Capítulo 2

Indestructible

Twilight abrió los ojos de golpe, enderezándose de seguido y despertándose inmediatamente después; había sido otra pesadilla, aparentemente, pero ahora sabía muchas cosas. Notó un peso colgando de su cuello y vio entonces que tenía el anillo consigo. Se lo quitó con su magia y lo miró con mala cara, mascullando de seguido.

-No te saldrás con la tuya.

Por un instante le dio la sensación de que el anillo había reído, pero no lo tomó en cuenta y se levantó de la cama llevando el anillo consigo y pensando a toda velocidad cómo deshacerse de él. Aun a pesar de lo que Sauron la había dicho no se fiaba del todo de su palabra, y si era cierto que sin el anillo no podía consolidar todo su poder ni en Ecuestria ni en ese lejano lugar llamado Tierra Media, en tal caso pondría todos sus esfuerzos por evitarlo.

Lo primero que pensó fue en esconderlo, enterrarlo, pero aun así ella misma sabría dónde estaría, por lo que desechó esa opción enseguida. Miró hacia abajo, hacia la cocina, y entonces se le ocurrió una forma de hacerlo bien.

Tras desayunar en compañía de Spike ella misma cogió la lista de la compra y se encaminó al mercado, llevando el anillo consigo. A esa hora de la mañana todo el mundo se encontraba allí, haciendo las compras diarias matutinas, habiendo un trasiego constante de ponis que iban y venían. Se pegó entonces a varios ponis y, en cuanto tuvo la oportunidad, cogió el anillo con su magia y lo lanzó hacia atrás por entre las patas de los ponis, perdiéndole la pista enseguida.

-Listos, ya está-pensó Twilight satisfecha.

Ahora que lo había perdido, aunque no fuera accidentalmente, probablemente no volvería a ver el anillo nunca más, y Sauron se quedaría con las ganas de conquistar nada. Tras eso decidió dejar de preocuparse y se centró en sus compras, dirigiéndose hacia el otro lado del mercado.


Por su parte el anillo cayó al suelo de canto y comenzando a rodar por el mismo y entre las patas de los ponis. Milagrosa o coincidentemente ninguno llegó a tocarlo o tirarlo, y debido a eso siguió rodando constantemente, sin ni siquiera perder el ritmo, como si algo lo empujara. En un momento dado un poni que iba en dirección contraria llegó a golpearlo con el casco derecho, impulsándose hacia el otro lado y volviendo hacia atrás. En una frutería cercana un hermoso melón perdió el equilibrio y rodó por la mesa hasta acabar cayendo al suelo irremediablemente, golpeando al tiempo un tablón, sobre el cual el anillo pasaba e impulsándolo hacia arriba. El anillo describió una amplia elipsis, girando sobre sí mismo, y en cuanto regresó al suelo volvió a caer de canto, siguiendo rodando por el suelo. Varios potrillos aparecieron de improviso y uno de ellos llegó a golpear el anillo hacia la izquierda, dándole un poco más de impulso y consiguiendo atravesar casi todo el mercado, esquivando todos los obstáculos como por arte de magia. Tropezó con un guijarro y botó hacia arriba, llegando a bordear la fuente y rebotando sobre su borde para luego volver al suelo, dirigiéndose todo recto desde donde estaba hasta acabar justo al lado de una poni que se encontraba comprando.


-Su kilo de tomates.

-Muchas gracias ¿Cuánto es?

-Cinco bits.

Twilight fue a pagar cuando, de improviso, notó algo golpeándola en el casco delantero izquierdo; echó un rápido vistazo y palideció en cuanto vio lo que vio.

-No es posible.

Y es que el anillo estaba ahí, junto a ella, devolviéndola la mirada, incluso llegó a oír un susurro casi imperceptible acompañado de una siniestra risita. Twilight no se lo podía creer ¿cómo demonios había hecho para volver a encontrarla?

-Señorita ¿me piensa pagar o no?-inquirió en ese momento el tendero.

Eso la hizo reaccionar, mascullando de seguido.

-Ah, sí, sí, claro…

Hizo mano de su bolsita, sacando cinco bits y entregándoselos; cogió con su magia la bolsa con las lechugas y las metió en sus alforjas, al tiempo que cogía el anillo y lo miraba con furia.

-No he terminado contigo.

