Disculpen la demora, he estado muy ocupada con algunas cosas del instituto u.u.
Disfruten la lectura y espero sus comentarios :)
Richard sacudió la cabeza y subió los hombros, despreocupado - nada hijo, una carta de una deuda pasada.
El rubio terminó de bajar las escaleras de mármol blanco para acercarse a su padre y preguntarle con cierta timidez en la voz. - Papá, ningún cuarto de arriba puede abrirse.
- ¡Oh! Que tonto soy - Richard se regañó a sí mismo causando una pequeña risa de su hijo -. Debes estar cansado, lo siento, ¡Que distraído!
Ambos subieron de nuevo por las escaleras cuidando de no apoyarse sobre la polvosa barandilla. Ya llamarían a algún criado a limpiar luego.
Al llegar al segundo piso se detuvieron frente a cierta habitación. Richard usó un juego de llaves doradas para abrirla. Al moverse la puerta revelando su interior, el chico a su lado no pudo evitar sonreír al ver el que sería su nuevo espacio; sus ojos paseaban por todo rincón sin poder articular palabra por la emoción. Richard entendió su silencio como decepción, así que extrañado, preguntó con algo de duda: - Tweek, ¿no te gusta tu nueva habitación?
El rubio fijó los ojos en su padre y de inmediato le dio un efusivo abrazo enternecedor susurrando un: "Gracias". Ambos se adentraron al lugar: una fina habitación de paredes blancas, una cama con sábanas blancas y una gran ventana oculta tras unas cortinas color crema que llevaba a un pequeño balcón. El joven estaba cautivado.
- ¿y? - preguntó el mayor - ¿qué opinas?
- Es maravillosa. - el rubio se abrazó a sí mismo mientras lágrimas resbalaban por sus mejillas, no se sentía merecedor a esto. - Gracias papá. - Se limpió como pudo el rastro húmedo de su rostro, sabía que a su padre no le gustaba verle triste.
- No me agradezcas, esto es lo que siempre soñé en darte. - el mayor sonreía al ver a su hijo tan conmovido, lo que lo llevó de nuevo a recordar su descuido con el que le había perdido - Cuánto quisiera habértelo dado antes...
Tweek de inmediato levantó su rostro empapado en lágrimas. Sus ojos siguieron a su padre que se sentó sobre la cama con frustración en su semblante. El joven fue a su lado en silencio y al ver a su padre tan acongojado, preguntó con suavidad y ternura:
- ¿puedes hablarme más de mi madre, papá?
El hombre suspiró y más animado, recorrió la habitación con la mirada como si viera a su esposa caminado en esa habitación. - Tu madre era una mujer valiente, hermosa y te amaba con su vida - Tweek sonrió -. Quería lo mejor para ti - su voz se quebró antes de proseguir lo que causó una mueca de tristeza en su hijo - dio su vida por ti. Oh Tweek, ¿cómo no estuve ahí para impedirlo?
Su memoria lo llevó a ese día y sin poder evitarlo, relató de nuevo la historia a su hijo. El rubio le escuchó como si fuese la primera vez que la oía.
