Muchas gracias por su infinita paciencia. Espero no haberles hecho esperar mucho para esta nueva entrega. Gracias a Kime por sus lindas palabras, aprecio mucho cada comentario :D . No olviden que tengo una cuenta para donativos si es que quieren apoyar a esta adorable escritora n.n (xD).
Disfruten esta nueva entrega.
- Ngh...
Tweek estaba ventilando arrodillado a un lado del inconsciente, con su mandil el rostro del chico en el suelo desde hacía varios minutos, y tanta fue la espera en aguardar que reaccione que sus brazos se sentían entumecidos, tanto para mover torpemente sus brazos de arriba hacia abajo.
- Bien, ya puse el letrero de que estamos en descanso. - Entró Richard anunciándose en la cocina.
- Papá... - volteó a verlo expectante, su padre le había prometido contarle el porqué de su alegre reacción al ver a este chico.
- Vaya, ¿y por qué se desmayó? - le preguntó con curiosidad desviando por un momento la pregunta de su hijo, acercándose a ambos chicos.
- ¡Yo no hice nada! - respondió tajante poniéndose de pie, y enseguida bajando la cabeza en vergüenza de inmediato por su contestación tan insolente.
- Está bien, no tienes que alterarte. - tranquilizó el mayor con voz suave, para alegría de Tweek - Le debo mucho a este joven, él te salvó según supe, estuvo contigo en ese maldito barco pirata, ¿no es así? - el rubio cambió su semblante tranquilo a uno perturbado, no le gustaba que su padre le recordara su "funesto" pasado, y tampoco le gustaba recordarle el sufrimiento que le había causado. Después de todo, él se culpaba de la desgracia que había pasado a su familia. - Lo último que supe es que no estaba bien de la memoria, por eso lo enviaron a un sanatorio, o algo así pude enterarme. - El mayor apoyó una rodilla en el suelo, y de inmediato Tweek le imitó; ambos ahora observaban cualquier gesticulación del chico que indicara que despertaba de su letargo.
- ¿Cómo lo conoces? - preguntó el rubio tratando de regresar al tema principal, y agregó luego con preocupación: - Papá, él lo sabe. - Su mirada viajó hasta el apacible rostro del mayor que le veía con una pequeña sonrisa - Él podría...
- No. - negó sin titubeos, sorprendiendo a su hijo - Confío en él, después de todo, fue por su acción que pude recuperar a mi hijo; mi más grande tesoro. - le sonrió a su heredero que le devolvió el gesto. - Te lo conté hace mucho, pero no ahondé en detalles por ser irrelevante para tu proceso de recuperación y educación. Te lo contaré todo, no tendré reservas esta vez, solo tienes que decir que sí quieres saberlo. Respetaré tu decisión.
Tweek asintió suavemente un par de veces.
En su inconsciencia, Craig también estaba escuchando, siendo guiado por la voz grave del hombre que desenterraban sus memorias en imágenes que ahora podía distinguir con claridad:
FLASHBACK
Era una tarde lluviosa como las comunes en Londres. Como parte de su entrenamiento militar naval, se había quedado hasta más de las cuatro del atardecer junto a Token en el área de prácticas; un lugar al aire libre que ahora parecía el peor lugar de entrenamiento con tantas gotas de agua nublando su visión y humedeciendo la danza de espadas de ambos jóvenes. En el golpe definitivo,chocaron los aceros, sus ojos a pocos centímetros no apartaban la mirada del oponente y sus narices goteaban. Solo se escuchaban sus respiraciones violentas y el palpitar de los corazones agitados.
- Craig, mejor paremos. No quiero sufrir un resfriado. - le había dicho el moreno alejándose para recuperar aire en sus pulmones.
- Bien. - Había contestado Craig bajando la espada y enfundándola en su cinturón.
Ambos se refugiaron bajo unas vigas de madera sosteniendo una tela gruesa que servía de refugio temporal para las armas, y que ahora era un perfecto refugio contra la lluvia. Estaban empapados de pies a cabeza, y su respiración era rápida y constante; aire caliente en forma de nube salía de sus bocas.
- Entonces, ¿te vas a casa, amigo? - le preguntó el hijo de los Black.
Al escuchar la palabra "casa" hizo revocar el gran problema que había rondado su cabeza toda la mañana, y que trataba de ignorar hasta este momento. Había despertado temprano por los gritos de la primera planta. Su madre gritaba a su hermana, y al interrogar por el asunto, esta explicó que había prometido a su hermana en matrimonio para solucionar el grave problema que tenían y que él recién tomaba conocimiento: Estaban a punto de embargar todos sus bienes y la casa. Estaban a punto de perderlo todo, y no había dinero posible para pagar la cuantiosa deuda, era demasiado tarde.
Laura sabía que su hijo aún siendo cadete naval, jamás podría ayudarla a pagar la gran deuda que pesaba sobre la familia, esa era la única solución que les quedaba, y Craig no tuvo palabras para negar o protestar mientras escuchaba atentamente su explicación.
Aún sin saber bien qué haría, calmó lo mejor posible a su hermana, prometiéndole encontrar una solución, que confiara en él.
Que ambas lo hicieran.
