Parte (6/?)
**Dos años después**
Clyde POVs
Hey, ¿se acuerdan de mí? ¿No? ¡Soy yo! ¡Su guapo y listo vigía! ¿Creyeron que me mataron la noche en que huímos de prisión? ¡pues no! Les contaré que pasó conmigo: Luego de nuestro escape, nos separamos cada quién por su camino, pero yo al igual que la mayoría de todos nosotros, ocultaba cosas. Verán, yo nací en Nottingham (la tierra de Robin Hood), en una familia muy pobre. Mi madre murió al darme a luz. Me acuerdo poco o nada de mi infancia, solo algunos recuerdos de correr tras las ratas de las calles a modo de diversión mientras mi hermana mayor trataba de vender flores que robábamos de los jardines de los ricos o a veces revender chucherías del mercado. Mi padre tenía un empleo peor; trabajaba en una fábrica de zapatos donde soportaba horas eternas de esclavitud laboral para poder comer. Así pasaron algunos años, hasta que mi hermana enfermó de una fiebre extraña y murió. Mi padre hundido en la tristeza y soledad al igual que yo, dejo de trabajar y hasta creo que intentó matarse una noche, sin embargo, mi atención estaba enfocada a otras cosas a mi corta edad de siete años. Andando sin rumbo y sin dinero, iba a los puertos a buscar trabajo de remero, ayudante o lo que hubiera para ganarme el pan, sin embargo la situación era tan mala como en la ciudad. Con mi estómago rogando por comida, una tarde le arrebaté a un guardia un pan, lo que resultó una mala idea. Me capturó, me dio una paliza y me encerró en una solitaria cárcel donde pude ver luego de unas horas, a un tipo sentado sobre el heno de las celdas del que no me había percatado al llegar ahí. Intenté hablarle sin recibir respuesta.
Esa noche, sus ojos se abrieron y me buscaron entre las sombras. Me preguntó directamente mi nombre y si estaba solo. Yo contesté que tenía a mi padre y le expliqué brevemente mi situación. Él escuchó atentamente cada palabra con sus ojos rojos y cansados. Al terminar, el hombre me dijo que era un pirata y que si no huía esa noche, le decapitarían en la mañana. Asustado de que mi suerte fuera la misma, le rogué ayudarme a escapar; él dijo que lo haría si yo le daba algo a cambio, esa era su ley. Sin nada en mi bolsillo, le di lo único que tenía para ofrecer: mi vida a su servicio. El hombre río y aceptó. A las pocas horas, ya me hallaba libre en medio de la oscura noche subiendo a un modesto barco junto a mi nuevo amo. Mientras nos alejábamos de la orilla, mis ojos veían con tristeza como iba dejando mi pasado y mi padre atrás.
El pirata que conocí se hacía llamar "Diente de oro", era un hombre bueno cuando cumplía sus mandados al pie de la letra, pero cuando se enfurecía, me podía dejar sin comer durante días. Así pasaron dos largos años como aprendiz, hasta que el tipo murió. Los piratas que convivían conmigo, sin rumbo y sin líder, decidieron ir a una isla llamada "Tortuga" donde irían a pensar que hacer. Al llegar, no tardaron en perderse por completo en el alcohol y mujeres, dejándome solo. Fue en esos días que un hombre de ojos azules estaba buscando algunos marineros para su barco. En medio de hombres corpulentos y altos, pedí unirme a él. El hombre alto bajo hasta mi altura y me despeinó los cabellos de modo fraterno.
- Tengo un hijo casi de tu misma edad. Si quieres unirte a mí, eres bienvenido.
Al día siguiente, partía otra vez al océano junto a otros piratas que se convertirían en mi familia. Conocí a Benjamin y a Stan, dos chiquillos que jugaban a peleas con palos de madera, y aunque fui invitado jugar con ellos muchas veces, mi mente había visto muchas cosas para entonces. Mi inocencia había muerto.
Luego de presenciar la muerte del capitán a manos de soldados ingleses, el hijo del pirata cambió para siempre; no sonreía como antes, sus ojos verdes solo mostraban rencor. Eso fue hasta la llegada de Burdock.
