Si los amas, déjalos ir
Autora: jagaimocchi (AO3) [Traducción autorizada]
Sinopsis: —Así que ya ves, —Lan XiChen dirigió su cariñosa, siempre cariñosa, mirada a Jiang Cheng y, al igual que había hecho muchas veces en los últimos meses, tomó sus manos y las apretó suavemente, —Si no eres feliz aquí, A-Cheng, entonces debes irte. De lo contrario, serás un pájaro enjaulado. No sacrificaste lo que tenías en el Muelle del Loto sólo para vivir en otra jaula dorada. Ahora que sabes que tu hermana y Wei-gongzi están vivos, espero que eso sea suficiente para que sigas adelante. Aunque siempre serás bienvenido aquí, deseo que te vayas, si eso es lo que te hará más feliz.
Lan Xichen lleva a Jiang Cheng de vuelta con él a los Recesos de las Nubes. Jiang Cheng debe decidir dónde comenzará su nueva vida.
[Parte II de la Serie XiCheng "Lan Furen"]
Traducido por: Sthefynice
*Notas de autora (jagaimocchi): "(…) Tal vez debas entender la primera parte de esta historia antes de continuar. Esta es mi interpretación del día 6 del Xichengclipse 2020, Reencarnación: el renacimiento de un alma hacia el mismo cuerpo."
Capítulo Único
La vida detrás de una máscara era tranquila. Desde que Jiang Cheng había pedido a Lan Xichen que le presentara a todos los que conocieran como "Wu Ming" ("Sin nombre"), no era necesario que hablara, ni siquiera para dar su nombre. Aunque al principio la gente le miraba con curiosidad, una vez que Lan Xichen les explicaba que sólo era alguien que había conocido en sus viajes (sólo un don nadie, se recordó Jiang Cheng), rápidamente se olvidaban de él. Para todos los que se encontraban, Lan Xichen era el único que importaba.
En silencio, sin que nadie le prestara atención, Jiang Cheng observaba el desarrollo de los acontecimientos, siempre un paso por detrás del Primer Jade.
Observó cómo Lan Xichen volvía con Meng Yao y le prometía que haría todo lo que estuviera en su mano para ayudarle a cumplir sus ambiciones, si tan sólo viajaba a Qinghe con un mensaje en su nombre.
Observó cómo el hombre más pequeño accedía a irse la mañana siguiente, con los ojos brillando de esperanza.
Observó cómo Lan Xichen recibía la noticia del fallecimiento de su padre, una simple frase al final de una carta en la que se le informaba de que debía regresar a los Recesos de las Nubes para asumir su posición como Líder de la Secta inmediatamente; observó cómo un agotado Lan Qiren les saludaba a las puertas, agarrando a su sobrino por los hombros con tanta emoción, que apenas se dio cuenta de que Jiang Cheng estaba ahí justo detrás de él.
Por encima del hombro de Lan Xichen, observó cómo el alivio inundaba el rostro del anciano; le vio soltar un gran suspiro mientras hablaba de lo bien que se veía Xichen.
—Es porque tenía a Wu Ming conmigo, —dijo Xichen, aprovechando para presentarlo. Jiang Cheng se limitó a asentir cuando la mirada de Lan Qiren pasó fugazmente sobre él, su reacción fue indiferente, como la de todos los demás.
Jiang Cheng observó desde la distancia cómo a Xichen le llevaban lejos de él, para entrar en la habitación donde yacía el cuerpo de su padre. Lo siguió hasta donde le permitieron llegar: la secta estaba tan tranquila, aún en ruinas, que no había discípulos de sobra para dirigirlo a otro lugar. Vagando, observó cómo Xichen encendía incienso para su padre, con expresión apenada.
Cuando Xichen le dejó con un respetuoso: —Me temo que debo hablar con el tío en privado, —Jiang Cheng se quedó sentado mirando los helados picos de las montañas de los Recesos de las Nubes, con un escalofrío mientras el viento aumentaba su ritmo, recorriendo la tierra aplanada donde antes se levantaban los edificios.
Con una túnica campesina de color café que le había robado a alguna pobre alma desaparecida, Jiang Cheng pensó por un momento en la muerte de sus padres.
Rodeado por las montañas llenas de neblina, entre las ruinas de un clan que no era suyo, Jiang Cheng encontró la soledad. En las horas en las que se quedaba meditando, sin ojos que lo vieran y con una máscara que le ocultaba aún más, lloraba sin emitir ruido alguno.
Más tarde, vio cómo Lan Xichen se reunía con Lan Wangji. Los hermanos se abrazaron. Jiang Cheng se dio la vuelta.
Como se esperaba de alguien tan honorable y amable como Lan Xichen, incluso cuando fue nombrado como el nuevo Líder de Secta de Gusu Lan, incluso cuando empezó a prepararse para la guerra, mantuvo a Jiang Cheng cerca.
A primera hora de la tarde, le llevaba a dar paseos por los campos traseros de los Recesos de las Nube, que por fortuna quedaron intactos y sin tocar por el fuego.
Lan Xichen decía, siempre amable, —Los encontraremos, A-Cheng. Los encontraremos.
Algunas noches, cuando Jiang Cheng estaba especialmente callado, la máscara actuaba como si de un silenciador se tratara, quitándole aún más de cualquier deseo de hablar, Xichen incluso le tomaba de la mano mientras caminaban.
—Sólo para asegurarme de no perderte, —le decía Xichen, en broma.
El tiempo que habían pasado juntos fuera de casa les había enseñado a comunicarse bien: incluso sin palabras, ambos sabían que era sólo una broma a medias.
Siendo honesto, Jiang Cheng no estaba seguro de lo que esperaba. Cuando encontraron a Yanli, el alivio se apoderó de él, por supuesto, pero había sido un breve respiro para la culpa que le siguió rápidamente, una culpa que había estado esperando su momento dentro de él. Jiang Cheng no podía verla, no podía decirle: "Lo siento, los abandoné. Lamento no haber estado allí. Lamento no tener la cara para verlos de nuevo". Así que siguió mirando. Leyó la carta que Lan XiChen le mostró, la de Jin Zixuan que les informaba que la Doncella Jiang estaba ahora bajo la protección de Lanling Jin. Jiang Cheng mantuvo la carta escondida dentro de los pliegues de su túnica, leyéndola una y otra vez para convencerse de que ella estaba a salvo.
Observó como Nie Mingjue llegaba y saludaba a Lan Xichen con una fuerte palmada en la espalda, diciéndole lo mucho que había extrañado a su viejo amigo, mientras empezaban a reunirse alrededor de la mesa y a planificar sus formaciones de ataque.
Cuando no podía dormir, la dura madera de la cama y las sábanas blancas le resultaban demasiado extrañas, se despertaba al amanecer para observar a Lan Wangji cuando salía de su hogar a las cinco de la mañana de manera puntual, a veces se iba durante días, para buscar a Wei Wuxian.
Jiang Cheng no se atrevía a preguntar por qué Lan Wangji se encargaba de buscar a su shixiong, aunque a veces quería unirse a él en su búsqueda.
Sin embargo, nunca se ofreció, nunca quiso llamar la atención de forma indeseada, simplemente agradeció que Lan Wangji no le hubiera preguntado quién era. Además, si hubiera querido enfrentarse él mismo a Wei Wuxian, entonces ya habría salido él mismo a buscarlo él. De lo contrario, no habría regresado a los Recesos de las Nubes con Lan Xichen. No se habría apegado al Líder de la Secta Lan, como una sombra pegada a su talón.
—¿Qué piensas de esta formación, A-Cheng? —Xichen le preguntó cansado, repasando los planes que él y Nie Mingjue habían elaborado durante el día.
Sólo en esos momentos, en la sala mal iluminada de un Hanshi re-construido sin mucho detalle, Jiang Cheng se animaba a hablar. Su entrenamiento como antiguo heredero de secta le resultaba útil al recordar los pros y los contras de ciertas formaciones, los diferentes terrenos y las diversas sectas que custodiaban esas áreas, y lo que probablemente acordarían o no. Recordaba más de lo que pensaba, a veces lo suficiente como para llenar minutos enteros simplemente hablando.
