Capítulo 11

Cabezonería

La estancia en la Poninesia, concretamente en la tribu de los Qwachaka, no fue muy placentera, ya que se encontraban en un entorno con unos medios de vida muy distintos a los suyos propios. La humedad y las altas temperaturas eran constantes, lo que se traducía en crines y colas encrespadas; para la mayoría de ellas no era un grave problema per se, aunque Rarity era la que peor lo pasaba y con diferencia.

-¡Agh, maldita humedad, tengo mi crin como una esponja, debo estar horrible!

-Tampoco es tan malo…-murmuró Applejack, dudosa.

-¡Eso seguro que me lo dices para que no me preocupe!

-¡Vale, sí, estás horrible! ¿Contenta?

-¡Agh, lo sabía, no quiero verme!

-¿¡Y qué te esperabas si estamos en la selva?! En serio, Rarity, a veces eres un dolor…

Por su parte se refería los Qwachaka les miraban a veces con una adusta indiferencia, otras veces con miradas divertidas y con comentarios entre ellos que debían de ser inusitadamente graciosos, puesto que se reían cada vez. No parecían estar especialmente interesados en ellos, aunque al menos su hospitalidad era genuina y les dejaban estar en su aldea sin mayores contemplaciones. Daring Do les estuvo explicando un poco acerca de ellos y su cultura.

-Viven por y para ellos mismos, de todas las tribus en la Poninesia son los más pacíficos y con diferencia, pero si tienen que defenderse, no dudan en hacerlo. Los jóvenes pasan por un rito de iniciación consistente en la supervivencia, dejándolos a la merced de la selva y sus elementos. Si consiguen volver a la aldea con vida, son considerados adultos y pueden integrarse en su comunidad. Son politeístas, adoran a la tierra, el agua, el aire y el fuego, y respetan mucho a sus muertos.

-Interesante, al menos ahora podemos decir que conocemos algo de la Poninesia…-murmuró Luna, particularmente interesada.

-Sé de la existencia de más tribus al este de aquí, aunque no todas son tan amistosas en comparación. Algunas comercian e intercambian bienes entre ellas, mientras que otras no tienen ningún tipo de contacto, y en caso de tenerlo, lo normal es que acabe en sangre y fuego. Vivir aquí no es fácil-admitió la exploradora.

-Ha debido de ser duro…-asumió en ese momento Fluttershy, con gesto preocupado.

-Sí, pero al final te acostumbras, y personalmente estoy curtida en mil batallas, eso lo sabréis bien si habéis leído los libros…

-¡Desde luego que sí! ¡Eres increíble, en serio, ojalá fuera tan genial como tú!-masculló Rainbow, emocionada.

-Ah, tampoco es para tanto, Dash, aunque he de decir que llegar hasta aquí no es moco de pavo, por lo que tenéis agallas, eso desde luego.

Ése cumplido llenó de orgullo y satisfacción a la pegaso multicolor, a lo que Applejack comentó acto seguido.

-No sabes lo que has hecho, ahora se volverá aún más insoportable…

-¿¡Perdona?! ¡Dime cuántas veces la auténtica Daring Do te va a decir algo semejante en toda tu vida!

Aunque la presencia de la pegaso era toda una experiencia, sobre todo para la propia Rainbow, lo verdaderamente interesante estaba a pocos metros de la aldea, en un amplio claro salpicado de piedras sueltas y vegetación; el antiguo enterramiento no sólo llamó la atención de Daring Do, sino que tanto Luna como la propia Galadriel quisieron saber más al respecto, siendo informadas por la propia arqueóloga.

-De momento no he conseguido averiguar mucho al respecto, pero no me desalienta ni mucho menos. Por lo que los Qwachaka me han llegado a comentar éste enterramiento es previo a ellos, ya que se encontraba en este mismo lugar cuando ellos se asentaron cerca, hace ya más de treinta años. A juzgar por el tipo de piedra, la disposición de los restos y algunas inscripciones desgastadas que he conseguido descifrar, me atrevo a aventurar que tal vez sea de los tiempos de la época de las Guerras Vetustas, quizás incluso más antiguo.

-Por aquel entonces la Poninesia ni siquiera había sido descubierta, así que podría ser perfectamente factible… ¿qué más?-inquirió Luna, con interés.

-No mucho más realmente, éstas ruinas son las que más me están costando desentrañar su misterio y con amplia diferencia…

Por su parte, la elfa se quedó callada escudriñando las ruinas con la mirada, al tiempo que Nenya brillaba débilmente en su dedo; pasó la palma de su mano por encima de unas inscripciones desgastadas que se encontraban encima de lo que parecía el dintel de una puerta de piedra cegada.

-Esa puerta lleva cerrada desde que llegué, no he conseguido averiguar cómo abrirla-comentó Daring Do en ese momento.

-Lógico, después de todo se hizo expresamente para que nadie la profanara. El camino está cerrado, los muertos lo guardan-murmuró Galadriel, mirando fijamente las inscripciones.

-¿¡Cómo lo ha sabido?!-inquirió la exploradora, anonadada.

-Nenya es capaz de decirme muchas cosas, pero me temo que no llega a tanto como para abrirla o desentrañar el misterio. Sin embargo, lo que siento tras esta puerta no pertenece al mundo de los vivos. Como ya he dicho antes, los muertos lo guardan.

-Eso suena a maldición, pero es extraño, no he notado nada desde que estoy aquí, si por algo destacan las maldiciones es que no son precisamente sutiles, se dejan entrever con facilidad-murmuró Daring Do, contrariada.

-Eso es porque esta maldición no pesa sobre el lugar o el yacimiento en sí, sino en los muertos que lo guardan. Están atrapados, y sólo pueden ser liberados por aquel que les ha maldecido, o bien su heredero.

Ese comentario hizo reaccionar a la arqueóloga, la cual murmuró rápidamente.

-Espera un momento, eso significa que… una maldición de sangre.

-Exacto. Aunque el cuerpo se descomponga y deje de existir, los restos permanecen, y con ellos la maldición. Es ciertamente desolador, no me esperaba encontrar algo así en un mundo como éste…

-Sí, incluso en un mundo de ponis de color pastel tenemos nuestros demonios también… tanto dentro como fuera-asintió Luna, con pesar.

Galadriel la miró de reojo, con gesto inquisitivo, aunque en ese momento Daring Do comentó.

-Vaya, quizás no esté del todo preparada para esto, me podría venir bien un poco de ayuda… tal vez la doctora Pones sea capaz de abrir esto, está más puesta en este tipo de maldiciones que yo.

-¿Crees que podrías contactar con ella?-inquirió Luna.

-Sí, después de todo los arqueólogos siempre estamos en contacto, veré si puedo traerla-murmuró Daring Do, pensativa.

Hubo un breve silencio entre las tres, al tiempo que cada una se sumía en sus propios pensamientos, aunque en ese momento comenzaron a oír un creciente tumulto proveniente de la aldea; algunas voces en idioma indígena se alzaron en la distancia, alertando de seguido a Daring Do, la cual exclamó.

-¡La aldea está bajo ataque!

Nada más decir eso, la pegaso alzó el vuelo rápidamente, al tiempo que Luna la imitaba y Galadriel echaba a correr más rápido de lo normal. En cuanto llegaron a la aldea, se encontraron con la mitad de la misma peleando con un buen destacamento de indígenas que no eran de allí. Las chicas junto con Spike se encontraban allí también, inseguros de qué hacer, aunque en cuanto Daring llegó exclamó.

-¡Ayudadme a repelerlos pero no les ataquéis, no debe haber derramamiento de sangre!

Ante eso las demás comenzaron a moverse rápidamente, pero antes de que pudieran hacer nada la princesa Luna hizo acto de presencia y, usando su magia, creó un muro mágico transparente que usó para separar a los Qwachaka de sus atacantes, plantándolo en el centro del asentamiento y deteniendo abruptamente la batalla. Daring aprovechó el momento para adelantarse y se dirigió a uno de los indígenas rivales en su idioma, a lo que uno de ellos la espetó algo muy duramente.

-¿Qué dice?-inquirió Rainbow, ansiosa por saber más.

-¡Ahora no, Dash!-exclamó Daring, molesta.

