El número de la suerte
Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.
Género: Romance/Humor.
Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley/Harry Potter/Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Presumir es un estilo de vida
Aunque el trabajo de Draco como pocionista era en gran parte solitario, a veces colaboraba con otros expertos en la materia e incluso medimagos. Solía procurar tener una actitud profesional cada segundo que pasase en compañía de cualquiera de ellos.
Luego conoció a Crina. Era una pocionista apenas un año menor que él, y ya que algunos de sus estudios sobre sanación de quemaduras mágicas se complementaban, se escribieron varias cartas y acordaron trabajar juntos.
Crina llegó a Rumania dos días antes de que empezaran a trabajar juntos, pero apareció unos minutos tarde en el punto de encuentro. Draco estaba por marcharse a su laboratorio en casa y dejar que resolviese ella sus asuntos.
—¡Lo siento muchísimo! —Fue lo primero que le dijo, jadeando por la falta de aliento, aunque acababa de Aparecerse a unos pasos—. De verdad- de verdad- salí media hora antes, venía para acá, pero había unos- unos escarbatos-
—¿Escarbatos? —masculló Draco, pensando que lo hizo esperar por esas horrendas criaturas.
—¡Sí, escarbatos! No sé si los has visto, pero a estas temperaturas y con la nieve, se cubren de blanco y…
Fue tanta su cháchara que Draco no pudo ni reclamarle. Se Apareció con ella en su casa y la guio al laboratorio en el sótano. Después de montones de cumplidos sobre lo lindo que era el lugar, regresó al tema de antes.
—En serio espero que no me odies por eso, no me hubiese detenido de no venir con Luca- Luca es mi novio —agregó, con una sonrisita. Los artículos ya levitaban de aquí para allá mientras ambos se organizaban para sus primeras pruebas de las teorías que tenían—. Estudia criaturas mágicas, estaba encantadísimo de venir conmigo a Rumania por eso- dijo que no había visto las criaturas mágicas de estos bosques, y cuando vio al escarbato de nieve- ¿tú tienes pareja? —Se giró hacia Draco—. Si tienes pareja, seguramente sabes…bueno, a veces se hacen unas cosas muy tontas porque tu pareja lo está disfrutando, y supongo que ceder en algo pequeño no puede ser malo, ¿verdad? Si me hubiese dado cuenta antes de lo tarde que era, le habría dicho que tenía que dejarlo allí para…
Draco, acostumbrado a su tranquilo silencio allí abajo, seguía organizando su mesón. Se tardó unos segundos en darse cuenta de que Crina aguardaba su respuesta a la pregunta de antes, así que rodó los ojos y emitió un sonidito afirmativo.
Eso le sacó una gran sonrisa.
—Deben hacer una hermosa pareja —aseguró la bruja, al tiempo que comenzaba a verter unas gotas de una poción que traía consigo en el fondo de su caldero.
Draco habría dejado ese instante en el olvido, si Crina no fuese tan curiosa. Otro día en que comparaban apuntes allí, hubo unos pasos apresurados y torpes que bajaban por las escaleras, y ambos se giraron para toparse con Iona, la pequeña dragona. Debió salirse del cobertizo de algún modo y llegó a los pies de Draco, a los que se subió.
—Iona- Iona, no-
—¿Tienes un dragón? —Crina bajó la voz, consciente de que era ilegal, aunque por su expresión emocionada, también pensaba en lo mucho que a su novio le encantaría estar ahí.
—No es mía —Fue la respuesta automática de Draco, quien sujetó a la dragona por los costados y desde abajo del estómago, como Charlie le enseñó para los momentos en que quería morder, y se la quitó de encima.
La regresó al cobertizo, se aseguró de que estuviese bien y envió un patronus a Charlie. Salió apenas unos momentos antes de que ellos llegasen y no se llevó a Iona sobre los hombros, como solía hacer, porque estaba dormida. Esperaba que se apresurase.
Al regresar a su laboratorio, el interés de Crina en él se había renovado.
