El número de la suerte

Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.

Género : Romance / Humor.

Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley / Harry Potter / Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.

Descargo de responsabilidad: Si HP era mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Al estilo muggle

—Draco.

Hubo una larga pausa, mientras ambos sangrepuras contemplaban el desastre frente a ellos.

—No le pusiste azúcar, ¿cierto?

Draco enrojeció y apretó las manos en puños.

—¡Fue lo primero que le puse!

Charlie recogió el recetario y lo examinó con una expresión aún más dura que la que usaba al revisar los tratamientos para sus dragones enfermos.

—Pues ese debe ser el problema —murmuró, apuntando la página—; aquí dice que primero pones la mantequilla.

—Pues he puesto la mantequilla antes del azúcar.

—Acabas de decir-

—¡Porque puse el azúcar antes que el color rojo!

—¿Y por qué no esperaste para poner el color?

Draco lo interrumpió con un grito de frustración. Frente a él se encontró un gran envase con un fallido intento de crema de mantequilla para usar de decoración. Estaba líquida. Parecía un jugo rojo y no entendía por qué. Ya le dolían los brazos de batirla y odiaba el momento en que decidieron hacerlo a mano y aún más el día en que le preguntó a Harry por qué ellos, como magos, necesitarían una batidora automática, ese maldito aparato muggle, en su cocina.

—¡Bien! Tal vez mi crema no es perfecta- ¿pero qué es eso? —Draco abarcó con un gesto la segunda tragedia de la cocina.

Junto a la sopa roja, estaba la bandeja con lo que debió ser un pastel. El problema fue que Charlie pensó que estaría listo con sólo un poco más del tiempo que solía tardar usando magia, y de alguna manera incomprensible, consiguió sacarlo del molde, todavía crudo. Lucía igual a una montaña de barro que se había caído en pedazos.

—Creo que le hace falta una poción gelatinosa para hacerla sólida, te lo dije —Charlie vio su intento de pastel muggle y meneó la cabeza—, ¿cómo esperan conseguir algo sólido a partir de una mezcla líquida, sin magia de por medio? ¿No es la magia lo que la pone sólida?

Charlie tenía un extenso repertorio de hechizos de cocina, pero nada para postres. En la reserva no le quedaba mucha energía para experimentar, apenas conocía las tartas de su madre hechas con magia, y desde que estaban juntos, era Harry quien se encargaba de cualquier postre que quisieran.

Lo de Draco ya era otro nivel de ineptitud sangrepura que él se negaba a admitir y Charlie no pensaba señalarle.

—Vamos de nuevo —Draco vació la mezcla roja y líquida en otro envase, lanzó un hechizo de limpieza al que utilizó y sujetó la varita como si quisiera romperla en pedazos. Iban a hacer ese maldito pastel para Harry sin magia. Ahora era una cuestión de orgullo. Resultaba inconcebible que desarrollara una poción del máximo nivel de complejidad sin errores y no pudiese con algo que los muggles hacían cada vez que les daba la gana.

Charlie también recogió nuevos utensilios y comenzó a mezclar, leyendo en voz alta las instrucciones.

—¿Crees que sea diferente si le pongo el chocolate en estado sólido?

—Probablemente —respondió Draco, distraído—. ¿Debería ponerle más azúcar?

—Eso la hará más sólida también, ¿no? Sigo diciendo que una poción gelatinosa sin sabor haría que…

Un rato más tarde, observaban la segunda montaña de barro de chocolate destruida en el molde y su crema que era imposible de meter en el extraño instrumento con que se suponía que la usarían para decorar.

Intercambiaron miradas un instante.

—De nuevo —masculló Draco, ceñudo.

—De nuevo —Charlie asintió y se arremangó la camiseta para no ensuciarse al acomodar su pastel crudo a un lado y volver a empezar.

Harry entró por la red flu, directamente desde el colegio, alrededor de dos horas después. Llevaba unos papeles en las manos y sonreía. Titubeó al encontrarse con su cocina llena de cremas rojas y pasteles de chocolate medio crudos o quemados.

—¿Qué están haciendo ustedes dos? —murmuró Harry, con una vaga idea de lo que sucedía.

Charlie y Draco intercambiaron miradas. Luego respondieron a la vez.

—Lamentar nuestra existencia, eso hacemos.

—Preguntarnos por qué los muggles no ponen en sus recetarios los secretos para que sus pasteles queden sólidos.

Harry soltó una risita, hizo desaparecer sus papeles y se sacó la capa que usaba cuando estaba en el colegio. Se deslizó en medio de ambos para echar un vistazo al desastre que ocasionaron.

—¿Cuánto tiempo lo tuviste en el horno? —le preguntó a Charlie.

—Veinte minutos los primeros —Charlie sonaba horrorizado por lo mucho que tardaba, a comparación de cuando se usaba magia—, después pensé que los muggles solían ser más lentos para cocinar…y lo dejé una hora. Pero empezó a salir un montón de humo-

—¿Y qué pasó aquí? —Harry se dirigió a Draco y sus mezclas líquidas.

—Sigo pensando que la magia sería más práctica que una batidora eléctrica —Draco se cruzó de brazos y le frunció el ceño a sus envases llenos de crema líquida.

Harry se echó a reír y les pidió que reunieran todo lo que hicieron para arreglarlo con magia.

Terminaron con un pastel de chocolate de tres pisos cubierto de crema roja y blanca. Harry sonrió, satisfecho con los cambios producidos con magia y un poco de sentido común, y le tendió una cucharilla con un bocado a un enfurruñado Draco.

—He probado mejores —gruñó, después de tomarlo.

Harry rodó los ojos y le ofreció la cucharilla a Charlie. Él sí lo sopesó unos segundos.

—Podemos decir que el sabor ya estaba ahí antes, y que era bueno —Charlie intentó animar a Draco, pasándole un brazo sobre los hombros. Le dio un beso en la sien y apoyó la cabeza contra la suya, adoptando su expresión más inocente—. La intención es lo que cuenta, ¿verdad, Harry?

—Claro —Harry rió más y le dio otro bocado a Draco para detener sus murmullos sobre lo indignante que era tener premios por sus pociones y que no le saliese una crema de mantequilla.

Harry sospechaba que sus dos sangrepuras se lo pensarían mejor la siguiente vez que quisieran hacer un regalo al estilo muggle.