Tricia asintió en silencio, y ante las miradas tristes de su madre y hermana, salió en silencio a la escuela naval.
- ¿Craig? - le llamó Token al ver a su amigo tan ido.
El azabache le dirigió una mirada vacía, y luego agregó:
- Me quedaré a hablar con el capitán. Adelántate.
Token sospechaba del silencio de su amigo, y aunque volvió a preguntar, Craig parecía una caja con candado. Resignado ante el hermetismo de su mejor amigo, se despidió de él, dejándole solo.
Con la firmeza de un hombre, Craig se adentró a los aposentos principales de la escuela naval. Los criados prendían los candelabros del pasillo a medida que él avanzaba, ya era muy de noche. Avanzó por el largo y angosto pasillo en dónde había recibido información de parte de los criados de una junta en la que estaba su superior Cartman, un tipo obeso y cabrón que no le agradaba tratar desde siempre. Su ropa empapada le calaba los huesos, su espalda tiritaba de frío al igual que sus dientes, mas eso no detenía su pensamiento de que algo raro estaba pasando.
Mierda, y justo hoy ocurría esa maldita reunión. Si era necesario, entraría a la fuerza.
Pasando por una habitación cerrada, pudo escuchar susurros dentro, y entre esos susurros, distinguió la voz de su amigo, Token. Pegó la oreja en la madera para escuchar.
- ¡No! ¡Me niego rotundamente! - gritó Token, y enseguida se escuchó un firme golpe sobre la madera.
Ruidos.
- Busque a un graduado, es algo inadmisible pedir esto a un estudiante. - la voz era nuevamente de Token.
- Token, por favor, eres un genio de las armas y conoces sobre manejo de cañones y todo eso, y aunque falten meses para tu graduación, creí que tú eras el indicado. Además, habrá una pequeña parte de recompensa para ti. SOLO una pequeña parte.
Craig pegó más su oído.
- Seguro que algo debes ganar tú, no creo que tengas el alma caritativa para hacer ese tipo de favores a este hombre gratis. - comentó directo.
- ¡Yo no negocio mis comisiones con subordinados! - se quejó el regordete oficial - ¡Si no quieres, encontraré a otro idiota que lo haga! ¡Digo! ¡Voluntario!
Entonces Craig supo que debía entrar, y así lo hizo para sorpresa de todos.
- ¿interrumpo? - dijo a modo de saludo, chocando el talón de sus botas con firmeza contra el piso con su abrupta entrada.
- ¡¿Y a ti quién te llamó, idiota?! - se levantó de su sitio su superior Cartman - ¡Lárgate antes de..! - entonces pareció pensarlo, como si los planetas se alinearan en su cabeza y de pronto, una sonrisa maléfica se dibujó en su rostro - Oh, es verdad, tu padre fue un cazador de piratas, ¿eh, Tucker?
- Craig, es mejor que nos vayamos. No tengo nada más que decir. - Token estaba dirigiéndose a la salida, y al pasar al lado de Craig, este lo pasó de largo para situarse a la vista de su superior. Un hombre oculto tras una gabardina también estaba allí, sentado cerca de la mesa de Cartman, pero no distinguía su rostro.
- Hablaste de una recompensa. - dijo Craig sin rodeos, ignorando cualquier pregunta o comentario - ¿Qué debo hacer para tenerla?
- Es mi hijo, señor.
Entonces Tucker tomó atención al hombre misterioso. Este alzó un poco la cabeza, y las velas le ayudaron a distinguir solo una parte del rostro.
- ¿Es usted quién da la recompensa? - preguntó al hombre que se sacó la capucha para dejarse ver en totalidad.
Sus ojos, sus facciones, su tez; todo ahora concordaba.
- Mi hijo fue secuestrado hace muchos años por unos malditos piratas que lo arrancaron de los brazos muertos de su madre. - la voz del hombre se quebró al recordar ese momento. - He confiado en muchos marinos que fueron en expediciones para no volver jamás. Vine a pedir ayuda aquí con el capitán Cartman, y él me dijo que había un joven talentoso en su academia a punto de graduarse que podía completar esta misión.
- Lo lamento, pero como ya le expliqué - se apresuró a decir Token regresando sobre sus pasos-, es demasiado arriesgado. Tendré que negarme a su oferta, lo siento.
- Acepto la misión. - se apresuró decir Craig.
Token giró a verle y de inmediato empezó con protestas.
- ¡Estás loco! ¡es casi un suicidio! ¿Acaso es por la recompensa? ¡Te daré el dinero que quieras! ¡Pues dinero no es problema, mi amigo! - le encaró con la tristeza e ira mezcladas en las facciones de su rostro; sabía que Craig podía ser muy terco y necio - ¡No tienes porque acceder! ¡No te dejaré ir a morir a altamar!
- Token. - llamó con fuerza el azabache, como si regañara a su hermano menor - Esta misión es más que solo dinero. Si implica matar piratas, lo haré con el doble de satisfacción. No te metas en mis asuntos.
Terminada su frase, pasó por el lado de Token para presentarse y preguntar detalles al adulto en gabardina.
- Acepto con una condición: quiero la recompensa total en este momento, ya que si muero, ¿de qué me serviría tenerla después?