-¿Quiere algo más?-inquirió el tendero.

-¿Eh? Ah, no, no, eso es todo…

-Ah… pensaba que me lo decía a mí…

-No, hablaba con…

Por un momento la poni se quedó callada, al tiempo que el tendero la miraba con el ceño fruncido y una expresión confusa grabada en su cara.

-No importa, olvídelo.

-Está bien…

Se despidió de él y se alejó del mercado, asiendo el anillo con su magia y pensando a toda velocidad. No tenía ni idea de cómo se las había arreglado para volver con ella, pero eso no la impediría volver a intentarlo. Por mucho que volviera con ella eso no la detendría de deshacerse del anillo como fuera, se negaba a darle ese gusto a Sauron, por lo que siguió pensando en otro método mientras caminaba.

Su paseo la llevó hasta el parque, donde muchos potrillos y otros ponis pasaban la mañana; vio entonces el lago que ocupaba gran parte de sus terrenos y se le ocurrió algo. Dado que en su día lo encontró en el agua, en tal caso lo perdería de nuevo en ella. Subió a lo alto del puente, acercándose a la barandilla y fingiendo jugar con el anillo en ella, hasta que en un momento dado lo empujó débilmente hacia fuera. El anillo cayó al agua con un seco pluc y se hundió, sin volverlo a ver.

-Ups, vaya, se me ha caído…-murmuró Twilight por lo bajo.

Tras ese apunte lleno de sorna sonrió satisfecha y se fue de allí, dejando el puente atrás. Muy seguramente no podría salir de ahí por mucho que quisiera, por lo que optó por olvidarse de él una vez más, centrando sus pensamientos en otra cosa y regresando a casa.


Mientras tanto, en el parque, la vida seguía, mientras que los ponis iban y venían con toda normalidad. En un momento dado apareció en escena un unicornio vestido con una camiseta azul claro con motivos florales amarillos y un sombrero de paja, llevando consigo una caña de pescar y una cesta. Sus ojos eran azules, su crin castaña oscura y su pelaje blanco; tenía un fino bigote del mismo color y su marca de belleza consistía en tres balones de rugby.

-Bueno, a ver qué tal se me da hoy…

Desde siempre a Hondo Flanks se le había dado bien pescar, siendo más un hobby que otra cosa, y aunque había intentado compartir esa afición con sus dos hijas, Rarity y Sweetie Belle, ninguna de las dos se habían llegado a mostrar particularmente interesadas, y mucho menos su mujer, Cookie Crumbles, que prefería pasar más tiempo en la cocina haciendo sus riquísimas galletas. No era algo que le molestara o importara, prefiriendo en tal caso pasar tiempo a solas, dedicándole algo de tiempo a su hobby preferido.

Preparó debidamente la caña antes de empezar y, una vez que estuvo todo listo, lanzó el sedal, el cual cayó al agua justo al lado del puente. La pesca requería sobre todo de mucha paciencia y saber esperar, había llegado a esperar muchas horas seguidas a que algo picara, incluso a veces teniendo que volver a casa sin haber pescado ni una sola pieza. Pero aun así eso no le desanimaba lo más mínimo, intentándolo siempre que salía a pescar.

Los primeros minutos pasaron rápidamente, sosteniendo la caña con firmeza, hasta que finalmente, y de forma sorpresiva, algo tiró del sedal. Y debía de ser algo grande, puesto que tiraba con particular fuerza.

-¡Vaya, qué rápido ha picado esta vez! ¡Y parece ser grande!-exclamó Hondo, sorprendido.

Usando su magia recogió el carrete suavemente, para no asustar de más a la pieza, mientras que tiraba hacia él con moderada fuerza. La caña era lo suficientemente elástica, por lo que no le preocupaba la posibilidad de llegar a romperla. Siguió tirando poco a poco, pero viendo que la pieza se resistía, decidió empezar a tirar con más fuerza, dando algún que otro tirón para que cediera.

-Vamos… vamos, pequeño, ven con papá…

El agua chapoteaba constantemente, revolviendo su superficie, lo que hacía que apenas se pudiera ver qué había encontrado; en un momento dado la pieza dio un fuerte tirón y él dio otro, a lo que Hondo exclamó.

-¡Me estás dando mucha cancha!

