Capítulo 11
El señor de los cristales
-¿A qué viene esa cara tan larga?
-No estoy de humor, Sauron…
-Noto inseguridad en tu voz… ¿es por la tarea encomendada?
-¡Por supuesto que es por la tarea encomendada! ¿¡A ti que te parece?! Que recupere el imperio de Cristal, así sin más… no sé qué esperar de todo esto si te soy sincera…
-Bueno, me has demostrado que eres capaz de enfrentar todo tipo de situaciones, no veo cómo ésta pudiera ser distinta… te recuerdo que lograste vencer a la reina changeling.
Ante eso la unicornio lavanda no dijo nada, resoplando por lo bajo y mirando por la ventana del tren que avanzaba hacia el norte; los últimos meses habían sido extraños para la unicornio lavanda, ya que el aburrimiento y la monotonía se habían ido asentando en su vida de un tiempo a esa parte, y no sabía muy bien cómo sentirse al respecto. Rara vez se apalancaba, ya que la gustaba estar siempre lo más activa posible, ya fuera con sus estudios o el trabajo en la biblioteca, sin embargo algo parecía haber cambiado en ella tras la boda, y aún no estaba del todo claro qué era exactamente.
-¿Estás bien, querida?
Giró la cabeza y vio a Rarity mirándola con gesto preocupado, a lo que ella enseguida contestó.
-Ah, sí, más o menos…
-¿Estás segura? No te veo yo muy convencida…
-Estoy bien, Rarity, es sólo que… estoy cansada, eso es todo.
-Oh, vamos ¿seguro que es sólo por eso? A mí no me engañas, Twilight…-murmuró la unicornio blanca, sentándose a su lado y mirándola seriamente.
Ante eso la aludida tan sólo suspiró, murmurando al poco rato.
-¿Tanto se me nota?
-Un poco, aunque… ¿es por la misión encomendada?
-Sí, no te voy a mentir, lo cierto es que estoy un tanto insegura, es decir… ¿qué espera la princesa Celestia de mí con todo esto? Ni siquiera conozco a fondo el imperio de Cristal, no sé, es todo tan confuso…
-Entiendo que tengas dudas, pero no te preocupes, querida, hasta ahora hemos salido airosas de todos los problemas ¿qué puede salir mal esta vez? Anímate, además, estoy segura de que ardes en deseos de saber más acerca del imperio…
-Sí, bueno, ya me conoces…
-Ah, sí, ahí está la Twilight que yo conozco-murmuró Rarity, guiñándola un ojo.
La unicornio lavanda esbozó una gratificante sonrisa a su amiga, la cual se ausentó un momento; Sauron aprovechó el inciso para reaparecer a su lado.
-Vaya, por lo que veo tú y Rarity os lleváis bastante bien…
-Sí, bueno, es con la que mejor me entiendo, no lo voy a mentir, supongo porque es una unicornio como yo, sin ánimo de despreciar a mis demás amigas, claro está.
-Es lógico pensar que entre dos miembros de una misma raza hayan lazos de afecto más fuertes, pasa en cualquier parte, incluso en Arda. Creo recordar que los enanos son los que más arraigados tienen este concepto, por eso me fue imposible doblegarlos con los anillos de poder.
-¿Y qué fueron de esos anillos?
-Intenté recuperarlos, cuatro se perdieron por culpa de los dragones, por lo que tan solo pude recuperar tres, el último se lo arrebaté a Thráin II, último rey de Erebor antes de que ésta cayera bajo el control del dragón Smaug. Sí, no logré doblegarlos, pero al menos potencié una innata debilidad en ellos…
-¿Qué fue?
Sauron la miró con gesto divertido, murmurando de seguido.
-La codicia, siempre fueron muy dados al oro y las riquezas, lo cual les llevó eventualmente a su perdición.
Ante eso Twilight no dijo mucho más, ya que de cierta forma comenzaba a acostumbrarse a la cruel y retorcida personalidad de Sauron; antes la daba mucha repulsión, pero con el tiempo lo fue obviando, pasando de un profundo asco a una simple indiferencia. Dijera lo que le dijera sabía que nada iba a cambiar, y él se vanagloriaría por ello, por lo que optó por dejarlo estar.
El viaje siguió transcurriendo sin mayores incidentes hasta llegar a las montañas de Cristal, atravesando un angosto puerto de montaña y entrando de lleno en los helados páramos del norte; nada más hacerlo una intensa ventisca se echó sobre ellos, obligando al tren a reducir la marcha para evitar descarrilar y avanzando más lentamente mientras enfrentaba a la nieve. La pala frontal iba apartando la misma conforme iba avanzando, resoplando con fuerza y comenzando a echar un humo más negruzco y denso de su chimenea.
-Vaya, la máquina no está quemando bien el carbón…-observó Twilight al echar un vistazo por la ventana.
-¿Y qué diferencia hay?-inquirió Pinkie, curiosa.
-No mucha, pero contamina más y es más arriesgado para el maquinista y el fogonero ya que pueden inhalar gases tóxicos, espero que lleguemos enseguida…
-Cómo no, menuda cabeza de huevo estás hecha…-murmuró Rainbow, rodando los ojos.
-Dash…-la increpó Applejack.
-Oh, venga Rainbow, tengamos la fiesta en paz-añadió Rarity.
Twilight no dijo nada más para evitar males mayores, ahogando como pudo un suspiro airado y un tanto molesto. Era típico de Rainbow tacharla de cerebrito sólo porque sabía cosas que otros no, cosa que, en el fondo, enervaba a la unicornio.