En ese momento, el líder de la tribu de los Qwachaka se adelantó y exigió algo, a lo que el indígena rival pareció aceptar muy a regañadientes. Se ausentó un momento perdiéndose entre los suyos y, al cabo de unos breves minutos de espera, hizo acto de presencia lo que todas luces parecía ser el líder de la tribu rival. Vestía de forma muy similar al líder Qwachaka, aunque sus engalanes y complementos en el pelaje y la crin eran más extravagantes si cabía, con gruesos rizos que le caían sobre sus hombros y pecho, rematados con lo que parecían ser pequeñas cabezas reducidas. Fluttershy casi se desmayó al ver esto, aunque la sujetaron a tiempo entre Rainbow y Applejack.

Hubo un breve silencio en el que ambos líderes se miraron fijamente con actitud retadora, siendo el líder Qwachaka el primero en hablar; aunque no podían entender lo que decía, sus gestos y aspavientos daban a entender una gran molestia, al tiempo que un escupitajo hacia delante hacía hincapié en esto. Por su parte, el líder rival esbozó una cruel sonrisa, mostrando unos dientes muy descuidados que le daban un aspecto aún más intimidante si cabía, tomando la palabra. Ésta vez parecía haber un mayor resentimiento por su parte, haciendo un ademán con la pata en su cuello que daba a entender que amistoso no era precisamente, para luego señalar hacia Luna y los demás. El líder Qwachaka le miró duramente, queriendo replicarle, aunque en ese momento Daring intervino con tono más neutro, tratando de aplacar los ánimos.

Las palabras de la pegaso parecieron tranquilizar a ambos líderes, aunque los dos siguieron matándose con la mirada; el líder rival, tras pensárselo brevemente, dijo algo con gesto molesto y, tras un rápido gesto con su casco, tanto él como sus hombres se retiraron rápidamente. Luna no levantó el muro hasta asegurarse de que estaban bien lejos, en cuanto lo hizo los sementales regresaron a sus casas con sus familias, mientras que el resto se quedaba alrededor de su líder, mirándole con preocupación. Daring intercambió algunas palabras con él, dirigiéndose hacia las demás acto seguido.

-Las cosas no están muy tranquilas por aquí últimamente, vuestra presencia alertó de cierta manera a la otra tribu.

-¿Y eso por qué? Además ¿Quiénes eran esos?-inquirió Rainbow, extrañada.

Daring Do dejó escapar un leve suspiro, comentando de seguido.

-Hay mucho que explicar, pero no ahora, prefiero que sean ellos los que lo cuenten. Ésta noche haremos una pequeña ceremonia.

-Ooh ¿Como una fiesta? ¿Puedo ayudar?-inquirió Pinkie, súbitamente emocionada.

-Algo así, pero mejor déjaselo a ellos, después de todo son sus costumbres, no creo que les haga mucha gracia que alguien de fuera intervenga.

-Oh… bueno, está bien…-murmuró la poni rosada, comprensiva.

El resto del día pasó en un denso y un tanto extraño silencio, como si los ánimos de los Qwachaka se hubieran alicaído debido a la presencia de la otra tribu rival. En cuanto los últimos rayos de sol se pusieron, toda la tribu se congregó en el exterior alrededor de una gran fogata, donde los demás fueron invitados a sentarse. Una vez que estuvieron todos, el líder de los Qwachaka encaró la fogata, al tiempo que las yeguas de la tribu comenzaban a cantar y bailar a su alrededor. Pinkie quiso unirse, muy animada al respecto, pero recordó las palabras de Daring y se quedó en su sitio sin decir nada.

Al punto, el líder tomó unos polvos de color cobre rojizo con su casco y los echó al fuego, haciéndolo crepitar con más fuerza que antes, al tiempo que comenzaba a hablar. Daring hizo de intérprete en todo momento.

-Nosotros, los Qwachaka, nos asentamos aquí hace ya más de seiscientas lunas, y nunca hemos hecho mal a nadie. Nuestro pueblo proviene de algún lugar de la Poninesia que hemos olvidado con el tiempo, pero el recuerdo perdura en nuestros ancestros.

Tras eso, echó ésta vez unos polvos de color azul cobalto y el fuego cambió de color, comenzando a mostrar formas entre sus llamas que parecían hechizarles cuanto más las miraban. En ellas, figuras de ponis indígenas se podían vislumbrar caminando constantemente hasta detenerse, formándose alrededor varias llamas concéntricas que parecían representar el asentamiento actual.

-Somos supervivientes, como todos los seres vivientes de esta tierra. Pero no todos son como nosotros, y algunos nacieron simplemente para guerrear. Éste es el caso de los Nownir, el clan que nos antagonizó ésta misma mañana. Mantienen que ésta tierra es de su propiedad desde hace eones, pero nunca la han poblado. Según ellos está maldita y no está permitido asentarse en ella. Sin embargo, nosotros nunca hemos notado nada.

El fuego continuó crepitando cada vez más y más lento, como si algo ralentizara la combustión, al tiempo que las imágenes seguían pasando mostrando formas apenas definidas. Una de ellas recordó vagamente al antiguo enterramiento no muy lejos de allí, y tanto Daring como Galadriel entercerraron los ojos, con gesto pensativo.

-Los Nownir nos han estado antagonizando desde hace muchas lunas, insistiendo que nos debemos marchar, pero empezar de nuevo después de tanto tiempo viviendo aquí no es algo que podamos hacer así sin más. Muchos de nuestros ancianos tienen toda una vida aquí, y les sería imposible empezar una nueva lejos de su hogar. Por eso nos resistimos a marcharnos.

Applejack asintió con la cabeza, entendiendo muy bien ése sentimiento; Rainbow aprovechó entonces ese momento para preguntar.

-¿Y por qué nuestra presencia los ha alertado de esa manera?

Daring hizo la pregunta al líder de los Qwachaka en su idioma, respondiendo acto seguido.

-Porque se piensan que estáis aquí para enfrentarles, aun a pesar de que gracias a Daring llegamos a realizar un pacto de no agresión en la que ella intermediaba en todo momento. Esta mañana ella trató de convencer al líder Nownir de lo contrario, pero nos ha dado un ultimátum. Os vais a tener que marchar…

La noticia no cogió desprevenidas a los demás, que se esperaban algo así de cierta forma, aunque en ese momento Applejack comentó.

-Lo último que queremos es causarles problemas, después de todo sólo estamos de paso. Aun así me parece muy injusto que esos Nownir os obliguen a marcharos así sin más de vuestro hogar. No permitáis que os manipulen así…

El líder de la tribu miró largo y tendido a la poni de tierra mientras Daring le iba traduciendo sus palabras, dibujando una sincera sonrisita entre medias; contestó al poco rato, dirigiéndose directamente hacia ella.

-Eres sabia, poni de Ecuestria, y veo que nos entiendes mejor que nadie. Si de mi dependiera, dejaría que os quedaráis el tiempo que os haga falta, pero como podrás comprender, no puedo poner en peligro a los míos…

-Lo entiendo perfectamente, jefe, no pasa nada-murmuró ella rápidamente.

-Desde luego, no queremos causar problemas…-asintió Fluttershy.

-Y como ya hemos dicho, sólo estamos de paso, así que…

Daring tradujo como buenamente pudo todos los comentarios, a lo que el líder Qwachaka se dirigió ésta vez a Luna, preguntándole directamente.

-¿A dónde se diriguen exactamente, señora de las estrellas?

-Ah… a Laberintia, la tierra de los minotauros, en las montañas del norte.

El líder Qwachaka asintió con la cabeza, comentando acto seguido.

-En ese caso os ayudaremos a atravesar parte de la selva, seguir el río es la mejor opción para llegar a las montañas, mañana un par de mis hombres os escoltarán.

-Tampoco hace falta que se moleste, podemos apañárnoslas sin mucho problema…

-No es molestia, después de todo evitó que mi gente saliera herida, le debemos mucho. Ahora disfrutad de la velada.

El resto de la noche se resumió rápidamente, con bailes y cánticos hasta las tantas de la mañana a los que Pinkie se sumó encantada, mientras comían y bebían. El resto de las chicas y Spike se dejaron llevar, olvidándose de todo por esa noche, mientras que Luna, Daring y Galadriel hablaban un poco por su cuenta.

-Me gustaría acompañarla a Laberintia, princesa, pero después del ultimátum de los Nownir no voy a poder alejarme de aquí, los ánimos podrían saltar en cualquier momento-admitió a arqueóloga.