Como respuesta la pieza volvió a tirar, esta vez con el doble de fuerza, haciendo que Hondo se inclinara peligrosamente hacia el agua; el unicornio reaccionó a tiempo y, asiendo la caña, tiró con todas sus fuerzas lanzando un sonoro grito. Fue entonces cuando la pieza cedió, dejando que Hondo la pescara. De entre las aguas surgió el anillo, el cual no fue visto por Hondo, ya que estaba demasiado ocupado cayéndose de espaldas. El anillo se soltó del anzuelo y voló hacia arriba describiendo una altísima elipsis, girando lentamente sobre sí mismo y cayendo inmediatamente después sobre un carro que pasaba por allí, lleno de sacos de patatas.

El carro pasó por delante del ayuntamiento, traqueteando, y atravesó parte del pueblo hasta llegar a la calle superior, la cual daba directamente hacia la biblioteca si se iba todo recto desde allí. Fue entonces cuando el carro se encontró con un bache, una de las ruedas se lo comió de lleno y eso hizo que diera un fuerte bandazo; debido a esto el anillo rebotó sobre uno de los sacos y cayó al suelo, rodando sobre su canto y dirigiéndose hacia la biblioteca. Por un instante pareció que no llegaría ya que apenas llevaba impulso, pero entonces, en un visto y no visto, algo pasó zumbando a su lado montado sobre un patinete, golpeándole de lleno y ayudándole a alcanzar la mitad de la calle.

-¡Paso que voy!-exclamó la poni que montaba el patinete.

-¡Hola Scootaloo!

El anillo rodó con fuerza, logrando cruzar el resto de la calle y llegando hasta la puerta, donde una poni se encontraba parada.


En cuanto llegó a su casa Twilight se paró un momento para coger las llaves, pero en ese justo instante notó como algo frío le daba un toque en el casco inferior derecho y abrió mucho los ojos, incrédula. Lentamente se dio la vuelta y confirmó sus horribles sospechas, viendo el anillo junto a ella. Esta vez no dijo nada, pero se le quedó mirando con la cara desencajada y sin apenas creerse lo que veía. Por su parte el anillo habló, distinguiendo una horrorosa y familiar voz musitando desde la lejanía.

-No puedes huir.

Por su parte Twilight no dijo nada, conteniendo una incipiente ira, pero cogió las llaves y abrió la puerta, dejando el anillo allí. Durante unos instantes no hubo nada, pero al poco rato la unicornio reapareció saliendo por la puerta y cogiendo el anillo, al tiempo que gruñía.

-Ya veremos si puedo huir o no.

Aprovechando que aún no era mediodía Twilight se dirigió al otro lado del pueblo, donde conocía un lugar donde tal vez y sólo tal vez la pudieran ayudar. Aunque el propio Sauron la dijo en su momento que no había ninguna otra forma de destruirlo, aun así ella quiso intentarlo, puesto que después de todo no perdía nada por intentarlo.

El herrero del pueblo era un poni de tierra fortachón, un tanto gruñón y con algo de mal genio, pero aun así era un poni constante y muy trabajador. Respondía al nombre de Argo Steel y normalmente solía realizar encargos para otros ponis que requerían algún tipo de pieza específica, siendo su cliente más habitual el doctor Hooves, el relojero local. Tenía su taller y forja a las afueras del pueblo y para ella fue relativamente sencillo colarse dentro sin que la viera; buscó el crisol hasta dar con él, observando el metal fundido en él. Miró al anillo antes de tirarlo al fuego y masculló.

-A ver si resistes esto.

Y, sin mayores contemplaciones, lo echó al fuego. Por un instante pareció que había funcionado, puesto que el anillo se sumergió en el metal sin volverlo a ver, pero al cabo de unos pocos minutos pudo observar que seguía entero, con los bordes interiores y exteriores refulgiendo intensamente mostrando esas extrañas marcas que no supo identificar. Molesta lo cogió con su magia y lo sacó al rojo vivo, pero sin fundirse ni una sola vez; en ese justo instante oyó ruido al otro lado del taller y se escondió, viendo que se trataba de Argo Steel, el cual portaba consigo un gran martillo de moldear. Lo dejó en una mesa de trabajo cercana y sacó entonces de un horno contiguo varias hojas de metal al rojo vivo, colocándolas en un yunque y listas para darlas forma. Antes de hacer nada con ellas se dio la vuelta para coger el martillo y entonces Twilight aprovechó la oportunidad. Sin que la viera colocó el anillo en el yunque, junto a las láminas, y en cuanto Argo Steel se dio la vuelta asió el martillo con un casco y, de un solo golpe, lo bajó.