"Ambos habíamos decidido buscar un negocio para solventarnos. Tu madre y yo recién casados viajamos a muchos lugares con lo poco que teníamos. En una tarde, empapados por la lluvia de verano, nos refugiamos en un pequeño lugar escondido en el tercer piso de una casona casi vacía. Al entrar al lugarcito, un peculiar olor nos llamó poderosamente la atención; al acercarnos a preguntar que era eso, el dueño nos dijo que era una bebida y que pensaba hacerse rico con ella, era el café. Tu madre y yo después de "enamorarnos" del aroma de esa tiendita, supimos lo que queríamos hacer: seríamos productores de esa bebida tan singular. Trabajamos con el tipo un tiempo para aprender los secretos de como preparar y hacer aquel aroma, no obstante, a la gente no parecía gustarle el sabor tan amargo de la bebida que no podía competir con el té, y al poco tiempo, el hombre cerró el negocio. Pero no nos rendimos; algo faltaba en aquella receta para terminar de gustar, algo que no se encontraba en Inglaterra, y eso es lo que nos motivó a embarcarnos a diferentes barcos comerciantes que surcaban los mares para buscar en otros sitios el toque final que sentíamos que faltaba a la receta. Viajamos por diferentes lugares durante algunos meses, hasta acabar con una tribu de hombres oscuros que nos enseñaron algunos secretos fascinantes. Ese viaje había valido todo el tiempo que pasamos hambre y sed en esos navíos; habíamos encontrado una mejor manera de preparar la bebida y granos de calidad que mejorarían mucho el sabor. De camino de nuevo a Inglaterra, tu madre enfermó repentinamente; vomitaba todo el tiempo y las olas la mareaban terriblemente. Preocupado por su salud, consulté con los demás tripulantes; al examinarla, nos dijeron que estaba embarazada y que pronto daría a luz".
Tweek pasó saliva al saber lo que seguía. Richard dio un vistazo a su hijo y luego de eso, volvió a hundirse en el relato:
"La noticia nos sorprendió a tu madre y a mí; no había presentado ningún rastro de estar embarazada durante todos estos meses. Aún con la sorpresa, ambos esa tarde nos abrazamos con dulzura, ella era feliz y yo también; un hijo, un heredero de nuestra familia. A los pocos días naciste tú; hebras doradas, cuerpo pequeño, tan frágil..."
El hombre acarició el cabello de su hijo recordando su aspecto de bebé. Tweek sonrió con ternura, la que contrastó con la expresión de Richard que cambió al recordar lo que seguía:
"Un día de ellos que revisaba los granos de café del almacén que traíamos para Inglaterra, escuché gritos y pisadas; cuando regresé a la parte de arriba, una lluvia feroz caía del cielo al igual que hombres con espadas tomando todo lo que encontraban a su paso: nos atacaban piratas. Presuroso, intenté regresar a la habitación, mas unos hombres me enfrentaron. Luché, luché con todo las fuerzas que tenía, pero eran demasiados; me noquearon al instante, y el escalofrío que sentí de que me mataran encogió mi corazón. Pensé que no volvería a despertar en este mundo, mas cuando abrí los ojos, supe que los milagros existían: Me habían dejado con vida. De inmediato partí a donde había dejado a tu madre y a ti durmiendo una siesta cuando vi la escena: Tu madre, boca abajo sobre un charco de sangre y ningún rastro tuyo."
El rubio entristeció de inmediato al ver a su padre con un gesto tan meláncolico. Apoyó su mano sobre su rodilla para darle fuerza. Richard se limpió por debajo de los ojos acabando con cualquier rastro de lágrima, y entonces sonrió a su hijo.
- Pero estás vivo, ¡Oh, yo siempre lo supe! - el hombre tomó suavemente a su hijo por los brazos sacudiéndole con suavidad -. Sabía que mi hijo había sobrevivido, y no paré hasta reunir una buena cantidad de dinero para tu búsqueda.
- Gracias papá. Yo... nunca podré agradecerte por completo.
- Lo importante es que estás vivo, que estamos juntos. - El hombre estrechó en sus brazos fuertemente a su hijo. Este le correspondió con efusividad, sintiendo que por fin podría dejar su pasado oscuro atrás. Richard se separó luego de unos minutos al recordar algo. - Hijo, debo salir un momento. No tardaré. Desempaca tus cosas, ¿bien?
- Lo haré.
Richard salió de la habitación y luego de la gran casa, dejando a Tweek solo. El rubio de inmediato trajo sus maletas que habían quedado cerca de la escalera para cumplir con lo encomendado, mas recordó que habían más cosas que faltaban traer. Dejó de nuevo las maletas dónde estaban y regresó escaleras abajo, encontrando a un hombre con bigote gracioso entrando las cosas más grandes del carruaje. El rubio se ofreció de inmediato a ayudarle, aunque solo cargaba las cosas de la puerta para adentro; su padre le había indicado que no saliera por ningún motivo.
