¡Hola! De nuevo actualizando rápido. Quiero enviarle un saludo a quiénes votan en esta historia siempre; en serio, motivan muchísimo a esta escritora :3 . No olvides visitar mi página "El mundo de Cristal", a veces publico avances inéditos y novedades :D .
¡Disfruten esta entrega!
- ¿Qué? - replicó Kyle sin entender.
- ¡Estoy seguro, la he visto muchas veces! - Contestó enérgico el pelinegro, revisando el aparato entre sus manos. Estaba roto su cristal, ¿cómo era posible que siguiera funcionando? Magia, o tal vez un milagro, pensaba.
- Ok, entonces esta es una brújula encantada. - trató de repetir la frase a sí mismo como para creérselo por completo el astrónomo- Y Tweek es ese chico rubio de la fiesta que trabaja en esa cafetería - recordó - ¿y ahora qué harás? ¿Se la devolverás? Está rota.
- Kyle, déjame explicarte. Esta brújula es especial; está hechizada de forma que solo Tweek puede usarla y encontrar el tesoro, o eso es lo que su antiguo padre decía siempre: el pirata hizo pacto con una sirena, eso decían en el barco. - se detuvo un momento rememorando las palabras que acababa de decir - Solo Tweek puede usarla para encontrarlo...
Una idea pasó por la mente de Stan; su mente trabajó rápido uniendo lo que tenía. Ahora ya tenía un plan.
- ¡Debemos ir a buscarle de inmediato! ¡Cochero! ¡A Liverpool! ¡De prisa!- vociforeó.
- ¡ESPERA! ¿¡QUÉ HACES!? ¡EXPLÍCAME QUÉ ESTÁ PASANDO! - se indignó el pelirrojo ante tan repentina decisión, resintiendo el movimiento brusco del carruaje para detenerse y darse la vuelta.
- Esta brújula marcaba el camino, Kyle. El camino al tesoro secreto de la isla. ¡El tesoro!
- ¿Un tesoro...real? ¿Estás seguro de eso? - le miró escéptico, cruzándose de brazos.
- ¡Te aseguro que sí! ¡Es lo que necesitamos para salvar a mi padre! ¡Le pediré a Tweek que nos guíe hasta allá! ¡Estoy seguro que no se negará!
- No sé Stan, ese chico me da la sensación de estar en negación con ustedes dos, me refiero a ti y a ese cabezota uniformado de la vez anterior. Tal vez ni quiera recibirte. - Se reclinó hacia adelante juntando sus manos, usando un tono bajo de preocupación por lo que podría pasar. Ese tal rubio no le había generado una buena impresión desde que lo había visto en el baile.
Stan pasó de estar emocionado, a acomodarse en su asiento y adoptar un tono sereno.
- Le ofreceré algo que no podrá rechazar. - sonrió con tranquilidad.
- ¿Y qué es lo que piensas ofrecerle? - le preguntó notablemente sorprendido el pelirrojo.
- Lo sabrás cuando lleguemos. Confía en mí.
El pelinegro volteó a observar el paisaje, mientras Kyle aún no despegaba sus ojos de sus asistente, ¿qué es lo que estaba planeando hacer? Sabía que no obtendría respuesta, así que suspiró suavemente, para luego ir guardando las cosas en la misma bolsa dónde las había encontrado, a excepción de la brújula que conservó en uno de sus bolsillos.
Kyle se "desparramó" más hacia atrás del asiento al tener en cuenta el viaje largo de regreso. Debía escribir a sus padres que regresaba de emergencia a Liverpool y no podría cenar con ellos esa noche.
Su madre estaría tan enojada con él.
Cuando Craig ingresó a entrada del local dónde estaba la cafetería, se sintió bastante incómodo al ver tanta gente en el almuerzo, es decir, había venido otros días y nunca el sitio había estado tan lleno: suponía que las tartas de carne que ofrecían hace poco tiempo eran demasiado deliciosas como para enamorar el paladar de los ingleses.
Se detuvo un momento antes de bajar las escaleras para corroborar su imagen: Su cabello estaba bien, y su cinturón estaba en su lugar. ¿Por qué estaba nervioso?
Bajó con decisión en cada pisada, pero sin ser rudo con la madera recién barrida. Cuidadoso, sin ruido, como un león acercándose a su presa.
Estando a pocos escalones de llegar al sótano, le sorprendió escuchar un ruido extraño, pero tierno a sus oídos.
¿Tweek estaba riendo?
- ... y eso le hice, ¡hubieras visto su cara!
Esa voz masculina no era la voz de Tweek, ni tampoco el señor Richard
¿Quién es ese?
- ¡Oh Dios! ¡¿Y no te dió miedo que te atraparan?!
Ok, esa voz sí era la del rubio, ¿con quién conversas?
Craig llegó al piso del sótano, sorprendiendo al rubio y a un "tipo" sentado frente a él en la mesa en la que acostumbraba tomar cuando llegaba. Estaba sentado en SU mesa.
- ¡Tú volviste! - exclamó con una disimulada alegría en forma de saludo amistoso el rubio al ver a Craig.