- Oh, entonces yo también exijo mi parte por adelantado.- agregó el superior Cartman con una enorme sonrisa.
- ¿Toda la recompensa? ¿Por qué confiaría en usted a diferencia de los demás que se robaron mi dinero? - Preguntó el hombre.
- Mi padre fue un soldado de la marina asesinado por un pirata. - explicó con el odio en cada palabra, buscando en sus bolsillos la medalla de su difunto padre y mostrándosela por unos segundos al hombre - Puede confiar en mí, no hay nadie en el mundo que los odie más que yo.
- Oh, él es hijo de uno de los mejores soldados de la fuerza naval, el segundo en su clase y gran dominio de muchas armas, ¡hasta podría pelear audazmente con una vara de madera, créame! - presentó la "mercancía" al señor Tweak.
- Me inspira la suficiente confianza, esa medalla se ve auténtica y su determinación es bastante convincente, así que accedo también a su requisito: la recompensa es suya. - Cartman dió un gritó de alegría en su lugar. El hombre siguió viendo a los ojos al joven -. Yo también tengo una condición: quiero que zarpe de inmediato.
- Pero no tengo un barco. Mañana tendré uno, deme hasta mañana.
- Ya está todo listo, puede partir de inmediato - interrumpió el hombre de gabardina- Señor...
- Craig, mi nombre es Craig Tucker. - se presentó rápidamente. - ¿y usted?
- Mi nombre es Richard Tweak. - el hombre buscó por entre sus bolsillos, y le extendió un papel amarillento - es un retrato cercano a cómo debe lucir mi hijo; él era rubio y con ojos verdes, además de contar con una marca de nacimiento bastante reconocible.
- Entiendo. - asintió el azabache guardando el retrato en sus ropas. - Partiré enseguida.
Token ya resignado a la decisión de su amigo, llamó a Cartman para hablar fuera de la habitación mientras que Craig se quedaba oyendo los detalles de su viaje. Cuando Cartman y Token abandonaron la oficina, el señor Tweak se acercó a él y le miró con detenimiento, pronunciando la frase que le había aparecido en la memoria durante su travesía en el barco:
Sé que mi hijo esta vivo,por favor, encuéntralo. "Tweek" era el nombre que su madre escogió para nuestro pequeño. Él esta vivo, sé que lo está. Te lo ruego, tráelo de vuelta con su padre, tráelo de vuelta a casa."
Luego recordó haber zarpado a hurtadillas junto a Token y su grupo de marineros hasta el muelle en las tinieblas de la noche. Aún siendo varones todos, sería mal visto verlos tan tarde en la calle.
Había dejado el dinero listo para que su madre lo retirara al día siguiente y una carta para ella y hermana con Token. No quiso ir a casa a despedirse , era su responsabilidad proteger a su familia como había jurado a su padre hacer en su ausencia. Token y él se abrazaron brevemente antes de que parta. La suerte de un soldado naval era incierta, y ellos lo sabían bien.
Cuando su barco se perdió en el horizonte, Token rogó en silencio a su Dios volver a ver a su amigo.
Craig y su tripulación tuvieron un viaje apacible por unos cuántos días, antes de sentir los primeros ataques piratas. Con la inexperiencia de su edad, había fallado en direccionar a su equipo en el último feroz ataque, produciendo un mayor número de heridos de los que se esperaba, sin contar las pérdidas humanas. No habían recuperado fuerzas cuando un último ataque pirata terminó por herir mortalmente a su grupo. Solo Dios sabía, pero milagrosamente habían podido resistir el robo del barco, no obstante ahora el grupo era muy pequeño, y Craig supo que estaba en problemas.
Por fortuna, un barco mercantil cruzó cerca a ellos a los pocos días. Los rescató del barco que estaba en condiciones precarias y mientras iban de regreso a Inglaterra para avisar de la falla en la misión, se ofrecieron a trabajar en las labores de recolección de peces como pago por un espacio en el barco y comida.
Comida pesada,seca y sosa. Al menos llenaba el estómago.
El barco era de una tienda conocida llamada "Burdock", que se dedicaba a recolectar peces para venderlo en latas de hojalata. Toda una novedad, por eso la demanda de pescado había aumentado y por ello más barcos pesqueros se veían más a menudo.
Durante el viaje, Craig se sentía avergonzado y derrotado. Había fallado y era muy probable que el hombre le pidiera el dinero de vuelta, ¿cómo podría solucionar eso? Tirando fuerte de la red de pesca junto a los demás un día, pensaba en miles de posibilidades en cómo remediar la situación.
A medianoche, y luego de una ura jornada dura de trabajo, durmiendo junto a otros marineros en la interperie, una tormenta los sorprendió. Los rayos reventaban en las olas, y los truenos los ensordecían; las olas mecían el barco con furia, y los tripulantes se tropezaban entre ellos al tratar de resguardar todo lo de valor, manteniendo el equilibrio en lo posible sobre el piso mojado, como buenos marineros que eran. No recuerda, pero en un momento rememora haber ido a popa para resguardar las redes de pesca, es ahí cuando la lluvia torrencial le nubla la visión, y siente bajo sus pies como la madera del barco se quiebra y la parte del barco dónde estaba él, se desprende violentamente a mar abierto ante la mirada atónita de los demás que no pudieron hacer nada para ayudarle. Gritos, es lo último que recuerda de ese momento.
