Notas del autor:
Hola, quería agradecerle de manera especial a korrin167 Por sus palabras de aliento en el capi anterior, en verdad me anima muchísimo a continuar esta historia :) . Por cierto, he abierto una cuenta de por si desean ayudar a este intento de escritora. Pueden participar de la campaña "Un pancito para Cristalito" buscando en mi muro o revisando mi página oficial en facebook: "El mundo de Cristal" . Disfruten esta nueva entrega.
La escena era como a las pocas obras que había leído de suspenso durante su vida; su padre en medio de la oscuridad sin perder de vista cada paso que daba para aproximarse, sintiendo su mirada de desaprobación. Su risa nerviosa se había esfumado y agachó la cabeza en vergüenza por haber sido atrapado.
- ¿Y? - volvió a preguntar con insistencia el mayor.
- Es que yo - el rubio intentó excusarse, pero no quería mentir más. Resopló con resignación - fui porque vi a alguien que conozco.
Su padre palideció.
- ¿Un sobreviviente? - murmuró con expresión pensativa desviando la atención del manojo de nervios que era su hijo en esos momentos.
- ¡Pero solo es él! - mintió, claro que había otros dos que también sabían su identidad, pero eso no se lo diría a su padre - ¡No me delatará! ¡tranquilo!
- Tweek - llamó con severidad callando a su hijo de inmediato que se tensó de pies a cabeza al escuchar su nombre, nunca lo había escuchado tan enojado - ¿sabes lo que está en riesgo si alguien se entera de quién fuiste en el pasado? ¿Te das cuenta del peligro al que estás expuesto en este momento? - con cada pregunta, la voz se hacía más profunda, y cada palabra era un dardo que dolía en el corazón- Pude salvarte una vez, y te salvaría todas las veces que fueran posibles, te defendería hasta morir, hasta entregar mi último aliento para que respires un segundo más, pero temo que el castigo que te espera sea más grande que yo. - Calló unos segundos obsevando al chico congelado con una expresión de horror: ojos abiertos que no pestañeaban, tal vez imaginando la escena. Richard dibujó una sonrisa triste - ¿Quieres que te lleven a horca? ¿Eso quieres? - regañó suavemente.
El rubio en su sitio al escuchar lo último apretó los puños y tensó sus hombros de solo imaginar esa escena. El adulto continuó: - entregaría mi vida por ti, no me importa morir. Y si mueres, yo moriría al lado tuyo protegiéndote hasta el final, porque soy tu padre y ese es mi deber.
Y eso fue todo lo que bastó para destruir su escudo. Balbuceos y quejidos se atoraban en su garganta tratando de callar, no era que no quisiera que lo vea llorar, era que no quería interrumpirle. No quería volver a desobedecer nunca más.
- No llores, Tweek. - Su padre de pie se aproximó al cuerpo temblante de su hijo y le abrazó. - Todo estará bien. Sé que tal vez tu amigo fue tu única familia en ese infierno al que fuiste condenado, pero te suplico, te ruego, que no vuelvas a verlo. Tu pasado debe quedar enterrado para que renazcas nuevamente en esta ciudad. Pronto abriremos la cafetería y con ese pequeño y modesto negocio podremos vivir felices, tendremos toda una vida para vivir en armonía, ¿Te agrada la idea?
El rubio se aferró a su padre, abrazándole.
- Sí... Sí... - balcuceó el rubio aferrándose con fuerza y recostando su mejilla a la altura de su hombro - Ya has hecho demasiado por mí, te conformas con solo un modesto negocio para que pueda pasar desapercibido y no haya sospechas mías. Prometo nunca más desobedecerte, nunca más... - el rubio se dejó arrullar por las caricias del mayor en el cabello lamentando que tenga que decirle adiós para siempre a su amigo Stan. Se lo diría cuando el azabache se acercara por última vez a la cafetería.
Un adiós para siempre.
Cuando Clyde terminó sus deberes en la cocina esa noche, se aproximó a la sala casi vacía del baile; muchos se habían ido ya, y al parecer aquel rubio también. Se quedó en medio del salón maldiciendo su mala memoria, retractándose de inmediato por su voz interna alabando su visión: Uno no podía ser tan perfecto. - Se decía internamente.
Se disponía a retirarse y partir a casa provisional, cuando una melena rubia apareció por las grandes puertas principales robándose su perferta visión: Una dulce y esbelta figura, una mujer preciosa de melena rebelde rizada dorada y vestido color fuego, mucho más hermosa que cualquier otra que haya visto en su vida, apareció en medio del salón. Sus ojos embelesados se deleitaron con su presencia demasiado impresionado para desviar la mirada. La chica en sí venía charlando con una joven de cabellos rojizos que se veía algo agitada hablando con desespero. Cuando ambas pasaron frente a él (ignorando por completo su presencia), Clyde quedó más embobado al sentir el límpido, atrayente y dulce de su fragancia tocando su sentido olfativo. Fijándose que nadie haya notado la cara de alelado que había puesto en esos segundos, se fue tras la dama de sus sueños y con una voz demasiado débil y aguda para su gusto, preguntó sin importar interrumpir la charla de las damas si podía ofrecerle una copa de vino.
La chica pelirroja fue la única que volteó, regañándole por interrumpir y sin mas, le ignoró y gritó que se alejará de ellas. Clyde no quería irse, estaba empeñado en saber el nombre de la joven, aunque no tuvo que esperar mucho para eso; la chica pelirroja continuó su relato mencionando su nombre:
- Es que no es posible que Craig me haya dejado de lado por ese amigo rubio, Bárbara. Estoy tan enojada...
El inexperto mozo ya no pudo escuchar más, estaba perdido con la palabra "Bárbara" en su mente.
De la cocina escuchó que le llamaron con aprensión, y así pues, siguió la orden de su superior.
Ahora sabía que no había tanta prisa para llegar a casa. Se quedaría en la ciudad un tiempo más. Le escribiría una carta, una excusa ya se le ocurriría después.
En los aposentos del joven Tucker, su sirviente tartamudeaba sin ordenar sus palabras:
- ¡AAh! ¡Es que yo...! ¡Que... MIERDA! ¡Lo siento!- con lo último apretó los labios tratando de evitar decir más cosas frente al chico.
- Tranquilo, no tienes que disculparte. - habló el azabache rodeando su cama para acercarse a su sirviente. No, su amigo. - No debiste venir solo, es peligroso. - su ceño se frunció levemente - ¿Tuviste algún problema?
- ¡Es que yo..! - el rubio extendió ambos brazos para dejar ver las telas blancas frente a su amo - Vine porque pensé que ¡COÑO! quería usar el broche de su padre con su uniforme, ¡Y además le traje sábanas limpias! - bajó la cabeza en señal de esperar la siguiente instrucción.
