Capítulo 15
Hoy no es ese día
-¿Y bien? ¿Ya sabemos qué vamos a hacer a continuación?-inquirió Creto en ese momento.
-Eso es algo que todavía está por ver, por eso hemos querido volver, para sopesar todos juntos un buen plan…-murmuró Luna, observando un mapamundi.
De momento la situación se mantenía a la espera de que dicho plan se formara para luego llevarse a cabo, por lo que todo el mundo esperaba expectante en Griffonstone, donde el grueso del gran ejército de coalición se había asentado. Tras el regreso de las tierras de los dragones, un buen número de éstos se habían movilizado junto con el resto del ejército, esperando de igual forma a entrar en acción cuando se les ordenara. Spike había sido ordenado capitán general de las fuerzas dracónicas por el propio Lord dragón Torch, y Ember se había postulado como representante de su padre fuera de sus dominios, estando juntos en ese sentido.
Mientras tanto, estaban aprovechando para adecentar y reparar algunos desperfectos de la ciudadela y el palacio por orden de su nueva reina, Gilda, iniciando de ésta forma un proceso de reconstrucción y remodelación del reino que lo cambiaría por completo. Los ánimos de los grifos estaban muy altos, cosa que no se veía desde hacía mucho tiempo, y la actividad en toda la ciudadela era constante durante gran parte del día.
-Muy bien ¿ideas para invadir Ecuestria a partir de aquí?-inquirió en ese momento Scorpan, tomando la palabra.
-Bueno, atravesar el océano imperecedero va a ser sencillo, tenemos las goletas y bergantines que nos apropiamos de ellos el otro día-recordó en ese momento Lord Ravenar.
-Sí, y una vez allí atacaremos directamente-añadió Creto, pensando militarmente.
-Eso es seguramente lo que esperará Sauron que hagáis-anunció en ese mismo instante Galadriel, dirigiéndose hacia ellos.
-¿Qué sugiere entonces, señora?-inquirió el visir real, intrigado.
-No decepcionarle en ese sentido.
-¿Cómo?-inquirió Demeter, confuso al respecto.
-Como ya he dicho, Sauron esperará nuestra presencia de algún modo, así que habrá concentrado gran parte de su ejército en toda la zona este de Ecuestria. Si no nos presentamos, sospechará que habremos tomado otro camino, y estará el doble de alerta, dificultando de esta manera la posibilidad de un segundo o tercer plan.
Al oír esto Luna se acercó al mapamundi con el ceño fruncido, entendiendo rápidamente lo que la elfa les estaba sugiriendo.
-Ya veo, quieres ponerle un cebo… si concentramos parte de nuestras fuerzas en el este y les mantenemos ocupados, el resto podemos escabullirnos sin ser vistos hacia el sur y atacar desde allí.
-Entiendo, pero sería un rodeo enorme, básicamente quieres darle la vuelta a toda la península ¿para qué tomar tantas molestias?-inquirió Spike en ese momento.
-Porque tenemos aliados en el sur que podemos sumar a la causa y estar así listos para un ataque frontal desde las tierras baldías-anunció Luna, señalando con su casco el reino de Zebraica y el ducado de Maretonia respectivamente.
Algunos asintieron con la cabeza, entendiendo un poco mejor las intenciones de la alicornio, sin embargo Creto comentó en ese momento.
-Vale, jugamos al despiste con ellos, pero no podremos estar presionando eternamente, en algún momento nos tendremos que mover, además, si realmente han concentrado la mayoría de sus tropas al este la presión será insoportable para mis tropas, por muy numerosas o motivadas que estén.
-Evidentemente no tienen por qué estar presionando constantemente, si lo necesitan pueden retirarse y volver a presionar más adelante-murmuró Luna.
-Ya, pero la cosa es que nosotros no nos retiramos, luchamos hasta el final independientemente de las circunstancias, así es como ganamos la guerra antaño-murmuró el general minotauro en ese momento, con gesto contrariado.
-Lo entiendo, general, pero esta es una guerra muy diferente a la de antes, y si queremos ganarla vamos a tener que pensar de lado y tratar de superar a Sauron en cuanto a estrategia se refiere-comentó Luna, con todo el respeto posible.
-Sauron no es tan estratega en combate, sino más de músculo. Se apoya más en sus tropas cuando hay que luchar, pero fuera del campo de batalla sí que juega sus cartas todo lo bien que las circunstancias le permitan-reveló Galadriel en ese momento.
-En ese caso lo que podemos hacer es una serie de asaltos en distintos puntos del este para tenerles ocupados el tiempo suficiente mientras que los demás se dirigen al sur. ¿Cuáles son los principales puertos del este de Ecuestria, princesa?-inquirió Scorpan en ese momento.
-Ah, pues… Manehattan, Fillydelphia y Baltimare-enumeró la aludida, repasando con el casco todo el este.
-Vale, en ese caso podemos ir de puerto en puerto asaltándolos y robándoles suministros para luego ir al siguiente y así sucesivamente, de esta manera les tendremos centrados en nosotros mientras les vamos debilitando poco a poco.
-Pero eso es simple y vulgar pillaje, cual piratas…-murmuró Lord Ravenar, sin comprar mucho la idea.
-Es lo mejor que podemos hacer dadas las circunstancias, si lo que queremos es distraerlos es perfecto-insistió Scorpan.
-Ya, vale, pero en algún momento tendremos que avanzar y romper sus defensas, digo yo, si no ¿cómo nos reuniremos en Canterlot para la batalla final?-inquirió Creto en ese momento.
-Lanzaremos una señal al aire que podréis ver con facilidad desde la costa en cuanto estemos cerca, si lo que queréis es abrir una brecha en su formación el mejor lugar para hacerlo es Manehattan a través del río Trutson, si podéis volad el puente, así los dejaréis aislados en la isla central mientras vosotros avanzáis hacia el oeste-sugirió Luna, con mucha seguridad.
-Sí… podría funcionar-asintió en ese momento el visir real.
Hubo un murmullo generalizado entre todos los presentes, comenzando a ver la viabilidad del plan. Aunque en ese momento Autumn Blaze comentó.
-Aunque ¿Quiénes se quedarían a luchar y quienes se marcharían al sur?
-Si se trata de luchar dejádnoslo a nosotros, tal y como dice el general no es nuestro estilo, pero teniendo en cuenta el plan podría funcionar como medida disuasoria-anunció Creto en ese momento.
-Contad también con nosotros, podremos defendernos mutuamente llegado el momento-añadió Scorpan, junto con Demeter.
-Entonces el resto iremos al sur, bien-murmuró el visir real, finiquitando la decisión.
-¿Y qué hay de nosotros?-inquirió en ese momento Spike.
-Vosotros quedaos en la retaguardia esperando el momento para atacar, Sauron ya sabe que os habéis unido a nosotros pero no sabe cuándo apareceréis, aprovecharemos eso a nuestro favor-decidió Luna rápidamente.
-Vale, en ese caso nos quedaremos en el mismo sitio donde solemos parar cuando volvemos de las migraciones, así no tendremos que atravesar todo el océano imperecedero cuando llegue el momento.
Una vez que estuvo todo hablado, ambos grupos se prepararon para partir; dado que tanto los centauros como los minotauros se iban a dedicar a luchar en contiendas rápidas y moviéndose constantemente se quedaron con todos los bergantines, más adecuados para lo que iban a hacer, mientras que el resto del ejército se fue en las goletas, más ligeras y rápidas, para que la travesía durara lo menos posible. Partieron todos juntos separándose a medio camino, los bergantines siguieron todo recto hacia el oeste mientras que las goletas viraron su rumbo hacia el sur. Tanto Luna como las chicas, Galadriel y Spike junto con el resto de líderes iban en el mismo barco, liderando la comitiva.
-¿Cuánto nos llevará atravesar el océano imperecedero hacia el sur, princesa?-inquirió Fluttershy en ese momento.
-Bueno, las goletas son rápidas, si el viento se mantiene favorable puede que en poco menos de una semana hayamos llegado al cabo de Buena Trotanza, el extremo más austral de Zebraica. Desembarcaremos allí, nos reuniremos con las cebras, y partiremos hacia el norte a no más tardar-explicó Luna detalladamente.
-Nosotros tendremos que desembarcar antes, me temo, el lugar donde paramos está en el extremo sureste de Ecuestria, justo antes de llegar a las tierras baldías-comentó Spike en ese momento.
-Sí, sé cuál es el sitio, hay una pequeña falla volcánica allí si mal no recuerdo, es un buen lugar para esconderse.
-¿Y qué hay de Sauron? El plan está bien pero ¿y si nos ve dirigiéndonos hacia el sur?-inquirió Rainbow, en ese momento.
-No os preocupéis de Sauron, algo me dice que va a estar muy ocupado intentando hacer cualquier cosa por defenderse así que dudo mucho que vaya a estar tan pendiente como antes. Igualmente, tenemos a Nenya, por si le da por mirar-comentó en ese momento Galadriel.
-Bueno, al menos viajaremos con algo más de estilo, nuestro último viaje en barco fue algo más accidentado-comentó Rarity en ese momento, recordando la travesía por los mares lánguidos.
-Si de ti dependiera haríamos la guerra con vestidos y encajes de bolillo-murmuró Applejack, divertida.
-Oh, sería mucho más divino, por supuesto.
Ante eso todos se rieron de la ocurrencia, relajando un poco más el ambiente. Parecía que no estuvieran en guerra. Casi.