A veces se sorprendía a sí mismo, al hablar con desbordante pasión sobre afiliaciones políticas y estrategias de batalla, y cuando hacía una pausa para recordarse a sí mismo que ese ya no era su deber ni su lugar, Lan Xichen le sonreía, con cálidos matices bailando en su rostro a la luz de las velas.
Pero luego regresaba a su habitación, a las noches de insomnio y al silencio, y al día siguiente no decía ni una palabra.
Jiang Cheng perdió la noción del tiempo cuando se impuso la rutina de los días: las comidas silenciosas, las idas y venidas, las reuniones alrededor de la mesa en el salón principal. Siempre estaba un pie detrás de Lan Xichen y los demás, ya fuera Nie Mingjue, Jin Guangshan, Lan Qiren o Lan Wangji, mientras discutían los métodos y los planes, las cosas que debían preparar antes del inicio de su primer ataque formal contra los Wen.
Un sordo latido se instaló en la mente de Jiang Cheng.
—A-Cheng, —le llamó Lan Xichen en la intimidad del Hanshi poco iluminado, —¿Te has sentido bien?
Cuando Jiang Cheng no respondió, Xichen apagó la vela de la habitación y se acercó a él. Con suavidad, le quitó la máscara a Jiang Cheng, y sus ojos recorrieron los rasgos de éste mientras no encontraba su mirada.
—¿Tal vez nuestra comida no te gusta? ¿O tal vez nuestras túnicas de cama? No parece que hayas estado durmiendo, y me he dado cuenta de que no pareces comer tu parte durante las comidas.
Lan Xichen esperó pacientemente la confirmación, pero esa noche, Jiang Cheng estaba demasiado cansado para darle alguna respuesta. Devolviéndole su máscara, Lan Xichen sugirió a Jiang Cheng que volviera a su habitación para intentar dormir, prometiendo que mañana mandaría a buscar mejores sábanas, más suaves. —No te preocupes, A-Cheng, —le dijo de manera suave, acompañando a Jiang Cheng fuera de su habitación, —te prometo que encontraremos a Wei-gongzi. Así que no tienes que preocuparte.
La promesa se cumplió antes de lo que ninguno de los dos lo hubiera previsto, cuando una fresca mañana Lan Wangji regresó con compañía.
Había algo mal. Jiang Cheng pudo discernirlo al instante por la manera en la que Wei Wuxian estaba de pie, la forma en que estaba provocando de manera ansiosa a Lan Wangji, pero no de su manera habitual, nada que ver con el trato a cuando habían estudiado aquí.
Sus ojos resaltaban, hundidos, como si el sueño fuera algo ajeno para él.
—Lan er-gege, —canturreó Wei Wuxian, pero había un tono en él, más amargo que burlón, más agresivo que amistoso, —¿Por qué no me llevas a la habitación que has preparado para mí? ¿Por qué no me enseñas los lugares tranquilos de los que presumes, los que crees que harán que todo vaya bien?
Resoplando, Lan Wangji tomó a Wei Wuxian por la muñeca para adentrarse hacia los Recesos de las Nubes, asintiendo a secas a su hermano a modo de saludo, y dedicando una mirada a Jiang Cheng. Wei Wuxian no se fijó en absoluto en Jiang Cheng.
Xichen les siguió, permitiendo a Jiang Cheng la oportunidad de ver a dónde iban. Lan Wangji dirigió a Wei Wuxian hacia una habitación de invitados que estaba vacía, y lo dejó allí con un cortante: —Wei Ying se quedará aquí. Volveré con comida y bebida.
Wei Wuxian sonrió y gritó tras un Lan Wangji que huía, con una voz cargada de sarcasmo: —¡Wow, gracias, Lan er-gege! Seguro que eres mi salvador.
Finalmente, al notar la presencia de Lan Xichen en ausencia del más joven Lan, los ojos de Wei Wuxian brillaron con picardía.
—¡Oh, bueno, pero si es Lan Xichen el que está aquí! ¿O debería decir, "Líder de Secta Lan"? Por cierto, mis condolencias. Siento oír lo que ha pasado. Pero ya sabes, sólo significa que tenemos que esforzarnos más para cazar a esos Wens, ¿estoy en lo cierto?
La despreocupación del tono de Wei Wuxian era inquietante. Cuando se puso en pie, la sonrisa en su rostro era antinatural.
—¿Lan Zhan me dice que estás planeando una guerra? Ciertamente puedo ser de utilidad en tu batalla, Zewu-jun, —sonrió Wei Wuxian, — Sólo déjame con ellos. Les arrancaré el maldito corazón y se los meteré por la garganta.
—Wei-gongzi, —respondió Lan Xichen con calma, —La tortura sería innecesaria, pero desde luego, estaríamos agradecidos por su ayuda.
—¡Pffft! ¿La tortura es innecesaria? Deberías haber visto lo que le hicieron al Muelle de Loto.
Wei Wuxian siseó por lo bajo, la mueca en su rostro y la mención del Muelle del Loto causaron que Jiang Cheng tuviera ganas de vomitar. Se mantuvo firme mientras su shixiong continuaba.
—Ese bastardo, Wen Chao. Voy a destrozarlo, miembro por miembro. Y ese cabrón de Wen Zhuliu también. Lo que ese cabrón le hizo al tío Jiang y a la señora Yu… Me voy a tomar mi tiempo con ellos. Si tú o cualquiera de los otros los encuentran primero, ¡recuerda guardarlos para mí!
A Jiang Cheng le costó todo lo que tenía dentro para permanecer quieto y arraigado al lugar. Apretaba la mandíbula con tanta fuerza que creía que podría romperse un diente. No podía decir que no compartía la rabia de Wei Wuxian. Debajo de una capa de culpa, había rabia, rabia por la injusta matanza de sus padres y de su antigua secta. No había forma de abordarlo con una mente clara o con un corazón tranquilo -comprendía de dónde venía Wei Wuxian-, pero había algo que no encajaba en la forma en que los labios de su shixiong se movían, en la forma en que sus dedos se flexionaban, como si tuvieran ganas de rodear la garganta de alguien y levantarla para asfixiarla.
—Wei-gongzi, —la voz de Lan Xichen era firme, equilibrada como un océano en calma, —entiendo tu dolor. Sin embargo, te pido que recuerdes el valor de la misericordia. Aunque no discutiré contigo lo que otros puedan merecer, te advierto que como futuro líder de secta...
—¡Y una mierda! —Wei Wuxian se acercó a Lan Xichen, a escasos centímetros de su cara mientras se encontraban casi ojo a ojo. —No soy el futuro líder de la secta de Yunmeng Jiang. Esa posición ha pertenecido y siempre le pertenecerá a Jiang Cheng.
Se sintió como si alguien hubiera clavado una daga en el estómago de Jiang Cheng. No, quería discutir, "eso no es lo que padre quería. Por eso es que me fui." No obstante, permaneció en silencio, con la máscara firmemente colocada, actuando como escudo ante la escena que se desarrollaba frente a él. Lan Xichen se quedó imperturbable.
—Sea como fuera, —respondió Lan Xichen, un poco más escueto que antes, pero todavía perfectamente cortés, —hasta que Jiang Cheng regrese al mundo de la cultivación, el título recae sobre ti.
Wei Wuxian parecía estar a punto de replicar. Si Jiang Cheng estaba en lo cierto en sus observaciones, Wei Wuxian estaba de mal humor y cuando está así, habría discutido con cualquiera por cualquier cosa.
—Wei Ying.
Lan Wangji los interrumpió, cortando la tensión en el aire mientras volvía con una bandeja de verduras al vapor y té. Dejando la bandeja, sacó su guqin y empezó a tocar lo que Jiang Cheng reconoció como la Canción de la Claridad. Sin embargo, al cabo de unas pocas notas, Wei Wuxian se puso de pie, como si estuviera harto.
