Capítulo 9
¿Una ayudita?
-Tengo el ídolo de Boreas, mi señor.
-Excelente, déjame que lo vea.
Aun desde su actual posición desde lo alto de la montaña, Sauron era capaz de hacer magia oscura de todo tipo, por lo que no se limitaba de ser capaz de verlo todo y más allá. Sus vastos conocimientos que fue adquiriendo a lo largo de toda su vida como Valar le permitían hacer cosas de todo tipo utilizando tan solo una pequeña parte de su propio poder. Y tan solo necesitó un poco de concentración para hacer levitar el ídolo hasta ponerlo a su altura, observándolo atentamente y comentando al respecto.
-Sí, es interesante, por lo que veo no es sólo un tesoro nacional sin más al uso, puedo sentir cierto poder manando de su interior. Podremos utilizarlo para recrear el palantir si lo combinamos con otros materiales.
-Bueno, tenemos varios objetos que nos podrían ayudar, mi elemento es uno de ellos, también tenemos el amuleto alicornio que le arrebatamos a Trixie y el corazón de cristal, pero algo me dice que no va a ser suficiente-pensó Twilight en voz alta.
-No, dudo mucho que podamos lograr algo sólo con eso, determinados elementos naturales nos serán de gran ayuda también. El litio es uno de ellos, así como zinc, berilio, boro, silicio o radio-explicó Sauron.
-Es una combinación interesante de elementos, pero no van a ser fáciles de conseguir si no nos seguimos expandiendo.
-Muy bien, entonces ¿a qué esperamos?
Ante esa pregunta la alicornio lavanda esbozó una cruel sonrisita, tomando de nuevo el ídolo y pensando en posibilidades. Y ninguna demasiado halagüeña para casi nadie excepto para ella.
El viaje hacia el este les llevó por amplios y verdes páramos y campiñas que se extendían entre distintas tierras y por el que se cruzaban múltiples caminos hacia todas las direcciones; un continente nuevo e inexplorado, al menos para los ponis, se abría ante ellos, aunque Gilda conocía un poco mejor esas tierras, por lo que no fueron a ciegas ni mucho menos.
-Los terrenos entre Griffonstone y el resto del continente son una especie de tierra de nadie, no adscritas a ningún otro reino, por lo que muchas especies viven aquí aprovechando el vacío de poder sin rendir cuentas a nadie. Lo malo es que hay muchos terratenientes y caciques que son los que reparten el parné y mandan sobre los curritos, por lo que tendremos que tener cuidado.
-Sí, he oído hablar de estas tierras, son bien extensas para no estar gobernadas por nadie en concreto…-murmuró Luna, ciertamente impresionada.
-En su día se asentaron multitud de ponis, pero luego fueron viniendo otras razas provenientes de otras partes de Equus y se fueron estableciendo con el tiempo-murmuró la grifo, sin muchas contemplaciones.
-Bueno, prefiero no pararme demasiado, continuemos.
Apretaron el paso atravesando bonitas y coloridas campiñas con pequeños núcleos urbanos dispersos, extensas eras y haciendas con multitud de cosechas, desde trigo, cebada, maíz, legumbres como lentejas o garbanzos y hasta patatas. Los ponis se asombraron ante tan hermoso paisaje, llegando a pararse un momento para verlo mejor, aunque en un momento dado quisieron beber un poco de agua, encontrándose entonces con sus reservas de provisiones casi al mínimo.
-Agh, diablos, estamos casi sin agua…-masculló Applejack, contrariada.
-Pues la comida está igual, anoche comimos demasiado…-observó Rarity, preocupada.
-Lo siento, chicas, gastar magia tan de repente consume mucha energía…-murmuró Luna, un poco azorada.
-No se preocupe, princesa, podemos pedir en algunas de estas granjas-sugirió en ese momento Rainbow.
Ante eso Gilda frunció el ceño con gesto poco convencido, sin embargo no dijo nada y siguió a las ponis hasta una granja cercana al camino, sobre una pequeña colina; llamaron a la puerta y les abrió entonces una joven poni de tierra de colores claros y ojos oscuros que se mostró sorprendida por su visita.
-¿Sí? ¿Querían algo?
-Hola, buenos días, no querríamos molestar ¿les importa si nos aprovisionamos un poco en su granja? Es que estamos de viaje y no tenemos apenas provisiones, pagaremos lo que haga falta…
Ante ese comentario la yegua esbozó un gesto complicado de adivinar, como si no quisiera ayudarlas de buenas a primeras, sin embargo en cuanto vio a Luna sus ojos se agrandaron y exclamó.
-¡Oh! ¿No es usted la princesa Luna de Ecuestria?
-Ah, sí, hola…
-¡Qué honor! ¡Mi bisabuelo hablaba mucho de usted y de su hermana Celestia cuando vivía allí antes de irnos aquí en busca de un futuro mejor! ¡Pasen, por favor, no se queden fuera!
El interior de la casa era particularmente acogedor y de lo más variopinto, notando decoraciones de todo tipo provenientes de muchas partes de Ecuestria, pero con un toque personal que le daba un aire distinto a lo que esperaban encontrar. La yegua les llevó hasta la cocina, donde les estuvo aprovisionando sin ningún problema mientras les iba contando un poco de su vida.
-Mi nombre es Fine Whistle, y vivo aquí con mis dos hijos y con varios jornaleros que me ayudan con las tareas de la granja.
-Oh… ¿y su marido? ¿No trabaja con usted?-inquirió en ese momento Applejack, curiosa al respecto.
Fine Whistle se quedó un tanto cortada debido a su abrupto comentario, a lo que la poni de tierra naranja se apresuró a diculparse.
-Perdone, no era mi intención ofender, es sólo que yo también trabajo el campo, soy granjera como usted, y me ha chocado que no haya un semental ayudando y trabajando la tierra… soy Applejack, por cierto.
-Oh, ya veo… encantada. Sí, bueno, normalmente eso es algo que cualquier otro poni se esperaría, sin embargo yo trabajo sola, soy madre soltera.
-¿De veras?
-Sí, he vivido aquí muchos años con mis padres y mi abuelo, y ellos me cedieron las tierras al morir, por lo que ahora soy yo quien lo lleva todo.
-Vaya…
-Tiene mucho mérito, eso desde luego-asintió Rainbow, mirando por la ventana las extensas tierras cultivadas.
-¿Y cómo acabaron viviendo aquí, a todo esto? Conocía la existencia de esta pequeña comunidad autosuficiente, pero no que estuviera también habitada por ponis…-murmuró Luna, curiosa.
-Varias generaciones de ponis han vivido aquí, además de muchas otras especies, mi familia vino aquí por primera vez con mi biasabuelo, que dejó Ecuestria para encontrar una tierra que cultivar, ya que por aquel entonces no todos sus territorios eran lo suficientemente fértiles. Viajó hasta el este hasta el Valle Entrereinos, que es como se llama donde ahora nos encontramos, siendo fundado por aquel entonces.
-No se comieron mucho la cabeza a la hora de darle un nombre…-murmuró Rainbow, divertida.
-No demasiado, pero dado que era una pequeña comunidad ganadera próspera no adscrita a ningún reino en particular, fue atrayendo a otros ponis provenientes de otros lugares y demás razas hasta crear lo que es el valle hoy en día.
Todos los ponis se quedaron encantados con la historia, al igual que Spike, que escuchaba con atención. Sin embargo Gilda era la única que no parecía particularmente interesada, quedándose más al margen sin decir nada.
Al poco rato llegaron los hijos de Fine Whistle, un potro y una potrilla de tierra, que se pegaron a su madre con timidez nada más ver a los extraños, aunque enseguida se fijaron en las alas y el largo cuerno de Luna, llamándoles gratamente la atención.
-¡Mira, mamá, tiene alas!
-¡Y cuerno! ¡Cómo mola!
-Así es, es una alicornio, y es la princesa Luna de Ecuestria.
Los ojillos de ambos potrillos se abrieron de par en par, recordando el nombre de los cuentos de su madre y quedándose maravillados al conocerla en persona.
Una vez que estuvo todo empacado Luna fue a pagarla con algo de dinero que cogió de Alicornia antes de marcharse, por si acaso, sin embargo la granjera se apresuró a rechazarlo rápidamente.
-No, no es necesario que me pague nada, princesa…
-¿Qué? Pero tampoco es mi intención aprovecharme de su buena voluntad, nos ha ayudado aun a pesar de que no tenía por qué hacerlo, al menos acepte un poco de dinero, por las molestias…
Por un instante la yegua miró al saquito que la sostenía con gesto apremiante pero contenido, como si dudara aceptarlo o no. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, alguien llamó a la puerta repentinamente, obligándola a contestar.
-Ah, discúlpeme…
Nada más abrir la puerta una enorme figura se presentó ante ella de improviso, sorprendiendo a todas por igual, ya que se trataba de un imponente minotauro con cara de malas pulgas. Nada más verlo el gesto de Fine Whistle se torció, como si no se esperara para nada su presencia ahí.
-Ah, señor Ironhead… ¿cómo usted por aquí?-inquirió ella, nerviosamente.
-Sabes muy bien por qué estoy aquí, Fine Whistle. Ya llevas tres retrasos en tu tasa, y el señor Hammer está harto de esperar. Entonces… ¿qué vamos a hacer?
Las duras e intimidantes palabras del minotauro dejaron un tanto amilanada a la poni, la cual se apresuró a contestar.
-Lo… lo sé, pero me temo que no he podido reunir el dinero a tiempo, las últimas cosechas no han sido suficientes como para cubrir toda la deuda… si me dan un poco más de tiempo podré pagarlo todo sin problemas.
-Sería creible si no fuera porque es lo mismo que me dijiste la última vez, y me da la impresión de que no quieres contribuir con lo que te corresponde. El Valle Entrereinos se mantiene en pie gracias a las aportaciones de sus ciudadanos ¿qué vamos a decir si alguien se niega a pagar su tributo? No queremos tener problemas contigo, Fine Whistle… y estoy seguro de que tú tampoco.
La aludida no dijo nada por un momento, un tanto amedrentada y mirando al suelo con nerviosismo; las demás se miraron entre sí, preocupadas, Luna trató de disimular y esconder el saquito con dinero, sin embargo el minotauro fue mucho más rápido e inquirió al verlo.
-¿Qué es eso? ¿Estabas haciendo negocios con extranjeros?
-Ah, esto… no, tan solo son unos visitantes a los que he aprovisionado un poco…
-¿Y lo haces de gratis? ¿No dijiste que las últimas cosechas no fueron suficientes? Esto me huele a cuerno quemado…
-¡No, no, para nada, no es nada, de verdad, sólo son viajeros de paso, nada más!
Sin embargo, y ante esa situación, Luna medió enseguida comentando.
-En realidad iba a hacerla un pequeño donativo como agradecimiento por ayudarnos, eso es todo.
-Oh, bien, entonces no te importará que yo me quede con eso ¿no? Después de todo bastante atrasada vas ya con tus pagos…
La boca de la poni de tierra se abrió para decir algo, pero no salió nada de ella, dejándola entonces en evidencia; sin previo aviso, el minotauro se adelantó y le arrebató el saquito a Luna, la cual lo soltó sin hacer ni decir nada, pero tanto Applejack como Rainbow saltaron enseguida.
-¡Eh, eso no es tuyo, gigantón!
-¡Aparta tus sucias manos de ese dinero, ladrón!
-¿Ladrón yo? Cómo se nota que no sois de por aquí. Pasaré por alto semejante afrenta y aceptaré su generoso donativo, espero que la señora Whistle les de las gracias. Aunque supongo que sabrás que con esto no se cubre ni la tercera parte, así que ya puedes darte vidilla.
La aludida no dijo nada, mirando al suelo con gesto afligido y muy cortado. El minotauro miró a las demás con gesto anodino, ignorando las molestas miradas que le estaban echando Rainbow y Applejack.
-En cuanto a ustedes… si no han venido a hacer negocios, pueden marcharse ya. Muchas gracias por su donativo, eso sí.
Tras esas palabras el minotauro se marchó y, una vez solos, Fine Whistle se dio el lujo de soltar unas pocas lágrimas, murmurando al respecto.