- Ajá. - respondió seco el recién llegado mirando fijamente al rubio, para luego pasar al otro chico.
Si las miradas mataran, Craig le hubiera volado la cabeza.
El tercer chico se sintió realmente intimidado por esa mirada tan gélida, enseguida sintió la hostilidad del recién llegado y quiso bajar la tensión. Aunque no sabía exactamente porqué.
- Hola... ehm, soy Jason White. - le respondió con voz escueta sin entender tanta molestia repentina - eh... ¿Mucho gusto...?
Tweek miró extrañado a Craig, ¿qué estaba pasando aquí? ¿Lo conocía de antes?
Tardó unos minutos en darse cuenta lo que estaba pasando, y vaya que le costó hacerlo. Tuvo que esconder su sonrisa mirando a otro lado hasta calmarse. Aspiró con fuerza y pronunció solemne.
- Jason, él es Craig; es un viejo amigo. Craig, él es Jason, es el hijo del dueño de la tienda de arriba. Acabamos de conocernos hoy.
Craig esperó a que el rubio termine y se sintió realmente ridículo de haber protagonizado esa estúpida escena. El joven White se le adelantó:
- Un gusto, viejo. - pronunció con algo de incomodidad. - Oye, ¿estabas enojado o algo así? Perdona si no es así, tal vez esa es tu expresión normal. Me disculpo por adelantado. - sonrió al finalizar.
- Hola. - saludó el azabache como única respuesta sin atisbo de enojo o alguna otra emoción diferente a la cordialidad.
Jason sintió que el chico se había calmado o lo que sea, porque el ambiente se aligeró bastante. Unos cuantos segundos pasaron en completo silencio, hasta que las risas de Jason estallaron.
- Vaya, por un momento pensé que ibas a asesinarme o algo así, jaja, ¿no lo sentiste tú también, Tweek?. - río suave, dándole un suave golpe de puño en el hombro de Tweek de forma amistosa.
Tweek vio a Jason y luego dirigió su mirada a Craig viéndole con reproche entrecerrando los ojos.
- Bueeeeeno, basta de charla. Estoy aquí para ayudarte con la limpieza, ¿quieres que empiece por aquí, Tweek? - Se levantó Jason de su asiento.
- Mmm... es mejor que empieces por la cocina, tengo algo que hablar con Craig.
El nombrado solo se cruzó de brazos esperando que el nuevo se fuera de una vez.
- OOhh... Claro. - asintió a cada palabra,era obvio que había algo extraño entre esos dos que debían atender - No interrumpo, iré a limpiar la cocina. Un gusto, ¿Craig?
- Igualmente. - respondió como única respuesta.
Jason tomó la escoba apoyada a un lado de la puerta de la cocina y corrió adentro. Tweek se levantó del asiento para colocarse al lado del pelinegro viendo la puerta de la cocina.
- Mi padre no pudo venir hoy, le pedí a Jason que me ayude a limpiar. Él es muy gracioso.
Craig permaneció en silencio. Esperaba que Tweek no hubiera notado su actitud de hace un rato.
- No tenías porque asustarlo. - comentó el rubio, regañándole.
- ¿De qué hablas? - se hizo el desentendido, mirando a esa telaraña inexistente sobre el techo.
- Oh, por favor Craig - le dijo a modo de resondro, alzando más la voz de lo normal. - Lo asustaste, ¿por qué hiciste eso?
- No sé. - se encogió de hombros. - No entiendo de qué hablas.
El rubio negó un par de veces inconforme con su respuesta.
- Cambiando de tema, ¿estás libre? - le preguntó Craig.
- ¿Eh? - le vió sorprendido.
- Dijiste que querías hablar, y yo también. Pero no quiero hacerlo aquí con ese tipo en la cocina.
- Mmm... - pensó un momento el rubio, no podía dejar solo el negocio. - No sé, aún no he terminado mis tareas, ¡los clientes podrían llegar!
- Solo será máximo una hora, lo prometo.
Tweek no estaba muy convencido, nunca había salido sin avisar a su padre. Sin embargo, tampoco quería rechazar la invitación de tener un momento a solas con el chico. De alguna forma, en el fondo, deseaba tener un momento a solas para conversar en privado.
- Está bien, creo. - le respondió con algo de duda.
- Bien, entonces arregla todo y te veo en un rato en la esquina de esta calle. Iré a traer un carruaje. - el chico emprendió su camino a la escalera.
- Mm, ¿a dónde vamos? - interrogó al escuchar que irían en carruaje. ¿Iban a un lugar alejado?
- Ya lo verás. - le dijo escueto saliendo del lugar con prisa.
Tweek terminó de indicarle la limpieza que deseaba que haga Jason y se excusó de salir unos minutos "a comprar algunas cosas". Jason sospechaba que la salida tenía que ver con el huraño que acababa de conocer, pero no dijo nada al respecto, solo se despidió de Tweek, afirmando que haría un excelente trabajo en su ausencia.
