, se desató las manos en algún momento, explorando su nueva cárcel; era oscura, con pocas celdas y una ventana pequeña a sus espaldas muy arriba, que dejaba entrar el frío de esa mañana. Su celda daba a un lado de la pared, la que utilizó para recostar su espalda; observó el lugar desde allí. Se sobresaltó al ver a otros chicos sentados en silencio encerrddados en las demás celdas, pero el detalle que más le horrorizó fue ver que todos ellos eran rubios, rubios con grandes ojos verdes. Antes de siquiera procesar alguna palabra para preguntar el horror que tenía frente a él, uno de ellos comenzó a emitir ruidos y gritos:

- ¡Mierda! ¡Maricón!

Se congeló al ver que los rubios a los lados de la celda del chico grosero golpearon las barras de metal con rudeza y callaron con irritados "Shh" al chico.

- ¿Pero quiénes...?

Los otros lo vieron solo un segundo antes de hacer de cuenta como si no hubiera dicho nada. El rubio trató de articular bien sus palabras.

- ¡ngh! ¡¿Dónde estoy?! ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué...?

- Silencio, asqueroso pirata - masculló uno de ellos. Nadie dijo palabra alguna después. Horas y horas pasaron hasta anochecer, donde sintieron que alguien llegaba.

- Que buena cosecha.

La voz del capitán sobresaltó a todos poniéndose de pie a la par que Cartman veía con sumo interés al último rubio que había llegado.

- Capitán Benjamin Scurvy - sonrió posicionando las manos atrás apareciendo en su rostro una sonrisa maliciosa. Tweek se posicionó frente a él -. Tu cabeza vale más de lo que ese tipo me daría, aunque es un 50/50 de probabilidades, ¿no? - El rubio dentro dirigió una mirada seria al tipo obeso - . Te entregaré a pagar tus crímenes y tal vez mañana a esta hora, hayas sido ahorcado.

El chico chasqueó los dedos, y para extrañeza de Tweek, cada uno de los soldados sacaron uno por uno a todos los chicos, arrastrados escaleras arriba. Todos, excepto él. Cartman no apartó nunca los ojos de él. Cuando la mazmorra quedó vacía, Cartman dio órdenes nuevamente.

- No quiero que el viejo se de cuenta que obvié a uno de ellos. Golpéalo antes de que haga ruido.

Tres soldados entraron a la celda donde se encontraba y antes de que pudiese reaccionar, ya había perdido la consciencia, consecuencia de un golpe en la nuca.

Cartman sonrió complacido saliendo con todo su séquito, dejando al rubio tirado boca abajo desmayado. De la ventana, un loro bien conocido por el pirata entraba a la mazmora, viendo a su amo en el suelo. De los labios del chico, salió una voz débil llamando a su amante.

- Burdock...

El lorito pudo recordar al chico y también aquella palabra que había pronunciado una noche.

- Tweek - pronunció el pequeño animal. Empezó a dar saltitos por la celda, pasando los barrotes, diciendo aquel nombre.

Burdock (o Craig) era el último en abandonar el barco en la compañía de Token. Llevaba la manta verde a su espalda protegiéndose del frío. El chico de tez oscura dejó que Craig bajara las escaleras, murmurando a un soldado:

- Craig tiene una herida reciente en la cabeza, tal vez esa herida ha dañado su capacidad de recordar. Busca un médico, necesitamos que sea atendido lo más pronto posible al llegar a su casa.

- No hay nadie en la residencia Tucker - contestó.

- ¿Dónde está su madre?

- La hija menor de los Tucker fue a su pedida de mano, señor.

- Maldición, ¿y han mandado a decir la noticia?

- Sí, señor; el emisario ya debe estar en camino. Tardarán tal vez algunos días en regresar.

- Tal vez sea lo mejor. Me haré cargo de Craig hasta que pueda ver a un médico y examinarlo, aún se encuentra muy desorientado, no creo que su hermana y madre les haga bien verlo así.

Token vio hacia abajo. Craig se había detenido al final de la escalera, viendo con curiosidad a todas partes, como si nunca hubiera estado allí.

- ¿Craig? - pronunció Token - Iremos a ver a un doctor. Tranquilo, estarás bien.

- ¿Dónde está? - dijo sin verle.

- ¿otra vez preguntas por el pirata?

El azabache se lanzó a tomarle del traje, arrugando sus finas ropas.

