El número de la suerte
Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.
Género: Romance/Humor.
Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley/Harry Potter/Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Sólo un acompañante
Esto era un problema. Un grave problema. Seguramente el problema más importante desde que Iona quemó uno de los zapatos de Draco por accidente.
Antes de que la carta llegase, Draco había estado tarareando. Ambos sabían lo feliz que debía estar para ponerse a tararear. Lo hacía mientras utilizaba un cepillo especial de ropa para mantener en perfecto estado una túnica que tenía colgada en el armario, lista para esa ocasión.
Ahora dos de ellos se encontraban sentados en el comedor y la carta en el centro. Draco la observaba como si considerase al papel el responsable de sus males. Harry no estaba seguro de qué hacer. Charlie acababa de levitar unas tazas de chocolate caliente hacia ellos porque, en su opinión, había pocas cosas que no se pudiesen resolver con una bebida caliente.
El problema tenía forma de invitación. Era preciosa a nivel estético, de colores llamativos, un logo en dorado que se iluminaba con magia, el papel suave se desplegaba y adquiría una tercera dimensión, lo que la hacía pasar de un trozo de papel a una especie de caja.
Y Draco la odiaba. En serio la odiaba. Podían notarlo en la manera en que apretaba la mandíbula, que no tocase la taza que Charlie puso a su lado ni reaccionase al beso que le dio en la cabeza, y que siguiese mirando la invitación. A Harry no le hubiese sorprendido que esta se incendiase con un despliegue de magia sin varita.
De pronto, Charlie suspiró y se reclinó en el respaldar de su asiento.
—Que vaya Harry —decidió, encogiéndose de hombros, y movió su taza de chocolate hacia él en un "brindis"—, pero tomas una foto, eh.
Harry se alarmó y empezó a pasar su mirada de uno al otro.
—No, no- tú le hablaste de cómo solidificar los residuos del fuego de dragón- tú deberías ir-
—Tú te asegurabas de que saliese del laboratorio y recordase comer cuando estabas aquí y yo en la reserva —señaló Charlie, que consideraba que cuidar del bienestar de Draco en uno de sus arranques de energía valía más que un consejo mágico.
—Los eventos como ese no son mi tipo, ve tú-
Draco apenas había puesto un pie fuera del laboratorio en dos semanas, casi siempre porque lo sacaban de ahí, mientras terminaba una poción inspirada en el fuego de los dragones que debería eliminar todo rastro de una maldición venenosa inventada por los Mortífagos. En todos esos años, nadie estuvo cerca de una respuesta, y apenas se demostró que funcionaba, la Confederación Internacional de Pocionistas lo invitó para entregarle un premio.
La invitación era válida sólo para un acompañante, claro. El público sería reducido, el evento muy privado y la prensa se mantendría al mínimo para evitar a personas como Rita Skeeter, pero era importante en el ámbito de las pociones y Draco era el único con una marca de Mortífago que había estado recibiendo reconocimientos internacionales positivos en los últimos años.
Charlie y Harry empezaban a preocuparse porque un detalle como aquel fuese a arruinarle un evento que esperó tanto.
—También podrías ir con alguien más —indicó Harry, intentando sonar más calmado de lo que se sentía al observar a Draco claramente maldiciendo en su cabeza a quien le envió tal invitación—. Con Pansy. Ella amaría acompañarte.
—Podrías decirle a tu madre —sugirió Charlie—. Aunque esté muy seria, seguro querrá llorar de orgullo apenas se entere.
—O…
Harry calló cuando Draco meneó la cabeza. Los tres estuvieron en silencio durante unos segundos, hasta que Charlie extendió el brazo, sujetó una de las manos de Draco y dibujó círculos con el pulgar en su dorso.
—Es tu premio, dragón. Lo importante ahí eres tú. Podemos celebrar cuando hayas regresado, ¿verdad? —Se dirigió a Harry, que comenzó a asentir de inmediato.
—Cocinaré algo especial para ti, y- y podemos, uhm- Charlie, ¿esa botella de…?
A mitad de sus intentos de preparar algo para que no se preocupase por ellos, Draco volvió a negar, soltando un ruidito irritado.
