Capítulo 8
Asediando que es gerundio
Atravesar parte del océano imperecedero hacia Griffonstone fue particularmente engorroso, ya que tuvieron que ir en un esquife ruinoso que encontraron y en el que tuvieron que estar achicando agua constantemente, puesto que tenía una vía de agua que les estuvo amenazando con hundirles durante todo el trayecto. Por suerte la vela estaba entera y fue sencillo cazar el viento, pero el constante achique fue un auténtico dolor que tuvieron que soportar entre todos, turnándose cada vez.
No fue hasta que estuvieron cerca de la costa cuando vieron los primeros bergantines cargados de guardias oscuros acercándose desde el oeste, tanto alados como terrestres, alertándoles de seguido. Luna decidió coger el toro por los cuernos y, sosteniendo a los que no podían volar con su magia, echaron a volar hacia la costa en cuanto estuvieron lo suficientemente cerca, aterrizando junto a unos acantilados desde los que se podía ver el panorama.
A unos cuantos kilómetros de distancia, y en lo alto de un gran promontorio, se alzaba el reino de Griffonstone construido a lo alto y ancho de un enorme y antiquísimo árbol en el que fueron levantando las casas y el palacio; antaño fue una ciudad rica y próspera, pero todo cambió con el robo del tesoro nacional, cayendo en desgracia desde entonces y estando actualmente en un estado de semi ruina bastante notable y al que los propios grifos no parecía importar demasiado.
-¿Eso es Griffonstone? Menuda ruina…-murmuró Rainbow, ceñuda.
-Sí, desde lo sucedido con su tesoro nacional no han levantado cabeza y se entregaron a la dejadez tanto al reino como a sí mismos. Los grifos siempre han tenido un grave problema de avaricia, ya que el oro les puede demasiado, y eso mismo ha sido también su perdición. Son un blanco regalado, y no podemos dejar que Sauron les conquiste así sin más-explicó Luna.
-¿Y qué querría de un reino así?-inquirió Spike, extrañado.
-Esa es una muy buena pregunta, yo también me la he hecho, y es posible que haya algo más detrás que solo simple expansión territorial… vamos, tenemos que llegar antes que ellos.
Tanto ponis como el dragón echaron a andar rápidamente, subiendo las faldas del promontorio hasta llegar al susodicho reino pasando por un arco de entrada hecho de madera. El aspecto de la ciudadela era simplemente deprimente, muchas casas, hechas de adobe y madera, estaban en un estado lamentable, algunas ya caídas, y las que aún se encontraban en pie lo hacían en un estado de lo más cuestionable, amenazando algunas incluso con caerse ante la más leve brisa.
Sin embargo, y aun a pesar de esto, los grifos seguían allí y vivían como si nada ocurriera, lo cual chocó a todos por igual. Intentaron hablar con algunos, pero tan solo recibieron miradas iracundas y una adusta indiferencia que les dejó aún más perplejos si cabía.
-¿¡Pero qué les pasa a esta gente?! ¿¡Es que acaso no les importa nada?!-masculló Rainbow, alucinada.
-No soporto la dejadez y la apatía, no me están cayendo bien los grifos-anunció Applejack sin mayores contemplaciones.
-Pobre gente, debe estar desolada…-murmuró Fluttershy, preocupada.
-No entiendo cómo pueden vivir así…-asintió Rarity, concidiendo con las demás.
-Va a ser difícil que nos escuchen, visto lo visto…-murmuró Luna, contrariada.
En un momento dado llegaron a una amplia plaza donde, justo en el centro, se encontraba una antigua estatua medio rota de un grifo con corona y al que le faltaban varias partes del cuerpo. Pinkie se acercó curiosa, inquiriendo de seguido.
-¡Oh! ¿quién es, quién es?
-Es el rey Grover, el primer rey que tuvo Griffonstone y el que amasó la fortuna que, posteriormente, se transformó en el ídolo de Boreas. Me gustaría decir que fue un buen dirigente, pero siempre estaba de gresca con tal de acumular más riquezas para su pueblo. No era un tipo agradable-explicó Luna.
-Pues vaya… menuda pieza-murmuró Applejack, ceñuda.