—Me prometiste que me enseñarías los tesoros de Lan, Lan er-gege, —dijo Wei Wuxian, con una dulzura enfermiza, —no acepté escuchar una de tus canciones. Guárdalas para más tarde.
Lan Wangji entrecerró los ojos. Después de un momento, dijo: —Come primero. Luego te lo mostraré.
Wei Wuxian soltó una aguda carcajada antes de dejarse caer en el suelo y tomar los palillos con entusiasmo.
El Wei Wuxian que Jiang Cheng conocía nunca comería comida insípida con tanto entusiasmo. La forma en que inhalaba la comida, como si no le importara el sabor, fue suficiente para que Jiang Cheng sospechara. Algo iba mal, no sólo en el estado de ánimo de Wei Wuxian, sino en todo esto… pero no podía saber qué.
El temor se instaló en el estómago de Jiang Cheng cuando Lan Xichen los excusó y caminaron lejos del Jingshi.
—¿Pensamientos? —inquirió Lan Xichen en voz baja, mientras seguía por el pasillo.
Jiang Cheng simplemente negó con la cabeza, sin saber qué decir.
No tuvieron que esperar hasta la mañana siguiente para averiguarlo. Por la tarde, justo después del almuerzo, un fuerte ruido surgió del Pabellón de la Biblioteca parcialmente reconstruido.
Jiang Cheng, junto con Lan Xichen y un puñado de discípulos de Lan, se apresuraron hacia el lugar donde el ruido ocurrió, sensibles a cualquier signo de caos, ya que hacía apenas unas semanas habían empezado a reconstruir. Llegaron justo a tiempo para ver a Wei Wuxian emerger de entre los escombros de un muro caído, salir corriendo y montar a Suibian en un rápido movimiento. Lan Wangji no estaba lejos de él, desenvainando a Bichen en un instante.
Al ver a su hermano, Lan Wangji les informó rápidamente mientras montaba su espada: —Wei Ying tiene textos prohibidos. Planea utilizar métodos de tortura contra los Wen.
Con esas palabras de despedida, el Segundo Jade se elevó en el aire, el viento atrapando los extremos de su túnica y la cinta de la frente.
—¡Déjame en paz, Lan Zhan! Te los devolveré cuando acabe con ellos. —Se oyó gritar a Wei Wuxian antes de que desaparecieran en la distancia.
Un discípulo se inclinó hacia Lan Xichen y le preguntó si también debían ir tras ellos.
—Wangji sabe lo que es mejor cuando se trata de Wei-gongzi, —dijo finalmente. Ante esto, Jiang Cheng no estaba seguro a lo que se refería.
Tras la partida de Wei Wuxian, Jiang Cheng sintió como si le absorbieron energía. Wei Wuxian estaba vivo, aunque ciertamente no estaba bien. ¿Qué estaba haciendo, el ser invitado a los Recesos de las Nubes para recuperarse y luego sin más, destruir un muro y largarse con textos prohibidos? No era que Jiang Cheng estuviera en total desacuerdo sobre vengar al Muelle de Loto y acabar con los Wen, pero la mirada desquiciada que tenía... Jiang Cheng nunca había visto a Wei Wuxian con ese aspecto. Tenía miedo por él.
—Ya ha sido mucha emoción por ahora, —dijo Lan Xichen, volviéndose hacia él, —¿Quieres descansar conmigo?
Jiang Cheng interpretó con facilidad lo que quiso decir: Parece que necesitas un descanso, Jiang Cheng.
Caminaron hacia los campos traseros, Lan Xichen les guió por un pequeño sendero, bordeado de piedras que cortaba el bosque hasta que se acercaron a una casita, oculta entre el follaje y la flora, que a simple vista parecía necesitar algo de mantenimiento, pero de resto estaba intacta. Lan Xichen se acomodó en una roca cercana y palmeó el espacio a su lado.
—Ven, —le dijo, invitándolo, —Tal vez incluso puedas quitarte la máscara un rato.
Jiang Cheng se acercó a él y se sentó de manera obediente, aunque no llegó a quitarse la máscara. Nunca se quitaba la máscara durante el día, por si alguien le veía. En cierto modo, se sentía como un cordero que se había metido en la boca del tigre.
Mientras que había estado relativamente seguro al deambular por las zonas exteriores de Yunmeng, visitando lugares en los que la secta apenas se aventuraba. En cambio, casi cualquiera podría reconocerlo aquí, ya sea como antiguo alumno o como el chico que acompañaba a su padre durante las Conferencias de Debates, aquellas tan formales en las que se discutían asuntos importantes entre sectas. Aunque nunca había imaginado que podría tener la seguridad del anonimato siguiendo a Lan Xichen de vuelta a los Recesos de las Nube, tampoco había pensado en la cantidad de libertad que perdería.
Un pensamiento le asaltó entonces: ¿había sido ésta la vida que había imaginado para sí mismo cuando dejó el Muelle del Loto? ¿Seguir tan invisible como en su última vida, viviendo aún bajo la sombra de otro?
—A-Cheng, —Lan Xichen se apoyó en él, dándole un codazo en el hombro, —¿Qué tienes en mente?
Jiang Cheng negó con la cabeza.
La respuesta a sus preguntas era claramente un no rotundo. Jiang Cheng se había marchado para intentar encontrar su propia vida. No para vivir en el centro de atención en sí, sino para encontrar su propio rincón del mundo: un lugar que pudiera llamar como suyo. Había imaginado que sería en algún lugar distinto de Yunmeng, tal vez incluso en Gusu, pero también había pensado que estaría lejos de las sectas prominentes. Pensó que podría encontrar una aldea en algún lugar, dedicarse con una granja, trabajar en los arrozales, proteger la cosecha de cualquier cadáver o marioneta errante. Vivir así, de nuevo a la sombra de otro... ¿Jiang Cheng estaba destinado a quedarse siempre en segundo lugar, en cualquier vida que intentara buscarse?
Lan Xichen tomó entonces su rostro entre sus manos, girando suavemente su cabeza para que pudieran mirarse. Con facilidad, le quitó la máscara, dejando que una brisa fresca bañara el rostro de Jiang Cheng, la luz del sol moteada tocando la piel desnuda que había palidecido desde la última vez que había estado expuesta al sol.
—Jiang Cheng...
No sabía qué aspecto tenía, pero debía ser malo a juzgar por la expresión de Lan Xichen.
—Jiang Cheng, —repitió Lan Xichen, —No eres feliz aquí.
Era una declaración, no una pregunta. Jiang Cheng no respondió. Después de todo, no se alejaba de la verdad.
En el silencio, una pequeña y cansada sonrisa apareció en los labios de Lan Xichen. Continuó: —Realmente esperaba que encontraras atractivo en los Recesos de las Nubes. Pensé que tal vez, cuanto más reconstruyéramos, más te gustaría estar aquí. Hay mucho que hacer y todavía somos relativamente pocos, pero esperaba…
El Primer Jade negó con la cabeza.
—Jiang Cheng... Sé que nuestro encuentro con Wei-gongzi fue probablemente no muy satisfactorio, pero si prometo... Si prometo, en nombre de Wangji, que le ayudaremos a entrar en razón, ¿eso ayudaría?
Unos cálidos ojos café escudriñaron el rostro de Jiang Cheng en busca de alguna reacción. No obstante, Jiang Cheng no estaba seguro de cómo se sentía al respecto, o incluso, no estaba seguro de qué tenía que ver Lan Wangji con el asunto sobre el bienestar de Wei Wuxian. Sin embargo, sabía que no podía hacer nada para ayudarlo de manera directa, a menos que se expusiera, cosa que estaba decidido a no hacer. Dada su falta de opciones, le bastaba con saber que Wei Wuxian estaba vivo y que alguien velaba por él, aunque ese alguien no fuera él. Para empezar, ese alguien nunca había sido él. Decidido, asintió.
