Capítulo 7
Diplomacia del dragón
Salir de Alicornia desde el aire tenía su punto, ni siquiera se dieron cuenta de que lo habían hecho hasta que vislumbraron entre las nubes las tierras vetustas a unos quinientos metros de altura. Su escarpada orografía se elevaba como afiladas e intimidantes agujas, dando una sensación de desasosiego que, desde arriba, no parecía ser tan prominente.
-Vaya, menudas vistas…-murmuró Applejack, asomándose ligeramente por la ventana.
-¿A dónde vamos entonces?-inquirió Pinkie en ese momento.
-A la tierra de los dragones, tenemos que llegar antes de que Twilight y ese Sauron se les ocurra dirigir su mirada hacia ellos, conseguir su apoyo será fundamental para poder ganar esta guerra-explicó Luna, asiendo el timón del dirigible con su magia.
Las demás se quedaron algo calladas, aún sin acostumbrarse a oír esa palabra. Pero era un hecho, estaban en guerra con su propia tierra, y si querían recuperarla no tenían más remedio que luchar por ella.
-¿Y es prudente ir volando? Algo me dice que ese Sauron nos verá rápidamente en cuanto estemos lo suficientemente cerca-apuntó en ese momento Rainbow, ceñuda.
-Sí, es un riesgo pero necesario, me temo, vamos a tener que atravesar el sur de Zebraica primero y eso nos acercará irremediablemente a Ecuestria.
-Nos exponemos a un ataque entonces.
-Así es, pero no vamos de vacío, tenemos a este pequeño con nosotros.
Y es que el dirigible en el que iban estaba preparado para una ofensiva desde el aire, con cañones de combate, morteros y hasta cañones ligeros que servían para desarbolar estructuras dañadas. Y lo bueno que tenían era que se podían manejar de forma automática con magia, por lo que no requerían de trabajo manual constante.
-Pero bueno, no os preocupéis, cuando llegue el momento de luchar ya os avisaré con tiempo-murmuró Luna, sin pensarlo mucho más.
-¿Y con qué vamos a luchar?-inquirió Rarity, insegura.
-Tenéis que elegir un arma que se adapte bien a vosotros, vamos a la armería, os ayudaré a escoger.
La alicornio oscura fijó el timón con su magia para que no se moviera, evitando desviarse así el rumbo, y se dirigió junto con las demás allí.
Alicornia les había provisto con todo tipo de armas, Luna se acercó a ellas mientras las iba explicando.
-Vale, os cuento. Hay armas adaptadas para cada tipo de poni, de esta forma se aprovechan al cien por cien las capacidades tanto de los pegasos, los unicornios y los ponis de tierra. Las espadas mágicas están hechas específicamente para los unicornios, la capacidad de asir objetos con su magia las dota de una sobrecarga mágica que impregna su hoja, lo que las permite hacer más daño en el proceso. Los unicornios más avezados pueden incluso hacer que la magia provoque efectos secundarios, pero con que os sepáis defender con ellas es más que suficiente. Rarity, acércate.
La aludida se acercó un tanto amedrentada, Luna cogió un gran espadón por la hoja y se lo sostuvo para que lo cogiera con su magia por el mango; la unicornio así lo hizo y, acto seguido, el aura de su magia impregnó la hoja y ésta brilló intensamente con el mismo color. Rarity se quedó ciertamente impresionada, observándola con interés, aunque en ese momento Luna comentó.
-Sin embargo de nada sirve esta espada si no sabes cómo manejarla, por muy mágica que sea. Tú y yo practicaremos juntas para que aprendas a luchar con ella. Guárdala bien y tenla limpia y afilada en todo momento.
-Está bien…
La alicornio oscura la dio una vaina con una correa para que pudiera llevarla en su grupa, al tiempo que pasaba a las armas de largo alcance.
-Vale, ahora los pegasos. Aprovechando sus alas y su rapidez a la hora de moverse, estos arcos curvos están diseñados específicamente para ellos. Pueden usarse con la punta de las alas, lo que las hace unas armas muy versátiles y fáciles de manejar. Se asen con el ala izquierda y se tensan con el ala derecha, poniendo las puntas de las plumas en sus correspondientes lugares. Fluttershy, Rainbow, acercaos.
Las dos pegasos obedecieron cada una a su ritmo, Rainbow con entusiasmo y arrojo, y Fluttershy con reparo y algo de aprensión. Luna las estuvo enseñando a sujetar y tensar los arcos usando sus alas, cargando las flechas con los dientes o las propias alas. Rainbow se adaptó rápido y sin dificultad, pero Fluttershy tuvo problemas al respecto.
-¡Esto es sencillo, y muy intuitivo también! ¡Mira, con tres flechas a la vez!-exclamó la pegaso multicolor, haciendo gala de su habitual fanfarronería.
-Muy bien, Dash, aprendes rápido… ¿cómo lo llevas, Fluttershy?
-Yo… bueno, lo intento, pero no consigo que las flechas… ¡oh, cielos!-exclamó la aludida, sin poder evitar que éstas se cayeran.
-Lo… lo siento mucho, princesa…
-Bueno, no te preocupes, ya irás aprendiendo, yo te enseñaré.
-Gracias…
Una vez que estuvieron introducidos los pegasos, el tocó el turno a los ponis de tierra.
-Muy bien, y por último tenemos las armas pesadas, indicadas para que la fuerza y resistencia de los ponis de tierra se adapten perfectamente a ellas y hagan así el máximo de daño posible. Tenemos desde mazas, hachas, martillos de guerra, manguales… ¿cuáles os gustan más?-inquirió Luna, dirigiéndose a Pinkie y Applejack.
Para sorpresa de todas, fue Pinkie la primera en escoger con una inusitada seriedad.
-Creo que la maza va más conmigo.
-Muy bien, coge una, está especialmente diseñada para que agarrarla con los dientes no sea particularmente engorroso.
Por si la sorpresa no fuera aún mayor, la poni rosada demostró tener una técnica potable para ser la primera vez que cogía una maza, asestando unos golpes fuertes y contundentes contra los blancos de práctica con ella.
-Vaya ¿estás segura de que es la primera vez que coges una maza? Porque no lo parece…
-Sí, aunque a lo mejor es porque desde pequeña estuve picando rocas en la granja de mis padres, tengo algo de experiencia blandiendo objetos pesados con la boca-explicó Pinkie rápidamente.
-Ya veo, eso lo explica todo, entonces no tendrás muchos problemas, sigue practicando.
Finalmente Applejack fue la última en escoger arma, aunque se quedó un buen rato mirándolas antes de hacer su elección.
-¿Y bien?-inquirió la princesa, paciente.
-Pues… no me hace mucha gracia, pero creo que iré con el hacha.
-Bien ¿te has fijado en Pinkie antes?
-Sí, claro.
-Vale, pues imítala, a ver qué tal te desenvuelves.
El desempeño de Applejack, si bien no era muy bueno, era compensado por la extraordinaria fuerza que tenía, llegando a partir dos tocones de prueba en cuanto tuvo el suficiente tino, aunque Luna se fijó en un extraño amago que hacía vada vez que golpeaba.
-Me he percatado de que tiendes a cocear cada vez que asestas un golpe…
-Ya, eso es por la costumbre, supongo, en la granja varemos los árboles con las patas, será por eso…
Ese comentario dio que pensar a la alicornio oscura, rebuscando un momento por el resto del material hasta encontrar lo que estaba buscando.
-Creo que si te pones estas botas reforzadas de acero podrás aprovechar bien esas coces, además complementarás de cierta forma al hacha.
-Vaya, aunque… ¿no pesarán demasiado?-inquirió la poni de tierra, ceñuda.