-Me da en la nariz que nos falta algo, pero ¿el qué?
-Oh ¿tú crees? Ni lo había pensado…
-No es el momento, Twilight, estamos muy cerca, lo presiento…
Esos últimos días habían sido un no parar, habían trasladado el proto palantir a las mazmorras para hacer pruebas mágicas y hasta químicas con él, probando de todo un poco e incluso más. Por parte de la alicornio lavanda fue a la biblioteca y estuvo consultando muchos tomos de magia arcana e incluso antiquísimos tratados pertenecientes a Starswirl El Barbudo con la esperanza de terminar el palantir a tiempo, pero hasta ahora nada había dado resultado. ¿Qué podía faltar?
-He consultado de todo, desde hechizos transmutadores avanzados hasta antiguas fórmulas alquímicas con las que el propio Starswirl trabajó en su día, pero nada ha dado resultado…-masculló Twilight, cada vez más y más ofuscada.
Ante eso Sauron no dijo nada, quedándose pensativo mientras que la alicornio lavanda se desesperaba un poquito más; en un momento dado, el maia anunció.
-Creo que lo hemos estado enfocando mal desde el principio.
-¿Qué quieres decir?-inquirió ella, ceñuda.
-Piénsalo, hasta el momento hemos estado tratando de replicar un artefacto de mi mundo con la magia y los elementos del tuyo… tal vez lo que falte no es algo físico o tangible, sino una chispa…
Al oír eso, algo en la mente de Twilight saltó de improviso, recordando cierta conversación que tuvieron hace ya bastante tiempo atrás.
-Claro, tiene sentido, una chispa de tu mundo… como la llama imperecedera…
Sin decir nada, Sauron cogió el proto palantir entre sus manos y se concentró mirándole fijamente, tratando de depositar en él un poquito de su poder. Por un instante no sucedió nada, viendo una sola chispa reflejarse en su superficie. Y esperó. Twilight le observó atentemente, esperando lo inesperado, pero el palantir siguió igual de oscuro que la última vez.
Tanto el maia como la alicornio lavanda dejaron escapar un dejado suspiro, sintiendo cómo regresaban al punto de partida.
-Maldita sea…
-Dejémoslo estar por ahora, tenemos otras cosas que requieren de nuestra atención-sugirió en ese momento Sauron, dejando el objeto en una peana cercana.
-Está bien, a ver cómo van las tropas en el este…
Los dos salieron de la estancia, dejándola entonces vacía y silenciosa; en lo alto de la peana el proto palantir permaneció oscuro y sin reaccionar, pero en un momento dado una extraña luz, como una pequeña llama, resplandeció en su centro por un instante para apagarse inmediatamente después.
-¡Peinad todo el puerto, que no quede nada!
-¡Fuego!
Los cañones tronaban con fuerza, al tiempo que las tropas minotauras y centauras abordaban los barcos más cercanos, inutilizando sus timones y saqueando todo lo que se les ponía por delante. Varios bergantines se habían quedado a pocas millas de distancia del puerto de Fillydelphia, disparando constantes andanadas hacia el mismo, mientras que los demás habían atracado en el propio puerto para que el resto de tropas pudieran desembarcar. Se llevaron de todo, desde más pólvora y munición de cañones así como materiales varios que les pudieran ayudar a reforzar sus barcos y mermar las defensas de los guardias oscuros, los cuales se afanaban lo indecible por repeler el ataque, pero la furia y fuerza de los minotauros, combinada con la táctica y eficiencia de los centauros, demostró ser una combinación explosiva.
-¡Hay más allí, junto a los soportales!
-¡Apuntad alto!
-¡Fuego, fuego!
Las balas de cañón silvaban e impactaban con las casas más cercanas al puerto, derrumbando a las más débiles, y contra otros barcos que estaban allí atracados, haciendo estallar a unos cuantos y hundiendo el resto; las gárgolas arqueras comenzaron también a lanzar flechas incendiarias, añadiendo un poco más de caos al ataque y despistando a los guardias oscuros, que aun a pesar de su numerosidad no conseguían mantener controlada la situación. El humo que comenzaba a alzarse sobre la ciudad les hizo ver cada vez menos, ayudando un poco más al ataque en sí.
-¡Los tenemos, seguid así!
-¡No, suficiente de momento, retirémonos!
-¡Retirada, volvamos a los barcos!
El cuerno de los minotauros dio el alto a las tropas, que comenzaron a replegarse hacia los barcos mientras iban conteniendo al resto de guardias oscuros que venían del otro lado de la ciudad. Aprovecharon para cortar algunos accesos dejando caer varias grúas, echando a perder cargamentos de aceite y lino, que prendieron enseguida debido a los focos de fuego imperantes. Varios almacenes previamente saqueados salieron ardiendo debido a esto, extendiendo el fuego hacia todas las direcciones.
En cuanto el último minotauro embarcó, los bergantines salieron del puerto rápidamente aprovechando el viento a su favor, reuniéndose con el resto y dirigiéndose hacia el sur, ésta vez con Baltimare en mente.
-Muy bien, informe ¿qué nos hemos llevado esta vez?-inquirió Creto en ese momento, haciendo un repaso general.
-Más munición de cañones y de mortero, además de un buen montón de hierro y cobre, podemos mejorar la integridad de los cascos y nuestras armaduras con esto, además de un buen montón de seda con la que reparar las velas-comentó en ese momento uno de sus soldados.
-Bien, que lo hagan, lo vamos a necesitar cuando llegue el momento.
Hasta ahora habían estado peinando toda la parte sur de la costa este de Ecuestria, alternando entre Fillydelphia y Baltimare constantemente, con algún que otro saqueo entre medias de campamentos apostados junto a la costa, siendo mucho más fáciles de detectar y destruir que en las principales ciudades. Debido a esto los últimos días habían sido un no parar, dispuestos a todo con tal de cumplir con el plan. A Manehattan todavía no habían ido, puesto que por lo que pudieron averiguar allí se concentraba el grueso principal del ejército oscuro, por lo que optaron por hacerles salir primero asediando constantemente ambas localidades y obligando a las tropas a desplazarse desde allí, vaciando de esta manera y poco a poco la ciudad.
-¿Cree que todo esto dará resultado, majestad? Llevamos así varios días y no parece que su número decrezca en ningún momento-comentó Lord Ravenar en ese momento, con el ceño fruncido.
-De momento parece estar funcionando, las tropas tienen el foco puesto en nosotros y no parecen haberse percatado de la presencia de los demás dirigiéndose hacia el sur.
-Ya, pero…
-No está en disposición de quejarse, Lord Ravenar, aún tenemos una conversación pendiente, no haga que me lo piense mejor.
-Sí, majestad…-murmuró el aludido, resignado.
La comitiva de bergantines navegaba a toda vela hacia el sur, dejando atrás una Fillydelphia envuelta en humo y cenizas; desde donde estaban no habían vuelto a ver ese resplandor rojizo proveniente del centro de Ecuestria que, por lo que les explicó Galadriel antes de separarse, era ese tal Sauron extendiendo su influencia y las sombras allí donde su vista alcanzaba. Sin embargo sabían que aun así vigilaba de alguna forma, puesto que en todos sus ataques se retiraban justo cuando venían más tropas de algún lugar del interior de Ecuestria, por lo que de alguna manera debía de estar al tanto, aunque no se mostrase como antes. Hasta ahora el plan había estado dando resultado, y la situación se mantenía en un fino equilibrio el cual se acabaría rompiendo eventualmente en cuanto el resto del ejército llegara a Canterlot. Por eso habían estado postergando el atacar Manehattan, porque sabían que cuando llegara el momento echarían el resto para romper una brecha en su formación y llegar al centro de Ecuestria lo antes posible. Mientras tanto, los ataques debían continuar.
El viaje hacia el sur por suerte había sido rápido y bastante tranquilo; los primeros días pasaron lentamente debido a un ligero descenso de las corrientes de aire, pero en cuanto los dragones desembarcaron para esconderse en la región volcánica del sur la cosa pareció animarse, soplando el viento mucho más fuerte y haciéndoles navegar más rápido. Las de por sí ligeras y veloces goletas cortaron el mar como una centella, llegando a sobrepasar incluso los diecisiete nudos de rigor mientras bordeaban toda la costa este de las tierras baldías, contemplando desde allí las imponentes mesas, chimeneas de hadas y montañas que las rodeaban, además de los escarpados acantilados que precedían a la propia costa. El viento arrastraba consigo el polvo y la arena del camino, llegando incluso más allá del vasto desierto que precedía al reino de Maretonia, que no pudieron ver desde allí debido a la elevación imperante del terreno sobre el nivel del mar.
En cuanto llegaron a los pocos días a las costas del lado este del reino de Zebraica el terreno bajó de golpe, pudiendo ver blancas playas que se asentaban sobre un lecho marino suavizado y que iba bajando poco a poco hasta el fondo marino sobre el que navegaban. Debido a esto se podía ver la amplia sabana que decoraba los terrenos del reino de las cebras, viendo incluso algún que otro pequeño asentamiento cercano a la costa. Podrían haber echado el ancla allí mismo y dirigirse al centro del reino desde allí, pero prefirieron continuar hacia el sur para esconder la flota tras el cabo de Buena Trotanza, el cual comenzaba a recortarse desde la distancia conforme iban acercándose a él. El terreno fue subiendo de forma gradual, mostrando una tierra rica en cobre y plata, con colores amarronados y con trazas blancas surcando la tierra, con unos acantilados no tan escarpados y algo más lisos en comparación con los de las tierras baldías. El peñón fue haciéndose más y más alto, llegando tras un par de días más al cabo, cuyo punto más alto salía hacia el mar, coronado además por un solitario árbol de la sabana que parecía mirar hacia el sur.