-Sí, no es que fuera un gobernante ideal…
Se quedaron allí tratando de llamar la atención y congregar a los grifos, pero nadie les hizo caso, lo que empezó a frustar a los ponis, especialmente a Rainbow.
-¡Agh, en serio, se merecen que los invadan, es que de verdad!-masculló la pegaso, casi tirándose de los pelos.
-¿¡Rainbow Dash?! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?-inquirió en ese momento una voz familiar.
La aludida se dio la vuelta y, nada más ver a quien dijo eso, exclamó.
-¡Gilda!
Pegaso y grifo se miraron fijamente, recordando lo mal que acabaron la última vez y mostrándose un tanto cortadas al respecto; fue Rainbow la primera en romper el silencio, comentando de seguido.
-Entonces… estás por aquí…
-Claro, vivo aquí.
-Ah, ya, claro…
-¿Y tú? ¿Qué estás haciendo aquí?
-Es una larga historia… pero me viene de perlas que estés aquí, escucha, tu pueblo está en peligro.
-¿Qué? ¿De qué me hablas?
Antes de que la pegaso pudiera explicar nada más, en ese momento se oyeron varios cañonazos y, al segundo siguiente, varios proyectiles se precipitaron sobre la ciudad dañando varias casas y el palacio. Todos los ponis y el dragón se pusieron en alerta.
-¡Ya están aquí, a las armas!-masculló Luna, conjurando una espada onírica.
-¿¡Ah, qué demonios?!-exclamó Gilda, asustada.
-¡Oh, no! ¡Ven conmigo, Gilda, no te separes!-exclamó Rainbow, asiendo su arco rápidamente.
En ese momento varios guardias oscuros alados se presentaron de improviso, comenzando a atacar desde el aire; Rainbow cargó varias flechas y las lanzó, dándoles a un par, pero otros se abalanzaron sobre ella rápidamente. Sin embargo, antes de que la alcanzaran AJ se adelantó y les asestó varios golpes con su hacha y rematando con una buena coz que les mandó bien lejos.
-¡Madre mía AJ!-exclamó Rainbow, alucinada.
-¡No te pares, dulzura!
Antes de lo esperado, un buen pelotón de guardias oscuros terrestres llegó a la ciudadela por el arco de entrada, comenzando a arrasar todo a su paso al tiempo que las primeras casas comenzaban a arder. Algunos grifos trataron de defenderse, pero fueron reducidos rápidamente al no saber pelear, mientras que otros huían despavoridos.
-¡No! ¡Volved, no os vayáis!-exclamó Gilda, consternada.
-¡Abramos una brecha en su formación, cargad!-exclamó Luna en ese momento, blandiendo su espada.
Pinkie y Applejack fueron primero, seguidas acto seguido por Rarity y Luna mientras que Rainbow y Fluttershy se quedaban en la retaguardia cubriéndolas desde lejos; la pegaso multicolor se las apañaba sin problema, disparando flechas por doquier, pero Fluttershy tenía problemas para seguirla el ritmo.
-¿¡Cómo vas, Flutters?!
-¡Oh, cielos, lo intento, Rainbow, de verdad, pero no lo logro, lo siento!-masculló ella, llorosa.
-¡Agh, qué desastre, trae anda!-exclamó Gilda, quitándola el arco.
-¡Eh, Gilda, ya vale!
-¡Luego me dices lo que quieras, Dash, por ahora sigue disparando!
En el frente tanto Luna como Rarity se defendían y atacaban a espadazo limpio, la princesa demostró una técnica mucho más depurada y hasta elegante, realizando filigranas con su espada y su punta, haciendo así daño a varios enemigos a la vez y destrozando sus armaduras como si fueran de queso. Rarity realizaba estocadas más secas y débiles que conseguían debilitar poco a poco sus defensas, para luego ser rematados por Pinkie y Applejack, que repartían mamporros y a diestro y siniestro. Spike atacaba con sus garras y su larga cola, además de mantener alejados a los enemigos lanzando intensas llamas de su boca.
-¡Oye, pues cuando le cojes el truco es hasta divertido!-exclamó la poni rosada, asestando un golpe a un guardia y reventándole la cabeza.
-¡Pinkie, hay veces que das verdadero miedo!-masculló Applejack, hundiendo su hacha en el pecho de otro y haciéndoselo pedazos, rematándolo acto seguido con una coz directa.