-Pruebatelas a ver.
Para sorpresa de Applejack resultaron ser más cómodas y ligeras de lo esperado, moviéndose bien con ellas y soltando unas coces tremendas en el proceso.
-¡Caramba, son perfectas! ¿Puedo quedármelas? Cuando todo esto acabe me vendrán de fábula para varear…
-Claro, son tuyas ahora, sigue practicando también con el hacha y serás imparable.
-Vaya, gracias princesa…
-Todas tenéis aptitudes para el combate, cierto es que no sois soldados entrenados, pero con constancia y dedicación podréis alcanzar cotas que ni vosotras os esperáis.
Las palabras de Luna animaron de cierta forma a las chicas, las cuales sentían que podían salir del paso aun a pesar de las circunstancias. Habría batallas por ganar. Y debían de estar preparadas.
Ponyville había visto de todo desde que Twilight llegó por primera vez, sin embargo nada habría podido preparar a sus habitantes para algo semejante; desde que se asentaron los guardias oscuros, toda libertad y derecho habían sido prácticamente suprimidos, haciéndose todo lo que ordenaban bajo penas estrictas de lo más variadas si se desobedecía. La alcaldesa se vio despojada de sus funciones y pasó a ser un simple títere por el cual Twilight se comunicaba con ellos. El resto de ponis, muertos de miedo, se recluían en sus hogares, pero incluso bajo una situación así el reino debía de seguir moviéndose, por lo que prácticamente eran obligados a seguir trabajando como de costumbre, pero en un clima completamente de terror y muy enrarecido.
Las calles eran vigiladas día y noche por los guardias oscuros, que parecían verlo y oírlo todo. Más de una vez algunos ponis trataron de escapar o revelarse, pero fueron sofocados rápidamente mediante una serie de palizas que dejaron a más de un poni con varios huesos rotos, además de la pertinente bronca por parte de la propia Twilight, la cual era capaz de hablar por sus guardias como si de comunicadores se trataran.
-¡La próxima vez que me entere que habéis intentado algo contra mí, iré personalmente allí y os mataré sin mayores miramientos! ¿¡Lo habéis entendido?!
-¡Sí, sí, alteza, lo sentimos, por favor, no nos haga daño!
-¡Es majestad para vosotros y cualquiera que ose dirigirme la palabra! ¡Soy la emperatriz que regirá un nuevo imperio, así que tratadme con el debido respeto!
-Ah… cla… claro, majestad, lo que vos ordenéis…
-¡Que no tenga que volver a repetíroslo, gusanos! ¡A trabajar!
De esta forma los ponis vivían su vida como si nada pasara, pero la realidad era mucho más cruel y contundente. Todo el mundo vivía con mucho miedo, pero seguían adelante para no hacer enfadar a Twilight.
Mientras que Ponyville era básicamente un pueblo sometido y sin posibilidad alguna de insurrección, el bosque Everfree se convirtió en un bastión para una pequeña rebelión que apenas podía hacer gran cosa desde allí. Su naturaleza salvaje e indómita jugaba a su favor, pero más allá de sus lindes la oscuridad y las tinieblas que Sauron proyectaba desde lo alto de la montaña se extendían como una mancha imposible de quitar. Zécora lo sabía y, por eso, actuaba con cautela.
Desde que se instaló en el viejo castillo de las dos hermanas, había conseguido reunir un pequeño grupo de no más de treinta ponis que, por visicitudes varias, habían logrado evitar a los guardias oscuros. Desde jornaleros hasta ponis comunes y viajeros, Zécora era consciente de que no estaban en condiciones de luchar contra nada en esos momentos. Eran como un pequeño y débil punto de luz en la más negra oscuridad. Y lo único que podían hacer en esos momentos era aguantar y esperar.
-¿Crees que podremos tener alguna posibilidad, Zécora?
-No ahora mismo, más no debemos dejarnos llevar por el derrotismo. La paciencia es una virtud, y debemos entrenarla para conservar nuestra luz. La victoria llegará con el tiempo, pero por ahora debemos esperar a nuestro momento.
-¿Pero cuándo, cuándo llegará?
-Paciencia, por favor, no os dejéis llevar por el temor. La ayuda llegará desde fuera, estoy segura, ero debemos movernos con soltura. Espiar al enemigo nos ayudará a comprender mejor sus motivos.
Y eso era precisamente lo que más hacían, seguir a los guardias oscuros por el bosque y estudiar su comportamiento, además de vigilar con asiduidad la entrada al estanque espejo, de donde salían decenas y decenas de guardias nuevos cada hora, dirigiéndose a distintas partes de Ecuestria desde allí. Trixie era la que se encargaba de hacer esto, cosa que la aburría sobremanera, ya que quería entrar en acción, pero no podía hacerlo a riesgo de que la descubrieran.
-Maldita sea, esto es un muermo, tenemos la posibilidad de sellar la entrada para evitar que más de esas cosas sigan saliendo ¿por qué no lo hacemos?-inquirió la unicornio en ese momento, hablando con la cebra.
-Es una posibilidad, pero si lo hacemos nos descubrirán. Debes de tener fe, amiga mía, no lograrás nada con sólo osadía.
-Está bien, después de todo te debo mi vida. Gracias por sacarme de allí, Zécora, si no hubiera sido por ti…
-No lo pienses más, unidos no nos derrotarán.
Trixie quiso decir algo, pero en ese momento vio una figura familiar y, esbozando un gesto de terror, se escondió aún más entre los matorrales, comenzando a temblar de puro miedo. Zécora se agachó y, alzando un poco la cabeza, entonces la vio. Twilight había aparecido y se acercaba al guardia oscuro que guardaba la entrada, inquiriendo de seguido.
-¿Todo bien?
-Sin novedades, majestad, a cincuenta la hora.
-Bien, muy bien… pero si he venido es porque quiero haceros una pequeña modificación y comenzar a crear otro tipo de soldado. Y creo que tú eres el candidato idóneo.
-Será un honor, majestad.
Aunque en un principio las guardias oscuros no parecían ser más que cáscaras vacías con músculo, poco a poco comenzaron a desarrollar capacidad de habla y raciocinio, haciéndolos aún más poderosos si cabían.
Al punto, Twilight encendió su cuerno y envolvió al guardia con su magia por la parte superior de su lomo, haciéndole crecer un buen par de alas en cuestión de segundos y convirtiéndolo así en un pegaso. El rostro de Zécora al ver esto se alarmó, preocupada por lo que veía.
-Eso es, ya va siendo hora de que tengamos controlado el espacio aéreo. Ahora ve a multiplicarte, que no pare la cosa hasta que alcancéis la cifra de mil individuos como mínimo-indicó Twilight, esbozando una satisfactoria sonrisa.
-Sí, mi señora-asintió el guardia, agitando sus nuevas alas.
-En cuanto reúnas los suficientes poneros de camino a Manehattan, estamos preparando una ofensiva a Griffonstone y esos apestosos grifos pueden volar, por lo que vuestra presencia será importante para evitar que nadie escape.
-Así lo haremos.
-Muy bien.
Tras eso la alicornio lavanda fue a marcharse, echando antes una rápida mirada a su alrededor, y alzando el vuelo de vuelta a Canterlot.
Una vez solas de nuevo Zécora miró hacia Trixie, la cual lloraba en silencio muy agazapada y moviéndose erráticamente. Trató de calmarla, pero sabía que no podía quedarse quieta ante esa nueva información. Notó algo pequeño moverse justo a su lado y, al girar la cabeza, vio entonces una golondrina mirándola atentamente. Extendió una pata y el ave se posó en su casco, acercándola a su boca y susurrándola unas palabras en suajili. Acto seguido el ave emprendió el vuelo en dirección sur, perdiéndose más allá de las copas de los árboles.