-Siento mucho que hayan tenido que ver esto, no era mi intención…
-No pasa nada, tranquila, lo entiendo-murmuró Luna, sin ni una pizca de resentimiento.
-¡Ese maldito abusón nos ha robado impunemente delante de nuestras narices! ¿¡Quién se cree que es?!-masculló Rainbow.
-¡Desde luego, qué poca vergüenza!-asintió Applejack, igual de molesta.
-Es Ironhead, uno de los agentes recaudadores. Trabaja para Hammer, el gestor económico. Todos los que vivimos aquí debemos aportar una tasa para el fondo económico del Valle Entrereinos, de este modo nuestra comunidad sale adelante. Pero he estado teniendo problemas para reunir todo el dinero que debo, ya que los gastos son muy altos.
-¿Tan caro es vivir aquí?-inquirió Applejack, ceñuda.
-No demasiado, pero…
-Déjame adivinar ¿impuestos altos?-inquirió Luna, ceñuda.
Ante ese comentario la yegua bajó la mirada, casi sin querer admitirlo pero haciéndolo de todas formas, entendiéndolo todo un poco mejor. En ese momento Gilda rompió su silencio comentando.
-Ya os lo dije, aquí hay caciques que no se andan con chiquitas, vámonos ahora que podemos, no nos conviene llevarnos mal con esta gente.
-Es posible, sin embargo aquí hay algo que no me cuadra, si los impuestos son tan altos ¿nadie más tiene problemas al respecto? ¿No hay más gente en tu misma situación?-inquirió la princesa, extrañada al respecto.
-Algunos… aunque nuestro mercado se rigue mucho por la oferta y la demanda, dependiendo de la temporada. En primavera y verano los agricultores como yo aprovechamos para sembrar en las fechas óptimas y luego recoger a mediados de año, para después vender entre otoño e invierno, pero a veces suceden imprevistos y no siempre los planes salen como deberían. Artesanos como los alfareros o los tapiceros tienen trabajo más de seguido y unas ganancias más holgadas.
-¿Y otros granjeros como tú también tienen los mismos problemas?-inquirió Applejack en ese momento.
-A veces sí, a veces no, sobrevivimos como podemos, pero la última cosecha no ha sido tan provechosa como debería y a veces cuesta hacerse un hueco en el mercado.
-Sí, lo entiendo, a mí también me ha pasado alguna que otra vez, no se pasa bien, eso desde luego…
Por su parte Luna se quedó pensativa, sopesando opciones con gesto serio. Rainbow la miró con gesto decidido, inquiriendo de seguido.
-¿Está pensando lo mismo que yo, princesa?
-Define mismo, Rainbow Dash.
-¡Ir a donde sea y recuperar nuestro dinero!
-Entonces no.
-¿¡Qué?! Oh, venga ya…-masculló a pegaso, frustrada.
-Entiendo que te moleste, pero sí que me gustaría hacer algunas averiguaciones… ¿dónde podemos encontrar a este tal señor Hammer, Fine?
-Está en el asentamiento central del valle, no muy lejos de aquí, simplemente seguid todo recto el camino principal y llegaréis enseguida, buscad una gran casa en el mismo centro, rodeada de comercios y otros servicios.
-Bien, en ese caso vamos para allá, gracias por todo, Fine Whistle.
-A usted, princesa, y siento las molestias…
-No te preocupes.
Se despidieron de ella y, una vez en camino, las demás no tardaron mucho en preguntar.
-¿En qué ha pensado, princesa?
-En hacerle algún tipo de oferta a ese tal Hammer, este sitio es un caramelo, no podemos permitir que caiga en manos de Sauron.
-¿Y eso por qué? Salvo el oro que pueda encontrar no es gran cosa a decir verdad…-murmuró Gilda.
Luna fue a responder, pero en ese momento Spike se adelantó comentando al respecto.
-Es por su posición estratégica ¿verdad? Y quizás también logística, después de todo es un pequeño vergel rodeado de montañas y cruces de caminos que parten hacia todas las direcciones, es imposible que lo pase por alto si tan listo es.
-Exactamente, es un lugar de paso, aquí se podría montar fácilmente un puesto de avanzada que sirva como eje para dirigirse hacia cualquier lado. Si queremos frenar su avance hacia el este, proteger éste sitio va a ser vital.
-Entiendo…-murmuró Rainbow, pensativa.
-Sería terrible si un lugar tan bonito como éste fuera devorado por esas horribles tinieblas que ahora envuelven Ecuestria-asintió Rarity, preocupada.
-Sí, es por eso que debemos hablar con ese tal Hammer, a ver qué nos tiene que decir…
-Es un cacique, dudo mucho que quiera hacer algo si no saca algún tipo de rédito a cambio-recordó Gilda en ese momento.
-Es posible, pero bueno, veremos qué podemos ofrecerle.
Aún con un gesto inquisitivo en su mirada, Gilda siguió a las ponis a lo largo del camino principal hasta llegar al lugar.
El asentamiento central del valle consistía en una pequeña pero concentrada aldea levantada en torno al camino principal, el cual lo partía en dos de forma lineal; en el centro del mismo se enclavaba una gran zona comercial en la que se aunaban negocios y servicios de todo tipo, mientras que alrededor crecían casitas residenciales de madera y adobe de no más de dos o tres pisos de altura, conformando así un todo muy homogéneo y apiñado que le daba un aire distinto al de las ciudades y pueblos ecuestrianos.
Nada más entrar las sorprendieron la cantidad de razas viviendo allí todas juntas, desde ponis, minotauros, hasta diamond dogs, entre muchas otras. Aun a pesar de su pequeño tamaño el asentamiento estaba densamente poblado, y la zona comercial estaba hasta arriba de puestos y comerciantes que anunciaban sus ofertas y productos a voz en grito. Las chicas se quedaron gratamente sorprendidas debido a esto, incluso Rarity llegó a ojear algunos puestos de joyas particularmente interesada, llegando a tentarla un lote de gemas de lo más vistosas.
Sin embargo tanto Luna como Fluttershy llegaron a percatarse de algo que no se veía a simple vista; y es que, entre los callejones aledaños que derivaban a la calle principal, llegaron a ver varios indigentes pidiendo limosna o algo que llevarse a la boca. La pegaso se quedó particularmente consternada al ver esto, ya que la mendicidad no era algo particularmente común en la sociedad ecuestriana. Vio a una sucia pero jovencita yegua sosteniendo a un pequeño potrillo entre sus patas, llegando a cruzarse sus miradas y viendo en ella un pozo de desesperanza y tristeza infinitas. Los ojos de Fluttershy se anegaron y, en un acto de bondad, revisó sus alforjas y encontró un poco de pan de Alicornia que llegó a guardar en su momento. Sin dudarlo en ningún instante se acercó a ella y se lo entregó, sorprendiendo gratamente a la yegua, la cual se lo agradeció intensamente.
Al volver con los demás se topó directamente con Luna, la cual la miró con un gesto maternal de lo más orgulloso, al tiempo que la pegaso murmuraba.
-Oh, princesa, es horrible… ¿cómo puede vivir así?
-Es lo que pasa cuando no hay nadie que dicte unas normas ni administre bien los ingresos de una comunidad. Ese cacique se queda más dinero de lo que sus contribuyentes se pueden permitir. Es detestable.
-Y por eso no deberíamos meternos en esto, vámonos ya-insistió Gilda, inquieta.
-¿Y permitir algo semejante? ¡Sería indecente mirar para otro lado!-exclamó Rainbow, molesta por su actitud.
-¡Desde luego, este valle no es tan idílico como aparenta!-añadió Applejack, igual de molesta.
-Veamos qué tiene que decir el señor cacique al respecto-murmuró Luna, dirigiendo su mirada hacia una gran casona situada justo en el centro del asentamiento.
No fue fácil concertar una cita con el señor Hammer, teniendo que insistir un poco al respecto; hasta que no se presentó como la princesa Luna de Ecuestria, las evasivas fueron constantes, pero casualmente el propio Hammer fue quien la recibió sin proponérselo al entrar en ese momento en el recibidor, reconociéndola al instante.
-Vaya, vaya, pero si es la mismísima princesa Luna de Ecuestria ¿a qué debo el honor de su presencia?
Al contrario que Ironhead, Hammer era un minotauro mucho más grande e imponente, con unos cuernos mucho más abultados, una piel de un tono más grisáceo y unos ojillos negruzcos que parecían mirarlo todo sin perderse nada. Luna le devolvió la mirada con una cara de póker envidiable, contestando acto seguido a su pregunta.
-Pasaba por aquí y me gustaría hablar un momento con usted, si no es mucha inconveniencia, claro está.
-Por supuesto que no, póngase cómoda, la atenderé gustosamente.
Las demás quisieron ir con ella, pero se tuvieron que quedar fuera mientras que los dos hablaban en su despacho; Hammer se sirvió un poco de hidromiel, ofreciéndole un poco a Luna.
-¿Gusta usted, princesa? Es de aquí, de las mejores huertas del valle.
-No, gracias, no me agradan los licores fuertes…
-Bueno, pues más para mí. Usted me dirá.
-Conocía la existencia del valle Entrereinos de oídas, pero nunca lo había visitado personalmente. Es particularmente bonito.
-Lo sé, después de todo esta comunidad se ha ido construyendo gracias al esfuerzo de todas las razas que viven en ella, si hemos llegado hasta aquí ha sido por nuestros habitantes, ni más ni menos.
-Entiendo… en tal caso supongo que no habrá problema en el bienestar de los ponis de aquí ¿no? Después de todo fueron antiguos ciudadanos de Ecuestria…
El ceño del señor Hammer se arrugó en consecuencia, murmurando de seguido.
-Si hubiera algún problema al respecto, alteza, tenga por seguro que yo mismo tomaría cartas en el asunto para solucionarlo. Después de todo, estamos todos juntos en esto.
-No lo dudo, pero como bien comprenderá no puedo evitar preocuparme por aquellos que alguna vez estuvieron bajo mis alas…
-Una actitud de lo más encomiable, sin duda alguna…
Alicornio y minotauro se miraron fijamente, diciéndoselo todo en nada; tenía unas ganas terribles de acusarle de malversación y cohecho, pero con sólo un testimonio y algo visto en la calle no tendría ni para empezar. La interesaba estar de buenas con ese pretencioso cacique, ya que después de todo el destino del valle estaba en sus peludas manos.
-Todavía no me ha dicho el motivo de su visita, princesa ¿hay algo que la inquiete?-inquirió Hammer en ese momento, sirviéndose otra copa.
-De hecho sí, traigo noticias del oeste no muy alentadoras, pero he considerado que debo advertirles antes de seguir hacia el este.
-Oh, suena serio…
-Y tanto que lo es.
Sin más demora procedió a explicarle todo lo que había pasado hasta el momento, sin saltarse nada. Una vez que estuvo enterado el gesto del minotauro se contrajo, murmurando de seguido.
-Ya veo… entonces dice que vendrá hacia aquí más pronto que tarde.
-Es cuestión de tiempo, este valle es amplio y fértil, además de un cruce de caminos importante que va hacia todas las direcciones, si al final posa su mirada hacia aquí, tenga por seguro que vendrá a someter el lugar, y con el ejército que está armando no tendrá ningún problema para hacerlo.
-Bueno, eso es relativo, tenga en cuenta que al estar un servidor al mando del valle tenemos el apoyo directo de Laberintia, así que en cuestiones de defensa estamos bien cubiertos…
-Ya, pero sucede una cosa ¿cuán lejos está Laberintia de aquí? Ecuestria está a dos tiros de piedra en comparación ¿les daría tiempo a las tropas de Laberintia cruzar la mitad del hemisferio norte hasta aquí? Entre medias hay más reinos, me temo…
-Con los cuales tenemos apalabrados y firmados multitud de acuerdos comerciales y logísticos, en el caso de que no les diera tiempo otros reinos más cercanos podrían mandar ayuda-murmuró Hammer rápidamente.
-Ya, aquí cada uno con la suya ¿no?
-Así lo acordamos.
