Capítulo 13

Sin cuartel

A la mañana siguiente las tropas estaban ya listas para partir, ocupando casi toda la totalidad de las calles principales; las chicas y Spike se reunieron con Galadriel junto a la puerta del palacio mientras esperaban a que el rey Creto diera la orden de marchar. Éste, al verlos sin la compañía de Luna, inquirió.

-¿Dónde se ha metido la princesa Luna?

-No lo sabemos…-murmuró Rarity, con gesto sucinto.

-Al despertarnos no estaba en su habitación-comentó Spike.

Ante esa información el minotauro frunció el ceño, mirando con un gesto lleno de renuencia a Galadriel, la cual permaneció callada y devolviéndole la mirada con gesto neutro. Por un instante el monarca miró hacia el este, pensando en una posibilidad, sin embargo lo dejó estar negando con la cabeza rápidamente y murmurando secamente.

-Bah, que haga lo que quiera, nos vamos ya. Si quieren venir son bienvenidas, pero no se separen mucho.

En ese momento el rey hizo un rápido gesto, al tiempo que el sonido de un gran cuerno de tono grave resonaba por toda la ciudadela y, tras eso, las tropas comenzaron a moverse hacia la salida, cargando consigo máquinas de guerra como catapultas mecánicas, torres de asalto, grandes ballestas de ataque, entre muchas otras. Galadriel, las chicas y Spike marcharon junto a la comitiva del rey, que iba detrás del todo, y durante todo el trayecto hasta la salida la población se había congregado en torno a la calle principal para despedir y desear suerte a las tropas. Creto fue saludando a sus súbditos mientras cerraba la comitiva, los minoturos al pasar le reverenciaron y algunos le tiraron flores, deseándole suerte y fortuna en la lucha.

-Su pueblo realmente le aprecia, eso dice mucho de un gobernante-le comentó en ese momento la elfa.

-Me debo a mis súbditos, después de todo es lo único que me queda. Mi mujer era mucho más querida que yo, incluso, pero todo ese cariño recayó en mí cuando ella murió. Por eso actúo, por mis súbditos. No le debo nada a los ponis, eso que quede claro-murmuró el rey, contundente.

Rainbow quiso decir algo al respecto, pero Applejack la hizo callar pisándole un casco, al tiempo que Galadriel le quitaba hierro al asunto comentando.

-Lo importante es que respondamos al ataque de Sauron como es debido, no podemos dejar que se expanda más de lo que ya lo ha hecho. Llegado el momento yo también tendré que exponerme ante él. Y las tornas cambiarán en consecuencia.

-No termino de comprender sus palabras, extraña criatura, pero mientras ni usted ni los ponis se entrometan en los asuntos de mi pueblo, no tiene por qué pasar nada.

Finalmente dejaron atrás Cnosia y la enorme caravana militar se puso en movimiento, dirigiéndose hacia el norte; esto chocó a las ponis, siendo Rainbow la primera en comentar.

-Espere un momento, nosotros vinimos por el oeste ¿por qué nos dirigimos al norte?

-Nos encaminamos a un atajo que discurre por la cordillera minoica, nos llevará directo al Valle Entrerreinos y ni siquiera nos verán venir. Sólo nuestro pueblo lo conoce, así que les voy a pedir absoluta discreción concerniente a este asunto-reveló Creto, contundente.

-Descuide, majestad, no contaremos nada a nadie-aseguró Rarity.

-Más les vale…

-¿Y cuánto tardaremos por este atajo?-inquirió Pinkie, curiosa.

-Normalmente tardaríamos por lo menos más de dos semanas y media yendo todo recto hacia el oeste, pero con el atajo el tiempo se reduce tan solo a una semana justa, estaremos allí enseguida y ni siquiera nos verán venir.

-Ya veo…

Con esa información todas pensaron en lo mismo: Luna tan sólo tenía una semana para hacer lo que tuviera pensado hacer. Esperaban que valiera la pena. Por el bien de todos.


Mientras tanto, en el Valle Entrerreinos, la oscuridad se había apoderado de él en todos los sentidos de la palabra; negras y densas nubes coronaban el cielo, extendiendo una lóbrega penumbra por todo el valle.

El asentamiento principal del mismo se había convertido en un improvisado bastión para las tropas invasoras, comenzando a realizar cambios en su disposición y convirtiéndolo poco a poco en un fuerte amurallado por órdenes directas del propio Sauron, ya que debían prepararse para el inminente ataque.

-¿Estás segura de que esos minotauros vendrán aquí?-inquirió el aludido en ese justo momento, mientras supervisaba el trabajo desde lo alto de la montaña.

-Desde luego, ante una provocación semejante no se quedarán parados, eso se lo garantizo. Debemos estar preparados para lo que surja-asintió Twilight, la cual hacía lo propio desde el terreno.

-Todavía sigo preguntándome por qué no me hablaste de ellos en su momento…

-Porque no quería adelantarme a los acontecimientos, sabía que si llamábamos la suficiente atención acabarían por saber de nuestra existencia, quería aprovechar eso a nuestro favor invadiendo poco a poco los reinos aledaños a Ecuestria y así atacarles de improviso cuando fueramos lo suficientemente fuertes, pero ahora todo se ha torcido…

-¿Y de quién es la culpa?

Ante eso la alicornio morada se vio obligada a morderse la lengua antes de contestar; si se lo preguntaban directamente a ella y, según su criterio, la culpa era de Sauron al decidir atacar directamente al valle sin ni siquiera consultárselo a ella, sin embargo sabía muy bien que eso no era lo que él deseaba oír, por lo que se tuvo que tragar su orgullo y murmurar sin mucha renuencia.

-Mía, señor, debí contarle mis planes desde el principio…

-Exacto. Me gustas, Twilight, eres el tipo de poni que necesito para conquistar todo este mundo y extender mi influencia más allá de Arda, pero para eso voy a necesitar que nuestra comunicación sea lo más transparente posible. Después de todo yo confío en ti… estoy seguro de que tú también lo harás…

-Por supuesto, señor, usted me mostró todo mi potencial y no podré agradecerle lo suficiente todo lo que ha hecho por mí…

-Bien, bien…

El silencio posterior fue algo más relajado, aunque por parte de la alicornio morada aún había algo de renuencia en sus pensamientos; aun así lo dejó estar y se centró en lo que había venido a hacer, que era preparar el asentamiento principal del valle para la batalla que se avecinaba. No iba a ser un efrentamiento sencillo, y confiaba que con un número suficiente de efectivos podrían repeler el ataque sin muchos problemas. Tan solo debían estar preparados.

Mientras tanto, en el reino de Medianoche, Luna comenzaba a aclimatarse poco a poco a su estancia allí, comprobando de primera mano lo que ayer por la noche apenas podía ver con tanta oscuridad. Y es que no quedaba casi nada de lo que antaño fue un reino próspero y grande como cualquier otro. Aun a pesar de ser un lugar eminentemente montañoso por el tipo de tierra en el que se encontraban, muy rica en caliza, cobre y otros materiales ferrosos, en el pasado tenían grandes campos fértiles situados en llanas mesetas rodeadas de montañas, pero ahora todos esas superficies se encontraban completamente dilapidadas debido a la sobreexplotación que tuvieron que someterlas en el pasado debido a la guerra. Vio muchas granjas y otros asentamientos más pequeños que llevaban años abandonados debido a esto, y el poco verde que había en todo el reino se concentraba cerca del castillo y su ciudadela, sosteniendo a duras penas a casi toda su población hacinada en un solo espacio. El único puerto, situado en la parte baja de los acantilados que rodeaban el castillo, llevaba años cerrado debido a que se dejaron de hacer tratos comerciales desde hacía mucho tiempo, dando como resultado un puerto completamente abandonado y con un aspecto paupérrimo. Y al oeste, en la parte con menos altitud de todo el reino debido a su cercanía a los mares lánguidos, se extendían las ciénagas malditas, donde se dieron la mayor parte de las batallas durante la guerra, siendo imposible vivir allí de ninguna manera.

-Cielo santo, no tenía ni idea de que estuvierais así de mal… ¿nunca pudisteis recuperaros?-inquirió Luna en ese momento a Scorpan, mientras observaban la totalidad del reino desde el pico más alto del mismo, muy al sur del castillo.

-Hubo varios intentos por reestablecer algunas relaciones comerciales, sobre todo con los minotauros, pero estos no se fiaban de nosotros. Y del resto de razas no volvimos a tener contacto nunca más con ellas.

-Es terrible… lo siento, me siento en parte responsable, vivís en la miseria…

-Bueno, tenemos lo justo y necesario para vivir, pero renunciamos a la vida lujosa hace ya mucho tiempo…

-Lo siento…

-No es culpa suya, princesa, tan sólo fue una desafortunada consecuencia, nada más…

-Pero aun así… debimos hacer mucho más por vosotros y no abandonaros a vuestra suerte.

-Tanto vosotros los ponis como el resto de razas teníais razones más que de sobra para no fiaros de nosotros. Todo el mundo aquí sabe muy bien lo que mi tatarabuelo Tirac hizo con vuestro pueblo…

-Pero eso pasó hace muchísimo tiempo, yo ni siquiera había nacido. Conozco los cuentos porque se han transmitido de generación en generación, pero sería mezquino por mi parte juzgar los acontecimientos del pasado con los ojos del presente. No ganaríamos nada con eso salvo desidia y rencores sinsentido. No, esto es otro tema completamente diferente. No puedo permitir que sigáis viviendo así-murmuró la alicornio oscura, con mucha determinación.

-He de admitir que es algo muy noble de su parte, princesa… pero no sé si mi padre o ni siquiera el resto del reino estarán por la labor-admitió Scorpan, un tanto desanimado.

-Bueno, ya veremos…

Los primeros días Luna los aprovechó para empaparse todo lo posible de la historia y la cultura tanto de los minotauros como de las propias gárgolas; por lo que pudo leer en abultados y un tanto ajados libros de historia, la relación de vasallaje y señorío entre ambas razas databa desde tiempos muy antiguos desde que se tenían registros. De alguna manera que a día de hoy no estaba del todo clara, tanto minotauros como gárgolas coexistían juntos en una especie de relación simbiótica en la que la gárgola provee de usufructo al centauro, y éste, a cambio, comparte con ella los beneficios de esa relación, ya fueran económicos, sociales o afectivos. Y es que aun a pesar de lo que pudiera parecer, los centauros no oprimían a las gárgolas, al menos en la gran mayoría de los casos. Siempre había excepciones, claro está, pero lo general existía una relación de cordialidad entre ellos, llegando a haber casos en los que centauro y gárgola podían llegar a ser amigos muy cercanos, y hasta amantes o pareja, como con el rey y la reina, siendo éste caso el que marcó precedentes en ese sentido. Antes no era tan común que ambas razas se relacionaran tanto y de esa manera, pero con el tiempo, y tras el matrimonio de Vorak y Haydon, esas relaciones se fueron asentando y ahora estaban mejor vistas.