-Aquí está, el cabo de Buena Trotanza. Para las cebras es conocido como el fin del mundo, ya que más allá se extienden millas y millas de océano imperecedero hacia las heladas tierras del sur-comentó Luna en ese momento, mientras lo bordeaban.
-¿Ha estado alguna vez, princesa?-inquirió Applejack en ese momento, curiosa al respecto.
-No, pero he oído hablar de ellas al respecto en libros antiguos. Se cree que vive una comunidad de ponis muy reducida, acostumbrados a las bajas temperaturas imperantes, con su propia cultura y todo. Recuerdo que los libros contaban la existencia de altas y afiladas montañas de hielo que nunca se derriten, con algún que otro valle de nieve y hielo prístino e incluso un volcán de escudo activo y todo.
-Vaya…
-Dan ganas de ir… el caso es que todo este periplo me ha abierto el gusanillo de seguir viajando ¿quién sabe si hay ponis más allá que no conozcan el fino arte de una fiesta? Si es así alguien tiene que enseñárselo-mumuró Pinkie en ese momento.
Ante eso todo el mundo se rió, aunque Rarity aprovechó ese momento para comentar.
-Oh, sería una excusa perfecta y divina para usar conjuntos de invierno, eso desde luego…
-Pues oye, si os animáis podemos ir todos juntos cuando todo esto acabe… yo también le he cogido el gusto a esto de viajar, y no sólo por razones bélicas-asintió Luna, mirando hacia el sur con gesto curioso.
-Viajar siempre es muy beneficioso, te permite conocer otra gente y otras culturas, aprendiendo más en el proceso. Yo misma siempre quise salir de Valinor, ver mundo y tener un lugar al que llamar mío, por eso me fui a la Tierra Media y fundé el reino de Lothlórien junto a mi esposo, Celeborn-comentó en ese momento Galadriel.
-Oh ¿entonces tú también eres una reina?-inquirió Autumn Blaze, curiosa.
-No exactamente, no quisimos ser nombrados reyes como tal ya que no queríamos estar por encima de los demás, pero sí gobernamos y administramos el lugar, además de protegerlo. Antes de que llegáramos vivían allí los pocos elfos de Noldor que quedaban tras el desastre de Eregion y elfos silvanos, que llegaron allí durante el gran viaje, ya que muchos peregrinaron hacia el este al poco de nacer. Nos dieron la bienvenida y nos aceptaron entre ellos, por lo que nosotros respondimos dándoles el poder de Nenya en usufructo. Gracias a él, el bosque que rodea al reino se mantiene lozano y bello, envuelto en una cálida luz que da la bienvenida a viajeros de todos los rincones de la Tierra Media-explicó la elfa con todo detalle.
-Oh, entonces, si tú estás aquí…-murmuró en ese momento Fluttershy, preocupada.
-No hay nada de lo que preocuparse, deposité un poco del poder de Nenya en un estanque cerca de Cerin Amroth, lo suficiente como para que se mantenga bien durante mi ausencia.
-Menos mal…
Rodearon el cabo y echaron el ancla en una resguardada bahía cercana donde había una pequeña playa, desembarcando así y poniéndose en movimiento rápidamente.
Aun a pesar de que se habian separado, entre los caballos de Saddle Arabia, los pocos kirines que se prestaron voluntarios y otros ponis y razas provenientes del norte, el ejército de coalición seguía siendo grande y fuerte, con al menos unos cuatrocientos individuos en él. Con todo lo que las cebras y los ponis de Maretonia les pudieran proporcionar, seguramente se harían mucho más fuertes, eso sin contar a los dragones, que esperaban su oportunidad para entrar en acción cuando llegara el momento.
Una vez que estuvieron todos listos, se pusieron en marcha hacia el norte, dejando atrás al cabo de Buena Trotanza y su flota, y comenzando a atravesar la sabana de Zebraica. Al oeste se podía observar la alargada cadena montañosa que colindaba con los mares lánguidos, definiendo muy bien a la orografía del terreno. Tanto los caballos de Saddle Arabia como los kirines y el resto de razas estuvieron observando bien todo lo que les rodeaba, ya que era la primera vez que estaban allí.
-Vaya, qué extensión más basta, y apenas hay vegetación…-comentaba uno de los kirines.
-Recuerda un poco al desierto del Caballo…-añadió uno de los tantos arqueros de Saddle Arabia.
Continuaron todo recto sin parar durante el resto del día hasta que finalmente, y en cuanto el sol comenzaba a declinar al oeste, llegaron al asentamiento principal. Como la última vez, los potrillos de la aldea les dieron la bienvenida correteando a su alrededor y mirándoles con interés, al tiempo que gritaban expresiones en suajili que casi nadie entendió.
-Bof, mi suajili está oxidadísimo-comentó en ese momento el visir real de Saddle Arabia.
-No se apure, el mío también, pero Mwanajuma habla ecuestriano…
Para evitar que la aldea se llenara innecesariamente, el resto del ejército se quedó esperando acampando por los alrededores, mientras que Luna, acompañada del visir real, Autumn Blaze y Galadriel, fueron a ver a Mwanajuma. Ésta se alegró inmensamente de volver a ver a la alicornio, saludando a los demás por igual.
-Mfalme Luna, aquí estás, qué alegría verte…
-Igualmente, Mwanajuma malkia…
-Sabía que conseguirías aliados, me alegra ver que estén todos asegurados.
-Sí, no fue sencillo, pero hemos conseguido volver…
-Es importante todo lo que nos puedan proveer… pero cuéntame, querida amiga ¿cómo te las has ingeniado?-inquirió la reina cebra, interesada.
Entre todos la estuvieron explicando todo el periplo vivido hasta haber llegado hasta allí, incluyendo también los más recientes acontecimientos. Una vez que estuvo enterada, se pronunció al respecto.
-Sin duda alguna has conseguido algo que no tiene parangón, nunca antes el resto de razas se habían unido sin ningún tipo de objeción…
-Bueno, lo importante es que ahora estamos todos juntos. Entonces… ¿os uniréis a la lucha?-inquirió Luna, confiada.
Mwanajuma se quedó en silencio durante unos ínfimos segundos antes de volver a hablar.
-Nada nos gustaría más que ayudar, pero antes nos debemos de asegurar. El camino debe estar despejado, sólo así dará resultado.
Los demás se quedaron un tanto confusos ante esa afirmación, aunque en ese momento Galadriel comentó, esbozando una sonrisita.
-Creo saber por qué no teméis lo que nosotros tememos, más algo me dice que pronto lo sabremos…
La cebra le devolvió la mirada con gesto sorprendido, aunque enseguida respondió, igual de divertida.
-Me agrada su aguda perspicacia, está claro que os he caído en gracia. No se trata de temer sino de proveer, que es lo que esta tierra nos enseñó al crecer.
-Entiendo su pensamiento, al fin y al cabo nosotros también aprendemos a través del conocimiento. Pero no sólo nos alimentamos del saber, sino que la práctica y el empeño es parte de nuestro proceder.
-Ya veo que también miran hacia las estrellas, pues en su brillo reside la magia que emana de ellas.
De alguna forma Luna se esperaba que tanto Galadriel como Mwanajuma se entenderían bastante bien, aunque no se esperaba llegar a escuchar una conversación enteramente en verso por ambas partes. Antes de que siguieran, la alicornio oscura comentó.
-Comprendo su cautela ¿haremos como la última vez?
-Así es, aunque ésta vez será un poco diferente.
Eso llamó la atención tanto de Luna como de los demás, pero sobre todo de Galadriel, que ardía en deseos de ver una muestra de su magia, comentándoselo como tal.
-Qué interesante cultura, estoy deseosa de saber más de esta raza…
-Oh, no te preocupes, ésta noche verás todo un espectáculo, te va a gustar.
Al igual que la última vez que estuvieron allí tuvieron que esperar a la noche para el correspondiente ritual a la luz de la misma gran hoguera; la elfa puso especial atención al observar el procedimiento, quedándose ciertamente impresionada en cuanto el fuego adquirió otro color, sirviendo además como canal de comunicación con otra hoguera distante. Fue entonces cuando vieron a otra cebra, la cual saludó a su reina con una rápida reverencia.
-Llama en buen momento, majestad, el enemigo está preparando un gran ejército con suma celeridad.
-Bueno es saberlo, nuestros aliados están preparados, pero no debemos precipitarnos si son demasiados-murmuró Mwanajuma, preocupada.
-Podremos hacer algo al respecto, siempre y cuando partan ya a tal efecto.
-Mañana mismo nos pondremos en camino, no podemos perder más tiempo-anunció Luna, rápidamente.
-En ese caso no hay otra decisión, pasaremos al ataque sin mayor dilación-asintió Zécora.
-Bien, aprovechad la oscuridad a vuestro favor, os puede facilitar la labor.
-Así lo haremos. Atacaremos.
-Mama dunia akuongoze, Zécora-murmuró Mwanajuma en ese momento en su idioma natal.
-Asante, utukufu.
Y, tras ese último saludo, la cebra se desvaneció y el fuego volvió a la normalidad. En ese momento Luna comentó.