Craig quitó las sábanas de sus antebrazos, retirando una toalla de encima y de inmediato viendo el broche que usaba su fenecido padre cuando pertenecía al grupo marítimo que cazaba piratas.
Recordando que un pirata era el responsable de que su padre no pudiera volver a casa nunca más.
Igualmente, recordaba una escena con un chico castaño vigía limpiando al lado suyo viendo los símbolos con desprecio.
Eso era demasiado para su mente, tuvo que tapar el broche de nuevo ante la mirada examinante del rubio frente suyo que había levantado un poco su cabeza al tan prolongado silencio.
- ¿Se siente bien? - preguntó dudoso.
Craig no dijo nada, miró a un lado y dio la espalda al joven para dejar las sábanas sobre su cama aun mareado. Se permitió regañarse a sí mismo por aun no poder manejar todo el caos de sus recuerdos, ¿Por qué tenía que seguir provocándole tantos problemas ese accidente de hace años?
- Thomas, no era necesario que trajeras esto. Era una fiesta de disfraces que acaba de terminar.
El rubio entonces arrugó la frente en señal de pura frustración; todo el esfuerzo y todo lo que tuvo que pasar en toda esa tarde fue en vano. Craig notó el gesto y con un tono más gentil, se dirigió a él.
- ¿Tuviste algún problema para llegar aquí? - insistió en la pregunta.
Fue entonces que el rubio se irguió y negó rotundamente.
- Bien, entonces ve a dormir. Mi madre y mi hermana regresarán a la ciudad y quiero que vayas con ellas. Te prohibo ir solo por ahí.
- ¿Eh? ¿Y Usted? - El pelinegro dio una mirada aburrida al chico nervioso que comprendió de inmediato y se corrigió; - ¿Y Usted, Craig?
- Aun me encargaré de un asunto pendiente.
Entonces Thomas unió los nexos, y aunque no quería saberlo, se aventuró a preguntar con un tono compungido que disimuló lo mejor que pudo : - ¿Se casará con la señorita Red y va a hacer los preparativos?
- ¿Qué? No, no es eso. - Negó. Cierto, con todo esto había olvidado el asunto de Red - Tengo... algo que me urge buscar en esta ciudad.
- oh. - el rubio tenía que pensar en algo rápido - Pero creo que si su familia parte mañana, necesitará de alguien que le ayude, ¿Puedo...¡MIERDA! quedarme con Usted? Sé que es casi un favor lo que le pido, siempre traigo problemas para Usted y su familia... - El rubio bajó la mirada muy apenado.
- Oye - llamó fuerte el joven marino que llamó a levantar la mirada a su amo -No eres molestia, y no me importa lo que digan de ti. Puedes quedarte y ayudarme si así lo deseas.
El rubio le regaló una tierna sonrisa. Sabía que lo que sentía estaba mal, pero no podía dejar de admirar y sentir algo especial por Craig. Su corazón en momentos le dictaba salir y abrazarle, pero no podía. No debía.
Craig le devolvió una pequeña sonrisa casi imperceptible y le mandó a descansar. El rubio aun con un sonrojo que trataba de disimular, se retiró de inmediato reverenciando al joven, girando sobre sus talones para dirigirse a la salida; tenía que salir cuanto antes para evitar algún pensamiento no apropiado. Al cerrar la puerta, se tocó el rostro con su mano derecha; estaba caliente y a su corazón lo escuchaba, estaba tocando música clásica, dulce y suave como un violín tocando la más hermosa canción para su joven amo que le sonreía en medio de un campo de flores blancas.
El joven rubio apartó sus pensamientos de súbito recordando lo que había en su habitación. Con el brillo de la vela blanca encendida en su candelabro dejado cerca de la puerta de su amo, se guió en la penumbra hasta sus propios aposentos. Cerró con candado al llegar a su habitación y encendió un par de velas cerca de la puerta para alumbrar la habitación. Sus ojos se fijaron en una pequeña jaula sobre el piso cerca a su cama, con una pequeña ave que abrió los ojos al sentir el movimiento alrededor. Thomas se acercó hasta quedar frente a la jaula de latón gris donde la avecilla miraba atento cada movimiento.
- ¿Ya no...hablas? - reprimió un espasmo que avecinaba una palabrota - ¿pajarito?
- Aaaarr... ¡Izen las velas! - respondió el ave agitando sus alas.
Thomas río suavemente.
El lorito vio por entre las rejas a su nuevo amo; Thomas también veía al ave, era hermosa. El chico llevó un dedo pasando por entre el acero de la jaula con la intención de acariciar el pico de su nueva mascota.
El lorito batió alas, espantando a Thomas que retiró su dedo espantado para luego reír.
- Voy a ¡Carajo! Traerte algo de comer.
El chico estaba camino a buscar semillas a la cocina, cuando el animal de nuevo habló:
- ¡Aack! ¡El capitán Barba negra! ¡ACK!
Expulsó el aire en silencio, sus pupilas se agrandaron, sus latidos eran frenéticos, y su ceño de frunció súbitamente.
- ¿Barbanegra? - masticó duramente la palabra en la boca, un sabor amargo en la lengua, así se sentía.
El ave en la jaula se balanceó suavemente en el columnpio en medio de su jaula.
- ¿Qué eres? - habló desde lo profundo de su pecho, regresando sobre sus pasos para agitar la jaula en el aire - ¡CONTÉSTAME! ¡QUÉ SABES DE MI PADRE!
El lorito adentro voló inquieto parlando desesperado.
Thomas estaba descontrolado, su rabia le nubló la razón y su locura le obligaba a buscar las respuestas que durante tanto tiempo quiso tener. Mas al pasar los segundos, su raciocinio regresó y detuvo su accionar, lamentándose al ver que quería explicaciones de una pobre ave. El animal no tenía la culpa y lo sabía. Miró arrepentido al ave agitada adentro y con cuidado bajó la jaula de nuevo.
- P-Perdón, ¡Mierda! - se pasó las manos sobre el rostro - no lo pensé, solo eres un animal inocente. Tal vez conoces a mi padre, pero no podrías responder por él. Lo siento. - pronunció arrepentido, ahora se sentía demasiado avergonzado.
El ave regresó a su columpio en medio y Thomas sonrió por el gesto. Al menos le aliviaba que no estuviera lastimado. Se quedó observando al ave, y entonces esta volvió a hablar:
- ¡Su hijo! ¡El capitán ama a su hijo!