-Pues si me lo pregunta a mí creo que es tiempo de dejar los detalles más técnicos de lado. Puede que antes sirvieran para mantener los ánimos calmados, pero es ahora cuando tenemos que unirnos todos juntos antes de que sea demasiado tarde.
Ante esa idea el ceño de Hammer se frunció, sin estar dispuesto a ceder; si por algo destacaban los minotauros era por su labia y porte, pero también por su cabezonería y pensamiento cuadrangular que tantos problemas dieron en su día hace ya años atrás. Militarmente hablando eran de las razas más poderosas y guerreras de todas, puesto que contaban con un amplio repertorio de armas y máquinas de combate construidas por ellos mismos que dieron mucha guerra en el pasado, además de sus propios músculos, que no eran para nada desdeñables. Debido a esto el resto de razas no querían tener problemas con ellos, pero en esos momentos tan complejos era necesaria la suma de todos. Y al igual que Hammer, Luna tampoco daría su pata a torcer.
-Tiene usted mucha elocuencia, princesa Luna, y eso me gusta. Pero no creo que sea necesario ningún tipo de unión. Como ya habrá notado yo soy de los que ven el vaso medio lleno. Y mientras tengamos a nuestros aliados cerca, no tenemos nada que temer.
-¿Y no preferiría salvaguardar la integridad del vaso antes que dejarlo ahí medio lleno?-inquirió ella, ceñuda.
-Siempre que esté vigilado no tiene nada de malo que esté ahí.
-¡Pero se arriesga a que alguien lo tire sin previo aviso, o peor, que se lo beba! ¿En serio prefiere poner en riesgo la vida de la gente que vive aquí antes que preservar su seguridad?
-¡Ya están seguros! ¡Estoy yo al mando! ¡Si tan preocupada está puedo mandarle una carta a Laberintia para que se movilicen en cuanto yo se lo ordene! ¿Qué más quiere que la diga?
Hubo un breve pero un tanto tenso silencio en el cual los dos se miraron fijamente, sin decirse nada pero diciéndoselo todo; Luna se mordía la lengua hasta el punto de hacérsela sangrar, pero no quería crear ningún tipo de conflicto diplomático entre Ecuestria y Laberintia por una razón tan simplona. Su tierra no merecía eso.
-Vale, ya veo que no nos vamos a poder entender…
-Concuerdo, pero de nuevo, si tantas dudas tiene vaya a Laberintia y hable con mi rey, estoy seguro de que estará encantado de atenderla.
-Pues sí, seguramente lo haga.
-¡Espléndido! Pues si va salúdele de mi parte, hace tiempo que no le veo…
Ante eso Luna esbozó una sonrisa fingida, guardándose para ella las ganas de mandarle a la mierda y despidiéndose de él sin mucho más que decir al respecto.
Con un rápido gesto con su cabeza indicó a las demás que se marchaban y, una vez fuera, las preguntas no tardaron en llegar.
-¿Qué le ha dicho?
-¿Vamos a hacer algo al respecto?
-¿Nos quedaremos?
-Me temo que no, ha sido imposible de convencer, malditos minotauros, mira que son cuadrados, pero esto…-masculló ella, soltando finalmente todo lo que tenía que soltar.
-Se lo dije-murmuró Gilda con gesto plano.
-¿Entonces qué haremos?-inquirió Fluttershy en ese momento.
-¿Dejaremos desprotegido este lugar?-murmuró Rainbow, preocupada.
-No, no podemos marcharnos así sin más, pero antes debemos decidir hacia dónde continuar, vayamos a un sitio más resguardado.
Buscaron la taberna del asentamiento, encontrándola no muy lejos de allí haciendo esquina con la calle principal y una callejuela; el interior era amplio, estaba abarrotado y muy ruidoso, lo cual lo hacía perfecto para evitar miradas indiscretas y escuchar conversaciones ajenas. Se sentaron en una mesa junto a una esquina, pidieron varias pintas y un mapa de la región. Una vez que lo tuvieron en su poder, Luna comenzó a trazar planes rápidamente.
-Vale, del valle Entrereinos se desdoblan multitud de caminos, así que tenemos donde elegir. Tras hablar con el cacique se va a hacer necesario ir directamente a las altas esferas de los minotauros en Laberintia, su reino, el problema es que está bastante lejos de aquí, pero podemos aprovechar el viaje para pasar por otros reinos antes.
-¿En cuales había pensado?-inquirió Applejack, interesada.
-Yendo hacia el sur desde aquí se encuentra el desierto del Caballo, donde tiene su territorio Saddle Arabia, podemos pasarnos primero por allí para hablar con los sultanes y sugerirles una alianza.
-¿Y luego hacia dónde iríamos?-murmuró Pinkie, mirando el mapa.
-Hacia las selvas del sureste, la Poninesia, Kirinia, allí hay más razas con las que podremos hacer tratos para buscar más alianzas.
-¿Y estarán dispuestas a ello?-inquirió Gilda, no muy segura al respecto.
-No lo sé, si os soy sincera, pero tenemos que intentarlo, aun así si conseguimos meternos a los minotauros de Laberintia en el bolsillo todo será más sencillo.
-¿Por qué?-inquirió Rainbow, extrañada.
-Porque son una fuerza militar a tratar, en el pasado ya dieron problemas durante las guerras vetustas, y no ha sido hasta hace pocos años cuando se han estado comportando. Si conseguimos su apoyo, todo será un poco más sencillo, y el resto de reinos que están aliados con ellos en tratados de no agresión, les seguirán como un efecto rebote.
-Ya veo…
La conversación quedó enmudecida con los gritos de la muchedumbre de la cantina, aunque ninguna de ellas se percató de un par de diamond dogs cerca de ellas, escabulléndose rápidamente.
Tras hablar un rato más y terminarse las pintas, se pusieron en movimiento hacia el sur, dejando atrás el asentamiento principal del valle y atravesando los últimos kilómetros que les separaban de las montañas del sur que hacían de frontera natural con el resto del valle. Más allá de las mismas se extendía el desierto del Caballo, donde deberían de tener un extremo cuidado a la hora de atravesarlo, preparándose debidamente.
Sin embargo, antes de atravesar el paso de montaña, Luna se detuvo al lado de dos hitos de piedra a ambos lados del camino que limitaban el territorio del valle; sacó entonces un libro de magia que cogió en su día de la biblioteca de Twilight en Ponyville, consultando un par de capítulos hasta encontrar lo que buscaba.
-Ajá, aquí está…
-¿Qué busca, princesa?-inquirió Rarity, curiosa.
-Un hechizo de protección a base de runas, imbuyes una serie de piedras con una magia arcana que yo conozco y construyes así una red de protección mágica que no se puede romper con métodos convencionales. Rudimentario pero efectivo, no quiero irme de aquí sin dejar medianamente protegido el valle.
-Vaya, interesante…
-Vale, silencio un momento, necesito concentrarme.
Las demás se quedaron calladas, al tiempo que el cuerno del alicornio comenzaba brillar con intensidad; al punto varias corrientes de magia surgieron del mismo, describiendo suaves círculos en el aire hasta llegar a las piedras, comenzando a marcarlas con extraños glifos que no supieron interpretar. Luna comenzó entonces a susurrar algo en lo que parecía una antigua lengua, mientras que los glifos grabados en los hitos comenzaban a brillar cada vez con más y más fuerza. De golpe y porrazo, se extendieron una serie de finas y brillantes hebras mágicas que se desplazaron por el aire a una velocidad casi imperceptible, buscando otros hitos en los distintos puntos de acceso al valle y creando así una red interconectada que lo envolvió en su totalidad, cual cúpula mágica invisible.
En cuanto el cuerno de Luna se apagó, los glifos grabados en la piedra también lo hicieron en consonancia, dejando a los hitos vacíos como si no se hubiera grabado nada en ellos nunca.
-Vale, eso ha sido una pasada-admitió Rainbow, alucinada.
-No me extraña nada, a decir verdad, muchas veces la he visto hacer magia, princesa, y he de decir que sus conocimientos son abrumadores-añadió Spike en ese momento.
-Gracias, Spike, aunque me encantaría enterarme de por qué sabes tanto, aunque eso no haga más que recalcar lo evidente-murmuró la alicornio, preocupada al respecto.
-Tal vez nos puedan ayudar en Saddle Arabia, tengo entendido que allí saben hacer magia a otro nivel.
-Sí, quizás los sultanes nos puedan ayudar al respecto. Bueno, vámonos ya.
-¡Sí, genial, a la aventura!-exclamó Pinkie, ilusionada y echando a andar a saltitos.
Las demás no pudieron evitar reírse ante el entusiasmo y la espontaneidad de la poni de tierra, aliviando aunque sólo sea un poco el enorme peso de la misión encomendada. Aunque la que más soportaba en ese sentido era Luna, la cual no podía evitar pensar si sería capaz de llevarla a buen término. Tan sólo el tiempo lo diría. Y era lo que más se ponía en su contra.
Mientras tanto, en Ecuestria, la situación se mantenía en un extraño statu quo oscuro, decadente y deprimente en el cual las fuerzas oscuras de Twilight y Sauron avanzaban a pasos agigantados. Por decisión conjunta, las tropas se encaminaron hacia el norte para encontrar algunos de los materiales que precisaban, recogiendo algo de cristal del imperio de Cristal, además de otras piedras preciosas. Algunos pequeños asentamientos menores de ponis y otras razas cayeron ante el lento pero contundente avance de las tropas de ponis oscuros, pero al poco rato se toparon con un súbito muro que les detuvo en seco. Y es que Yakyakistán presentó una mayor resistencia de la que la propia Twilight pensó, aprovechando el terreno a su favor y provocando una serie de aludes que dejaron incomunicados multitud de pasos y aislándose así de su avance. Aun a pesar de sus intentos de tomarlos por aire, los yaks se defendieron con una fuerza apabullante, destrozando la avanzadilla más rápido de lo que ella misma había pevisto.
-¡Maldita sea, esos descerebrados peludos son más duros de lo que pensé!
-Bueno, un contratiempo menor no tiene por qué frenarnos, siempre podemos cambiar de dirección… ¿cómo va el puesto de avanzada en Griffonstone?-inquirió Sauron en ese momento.
-Ya está terminado, si les ponen las pilas los grifos son bastante eficientes.
-¿De veras? Y eso que parecían poquita cosa… en ese caso podemos seguir hacia el este, voy a echar un vistazo.
El ojo de Sauron en lo alto de la montaña giró hacia esa dirección, iluminando débilmente el sombrío y deprimente ambiente de una Ecuestria sumida en una densa y perpetua penumbra que por el día parecía ser una tarde especialmente nublada y que hacía a las noches especialmente oscuras. Su mirada se posó más allá de Griffonstone, en ese momento Twilight inquirió.
-¿Qué ves?
-No gran cosa, detrás de las montañas de Griffonstone hay un gran valle enclavado entre montañas pero está completamente vacío… qué raro.
Eso extrañó a la alicornio lavanda, la cual frunció el entrecejo al tiempo que comentaba.
-¿Nada? Qué extraño, déjame ver un momento.
Sauron compartió rápidamente su visión con ella, permitiéndola ver más allá de Griffonstone y observando una gran y extensa llanura enclavada entre montañas y con absolutamente nada en ella. Tenía de todo, desde amplios campos fértiles, densas arboledas y hasta un riachuelo que atravesaba el llano de este a oeste, pero nada construido a su alrededor. Se veía como un lugar perfecto para asentarse, y sin embargo no había nadie viviendo en un sitio tan ideal para tal efecto. El ceño de Twilight siguió fruncido durante todo el tiempo que lo estuvo observando, pensando en posiblidades, sin embargo había asuntos más importantes que atender en ese momento.
-Extraño, desde luego, pero ahora mismo no me interesa, tengo algunos de los materiales que precisamos, me los dieron esta misma mañana ¿quiere verlos, señor?
-Oh, sí, súbemelos aquí arriba, podemos intentar hacer algo con ellos.
Twilight asió la caja con su magia y, en un visto y no visto, se teletransportó hasta lo más alto de la montaña. El enorme ojo de Sauron clavó su vista en ella, hablándola más directamente.
-¿Qué tenemos?