Cuando abrió los ojos, conectó el recuerdo de Tweek y su tripulación. Ahora entendía todo.
FIN FLASHBACK
Craig se levantó de forma abrupta, apoyando las palmas sobre el suelo para impulsarse. Tweek dio un salto hacia atrás cayendo sobre su trasero mientras su padre sonreía.
- Vaya, parece que ya estás bien. - dijo a modo de saludo el mayor. Craig lo observó con ojos cansados. - Lo siento, he dejado cerrada mucho tiempo la cafetería, espero que entiendas si me retiro, claro, si es que ya te sientes mejor, joven Tucker.
El muchacho asintió despacio sin mirarle, tenía muchas cosas que preguntar a Token, a su madre... a todos.
- Bien, entonces me retiro. - el mayor se puso de pie - Tweek, cuida de él hasta que se reponga por completo.
Tweek estaba punto de protestar, pero se detuvo al notar que estaba siendo grosero y soltó el aire lentamente, intercambiando miradas con su "salvador". Giró los ojos con molestia, pero al no ver ninguna reacción de Burdock, ni siquiera una queja, supuso que el joven genuinamente se encontraba en mal estado y su pobre corazón se compadeció. No era un mal chico, no era lo que su padre le había enseñado.
Hablando de Craig, en estos momentos no sabía qué sentir por el joven. Ahora sabiendo la verdad completa, estaba confundido sobre su pasado y su presente. Craig no era el malvado en esta situación, era solo un soldado que había cumplido su misión, no tenía sentido que le guardara resentimiento, su padre pirata fue el traidor, fue el que ocasionó toda esta historia y ahora lo odiaba con todo su corazón. Nunca le perdonaría, no en esta vida.
Craig también divagaba en sus pensamientos: permaneció pensando en su madre, en Token y en su hermana, ¿por qué no le habían dicho la verdad desde el principio? ¿Por qué le ocultaron lo que había pasado sobre la aventura en el mar? Sobretodo Token. Le debía una explicación.
- Oye...
Craig volvió a la realidad al escuchar la débil voz del rubio a su lado que lo veía con curiosidad; por un momento olvidó dónde estaba.
- Si... Si estás mejor, volveré a mi trabajo. - sus palabras se contradecían, porque no se movió de su lugar ni siquiera cuando terminó de hablar.
- ... - Craig esperó alguna palabra o tal vez un puñetazo. Todo su cuerpo estaba alerta.
- ¿Por qué accediste tan pronto a ayudar a mi padre cuándo te pidió ayuda? - soltó de repente el joven cafetero.
Su invitado aclaró su garganta. Esperaba que la respuesta que le diera no provocara que el rubio se resintiera más con él, ya suficiente tenía con ser señalado como el culpable de todo. La mirada directa en su rostro no ayudaba a controlar los palpitares erráticos de su corazón.
- Lo hice por dinero...
Tweek frunció el entrecejo, mas Craig no le dejó ni pensar en rebatir agregando:
- Mi familia y yo lo perderíamos todo. Admito que tenía miedo, aún no me graduaba, aún así, no iba a dejar a mi familia desamparada. La familia es lo más importante, creo que me comprendes bien, tú haces lo mismo con tu padre al actuar de esta forma.
- ¿A qué te refieres?
- Acabo de verte, te comportas como si temieras la reacción de tu padre si hicieras algo que no está pautado como en un guión de un libro. Créeme, te entiendo.
Tweek abrió la boca, a la vez que Craig se ponía de pie con dificultad.
- Tú no sabes nada sobre mí, no hables como si lo supieras todo - le incriminó molesto el hijo de Richard.
- Conocí a un chico valiente en un barco, y por alguna razón, el recuerdo de un beso en una noche no se va, aún con mi memoria frágil. - comentó sin prestar atención a lo dicho por el rubio, observándolo con atención. Quería saber su reacción al escuchar su confesión.
Tweek sintió como su cuerpo se sentía tan pesado en este momento; su cuerpo y rostro quemaban como en el día más caluroso del verano. Estaba totalmente ruborizado, y veía con ojos grandes a ese chico tan alto que le veía con una mezcla de tristeza y... algo más que no quería decir ni tratar de entender.
- Tweek, quisiera que dejaras de culparme por lo que pasó. Sabes la verdad ahora, y yo también.
El rubio no respondió, solo apartó su mirada a un lado sin poder disimular su sonrojo.
- ... Y también tienes razón en algo - agregó.
Los ojos del rubio de nuevo volvieron al joven militar.
- No conozco al chico que eres ahora, o mi memoria no me ayuda tal vez, pero también sé que el sentimiento que tuve contigo no lo he sentido por nadie más. - pausó un momento. Tweek esperaba lo que quisiera decirle - Por eso volveré, vendré cada tarde a verte, quisiera que hablemos tranquilamente tú y yo, solo así aceptaré que si algo no funciona, me rendiré contigo para siempre.