—Bien, —asintió Xichen, dejando que sus manos se apartaran de su rostro. —Le devolvió la máscara. —Puede que quieras llevarla hasta que estés lo suficientemente lejos. Pero una vez que estés más allá del río que separa a Caiyi de la siguiente ciudad, deberías estar a salvo. Si viajas hacia el sur, creo que encontrarás un clima agradable y sorprendentemente similar al de Yunmeng.
Lan Xichen se puso de pie y comenzó a acariciar su túnica, que se había ensuciado ligeramente con el musgo y la tierra que se adhería a la roca. La mente de Jiang Cheng estuvo en blanco durante un segundo antes de que finalmente pareciera encontrar su voz.
—Espera, —dijo, —¿me estás pidiendo que me vaya?
La pregunta pareció tomar a Lan Xichen por sorpresa.
—Pensé que... ¿eso era lo que querías? —Inquirió Lan Xichen con cautela. —Por supuesto que no te pediría nunca que te fueras. Siempre serás bienvenido aquí. Pero no eres feliz aquí.
Desde que abandonaron el bosque de Yunmeng y se reincorporaron al mundo del cultivo, el silencio parecía ser un compañero constante para ellos. Como una ciénaga, les engullía ahora mientras que Jiang Cheng intentaba buscar una respuesta en su mente y en su corazón.
—No eres tú. —Consiguió decir finalmente, y aunque era así, tampoco era suficiente.
No era culpa de Lan Xichen que Jiang Cheng se sintiera de esta manera, al igual que no había sido culpa de Wei Wuxian que su padre le hubiera preferido, o que por mucho que él mismo se esforzara, no pudiera llegar a ser tan bueno como él.
Lan XiChen volvió a dedicarle esa sonrisa triste y cansada. Sacudiendo la cabeza, su mirada se volvió tierna mientras miraba a través del prado, hacia la pequeña casa entre los arbustos.
—Mi madre solía vivir allí, —dijo.
Jiang Cheng siguió su mirada y observó la casa, tratando de imaginarse la escena. Las plantas que rodeaban la casa estaban tan altas que apenas se podía ver la estructura de madera de la casa.
—Mi padre la amaba demasiado, —dijo Lan Xichen, con una voz tan suave, como la brisa que agitaba la hierba a su alrededor, —pero mi madre hizo algo imperdonable. Así que los ancianos la desterraron, para que viviera en esa casa, lejos de todo el mundo durante el resto de su vida. No sé si has oído la historia. No es un secreto, no uno particular, pero mi padre, en su culpa por su amor a ella, se recluyó también. De hecho, cuando los Wen nos atacaron, fue la primera vez que lo vi en muchos años. Me sorprendió tanto verlo, que el tío tuvo que empujarme para que corriera y me fuera.
—Sin embargo, a menudo me preguntaba... si mi padre realmente amaba tanto a mi madre, ¿por qué la mantenía aquí?
Jiang Cheng observó la manera en que la tristeza recorría el rostro de Lan Xichen al recordar a su madre, aunque su voz contenía un afecto abrumador.
—Si realmente la amaba, —continuó, —habría sido mejor desterrarla por completo de esta secta, para dejarla vivir su vida de manera libre y plena, como quisiera. Ella no debería haber tenido que vivir aquí, como un pájaro en una jaula.
—Lo lamento, —empezó a disculparse Jiang Cheng, pero Lan Xichen simplemente negó con la cabeza.
—Así que ya ves, —dirigió su cariñosa, siempre cariñosa, mirada a Jiang Cheng y al igual que había hecho muchas otras veces en los últimos meses, tomó las manos de Jiang Cheng y las apretó de manera suave, —Si no eres feliz aquí, A-Cheng, entonces debes irte. De lo contrario, serás un pájaro enjaulado más. No sacrificaste lo que tenías en el Muelle del Loto sólo para vivir en otra jaula dorada. Ahora que sabes que tu hermana y Wei-gongzi están vivos, espero que eso sea suficiente para que sigas adelante. Aunque siempre serás bienvenido aquí, deseo que te vayas, si eso es lo que te hace más feliz.
Todavía era invierno, pero una reciente lluvia había refrescado la hierba a su alrededor, impregnando el aire con el olor de la primavera. Jiang Cheng no pudo rebatir lo que Lan Xichen le había dicho. No había nada que decir cuando sabía que tenía razón.
En una roca junto a la casita, con el aroma de la nueva vida a su alrededor, después de meses juntos, acordaron separarse ese día a medianoche.
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Cuando regresaron al edificio principal, Lan Xichen reanudó sus encuentros y actividades habituales. Jiang Cheng pensó que sería como si la conversación no hubiera ocurrido, pero entonces Lan Xichen se dirigió a él durante su reunión con Lan Qiren, para pedirle consejo sobre asuntos de los que en otro día, habría esperado hasta la privacidad de sus discusiones nocturnas a la luz de las velas en el Hanshi, para preguntar.
Jiang Cheng dudó en responder al principio, poco acostumbrado a hablar delante de Lan Qiren. Pero, comprendiendo que Lan Xichen probablemente quería su consejo en previsión de su partida, se obligó a hablar. Se dio cuenta de que la máscara hacía que su voz sonara más gruesa de lo habitual.
Eran sólo sus opiniones, sugerencias, en el mejor de los casos. Jiang Cheng no esperaba que las aceptaran, al menos no realmente, y ciertamente no de inmediato, pero cuando Lan Qiren asintió con aprobación, tarareando mientras se acariciaba la barba y elaboraba él mismo la idea, Jiang Cheng sintió algo cercano al orgullo. Quizá no era tan invisible después de todo.
Al acercarse la noche, los dos jóvenes se retiraron al Hanshi como tenían acostumbrado. En la puerta, Lan Xichen sugirió que Jiang Cheng volviera a su habitación.
—Tal vez para empacar sus cosas, —dijo, —o tal vez para probar la nueva ropa de cama. Es una pena que haya llegado hoy. ¡Oh! ¿Quizás puedas llevártela contigo?
Jiang Cheng se burló con incredulidad, sacudiendo la cabeza.
—¿Qué haría yo con tu lujosa ropa de cama cuando duerma en los bosques y sobre la hierba húmeda?
—Bueno, tal vez podrías venderla, —expresó Lan Xichen pensativo, —Probablemente sea demasiado suave para alguien de aquí. Los Lans duermen sobre madera dura a propósito, ya que creemos que ayudará a la disciplina. Incluso si alguien más la quisiera, no creo que el tío se lo permitiera. Supongo que también está la cuestión de la higiene, pero...
Jiang Cheng escuchó, divertido, mientras Lan Xichen continuaba hablando en voz alta sobre la ropa de cama, antes de pasar a decir que Jiang Cheng debería empacar algunas túnicas extra ("porque robarlas a los cadáveres realmente no es una práctica que deba continuar"), y que Jiang Cheng también podría querer llevarse unos cuantos bollos al vapor ("Sí, sí, no has disfrutado comiendo mucho más que nuestro mantou al vapor, así que sería bueno que te llevaras algunos para el camino")
Finalmente, Jiang Cheng no pudo contenerse más. La risa se derramó de él, deteniendo a Lan Xichen que parecía sorprendido, pero complacido.
—¿Qué pasa? —Preguntó el mayor, aunque sus ojos se habían iluminado ante el agradable sonido de la risa de Jiang Cheng. —¿He dicho algo gracioso?
Jiang Cheng sacudió la cabeza, todavía riendo. —No. Simplemente eres gracioso.
Lan Xichen frunció el ceño confundido, aunque seguía sonriendo. Si Jiang Cheng no lo supiera mejor, pensaría que el venerable Primer Jade estaba haciendo pucheros.
—Bueno, eso no parece algo muy agradable, —murmuró Lan Xichen, antes de sonreírle a Jiang Cheng sin tapujos, casi cegándolo. —Pero si así es como me recordarás, entonces estaré contento.