-No se preocupe, doctora Do, después de todo ya ha hecho mucho por nosotros. Aunque lo que me preocupa es la guerra que se avecina y cómo podría afectar a este lugar, ya he visto que aquí ya tienen sus propias guerras…-murmuró la aludida, preocupada.

-La Poninesia siempre ha vivido al margen del resto del mundo, y dudo mucho que ese Sauron ponga sus ojos aquí…

-No deberíais subestimar las ansias de poder de Sauron, después de todo siempre busca la conquista de toda tierra que pueda proporcionarle algo. Sin embargo lo que hay aquí podría jugar un papel importante de cara a la próxima guerra, y sí que nos convendría hacer que su mirada se mantenga ocupada en todo momento-explicó la elfa, con la vista fija en el fuego.

-Pareces conocerle bien… ¿sabes qué podría estar haciendo en estos momentos?-inquirió Daring, interesada.

Ante esa pregunta Galadriel esbozó una sonrisita suspicaz, murmurando de seguido.

-¿Qué podría pasar por la cabeza de un ser que sólo ha conocido el mal, la desidia y el rencor? A veces me es complicado ponerme en un papel así, pero si yo fuera él, y teniendo en cuenta las circunstancias, buscaría una manera de regresar a Arda a toda costa. Después de todo, sólo con el anillo posee una pequeña parte de su poder. Una muy fuerte y persuasiva parte, pero suficiente como para mantenerlo con vida. Seguramente sus ansias de conquista sean lo único que aún le atan a esta tierra, pero debemos ser cautelosos. Cuando se organiza, puede llegar a convertirse en una fuerza imparable. Es por eso por lo que debemos armar un ejército lo suficientemente grande como para mantenerle ocupado el tiempo suficiente para que yo avance y pueda llegar hasta él.

El silencio posterior fue un tanto denso, al tiempo que la elfa contemplaba a Nenya en su dedo, brillando débilmente, como si estuviera hablando con él. Daring, tras unos breves minutos con gesto pensativo, comentó.

-Si se trata de eso, Laberintia es la mejor opción, en ese sentido ha pensado usted bien, princesa. Sin embargo, puede llegar a ser complicado.

-Lo sé, el rey Creto es de todo menos diplomático…

-Suena a que necesitarás mi ayuda para convencerle-comentó Galadriel en ese momento.

-Seguramente… y mucha paciencia también.

-Me hago una idea, después de todo yo también sé alguna cosa o dos de la soberbia de los soberanos, tuvimos mucho de eso en la Tierra Media.

-Mucha suerte entonces.

-Gracias Daring…

Desde donde estaban, las tres contemplaron el devenir de la fiesta, dejando pasar el tiempo. La noche refrescaba, con un gran manto de estrellas por corona.


La noche en Ecuestria, en contrapunto, era oscura y deprimente, con densas nubes encapotando el cielo y bloqueando la luz de la luna y las estrellas. Las únicas luces visibles residían en las ciudades y pueblos de los caminos, y en ese sentido Canterlot brillaba en la ladera de la montaña que sostenía el ojo de un intranquilo Sauron. El haz de luz anaranjada peinaba sin descanso todos los rincones del reino y más allá, buscándolo todo y encontrando casi nada. Se sentía ansioso, y no sabía muy bien por qué. Y eso lo podía notar hasta Twilight, la cual estudiaba el proto palantir en su despacho aplicándole hechizos de todo tipo para intentar hacerle funcionar.

-Le noto extraño de un tiempo a esta parte, señor, como si algo le preocupara ¿está todo bien?

El maia tardó un poco en responder a esa pregunta, mirando hacia el este casi todo el tiempo, hasta que finalmente habló.

-No sabría decirte con seguridad. Siento que hay algo que se me está escapando, no he vuelto a ver ni a tus amigas ni a esa princesucha metomentodo… y eso de cierta forma me preocupa.

-¿Hay alguna razón en concreto?

-No lo sé, no había vuelto a sentir nada parecido desde los tiempos de la guerra de la última alianza. Por aquel entonces había consolidado mi poder y estaba listo para tomar la Tierra Media aunque me llevara tiempo, después de todo había reunido recursos de sobra y había forjado alianzas con Harad y sus habitantes, los Haradrim, que me fueron leales siempre que estuve en la cima. Pero no contaba que tanto hombres y elfos se hicieran fuertes junto con el resto de razas, incluso algunos numenoreanos supervivientes se unieron a sus filas. Aun a pesar de todo esto, yo me sentía poderoso, puesto que tenía el anillo único conmigo.

-Pero se lo arrebataron…

-Así es… me confié demasiado, pero ni siquiera eso me paró, y ahora aquí estamos, tratando de regresar a la tierra que deberé reclamar como mía… ¿cómo va el palantir?-inquirió Sauron, cambiando de tema.

-Bueno, ahí va, estoy experimentando un poco con hechizos varios, pero no da resultado, al menos de momento.

-Quizás necesite algo más… ¿qué hay de esas tierras fértiles que encontraste al este de aquí? No parece que vayamos a encontrar mucho más en el norte, y mucho menos en las tierras vetustas, han estado excavando allí desde al menos una semana y no han encontrado nada relevante.

-Y ni encontrarán, visto lo visto… ese lugar está muerto, aunque sobre el valle entrerreinos yo seguiría esperando, al menos de momento-insistió Twilight, mientras consultaba varios libros a la vez.

-¿Por qué? Estamos agotando las opciones, y aún queda mucho que conquistar. No pienso volver a Arda con las manos vacías…

-Lo entiendo, señor, pero al menos de momento volver a Arda no es posible, y mucho menos hacer contacto siquiera con esta cosa. Prefiero esperar antes de mover ficha de nuevo, después de todo tenemos ya mucho territorio conquistado rodeando a Ecuestria desde casi todos los puntos cardinales, en caso de ataque tenemos con qué defendernos.

Sauron consideró por un momento las palabras de la alicornio, aunque no terminaba de ver del todo por qué esperar con el valle entrerreinos se refería. ¿Acaso había algo que no le estaba contando? Una duda comenzó entonces a planear por la mente del señor oscuro, considerando sus opciones. Aun a pesar de que Twilight era la cabeza de su imperio en expansión, él también tenía plena potestad sobre todos aquellos soldados de cristal que componían su gran ejército. Después de todo nacieron de su mismo poder, y como tal estaban atados al anillo único que ahora obraba en su poder y mantenía su ojo fijo en lo alto de la montaña. Desde allí podía ver todo lo que sucedía en Ecuestria y más allá, sin embargo ni siquiera eso era ningún impedimento para hacer su voluntad. Si Twilight no quería moverse era cosa suya, pero aun así le interesaba que siguiera donde estaba. Ya habría tiempo para posibles reestruturaciones de cara a la vuelta a Arda.

Sin embargo, la inquietud que sentía al no saber muy bien qué era lo que se le escapaba le hacía sentirse más y más ansioso por finalizar cuanto antes el palantir. E invadir ese valle era lo más inmediato para calmar su sed de conquista y saqueos en busca de más materiales.

-Muy bien, sea. Preparad un pelotón para invadir ese valle desde la avanzadilla de Griffonstone cuanto antes, reportadme sólo a mí los avances ¿entendido?-ordenó directamente a las tropas asentadas allí.

-Sí, mi señor, así lo haremos-asintió el oficial al mando.

Ante eso, Sauron relajó su mirada, permitiéndose descansar un poco. Después de todo, él era el señor oscuro de Mordor. Y después venía todo lo demás.


Al día siguiente, y tras un rápido desayuno junto con la correspondiente despedida, el grupo de seis ponis, un dragón adolescente y una elfa remontaba el río siendo llevados por dos Qwachaka en una alargada canoa de madera. Debido a su anchura y profundo caudal, la corriente no era muy fuerte y ambos indígenas no tenían apenas problema para hacer avanzar la embarcación aun a pesar de estar tan ocupada, avanzando de manera lenta pero constante.

-¿Cuánto tendremos que avanzar yendo por el río?-inquirió Rainbow, curiosa.

-Sólo hasta cierto punto, en cuanto lleguemos a la zona montañosa el río pierde profundidad, por lo que tendremos que bajar e ir a pie desde ahí-explicó Luna.

Mientras tanto, disfrutaron del paseo en canoa observando la ancha rivera, llegando incluso a ver aun a pesar de las sucias aguas, varios peces nadando cerca de la superficie. Pinkie se asomó para verlos mejor, pero se tuvo que apartar enseguida en cuanto uno de ellos pegó un salto hacia ella, mostrando unos dientes afiladísimos que la asustaron en el proceso.