-Si pueden atajar cuanto antes el problema de su numerosidad nos pondrán las cosas más fáciles de cara a futuras batallas.
-Eso es algo que siempre me ha inquietado ¿cómo lo harán?-inquirió en ese momento Rarity.
-El estanque espejo-murmuró Pinkie entonces, con un deje incrédulo en su rostro.
Todo el mundo la miró, siendo Applejack la primera en comentar.
-Espera ¿el mismo estanque espejo en el que se te ocurrió duplicarte a ti misma?
-Sí… el caso es que poco después de lo que pasó Twilight vino a verme y se disculpó, pero ahora que lo pienso mejor… oh, no, la dije cómo utilizarlo sin ni siquiera darme cuenta… ¿qué he hecho?-masculló la poni rosada, conmocionada.
Al comprender entonces lo que quería decir, Fluttershy se apresuró a tranquilizarla.
-No, no es culpa tuya, Pinkie… para entonces Twilight ya había cambiado mucho, y todo fue culpa de Sauron, por lo que tú no has provocado nada en ese sentido…
-Aun así… qué tonta he sido. Lo siento, chicas… lo siento mucho…
El resto de las ponis la consolaron sin decir nada, al tiempo que los demás se quedaban en silencio; Luna esbozó un gesto entre sentido y molesto, no tanto por el hecho en sí, sino por el efecto que tuvo en Pinkie, al tiempo que Mwanajuma entrecerraba los ojos, con gesto pensativo. En ese momento, Galadriel habló.
-Esto es lo que el mal de Sauron provoca. Envilece a los buenos de corazón, corrompe sus espíritus, y hace sufrir a los más cercanos a ellos. Ninguna raza ni tierra merece pasar por el mismo mal que arrasó mi mundo tiempo ha ya. Por eso se me permitió venir aquí.
-De tierras más allá de toda quintaesencia, buena es la hora en la que traes tu presencia. Debemos ayudar en todo lo que podamos, luchar hasta que venzamos-murmuró Mwanajuma.
Ante eso la elfa asintió con la cabeza, notando cómo la presencia de Sauron se hacía un poco más fuerte desde allí. Debían estar preparados.
Mientras tanto, en el Everfree, la noche era oscura y muy silenciosa, unos cuantos guardias oscuros custodiaban la entrada al estanque espejo, con algunos pequeños grupos saliendo y entrando hacia el mismo; el guardia que llevaba la cuenta de las tropas se encontraba sentado junto a una mesa improvisada, rodeado de papeles y alumbrándose con varias velas encendidas. Una pluma rasgaba un pergamino, rompiendo con la quietud de la noche.
En un momento dado, una ligera brisa sopló de algún lugar y las velas se apagaron de golpe, dejándole a oscuras.
-Agh, maldita sea-masculló con una profunda voz metálica.
Se levantó rápidamente para volveras a encender de nuevo, pero en ese momento algo se deslizó detrás de él, entre unos matorrales cercanos, y de golpe y porrazo se vio empujado hacia atrás, cayendo de espaldas sin apenas hacer ruido. Quiso levantarse y reaccionar, pero en ese momento una lanza se clavó en su garganta, impidiéndole emitir cualquier tipo de ruido. Un ligero y casi inaudible silbidito se alzó sobre los árboles, al tiempo que más matorrales se agitaban por las cercanías.
Los dos guardias que vigilaban el acceso a la cueva permanecían estoicos, sin decir ni hacer nada, pero inmediatamente después algo les hizo caer de espaldas, enmudeciéndoles al instante. Justo delante otro guardia le pareció ver algo raro, pero una sombra se abalanzó sobre él de improviso desde arriba, cayendo al suelo con la cabeza echa trizas. Desde dentro de la cueva, un grupito de guardias clonados vio lo ocurrido y echaron a correr, pero antes de que llegaran siquiera al umbral dos pequeñas bolitas de color marrón rodaron hasta donde ellos estaban. Las miraron por unos ínfimos segundos, extrañados, antes de que éstas estallaran sorpresiva y violentamente, haciéndolos volar hacia todas direcciones en miles de millones de pedazos de cristal. La entrada de la cueva cedió de repente al verse sacudida, cayendo de repente y taponándola por completo de tierra, cascotes y raíces de árboles que la volvieron prácticamente inaccesible.
Fuera de la cueva Zécora se unió al resto rápidamente mientras terminaban de rematar los pocos guardias que quedaban, dejando la zona vacía y desolada; en cuanto el último cayó, Trixie se reagrupó con la cebra, la cual murmuró.
-Buen trabajo, ahora debemos retirarnos con soltura, antes de que vengan más con premura.
-¡Genial, los hemos vencido!-exclamó Trixie, muy animada.
-Hemos ganado esta batalla pero no la guerra, ahora tenemos más posibilidades en esta contienda. Nuestros amigos tienen la ruta asegurada, ahora debemos esperar hasta su llegada.
Tras esas palabras, los ponis se retiraron regresando a su escondite en el castillo de las dos hermanas, dejando atrás el lugar de la emboscada. La luna llena con tonos plateados en su superficie brillaba intensamente tras los jirones de nubes que envolvían Ecuestria.
-¿Qué hay de los ataques que se han ido sucediendo al este? Pensaba que iban a tratar de penetrar en algún punto, no que estuvieran yendo y viniendo sin ningún lugar en mente…
-Sí, es ciertamente extraño, no sé muy bien qué es lo que pretenden exactamente, pero si lo que quieren es tratar de romper nuestras defensas lo llevan claro, eso desde luego.
Esa mañana estaba siendo de lo más tranquila aun a pesar de las circunstancias; y es que sus intentos por hacer funcionar al proto palantir no habían dado resultado, por lo que lo dejaron estar de momento mientras trataban de repeler esos extraños ataques sin orden ni concierto aparente. Twilight desayunaba lenta y pausadamente, leyendo los últimos informes, mientras que Sauron se paseaba por el lugar con gesto serio y actitud pensativa.
-Según los informes atacaron por primera vez a primera hora de la mañana en Fillydelphia, para luego hacer lo mismo horas después en Baltimare… y así sucesivamente, dejando un intervalo de, por lo menos, cinco o seis horas entre ataque y ataque. Qué extraño…-murmuró la alicornio lavanda, frunciendo el ceño.
El maia no dijo nada al respecto, conservando en todo momento su gesto plano y pensando a toda velocidad una razón para todo ese sinsentido. Por su parte Twilight llegó a comentar.
-Dime una cosa ¿por qué no vuelves a subir y echas un vistazo? Quizás nos ayude a comprender mejor todo esto…
-Estando esa elfa de Eldamar aquí hacer eso equivaldría a exponerme ante ella, cosa que no me interesa, al menos de momento.
-Oh, entiendo… ¿entonces qué hacemos? No podemos quedarnos parados sin hacer nada, al menos tendremos que contraatacar.
Sauron quiso responder a eso, pero en ese preciso instante las puertas se abrieron de improviso, entrando en el comedor un guardia oscuro todo azorado.
-¿Qué es todo esto, por qué interrumpe así mi desayuno?-le espetó Twilight, molesta.
-Lo siento, majestad, pero traigo noticias de Everfree…
-¿Qué ocurre?-inquirió entonces Sauron, posando una fría mirada sobre él.
Por un instante el guardia se quedó callado, como si no se atreviera a contestar, pero finalmente murmuró.
-Se… se trata del estanque espejo… lo han atacado…
-¿¡Qué?!-masculló Twilight, asustada.
-¿¡Cuándo, por quién?!-musitó Sauron, encolerizado.
-¡No… no lo sabemos, cuando llegamos estaban todos muertos, y el estanque…!
Por un momento fue incapaz de seguir, pero las miradas que Sauron y Twilight le echaron fueron tales que no tuvo más remedio que continuar.
-El estanque… la cueva que lo albergaba ha colapsado sobre sí misma… ya no podemos usarlo…
La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre todos los presentes, sin creérselo como tal; Sauron se quedó callado, dirigiéndose hacia la mesa hasta apoyarse en ella, mirando a la nada con expresión en blanco. Hasta que finalmente no pudo más y, con un solo movimiento, la volcó entera en toda su largura, tirando el desayuno de Twilight y poniéndolo todo perdido, al tiempo que dejaba escapar un aullido encolerizado.
-Allá va mi desayuno…-murmuró la aludida, sin apenas alterarse.
-¿¡Quién piensa en el desayuno ahora?! ¡Tenemos un grave problema!
-¡Ya lo sé!-respondió en ese momento ella, con toda la fuerza de su garganta.
Hubo un breve pero intenso silencio en el que Sauron y Twilight se miraron fijamente, como si trataran de desentrañar lo que uno pensaba y viceversa. Finalmente, el maia masculló.
-¿¡Acaso no te importa todo esto!? ¡Todo lo que he hecho es por la gloria de Morgoth! ¡Y si tú estás ahora donde estás ha sido gracias a mí! ¡No voy a dejar escapar una tierra que he conquistado por mi cuenta, expandiendo su mal más allá de Arda! ¡Cuando él vuelva a someter toda Eä podré obsequiarle como se merece! ¡Pero a ti no parece importarte nada!
-¡Claro que me importa, pero no a cualquier precio!
-¿¡Qué precio?! ¡No importa el precio siempre y cuando consiga lo que quiero!
-¿¡Y qué quieres, Sauron?!