- ¡¿Dónde está?! ¿Qué hiciste? ¡Tienes que llevarme con él!

El chico con tranquilidad, tomó las manos de su amigo y con rapidez, ideó una treta.

- Te llevaré con él - mintió -. Sígueme, llegaremos más rápido en la carroza que se acerca.

Burdock sin cuestionar más nada, subió con prisa a la carroza acompañado de nuevo por Token que en silencio, veía extrañado el gesto de su amigo con ese pirata, no entendía que relación había entre ellos, Craig parecía realmente ansioso de saber de él. No le dio importancia, concentrándose en el camino que los llevaba al mejor doctor que conocía.

- Maldición...

Stan había gritado, pateado y reclamado a cuanto guardia se había cruzado para que le permitieran mostrar la prueba que él no era un pirata, pero nadie había querido escucharlo siquiera.

Encerrados en grupos, muchos piratas maldecían a su suerte, a su ex-capitán, y otros rogaban clemencia.

- ¡Tranquilos! - habló Randy desde algún lugar de la mazmorra - ¡No pasé casi dos semanas en prisión para no saber que hacer en estos casos!

El grupo de piratas tenía toda la atención en el hombrecillo que parecía forzar algo en la puerta de la celda.

- Solo... un poco más... - el mayor empleaba un diminuto palo metálico con el que forzaba la bisagra. En un momento, la bisagra cedió.

- ¡Soy libre! - gritó con emoción.

- Falta la de arriba - murmuraron los hombres en la celda.

- ¡Oh claro!

Con la habilidad innata del hombre, las bisagras cedieron a su tacto, la cerradura igual, y la reja cayó al suelo.

- ¡Lo logré! - gritó antes de empezar a bailar. Los hombres en la celda celebraban con él.

Ruidos de pasos resonaron en la mazmorra. Randy y los otros jalaron de manera robótica la reja para que pareciera estar en su lugar, sudando frío al ver a los soldados entrar.

- Malditos piratas, no tendrán juicio justo. Mañana todos serán llevados a la horca y puestos en la entrada como advertencia. - los soldados se retiraron.

Cuando hubiesen sido dejados solos de nuevo, Randy les hizo un gesto obsceno. Dejando la reja en el suelo de nuevo, empleó su truco en las demás celdas para liberar a sus compañeros.


- ¿Dónde estamos?

La voz nasal de Craig se extrañó al entrar a esa casona vieja. Tenía mala pinta por afuera, lo que le preocupaba al pensar que Tweek podría estar en un sitio tan terrorífico.

Un hombre de barba blanca con nada de cabello apareció frente a ambos jóvenes antes de que terminaran su inspección.

- Doctor, él... - se apresuró a explicar Token.

- No diga más, estoy enterado de todo lo concerniente al joven Tucker.

- ¿Dónde lo ha llevado? Quiero verle de inmediato - demandó el azabache al hombre.

El tipo se apartó unos pasos haciendo una señal a dos señoritas con vestidos largos grises. De inmediato le inyectaron algo en el brazo. Para cuando Craig se dio cuenta, enfurecido y mareado, golpeó a la chica más cercana tirándola al piso. Sus oídos se apagaron, muchas figuras difusas aparecieron antes de que cerrara los ojos.


El capitán Eric Cartman se mantenía erguido disimulando su risa al imaginarse con la recompensa que tendría en sus manos ni bien entregara a ese pirata encarcelado en las mazmorras; mientras tanto, veía de rato en rato la exhaustiva inspección del comerciante Richard Tweak a la fila de jóvenes rubios. El hombre con un sonoro suspiro, dio la espalda a todos para dirigirse a hablar al castaño.

- No es ninguno de ellos. Mi hijo no está aquí.

El capitán al querer que se largara de una vez, le dio algunas palmaditas en la espalda y algunas palabras de consuelo a la vez que le conducía a la salida.

- Lamento no haber podido encontrarle, sabe que hago lo que puedo - dijo fingiendo tristeza.

- Lo sé. Oh, yo sé que está vivo, lo siento en mi corazón de padre - sus puños fueron hasta la altura del latir de su corazón, afligido y devastado por haber fallado en la búsqueda otra vez.

- Claro, claro; no pierda la fe. - giró los ojos cansado de esta escena que se había repetido durante meses.

- Antes de irme, quisiera saber de aquel joven...

- Ya apareció.

- ¿Él pudo encontrarle?