-Cuidado con las pirañas, incluso si una sola puede llegar a hacerte daño si la dejas, no hablemos ya de varias de ellas-la advirtió Fluttershy.

-Ya no son tan graciosas, no…-murmuró la poni rosada, algo atacada.

El viaje continuó tranquilamente y sin mayores sobresaltos durante casi toda la mañana, aunque en un momento dado llegaron a ver al otro lado del río, encima de varias rocas, a varios ponis indígenas de la tribu rival, los Nownir, observándoles atentamente pasar. Los Qwachaka no hicieron ni dijeron nada al respecto, continuando remando, aunque las demás se alertaron enseguida.

-¡Princesa, mire, allí!-exclamó Rainbow por lo bajini.

-Los he visto, tranquila, no creo que vayan a hacernos nada, simplemente deben estar asegurándose de que nos vamos, eso es todo-murmuró la alicornio oscura, sin apenas mirarlos.

-Así es, no noto ningún sentimiento hostil por las inmediaciones, podemos relajarnos-aseguró Galadriel, observando a Nenya en su dedo.

-¿En serio ese anillo es capaz de decirla hasta eso? Se ve casi tan poderoso como el que corrompió a Twilight…-comentó Applejack en ese momento.

-Y así es, aunque al contrario que el único, Nenya fue creado para proteger, conservar e incluso guiar a quien lo porta. Pero como ya sabéis, su fuerza está atado al único, y en cuanto éste deje de existir, el poder de Nenya se desvanecerá y pasará a ser un simple anillo más.

-¿Y será suficiente como para hacer frente al único?-inquirió Fluttershy, preocupada.

-En teoría sí, pero prefiero ir sobre seguro, es por eso por lo que vuestros elementos me podrán ayudar a desterrar el mal de Sauron de esta tierra. Pero antes, debemos asegurar nuestra fuerza-recordó Galadriel.

-Laberintia nos espera-asintió Luna, con gesto decidido.

En torno a mediodía, y tras atravesar gran parte del mismo, el caudal del río comenzó a cambiar y hacerse más fuerte, lo que obligó a los Qwachaka a ceñirse al margen derecho; en cuanto la fuerza creció lo suficiente, dejaron de remar y embarrancaron la canoa en la orilla.

-Bueno, pues hasta aquí llegamos, a partir de aquí debemos seguir a pie-anunció Luna.

Todo el mundo desembarcó de la canoa y, antes de marcharse, Luna se dirigió a los indígenas y les dijo algo en su idioma, sorprendiendo a todos por igual; los Qwachaka asintieron con la cabeza en un gesto solemne y, tras eso, regresaron por donde vinieron dejándose llevar por la corriente. Una vez solos, la alicornio aclaró.

-Le pedí a Daring que me enseñara un poco de su lengua para poder agradecerles en condiciones.

-Vaya, princesa, sabe mucho de idiomas…-murmuró Fluttershy, impresionada.

-No tanto como debería, a decir verdad, me gustaría reforzar todos los que conozco cuando todo esto pase.

Sin decir mucho más, comenzaron a caminar siguiendo el río, el cual más adelante su caudal se convirtió en unos violentos rápidos que salpicaban agua en todas direcciones. Para entonces la presencia de la selva comenzaba a difuminarse poco a poco, volviéndose el terreno mucho más abrupto y escarpado, dificultando de esta forma la marcha. El rumor de las aguas bravas del río resonaba por toda la zona, pero conforme iban avanzando fueron escuchando un estruendo cada vez más y más fuerte conforme más se acercaban.

-¿¡Qué es ese rumor?!-inquirió Rarity, algo asustada.

-¡Lo veremos en breve, tranquilas, no rompáis el ritmo!-las animó Luna, encabezando la marcha.

Continuaron subiendo por fuertes pendientes y esquivando rocas varias hasta que por fin, y tras salvar una abrupta pared de piedra, la vieron. Y es que una gran catarata caía con gran estruendo sobre un estrecho canal horadado en la piedra por la acción de la misma, aunque lo que más destacaba no era la cascada en sí, sino las dos grandes estatuas de un par de minotauros situadas a ambos lados del gran salto de agua. Todos se quedaron maravillados al verlas, observándolas con gran detalle, al tiempo que Luna comentaba.

-Y a partir de aquí nos adentramos en Laberintia, el reino de los minotauros, guardado por los dos primeros reyes que la vieron nacer: Minos y Pasífae.

Dichas estatuas eran de la misma altura que la cascada, y representaban a ambos minotauros con todo lujo de detalles; tanto el rey como la reina llevaban en sus cabezas sendas coronas, siendo la de Minos la más grande y vistosa, el cual también sostenía un cetro de mando en una garra y una espada en la otra en la que se apoyaba como si fuera un cayado. Sus cuernos eran muy prominentes, y su musculatura estaba muy bien representada, así como sus delgadas patas de carnero que, aunque no lo parecieran, les confería una velocidad y fuerza de lo más destacables.

En cuanto a Pasífae se refería era del mismo tamaño que la de Minos, pero con una figura no tan abultada y más fina, con unos cuernos algo más pequeños pero estilizados y un pecho menos firme pero más túrgido. En una garra sostenía otro cetro de mando, y en la otra un pergamino enrollado.

-Fueron los primeros reyes de Laberintia, Minos era el capitán general del ejército, lo cual está representado por la espada, mientras que Pasífae se encargaba de redactar y promulgar las leyes, de ahí el pergamino que sostiene. Juntos construyeron y dotaron a su reino de una fuerza política y militar sin parangón que sus descendientes se encargaron de mantener a lo largo de muchas generaciones. Aun a pesar de que no poseían magia, su fuerza tanto física como intelectual les ayudaron a paliar ese defecto, construyendo muchas y variadas máquinas de guerra, además de muchas otras para facilitar a su reino de todas las comodidades posibles. Ésta es una de las entradas que marca además el comienzo de la frontera del reino, hay otros accesos decorados con las estatuas de otros antiguos reyes, pero ésta es sin duda la más impresionante de todas-explicó Luna.

-Desde luego…-murmuró Rainbow, alucinada.

-No poseo muy buenos recuerdos de los minotauros, a decir verdad…-murmuró Fluttershy, algo amedrentada.

-Tranquila, Fluttershy, estando con nosotras no tienes nada que temer-la tranquilizó Rarity.

-Qué curioso, en la Tierra Media hay dos estatuas muy parecidas a éstas que marcan la frontera con el reino de Gondor… realmente no somos tan distintos-murmuró Galadriel, fascinada.

Tras contemplarlas un rato más, continuaron entonces subiendo hasta lo más alto de la catarata a través de un estrecho y abrupto sendero cercano y adentrándose así en la tierra de los minotauros.

Al contrario que la gran mayoría de tierras y reinos donde habían estado, donde la altura sobre el nivel del mar apenas era destacable, toda Laberintia se encontraba en un terreno elevado bastante prominente marcado sobre todo por su carácter montañoso, con simas, precipicios y altas paredes de piedra salvadas principalmente por puentes de madera o de piedra toscamente labrados. La temperatura bajó también en consonancia, siendo un cambio un tanto abrupto frente al ambiente húmedo y cálido de la Poninesia, la cual se podía ver casi toda su gran extensión desde los picos más altos de las montañas que en esos momentos se encontraban ascendiendo, viéndose como un gran y espeso manto verdoso que precedía al profundo mar que se extendía más allá del horizonte.

-Más allá del océano imperecedero se encuentran las heladas tierras del sur, donde no habita casi nadie, puesto que las temperaturas son bastante extremas. Casi nadie ha ido a explorar más allá-explicó Luna.

-Menudas vistas…-murmuró Applejack, impresionada.

-Nunca había llegado tan lejos, a decir verdad, es digno de verse-asintió Spike, igual de asombrado.

-Aún nos queda un buen trecho para seguir subiendo, sigamos-animó Luna.

Por el camino pasaron por multitud de pequeños y vistosos asentamientos situados en altas colinas y en anchas laderas, habitados principalmente por minotauros, aunque también había algún que otro grifo asentado desde hacía bastante tiempo, incluso vieron desde la distancia un par de diamond dogs que evitaron a toda costa, recordando la traumática experiencia vivida en Diamantia. Sin embargo no vieron ni un solo poni en esos asentamientos, siendo de hecho tibiamente recibidos en la gran mayoría por los que pasaban.