Muchos esa noche vieron a Burdock como traidor, yo no lo veía así; creo que si hubiera tenido la oportunidad de aceptar la ayuda de alguien como él la tuvo, no habría dudado. Hasta hoy me pregunto si en verdad fue por su decisión; no recordaba nada de su pasado, ¿habría recobrado la memoria al ver al chico ese? Yo lo dudaba mucho, habíamos sido víctimas del destino, solo eso. Al menos sé que está vivo en alguna parte. Me alegra por él, era un buen tipo, quisiera al menos verle una vez más. Su nombre me sería muy útil para escribirle que seguía vivo, como mi vida había cambiado y otras cosas, pero lamentablemente no lo sé y creo que a él tampoco le importaría. Como decía; luego de huir esa noche, me escabullí por las calles buscando los hoyos de mala muerte que conocía bien y esperé unos días escondido en las alcantarillas y bares hasta que pasara la conmoción. Por conversaciones de tipos rudos que jugaban a las cartas en las noches, supe que muchos de mis compañeros habían muerto en el tiroteo y en cuanto al capitán, decían que había sido decapitado al día siguiente por la armada y su cabeza había sido entregada en una bolsa de lona. Con el corazón destrozado y los dientes apretados, decidí largarme de Liverpool esa misma noche y buscar a mi padre en Nottingham.
Tardé algunos días y noches a caballo por las montañas para no ser detectado, hasta que llegué a mi ciudad. Sin monedas y sin saber si mi padre seguiría vivo, vendí el caballo para poder buscarle. Tarde semanas enteras recorriendo la ciudad pista tras pista que me daba la gente, hasta que pude encontrar una casita, modesta, pero era más de lo que tuve alguna vez. Toqué, y cuanta fue mi dicha al ver de nuevo a mi padre; estaba algo más viejo y encorvado, sus cabellos castaños con blanco, sus ojos cansados y su rostro arrugado que dibujó una sonrisa al estrecharme en un abrazo.
Lloramos por muchas horas dentro de la casita que mi padre había construido con su esfuerzo durante los años que me fui. Luego de relatarle mi historia de malhechor de los mares y de mi huída, me ofreció pan fresco con una taza de té mientras se sentaba conmigo a comer.
- Encontré un mejor trabajo y pude hacer esta casa. Si tan solo la hubieran podido ver tu hermana y tu madre...
- papá, esta bien - sonreí- ahora estoy aquí, no estarás más solo.
- ¿no te irás?
- No - respondí convencido de mis palabras -. A partir de mañana también buscaré un empleo y ayudaré con los gastos, ¡lo prometo!
Mi padre sonrió bebiendo su té.
Y así lo hice; al día siguiente busqué empleo y aunque el trabajo era duro, acepté sin quejas. A partir de ese punto, me dediqué a hacer de todo; barrendero, camarero, lavandero, cochero, y muchas otras cosas más. Mi vida se volvió simple, muy normal y tranquila.
Al pasar el primer año, mi padre en la cena de navidad, me comentó que quería abrir una pequeña tienda de zapatos, y que ahorraría para hacer su sueño realidad. Yo me ofrecí de inmediato y juntos prometimos darlo todo por ello.
Con más trabajo a cuestas y una sonrisa inquebrantable, a mitad del segundo año ya habíamos ahorrado lo suficiente para abrir un pequeño local al lado de nuestra casa. Le pusimos nuestro apellido y pronto de volvió una tienda bastante próspera.
Medio año hasta hoy, nuestro negocio sigue creciendo, lo que nos da algo de tranquilidad de seguir viviendo una vida tranquila, paralelamente a mis otros trabajos que no abandoné. Mi padre no estaba de acuerdo en que siga trabajando extra en otras cosas, pero era mi decisión y él la respetaba de cierta forma. Hoy me he levantado luego de trabajar ayer como camarero en un bar; resiento algo el frío de esta mañana nublada acobijándome más entre las sábanas.
- Clyde, te he preparado el desayuno - mi padre dejaba una bandeja de plata en mi mueble al lado de mi cama y un beso en mi coronilla antes de partir.
- mmmm... hola - me doy la vuelta algo soñoliento.
- ¿por qué llegaste tan tarde ayer?
- perdona, unos chicos me hablaron de un trabajo para un baile.
- ¿baile? - se rascó la nuca confundido.
- ¡¿no oíste las noticias, papá?! - me levanté tirando mis sábanas al suelo, corriendo para traer el periódico de ayer. Se lo mostré señalando la noticia - ¡El príncipe Stotch se compromete! ¡Celebrarán la boda en Londres con una mascarada y necesitan camareros!
Mi padre asintió suavemente leyendo en silencio. Yo proseguí: - ¡Es un excelente trabajo! Pagaran mucho más de lo que nunca he ganado. Acepté de inmediato en cuanto me lo ofrecieron, ¡me llevarán gratis!