-¡Quiero Equus, quiero Arda, quiero mi anillo y quiero ser mejor que Morgoth, eso quiero!
Para entonces el maia parecía que estaba a punto de estallar, cosa que en el fondo asustó a Twilight, ya que nunca antes le había visto así. Por su parte no dijo nada, ya que después de todo no tenía nada que decir al respecto, Sauron ya se había explayado a gusto y no quedaba nada más por constatar. Por un instante ella quiso echarle en cara el supuesto regalo que iba a ser Equus después de poner a Morgoth a la altura del betún, pero se contuvo. Sabía que no debía buscarle las cosquillas. Y mucho menos en una situación tan delicada.
-Vale, ya no tenemos con qué seguir replicando más efectivos, pero aún tenemos muchos más a nuestra disposición… que vuelvan todos-anunció el maia en ese momento.
-¿Qué? ¿Todos?-inquirió Twilight, anonadada.
-Sí, todos, debemos protegernos con todo lo que tenemos, y eso incluye a los del norte también.
-Pero si hacemos eso dejaremos el norte desprotegido.
-Y si no lo hacemos nos quedaremos nosotros desprotegidos. Debemos prepararnos para un muy posible asedio. El palantir, debemos volver a él enseguida y seguir intentándolo. Te espero abajo.
Sin decir nada más, el maia se marchó, dejando a Twilight sola en el comedor. Cada vez veía más y más complicado el salir de toda esa situación con vida. Los estaban prácticamente acorralando. Nada quedaba ya salvo esperar. Por lo que, sin pensarlo mucho más, ordenó la retirada de todas las tropas repartidas por toda Ecuestria hacia Canterlot salvo las de Ponyville, comunicándose directamente con el capitán al mando allí.
-Si veis a mis amigas…
-¿Sí, señora?
Por un instante se quedó callada, pensando en una posibilidad, sin embargo decidió que no tendría sentido y, tras un breve suspiro, ordenó.
-Matadlas. A todas.
Y, tras esa última orden, se marchó de allí a paso ligero.
A las pocas horas de dar la orden, comenzaron a darse una serie de movilizaciones masivas hacia Canterlot de lo más destacables; las principales ciudades y pueblos se fueron vaciando poco a poco, incluyendo al imperio de Cristal cuyas calles, antes ocupadas, se vieron vacías de repente. Salvo unos pocos guardias que se quedaron vigilando el palacio y sus colindancias, no quedó nadie más, puesto que todos se habían ido hacia Canterlot. Esto no pasó inadvertido a los yaks, los cuales aprovecharon para avanzar hacia el lugar, donde vieron entonces el pequeño reducto de guardias que vigilaban los accesos al palacio en sus patas.
-Yaks ser más grandes y fuertes ahora que el enemigo ser menos. Yaks atacar ahora-indicó el príncipe Rutheford a sus tropas.
Dicho y hecho, los grandes y fuertes yaks tomaron toda la ciudadela con suma facilidad, dirigiéndose directamente al palacio y echándose sobre los pocos guardias que allí había con furia visigoda, acabando hechos pedazos muy rápidamente. Tras eso ingresaron en el palacio y lo registraron de arriba abajo, viendo que no quedaba nadie más salvo el servicio muerto de miedo y la princesa Cadance encerrada en los calabozos, liberándola de seguido.
-¡Oh, gracias, muchas gracias! ¿Qué ha pasado, cómo habéis podido entrar?-inquirió la alicornio rosada, extrañada al respecto.
-No quedar nadie salvo unos pocos enemigos, yaks aplastar.
-¿Qué? ¿No queda nadie?
-Nadie, todos marchar al sur de repente.
La mente de Cadance trabajó a toda velocidad, tratando de darle una explicación a tan extraña situación. Hasta ahora su estancia allí se había limitado a estar encerrada con una comida o dos como mucho al día, privada de su magia y sin apenas tener contacto con el exterior. Pero ahora, con esas noticias, estaba claro que algo debía haber pasado si todos los enemigos se habían marchado, dejando desprotegido el imperio.
-Vale, hagamos una cosa, si podéis acercaros a Ecuestria y ver lo que está pasando sería bastante provechoso para nosotros, así, una vez enterados, podremos decidir lo que hacer a continuación-anunció Cadance.
-De acuerdo, yaks ir a mirar.
Unos cuantos se pusieron en movimiento mientras que Cadance se ausentó un momento; en la sala del trono no había nadie, y en su habitación tampoco. Las orejas se la alicornio se aplanaron en un gesto lleno de preocupación, pensando de seguido.
-Oh, Shiny ¿dónde estás? Espero que no te pase nada…
No parecía estar ahí, así que debía de haber marchado al sur junto con el resto de sus hombres. Debía de averiguar hacia dónde había ido. Y rápido.
Al mismo tiempo, un aumentado ejército de coalición cruzaba la sabana de Zebraica hacia el norte, en dirección hacia Ecuestria. Mwanajuma había aceptado de buen grado formar parte de la nueva alianza, cediendo así un buen número de soldados cebras que pasaron a formar parte de sus filas. Se eligieron a los sementales más fuertes y mejor entrenados, destacando por su gran fuerza y espíritu de combate, entonando además una serie de cánticos y poses de batalla que las usaban para intimidar a sus enemigos antes de pasar al ataque. Con ellos superaban ya los quinientos individuos en el ejército, lo que no hizo más que elevar la moral del resto, cada vez más dispuestos a combatir cuando surgiera la ocasión.
-¿A dónde nos dirigimos ahora entonces?-inquirió el visir real en ese momento, encabezando la marcha junto con el resto de líderes.
-A Ecuestria, por supuesto, pero antes nos pasaremos por Maretonia, los duques de allí están al tanto de lo que sucede y muy seguramente acepten formar parte de la coalición en cuanto vean el ejército que hemos formado-explicó Luna.
-¿Ya había estado aquí antes, princesa?-quiso saber Autumn Blaze, curiosa.
-Sí, fue nuestra primera parada, ahora volvemos un poco más fuertes… podemos estar orgullosos-añadió la alicornio, sumamente animada.
Atravesar el resto de la sabana no llevó mucho tiempo puesto que llevaban muy buen ritmo, fruto de los buenos ánimos que tenían las tropas. La sabana de Zebraica dio paso al desierto más árido de Maretonia, cosa que hizo recordar a los caballos de Saddle Arabia su hogar.
-Vaya, éste desierto tiene un aire muy parecido al de nuestro hogar…-observó el visir real, observando con atención sus alrededores.
-Sí, aunque el desierto del Caballo es mucho más arenoso en comparación, éste es más rocoso-añadió uno de sus hombres que viajaba con él.
-Sí, eso es por influencia de las tierras baldías, no muy lejos de aquí, llegaremos enseguida-anunció Luna.
Dicho y hecho, antes de que se pusiese el sol llegaron al asentamiento principal de Maretonia, acampando el resto del ejército a las afueras mientras que Luna y los demás fueron directamente a ver a los duques, los cuales se mostraron ciertamente impresionados al ver el despliegue de tropas asentadas junto a su muralla.
-Que me aspen si estoy viendo bien…-masculló el duque, anonadado.
-Está viendo bien, duque, ya le dije que haría todo lo posible por traer un ejército hasta aquí-le recordó Luna, con gesto solemne.
-Les vimos venir desde la lontananza, pero nunca nos habríamos esperado semejante despliegue…-añadió la duquesa, igual de asombrada que su marido.
-Entonces ¿qué van a hacer, duques? ¿Nos ayudarán a echar al mal de nuestro mundo?
Por un momento el duque se quedó callado, pensando rápidamente. Nunca antes en toda su vida había esperado llegar a ver en su salón ducal al visir real de Saddle Arabia, a los kirines ni a la reina cebra, pero allí estaban, todos y cada uno de ellos. Estaba claro que la situación se concretaba, y no podía hacer otra cosa al respecto más que anunciar.
-Lucharemos.
La noticia fue recibida con júbilo por parte de todos los presentes, y Galadriel se apresuró a sacar el documento que acreditaba la coalición para que ellos firmaran también. Una vez con su sello puesto, la unión se hizo efectiva y, así, se hicieron un poco más fuertes.
El duque les proporcionó un buen número tanto de arqueros como de ponis de infantería, sumando así al total unos seiscientos individuos. El ejército se hacía más grande y fuerte por momentos, la moral estaba más alta que nunca y había unas ganas inmensas de llegar a Ecuestria y luchar contra las fuerzas invasoras. Pero antes debían descansar, puesto que la noche ya había caído, por lo que dejaron la partida para mañana a primera hora de la mañana a no más tardar.
Mientras tanto, al este de Ecuestria, los centauros y minotauros aprovecharon el amparo de la noche para acercarse por primera vez a Manehattan; se esperaban encontrar una gran resistencia, por lo que tenían listos tanto los cañones como los morteros para dispararlos tan pronto como fuera posible. Los bergantines avanzaban deslizándose por el agua sin apenas hacer ruido, encarando la desembocadura del río Trutson y pasando al lado de la isla de la Amistad, donde la estatua de la Amistad se alzaba con su antorcha en alto encendida. Los altos edificios del bajo Manehattan brillaban en la noche como si nada ocurriera, y tanto Trottery Park como el paseo marítimo el oeste se encontraba vacío y silencioso, sin ningún guardia oscuro a la vista.
-Qué extraño es todo esto-comentó en ese momento Creto, ceñudo.