-Pues cositas varias, veamos. Cristal del imperio de Cristal, cuarzo, amatista y jade de las montañas de Cristal, algo de hierro, bronce y estaño de algunos de los asentamientos que hay al norte yendo hacia Yakyakistán… oh, y algo de oro recién cogido de algún río cercano, son pepitas sin tratar-murmuró Twilight, ligeramente impresionada.
-Bueno, no es mucho, pero algo podremos hacer… trae las cosas.
Nada más decirlo, otro rápido hechizo de teletransporte hizo aparecer otra caja proveniente de una enorme caja de seguridad del palacio; la magia de Twilight también había estado mejorando a pasos agigantados, siendo capaz de teletransportar a grandes distancias cualquier cosa que se preciara, estuviera donde estuviera. De la nueva caja sacó entonces su elemento de la magia corrompido, poniéndoselo rápidamente, así como el corazón de cristal, el ídolo de Boreas y el amuleto alicornio que le arrebató a Trixie en su día. Dispuso todos los materiales en el centro y, a ambos extremos, dispuso tanto el corazón como el amuleto de forma que los atravesara en una especie de línea imaginaria.
-Bien ¿preparada? Vamos a intentar darle forma, a ver si con lo que tenemos es suficiente-anunció Sauron en ese momento.
-Sí, vamos allá.
Al punto, del ojo de Sauron surgió un rayo mágico oscuro que impactó en el amuleto alicornio, el cual tembló por un instante, como si se revolviera, para acto seguido lanzarlo a través de su gema roja hacia los materiales. Por su parte Twilight hizo lo mismo desde su cuerno, apoyándose enteramente en su elemento, el cual hizo de potenciador para su magia, impactando en el corazón de Cristal, replicándola en el proceso y reflejándola sobre los materiales con el doble de potencia. Ambos rayos se concentraron con enorme fuerza sobre los materiales, comenzando a darles forma.
Surgió entonces una lisa y brillante esfera oscura que comenzó a brillar con intensidad en un resplandor rojizo y negruzco que pareció satisfacer a Sauron, el cual siguió incidiendo con su magia negra. Twilight mantuvo a raya su poder también, canalizándolo a través del elemento y el corazón, el cual era sorprendentemente adaptativo y flexible, siendo en ese sentido un instrumento mágico de lo más versátil. El intento de palantir se fue haciendo cada vez más y más palpable, sintiendo que podían llegar a conseguirlo.
Sin embargo en un momento dado algo comenzó a fallar, provocando así una reacción en cadena que hizo que el proto palantir comenzara a desmoronarse; en ese momento el ojo de Sauron se dilató en un repentino gesto furioso, al tiempo que musitaba.
-¡No, mantenlo ahí, no dejes que se rompa!
-¡No puedo, señor, con esto no basta, se derrumba!-exclamó Twilight, notando como la tensión se rompía.
-¡No, no, tiene que aguantar!
Sin embargo los materiales no aguantaron más y, tras un sonoro chasquido, seguido por una abrupta detonación, el palantir se desintegró en el aire, extendiendo un aura oscura hacia todas las direcciones que finalmente se desvaneció sin dejar rastro alguno. El corazón de cristal y el amuleto alicornio cayeron al suelo, intactos, y el elemento de la magia dejó de brillar, agotado. El resto de materiales también cayeron, entre ellos el ídolo de Boreas, igualmente intacto.
-¡Maldición, estábamos tan cerca! Claramente con esto no es suficiente, necesitamos más materiales, me gustaría probar la próxima vez con berilio, plomo y antimonio-sugirió Sauron, contrariado.
-Sí, pero todavía no hemos conseguido ninguno de esos por desgracia, tal vez podamos encontrar algo en las tierras baldías o en las tierras vetustas… hay mucho hierro por allí-pensó Twilight en voz alta.
-¿Y qué hay del este?
-Aún no sé por qué ese valle está tan vacío, yo por ahora lo dejaría estar, después de todo si no hay nadie no será ningún problema acercarse hasta allí, puede esperar.
Ante eso Sauron no dijo nada por un momento, como si estuviera pensándoselo mucho, pero finalmente aceptó las palabras de Twilight al considerarlas bastante obvias.
-Muy bien, que se desplacen entonces las tropas hacia el oeste y el sur, con prioridad, debemos enfocarnos en recrear el palantir lo antes posible.
-Así se hará, señor-murmuró la alicornio lavanda, emitiendo la orden rápidamente.
De momento los planes de expansión podían esperar, sin embargo Twilight no se fiaba del todo de lo que llegó a ver; debían de vigilar bien el este, sólo por si acaso. Después de todo, nada se la escapaba.
Atravesar el desierto del Caballo no fue tarea fácil, debiendo de hacer frente a un intenso calor, así como tormentas de arena repentinas que entorpecían la visión y les hacían aminorar el paso. Cada vez que avanzaban varios metros, algún tipo de imprevisto les frenaba o bien les desviaba del rumbo, teniendo que reorientarse lo antes posible para no perderse en las interminables dunas que cambiaban de tamaño y forma por la inercia del seco y caluroso viento desértico que a veces azotaba con fuerza, refrescándolas un poco, y otras veces no, asándolas de calor en consecuencia. No había término medio, por desgracia. Iban bien provistas de agua, pero debían racionalizarla bien para que no se acabara. Reorientarse hubiera sido el doble de complicado si no fuera por la presencia de Luna, la cual las garantizaba volver al rumbo rápidamente sobre todo de noche, ya que la alicornio podía leer con una facilidad pasmosa las estrellas y constelaciones, poniéndolas en el buen camino rápidamente.
-Cuando no había brújulas u otra forma de orientarse, antiguamente las estrellas guiaban el camino a los viajeros en la oscuridad. La estrella polar señala siempre el norte, saber ubicarla te garantiza encontrar el camino rápidamente, y dado que nosotros nos dirigimos hacia el este, calcular la ruta partiendo de la misma como punto de referencia no es muy complicado.
-Vaya, princesa, sabe usted un montón…-murmuró Fluttershy, impresionada.
-Años de estudio y aprendizaje, supongo que por eso al final terminé enseñando en la escuela superior de Canterlot. Aunque ahora…
Había veces que no podía evitar pensar en su hogar y cómo era su vida antes de que todo ese asunto estallara, sin embargo las demás se apresuraron a hablar antes de que empezara a pensar de más.
-Ni se la ocurra que la vemos venir-murmuró Rainbow rápidamente.
-Sabe perfectamente que una vez que todo esto acabe volverá a dar clases allí, así que no tiene nada de lo que preocuparse-comentó Rarity.
-Exacto, y que me parta un rayo si no lo conseguimos-añadió Applejack, muy seriamente.
Ante todo ese apoyo la alicornio oscura esbozó una sonrisita, sin esperarse otra cosa por su parte y aparcando sus más pesimistas pensamientos.
El tiempo pasaba inexorablemente y eso hacía mella tanto en los ánimos como en los corazones. No lo parecía, pero ya habian pasado varios meses desde que Twilight se alzara contra su propio pueblo, y daba la sensación de que había transcurrido una eternidad desde entonces. En ese sentido ella no sabía cuánto más duraría toda esa situación, pero teniendo en cuenta que necesitaban el apoyo incondicional de los minotauros y llegar a Laberintia les llevaría, por lo menos, un mes mínimo, no veía el momento en el que todo ese escenario terminaría.
Un par de días más fueron necesarios hasta alcanzar Saddle Arabia, una amplia comunidad levantada en medio del desierto del Caballo y en torno a un amplio oasis del cual se sustentaba la vida a sus alrededores. La ciudadela en sí estaba amurallada de forma concéntrica, y las casas de adobe y piedra se levantaban de manera totalmente orgánica en torno a la misma. Miles de callejuelas serpeaban a lo largo y ancho de todo el asentamiento, con un amplio bazar justo al lado del oasis y un ostentoso palacio en la parte posterior del emplazamiento, dominando todo el lugar. Su diseño era particularmente redondo, con abultadas cúpulas rematadas con estrechos pináculos, minaretes rodeando toda la estructura y arcos de herradura tanto en puertas como en ventanas.
Nada más llegar entraron a la ciudadela por la entrada principal, donde pudieron ver a dos centinelas de la guardia del sultán. Al contrario de los ponis de Ecuestria, los de Saddle Arabia se caracterizaban por ser mucho más altos y estilizados, más semejantes a caballos que a ponis, con largas patas y cuellos, una fisionomía más abultada y con la particularidad de no poseer marcas de belleza. Nada más verlos llegar, se dirigieron directamente a Luna.
-¿Al'amirat Luna? ¿Qué hace usted aquí?
-Salam aleikum ¿está disponible el sultán para una audiencia? Es urgente…
-Eh… en principio sí, adelante, por favor.
Dado que no era la primera vez que Luna estaba allí supo a donde dirigirse, recorriendo las calles de la localidad y llamando la atención de los altos ponis de por allí, los cuales vestían con ropajes muy característicos. Los sementales llevaban kufiyyas, una alargada prenda que les cubría parte de la cabeza y la grupa además de las patas delanteras, estaban hechos de seda y lino suaves y holgados para no dar calor y protegerse de los rayos del sol. Las yeguas por su parte vestían el hiyab, muy parecido a los kuffiyyas pero que tapaban sus cabezas con un suave y sedoso velo, además de todo el pecho y parte de la grupa. Había tanto ponis de tierra como unicornios pero muy pocos pegasos, siendo una población más terrestre en ese sentido.
Atravesaron el bazar, que estaba abarrotado de gente, y en el cual Rarity la costó horrores despegarse, llamándola la atención sobre todo las joyas y los puestos de telas, maravillándose con la altísima calidad y su amplio colorido. Entre Rainbow y Applejack la tuvieron casi que forzar a avanzar, convenciéndola de que volverían después para saciar su curiosidad.
-¡Siempre que pasamos por una zona comercial es lo mismo contigo, dulzura, no estamos de turismo!-exclamó la poni granjera, un poco molesta.
-¡Venga, Rarity, mueve los flancos!-añadió Rainbow, tirando de ella.
-¡Oh, pero es que es divino, nadie me entiende, podemos aprovechar!
-Luego vendremos por aquí, tranquila, ahora vamos a hablar con el sultán-murmuró Luna rápidamente.
Llegaron finalmente al palacio, donde las recibieron rápidamente en el salón del trono. Luna se apresuró a saludar.
-Salam aleikum, sahib aljalala.
-Aleikum salam, al'amirat Luna, qué sorpresa verla por aquí-murmuró el sultán, visiblemente sorprendido.
-Muchas gracias por atenderme, sultán Azzâm.
-Oh, el placer es mío.
Dicho sultán era un pelín más alto que el típico poni promedio de por allí, vestía muy suntuosamente, con un enorme y vistoso turbante blanco con una joya azulada incrustada en el frente y unos ropajes de color crema de lo más vistosos. Era un unicornio de ojos azules profundos, e iba acompañado de la sultana, que vestía de igual forma, aunque sustituyendo el turbante por un hermoso velo que llegaba a mostrar un pelo recogido en una alargada y vistosa trenza de color marrón claro. Sus ojos eran verdes como dos esmeraldas y su pelaje algo más oscuro en comparación.
-Me alegro de volver a verla, princesa Luna, ha pasado un tiempo desde su última visita-murmuró la sultana en ese momento.
-Así es, yo también me alegro de volver a verla, sultana Aasiyah…
-¿Y su hermana? qué raro que no esté con usted…
Llegados a ese punto Luna no quiso seguir retrasando mucho más sus explicaciones, poniendo las cartas sobre la mesa rápidamente. Los sultanes escucharon atentamente toda su historia, desde que salieron de Alicornia hasta ese mismo instante, quedándose con sendos gestos preocupados en sus rostros. En cuanto la alicornio oscura guardó silencio, con la boca un poco seca, el sultán Azzâm fue el primero en hablar.
-Es alarmante cuanto menos, sin embargo hay algo que no me queda del todo claro… si habéis podido llegar hasta aquí ¿cómo es que ese tal Sauron no se ha percatado de nuestra presencia aquí en el este?