El rubio no tuvo prisa, subió las escaleras con lentitud sintiendo que no estaba bien lo que estaba haciendo. Salió como un animal enjaulado que no salía al exterior en mucho tiempo, y al aproximarse a la puerta, vio por ambos lados antes de salir y buscar con la mirada al pelinegro. Lo vio a lo lejos, de pie junto a un carruaje. Se aproximó con todo el cuerpo temblándole; esperaba que su padre no se diera cuenta de su desobediencia o peor, que fuera al local y no lo encontrara.
Craig sintió su presencia y de inmediato le abrió la puerta para que entrara.
- No tienes que hacer eso, no soy una chica. - gruñó Tweek, obviando por un momento lo nervioso que estaba.
- Solo intenté ser amable. - dijo medio burlón el azabache. - Anda, sube.
- ngh, ¿no vas a secuestrarme, no? - balbuceó inseguro.
Tucker abrió los ojos bastante sorprendido ante repentina y rara afirmación.
- ¿Qué? Por supuesto que no, Tweek. - negó rotundo.
- Ngh...Bueno. - Contestó subiendo enseguida al carruaje.
Cuando Craig entró al carruaje y cerró la puerta, ambos quedaron frente a frente, esperando llegar a su destino. Era un silencio algo incómodo, pero ninguno se animaba a decir algo, no al menos con el cochero cerca pudiendo escuchar su conversación.
Pasaron unos 10 minutos, o algo más según contó Tweek, cuando la carroza se detuvo. Craig se apresuró a bajar para abrirle la puerta al rubio. Tweek estaba por volver a reclamar la cortesía, cuando dislumbró el paisaje: habían llegado a una playa.
- ¡NO! - gritó el rubio alarmado, tirándose para atrás sobre el asiento, tocando su espalda la puerta contraria. - ¡Oh no! ¡No puedo estar aquí! - su respiración se hacía más errática al transcurrir los segundos.
Craig permaneció fuera, sabía que Tweek necesitaba su espacio en este momento y decidió no presionarlo.
- Tweek, escucha, pensé en un lugar tranquilo sin nadie para conversar. Cálmate, respira, si no quieres estar aquí después de tranquilizarte, podemos buscar otro lugar.
- ¡Ngh! - cerró los ojos. Tantas veces, tantas veces habían sido las oportunidades pérdidas de volver a ese lugar por prohibición de su padre, tantas veces que habría dado lo que fuera por al menos regresar a su mar querido una vez. Sí, era escenario de desventuras y tristezas, pero también había sido su hogar durante muchos años. Desde que había llegado a Londres, muchas veces pensó en qué debía sentir, ¿estaba bien o mal extrañar su antiguo "hogar"? Aspiró suavemente el aire, sintiendo el olor salado del mar recorriéndole todo el cuerpo, reconociéndolo de inmediato.
Abrió los ojos. Su cuerpo empezaba a relajarse.
Craig notó un cambió en la actitud del rubio, así que se apartó cuando Tweek en modo extraño, brincó fuera del carruaje mientras avanzaba como hipnotizado sobre la arena blanca, deleitándose con las olas reventándose en la costa. A Tweek se le escapó una risa cuando escuchó una bandada de gaviotas pasar por encima de su cabeza.
Tucker creyó que Tweek necesitaba unos segundos a solas, por lo que se entretuvo dándole instrucciones al cochero para coordinar la hora de regreso a la ciudad. El cochero partió, quedando ambos jóvenes solos.
Craig se acercó con una sombrilla para que el sol de la tarde no les quemara demasiado. Cuando estuvo al lado del rubio, este le habló con energía: - Es... Es tan maravilloso, tal cual lo recordaba. - cerró los ojos de nuevo, queriendo capturar el olor marino para siempre.
- ¿No has vuelto a una playa luego de...?
- No. - Negó con firmeza. - Mi padre creyó que era lo mejor para mí olvidar este lugar, cree que podría traerme malos recuerdos. No lo culpo, hubo un tiempo en que no podía controlar mi ira al recordar lo que pasó.
Craig entendió de inmediato.
- Creyó que lo mejor para ti era olvidar, eliminar todo para mantenerte a salvo. - comentó observando el horizonte.
- Craig, no debería estar aquí. - le dijo melancólico el rubio, para luego agregar con tristeza - Pero quiero estar aquí, anhelaba regresar, yo... extrañaba este lugar. Gracias. - vio a su acompañante.
Craig solo asintió, disfrutando el silencio agradable que se había formado entre ambos.
- Craig, ¿puedo preguntarte algo?
- Sí, seguro.
- ¿Por qué no viniste ayer a la cafetería?
Ok, era hora de sincerarse. Basta de juegos idiotas.
- Tweek, luego de nuestra charla, cuando recuperé mis memorias ese día en tu cafetería, prometí ir a verte. Pero... - estiró su cuello a un lado. - No soy muy bueno iniciando conversaciones.
- Sí, eso ya lo sé. - mencionó divertido viendo el horizonte. - Hombre, solo debías platicarme un poco de lo que sea, yo podría haber hecho el trabajo por ti. Una vez lo intenté de forma directa, pero no parecías de buen humor en el momento que lo hice y pensé que te estaba molestando.