-¡Es Pinkie! ¿Qué esperabas?-inquirió Spike, asestando varias cuchilladas.
El primer pelotón fue fácil de reducir y algunos grifos, al verles resistir con tesón, se unieron también a la lucha al ver que no se trataban de ponis de verdad, perdiendo parte del miedo que al principio sintieron. De esta forma consiguieron vencerlos todos sin mucha dificultad, sin embargo, Luna sabía que ese asedio no había hecho más que empezar.
-¡Vendrán más, muy seguramente atacarán por oleadas, reagrupaos!
Más cañonazos se oyeron desde la distancia y varios proyectiles siguieron golpeando duro a la ciudad, derrumbando varias casas y dañando otras; en cuanto llegaron a la plaza vieron más guardias alados acercándose, preparándose para luchar, pero Rainbow y Gilda les contuvieron con sus arcos, al tiempo que Fluttershy se quedaba rezagada y visiblemente afligida. En cuanto el último calló, se extendió la calma, pero sólo temporalmente.
-¿Eso es todo?-inquirió la pegaso multicolor.
-Lo dudo mucho, vendrán más, eran al menos cuatro bergantines, no pararán hasta tomar la ciudadela-murmuró Luna, con seriedad.
-¡Pero no podremos contenerlos todos, antes nos cansaremos o algo peor!-exclamó Applejack, preocupada.
-Sí, está claro que sólo podremos aguantar hasta cierto punto, pero podemos ir asegurando y evacuando el lugar para poner a salvo a los grifos.
-¿¡Alguien me va a explicar qué demonios está pasando y por qué atacan mi hogar?!-inquirió en ese momento la grifo, muy nerviosa.
-Ahora no, tenemos que asegurar el perímetro. Gilda, busca a todos los grifos que no hayan huido y reúnelos aquí, los sacaremos todos juntos antes de que vengan más-indicó Luna rápidamente.
La aludida quiso replicar, pero en ese momento un guardia oscuro alado apareció de improviso volando, aterrizando justo enfrente de la alicornio y yendo a atacarla cogiéndola desprevenida; sin embargo las demás actuaron deprisa, Rarity ensartó por el pecho al guardia con su espada, deteniéndole en seco, al tiempo que Applejack blandió su hacha y le cortó la cabeza, cayendo al suelo y haciéndose añicos.
-No vamos a poder quedarnos…-observó Applejack, en guardia.
-No, es por eso por lo que vamos a tener que hacerlo lo más rápido posible antes de que nos rodeen. Dash, Gilda, buscad rezagados y traedlos aquí, Fluttershy, ve con ellos.
-Vale…-asintió ella con voz mustia.
-Los demás quedaos aquí conmigo, contendremos a los pelotones que vayan llegando hasta que llegue el momento de marcharnos.
Una vez que estuvieron todos enterados comenzaron a moverse rápidamente; el tiempo era oro. Ahora más que nunca.
-No me lo puedo creer…
-¿Qué pasa? ¿Cómo va el asedio?
-Pues míralo por ti misma.
Por un instante Twilight pudo ver desde la distancia lo que Sauron veía y se quedó atónita cuando vio a Luna y sus amigas luchar contra las patrullas terrestres desde la plaza de la ciudadela.
-¿¡Pero qué demonios?! ¿¡Cuándo han llegado hasta allí?! ¡Pensaba que habían muerto!-exclamó ella, furibunda.
-Yo también, aunque es una agradable sorpresa ¿no lo crees? Se han servido a sí mismas en bandeja de plata, tenemos más de mil efectivos esperando órdenes para atacar, podemos asediar durante días si queremos, y está claro que esos grifos no tienen nada que hacer. Está prácticamente hecho-explicó Sauron.
Ante eso Twilight esbozó una siniestra sonrisa, añadiendo justo después.
-Ciertamente, además, nos da otra oportunidad de hacernos con los elementos. Muy bien, sigamos presionando.
-Será un placer-murmuró Sauron, dando la orden desde lo alto de la montaña.