En cuanto éste entró en contacto con el anillo se produjo un sonoro chasquido, al tiempo que una gran fuerza invisible lanzaba hacia atrás al poni. En un parpadeo Twilight vio de forma fugaz el ojo envuelto en llamas, al tiempo que pudo ver desde donde se escondía que el anillo había salido intacto aun a pesar del golpe.

-¡Argh! ¿¡Pero qué demonios ha sido eso?!-masculló Argo Steel, con su usual tono malhumorado.

Antes de que llegara a verla Twilight cogió el anillo con su magia para salir de allí rápidamente, pero en cuanto se dio la vuelta se dio de bruces con varias planchas de metal que acabaron cayendo al suelo, armando un gran estrépito.

-¿¡Quién está ahí?!-bramó el poni, alertado de improviso.

Twilight quiso correr hacia el otro lado de la fragua, pero enseguida se percató de que si lo hacía Steel la vería, y teniendo en cuenta lo enfadado que se encontraba no la convenía que la descubriera ahí dentro. Por lo que, sin ninguna otra alternativa, se puso el anillo en su cuerno y se hizo invisible.

Aún estaba algo caliente cuando se lo puso, pero aguantó el tipo como pudo y se quedó estática, sin hacer ni un solo ruido. Argo Steel apareció de improviso justo delante de ella, pero tan solo vio las planchas tiradas y poco más; escaneó el resto de la estancia con el ceño fruncido y su perpetuo gesto malhumorado grabado en su cara, aunque esta vez algo más pronunciado debido a los acontecimientos más recientes.

-Huy como encuentre al gracioso del petardo… se los haré comer todos mecha incluida.

Si algo no soportaba Steel eran los graciosos y los optimistas, sobre todo los optimistas; su constante buen humor y perpetua felicidad le ponían enfermo, ya que ni él comprendía qué les podría hacer tan felices sin ninguna razón aparente para serlo o estarlo. Debido a esto Pinkie Pie siempre había tratado de llegar a él de alguna u otra forma, lo cual le había ganado una particular inquina por esa poni en concreto.

-¡Pinkie Pie, como hayas sido tú no tendré ningún tipo de consideración contigo, pequeña renacuaja, te borraré esa estúpida sonrisita de la cara como te atrape!

Por su parte Twilight incluso contuvo la respiración para evitar que Steel la oyera, esperando a que se fuera de allí. Finalmente el poni desistió al ver que allí no había nadie y se marchó a otro lado; la unicornio aprovechó ese mismo instante para desaparecer, teletransportándose lejos de allí.

En cuanto reapareció se quitó el anillo y se hizo visible justo a las afueras del pueblo, a pocos metros de la entrada sur al mismo; llena de rabia Twilight miró al anillo con furia y gritó.

-¡Ya basta, déjame en paz, desaparece!

Sin pensarlo siquiera lanzó el anillo hacia atrás, cayendo justo al lado de un árbol; inmediatamente después volvió a oír esa inconfundible voz que sólo ella podía escuchar, acompañada de varios susurros ininteligibles en esa extraña lengua que desconocía. Se dio la vuelta para irse de allí, pero tras dar unos pocos pasos se detuvo sin saber muy bien por qué lo hizo. Su intención era la de irse de allí y abandonar el anillo para no volverlo a ver nunca más, pero algo la hizo detenerse. Una extraña sensación la envolvió, al tiempo que en su cabeza se volvía a repetir la misma cantinela.

-No puedes huir…

Twilight cerró los ojos con fuerza, tratando de que no la afectara, pero aun así ni siquiera ella pudo resistirse al llamado del anillo, regresando finalmente a por él y cogiéndolo con su magia. Miró una vez más a la joya, la cual la devolvió la mirada fijamente, recordando la presencia de ese terrorífico ojo envuelto en llamas. Suspiró y comenzó a andar para volver a su casa, sin poder hacer nada más que resignarse.