-Debe de estar ocupado con otras cosas, aunque sea capaz de verlo todo eso no significa que esté al tanto de absolutamente todo lo que ocurre en Equus, pudimos darle esquinazo tras intentar defender Griffonstone, y desde entonces no hemos vuelto a verlo como tal-explicó Luna.
-En ese caso cabe entonces la posibilidad de que nos pase por alto… al menos de momento.
-De momento, sí, pero no indefinidamente, es por eso por lo que considero que una unión internacional para frenar su avance sería necesaria si lo que queremos es que no se extienda más allá.
-Sí, entiendo vuestro punto, alteza, sin embargo, y como bien comprenderá, hay una serie de detalles que nos impiden movernos de inmediato…
Ante eso la alicornio hizo todo lo posible por no rodar los ojos con gesto exasperado, murmurando de seguido.
-Con el debido respeto, sultán, creo que dadas las circunstancias deberíamos ser más precavidos y dejar estar la política al menos de momento…
El sultán elevó una ceja con gesto receloso, al tiempo que la sultana miraba a Luna con cierta curiosidad; fue a decir algo, pero en ese momento alguien más entró en escena comentando rápidamente.
-Esa es una suposición cuanto menos discutible, princesa Luna. Quizás yo no sepa tanto de guerra como de política, pero no debemos abandonar los acuerdos a los que tanto costó llegar en su día. Estoy seguro de que usted mismo, sayidi, sabrá mejor que nadie esto…
Todo el mundo se dio la vuelta, encontrándose entonces con un poni de tierra alto y fornido, vestido de forma parecida al sultán aunque con colores más oscuros, de pelaje más moreno y una pequeña perillita enrollada bajo la barbilla que le daba un aspecto de chivo de lo más cómico y serio al mismo tiempo. Fue en ese momento cuando el sultán aprovechó el inciso para hacer las debidas presentaciones.
-Alteza, le presento a mi visir real, Thaelab, es el que lleva todo el tema de la política, como usted bien apunta…
-Y sabe tan bien como yo, sayidi, que eso es lo más importante en estos tiempos que corren… después de todo no nos podemos permitir perder así sin más todos estos años de relaciones comerciales y diplomáticas con los reinos aledaños-añadió el visir, con gesto sagaz.
-En ese caso sabrá tan bien como yo, sayidi, que esos acuerdos quedaron supeditados a lo que decidiera el reino de Laberintia, que fue el que se puso de acuerdo después de años de conflictos armados abiertos… no es usted quien decide al final después de todo-contraatacó Luna, ceñuda.
Sin embargo esto no amilanó al visir, el cual esbozó una sagaz sonrisita antes de volver a hablar.
-Ya veo que no es usted tonta, princesa Luna. Así es, Laberintia lo dejó todo atado y bien atado en su día, pero también es necesario un poco de flexibilidad, y eso es algo de lo que puedo hablar por mí mismo sin pecar de vanidoso. Después de todo, todo contrato tiene una letra pequeña…
-Ya veo, no es usted tonto, señor mío…-murmuró Luna, con desdén.
-No es mi visir real por nada, después de todo-apuntó el sultán, satisfecho.
-Gracias por sus palabras, princesa Luna, pero me extraña que una poni tan espabilada como usted no hubiera llegado a la misma conclusión, después de todo la gran mayoría de reinos a este lado del mundo optaron por la misma estrategia…
-Al contrario que otros, Ecuestria optó por mantenerse fiel al tratado de no agresión en vez de apuntar notas al margen.
-Entiendo, muy digno y loable, pero no muy inteligente, si me permite el comentario…
Para entonces la tensión entre Luna y el visir era tan grande que se podía cortar con un cuchillo; las demás se mantuvieron al margen, con unas ganas inmensas de opinar al respecto, pero una rápida mirada por parte de la alicornio detuvo todo intento de intervención por su parte. Sin embargo en ese momento el sultán se rió cómicamente, ganándose una mirada llena de reproche por parte de su mujer, a lo que se apresuró a aclarar.
-¡Oh, perdonadme, por favor, pero es que es la primera vez que replican a mi visir real de ese modo, ni siquiera yo he podido convencerle en muchas de las ocasiones! Estarás en tu salsa, Thaelab…
-No se preocupe, sayidi, después de todo siempre se me ha dado bien debatir…
-Y eso es algo que yo sé especialmente bien… pero bueno, creo que no es momento de rivalidades, vamos a limar esas asperezas. Princesa Luna, la invito a comer a usted y su séquito-anunció el sultán, sin mayores contemplaciones.
-Gracias, sultán…
-Muy bien, que vayan preparando la mesa… ¡llamen a mis concubinas!-exclamó el sultán, poniéndose en movimiento.
Al contario que la sociedad y cultura ecuestrianas las de Saddle Arabia eran muy diferentes, sobre todo en cuanto a concepción de relaciones interpersonales se refería; los sementales podían tener más de una mujer, y en el caso del sultán, todo un harén a su disposición, con la posibilidad de casarse con su favorita si así lo deseaba, como era en este caso. Esta poligamia contrastaba ampliamente con la monogamia imperante en la sociedad ecuestriana, chocando bastante en ese sentido, cosa que incomodó bastante a las demás en cuanto el resto de yeguas del sultán se personaron en el lugar, algunas comenzando a bailar al son de la música y otras arrejuntándose con él y justo al lado de su esposa, la cual las saludó como si tal cosa. El resto de sirvientes del palacio comenzaron a traer la comida, disponiéndola alrededor de una amplia mesa mientras se tumbaban en una serie de mullidos cojines.
-Menudo putiferio… qué vergüenza-masculló Applejack por lo bajo, entre cortada e indignada por lo que veía.
-Applejack, entiendo que no lo veas con buenos ojos, pero es parte de su cultura, y hay que respetarla, aunque no nos guste-la reprendió Luna por lo bajo.
-Ya… pero eso no quita que me parezca un putiferio.
-Bueno, es… exótico-murmuró Rarity, un poco indecisa sobre qué pensar al respecto.
-¡Yo lo veo como la ocasión perfecta para una fiesta!-exclamó Pinkie, animada.
-Yo… no sé qué pensar…-susurró Fluttershy, roja de la vergüenza.
-Mejor me guardo mis comentarios-anunció Rainbow con voz queda.
-Bueno, no es tan raro, los dragones podemos tener más de una mujer si queremos, pero aunque los lazos que se pueden crear suelen ser para toda la vida, se contemplan ambas posiblidades. El Lord Dragón Torch tiene de hecho dos mujeres, Ember nació de la más joven-informó Spike en ese momento.
-¿Y tú tendrías dos mujeres, Spike?-inquirió Applejack en ese momento, ceñuda.
-Ahora mismo no, con Ember estoy bien… aunque la echo de menos, eso sí.
La única que no dijo nada fue Gilda, la cual miraba el convite y la compañía del sultán con infinita indiferencia y su mente en otra parte. Rainbow vio esto y frunció el ceño, aunque no la dijo nada, puesto que en ese momento el sultán anunció.
-¡Comed, vamos, no os cortéis! Probad los dátiles, son deliciosos…
Había de todo, desde bandejas de dátiles hasta fruta, verduras, hasta platos que no habían visto ni probado nunca, como la kabsa o la maqluba, arroz especiado con muchos otros ingredientes como pescado, trigo o pasas. Probaron también la jarisa, un plato de trigo hervido mezclado con hierbas, y el asida, un plato de harina de trigo cocido, muy parecido a las gachas, pero acompañado de una salsa dulce que a Pinkie le gustó mucho. Todo ello complementado con tés de todo tipo y hasta leche de camello.
Mientras comían la conversación continuó por otros derroteros, ésta vez siendo el sultán quien opinó al respecto.
-En cuanto a lo que hemos hablado, si me lo pregunta a mí, princesa, preferiría esperar y no tener que estar rindiendo cuentas luego a Laberintia, después de todo aceptaron de buena gana las condiciones, y sabe tan bien como yo lo que costó convencerles…
-Lo sé, lo sé, no crea que no soy consciente, pero debemos ser prácticos, tal vez ahora Sauron no se esté fijando en nosotros, pero en cuanto lo haga, que lo hará, estaremos todos expuestos a una guerra abierta, incluidos ustedes…
-Ah, la guerra, hacía tiempo que no oía esa palabra… no cambia nunca.
-Exacto, y dado que es un hecho inmutable y que se reitera generación tras generación, una unión a corto plazo podría paliar de gran manera una muy posible invasión y hacer fuerte el este.
-El este ya es fuerte de por sí teniendo a Laberintia en su sitio, princesa Luna. Además, tenemos algo más a nuestro favor-comentó en ese momento el visir.
-¿Ah, sí?
-Desde luego, lo han tenido que atravesar para llegar hasta aquí… y no ha debido de ser fácil.
Luna comprendió enseguida las palabras del visir, siendo de por sí algo evidente. Todo desierto que se preciara no era algo que tomarse a la ligera, sin embargo la alicornio no dio su pata a torcer, al menos todavía.
-Las condiciones desérticas juegan a su favor, eso desde luego, pero eso sólo retrasaría lo inevitable. El ejército de Sauron está compuesto por unos soldados con forma de poni pero hechos de cristal, capaces de soportar las condiciones más duras, y esto se lo pueden decir mi séquito, ya que nos hemos enfrentado a ellos.
-¡Desde luego! ¡Son mucho más grandes que un poni promedio, y van ensutados en gruesas armaduras, son muy resistentes!-asintió Applejack.
-¡Y muy rápidos también!-añadió Rainbow.
-¡Y muy numerosos! ¡En nuestro intento por defender Griffonstone no hacían más que aparecer por oleadas, eran interminables! ¿Verdad, Gilda?-inquirió Pinkie en ese momento.
La aludida reaccionó en ese momento, levantado la cabeza y esbozando un gesto dolido, murmurando secamente.
-Ah… sí, eran terribles…
-¿Lo ven?
El visir y el sultán se miraron por un momento, diciéndoselo todo en nada, sin embargo el visir fue el que habló, dirigiéndose directamente a Luna.
-Entiendo su preocupación, princesa, pero como ya hemos dicho estamos atados por contrato, hablando mal y pronto, y una unión independiente sin el consentimiento previo de Laberintia sería extralimitarse demasiado, nos exponemos a un conflicto diplomático muy serio.
-¿Le preocupa más un conflicto diplomático que uno bélico a gran escala?-inquirió Luna, atónita.
-Pues sí, porque en cuanto a bélicos se refiere a Laberintia no le gana nadie. Piénselo, princesa ¿realmente quiere tener que rendir cuentas al rey Creto? No dudará en cortarla la cabeza si le provoca lo suficiente.
Ante esas palabras Luna comprendió enseguida la reticencia del visir real de unirse en combate, viendo enseguida que no iban a ir a ninguna parte así. Si querían convencer a todo el mundo, debían de ir directamente a la raíz del problema: Laberintia. Y sabía que eso no iba a ser nada sencillo.
-Lo entiendo, de verdad que sí, pero eso nos pone en una situación aún más comprometida. Ni siquiera sé si Creto va a querer escucharme.
-Conociéndole, lo dudo mucho, y muy seguramente no hará nada hasta que el tal Sauron esté llamando a su puerta-añadió el visir, anodinamente.
-Entonces ya será demasiado tarde, aún tenemos la oportunidad de hacernos fuertes todos juntos, pero si esperamos demasiado caeremos todos.
Las duras y contundentes palabras de Luna dieron qué pensar tanto al visir como al sultán, el cual volvió a hablar directamente.
-Su integridad y confianza son admirables, princesa Luna. Si le soy sincero, entiendo su punto, y nada más desearía que ver al este unido, Laberintia incluída. Pero el problema es precisamente ése. Laberintia. Si quiere convencer a todo el mundo, va a tener que convencerles a ellos primero.
Ante esa situación Luna suspiró, rindiéndose ante la realidad, y murmurando acto seguido.
-Lo sé… lo que no sé es si podré hacerlo, si le soy sincero.
-Lo hará. Si ha podido venir hasta aquí atravesando el desierto del Caballo y rebatir a mi visir real como lo ha hecho usted, podrá hacerlo. Lo único que necesita es llegar hasta allí. Y yo puedo ayudarla.
-¿De veras?