Acto seguido, otra tanda de guardias oscuros alados salieron volando hacia la ciudadela, mientras que otra de terrestres atravesaron rápidamente los restos de las casas que ya habían sido destruidas hasta llegar a la plaza, donde se encontraron con Rarity, Pinkie, Applejack, Spike y Luna, los cuales siguieron luchando cada vez más y más cansados.
-¡Diablos, son demasiados, si esto sigue así no nos dará tiempo a retirarnos!-masculló Luna, entre espadazo y espadazo.
-¿¡Y qué hay del resto de grifos?!-inquirió Spike, tras lanzar otro poderoso lanzallamas.
-¡Escondidos en la biblioteca… o lo que queda de ella al menos!-reveló Applejack, dando coces a diestro y siniestro.
Mientras tanto, Gilda, Rainbow y Fluttershy terminaban de comprobar el resto de hogares cercanos al palacio lejos de la batalla, encontrando entonces a alguien en una de ellas.
-¡Abuelo Gruff!-exclamó Gilda, nada más entrar en el salón.
-Ah, Gilda, eres tú… ¿Qué haces aquí? Márchate ya o te atraparán…
-¡No sin ti, vamos, tenemos que irnos!
-Ah, yo ya estoy demasiado viejo como para irme a ninguna parte, además, he vivido en esta casa por más de cincuenta años ¿crees que una invasión va a hacer que me mueva de aquí?
-¡Pero abuelo, si te quedas te atraparán o puede que algo peor! ¡No pienso dejarte!-insistió la grifo.
-Ah, Gilda, Gilda, Gilda ¿no lo ves? Mi era ya pasó. Mucho tiempo nos hemos quedado quietos sin hacer nada autocompadeciéndonos, y ahora, pagamos el precio de una vida contemplativa. Fuimos demasiado codiciosos, y eso mismo nos cegó. Pero no te quedes sólo con eso, hija. Vete de aquí, vive tu vida, sé feliz. Griffonstone está acabada.
La aludida se quedó de una pieza ante el derrotismo de su abuelo, sin saber muy bien qué decir, mirándole y sintiéndolo como algo ajeno a ella. En ese momento se oyó otra detonación y, al otro lado de la casa, una pared acabó reventada, entrando un par de guardias oscuros que se dirigieron hacia ellos.
-¡Gilda!-exclamó Rainbow.
La aludida se dio la vuelta, con el arco preparado, y lanzó un par de flechas que tumbó a uno, pero el otro se echó sobre ella rápidamente; ésta vez fue el turno de Dash, la cual se abalanzó sobre él y le golpeó con la parte inferior del arco, rompiéndole la cabeza. Fluttershy se quedó atrás, demasiado asustada como para atacar.
El abuelo Gruff, tras ver el despliegue de fuerza por parte de su nieta, comentó.
-¿Lo ves? Tú siempre fuiste fuerte, en ambos sentidos. Te sobrepusiste a todo lo que te echaron y saliste adelante aun a pesar de dejar Ecuestria. Y no te rendiste. Tú sí que fuiste un buen grifo.
-Abuelo…
Ante eso Rainbow se quedó callada, pero supo al instante a lo que el anciano grifo se refería y guardó silencio, mirando para otro lado. Por su parte, Gilda también supo que no había nada más que pudiera decir o hacer, por lo que tan solo le miró a los ojos a modo de despedida antes de marcharse de allí sin mirar atrás. Otra bala de cañón impactó por las inmediaciones, resonando cerca de allí.
Fluttershy no pudo evitar derramar unas lágrimas, y Rainbow la indicó con la cabeza que se marchaban, dejando al abuelo Gruff allí.
Como no vieron a nadie más regresaron rápidamente a la plaza, reencontrándose con el resto despachando a los últimos guardias y visiblemente cansados.
-¡Ya no hay nadie más!-anunció Rainbow rápidamente.
-¡Vale, larguémonos ahora que han parado!-indicó Luna, jadeando.
Se diriguieron entonces a la biblioteca para recoger a los grifos, pero en ese momento varios cañonazos reverberaron en la distancia y, tras un agudo silbido, los proyectiles impactaron sobre los restos del lugar, derrumbando la entrada y atrapando a los grifos dentro.
-¡No!-masculló Gilda, echando a correr.