-Desprecia el conocimiento como si fuera algo inferior, en realidad la débil es ella, prefiere quedarse en la comodidad de la ignorancia mientras que tú sabes un poco más. No se trata de superioridad, es simple apatía, ella misma lo ha elegido, y como tal es triste. Una tipa extraña…-murmuró Sauron.
-Bah, es igual, paso de discutir…
El resto del viaje se palió rápidamente hasta llegar a su destino; una solitaria y helada estación en medio de ninguna parte destacaba enseguida, notándose que hacía mucho tiempo que no se usaba, aunque nada más llegar fueron recibidas por el propio Shining Armor, a quien Twilight saludó con mucho afecto.
-¡Twily, aquí estáis! Será mejor que nos pongamos en marcha antes de que la ventisca empeore.
Los siete comenzaron a caminar entre la nieve, la cual alcanzaba los quince centímetros de altitud; el aullido del viento se entremezclaba con el de la nieve al caer, sin embargo algo más resonaba en la distancia, y eso lo notó hasta Sauron, el cual reapareció al lado de Twilight y murmurando de seguido.
-Alguien nos sigue, no estamos solos aquí…
-Sí, por alguna extraña razón yo también lo he notado…
Nada más decirlo oyeron esta vez un mucho más claro aullido que resonó por las cercanías, alarmando a todos por igual; Shining Armor les urgió entonces.
-¡Hay que correr, ahora!
Aun así Twilight se quedó un tanto parada, sin saber muy bien qué hacer, sin embargo Sauron salió al paso enseguida comentando.
-Adelántate con los demás, luego me veré contigo.
-¿Qué? Pero…
-No te preocupes, yo me encargo de frenar lo que sea que está viniendo… ¿o te piensas que no soy capaz?
Unicornio y maia se miraron fijamente sin ningún atisbo de duda, a lo que finalmente ella terminó aceptando.
-Está bien…
Tras eso Twilight echó a correr y Sauron, con mirada determinada, echó a andar mientras comenzaba a cambiar su apariencia, volviendo a verse con su intimidante y puntiaguda armadura y rematándola con su enorme maza de combate. No tardó mucho en encontrarse con lo que les estaba persiguiendo, logrando entrever entre la nieve un humo negro reptando por el suelo como si de una miríada de serpientes se tratara.
-¿Quién está ahí? ¡Muéstrate!-exclamó Sauron con la voz cambiada a una más aguda e intimidante.
El humo negro como la noche se concretó en un solo punto, surgiendo entonces de él un par de profundos ojos de pupilas verdes e irises rojos que se clavaron en él, al tiempo que una profunda y grave voz inquiría.
-¿Quién o qué diablos eres tú? ¿Cómo te atreves a interponerte en mi camino?
-Soy Sauron, el señor oscuro de Mordor que habrá de reclamar estas tierras en su poder… ¿y tú quién eres, si se puede saber?
-Yo soy el rey Sombra, soberano de estas tierras, y estás muy equivocado si crees que puedes venir aquí y reclamarlas así sin más, porque ya son mías…
-¿De veras? ¿Y qué hace su graciosa majestad en un páramo helado y reptando por el suelo cual vil reptil? Algo me dice que ya han dado buena cuenta de ti antes…
Ante ese comentario el gesto de los ojos de Sombra se agrió, mascullando de seguido.
-No tientes a la suerte, extranjero, soy mucho más poderoso de lo que crees, tan solo necesito recuperar mis cristales y todo volverá a ser como antes…
-¿Cristales? ¿En serio? menuda ridiculez…
-¡No sabes de lo que hablas! ¡Estas tierras poseen en su interior un poder natural inimaginable! ¡Jamás entenderías su alcance real! ¡Soy y siempre seré el señor de los cristales!
-¿Me hablas de poder a mí, a Sauron, el señor oscuro? El poder oscuro absoluto radica en saber manipular y obtener los recursos necesarios a toda costa. Noto un poder considerable en ti, pero si has acabado como has acabado no debes ser tan duro como aparentas…
-¡Silencio, miserable engendro salido de ninguna parte! ¡No tienes autoridad aquí, lárgate o me desharé de ti yo mismo!
Ante esas palabras Sauron blandió su enorme maza, dispuesto a combatir contra él.
-Inténtalo si puedes, cristalitos…
De golpe y porrazo ambos se lanzaron el uno contra el otro, al tiempo que Sombra hacía aparecer una larga y oscura lanza y la usaba para detener a tiempo la enorme maza de Sauron; las dos armas impactaron la una contra la otra y, aun a pesar de lo débil que parecía la lanza de Sombra en comparación, ésta logró detener en seco el ataque de Sauron, contraatacando inmediatamente después con un rápido tajo hacia delante.
-¿Eso? ¿Crees que me puedes parar con eso? No me hagas reír…
-¡Esto no es nada comparado con lo que podré hacer cuando recupere todo mi poder! ¡A un lado, monicaco!
Sauron respondió de seguido blandiendo hacia delante su maza, lo que hizo a Sombra apartarse; ésta impactó en el suelo, lanzando nieve hacia todas las direcciones, lo que aprovechó entonces Sombra para atacar. Pero antes de que le pudiera alcanzar, Sauron alzó la otra mano libre y le detuvo a tiempo, sosteniéndola de golpe y apoyándose en ella para luego asestarle un seco golpe con la punta de su maza, lanzándolo hacia atrás.
-¡Maldición! ¡El imperio de Cristal es mío!-rugió Sombra, encolerizado.