Entonces el rubio entró en su trance. Sus recuerdos aparecieron como flashbacks y al razonarlo brevemente, supo que su padre no se había referido a él. Su padre había tenido un hijo, había querido a otro "hijo", y eso le lleno de más rabia el corazón. Se levantó abruptamente para no escuchar más, no quería actuar violento de nuevo. A paso raudo voló a la cocina para buscar comida al ave, mientras en su cabeza lo atormentaban sus recuerdos y palabras rondaban su mente una y otra vez:
"Él me sustituyó..."
"Él me sustituyó..."
El nuevo ascendido General Cartman dormitaba con una pose cómoda en su silla de madera, con el gorro tapándole parte de la frente hacia adelante y un aire despreocupado; tenía algunos papeles en la mesa con la palabra "urgente", mas el día estaba muy caluroso y le daba pereza empezar.
Tal vez los ojearía más tarde cuando se le antojara hacerlo, total, ahora ejercía toda la autoridad.
Subió los pies para estar más cómodo, fue cuando un sobre grueso cayó de la mesa siendo el único en hacerlo de una pila. Con una ceja levantada, el general vio por un lado de sus piernas el sobre con molestia, tendría que levantarlo. Trató de alcanzarlo, pero la postura y su contextura no le ayudaban, así que tuvo que poner los pies en el suelo y recoger el odioso papel, también con un gran sello de "urgente". Volteó el sobre viéndolo por ambos lados y sin leer el asunto, lo abrió.
Poco contenido de la misiva bastó para salir corriendo vocifereando una sola palabra.
- ¡mamaaaaaaaaaaaaa! – gritaba el general entrando de improviso en el burdel de la ciudad. Chicas que trabajaban allí solo taparon sus oídos, ya estaban acostumbradas a los gritos de ese hombre buscando a la jefa del burdel.
Cartman atravesó escaleras arriba y empujó a algunas bailarinas hasta encontrar a la jefa: Su madre Liane, que se encontraba en la parte más alta de la casona antigua. Contaba sus diamantes que guardó de inmediato en una cajita de madera al ver a su único hijo ingresar.
- Cariñito, ¿Qué ocurre? – La mujer no tuvo que acercarse, el general se acercó a ella y le puso la carta que había leído hace unos minutos sobre la mesa.
- ¡Carajo! ¡Solo léela! – el general apretaba los dientes esperando.
Liane leyó la carta con interés y al entender el motivo, solo bajó la carta preguntándole a su hijo sobre el motivo de su molestia.
- ¡No te das cuenta! ¡Esto podría hacer peligrar mi puesto!
- Calma, calma. No creo que sea para tanto.
- ¡QUIEREN ASCENDER AL DESMEMORIADO! ¡¿POR QUÉ?!
- Bueno, atrapó a un peligroso pirata, le quieren dar ese mérito por eso.
-¡Tuvo su jodida millonaria recompensa y yo no obtuve nada! - gritó el general ya exasperado. - ¡Que no me rompan las bolas!
- Si es que viniste a ver que puedo hacer, intentaré hablar con el mayor de la armada marina, una de mis chicas lo atendió una vez si mal no recuerdo - la mujer hizo una mueca en su rostro pensativa, buscando recordar.
- bien, haz eso. Infórmame de inmediato cuando hayas hecho tu parte. - el chico tomó de vuelta el paquete dispuesto a regresar a su cómoda silla muy confiado que su madre arreglaría el asunto.
Cartman antes de salir, se detuvo un segundo mirando a su madre.
- una cosita más.
- ¿sí, amor?
-... Convéncelo. Un trato es un trato, pero si no hay opción, tendré que deshacerme del chico. Mi carrera como futuro integrante de la corona peligra y ni siquiera el tío ricachón ni las palabras del negro me detendrán en lo que quiero. Me desharé de todos los que se interpongan.
Con lo último dicho, cerró la puerta con su madre agitando una mano y mandándole un beso volado como despedida.
-2 semanas después -
Tweek aun dormía entre las sábanas de su acogedora cama en el día tan especial de la inauguración. El día anterior había tenido sesiones intensas con sus profesores de ética y modales, pedidas por él; no podía haber error, quería desempeñarse de la mejor forma posible en su presentación ante la sociedad y todo debía calzar con la historia falsa de su retorno de América después de años de estar en un internado. Había disfrutado una cena ligera con su padre por la noche y había recibido un abrazo por parte de él antes de apagar las velas y tratar de dormir; estaba agotado mentalmente, sin embargo, sus nervios no le permitieron conciliar facilmente el sueño, y permaneció despierto dando vueltas entre las sábanas de tul hasta que por fin pudo cerrar los ojos. En medio de sus sueños, tuvo una imagen fraterna dentro de su mente de su vida pasada, algo que él mismo trataba de olvidar y reprimir, aun así, se dejó llevar:
Era él mismo viéndose desde lejos, riendo con aquel hombre que lo había criado, aquel que le robó de los brazos de su madre y la asesinó. Era por eso que no gustaba rememorar sus recuerdos, todo era tan doloroso y de solo pensar en todo el tiempo que había sido engañado tenía ganas de estallar y gritar. Se perdió todo pensamiento cuando se escuchó a sí mismo en una escena en particular, una de cuando era solo un pequeño niño que ignoraba todo su pasado:
- Papá, otra vez me salió algo bajo el labio.- dijo con voz aniñada el pequeño tomando con los dedos su labio inferior.
Tweek miró con atención la escena: el hombre que caminaba al lado suyo por la cubierta del barco apoyó una rodilla en suelo tomando suavemente el mentón de su hijo, y con cuidado, bajó un poco más el labio para inspeccionar.
- Tienes escorbuto. Es normal, estamos sin frutas ni verduras desde hace semanas, hijo mío. Lamento que tengas que pasar por esto, pero te acostumbraras. Yo también pasé por lo mismo.
- ngh... También me siento muy débil. - el niño hizo un mohín y se alejó del agarre de su padre - ¿por qué no nos quedamos en tierra siempre?
- Porque somos piratas. - explicó el mayor, irguiéndose - la tierra es dominada por bestias, y nosotros decidimos no obedecer las leyes de las bestias. Lo que hacemos, lo hicimos por no tener elección.
El pequeño rubio asintió suavemente, aun no comprendía bien todo el contexto, mas pensó que siendo adulto un día podría hacerlo.
- Benjamín, todo el océano y las riquezas serán para ti. Cuando deje de latir mi corazón, tú asumirás el mando de este barco . La leyenda de Barbarroja vivirá con su hijo, el infame Capitán Scurvy (en español: Capitán escorbuto).
- ¿Ese será mi nombre ante los demás? - preguntó el pequeño con el toque de curiosidad de su tierna edad.
- Si así lo deseas, ese será.