Entre todos trataron de mover los escombros, escuchando a los grifos dentro de allí pidiendo ayuda, pero el amasijo de madera y adobe era demasiado pesado de levantar incluso con magia. En ese mismo instante apareció de improviso otra avanzadilla disparando flechas incendiarias desde la entrada, impactando entonces en los restos y prendiendo al instante.
-¡No, no, tenemos que sacarles, ayudadme por favor!-musitó Gilda, desesperada.
-¡No nos da tiempo, se nos echan encima!-exclamó Luna, apurada.
Y así era, puesto que esta vez varios pelotones les abordaron desde varias direcciones, y por el aire un buen número de guardias oscuros alados cubrían el espacio aéreo, haciendo así imposible huir volando. Rainbow siguió disparando flechas hasta que se descubrió sin ellas, exclamando de seguido.
-¡Estoy sin flechas!
Para entonces el fuego cubría la parte superior de la biblioteca en ruinas, y los primeros guardias los atacaron, teniendo que defenderse brevemente; Gilda quiso seguir intentándolo, pero en ese momento una barrera mágica la envolvió a ella y a los demás, protegiéndoles temporalmente. Se dio la vuelta y vio entonces a Luna con el cuerno brillando con fuerza y haciendo un esfuerzo considerable, moviendo entonces la cabeza hacia un lado. Al instante hubo un intenso fogonazo que se extendió hacia todas las direcciones y cegó a todos los guardias cercanos, seguido por una ligera detonación para, al segundo siguiente, desaparecer de allí.
-¡Diablos, se han vuelto a escabullir!-masculló Sauron, contrariado.
-Je, no me extraña nada, les superábamos en número, además, Luna es una experta escapista, hizo lo mismo conmigo las dos veces que la confronté-murmuró Twilight, con retintín.
-Sí, ya he visto que la princesita es muy cobarde… bueno, no importa, tenemos esto ganado, sólo hace falta encontrar el ídolo.
-De eso me encargo yo… haré una visita a tierra conquistada, a ver qué puedo averiguar-anunció la alicornio lavanda, levantándose.
-Muy bien, diviértete, y trae algo bonito.
-Oh, por supuesto, traeré algo que le va a encantar…-masculló ella, con sonrisita maliciosa y desapareciéndose acto seguido.
Al segundo siguiente se vio transportada a la plaza de Griffonstone, donde los grifos que no habían podido huir se encontraban reducidos y temblando de miedo; los restos de la biblioteca se encontraban en llamas y hacía rato que no se oía nada, sin embargo Twilight lo ignoró y se acercó directamente al guardia oscuro más cercano.
-Informe, ya.
-Sí, majestad. Todo el pueblo está tomado, estos son todos los grifos que hemos podido capturar, el resto o huidos o muertos.
-Bien… ¿qué hay de Luna y mis amigas?
-Sin noticias, desconocemos a dónde han podido ir.
-Ah, Luna, siempre has sido una cobarde… pero no importa, tenemos cosas más importantes que hacer aquí. Levantad un campamento fortificado que sirva como puesto de avanzada, mientras tanto voy a ver quién me puede decir algo acerca de lo que estoy buscando.
-Sí, majestad.
La alicornio lavanda se acercó a los grifos capturados y los estuvo observando atentemente, llamándola la atención uno especialmente anciano y con un fez rojo en su cabeza. Se acercó a él con gesto duro y le habló con voz queda.
-Muy bien, carcamal, estoy segura de que tú podrás decirme algo de lo que busco. ¿Dónde está el ídolo de Boreas?
Esa pregunta cogió por sorpresa tanto al abuelo Gruff como al resto de grifos, los cuales fruncieron sus ceños, extrañados. Por su parte, Gruff tartamudeó.
-Ah, no lo sé, nadie lo sabe…
-¡Mentira! ¡Sé que el arimaspi se lo llevó! ¿¡Dónde lo escondió?!-exclamó ella, amenazándole con una hoja de morgul.
-¡En ningún lado, en su huida cayó por el abismo abismal y no se le volvió a ver nunca más!
-¿¡Qué?! Eso está aquí al lado ¿¡nadie fue a comprobarlo?!-masculló Twilight, anonadada.
-¡Es muy peligroso, soplan vientos constantes muy fuertes, nadie en su sano juicio se atrevería a bajar al abismo abismal!