-Débil y despreciable… ¿el señor de los cristales? Por favor, si pareces una insulsa y poco inspirada copia mía…
-¡Veremos quien ríe el último, especie de mono bípedo! ¡Te haré comer tus palabras!-rugió Sombra.
Fueron a retomar el combate, sin embargo en ese momento oyeron un ruido como de succión y, un poco más adelante, vieron como una especie de campana traslúcida comenzaba a echarse sobre una extensa pradera donde la hierba verdeaba y el sol brillaba en lo alto del cielo; ambos tuvieron el impulso de echar a correr, sin embargo Sauron fue más rápido y, tras un rápido golpe con su maza en el suelo, levantando nieve y polvo, confundió a Sombra para luego echar a correr.
-¡No! ¡Son míos, mis cristales, mis preciosos cristales!-masculló Sombra, deslizándose rápidamente por el suelo.
-¿Qué viene ahora, mis tesoros? Por favor…-murmuró Sauron, rodando los ojos tras la voluptuosa máscara.
Dado que la pesada armadura le ralentizaría, el maia se deshizo de ella y volvió entonces a su forma anterior, lo que le permitió esprintar para alcanzar lo antes posible la pradera antes de que la barrera les cerrara el paso. Hubo un instante en el que Sombra logró ponerse a la par, sin embargo Sauron aprovechó para burlarle una vez más.
-¡Eres muy lento, cristalito!
-¡Ja, habló el mono lampiño, lo vas a lamentar! ¡En cuanto ponga una pata en el imperio me apoderaré de su magia y la iré corrompiendo por dentro como una fruta fresca, los cristales me darán fuerzas!
-¡Gracias por la información, señor vanidoso!
-¡No importa, es cuestión de tiempo, no me podrás detener!
En cuanto estuvieron a unos pocos metros Sauron aprovechó entonces para impulsarse empujando a Sombra a un lado y dando un salto rodando hacia delante antes de que la barrera terminara de bajar; pudo oír el rugido encolerizado de Sombra antes de ser ahogado mientras rodaba por el suelo, poniéndose en pie rápidamente y mirando a su alrededor. Todo era tan colorido y brillante que empalagaba e incluso hacía daño a la vista, sin embargo el paisaje era bastante impresionante. Grandes extensiones de terreno precedían a una gran ciudad circular, con un alto y brillante palacio acristalado justo en el centro del gran círculo concéntrico que formaba la localidad. Por el camino había grandes cristales incrustados en el suelo, y todos ellos irradiaban una energía natural desbordante que Sauron pudo notar enseguida.
-Bof, qué asco de luz. Aunque he de admitir que es ciertamente interesante…
Echó a andar hacia la ciudadela, donde no vio a nadie por las calles hasta entrar en el palacio, donde se encontró a Twilight y sus amigas deliberando en un cuarto de la forma menos convencional posible: cantando.
A los ponis de cristal unidas vamos a salvar
Porque juntas su historia vamos a estudiar
Sauron arrugó el entrecejo, dirigiéndose directamente a Twilight inquiriendo.
-¿¡Pero esto qué es?!
-Ahora no, Sauron, estamos teniendo nuestra performance, espérate un rato-le espetó ella mentalmente y sin dejar de cantar siquiera.
-Oh, por favor, esto es ridículo…
Aun así tuvieron su canción mientras iban trabajando en algo que Sauron apenas entendía, ya que no se molestó en escuchar lo que cantaban, pero en menos de media hora habían montado en las calles del imperio una especie de feria con puestos de todo tipo. El maia contempló atónito todo el proceso, sin poder evitar alabar en ese sentido la eficiencia de esos ponis de colores.
-Son insoportables cuando cantan sin venir a cuento, pero he de admitir que trabajan muy eficientemente… podría conseguir mucho de ellos…
Una vez que terminaron y el festival comenzó, Sauron se dirigió a Twilight.
-¿Qué, te has quedado a gusto?
-La verdad es que sí, lo necesitaba, estoy más animada…
-Genial, pues a ver si te anima esto: Sombra está ahí fuera.
La noticia fue recibida por parte de la unicornio con algo de cautela, aunque no pudo evitar mostrarse algo nerviosa al respecto.
-¿Estás seguro?
-Y tanto, me enfrenté a él, el tipo es un mierdecilla sin cerebro, pero según él los cristales le dan el poder. Es cuestión de tiempo que la barrera caiga teniendo en cuenta las circunstancias…
-Sí, lo sé, Cadance no podrá aguantar eternamente, es por eso por lo que decidimos montar esta feria, para elevar el espíritu del imperio, pero no sabemos si nos dará tiempo-masculló la unicornio lavanda.
-Podemos sentarnos a esperar o bien tratar de atajar esto rápidamente ¿qué prefieres?
-Prefiero la segunda opción, si te soy sincera.
-Bien, vamos pues.
Entraron en el palacio mientras iban hablando entre sí y pensando a toda prisa.
-Vale, entonces ¿qué podemos hacer? ¿Alguna idea?-inquirió el maia.
-Puede, durante mi investigación acerca del imperio descubrí un detalle en concreto, al parecer utilizaban una especie de corazón de cristal que colmaba los corazones de los ponis del imperio y lo imbuían con su magia, pero no estoy segura de a qué se refiere exactamente-explicó Twilight sosteniendo un libro con su magia.
-Por cómo lo ponen debe de ser alguna especie de artefacto o recipiente-asumió Sombra, mirando la página.
-Sí, Applejack talló uno fijándose en un antiguo grabado, pero no sé yo si será suficiente o incluso si serviría. En caso de ser lo que tú dices, debe de tener algo más… y estar en alguna parte.