- Solo falta una cómoda de madera, amo. - señaló el hombre - Disculpe, pero no sé si pueda perdirle que me ayude con eso, es lo último que falta bajar. Mi compañero fue a traer las demás cosas y demorará.
- ¡AH! ¡No tengo autorización para salir! ¡Lo siento! - se disculpó de inmediato el rubio.
- Oh, entiendo. Entonces tendremos que esperar.
- ¿Qué cómoda es la que está afuera? - preguntó el rubio con curiosidad.
- Creo que es la suya, señor.
El rubio se aproximó con lentos pasos, como si caminara a mitad de la noche hasta la puerta donde dejó ver sus grandes ojos verdes; la cómoda en cuestión era la suya. Se alejó del lugar regresando la mirada a la habitación principal dubitativo; si entraba la cómoda y la ordenaba con sus cosas, su padre se pondría muy contento por haber cumplido totalmente lo que le dijo que hiciera, pero su padre también le había prohibido salir de la casa, ¿Qué debía hacer? Miró al hombre y luego dio un vistazo sobre su hombro a la puerta semi abierta. Presionó un poco sus labios y dijo:
- Le ayudaré.
Por primera vez, Tweek pudo tener una vista breve del tumulto de la ciudad. Agradeció que la gente rodeara la acera frente a su casa por las cosas del suelo, eso evitaba que le vieran. Su cuerpo era tapado por una gran carroza, así que solo espió por unos segundos el ajetreo de la acera contraria, antes de esconderse detrás del carruaje y ayudar al hombre a bajar el mueble. La cosa estaba pesada, tuvo que usar ambas manos y muchas más fuerza de la que esperaba para bajarla. Al poco de por fin ponerla en el suelo, el otro criado llegó con otra carroza, aunque esta no estaba tan cargada como la primera. El mueble había quedado obstaculizando el paso hacia la casa, y fue peor cuando el criado y el hombre empezaron a mover el mueble hacia dentro, así que Tweek tuvo que quedarse por unos momentos más afuera. El rubio estaba nervioso, no quería que su padre lo viera ahí, ¿Estaría cerca? Tweek de nuevo dejó ver sus ojos verdes buscando la figura de su padre por algún lado; no vio nada, salvo un extraño movimiento de las personas, ¿Estaría pasando algo? más y más personas aparecían con elegantes vestimentas, caminando presurosos por algo desconocido para él. Se disponía a ocultarse de nuevo cuando en un segundo, captó algo extraño; Un carruaje pasó casi frente a él, y en la ventana, un joven de cabellera negra veía con gesto neutral las calles como si buscara algo en especial. Tweek aguantó el aire sin querer y cuando la carroza se perdió de su vista, sintió la necesidad de respirar. Su mano se aproximó a su pecho, su frente se arrugó y apretó los dientes mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos.
-Stan...
Craig dejó caer su pequeña maleta sobre la cama del cuarto del motel. Con hastío, se aproximó hasta la ventana observando el ajetreo; le desagradaba ver tanta inusualidad en la ciudad. Era tan... fuera de lo común.
- ¿Puedo pasar? - preguntó Token detrás de la puerta.
- Adelante. - Se dejó caer sobre la cama con las manos detrás de su nuca.
- Te instalaste rápido - se burló al ver la diminuta maleta a su lado.
el azabache ignoró la burla y se incorporó sobre la cama, pisadas anunciaban más personas llegando a su habitación. Su hermana y madre aparecieron vestidas para salir ventilándose con unos coloridos abanicos.
- Tricia y yo iremos a comprar los vestidos para esta noche, Craig.