- ¿Entonces tú estás aceptando...? - preguntó estupefacto.
Tweek río un poco más.
- Eres muy insistente, y algo extraño... Pero me agradas. - se sonrojó un poco sin querer - Me gustaría conocerte más.
Craig quiso dar un saltito, pero eso se vería estúpido y se burló de sí mismo por pensarlo.
- Eso es bueno.
- ¿Solo "bueno"? - se burló el rubio - Hombre, has estado visitándome y rogándome.
- No te he rogado. - le respondió con una media sonrisa, observándole. - Tal vez solo un poco.
Tweek no pudo contenerse y rió con fuerza.
- Hombre, no te burles, o te echaré al mar. - bromeó con buen humor el pelinegro al ver a Tweek tan relajado a su lado.
- No puedes vivir sin mí. - se restregó los ojos para limpiarse las pequeñas lagrimillas provocadas por su risa - Y...¿no quieres ir a caminar?
- Seguro. - aceptó sin demora.
Ambos jóvenes caminaban por la arena. El tiempo pasaba muy rápido, estaban bromeando y platicando de nada en particular, empujándose y por momentos apreciando el paisaje que les regalaba el sol de mediodía. Se vieron sorprendidos cuando vieron el coche llegar.
- ¿Uh? ¿Ya es hora de irnos? - señaló el rubio al pelinegro.
- Eh, le dije que volviera en una hora. - recordó - Una hora, tal como te prometí.
- Oh... es cierto. - inclinó hacia un lado la cabeza el rubio recordando sus palabras. Por ese lapso de tiempo había olvidado las restricciones de su padre, la cafetería, y todo lo que estaba sucediendo alrededor.
- Bueno, es hora de volver. - Craig bajó la sombrilla para guardarla, mientras Tweek se quedaba en su lugar sin intención de avanzar al carruaje. - ¿Tweek? - llamó el azabache al verle tan distraído.
- Ah sí, tenemos que irnos. - repitió distraído, cabizbajo.
Craig regresó sobre sus pasos con una pequeña sonrisa.
- Podemos volver aquí cuando quieras.
Tweek alzó la cabeza sin ocultar su emoción.
- ¡¿De verdad?! - Sus ojitos brillaban.
- Sí. Solo pídemelo.
Tweek en un arranque efusivo, se lanzó a abrazar pasando su brazos por el cuello de Craig.
- Gracias. - le dijo al apartarse del abrazo, que duró demasiado poco para el azabache.
Ambos subieron de nuevo al transporte, para ir de regreso a la cafetería. En el camino, Tweek iba hablando de su experiencia de manejar barcos, mientras Craig le escuchaba atento, alegrándole en demasía que el rubio fuera tan abierto y hablador con él.
Cuando el coche se estacionó en la esquina de la que habían partido, ambos bajaron en silencio.
- Entonces... ¿ya te vas? - le dijo el rubio al ver al pelinegro que se había quedado parado en la esquina.
- Debo volver a hacer unas cosas en mi habitación. Además, mi sirviente puede estar preocupado.
- ¿Tu sirviente? ¿Tienes uno? - preguntó con interés.
- Sí, su nombre es Thomas. Te lo presentaré un día de estos.
Tweek sonrió sincero, entendiendo que ya estaban terminando para su pesar la conversación. Era hora de regresar.
- Bueno... entonces regresaré a la cafetería. - señaló el camino hacia su tienda con el índice.
- De acuerdo. Te veré mañana. - Asintió el pelinegro.
Tweek sonrió sin fuerza y se dio la vuelta para regresar a la tienda.
Craig también se disponía a irse por el camino contrario, pero giró a ver al rubio por última vez. Y atrapó a Tweek haciendo lo mismo.
Ambos se avergonzaron y avanzaron a paso raudo a sus actividades, con una sonrisa que no se iba de sus rostros.
Cartman había tardado algunos días, pero por fin había encontrado la residencia Tucker.
Tocó tres veces, y al no tener respuesta, tocó de nuevo con insistencia.
Tricia que leía en la sala, se acercó a abrir la puerta a reclamar al maleducado que tocaba con fuerza su puerta.
- ¿Sí? - preguntó la pelinaranja huraña por haber sido interrumpida.
- Hola, soy la máxima autoridad naval, el general Cartman, niña. - hizo una pausa para mostrar su sombrero y medallas, cosa que no impresionó ni un poco a la chica que le veía aburrida - Busco a Craig Tucker. Dile que venga de inmediato, y no demores.
- No está. - respondió escueta cerrando la puerta en la cara del hombre regordete.
Cartman herido en su orgullo, volvió a tocar enérgico.
- ¿Qué? - preguntó de nuevo la chica como si no hubiera pasado nada.
- ¡QUE TE DIGO QUE LLAMES A TUCKER, NIÑITA! - exigió con la cara roja.
- ¡Y YA TE DIJE QUE NO ESTÁ! - le regresó el grito.
- ¿¡EN DÓNDE ESTÁ?!
- ¡YO QUE SÉ!
- Tricia, ¿quién está en la puerta? - se acercó su madre al escuchar el escándalo.