Sin embargo eso no amedrentó a Twilight, la cual supo que encontraría lo que buscaba muy rápidamente.
-Tienes suerte, viejo, al final conservarás tu vida… ¡tú, tú y tú, venid conmigo, vamos a hacer una visita al abismo abismal!-indicó ella a varios guardias oscuros, obedeciéndola diligentemente.
Situado en una estrecha hondonada no muy lejos de la ciudadela, el abismo abismal era tal y como el abuelo Gruff la dijo, con fuertes rachas de viento peinando sus erosionadas paredes y un fondo tan profundo que no se veía desde el borde. El ceño de Twilight se frunció, pensando en posiblidades, hasta que finalmente ordenó.
-Muy bien, vamos a bajar, traed cuerda y varios piolets.
No tardaron mucho en conseguirlo todo, atando a uno de ellos con ella a una roca cercana y comenzando a bajar haciendo rapel. El descenso fue lento y arduo, ya que las constantes rachas de viento lo dificultaban, pero con calma e insistencia consiguieron descender por lo menos unos setecientos metros hasta llegar a una cornisa profunda a la que apenas llegaba la luz del sol. En ese momento el guardia contactó con Twilight en su cabeza.
-Ya estoy aquí, majestad.
-¿Y bien? ¿Qué ves?
-Mírelo usted misma.
Compartió entonces su visión con ella y entonces lo vio. Junto a lo que a todas luces parecía ser el esqueleto de un enorme arimaspi, yacía el mismísimo ídolo de Boreas, el cual brillaba intensamente como el primer día. Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Twilight, al tiempo que murmuraba.
-Pues claro, es normal. Debió de morir debido al golpe, pero el ídolo no cayó. Perfecto, súbelo hasta aquí.
El guardia oscuro obedeció y comenzó a ascender con el ídolo, pero ésta vez los vientos fueron mucho más fuertes que en la bajada, llegando a balancearse un par de veces peligrosamente. A pocos metros de llegar el viento pareció amainar, pero en ese justo instante se levantó una especialmente intensa racha que le hizo trastabillar, golpeándose contra la pared y haciéndose añicos. El ídolo salió volando y, sin dudarlo en ningún instante, Twilight abrió sus alas y se lanzó tras él.
No tenía mucha experiencia volando, ya que su transformación aún era reciente, pero aun así confió en su instinto y no perdió de vista el ídolo, el cual era arrastrado por el viento aun a pesar de ser de oro puro. Se dejó llevar por las corrientes de aire y fue regulando la altura con sus alas, alcanzándolo rápidamente y asiéndole con su magia. Acto seguido se impulsó hacia arriba y salió del estrecho cañón, volando con cierta gracia y elegancia aun a pesar de la oscura y maligna aura que desprendía.
Aterrizó al lado de los guardias que quedaban, satisfecha por su éxito, y volvieron a la plaza de la ciudadela; al verla llegar con el ídolo, los grifos se exaltaron, pero ella les mandó callar rápidamente haciendo uso de la voz real de Canterlot.
-¡Silencio, ratas de cloaca! ¡Años teniéndolo al alcance de vuestras garras y no hicisiteis nada por recuperarlo, sois unos inútiles, con razón vuestro reino se desintegró, no valéis para nada más salvo para miraros el ombligo!
-¡El ídolo de Boreas nos pertenece por derecho, no puedes llevártelo!-la espetó Gruff, consternado.
-¿¡Acaso os ha importado?! ¡Ya veo que no si ha estado ahí abajo tanto tiempo! ¿Cómo decía ese dicho? ¡Ah, sí! ¡El que lo encuentra se lo queda!-murmuró ella, con crueldad.
-¡No, no, por favor!
-¡Es de nuestro pueblo!
-¡Pues ahora es mío, y haré lo que quiera con él! ¡Ponedles a trabajar por una vez en su vida, construiréis un puesto de avanzada para nosotros, y al que se niegue le dais un buen repaso hasta que se lo piense mejor!
-Sí, majestad.
Y así, con quejas y súplicas tras de sí, regresó a Ecuestria con su premio consigo, dejando tras de si una estela de destrucción, al tiempo que las sombras cubrieron a todo Griffonstone al instante.