En cuanto a su cultura como tal, los centauros destacaban sobre todo por su prominente figura y el uso de la magia, la cual canalizaban a través de sus cuernos y podían usarla para multitud de propósitos tal y como un unicornio o un alicornio haría. Aunque su fuerza física también era bastante prominente, permitiéndoles hacer muchas más actividades físicas, favoreciendo de esta manera una mayor flexibilidad en sus tareas cotidianas. Además también destacaban por tener una gran inteligencia, así como una innata curiosidad por todo lo que los rodeaba, lo que les hacía aventurarse y ser grandes exploradores, al menos antes de la guerra. Cultivaban también muchas ramas del conocimiento, desde la medicina, la mecánica, la agricultura, el comercio o la política, siendo en ese sentido muy buenos oradores y grandes estrategas.

Por otro lado, las gárgolas eran un tanto más simples en su forma de ser debido sobre todo a la relación de vasallaje que tenían con los centauros, pero no por ello menos capaces. De hecho muchas de ellas solían aconsejar y asistir a los centauros en todas aquellas labores y tareas en las que los requerían, así como de luchar a su lado cuando era necesario. Durante las Guerras Vetustas las gárgolas fueron un sustento importante ya que eran la primera fuerza a tratar en todas sus contiendas; podían atacar desde tierra y desde el aire gracias a sus alas, y esto combinado con la mente militar y más práctica de los centauros les hacía una fuerza considerable a tratar. Este detalle en concreto interesó sobremanera a Luna puesto que podían ayudarles a luchar contra Sauron perfectamente, combinándose además con la gran fuerza bruta de los minotauros. Todo eso, unido a todos los efectivos que el resto de razas pudieran proporcionar, sería más que suficiente para armar un gran ejército de coalición que podría ser capaz de enfrentar e incluso detener a Sauron si jugaban bien sus cartas.

-Sí, podría funcionar… sólo tengo que convencerles a todos para que acepten venir conmigo. Aunque antes he de trabajármelo bien-pensó Luna, sumida en sus pensamientos en la soledad de la biblioteca.

Quiso seguir leyendo más, aunque en ese momento oyó un pequeño aleteo y, al darse la vuelta, se encontró con la reina Haydon, la cual la saludó cortésmente.

-Buenos días, princesa Luna. Veo que está de lo más ocupada últimamente…

-Sí, bueno, me gustaría comprender un poco mejor a su marido así que aquí estoy…

Ante eso la gárgola esbozó una comprensiva sonrisa, murmurando al poco rato.

-Vorak siempre ha sido muy recto y orgulloso, pero al final siempre intenta hacer lo correcto. Nuestra relación se enfrió un poco después de lo que pasó con Tirek, con el tiempo hemos vuelto a estar mejor, aunque no sin algo de reticencias por su parte. Estos últimos años han hecho mella en él en ese sentido, y ambos sabemos que su tiempo se está agotando. Eso es lo que más le preocupa, de hecho.

-Sí, pude notarlo el otro día… no parece querer dar su brazo a torcer.

-Perder a Tirek fue un duro golpe, puesto que tenía todas sus esperanzas despositadas en él para sacar al reino de Medianoche adelante. Quería que Tirek fuera mejor que todos los reyes que le precedieron, incluso mejor que él mismo. Sin embargo… hizo lo que hizo, y ahora está en el Tártaro por ello. No voy a mentir, como madre me duele muchísimo, incluso cuando nos enteramos de las noticias me negaba a creerlo. Pero el daño ya estaba hecho, y no tuvimos más remedio que aceptar sus condiciones. Era lo menos que podíamos hacer, dadas las circunstancias.

-Sí, lo recuerdo, aunque a decir verdad mi hermana se encargó de casi todo… bueno, por aquel entonces no pasábamos por nuestro mejor momento, de hecho sucedió algo antes de lo de Nightmare Moon, y…

Por un momento la alicornio oscura se quedó callada, un tanto azorada, aunque Haydon le quitó hierro al asunto rápidamente.

-Bueno, todos tenemos algo de lo que arrepentirnos… si lo piensa, eso nos une ¿no cree?

-Sí, es verdad… aunque eso es precisamente lo que busco: unión, volver a confraternizar de nuevo por un objetivo común. Opino que todas las razas en este mundo hemos sufrido suficiente, no podemos dejar que nos arrebaten todo lo que tenemos así sin más…

-Sí… es usted toda una idealista, princesa, y eso me gusta. ¿Qué cree que hace falta para que todo el mundo la escuche?-inquirió Haydon, curiosa.

Ante eso la aludida se quedó callada momentáneamente, pensando bien lo que responderla.

-Pues a decir verdad no sabría muy bien qué decirla, aunque… así a bote pronto la diría que convicción y creer en tus ideas. Siempre me han dicho tanto mi madre como mi hermana que soy muy cabezona y que cuando se me mete algo entre ceja y ceja, no paro. Y es verdad, de hecho por eso estoy aquí. No hubiera venido si no creyera que hay una oportunidad para detener a Sauron, eso por descontado.

La reina esbozó entonces una amplia sonrisa, como si la gustara lo que estaba oyendo, comentando acto seguido.

-Sí, comprendo perfectamente su visión… mas hay mucha gente aquí que piensa que para nuestro pueblo está todo perdido, sobre todo los miembros de la alta nobleza. He intentado hacerles ver lo contrario con galas y cenas elegantes, pero no ha servido de nada, sólo están dispuestos a escuchar a Vorak, aun a pesar de que ni siquiera está en condiciones para reinar. Soy yo quien lleva el reino ahora mismo, pero mi regencia apenas es considerada.

-Entiendo… en Ecuestria la nobleza también tiende a escuchar sólo lo que más la conviene, pero al final siempre acaban acatando lo que venga sin mucho reparo. Mi hermana tiene buen casco con ellos y los endereza enseguida cuando se ponen tontos. Quizás si hablo con ellos y les prometo algo puede que la escuchen-sugirió Luna en ese momento, pensativa.

-Si quiere intentarlo, adelante, después de todo ya me ha demostrado que tiene voluntad de cambiar las cosas. Eso es lo que más falta en esta tierra, voluntad…

Las palabras de Haydon se quedaron allí, flotando, al tiempo que la alicornio pensaba por su parte algún tipo de acercamiento hacia la nobleza. Ya tenía algo de experiencia en Ecuestria al haber acompañado antes a su hermana a galas de beneficiencia y otros eventos de carácter nobiliario, aunque no estaba segura de si lo poco que sabía funcionaría con los centauros. Sólo había una forma de averiguarlo.

Apenas había salido del palacio desde que llegó, hasta ahora. Aprovechando que hacía un día apacible, salió a la calle para comprobar por ella misma cómo la recibirían los centauros si la vieran paseando como uno más. Si bien a su llegada levantó bastantes miradas no había vuelto a pisar la calle desde entonces, y puede que hubiera cambiado un poco la cosa en ese aspecto, por lo que no perdía nada por probar. Se encaminó hacia el mercado, donde mucha de la vida cotidiana se sucedía por lo general.

Al igual que la última vez muchos centauros la miraron con cierto deje de duda y resquemor, aunque los más curiosos eran las gárgolas, siendo las únicas que no la miraban con desdén ni con rencor. En el propio mercado muchos de los mercaderes trataron de venderla sus productos aun a pesar de quién era, y se detuvo en unos cuantos para observar lo que tenían. Vio muchos productos locales y artesanales, aunque lo que más la llamó la atención fueron unos dulces con forma de luna menguante que parecían estar hechos de galleta y bizcocho. Al contrario que su hermana, que se pirraba por cualquier tipo de postre con azúcar en él, no era muy de dulces, pero hubo algo en esos en concreto que la llamaron gratamente la atención, quizás por la forma que presentaban, muy similar a la de su marca de belleza. El mercader, una gárgola de lo más avispada, se apresuró a comentar.

-¿Le gusta lo que ve, alteza?

-Sí, lo cierto es que sí… ¿qué son exactamente?

-¡Pastelitos de medianoche, un dulce muy típico de nuestra tierra! Pruebe uno.

Ni corta ni perezosa, tomó uno con su magia y le dio un bocado, sorprendiéndose gratamente. Y es que la combinación de la base de galleta con la consistencia y esponjosidad del bizcocho daban como resultado una explosión de sabor de lo más destacable y dulce, disfrutándolo bastante. Al ver su reacción, la gárgola murmuró.

-Ah, la gusta, siempre gustan… ¿quiere unos pocos?

-Sí, están muy buenos… ¿los has hecho tú?

-Oh, no, yo sólo vendo, ha sido la esposa de mi señor quien los ha hecho.

-Entiendo… debe ser una centaura de lo más trabajadora…

-Oh, ya lo creo que sí, sobre todo teniendo en cuenta que no la es estrictamente necesario al ser de alta alcurnia, simplemente la gusta hacerlos y sacamos algo de beneficio, eso es todo.

Eso interesó sobremanera a Luna, la cual quiso saber más al respecto.

-¿De veras? No es muy común que un noble se interese por ésta clase de trabajos, al menos no en mi tierra…

-Sí, no es algo que alguien de ese status haría, eso por descontado, pero al contrario que otras familias la de mi señor es más abierta en ese sentido… no hay mucho más que hacer en el reino después de todo.

Eso dio que pensar a la alicornio oscura, dando pie a ampliar la conversación.

-¿Y no os gustaría que eso cambiara?

-Por supuesto ¿a quien no? Pero como ya bien sabrá, es complicado…

-Sí, ya me contaron cosas… pero eso no me parará. Esto no es una visita de cortesía ni nada parecido, si estoy aquí es porque creo que aún hay una oportunidad de hacer las cosas bien. Y lo haré, cueste lo que me cueste.

La gárgola la miró con interés, al tiempo que murmuraba.

-Caramba, habla igual que la señora… es usted toda una idealista, princesa Luna…

-Sí, me lo dicen mucho…

Hubo un breve silencio en el que la gárgola terminó de empaquetar una docena de pastelitos, aunque en ese momento se quedó callada por un momento para luego comentar.

-¿Sabe qué? Creo que a la señora le caería bien alguien como usted… ¿quiere venir conmigo? Aún no es la hora de cerrar, pero puedo adelantarme sin que me digan nada.

-No quiero ser una molestia…

-¡Para nada, estoy seguro de que la caerá muy bien! Deme un momento que recoja y ahora mismo vamos para allá…

Aun a pesar de los intentos de Luna por negarse, la gárgola siguió insistiendo y la llevó hasta una casa bastante amplia no muy lejos del mercado; al igual que todas las casas de por allí estaba integrada dentro de la misma ciudadela y el propio castillo de Medianoche de tal forma que todas conformaban un solo conjunto homogéneo que, visto desde fuera, le hacía ver mucho más grande de lo que realmente parecía. En cuanto a la vivienda en sí era como una gran casa comunal con multiples estancias y patio interior central, a un lado vivía la familia de minotauros y al otro las gárgolas. Nada más llegar la gárgola que la llevó hasta allí la presentó a su mujer y su hijo pequeño, siendo los primeros en conocer.