Desde lo alto de la montaña de Canterlot, el ojo de Sauron lo veía todo extendiendo su haz de luz hacia distintas direcciones, coronado por densas y oscuras nubes.
El viaje hacia el este en dirigible continuó de manera lenta pero constante, llegando a bordear el sur de Zebraica tras tres días atravesando los mares lánguidos. Al fondo Ecuestria se podía ver envuelta en una perpetua oscuridad, y el destello de la mirada de Sauron se podía distinguir en la lejanía, pero al parecer no se había percatado de su presencia, al menos de momento.
Todas miraban el panorama completamente desoladas, viendo cómo algún que otro rayo coronaba las nubes pero sin soltar ni una sola gota de agua.
-Qué horror… no parece Ecuestria para nada-susurró en ese momento Fluttershy, con tristeza.
-No… me da rabia no poder hacer nada-masculló Rainbow, molesta.
-Espero que todo el mundo esté bien…-murmuró Applejack, con gesto preocupado.
En ese momento Rarity comentó.
-¿Vamos a parar en Zebraica, princesa?
-No, prefiero continuar, mucho nos estamos arriesgando como para detenernos ahora-explicó Luna, algo seria, pero en el fondo se lamentaba como el resto, o incluso más.
Contemplaron en silencio el paisaje mientras avanzaban, pero en ese momento algo zumbó en el aire y, al verlo, Fluttershy exclamó.
-¡Oh, una quelea! Qué bonita es…
Las demás alzaron la vista y vieron a la susodicha ave, que era del tamaño de un gorrión aunque algo más alta y estilizada, de pico rojo, ojos de igual color con irises negros y grandes, y un plumaje de colores entre grises y amarronados claros. El ave las observó atentamente y, en cuanto vio a Luna, se dirigió a ella; la princesa, al notarlo, alzó una pata y la quelea se posó en su casco, descansando sobre él durante unos buenos segundos. En cuanto estuvo más descansada, comenzó a piar y, por un instante, Luna juró que podía entenderla. Fue a decir algo, pero en ese momento Fluttershy exclamó.
-¡Oh, no!
-¿Qué pasa, qué ha dicho?-inquirió Rainbow, extrañada.
-¡Twilight se está haciendo muy fuerte por momentos, está montando un ejército de ponis alados para invadir Griffonstone!
La noticia fue recibida con gran nerviosismo, al tiempo que Luna frunció el ceño pensando a toda velocidad, mientras que la quelea se marchaba rápidamente.
-Debemos llegar ya a la tierra de los dragones… iré a cambiar el rumbo.
Sin embargo, antes de que se pusiese en movimiento, oyeron una serie de aleteos furiosos y, al segundo siguiente, se vieron rodeados por una numerosa bandada de cuervos que les eran terriblemente familiares.
-¡Oh, no, son los mismos cuervos que la otra vez!-exclamó Rainbow.
-¡Qué horror, dicen que van a avisar a Sauron!-anunció Fluttershy, horrorizada.
Luna se puso en movimiento y, de vuelta al puente de mando, desfijó el timón y viró de golpe para intentar espantarles, pero no sirvió de mucho, envolviéndolos rápidamente.
-¡Nos van a delatar como no hagamos algo!-masculló la pegaso multicolor.
-¡Maldita sea, no quiero hacerlo, pero no nos queda otra! ¡Morteros!-exclamó Luna.
Apretó entonces una palanca con su magia de las tantas que había y, de la parte delantera del dirigible, surgieron una serie de morteros que dispararon sus andanadas sin más demora, provocando un estruendo ensordecedor. El abrupto sonido sirvió para espantarlos, dejándolos solos rápidamente. Los proyectiles de los morteros cayeron hacia abajo sin ningún objetivo en mente, perdiéndose en la lejanía rápidamente.
Por un momento no hubo nada, extendiéndose un abrupto silencio; al segundo siguiente, una súbita luz roja se echó sobre ellos. Y entonces los vio.
-Al fin…-se oyó entonces la grave voz y ominosa voz desde la distancia.
-¡Maldición!-musitó Luna, contrariada.
Maniobró erráticamente en un intento por despistarle, pero supo al instante que no tenía nada que hacer, estaban en el aire, y eso les convertía en un blanco extremadamente fácil de detectar. Por lo que, sin otra posibilidad, exclamó.
-¡Preparaos para la batalla, esas fuerzas especiales estarán aquí enseguida!
Las chicas se pusieron en movimiento rápidamente, armándose enseguida, aunque no sin algo de nervios. Hasta ahora habían estado practicando entre ellas junto a Luna en entrenamientos controlados, mejorando sustancialmente, pero ahora sería cuando combatirían por primera vez. La que menos intimidada se veía era Rainbow, con un gesto de determinación y furia en su rostro, y la que más asustada estaba era Fluttershy, asiendo su arco con miedo.
En poco menos de quince minutos pudieron ver los primeros pegasos acercándose a ellas, Luna en ese momento avisó.
-¡Voy a intentar mantenerlos alejados con los morteros, pero estad atentas, que no nos aborden!
Nada más decirlo, los morteros rugieron y varias andanadas describieron una cerrada curva hacia arriba antes de caer hacia ambos lados del dirigible, extendiendo dos cortinas de fuego picado entre ellos y los pegasos. Algunos se replegaron rápidamente y otros fueron alcanzados por las andanadas, Luna arovechó entonces para usar los cañones de andanada laterales para atacar a distancia y mantenerles alejados el mayor tiempo posible mientras seguían avanzando. La costa sureste de Zebraica comenzaba a recortarse bajo ellos, y al fondo del todo, a varias millas de distancia, se podía distinguir la tierra de los dragones a media distancia del océano imperecedero.
Varias andanadas laterales lograron mantener alejados a los pegasos, logrando dar a algunos en el proceso y derribándolos. Desde Canterlot, Twilight lo veía todo compartiendo su visión con la de Sauron, mascullando de seguido.
-Van bien armadas… ¿de dónde habrán sacado ese dirigible?
-No lo sé, pero nos interesa hacernos con él, podría ser interesante de cara a las defensas aéreas. ¡Segundo pelotón, atacad!-ordenó Sauron.
Al punto, otra oleada de pegasos surgió desde otro punto del cielo, dirigiéndose hacia ellos rápidamente. Otra andanada lateral se enfrentó a ellos, pero ésta vez maniobraron rápidamente y esquivaron a tiempo la andanada, lanzándose sobre el casco de la nave aérea.
-¡Cañones ligeros!-exclamó Luna, activándolos.
Varios cañones ligeros dispuestos en las cuatro esquinas del casco del dirigible dispararon rápidamente unos proyectiles de lo más veloces que llegaron a alcanzar a un par, pero no pudieron evitar que varios alcanzaran el casco, subiendo a cubierta e invadiendo la nave.
-¡A luchar!
Los primeros en moverse fueron Rainbow y Applejack, desde donde estaba la pegaso lanzó varias flechas que alcanzaron sus objetivos, pero no cayeron al ser muy duros e ir ensutados en gruesas armaduras. Dos de ellos fueron a contraatacar, pero entonces Applejack se adelantó y les asestó dos fortísimos golpes con su hacha, para acto seguido rematar a un tercero con una coz reforzada con sus botas tan fuerte que le rompió las alas y le tiró por la borda.
-¡Madre mía, AJ, eres un tanque!-exclamó Rainbow, asombrada.
-¡No te distraigas, dulzura!