- Craig. - llamó por fin el rubio con toda su fuerza de voluntad - ¿Qué es lo que estás tratando de decirme? - el rubio con dificultad, también se irguió.
De inmediato el joven Tucker se le tintó las mejillas de rojo, y se rascó la nuca con incomodidad.
- Bueno... puedes tomarlo como una intención de cortejo.
- ¿¡ENLOQUECISTE!? - negó con la cabeza - ¡No! ¡Craig, yo nunca...!
- Cálmate, déjame terminar. - le habló suavemente, tomando la mano del rubio con una de las suyas - Si todo va bien, estoy dispuesto a renunciar a todo, iríamos a un lugar fuera de la ciudad y viviríamos una vida tranquila hasta el fin de nuestros días, solo si tú también lo quieres de esa forma. - no se había dado cuenta cuando pasó, su rostro estaba cerca del rostro del rubio, que temblaba y le veía con temor, aunque no se apartaba.
- Yo no... - Tweek que había iniciado con un hilo de voz, afirmó con voz ruda las demás palabras - No voy a decepcionar a mi padre, no voy a hacerlo. - se soltó del agarre - Craig, yo no puedo hacerle eso. - bajó su mirada pensando en la expresión de su padre si escuchaba lo que el joven le decía.
De repente, el pelinegro asintió y se adelantó hacia la puerta, dejando estupefacto al rubio que giró lentamente sobre su eje, pero no se movió de su lugar,con una expresión interrogante.
Craig abrió la puerta, mas no salió.
- No te presionaré, seré paciente. - dijo como si no fuera esa frase para el rubio, y sonrió de medio lado - Después de todo, luego de todo lo que he dicho, no he escuchado ninguna prohibición tuya o amenaza de que no regrese, eso es bueno.
- ¡¿Ah?! - se indignó el rubio totalmente rojo de nuevo, dándose cuenta de que eso era cierto, ¡maldición! - ¡¿Pero cómo te atreves?! ¡ME TOMASTE DESPREVENIDO! ¡NO REGRESES POR...!
La puerta se cerró antes de que terminara la frase.
En soledad, Tweek también sonrió de medio lado. Tenía que admitir que la actitud del joven siempre le había resultado interesante. Su mueca se transformó en una de indignación al darse cuenta de lo que había hecho.
¿Él volvería como había prometido?
.- Calles de Londres -.
De inmediato ambos jóvenes, Stan y Kyle, habían tomado pan fresco, algunas latas de atún para el ajetreo del viaje y se dirigían al lugar dónde el vagabundo que decía tener un hijo llamado Stan, agonizaba en las mazmorras de la ciudad de Liverpool. Stan estaba tan exaltado y nervioso que había olvidado no hablar temas de piratas en público.
- Aún no entiendo cómo supieron de mí, ¿mi padre les habrá dicho que yo era...?
- ¡shh! - el pelirrojo silenció sus labios en seña de que el cochero podía oírles. Prosiguió: - En realidad, hay algunos chicos con ese nombre. El guardia que es conocido mío, recordó que un chico con el nombre era asistente del astrónomo de la ciudad y fuimos de las primeras opciones en ser llamadas. No tenemos certeza, no sabemos si es él. No te esperances por favor.
- Cuando me lo dijiste sentí algo en mi pecho. - el pelinegro habló perdido entre sus memorias - Es él, Kyle, estoy seguro. - le dio una media sonrisa a su amigo.
Kyle asintió para darle la razón y subir su ánimo. Él tenía muchísimas suspicacias más, pero no se las diría; Stan era un chico sensible, no quería romper su burbuja de felicidad por sus conjeturas.
Su sentimentalismo era lo que más le gustaba de él.
- De cierta forma, debo agradecerte, Kyle. Sin ti, tal vez nunca me hubieran hallado. Soy el asistente del reconocido astrónomo Broflovski.
- No es para tanto. -le restó importancia el pelirrojo - Me alegra ayudarte.
- Kyle, siempre me he preguntado cómo puedo agradecerte por todo lo que has hecho por mí. Espero algún día hacer algo tan grande por ti como retribución, eso lo juro.
Su escucha solo negó un par de veces, y continúo su lectura. Esta no era la primera vez que escuchaba lo mismo, y ya creía inútil la misma respuesta que utilizaba: "Solo quiero que estés a mi lado, esa es tu retribución para mí".
El pelirrojo volvió a su lectura, y al atravesar las calles bulliciosas del mercado de la ciudad, le entró una pregunta a su mente al ver los pescados del puerto.
- Stan, nunca te pregunté, ¿cuál era tu nombre pirata por el que eras llamado? - le preguntó despacio el pelirrojo.
- pues... Me llamaba" Stan Rotten"-le dijo cauteloso como su amo.
- ¿ah? - se extrañó su oyente para luego soltar una risa queda desde la garganta - ¿y eso?
- veras...No recuerdo mucho de mi infancia por una extraña razón, mi padre dice que puede ser por la noticia de la muerte de mi madre y hermana, ya sabes, el shock. Lo primero que recuerdo es verme con mi padre en un barco mercante, trapeando o arrojando los deperdecios al mar. El poco tiempo libre que tenía, lo usaba para pasear por allí, y recuerdo que hice buenas migas con el cocinero. Aprendí un par de cosas, aunque no tengo talento para eso. Creo que pude aprender teniendo... - frotó sus palmas con nerviosismo, sabiendo que el pelirrojo tenía sus ojos fijos en él - la motivación correcta.