-En ese caso podemos buscarlo.
-Ya, pero ¿dónde puede estar escondido?
En ese momento pasaron al lado de la sala del trono, nada más verla Sauron se detuvo y miró al susodicho con ojos escrutadores y pensantes.
-¿Qué pasa?-inquirió ella.
-Dime una cosa, si fueras una gobernanta tiránica sedienta de poder…
-¿Como tú?
-Más quisieras, pero si lo fueras ¿dónde guardarías algo tan valioso y delicado?
Ante esa pregunta Twilight se quedó callada, sopesando las palabras del maia y murmurando al poco rato.
-Bueno, en ese caso lo guardaría en un lugar donde tuviera fácil acceso para mí y donde poder controlarlo bien sin moverme mucho…
Fue entonces en ese instante cuando la unicornio lavanda lo comprendió, echando a andar rápidamente hasta quedar justo delante del trono, fijándose sobre todo en su forma y la parte superior del mismo.
-Pues claro… tiene sentido.
-Debe de haber alguna forma de abrir la puerta, pero seguramente tan sólo responderá a magia oscura…
Ante eso Twilight se quedó callada, como si sopesara algo, hasta que finalmente asió el anillo con su magia, murmurando de seguido.
-Vale, voy a intentar algo…
Al punto comenzó a cargar magia en su cuerno, sin embargo, y para sorpresa de Sauron, el aura fue cambiando de color hasta tornarse negra y sombría, disparando entonces una sola vez hacia el cristal superior. Nada más hacerlo el trono brilló en un resplandor oscuro y la sombra que proyectó hacia delante abrió un camino justo enfrente del mismo, en forma de unas escaleras en espiral que bajaban.
-Vaya, vaya, así que has estado toqueteando con la magia negra…-murmuró el maia con tono de circunstancia.
-No te confundas, Sauron, es un truquito que me enseñó la princesa, nada más, jamás iría más allá de un simple cambio de polaridad de la magia-contestó ella rápidamente.
-Ya…
Sauron miró por una ventana cercana y vio entonces un resplandor negruzco a la altura de donde él entró, entrecerrando los ojos y pensando rápidamente.
-Será mejor que nos movamos.
-Ah, sí…
La bajada fue larga y sinuosa, parecía que nunca iba a acabar, sin embargo tras varios minutos más de trayecto finalmente llegaron hasta el fondo del pozo, donde una solitaria puerta con extraña apariencia descansaba. Tanto Sauron como Twilight miraron a la susodicha con el ceño fruncido, comentando la unicornio rápidamente.
-Vale, esto es raro.
-Desde luego, huele a trampa a kilómetros… ¿qué piensas hacer?
Tras observar detenidamente la puerta durante unos breves segundos, Twilight decidió rápidamente.
-Voy a entrar.
-¿Segura? No sabes lo que tiene preparado Sombra…
-No, pero no avanzaremos si nos quedamos aquí parados, tenemos que cruzar.
-Está bien.
Sin mayor dilación, asió el pomo con su magia y la abrió hacia dentro, encontrándose entonces en una estancia completamente diferente; Twilight frunció el ceño más ampliamente al ver que se encontraba en el salón del trono del palacio de Canterlot, sin embargo una voz llamó su atención.
-¿Qué haces aquí?
Nada más darse la vuelta se encontró con la propia Celestia, la cual la daba la espalda mientras firmaba unos pergaminos; su voz era distante y lastrada, como si lo dijera con desgana.
-¿Princesa Celestia?
-Sí, esa soy yo, pero la pregunta es ¿Qué haces tú aquí?-inquirió ella con apatía.
-Pues eso mismo me estaba preguntando yo… ¿Qué hago aquí?
-Ah, no sé, dímelo tú…
-¿Debería?
Celestia dejó entonces de escribir, mirándola entonces severamente y espetándola de seguido.
-Por la cuenta que te trae…
Conservando en todo momento su inquisitiva y desconfiada mirada, Twilight se acercó a ella y murmuró.
-Está bien… supongo que no salió bien…
-Ah ¿supones? Qué gracia, lo supone…
-Entonces no salió bien…
-¡Por supuesto que no salió bien! ¡Fallaste la prueba, Twilight! ¡Derrotada, humillada! ¡Debería darte vergüenza volver por aquí después de semejante despropósito! ¡No solo vuelves con los cascos vacíos sino que encima lo haces a las puertas de una guerra con el corrompido imperio de Cristal! ¡Maravilloso trabajo el tuyo, mi "querida" estudiante! ¡Ah, no, espera, que ya no lo eres! Y menos mal…
Para entonces la situación era más que evidente. Twilight conocía lo suficientemente bien a Celestia como para darse cuenta de que esa no era su verdadera maestra. Y, por lo tanto, toda esa situación no era más que una ilusión. Una muy bien lograda ilusión, pero al menos no para ella.
-Entonces… ¿debería irme?-inquirió Twilight, aparentando normalidad.
-¡Más bien! ¡Fuera de mi vista!-masculló Celestia.
Ante eso Twilight tan solo esbozó una tonta sonrisita, a lo que la falsa Celestia inquirió.
-¿¡Qué es tan gracioso?!
-Acérquese y se lo diré…
-¿¡Qué?! ¡No juegues conmigo, Twilight Sparkle, o haré que te detengan por desacato! ¡Al calabozo que vas!