- Este tipo pregunta por Craig. Ya le he dicho que no está, pero no se va.
La mujer al ver al joven general, se sorprendió bastante y mandó a Tricia adentro de la casa. Mientras se iba, le levantó el dedo medio al tipejo mal educado.
- ¡Hey! ¡Niña malcriada! ¡No sabes con quién estás tratando! - se quejó.
- Disculpe el recibimiento, general. - se disculpó Laura. - ¿Busca a mi hijo? Él no ha regresado de Londres. Después de la fiesta, mi hija y yo regresamos, pero Craig se quedó a atender unos asuntos.
- Rayos, entonces vine aqui por nada. - masculló por lo bajo - ¿Y en que parte de Londres está?
- Pues, nos quedamos en una posada bastante conocida. Según su última carta, sigue allí. De hecho, mi hija y yo estamos yendo para allá a verle. Su amigo Token que también fue a verle, no nos dijo que se haya cambiado de lugar.
- Puf, que fastidio. Debí buscarle en Londres primero. - pensó, y luego habló de nuevo con la mujer - En fin, gracias por la información. Adiós.
El hombre regordete bajó rápido las escaleras para tomar su transporte y volver de nuevo a Londres. Maldito Tucker, no iba a escapar de renunciar a su cargo.
Días pasaron. Craig iba de camino todos los días como de costumbre, y ahora no había conversación forzada, Tweek servía su bebida amarga y se sentaba con él a hablar de cosas triviales y hasta se animaban a jugar a las cartas algunas tardes (con algo de reticencia de Richard al principio cuando Tweek le pidió permiso, pero aceptándolo al final). Solo habían vuelto a la playa una vez más, cuando Richard faltó de nuevo a la cefetería.
Mientras los jóvenes disfrutaban de una nueva etapa de amistad, Thomas sospechaba desde su cuarto de sirvientes en la posada. No había vuelto a seguir a Craig por miedo de ser atrapado, pero a estas alturas, ya no tenía dudas de que Craig estaba pasando por algo "extraño"; volvía tarde, y una sonrisa demasiado risueña como nunca antes mostraba, pintaba su cara.
Y eso le estaba empezando a fastidiar.
- Hola, Thomas. - saludaba su amo una noche que volvía de sus "paseos" y lo encontraba en medio del pasillo llevando sábanas limpias a su habitación.
- Buenas noches, Craig. ¿Te divertiste... ¡Mierda! en tu paseo?
- Sí. - asintió yendo de camino a su cuarto como solía hacer todos los días. Mas en esta ocasión, giró a ver a Thomas - En realidad, quería hablarte de algo.
- ¿Acaso me dirá el nombre de su amante? - pensó resistiendo su mala cara, mostrano al contrario una pequeña sonrisa afable. - ¿De qué se trata?
- Verás, he estado visitando a un amigo. Prometí presentarte con él, creo que se llevarían bien ustedes dos.
Así que era eso, un amigo. ¿Debía preocuparse por ese tal "amigo"?
- Seguro que sí. ¿Y cuál es su nombre? - preguntó con curiosidad.
- Prefiero que te lo diga él. He estado pensando en traerlo aquí una noche, para que se conozcan.
- Sí, solo dígame y le prepararé una habitación para que descanse.
- Descuida, no será necesario.
¿Ah?
- Hoy no es necesario que pongas sábanas nuevas. Te veo mañana. - se despidió el pelinegro, encerrándose en su habitación, dejando a un Thomas con la boca abierta, sosteniendo las sábanas entre sus brazos.
¿Qué había sido eso? ¿Quién era ese "amigo"? Ya no podía aguardar para conocerlo.
Stan y Kyle habían llegado a diferencia de su viaje de ida, bastante rápido a Londres. Ni bien cruzaron las líneas de entrada a la ciudad, Stan no dejaba de agitar su pierna arriba y abajo con impaciencia.
- Stan, contrólate, ¿quieres? - pidió con hartazgo el pelirrojo ya exasperado.
- Lo siento, es que ya no puedo esperar. Ni bien pasemos por la calle principal, nos detenemos y vamos abordamos a Tweek.
- No-o-o. - negó con la cabeza - Tú y yo tomaremos un baño bien caliente, ¿acaso no sientes tu hedor? Si Tweek nos atiende así, se desmayará con nuestro olor corporal.
Stan alzó los brazos para comprobar lo que decía. Se arrepintió por hacerlo. Kyle como siempre, tenía razón.
- Es que no tenemos tiempo...
- ¡Un baño o no vamos! - cerró el tema Kyle cruzándose de brazos, con mirada desafiante. Stan se quedó mudo y aceptó a regañadientes la orden diciendo un "sí" bastante largo y bajito.
Nunca podría decirle que "no" a Kyle cuando le miraba así.
Craig de nuevo ingresaba a la cafetería como todos los días, y de nuevo eera recibido por Tweek.
- Llegas tarde. - bromeó el rubio dejando una taza humeante en la mesa de Craig mientras este se sentaba mirando con cierto hastío a la taza; definitivamente no le gustaba el producto estrella de la tienda, pero otra cosa no podía pedir.