Token dio un vistazo burlón a su amigo que observaba a su madre como si hablara un idioma extranjero.
- Craig. - llamó la atención con todo demandante la mujer cerrando su abanico con rudeza sobre la palma contraria.
- Iré con algo que ya tengo - se encogió de hombros -. Puedo acompañarlas, pero no pienso comprar ningún traje para el baile.
- Tricia, habla con él, ¡Esto es el colmo! - La mujer se retiró dejando a los tres que luego que se fuera, intercambiaron miradas cómplices.
- No hagas enojar a mamá. - Tricia fue directo a sentarse sobre la cama. Su vestido azul revoloteó con gracia con cada pisada de la joven.
- No me va a obligar a sus deseos - Craig de nuevo se tiró hacia atrás reposando sus manos sobre su pecho.
- Tricia tiene razón - el moreno asintió -. No te obligo a que lo hagas, solo inténtalo.
- Otra vez con eso... - el moreno se giró dándole la espalda a ambos dando claro su postura de incomodidad - Quiero estar solo.
- ¿Acaso aún no la olvidas? - pronunció la chica.
El pelinegro se giró de inmediato sorprendido por las palabras de su hermana. La pelinaranja sonrió con una media sonrisa triunfante.
- Entonces es por eso que no deseas casarte con Red. A ti te gusta alguien. - afirmó.
Entonces Token conectó por fin todas esas extrañas actitudes de Craig con solo esa simple oración de su hermana. Estaba sorprendido y se culpó de no haberlo notado. Era tan obvio.
El pelinegro de nuevo se giró sobre la cama bufando como animal enjaulado. Tricia rió un poco socarronamente, mas Token adoptó una postura seria y colocando una mano en el hombro de la chica, le susurró que mejor era dejarle solo. Tricia comprendió al instante y se sintió algo culpable al notar que era un tema algo serio de tocar para su hermano. La chica rapidamente abandonó la habitación despidiéndose de su hermano en un hilo de voz. Token se acercó.
- ¿Craig?
- Si vas a insistir, vete a la mierda. - amenazó el azabache malhumorado.
- Entonces tú y ese pirata...
El pelinegro lo silenció de inmediato con voz resquebrajada: - Cállate.
- ¿Por qué no me dijiste nada?
- Está muerto, ¿Que importancia tiene?
- En estos dos años siempre evité tocar el tema. Necesitas hablar de esto, necesitas continuar. - El moreno aproximó una mano para tocar a su amigo - No sé nada de lo que ocurrió entre él y tú, pero si te quería, estoy seguro que desearía que continues tu vida. Hazlo por él.
- ... - El azabache se giró buscando enfrentar las palabras de su amigo; sintió algo húmedo tocarle las mejillas, un rastro de lágrimas marcaba su rostro.
- Le querías mucho. - dijo Token asombrado.
- No te ves sorprendido. - contraatacó limpiándose con las mangas de su ropa.
- Amigo, eso no me importa. - el chico le restó importancia, y luego tomó un aire sombrío - Craig, quiero disculparme. Si lo hubiera sabid-
- Pero no lo sabías. Deja de culparte por eso. - El azabache dirigó sus ojos azules a su amigo que había agachado la cabeza en momento de sus palabras.
- ¿Qué piensas hacer? - interrogó de nuevo levantando la mirada hacia su amigo.
- Supongo que... podría ir al baile y complacer a mi madre. Tienes razón, debo continuar. - dirigió su antebrazo hasta ubicarse cerca de sus ojos buscando algo: la esclava plateada recuerdo de su aventura seguía allí con él. El beso de esa noche estaba aun en el reflejo del metal.