La cafetería del señor Tweak por fin abriría las puertas y Tweek se encontraba demasiado nervioso como para ajustarse bien el pequeño corbatín negro en su cuello. El señor Tweak tocó la puerta recibiendo un tembloroso "adelante" que de inmediato le hizo deducir lo que pasaba.
- Hijo, hemos ensayado lo suficiente, ¿Aun con dudas? - se aproximó al chico que se veía frente a un espejo ovalado de cuerpo entero.
- ¿Y si digo algo que me delate? No quiero avergonzarte, ¡oh no! - el rubio tiró el corbatín al suelo sin querer.
- Estaré a tu lado, no te preocupes hijo. - el mayor se ubicó a su lado para recoger el objeto y luego se levantó frente suyo acomodando por fin el accesorio en el cuello. Tiernamente, tomó los hombros del joven viéndole con cariño -. Luces bien, y eres mi más grande orgullo. No temas, hoy darás inicio a tu nueva vida conmigo. Todo saldrá bien, confía en mí.
El rubio sonrió conmovido con las palabras de su padre y con más confianza, pudo sonreír con sinceridad.
- Así me gusta. No olvides la sonrisa, eso atrae a los clientes y...a las jovencitas - el adulto le guiñó el ojo. - Es hora, hijo mío.
En esa misma mañana, en la casa del astrónomo Broflovski, se sentía un aire de tensión. Hace no más de dos días había llegado una misteriosa invitación a una inauguración de un local con una bebida poco conocida, el café. De inmediato ambos supieron que era la tarjeta que Stan esperaba para el reencuentro con su amigo, y ese día era hoy.
- Oye, ¿Qué quieres desayunar? ¿Atún o huevos?
Kyle venía de la cocina para encontrarse a Stan sentado con los codos sobre las rodillas en uno de los sofás de la habitación que rentaban desde hacía dos semanas. Hoy era el gran día y Stan tenía un mal presentimiento que lo tenía distraído desde la mañana.
- mmm... - murmuró el pelinegro bajando los brazos, irguiéndose en su sitio al ver al pelirrojo. - ¿Qué?
- ¿Cómo que "qué"? Te hice una pregunta. - insistió el judío viendo la mirada extrañada del chico, notando claramente que no le había escuchado. - Ugh, bien, yo quiero atún. Oye, ¿Qué sucede contigo? Estas raro desde la mañana.
- Tengo un mal presentimiento, Kyle. - reveló con tono grave en la voz, el día anterior había tenido un mal sueño, uno de remembranza de sus memorias de pirata - No sé, Tweek y yo nos veremos hoy y siento como que algo no está bien.
- Entonces el nombre de ese chico rubio es Tweek. - murmuró para sí mismo, y antes de que Stan dijera algo, el pelirrojo le interrumpió - Sí, sí, mantendré su nombre en secreto. Aun no entiendo porqué tanto interés de ese chico parecido a ti de la fiesta en casi perseguirle, ¿Cuál es su problema?
Stan pensó en no hablar, pero confiaba demasiado en Kyle como para guardarse secretos.
- Ellos tenían algo especial, algo que surgió como si estuviera condenado a pasar.
Kyle dedujo de inmediato lo que Stan quería decir y su rostro palideció.
- Stan, eso... está prohibido. Es mejor que no se hablen, que no se busquen. Dios, ¡Esto es grave!
- ¿Eso es lo que piensas? - Stan se levantó del sofá buscando tener a Kyle frente suyo - Me importa una mierda lo que esta sociedad piense. Cuando vivía en el mar, éramos libres de escoger a quién sea que el corazón nos dicte, sea varón o quién sea, no había impedimento para la felicidad. Eso es algo que siempre envidiaré.
- Eso es muy romántico... y complicado, no es tan sencillo... - dijo el pelirrojo olvidando el tema de rubio para centrarse en su asistente que observaba su cuerpo; se estaba atragantando con el aire ante esa mirada.
- ¿Entonces si estarías de acuerdo? - el pelinegro tomó suavemente la mano de Kyle con su mano derecha provocando un sudor frío y que el chico tragara duro.
- Stan... yo... - Cerró sus ojos cuando el chico apretó el agarre, acercándose peligrosamente su rostro, podía sentir tocarse sus narices.
El golpeteó insistente de la puerta terminó con cualquier posibilidad de continuar la conversación y "eso" que estuviera a punto de pasar.
- Eh... y-yo voy. - se apresuró a abrir el astrónomo dejando a un malhumorado Stan parado en medio de la habitación pensando en que el que tocaba era un idiota sin cerebro, un idiota y cualquier otro insulto que se le viniera a la memoria.
Kyle pasó su lengua sobre los labios de forma nerviosa, abrió la puerta suavemente, pero antes de sacar la cabeza y preguntar, la fuerza ejercida por el invitado lo tiró hacia atrás, cediendo ante lo abrupto de su entrada.
Ahí estaba de nuevo Craig, había averiguado de alguna manera el sitio dónde estaba Stan y ahora que lo tenía frente a él, e ignorando los reclamos del astrónomo desde atrás, preguntó sin titubeos: "¿Dónde está?"
- ¡Qué carajo! ¡¿Cómo te atreves a entrar así a las casas ajenas?! ¡Estas orate! - le gritó en la cara Stan, desviando su atención a Kyle que cerró la puerta con una patada certera, caminando eufórico desde atras, sin dejar de reclamar.
- ¡Eres el imbécil de la fiesta! ¡¿Quién te invitó a pasar?!
- Cállense los dos, me están dando dolor de cabeza con sus gritos. El cabello de tu amigo ayudó a saber tu ubicación, no hice nada ilegal - respondió como si no fuera culpable de nada el recién llegado. - Te hice una pregunta, ¿dónde está el rubio que estaba contigo?
- No tienes derecho a pedirme nada, él fue muy claro en decirte que no quiere verte.
- Pues yo sí quiero verlo, no eres nadie para impedirlo y él tampoco. Es mejor que hables, a menos que quieras que te delate con la policía, después de todo, eres un pirata.
- ¡Stan es un ciudadano! ¡Nació aquí! ¡No pueden arrestarle! - Le gritó Kyle ubicándose al lado de su asistente que apretó los labios dejándolos a la vista, como un perro rabioso a punto de morder.
- Yo soy soldado, haría que lo encierren. Insistiré de nuevo, ¿dónde está? Mi paciencia empieza a agotarse.
- ¡Pues que te parta un rayo maldito infeliz, desgracia...! - Kyle le había puesto una mano sobre los labios para detener su insulto. Había analizado la situación rapidamente, todo estaba a favor de ese desgraciado, era mejor unírsele, no había elección.
- Stan, creo que nuestro invitado tiene razón; hablemos, busquemos un punto medio, por favor, toma asiento...
