El número de la suerte
Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.
Género: Romance/Humor.
Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley/Harry Potter/Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
En las malas
Harry corrió desde el punto de Aparición en el hospital mágico, a través de un pasillo demasiado blanco que podría haberle traído malos recuerdos de la época posterior a la guerra, si no estuviese tan alarmado. El patronus de Draco lo alcanzó justo cuando se despedía de su última clase de la mañana.
Quería pensar que estaba exagerando. Draco a veces engrandecía los detalles más pequeños. Sin embargo, se guardaba sus quejidos o anécdotas sobre Iona intentando comerse su cabello para cuando estaban en casa, no enviaba un mensaje al colegio, mucho menos con ese tono de voz tan serio y angustiado.
Lo encontró en el primer pasillo del área de quemaduras mágicas. Discutía con un medimago. Se notaba que Draco intentaba colarse dentro de una habitación y el otro lo interceptaba para evitarlo.
—Hacen lo mejor que pueden-
—¡Podría ser mejor si me dejase entrar! —espetó Draco, haciendo otro intento de pasarle por un lado. Fue repelido por una barrera.
—Es un trabajo para profesionales, señor.
—Sé lo suficiente de pociones para-
Harry rodeó a Draco con un brazo apenas estuvo a su lado y se disculpó con el pobre sanador, que no abandonó su puesto de guardia frente a la puerta. Draco se retorció en sus brazos cuando lo hizo retroceder.
—Ellos sabrán qué hacer, Draco-
—Si supiesen qué hacer, ya deberían haberlo hecho.
Harry lo estrechó un poco más y mantuvo su voz baja para que el medimago no tuviese que escucharlos.
—¿Qué pasó?
Draco frunció el ceño y sacudió la cabeza.
—Micai dijo que unos magos se estaban llevando a unos dragones y pasarían por el bosque de Transilvania, dos pequeños, uno grande- se pusieron de acuerdo con los Aurores y los tomaron pero- ya sabes cómo se ponen cuando recién los rescatan. No confían en nadie- —Draco gesticuló con las manos temblorosas— y- y por supuesto que él tenía que ir- tonto Gryffindor, podía haberse quedado con los demás, pero no, él quería ir a ayudar a calmar a los pequeños. Parece que estaban bien, pero el dragón más grande se alarmó, se les estaba saliendo de control y lastimó a algunos magos- y adivina quién fue el idiota que se le acercó mientras los demás extendían los otros hechizos de protección.
—Seguro está bien —Harry intentó que su voz sonase lo más tranquila posible, aunque no paraba de mirar la puerta frente a ellos—, ya se ha quemado antes, apenas se le nota.
Draco sólo permaneció unos segundos en silencio, antes de verlo de reojo.
—¿Y si me prestas la capa de invisibilidad y…?
Harry negó.
—Son medimagos, Draco.
—No me gusta que esté solo con ellos.
En Inglaterra, cuando Lucius se contagió de viruela de dragón unos años después de la guerra, los medimagos se negaron a atenderlo al ver la Marca Tenebrosa y reconocer su apellido. Se supone que podrían haber acudido al Ministerio para denunciarlo y que fuese recibido como cualquier otro.
Pero no hubo suficiente tiempo.
Desde entonces, lo que más le preocupaba a Draco no era lo que les sucediese en sí, sino las personas que los rodeaban mientras los curaban y que él no pudiese asegurarse de que lo hacían bien.
Incluso en ese momento, cuando Harry lo sostenía e intentaba controlar su propia ansiedad, lo oía mascullar sobre pociones que tendría que hacer, dependiendo de la quemadura que tuviese.
—…la de la saliva de dragón debería evitarle el ardor, los medimagos nunca la mencionan, aunque los pocionistas siempre les decimos que es la mejor- una base de agua con regenerador para la piel…si se aplica desde el primer día, podría evitar que la cicatriz sea…
Estuvieron allí durante largo rato. Harry se sentó frente a la puerta, atento a cualquier sonido o movimiento en su interior. Draco, en cambio, caminaba de un lado a otro del pasillo. Hasta llegó a preguntarle si creía que Iona estaba bien con Micai.