Varias flechas más volaron hacia el otro lado de la cubierta, Fluttershy trató de atacar, pero estaba tan nerviosa y muerta de miedo que se olvidó tensar su arco, viendo como uno de esos pegasos oscuros se abalanzaba sobre ella. Antes de que le alcanzara, apareció Rarity de improviso y le asestó varios tajos con su espada que le dejaron fuera de combate rápidamente.
-¡Muévete, querida!-masculló la unicornio, concentrada.
Rainbow llegó a tiempo y la cubrió, mientras que Applejack y Pinkie se replegaron juntas y atacaron con todas sus fuerzas hacia delante, abriendo una brecha en su ofensiva. En ese momento oyeron una voz familiar indicando.
-¡Agachaos!
Obedecieron diligentemente y un súbito rayo mágico potentísimo peinó la cubierta limpiándola de un plumazo y sin dejar nada salvo restos de cristales y armaduras rotas. Miraron hacia el acceso lateral delantero y vieron a Luna en su umbral con su cuerno echando humo y jadeando debido al esfuerzo.
-¡Eso ha sido una pasada, princesa!-musitó Rainbow, encantada.
-Gracias, Dash, pero esta pasada cansa… no veo más, metámonos dentro y hagámonos fuertes, rápido.
Todas se escondieron en el interior del dirigible y éste cambió el rumbo, dirigiéndose hacia mar abierto.
-¡Maldición, se nos van!-musitó Twilight, enfurecida.
-Tranquila, dejémosles ir-murmuró Sauron, muy tranquilo.
-¿¡Qué?! Pero…
-Piensa un poco ¿qué es lo que has visto?
-Pues… un dirigible armado fuertemente y ellas con armas de guerra al uso. Oh, pues claro-masculló Twilight.
-Bien, veo que lo has entendido. Ésta escaramuza sólo ha sido un tanteo, para ver su potencia de fuego y sus habilidades de combate. El único impedimento real es el dirigible, sin él están casi acabadas. Así que lo único que nos resta es esperar…
-Comprendo, atacaremos de noche… bien, bien…-murmuró Twilight, entendiendo un poco mejor la mentalidad de su señor.
-Exacto. Se trata de hacerles creer que han ganado, para luego asestar el golpe de gracia. Sigámosles de cerca.
El resto de la tarde pasó rápidamente mientras paliaban distancias con la tierra de los dragones, la cual se veía cada vez más cerca conforme se aproximaban; tras hacer cálculos, Luna anunció.
-Bien, pues llegaremos allí mañana por la mañana si mantenemos el rumbo y la velocidad de crucero.
-Genial, aunque… ¿qué hay de los pegasos oscuros esos?-inquirió Rainbow, ceñuda.
-No lo sé, a mí también me ha extrañado que dejaran de atacar, será mejor que no bajemos la guardia, no descarto algún tipo de estrategia por parte de ese Sauron.
-De acuerdo.
La noche se echó rápidamente y Luna dio el correspondiente empujoncito a su astro, brillando débilmente en el cielo en una fase menguante, casi nueva. Ella se quedó de guardia en el puente de mando, dirigiendo la nave, mientras que las demás se retiraron a descansar pero con sus armas a los pies de sus camas, por si las moscas. Rainbow fue la única que no descansó, patrullando por las cubiertas de babor y estribor, y oteando el horizonte sin apenas ver casi nada.
Tras dar varias pasadas sin detectar ninguna anomalía, regresó al puente de mando para estar un rato con Luna.
-Ninguna novedad, princesa.
-¿Dash? Pensé que estarías descansando junto con las demás…
-No, preferí quedarme despierta, sólo por si acaso. Me sigue extrañando que dejaran de atacar así sin más…
-Sí, es sospechoso quieras que no… además, la noche está muy tranquila. Demasiado tranquila.
-¿Verdad? Sin apenas luna no se ve nada, es como si lo hubiera pensado de antemano…
-Sí…
Hubo un momento de silencio en el que se miraron fijamente, diciéndoselo todo en nada. Azuzaron el oído y les pareció escuchar unos pasos en el interior del dirigible. Por un instante pensaron que se trataba de alguna de las demás, que estaban levantadas. Pero los pasos se oían demasiado claros y fuertes como para ser un poni de tamaño y peso estándar. Fue entonces cuando lo comprendieron.
-Están aquí-musitó Rainbow en un susurro.
Nada más decirlo oyeron a Rarity chillar y, al segundo siguiente, se movieron rápidamente.
-¡Ve a por ellas, rápido, coged todo lo que podáis y dirigíos al almacén que hay a popa, cerca de la escotilla!-indicó Luna.
-¿¡Y usted?!
-¡Luego me reuniré con vosotros, ahora ve, corre!
Rainbow salió disparada y Luna se quedó en el puente, fijando el timón con su magia y preparándose para defenderse; pocos segundos después, varios pegasos oscuros irrumpieron en el puente, amenazándola. Luna conjuró con su magia una espada onírica y la blandió hacia delante, ya que no estaba en condiciones de disparar otro rayo mágico igual de potente que el de la última vez. Varios trataron de atacarla a la vez, pero ella se defendió rápidamente para asestarles luego un par de tajos a la altura del pecho y el cuello. Al contrario de lo que parecía a simple vista, no eran ponis reales, sino una especie de construcciones hechas de cristal y magia muy oscura.
Se quedó cerca del timón y se fue moviendo mientras tanto, dejando un poco de espacio para la improvisación y comprobar una cosa más; cada vez que se alejaba, los guardias oscuros trataban de alcanzar el timón, pero ella los despachaba rápidamente, lo que la cercioró de sus intenciones. Intentaban apoderarse de la nave. Y no lo podía permitir.
-En ese caso… no me queda otra opción.
En cuanto despachó al último, se acercó al cuadro de mandos y apretó una combinación de botones antes de marcharse de allí rápidamente en dirección hacia el almacén de la popa. Un pilotito mágico comenzó a parpadear lenta y disimuladamente, al tiempo que más guardias oscuros invadían el puente, pero Luna ya no estaba ahí para entonces.
Atravesar el interior del dirigible fue sencillo, no se encontró con muchos guardias, básicamente porque las chicas ya los habian despachado, viendo multitud de pedazos repartidos por casi todos los rincones. Llegó al lugar y cerró tras de sí, encontrándose con ellas allí.
-¿Habéis podido afanar algo? ¿Tenéis vuestras armas con vosotras?
-Sí, en cuanto a lo demás sólo hemos podido coger unas pocas provisiones, algo de munición para los arcos y un saquito de oro-explicó Rarity.
-¡Suficiente, tenemos que salir ya de aquí, ayudadme con estas cajas, rápido!
Mientras tanto, en el puente de mando, la gran mayoría de guardias oscuros alados se habian reunido allí, fue en ese momento cuando Twilight contactó con ellos.
-¿Os habéis hecho con el control de la nave?
-Estamos en ello, majestad, han fijado el timón, pero lo desatrancaremos en breve.
-Bien… ¿y mis amigas? ¿Y Luna?
-Un pelotón fue a por ellas, pero todavía no han vuelto. La alicornio no ha vuelto a aparecer.
-Puede que hayan ofrecido resistencia, id a por ellas, quiero que os volváis con el dirigible y los elementos a buen recaudo.
-Sí, majestad. Vosotros cinco, id a buscarlas.
Los guardias oscuros alados fueron a por ellas, dirigiéndose al interior y poniéndose a buscarlas; el que contactó con Twilight se quedó allí con unos pocos más, aunque en ese momento vio resplandecer al piloto y lo miró con expresión neutra, sin saber muy bien lo que era. En ese momento el timón se desfijó y uno de ellos anunció.
-Ya está.