- Craig. - completó el impaciente chico. - Si no te importa, tengo prisa.
- Por favor, yo insisto. Te serviré un té. - Le sonrió nerviosamente. Craig entendió que debía ceder un poco también, así que se sentó en otro sofa de la sala, esperando el té y la información.
Stan con estupefacción, jaló a Kyle a la cocina y empezó a reclamarle en voz baja lo que había hecho.
- ¡¿Qué no lo entiendes?! ¡Tu vida está en peligro! ¡Dile de una vez dónde está, eso nos librará para siempre de su presencia! ¡Podremos volver a la ciudad, ser felices y olvidar todo esto!
- ¡No voy a traicionar a mi amigo, Kyle! - su cara estaba roja, estaba furioso - ¡Debiste preguntarme antes de invitarle el estúpido té!
- No me arrepiento de haberte salvado, recrimínamelo después. Díselo, dile lo que quiere, estoy seguro que ese rubio podrá manejarlo.
- AAAhhh... - se despeinó el cabello sin saber que hacer, ahora sí estaba en un aprieto.
- Iré por su té. - le dio la espalda el pelirrojo esperando que Stan tomara la mejor decisión.
Pocos minutos bastaron para que Kyle se acercara hasta el desconocido y le ofreciera en vajilla de porcelana blanca, una taza humeante de hierbas acompañado de un bocadillo con atún y pan. Espero en medio de la sala a que Stan apareciera, y este lo hizo; su cara mostraba resignación y enojo, y no cambió ni un atisbo cuando se sentó en su mismo lugar de la mañana, cerca de donde se encontraba el soldado que le devolvía una mirada enigmática.
- Traeré un poco de atún y té para ti. - anunció en clara referencia a Stan. Este ni siquiera se movió, parecía en un debate interno observando a Burdock disfrutando el té con mucha tranquilidad.
Craig bebió un poco, y luego dejó la taza sobre una mesilla circular de madera, para luego volver a hacer la misma pregunta.
- Creí que ya habían hablado, ¿qué más deseas saber? Creo que si es tu memoria, yo podría...
- Son asuntos que no te interesan.
- Oye Burdock...
- Craig. - corrigió - No vuelvas a llamarme con ese sucio apelativo pirata, ¿oíste?
- Bien.
El ruido de un golpe de la cocina los alertó, seguido de un quejido del astrónomo. Stan corrió a su encuentro, ignorando la pequeña lata circular de atún que rodó por el piso alfombrado de la habitación hasta ser detenido por la bota de Craig. Este la levantó, y enseguida notó el nombre de la marca: "Burdock"
Stan enseguida se volvió a aparecer de la cocina, estaba aliviado que Kyle solo haya tenido un pequeño tropezón, nada de gravedad.
- ¿Por qué me pusieron el nombre de una marca de atún? - le preguntó.
- ¿Ah? - le devolvió extrañado - ¿Es una marca? No, llegaste en una tabla, estabas flotando en mar abierto y cuando nos fijamos en la madera, esta tenía escrito el nombre, ¿marca de atún?
Craig le extendió la lata, y creyó en lo que decía sobre ignorar el origen del nombrecito ese, al ver la cara de asombro del chico inspeccionando detalladamente la lata.
- ¡vaya! ¡¿y cómo llegaste a esa tabla?! - preguntó olvidando un poco el tema central.
- No sé, no recuerdo nada sobre cómo llegué a estar solo en medio del océano.
- "Él" sospechaba que fueras un soldado y al final sí lo eras. - lo dijo en alusión a su traje formal azul marino con correo de cuero marrón y botas negras. Dejó la lata en la mesa de la sala.
- Tal vez piense luego en lo del nombre del atún, ahora dime dónde encontrarlo.
Kyle salió de la cocina cojeando de un pie, y se apoyó en la pared de la sala de estar. Enseguida Stan le cedió su lugar y mientras ayudaba a su amigo, respondió:
- No sé dónde está. - Stan se encongió de hombros. Craig frunció el ceño, no parecía nada convencido. Esto no pintaba bien para Kyle, no quería ni siquiera arriesgar la seguridad de su amigo, no permitiría eso, no si él podía detener este circo.
- Si te lo digo, ¿nos dejarás en paz? Jura que lo harás y te diré dónde encontrarlo. - le dijo con ímpetu cada palabra, mirándolo fijamente desde su lugar. Craig avanzó hasta él, y asintió una vez, bastaba con ver su cuerpo, estaba tan concentrado en el pelirrojo que Stan sintió algo de celos.
- Mi carroza nos llevará. Stan, ayúdame a levantarme.
El viaje de Tweek y su padre había sido como cualquier otro, con la misma ruta que habían recorrido días atrás, sino fuera por la inauguración del nuevo local como evento al que se dirigían. Tweek iba mirando por la ventana mientras su padre se dedicaba a leer un libro de poemas, estaba tan ensimismado en su lectura que no notó cuando el carruaje tuvo que dar una vuelta por otra dirección para evitar detenerse. A Tweek le sorprendió por un momento lo que hubiera estado ocurriendo, sin embargo perdió el interés cuando entre el ruido del trote de caballos, escuchó gaviotas graznar y volar por el cielo; el carruaje estaba ahora recorriendo una calle muy cerca al puerto de Londres. Oh, ese bendito aroma a sal y arena, ese ruido de las aves volando en el cielo, el olor a madera húmeda de los barcos pesqueros que conocía tan bien, si él pudiera detener el carruaje y correr a tomar la arena y deslizarla entre sus dedos sería el chico más feliz del mundo, hacía tantos años que había anhelado esta sensación sino fuera por las restricciones de su padre sobre su cercanía con el mar. Miró de reojo a su padre, este aún no se daba cuenta del éxtasis que estaba sintiendo. Sus manos fueron hasta la ventana semiabierta por las cortinas del carruaje para sentir con su nariz más de ese embriangante olor; estaba perdido, su cuerpo ya no estaba allí, estaba sobre un barco, navegando con su antigua tripulación y a su lado, estaba Burdock, sonriéndole, extendiéndole una mano para entrelazarla con la suya.
- ¿En dónde estamos?
La voz de su padre le regresaron de nuevo a su asiento, y dejó de moverse conteniendo el aliento. No hablaría sin el consentimiento de su padre.
- Tweek, ¿dónde estamos? ¿Cambiaste de dirección?
- No. - fue entonces que decidió ver a su padre - había una trifulca, el cochero fue por otra calle para evitar detenernos.
- ¡¿QUÉ?! - Tweek podía sentir que ahora su padre estaba mucho más enojado.