Tweek no dejaba de repetir la corta escena en su cabeza una y otra vez. Se sentó pesadamente sobre la cama con los pies revoloteando sobre el suelo produciendo un ruido particular y, con las manos sobre el colchón como apoyo, aspiró el aire suavemente por la nariz imaginando que era la brisa marina, aquello siempre le calmaba en tiempos pasados. Estaba emocionado y asustado a la vez, un extraño sentir que no podría explicar. Le alegraba que su amigo estuviera bien, pero por otro temía; su padre hace años le había preguntado si había revelado su verdadero nombre a alguien más, a lo que él negó rotundamente. Quería usar el único recuerdo de su madre, no quería cambiarlo, y esperaba que nunca más se encontrara con "Burdock", en donde quiera que estuviera.
La voz de su padre llamándole a comer le alertó de que estaba de vuelta. No demoró en acudir abajo tratando de calmarse para no alertar de nada inusual.
El almuerzo lo sirvieron en una mesa cuadrada de poca anchura, de manteles blancos y candelabros dorados sobre la mesa. Padre e hijo se sentaron frente al otro mientras comían. Aunque el rubio intentó disimular su nerviosismo, era muy evidente al tener los cubiertos en sus manos temblando sin cesar, sin poder coger la alverja de su plato.
Richard se limpió los labios viendo extrañado a su hijo -. Tweek, ¿sucede algo, hijo?
- ¡No! ¡aah! ¡¿Qué te hace pensar eso?!
- no estás comiendo.
El sirviente de la mañana se disculpó al interrumpir la charla para informar que no faltaba descargar nada más. Pero antes de irse, agradeció al rubio que palideció cuando el hombre mencionó lo del mueble.
- El joven me ayudó a bajarlo de la carroza.
- ¿Qué? ¿¡Tweek salió de la casa?! - el hombre dio un manotazo en la mesa.
Tanto el rubio como el hombre dieron un salto. Nerviosos, intentaron explicar lo que pasó aunque la traba de palabras no dejaban hacerle entender nada. El hombre fastidiado, detuvo el palabreo innecesario y mandó al sirviente a dejarle a solas con su hijo. El rubio se jalaba los cabellos con tics muy notorios en los ojos.
- Tweek, te he dicho que aún no puedes salir de casa, ¿Qué hubiera pasado si otro tipo intentaba secuestrarte? No tendrías tanta suerte dos veces y seguro te cortaría las extremidades y te dejaría debajo de algún puente.
- ¡AAAH! ¡Oh Dios!
- Además, aún te falta algunas lecciones de modales sociales, esgrima, y otras cosas, ¿O quieres que te lleven a prisión?
- ¡NOO! ¡Oh no! ¡Lo siento, papá!
- Pues bien, entonces no me desobedezcas.
El hombre intentó seguir comiendo, sin embargo, sentía la mirada de su hijo sobre él. Dejó el cubierto y preguntó que le pasaba.
- ¿Qué pasa afuera? - se atrevió a preguntar el rubio con un hilo de voz como si fuera algo prohibido lo que decía.
- No necesitas saberlo.
- Pero es que... quiero saberlo. - insistió recordando la escena de su amigo.
- Aahh... la curiosidad, hijo mío. - Richard brindó una sonrisa cansina. - El príncipe de Inglaterra se comprometerá esta noche en un baile de máscaras, por eso toda la gente importante está buscando un disfraz en las tiendas.
El hombre prosiguió con la comida zanjando el tema del todo. Tweek callado y ya sin apetito, dedujo que por eso Stan estaba en la ciudad, aunque no hallaba razón para su asistencia a esa fiesta, ¿Cuáles eran sus planes?
El rubio al terminar, se dirigió a su habitación excusándose de tomar una siesta para pensar en qué debía hacer. Todo era complicado; desde que no tenía el disfraz, ni invitación, y ni siquiera estaba seguro de poder ver a Stan. Tantos años de no verle tal vez habían logrado hacer que su amigo le olvidara. No. Él no haría eso, estaba seguro que su amigo le recordaría si le viera; tenía que ir, era una oportunidad única y a pesar de que su padre se enojaría de por vida con él y o la culpabilidad que tendría por desobedecer, él buscaría la forma de reencontrarse con su amigo.