Sin embargo el hecho de no poderse deshacer del anillo no la amilanaría lo más mínimo. Se negaba a darle a Sauron el placer de conquistar Ecuestria, por lo que en ese sentido haría todo lo posible por no darle lo que quería. Nada la haría flaquear. Al menos eso pretendía.

El resto del día pasó lenta y monótonamente, como si el tiempo no quisiera correr o algo lo ralentizara. Aun a pesar de que mañana tenía la prueba evaluable no volvió a repasar y se tiró gran parte de la tarde leyendo, o al menos intentándolo, pero apenas podía leer más de cinco o seis líneas puesto que el anillo ocupaba gran parte de sus pensamientos, junto con las palabras de Sauron. Había comprobado por sí misma que no la mintió, el anillo era indestructible, y ahora que ella lo portaba tampoco podía deshacerse así sin más de él, por lo que ahora se encontraba atada al mismo sin nada que pudiera hacer al respecto. Lo único que la quedaba era resistir la presión de Sauron, pero ni ella estaba del todo segura de cuánta de esa presión podría soportar. Aun a pesar de que se negaba a ayudarle hasta ella no podía sino reconocer su gran poder, concentrado en un objeto tan simple como un anillo de oro.

Esa misma tarde sus amigas fueron a visitarla para ir a tomar algo juntas pero ella declinó, sin muchas ganas de salir, y argumentando la prueba de mañana. No quería involucrar a sus amigas, no por el hecho de que apenas pudieran hacer nada al respecto, sino porque no quería que ellas tuvieran nada que ver con lo que estaba ocurriendo. Exponerlas ante Sauron sería lo último que haría, y hablarlas del anillo sería peligroso por lo que pudiera pasar, por lo que prefirió dejarlo estar.

La noche pasó rápidamente y la cena transcurrió en un denso y hasta incómodo silencio, sobre todo para Spike, que podía notar que algo le ocurría a la unicornio, por lo que intentó hablar con ella.

-¿Qué te pasa, Twilight?

-¿Eh?-inquirió la aludida, alzando la vista de su sopa.

-¿Te ocurre algo? Hoy has estado muy callada y distante, como si algo te molestara…

-Ah… no, no es nada, Spike.

-¿Segura? No suenas muy convencida…

-Sí, es solo que…

-¿Sí?

Por un momento se quedó callada, notando el peso del anillo sobre su cuello, como si de repente pesara más de lo usual. Se llevó un casco al mismo, tocándolo con él, hasta que finalmente murmuró.

-Es sobre la prueba de mañana, eso es todo, estoy algo nerviosa.

-¿Y eso por qué? Seguro que la pasas, siempre lo has hecho, no supone ningún problema para ti…

-Ya, pero aun así… no es bueno confiarse, siempre me lo ha dicho la princesa.

-Ya, sí, pero no es como si lo hubieras hecho siempre o algo así, nunca has tenido problemas al respecto. No sé, creo que lo estás pensando demasiado…

-Es posible…

Tras esas palabras Twilight se quedó callada y Spike prefirió no presionarla más, dejándolo ahí.

Poco después de la cena estuvieron pasando un rato frente a la chimenea, Spike leyendo cómics y ella observando el fuego crepitar. La visión de las llamas ondulantes llegaba a ser hipnotizante y Twilight se quedó mirándolas con gesto cansado, al tiempo que la luz de las llamas se reflejaba en la superficie del anillo, el cual descansaba sobre el cuello de la unicornio. Sin darse cuenta siquiera se llevó un casco al cuello y comenzó a acariciar suavemente la joya, como si fuera algo muy preciado para ella. Cerró los ojos y una susurrante voz comenzó a resonar en los rincones más recónditos de su cabeza, en una lengua incomprensible para ella, pero aun así hechizante y hasta atrapante. Poco a poco fue aumentando de tono, oyéndose cada vez más y más fuerte, al tiempo que la llamaba por su nombre.

-Twilight… Twilight…

La cacofonía era cada vez más y más potente, resonando en todos y cada uno de los rincones de su cabeza y dejándola completamente bloqueada, al tiempo que una agradable sensación se apoderaba de su mente.

-Twilight… Twilight…

Para entonces podía notar como si se estuviera desvaneciendo, dejando de existir y convirtiéndose en poco más que un leve susurro llevado por el viento.

-Twilight… Twilight… ¡Twilight!