- Hoy es diferente. - agregó Tweek antes de ir a otra mesa dónde aguardaba un cliente. - Pruébala, es especial. Volveré para saber qué opinas.
El rubio fue a la otra mesa saludando a otro cliente regular. Craig por su lado, arrastró la taza para que esté a su alcance, sintiendo un olor dulzón venir de la taza. Tomó la taza entre sus manos y soplando unas veces, le dió un sorbo. Sabía a miel, mezclado con algo que le daba un sabor neutro. Estaba deliciosa.
Tweek se acercó y tomó asiento al frente suyo, como siempre. Se alegró cuando Craig dejó la taza vacía sobre la mesa.
- ¿Qué es esto? Está delicioso.
- Es mi nueva mezcla: extracto de hojas eucalipto con miel y anís. Me he dado cuenta que nunca terminas tu bebida, ¿no te gusta el café?
Craig desvió su vista a un punto invisible de la pared.
- ¡Lo sabía! - señaló el rubio demasiado convencido - ¡Ngh! ¿Por qué no me lo dijiste?
- No sé, no tiene importancia. - se encogió de hombros. - No vengo por el café.
- ¿Así que no vienes por eso? ¿Entonces solo vienes a divertirte con Tweek?
Richard había escuchado lo último que Craig había pronunciado. Le pareció tierno, por lo que se acercó curioso, tomando por los hombros a Tweek por detrás.
- ¡Papá, no es lo que parece! - se apresuró a aclarar su hijo.
- Me alegra mucho que al fin admitan que son amigos, no tienes de que disculparte, hijo. - Tweek se removió un poco incómodo - En fin, me alegra que motives a Tweek a crear nuevas bebidas, estuvo planeando esta bebida toda la tarde antes de que llegaras.
Craig dirigió una mirada al rubio; tenía la cara roja.
- Papá, hay clientes que atender. - dijo resignado el rubio a verse avergonzado.
- Bueno, no molesto. Ustedes sigan en lo suyo. - El hombre se marchó.
- ¿Toda la tarde,eh? - sonrió burlón.
- Oh, calla. - dijo aún avergonzado el rubio entre dientes.
- En fin, ¿quieres jugar a las cartas? - propuso conciliador para recuperar el aire amistoso de siempre.
- Eh... seguro. - contestó recuperando su aire informal - Hoy no hay muchos clientes.
- ¿Qué sueles hacer cuándo no estoy aquí? - Craig barajaba las cartas.
- Limpiar y atender. Ayudar a mi padre, principalmente. - el rubio tomaba las cartas que el pelinegro le lanzaba en la mesa. - ¿Por qué?
- ...Por nada. - carraspeó tragándose la cursilería que había cruzado por su mente.
Tweek ni siquiera se inmutó por el carraspeó, inspeccionó sus cartas hundido en sus pensamientos.
- También hago algo más. - agregó con las cartas tapándole el rostro por debajo de la nariz - A veces pienso... en el mar, y en los paseos que dimos. - susurró mirando con un brillo especial a su oyente.
Miradas dulces, algo flotando en medio de ambos jóvenes escondidos bajo su manga de cartas que ocultaban sus sonrisas.
El momento sería eterno, pero las pisadas de un hombre bajando las escaleras interrumpieron las pláticas y el flirteo de todos los que disfrutaban sus bebidas.
Stan apareció, seguido de Kyle que resondraba a su asistente por haberle dejado atrás.
- ¿Stan? - preguntó Tweek muy sorprendido, dejando las cartas sobre la mesa.
El chico buscó a quién le había llamado y de inmediato se acercó al joven hijo de los Tweak.
- Por favor Tweek, quiero hablar contigo. A solas. Es importante, no hay tiempo. - juntó sus palmas a modo de ruego. Tweek no supo que decir.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Craig desde su mesa. Su voz despertó a Tweek que extrañado, y algo asustado por lo intempestivo de la situación, invitó a Stan y a su compañero a acercarse a la mesa dónde estaba sentado con Craig.
Richard movió una mesa cuadrada ante el pedido de Tweek ,que fue colocada en el mismo lugar apartado dónde se sentaba a diario con Craig. Cuatro tazas humeantes fueron dejadas por el adulto con cierta sospecha de quiénes eras esos dos jovencitos que habían llegado tan de improviso. Uno de esos dos debía ser el amigo que sabía de la identidad de su hijo. Guardó su comentario para cuando Tweek y él volvieran a casa.
Cuando el adulto se hubo marchado, Stan tomó de su taza y le dió un sorbo.
- Amargo. - comentó dejando la taza.
- Ngh, ¿qué sucedió? ¿por qué llegaste así? Me asustaste. - reclamó Tweek, que estaba frente a Stan, a la izquierda de Craig.
- Pido disculpas por Stan, está muy nervioso y viene haciendo tonterías. - se adelantó el pelirrojo, alzando una mano para que su ayudante calle - No nos hemos presentado formalmente: Me llamo Kyle Broflovski, soy astrónomo. Un placer, ¿Tweek? ¿Puedo llamarte por tu nombre?