Se sentía extraño hablar de recordar a Lan Xichen cuando estaba justo ahí con él, había estado justo ahí a su lado desde hace algunos meses. Jiang Cheng tragó saliva, preguntándose si podía permitirse ser egoísta, sólo una pequeña cosa antes de dejar al otro para siempre.
—Aparte de lo que tengas que darme para llevar, no tengo muchas cosas, —dijo, tratando de sonar despreocupado, —así que tal vez, antes de irme, podría quedarme aquí contigo.
Lan Xichen sonrió, con los ojos arrugados de esa manera que Jiang Cheng sabía que extrañaría. Entraron juntos en el Hanshi. Xichen le preguntó si le importaría que siguiera trabajando en la estrategia, como de costumbre. Jiang Cheng negó con la cabeza y se sentó en su posición habitual, sobre un cojín en el suelo, en un rincón.
Observó a Lan Xichen: como fruncía sus labios mientras pensaba; los trazos firmes del pincel mientras escribía más cartas a las sectas más pequeñas, pidiéndoles su cooperación; el modo en que sus cejas se arrugaban en señal de concentración, desplazando la cinta de su frente lo suficiente como para recordar que era, de hecho, algo que se podía quitar y no una parte más añadida de su cuerpo. Jiang Cheng se dio cuenta de todo lo que extrañaría.
El tiempo que habían pasado juntos, cuando sólo eran ellos, había sido uno de los más felices. Cuando habían vagado entre las aldeas, descansando en los bosques y durmiendo en la comodidad del regazo del otro, incluso con la ansiedad, esos días se habían sentido libres sin comparación. Sólo desde que empezaron a reunirse y a estar presentes con otros, Jiang Cheng se había sentido tan sofocado, tan incapaz de decir nada en absoluto. Había miedo, pero también una creciente sensación de impotencia.
—A-Huan, —dijo en voz baja, sin querer ser escuchado. Lan Xichen levantó la vista, con los ojos muy abiertos. Jiang Cheng no le había llamado "A-Huan" desde que se habían encontrado con Meng Yao. Sino que se había vuelto a dirigir hacia él con el nombre que todos los demás le llamaban.
—¿Sí? —Inquirió, dejando a un lado su pincel y dirigiendo toda su atención a Jiang Cheng.
—A-Huan, ¿puedo... puedo... dormir en tu regazo? ¡Pero no por mucho tiempo! ¡O nada de eso en serio, no importa! Pero sí. Ya sabes, como hacíamos cuando estábamos solos. En los bosques. En el exterior.
Jiang Cheng pudo sentir cómo su rostro se acaloraba. Era una cosa tonta y egoísta, pero si no iban a volver a verse en cuestión de horas, entonces Jiang Cheng sintió que podía perdonarse a sí mismo por pedirlo tan abiertamente.
—Por supuesto.
Lan XiChen sonrió con esa sonrisa suya, cálida, acogedora, y amable a más no poder. Con las piernas cruzadas, le indicó a Jiang Cheng que se acercara a él, dándole una palmadita en el muslo para enfatizar. Jiang Cheng ignoró el rubor que le subía del pecho al cuello y se acercó con su cojín al escritorio de Lan XiChen.
El sol se había puesto y la habitación estaba a oscuras, pero aún no eran las ocho. Con un movimiento de muñeca y un amuleto, las velas del escritorio de Lan Xichen cobraron vida mientras Jiang Cheng acomodaba su cabeza en el regazo del otro.
Su máscara le impedía encontrar una posición cómoda para acostarse, así que se la quitó. Dejándola a un lado, levantó la vista un momento para atrapar a Lan Xichen mirándole, con expresión suave.
—Ah, —dijo el mayor, —voy a extrañarte.
Jiang Cheng resopló y cerró los ojos, enterrando su rostro en los pliegues de la túnica de Lan Xichen. El olor a incienso de sándalo y a una flor que no podía ubicar, llenaba sus pulmones. Jiang Cheng se sintió en paz.
—Despiértame dentro de una hora, vale... —Murmuró, mientras el sueño le vencía.
Cuando volvió a abrir los ojos, la luz se filtraba por la ventana del Hanshi. Se levantó de un salto, tratando de alejar la oscuridad del sueño.
—¿Qué...?
Se giró con rapidez, casi golpeando a XiChen con la coleta que llevaba estos días, pero éste sólo le devolvió la mirada, con los párpados pesados como si no hubiera pegado ojo. Y por supuesto que no lo había hecho, Jiang Cheng había pasado toda la noche dormido en su regazo.
—Oh Dios, Lan XiChen, lo siento mucho.
Lan Xichen sacudió la cabeza.
—Debes haber estado muy cansado. Dormiste muy profundamente hasta ahora.
—Oh Dios. ¿Qué hora es?
—Las cinco de la mañana.
Una línea de cálido color naranja llenaba el Hanshi mientras el sol se elevaba de manera lenta en el cielo. Jiang Cheng se tomó unos momentos para que su cerebro también despertara.
—Ah...¿tanto para salir a medianoche, entonces...? —Murmuró, frotándose la nuca. Pero luego cayó en cuenta. ¿Acaso había dicho...? ¿No había preguntado...?
Jiang Cheng miró fijamente a Lan Xichen, que le devolvió la mirada, parpadeando lentamente.
—¡A-Huan! ¿Por qué no me despertaste? —Gritó. Era lo más alto que había hablado en muchas semanas. Se levantó bruscamente, con las manos en puños.
Lan Xichen le sonrió, disculpándose: —Parecías muy cómodo. Y la verdad es que no has dormido bien en estos últimos días. No quería despertarte.
—Pero...
—Sin peros. Lo único que lamento es que no hayas podido probar la nueva ropa para dormir. Te puedes ir en cualquier momento, así que si eres capaz de dormir aunque sea un poco antes de irte, no veo que sea algo malo.
Ante una sonrisa tan brillante y sincera, el enfado de Jiang Cheng no tenía caso.
Se oyó un breve golpe en la puerta. Jiang Cheng agarró con rapidez su máscara y se cubrió la cara. Lan Xichen no hizo ningún movimiento para ponerse de pie y en su lugar llamó a quien fuera para que entrara.
Un discípulo abrió la puerta con cautela y anunció que había oído a alguien gritar, por lo que había pensado en venir a comprobar que todo estaba bien. Mientras Lan Xichen tranquilizaba al discípulo diciéndole que debía haber escuchado mal, Jiang Cheng cruzó los brazos sobre el pecho, intentando pasar desapercibido mientras miraba por la ventana los primeros rayos de sol, asomándose por detrás de la montaña. Todo este tiempo había sido tan bueno para ser invisible, para pasar desapercibido, y ahora, de repente, ¡él y su gran boca...!
Cuando el discípulo los dejó, escuchó a Lan Xichen reírse a sus espaldas.
—Ah, hacía tanto tiempo que no te oía gritar mi nombre de esa manera, —continúo, entre risas, —siendo honesto, había pensado que no podría volver a escucharlo antes de que te fueras. ¿Cuándo fue la última vez?
Jiang Cheng estaba de pie con los hombros encorvados mientras Lan Xichen hacía sonidos de satisfacción, contento. Aunque podía sentir que sus mejillas estaban sonrojadas, algo de su dignidad se salvaba por el hecho de que la máscara lo ocultaba a la vista.
—Bien, me voy, —dijo, avanzando hacia la puerta. De repente, se detuvo, dándose cuenta de que sus palabras podían ser malinterpretadas. Se detuvo en el umbral. —Me refiero a mi habitación. Me voy. A mi habitación.
Todo el rostro de Lan Xichen estaba radiante de alegría. Jiang Cheng estaba demasiado avergonzado para decir algo más, y salió enérgicamente del Hanshi, dirigiéndose a la habitación de invitados para lavarse la cara y fingir que no había pasado la noche en los aposentos del Líder de Secta.