Y, acto seguido, todo estalló. El helio albergado en las bolsas de gas reventó debido a una chispa provocada por la barra del timón al desatascarse, destruyendo por completo el dirigible y toda su maquinaria bélica incorporada en una gran bola de fuego y humo.
Desde Ecuestria Sauron dejó escapar un grito contrariado, lleno de ira.
-¡No, no puede ser! ¿¡Por qué ha explotado?!
-¡El piloto, maldición, un sistema de autodestrucción! Nos la han jugado…-masculló Twilight, rechinando los dientes.
-¡Maldita sea, lo teníamos en nuestro poder, ahora no podremos replicarlo!
-Calma, tenemos otros muy parecidos aquí en Canterlot, lo único es que no estaban armados como el que acaba de estallar…
Eso pareció calmar de cierta forma a Sauron, el cual murmuró.
-Bueno, no está todo perdido en ese caso… aun así no me gusta que me tomen por tonto, se la guardaré.
-Paciencia, todo llegará, por ahora centrémonos en Griffonstone, está todo ya preparado, partiremos mañana.
-Bien, bien… algo bueno tenía que tener todo esto.
A miles de kilómetros de allí, el océano imperecedero estaba en calma y sin apenas olas que agitaran su superficie, siendo una noche fría y silenciosa; sin embargo, de golpe y porrazo, algo cayó de improviso del cielo y chapoteó en el agua, acompañado de una serie de gritos que enmudecieron en cuanto tocaron el agua. Una barca de salvamento amarilla flotó dejadamente en el agua, con seis ponis en el interior jadeando con expresiones entre de terror y alivio en sus caras.
-¡Eso ha estado muy cerca!-masculló Applejack, atacada.
-¡Por un momento ha pasado mi vida entera delante de mí!-exclamó Pinkie, igual de alterada.
-Menos mal que caímos a tiempo…-añadió Rainbow.
-Decidme una cosa ¿cómo es que no nos hemos roto todo?-inquirió en ese momento Rarity.
-Reduje velocidad de caída con mi magia antes de llegar al agua, si no hubiera sido por eso nos hubiéramos matado-explicó Luna rápidamente.
-Menos mal…
Hubo un breve silencio en el cual todas recuperaron el resuello tras la caída, aunque en ese momento Pinkie comentó.
-No se ve… no nos han visto caer.
-¿Qué?
-¡Sauron, Sauron no nos ha visto, hemos pasado desapercibidos!
Y era cierto, puesto que desde donde estaban no se veía por ninguna parte el destello de su mirada, evidenciando que los había perdido de vista. Eso tranquilizó sobremanera a Luna, la cual se relajó por primera vez desde que salieron de Alicornia.
-Vale, menos mal, pondremos rumbo a las tierras de los dragones en cuanto estemos más tranquilas…
-Sí, mejor…
Sin embargo estaban tan cansadas del día tan largo que habian tenido, que no pudieron evitar caer dormidas, dejando que la corriente se llevara la barca hacia tierra.
A la mañana siguiente, la luz apagada del sol despertó a Luna, además de varias voces que parecían estar cuchicheando entre sí; en cuanto entreabrió los ojos vio las figuras de varios dragones no muy grandes mirándolas atentemente con cara de pocos amigos.
-Vaya, vaya, por fin se despierta la princesa durmiente…
-Agh… qué…
-¿Qué habéis venido a hacer aquí, ponis?
-Parlamentar… sólo queremos parlamentar…-murmuró ella, aún algo desubicada.
-Así que parlamentar… interesante, me pregunto qué opinará Lord Torch al respecto…
La alicornio oscura quiso responder, un tanto mareada, pero en ese momento una sorprendida voz pareció dirigirse hacia ellas directamente.
-¡Princesa Luna! ¡Rarity, chicas! ¿¡Qué ha pasado?!
-¿Las conoces, Spike?
-¡Claro que sí, son amigas mías de Ecuestria!
Luna terminó de aclararse y, en cuanto alzó la mirada, vio a un dragón adolescente de tamaño medio y con una incipiente musculatura marcando su físico, además de dos alas en su espalda. Sus escamas eran de color lavanda, con algunas verdosas en el lomo y la cabeza, y sus ojos eran de color verde intenso.
-¿Nos conocemos?-inquirió en ese momento ella, extrañada.
Sus palabras parecieron tener un efecto chocante en el dragón, el cual abrió los ojos como platos en un gesto incrédulo, al tiempo que murmuraba.
-¿Qué? ¡Pues claro que sí! ¡Princesa Luna, soy yo, Spike!
-No sé quién eres… ¿debería conocerte?-inquirió ella, ceñuda.
-¡Por supuesto, iba siempre con Twilight, la ayudaba en todo momento, vivía con ella!
-¿Conoces a Twilight? el caso es que ella nunca ha tenido un dragón a su cuidado…
-¿¡Cómo que no?! ¡Siempre iba con ella, nací a su lado!
En ese momento las demás se despertaron, un tanto aturruladas, y el tal Spike se dirigió a ellas.
-¡Chicas, soy yo, Spike, decidme que os acordáis de mí!
-¡Ah, un dragón!-exclamó Rarity, al verle.
-¡Oh, vaya, es un dragón adolescente, qué fascinante!-murmuró Fluttershy, repentinamente interesada.
-¡Genial, nunca antes había conocido a un dragón! ¡Hola, Spike, soy Pinkie Pie, te haría una fiesta de bienvenida, pero me temo que no tengo con qué ahora mismo!
-¡Mola, dragones, siempre he querido conocerlos! Aunque no os véis muy duros…-murmuró Rainbow, ceñuda.
-¿¡Qué has dicho, poni de colorines?! ¿¡Acaso quieres ver lo duro que soy?!-le espetó en ese momento otro de color rojo intenso y escamas anaranjadas.
-¡Tranquilo, Garble, no la hagas caso, sólo quiere provocarte!-le dijo Spike, con gesto queda.
-¿Y tú dices que las conoces? Ellas no parecen saber quién eres, debieron de olvidarte muy rápidamente…-murmuró otro dragón, más corpulento y de color grisáceo ceniciento.
-No puede ser, estábamos muy unidos, éramos como familia…-murmuró Spike, apenado.
-Ahora tu familia somos nosotros, Spike ¿o acaso te has olvidado de quien te ayudó? Si no hubiera sido por nosotros y te hubiéramos traido aquí, nunca hubieras conocido a tu familia…-le espetó Garble, un tanto molesto por su actitud.
-Lo sé, lo sé, y os lo agadezco muchísimo, chicos, de verdad, pero aun así ellas me acogieron cuando era pequeño…
Antes de que alguien más dijera algo, Applejack se adelantó y murmuró con voz queda.
-Discúlpanos, dulzura, pero es que no sabemos quién eres, si hubiéramos conocido a algún dragón nos acordaríamos, eso por descontado.
-Pero… pero… no puede ser… ¿por qué?-masculló Spike, ofuscado.
Luna quiso decir algo, extrañada por su insistencia, sin embargo Garble cortó por lo sano rápidamente.
-¡Suficiente! ¡Son ponis que han entrado en tierra de dragones sin nuestro consentimiento, llevémoslas ante Torch y que él decida lo que hacer!
Sus palabras fueron recibidas por vítores, exclamaciones y silbidos de aprobación, y antes de que pudieran reaccionar, se vieron azuzadas por ellos de mala manera. Rainbow quiso contestar a su manera, haciendo amago de coger su arco, pero Luna la frenó antes de que hiciera nada, dejándose hacer por ellos y poniéndose en marcha.