- Sí. Un gusto, Kyle. - repondió con formalidad recíproca, para luego dirigirse a Stan - Luego de huir, engañarme y dejarme con Craig, pensé que no te volvería a ver. - Tweek sacó ese malestar de haberse visto engañado por su "mejor amigo".
- Lo siento, Craig fue demasiado insistente. - recordó Stan. - Es cierto, ¿qué haces aquí, Craig? ¿vienes seguido?
- Eso no importa. - trató de pasar rápido ese momento vergonsozo el aludido para agregar otro tema - Viniste por algo importante, ¿no?
Stan intercambio una mirada con Kyle, y sacó la brújula con lentitud de su bolsillo desde debajo de la mesa, dejando estupefacto y terriblemente asustado al rubio que reconoció el artefacto ante sus ojos.
Craig tuvo que sujetar la silla de Tweek desde atrás por precaución porque pensó que este se iba a ir para atrás ante el movimiento brusco que hizo para alejarse.
El rubio pasó de estar nervioso y maniático, para luego estirar su brazo con la intención de tomar el objeto. Stan se lo entregó dejándolo en su palma.
- ¿Tweek? - preguntó Craig preocupado por el interminable mutismo del chico a su lado que atrajó el objeto hacia sí, presionándolo suavemente con sus dedos. La flecha revoloteante se detuvo al sentir el tacto de su verdadero poseedor; una dirección precisa se marcaba.
Mas Tweek no escuchaba nada, sus recuerdos le llevaron de nuevo a ese barco; se veía de nuevo usando su traje de pirata, usando alguna vez ese objeto para hallar el tesoro perdido de su padre.
Su ceño se frunció y apretó los dientes con rabia. Maldito pirata.
- Ngh, aleja eso de mí. No quiero verlo. - el rubio colocó sin delicadeza la brújula sobre la mesa por debajo de su palma, arrastrándolo por la madera hasta regresarlo a Stan.
Stan al recibir la negativa, se exasperó. Se inclinó hacia adelante para enfatizar su petición.
- ¡Tweek, por favor, escúchame! ¡Si no fuera necesario, no te habría molestado más! ¡Te necesito, amigo! ¡Por favor! ¡Búsquemos juntos el tesoro! ¡SE MI GUÍA!
- ¡Se acabó para mí! - constestó, golpeando la mesa con el puño - ¡No quiero más problemas! ¡¿Acaso no lo puedes entender?! ¡No más! Por favor no me pidas que deje todo por una locura tuya - el rubio abandonó la mesa dejando a los tres chicos impresionados.
- Espera Tweek, no te vayas así. - Kyle se apresuró a seguirle, seguido de Craig. Tweek iba caminando por el local con un aire asesino - Lamento si insisto, y lo siento. Solo... escúchanos, y si no quieres ayudarnos, estará bien, podrás seguir con tu vida normal. Stan tiene una oferta que no podrás negarte a aceptar. Y creo que les convendrá a ambos.
Se detuvo.
Craig vió con curiosidad al astrónomo, ¿qué? - ¿y qué es eso tan conveniente? - preguntó el militar.
- ¿Nos sentamos? - preguntó el pelirrojo directamente hacia el rubio.
A regañadientes, Tweek se dirigió de nuevo a la mesa. Stan se había quedado en un estado de intranquilidad, tanto que estaba pérdido en su mente al no saber cómo resolver su tragedia. Se alegró cuando Tweek regresó.
- Te escucho. - pidió con seriedad, tomando asiento de nuevo. Craig y Kyle se sentaron en sus respectivos lugares también.
- Mi padre está vivo.
Tweek le miró con sorpresa y preocupación al mismo tiempo, abriendo sus verdes ojos con estupefacción. Había otro que sabía de su existencia.
- Está vivo, amigo. - repitió para que él también tuviera certeza de sus palabras - Lo encontramos, pero no está nada bien. - su voz se oscureció - Está muy grave, no sobrevivirá si no lo ayudo, y es por eso que necesito de ti. Quiero que me ayudes, guíame al tesoro, Tweek. Si haces eso, tendrás mi gratitud, tendrás la de mi padre, ¡te daré lo que quieras! Y también... te ofrezco la libertad: Cuando esto termine, me iré para siempre de Inglaterra.
Todos los presentes le observaron mientras Stan no dejaba de contener su lloriqueo y su sonrisa forzada.
- Me iré, nunca me volverás a ver. Nadie sabrá tu secreto y serás libre. - se pasó el antebrazo por la cara para ocultar sus lágrimas - Entonces, ¿qué dices? Es todo lo que tengo que ofrecer, es todo lo que tengo... Es todo...
- Stan... - llamó suavemente el astrónomo.
Craig observaba cada gesto o movimiento de su amado rubio; este estaba como congelado con los ojos abiertos, al parecer debatiéndose tal vez aceptar o no el trato.
Mientras Kyle consolaba a Stan palmeándole suavemente la espalda, y este lloriqueaba cabizbajo, Tweek habló de improviso:
- Lo haré.