-Ciertamente…-asintieron tanto Lord Ravenar como Scorpan.
Recogieron parte del velamen para quedarse sólo con el trinquete y la mesana, avanzando más lentamente. La usualmente bulliciosa metrópolis lucía vacía y solitaria, como si la hubieran evacuado a toda prisa. Si no fuera por las luces de muchos de los edificios, estarían convencidos de que se encontraba abandonada.
-Podría ser una trampa-comentó en ese momento Demeter, en guardia.
-Sí, yo también lo he pensado… acerquémonos a los muelles del oeste-indicó Creto.
Un poco más adelante los distinguieron y se acercaron a ellos con precaución, ya que no había marineros en tierra que les pudieran ayudar con las maniobras de atraque. Por suerte las gárgolas que manejaban los barcos aún recordaban sus nociones de navegación del pasado, por lo que no tuvieron muchos problemas.
Tras eso desembarcaron con precaución y con los cinco sentidos muy en alerta, preparados para un ataque que nunca llegó. Scorpan indicó a sus gárgolas compañeras que se adelantaran y reconocieran el terreno, volviendo al poco rato con noticias.
-No hay nadie, señor.
-¿Qué? ¿Estáis seguros?
-Segurísimos, hemos peinado todas las calles aledañas en un radio de diez kilómetros y no hemos encontrado ni un solo enemigo. Estamos solos, señor.
La noticia cayó entre los presentes con una inusitada estupefacción, no muy seguros de qué pensar de toda esa extraña situación. Inseguros al respecto, decidieron recorrer las calles para asegurarse al cien por cien, muy atentos por lo que pudiera pasar. No vieron absolutamente a nadie durante todo el camino, llegando entonces al famoso cruce de Bridleway, donde se concentraban la mayoría de teatros y demás comercios de ocio nocturno de la ciudad. Fue allí donde vieron a una solitaria yegua que, al verles, dejó escapar un gritito y salió corriendo aterrada.
-¡Espera!-exclamó Creto con voz potente.
Scorpan, sin dudarlo, echó a volar y la siguió a una distancia prudencial; la yegua, al ver que la seguían, corrió más rápido y trató de despistarlo, metiéndose sin darse cuenta en un callejón sin salida. Se quedó entonces tumbada en un rincón, temblando de miedo, a lo que Scorpan se apresuró a calmarla.
-Tranquila, no hemos venido a hacerte daño, si no a ayudaros…
Las palabras de la gárgola calmaron de cierta forma a la yegua, la cual le miró con cierto miedo, murmurando de seguido.
-¿De verdad?
-Claro, hemos hecho un largo viaje hasta aquí para ello, nos envía la princesa Luna…
Al mencionar a la princesa, la yegua pareció interesarse sobremanera, inquiriendo de seguido.
-¿¡La princesa Luna está viva?!
-Sí, por supuesto, si se marchó fue para buscar aliados, no huyó… venga, vamos, ven conmigo.
Los dos volvieron con el resto del ejército, Creto la estuvo haciendo unas cuantas preguntas.
-¿Dónde están los enemigos? Teníamos entendido que la ciudad estaba totalmente ocupada…
-Lo estuvo largo tiempo, nos estuvieron oprimiendo desde entonces, pero ésta misma mañana se concentraron todos esos guardias oscuros en el parque central y luego se marcharon de la ciudad a través del puente-reveló la yegua, para su sorpresa.
-¿Se marcharon todos?
-Sí, absolutamente todos, dijeron que volverían y que, cuando lo harían, no querían ver a nadie por la calle, por lo que todo el mundo se escondió en sus casas muertos de miedo. Yo salí porque apenas nos quedaba comida…
Ante esa nueva información todos se miraron con gestos escrutadores, siendo Demeter el primero en opinar al respecto.
-Suena a retirada.
-Sí, pero ¿por qué lo harían?-inquirió Lord Ravenar, confuso.
-No lo sabemos, nunca nos dijeron nada, pero nos amenazaron por lo que preferimos no tentar a la suerte…
-Entiendo… visto lo visto parece que no tenemos nada que hacer aquí-murmuró Creto, pensativo.
-Algo ha debido de pasar que les haya obligado a retirarse…-asumió en ese momento Scorpan.
-Sí, y muy seguramente tenga que ver con Canterlot-añadió Demeter.
Supieron enseguida que debían de partir lo antes posible para reunirse con el resto del ejército, por lo que después de asegurarse de que no quedaba ningún guardia oscuro más en la ciudad, se prepararon y partieron hacia el oeste sin más demora. La guerra no esperaba a nadie. Y ellos no pretendían llegar los últimos.
Al día siguiente, y tras un rápido desayuno, la otra parte del ejército de coalición se puso en marcha a no más tardar, ya que aún quedaba un buen trecho antes de llegar a Ecuestria atravesando las tierras baldías, aparte de la distancia añadida una vez que estuvieran allí de camino a Canterlot. El duque de Maretonia se unió a la marcha, encabezándola junto con la princesa Luna, el visir real, Mwanajuma y Autumn Blaze, poniéndose en movimiento rápidamente.
-He preferido que mi mujer se quede en casa mientras que yo dirijo a mis tropas-reveló en ese momento el duque.
-Comprensible, después de todo nos vamos a enfrentar contra todo un ejército, y debemos estar preparados-asintió Luna.
-Debe luchar todo aquel que esté preparado, tanto física como mentalmente. Además, nunca es bueno dejar desprotegido un lugar, ha hecho bien-comentó Galadriel en ese momento, yendo con ellos.
El viaje les llevó casi todo el día, atravesar las tierras baldías fue lo que más tiempo tardaron en hacer debido sobre todo al terreno escarpado imperante, ya que al ser tantos se dificultaba el paso en determinadas áreas más estrechas, teniendo que avanzar en fila y lentamente.
Salieron de las tierras baldías en torno a media tarde, entrando así en Ecuestria desde el sur yendo todo recto; nada más hacerlo, una densa penumbra se echó sobre ellos, haciéndoles creer por un instante que ya había anochecido, incluso Luna pensó que se había dado un eclipse solar, algo improbable, ya que el último fue hace ya tres años y no se esperaba otro para dentro de, por lo menos, dos. Aun así la oscuridad imperante llegó incluso a intimidar a unos cuantos, pero tanto Luna como el resto de líderes estuvieron ahí para infundir coraje en las tropas.
-¡Que no os amedrente la oscuridad! ¡La influencia del mal de Sauron es fuerte, pero nosotros somos más fuertes, hemos llegado hasta aquí y no nos detendremos ante nada! ¡Juntos somos la luz que ilumina las tinieblas!-exclamó Galadriel en ese momento, alzando su puño.
Al punto, Nenya resplandeció fugazmente y la luz que emanó del anillo de poder calmó en gran medida a las tropas, que retomaron el ritmo rápidamente.
-Gracias, Galadriel-murmuró Luna en ese momento.
-No debemos dejar que el miedo que induce Sauron nos paralice o seremos presas fáciles para él. Sabe que nos dirigimos hacia él y que yo estoy aquí, por eso no se ha vuelto a mostrar en lo alto de la montaña. Pretende ser prudente, pero en el fondo tiene miedo porque sabe que soy capaz de enfrentarme a él en igualdad de condiciones. Esto acabará muy pronto-comentó la elfa, con mucha seguridad.
Continuaron con su marcha hacia el norte pasando por Dodge City y Appleloosa, en el extremo este del desierto de San Palomino; aprovecharon para asegurar ambos asentamientos, comprobando que no quedaba ningún solo guardia oscuro. Los lugareños pudieron confirmárselo, explicándoles que se marcharon esa misma mañana dejándolos solos.
-Se han dirigido todos a Canterlot para defenderlo, Sauron sabe que está acorralado y que necesita todo el apoyo posible. Continuemos-animó la elfa, cada vez más confiada.
Siguieron la línea ferroviaria hacia el norte, llegando a Ghastly Gorge cuando el sol comenzaba a declinar hacia el oeste, viendo desde allí la enorme extensión del bosque Everfree y, al fondo, Ponyville. También pudieron ver flotando al este a Cloudsdale, no muy lejos de Hollow Shades y Foal Mountain. Al ver su tan añorado pueblo, tanto las chicas como Spike dejaron escapar un suspiro, sintiéndose más cerca que nunca.
-Estamos de vuelta por fin…-murmuró Rarity, emocionada.
-Ya llego, familia…-masculló Applejack, inquieta.
-Qué ganas de patear culos de cristal y recuperar nuestro hogar…-musitó Rainbow, encendida.
-Espero que todos mis animalitos estén bien…-murmuró Fluttershy, preocupada.
-¡Cuando recuperemos el pueblo organizaré una fiesta increíble, qué ganas tengo, parezca que ha pasado años desde la última!-exclamó Pinkie, algo alterada.
-Llegaremos de noche cerrada, cosa que podremos aprovechar a nuestro favor… visir, que sus arqueros se queden en la retaguardia, atacarán primero tras evaluar la situación-indicó Luna en ese momento.
-Sin problemas.
-Los demás atacaremos por oleadas, así nos iremos reservando hasta el final y les haremos creer que no somos tantos en realidad.
-Está hecho-añadió Autumn Blaze.
-Mis hombres están listos para luchar, todos sin dudar-asintió Mwanajuma.