-¿Qué miran tanto? ¿Acaso no han visto un poni en su vida?-inquirió Rainbow, molesta al respecto.

-Sí, claro que sí, el problema es precisamente eso, que somos ponis-murmuró Luna a media voz.

-¿Eso es un problema?-inquirió Applejack, ceñuda.

-Bueno, según se mire…

Antes de que Rainbow o Applejack preguntaran más al respecto, uno de los minotauros que allí había trabajando el metal dejó el hierro al rojo vivo que estaba moldeando y se dirigió a ellos con gesto molesto.

-¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí, ponis?

-Pues lo mismo que tú… ¿qué pasa?-inquirió Rainbow, ciñendo aún más el ceño.

-Yo llevo viviendo aquí toda mi vida, pero vosotros no sois de aquí… ¿a qué habéis venido?-insisitió el minotauro, cada vez más molesto.

-Sólo estamos de paso ¿acaso no podemos pasar por aquí?

Antes de que el minotauro contestara a eso, Luna se adelantó comentando rápidamente.

-Nos dirigimos a la capital para una audiencia con su majestad el rey Creto, eso es todo.

Ante eso, el minotauro se quedó un tanto extrañado, mirando de arriba abajo a todo el grupo hasta que finalmente comentó.

-¿Y para qué querría el rey Creto hablar con un grupito tan dispar como el vuestro? Y más aún con ponis como vosotros…

-¿¡Tienes algún problema con nosotros, amigo?! ¡Porque si es así nos lo dices y salimos rápidamente de dudas!-exclamó entonces Rainbow, realmente molesta.

-Rainbow, no, espera…-masculló Applejack, alarmada, pero para entonces el daño ya estaba hecho.

-¡Pues sí, poni de colorines, tengo un problema con vosotros ahora mismo, quiero que os marchéis de mi pueblo y no volváis nunca más!

Antes de que la pegaso multicolor replicara al minotauro, alguien más salió al paso de manera abrupta, con gesto serio y desaprobador, al tiempo que empezaba a exclamar imponiéndose ante él.

-¡Ya basta, señor mío, no hemos venido aquí a montar bulla y mucho menos a meternos con usted que no le conocemos de nada! ¡Como ya ha dicho la princesa, estamos aquí simplemente de paso y nos dirigimos a la capital para tener una audiencia con el rey Creto, el cual esperamos que sea lo suficientemente cortés como para al menos recibirnos! ¡He dicho! ¿He sido lo suficientemente explícita? ¡Porque encantada estoy de volvérselo a explicar si no ha sido así!

Hubo un abrupto e inesperado silencio entre ellos, al tiempo que todos los demás observaban alucinados a una casi irreconocible Fluttershy, la cual sostuvo con una inusitada dureza la mirada de un atónito minotauro que, por un instante, no supo muy bien qué decir, visiblemente amedrentado por lo que veía.

-Ah, eh, esto… bueno, sí, claro, quiero decir… lo he entendido, sí.

-¡Muy bien, me alegro pues! ¡Ahora nos iremos de aquí tranquilamente sin decir ni hacer nada y todos volveremos a nuestras vidas! ¡Que tenga un buen día!

Tras eso, Fluttershy alzó la cabeza en un gesto altanero que dejó aún más rotos si cabía a los demás, hasta Galadriel estaba visiblemente incrédula por lo que veía. Cruzaron el resto del asentamiento rápidamente, dejándolo atrás, y mientras continuaban los demás se dirigieron a una Fluttershy que para entonces ya se había quitado la máscara.

-¡Eso ha sido una pasada!-exclamó Rainbow, sin salir de su asombro.

-Vaya, querida, me parece que alguien aún recuerda una cosa o dos sobre asertividad…-murmuró Rarity, esbozando una sonrisita confidente.

-¡Ya ves! Y creo que también ha utilizado cierta habilidad que no se la da nada pero que nada mal…-añadió Pinkie divertida, alzando sus cejas.

-Bueno, sí, vale, utilicé un poco la mirada… pero no me gustaría tener que volver a hacerlo, la verdad…-admitió la pegaso, algo cortada.

-Espera un momento ¿qué me he perdido exactamente?-inquirió Applejack, extrañada.

-Yo tampoco entiendo muy bien de qué va todo esto-añadió Spike, igual de anonadado.

Entre las tres les estuvieron explicando lo que ocurrió aquel día con el minotauro Iron Will, entendiéndolo entonces un poco mejor, llegando Luna a comentar al respecto.

-Sí, si por algo destacan estos minotauros es por su asertividad y porte, ya habéis visto cómo se impuso, por eso lograron tanto en el pasado. Y como habréis podido adivinar, las Guerras Vetustas les hicieron muy reservados, hasta el punto de llegar a odiarnos debido a la derrota en la última batalla antes del final de la guerra, en el que el resto de razas, comandadas por un general alicornio poni, pusieron en jaque a Laberintia. Eso desembocó en un armisticio y, posteriormente, en el fin de las hostilidades y la firma del tratado de paz, en el que, para contentar a Laberintia, se les permitió una serie de concesiones para que ellos mismos pudieran establecer las condiciones a su gusto. Todo para que no volvieran a amenazar con otra guerra. Desde entonces, las relaciones entre ponis y minotauros han sido bastante tensas.

-Entiendo, aunque teniendo en cuenta eso… ¿realmente el rey Creto nos recibirá en condiciones?-inquirió en ese momento Applejack.

Como si se esperara esa pregunta, Luna rodó los ojos mordiéndose un labio, al tiempo que comentaba.

-Para serte sincera, Applejack, no estoy nada segura, pero no perdemos nada por intentarlo…

-Pues estamos apañados…-murmuró Rainbow, preocupada.

Antes de que alguien más dijera nada, Galadriel tomó la palabra rápidamente.

-Por eso no os preocupéis, sé tratar con gobernantes así, he visto algunos muy parecidos en la Tierra Media, por lo que no voy a ciegas. Me escuchará si le digo exactamente lo que quiere oír.

-¿Y cómo sabrás qué es lo que quiere oír?-inquirió Pinkie, curiosa.

Como respuesta, la elfa tan solo hizo girar la mano en la que tenía el anillo de poder, el cual emitió un leve resplandor que hizo comprender a la poni rosada enseguida, aunque Rainbow comentó en ese momento.

-¿Así sin más? Sí que es poderosa esa cosa…

-Lo sé, pero aun así hasta yo misma tengo mis propios límites, y tampoco quiero forzar a Nenya, después de todo no fue concebido como un instrumento de control o manipulación. Sólo lo usaré como última vía si agoto todas las opciones.

-Sí, después de todo un anillo nos metió en éste lío, no queremos otro similar en estos momentos-añadió Applejack contundentemente.

Sin decir mucho más al respecto, el viaje continuó sin mayores contratiempos, atravesando altas montañas siguiendo escarpados y sinuosos senderos que reptaban por las laderas y salvaban inmensas caídas. La altura iba elevándose cada vez más y más, haciéndose sus alrededores más visibles conforme iban paliando metros; desde la lejanía, llegaron a ver los bosques de Kirinia, las montañas que los separaban del desierto del Caballo que albergaba toda Saddle Arabia, así como las que delimitaban el extenso valle Entrerreinos. Y muy al fondo, como una luz apagada envuelta en tinieblas, se podía ver un resplandor anaranjado brillando débilmente en la distancia. Al verlo todas contuvieron la respiración, por su parte Galadriel murmuró.

-El gran ojo… ya veo, se ha hecho fuerte, pero al mismo tiempo se ha limitado a sí mismo considerablemente. Si conseguimos llegar hasta él, no tendrá nada que hacer.

-¿Cómo estás tan segura?-inquirió Fluttershy, intimidada por el brillo rojizo.

-En el anillo único habita una parte del poder de Sauron, pero no todo ello. Ha concentrado casi todo ese poder en crear una réplica del gran ojo que todo lo ve desde Mordor, en esta forma, está totalmente desprotegido. Tendrá un gran ejército que lo proteja, sí, pero si conseguimos fomar otro lo suficientemente grande como para hacerle frente, romper sus defensas y llegar hasta él… seremos capazces entre todas de derrotarlo y echarlo de aquí para siempre.

La seguridad y fuerza de las palabras de la elfa llenó los corazones de los ponis de esperanza. Tal vez había una oportunidad. Pero antes, debían de hablar con el rey Creto.