Durante toda la tarde desempacó algunos trajes y telas haciendo lo posible para hacerse de un disfraz. Elaboró una capa negra con un cintillo para atarla a su cuello, un antifaz negro que pasaba alrededor de sus ojos y un sombrero negro de ala ancha que ocultaba su rostro para evitar ser visto; en su armario, se colocó su mejores botas negras y pantalones ajustados del mismo color, además de una camisa blanca con volados. Buscó el espejo en su cuarto y se prometió buscar a Stan en esa fiesta. Ahora debía esperar el momento para poder escapar.
Stan había observado todo el camino el recorrido desde su ventana perdido en sus pocos recuerdos de infancia. Estaba conflictuado en regresar a esa ciudad al principio, y ahora estaba allí. Había esperado tanto la oportunidad hace años de regresar y hacer justicia, de buscar aquel lugar donde había pasado su infancia y volver a su casa a vivir de nuevo como aquellos días, sin embargo se dio cuenta en algún momento, que ya nada sería lo mismo. La vida lo había llevado a otro lugar tan lejano de aquel objetivo. Kyle le había cambiado tanto; sentía como si él le hubiera curado las heridas en su corazón. No podía estar más agradecido con ese chico que se sentaba a su lado; su felicidad era ahora aquel pelirrojo "devora-libros" y amante de estrellas.
Kyle ya exasperado de tanto silencio, cerró su libro y preguntó sin rodeos:
- Stan, si esto es demasiado para ti puedes volver cuando quieras.
- Esta bien, Kyle - el chico sonrió sin verle -. Es pasado, yo lo he superado.
- ¿Estás seguro?
Stan giró a verle dedicándole una tierna sonrisa que hizo sonrojar al pelirrojo.
- Tengo otras razones más importantes por qué seguir viviendo más que una venganza.
No supo porqué, pero Kyle no podía evitar en sentir que aquello había sido como el final de un episodio de terror en su vida; ganas no le faltaron en saltar a los brazos de Stan. Se contuvo como pudo, devolviéndole una sonrisa igual.
Craig junto a Token se adentraron al gran salón lleno de los más refinados invitados de la corona. La música suave sonando en el aire daba una invitación tácita a bailar, pero Craig no estaba interesado en ello.
- Aunque estés aquí, siento que no estás cómodo. - El de piel oscura murmuró a su amigo escondiéndose en su gran sombrero de color púrpura con un fino traje del mismo color.
- ¿Ya es hora de irnos? - preguntó huraño. Realmente se arrepentía de aceptar conocer a Red en una mascarada, aunque eso tenia ventajas como la no verle la cara a su prima.
Token negó con la cabeza resignado a soportar el mal humor de Craig toda la noche. En vez de seguir a un callejón sin salida, se aventuró a preguntar otra cosa.
- ¿No te ajusta el antifaz? - preguntó observando el objeto en cuestión.
- Sí, quiero quitármelo.
- Craig, esto es una fiesta de disfraces, no podías venir vestido con el uniforme de la marina sin al menos un antifaz. - Token saludó con un asentimiento de cabeza a una señora que pasó a su lado y luego regresó una mirada de reproche al azabache. Este puso los ojos en blanco.
- ¿Me vas a sermonear toda la noche?
- Solo trata de divertirte. - finalizó la charla.
Ambos siguieron avanzando por entre las personas hasta de nuevo encontrarse con la madre de Craig y su hermana junto a una jovencita de vestido negro, cabellos rojos sueltos con una rosa negra decorándolo. Entonces Craig intuyó que ella era la famosa prima Red. Bufó enojado por la nariz un segundo antes que su madre se percatara de su presencia y lo tomara del brazo para presentarle a aquella jovencita.