-Ésta es mi esposa Kala y mi hijo pequeño Hirión, entre los tres servimos a nuestros señores.

-Encantada de conocerles-saludó Luna cortésmente.

-Igualmente… ¿por qué la has traído, Corenón?-inquirió su esposa, extrañada.

-He pensado que tal vez la señora la interese conocerla, hablan de forma muy similar.

Ante eso Kala le miró con gesto extrañado, a lo que él tan solo la tranquilizó con un rápido gesto de su garra. Descargó en el patio toda la mercancía y cogió una bolsita de cuero que tintineaba al moverse, por lo que Luna dedujo que se trataba de la recaudación.

-Debo entregar personalmente la recaudación diaria… venga conmigo, alteza.

Siguió entonces a la gárgola al interior de la casa donde vivían los minotauros, donde pudo comprobar por ella misma que el poco lujo que aún quedaba en Medianoche residía en casas como esa. La decoración era destacable pero nada recargada ni particularmente suntuosa, siendo de por sí un tanto austera en comparación con otras como las de Cnosia o de la propia Ecuestria. Llegaron entonces a un estudio, donde una minotaura se encontraba escribiendo algo.

-Mi señora, aquí está la recaudación de hoy-anunció Corenón, con gesto humilde.

-Ah, la esperaba, muchas gracias Corenón…

Al darse la vuelta vio entonces a Luna, quedándose bastante sorprendida al verla allí; se trataba de una minotaura de edad media, de piel rojiza, como era normal entre los minotauros, ojos amarillos y pelaje color plateado y bastante largo que le caía sobre los hombros y la grupa. Vestía con una toga gris ceniciento muy limpia y visiblemente sedosa, notándose que era de calidad. En un momento dado, se pronunció al respecto.

-Vaya, pero si es la princesa Luna de Ecuestria… no me esperaba verla aquí si la soy sincera. ¿Por qué la has traído, Corenón?

-He pensado que tal vez la interesaría hablar con ella, señora… creo que sus áreas de interés podrían coincidir-explicó la gárgola, con educación.

-¿Tú crees?

En ese momento Luna decidió intervenir, comentando de seguido.

-Discúlpeme de antemano si no soy bien recibida aquí, pero Corenón insistió tanto que no me pude negar…

Ante eso la minotaura la miró de arriba abajo, comentando al poco rato mientras cogía el dinero.

-Así que se trata de eso… bueno, al contrario que muchos de los míos no soy de las que se quedan de brazos cruzados hablando de lo bien que vivíamos antes y suspirando en agonía sin hacer nada al respecto. Al menos yo hago algo por elevar los ánimos y el espíritu…

-¿Se refiere a los pastelitos de medianoche?-inquirió Luna, curiosa.

-En efecto, una de las pocas cosas de antes que no todos tienen el lujo de permitirse hacer ellos mismos. Y que conste que no lo digo con malicia ni nada parecido, es muy difícil hacerlos sin los ingredientes adecuados, no todos tienen los medios necesarios para conseguirlos, y mucho menos la receta...

-Pues es una pena, estan muy buenos, y eso que no soy mucho de dulces…

-Me halaga, alteza, después de todo lo hago más por gusto que otra cosa, pero si puedo sacar unas perrillas por ello ni tan mal. Soy Lady Amaltea, encantada de conocerla.

-El gusto es mío…

-Mira, para que luego digan que los ponis no tienen clase ni modales… póngase cómoda, princesa.

Corenón se retiró, dejándolas solas, al tiempo que Luna se sentaba frente a la mesa mientras que Lady Amaltea continuó hablando.

-Así que nuestras áreas de interés coinciden… ¿en qué sentido?

-En uno práctico, por así decirlo.

-Vaya, por lo que veo sabe venderse bien… cuénteme.

Luna la estuvo explicando a grandes rasgos el motivo de su estancia en el castillo de Medianoche, poniendo especial énfasis en sus deseos de retomar las relaciones político-comerciales con el reino. Una vez enterada, la centaura elevó las cejas con gesto curioso, al tiempo que comentaba.

-Vaya, eso último suena prometedor… pero como bien ya sabrá, no todo el mundo está contento por su presencia aquí.

-Lo sé perfectamente, pero como ya la he dicho mi deseo es tender puentes, no separarnos aún más. Juntos podemos conseguir mucho, y nada me gustaría más que ayudarles a recuperarse, pero antes tenemos que erradicar la amenaza que se cierne sobre el mundo antes de que sea tarde.

-Entiendo. No me parece mal lo que plantea, pero ya sabrá cual es el problema…

-Sí, Vorak…

-No, no realmente-anunció Lady Amaltea, para su sorpresa.

-¿Ah, no?

-No. El rey Vorak es sólo una extensión del problema, por así decirlo, pero la raíz del mismo está en el círculo más cercano a él. El verdadero problema es que los nobles más influyentes y cercanos a la corona son todos unos viejos decrépitos que le siguen a la zaga a Vorak y utilizan su autoridad y estatus para influir en él, ése es el auténtico problema. Cualquier centauro en toda Medianoche sabe de sobra que Vorak no está en condiciones para reinar, y eso lo aprovechan esos buitres carroñeros en su propio beneficio. Lo único que saben hacer es llorarle y recordarle los viejos tiempos, cual plañideras.

Ante esa nueva información Luna se quedó callada, sopesando lo que la dijo. De alguna manera se esperaba que algo así ocurriese, puesto que la propia Haydon lo dejó caer antes cuando habló con ella, pero lo que no se esperaba era que fuera tan basto.

-Ya veo… supongo que también serán los mismos que le persuadirán de que Scorpan sea el heredero al trono…

-Entre otras cosas… sobre Scorpan como heredero es el paso lógico a dar teniendo en cuenta lo sucedido con Tirek, personalmente no me importaría darle una oportunidad al muchacho si lo hace bien.

-Scorpan tiene aptitudes más que de sobra para reinar, aunque ahí ya ni pincho ni corto, pero en el caso de que hubiera un restablecimiento de las relaciones estaría dispuesta a hacer tratos con él si se presenta la ocasión-admitió Luna en ese momento.

-Sí, pero antes habría que convencer a esa recua de vejestorios…

-¿Habría alguna manera de llegar hasta ellos?-inquirió la alicornio, ávida de una respuesta.

-Todas las semanas solemos hacer pequeñas fiestas, no he estado asistiendo últimamente, para la próxima podría llevarla. Aunque no sabría decirla cómo reaccionarían a su presencia, eso sí, no puedo prometerla nada.

Ante eso Luna se quedó callada, pensando a toda velocidad en una manera de llegar hasta esos viejos e indolentes nobles. Por lo que Lady Amaltea la había contado parecían estar estancados en el pasado, viéndolo como algo lejano que nunca volvería. Recordó entonces los pastelitos que antes probó, inquiriendo de seguido.

-¿Y qué hay de los pastelitos?

-¿A dónde quiere llegar a parar?-quiso saber la centaura, ceñuda.

-Usted misma dijo que son una de las pocas cosas de antes que no muchos podían permitirse hacer… ¿y si los usamos para apelar al pasado pero desde un punto de vista completamente diferente?

Por un instante Lady Amaltea se quedó callada, rumiando la idea, aunque en un momento dado comentó.

-Entiendo por donde va, pero para hacerlo necesitaríamos un buen montón, normalmente hago unos pocos para mí y mi familia y el resto los vendo…

-En ese caso la ayudaré a hacerlos y a hacerse con los materiales que hagan falta.

-¿En serio? ¿Y cómo pretende hacer eso?-inquirió la centaura, curiosa.

Por un momento la alicornio oscura se quedó pensativa, rumiando una posibilidad en su cabeza.

-Tengo mis contactos… ¿qué necesita?


Lauren llegó por fin a su casa tras una larga jornada en el Consejo, donde se seguía debatiendo aun a día de hoy el asunto de esos ponis oscuros en las tierras vetustas; evidentemente nadie quería mover ficha, aludiendo que el asunto no era realmente de su incumbencia, sin embargo se seguían reuniendo para poner en común las observaciones y tratar de sacar algo de sentido ante tan absurda situación. Personalmente comenzaba a estar cansada, y salvo Bonnie, Observer y unos pocos más, nadie parecía querer dar su pata a torcer. Nada más llegar lo primero que hizo nada más poner una casco en el salón fue tumbarse en el sofá y descansar un rato. Aún tenía algunas tareas de la casa por hacer, pero podían esperar, estaba exhausta. Al relajarse sus pensamientos más inmediatos se dirigieron a su hija, de la cual no había vuelto a saber nada desde la última vez. Por un lado no estaba preocupada puesto que sabía que era capaz de todo y más, su resolución y sus ganas de cambiar las cosas la darían fuerzas para seguir adelante, y las amigas de Twilight estaban ahí también para apoyarla. Pero por otro lado no podía evitar temer sobre todo por lo que la pudiera pasar. ¿Y si se enfrentaba a algo o a alguien más fuerte físicamente que ella? En ese sentido sí estaba preocupada, y no podía evitar que su lado más maternal aflorara.

En eso estaba pensando cuando, de golpe y porrazo, oyó algo justo delante de ella y, en cuanto abrió los ojos, vio una seria de glifos junto con un símbolo que la era familiar dibujándose en el aire frente a la chimenea. Por un instante creyó que se había quedado dormida, pero acto seguido el símbolo se abrió y, del otro lado de la realidad, emergió de repente Luna, medio empapada y trayendo consigo el aroma del mar. Lauren dio un bote en el sofá, al tiempo que exclamaba.

-¿¡Luna?!

-Ay… hola mamá…-masculló la aludida, algo adolorida debido al golpe.

-¿¡Pero qué estás haciendo aquí, de dónde sales?! ¿¡Cómo has podido dibujar el sello fuera de las tierras vetustas?!

-Ya, bueno, sobre eso… tuve que acercarme un poco, pero no podía hacerlo volando porque si no llamaría la atención, así que lo hice por bote… el puerto de Medianoche ha visto mejores días, y sus barcos también-explicó Luna, algo mareada.

-¿¡Medianoche?! Ay, espera, vamos al baño y ahora me lo cuentas todo…

Tras secarse un poco y tomar algo caliente, Luna la estuvo explicando todo lo que había pasado hasta el momento, incluyendo su desvío hacia el reino de Medianoche en un intento por recuperar la confianza de los centauros. Una vez enterada, Lauren se pronunció al respecto.

-Vaya, sólo a ti se te ocurriría algo así… hace milenios que no sabemos nada de Medianoche ¿sigue en pie ese reino?

-Sí, pero muy malamente, viven casi en la indigencia, mamá, y encima anclados en el pasado. Quiero ayudarles, pero también necesito que ellos me ayuden a mí en esto…

Ante eso Lauren no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa, mirándola con un gesto lleno de orgullo en su rostro. Sí, definitivamente esa era su hija. Tan resuelta como siempre.