Kyle sonrió enternecido.
Stan refrescó sus labios para proseguir:
-Luego ocurrió el accidente. El barco tuvo una revuelta entre los marineros y muchos de nosotros fuimos abandonados a mar abierto puestos en pequeñas botes. Recuerdo tener en mis manos mi identificación como ciudadano de este país, fue lo único que pude salvar de mi infancia. Días enteros en el mar, mi padre al ver lo que ocultaba, intentó quitarme lo único que me unía a tierra y a la memoria de mi familia. Estoy seguro que lo guardé, sin embargo después de muchos años, olvidé su ubicación en el barco. Y luego de que nos trajeran a tierra, es muy seguro que el barco ha sido quemado o hundido, y con él, mi más adorado tesoro.
- Lo lamento.
Stan sonrió sin ganas.
- Me hubiera agradado conservarlo.
Durante el resto del viaje, ambos chicos a voz susurrada, siguieron compartiendo historias tanto tristes como felices en diferentes momentos de sus vidas. El viaje sería tranquilo y ameno en la compañía del otro. Largos días les esperaban hasta llegar a Liverpool.
Luego de recobrar completa su memoria, o al menos los momentos más importantes, Craig quería respuestas antes de volver a ver a Tweek como le había prometido. Se vió en la encrucijada de volver a Liverpool y disipar sus dudas sobre el silencio durante estos años, pero ir le tardaría días, y de alguna forma, no quería perder el progreso que había logrado con el rubio; no podía irse, no ahora por lo menos. Frustrado y molesto con todo su entorno cercano, tomó asiento junto a la mesa con tintero y papel para escribir una misiva a Token y otra para su madre y hermana. Se pasó toda una tarde destruyendo y tirando el papel en el bote de basura, sin poder controlar la tinta que derramaba al remarcar demasiado las palabras por la ira. Tratando de acabar con el asunto, al ocultarse el sol, sostuvo con firmeza la pluma y por fin pudo completar dos cartas entendibles. De inmediato ordenó que llevaran las misivas al correo para su entrega, y con eso, esperaba respuestas con prontitud. Finiquitado a medias el asunto, preparó su traje militar de la fiesta (que era el atuendo más elegante que tenía por el momento, tendría que comprar más trajes) para la visita de nuevo a la cafetería.
Abrigado bajo las sábanas suaves, se pemitió pensar por un momento en ese rubio tan enigmático... pero tan atrayente. Sopló la llama para extinguirla y se acomodó de costado para dormir.
Como había prometido, Craig apareció bajando por las escaleras que llevaban a la cafetería en el sótano al día siguiente. Era mediodía, por lo que el local tenía mesas vacías, aunque eso no significaba que no hubieran algunos intelectuales disfrutando de su bebida amarga, discutiendo política y otros auntos de interés nacional.
A Craig poco o nada le importaba lo que pasaba, sus ojos buscaban por entre las mesas a cierto rubio de ojos verdes.
- ¿Señor Tucker?
El militar miró hacia arriba; ahí estaba el padre del rubio con un saco sobre el hombro. Antes de decir algo, bajó rapidamente los escalones sobrantes para no interrumpir al hombre. Richard continuó con su descenso.
- Sí, solo... pasaba por aquí. - dio como única explicación.
- Ya veo. - movió el costal para reacomodarlo sobre su hombro - Por favor, busque una mesa, le daré una taza de nuestra famosa bebida. Es algo amarga, pero no se arrepentirá de probarla. Llamaré a Tweek para que le atienda. De alguna forma, creo que ustedes se llevarían bien. ¿no le parece?
- Sí - asintió. Tweek no había dicho nada a su padre, era mejor así.
De pronto, la puerta que llevaba a la cocina de la cafetería de forma intempestiva; el rubio venía de espaldas para dar contra la puerta y no derramar su bandeja llena de tazas humeantes de café. Al atravesarla, giró para de nuevo fijar la vista en frente y llevar sus bebidas a dos mesas con público.
- Tweek, mira quién regresó. - mencionó su padre antes de ir a dejar el saco a la cocina.
El rubio por puro instinto volteó al lugar dónde su padre había llamado, y se encontró con la figura de su "salvador". Antes de que alguno pudiera decir algo, Richard sacó la cabeza por la puerta:
- Hijo, le he dado una bebida de cortesía al joven Tucker. Por favor, atiéndelo a lo que acomodo todo aquí, por favor. - de nuevo regresó a la cocina.
Craig no tardó mucho en encontrar una mesa redonde desocupada. Buscó posicionar su silla de forma que pudiera ver toda la estancia.
Tweek terminó de entregar todas las bebidas, y al terminar, miró con algo de recelo al pelinegro sentado a unos metros. Se concentró en no hacer ninguna estupidez y se metió a la cocina a buscar la bebida de cortesía.
Craig no tuvo que esperar mucho antes de que el rubio apareciera como un sueño dirigiéndose hacia él directamente.