Token vio la escena desde unos pasos atrás. Esperaba que su amigo encontrara en ella algo que de nuevo le regresara la felicidad que le fue arrebatada. En pocos minutos, Craig de mala gana se hallaba tendiéndole su brazo a la chica para que bailaran un poco. El moreno esperaba que esto saliera bien.
El joven rubio había recibido el beso en la frente de su padre como buenas noches hacía unos minutos, lo que indicaba que era hora de poner a prueba su escape. Analizó si era conveniente salir por la puerta principal, descartándola de inmediato; mucho ruido. Entonces pensó en que solo le quedaba salir por su balcón. Tendria que lanzarse desde esa altura.
Maldición.
El rubio espío desde la ventana cristalina observando poco tránsito en la calle. Ya todos estarían con la atención en la fiesta. Debía apresurarse.
Abrió la puerta del balcón dando unos pasos, observando la distancia hacia lavereda con ligeros temblores. Pudo optar por deslizarse con las sábanas que habían en su cuarto, pero eso alertaría a posibles ladrones o personas que avisarían a su padre de inmediato, y él necesitaba tiempo para la búsqueda de Stan. Se aseguró de que no hubiera personas alrededor, cerró la puerta tras él sin hacer menor ruido y se aproximó a la baranda de metal blanco, recordando en ese instante todo lo que había hecho en su anterior vida de pirata. Cerró los ojos imaginando a él mismo cayendo desde la altura hacia un barco enemigo, cayendo con destreza con sus dos piernas flexionadas sin hacerse ni un solo rasguño para alivio suyo. Volteó para ambos lados, cuando una carreta lujosa apareció por la calle. Dedujo de inmediato que iba en dirección a la fiesta, por lo que la siguió en la oscuridad.
Al llegar luego de muchos minutos de camino, se halló en un lugar brillante de música y luces con las más finas personas desfilando por la entrada. Jamás pensó ver semejante espéctaculo en su vida, lo que le dio cuenta de algo importante que no había pensado hasta ese preciso momento:
No tenía invitación para entrar.
Era una noche elegante en el gran salón, a comparación a la cocina que era un caos.
Con órdenes gritando de un lado para otro, Clyde se aseguraba de llevar lo que fuera que le pidieran a los invitados y con eso bastaba para él. Estaba haciendo su mejor esfuerzo esa noche, aunque el antifaz color rojo con plumas a los lados que llevaba le estaba picando, no desistía de hacer su trabajo lo mejor posible. Estaba recogiendo otra orden de las muchas que ya tenía a cargo, cuando el jefe de cocina vocifereó a viva voz que alguien saliera a la calle a revisar si habrían olvidado verduras en la entrada. Con tanto ajetreo, solo Clyde parecía estar atento a lo que pedía el jefe, así que con ello, se aventuró a salir en medio de la oscuridad de la noche buscando con su buena visión, alguna caja o algo relacionado a lo dicho por su jefe. Una mirada rápida bastó para hallar una caja olvidada afuera entre la oscuridad. La cargó con ambas manos, escuchando un ligero... ¿gruñido? ¿Gemido?
Sintiendo curiosidad, se acercó hasta ir por detrás de las jabas de madera apiladas de las verduras, hallando un joven de espaldas con un gran sombrero negro. Carraspeó para hacerse notar al joven que de inmediato se levantó, ocultando su rostro con el sombrero. Clyde observó curioso la actitud, parecia haber interrumpido algo.
- ¿Qué hace aquí?
- ¡Agh! ¡Eso no te importa! - contesto nerviosamente.
La voz de inmediato lo hizo entrar en estupefacción; le era muy conocida, no obstante se negó raudo a esa opción. Era imposible que fuera ÉL.
- ¿No piensa entrar?
Pareció que el rubio se detuvo a pensar un poco antes de contestar.
- Olvidé mi invitación en casa. Mi padre está indispuesto esta noche y vine solo.
Clyde sintió sus brazos cansarse, así que dejó la caja en el suelo para poder ver más a detalle al joven que a su opinión, trataba de ocultarse de él.