Mientras tanto, al otro lado de las montañas al este de allí, un destello se dio y tanto Luna como las demás reaparecieron sobre un pequeño promontorio; la alicornio oscura sintió como sus fuerzas la abandonaban y se dejó caer al suelo, alertando a las demás.
-¡Princesa Luna!
-¡No, aguante!
-¿Qué la ocurre?
Se reincorporó pesadamente, al tiempo que las calmaba murmurando.
-Tranquilas, estoy bien, tan solo me encuentro agotada, necesito descansar, ha sido un teletransporte muy largo…
Entre Rainbow y Applejack la ayudaron y sacaron algo de provisiones para que comiera y repusiera fuerzas, aunque en ese momento un súbito grito las hizo reaccionar. Vieron entonces a Gilda dirigiéndose a ella con la mirada encendida y espetándola con furia.
-¡Los ha abandonado, ha abandonado a mi gente, los ha dejado morir!
-Gilda… lo siento, no he tenido otra alternativa, estábamos rodeados, iban a cogernos, no podía dejar…
-¡Había grifos ahí dentro, y usted los ha dejado morir abrasados! ¿¡Qué clase de poni es usted, eh?! ¡Creía que venía a ayudarnos cuando la vi luchar junto a las demás, pero visto lo visto tan solo es una cobarde!
Antes de que Luna dijera algo, Rainbow intervino rápidamente.
-¡Vigila tus palabras, Gilda, era una situación extrema, no podíamos hacer nada más!
-¡Ya, claro, Dash, porque tú no has visto morir a los tuyos delante de tus narices sin poder hacer nada por salvarlos!-le espetó ella, con lágrimas en los ojos.
-¿¡Me dices a mí, eh?! ¡¿Me dices a mí que he tenido que dejar mi hogar sumido en la oscuridad y en el caos y encima en cascos de la que fue una de mis mejores amigas?! ¡No sabemos lo que está pasando en Ecuestria!
-¡Al menos tú todavía tienes un hogar, el mío ha quedado arrasado, y todo ha sido por vuestra culpa, vosotros los atrajisteis hacia aquí!
-Gilda… mira… mira que la tenemos…-musitó Rainbow, conteniéndose lo indecible.
-¡Primero me abandonas y ahora esto, te odio, Dash, te odio!
Eso fue suficiente para la pegaso, haciendo amago de ir a abalanzarse sobre ella, pero Applejack y Spike se adelantaron y las pararon antes de que cometiera una locura.
-¡No, dulzura, no hagas ninguna tontería!
Por su parte Gilda no dijo nada más y se marchó de allí pisando fuerte, al tiempo que Rainbow mascullaba.
-Cómo se atreve a insultar a la princesa delante de mí, después de todo lo que ha hecho por nosotros…
-Tranquila, Dash, no hace falta que te pelees por mí, después de todo tiene motivos para estar enfadada, su gente ha muerto delante de ella. Dala tiempo, por ahora vamos a descansar, lo necesitamos.
El día comenzaba a oscurecerse, por lo que levantaron un improvisado campamento entre todos; Spike encendió un buen fuego y todas se congregaron frente a la fogata para calentarse mientras comían algo. La única que no hizo nada fue Gilda, que se mantuvo alejada mirando la inmensidad del este extenderse ante ella. Rainbow no pudo evitar dirigir su mirada hacia ella, en el fondo preocupada por su bienestar, aunque en ese momento Applejack la sostuvo un cuenco con arroz mientras comentaba.
-Toma, dulzura, llévaselo, querrá comer algo.
La pegaso asintió, entendiendo la indirecta, y se dirigió para allá con gesto más calmado y pensando bien qué decirla. Se puso a su lado sin decir nada, ella tampoco abrió la boca, ignorando su presencia. Finalmente, tras esperar un poco, puso el cuenco a su lado y comentó.
-Te he traído algo para que comas.
-No tengo hambre.
Al instante se oyó entonces un audible rugido proveniente de su estómago que la hizo sonrojarse ligeramente, cosa que hizo reír a Rainbow y comentando al respecto.
-Nunca se te dio bien mentir…
-Bueno… aprendí de la mejor.