-Ya veo… ¿crees que esos patelitos te ayudarán de verdad a llegar a esa gente?

-A decir verdad no lo sé, pero es lo único que tenemos, y si no lo intento nunca lo sabré. Pero antes necesitamos los suficientes ingredientes…

-Entiendo, por eso has venido… te ayudaré encantada ¿qué necesitas?

Luna enumeró todo lo que requería, desde galletas, huevos, mantequilla, harina, entre otras cosas, y Lauren se dirigió a su despensa para hacer varias comprobaciones. La gran mayoría de las cosas las tenía, aunque no en las cantidades que Luna requería, por lo que tuvo que ir a por más al mercado.

-Será mejor que vaya yo, no es conveniente que te vean por aquí, después de todo te fuiste hará cosa de un par de semanas, puede que piensen otra cosa si te ven por ahí.

-Está bien… gracias por todo, mamá…

-¿Por mi hija? Lo que haga falta-murmuró Lauren, sonriéndola.

Sin mayor dilación cogió sus alforjas, poniéndoselas, y marchó al mercado a la mayor celeridad posible; una vez allí estuvo haciendo acopio de casi todo lo que ya tenía, puesto que para hacer los suficientes pastelitos iban a necesitar cantidades mayores de cada cosa. Trató de no comprarlo todo a la vez para no llamar tanto la atención, aunque algunos tenderos llegaron a comentarla al respecto.

-Caramba, Lauren ¿tienes visita acaso?

-Ah, no, simplemente quiero estar bien aprovisionada, eso es todo…

-Ni que fueras a ir a la guerra… eso ya es cosa del pasado.

Quiso responder a ese comentario acerca de la actual guerra en Equus, pero prefirió quedarse callada para evitar disputas innecesarias. Sin embargo, en ese momento un anciano poni de tierra de Ponyland murmuró en ese momento.

-La guerra… la guerra nunca cambia… y sin embargo aquí estamos, en los albores del mundo conocido… es tan triste…

-Así es, y sin embargo tenemos lo más parecido a una guerra en ciernes bajo nuestros cascos y no hacemos nada al respecto-comentó en ese momento otro alicornio algo más joven que pasaba por allí.

-Estamos cansados, no queremos más conflictos, tan solo deseamos vivir en paz el tiempo que aún nos queda…

-¿Y a costa de qué precio? ¿El de la libertad de todo Equus?

Antes de que la cosa fuera a peores, Lauren decidió intervenir.

-Independientemente de si hay conflicto o no, todos debemos arrimar el hombro y ayudar en lo que podamos. Nadie le está pidiendo que luche, señor, pero sí que comprenda a lo que nos enfrentamos y apoye a quien lo necesite.

Las tranquilas y conciliadoras palabras de la alicornio calmaron en cierta medida los ánimos, el viejo poni de tierra asintió con vehemencia y el alicornio más joven miró a Lauren con cierto deje de admiración en sus ojos. En cuanto el anciano poni se marchó, el semental la comentó.

-Es usted una gran fuente de inspiración para todos nosotros, señora Lauren… yo también creo que deberíamos arrimar el hombro, como bien dice usted, y hacer algo por la tierra que nos vio nacer. ¿Acaso los alicornios más viejos no estuvieron ahí cuando la guerra se desató por primera vez?

-Sí, desde luego, personalmente yo no lo llegué a experimentar directamente puesto que nací aquí y no participé activamente en la lucha, pero mi marido murió en ella y sé lo que es perder en ese sentido.

-Razón de más para intentarlo entonces. No podemos dejar que otra guerra asole Equus mientras que nosotros no hacemos nada por evitarlo.

-Lo sé, pero hasta que el Consejo no abra los ojos no hay mucho que podamos hacer. Gracias por tu apoyo de todas formas, espero verte por allí en el próximo pleno.

El alicornio joven se despidió de ella y regresó a casa cargada hasta los topes; saber que había alguien más que apoyaba una causa no tan cerrada y estoica la animaba para seguir intentándolo, y sólo por eso marchó mucho más animada que antes. Quizás sí había una oportunidad de ayudar después de todo.

De vuelta en casa estuvo con Luna haciendo inventario y guardándolo todo en una serie de sacos asegurados con magia para que nada se rompiera, especialmente los huevos.

-Diez kilos de harina, veinte de galletas, doce de huevos y once de levadura, veinte litros de leche… está todo, gracias mamá-murmuró Luna, aliviada.

-Espero que podáis convencer a la nobleza de Medianoche con esto… estoy muy orgullosa de ti, Luna-anunció Lauren, con gesto maternal.

-Ah, tampoco es para tanto, tan solo hago lo que tengo que hacer, eso es todo…-murmuró la aludida, algo turbada.

La alicornio blanca sonrió una vez más, abrazando a su hija con mucha fuerza y hablándola de seguido.

-Si alguien puede convencerles esa eres tú. Porque eres mi hija. Y porque creo en ti.

Esas palabras emocionaron especialmente a Luna, la cual no pudo evitar que se la anegaran los ojos; echaba tanto de menos que su madre la dijera cosas así, y tras todos esos años sin verla hasta ahora la sensación era aún mayor, abrazándola con fuerza y alargando el momento todo lo posible. Finalmente se separó de ella, secándose las lágrimas al tiempo que decía.

-Gracias mamá… te quiero…

-Y yo a ti… ahora ve, y haz lo que mejor sabes.

Luna cargó con todo y miró a su madre por última vez antes de dibujar de nuevo los glifos en el aire, regresando por donde vino. Lauren se quedó mirando al aire con gesto esperanzado. Si de algo se arrepentía en su longeva vida era de poner demasiado el foco en Celestia cuando las crió, aunque en un momento como ese podía ver cuán dura y determinada era su hija aun a pesar de no haber estado ahí para ella siempre. Y eso la daba más motivos para pensar que podían detener todo esto.


Luna regresó a Medianoche de madrugada, al amparo de la oscuridad y tras una travesía de lo más tranquila; los mares lánguidos hacían honor a su nombre y la habían permitido atravesarlos sin ningún inconveniente. No estaba segura de si lo conseguiría, puesto que le pidió un día a Lady Amaltea para conseguir todas las cosas, pero al final lo había logrado, aunque con unas pocas horas de retraso. Atracó el desvencijado bote con vela en el muelle que más entero estaba, cogió todas las cosas y se dirigió hacia la casa de la centaura a no más tardar. Desde el desierto y medio en ruinas puerto, situado en la parte más baja de los acantilados sobre los que se asentaba el enorme castillo de Medianoche, se podían ver algunas luces saliendo de las ventanas de algunas casas situadas en la parte baja de la ciudadela, mientras que el resto permanecían apagadas, incluyendo las del mismo palacio.

-Bien, no hay nadie a la vista-pensó Luna, tranquila al respecto.

Se recolocó bien los sacos en su grupa y echó a andar hacia las escaleras que llevaban directas hacia la parte más baja de la ciudadela; la subida fue lenta y un tanto fatigosa, pero prefirió eso a volar por si, por lo que sea, había alguien trasnochando y la veía. Llegó a casa de Lady Amaltea y llamó a la puerta de servicio, donde le abrió Corenón.

-Vaya, princesa Luna, no la esperábamos tan temprano…-murmuró la gárgola, con gesto adormilado.

-Lo sé, perdona Corenón, pero llevo aquí cosas que requieren de ser guardadas en una despensa lo más pronto posible-explicó Luna, también un tanto cansada.

-Caramba, menudo botín…

Entre los dos lo llevaron todo a la despensa, guardándolo allí.

-Mañana por la mañana me pasaré y empezaré a ayudar en la cocina-anunció Luna, con gesto queda.

-No es estrictamente necesario, princesa, pero si gusta…

-Sí, quiero ayudaros a prepararlo todo antes de la recepción… es lo menos que puedo hacer.

Dicha fiesta sería a finales de semana, por lo que tenían unos pocos días antes de que el evento tomara lugar; se despidió de la gárgola y regresó al palacio para descansar un poco antes de mañana.

Durante los siguientes días estuvieron trabajando duramente para hacer los suficientes pastelitos para todos y por si alguien quisiera repetir, cosa muy probable teniendo en cuenta lo populares que eran antiguamente. Lady Amaltea se mostró ciertamente impresionada tanto por la voluntad de Luna como de la cantidad de ingredientes que trajo consigo, aunque por suerte no preguntó mucho más por su procedencia para su suerte, pudiendo estar más enfocada en su elaboración. El proceso era tan simple como hornear un bizcocho, aunque llevaba tiempo, más aún si lo que querían era hacer muchos en poco tiempo. Sólo machacar la galleta para la base del mismo llevaba por lo menos diez o quince minutos, para luego mezclarlo con la mantequilla y así obtener una masa fina y consistente. Para la masa, la típica mezcla de harina, levadura y agua era suficiente, pero debido a la cantidad que debían hacer la cosa llevaba mucho más tiempo. Y más aún teniendo en cuenta que sólo tenían un horno, así que el proceso se alargaba en consecuencia. Debían ir por tandas, preparando una nueva mientras otra se horneaba y así consecutivamente.

-La veo de lo más resuelta, princesa, realmente quiere hacer esto…-comentó Lady Amaltea en un momento dado.

-¡Desde luego! Si realmente eran tan populares como usted dice por aquel entonces, tendremos una oportunidad de apelar al pasado no como algo lejano o imposible de alcanzar, sino como algo que de esperanza. Sólo así seremos capaces de unirnos de nuevo-explicó Luna mientras realizaba las mezclas.

Ante eso Lady Amaltea se quedó callada con gesto pensativo, llegando a asentir con la cabeza al poco rato.

-Sí… podría funcionar…

-Lo hará, estoy segura.

Fueron con el tiempo un poco justo, pero finalmente pudieron terminarlos todos poco antes de la fiesta; esa noche Luna se quedó a dormir en casa de Lady Amaltea para que la diera tiempo a ir con la suficiente antelación. Por lo general ese tipo de fiestas se hacían en las diferentes casas de los nobles, turnándose cada cierto tiempo, aunque esta vez se iba a realizar en un entorno completamente diferente y más neutro, siendo ésta vez un antiguo salón de baile como lugar de esparcimiento. Dado que Luna no se conocía muy bien el lugar dejó que fuera ella quien les guiara mientras ayudaba a Corenón a llevar todos los pastelitos, previamente tapados para que nadie más los viera.

Una vez allí Corenón y Luna fueron a prepararlo todo mientras que la centaura se integraba en la fiesta, la cual ya había empezado; se habían formado corrillos alrededor de la amplia estancia y los más ancianos hablaban entre ellos en petit comité y a media voz, como de costumbre. Al verla otra centaura noble se dirigió a ella, sorprendida de verla allí.