Una vez ya recompuesto, se arregló el pelo y se colocó la túnica, dirigiéndose al comedor para tomar el desayuno. Lan Xichen aún no había aparecido, pero ya otros lo habían hecho.
El discípulo que le había visto en la habitación de Lan Xichen le dirigió una mirada curiosa al entrar. Jiang Cheng hizo lo mejor que pudo para ignorarlo.
Recordó una de las muchas reglas de la secta: Gusu Lan no participa en chismes. Pero entonces, ¿por qué tenía la sensación de que muchos le observaban?
"Soy invisible", se dijo a sí mismo. "Ser invisible es algo que siempre se me ha dado bien. ¡Así que sé jodidamente invisible ahora, Jiang Cheng! ¡Contrólate!"
Con la espalda recta, se dirigió a su asiento habitual. Hasta ahora, no había pensado realmente en el hecho de que su asiento habitual estaba en la cabecera de la mesa, justo al lado de Lan Xichen. Pero ahora no podía negarlo. Cuando se sentó sin Lan Xichen y con sólo Lan Qiren tomando té a dos asientos de él, mientras los grupos de discípulos de Gusu Lan llenaban la sala de manera gradual, fue cuando Jiang Cheng pudo sentirse realmente como el bicho raro.
Se ocupó de comer, levantando su máscara en un ángulo para dar acceso a sus palillos. Gusu Lan no condimentaba mucho los alimentos, pero a veces encurtían sus rábanos. Hoy era uno de esos días, así que Jiang Cheng se sirvió, con la esperanza de recordar que sus papilas gustativas aún funcionaban. Agradeció que hubiera una norma en Gusu Lan, según la cual no se podía hablar mientras se tomaba la comida, por si alguien sentía que debía dirigirse a él. Esperaba que, en algún momento de la comida, Lan Xichen saliera para poder volver a su sombra con seguridad, pero por desgracia, Jiang Cheng comía demasiado rápido como para darse mucho tiempo.
Sin embargo, no esperaba que alguien tratara de hablarle en cuanto dejara los palillos. Y ciertamente no esperaba que ese alguien fuera el mismísimo Lan Qiren. Éste le hizo un gesto para que se levantara y le siguiera, fuera de la sala.
Obediente, Jiang Cheng le siguió, con el corazón acelerado. No había estado a solas con nadie más salvo Lan Xichen desde hacía cuántos meses, y además, no tenía ni idea de lo que Lan Qiren podría querer decirle.
El anciano Lan se detuvo en un patio tranquilo, no lejos del comedor.
—Tú, —dijo, mirando a Jiang Cheng de arriba-abajo. Jiang Cheng sintió que su postura se enderezaba: su memoria muscular formada de su periodo de estudio, en los Recesos de las Nubes. Esperaba que Lan Qiren no pudiera escuchar los frenéticos latidos de su corazón; que no pudiera encontrar ningún defecto en él, ninguna pequeña peculiaridad que lo identificara o le diferenciara de los demás.
Lan Qiren estrechó los ojos hacia él.
—Wuming, ¿no?
Jiang Cheng asintió un poco mientras el anciano le observaba sin palabras, con las manos acariciando su barba en señal de estar pensado, con una expresión neutral. Jiang Cheng no sabía qué hacer con él. ¿Qué podía decirle Lan Qiren? Quizás era para decirle que se alejara de su sobrino; quizás el pequeño discípulo de antes les había delatado y ahora sentía que ese don nadie se había acercado demasiado a su preciado sobrino mayor.
Jiang Cheng se armó de valor. De todos modos, esta noche iba a marcharse. No importaba. Si Lan Qiren quería gritarle, entonces era bienvenido a hacerlo.
De repente, Lan Qiren le golpeó. Si Jiang Cheng no hubiera sido entrenado para el combate durante toda su vida, podría no haber esquivado el ataque. Pero no en vano fue un antiguo heredero de secta: dicho ataque no le llegó con facilidad y se apartó de él, confundido.
—Maestro Lan, —dijo, tratando de mantener la calma, mientras su cerebro intentaba pensar con desesperación qué pudo haber hecho para justificar esto. Continuó esquivando los ataques de Lan Qiren. —¿Qué significa esto?
—Eres rápido, —observó Lan Qiren. El anciano estaba sonriendo… ¡¿sonriendo?! y fue una visión tan aterradora que Jiang Cheng se detuvo por un segundo, casi lo suficiente para que Lan Qiren le diera un golpe.
Esquivó al anciano y saltó a la azotea, con la esperanza de que esto disuadiera a Lan Qiren de atacarle. No fue así. Lan Qiren le siguió, subiéndose fácilmente al tejado y moviéndose de manera ágil por el tejado recién colocado de un edificio reparado.
—Eres muy bueno, —elogió el anciano, mientras Jiang Cheng se sentía cada vez más confudido.
—¡Tío!
Apareció una figura conocida, agitando las mangas mientras corría hacia la escena, con un puñado de discípulos detrás de él.
—¡Tío! ¿Qué significa esto? —El tono de Lan Xichen era firme, pero justo en el borde del respeto.
Lan Qiren se detuvo al oír la voz de su sobrino y, como si hubiera reunido la información que quería, se detuvo, con el puño izquierdo todavía conectado al antebrazo de Jiang Cheng, que lo había bloqueado.
—Hacer ruido está prohibido en los Recesos de las Nubes, Xichen, —respondió con calma, antes de saltar desde la azotea para aterrizar frente a la multitud que surgía.
—Tío, por favor, —Lan Xichen miró a Jiang Cheng mientras le seguía, saltando desde el tejado para reunirse con ellos en el suelo, —En todo caso, eres el que está causando ruido y perturbación. ¿En qué demonios estás pensando? Wuming no es un enemigo. Creí que te lo había dicho, sólo me ha ido tan bien en la huida gracias a él...
—Y será iniciado en Gusu Lan, —Lan Qiren asintió de manera sagaz. El patio quedó en silencio. —Lo que acabas de ver fue una iniciación, Xichen. Será muy bueno con nosotros.
—¡Tío! —Lan Xichen miró entre su tío y Jiang Cheng, como si tratara de discernir qué era lo que estaba pasando entre ellos. Jiang Cheng se quedó quieto: no tenía nada que añadir. Él mismo no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
—Vamos, Xichen, Wuming, tenemos mucho que discutir. ¡Y ustedes! ¿Qué hacen ahí mirando? Tienen sus deberes y su entrenamiento. ¡Largo, largo!
Los discípulos se dispersaron con una reverencia, sin charlar entre ellos, aunque por las miradas que se lanzaban unos a otros, Jiang Cheng estaba seguro de que habría algún chisme sobre esto en algún momento, que le den a las reglas de Gusu Lan.
Mientras seguían al anciano Lan, Lan Xichen jaló de la manga de Jiang Cheng y le lanzó una mirada interrogativa. Jiang Cheng sólo pudo sacudir la cabeza para transmitir su mutua confusión.
Cuando entraron en la privacidad de la habitación de Lan Qiren, el anciano se volvió hacia ambos, con las manos metidas en las mangas delante de él. Miró de su sobrino a Jiang Cheng y luego de vuelta, complacido.
—Has encontrado uno bueno, Xichen, —asintió satisfecho, —Has hecho bien en traer a Wuming. Su consejo de ayer fue justo lo que necesitábamos y sus habilidades en el combate, como acaba de demostrar, son muy buenas. Muy preciso. Rápido. Sincronizado. Por supuesto, necesitaré ver la forma de tu espada. Si te has entrenado simplemente recolectando estilos en tus viajes, joven, puede que haya que refinar algo antes de que estés listo para la batalla.
—No, no, tío, no, —Lan Xichen se apresuró a corregirle, —No, tío, me temo que estás equivocado. No he traído a Wuming aquí para que se una a Gusu Lan.
Lan Qiren frunció el ceño. —Pero Xichen, ¿seguramente te das cuenta de la gran aportación que supondría? El consejo de ayer, no, los consejos que dices que él te ha dado en todo este tiempo, ¿no ha constituido una parte crucial de nuestros planes? ¿Dices que ahora no quieres ofrecerle un puesto con nosotros cuando ya ha sido tan útil y elemental?
