El número de la suerte
Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.
Género: Romance/Humor.
Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley/Harry Potter/Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Tres Buscadores en casa
Tres aficionados al Quidditch, dos de la misma Casa de Hogwarts, un patio enorme y los veranos en Rumania con sus veintitrés grados que hacían parecer que podrían salvarse del duro invierno suponían una interesante combinación.
Al comienzo, cuando llevaron las escobas al patio, Harry pensó que el "equipo Gryffindor" tenía una gran ventaja. Luego recordó por qué le molestaban tanto los Slytherin del equipo de Quidditch en sus años de colegio, apenas Draco le lanzó un hechizo que hizo que su escoba se detuviese en el aire y se mantuviese suspendida allí, mientras él atrapaba la snitch y se reía en su cara.
Después Charlie saltó de su escoba a la de Draco, haciéndolos perder el equilibrio para robarle la pelotita dorada, y una vez que estuvieron tirados en el césped, Draco protestó porque no se podían poner los dos contra él cada vez que fuesen a jugar.
Charlie lo consideró, mientras Harry y Draco discutían de un modo tan absurdo que parecían una mala imitación de sus versiones adolescentes.
—Bueno, pues si no tengo equipo, entonces mi varita es mi compañero, y por tanto, tengo derecho por lo menos a un hechizo en cada juego —decía Draco, muy serio.
—¿En qué partido de Quidditch has visto tú que se permita usar la varita? —Harry negaba—. Además de los partidos de los Slytherin, claro.
—¡Casi siempre ganábamos sin trucos!
Era común que sus juegos acabasen con dos de ellos o los tres tirados en el césped, la snitch en manos de Harry, o Draco y él peleándose por la pelotita, mientras Charlie lanzaba y atrapaba una Quaffle a corta distancia e intentaba no reírse muy fuerte cuando empezaban a rodar por el suelo.
En otras ocasiones invitaban a algunos de sus amigos. Micai, que trabajaba en la misma reserva que Charlie, era uno de los más frecuentes, y jugaba del lado de Draco, porque lo encubría cuando hacía trampa. También había días en que Charlie se ponía de Guardián y prometía un premio al que pudiese anotar más tantos con él ahí; Harry solía pedir que lo dejase acercarse a las crías de dragón que tuviese bajo su cuidado y Draco no tenía piedad con exigencias de chocolates que no se podían conseguir en Rumania. Pero había algo fascinante en tenerlos a los dos tan concentrados, que unos minutos se volviesen un par de horas, y luego entrar los tres a la casa hablando sobre cualquier tontería. Era relajante.
Muchos otros días, Harry y Draco simplemente se perseguían por el patio, ceñidos a una rivalidad que Charlie interpretaba como una especie de "te ganaré para que me quieras y admires más" y le daba unos ratos muy entretenidos de observación. Y también estaban aquellos días en que su puesto de árbitro falso era comprometido cuando Harry y Draco paraban de perseguirse, lo observaban, luego se veían entre sí, y llegaban a un acuerdo tácito que lo metería en problemas.
Entonces los dos mejores Buscadores de su generación comenzaban a volar detrás de Charlie por toda la casa.