-Sí, haré que la den un empujoncito, al este de aquí, pasado el desierto, hay un paso montañoso que precede a los bosques de Kirinia y la Poninesia, si ataja por allí para luego subir hacia el norte, llegará antes a Laberintia-explicó el sultán.
-Oh, muchísimas gracias, sultán Azzâm…
-No hace falta que me las de, princesa, es usted muy valiente al encarar así los problemas. Mañana por la mañana haré que preparen un carruaje para vosotros, mientras tanto, descansad aquí en lo que queda de día.
Aunque al final nada resultó como lo había planeado, al menos parecían contar con algo de apoyo que podía ayudarles a llegar hasta Laberintia, su nuevo objetivo. Sin embargo, y ya que les quedaba de camino, podían aprovechar y avisar a los reinos aledaños y prepararse para la guerra que se avecinaba. Por su parte Luna podía sentir cómo un peso aún mayor que el que sentía antes se echaba sobre ella, pesando un poco más y sometiéndola a una mayor presión. Cada vez más ponis y razas contaban con ella. Y en un momento como ese no veía si sería capaz de estar a la altura.
Mientras tanto, en Alicornia, las cosas seguían como siempre, aunque un pelín agitadas. Si bien en su momento se separaron del plano terrenal, los alicornianos podían ver todo lo que sucedía en el antiguo continente que una vez fue su hogar, y por consiguiente pudieron ver la llegada de las tropas de Sauron y Twilight desembarcar de una gran flota de bergantines y varios dirigibles de recreo en las tierras vetustas, comenzando a escarbar y horadar la piedra con herramientas de todo tipo. Su manera de proceder desconcertó ampliamente a los alicornios, los cuales se reunieron en consejo para sopesar las opciones, siendo la principal promotora de tal reunión la mismísima Bonnie, la cual fue la primera en hablar.
-Si bien estamos a salvo aquí arriba tenemos ahí abajo a nuestros enemigos, haciendo vayan ustedes a saber qué. Es el momento perfecto para intervenir y tratar de ayudar a Luna y sus amigas desde aquí.
-Ya, sin embargo no parecen tener un comportamiento hostil, sino todo lo contrario. Parecen estar picando la piedra ¿qué esperan encontrar? No hay nada en las tierras vetustas, sólo ruina y desolación-murmuró un poni descendiente de Ponyland, con adusta indiferencia.
-Atacar sería un error, desvelaríamos nuestra presencia y tenemos el factor sorpresa, ya que desconocen por completo de nuestra existencia. Yo propongo observar a ver qué pasa y ya actuar si las cosas se complican-propuso en ese momento uno de los alicornios.
-¿Por qué actuar? Independientemente de lo que hagan o si supieran de nuestra existencia, no tendrían nada que hacer, ya que no podrían llegar hasta nosotros. Lo de la observación lo entiendo, pero más allá de eso no haría mucho más…
-Aun así no estaría de más estar alertas…
-¿Para qué? ¡Estamos seguros aquí arriba!
Poco a poco comenzaron a elevarse los murmullos, sin llegar a ningún acuerdo y convirtiéndose el consejo en una jaula de grillos rápidamente; antes de que la cosa llegara a más, Primal Faith medió rápidamente.
-¡Orden, orden, por favor! Agh, no estoy ya para estos trotes… ¿tiene algo más que decir la solicitante?
Ante esa pregunta Bonnie cerró los ojos con gesto resignado, comentando de seguido.
-Nada más que objetar. Aunque si se me permite el comentario, animo a todos los aquí presentes a pensar un poquito en toda esta situación y las consecuencias que pueden tener. Puede que ahora no sea nada, tan solo un simple instante. Pero si de aquí a unas pocas semanas vemos a Equus arder, espero que no nos quedemos quietos viendo como se consume.
Tras esas duras y secas palabras, la alicornio abandonó el hemiciclo seguida de cerca por una desaprobadora e inquieta Lauren, la cual echó una último y desdeñosa mirada a la cámara.
Una vez fuera, ambas alicornios se expresaron más personalmente.
-El nervio, Bonnie, el maldito nervio. Tenemos a esas cosas debajo de nosotros y no hacemos absolutamente nada por detenerlas. Es desquiciante.
-Lo sé, Lauren, lo sé, pero ¿qué podemos hacer nosotras? ¿Tomarnos la justicia por nuestra mano? Nos expondríamos a una muy posible expulsión. Y si eso pasa ¿a dónde iríamos?
-Si me lo preguntas a mí, iría a buscar a mi hija y ayudarla en todo lo posible. Pero tienes razón, no hay sitio para nosotras en Equus aunque no estuviera en peligro. Aun así siento que no hacer nada equivale a una derrota, y mi hija… ¿qué es de mi hija?-inquirió Lauren, muy preocupada.
-Bueno, al menos eso lo podemos saber. Vamos a visitar a Observer.
Alicornia podía presumir de tener muchas cosas, aunque su observatorio era digno de mención; no sólo servía como tal, pudiendo ver las estrellas y constelaciones, sino que también podía observar todo lo que ocurría en Equus. Lo dirigía Attentive Observer, un alicornio relativamente joven y que rara vez salía de su puesto si no era por algo importante. Dado que no había ido a la reunión anterior, supieron que lo encontrarían en su despacho, y así fue, saludándolas al verlas llegar.
-Hola Lauren, Bonnie… ¿qué tal la pantomima?
-Lo de siempre, nos quedamos quietos a ver qué pasa… menudo desastre.
-Bueno, lo de siempre entonces, no me he perdido nada. ¿Necesitáis algo en concreto?
-Sí, sobre lo que te pedí… ¿sabemos algo?-inquirió Lauren, inquieta.
-Ah, sí, no he perdido de vista a tu hija desde que salió de Griffonstone, la última vez la vi en Saddle Arabia, ahora se encamina hacia el este a toda prisa, algo debe de tener en mente.
-Es bueno oírlo… ¿puedo echar un vistazo?
-Claro, ven conmigo.
Siguieron al alicornio hasta la sala de observación, donde un largo y potente telescopio apuntaba hacia el cielo desde un hueco en el techo ovalado, sin embargo ése no era el que requerían en esos momentos. Justo al lado del estándar, había uno algo más pequeño pero que, al contrario que su hermano mayor, apuntaba hacia abajo y se metía en el suelo como si una cañería se tratase.
-Todo tuyo-indicó Observer.
Lauren se inclinó sobre el visor guiñando el otro ojo y pensando en Luna; nada más hacerlo, la vio entonces montada en un fastuoso carruaje de Saddle Arabia tirado por varios dromedarios y en compañía de todas las demás, además de un dragón adolescente y una grifo de lo más seria, cosa que la sorprendió gratamente. Se encontraban en la parte más oriental del desierto del Caballo, prácticamente en sus lindes con las montañas que lo separaban de los bosques de Kirinia, y llegando a un estrecho paso montañoso.
Sin embargo su atención se centró en su hija, observando sus facciones y su mirada, notando en la misma una inquietud interna bastante evidente que ni siquiera a ella se le escapó. No pudo evitar esbozar una preocupada mirada, llegando a musitar en lo más hondo de su mente.
-Sé fuerte, cariño. No estás sola en esto. Tienes a gente que te quiere. Ánimo, mi niña.
En un momento como ése era cuanto más deseaba estar a su lado. Aun así sabía que todo saldría bien. Confiaba en su hija. Y eso no se lo quitaría nadie.
Luna esbozó una mirada cansada, notando cómo la pitaban los oídos y con gesto difícil de discernir; el día de descanso en Saddle Arabia las sirvió para reposar y reponer fuerzas, pero ahora tocaba seguir adelante. Y el paso montañoso se extendía ante ellas como un muro muy difícil de franquear.
-Hemos llegado, sayida, el paso de Hisan se extiende hacia allí delante. Vayan con cuidado, es muy estrecho, avancen en fila y no se salgan del camino-indicó en ese momento el poni de tierra que iba con ellos dirigiendo el carro.
-Muchas gracias por acercarnos, den nuestros saludos a los sultanes-dijo Luna, saliendo junto con las demás.
-Así lo haré, sayida. Rihlat saeida.
-Shukraan jazilaan.
Tras ese intercambio de palabras en árabe, el poni dio media vuelta y se marchó de regreso a Saddle Arabia. Las demás, curiosas, preguntaron al respecto.
-¿Qué ha dicho?
-Nos ha deseado buen viaje, y yo se lo he agradecido. Algo de árabe sé, aunque no he vuelto a practicar en años-reveló Luna.
Se prepararon antes de adentrarse en el paso y, una vez que estuvieron listas, echaron a andar en fila india y sin separarse en ningún momento; las altas y escarpadas montañas dibujaban un relieve muy irregular y contorneado, con grandes riscos que parecían amenazarlas con caerse y un suelo igual de discontinuo y con muchos baches en el camino.
-Cuidado donde pisáis-avisó ella, encabezando la marcha.
-Vamos bien, tranquila.
-Bien, poco a poco.
El camino serpeaba atravesando la estrecha sima mientras iba subiendo poco a poco conforme la montaña se elevaba, haciendo más lenta la ascensión y obligándolas a pararse de vez en cuando, ya que subir una montaña cargados con cosas no era tarea sencilla. Aprovecharon su estancia en Saddle Arabia para aprovisionarse y prepararse para el viaje, por lo que llevaban de todo un poco, incluso materiales de escalada por si las cosas se complicaban.
El primer tramo no fue particularmente pesado, pero en cuanto alcanzaron cierta altura comenzaron a notar sus efectos más inmediatos, siendo el aire más ligero que de costumbre y cansándolas más. Llegaron a un punto en el que estaban exhaustas, teniendo que parar para reponer fuerzas.
-Paremos un rato, estoy reventada-pidió Rarity en un momento dado.
-Sí, se está haciendo particularmente duro, aquí hay un hueco en la roca, sentémonos un rato-indicó Luna, apartándose un poco del camino.
Una pequeña caverna horadada en la roca por efecto del viento y el paso del tiempo las sirvió de cobijo mientras descansaban y comían un poco, hablando de vez en cuando del viaje.
-¿A dónde nos dirigimos exactamente ahora, princesa?-inquirió Fluttershy.
-A Kirinia y sus bosques, allí viven una raza de ponis llamados kirines y con los que no hemos tenido contacto en mucho tiempo, pero no creo que haya mucho problema a la hora de comunicarnos con ellos, simplemente les avisaremos y continuaremos hacia el este, debemos llegar lo antes posible a Laberintia, sólo así podremos convencer al resto de reinos de que la amenaza es real.
-Sigo sin entender por qué se quedarían parados sin hacer nada… ¿por simple política? Es ridículo…-masculló Applejack, contrariada.
-Comprendo que te sea complicado de entender, pero piénsalo de esta forma. Laberintia fue y sigue siendo una potencia militar poderosa, de las más fuertes, sino la que más. Los minotauros son seres grandes y muy corpulentos, y a eso súmale una mente militar y un sentido del honor proporcionalmente superior al poderío de sus máquinas de guerra que ellos mismos han diseñado y construido. Durante las guerras vetustas fueron un auténtico dolor de muelas, y continuaron dando guerra durante años posteriores al menos a este lado de Equus, y no se calmaron hasta que todos los reinos decidieron realizar un tratado de no agresión para equilibrar la balanza, tratado que Ecuestria también tomó parte, por supuesto. Desde entonces las relaciones son frías, pero no tensas, y en el caso de hacer una unión sin tener en cuenta este tratado, podría ser considerado por ellos como una agresión directa. Es por eso por lo que nadie quiere romper el status quo, para evitar gresca con Laberintia. Agh, debí pensarlo mejor cuando salimos de Ecuestria por primera vez-explicó Luna con todo detalle.
Ante esa explicación las demás comprendieron un poco mejor la compleja situación en la que se encontraban, aunque en ese momento Rainbow comentó.
-Vale, lo entiendo, los minotauros son muy burros y se creen los reyes del mambo, pero en ese caso ¿por qué no le preguntamos al señor Hammer cuando tuvimos la ocasión?