—No puedes esperar que vea a un dragón tan pequeño y no sienta curiosidad…
—Es una dragona —corrigió Draco, sin pensar.
—Pues una dragona —Crina apenas contuvo un sonido emocionado—. Dime, dime. Si no es tuya…¿de tu pareja, quizás? ¿Viven juntos?
Draco había regresado su atención a los apuntes y le contestó con un vago sonido afirmativo, consciente de que podía ser insistente.
—¿Tu pareja trabaja con dragones entonces?
—Ajá.
—Debe ser impresionante.
—Lo es.
Pensar en la manera en que Charlie se deslizaba dentro de los nidos de dragonas para comprobar su estado y a los huevos, sin acabar usualmente en un hospital mágico, o el esfuerzo que ponía para apaciguar a los dragones enloquecidos, ablandó un poco a Draco. Era cierto que lo admiraba mucho por su trabajo.
Crina notó esto y escenas similares se repitieron en los siguientes días.
—Luca a veces entra al laboratorio y es un desastre- una vez lo salpiqué con un ácido y no lo notó hasta que se quitó los zapatos y vio sus agujeros en la punta, pero eso nos pasa a todos, ¿no? Si nunca le cayó ácido a tu pareja por error me sentiré la peor novia del mundo…
—Ácido no —Sin despegar la mirada de sus viales, Draco pensó en la ocasión en que Harry no se fijó en el cartel que ponía en la puerta—, pero estaba trabajando con unos vapores muy delicados que se alteraron cuando abrió la puerta y sus lentes acabaron derritiéndose de repente.
Crina se echó a reír al pensarlo.
En otra ocasión, la bruja dejó unos pergaminos en el laboratorio por accidente, y cuando volvió por ellos, señaló unos garabatos en las esquinas. Eran de Charlie. Tenía la mala costumbre de dibujar líneas sin sentido en las esquinas de sus borradores (o de cualquier papel que tuviese cerca) cuando pensaba en algo importante, y la tarde anterior estuvo sentado allí un rato, hablando con Draco.
Él empezó a disculparse y Crina sólo agitó una mano.
—Luca a veces se pone a dibujar y hacer anotaciones de sus criaturas en la parte de atrás de mis pergaminos, después ando buscando por todos lados mis notas, o tengo que separar los trazos con magia para no estar adivinando si hablaba de semillas de fuego o un erumpent- —Ella negó, riéndose—. Supongo que tú eres el más ordenado, ¿no?
—A veces —Draco se encogió de hombros, pensando en cómo quedaba la cocina cuando quería prepararles algo y fallaba. O la sala cuando cuidaba de Iona solo.
Otro día, Crina le contaba sobre lo difícil que resultaba para Luca y ella encontrar un sitio decente que no se llevase todos sus galeones en un par de meses, ya que su novio parecía haber encontrado señales de una de las criaturas más difíciles de hallar entre las que estudiaba, y le preguntó si podían estar más tiempo allí del que planearon inicialmente. Crina, según lo que le dijo, le contestó que podía trabajar en cualquier parte y Draco y ella estaban intercambiando ideas sobre una nueva poción que también podía tomar más tiempo.
—Y tú tienes un montón de espacio aquí, ¿no?
—Crecí en un sitio mucho más grande —Draco se encogió de hombros, más concentrado en mezclar el líquido grumoso en su caldero—, aquí todos los cuartos están ocupados.
—¿Incluso el ático? Se ve una ventana desde afuera-
Draco asintió.
—¿Tienes un ghoul o algo así? —bromeó Crina, ya que era un problema común en casas mágicas.
—No, es- está lleno de papeles, programas para clases, ensayos de estudiantes. Es una oficina, básicamente.
—¿Tu pareja da clases?
—Sí —Draco asintió, un poco más orgulloso de lo que iba a admitir—, aquí vive el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que podrías encontrar. Algunos de sus estudiantes incluso…
Con datos sueltos por aquí y por allá, Crina debió hacerse una idea sobre la persona con que Draco salía, porque el día en que la puerta del laboratorio se abrió por una mano humana, demostró que estaba un poco confundida.