—Necesito pensarlo —Acercó la mano de Charlie a su rostro para besarle los nudillos y se puso de pie. Al pasarle por un lado a Harry, besó su frente, justo sobre la cicatriz. Luego dejó el comedor.
Una de las puntas de la invitación empezó a chamuscarse cuando se quedaron a solas. Harry observaba el papel con el ceño fruncido. Charlie tocó su pierna con el pie y negó en cuanto recapturó su atención.
—¿Irás tú? —murmuró Harry, formando pucheros.
Charlie volvió a encogerse de hombros.
—No me importa cuál va o si no va ninguno, me preocupa más que deje de estar emocionado…
—Es un premio mágico internacional —recordó Harry—, eso es sólo un detalle-
—Es Draco —Charlie soltó una risita resignada y negó.
Sí, Draco era capaz de convocar al organizador del evento con la única intención de exigirle que extendiese las condiciones de la barrera mágica para ambos.
O no asistir.
Eso era lo que ninguno quería, que se perdiese un reconocimiento que merecía.
Draco no les dijo gran cosa al respecto. Charlie opinó que era una de esas veces que necesitaba meditar todo por su cuenta y que sólo se los comunicaría cuando hubiese aclarado su mente, así que Harry se limitaba a recordarle lo increíble que era, cuánto había trabajado, y abrazarlo cuando Draco menos se lo esperaba.
El día previo al evento, Draco se acercó a la sala usando esa túnica blanca con toques dorados que había preparado para la ocasión y que lo hacía parecer un ángel muggle.
Puso dos conjuntos de gala sobre el respaldar del asiento y les hizo un gesto vago.
—Preferiría que se los probaran hoy, por si acaso.
Charlie y Harry intercambiaron miradas.
—¿Es para…?
—Tú vas a ir, ¿cierto? —balbuceó Harry, al darse cuenta de que su dragón era tan caprichoso que podría haber decidido enviarlos a ambos en su lugar sólo para hacer quedar mal al organizador o en señal de protesta.
Draco lo miró como si hubiese enloquecido y respondió lentamente.
—Sí, Harry, claro que yo iré también.
—¿Así que…? —Charlie arqueó las cejas y él resopló.
—Pues voy a ir a buscar mi maldito premio y voy con las dos personas que amo y que me estuvieron aguantando y ayudando mientras investigaba, punto —Draco se cruzó de brazos—. Si no les gusta, me lo pueden mandar por correo; ya envié una carta y avisé que llevo a dos acompañantes y no es una pregunta —Luego su porte serio vaciló—, a menos que ya no quieran ir.
Harry lo rodeó con ambos brazos y lo jaló hacia el sofá, sentándolo en su regazo. Draco pretendía quejarse porque pudiese dañar su ropa para el evento, pero él le dio un par de besos, riéndose, que lo frenaron.
—¿Que no vamos a querer ir? ¿En serio? —Charlie le hizo cosquillas a Draco en el costado como protesta y este brincó, sujetándose mejor de Harry—. ¿Por qué no querríamos ir a verte recibir un premio? Si te dicen algo-
—Los hechizamos y salimos corriendo —aclaró Harry, en tono divertido.
—Nos retiramos —corrigió Charlie, intentando ser el razonable entre los tres—, aunque podríamos hechizar su ropa disimuladamente…
Harry asintió y gesticuló con los labios un "los hechizamos" con que Draco estuvo más que de acuerdo. Le dio otro beso y lo dejó sentado junto a Charlie en el sofá para empezar a pelearse con su traje y ponérselo, mientras que oía la conversación de ambos.
Cuando estuvo ya vestido, Draco lo hizo dar una vuelta y ambos aplaudieron como si fuese un espectáculo. Un halago en particular de Charlie, seguido de un guiño, causó que Harry tuviese la cara roja y una sonrisa tonta cuando se sentó y le dijo que le tocaba a él probarse el suyo.
—Bien, ya que es decisión del público…—Charlie se puso de pie con falsa resignación y comenzó a desvestirse.
En cuanto Draco comprobó que los trajes estaban bien, pasó al siguiente punto que necesitaban discutir: el cabello.
Charlie y Harry se sentaron de nuevo en el sofá, conscientes de que aquello tomaría un rato. Y que tendrían que repetirlo al día siguiente para el evento.
