El número de la suerte

Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.

Género: Romance/Humor.

Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley/Harry Potter/Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La visita

—Lleva ese-

—¿Este?

—No, no, aquel- —Draco apuntó un trozo de lana rojo que era, para Harry, exactamente igual al que acababa de sostener. Pero decidió obviarlo y tomar el segundo. De cualquier modo, no existía una forma "correcta" en que debiese verse un suéter de lana para una dragona de algunas semanas de edad.

—¿Algo más? —indagó Harry, porque siempre podía haber más con él.

Draco contempló el bolso y negó tras unos segundos. Pero por supuesto que habría más. Cuando estaban a punto de salir de la casa para Aparecerse, soltó un "oh" y se detuvo.

Harry lo miró por encima del hombro.

—¡Bocadillos! —Draco corrió hacia la cocina, mientras un accio hacía que fuese más rápido tomarlos.

—Ya llevas bocadillos, los de Iona y los de Charlie, por separado, con sus envoltorios, para que Charlie no vuelva a morder uno de Iona por error.

Lo más curioso es que Charlie estaba tan acostumbrado a probar lo que le daba a sus dragones más pequeños que no se daba cuenta de que era un bocadillo para uno, hasta que se lo comentaban. Decía que algunos dragones comían mejor que las personas.

—¿Qué? —Draco regresó con un envase envuelto en papel de color rojo, que metió en el morral que Harry llevaba—. No, esos son los de Iona- los bocadillos de la noche y los de la mañana. Estos son para Charlie.

Harry intentó no reírse al pensar en la forma en que Draco arrugaba la nariz la primera vez que Iona llegó a su cobertizo y el gran cambio que tuvo. Esperaba que entendiese que se iría con el tiempo, más que nada por su tamaño cuando fuese mayor.

—¿Ya estás listo?

—Sí- ah, no, espera un segundo —Y corrió hacia otra parte de la casa a buscar Merlín sabía qué, gritando un accio.

Charlie llevaba tres noches y dos días metido en la reserva. Le enviaron un patronus alrededor de la medianoche para avisarle que una de las dragonas tenía una especie de problema con el fuego en su cuerpo y podía dañar a las crías en su nido e incluso perder su propia vida. Draco y Harry sólo entendieron que era peligroso, necesitaba ir, e Iona se marchaba con él a la reserva para que nos los "molestase" en su ausencia.

Una noche era común para una emergencia. Una noche y un día podían ser entendibles, porque tenían que comprobar su estado. Dos noches y un día todavía tenía sentido. Para ese punto, ya les preocupaba su estado. Charlie podía sentirse tan mal con la enfermedad de uno de sus dragones como se pondría si fuese uno de ellos el que estuviese en una situación crítica, y la manera en que se desviviría para ayudarlos era más o menos la misma también.

Después de que Micai les aseguró que no causarían problemas, Harry y Draco decidieron pasar por la reserva ese día. Tenían que Aparecerse en el punto que servía de portal, identificarse con los vigilantes, y luego serían llevados desde un anillo mágico en el suelo a la entrada de la reserva. Era tan secreta y estaba tan bien escondida que, incluso con sus constantes visitas y ocasiones durmiendo allí, aún no sabían con exactitud dónde quedaba.

Tan pronto como llegaron, atravesaron el área principal, saludaron a algunos de los dragonólogos que los conocían y buscaron la zona de cuidados. Charlie se había asegurado de explicarles dónde quedaba cada área y darles recorridos cuando pasaban por allí, hablando de la reserva con tanto entusiasmo que ambos oían con atención.

Lo primero que les dijeron fue que la dragona ya no estaba en peligro mortal. Eso supuso un gran alivio para ambos. Charlie les había contado que perdieron a un solo dragón desde que se unió a la reserva, tenía heridas de magos cazadores, él estuvo en el grupo que no pudo salvarlo, era todavía demasiado nuevo, y necesitó tomarse unos meses. No podía entrar a la reserva sin recordarlo.