-¡Anda, Amaltea, dichosos los ojos que te ven! Pensaba que no volverías a ninguna otra fiesta, como dejaste de venir…

-Si lo hice fue porque tenía otras cosas que hacer, pero dado que ahora estoy más libre pensé en pasarme. He traído algo especial para compartir, estoy segura de que os va a gustar-comentó ella en ese momento.

-Oh, no tendrías que haberte molestado…

Había una serie de mesas dispuestas junto a las paredes del gran salón, el cual había visto mejores días, incluso el órgano de cámara del lugar tenía un aspecto pobre, con los tubos medio oxidados y la pintura de la caja desconchada. Tanto Luna como Corenón estuvieron preparando los pastelitos, poniéndolos en bandejas, aunque la magia de la alicornio ayudó mucho en ese aspecto, pudiendo coger un buen montón cada vez.

-¿Cómo está el ambiente, Corenón?

-No muy animado… parece un velatorio…-murmuró el aludido, echando un rápido vistazo.

-Bueno, seguro que cuando los saquemos se animarán…

-¿Y al verla a usted?

Esta vez la alicornio no supo muy bien qué decir al respecto, un tanto insegura, pero al final dejó estar sus más preocupados pensamientos, murmurando de seguido.

-No pretendo contentar a todo el mundo, sólo que me escuchen… con eso será suficiente.

En cuanto estuvo todo listo comenzaron a sacarlos, poniéndolos en las mesas; muchos centauros, al verla salir de la cocina, se quedaron de una pieza, mientras que otros arrugaron sus ceños en un incipiente gesto molesto. La noble de antes se dirigió a Amaltea con cara de pocos amigos.

-¿Qué significa esto?

-No seré yo quien de explicaciones, pero si quieres mi opinión ha sido muy cortés y considerada conmigo, deberías escuchar lo que tiene que decir…

-¿Ah, sí?-inquirió ella, con gesto burlón.

Ante eso Amaltea no dijo nada, aunque en ese momento muchos de los centauros vieron las bandejas y su contenido, comentando de seguido.

-Un momento ¿esos son…?

-No me lo puedo creer…

-¡Todavía los siguen haciendo!

Aprovechando la ocasión, Luna cogió varias bandejas con su magia y se acercó a ellos, ofreciéndoselos directamente.

-¿Gustan, señores?

Por un instante algunos quisieron responderla con gesto airado, pero la sola visión de los pastelitos encandiló a más de uno, mirándolos con ojos vidriosos. Finalmente alguien decidió dar el paso y cogió uno, probándolo y mascullando de seguido.

-Ah… ¡están deliciosos! Justo como los hacía mi madre…

-Qué recuerdos…

-Abuela…

De esta manera, muchos centauros comenzaron a atacar las bandejas, vaciándolas rápidamente; enseguida se olvidaron de Luna y comenzaron a animarse, compartiendo recuerdos de su infancia y juventud. Sin embargo, los más ancianos parecían reacios a probarlos, más por la presencia de un alicornio en la sala que otra cosa. El más anciano de todos se dirigió a Amaltea, la cual también disfrutaba de sus creaciones.

-Esto es cosa tuya ¿verdad, Amaltea? Sabía de antes que los sueles hacer de vez en cuando, sin embargo ahora traes un buen montón acompañados de esa sucia alicornio…

-¿Y qué si lo he hecho? Prueba uno, Demeter, sé que lo estás deseando…

-Sé cual es tu juego, pero no te va a funcionar… tus dulces son efímeros, pero el pasado es eterno. En esto nos hemos convertido, y todo por culpa de su raza…-masculló Demeter, con asco.

-Si así lo quieres ver…

Por un momento el anciano centauro quiso responder a eso, pero en ese justo momento apareció Luna con otra bandeja llena, dirigiéndose a él cortésmente.

-No pretendo antagonizarle, señor, pero estoy segura de que le gustarán…

-¡No quiero nada de ti, sucio alicornio! ¿A qué has venido exactamente? ¿A regodearte en nuestra miseria?-la espetó Demeter, con rabia acumulada.

-Nada más lejos, señor, tan solo quiero estrechar lazos, eso es todo.

-Ya, a otro perro con ese hueso… mal rayo les parta a todos los de tu especie, no sois más que un atajo de déspotas…

Aun a pesar de sus insultos y amenazas, Luna permaneció tranquila, sin responder directamente a sus provocaciones; para entonces todos los presentes estaban mirándolos, esperando una oportunidad para echarse sobre ella. Supo entonces que debía hablar, aclarándose la garganta para ello.

-Supongo que dará igual lo que diga, pero aun así no quiero irme de aquí sin intentarlo. Sé perfectamente lo que ocurrió años atrás, y mi intención no es endulzarlo con estos pastelitos, sino todo lo contrario. Cuando llegué aquí supe que no iba a ser bien recibida, y así fue. Todos ustedes tienen sus propias razones para odiarme, aun así opté por quedarme aquí e intentar ser partícipe de su vida y su día a día. He visto cómo viven y no hay ni un solo momento en el que no lo piense al respecto. Ahora soy yo la que se da cuenta de que hicimos mucho por lograr la paz, pero no por sanar heridas o tender puentes. Ese es quizás el mayor error de todos. Nadie pensó en qué sería de todos nosotros una vez que todo hubiera terminado, pero ahora me doy cuenta que, aun a pesar de todo, ustedes perseveraron. Cualquier otra raza se hubiera desentendido con las suficientes razones para ello, pero cuando probé estos dulces, supe entonces que aún había algo de esperanza. Tanto para ustedes mismos como para el resto del mundo. Por eso estoy aquí. Hay una guerra en ciernes y un mal asola desde el este. No pretendo que nos ayuden directamente, lo entenderé si se niegan, pero sí les voy a pedir que nos apoyen llegado el momento. Quizás así, sólo quizás, podamos garantizar un futuro para todo Equus. Un futuro en el que todos tengamos cabida, incluyendo a ustedes. Porque estamos juntos en esto. Porque vivimos todos en el mismo planeta.

El silencio posterior era tan denso que se podía cortar con un cuchillo, todos los centauros, excepto Lady Amaltea, la miraban con gestos duditativos y llenos de rencor, no parecía que nadie quisiera escucharla. Luna suspiró y, tras eso, dio la bandeja al anciano centauro y se marchó de allí. Los que aún tenían los pastelitos en sus garras los miraron y sus gestos cambiaron, al tiempo que sus cabezas se llenaban de recuerdos. Demeter miró a la bandeja con el ceño aún fruncido, como si no quisiera del todo comprar lo que dijo Luna. Sin embargo ver esa cantidad de pastelitos que tantos recuerdos le traían parecía hacer cierto efecto en él. Con un gesto aún lleno de desconfianza, tomó uno con garras temblorosas y le dio un pequeño mordisco. Fue entonces en ese instante cuando algo saltó en su cabeza, presa de un recuerdo lejano que ahora volvía a su mente tras tanto tiempo aletargado. Y, entonces, lloró. Junto con todos los demás.

Luna regresó a su habitación en el palacio de Medianoche y comenzó a recoger las pocas cosas que había traído para marcharse; no sabía si sus palabras servirían de algo o si caerían en saco roto, pero sabía que no podría quedarse mucho tiempo más. Debía de volver al valle Entrerreinos y ayudar antes de que la batalla comenzara. En cuanto lo tuvo todo listo se dirigió al salón del trono para despedirse del rey Vorak. Estaba segura de que el monarca estaría encantado de saber que se iba, por lo que decidió ir a darle una alegría. Nada más llegar se encontró con el susodicho asomado a la ventana con gesto taciturno, sin apenas poder ver lo que se extendía ante él. Oyó entonces las pisadas de Luna, inquiriendo de seguido.

-¿Quién va?

-Soy la princesa Luna, majestad…

-Oh, es usted… ¿aún sigue por aquí? La creía lejos de aquí…-murmuró Vorak, con voz cascada.

-No se apure, majestad, sus deseos se verán cumplidos enseguida, me marcho en breve.

-Qué pena…

-La verdad es que sí. Creí por un momento que sería capaz de convencerle, pero está claro que me equivoqué. Siento haberle hecho perder su tiempo…

-Oh, no se apure, es lo que mejor se nos da hacer por aquí… eso y lamentarnos todos los días de nuestra existencia.

Ante eso Luna no dijo nada, tan solo asintió con la cabeza, sin esperar nada más por su parte. Antes de irse se acercó a él y le tendió un pastelito que cogió antes, poniéndoselo en su garra con su magia.

-¿Qué es esto, qué hace?-inquirió Vorak, ceñudo.

-Es un recuerdo… disfrútelo, están realmente buenos.

Las palabras de la alicornio extrañaron al anciano rey, pero antes de que pudiera decir nada más Luna se marchó, dejándole solo. Observó lo que tenía entre sus garras sin apenas poder verlo bien, aunque su forma le era vagamente familiar, incluso podía oler algo emanando de él. Lo acercó a su nariz y lo olfateó, detectando su dulce olor que le hizo reaccionar. Se lo llevó entonces a la boca y, sin poder evitarlo, una marea de recuerdos y sentimientos encontrados inundó su cabeza. Por primera vez en una eternidad se sintió completamente en paz. Y, en esa pose, se quedó saboreando esos recuerdos.

Luna se dirigió a la salida de la ciudadela, esbozando una triste mirada sin poder evitar sentirse una fracasada. Sus intentos y esfuerzos por volver a confraternizar con los centauros habían fallado miserablemente, y sentía que había perdido un tiempo precioso. Las tropas del crey Creto debían de estar a punto de llegar al valle Entrerreinos, por lo que debía de darse prisa para unirse a ellos y ayudar en la inminente lucha que se avecinaba. Comenzó a enfocar sus pensamientos en Cnosia para realizar un teletransporte a larga distancia, aunque en ese momento una voz conocida la detuvo de improviso.

-¡Princesa Luna, princesa Luna!

La aludida se dio la vuelta y vio entonces a Scorpan volando hacia ella. Recordó entonces que no se había despedido ni de él ni de su madre, por lo que se apresuró a disculparse.

-Ay, lo siento Scorpan, estaba a punto de irme y no me he despedido…

-¿Y eso por qué?

-No importa. Dale a tu madre las gracias de mi parte por acogerme en su palacio.

-Pero no puede irse ahora, princesa…

-¿Por qué no?-inquirió ella, extrañada.

-Porque tiene que asistir a la reunión para comenzar a coordinar las tropas para la batalla, me ha pedido mi padre que la avise, necesita a alguien que le ponga al corriente… ah, y me ha dicho que confía en mí como capitán general ¿te lo puedes creer? ¿Qué le ha dicho exactamente? Nunca antes le había visto tan determinado como ahora…

Ante eso Luna abrió la boca con gesto incrédulo. ¿Era real lo que oía o su mente la estaba jugando una mala pasada? Antes de que pudiera decir algo, Lady Amaltea apareció de improviso, comentando de seguido.