- Eso es bueno, hijo. - Mi padre me revolvió los cabellos y aunque su boca tembló para articular seguro algo que me hiciera desistir, al final no lo hizo - Es hora, debo abrir la tienda. - se levantó con intenciones de irse.
- Iré luego de ultimar detalles, tengo que ver el día y que usaré.
Me levanté con mucha energía esa mañana atravesando las calles con una sonrisa. Era feliz.
Fin Clyde's POV
Mientras tanto...
Dos chicos se batían en un duelo con dos palos de madera. El sudor caía al brillante césped verde que se iluminaba por el ferviente sol. Laura apareció en el esplendoro jardín con una bandeja y dos vasos de hielo que ubicó en una mesita de madera.
- ¡Craig! - llamó la mujer.
El nombrado se separó de su amigo y le hizo un ademán de que le siguiera.
- ¿Mamá? - su voz sonaba entrecortada debido al esfuerzo. Ni bien pudo acercarse lo suficiente, tomó el vaso y le dio un sorbo. Espero que ella pudiera decirle la razón de su presencia en su entrenamiento.
- ¿Le contestaste a tu prima? - preguntó la mujer con tono de regaño.
Craig rechistó y vio a otro lado con una mueca.
- ¿prima? - preguntó Token tomando su respectiva bebida sin beberla - ¿Se refiere a Red?
- Ella - indicó Laura -. Nos invitó a la mascarada que se realizará en Londres en unos días. Craig, respóndele a tu prima que espera tu respuesta.
- No. - contestó desinteresado - Ella lo que quiere es que en esa fiesta me comprometa con ella y no pienso hacer eso.
- Craig, ya hablamos de esto. Estás en edad casadera, Red es un excelente partido para ti.
El azabache se dio la vuelta con claras intenciones de no seguir escuchándola. La mujer estaba ya tras él, pero Token se interpuso y con voz baja y conciliadora, le pidió dejarles a solas. Laura aceptó consciente de que su hijo no hablaría con ella, por lo que se retiro para dejar a ambos conversar. El de piel oscura se acercó a su amigo que observaba las flores alrededor en medio del bello jardín.
- Amigo, no eres de dejar a tu madre hablar sola.
- Quiere casarme con Red, me lo dijo ayer - su voz sonaba resentida.
- ¿y qué opinas de ella?
- ¿tú también? - contestó malhumorado tomando de su bebida.
- No, solo intento averiguar tu molestia. Puedes hablar conmigo.
- No me interesa mi prima - contestó con molestia.
- Eso se ve - río para sus adentros y de soslayo, observó la expresión melancólica de su amigo, recordando algo sobre esa mirada.
- ¿piensas en él, cierto?
La sorpresiva pregunta descolocó a Craig que bajó su bebida de inmediato evitando su mirada. - No sé de que hablas.
Token le regresó una mirada cargada de tristeza.
- Te ves meláncolico cuando menciono lo de tu accidente, y te he visto; miras el mar como si esperaras algo que venga por ti.
- Él murió - el brillo en sus ojos se apagó y apretó el vaso en su mano -. Murió por culpa mía.
El chico a su lado de inmediato corrigió: - Lo lamento, no pude hacer nada. Lo siento.
Craig incómodo y con esa sensación de vacío y dolor latente en su corazón, se retiró en silencio hacia su mansión siendo seguido por su amigo. Token no agregó nada en el camino, le siguió en silencio hasta la sala principal donde Craig le dijo en un suspiro que no quería seguir con el entrenamiento por hoy, cosa que entendió y no cuestionó, no sin antes dejar un comentario en el aire:
- Craig, es mejor dejar que el viento se lleve el pasado, es cuando la neblina se disipa y vemos lo que nos depara el camino frente a nosotros.
Con eso último, se retiró dejándole solo.
El primogénito de los Tucker no había despegado sus ojos del gran cuadro en óleo de su familia desde que había entrado a su mansión; cuando su padre vivía, cuando todo no tenía que ser tan complicado y podía reír y jugar con Tricia como hacía en la foto. Recordaba su propia sonrisa, aquella que hace mucho tiempo no esbozaba con espontaneidad; habían sido años tranquilos, pero confusos para él, su memoria no había quedado del todo bien y sentía que había cosas que él mismo ignoraba de su pasado. Lo recordaba, recordaba sus aventuras con aquel pirata rubio con el que se dio un último adiós una noche antes de lo que ocurrió, recordaba sus labios sobre los suyos, recordaba su calor entre sus brazos, recordaba todo, excepto algo, algo que cada noche trataba de recordar y que su mente se empeñaba en no revelar, como si lo hubiera bloqueado adrede para que el dolor de la noticia de su muerte sea más llevadero. Su mente recordaba una y otra vez a aquel rubio moviendo sus labios diciéndole algo que no lograba descifrar.