- No. Regresó sin memoria, es inútil preguntarle algo, está desorientado y perdido según me informaron.

- ... - cerró los ojos con toda su esperanza perdida.

Cartman carraspeó para llamar la atención del afligido hombre, recordándole algo importante. El hombre abrió los ojos y de inmediato buscó algo entre sus ropas.

- Casi lo olvido capitán. - sacó una bolsa de cuero marrón de entre su gabardina azul y se la entregó en los regordetes dedos del chico que acercó la bolsa; la abrió de inmediato para ver las monedas de oro relucir.

- Con esto le puedo asegurar que tengo lo necesario en la búsqueda. - La ató de inmediato en su cinturón - ¡ah! Pero debe darme una compensación por el chico que mandé, casi muere por la misión, ¿eh?

- Le daré todo lo que quiera, solo siga buscando a mi hijo - la voz quebrada era resultado de toda la tristeza que sentía.

Ambos siguieron su camino a la salida. Richard se despedía, cuando un extraño ruido de madera golpeteando alertó a todos.

- ¿Qué es eso? - preguntó Cartman. Al escuchar de nuevo el ruidito, señaló la puerta que llevaba a las mazmorras - ¡AAAh! ¡es ahí! ¡Un fantasma hijo de puta!

Un soldado abrió la puerta;un lorito verde apareció a vista de todos. Giró la cabeza a un lado antes de batir sus alitas, extenderlas y volar por la habitación. Los soldados incluidos Cartman lo persiguieron por la habitación sin parar, tropezando y cayendo sin atrapar al ave.

- ¡AAAACCK! ¡ICEN LAS VELAS! ¡CAPITÁN!

- ¡MALDICIÓN CON ESE LORO! - Cartman con sudor corriendo por su frente y arrodillado en el suelo, perdía la paciencia.

- ¡AAAACK! ¡TWEEK!

Richard que veía con extrañeza la escena desde unos pasos cerca de la puerta de salida, se sobresaltó de inmediato y caminó hasta el ave que para extrañeza de todos, quedó estático ante la cercanía del hombre.

- ¿Qué? - le dijo - ¿De dónde escuchaste eso?

El ave le quedó viendo fijamente.

- ¡Aaahh! ¡debe haberla oído de Usted! ¡Yo que sé! ¡Atrápela antes de que ensucie mi oficina! -ordenó el castaño que no quiso asustar al ave y esperó que el mayor la atrapara.

- ¡ACCK! ¡TWEEK! ¡CAPITAN!

El ave emprendió vuelo, pero esta vez, se dirigió escaleras abajo donde el rubio pirata yacía dormido. Richard estaba dispuesto a seguirle.

- Hey, ¿A dónde va? - se interpuso con nerviosismo el capitán - No hay nada abajo, solo un pirata que atrapamos esta mañana, no tiene nada que ver con...

Richard lo rodeó y casi corrió escaleras abajo.

Su corazón se detuvo al admirar al chico dormido boca abajo con la cara tocando el frío piso. Sus manos fueron a los barrotes para verle, para contemplar a quién su corazón le indicaba que era a quién buscaba por más de 16 años. Cartman y un soldado bajaron a detenerle, pero ya era tarde. Richard ordenó de inmediato que le dejarán ver al joven.

- Es un pirata buscado, ¡No se lo daré! - se cruzó de brazos.

- Le he pagado por meses para encontrar a mi hijo, ¡y me ocultó a esta chico! ¡Abra la puerta! - exigió sin poder apartar su mirada del joven.

Cartman convencido de que era imposible el milagro, abrió la puerta de mala gana. Cuando la celda quedó abierta, el hombre se lanzó a tomar al chico inconscientre sus brazos. Una rodilla fue al suelo para sostenerse y giró con lentitud el cuerpo desmayado del joven. Sus facciones, todo él le recordaba a su esposa, Helen. Con los ojos húmedos, buscó en su torso aquella marca que confirmaría sus sospechas; no pudo contener su llanto al ver el pequeño lunar alargado al lado derecho de su cintura, un lunar que tenía su hijo al momento de nacer.

- Los dioses han bendecido este día, no hay palabras para expresar mi emoción - su mano derecha apartó los mechones del rostro del ex-pirata con ternura, mientras sus lágrimas resbalaban por sus mejillas y mojaban el rostro del chico - porque he encontrado a mi hijo.