-Ahí está, princesa, Demeter me ha dicho que puede poner a disposición del reino todos sus efectivos para la ofensiva… ah, y que muchas gracias por los pastelitos, estaban deliciosos.

Al oír eso Luna esbozó entonces una grata sonrisa, sintiendo que la esperanza no sólo para ella sino para el resto del mundo renacía de nuevo. Debían de ponerse en marcha cuanto antes.


Tras una semana de travesía a través de angostos pasos montañosos, el ejército minotauro llegó finalmente al valle Entrerreinos con el atardecer echándose sobre ellos, concretamente al pico más alto de la cordillera del lado este que lo rodeaba; desde allí arriba se podía ver todo el destacamento de ponis oscuros rodeando el asentamiento principal del valle, el cual había sido fuertemente fortificado. El rey Creto fue el primero en recibir las noticias, siendo informado al respecto de todo lo que sus soldados de avanzadilla habían visto.

-El grueso del ejército invasor parece estar afincado en el asentamiento principal, aunque no descartamos que hayan escondido más pelotones en las granjas cercanas a modo de refuerzo. Probablemente quieran atacarnos por sorpresa cuando avanzemos lo suficiente. Creo que la mejor opción que tenemos de momento es concentrar todos nuestros esfuerzos en el asentamiento, recuperarlo, hacernos fuertes ahí, y enviar más avanzadillas para que vayan sofocando cualquier intento de recuperar el fuerte.

-Ya veo… ¿y qué hay de los flancos? ¿Son seguros?-inquirió Creto, pensando a toda velocidad.

-No hemos visto actividad cerca de las faldas de las montañas, así que no debe haber nadie por las inmediaciones. Podemos aprovechar esto a nuestro favor y atacar de noche mientras asediamos desde aquí con las catapultas, tenemos rocas de sobra para lanzar muy lejos.

-Eso no parece muy propio de Sauron, rara vez deja algo al azar. Si atacamos de noche será una desventaja tanto para ellos como para nosotros, y él puede aprovechar eso a su favor. Lo más prudente sería atacar a primera hora de la mañana y hacerlo por oleadas, así contendremos fácilmente los posibles focos que nos lance. El asedio desde las alturas es buena idea, no se lo esperarán.

-Nadie ha pedido su opinión, mona lampiña.

-Silencio, Lord Ravenar, esta mona lampiña parece saber de lo que habla… explíquese-murmuró Creto, mirando a Galadriel ceñudo.

La elfa echó una rápida mirada al mapa que tenían consigo, comentando acto seguido.

-Curiosamente este valle posee una diposición muy similar a Mordor, la morada de Sauron en el mundo de donde provengo, es como una gran fortaleza natural, por lo que dedicará gran parte de sus esfuerzos en hacerse con él. Si nos apostamos en un solo lugar durante demasiado tiempo le daremos una oportunidad para rodearnos, su mayor y mejor baza siempre ha sido la numerosidad de sus tropas, por lo que deberemos estar moviéndonos constantemente para evitar que nos flanqueen.

-¿Sugiere entonces que no les demos tregua?-inquirió un teniente minotauro en ese momento.

-Eso es, y que nadie se eche atrás en ningún momento.

-No lo harán, eso por descontado-aseguró el general de las tropas, con gesto airado.

-Bien, que vayan preparando las catapultas para el asedio y los arietes para entrar en la ciudadela. No creo que vayamos a necesitar las torres, que se replieguen hasta que las llamemos si las necesitamos.

-Sí, majestad.

El único que no pareció convencido era Lord Ravenar, que miró a Galadriel con gesto molesto antes de retirarse. Por su parte la elfa hizo lo mismo, volviendo con las demás y Spike, que habian acampado todos juntos con el resto del ejército.

-¿Alguna novedad?-inquirió en ese momento Rarity, al ver a Galadriel acercarse.

-Atacaremos mañana por la mañana, así que estad preparadas-anunció la elfa.

Al oir eso todas se pusieron irremediablemente nerviosas al respecto; aun a pesar de que habían estado practicado e incluso ya habían luchado anteriormente en un par de ocasiones, la idea de una batalla a gran escala, más propia de una guerra en sí misma, todavía las asustaba de cierta forma. Galadriel lo notó enseguida, comentando al respecto.

-Entiendo que estéis asustadas, si estuviera en vuestro lugar yo también lo estaría. Aunque si me lo preguntáis a mí, si habéis podido llegar hasta aquí es porque tenéis la fuerza necesaria, tanto física como de voluntad, de lograr salir vivas. Sauron es un ser oscuro y abyecto que disfruta viendo a los demás sufrir, y su lucha sólo responde a una simple y pasajera satisfacción personal. Sin embargo vosotras no lucháis por nada de eso, sino por recuperar vuestra tierra y ser libres de nuevo. Esa lucha es mucho más noble y honorable que la de cualquier otro que desee el mal para los demás o para sí mismo. Además, recordad que yo voy a estar con vosotras en todo momento, así que todos juntos somos mucho más fuertes.

Las palabras de la elfa calmaron en cierta manera a las ponis, las cuales respiraron un poco más tranquilas.

-Con mi fuerza podré abriros paso sin problema-comentó en ese momento Applejack.

-Yo os podré cubrir desde el aire con mis certeros disparos-añadió Rainbow en ese momento.

-¡Oh, y yo con mis habilidades podré distraer a los enemigos sin problema!-exclamó Pinkie, muy animada.

-Mi fabulosa y brillante espada podrá con cualquier monstruo horrendo que se cruce en mi camino-afirmó Rarity, tajante.

-Yo… bueno, no soy tan fuerte como vosotras, pero si os pasa algo podré curaros enseguida-murmuró Fluttershy, sosteniendo su kit médico.

-Y yo podré rostizar a lo que se me ponga por delante sin despeinarme-comentó Spike en ese momento.

Ante todo eso Galadriel esbozó una radiante sonrisa, al tiempo que comentaba.

-¿Lo véis? Cada una posee una serie de fortalezas que se complementan perfectamente. Juntas sois más fuertes.

-¡Y contigo y Nenya lo somos aún más!-añadió Pinkie, señalando al susodicho.

-Sí, gracias a él nos ocultamos de la mirada indiscreta de Sauron... pero eso se va a tener que acabar. Mañana me revelaré ante él para dejarle las cosas claras. Esperad unas batallas más intensas cuando lo haga.

Todos asintieron vehentemente, comprendiendo el alcance de esas palabras y mentalizándose al respecto. Llegaba el momento de la verdad. Y debían estar preparados.

-Aunque… ¿qué hay de la princesa Luna?-inquirió en ese momento Fluttershy, bajando la voz.

-Es verdad… dijo que la esperáramos al final de la semana ¿creeis que vendrá?-murmuró Rarity, preocupada.

-Tiene que venir, no puede dejarnos tiradas…-insistió Rainbow, con su característica lealtad.

-No os preocupéis, volverá, aunque algo me dice que no lo hará sola… sólo el tiempo lo dirá-las tranquilizó Galadriel.

Estuvieron hablando un rato más de cosas más banales hasta que finalmente se retiraron a dormir; debían de estar preparadas para mañana y rendir al máximo en la lucha. Galadriel fue la única que no durmió, velando por los demás mientras no apartaba su mirada del este.

Mientras tanto, en las tiendas de campaña pertenecientes al general y los capitanes, Lord Ravenar aún seguía pensando en el plan.

-¿Creeis realmente que funcionará el plan de esa mona lampiña?

-No lo sé, personalmente abordaría toda esta cuestión desde un punto de vista más ofensivo, pero el rey ya se ha pronunciado, así que…-murmuró el general, algo contrariado al respecto.

-Sí, esa es la cuestión, pero… ¿acaso nos hemos doblegado alguna vez frente al invasor? Sigo pensando que éste es un momento perfecto para atacar, no nos verían venir…

-Ya, pero nosotros a ellos tampoco, ahí he de coincidir con ella, aunque tengas un buen plan no servirá de nada si no lo aseguras con un poco de luz.

-¿Tú crees? ¿Y si nos lleváramos nuestra propia luz?-insistió Ravenar, con el ceño fruncido.

-¡Nos verían llegar!

-No hasta que atacásemos, por supuesto, por eso lo digo…

Por un instante el general se quedó callado, como si se lo estuviera pensando por un momento, aunque hubo algo que le echó para atrás.

-Vale, supón que atacamos antes, en ese caso… ¿estarías dispuesto a desobedecer las órdenes del rey?

-¿Si es para asegurar la victoria? Yo creo que merece la pena correr el riesgo…

Ante eso el general dejó escapar un hondo suspiro, no muy seguro de esa afirmación, aunque en ese momento Ravenar añadió.

-Siempre podemos llevarnos un pequeño pelotón, a modo de avanzada… no les verán llegar, y sólo atacarían una vez que haya suficiente luz. Aseguran el perímetro y el resto del ejército marcha tranquilamente hacia una victoria un poco más segura. Yo lo veo más como una estrategia que una insubordinación flagrante…

-Eso sólo si sale bien-se apresuró a comentar el general.

-¿Y por qué no iba a salir bien?-inquirió Ravenar, mirándole fijamente.

Hubo un breve pero denso silencio entre los dos, diciéndoselo todo en nada. La noche comenzaba a caer sobre ellos, envolviendo al valle en una densa oscuridad.

Unas horas después de haberse dormido, un súbito barullo creciente en la distancia las fue despertando poco a poco, siendo rematado por una alertada Galadriel que trataba de poner orden en el imperante desconcierto. Al fondo las catapultas comenzaban lanzar sus proyectiles, al tiempo que las tropas avanzaban de forma descoordinada y caótica.

-¡Ah! ¿Qué pasa? ¿Ya es de día?-inquirió en ese momento Rarity, algo adormilada.

-No, aún es de noche… ¿ha empezado ya la batalla?-inquirió Applejack, espabilándose de golpe.

-¿Pero no se supone que esperaríamos a la mañana?-recordó Pinkie en ese momento.

Antes de que alguien pudiera decir nada más, la elfa se acercó a ellas y exclamó.

-¡Me temo que alguien se ha adelantado, vamos a tener que combatir ahora! ¿Estáis listas?

Eso cogió totalmente de improviso a todos por igual, pero dado que no quedaba otra se sumaron a las tropas que se dirigían al valle mientras se iban mentalizando al respecto. La noche aún era cerrada y la poca luz que había era la de las antorchas que iluminaban el camino hacia la bajada de la montaña; al fondo se podían ver algunos focos de luz producto de algunos incendios tanto en el propio asentamiento principal como en sus inmediaciones. En el llano podían ver como disintos grupos de soldados minotauros luchaban contra los guardias oscuros, al tiempo que la caballería cargaba contra ellos como podía. Era un absoluto caos y la coordinación brillaba por su ausencia.

-¿¡Quién ha sido el genio que ha atacado antes de tiempo!?-masculló Applejack, contrariada.