Una vez que estuvo todo hablado atravesaron Ghastly Gorge y rodearon el bosque Everfree hasta llegar al sur de Ponyville; para entonces ya había anochecido, y muchos aprovecharon las sombras para adelantarse y evaluar la situación. Desde el cielo, y oculta entre las nubes, Rainbow también estuvo observando un poco. La mayoría de guardias oscuros se concentraban en la plaza del ayuntamiento, mientras que los demás se encontraban repartidos por todo el pueblo en grupos reducidos, mientras que otros hacían guardia constante. Salvo ellos las calles estaban vacías y silenciosas, por lo que asumieron que todo el mundo se encontraba encerrado en sus casas, lo que facilitaría las cosas a la hora de combatir.
La primera oleada esperaba a su señal para atacar, pero antes los arqueros serían los primeros en hacerlo; en cuanto estuvieron unos cuantos agrupados junto al ayuntamiento, Rainbow hizo la señal convenida agitando su cola. Al verlo, el visir real indicó.
-¡Fuego!
Los arcos se tensaron y las flechas volaron sin apenas hacer ruido, y los guardias no se percataron de ello hasta que las tuvieron encima; acto seguido, y dejando escapar un grito de guerra, la primera oleada compuesta por varios kirines, cebras y guardias de Maretonia atacaron de improviso. Junto con ellos salieron Pinkie y Applejack, dispuestas a todo con tal de recuperar su hogar.
-¡Fuera de aquí, monstruos!-exclamó Applejack, agitando su hacha.
-¡No me detendréis de organizar una fiesta de victoria!-hizo lo propio Pinkie, con su maza.
Los guardias, al verlas a ellas, cambiaron su comportamiento, al tiempo que uno de ellos exclamó con su voz metalizada.
-¡Allí están!
-¡A por ellas!
Entonces, ignorando por completo al resto de atacantes, se centraron única y exclusivamente en ellas, siendo particularmente incisivos y muy brutales en sus ataques. Tanto Pinkie como Applejack se dieron cuenta de esto, siendo la poni rosada la primera en comentar.
-¿Acaso tienen algo en sus bolsillos o es que se alegran de vernos?
-¡Desde luego! ¡Cuidado!
Un guardia oscuro trató de abalanzarse sobre Pinkie, pero Applejack lo interceptó a tiempo y lo mandó a volar con una potente coz de sus patas traseras. Como respuesta otro logró inmovilizar a la poni granjera por sus patas, pero Pinkie reaccionó de seguido y le asestó un fuerte golpe en la cabeza que hizo que la soltara rápidamente.
-¡Van a por nosotras! ¿Por qué?-inquirió Applejack, extrañada.
-¡A saber, pero venderé cara mi libertad!
El resto de aliados trataron de quitárselos de encima, pero en ese momento los guardias oscuros se organizaron de improviso, manteniéndoles ocupados mientras que el resto se centraban en ambas ponis de tierra. La gran mayoría de guardias del pueblo se echaron sobre ellas, rodeándolas de seguido y poniéndolas en apuros rápidamente.
-¡Esto se está complicando, necesitamos ayuda!-masculló Applejack, sin dejar de blandir su hacha.
-¡Venga, vamos, alegradme la noche!-exclamó por su parte Pinkie, a su aire.
Antes de que pudieran reaccionar, varias flechas surgieron de improviso desde arriba, al tiempo que una estela azulada y multicolor peinaba la línea más cercana a ellas, aterrizando justo al lado junto a ellas.
-¡Os he visto desde arriba, menos mal que he llegado!-exclamó Rainbow, cogiendo más flechas.
-¡Sí, y ahora tú estás con nosotras! ¿Qué puede salir mal?-inquirió Applejack, sujetando su hacha con fuerza.
-¡Aquí se viene a morir!-masculló Pinkie, medio ida.
Tanto Rainbow como Applejack se miraron con sendos gestos confusos, aunque en ese momento se oyó un cuerno, al tiempo que la segunda oleada hacía acto de presencia con más cebras, soldados de infantería de Saddle Arabia y varios ponis del norte, además de Rarity, que se unió a ellas rápidamente.
-¡Os tengo, queridas!-exclamó la susodicha, blandiendo su espada.
-¿Dónde está la princesa?-inquirió Applejack, preocupada.
-¡En la retaguardia, esperando el momento apropiado, está al tanto de lo que pasa!
-Mi corazón late con monótona languidez…-murmuró Pinkie, con gesto afligido.
Antes de que alguien pudiera responder a eso, varios guardias oscuros las atacaron y ellas respondieron con todas sus fuerzas, tratando de repelerlos, pero las tenían bien rodeadas; la segunda oleada trató de llegar hasta ellos, pero parte de los que las rodeaban se separaron del resto para que no llegaran hasta ellas.
-¡Contenedlos, que no nos alcancen!-exclamó Applejack, ensartando a varios.
-¡Aquí es donde les contendremos, aquí es donde lucharemos, aquí es donde ellos morirán!-musitó Pinkie, defendiéndose con uñas y dientes.
Aun a pesar de sus intentos por salir del corro en el que estaban metidas, que además se estrechaba cada vez más, no consiguieron superar sus defensas; Rainbow trató de alzar el vuelo de nuevo para dar otra pasada, pero un par de guardias oscuros pegasos la interceptaron a tiempo y la asestaron un fuerte golpe en la frente, haciéndola caer junto con las demás.
-¡Dash!-exclamó Applejack, preocupada.
Pinkie, al ver a su amiga herida, dejó escapar un aspaviento al tiempo que pasaba al ataque gritando.
-¡Raaargh, quiero el cumpleaños feliz bien alto!
-¡Espera, querida!
La poni rosada cargó en un ataque casi suicida que abrió una repentina brecha en la formación, llevándose por delante a varias filas seguidas; Rarity fue tras ella con su espada en ristre, ensartando a varios en el proceso, y Applejack y Rainbow aprovecharon la ocasión para avanzar rematando a los que quedaban mientras que el resto iban a por ellas. Una tercera oleada hizo acto de presencia, ésta vez con Luna y Galadriel entrando en escena y lanzando rayos mágicos por doquier y extendiendo una serie de llamas por todos los rincones.
-¡No disparen, que se quemen!-masculló Pinkie, exaltada.
-¿¡Pero a esta qué le ha dado?!-inquirió en ese momento Rainbow, con la cara manchada de sangre.
-¿¡Y yo que sé?! ¡Vamos, vamos!
Lograron zafarse de los guardias y se ocultaron de ellos tras unas casas cercanas, donde se encontraron entonces con Fluttershy, la cual llevaba consigo su bolsa de medicinas. Al ver a Rainbow herida, exclamó.
-¡Oh, cielo santo, Dashie! Espera, déjame verte…
Comenzó a tratarla rápidamente, mientras que las demás se quedaban agazapadas en una esquina observando la situación; los guardias las estaban buscando y era cuestión de tiempo que las encontraran de nuevo.
-Mierda, mierda ¿qué hacemos? Si salimos allí de nuevo nos volverán a cercar y no nos dejarán combatir apropiadamente-masculló Applejack, molesta por la situación.
-¿Y qué sugieres? ¿Quedarnos aquí hasta que la lucha pase?-inquirió Rainbow, con la cabeza ya vendada.
-Algunos ponis sólo quieren ver el mundo arder…-murmuró Pinkie, con gesto trémulo.
-Esperad un momento, queridas, si lo que quieren es a nosotros ¿por qué no darles lo que quieren?
Por un momento todas las demás miraron a Rarity como si no estuviera en sus cabales, al tiempo que detrás de ellas el combate se alargaba por momentos.
En la plaza del ayuntamiento, el resto del ejército echaba el resto tratando de contener a todos los guardias oscuros que veían, pero estaba resultando ser mucho más duro de lo esperado. Tanto Luna como Galadriel se afanaban por eliminar a tantos como podían, la espada onírica de la alicornio centelleaba con fuerza por efecto de su magia, cortando patas y cercenando cabezas, mientras que Nenya hacía lo propio deshaciendo por completo a los guardias que la elfa tocaba.
-¡Diablos, son más de los que me esperaba que fueran!-exclamó Luna en ese momento.
-¡Sí, vamos a necesitar una distracción y pronto!-asintió Galadriel, agitando sus manos.
Nada más decirlo, al otro lado de la alargada calle que desembocaba en la plaza vieron entonces a Rarity y Pinkie, que llamaron la atención de los guardias rápidamente.
-¡Yuju, por aquí, queridos!
-¡Sauron, magnífico bastardo, leí tu libro!
Tras eso las dos ponis echaron a correr hacia el otro lado, al tiempo que casi todos los guardias oscuros hacían lo mismo yendo tras ellas, alejándolos del resto del ejército. Tanto Luna como Galadriel entendieron entonces lo que pretendían.
-¡Repliega al resto del ejército, intentemos cercarlos! ¡Yo voy a adelantarme, intentaré algo!-indicó la elfa rápidamente.
-¡Vale!
Varios cuernos sonaron de improviso, llamando a replegarse a las tropas, mientras que Galadriel corría como el viento con su blanco vestido ondeando elegantemente aun a pesar de lo inconveniente que parecía ser. Siguió de cerca a los enemigos, los cuales acabaron congregados alrededor de un gran árbol que parecía ser también un edificio de lo más vistoso, al otro lado de la larga calle. Tanto Pinkie como Rarity se encerraron en él, fue en ese mismo instante cuando la elfa comprendió sus intenciones, esbozando una confidente sonrisa y corriendo un poco más rápido.