—El trabajo de Micai es cuidar dragones, amor —respondió Harry, con un tono plano y cansado.
—¿Pero crees que va a estar bien? —insistió Draco. Estaba casi seguro de que no era que no lo supiese, sino que necesitaba una distracción para frenar su mente y alejarla de los peores escenarios que un pocionista podía imaginar cuando oía "fuego de dragón".
Harry se levantó tres veces, buscó bocadillos en la cafetería, bebió café, le llevó a Draco una taza que se enfrió sin que fuese tocada. Cuando una bruja por fin salió del área de quemaduras, dio un brinco al darse cuenta de que había dos personas esperando allí.
Él se levantó enseguida y le preguntó por Charlie. La bruja no había terminado de decir que ya se encontraba bien, antes de que Draco estuviese escabulléndose al área de quemaduras.
Y a la mierda las reglas. Él también quería verlo. Harry rodeó a la aturdida bruja y se coló en el pasillo que tenía espacios más pequeños separados entre sí, con paredes de cristal.
Draco iba adelante, se lanzó a sí mismo un hechizo para evitar contaminar el área de cualquier manera, y sorteó dos barreras que se suponía que debían repelerlo. Harry copió su hechizo y lo siguió hasta la pared del cuarto en que estaba Charlie.
En ese momento, Charlie se había sentado en la cama, con los brazos vendados, y parecía quejarse de algo con el medimago que lo trataba. Por su expresión, debía estar bajo el efecto de pociones para el dolor. El medimago sacudía la cabeza.
—Apenas salga de ahí se va a estar quejando de que los dragones arruinan sus tatuajes cada vez que lo muerden o queman —murmuró Harry, mucho más aliviado sólo de verlo al otro lado del cristal.
Apenas el medimago salió y los vio parados allí, sacudió la cabeza.
—Me preguntó cuatro veces si podía irse hoy mismo para que "no lo fuesen a extrañar" —explicó, con resignación—, pero se tiene que quedar esta noche.
Ambos fueron sacados del área de quemaduras. Una vez en el pasillo, intercambiaron miradas.
—La capa.
—Espera aquí-
Después del recorrido de la noche de una enfermera, en un cuarto del área de quemaduras mágicas, dos magos salían de debajo de una capa de invisibilidad. Demasiado tiempo encogidos los agotó y los quejidos de Draco al estirarse un poco captaron la atención de quien estaba en la cama, medio dormido.
Charlie parpadeó y frunció el ceño. Incluso se talló los ojos.
—¿Las pociones de este hospital tienen ilusiones agradables o algo así? Servirían para que me recupere más rápido —indicó, en tono muy serio, aunque el arrastre de las palabras y su sonrisa arruinaban el efecto.
Draco cerró la cortina de la pared de cristal y levitó dos sillas junto a la cama para sentarse ahí. Harry ocupó la segunda.
—Descansa —susurró Draco, flexionando los brazos sobre el borde de la cama para poner su cabeza ahí y "vigilar" que nada le sucediese mientras dormía.
—¿Cómo me voy a dormir si los estoy viendo? —se quejó Charlie, retorciéndose en la cama, hasta que Harry lo frenó.
Harry besó su frente y murmuró un hechizo que debía aumentar su cansancio, por lo que Charlie se pasó unos minutos peleando con los párpados pesados e intentando decirles algo entre bostezos, hasta que se rindió.
Acordaron que se turnarían, pero en realidad ninguno de los dos durmió.
La enfermera que fue a ver a los pacientes en la madrugada les preguntó si ambos tenían permiso de estar ahí y Harry contestó que sí, muy confiado.
Ya lo resolverían con la enfermera de la mañana.