La tierra de los dragones destacaba por ser árida y muy escarpada, ya que era de origen eminentemente volcánico y se notaba desde el primer momento, con fumarolas por todas partes, un apestoso olor a azufre que las hizo arrugar el hocico y un ambiente un tanto oscuro y deprimente. En cuanto a orografía se refería eran muy frecuentes los lahares, como consecuencia del desplazamiento de tierra originado por las erupciones, agudas cuencas y pronunciadas quebradas. Se estuvieron moviendo por muchos de estos sitios hasta llegar a lo que parecía una inmensa caldera volcánica, donde los dragones tenían su hogar.
La caldera tendría, a lo sumo, unos veinte kilómetros de diámetro y otros veinte de altura, con unas paredes pronunciadísimas y muy escarpadas; el interior de la misma era un gran valle mucho más plano y sin apenas vegetación, en el cual el pueblo dragón había levantado un curioso asentamiento compuesto de rocas y madera, aunque sus principales moradas eran las interminables cuevas que copaban la caldera a lo largo y ancho de su extensión, con multitud de galerías que acababan interconectadas las unas con las otras y que llegaban muy profundo de las entrañas del antiguo volcán que alguna vez estuvo ahí y acabó colapsando, formando así la caldera.
Bajaron al interior de la misma y se acercaron al centro de la misma, donde otros dragones se encontraban y viéndolas llegar, mirándolas con gesto desdeñoso y cuchicheando entre ellos. Y es que nunca había habido relaciones cordiales entre ponis y dragones ni con otra raza existente en Equus. Caracterizados por su estilo de vida rudo y agresivo, los dragones siempre habían tendido a hacer piña entre ellos y no confiar en nadie, volviéndoles una raza irascible y muy difícil de tratar. Su gran fuerza, su capacidad de lanzar fuego por la boca, volar y su particular resistencia a la magia les volvían unos oponentes formidables. Y si por lo que fuera acababan enemistándose con ellos, la victoria contra Sauron sería muy difícil de conseguir.
-¡Llamad a Torch!-exclamó en ese momento Garble.
-¡Sí, que venga Torch!
-¡Te invocamos, oh gran Lord Dragón Torch!
Al principio no ocurrió nada, esperando en el centro con gestos apremiantes; nadie se percató de la presencia de un enorme pozo justo al lado de donde estaban, aunque en ese momento comenzó a oírse un ligero murmullo proveniente del interior de la tierra que fue aumentando de intensidad conforme fue pasando el tiempo. Las ponis se asustaron, exclamando de seguido.
-¡Un terremoto!
-¡El volcán, va a estallar!
-¡No, tranquilas, no pasa nada!-las tranquilizó Luna.
Antes de que pudiera explicarse siquiera, una gigantesca figura surgió de improviso desde el ancho pozo, revelándose como el dragón más grande, fiero e imponente que habían visto nunca. Con unas dimensiones tremendas, casi tan alto como la propia caldera o quizás un poco más, era un dragón con escamas azuladas, ensutado en una tosca armadura, gruesos y prominentes cuernos que surgían de su cabeza hacia abajo, como si fueran unos enormes colmillos, alas enormes anaranjadas, una bocaza por la que podría caber un dirigible como el que tenían antes, y una curiosa corona en su cabeza en la que estaban incrustadas unas brillantes gemas rojas.
Aun a pesar de su tamaño sólo vieron la parte superior de su cuerpo asomándose por el profundo pozo, mirando a sus súbditos con un gesto molesto grabado en su cara; todos se arrodillaron ante él, incluída Luna, lo cual hizo que las demás lo hicieran en consonancia. Fue entonces cuando Torch habló.
-¿¡Quién me reclama?! ¡Estaba abajo echándome una reparadora siesta, espero que haya una buena razón!
-¡La hay, oh gran Lord Dragón Torch! ¡Hemos encontrado cerca de nuestras costas a estos ponis que han entrado en nuestra tierra sin autorización!-exclamó Garble, exponiéndole los motivos.
Ante eso el ceño de Torch se frunció, inclinándose sobre las susodichas entornando sus ojillos amarillos y fijándose bien en ellas hasta que vio una figura que le era familiar.
-¡Vaya, vaya, vaya, pero si es la pequeña princesa poni Luna de Ecuestria! ¿Qué hace usted aquí, alteza? No recuerdo haberla invitado…
-¡Así es, oh gran Lord Dragón Torch, y no hubiera venido si no hubiera sido previamente invitada por usted! ¡Si estoy aquí es porque ha sucedido algo en mi tierra y he querido venir a aquí a parlamentar con usted!
-¿Parlamentar? ¡Ja, ésta es buena! ¿Y por qué querría hacer yo eso después de todos estos años? ¡Quedamos que nos dejaríamos mutuamente en paz! ¿Acaso eso no es suficiente?-inquirió Torch, ceñudo.
-¡Conozco muy bien el tratado de no agresión que acordamos entre todos los pueblos occidentales, oh gran Lord Dragón Torch, pero ahora la situación ha cambiado! ¡Me temo que he perdido el control de mi reino y ahora está en manos de una fuerza de gran poder que desconocemos!-explicó Luna.
-¿¡Qué?! ¡No puede ser! ¿¡Y Twilight?! ¿¡Por qué no está con vosotras?!-inquirió Spike, alarmado.
Antes de que la alicornio oscura pudiera decir nada, Torch impuso silencio dando un golpe al suelo, notándose como un ligero y muy abrupto temblor, y hablando justo después.
-¡Silencio! ¿Qué ocurre, Spike, a qué viene semejante despropósito?
-¡Disculpe mi intromisión, oh gran Lord Dragón Torch, pero desconocía por completo algo semejante! ¡Sabe muy bien que vengo de allí y estuve un tiempo viviendo con estas ponis, si me lo permite me gustaría saber más de esa situación que la princesa Luna alude!
-¡Sé muy bien de dónde vienes y las circunstancias de tu nacimiento, aun así te acogí en mi seno y te di la oportunidad de reunirte con tu familia, pero eso se quedó sin resolver! ¿¡Por qué un huevo de dragón fue a parar a cascos ponis?! ¡Exijo una explicación!-masculló Torch, dirigiéndose a Luna.
Ante esa pregunta la susodicha no supo muy bien qué responder, mirando a Spike con gesto de circunstancia y viéndose en una situación que no había previsto para nada. Aun así se armó de valor y comenzó a hablar.
-¡Me temo que no puedo responder a eso, oh gran Lord Dragón Torch, puesto que no conozco para nada a su súbdito Spike, es la primera vez que lo veo!
-¿¡Por qué?! ¡No puede ser, es imposible! ¿¡Por qué no me recordáis?!-masculló Spike, desolado.
-Lo siento, muchacho, pero es la verdad… no sabemos quien eres… sin embargo conoces a Twilight ¿de qué la conoces?
-¡Porque fue ella quien me hizo romper el cascarón! ¡Nací gracias a ella y me estuvo cuidando desde entonces!
-¡Un poni haciéndose cargo de un bebé dragón, es inaudito! ¡Cuando llegó por primera vez no podía creer su historia, pero entonces hablé con dos de mis súbditos y pude confirmarlo, perdieron su huevo en una migración! ¿¡Qué hacía un huevo de dragón en cascos ponis?!-le espetó Torch a Luna, muy enfadado.
-¡No lo sé, de verdad, oh gran Lord Dragón Torch! ¡Mi hermana quizás pueda responder a su pregunta, pero me temo que no está aquí ahora!
-¿¡Y dónde está la princesita Celestia si se puede saber?! ¡Tiene que responder por el crimen cometido!-exclamó Torch.
-¿¡Qué, crimen?! ¡Nosotras no hemos hecho nada!-exclamó Rainbow en ese momento.