Todos dirigieron su atención a Tweek; sus ojos verdes tenían una determinación que ninguno había presenciado antes.
- Stan, debo admitir que... yo también te iba pedir eso la última vez que estuviste aquí. - cerró los ojos recordando lo que su padre le había indicado - No es bueno que tú estés aquí, eso lo sé. Aunque te fueras, no serías mi única preocupación.
- ¿A qué te refieres? - preguntó con curiosidad sin entender.
Tweek dejó la pregunta sin responder. Y Stan no se animó a repreguntar.
- Es hora de planear. - Tweek tenía un aura oscura, incluso Craig sintió que su voz era más gruesa y áspera - Solo seremos tú y yo. Craig no vendrá y Kyle tampoco. Sería peligroso que cuatro personas estuvieran siguiendo las indicaciones de una brújula.
- Necesitas a alguien que te ayude con la vigilancia y deshacerte de unos guardias. - comentó Craig de inmediato, sin inmutarse por la mirada fría que le dió el ahora jefe de exploración - Iré contigo.
- Soy astrónomo, las estrellas nos ayudarán en nuestra travesía. Has estado mucho tiempo fuera del negocio y claro que estás fuera de práctica. Por supuesto que me necesitas. Iré también.
Tweek supo que ninguno daría su brazo a torcer. miró a ambos y luego se dirigió a Stan:
- Deberé huir de la casa de mi padre. Oh Dios, ojalá no me atrape. - negó un par de veces - Hago esto por él, por la tranquilidad que tanto buscamos. Nos reuniremos antes del amanecer, cerca del puerto. Y traigan provisiones, no sé cuántos días nos lleve encontrar algo.
Los cuatro en un mutismo algo incómodo, se miraron entre sí, sellando el acuerdo. Aunque su cuerpo estaba tranquilo, Tweek temblaba por dentro; tenía miedo, tenía miedo por todos.
Tweek regresó a casa esa noche con su padre, con los nervios a flor de piel por su repentino viaje concertado. S sentía culpable y nervioso, tanto que no podía tener quieta su pierna que golpeteaba la madera bajo sus pies. Mientras iban en la carroza, el joven iba escuchando de manera extrañada al mayor que reía contando alguna que otra experiencia con los clientes del día. Aceptaba que tal vez por momentos, su grupo había hablado un poco fuerte de sus planes, y temía que su padre hubiera podido oírlos. Se había preocupado por nada, pero debía tener cuidado la próxima vez.
Tweek fue el primero en entrar a su hogar. Se estiró hacia atrás para tronar los huesos de su espalda, y giró para ver a su padre, con una sonrisa en el rostro.
- ¡Hoy fue un buen día!
- Sí cariño, lo fue. - aceptó el mayor - Es mejor que duermas, mañana hay mucho trabajo y necesito a mi ayudante esté en buena forma. ¿Tienes hambre?
- Un poco. Ordenaré que alguien nos sirva la cena.
- Espera, déjame servirte la cena hoy. Has trabajado duro y me gustaría agradarte con algo.
- Oh, está bien. - aceptó el rubio imaginando algún postre preparado con las hábiles manos de su padre. Sus postres eran realmente deliciosos.
- Ve, lávate las manos y siéntate en la mesa.
Tweek no tardó demasiado en lavarse las manos, y correr entusiasta al comedor. Prendió las velas de la mesa y acomodó los cubiertos y platos. Entonce Richard apareció con una bandeja con la cena y el postre favorito de su hijo.
- ¡Budín de café y vainilla! - exclamó contento.
El adulto colocó primero la cena de la noche, poniendo a un lado el postre y sirviendo un vaso de agua clara. Tweek tomó un tenedor para comer, sin embargo, miró curioso cuando su padre se sentó frente a él, apoyando un codo sobre la mesa mientras su brazo sostenía su mentón.
- ¿No cenarás conmigo?
- Prefiero verte disfrutar de una de mis delicias. Anda, come.
Tweek asintió, no siéndole extraño que escenas así se dieran. Su padre ya lo había hecho antes.
Richard observaba paciente, con una sonrisa tatuada en el rostro como su hijo disfrutaba de todo, comiendo cada bocado con energía. Fue entonces que cuando el postre estaba a la mitad, Tweek soltó el tenedor, tambaleándose de un lado a otro en el asiento, y finalmente, cayó estrepitosamente en el suelo.
Richard suspiró y se acercó para ver a su hijo. Verificando que solo tendría un golpe en la frente, lo cargo con dificultad entre sus brazos, pensando en un lugar para resguardarlo de los villanos que seguro vendrían a buscarlo. El somnífero duraría tres días, tiempo suficiente para pensar que hacer con ellos.
- Tweek, debes ser más silencioso la próxima vez. - Le susurró al joven durmiente.
¡Hola! ¡Y hasta aquí la nueva entrega! ¿Qué les pareció este episodio? ¡Házmelo saber en los comentarios!
¡Sígueme en facebook: "El mundo de Cristal"! ¡Actualizo mis movimientos y doy avances de mis obras por ese canal!
Siguiente capítulo: "Blanco"