Charlie bajó las escaleras de dos en dos, como de costumbre cuando se encontraba de buen humor, y estaba a punto de rodear la cadera de Draco, hasta que notó que había alguien más allí. Una desconocida en el laboratorio debía ser una pocionista y sabía que Draco se tomaba tan en serio su trabajo que no podía pegarse a su espalda y hablarle sobre lo que comerían, mientras fingía morderle el cuello. Eso podría hacerlo quedar mal y a Draco no le gustaría.
Aun así, la manera en que fue hacia él debió darle una señal, porque lucía encantada de conocerlo y estrechó su mano enseguida, haciendo las presentaciones por sí misma. Draco vio de uno al otro.
—Draco y yo justamente estamos comparando apuntes sobre algo que podrías usar, no creo que él te lo vaya a pedir, pero nos ayudaría bastante a avanzar contar con una prueba…
Draco empezó a lucir confundido y Charlie se interesó apenas mencionó que podía ayudarlo. Era mucho más fácil ayudar a Harry que a él.
Después de que Crina, muy entusiasmada, le habló sobre la poción de protección que debería servir de reemplazo para un protego en niños que no podían tener sus propias varitas con sólo verterla sobre la piel del pequeño, Charlie entendió que era perfecto para que Harry le preguntase a la directora de su colegio si podía probarla en clases, y empezó a reírse.
—Jamás pensé que alguien podría confundirme con Harry —le dijo a Draco.
Crina enrojeció por completo.
—Oh, oh- lo siento- —Empezó a gesticular, viendo de uno al otro—. Pensé que eras el novio de Draco.
Draco contestó con un "lo es" y Charlie un "lo soy".
—Harry también lo es —añadió Charlie, divertido.
Crina estuvo boqueando durante un par de segundos.
Mientras estaba aturdida, Draco y Charlie se pusieron de acuerdo en lo que quería preguntarle. Unos minutos más tarde, Crina estaba en la sala, viendo a Charlie cocinar con magia mientas tarareaba y a Harry, que acababa de llegar del colegio, atrapar a la pequeña dragona para que no pudiese saltar sobre él.
Draco estaba sentado a su lado, dispuesto a echarla de la casa si soltaba algún comentario despectivo sobre sus chicos o la relación que tenían. Observaba cada microexpresión en ella y se sorprendió cuando la bruja volvió a sonreír.
—Creo que Luca y Charlie se llevarían muy bien —mencionó, en tono confidencial—, diremos la palabra "dragones" y podrán pasarse el día entero hablando…
Draco se permitió relajarse y esbozar una sonrisita.
—Seguro que Harry también tiene algo para agregar. Escapó de un dragón cuando tenía catorce y después se subió a otro cuando…
Era divertido hablar de las personas que quería con alguien más que sus amigos, alguien que no supiese cómo eran y que se emocionase tanto como él con detalles graciosos y tontos.
Cuando la acompañó fuera de la barrera para que se Apareciera, Crina lo volvió a sorprender, hablando en tono alegre.
—Sería genial si invito a Luca un día, se reirán un montón de las cosas que le pasan cuando está metido en el hábitat de sus criaturas, en serio…
—No tienes que actuar como si no estuvieses sorprendida, ¿sabes?
Draco apreciaba el gesto, pero incluso sus amigos tuvieron preguntas en algún momento.
La bruja sólo parpadeó, confundida.
—Lo que me sorprendió fue que yo pensaba que era uno y fueron dos —Crina se rio—, ¿pero qué tiene que sean dos? ¡Se nota que son increíbles!
Crina llevó a Luca a cenar con ellos al día siguiente y colaboraron muchas veces más. En algunas ocasiones incluso se desplazaba desde otro país sólo para hablarle de una de sus ideas.
Y siempre, siempre, Draco podía presumir un poco sobre la última comida de Harry, el último dragón que Charlie ayudó a rescatar, e incluso de Iona volando unos metros más alto.