- ¿Y no pensaba en regresar a casa y traer la invitación?
- ¡Oh, no! ¡Queda muy lejos!
- ¿No estará intentando engañarme? - observó con suspicacia - Tal vez sea un vagabundo de las calles intentando colarse y quiere engañar a alguien tan listo como yo.
De inmediato el joven buscó entre sus ropas algo y se lo enseñó a Clyde que silbó al reconocer la identificación de un ricachón. No había que ser muy listo para saber que el chico venía de familia adinerada.
- Tú... ¿Me dejarías entrar? ¡Ahh! ¡Te compensaré! - El rubio sacó unas monedas de oro que extendió al castaño. Este las tomó de inmediato y se reverenció ante él.
- Lo llevaré de inmediato, señor...
- Llámame Tweek, ¡Por favor, démonos prisa!
El castaño aún con una ligera sensación de deja-vú, condujo al joven hasta la cocina que se detuvo al ver al chico. Clyde explicó la situación brevemente, lo que no causó extrañeza en los demás que continuaron su trabajo, y aunque la situación pareció ser tomada con normalidad, Clyde al lado del rubio, sentía como este temblaba ligeramente camino al salón.
Cuando llegaron a la gran sala, Clyde hizo una muy marcada reverencia al chico preguntando si podía ayudarle en algo más, y al no obtener respuesta en los segundos que estuvo en esa posición, se irguió dándose cuenta que el joven ya no estaba. Lo buscó con la mirada, recordando su voz. Si no supiera que estaba muerto, juraría que era él. Negó con la cabeza regresando a la cocina para continuar su trabajo.
Tweek se había adentrado rapidamente a la fiesta, no tenía tiempo que perder. Tal vez su padre ya habría notado su ausencia y ¡Dios! ¡Debía apurarse en encontrar a Stan!
Trataba de pasar desapercibido, saludando con cortesía como le habían enseñado a hacerlo, a las personas que se aparecían frente a él. Intentó por minutos enteros a acercarse a alguien y preguntar directamente, pero se halló con el dilema de no saber como formular su pregunta, añadiéndole que era un baile de disfraces y le costaría hallarle en medio de toda la gente. Por un momento se lamentó de ser tan impulsivo y hacer las cosas sin un plan. Resignado, y con los nervios sacudiéndole sin control, se aproximó por un poco de agua en la mesa de bebidas.
La copa con agua fresca se acercó a sus labios, cuando la escena de un azabache bailando suavemente con una damisela apareció frente a él, distrayéndole; giraban armoniosamente, y entonces visualizó los ojos azules del joven que observaban a la chica; azules, tan azules como una suave marea del anochecer. Su copa bajó de sus labios mientras retrocedía sin poder creer que era él.
Que él era Burdock. Que ambos estaban aquí y ahora.
Retrocedió más y más queriendo huir de inmediato, queriendo que agún tornado lo borrara de la faz de la tierra, lamentándose una y otra vez de haber venido. La copa sostenida a un lado de su pecho temblaba a la par de sus ticks. Un grito detrás de él le regresó a la tierra; había derramado agua en la ropa de alguien.
- ¡Oiga! ¿Qué le sucede? ¡Tenga más cuidado! - se quejó el sujeto de atrás.
- ¡ah! ¡N-no era mi intención! - se disculpó entre balcuceos el rubio girando ver al chico pelirrojo.
- ¡Kyle! ¡Kyle! ¿Qué ha sucedido? - gritó una voz aproximándose.
Entonces las miradas se enfocaron en la pequeña trifulca, pero a Tweek no le importó.
Porque reconocía muy bien la voz de la persona que venía hacia él.
Continuará...
**Disculpen si hay algún error u.u
Agradezco cada uno de sus bellos mensajes, me ayudan mucho a continuar. Nos vemos en una próxima entrega :)