¿Qué era aquello que había olvidado?
-Durham, Inglaterra-
El gran estudio del gran astrónomo Kyle lucía pulcro y en orden, o eso era lo que apreciaba Stan. Se limpió la frente orgulloso de su trabajo, para luego bajar de inmediato a poner el té y servir el pan en la mesa de la cocina. Kyle apareció poco después, soñoliento, con una camisa a medio abotonar y ropa interior. Stan lo vio de reojo y no pudo evitar sonrojarse, pero tenía que guardar la compostura, solo eran amigos, no debía ni tenía porqué pensar en cosas obscenas.
- Buenos días... - saludó peresozo el pelirrojo sentándose en la mesa y tomando un pan.
- Lamento haberme levantado tarde. - se disculpó el azabache mezclando huevos en un tazón.
- No importa, yo habría preparado el desayuno, no eres mi esclavo - bromeó.
- Eso es cierto, pero me gusta ayudarte amigo.
El pelirrojo sonrió y agregó animado:
- ¿Irás a la armería?
- Sí, estoy por terminar mi primera espada, ¡Tendrías que haberla visto!
- ajá... - el pelirrojo abrió su pan para meterle mermelada.
- ¿Y tú? ¿Irás a entregar tu informe?
- Sí, es divertido enseñar en la universidad y ver como aprecian lo que hago.
Ambos chicos intercambiaron sonrisas y se dispusieron a comer. No tardó mucho en sonar la puerta.
- ¿Eh? ¿Quién será? Es temprano - el azabache al ser el que mejor lucía, fue el primero en recibir a quién sea que estuviera trás la puerta.
Kyle esperó a su amigo para continuar, lo que no fue mucho tiempo porque Stan regresó con un papel en sus manos y un gesto de seriedad, como casi nunca el judío veía en él.
- ¿Quién era?
-... - el azabache no respondió y tampoco dirigió ninguna mirada a Kyle, le extendió el papel y se quedó esperando a que él leyera lo que decía.
Kyle leyó; Era una invitación del prínicipe Stotch... una fiesta de máscaras que se realizaría en aquella ciudad que no e gustaba mencionar, aquella ciudad que prometió nunca visitar: Londres.
Las maletas resbalaron de su manos casi de inmediato al llegar al gran salón de lo que sería su nuevo hogar a partir de ese día. Sus ojos verdes exploraron con admiración el lugar fijándose en las esculturas ocultas detrás de manteles blancos llenos de polvo debido a la larga ausencia que él y su padre habían tenido en esa casa. SU casa. Su hogar. El reinicio de su vida como hijo de su padre.
- ¿Listo para tu nueva vida, hijo? - aventuró a decir con alegría Richard al ver a su hijo tan ensimismado en reconocer cada objeto de la sala de estar como si fuera un niño pequeño.
- Sí - respondió -. Estoy listo, papá. - Le devolvió una hermosa sonrisa que hizo regocijar el corazón del adulto. El rubio vestido con un elegante chaleco color marrón de seis botones dorados delante, camisa manga corta, pantalones color negro, zapatos del mismo color, y una coleta ajustada con un listón negro que controlaba sus mechones rebeldes no demoró y subió con alegría las escaleras en busca de su habitación llevando sus maletas consigo.
El adulto le vio desaparecer por los escalones, y al hallarse solo, sacó de su bolsillo una carta; la había encontrado por debajo de la puerta y la había ocultado ante la vista de su hijo; era la invitación al compromiso del príncipe Stoch con una mascarada. Al tenerla en sus manos, se apresuró en hacerla trizas . Él no iría, no se presentaría con Tweek, él aún no estaba listo, sería demasiada presión ponerle en una reunión tan formal con gente extraña, no quería hacer sufrir a su hijo de forma innecesaria si él podía evitarlo. Tomó aire al ver los pedazos de papel, y se dispuso a incinerarlos en la estufa de la cocina, eso bastaría para eliminar cualquier rastro de evidencia, mas cuando sus ojos se enfocaron al frente, se dio con la sorpresa de que su hijo le miraba curioso en medio camino de las escaleras. Sus ojos verdes veían curioso los retazos. Richard no pudo ocultarlos. Tweek preguntó:
- ¿Papá, qué era eso?
Continuará...
Espero les haya gustado este capi :) . Agradezco sus comentarios, en verdad me animan muchísimo a continuar.