—No, tío, por supuesto que no. Si Wuming quisiera quedarse, por supuesto que estaría extasiado, pero ya hemos hablado y él no es feliz aquí.
El ceño de Lan Qiren se frunció. Se volvió hacia Jiang Cheng, que deseaba de nuevo que sus poderes de invisibilidad de ayer regresaran a él.
—¿Qué significa esto? —El anciano le preguntó: —¿Hemos hecho algo que le ofenda, joven maestro? Si es así, este anciano se disculpa humildemente.
—No, —Jiang Cheng negó con la cabeza, deseando disipar cualquier suposición errónea, y deseando evitar cualquier situación en la que Lan Qiren pudiera terminar disculpándose con él. —No, en absoluto. Es que... Lo necesito. No puedo quedarme aquí.
Lan Qiren se frotó la barba de nuevo, nivelando a Jiang Cheng con una mirada que no podía descifrar.
—¿Es por Xichen? —Inquirió en voz baja.
En otra vida, Jiang Cheng podría haber estallado en carcajadas, pero estaba tan confundido por este giro de acontecimientos, que sólo pudo gritar en defensa de su amigo: —¡No! ¡Por supuesto que no! Claro que no.
El ceño de Lan Qiren permaneció serio. Chasqueando la lengua, dijo: —Comprendo que muchos cultivadores errantes tienen sus problemas, Wuming. No eres 'Wuming' sin ninguna razón. Sin embargo, espero que entiendas que vamos a la guerra. Nuestro primer ataque conjunto comenzará en pocos días, sujeto al acuerdo de algunas sectas más pequeñas. Por lo que he visto de ti, sería un gran desperdicio que simplemente te fueras sin ningún rumbo. ¿Cuáles son tus planes? ¿Estás considerando unirte a otra secta? ¿Es Qinghe Nie? ¿Lanling Jin? Xichen dijo que te conoció en Yunmeng... ¿quizás en Yunmeng Jiang?
Jiang Cheng se quedó en callado. Las palabras de Lan Qiren eran amables. Nunca había recibido tales elogios por sus habilidades - cualquier cosa que hiciera no era lo suficientemente buena para su posición como heredero de secta, o simplemente de lo que se esperaba de él debido a su posición. Su identidad como Jiang Cheng de Yunmeng Jiang siempre le había precedido. Era... alentador, escuchar de repente tales elogios sin ese precedente.
—No, Tío, —Lan Xichen sujetó el brazo del mayor, sacudiendo la cabeza, pareciendo malinterpretar el silencio de Jiang Cheng como si estuviera molesto. —Es mucho más complicado que eso. Wuming tiene sus razones y debemos permitir que se marche si eso es lo que quiere.
—Pero Xichen, de seguro debes estar de acuerdo conmigo, —insistió Lan Qiren. Se giró para mirar a Jiang Cheng de nuevo. —¡Wuming! No sé de dónde vienes y no sé qué piensas hacer, pero puedo asegurarte que Gusu Lan estaría mejor contigo en ella que sin ella. ¿No considerarías unirte?
Nunca en sus sueños más salvajes Jiang Cheng habría imaginado que habría un día en el que Lan Qiren y Lan Xichen estarían de pie frente a él, ambos con ojos grandes y suplicantes. Lan Qiren, un hombre orgulloso y estoico, llegando a implorarle que se quedara. Y su sobrino, el hermoso y benévolo Lan Xichen, buscando en su lenguaje corporal alguna pista de lo que estaba pensando.
—Wuming, —Lan Xichen se apresuró a volver al lado de Jiang Cheng, agarrando su brazo, luciendo temeroso de su respuesta, —No tienes que hacer nada que no quieras. ¿Recuerdas lo que te dije? No tendremos otro pájaro enjaulado en Gusu Lan.
Al ver la expresión de inquietud en la cara de Lan Xichen, Jiang Cheng sonrió para sí. Justo ayer, se había sentido ahogado, se había sentido como si simplemente se hubiera encadenado a un ancla diferente, viviendo a la sombra del Líder de Secta Lan, pero, siendo capaz de hablar con Lan Qiren, no como Jiang Cheng, heredero de Yunmeng Jiang, sino simplemente como él mismo, siendo capaz de luchar con alguien más, que simplemente quería ver sus habilidades por lo que realmente eran… era sin lugar a dudas, agradable. No, en realidad, era emocionante. Y Jiang Cheng quería hacer más. Quería que le vieran por lo que era, y no por lo que se esperaba que fuera.
Además, estaría mintiendo si dijera que no echaría de menos ver a Lan Xichen todos los días, si tuviera que dejar Gusu Lan.
—Está bien, Lan Xichen, —dijo, separando la mano de Xichen de su brazo, olvidando que él no podía verle sonreír desde detrás de su máscara.
—A-Cheng, —siseó Xichen, en voz baja para que Lan Qiren no pudiera oírles, —No... no hagas esto si no quieres. Yo... no sería capaz de soportarlo. Por favor.
—No, de verdad, está bien, Xichen. Ya no me siento así, de hecho. No de esa manera.
El ceño de Xichen seguía fruncido, pero parecía bastante satisfecho con su respuesta como para dejar que Jiang Cheng pasara por delante de él.
—Maestro Lan, —Jiang Cheng se inclinó ante él. —Sería un honor quedarme.
Lan Qiren le sonrió con orgullo y Jiang Cheng se sintió brillar un poco bajo la atención.
—¡Bien! Excelente. Bueno, entonces debes mostrarme tus formas de espada. ¿Vamos?
—Ah, sobre eso, él... no tiene, —soltó Lan Xichen, rompiendo su compostura habitual. Lan Qiren estrechó sus ojos hacia él.
—¿Un cultivador sin espada? ¡No seas ridículo, Xichen! Y debo recordarte que mentir va en contra de las reglas.
Los ojos de Lan Xichen estaban caóticos. Jiang Cheng lo entendió. Supuso que era sólo cuestión de tiempo hasta que alguien tuviera que descubrirlo.
Se le había ocurrido a Jiang Cheng que mantener a Lan Xichen como único guardián del secreto de su verdadera identidad parecía injusto. Que de entre todas las cosas que Lan Xichen tenía que proteger, proteger la verdadera identidad de Jiang Cheng no debería ser una de ellas. Había algunas personas que no quería encarar (Jiang Yanli y Wei Wuxian eran las más obvias), pero Lan Qiren... Gusu Lan era tanto su secta como la de Lan Xichen, y el hombre merecía saber a quién iba a aceptar en ella.
—Le mostraré mis formaciones de espada, Maestro Lan, —Jiang Cheng desató un nudo de su túnica exterior, —Pero me temo que no podremos batirnos en duelo público.
Abriendo su túnica exterior, Jiang Cheng mostró a Sandu en su cadera, la empuñadura de color violeta oscuro y el intrincado patrón de la empuñadura de plata eran inconfundibles. La cara de Lan Qiren era una imagen de sorpresa.
—¿De dónde has sacado eso? —Inquirió con cautela, incrédulo.
—Maestro Lan, soy yo.
Jiang Cheng se acercó y se quitó la máscara. Los ojos de Lan Qiren sólo se ampliaron más.
—¡Jiang Wanyin! —Dio un paso adelante, evaluando a Jiang Cheng de pies a cabeza. —Oí que te habías ido... Me alegra ver que estás vivo y bien. Y pensar que has estado con Xichen durante todo este tiempo.
—Mis disculpas por haberle ocultado mi identidad, maestro. No quería que nadie lo supiera, —Jiang Cheng dirigió a Lan Qiren una mirada decidida, —De hecho, esta es una condición para unirme a su secta. Nadie, aparte de nosotros, debe saberlo.