-Vale, vale, pero ¿en serio no quiere oírlo? Se lo digo y me voy…
La falsa Celestia la fulminó con la mirada, como si se lo estuviera pensando, hasta que finalmente cedió y agachó la cabeza para ponerse a su altura; fue entonces cuando, en un visto y no visto, y asiendo el anillo, Twilight materializó una hoja de Morgul con su magia y le asestó un rapidísimo y muy limpio corte en la garganta de la falsa princesa, que ni siquiera lo vio venir.
Celestia dejó escapar un grito gutural, al tiempo que la herida salpicaba una sangre negra y descolorida, evidenciando su verdadera naturaleza; Twilight, con un brillo intenso en sus ojos y esbozando una sádica sonrisita, masculló.
-¿Te creías que me tenías? Iluso…
Al punto la figura de Celestia se oscureció, al tiempo que su voz cambiaba y se dirigía a ella con furia reprimida.
-Vaya, qué inesperado contratiempo… eres lista, sin embargo no tienes nada que hacer, mi regreso es inminente…
-Muy bien, pues aquí te espero, ven a por mí si quieres-le espetó ella, con furia.
-Oh, el nervio, el arrojo… me gusta, he de decir. Pero sigue siendo fútil, no me queda nada para entrar, y cuando lo haga… mi poder será terrible.
-Ya, qué cliché y conveniente es todo… a ver si es verdad.
Sombra quiso responderla, sin embargo en ese momento se detuvo, como si hubiera algo raro y notando como empezaba a perder el control del cuerpo de la Celestia falsa.
-Espera, qué… ¿qué me has hecho? ¡No puedo moverme!
-Oh, sí, bueno, el caso es que he usado una hoja de Morgul, la cual está encantada…-murmuró ella como quien no quiere la cosa y alzando la susodicha, la cual se descompuso rápidamente hasta quedar sólo el mango.
Sombra se tambaleó, casi sin control, mientras ella seguía explicando.
-… y todo lo que toca finalmente lo ata al reino de las sombras. Práctica ¿verdad?
Aun a pesar de esto, Sombra se rió tontamente, mascullando entre medias.
-Buen intento pero esto es sólo una proyección, así que no te servirá de nada…
-Sí, ya lo supuse, pero así es más divertido ¿no crees?-inquirió ella, esbozando una siniestra sonrisita.
La Celestia ensombrecida dejó escapar un rugido de furia mientras se iba desvaneciendo hasta desaparecer; al mismo tiempo la ilusión también se fue desvaneciendo hasta acabar en el mismo sitio donde empezó, frente a la ahora normal y corriente puerta. Sauron reapareció a su lado, comentando de seguido.
-Bien jugado, aunque… ¿soy sólo yo o le estás cogiendo gusto a cortar cuellos?
-¿Demasiado sorprendido, Sauron?-inquirió ella, divertida.
-Más bien intrigado, pero sí, muy bien jugado.
-Más de diez años bajo su cuidado hacen que la conozca bien, Celestia no sería tan desconsiderada y altanera, y menos aún conmigo que soy su ojito derecho…
-Oh, entonces lo admites…
-Nunca he dicho que no lo fuera.
-También es verdad.
Traspasaron la puerta rápidamente, dispuestos a lo que fuera. Al otro lado descubrieron qué nuevos y horripilantes horrores les esperaban.
-¿En serio? ¿Más escaleras? Qué decepción, Sombra…-murmuró Twilight con gesto aburrido.
Por su parte Sauron no dijo nada, observando unas largas escaleras de caracol que subían y subían sin aparente fin; en un momento dado, comentó.
-¿No te extraña que sean precisamente escaleras? Parece diseñado expresamente ¿no crees?
Las palabras del maia dieron que pensar a Twilight, quien volvió a echar un vistazo a las susodichas; visto así tenía cierto sentido e incluso se volvían altamente sospechosas, a lo que ella inquirió.
-¿Crees que podría ser otra ilusión?
-Es posible, aunque… tal vez solo quiera frenarnos.
Ese comentario dio que pensar a Twilight, la cual volvió a mirar las escaleras, sobre todo la parte trasera, la cual era tan lisa como el propio cristal. Fue entonces cuando algo saltó en su cabeza, murmurando de seguido.
-Se me ha ocurrido algo.
Antes de que Sauron pudiera decir nada, la unicornio lavanda subió los primeros escalones, deteniéndose acto seguido y comenzando a hacer magia. Por un momento no hubo nada, pero al segundo siguiente la gravedad pareció haber dado un salto y, acto seguido, la propia Twilight cayó al techo y comenzó así a deslizarse hacia arriba. Al ver esto el maia se mostró impresionado, esbozando una media sonrisa y desapareciendo acto seguido.
Gracias a este cambio gravitatorio, el subir las escaleras fue mucho más rápido y cómodo, aunque igualmente largo ya que la longitud era la misma y le llevó sus buenos minutos, pero finalmente llegó a lo más alto, desactivando de seguido el hechizo y volviendo todo a la normalidad. Por su parte Sauron reapareció justo a su lado.
-Muy inteligente debo decir…
-Sí, bueno, es lo que tiene el cristal, y es un hechizo relativamente sencillo, así que…
Nada más darse la vuelta comprobó entonces que se encontraban en lo más alto del palacio y, justo delante de ellos, se encontraba ni más ni menos que el corazón de cristal. Se encontraba perfectamente tallado y aristado y brillaba con una refulgente luz que parecía extenderse hacia todas las direcciones, envolviendo los alrededores en el proceso. Twilight lo contempló maravillada y Sauron hizo lo propio con gesto interesado.
-Vaya… curioso artefacto…
-Es precioso…-murmuró Twilight, perdiéndose en su brillo.