Richard sin mas comenzó a regañar al conductor, había prohibido terminantemente que su hijo estuviera cerca al mar, una orden expresa a los criados para mantener según él, a su hijo alejado de los malos recuerdos.
- ¡Estás despedido! - gritó fuerte lo último. Tweek se removió incómodo en su asiento, sintió pena por el criado.
- Papá, no tienes porque despedirlo, solo tomó una decisión incorrecta.
- Hijo, no voy a exponerte nunca más. - El mayor abrazó a su hijo, frotando su espalda con los dedos - Cálmate, no es necesario que mires el océano, quédate a mi lado y te protegeré. Si tan solo hubiera prestado más atención al camino...
Su hijo quedose en silencio, ¿qué podía decir? Nunca había hablado con su padre sobre su amor por el mar, siempre se guardó ese sentimiento en temor a recibir un reproche. Sí, había pasado cosas terribles, no osbtante no echaba culpa a ese cuerpo de agua en el que había vivido aventuras sin igual. El agua era tan culpable para su padre, como tan inocente para él.
Al llegar al sitio de su cafetería, fue Tweek el primero en correr de la carroza hacia el modesto local; la calle tenía mucha actividad, muy transitada y ruidosa para su gusto. Richard pronto se reunió con él, rodeándolo por sobre su hombro con su brazo.
- La cafetería está en el sótano de este lugar. La venta de nuestra bebida es algo restringida por el precio de fabricación. Te enseñaré todo, y a futuro, serás el dueño de este negocio y todo ya estará olvidado. Vivirás una vida tranquila, lo prometo.
Ambos entraron con emoción a conocer su nuevo lugar de trabajo. Tweek se sentía tan feliz y angustiado, Stan pronto vendría y eso era lo único que le inquietaba.
La carroza del astrónomo pronto ubicó la dirección de la invitación, y en pocos minutos los chicos ya estaban a unos metros del lugar (evitaron estacionarse en frente del lugar indicado para evitar que Craig sea detectado). El trío avanzó en grupo, con Kyle en medio de los azabaches.
- Bien, la invitación señala ese lugar. - el pelirrojo señaló el lugar y luego dirigió una mirada de reojo al chico que irrumpió en su casa.- Cumplí lo que dije, ahora adiós.
- No puedo entrar primero, huirá como en la fiesta. - comentó Cel militar a Stan viendo fijamente por sobre la ushanka del astrónomo.
- Oh no, no voy a engañarle para que te vea,amigo. - Stan levantó las manos y las cruzó en negación.
- Por favor. - suplicó para sorpresa de Stan - Este es un último favor, no volveré a buscarte ni pedirte nada.
Kyle giró un poco para poder ver a su amigo, quería tener paz; ese anhelo de transmitía en sus iris. Stan supo que no tenía más opción. Giró los ojos, se ganaría problemas y se arrepentiría luego, estaba seguro.
- Te llevaré a ver a mi amigo con una condición. - recalcó Stan con clara alusión a estar obligado a ceder.
- habla entonces - apuró el otro pelinegro.
- después de hoy, no vuelvas a buscarle. Como dije, déjalo en paz, él solo trata de reconstruir su vida, igual que tú. Te lo advierto, no lo lastimes...
- Prometo no lastimarle, lo otro sobre buscarle no depende de ti o de mí, depende de él.
Kyle dio un paso al frente, había que hacer un plan si ambos iban a hacer la treta.
- Bien, ya que llegaron a un acuerdo, podemos planear cómo harán la entrada. Escuchen, harán lo que les diga, y esperemos que todo salga bien.
- ¿Quién te puso al mando..? - el tono de voz de Craig hacía notar su incomodidad y también dejó lo último al aire al no saber el nombre del chico.
- soy Kyle, testarudo, ¿acaso algo que has hecho ha funcionado para hablarle? ¡no-o-o! Ahora te queda seguir mi plan, ¿oíste? Esto es lo que haremos...
Richard y Tweek daban los últimos detalles a su nuevo local; un recinto pequeño, con mesas y sillas de madera color caoba, adornada de velas sobre las mesas y velas más grandes pegadas a las paredes en candelabros para ser la iluminación total del lugar. Había una barra de madera y una puerta detrás que daba paso a la cocina, dónde salía un aroma particular de la bebida estrella tostándose para la preparació aroma inundaba por primera vez la nariz del jovencito, era algo espectacular y singular, algo mágico. Su mente estaba por las nubes, tanto que no sintió los toques de su padre desde atrás sobre su hombro.
- Tweek, ¿todo está bien?
- ¿Eh? ¡oh sí! - se giró de inmediato realmente apenado por haberle preocupado - ¡todo está bien! ¡el olor es increíble!
Richard pareció pensar un poco, sus ojos divagaron por el rostro de su hijo. Tweek sintió que iba decirle algo malo.
- Hijo, esto es horrible, los criados no han traído el azúcar para las bebidas. Despedí al tipo de la carroza y ahora debo conseguir otro transporte para traer el material. Tendré que ausentarme por unos quince minutos.
Tweek cambió su expresión abruptamente a una cara de horror.
- ¡¿Me quedaré solo?!
- Hijo, me apena mucho pedirte esto, y aún más por ser el primer día, ¿podrás hacerlo?
Los pasos desde la parte de arriba, seguidos de ruidos de las escaleras alertaron la llegada de los primeros clientes. De inmediato Tweek y Richard les dieron la bienvenida a los tres hombres, unos de traje elegante y monoculares, parecían aristócratas.
- Has practicado los saludos y las recetas, no tendrás problemas. Confío en ti. - le susurró al oído. - Espero que solo pidan café amargo, eso nos dará tiempo.
El mayor con la mejor sonrisa fue a atender a los clientes. En la plática amena que tenían, presentó a su hijo, que sonrió de una manera nerviosa. El pedido fueron tres cafés amargos para despejar la resaca de anoche. Ambos a sintieron, dando por anotada la orden, retirándose a un lugar lo suficiente lejano para no ser oídos.
- Es que no sé si podré manejar esto yo solo, no quiero decepcionarte. - chilló moviendo las manos de forma nerviosa a la altura de su cadera.
Richard sonrió, le acarició la cabeza y pasó por encima un mandil blanco para cubrir su parte frontal.
- Lo harás bien.
El mayor se retiró. Tweek se quedó solo, inerte, como si sus pies estuvieran congelados sin saber qué hacer.
- Oye, ¿podrías apurarte con esos cafés amargos que pedimos?
Tweek despertó de su ensueño y sin más, corrió a preparar las bebidas.
Fuera del lugar, Stan estaba en la puerta, y dio una mirada rápida a Kyle y Craig, ubicados detrás del letrero de madera y fondo negro con letras blancas elegantes que anunciaba la inauguración: "Hoy, apertura de cafetería London's drink (Nombre nuevo dado por Richard al saber del sobreviviente) . Ven y prueba la deliciosa bebida amarga que no podrás dejar de disfrutar."