-¡¿Cómo que no?! ¡Secuestraron un huevo de dragón, negaron el crecimiento a un dragón recién nacido, que tiene que estar con otros de su misma especie para desarrollarse como es debido, y encima tienen la poca decencia de decir que no saben nada! ¡Indignante!
Los ánimos comenzaban a caldearse, sumándose el resto de dragones a la rabia de Torch, mirándolas con malos ojos. Luna comenzó a sudar frío, viendo que la cosa no iba bien. No sabía de dónde había salido Spike y por qué insistía que las conocía, pero una cosa era segura. Había algo raro en todo esto.
-¡Lo siento de veras, oh gran Lord Dragón Torch, pero realmente no sabemos nada al respecto!-exclamó ella, sin saber qué más decir.
Eso pareció encender a Torch, el cual gruñó por lo bajo antes de gritar.
-¡Suficiente! ¡Si no teneis nada más que decir a vuestro favor, me temo que vamos a tener que aplicar nuestras propias normas!
Ahí fue cuando Luna se asustó, sintiéndose acorralada y sin saber qué más hacer; las demás también se estremecieron, viendo hacia dónde se dirigía todo. Los demás dragones comenzaron a clamar y pedir sus cabezas, sin embargo en ese momento Spike se adelantó e inercedió por ellas.
-¡No! ¡Por favor, oh gran Lord Dragón Torch, perdonadlas la vida, debe de haber alguna explicación para tan anormal situación! ¡Puedo asegurar que yo las conozco, aunque ellas digan lo contrario, y dudo mucho que se hayan olvidado de mí así sin más! ¡Algo ha debido de pasar!
Las palabras de Spike dieron qué pensar a Luna, viendo que de cierta manera coincidían con lo que hacia sucedido en Ecuestria como tal; fue entonces cuando algo se asomó a su cabeza y, sin dudar, se dirigió a él.
-Spike… no te conozco de nada, pero está claro que tú a nosotras sí, y muy bien, y si conoces a Twilight y dices haber crecido en Ecuestria mereces saber lo que ha pasado. Ha habido una sublevación en el reino y ha caído en manos de una fuerza muy poderosa y desconocida.
-¿¡Qué?! ¿¡Por quién?!-inquirió él, horrorizado.
-Por… por la propia Twilight.
Ésta vez fue el turno del dragón en esbozar una mirada incrédula, lo que aprovechó Luna para seguir explicando.
-Tu mirada no miente, realmente la conoces, y entonces sabrás tan bien como yo que ella no sería capaz de hacer algo semejante. Ha sido corrompida, Spike, una presencia malévola conocida como Sauron la ha lavado la cabeza y la ha hecho apoderarse de todo el reino para él. No sé por qué ni para qué, pero una cosa es segura, y tus palabras me han hecho darme cuenta. Que no te reconozcamos está relacionado con el cambio de actitud que tuvo Twilight antes de caer en las garras de la oscuridad. ¿Te suena de algo?
Las palabras de la princesa parecieron tener cierto efecto en el dragón, el cual tras un momento de cavilo, comenzó a relatar.
-Sí es verdad lo que dices, puesto que recuerdo sus constantes cambios de humor antes de marcharme. Al principio no quería dejarme ir, mostrándose inflexible, pero luego me dejó marchar muy rápidamente, como si algo la hubiera hecho cambiar de opinión en poco menos de un día. Tras un tiempo con Garble y sus amigos quiso que volviera con ella, pero cometí algo impensable para vosotras las ponis, y supe que no podía volver. Quise encontrarme a mí mismo, para luego volver en cuanto estuviera preparado. Pero ahora vosotras no parecéis recordarme…
Las palabras de Spike dieron qué pensar a todos por igual, pero para Luna estaba ya todo claro; de alguna forma, Sauron estaba relacionado con esa extraña situación. Sin embargo había un problema.
-¡Pero eso no demuestra nada! ¡Pura palabrería sin fundamento! ¿¡Por qué defiendes a quienes te apartaron de los tuyos así, Spike?!-masculló Torch.
-¡Porque son parte de mi vida! ¡Jamás podré agaradecerle lo suficiente todo lo que ha hecho por mí, oh gran Lord Dragón Torch, pero no puedo dejar que ellas paguen por lo que ese Sauron ha hecho! ¡Sé que Twilight nunca me hubiera hecho nada malo que me hubiera podido perjudicar, y sea lo que sea lo que haya pasado, es algo ajeno a ellas! ¡Perdónelas la vida, por favor!
Las palabras de Spike fueron recibidas por los suyos con gran incertidumbre, sin esperar para nada un devenir semejante; Torch, ceñudo y no del todo convencido, inquirió.
-¿¡Y quién responderá por lo sucedido?!
-¡Yo mismo! ¡Demostraré que la razón por la que no me recuerdan es por ese Sauron y limpiaré el buen nombre de Celestia!
Esas palabras cogieron desprevenidas tanto a Luna como a las demás, que miraron al dragón con extrañeza y sintiendo que, en el fondo, podría ser verdad que lo conocían. Una amistad así, tan férrea y decidida, sólo podría habérsela enseñado un habitante de Ecuestria.
Ante esas circunstancias Torch no tuvo más remedio que tomar la palabra a Spike, murmurando de seguido.
-¡Muy bien, Spike, en ese caso tendrás que demostrar tus palabras con hechos! ¡Prueba lo que dices, y el agravio quedará perdonado!
-¡Muchas gracias, oh gran Lord Dragón Torch!
Luna respiró más tranquila, aunque en ese momento aprovechó para comentar.
-¡Sin embargo el poder de ese Sauron es muy real! ¡Está armando un ejército, oh gran Lord Dragón Torch, y es cuestión de tiempo que pose su mirada en su tierra! ¡Sé que los dragones sois muy fuertes y resistís a la magia sin muchos problemas, pero ésta es una fuerza que desconocemos y que podría hacerse con todo el mundo si le damos la oportunidad!
-¿¡Y qué?! ¡Si viene que venga y nos defenderemos, no necesitamos la ayuda de nadie!
-¡Pero es el mundo quien necesita vuestra ayuda para luchar contra él! ¡Formemos una alianza, oh gran Lord Dragón Torch, y de ésta forma podremos derrotarle y expulsarle de Ecuestria! ¡Hagámoslo todos juntos!
Las palabras de Luna sorprendieron por primera vez a Torch, quien la miró incrédulo como si no hubiera oído bien; los demás dragones también se quedaron a cuadros, sin saber muy bien qué pensar, pero en ese momento Torch se rió socarronamente, resonando su risa por las paredes de la caldera.
-¿¡Y por qué deberíamos aliarnos si se puede saber?! ¿¡Nos ha pedido alguien algo antes?! ¿¡Nos han dado algo a cambio, hemos recibido los respetos de otras razas?! Ah, no, espera, que no lo ha hecho nadie. Y en ese caso yo no tengo por qué hacerlo.
-¡Es verdad que en el pasado no nos portamos bien con vosotros y se cometieron muchos errores, pero ahora eso puede cambiar! ¡Ecuestria nos necesita, Equus nos necesita!
-¿¡Y qué va a hacer?! ¿¡Hablar con los grifos, los minotauros, los centauros?! ¿¡Qué cree que la van a decir?! ¡Es usted demasiado ingenua, princesa Luna! ¡No es nuestro problema!
-¡Pero su poder es muy real!-insistió Luna, desesperada.
-¿¡Casi tan real como lo del secuestro de Spike?! ¡No me haga reír!
Fue en ese momento cuando el susodicho reaccionó, anunciando de seguido.
-¡En ese caso si la razón por la que me recuerdan es real, esto también! ¡Demostraré ambas cosas si para ello tengo que ir a hablar con otros reinos! ¡Yo mismo seré su representante!