Continuaron el viaje durante el resto del día y, para cuando el sol ya estaba cercano a esconderse, llegaron por fin a su destino.

-Ahí está la capital de Laberintia, Cnosia-anunció Luna en cuanto la vio.

Las demás dejaron escapar un seco jadeo nada más verla; y no era para menos, puesto que la visión era simplemente espectacular. Pasado un ancho y robusto puente de piedra ricamente tallado que salvaba una honda sima, se alzaba una gran ciudadela amurallada tallada directamente de la propia roca de una inmensa montaña, la cual se levantaba unos cuantos metros más hacia arriba, abrigándola por detrás y convirtiéndola así en una gran fortificación que se aprovechaba de los elementos que la componían. Mientras que Canterlot fue levantada sobre una plataforma tallada de la propia montaña que la albergaba, Cnosia había sido construida dentro de una enorme concavidad en la propia montaña. Poseía varios niveles, llegando a contar hasta cinco desde donde estaban, y cada uno poseía una muralla que la separaba del nivel inferior y así suvesivamente. Encima de las almenas en todos los niveles, pudieron ver una serie de catapultas y otras máquinas de guerra, estando muy bien defendida en ese sentido. Y en el nivel superior, dominando toda la ciudadela, se alzaba con cierto orgullo un imponente palacio que incluso superaba en suntuosidad y riqueza al de Canterlot.

-Vale, lo tengo que admitir, Cnosia se ve increíble-masculló Rainbow, dejando de lado su orgullo.

-Desde luego, es magnífico, nunca había visto nada igual, ni siquiera se parece a Canterlot…-murmuró Rarity, sin salir de su asombro.

-Impresionante…-masculló Applejack, con la boca abierta.

-¿Habéis visto qué cantidad de máquinas de guerra tienen? Asediar este lugar sería complicadísimo-comentó Spike, sin perder detalle de nada.

-Vaya, se ve hasta algo intimidante… da miedo-murmuró Fluttershy a media voz.

La única que no dijo nada fue Galadriel, la cual miraba con atención todo lo que veía con una sensación de familiaridad cruzando su mente.

Cruzaron el puente de piedra en compañía de otros minotauros que iban y venían hasta llegar a la entrada principal, la cual se encontraba guardada por un par de minotauros ensutados en gruesas armaduras y con sendas lanzas en sus garras; además, un puente levadizo de madera salvaba la tremenda caída que había bajo sus patas, y un doble portón enorme y de un grosor considerable era precedido por una reja metálica que en esos momentos se encontraba levantada. Los guardias clavaron su mirada en ellos, pero apenas les hicieron caso y se adentraron en el primer nivel de la ciudadela.

Las casas se encontraban hechas de piedra, como si se hubiera tallado directamente de la propia montaña, y se apiñaban las unas sobre las otras de manera lineal sobre un camino de piedra que subía tanto hacia la derecha como la izquierda. Las calles estaban abarrotadas de minotauros que iban y venían realizando sus quehaceres, por los que apenas fueron vistos, aunque otros se las quedaban mirando con cara de pocos amigos. Aun así ellas les ignoraron y continuaron su marcha ascendiendo por la interminable ciudadela.

En el segundo nivel vieron más casas y zonas residenciales con alguna que otra plazoleta con pozos en el centro donde los minotauros sacaban agua. En el tercer nivel se encontraron con la zona comercial de la ciudadela, una extensa plaza rectangular partía el nivel en dos, y en ésta se encontraban la gran mayoría de comercios de la zona, así como talleres de todo tipo, viendo herrerías, armerías, alfarerías, joyerías, entre muchos otros. Al contrario que en el bazar de Saddle Arabia Rarity no encontró el lugar tan atractivo, aunque quizás la gran presencia de altos, corpulentos e intimidantes minotauros era una buena razón para no pararse.

En el cuarto y quinto nivel vieron más casas y algunas zonas ligeramente industriales, aunque aquí encontraron una nueva raza que nunca antes habian visto; se trataban de unas criaturas aladas, parecidas a los minotauros en cuanto a fisología se refería, aunque con un gran pelaje en torno al torso y la cabeza, picudas orejas y largas colas. Al verlas Fluttershy se llenó de curiosidad, inquiriendo de seguido.

-Oh, vaya ¿qué son esas criaturas tan curiosas, princesa?

-Son gárgolas, Fluttershy, una raza proveniente de los confines del este bastante reservada y que suelen vivir con los minotauros en una especie de relación de vasallaje. Es raro verlas fuera de los alrededores del castillo de Medianoche… ¿qué harán aquí?-se preguntó Luna, extrañada.

-¿Castillo de Medianoche?-repitió Rainbow, extrañada.

-Oh, es el castillo donde vive el rey centauro, Vorak, aunque…

Luna se quedó callada por un momento, perdida en sus pensamientos, mientras que las demás esperaban una respuesta por su parte, aunque antes de que dijera nada se encontraron rodeadas por varios minotauros que las miraban con cara de pocos amigos.

-¿Qué estáis haciendo aquí, ponis?-inquirió uno de ellos, dando un paso al frente.

-Oh, no, esta mierda otra vez no…-masculló Rainbow, molesta.

-Rainbow, por ésta vez quédate callada y deja hablar a la princesa ¿vale?-la sugirió Applejack rápidamente.

-No sé si voy a ser capaz de ponerme… asertiva con tantos a la vez-comentó Fluttershy, intimidada.

-Tranquilos, dejádmelo a mí…-calmó Luna rápidamente.

La alicornio oscura imitó al minotauro, dando un paso hacia delante y hablando directamente.

-Saludos, minotauros, soy la princesa Luna de Ecuestria y hemos venido para solicitar una audiencia con el rey Creto.

Hubo un breve silencio tan solo roto por el barullo de los alrededores antes de que todos los minotauros se echaran a reír, siendo el primero que habló en opinar al respecto.

-¿Una audiencia? ¿La princesa Luna de Ecuestria? ¿Y qué hace su alteza real en un sitio como éste?

-Ya lo he dicho, he venido a solicitar una audiencia con…

-Me temo que no lo ha entendido, princesa… ni usted ni sus súbditos son bienvenidos aquí. Vuélvanse por donde han venido.

Para entonces la tensión comenzaba a escalar por momentos, aunque Luna mantenía la calma en todo momento; las demás comenzaron a ponerse nerviosas, especialmente Rainbow, la cual movió las alas sutilmente hacia el arco en su grupa. Por su parte, Applejack dio leves toques en el suelo con sus botas, mientras que Rarity jugueteaba con la empuñadura de su espada. Fluttershy se asió a su bolsa de medicinas que la regalaron, esperando no tener que usarla con nadie. Spike inspiró con fuerza, preparando su fuego interior por su las cosas se torcían.

Sin embargo, antes de que todo se desencadenara, aparecieron en escena un par de guardias que cortaron la tensión de un plumazo, inquiriendo de seguido.

-¿Qué está pasando aquí?

-Ah, no, son estos ponis, que dicen que han venido a una audiencia con el rey, es simplemente ridículo…-murmuró uno de los minotauros.

Los guardias las miraron de arriba abajo, viendo enseguida a Luna e inquiriendo de seguido.

-¿Es eso cierto? ¿Tienen concertada una audiencia con su majestad?

-No como tal, me temo, ya que no me dio tiempo a extender formalmente la petición, pero es apremiante de por sí, así que si ustedes nos pueden ayudar a ponernos en contacto con él, mejor que mejor.

Ambos guardias se miraron con sendos gestos confusos, sin embargo no se comieron demasiado la cabeza, murmurando de seguido.

-Eso tendrá que decidirlo su majestad, no usted. En todo caso síganos, les llevaremos hasta él.

El grupo respiró más tranquilo mientras seguía a los guardias, alejándose de ese grupito hostil de minotauros que no les quitaron la vista de encima hasta que subieron al siguiente nivel a través de otra puerta fortificada.

El sexto y último nivel estaba ocupado enteramente por el palacio real, el cual se alzaba hasta casi tocar la cima de la montaña; un amplio patio de armas con una vistosa fuente en el medio precedía al portón de entrada, el cual estaba guardado por otros dos guardias centauros, los cuales les recibieron fríamente. Los que las escoltaban les explicaron la situación y, tras eso, abrieron la puerta y entraron el recibidor. Al contrario que el palacio de Canterlot éste era mucho más amplio por dentro, con grandes galerías cóncavas que hacían resonar el ruido de sus cascos al caminar; por dentro estaba exquisitamente decorado, incluso más que el de Canterlot, cosa que asombró en gran medida a las ponis.