- Ten. - le dejó con algo de rudeza la bebida chocándola con algo de rudeza sobre la mesa.
- Creí que estábamos bien. - mencionó el pelinegro.
Tweek torció la quijada.
- Craig, no creo que luego de lo que dijiste ayer sea adecuado que vengas aquí. Pensé en tus palabras y...
- Es bueno. - le interrumpió - que al menos hayas pensado en lo que dije por un segundo.
Tweek le miró interrogante sin entender.
- ¿Sabes? - miró la taza frente a él - Es la primera vez que puedo hablar con alguien sin pensarlo demasiado. - sus ojos celestes vieron en silencio al chico.
- ...
- Tweek, ¿no quieres sentarte un momento? Lamento haberte interrumpido, pero si hubieras terminado de decir lo que querías, no habría logrado que invitarte a sentarte un momento conmigo. Solo dame unos minutos en lo que acabo mi bebida.
Al prinicipio el rubio dudó, y de no ser por su infinita curiosidad, se hubiera retirado, mas Tweek en lugar de irse, vio por encima de su hombro a los clientes lo suficientemente apartados para conversar con el pelinegro sin temer a que les escucharan.
Para alegría de Craig, Tweek se sentó en la silla opuesta a él, quedando frente a frente.
Tweek se sentía algo cohibido y aun avergonzado de las palabras del joven Tucker, por eso evitaba verlo al rostro.
- ¿Cómo lo lograste?
Tweek le vio con extrañeza.
- Te comportas como un chico educado, ¿eso es lo que estuviste haciendo todo este tiempo?
- Aún no he aprendido suficiente. Mi padre dice que llevaré cursos en casa durante unos años para igualarme con los demás. - observó a su oyente antes de proseguir - Se ve que tú si eres de una buena familia, solo mira tu ropa.
- Algo así. - se encogió de hombros - No te tomo tanta importancia a eso de los títulos. Mi padre era un conocido militar naval. Mi madre heredó su fortuna cuando él pereció... ehm. - omitió el dato rápidamente sobre los piratas, creyó mejor no comentarlo en este momento - a mar abierto. El dinero se acaba, es lo normal, pero mi madre no cuido esa parte. Es ahí que nuestras deudas empezaron a crecer, lo que me obligó a aceptar la misión de tu padre. Al volver, fui recluido en un sanatorio por algunos años. Tengo pocos recuerdos de ese lugar y creo que es lo mejor, solo recuerdo gritos y luces. Tuviste mejor suerte que yo, según veo - el pelinegro se entretuvo con el vapor del café. Tenía un olor agradable.
Tweek se sorprendió, y de inmediato se vio en la necesidad de contar su experiencia.
- No, suerte no; me costó adecuarme a esta ciudad desde el principio. A mi madre la mataron para secuestrarme en ese barco pirata. Nunca entenderé las razones de ese ladrón y asesino. Cuando llegamos a Inglaterra, estuve un tiempo a las afueras de la ciudad. - Tweek apoyó sus antebrazos uno cerca del otro sobre la mesa y los kiró fijamente, continuando su relato- Cuando mi padre fue a verme, yo parecía como un animal rabioso, eso es lo que me dijo después - Tweek río sin ganas - Cuando estaba en esa casita, encadenado de pies y manos a la pared, lo único que quería era matar a mi padre cada vez que le veía entrar. Le lancé un par de libros que no llegaron a golpearlo. Eso fue suerte, Craig.
Craig asintió. En realidad sí imaginaba un escenario así, lo que había dicho solo había sido para invitar al rubio a hablar y había funcionado.
- Muchas veces, pensé que se daría por vencido conmigo, hasta una tarde. Llegó como siempre, pero libros no traía consigo. En lugar de eso, se sentó en el suelo de tierra con las piernas cruzadas y tarareó una canción. Yo estaba enfurecido, estiré mis brazos sabiendo lo inútil que era hacer eso; luchando contra las cadenas, algó cruzó en mi mente, y sentí extrañamente familiar la tonada. Sin quererlo, detuve mis movimientos y mi padre supo que la canción había tocado una fibra sensible en mí. Mi padre me explicaría en ese instante que esa canción la había aprendido mi madre de las tribus africanas que los habían albergado. Luego de eso, sentí que todo lo que me decía este hombre que decía ser mi padre era verdad.
Craig escuchó con atención la historia, y por primera vez, dio un sorbo de forma distraída a la bebida-
- ¡Iugh! ¡Está amargo! - exclamó sin pensar.
Tweek estalló en risas al ver la mueca que había hecho el joven. No había podido evitarlo.
Craig por primera vez se sentía realmente feliz de haber hecho reír a alguien. Y mucho más si era Tweek.
Luego de que Tweek se calmara, trató de recomponer la seriedad del asunto, aunque el ambiente se había aligerado bastante.
- Craig, te he contado mi historia porque quiero que entiendas que esta vida aquí es importante para mí, no puedo permitirme poner en peligro todo lo que mi padre me ha dado, y eso se asocia con que alguien delate sobre quién fui en el pasado.
- No te delataré. Puedes estar tranquilo.