Eso dejó aún más descolocados a los dragones si cabían, mirando a Spike como si no le conocieran o no supieran quien era en realidad; Torch gruñó por lo bajo, molesto por su actitud a la defensiva, pero al haberle dado su visto bueno anteriormente no tuvo más remedio que ceder ante esto también.
-¡Está bien, está bien, sea! ¡Oh, por los huesos de mi padre, éste es un día de locos! ¡Si no hay nada más me retiro ya, tanto hablar me está dando dolor de cabeza! ¡Haz lo que consideres oportuno, pero que no nos exponga a un conflicto abierto! ¡No pienso luchar las batallas de nadie! ¿¡Lo has entendido?!
-¡Sí, oh gran Lord Dragón Torch!
-¡Muy bien, adiós a todos!
Tras eso Torch volvió a meterse por el pozo, sin volverse a ver, y el resto de dragones, mirándose con gestos confundidos en sus caras, se cruzaron de hombros y se desperdigaron, volviendo a sus quehaceres. Garble y sus amigos se acercaron a él, hablándole directamente.
-No te reconozco, Spike. No sé por qué haces todo esto, pero espero que sea por una buena razón…
-No te preocupes, Garble, yo me encargaré de todo, palabra.
-Mientras no contradizcas las órdenes de Torch, haz lo que quieras, tú mismo. Que te vaya bien.
Finalmente se marcharon ellos también, dejándoles a todos solos y mirándose con cara de circunstancia; Luna fue la primera en hablar.
-Gracias por todo, Spike, nos has sacado de un grave aprieto. Sigo sin saber quién eres, pero está claro que nos conoces, por lo que nosotros también debemos conocerte, aunque no lo recordemos.
-¡Sí, eso ha sido increíble, te has parado ante ese gigantón como un valiente, eso me gusta, tienes agallas!-exclamó Rainbow, impresionada.
-Al principio me temí lo peor, pero al final has resultado ser todo un caballero para ser un dragón, llegas a ser incluso adorable-añadió Rarity, encantada.
-Ah, gracias, chicas, no ha sido nada, no podía dejaros en la estacada-murmuró Spike, sin dudar.
-Aunque lo que decía Torch… ¿es cierto? ¿Tu huevo apareció en Ecuestria?-inquirió en ese momento Fluttershy, preocupada.
-¡Eso es todo lo que sé! Según Twilight fui el resultado de una prueba en la academia de unicornios talentosos de Canterlot, tuvo que abrir mi huevo y lo consiguió, naciendo así.
-Sí, me suena de que hay pruebas semejantes, pero usar un huevo de dragón… qué extraño ¿de dónde lo sacaría mi hermana?-se preguntó Luna, intrigada.
-Ni idea, Twilight no sabía nada, pero el venir aquí me hizo mucho bien, me permitió conocer a mis padres y saber más de mí mismo ¿sabeis que los dragones necesitan de otros dragones para crecer y madurar? Es parte de nuestra fisionomía, durante mi tiempo en Ecuestria no crecí nada debido a esto, pero al poco de llegar aquí mi cuerpo comenzó a cambiar. ¿No es genial?
-Ya veo…
Spike las llevó a unas cuevas cercanas a la pared septentrional de la caldera, donde las presentó a sus padres, dos dragones de gran tamaño de color verde y morado respectivamente. Aunque al principio se mostraron molestos con la decisión de su hijo, finalmente le permitieron partir junto con ellas.
-¡Parece mentira que quieras ir con ellas, hijo! Pero ya eres lo suficientemente mayor como para tomar tus propias decisiones, así que no te vamos a obligar a quedarte-murmuró su padre.
-¿De verdad?
-Así es, después de todo cada dragón decide qué hacer con su vida, y nosotros no vamos a ser menos contigo… aunque sí es verdad que nos gustaría tenerte algo más de tiempo en casa, sobre todo yo-admitió su madre.
-No te preocupes, mamá, volveré de una pieza, ya lo verás.
Sin embargo, en ese momento entró en la cueva una dragona de la misma edad que Spike, de escamas azules claras y ojos rojos, que al ver a Spike se echó sobre él exclamando.
-¡Me acabo de enterar! ¿¡En serio te has enfrentado a mi padre?! ¡Estás loco!
-¡Ember! Ya sé lo que me vas a decir, pero tenía que hacerlo, son mis amigas, y las debo mucho, compréndelo…
-¿Por qué decides abandonarnos por unos simples ponis? No lo entiendo, pensaba que te importábamos, que te importaba…
-¡Y me importas, por supuesto! Pero entiéndelo, son mis amigas y me necesitan, aunque no me recuerden…
Ante eso Ember dejó escapar un respingo, murmurando de seguido.
-Eres un dragón extraño, Spike, incluso ahora sigues hablando de todas esas cosas que para nosotros son tan irrelevantes… aunque supongo que es por eso por lo que me gustas tanto…
Ante eso el aludido no pudo evitar ruborizarse ligeramente, al tiempo que su madre se reía por lo bajo y las demás observaban con interés el encuentro. Ember abrazó a Spike y murmuró con voz queda.
-Está bien, pero tienes que volver ¿me oyes? Como me entere de que no vuelves, iré yo misma a por ti estés donde estés y te traeré aquí a rastras.
-Tranquila, no hará falta…
Aunque no habían conseguido de facto el apoyo incondicional de los dragones, Luna se conformaba con que no dieran su brazo a torcer en cuanto Sauron posara su mirada allí. Por el momento perdían el tiempo allí, por lo que tras despedirse de los padres de Spike y empacar algunas de sus cosas, se pusieron en movimiento rápidamente.
-Vale, entonces ¿a dónde vamos ahora?-inquirió Spike, mientras se dirigían hacia la costa.
-Debemos ir a Griffonstone cuanto antes, logramos averiguar de camino hacia aquí que Twilight y Sauron planean un ataque frontal a ese reino, y dado que no tienen capacidad de defensa ni nada que se le parezca, los grifos están expuestos. Debemos ir allí y ayudar en todo lo que podamos-explicó Luna.
-Está bien… aunque aún me choca que Twilight sea la causante de todo esto, a decir verdad-murmuró el dragón, consternado.
-Y a nosotros, querido, no te sientas mal por ello-murmuró Rarity, con gesto conciliador.
-Espero que podamos arreglar todo esto y que descubramos la razón de por qué no me recordáis…
-Seguro que sí, no te preocupes.
Y así, llenos de determinación y ganas de afrontar los problemas, se encaminaron hacia Griffonstone.
¡Y continuamos con Sombras de Mordor! La historia comienza a tomar un cariz más épico, a partir de aquí la acción tendrá más peso y será más prominente, pero sin abandonar otros detalles y el desarrollo de personajes. Como ya dije, esta será la parte más de ELSDLA del crossover, por lo que es necesario replicar esa épica, además del viaje que tan bien supo manejar Tolkien y su hijo Christopher, el cual ha muerto hace pocos días y al que dedico este capítulo. Si no hubiera sido por él, no se hubiera podido publicar el Silmarillion y Cuentos inconclusos de la Tierra Media, ya que fue él quien puso orden en todos los apuntes y notas de su padre para poder publicarlo todo.
En cuanto al capítulo en sí llegan por fin a la tierra de los dragones y se reencuentran con Spike, el cual ya iba siendo hora de reintroducirlo en la historia, uniéndose al grupo y acompañando a las chicas durante todo el viaje por Equus. He aprovechado para mezclar un poco el canon con detalles propios de headcanon, quedando bastante bien.
Y eso es todo de momento, esperad el siguiente más pronto que tarde, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
