El número de la suerte

Sumario: Para Harry, el número de la suerte es el tres. Y son Charlie, Draco y él.

Género: Romance/Humor.

Claves: EWE. Relación poliamorosa Charlie Weasley/Harry Potter/Draco Malfoy, principalmente enfocado en escenas domésticas.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Tren

Tres magos adultos. Una dragona pequeña escondida en una cesta que podía incendiarse si estornudaba. Un compartimiento de tren y dos semanas de viaje por destinos del mundo mágico con que los muggles no podían ni soñar. Así se resumían las vacaciones a las que Harry fue arrastrado apenas acabó el ciclo escolar.

Era mucho más cómodo que el autobús noctámbulo, el espacio estaba encantado para agrandarse y el vaivén del tren ni siquiera se notaba. Cuando partieron, Charlie iba junto a la ventana de uno de los asientos, acariciando el lomo de Iona en el interior de la cesta, Harry tenía la cabeza en su hombro, y en el puesto contrario, Draco revisaba con atención un itinerario de viaje.

Harry se quedó dormido y abrió los ojos solamente cuando percibió un olor a comida. Charlie movía un trozo de pan frente a su rostro, riéndose. Solía hacer lo mismo con Iona.

Los lugares que visitaron fueron elegidos casi al azar. En casa, Draco había extendido varios itinerarios de viaje y un mapa frente a ellos y cada uno seleccionó algunos puntos. Descubrieron a dónde se suponía que irían a medida que el tren se desplazaba.

Visitaron uno de los más grandes refugios de España para las brujas durante las cacerías de la Inquisición. Draco estaba ensimismado escuchando al guía hablar sobre cómo funcionaban las entradas secretas y la manera en que las salvaban de ser asesinadas, a pesar de que los muggles creían verlas morir. Charlie casi perdió a Iona y ninguno de los dos notó hasta unos minutos después que Harry era el que se había desorientado. Al regresar por donde vinieron, lo encontraron observando unos retratos de las brujas que iniciaron ese "programa de protección".

Fueron a un café miniatura que los encogía al cruzar la puerta, en que los que atendían se disfrazaban de bowtruckles. Draco aseguró que prefería la comida de cualquiera de los dos que la de ese local y Charlie lo apoyó con que Harry cocinaba mucho mejor. Iona intentó colarse bajo otras mesas para comerse las sobras, y gracias a Merlín, sólo un niño la vio.

Visitaron un pueblo subterráneo, museos en que cada pieza poseía efectos mágicos, una casa hecha con agua que aparentaba ser sólida, en el centro de un gran lago al que los muggles no tenían acceso. Un estadio de Quidditch, la torre al revés, en el subsuelo bajo la Torre de Pisa, e incluso una playa llena de selkies.

En esta última, una selkie en su forma humana se acercó mucho a Charlie, y de alguna manera inexplicable, Iona acabó cayendo sobre su cabeza. Harry estaba concentrado en un helado que llevaba y Draco le hablaba sobre su siguiente destino, a metros de distancia.

Charlie regresó, llevando a la pequeña dragona, les rodeó los hombros con los brazos y los jaló un poco más cerca.

—¿Cómo es que parece que Iona empezó a volar más lejos estos días?

Harry siguió comiendo su helado y Draco se encogió de hombros.

—Pensó que la selkie era un pescado, creo.

—¿Sí? —Charlie arqueó las cejas.

—Podría haberte arrastrado al fondo del mar —Draco lo "regañó", ceñudo—, luego te habría ahogado y Harry habría llorado.

—¿Sólo yo? —Harry paró de comer y lo observó con diversión.

Tal vez lo de la dragona sí tuvo que ver con ellos. Que le cayese en la cabeza y la espantase no fue intencional. El plan era que se quedase junto a Charlie para cuidarlo, pero el resultado fue igual de "bueno" y Draco se empezó a reír apenas Charlie dejó de mirarlo.

Pero Harry no sólo disfrutó las visitas a esos lugares mágicos, también los pequeños momentos dentro del vagón. Cuando le daba frío por las noches y se metía con Iona dentro de la misma manta que Charlie estaba usando. Él se había acostumbrado tanto a ser la "fuente de calor oficial" de ambos, que sólo acariciaba la espalda de Harry, besaba su cabeza, y seguía con lo que estuviese haciendo. O cuando Draco se dormía rodeándolo con los brazos, entreabría los ojos para preguntarle qué hora era, y después de un rato en que Harry jugaba con su cabello, se quedaba dormido de nuevo, sin darse cuenta.

Comer en el compartimiento, mientras Iona saltaba de un lado al otro y el paisaje cambiaba fuera de la ventana. Draco consiguiendo sus golosinas favoritas después de dar un corto paseo por el corredor, esa sonrisa que ponía cuando Harry lo besaba, feliz de que se las hubiese llevado, y que fingiese que no salió para eso. A Charlie leyéndoles en voz baja, mientras Draco se acurrucaba en su costado y Harry recargaba la cabeza en su regazo.

Esos ratos que eran sólo suyos, momentos de descanso, de paz, de Draco riéndose sin inhibiciones por cualquier tontería que hicieran, de Harry cargando a Iona cerca de la ventana para que viese hacia afuera, de Charlie intentando recogerle el cabello a Harry mientras Draco les tomaba una foto. Eso fue lo que más disfrutó.


Draco hablando con Iona cuando la selkie estaba muy pegada a Charlie: anda, anda, anda, no vaya a ser que lo ahogue- ¡ve a cuidarlo!

Harry cuando ve que la dragona le cayó encima a alguien y la espantó: ups.

Draco: nosotros no tuvimos nada que ver, Harry. Nada.

Harry: pero-

Draco: nada.