-Caramba, éste lugar es casi tan grande como las cuevas en las que vivimos…-comentó Spike, sorprendido.

-Incluso suena el doble… ¡eco!-exclamó Pinkie, divertida.

Su grito resonó por toda la estancia, llamando la atención de los guardias y el servicio que estaban allí, lo que le valió una reprimenda por parte de Luna.

-¡Pinkie, silencio, que nos pierdes!

-Perdón, no he podido evitarlo…

Los guardias más cercanos rodaron los ojos con gestos exasperados, aunque en ese momento apareció una minotauro vestida de ama de llaves, la cual se dirigió a ellas tajantemente.

-¿Puedo ayudarles en algo?

-Buenas tardes, soy la princesa Luna de Ecuestria, sé que a lo mejor es un poco tarde, pero hemos hecho un largo viaje hasta aquí con la esperanza de poder tener una audiencia con el rey Creto…

-¿Y por qué querría su majestad tener unas palabras con ustedes?-inquirió el ama de llaves, dejadamente.

-Se trata de algo importante, algo que nos atañe a todos y al destino de Equus… por favor…

La minotauro les miró de arriba abajo con una adusta indiferencia, hasta que finalmente murmuró.

-Muy bien, avisaré a su majestad… luego que él decida si recibirles o no.

Les dejó entonces sólos allí, esperando, aunque en ese momento Rainbow comentó.

-Qué majos son todos aquí…

-Sí, bueno, ya sabes…

-Ya, historia y todo eso.

La espera no fue muy larga, siendo llamados al poco rato por la misma ama de llaves que las llevó hasta la sala del trono, donde vieron entonces al rey Creto; era mucho más alto y corpulento que el típico minotauro promedio, sus cuernos eran el doble de grandes y llevaba en su cabeza la misma corona que llegaron a ver representada en el primer rey de camino hacia allí. Su semblante era serio y particularmente duro, sus ojillos se clavaban especialmente en Luna, e iba vestido con una vistosa capa roja con bordes blancos, además de una tosca armadura plateada de lo más brillante.

-Vaya, vaya, vaya ¿pero qué ven mis ojos? Una apestosa alicornio, cinco insulsos ponis, un solitario dragón y… algo que no sé que es, en mi salón del trono. No me esperaba tener que ver a nadie más de su raza, y sin embargo aquí estamos, princesa Luna. He de admitir que al principio tuve unas ganas inmensas de echarla personalmente de aquí, pero entonces la curiosidad sacó lo peor de mí. ¿Qué es lo que tiene que decirme exactamente?

Ignorando los ofensivos comentarios hacia su persona, la aludida cogió aire y meditó bien sus palabras antes de empezar a hablar.

-Sé muy bien que alguien como yo no es muy bien recibido aquí, y me disculpo de antemano, majestad, si mi presencia no le es grata. Pero como ya le habrán comentado, no estoy aquí por mero placer, sino porque las circunstancias me han obligado a ello. No sé si estará enterado de alguna u otra forma, pero mi reino ha caído en manos de una fuerza maligna opresora desconocida. Ha corrompido a una de mis ponis y está gobernándolo con casco de hierro, conquistando otros reinos aledaños y armando un ejército de ponis oscuros hechos de cristal y magia negra para invadir todo Equus. Mis súbditos y yo hemos hecho un largo viaje por todo el este advirtiendo a la gran mayoría de reinos para unirnos en armas contra él, pero todos han rechazado mi oferta por no hacer detrimento del tratado de coaliación, cosa que por un lado comprendo. Por eso estoy aquí, majestad, para ofrecerle a usted directamente la oportunidad de unirnos todos juntos frente a un invasor común.

El silencio posterior fue denso y el tiempo pasó lenta y pesadamente, como si le incomodara hacerlo. Creto clavó su mirada fijamente en Luna, pensando en algo, pero entonces se echó a reír, primero levemente, para luego soltar sonoras y estridentes carcajadas que hicieron eco por todo el salón del trono. Las demás callaron, siendo Rainbow la que más autocontrol requirió para no estallar. Galadriel se mantuvo inusitadamente callada, y Luna no dijo nada al respecto, dejando que Creto se explayara a gusto en cuanto recobró la compostura.

-Vale, a ver si lo he entendido. Ecuestria ha caído, lo que quiere decir que alguien le ha dado una lección a Celestia, teniendo en cuenta que no se encuentra aquí, y ahora usted, princesa Luna, no es capaz de arreglar lo que seguramente hayan provocado y me pide ayuda a mí. Nunca pensé que viviría lo suficiente como para ver este día.

-Majestad, sé que en el pasado se cometieron muchos errores, pero ahora no es tiempo de…

-Espere, espere un momento, déjeme saborear este instante sólo un poco más, a ver… oh, sí, eso está muy pero que muy bien…

Luna le dejó hacer, puesto que no quería provocar un nuevo conflicto político en unos momentos tan delicados, pero para entonces la vena en la sien de Rainbow Dash parecía estar a punto de estallar de lo hinchada que estaba. Applejack vio ésto y masculló.

-Rainbow, por lo que más quieras, quédate callada, no digas nada…

Sin embargo eso fue suficiente para la pegaso, la cual no pudo más y dejó escapar lo que sentía.

-¡Cállese de una vez, deje de hablarle así a la princesa!

El gesto de Creto se torció de improviso, mirando con incredulidad a la aludida y mascullando de seguido.

-¿Qué me has dicho, pequeña e insignificante poni?

-¡Me ha oído perfectamente! ¡Me parece estupendo que tengan lo suyo con nosotros, pero eso no le da derecho a tratarnos como si fueramos poco menos que basura! ¡La princesa ha venido aquí y ha sido lo suficientemente humilde con usted, no merece que la humillen de ese modo, y mucho menos estando yo delante!

Creto la miró fijamente con una expresión en blanco grabado en su rostro, como si no hubiera procesado del todo lo que acababa de pasar. Dejó escapar una pequeña risita, para acto seguido aporrear los reposabrazos de su trono, destrozándolos, poniéndose en pie como un resorte y avanzando hacia ella como un miura con los ojos fijos en ella. Las demás se echaron hacia atrás muertas de miedo, sin embargo la pegaso multicolor se quedó quieta devolviéndole la mirada con gesto retador.

En ese momento Luna quiso mediar, pero Creto aulló.

-¡No, cállese, nada de lo que usted diga salvará a su poni! ¡Esto es entre esta insensata y yo!

Antes de que Rainbow pudiera moverse, el enorme minotauro extendió un brazo y la cogió por el pescuezo, inmovilizándola de improviso y comenzando a apretar.

-¡Rainbow, no!-exclamaron todas.

-¡Silencio! ¿Unas últimas palabras, pequeño insecto?-musitó Creto, con los ojos inyectados en sangre.

Para entonces la cara de Rainbow comenzaba a enrojecer, impidiéndola hablar como tal, pero en ese justo instante, Galadriel murmuró tranquilamente.

-No le conviene hacerlo.

Esa abrupta declaración cogió desprevenido al rey, el cual aflojó por un momento su agarre y bramó acto seguido.

-¿¡Por qué no?! ¡Me ha insultado directamente a mí, al rey, sin ningún tipo de miramiento! Además ¿¡Quién o qué demonios es usted para decirme eso?!

-Oh, no soy quien para decidir sobre usted, desde luego, pero si sabe lo que realmente le conviene, soltará a la pegaso.

-¡De nuevo! ¿¡Por qué?!

-Porque su valentía y arrojo serán importantes para los eventos que están por venir.

Esas palabras extrañaron al rey, el cual la miró con gesto escrutador, al tiempo que la elfa comenzó a andar lentamente hacia él mientras comentaba.

-He visto por mí misma lo que su reino es capaz de hacer. Es osado y temerario, pero terco e inflexible. Creerá que tiene el mundo a sus pies, y puede que así sea. Pero eso no es más que una simple piedra en el camino para los planes de Sauron, quien se ha hecho fuerte al oeste de aquí. Su fortaleza es casi inexpugnable, pero hasta el tiempo hace mella en la roca más sólida. Es cuestión de tiempo que su reino caiga bajo su oscuro yugo si no hace nada por evitarlo.