- ¡TWEEK! - gritó de nuevo el loro en la ventana.


Randy había actuado como un experto en cerrajería durante algunas horas. Había caído la noche y para esa hora, ya había desarmado todas las puertas que capturaban a los demás. Todos los malhechores se habían reunido en medio de la cárcel aprovechando que el soldado de la entrada roncaba en su sueño profundo.

- ¿Y ahora qué? - dijo algo enojado el ex-vigía en tono bajo en medio de la oscuridad.

- ¿Creen que no tengo nada para derribar las paredes? Solo miren al experto.

Para horror y vergüenza de Stan que se tocó el puente de la nariz, Randy metió la mano en su ropa interior hurgando y hurgando sin parar haciendo gestos raros, sacando un polvo gris en una bolsa de color marrón.

- Me metí una bolsa de pólvora para matarme, pero creo que no lo haré, ¿o sí? - miró la bolsa.

- ¡papá! - regañó Stan.

- Bueno, bueno, no lo hago - calmó el mayor - Todos para atrás. Stan, mántente cerca de mí.

Randy calentó la bolsa con sus manos haciendo fricción y luego arrojó la cosa a la pared, haciendo un hoyo en el muro de duro ladrillo lo suficientemente grande para que pudieran salir por ahí. Sin embargo, el ruido despertó a todos los guardias del lugar que empezaron a proferir alertas a todos los soldados de la milicia.

Los asustados ladrones peleaban por salir atropelladamente sintiendo a los soldados pisándoles los talones.

En una nublada noche, los ladrones de mar se escabullían como ratas en medio de las calles escondiéndose en la oscuridad y otros simplemente entrando a bares donde podrían pasar desapercibidos. Su fuga parecía exitosa, hasta los sonidos de disparos en medio de la mediana tranquilidad de la ciudad. Los soldados habían abierto fuego contra ellos.

Randy corría con todo lo que sus piernas daban sujetando fuerte la muñeca de Stan para que no se apartara de su lado. Iban solos, todos se habían dispersado en diferentes direcciones y ahora cada uno vería por su cuenta. Al pasar por un sitio lleno de cajas vacias amontadas, sus piernas pararon y jalaron a Stan consigo para ocultarse tras ellas. Se acuclillaron para esconderse.

- Papá...

- Calla Stan. - El adulto sacó la cabeza viendo pasar a unos 4 soldados armados.

- Sería fácil si les dijéramos que...

Randy de pronto sintió algo en su nuca. Les habían hallado.

- Salgan de una vez de ahí -ordenó el soldado de pie detrás de las cajas. Su arma estaba sobre la cabeza de Randy.

Con temor, ambos se pusieron de pie con las manos arriba.

- Date la vuelta. - ordenó el soldado. Randy le obedeció temblando de pies a cabeza, mas su gesto se suavizó al ver que solo uno de ellos había regresado.

Stan vio a su padre. Él vio a su hijo. La escena fue tan rápida y fugaz: Stan se lanzó desde abajo para que el arma no disparara a su padre y ambos salieron corriendo. Corrieron sin mirar atrás, esquivando los disparos como podían.

- ¡AAAH! ! - Randy cayó al suelo de rodillas sosteniendo su brazo derecho que comenzó a sangrar. Una bala le había rozado.

Stan se detuvó y regresó por su padre.

- ¡NO STAN! ¡VETE! ¡LÁRGATE DE AQUÍ! - Randy con su brazo bueno le apartaba.

- ¡Pero..!

- ¡VETEEEEE! - gritó Randy con los ojos rojos - ¡YO ME HARÉ CARGO DE ÉL! ¡CORRE, HIJO! ¡SÁLVATE!

Con un profundo dolor en el corazón, Stan vio por última vez los ojos de su padre que sonrió de medio lado muy confiado de lo que decía. Corrió con todo lo que daban sus piernas sintiendo los disparos tras él.

Lo que no esperó era escuchar una pequeña explosión. Cuando se dio vuelta, el camino por donde venía estaba cubierto de humo, viendo la silueta de su padre yacer.

Decidido a cumplir su promesa, y conteniendo gemidos lastimeros , corrió a algún escondite.

Kyle venía con una caja entre las manos repleta de cosas que sobresalían de ellas: telescopio de mediano tamaño, brújula, y otras cosas más. Había ido al puerto a tomar datos científicos y había demorado algo más de lo normal; tan absorto estaba en su trabajo que la oscuridad le sorprendió. De mala gana, emprendió retorno a su estudio para dejar sus cosas y descansar.