Casi de forma inconsciente se acercó a él, pero nada más poner un pie en el círculo que lo albergaba algo pareció activarse y, en un visto y no visto, un grueso muro de cristal se alzó para proteger el corazón.
-¡Cuidado!-exclamó Sauron.
Twilight saltó por puro instinto y logró esquivar por los pelos el muro, cayendo hacia dentro junto con el corazón; la unicornio lo cogió con su magia y trató de salir de allí, sin embargo el muro parecía contener mágicamente el corazón y la fue imposible huir con él.
-¡No puedo salir de aquí con el corazón!-exclamó Twilight.
-¡Espera, voy a intentar algo!
Al punto Sauron recuperó su forma gigantesca ensutada en la gruesa y picuda armadura, maza incluida, y con ella comenzó a tratar de quebrar el muro por todos los medios; éste resistía las fuertes embatidas, pero comenzó a resquebrajarse poco a poco, por lo que el maia siguió insistiendo.
Sin embargo en ese momento la barrera cayó y vieron un mar de nubes oscuras arremolinándose sobre el imperio, al tiempo que la seseante voz de Sombra retumbaba por todo el valle y las calles.
-Mis esclavos de cristal…
Abajo los ponis de cristal comenzaron a dejarse llevar por el pánico y, entre el tumulto, las amigas de Twilight hacían todo lo posible por mantener la calma. Sombra se dirigió la ciudadela, notando la presencia del corazón, y subió entre cristales oscuros que iban surgiendo de las paredes y el suelo hasta donde se encontraban Sauron y Twilight. Nada más llegar vieron entonces que había recuperado su cuerpo, envuelto en una tosca armadura y una capa roja que le confería un aspecto intimidante.
-Oh, vaya, pero si es una triste imitación…-masculló Sauron, blandiendo su maza.
-Oh, vaya, pero si es un extranjero bocazas…-hizo lo propio Sombra, fulminándole con la mirada.
Los dos se enzarzaron en un duelo de miradas, esperando algún movimiento por parte del otro, sin embargo en ese momento Twilight exclamó.
-¡No es por nada, pero soy yo quien tiene el corazón!
Sombra giró la cabeza y la vio tras el muro, musitando de seguido.
-¡Eso es mío!
-¿Ah, sí? pues ven a cogerlo…-masculló ella, en actitud retadora, mientras hacía aparecer una espada espectral asiendo el anillo.
El rey gruñó, contrariado, y sin saber muy bien a quién atacar, si a Twilight o a Sauron. El maia aprovechó entonces para atacar, blandiendo su maza hacia delante, pero Sombra se movió a tiempo e interpuso un muro de cristales oscuros entre él y el arma, cubriéndose así. La maza destrozó parte de los cristales, pero el rey aprovechó para atacar y le asestó a su rival un fuerte golpe usando los propios cristales como dagas, lanzándole hacia atrás.
-¿Lo ves, necio? ¡Ahora soy mucho más fuerte!-exclamó Sombra, extasiado.
-Bien por ti, pero yo también lo soy.
-¡Inútiles esfuerzos, caeréis ante mí! ¡El corazón es mío!
-¡Ni muerta te lo daré!-masculló Twilight.
-En ese caso… ¡haré realidad tu deseo!
En un visto y no visto, usando su magia Sombra retiró el muro y se abalanzó sobre ella, pero antes de alcanzarla ésta se desvaneció de golpe junto con el corazón; el rey se quedó desconcertado, sin saber muy bien qué había pasado, pero Sauron supo entonces lo que había ocurrido, esbozando una sonrisita tras la gruesa máscara. Vio entonces a Twilight haciendo magia con el anillo puesto, creando entonces una réplica casi exacta del corazón, y teletransportando al verdadero varios metros abajo del palacio, directamente al salón del trono.
-Llévaselo a Cadance-oyó entonces la voz de la unicornio lavanda en su cabeza.
-¿Cómo?
-¡Hazlo, ahora, yo entretendré a esta sabandija! ¡Tú tienes que ser el que lleve el corazón a su sitio!
-¿¡Y cómo quieres que haga eso?! ¿Me presento ante ella y tus amigas en plan petit comité?-inquirió Sauron con sorna.
-¡No hay tiempo, hazlo ya, compóntelas como puedas! ¡Después de todo eres el Señor Oscuro! ¿No?
Ante esas palabras el aludido se creció un poco, murmurando antes de desaparecer.
-Espero que sepas lo que haces…
Al ver que Sauron se marchaba, Sombra inquirió.
-¿Qué pasa, soy demasiado para ti? Señor Oscuro, ya, claro ¡yo soy el único Señor Oscuro aquí!
-¡En ese caso ven a por mí!-exclamó Twilight, reapareciendo justo enfrente de él y tratando de asestarle un tajo.
Sin embargo Sombra se cubrió a tiempo con cristales oscuros, transformándolos acto seguido en una alargada espada corva con la que la hizo frente.
-¡Devuélveme lo que es mío!
-¡Nunca!
Ambas espadas chocaron entre sí, tratando de alcanzarse mutuamente; Twilight giró la suya hacia abajo para apartar la de Sombra, obligando al rey a apartarse, el cual contraatacó inmediatamente después, por lo que ella lo bloqueó de seguido.
-Luchas bien para ser una simple unicornio… además, puedo sentir un gran poder manando de ti. Pareces estar destinada a grandes cosas. Únete a mí y haré que tu destino sea aún más grande.
-¡Otro, qué manía! ¡Vete al tártaro!-masculló Twilight, asestándole un rápido mandoble que logró bloquear.
-Es una pena… ¡en ese caso, muere!