-¡Lo hice! Y llegamos a la misma conclusión, pero el problema es que Hammer es un simple cacique empoltronado en su pseudo reino, con quien tenemos que hablar es con el rey Creto…
-Vale, entonces vayamos allí y dejémosle las cosas claras.
-No es tan fácil como lo pintas, Rainbow…
-¿Y por qué no?
Luna quiso responder, pero en ese momento se quedó callada, como si hubiera oído algo extraño; miró a su alrededor con gesto inquisitivo, echando un buen vistazo a los alrededores, y justo a su lado se dibujó una rendija en el suelo por la cual se comenzó a filtrar arena y piedritas pequeñas. Fue entonces cuando comprendió lo que sucedía, pero fue demasiado tarde.
-¡Ah, levantaos, arriba!
Sin embargo no dio tiempo a nada, de golpe y porrazo una gran trampilla se abrió bajo sus patas y cayeron por ella hacia una serie de túneles por los que rodaron durante todo el camino, haciéndose daño en el proceso y recibiendo golpes y contusiones varios por todo el cuerpo. El túnel se ensanchó de repente y, tras una corta caída, acabaron en una especie de jaula que se cerró en cuanto entraron todos, activando así un sofisticado mecanismo que la empujó por todo un entramado de vías de madera toscamente labradas.
-¿¡Pero qué es esto?!-masculló Rarity, asustada.
-¡Nos han atrapado!
-¡Mierda, qué mal! ¿¡Quién ha sido?!
Nada más decirlo, unas pequeñas y numerosas siluetas las rodearon de improviso mientras la jaula recorría unas cuevas de lo más amplias y cavernosas, iluminadas con mutitud de antorchas y con muchas estructuras de madera rodeando los recovecos y pilares de piedra. Las grandes caídas se libraban con largos y bamboleantes puentes de madera, y multitud de cuerdas ayudaban a bajar a las susodichas figuras, las cuales se revelaron en cuanto la luz les dio de lleno.
-¡No es posible, son esos zarrapastrosos otra vez!-masculló Rarity, alterada.
-¡Oh, venga ya, esto es ridículo, odio a esos chuchos sarnosos!-añadió Spike, particularmente molesto.
Y es que una turba incesante de diamond dogs les veían pasar con sonrisas burlonas, ladrando y riendo, conformando una cacofonía incesante de lo más insoportable. Vieron de todo, desde los perros más pequeños y retacos, con cortas patas y abultados troncos hasta los más grandes y fortachones, todos ellos con unas pintas de pordiosero totales y con sus bolsillos llenos de joyas y piedras preciosas. Luna observó el panorama con gesto preocupado, llegando a murmurar por lo bajo.
-Oh, no, esto no me gusta nada…
La jaula siguió rodando atravesando varias cavernas hasta llegar a una particularmente amplia, llena de diamond dogs que ladraban y chillaban en torno a lo que parecía ser un enorme trono justo en medio de la estancia, en el cual se encontraba sentado el diamond dog más grande y corpulento de todos, vestido un poco más decentemente y con una corona llena de joyas que muchos otros perros contemplaban extasiados. La jaula se detuvo justo en frente del enorme diamond dog, el cual la miró con adusta indiferencia mientras murmuraba entre medias.
-Vaya ¿y esto qué es?
-Unos intrusos, su sabuesa majestad, estaban arriba junto al porche, los cazamos completamente desprevenidos-murmuró el que más cerca estaba de él.
-Si, ya lo veo, no es que sean gran cosa… espera ¿estoy viendo bien?-inquirió el perro rey, echándose hacia delante para ver mejor.
Luna trató de esconderse sin apenas posibilidad, confirmando así sus sospechas y exclamando de seguido.
-¡Vaya, vaya, vaya, pero si es nada más ni nada menos que la princesa Luna de Ecuestria! Ésta sí que es buena, no me esperaba para nada su presencia por aquí, alteza…
-Nos han capturado sin ningún tipo de razón aparente, exigo una explicación ahora mismo-murmuró Luna, contundente.
-Oh, por supuesto que sí, déjeme que se lo explique yo mismo: porque me ha dado la gana-murmuró el perro, con sonrisa bobalicona.
Antes de que Luna pudiera replicar, Rainbow saltó de improviso mascullando.
-¡¿Te crees que ésa es una respuesta, mamarracho?! ¡Como vuelva a hablar así a la princesa te las verás conmigo, chucho asqueroso!
Las palabras de la pegaso encendieron los ánimos de los diamond dogs, soltando ladridos y gruñidos hacia ella, al tiempo que el rey se levantó de improviso, exclamando.
-¡Yo soy el rey aquí, estáis en mis dominios, y se hará cuanto yo ordene!
-¡Vale, pero ella es la princesa Luna de Ecuestria, así que un poco de respeto!
-Oh, vaya, usted perdone, su alteza, no me había dado cuenta de que era una princesa… ah, no, espera, que ya no tienes reino ni corona ¿verdad? Entonces no eres nadie realmente.
Las palabras del rey perro dieron que pensar a Luna, la cual inquirió rápidamente.
-Espera ¿entonces sabes lo que está pasando en Ecuestria?
-¡Por supuesto que lo sé, yo sé todo lo que pasa no sólo en Ecuestria! Hay mucha gente ahí arriba que se pregunta ¿cuál es el reino más grande de todo Equus? ¿Ecuestria? ¿Zebraica? ¿Saddle Arabia? ¿O quizás Laberintia? Ah, si ellos supieran… ¡ninguna de esas respuestas son correctas! ¡Porque el reino más grande de toda Equus es el que se extiende por debajo de él! ¡Diamantia, el reino perdido de los Diamond Dogs! ¡Y yo, el rey Butch, soy su dueño y señor!
Las palabras del rey fueron alabadas por sus súbditos, los cuales gritaron y aullaron con inusitado fervor; Luna se mordió el labio inferior, preocupada por toda esa situación, mientras que las demás contemplaban atónitas el espectáculo.
-Decidme que no es verdad, esto es una pesadilla-masculló Rarity, espantada.
-Me temo que no, Rarity, hemos ido a parar al peor lugar posible-murmuró la alicornio, mirando hacia todas las direcciones buscando alguna salida.
-Bueno, pero igual a lo mejor podemos llegar a algún tipo de acuerdo, no sé, hable con él, princesa…-sugirió Applejack en ese momento.
-Me temo que nada de eso se aplica a este sujeto, y dudo mucho que nos deje marchar así sin más, tenemos que averiguar una forma de salir de aquí…
Los demás quisieron decir algo, pero en ese momento el rey Butch se adelantó comentando.
-¡Nadie entra en mis dominios sin mi permiso, y por eso ahora estáis aquí! Entonces ¿qué vamos a hacer, ex princesa?
Luna reaccionó entonces, guardando las formas en todo momento y contestando a la pregunta con cortesía.
-Bueno, me preguntaba si usted, majestad, me podría decir algo sobre cuál es la situación allí sin tan informado está…
Ante eso el rey Butch se rió tontamente hasta acabar ladrando de la risa, al tiempo que sus súbditos le imitaban de forma totalmente desproporcionada. En un momento dado, el rey se recompuso y murmuró al respecto.
-Sé lo suficiente como para no tener que decirla nada. Y también sé que andaba evadida, y sé además de alguien que pagaría un buen precio por usted… toda entera, eso sí.
Luna se alarmó ante ese comentario, aunque en ese momento el rey agachó la cabeza hacia uno de sus súbditos, indicándole.
-Informad al gran ojo, decidle que tengo lo que busca.
El perro asintió enérgicamente y echó a correr como alma que llevaba al diablo, terminando de alarmar a Luna y llegando a mascullar entre medias.
-Tenemos que salir ya de aquí.
Sin pensarlo siquiera actuó rápidamente, haciendo magia y encadenando varios hechizos a la vez; primero ejecutó un rápido teletransporte, sacándolas de la jaula, para inmediatamente después provocar un abrupto fogonazo seguido de una intensa detonación que cegó y apartó de un plumazo a un buen montón de diamond dogs. El rey, que ni siquiera lo vio venir, cayó de espaldas junto a su propio trono y el resto de perros acabaron por los suelos con los oídos pitándoles intensamente debido a la explosión.
Aprovechando el caos y la confusión, Luna asió una espada onírica al tiempo que gritaba.
-¡Corred! ¡A las armas y corred, tenemos que escapar!
Las demás no se lo pensaron ni dos veces y echaron a correr con las armas a mano y yendo por el único sitio por el que podían salir; por su parte el rey Butch se puso en pie tambaleándose, al tiempo que gruñía y gritaba.
-¡No! ¡Tras ellas, que no escapen, las quiero vivas!
Los pasillos de las cuevas se ramificaban y era un completo caos guiarse por las galerías, por lo que Luna iba en cabeza y ojo avizor para ver por dónde salir a continuación; los diamond dogs se agruparon más rápido de lo que ella misma se esperó y fueron tras ellas, lo que las obligó a defenderse mientras no dejaban de correr. Muchos de ellos las salieron al paso, a lo que ellas respondieron con tajos, coces y golpes secos que los mantenían a raya.
-¡Luchad, no les dejéis que nos atrapen!-exclamó ella, blandiendo su espada hacia delante.
-¡Con sumo gusto!-exclamó Spike, lanzando un potente lanzallamas que alejó a los que se les acercaban por detrás.
-¿¡Pero qué les pasa a estos engendros?!-masculló Rarity, atacadísima.
-¡Que son unos aprovechados, caraduras y codiciosos, eso pasa! ¡Vamos, vamos, no os paréis!-las apremió Luna.
Corriendo por las galerías aledañas, llegaron a una enorme cavidad comunicada por una serie de puentes colgantes de madera y otros enseres, aunque varios perros aparecieron de improviso descolgándose de una serie de cuerdas que Rainbow Dash cortó a tiempo lanzando varias flechas rápidamente, cayendo así al vacío.
-¡Buen tiro, Dash!-exclamó Gilda, lanzando más flechas hacia atrás.
Applejack daba coces a diestro y siniestro, manteniendo a raya a todo perro que trataba de flanquearlas por los lados y rematando con su maza. Pinkie hacía lo propio cubriendo la retaguardia y riéndose tontamente.
-¡Hey, lo acabo de pensar, esto es como el juego de golpea al perro pero más grande y mejor definido!
-¡No es el momento, Pinkie, tenemos que salir de aquí vivas a poder ser!-exclamó Applejack, asestando otro golpe.
-¡Oki doki! ¡Vamos a acortar terreno!
En un visto y no visto, Pinkie desfijó de un solo golpe los maderos que sostenían el último puente que atravesaron, cayendo hacia abajo junto con un buen número de diamond dogs que se quedaron sin poder cruzar.
-¡Bien pensado, Pinkie! ¡Por aquí!-indicó Luna, girando a la izquierda en la siguiente intersección.
Los siguientes túneles comenzaban a subir hacia alguna parte, lo cual dio buenas vibraciones a la alicornio, indicando que estaban un poco más cerca de la salida. En ese momento, y desde el otro lado de la galería donde se encontraban, apareció un carro de mina lleno de diamond dogs dirigiéndose directamente hacia ellos.
-¡Oh, no, de frente!
-¡Esperad, lo tengo!-exclamó Luna.
Haciendo magia rápidamente desclavó los travesaños de las vías y elevó los raíles hacia arriba, haciendo que el carro saltara sobre sus cabezas y cayera por un foso cercano, sin volverlo a ver de nuevo.
-¡Qué buena ha sido esa!-exclamó Rainbow, divertida.
Sin embargo, nada más decirlo varios perros más surgieron de improviso de varios agujeros del techo y se echaron sobre ellas, Applejack actuó rápidamente y golpeó a varios de ellos, mientras que Rarity se liaba a espadazos con varios y Spike los cogía con una garra y golpeaba con otra.
-¡Oh, sí, esto es extrañamente terapéutico!-masculló el dragón, con satisfacción.
-¡Fuera… de… mi… vista… sucios… perros!-gritó Rarity entre espadazo y espadazo.
-¡Madre mía, relajaos un poco vosotros dos!-exclamó Rainbow, alucinada por la furia de ambos.
-¿¡Cómo voy a relajarme?! ¡Estos asquerosos me secuestraron! ¿¡Es que ya no te acuerdas?!