-¡No lo sabemos, Creto está furioso y con razón, pero no podemos quedarnos parados esperando órdenes, los soldados de ahí abajo necesitan apoyo ya o no lo contarán! ¡Todo el mundo conmigo, a mi señal!-exclamó Galadriel, haciéndose cargo de la situación.

Para la sorpresa de todos, los soldados que los acompañaban acataron sus órdenes sin rechistar, preparándose para la batalla. El ruido era cada vez mayor conforme se acercaban, descender la montaña fue mucho más rápido de lo esperado, teniendo el asentamiento principal a pocos metros de distancia en cuanto pisaron el claro por primera vez. Detrás de ellos se alzaban los riscos de donde provenían, sus crestas se recortaban hacia arriba mientras que más proyectiles salían disparados desde el otro lado.

-¡En formación!-exclamó en ese momento Galadriel.

Ese grito puso en alerta a todo el mundo incluyendo a las chicas y a Spike. Rarity desenvainó su espada, al tiempo que Applejack blandía su hacha entre sus dientes, Pinkie hacía lo propio con su maza y Rainbow colocaba las primeras flechas en su arco. Fluttershy se quedó un poco atrás, pero dispuesta a socorrer a quien lo necesitara. Sus corazones palpitaban con fuerza, presas de un nerviosismo evidente.

-¡Al ataque!

Los minotauros bramaron con fuerza mientras cargaban contra los guardias oscuros, las chicas hicieron lo mismo dejando escapar la tensión acumulada y Spike lanzó un rugido, echando a volar. El primer contacto fue atronador, las armas chascaron las unas contra las otras en una cacofonía nunca antes oída por las ponis, pero para entonces ya había comenzado y era tarde para echarse atrás. El filo de la espada mágica de Rarity centelleaba con cada tajo que daba, haciendo cortes a diestro y siniestro y llegando a rebanar alguna que otra pata que acabó desintegrándose en muchos pedazitos de cristal negro. Applejack coceaba a todo lo que se la ponía por delante, llegando a cortar alguna que otra cabeza en el proceso con el filo de su hacha. Pinkie se movía sin parar asestando fuertes golpes por doquier, mientras que Rainbow iba lanzando flechas a los más alejados desde el aire, rematando alguno con sus cascos en cuanto los tenía a tiro. Spike cogió a un guardia oscuro por el pescuezo, tirándolo al suelo y lanzándole a quemarropa un furioso lanzallamas que achicharró su cara, rematándole acto seguido con un fuerte golpe con sus garras.

Por su parte Galadriel asestaba golpes con la magia de Nenya, el cual brillaba intensamente en su dedo; su luz parecía frenar de cierta forma a los enemigos, un simple toque de su dedo lograba incluso desmontar por completo a los guardias oscuros, que se deshacían como naipes mal colocados. Una onda de energía azulada peinó sus alrededores, defenestrando por completo a varios de ellos sin apenas despeinarse.

De esta forma fueron avanzando poco a poco hasta llegar a las puertas del asentamiento, que se encontraban cerradas; más guardias oscuros guardaban la entrada lanzando flechas y lanzas por doquier, y a un lado del camino descansaba un ariete con una rueda rota. Al verlo Galadriel indicó.

-¡Allí, el ariete!

Alzó entonces el puño con Nenya, creando entonces un escudo que paraba todos los proyectiles; cubrió con él a varios minotauros, al tiempo que Applejack y Pinkie se unían a ellos para ayudar.

-¡Yo me encargo de la rueda!-exclamó la poni granjera, poniéndose a trabajar enseguida.

-¡Yo les distraeré! ¡Eh, engendros de cristal, por aquí, por aquí!-hizo lo propio Pinkie, saltando y brincando mientras se alejaba.

Rainbow aprovechó el momento para limpiar las improvisadas almenaras de arqueros y lanceros, bajando a tierra incluso cuando las flechas no bastaban y lanzando coces a diestro y siniestro. Fluttershy se refugió junto a la empalizada con varios minotauros esperando a que la puerta fuera abierta.

-¡Necesitaremos más apoyo si lo que queremos es realizar un ataque frontal en condiciones!-exclamó en ese momento un minotauro.

-¡Que alguien haga sonar su cuerno!

Uno de ellos, que llevaba el suyo encima, lo cogió y comenzó a soplar, pero antes de que pudiera continuar una flecha perdida impactó sobre su pecho, tumbándole en el proceso.

-¡Malik, no!-exclamó un minotauro, encendido.

-¡Oh, no! ¡Traédmelo, rápido, puedo ayudarlo!-exclamó Fluttershy.

Entre dos cargaron con el minotauro herido y lo arrastraron hasta la poni, la cual hizo mano de su kit médico rápidamente.

-¡Hay que sacarle ya la flecha! ¡Te pondrás bien, toma, muerde esto!-indicó la pegaso, conservando la entereza bastante bien.

El minotauro mordió un trozo de madera, al tiempo que entre varios lo sujetaban; Fluttershy asió la flecha con sus dientes y, de una sola tacada, se la extrajo. Un grito apagado emergió de la boca del minotauro, al tiempo que la pegaso comenzaba a limpiar la herida para tratar de cerrársela con varios ungüentos. Costó un poco, pero finalmente consiguió detener la hemorragia, vendándola rápidamente.

-¡Espera un poco antes de volver a entrar en combate!-le indicó ella rápidamente.

-Gracias… toma, sopla tú, apenas tengo fuerzas…-le pidió el minotauro, teniéndola el cuerno.

Sintiéndose verdaderamente útil y muy empoderada, Fluttershy cogió aire e hizo sonar el cuerno; el sonido se extendió hacia todas las direcciones, haciendo eco en las faldas de la montaña. Al poco rato vieron entonces más soldados desplegándose desde el campamento, mientras que las catapultas seguían lanzando proyectiles sin parar.

-¡Ya vienen más, es el momento de entrar! ¿Cómo va esa puerta?

-¡Esto ya casi está, vamos, pongámoslo en posición!-exclamó Applejack, terminando de arreglar la rueda.

Con el escudo de Galadriel aún alzado, lograron poner el ariete en marcha de nuevo, preparándose para cargar contra la puerta; al ver el panorama muchos guardias oscuros se concentraron en ellos, pero Rainbow hizo un picado lanzando varias flechas, logrando tumbar a unos cuantos y empujando al resto con una rápida coz.

-¡Vamos, no perdáis más el tiempo!-exclamó la pegaso, recuperando sus flechas y alzando el vuelo de nuevo.

-¡Intenta tú hacer esto en pleno asedio, bonita!-la espetó la poni de tierra, molesta.

-¡No es el momento, queridas!-las recordó Rarity, cubriéndolas desde tierra.

Los minotauros asieron entonces los agarraderos del ariete y, a la señal de Galadriel, embistieron la puerta; ésta aguantó el primer embate, pero no se quedaron ahí, siguiendo embistiendo unas cuantas veces más. En un momento dado, Applejack se subió al mismo, exclamando de seguido.

-¡Venga, dadme impulso!

Sin dudarlo en ningún instante, todos volvieron a empujar, siendo el golpe lo suficientemente fuerte como para abrir un poco la puerta; fue entonces cuando Applejack, aprovechando el envite, se lanzó contra la puerta con todo su peso, siendo el impacto el suficiente como para terminar de abrirla. En ese momento el resto de soldados hicieron acto de presencia y penetraron en la fortaleza, haciendo frente a las primeras oleadas de enemigos que salieron de las casas más cercanas. Rarity asió su espada con fuerza y se lanzó hacia delante dando varias estacadas, al tiempo que Pinkie reaparecía de improviso desde arriba y lograba tumbar a varios de un solo golpe de su maza. Acto seguido la lanzó hacia delante y le dio en la cabeza a un guardia oscuro, el impacto fue tal que le hizo astillas la cabeza, descomponiéndose rápidamente.

-¡Eso ha sido increíble, Pinkie!-exclamó en ese momento Rainbow, lanzando más flechas.

-¡Nos podrán arrebatar la vida, pero no nos arrebatarán nuestra libertad! ¡Por Ecuestria!-masculló la poni rosada, recuperando su arma y cargando de nuevo.

Esa inyección de moral por parte de la poni rosada animó a todo el mundo, marchando hacia delante sin vacilar y luchando con todas sus fuerzas; los enemigos eran muchos y venían de todas direcciones, pero los batieron a todos sin darles tregua en ningún momento. A su alrededor varios incendios iluminaban la noche, al tiempo que más proyectiles caían del cielo en distintos puntos de la ciudadela, derrumbando casas y provocando grandes agujeros allá donde aterrizaban.

En un momento dado llegaron a la plaza central, al lado del gran edificio comunal; parecía mentira que un par de semanas atrás estuvieran allí mismo, observando los puestos del mercado, y ahora estuvieran ahí, armas en ristre y luchando por sus vidas. Así era la guerra, y las ponis la estaban experimentando por primera vez. A su alrededor no había más que ruina y desolación, pero sabían que debían seguir en pie y luchar. Y lo hicieron con ganas, puesto que de repente la plaza se llenó de enemigos que empezaron a rodearlos desde todos los ángulos.

-¡Son muchísimos!-musitó Applejack, jadeando debido al cansancio.

-¡Tranquilas, no desfallezcáis, debemos aguantar mientras podamos! ¡Que alguien llame a más tropas!-exclamó Galadriel, conjurando otro escudo.

Otro cuerno resonó por las inmediaciones, al tiempo que más proyectiles cayeron a su alrededor, diezmando a un buen número de guardias, siendo sustituidos rápidamente por más. Comenzaron entonces a asediarles cada cierto tiempo, defendiéndose sólo cuando más lo necesitaban. Desde el aire Rainbow trataba de ponerlos a raya, pero eran demasiados para ella sola, viéndose obligada a aterrizar junto con el resto. En un momento dado, Galadriel indicó.

-¡Están tardando demasiado, replegaos, vamos a la casa comunal!

Se dirigieron allí rápidamente, atrancando las puertas y haciéndose fuertes dentro; tuvieron entonces un instante de respiro que aprovecharon para reevaluar la situación.

-¡Vale, no vamos a poder quedarnos aquí eternamente, tendremos que salir en cuanto lleguen los refuerzos!

-Ya ¿¡Y cuándo van a llegar, cómo sabremos cuándo salir!? ¡Agh, esto es un caos, no hay coordinación alguna! ¿¡Quién demonios atacó antes de tiempo?!-masculló Rainbow, particularmente molesta.

Un minotauro quiso decir algo al respecto, sin embargo en ese momento oyeron un ruido no muy lejos de allí y todos se pusieron en alerta; buscaron su origen hasta encontrarlo tras una puerta cercana, todos alzaron sus armas preparados para cualquier cosa. En cuanto abrieron la puerta, vieron entonces dos figuras familiares saliendo de allí junto con varios cachivaches más.

-¿¡General?!-inquirió uno de los minotauros.

-¿¡Lord Ravenar?! ¿¡Qué están haciendo aquí?!-quiso saber otro, anonadado.