-¡Eso es ridículo! ¡Somos la raza más fuerte de toda Equus, ni siquiera los todopoderosos alicornios fueron capaces de hacernos frente, y se aprovecharon de un momento de debilidad para doblegarnos! ¡Ni toda su gran magia junta bastó para hacernos ceder ante sus presiones!

-¡Si por algo pecamos en su día los alicornios fue por nuestra propia vanidad, pero no fuimos los únicos en provocar una guerra! ¡Murieron tanto ponis como otras razas! ¿¡Y de quien fue la culpa!?-le espetó Luna, realmente enfadada.

-¡Ni se la ocurra acusarnos así sin más, princesa Luna!

-¡De todos, pero sabemos quién estuvo presionando desde el primer momento! ¡Usted no era más que un simple títere al servicio de un mal mayor!

-¡No siga por ahí, no siga o su súbdita pagará muy caro su osadía! ¡Nadie nos dice lo que tenemos que hacer!-aulló Creto, casi fuera de sí y zarandeando a una abotargada Rainbow.

Aun a pesar de la tensísima situación, Galadriel conservó en todo momento su porte tranquilo, mirando fijamente al rey mientras continuó hablando con tono sosegado.

-Grite y chille todo lo que quiera, majestad, pero sólo el pasado sabe lo que sucedió aquí. No quiere cometer los mismos errores, pero tampoco quiere dejar de lado a su pueblo. Puede hacer mucho más de lo que llegó a hacer en su día si suelta a la pegaso y escucha lo que le tenemos que decir.

-¿¡O si no, qué?!

Como respuesta, Galadriel alzó su mano con Nenya brillando en su dedo, trazando un amplio círculo en el aire y proyectando algo en él. Al punto, varias imágenes comenzaron a pasar en los que se mostraba una Laberintia devastada por la guerra, sumida en las tinieblas y con gran parte de su población muerta, y la otra esclavizada y obligada a realizar trabajos forzados. Tropas y tropas de ponis de cristal oscuros avanzaban en la lejanía, azotando a unos minotauros encadenados los unos a los otros, y en la distancia, un resplandor rojizo familiar se extendía hacia todas las direcciones. Creto se quedó helado al ver esto, aflojando su agarre, y Galadriel aprovechó para retomar su alegato.

-Sauron no se detendrá ante nada, y si no opone resistencia, su mal inundará su reino y lo sumirá en la más negra oscuridad. Si de verdad quiere lo mejor para su pueblo, déjese ayudar por nosotros y el resto de razas. El destino de esta tierra depende directamente de usted. Porque sabemos bien que su raza es la más fuerte de todas. Y porque tiene el suficiente carácter como para ayudarnos a asegurar la victoria.

Los ojillos del rey no se apartaron de las imágenes que veían, tambaleándose levemente, como si algo en su cabeza le hubiera hecho reaccionar. Sin decir nada más, terminó de aflojar del todo su agarre y soltó a Rainbow, la cual cayó al suelo tosiendo con fuerza y respirando de nuevo; las demás se acercaron a ella y la ayudaron a enderezarse, al tiempo que Creto se echaba hacia atrás y se derrumbaba en su trono. Las imágenes de desvanecieron y, tras eso, clavó su mirada en Luna, la cual se la devolvió fijamente y sin vacilar. Y entonces, habló.

-Esos condenados centauros… nos prometieron jauja, y luego no cumplieron con lo pactado. Y más aún cuando el primer rey, Tirac, quiso tener a Ponyland comiendo de su mano. Tanto poder y tanta palabrería, para luego quedarse en poco más que nada. Y nosotros quedamos como simples peleles. Y mi mujer… mi reina…

Creto guardó silencio, volviendo a golpear el reposabrazos con evidente frustración y resoplando con fuerza. Fue en ese mismo instante cuando Luna tomó la palabra.

-Todos perdimos a alguien en la guerra. Yo perdí a mi padre, por ejemplo. Nada ni nadie nos podrá devolver lo que nos fue arrebatado. Pero de una cosa estoy segura. No puedo permitir que otra guerra asole nuestra tierra de nuevo. Y más aún si proviene de mi propio reino. Por eso… ayúdenos, rey Creto. Recuperemos todos juntos nuestro mundo.

Las palabras de Luna resonaron por todo el salón del trono, al tiempo que Creto miraba hacia otro lado, como si la cosa no fuera con él. Sin embargo se levantó de improviso y murmuró.

-Está bien, lo consideraré. Pero he de hablar con mi consejo antes de decidir nada. Tendrán que esperar hasta entonces.

-Lo que usted necesite, majestad. Muchas gracias por escucharme-murmuró Luna, con tono aliviado.

Creto miró de reojo a la alicornio, con gesto receloso, y antes de marcharse comentó.

-Pueden instalarse en las habitaciones superiores. Pero no molesten mucho.

Tras eso el rey les dejó allí y, una vez solas, todas respiraron más tranquilas, aunque los primeros comentarios fueron dirigidos a cierta poni de colorines.

-¡Dashie, menos mal!-exclamó Pinkie, abrazándola.

-¡Anda, dulzura, ya te vale, menos mal que Galadriel ha podido hacerle entrar en razón!

-¿Y qué queríais que hiciera, que me quedara de patas cruzadas mientras insultaba a nosotras y a la princesa?

-¡Pero querida, casi haces que te maten!

-Ese rey Creto es espeluznante…

-Sólo la Rainbow Dash que yo conozco haría algo semejante… madre mía-murmuró Spike.

-Bueno, haya paz… gracias por sacarnos del apuro, Galadriel…-se apresuró a decir Luna, con mirada sincera.

-No ha sido nada, después de todo, y como ya os dije, me las he visto con dirigentes así en mi mundo. Me ha recordado de cierta forma al último rey de Gondor, Isildur, aunque también un poco a Thrain, el último rey enano… menuda combinación-murmuró la elfa.

-Pues ya ves… aunque es extraño, se sabía que los centauros estaban detrás de los actos de los minotauros, sobre todo al principio y de cara al final de la guerra, pero…

Por un instante Luna se quedó callada, pensando en posibilidades, sin embargo lo dejó estar y se dirigieron a descansar en la planta superior, siendo guiados por el ama de llaves. Quizás sí había esperanza después de todo. Tan solo necesitaban esperar.


La noche se cernía sobre el Valle Entrerreinos, con una luna menguante por corona que apenas alumbraba más allá de las eras que el viento mecía suavemente; varias figuras de ponis altos y acristalados, ensutados en robustas armaduras, recortaban la distancia de manera lenta pero eficaz, asaltando por sorpresa las granjas y pequeños asentamientos aledaños sin apenas hacer ruido. Un pelotón principal iba recorriendo el camino de tierra dirigiéndose al asentamiento principal, mientras que se iban reuniendo con el resto de soldados que iban asaltando las casas allá por dónde pasaban. Los primeros incendios comenzaron a iluminar la noche, y los gritos comenzaron a llenar el vacío que el silencio dejaba, sustituyéndolos por ruina, oscuridad y muerte. El que encabezaba el pelotón se comunicó directamente con Sauron.

-Mi señor, nos dirigimos a tomar el asentamiento principal.

-Muy bien. Que no quede nada.

-Así se hará.

Un resplandor rojizo intenso proveniente del oeste se posó sobre el valle, tiñéndolo de un rojo carmesí, al tiempo que la oscuridad lo envolvía todo hasta casi desaparecer.


¡Dios, por fin consigo sacar este capítulo! He de admitir que me ha costado lo suyo, ya que entre una cosa y otra, un curso de ofimática que he estado haciendo, y mi ansiedad, me ha llevado mucho más tiempo de lo pensado. Pero bueno, aquí está.

Como ya sabéis, voy a ir capítulo por capítulo hasta el último, así que el próximo tardará un poco en llegar, pero tranquilos, que he apuntado varias ideas para que no se queden en el tintero. En éste capítulo llegan por fin a Laberintia, donde se deja caer más detalles del pasado y cómo éstos condicionan el presente de cierta forma. El detalle de la Poninesia está ahí también, ya veré cómo lo haré, ya que tampoco quiero desviarme demasiado del hilo principal, siendo más una subtrama que otra cosa, pero bueno, a ver cómo lo remozo.

Y eso es todo de momento, ahora retomaré Pokémon, en cuanto vuelva lo haré con fuerza, eso por descontado, y espero no tardar tanto, eso sí. Comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!