Stan entró, dando marcha al plan.
Mientras tanto, Tweek era felicitado por el sabor fuerte y delicioso. Naturalmente ahora limpiaba nervioso las mesas para disimular la vergüenza de tantos cumplidos, tan ido estaba que ni siquiera notó a Stan descendiendo de los escalones.
Stan al darse cuenta de su presencia, tragó duro, esperaba que lo que fuera a pasar terminara bien. Tranquilidad, debía confiar en el plan de Kyle, él era siempre muy inteligente, siempre sabía qué hacer. Buscó una mesa circular para sentarse, gustando de una en medio de todo el salón. Tweek al escuchar el movimiento de la madera, se acercó, y enseguida reconoció al chico: Su sonrisa no desapareció, y sus pasos se hicieron más lentos al estar aproximándose a su amigo.
- Hola. Viniste. - le saludó amable limpiando sus manos húmedas en el delantal blanco.
- Por supuesto. Oye, este lugar es confortable, pensé que sería algo frío.- inició una charla, y aunque era lo que Kyle le había indicado, no tuvo que fingir, después de todo, era su amigo con el que hablaba.
- Gracias. - su sonrisa desapareció, despertando la preocupación de Stan - Te dije que vinieras porque... quiero hablar contigo sobre algo. - las manos no cesaban de moverse secándose en el delantal. No quería seguir, no podía hacerlo.
- ¿De qué se trata? - preguntó con interés. - Puedes confiar en mí, siempre me tendrás para apoyarte, somos como hermanos, no lo olvides.
- Mm...
¿Qué se supone que debía hacer? Maldición, no quería desobedecer de nuevo, y menos aún con su padre a pocos minutos de regresar. Luego pensó en el lugar, había clientes cerca, si Stan se alteraba haría un escándalo, era mejor evitar todo eso.
- ¿Tweek? ¿Qué sucede? Te quedaste viéndome como si fueras a matarme. - rió ligeramente.
- ¿Eh? ¡No! - detuvo sus manos nerviosas por fin, para apretar el delantal - Stan, ¿podemos conversar en el almacén a solas un momento? Por favor.
- Claro amigo, déjame ir al cuarto a humedecerme el rostro y enseguida iré contigo, ¿es allí el almacén? - señaló la puerta detrás de la barra.
- Te indico dónde está el cuarto de aseo, puedo esperar afuera. - estaba con un pie en camino cuando su amigo con ímpetu le detuvo.
- ¡no, no! Solo indícame dónde está, luego iré al almacén. Es que no pensé que hiciera tanto calor aquí. - le sonrió de lado, una sonrisa extraña.
- Es por el vapor, arreglaremos eso pronto. - respondió con cierta duda. Le parecía que Stan tramaba algo, ¿qué podría ser? - Stan, ¿estás bien?
- ¡Sí! Eh... ve, iré en un segundo. - le hizo un ademán con la mano, y luego apoyando el codo sobre la mesa ovalada, fallando en el intento, perdiendo el equilibrio pero sin caerse, riendo torpemente al rubio que no supo interpretar lo que pasaba. Tweek le vió con una mirada llena de duda, pero aceptó retirarse al almacén. Ni bien la puerta se cerró detrás del rubio, Stan corrió escaleras arriba para la segunda fase del plan.
Tweek, apoyado sobre la pared, veía sin interés los sacos de granos de café del almacén, un lugar no tan pequeño, iluminado con candelabros al igual que el ambiente principal. El aire se sentía un poco húmedo por el vapor de agua, traspirando un poco, aunque no era algo para alarmarse, aunque lo anotó de forma mental en implementar algo contra la humedad. Por precaución, los sacos estaban apilados lejos de los candelabros para evitar incendios y había una mesa larga donde estaban las tasas y demás especias, y en otro lugar, la máquina de evaporación para obtener la bebida que vendían. El cerrojo crujió, alertándole de la entrada de alguien.
Sintió como si fuera a desmayarse cuando vio a Burdock entrar. El recién llegado entró como un ladrón siendo perseguido, cerrando la puerta y apoyándose en ella mientras veía al rubio con intensidad.
Tweek estaba a punto de gritar; abrió la boca, intentó decir o gritar algo, fallando en el intento. Se removió de su lugar para quedar a unos metros de manera frontal al recién llegado, a la vez que sentía sus manos a los lados temblando de frustración e ira, había sido engañado por su amigo, ¡lo había dejado solo de nuevo con ese sujeto!
- ¡¿Pero por qué tú..?!
- ¡Basta! - le alzó la voz lo suficiente para Tweek desistir de su oración, aún con eso, el rubio no dejaba su evidente molestia en su expresión - La vez anterior te dejé hablar, ahora vas a oírme. - terminado lo dicho, relajó su postura, mas su mirada seguía firme sobre el rubio - Dame 10 minutos, y si luego quieres que me vaya, lo haré, no volveré a buscarte. Lo prometo.
Tweek vaciló moviéndose sobre su sitio con incomodidad, ¿qué iba a hacer? Su padre estaba por llegar, no quería que viera a alguien más saber de su secreto, eso evidenciaría su mentira y de seguro su padre estaría tan decepcionado.
- Por favor. - insistió Craig. Cada segundo que pasaba se sentía peor, no debió escuchar a ese pelirrojo, a final de cuentas, estaba ahí por una falacia y él no deseó nunca que las cosas fueran así.
Tweek sopesó el escenario: si no cedía, de seguro que ese sujeto seguiría hablando y no quería imaginar a su padre entrar y encontrarlos juntos, y mucho menos mencionando su vida pasada, ¡eso sería demasiado para soportarlo! Golpeó un par de veces con el talón de sus zapatos el suelo de madera tratando en vano de buscar otra solución que no fuera acceder: nada se le vino a la cabeza. No quería escándalos, era mejor ceder y finiquitar esto de un cañonazo, así que asintió cabizbajo.
- No demores. - agregó a su afirmación sin mirarle.
Craig no contestó, tomó aire para empezar su discurso:
Hablar no es lo mío, pero haré lo mejor posible. Luego de desembarcar hace dos años, estuve encerrado en un sanatorio. Mi madre y mi hermana querían ayudarme a que volvieran mis recuerdos, y también puse de mi parte, juro que lo hice, y aunque intento una otra vez, aún no puedo recuperarlos todos por completo.
- ¿Tienes familia? - preguntó sorprendido su oyente.