Ese súbito grito hizo reaccionar a la susodicha, abriendo los ojos de golpe y viendo a Spike justo delante de ella.

-Twilight, que te duermes, vete a la cama ya si estás cansada…

Miró el reloj de la pared y vio que ya eran las once de la noche, a lo que murmuró.

-Sí, será mejor, además, mañana tengo que levantarme pronto.

Tras eso se encaminó a su habitación, yendo primero al baño para lavarse los dientes y luego dirigiéndose directamente a la cama; el cansancio después de un día tan largo hizo mella en ella, cayendo dormida rápidamente y sin darla tiempo siquiera a quitarse el anillo, el cual se quedó colgado de su cuello y apoyado sobre la almohada a su lado. La luz de la luna se colaba entre las nubes, iluminando débilmente su habitación.


No había nada a su alrededor, tan solo se veían kilómetros y kilómetros de un enorme y extensísimo yermo pedregal negro. El cielo se encontraba increíblemente encapotado por una densísimas y casi irreales nubles tan negras como el carbón y coronadas por rayos que las rasgaban de vez en cuando. Miró al norte y vio una estrecha garganta hecha de piedra, y al fondo del todo pudo distinguir una enorme y altísima puerta negra que en ese mismo momento permanecía cerrada. Al este pudo distinguir una altísima torre negra, era tan alta que su sola visión parecía imposible, pero se mantenía en pie aun a pesar de todo. Y, un poco más al oeste, se recortaba la figura de un enorme volcán del cual surgían las negruzcas nubes que taponaban el cielo. El ambiente era oscuro, se encontraba muy cargado, y un olor nauseabundo se extendía por toda esa baldía tierra.

-¿Dónde estoy?-susurró Twilight.

-En el reino de Mordor, donde se extienden las sombras. Mi hogar.

La unicornio no se molestó en darse la vuelta, al tiempo que Sauron se ponía a su lado y observaba el páramo con ojos escrutadores.

-Siempre me gustó este sitio. Resguardado por murallas naturales, imposibles de sortear, y con una extensión más que suficiente para albergar el más inmenso de los ejércitos oscuros que la Tierra Media jamás vio. Es perfecto.

-Es horrible-corrigió Twilight, sin mirarle.

-Gracias por el cumplido. Todo lo que ves forma parte de la meseta de Gorgoroth, la parte más norteña de Mordor. Esa torre tan alta que ves allí es Barad-dûr, mi fortaleza, construida por mí gracias al poder del anillo. Y el alto monte que se recorta en la distancia es Orodruin, aunque en la lengua común es más conocido como el Monte del Destino. Allí fue donde forjé el anillo y ahí es donde sólo se puede destruir. Da igual lo que intentes, sólo el fuego del Orodruin es capaz de destruir lo que él mismo creó.

Twilight no dijo nada al respecto, puesto que ella misma vio que no hacía falta. Por su parte Sauron siguió hablando.

-Actualmente Mordor se encuentra deshabitado debido a mi ausencia, pero planeo volver, eso por descontado. Y para eso es necesario que tú me ayudes.

-No te pienso ayudar, no insistas.

-Por eso insisto.

-Seguiré sin ayudarte.

-Seguiré insistiendo.

-Perderás el tiempo.

-Oh ¿eso crees?

Por primera vez Twilight le dirigió la mirada y Sauron la imitó; el aspecto de ayer seguía estando presente, lo cual atraía y repelía a Twilight a partes iguales. La atraía porque nunca había visto algo o alguien semejante, ya que no se parecía en nada a lo que ella conociera, pero también la repelía por el simple hecho de que se trataba de alguien como Sauron. Su mirada incidía sobre ella como una daga y se sentía igual a cuando miraba fijamente el anillo.

-No sé si estará lo suficientemente claro, pero yo siempre consigo lo que me propongo.

-Se nota, pero por mi parte se refiere no pienso ceder ni un ápice.

-Ahora dices eso, pero estoy seguro de que no dirás lo mismo de aquí a varios meses.

-No estés tan seguro.

Ante eso Sauron esbozó una divertida sonrisa, al tiempo que decía.

-Te haces la dura, pero hasta tú sabes que no eres así. Sé todo sobre ti, Twilight. Soy capaz de leer las mentes como si fueran libros abiertos, y sólo me ha bastado un ligero vistazo a la tuya para ver cómo eres. Eres débil e insegura, podría doblegarte en un santiamén.