- Y ni siquiera pude ver a uno de esos piratas. - dijo al viento.

En medio de una leve neblina, siguió su camino, mas de la neblina, un cuerpo apareció en medio del camino derrumbándole, cayendo hacia atrás. Las cosas en su caja cayeron estrepitosamente.

- ¿Qué crees..? - dijo Kyle al ver al chico que le veía horrorizado arrodillado en el suelo - ¿Eh? ¿Por qué me miras así?

- ¡SE FUE POR ALLÁ!

Las voces y pasos de los soldados pusieron en alarma a Stan que rogando y juntando sus palmas, pidió suplicante.

- Por favor, ayúdame. No puedo morir, no aún. Te lo ruego; si me ayudas, haré lo que sea para compensarte. Haré lo que sea - sus ojos azules estaban acuosos de las lágrimas que querían brotar de ellos.

Kyle lo meditó un momento y al ver esos ojos azules lagrimear, tomó su decisión.
Unos soldados aparecieron en medio de la niebla, lo que hizo que Stan asustado, se colocara detrás del chico.

- Buenas noches - saludó Kyle con normalidad poniéndose de pie como si no hubiera pasado nada.

- Señor, es tarde, ¿por qué va solo?

- vengo del puerto con mi nuevo asistente - el pelirrojo hizo un gesto al chico detrás suyo para se levantara del suelo -. Se nos hizo tarde. Oye, recoge las cosas del suelo.

Stan de inmediato se acercó a regresar las cosas a la caja de cartón.

- ¿Qué ha pasado esta noche? - interrogó el astrónomo.

- Los piratas que llegaron hoy escaparon de prisión.

Kyle abrió sus enormes ojos viendo a su asistente que se rascó la nuca incómodo, para luego seguir en su trabajo.

- Entiendo. - asintió tranquilo.

- Nadie debe salir de casa hasta que los capturemos, ¿desea una escolta para llegar a su estudio?

- Sí, y un arma - dijo serio.

Dos soldados escoltaron al joven astrónomo que veía de rato en rato a su "asistente" que llevaba la caja. No parecía nervioso ni temeroso, mostraba seguridad en su andar.

Al llegar a su estudio, los soldados se despidieron y ni bien cerraron la puerta, Kyle sacó el arma apuntando la espalda del chico que avanzó hasta dejar la caja a salvo sobre una mesa.

- ¿Cuál es tu nombre? ¿eres...?

- Gracias, señor - el azabache volteó con una pequeña sonrisa -; casi me atrapan, le debo la vida. ¿Qué puedo hacer por ti para saldar mi deuda?

- ¿Ah? - el pelirrojo bajó su guardia al escuchar el buen léxico del chico - ¿Eres uno de esos piratas?

- aah.. - el azabache se rascó de nuevo la nuca - Sí, lo soy. Me llamo Stan.

- ¡ja! ¿Crees que soy tonto? Un ladrón como tú no puede ser capaz de expresarse así.

- Viví en tierra 7 años antes de ser pirata. Mi madre me enseñó y... - se entristeció de inmediato - mi padre también.

- ¿Dónde están ahora? - Kyle bajo por completo los brazos sujetando el arma con su mano derecha.

- Murieron - sus ojos lagrimeaban -. Mi madre hace mucho tiempo y mi padre esta noche. Estoy completamente solo.

Kyle se compadeció del chico.

- Le hice una promesa a mi padre, sobreviviré, y también vengaré la muerte de mi madre.

- ¿Qué? ¿Vengarte?

Stan puso su mano sobre su pecho.

- Cuando salde mi deuda contigo, podré partir a buscar a los asesinos de mi madre y hermana.

- ¿A dónde irás?

- Londres.

El pelirrojo se cruzó de brazos y pensativo, dijo:

- ¿Y cómo piensas llegar ahí?

- ¿A caballo? - dijo con obviedad.

- ¿Sin papeles? ¿Sin identidad? No es tan sencillo, tonto. - El pelirrojo dio unos pasos por su habitación ennumerando - ¿Identificación? ¿Autorización? ¿propósito? No puedes solo ir y decir que vas a vengarte, no te dejarán pasar jamás. Lo más grave es tu identificación, no será fácil para ti conseguir una.

- ¿Puedes ayudarme con eso?