- Sí. - asintió y prosiguió - El punto es, que yo aún no puedo recordar con exactitud que sucedió para llegar a tu barco, tampoco sé porqué navegué a mar abierto, pero solo tengo claro una cosa: la última noche que estuvimos juntos. La recuerdo, siempre la tengo en mente. - se acercaba con cuidado, esperando que el chico no retrocediera. Tweek se había sonrojado notoriamente, y parecía tan avergonzado que parecía una estatua colorada, con la boca semiabierta - Cada noche viene a mí, y no puedo evitar sentir lo que sentí en ese momento...
- ¡Cállate! ¡Cállate! - gritó el rubio reaccionando por fin, tapándose los oídos - ¡Fue un error! ¡No quiero recordar!
- ¡Yo sí! ¡Quiero recordar! - forcejeó con Tweek para destaparle los oídos, lográndolo momentáneamente, haciendo temblar al rubio que le veía muy avergonzado por la cercanía, y también por el agarre firme del pelinegro que bajó sus brazos: sostenía sus manos con las suyas, un toque firme, suave, con los ojos azules tan cerca de los suyos, tan cerca que podía sentir el calor corporal del chico. El agarre y su mirada persuasiva le hacían temblar las rodillas.
- Mi padre fue asesinado por un pirata, pero tú eras diferente, tenías algo que no puedo explicar, yo...
- ¿Tu padre fue asesinado por un pirata? - le miró con extrañeza, luchando por soltarse; se sentía ahora demasiado incómodo con la presencia del otro insistiendo en algo que claramente no podía ser. - ¿¡Por qué!? ¡Sabes lo que fui! ¿Acaso no me odias? ¡Tus recuerdos deberían recordarte que me odias y no...! - no pudo terminar la frase, cerró la boca abruptamente.
- ¡Pero no lo hago! ¡Te lo dije la noche del baile! - se tomó una leve pausa para tomar aire, tratando de calmar sus palabras - Dime tu nombre, mis recuerdos volverán, podré recordar todo claramente y entonces tú y yo...
- ¡No! - el rubio rehuyó al azabache con claras intenciones de irse a abrir la puerta - ¡Olvídalo! ¡Tengo una oportunidad nueva! ¡Tengo a mi padre! ¡Tú y yo ni siquiera nos conocemos! ¡Lárgate y no regreses!
Su mano alcanzó el cerrojo, mas el azabache puso la mano encima de la suya. Tweek sintió un chispazo que recorrió su piel hasta llegar a la espalda, y no ayudaba que el aliento del otro chico le tocara suavemente la oreja por detrás.
- Tú recuerdas lo que ocurrió, estoy seguro que lo recuerdas. - Su voz se acercaba cada vez más, haciéndole tragar duro. Era tal como lo recordaba, su aroma masculino mezclado con los granos en la máquina - Si no sentiste nada, dímelo a la cara y entonces te dejaré para siempre.
- No me conoces... - musitó. Ni siquiera él podía decirle lo que había sentido, solo sabía que una necesidad de tener a ese chico cerca le surcaba con fuerza la mente.
- Entonces vendré a verte aquí. Vendré todos los días de mi vida hasta tener una respuesta tuya.
Tweek se sobresaltó, giró en su sitio lentamente, teniendo un encuentro de cerca con el rostro del chico. Oh, benditos centímetros que lo salvaban de cometer una locura con esos labios firmes que miraba con interés sin notarlo. Labios firmes, que buscaba esa noche en medio del colchón de mantas; todo se revivía ahora una y otra vez.
Las bisagras rechinaron. El cerrojo hizo un ruido sordo alertando la entrada de alguien más.
Richard Tweek hacía presencia en el almacén, sorprendiendo a ambos jóvenes. Su ceño se frunció inspeccionando a su hijo y el porqué estaba allí y no atendiendo a los clientes, para luego fijarse en el otro joven que empezaba a agitarse al reconocerle de entre sus recuerdos. Richard también observó con sorpresa al marino, y en un breve instante, ya había cerrado la puerta tras de sí, extendiendo su mano para el chico que hiperventilaba.
- ¡Cuánto tiempo! Nunca pude agradecerte todo lo que hiciste por mi hijo. - El mayor ni se percataba que el chico estaba a punto de un colapso por la cantidad de recuerdos que se desenrollaban en su mente como una cuerda con miles de nudos desatándose. - Le salvaste la vida a Tweek. Gracias.
- Tweek... - alcanzó a decir cuando perdió la consciencia.
Tweek por su parte le miraba impresionado, Craig parecía mareado, y lo afirmó cuando el chico se tomó la cabeza y se desvaneció en frente de ellos.
En la carroza de Kyle, Stan veía con culpabilidad las calles. Sabía ahora dónde estaba su amigo, ¿pero querría recibirlo ahora luego de esto?
- No te lamentes más, Stan. - el astrónomo leía un libro en silencio sin prestar atención a nada más, pero era obvio que su amigo se encotraba perturbado - Lo que suceda entre ellos no depende de ti. Si el rubio no quiere verlo, simplemente lo echará a patadas. Hiciste lo correcto, ahora solucionarán todo y serás libre de todo esto.
- MM... - masculló distraído su asistente que apoyó su frente en el vidrio frío.
- ¡mhp! Cambiando de tema, escuché algunas cosas que podríamos hacer, tengo muchas investigaciones pendientes en otros lugares del país. Luego de nuestro viaje, estoy seguro que ese chico ya estará más tranquilo y podrán conversar como buenos amigos.
El carruaje se detuvo. Habían llegado a su hogar temporal.
Stan bajó primero, y luego Kyle en completo silencio. Stan abrió la puerta para su amo, cuando de pronto, un criado salió de la casa para darle correo urgente.
- Ah, gracias. - se extrañó el pelirrojo ingresando a su estancia con la carta entre las manos inspeccionándola con la mirada: tenía el sello de la guardia del orden. ¿Por qué la policía lo contactaría?
- ¿Qué es eso, Kyle? - interrogó Stan que le seguía desde atrás.
Kyle tomó el abrecartas de una mesita y sacó el mensaje, leyéndolo con cuidado mientras se sentaba en el sofá. Stan hizo lo propio a su lado, esperando la noticia.
El astrónomo bajó la carta, y con ojos estupefactos se la pasó a Stan que le observó interrogante.
- Tu padre... dicen que tu padre está vivo...
OOOOOOOOOOOH! ¡Sí! ¿A qué no esperaban eso, eh?
Ah - suspiro .- actualizo cada mil años, lo sé. Agradezco su infinita paciencia por eso, de veras :(
Espero que les haya gustado y si les gustó, déjame saberlo a través de los comen y ya sabes, estoy aceptando donaciones a través de .
¡Y tú! ¿Ya sentiste el poder del cosmos?