-¿Y por qué no lo haces entonces? Si eres capaz de eso hazlo y así te ahorrarás un tiempo precioso.

-Sí, podría, pero… no sería tan divertido. Me gusta jugar con las mentes de los que portan el anillo, enloqueciéndoles y apoderándome de ellos lentamente. Lo he hecho con todos los que lo han tenido desde que lo perdí, el último fue Isildur, el rey de Arnor y Gondor. Hice que tomara malas decisiones y cuando tuve la oportunidad le abandoné a su suerte en los Campos Gladios. Sin embargo acabé en el lecho de un sucio río hasta que al final apareciste tú. Curioso ¿verdad?

Las palabras de Sauron extrañaron en cierta medida a la unicornio, la cual rumió los datos que la había dado; si realmente el anillo se perdió en esos campos que probablemente pertenezcan a la tal Tierra Media y acabó cayendo a un río cercano ¿cómo había acabado el anillo apareciendo en el río de Ponyville?

-Pero bueno, yo siempre aprovecho las oportunidades que me van surgiendo, y como ya te dije, el detalle de que ya no me encuentre en Arda no me frenará en absoluto. Está bien adquirir nuevas tierras donde instaurar mi reino de la sombra, pero volver a Mordor es primordial para mí, por lo que tu ayuda es necesaria en ese sentido.

Ante eso Twilight rodó los ojos, inquiriendo de seguido.

-¿No te cansas, Sauron?

-Por supuesto que no.

Por su parte la unicornio prefirió no volver a decir nada más, sin ganas de seguir hablando con él; en un intento por perderle de vista echó a andar hacia delante, y al segundo siguiente se encontró en un lugar completamente diferente.

El calor en el ambiente era abrasador, tanto que parecía que su pelaje iba a prenderse en cualquier momento; se encontraba en el interior de una amplísima caverna, iluminada por un intenso resplandor anaranjado que parecía provenir del interior de la tierra. Justo delante de ella, a pocos metros, había un borde de piedra que precedía al vacío. Llevada por la curiosidad Twilight se acercó y se asomó, viendo entonces un hondo foso por el cual corría una corriente de lava incandescente cuyo calor se elevaba hasta el techo, golpeándola en la cara y apartándose instintivamente.

-Aquí fue donde forjé el anillo. Y aquí es donde tendrías que ir si quieres destruirlo. No te esfuerces por encontrar otro volcán en tu tierra, no funcionará.

-Me lo he imaginado…-murmuró Twilight, harta de la condescendencia de Sauron.

Echó un rápido vistazo a la grieta, sintiéndose tentada a lanzar el anillo desde donde estaba, sin embargo el señor oscuro se adelantó.

-No te hagas ilusiones, no te funcionará.

-Ya, después de todo tan solo es un sueño…

-¿Eso crees realmente? No es más un sueño, sino recuerdos, de ahí a que se sientan tan reales.

-Tuyos, supongo.

-Evidentemente.

Hubo otro denso silencio sólo roto por el sonido de la lava fluyendo bajo sus pies. Sauron la miró fijamente, a lo que ella miró a otro lado.

-No voy a ayudarte, Sauron, déjame en paz.

-Me temo que no voy a hacer eso.

-¿Por qué eres tan insistente?

-Porque debo encontrar mi sombra y volver a Mordor, y para eso debo volver a Arda primero, y no puedo hacer gran cosa estando atrapado en un mundo de caballos de colores.

-Somos ponis, no caballos.

-Lo que sea, me da igual.

-Pues a mí me da igual lo que tú quieras.

-No estás en disposición de decirme eso.

Para entonces Twilight comenzaba a estar verdaderamente harta de esa situación, y particularmente de esa estúpida discusión que no llevaría a ningún lado, por lo que decidió rápidamente cortarla de golpe. Miró mal a Sauron y, antes de tirarse, murmuró.

-Adiós.

Tras eso se dejó caer y Sauron tan solo la observó mientras caía, murmurando casi para sí.

-Hasta luego.

Por su parte Twilight cerró los ojos antes de precipitarse sobre la lava, esperando el impacto.


Dado que hoy publico por partida doble pasad al siguiente, donde explico todo