- Craig, tú me has dejado en claro ayer lo que buscas de mí y la respuesta es no. - Craig no pudo contener un suspiro de derrota - No puedo, no quiero más problemas, y tampoco quiero abandonar a mi padre. Simplemente... es imposible. Será mejor que dejemos este asunto, deberías volver con tu familia, y seguir con tu vida...
- Dime algo. - dijo enérgico.
- ¡agh! ¿Qué? - el rubio empezaba a hartarse de cuántas veces el pelinegro le interrumpía.
- Dime ahora mismo viéndome a los ojos que no sientes ya nada sobre lo que ocurrió esa última noche en el barco. Dilo, y me iré para siempre. No te molestaré más.
Tweek preparó el aire en sus pulmones para hablar, y estaba a punto de hacerlo, sin embargo los ojos celestes penetrantes del joven Tucker le recordaron aquel beso tan dulce de aquella noche. Solo habían sido besos suaves, sin malicia, con caricias suaves sintiendo el calor corporal del otro bajo la piel de sus manos. De solo rememorar aquel momento, Tweek se había ruborizado y entró en un estado de letargo.
Craig estaba feliz, y pensó que era suficiente.
- Te veré mañana. - dijo antes de levantarse y subir las escaleras. Su sonrisa parecía estampada en su rostro.
Cuando Tweek reaccionó, Craig ya se había ido.
- Hijo, ¿todo está bien? - Richard le sorprendió por detrás, haciéndole dar un pequeño brinco sobre el asiento, y de inmediato levantarse de su lugar para hablar con su padre directamente.
- S-sí, todo está bien.
- Tienes el rostro rojo, ¿seguro que estás bien? ¿Y el joven Tucker?
- ¿Ah? ¿Él? Sí, ya se fue.
- Pues, parece que no le gustó el café, no tomó nada del vaso. - comentó Richard al ver la taza intacta. - Parece ser que no volverá.
- Vendrá, estoy seguro. - desvió la mirada con el rubor en las mejillas.
- ¿Por qué tanta seguridad? Los vi platicando hace un rato, por eso no te llamé de nuevo, ¿se llevan bien ustedes dos, eh? Es bueno que hayas logrado hacer un amigo, me alegro por ti. Si viene de nuevo, le ofreceremos otra bebida, una nueva receta más dulce. Los amigos de mi hijo son bienvenidos siempre que quieran, ¿qué te parece, Tweek? Oh, me voy a terminar de moler los granos. Descansa, hijo. - Richard de nuevo se adentró a la cocina.
Entonces Tweek tuvo el respiro que necesitaba, y no tuvo una razón para sonreír como lo hizo, solo quiso hacerlo a la vez que el recuerdo del joven que se había ido invadía su mente.
Thomas alimentaba a su nueva mascota. Habían pasado algunos días desde que el ave había soltado información de su interés, ahora buscaba que nuevamente dijera más información importante. pero el lorito permanecía en completo mutismo, y no sabía porqué.
De un segundo a otro, su puerta se abrió dejando ver a una jovencita elegantemente vestida de un color azul acero, que le resaltaba el cabello rojizo que caía por enfrente de sus hombros.
- Perdona, pensé que no estabas. Quería esperarte, necesito hablar contigo.
- Señorita Red. - se levantó del suelo para bajar la cabeza y cruzar las manos por delante, ante la prima de su amo. - ¿Qué se le ofrece?
La jovencita paseó sus enormes ojos por la habitación. Notó el simpático lorito.
- Que hermosa ave tienes, ¿cómo se llama?
- Aún no le he dado un nombre, señorita.
- Ya veo. - Red de nuevo regresó la atención al sirviente de su primo - Vengo aquí porque quería visitar a mi primo. Toqué a su puerta y nadie contestó.
- Él salió hace unas horas. No me dijo dónde fue.
- Mmm... y tampoco contesta mis cartas, ¿le has entregado las cartas que le llegan de mi parte?
- ¡sí, señorita! ¡carajo! - mordió su labio inferior. No dejaba de ser humillante tener ese tic enfrente de las damas.
- MMM... Thomas, quiero que me digas la verdad, ¿Craig está viendo a otra joven?
- No señorita, al menos yo no lo sé.
- ¿y me dirías si Craig tiene otra mujer?
- Si mi amo no me pide mantener el secreto, se lo diré a usted.
Red no gustó tanto de la respuesta, mas lo dejó pasar. Quería otra cosa aún más importante.
- Sobre el favor...
- ¿Sí?
- Thomas, lo que te pido tal vez no sea correcto para ti, solo quiero que entiendas que soy una chica enamorada, y que quiere tener una oportunidad en el amor.
Thomas entendió de inmediato. Él la entendía, porque él también deseaba esa oportunidad con su amo, aunque fuera prohibido.
- ¿Qué desea que yo haga?
- Es muy fácil.
La joven irrespetando cualquier norma de sirviente-amo, sujetó suavemente el antebrazo del chico tembloroso, y le hizo alzar la mirada para que pudierra verla.
- Quiero que espíes a mi primo por mí.
Bueno, eso es todo por ahora. ¿Siguiente actualización? El otro año xD. Nah, mentira, ustedes saben que demoro, pero actualizo. Siempre les agradeceré por su paciencia.
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