Sombra se echó hacia delante y blandió su espada para golpearla, pero ella bloqueó de nuevo, contraatacando inmediatamente después con varios tajos seguidos, logrando alcanzarle ligeramente. Fue un corte limpio, rematándolo inmediatamente después con una coz que le alejó de ella.
-¡Argh, me estoy cansando!-musitó Sombra, haciendo uso de su magia.
Al punto una serie de afilados cristales oscuros aparecieron de improviso, precipitándose sobre la unicornio lavanda, pero ella interceptó todos y cada uno de ellos con su espada, agitándola frenéticamente y haciéndolos añicos. Acto seguido ella también hizo uso de su magia, reuniéndola en un casco y estampándolo contra el suelo, creando una onda expansiva mágica que alejó a Sombra aún más.
Por su parte Sauron regresó enseguida al salón del trono, donde encontró el corazón de cristal descansando sobre el mismo. Enseguida se zafó de su enorme armadura para volver a presentar su aspecto de hombre, acercándose al artefacto y mirándolo atentamente con una innata curiosidad.
La brillante luz que emitía lucía reconfortante, notándose enseguida que se trataba de un objeto claramente benigno; sin embargo, y como bien sabía Sauron, hasta los más puros artefactos pueden ser corrompidos por la oscuridad, y seguramente ese corazón no sería ninguna excepción. Trató de cogerlo y, para su sorpresa, comprobó que no sólo le permitía tocarlo, sino que parecía adaptarse a él y a sus más oscuros deseos. Una siniestra sonrisita apareció en la cara del maia, pensando a toda velocidad, sin embargo prefirió dejarlo como estaba. No era el momento. No ahora, con todo ese revuelo, y menos aun teniendo en cuenta que ese intento de señor oscuro iba tras él. Primero debía de quitarse de en medio cualquier posible obstáculo. Y, después, asegurar que Twilight respondía bien a sus intentos por moldearla. Hasta ahora no había ningún problema, todo iba viento en popa, la unicornio confiaba cada vez más en él y ayudarla a derrotar a Sombra era, en esos momentos, su mejor baza. Pero debía de ser precavido, no debía mostrarse ante sus amigas, por lo que para entregar el corazón a Cadance optó por llevárselo adoptando la forma de un cuervo más grande de lo normal. Cogió el corazón con sus garras y echó a volar hacia fuera, buscando a la alicornio rosada.
En lo alto del palacio, la lucha entre Twilight y Sombra continuaba, sin embargo en ese momento el unicornio oscuro notó la presencia del corazón moviéndose, aun a pesar de que éste permanecía junto a la unicornio lavanda.
-¿¡Qué?! Un momento…
Varios cristales oscuros se acercaron hasta el corazón, pero éste se desvaneció en cuanto lo tocaron.
-¿¡Una ilusión?! ¿¡Cómo, cuándo?!-masculló Sombra.
-Secreto profesional…-murmuró ella esbozando una sonrisita, mientras el anillo se balanceaba en su cuello.
Sin embargo ahora el corazón estaba expuesto, y en ese sentido Sombra no lo dudó en ningún instante y marchó a por él, aunque no sin antes encerrar a Twilight en una barrera de cristales negros que la inmovilizaron por completo. Extendiendo una marea de cristales oscuros allá por donde pasaba, Sombra buscó el corazón hasta encontrarlo, siendo llevado por un Sauron transformado.
-¿¡A dónde vas?! ¡Dame eso, ahora!
-¡Olvídalo, nunca será tuyo, le pertenece a este pueblo!
-¡No me vengas con esos aires ahora, sé lo que pretendes, jamás te harás con el imperio! ¡Es mío!
Eventualmente Sombra alcanzó a Sauron y trató de arrebatarle el corazón, pero en el zarandeo éste acabó siendo lanzado por los aires; Sombra, al verlo, hizo a un lado a su rival y se lanzó a por él relamiéndose y sintiéndose ganador.
-¡Sí, sí, al fin, es mío ahora!
Sin embargo, y antes de que pudiera asirlo con su magia, algo rosado pasó zumbando justo delante de él y, al segundo siguiente, el corazón ya no estaba.
-¿¡Qué?!
Giró la cabeza y vio entonces a la alicornio rosa volando a gran velocidad y con fuerzas recuperadas sosteniendo el corazón, regresando acto seguido hasta la base del palacio y destrozando el corazón falso en el proceso.
-¡El corazón de cristal ha regresado! ¡Usad el poder en vuestros corazones para asegurar que el rey Sombra no lo haga!
Acto seguido el corazón acabó siendo colocado en su correspondiente lugar, activando un mecanismo que surgió del mismo palacio, al tiempo que los ponis de cristal depositaban todo su poder en el suelo, el cual se fue reuniendo en un solo punto mientras que el corazón brillaba con mucha intensidad. Tanto Sombra como Sauron contemplaron el suceso desde el aire, aunque Sombra era el único que se mostraba preocupado.
-No… ¡no! ¡Deteneos!
Sin embargo el proceso ya era irreversible, toda la luz se concentró en el corazón y, al segundo siguiente, hubo una intensa explosión de luz que la extendió hacia todas las direcciones. Al ver esto Sauron miró a Sombra, el cual le devolvió la mirada con furia y dedicándole unas últimas palabras.
-¿Cómo era? Quien ríe… ah, sí. Ja, ja, ja.