—¿Por qué? —Lan Qiren replicó: —Sería una gran ventaja para ti mostrarte. Estoy seguro de que has oído hablar de la tragedia que sufrió tu secta.
Haciendo una pausa, el mayor Lan añadió: —Te ofrezco mis más profundas condolencias por lo que les ocurrió a tus padres. Se merecían algo mejor. Sin embargo, la gente de tu secta, lo que queda de tus discípulos, se alegrarían al saber que has sobrevivido, después de todo. Aunque seguiría siendo un honor tenerte en Gusu Lan, imagino que lo mejor sería que retomaras las riendas y dirigieras a Yunmeng Jiang en primera fila junto a nosotros, como nuevo Líder de Secta.
Jiang Cheng negó con la cabeza. —No. Yo... ése ya no es mi lugar. Cuando dejé la secta, tenía la intención de no volver jamás, y eso sigue siendo sin cambiar.
—¿Entonces qué? ¿Esperas que Wei Wuxian dirija a Yunmeng Jiang? —Lan Qiren se burló, su desdén era evidente.
—Sí, —aunque le doliera decirlo, Jiang Cheng sintió la necesidad de defender a su hermano, —Wei Wuxian tiene un talento que supera todo lo que yo podría haber esperado conseguir. Hubiera sido lo que mi padre hubiera querido.
Cuando Lan Qiren no discutió el asunto, Jiang Cheng se sintió aliviado y a la vez, decepcionado. No había nadie en el mundo que negara que su padre no hubiera querido que él mismo le sucediera al trono del Loto.
Al final, Lan Qiren aceptó su petición, pero con los dientes apretados, —Wei Wuxian es brillante, sí. Pero liderar una secta y ser alguien con talento son dos cosas muy distintas. ¿De verdad crees que Wei Wuxian lo haría mejor que tú? Hablas de tu padre, pero ¿qué hay de tu madre? Ella se mostró muy enfática a la hora de querer que ocuparas el puesto.
Jiang Cheng tragó saliva, recordando a su madre y su perpetuo enfado e infelicidad. Sí, ella quería que él se convirtiera en el próximo líder de Secta, probablemente había pasado años de su vida discutiendo con su padre por ello, exigiendo que su padre le diera la atención que le correspondía por ser un heredero... ¿y a dónde eso les llevó? Sólo a más infelicidad y a más rupturas en su matrimonio. Que su padre se distanciara más de él, ya que cada vez que lo miraba pensaba en su madre, amargada y en sufrimiento.
Sacudió la cabeza una vez más.
—Creo en Wei Wuxian, —dijo con un énfasis que esperaba que transmitiera su decisión final. —Si no respeta eso, entonces está bien. Dejaré Gusu Lan esta noche.
Se inclinó como si fuera a marcharse, pero al darse la vuelta, Lan Qiren le llamó.
—No estoy de acuerdo contigo en tu posición respecto a Yunmeng Jiang, —dijo, —pero bueno, Yunmeng Jiang no es mi secta. Es, a fin de cuentas, tu secta. Y si decides que Yunmeng Jiang sea dirigida por Wei Wuxian, no puedo impedirlo. Sin embargo, como asesor de XiChen, que es el líder de la secta Gusu Lan, mi opinión con respecto a tu potencial contribución para esta guerra se mantiene. El hecho de que seas quien eres... sólo puedo pensar que debí haberlo detectado antes. Todo el conocimiento que has mostrado respecto a la geopolítica de la situación sólo podría haberlo adquirido un joven maestro de una secta prominente.
Lan Qiren suspiró, pero se puso a su altura, juntando las manos en la espalda.
—Jiang Wanyin, guardaré tu secreto. Pero recuerda que los Lans no mienten. Si se diera la situación de tener que revelarte, recuerda mis palabras: lo haré.
Jiang Cheng sintió como su mandíbula se apretaba, como apretaba los dientes, ante la promesa a medias que le daba.
—Al mismo tiempo, —continuó Lan Qiren, —para unirte a nosotros, no debes continuar con ese 'Wuming'. ¿Por qué insistes en ser desconocido? Tus habilidades están muy por encima de las de un cultivador errante que podrías pasar a un segundo plano con el ejército principal. Fuiste criado para liderar, y sería mejor para nosotros tenerte al frente. Si no lo haces con Yunmeng Jiang, entonces lo harás con Gusu Lan. Te quiero al lado de Xichen cuando luchemos contra los Wen. Seguramente, con una mente estratega como la tuya, ¿puedes ver que aquí también es donde perteneces?
Antes de que Jiang Cheng pudiera siquiera procesar las palabras, había lágrimas en sus ojos. Apenas se dio cuenta de ellas hasta que Xichen se adelantó, ofreciendo su manga para limpiarlas, justo como había hecho mientras viajaban juntos. Xichen le sonrió con amabilidad, y cuando Jiang Cheng volvió a mirar a Lan Qiren, unos ojos de un color similar le devolvieron la mirada con cariño. Aunque no ayudó a sofocar las emociones que le abrumaban, sí hizo que Jiang Cheng sonriera.
—Gracias, maestro Lan, por sus amables palabras y por esta oportunidad. Yo... no sé cómo pagarle.
—Lucha bien, Jiang Wanyin, —Lan Qiren le asintió, con una pequeña sonrisa en los labios. —¿O debería llamarte...?
El anciano se volvió hacia su sobrino y le dirigió una mirada curiosa. Lan Xichen sonrió.
—Lan XinYue, —dijo Xichen con facilidad, "Una luna nueva para nuevos comienzos."
Jiang Cheng sonrió.
Puede que haya vivido bajo la sombra de otras personas como Jiang Wanyin, Jiang Cheng, pero quizás como Lan Xinyue, podría encontrar una nueva vida, un lugar donde sintiera como suyo, un lugar a donde pertenecía. Tal vez estando aquí realmente podría llegar a sentirse como su hogar.
—También vamos a tener que hacer algo con esa espada tuya, —dijo Lan Qiren pensativo, —Necesita verse menos... púrpura.
—¿La enviamos a los metalúrgicos, tío? —Inquirió Lan Xichen, para sorpresa de Jiang Cheng. Apretó a Sandu más cerca de él.
—¡¿Qué le van a hacer a Sandu?!
Se había llevado a Sandu con él para que le protegiera, sí, para usarla, también, pero en aquellas noches antes de toparse con Lan Xichen, Sandu también había sido su única compañía, su constante, su luz nocturna. No podía soportar la idea de hacerle daño a Sandu.
Lan Xichen sacudió la cabeza y apretó el hombro de Jiang Cheng para tranquilizarlo.
—Podemos pedir a los metalistas para que hagan pequeñas modificaciones. Quizás una cubierta para la funda y un ajuste en el diseño de la empuñadura. Un tinte diferente para el cuerpo de la espada, y una nueva vaina para Sandu. El obrero mantendrá intacto el espíritu del arma, y eso es lo importante.
Jiang Cheng tragó, pero finalmente soltó su agarre sobre Sandu, asintiendo.
—Por supuesto, tú tomarás las decisiones para todos estos ajustes, —añadió Lan Xichen con suavidad, con su sonrisa inalterable. Jiang Cheng le devolvió el gesto, pequeño y algo tímido.
—S-Sí, supongo que lo haré.
Recordaba haberle dicho a su A-Die que quería algo que pareciera genial. Algo intimidante, cubierto con el púrpura real de la secta. Su A-Die había decidido el aspecto y el tacto del arma.
Una nueva Sandu. Un nuevo nombre. Una nueva identidad. Una nueva vida. Una elección que había hecho de manera consciente, y quizás finalmente, una señal de cosas buenas por venir.
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Notas de autora (jagaimocchi): Como he mencionado antes, no he visto CQL/The Untamed, sólo he leído la novela de MDZS, así que lamento si la descripción de Sandu falta. Veré el donghua pronto (el diseño en el donghua de Sandu se usó como referencia.)
Gracias por pasar. Cuídense mucho.
Fin de la parte II de la Serie "Lan Furen"