Con la dragona a salvo, al menos sabían que su dragonólogo favorito no caería en un abismo de culpa.

Aun así, según les explicó la bruja que contestó sus dudas desde la entrada al área de cuidados, era más seguro vigilar a la dragona hasta que pudiesen sacar a las crías del nido sin enojarla. Todavía no se decidían los turnos para cuidar de ellos.

Para no molestar a los dragones heridos en esa zona, ambos esperaron junto a la entrada. Draco sostenía una de sus manos y le daba leves apretones de vez en cuando, o jugaba con sus dedos. Harry le devolvía los apretones, balanceaba sus manos, e incluso le besó los nudillos un par de veces.

Charlie salió un rato después. Sonrió en cuanto los vio allí.

—¿Por qué esas caras? Parece que piensan que soy yo el que se enfermó-

Draco lo soltó para caminar hacia él y rodeó a Charlie con los brazos. No dijo nada, sólo lo estrechó y frotó la cabeza en su hombro, de esa manera que hacía que ambos lo comparasen con un gato.

A pesar de lo que pudiese decir, Charlie tenía ojeras, los ojos hinchados, el cabello convertido en un desastre, la ropa llena de arrugas y con segmentos chamuscados.

—Estoy bien, estoy bien —Charlie acarició la espalda de Draco para calmarlo y besó su cabeza—. Gracias por venir.

Cuando Draco ya había comprobado que una de las personas que más quería seguía en una pieza, se apartó y preguntó por Iona. Harry se había acercado a Charlie de inmediato para saludarlo y sintió la vibración de su risa apenas este lo envolvió con los brazos.

—Vino a ver a la dragona y no a mí, ¿no? —bromeó, mirando de reojo a Harry.

—Eso me ha parecido…

Charlie se rio del bufido de Draco y besó la frente de Harry, sonriendo.

—¿Te hizo traer cien cosas diferentes?

—Mil —aseguró Harry.

—Charlie Weasley —Draco lo regañó por divertirse a su costa, cruzado de brazos—, le voy a dar a Iona lo que te traje.

—¿Me trajiste algo? ¿Sí me trajo algo? —Charlie se estiró para tomar el morral que Harry cargaba y buscar lo que le llevaron.

Draco se lo arrebató enseguida.

—Primero, vas a decirnos cuándo fue la última vez que comiste y qué comiste. Después irás a tomar un baño a tu cuarto en la reserva. Buscarás a Iona y entonces…

Charlie le dirigió a Harry una mirada resignada que parecía decir "y también vino a regañarme, ¿cierto?". Harry le regresó una de "por supuesto que sí" y un encogimiento de hombros. Era una de las torpes formas en que Draco se preocupaba por alguien.

Como él también lo sabía, Charlie se limitó a sostener el rostro de Draco entre las manos, lo besó, y luego huyó mientras él todavía estaba aturdido. Seguramente buscaría a la dragona para ponerla en brazos de Draco y distraerlo de su preocupación por él.

—¡Charlie!

Harry se rio, tomó una de las manos de Draco y tiró de él con suavidad para que lo siguiesen.

—Está bien —murmuró, dándole un apretón a su mano—, ya lo viste, y está bien.

Notó que Draco tomaba una profunda bocanada de aire y comenzaba a soltar la tensión acumulada de los últimos días.

Después de saludar a Iona y que Charlie les contase de la dragona y los eventos de esos días en el área de cuidados, aun así, Draco lo arrastró hacia el baño, lo metió en la tina, y ocupó un banquillo detrás de él para dedicarse a lavar y desenredar su cabello.

Harry se sentó en el suelo junto a la bañera, con los brazos flexionados en el borde de esta, y vio a Charlie gesticular en silencio un "sólo me está demostrando su amor estilo Malfoy", que lo hizo asentir y reírse. Siguieron hablando allí, mientras Draco se concentraba en su cabello.