La ira de Sombra era tal que apenas le cabía en la cara, sin embargo en ese momento la luz le alcanzó, comenzando a agrietar todo su cuerpo hasta cubrirlo casi por completo; fue entonces cuando emitió un profundo aullido antes de acabar explotando en mil pedazos. Todos los cristales oscuros fueron destruidos, liberando a Twilight en lo alto del palacio, y tanto ella como el resto de ponis fueron cristalizados, adquiriendo un aspecto mucho más brillante y elegante. El palacio emitió una luz blanca hacia arriba y hubo una explosión de colores que despejó por completo el día, extendiendo una aurora boreal que se reflejó más allá de las montañas de Cristal hacia Ecuestria.
Sauron lo contempló todo desde el aire, mostrándose ciertamente impresionado por todo lo que esa extraña reliquia era capaz de hacer.
-Sí… definitivamente merecerá la pena hacerse con este sitio-pensó el maia, satisfecho.
Desde lo alto del palacio Twilight cristalizada contempló del todo aliviada las vistas, murmurando al poco rato.
-Buen trabajo, Sauron.
-Bueno, pues otra batalla más ganada, sólo espero que no te vuelva a dar otra crisis existencial…
-Ja, ja, muy gracioso… aunque si lo piensas aquí el verdadero héroe eres tú, Sauron.
-¿Cómo dices?
-Sí, relegué en ti el devolver el corazón a Cadance, si no hubiera sido por tu actuación Sombra se habría apoderado de él, eres el héroe del imperio de Cristal…
-No digas tonterías, no soy ningún héroe, en todo caso la victoria te pertenece a ti y a los tuyos.
-Aun así ayudaste… gracias, Sauron.
-Un placer.
Esa noche el Orodruin parecía estar más tranquilo que de costumbre, por lo que el ambiente no estaba tan oscuro y cargado como otras veces; aun a pesar de que seguía mostrando actividad, el cráter apenas emitía humo y cenizas, dejando entrever algo de luz en el taponado cielo de Mordor.
-El Orodruin parece ocioso, apenas suelta ceniza…-observó Twilight.
-Tiene sus momentos, aunque siempre reacciona ante mi presencia. Cuando estuve fuera estuvo inactivo un largo tiempo, pero tras mi regreso volvió a activarse, erupcionando de vez en cuando.
-Lo dices como si estuviera vivo…-murmuró la unicornio, ceñuda.
-Pues casi, casi, aunque siempre me ha resultado ciertamente curioso. Su fuego me ayudó a forjar el anillo, por lo que le debo mucho.
-Aún me sigue pareciendo increíble que algo tan pequeño contenga tanto poder…-admitió ella, mirando al susodicho.
-Sí, y fueron las artes de los altos elfos lo que lo hicieron posible. Sin embargo no deberías subestimar algo así, hasta los objetos más simples e insignificantes pueden llegar a hacer grandes cosas. Como el corazón de cristal, por ejemplo. He de admitir que me sorprendió…
-Sí, lo cierto es que fue impresionante, tiene un poder natural sorprendente. Tal vez Sombra tuviera razón después de todo, es normal que ansiara tanto su poder.
-Yo que tú no le daría tanto crédito a ese fantoche, ahora está muerto y tiene lo que se merece.
-Sí, ahora el imperio está a salvo, y menos mal. Al final sí que estuve a la altura después de todo…
-Por supuesto, aún sigo sin comprender por qué te infravaloras de esa forma, sigo sosteniendo que eres muy poderosa y que estás destinada a grandes cosas, y una vez más lo has vuelto a demostrar. Deberías confiar más en ti misma y tus capacidades, después de todo te han llevado a la victoria, y una bien merecida.
Las palabras de Sauron dieron qué pensar a la unicornio lavanda, ya que hasta el propio Sombra la dijo exactamente lo mismo; igual sí que podría haber algo de razón en sus palabras, aunque no podía evitar pensar que seguían exagerando.
-No sé, nunca me he considerado alguien poderosa, simplemente me gusta saber más, eso es todo…
-Sí, pero eso no quita que seas menos capaz porque no lo eres. La grandeza proviene de las pequeñas cosas, Twilight Sparkle. El anillo es buena prueba de ello.
Ante eso Twilight asintió esbozando una orgullosa sonrisa, sintiéndose un poco mejor consigo misma y mucho más capaz. A partir de ese momento se tomaría las cosas más en serio y confiaría más en sus aptitudes. Sólo así sería capaz de progresar.
Mientras tanto el Orodruin vigilaba las vastas y secas llanuras de Mordor, con Barad Dûr a escasos kilómetros de distancia.
¿Canon? ¿¡Canon?! Eeerhm, a medias XD y sí, sé que apenas ha variado en cuanto a acontecimientos se refiere, pero si lo he hecho así ha sido por una buena razón. Para el Libro 2 el imperio de Cristal tendrá un papel importante en el devenir de la trama, y condicionará muchas cosas de cara a acontecimientos futuros, por lo que he preferido dejar íntegras la gran mayoría de situaciones, aunque con un abordaje ligeramente distinto teniendo en cuenta todos los cambios realizados hasta ahora. En cuanto a Sombra he tratado de darle algo más de chicha teniendo en cuenta los precedentes, pero lo cierto es que se trata de un personaje tan infrausado que apenas da juego, al menos en este capítulo. Igual hago algo con él más adelante, no lo sé, pero por ahora prefiero dejar su estatus en "por todas partes" XDDD
A partir de aquí entramos de lleno en la tercera temporada, donde usaré un par de capítulos importantes para romper un poco más de canon antes de pasar al Libro 2 y el plato fuerte de este crossover. Esperad muchas cosas, todas ellas nada halagüeñas para Ecuestria.
Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