-¡Sí, y yo apenas pude hacer gran cosa por liberarte!
-Espera ¿qué? Pero si estaba sola…
-¡No, estaba contigo e hice todo lo posible por rescatarte, pero no pude, era demasiado pequeño! ¿¡Por qué no lo recuerdas?!
Rarity se quedó callada con cara extrañada, tratando de recordar, pero en ese momento Luna comentó.
-¡No es momento para esto, luego lo hablamos!
En cuanto consiguieron despachar a los últimos continuaron su huida corriendo por las galerías que iban hacia arriba, mientras que más diamond dogs les perseguían en la distancia.
-¿¡Pero cuántos de estos perros hay aquí?!-masculló Gilda en ese momento.
-¡Miles, cuando el rey decía que su reino es el más grande no exageraba, se extiende bajo tierra a una escala desconocida ya que nadie ha estado aquí abajo y ha vuelto para contarlo!
-¡Pues qué bien!
-¡Tenemos que despistarlos como sea, rápido!
La galería continuaba subiendo hasta llegar a un abrupto callejón sin salida con multitud de materiales de minería desperdigados y algunas vetas agotadas recorriendo sus paredes.
-¿¡Qué?! ¿¡No hay salida?! ¡No puede ser, pensaba que nos llevaría a un ramal superior!-masculló Luna, contrariada.
Los gritos y gruñidos de los perros aumentaban en intensidad cuanto más cerca estaban, poniéndolos a todos un poco más nerviosos; sin embargo, en ese momento, Fluttershy exclamó.
-¡Ah, esperad, por aquí podemos despistarlos!
Se acercaron a donde estaba la pegaso, descubriendo entonces en el suelo un estrecho y muy empinado túnel que daba a alguna parte; en otras circunstancias se lo hubieran pensado mejor, pero en esos momentos críticos no vieron otra salida y, sin más demora, saltaron por él.
La caída fue interminable, o al menos esa fue la sensación que les dio; el túnel era como un tobogán enorme con una pendiente casi vertical, envuelto en una densa oscuridad que se fue aclarando conforme se iban acercando al otro lado. El tramo final se elevaba abruptamente para luego dejarlos caer, frenando así un poco la caída final, pero lo hicieron sobre un buen montón de algo brillante y muy colorido que apenas tuvieron tiempo de observar bien, zambulléndose. En cuanto se reincorporaron, se quedaron estáticos ante lo que vieron.
Y es que una enorme caverna iluminada por antorchas, brillaba y resplandecía con intensidad debido a la ingente cantidad de gemas, oro y piedras preciosas que allí se encontraban. Así a ojo habría por lo menos varias toneladas de gemas, así como otras tantas de piedras preciosas y un poco menos de oro con formas de todo tipo, desde monedas hasta joyería e incluso menaje del hogar, con un valor prácticamente incalculable teniendo en cuenta el volumen que allí había.
-¡La madre del cordero, tienen aquí un auténtico tesoro!-masculló Rainbow, alucinada.
-Jamás había visto tantas riquezas juntas…-murmuró Fluttershy, mirando a su alrededor.
-Sí, si por algo destacan esos perros es por lo ávaros y codiciosos que son, hacen lo que sea por buscar cosas de gran valor, y los conservan a cualquier precio. Creo que lo que hay aquí dobla o triplica el tesoro nacional de Ecuestria…-reveló Luna, sin poder ocultar su asombro.
-¿¡Qué?! ¡¿Son más ricos esos chuchos sarnosos que nosotros en comparación?!-inquirió Rainbow, pasmada.
-Eso parece, pero la ligera diferencia es que ellos no gastan nada, tan solo se dedican a acumular para luego especular. Madre mía, con lo que hay aquí se podría dar de comer a toda Ecuestria durante varias generaciones…
Las demás se quedaron atónitas, contemplando el enorme tesoro que se extendía a su alrededor, sin embargo el tiempo apremiaba, por lo que se pusieron en movimiento enseguida. Aunque costó horrores despegar a Rarity de la cámara, la cual contemplaba extasiada sobre todo las gemas que allí había.
-Son tan hermosas… me podría quedar horas mirándolas… todas para mí…
-¡De eso nada, dulzura, eres el elemento de la generosidad, no es momento para ponerse codiciosos!-exclamó Applejack, tirando de ella con todas sus fuerzas.
Se vio obligada a cargar con ella, saliendo de la cámara por un acceso cercano que comunicaba con lo que parecía ser una galería principal que se extendía hacia ambos lados. Nada más salir Luna se quedó quieta, observando sus alrededores y haciendo un poco de magia para orientarse. Fue entonces cuando lo notó, aunque no fue la única, puesto que la crin de Fluttershy fue la primera en revolverse.
-Ah, eso es… una brisa…
-Sí, es leve, pero eso significa que hay una salida cerca. Y viene… de por allí. ¡Vamos!
Giraron a la derecha en la siguiente intersección, yendo todo recto y guiándose sobre todo por dicha corriente, que parecía provenir del este por lo que Luna pudo comprobar con un rápido hechizo. Por suerte no volvieron a ver a los perros, despistándolos al tirarse por el túnel de antes, sin embargo, al llegar a un amplio hueco en la roca, los volvieron a interceptar desde el otro lado de una enorme galería con paredes y techos labrados en la piedra.
-¡Oh, mierda, corred, corred!
La marabunta de ladridos era cada vez más y más fuerte, evidenciando un buen número de perros, sin embargo había algo más con ellos, un gruñido grave y muy fuerte los acompañaba, y a Luna le dio un muy mal presentimiento cuando lo oyó. Miró al frente y vio, un poco más arriba, a través de una galería igual de ancha, una salida al exterior subiendo unas empinadas escaleras pasado un estrecho puente de piedra que salvaba una honda sima.
-¡Allí, por el puente!
Dejó que las demás fueran las primeras en cruzar, siendo ella la última para asegurarse de que nadie las pisaba los talones; sin embargo, en cuanto fue a cruzar, hubo un repentino golpe a pocos metros de distancia, surgiendo de una pared contigua el diamond dog más grande, fiero y terrible de todos los que había visto en su vida. Era casi tan alto como la galería, con una anchura desproporcionadísima, un abultado cuerpo y una cabeza diminuta. Sus patas eran enormes, acabadas en unas garras igual de grandes y afiladas. Gruñó y ladró a Luna con fiereza, a lo que ella le enfrentó alzando su espada y encantándola en el proceso.
-¡Atrás! ¡No he llegado hasta aquí para caer a las puertas! ¡No vas a pasar!
-¡Princesa!-exclamó Rarity.
-¡Déjelo, vámonos!-masculló Rainbow.
El enorme perro blandió sus garras hacia delante, pero Luna bloqueó todos sus zarpazos con su espada, resonando los chasquidos con fuerza por toda la galería; la blandió acto seguido, haciendo que su filo ardiera, literalmente, en un fuego azulado que lanzó hacia delante, haciendo recular al perrazo mientras ella cruzaba de espaldas el angosto puente.
-¡No me das miedo! ¡Atrás, perro sarnoso, las llamas oníricas te lo ordenan, regresa a tu vil agujero! ¡No puedes pasar!
Como respuesta, el perrazo aulló hacia ella, arqueando su lomo en un claro gesto de inminente salto; Luna actuó rápido, hundiendo el filo de la espada en el puente de piedra y resquebrajándolo. La enorme bestia flexionó sus patas y saltó, siendo sorprendemente ágil para su enorme tamaño, cayendo justo enfrente de ella. Fue entonces cuando la sección frontal del puente cedió y el perrazo cayó a las profundidades, al tiempo que Luna se teletransportaba acto seguido junto con las demás. El aullido del perro se fue perdiendo en la distancia y Luna respiró un poco más tranquila, pero visiblemente agitada.
-¡Eso ha sido increíble, princesa!-masculló Rainbow, alucinada.
-Gracias… creo… que necesito un descanso…-musitó la aludida.
Sin embargo en ese momento oyeron más ladridos, viendo entonces una turba incesante de perros acercándose desde el otro lado del puente, ahora roto, y atacándolas tirando flechas y lanzas hacia ellas. Eso las hizo correr rápidamente hasta la salida, alcanzando así el exterior.
La luz de la tarde les golpeó en el rostro con dureza, ya que habían pasado un largo tiempo en el interior de la montaña, pero eso no las paró, corriendo incesantes ladera abajo por insistencia de Luna. No sabía cuanto tiempo transcurriría hasta que Sauron las volviera a localizar, pero debían alejarse de la montaña lo más rápido posible.
Alcanzaron los pies de la misma en pocos minutos, adentrándose de golpe en un frondoso bosque de altas y espesas coníferas, comenzando a serpear entre los árboles. El clima era mucho más suave que el del desierto, pero comenzaba a notarse un incipiente frío echándose sobre su pelaje, rebajando el paso hasta que no pudieron más, deteniéndose cerca de un pequeño arroyo. Cansadas y exhaustas, se tomaron un buen tiempo en recuperar el resuello, en ese momento Luna murmuró.
-Pararemos aquí, se está haciendo de noche…
-Sí, por favor, no puedo con mi alma…-musitó Rarity, muerta de cansancio.
-Yo también estoy agotada-asintió Applejack, jadeante.
-Me duelen las alas…-masculló Rainbow, recogiéndolas con dolor.
-Ya somos dos, Dash…-añadió Gilda, imitándola.
En cuanto estuvieron todas un poco mejor, Luna se puso de pie y siguió el arroyo, aunque Fluttershy al verla marcharse inquirió.
-¿A dónde va, princesa?
-Tranquilas, estoy bien, voy a explorar un poco, ahora vuelvo…
Con ese comentario bastó para tranquilizarlas, logrando así estar sola consigo misma; el arroyo la llevó hasta un pequeño lago situado en medio de un claro con varias rocas en la parte superior, se acercó a la orilla y se dejó caer, extenuada, bebiendo un buen trago hasta hartarse. En cuanto terminó miró a su reflejo en el agua, el cual la devolvió un gesto cansado y lleno de amargura y sufrimiento. Finalmente no pudo más y dejó escapar todo lo que sentía desde hacía ya un buen rato. Por más que se esforzaba por ponerlas a salvo y llegar a Laberintia, no lo conseguía, siempre había algo que las retenía o las ponía en peligro. La tarea que recaía sobre sus hombros se había vuelto demasiado pesada de soportar, y notaba como ésta comenzaba vencerla sin que ella pudiera hacer casi nada por evitarlo. Se sentía sola e incapaz de realizar lo encomendado.
-No estás sola, pequeña poni.
Esa abrupta voz la hizo reaccionar, levantando la cabeza, y quedándose estática por lo que vio. Una luz brillante e intensísima se extendía al otro lado del lago, entre dos árboles cercanos, y algo emergía de ella. Tan radiante era que la obligó a cerrar los ojos. Y, acto seguido, se detuvo.
¡Por fin, dios, qué paliza! me ha costado sacar este capítulo ya que requería cubrir ciertos aspectos y quería contar varias cosas, de ahí a que tenga tanto contenido, y muy seguramente los siguientes también tendrán buena chicha, ya que tampoco quiero extenderme demasiado. Y sí, lo sé, soy un cabronazo, y más aún cuando os diga que la tanda termina aquí. Pero tranquilos, no tardaré mucho en volver a esta historia. Hablemos del capítulo.
He introducido unos cuantos escenarios nuevos que quería mostrar, así como personajes secundarios que han ayudado a mover la trama, además de un poco más de acción, que andaba un poco parada. Como podéis observar, la parte más tolkeniana del crossover se hace notar a lo largo del viaje, recreando algunas escenas míticas y añadiendo también parte de ese politiqueo que también abundaba en el imaginario de Tolkien, ya que la Tierra Media no sólo se reducía a épica y batallas, sino que tenía un poco de todo, y eso mismo he querido darle a este capítulo.
Pero bueno, como ya he dicho la tanda de capítulos termina aquí, ahora me pondré con Pokémon, que ya va siendo hora de que termine la tercera generación, pero no tardaré mucho en regresar a esta historia.
Y nada más de momento, espero que os esté gustando, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