Ambos minotauros se levantaron visiblemente azorados, siendo el general el primero en hablar.

-¡Ha sido culpa de Lord Ravenar!

-¡Si serás chivato!-le escupió el aludido, molesto.

-¡A la mierda usted y su ego de noble estirado, trató de embaucarme para atacar antes aprovechando la oscuridad a su favor!

-¡Pero si aceptó casi sin dudar!

-¡Porque usted me convenció de la viabilidad del plan, y mire cómo ha acabado! ¡Si estuviera a mi cargo le abriría un consejo de guerra por esto!

Antes de que la cosa fuera a peor, Galadriel intervino enseguida exclamando.

-¡Suficiente! ¡Ya hablaremos de esto con Creto cuando hayamos terminado, pero de momento les necesitamos para coordinar las tropas! ¿Piensan seguir escondiéndose o afrontar los hechos? Ustedes deciden.

Las palabras de la elfa parecieron mover de alguna forma a ambos minotauros, Lord Ravenar no pudo evitar mostrarse avergonzado y el general se cuadró ante ella, anunciando con voz firme.

-¡Es hora de empuñar juntos el acero!

El resto de los minotauros dejaron escapar un grito de guerra que levantaron los ánimos rápidamente, aunque en ese momento Fluttershy anunció.

-Ah… está amaneciendo…

Al oír eso las ponis miraron hacia la ventana más cercana, observando cómo los primeros rayos del sol comenzaban a despuntar desde el este, bañando el valle de una luz cálida e intensa. Las palabras de Luna resonaron en su memoria, al tiempo que oían a más tropas acercándose a la plaza haciendo sonar sus cuernos. Supieron entonces que era el momento, saliendo afuera con fuerzas renovadas y retomando la lucha rápidamente.

Ésta vez, y aun a pesar de la numerosidad de los enemigos, consiguieron avanzar gracias a que más soldados de caballería hicieron acto de presencia, atravesando las líneas enemigas rápidamente y llevándose por delante a un buen número de guardias oscuros. De esta forma fueron empujándolos hacia el otro lado del asentamiento, donde habian levantado otro acceso que se encontraba cerrado. Por un instante echaron en falta el ariete, que se había quedado al otro lado, pero en ese mismo instante dos enorme rocas envueltas en fuego cayeron de improviso sobre la empalizada, derrumbándola por completo y prendiéndola en el proceso.

-¡Vamos, seguid presionando, son nuestros!-exclamó el general en ese momento.

Entre todos siguieron empujando a los guardias oscuros, que iban reculando por momentos; sin embargo, en cuanto salieron a campo abierto, se encontraron entonces con una desagradable sorpresa. Y es que un amplísimo destacamento de enemigos les estaban esperando, preparados para atacar en cuanto su señor se lo ordenara. Había al menos más de doscientos individuos cortando el paso hacia el sur del valle, resoplando y son ganas de derramar sangre. Al ver el panorama, el general se detuvo, evaluando rápidamente la situación.

-Maldición, son demasiados… nos vamos a tener que retirar.

Ante eso Galadriel no dijo nada, mirando justo detrás del destacamento; más allá de las montañas del sur se podía distinguir un brillo rojizo que la era familiar, viendo entonces al Gran Ojo observándolo todo. Aún no había levantando el encantamiento que la ocultaba de su vista, sin embargo no era el mejor momento para hacerlo. Debía esperar su oportunidad para desvelarse. Quiso decir algo al respecto de la muy posible retirada, sin embargo en ese mismo instante oyeron un cuerno que no sonaba como el de los minotauros. Miraron hacia atrás y vieron en lo alto de uno de los picos, una figura que le era familiar. Las ponis, al verla, exclamaron.

-¡Princesa Luna!

La alicornio oscura miraba al frente con gesto decidido y esbozando una confiada sonrisita, aun a pesar de que se encontraba sola.


Desde las sombras de Ecuestria, tanto Sauron como Twilight se mostraron ciertamente sorprendidos por la súbita aparición de la alicornio, comentando en el proceso.

-Vaya, vaya, Luna, dichosos los ojos que te ven… supongo que habrá venido a ver cómo caen todos como moscas…-murmuró la alicornio lavanda, esbozando una vil sonrisita.

-Inútiles esfuerzos, nuestro ejército es interminable, no tienen nada que hacer contra nosotros…-asintió Sauron, con mucha confianza.

Tanto el maia como la alicornio se relajaron mientras esperaban a que su ejército atacara.


Por su parte, Luna se aclaró la garganta y habló hacia el valle mediante un hechizo de amplificación de voz.

-¡El oeste lucha solo! ¡Mas eso se ha acabado! ¡El este viene en su ayuda!

Nada más decir eso, los centauros hicieron acto de presencia acompañados por un numeroso destacamento de gárgolas, todas listas para la batalla. Los centauros se quedaron anonadados al verlos aparecer, pero al mismo tiempo sintieron cómo la esperanza volvía a asentarse en sus corazones. El general entonces exclamó.

-¡Ni retirada ni rendición! ¡Batallamos hasta el final!

Todos los minotauros chillaron al unísono, al tiempo que comenzaban a atacar sin mayor dilación. Las gárgolas echaron a volar y los centauros, junto a Luna, comenzaron a bajar hacia el valle, contándose por centenas.


Twilight escupió el té que se estaba tomando en cuanto vio lo que vio, musitando de seguido.

-¡No puede ser, imposible!

-¿¡Qué es todo esto!? ¿¡Quiénes son esos?!-inquirió Sauron, atacado.

-¡Los centauros, los malditos centauros! ¡Maldición, esto se complica por momentos!


Aun a pesar de la distancia, los centauros finalmente hicieron acto de presencia en el valle, comenzando a luchar junto con las gárgolas, que fueron las primeras en llegar; usando su magia concentrándola entre sus cuernos, lanzaban potentes rayos de energía hacia todas las direcciones que peinaban sus colindancias hasta que no quedaba nada. Las gárgolas volaban al raso golpeando son sus lanzas, mientras que el resto cubrían la retaguardia lanzando miríadas de flechas que opacaban la luz de la mañana. Al mismo tiempo los minotauros cargaban con todas sus fuerzas, llevándose por delante a todo guardia oscuro con el que se encontraban con una furia espartana. Luna se reencontró con las demás, asiendo con su magia su espada onírica.

-¡Princesa Luna, aquí está!-exclamó Fluttershy, aliviada al verla.

-¡Nunca dudé en ningún instante de usted, princesa!-añadió Rainbow, llena de energía.

-¡Yo también me alegro de veros, chicas! ¡Pero esto aún no ha terminado! ¡Hacia la victoria, vamos!-exclamó la alicornio oscura, alentando a las tropas.

Tanto las ponis como Spike y el resto de efectivos marcharon hacia delante con un espíritu de combate que nunca pensaron que llegarían a poseer ni en todos los días de su vida. Galadriel aprovechó entonces la oportunidad para comenzar a desplegar gran parte del poder de Nenya, yendo mucho más a saco que antes. Ondas de energía mucho más potentes marcaban el suelo mientras consumían toda materia oscura con la que se encontraban, al tiempo que multiples escudos de pura energía se clavaban en la tierra protegiendo a las tropas y rechazando a todo aquel guardia oscuro que entraba en contacto con ellos. El despliegue de magia y poder era apabullante y pronto, el antes amplio destacamento de guardias oscuros, fue mermando muy rápidamente.


Sauron estaba cada vez más y más ofuscado; y es que él mismo podía ver cómo una fuerza muy superior a cualquier otra vista en ese mundo estaba haciendo estragos en su último reducto de efectivos en el valle Entrerreinos. Twilight tampoco era ajena a esto, musitando de seguido.

-¿¡Pero esto qué es?! ¡Hay algo ahí que no sé qué es y está masacrando a todas nuestras tropas!

Sauron no dijo nada, sin embargo algo cruzó por su mente en ese momento, comprendiéndolo al instante, pero negándose a creerlo.

-No… no puede ser… es imposible…


En poco menos de veinte minutos, tan sólo quedaba un último reducto de guardias oscuros que se apiñaban entre sí en un intento desesperado por resistir; pero estaban prácticamente rodeados por una amalgama de minotauros, centauros, varios ponis, un dragón y una alicornio, mirándoles con cara de pocos amigos. Sin embargo, antes de que alguien más se moviera, Galadriel exclamó.

-¡A un lado!

La elfa se adelantó y, dando un lustroso salto, alzó a Nenya, que brillaba como nunca, y acto seguido cayó al suelo impactando con él en el suelo. Una onda expansiva azulada salió despedida hacia todas las direcciones, desintegrando en el proceso a los pocos guardias oscuros que quedaban y convirtiéndolos en polvo.

Tras recobrar un poco el resuello, Galadriel entonces se enderezó e hizo un rápido gesto con su anillo, como si hubiera echado hacia un lado una cortina. Miró fijamente hacia el Gran Ojo, el cual se contrajo presa de un miedo atroz.


Twilight, al verla, se quedó de una pieza, incapaz de comprender lo que estaba viendo. Por un momento no hubo nada, pero al segundo siguiente masculló.

-¿¡Qué… quién es esa?!

Por su parte Sauron no dijo nada, al menos al principio, pero al poco rato dejó escapar un agudo chillido que resonó por toda Ecuestria, al tiempo que las nubes que la envolvían se echaban aún más sobre ella, en un intento por ocultarse. Miles de rayos rasgaron el cielo, mostrando una ira sin fin. Y, desde el este, la luz anaranjada del Gran Ojo se apagó para no volver a lucir.


I'm back biches! XD antes que nada quiero disculparme por tardar tanto, pero entre que la señora iba y venía cuando la daba la gana y otros menesteres como el curso que he estado haciendo apenas he tenido tiempo, pero ahora que ya he terminado tendré más tiempo, eso por descontado. Ahora hablemos un poco del capítulo.

Ha tenido un poco de todo, desde politiqueo hasta acción con la primera batalla. Lo que más me ha costado sacar ha sido sin dudar la manera de convencer a los centauros. Al principio pensé en algo más grande y elaborado, pero tras pensarlo mucho preferí hacerlo más simple, funcionando bastante bien en ese sentido. No tengáis miedo de escribir cosas simples porque siempre van a funcionar, al menos por lo que he visto yo personalmente escribiendo esa parte, eso sí. La pequeña visita a Alicornia salió sola entre medias, aunque en cierta forma era necesaria para poder hacer lo que quería hacer, además, me ha permitido añadir un poco más de contenido en ese sentido acerca de su posición en la guerra.

Y eso es todo de momento, dado que no queda casi nada para terminar voy a hacer como lo he estado haciendo últimamente y le voy a dar carpetazo ya a esta historia, que ya va siendo hora. Esperad el siguiente capítulo más pronto que tarde, ésta vez de verdad, aunque va a tener el mismo contenido o puede que más, por lo que me llevará un tiempo escribirlo. Comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!