- Podría. - El pelirrojo tomó un libro y pasó sus hojas rápido - Pero cuesta demasiado.

- ¡Te lo pagaré!

- Si tanto insistes - dijo con aburrimiento -, te ofrezco trabajo. Necesito un asistente y creo que podrías hacerlo bien.

- ¡Pero necesito irme de inmediato!

- Entonces vete, ve y que te encarcelen esos guardias. Te aseguro que estoy siendo compasivo, cualquier otro te disparará de inmediato.

- ... - Stan empuñó sus manos con impotencia.

- Cuando pagues tu deuda podrás irte, ¿No dijiste que querías devolverme el favor?

- ... no creí que tendría que quedarme tanto tiempo.

- Solo serán unos meses, dependiendo de cuanto te esfuerces.

Stan bajó la cabeza asintiendo suavemente.

- Bien Stan, ahora será mejor que duermas. - El pelirrojo avanzó hacia la gran ventana de su estudio donde estaba su gran telescopio.

- ¿Usted no dormirá? - preguntó extrañado.

- Claro que no. Soy astrónomo, casi nunca duermo; si lo hiciera, me perdería el espectáculo - señaló las estrellas que se veían desde su posición -. Toma mantas del armario de allí. Mañana buscaré la forma de acomodarte aquí. Es un espacio pequeño, pero tendrás que acostumbrarte.

- Sí, amo. - dijo el chico buscando las mantas.

- Con el "Usted" es suficiente. Me llamo Kyle. - El chico empezó a anotar en una libreta, dejándole de prestar atención a su nuevo invitado.

Stan se acomodó cerca de la luz del cuarto. Cerró sus ojos tratando de dormir pensando ensus padres, pidiendo que lo cuidaran de ahora en adelante donde quiera que estén.


Richard vestido con una gabardina negra y la capucha escondiendo sus cabellos, esperaba con impaciencia el carruaje. A su lado derecho, un hombre alto de cuerpo ancho cargaba a su hijo sobre el hombro aún inconsciente.

- ¿Por qué aun no despierta? ¿Qué le hizo? - reclamó al capitán Cartman a su lado izquierdo que nervioso, jugaba con sus dedos.

- ¡y yo que carajos voy a saber!

El ruido de caballos alertó a los hombres. Richard encendió una antorcha.

- Señor Tweak, es inútil; lo buscarán, buscarán hasta encontrar a ese pirata.

- Lo llevaré tan lejos que nunca nadie podrá encontrarle. Lo educaré y lo amaré, él será un joven de bien como quiso su madre.

- ¿Y su cafetería? ¿La dejará? - Cartman vio como el hombre alto entraba al carruaje acomodando al chico dentro.

- Solo era alquilada, ya ordené que cerraran. No se preocupe, he dejado todo en orden.

El hombre le dio la antorcha para entrar a su transporte, pero con un pie dentro, regresó su mirada al capitán extendiendo una bolsa de cuero.

- ¿Su silencio vale esta bolsa? - preguntó

- mmm... - acomodó su mano sobre su mentón - Tal vez dos más podrían...

El hombre de inmediato cambió la bolsa por una más grande que entregó al chico; una sonrisa apareció en su regordeta cara.

- ¡Esta bien! ¡Yo me encargo de todo aquí! Pero si hace falta más cosas...

- Solo haga desaparecer las huellas del pirata. Si le hace falta dinero, escriba y le enviaré lo que necesite. - El hombre se acomodó dentro del carruaje.

- ¡Oh, es Usted muy amable! - El chico cerró la puerta - ¡Adiós! ¡Tenga buen viaje!

El carruaje se puso en marcha desapareciendo en la penumbras.


Tricia y su madre habían recibido una carta en su habitación del hotel donde se hospedaban. Acababan de llegar hacía unas horas pasado el mediodía, cerca de la residencia del prometido de Tricia. Al anochecer se tenía programado el compromiso.

- Léelo, cariño. - Pidió su madre reposando del viaje echada sobre la cama.

Tricia leyó las letras en tinta negra y cuando leyó el contenido, lágrimas corrieron por sus mejillas corriendo la tinta del papel en sus manos. Corrió a donde estaba su madre gritando:

- ¡MI HERMANO ESTA VIVO! ¡ESTA VIVO!

La mujer se incorporó de inmediato llorando ambas abrazadas por el milagro.


Continuará...

Capítulo siguiente: Reinicio