Ese comentario cortó su risa al instante, sintiéndose un tanto mal al respecto; desde que se fue no había vuelto a ponerse en contacto con ella debido a lo sucedido, pero en el fondo echaba de menos a su vieja amiga, después de todo pasaron muy buenos momentos juntas durante aquel campamento de vuelo. Por lo que, sin poder callarse más, procedió a hablar.
-Oye, Gilda, escucha, sé que la última vez no salimos muy bien paradas, pero… quiero que sepas que lamento haberte dicho lo que te dije. Entiendo que tú quieras otras cosas y que veas la vida de otra manera, pero mis amigas son importantes para mí, no hubiéramos llegado hasta aquí de no haber sido por ellas.
-¿Más que yo?-inquirió en ese momento la grifo, con pesar.
-¡Claro que no, tú también eres mi amiga! Después de todo fuiste la única en hablarme durante todo el campamento, y nos lo pasamos genial juntas. Y siento también lo de tu pueblo, te entiendo después de todo, las dos somos víctimas, compartimos el mismo dolor…
En ese momento Gilda comentó, divertida.
-Joder, Dash, qué moñas te has vuelto…
-¿¡Qué?! ¡Oye, perdona, encima que intento animarte!
-No, tranquila, está bien, es sólo que me sorprendes ¿sabes? Antes no eras así para nada, y ahora mírate, hablando de tus sentimientos…
-¡Ni se te ocurra pensar que me he ablandado, sigo siendo la misma tía dura que siempre! Es sólo que… he aprendido un par de cosas por el camino. Un poco a las malas, eso sí, pero lo he hecho.
-Menos mal entonces, aún queda un poco de Rainbow Dash dentro de esa dulce y empalagosa cubierta…
-Gilda…
Por un momento las dos se quedaron calladas, aunque justo después la grifo comenzó a temblar, lo que alarmó a la pegaso, pero entonces vio que se estaba aguantando lo indecible las lágrimas y murmuró al respecto.
-Eh, está bien, no pasa nada, puedes decirlo… estoy contigo después de todo ¿no?
-Joder, Dash, es que… no quiero que me veas así, creerás que me he ablandado…
-¿Eres idiota? ¡Es normal, después de todo has perdido a tu gente! ¡Eso no te hace menos dura, mierda, eres la tipa más dura y cabezona que conozco!
Esas palabras parecieron surtir cierto efecto en la grifo, la cual llegó a musitar.
-No puedo quitármelo de la cabeza… sus gritos, yo estaba ahí, y no pude hacer nada… oh, abuelo…
Finalmente no pudo más y lo dejó escapar, echándose sobre su amiga, que la aceptó sin decir nada. Después de todo podía entender cómo se sentía. Era una guerra que afectaba a todos por igual. Y no había hecho más que empezar.
Desde el campamento Luna observaba el momento junto con los demás, llegando a esbozar una pequeña sonrisita feliz. Aun a pesar de esos oscuros momentos, había un poco de luz. Y eso la animaba a continuar, aunque cada vez la pesase más.
Una noche sin luna coronaba un cielo plagado de estrellas. Al oeste, y en la distancia, se extendían las sombras.
¡Y seguimos con Sombras de Mordor! Ésta vez con algo más cortito que sirva de transición, aunque ha estado lleno de acción. A partir de aquí empezará el viaje y la acción disminuirá un poco, pero haré que haya algo de gresca entre medias, y puede que simplifique algunos trayectos, ya que tampoco quiero que este crossover alcance los cuarenta capítulos. Bastante tengo ya con los que tengo aún abiertos y los nuevos... ¿¡por qué?! Ejem, bueno, pasemos a hablar del capítulo.
La inclusión de Gilda era mandatoria, ya que después de todo están en Griffonstone, y quería emular de cierta forma el episodio en el que aparecía, pero visto desde otra perspectiva. Puede que su desarrollo inicial sea un tanto abrupto y se haya abierto a Rainbow demasiado rápido, pero me interesaba mostrar esa parte de ella, para luego seguir mostrando más cosas con un poco más de profundidad, el siguiente capítulo me ayudará con ello, y seguramente eso lo hará bastante largo.
Y eso es todo de momento, me pondré con el siguiente enseguida, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