En cuanto llegó cerca de él, utilizó a Nenya para dar un gran y esbelto salto hasta alcanzar un tejado aledaño, dándose impulso y saltando de nuevo hasta llegar a lo más alto del árbol sin que nadie más se percatara de ello. Desde la copa pudo ver cómo el grueso del ejército se volvía a desplegar desde las calles aledañas, con intenciones de cercarlos sin que ni siquiera se dieran cuenta. Incluso la pareció ver a un pequeño grupo reducido de ponis saliendo del bosque Everfree para unirse a la lucha. Miró entonces hacia abajo, viendo que casi la totalidad de los guardias oscuros se concentraba allí, tratando de echar la puerta abajo. Sin esperar mucho más, hizo brillar a Nenya intensamente y, sin pensarlo, saltó hacia abajo preparando el puño.
En cuanto aterrizó, lo hundió en la tierra y una onda expansiva brillante peinó todas las colindancias de la casa árbol, acabando con la gran mayoría de guardias, que se convirtieron en miles de pedazos de cristal negro. El resto quisieron replegarse, pero en ese momento llegó el grueso ejército desde las tres calles que desembocaban frente al árbol y echaron el resto. La batalla se concretó rápidamente mientras que Galadriel se dedicaba a defender a los demás. En cuanto el último guardia oscuro cayó, un abrupto silencio tomó el pueblo, quedándose así durante unos ínfimos segundos hasta que finalmente fue sustituido por una intensa algarabía que celebraba la victoria.
Detrás de Galadriel la puerta a la casa árbol se abrió, asomándose una inquisitva Rarity.
-¿Podemos salir ya?
-Sí, ya está, bien pensado.
El resto de las chicas llegaron en ese momento, reencontrándose con Rarity y Pinkie. Sin previo aviso los primeros rayos de sol empezaron a iluminar al pueblo, al tiempo que un agradable aroma que hacía tiempo que no olían comenzaba a extenderse por las calles.
-¡Ah, me encanta el olor de azúcar glaseado por la mañana!-exclamó Pinkie, encantada.
-¿Pero qué mosca la ha picado?-inquirió Rainbow en ese momento.
-Déjala, es Pinkie Pie siendo Pinkie Pie…
La poni rosada desapareció de improviso, al tiempo que el resto del pueblo salía de sus casas y se sumaba a los incipientes festejos por su liberación; tanto Rarity como Applejack se dirigieron directamente a sus casas, reencontrándose allí con sus respectivas familias y respirando mucho más tranquilas. Fluttershy hizo lo mismo yendo a su casa y viendo que sus animales estaban bien, algo desnutridos, pero todos vivos para su buena suerte. Por la calle Rainbow se reencontró con Scootaloo y la dio un gran abrazo.
Tanto Luna como Galadriel, el visir real, Mwanajuma y Autumnn Blaze se reunieron por su parte en el ayuntamiento, haciendo repaso general de todo lo conseguido hasta el momento.
-Curioso que Ponyville fuera el único lugar ocupado de todos los que hemos visto hasta el momento-comentó Luna en ese momento, dirigiéndose a la alcaldesa que estaba con ellos.
-¡Nunca se fueron, alteza, ocuparon el pueblo desde el primer momento que la emperatriz Twilight se hizo con el poder y nos obligaban a llevar una vida "normal" de acuerdo a las circunstancias! Aun a pesar de que nos encontrábamos ocupados por ellos, la actividad en el pueblo nunca cesó como tal, aunque ellos lo supervisaban prácticamente todo y nos mantenían fuertemente controlados en todo momento.
-Claramente lo mantenían como bastión, después de todo es la localidad más cercana a Canterlot…-supuso en ese momento el visir real.
-Es muy posible, sí…
-¿Qué haremos a continuación?-inquirió en ese momento Autumn Blaze, curiosa al respecto.
-Si Sauron no se ha enterado aún de lo ocurrido aquí, lo hará en breve, así que lo mejor que podemos hacer es esperar a Creto y Scorpan para que se unan a nosotros y marchemos todos juntos a tomar Canterlot-sugirió Galadriel en ese momento.
-¿Cuánto tardarían en llegar?-inquirió el visir real.
-Desde Manehattan, y si no se han encontrado ninguna resistencia, unos pocos días, después de todo cargan consigo muchas máquinas de guerra, sobre todo los minotauros, y eso quieras que no les retrasa-calculó Luna en ese momento rápidamente.
-Un poco inconveniente, pero podemos prepararnos mientras tanto.
Una vez que estuvo todo hablado, todo el mundo se dispersó por el pueblo, volviendo a sus quehaceres cotidianos; tanto Luna como Galadriel se dirigieron directamente al Sugarcube Corner, donde se reencontraron con las demás en una fiesta improvisada por la propia Pinkie, que las saludó nada más llegar.
-¡Princesa Luna, Galadriel, por fin! ¡Sentaos, sentaos, enseguida os traigo los cupcakes! ¡Sí, por fin, echaba de menos esto!
Se sentaron junto con las demás en la misma mesa, que no tardaron nada en ponerse al corriente.
-¿Cuándo atacaremos?-inquirió Rainbow, ansiosa.
-Cuando Creto y Scorpan regresen, ya deben de estar de camino con toda seguridad-anunció Luna.
-Debemos estar preparados todos, esta ha sido una victoria bien merecida y por ahora los festejos no están de más, pero en cuanto todos estemos juntos… el ataque será inminente-añadió Galadriel, seriamente.
-Los tenemos prácticamente acorralados, hemos hablado con Zécora y ya nos dijeron que acabaron con el estanque espejo, por lo que todos los guardias que hemos despachado no volverán a replicarse-comentó Applejack en ese momento.
-Gran noticia, eso desde luego… por ahora cantemos y bebamos, esto me recuerda a mi hogar en el bosque de Lothlorien, también nos gusta celebrar festejos de vez en cuando…
Y así se relajaron por primera vez en mucho tiempo, sabiendo que la victoria estaba un poquito más cerca de llegar. Al fondo, en la montaña que albergaba Canterlot, nubes oscuras cubrían a la capital, mientras esperaba al desenlace final.
Mientras tanto, en el salón del trono, el humor de Twilight era peor que nunca. Aun a pesar de sus intentos por hacer funcionar al palantir nada había dado resultado, por lo que simplemente lo dejaron estar en las mazmorras. Por otra parte, ya habían recibido las noticias de que Ponyville había caído y las ideas se les habían agotado hace buen rato. Sauron estaba muy callado, observando al pueblo desde la distancia.
-Pareces muy tranquilo…-murmuró la alicornio lavanda en ese momento.
-Tranquilo no es la palabra que mejor me define… más bien… decepcionado-murmuró el maia, sin mirarla.
Ante eso Twilight no dijo nada, mirando a la nada sentada en su trono y pensando en algo distante. Ya no quedaba nada que hacer salvo esperar. Y eso era algo que ambos sabían muy bien.
-Supongo que volverás a Arda…
-Muy seguramente… al final no va a ser una derrota después de todo, sino más bien un paréntesis. Aun así me da rabia no poder conservar lo que he conseguido aquí…
-¿No vas a luchar por ello?
-Por supuesto que sí, pensaba que ya me conocías bien…
-Sí, sí, es sólo que… si tan solo ha sido un paréntesis ¿por qué esperar? Yo no lo haría…
Ante eso Sauron esbozó una somera sonrisita, dirigiéndose hacia ella directamente.
-Esperar es lo que mejor se me da… y algo me dice que necesitaré practicar cuando regrese a Arda. No importa cuánto tarde, no importa lo que los demás tengan que perder, no importan las vidas que tenga que tomar para ello… volveré con mi sombra. Y cuando lo haga, reclamaré toda Eä para mí. Quien sabe, puede que incluso vuelva a por ti…
Ésta vez fue el turno de Twilight en esborzar otra somera sonrisita, pero en el fondo sabía que eso no era más que una promesa vana y vacía. Llegados a ese punto no sabía qué sería de ella cuando él se marchara, pero una cosa era segura: no perfilaba futuro alguno para ella. Por lo que lucharía con todas sus fuerzas aunque tuviera que dar su vida en el proceso. Nada más la quedaba ahora.
La espera por el resto del ejército se alargó al menos por un par de días más, durante los cuales aprovecharon para organizar un poco la ofensiva y trazar un plan de ataque; dado que tenían que entrar en la ciudadela para poder llegar hasta el palacio iba a tener que asediarlo desde fuera, por lo que esperaban una resistencia notable en ese sentido. Necesitarían por lo menos los arietes de los minotauros, así como escalas de abordaje, torres de combate y las catapultas para asediar desde lejos.
-La puerta principal de la ciudadela estará cerrada, por lo que necesitaremos a alguien que se cuele y la abra por dentro. El puente levadizo se podría abrir desde fuera con un par de flechas bien dirigidas-explicó Luna a los demás.
-Oh, en ese caso déjamelo a mí, puedo volar rápidamente y colarme donde sea-comentó Rainbow en ese momento.
-Bien… para entrar en el palacio podemos optar por un camino que yo me sé desde el cementerio, hay un pasadizo secreto que parte desde la cripta real y que lleva hasta las mazmorras, si lo hacemos así podremos saltarnos muy seguramente las defensas que hayan puesto en la entrada principal.
-Buena idea, no sabía que hubieran pasadizos secretos en Canterlot…-mumuró Rarity, asombrada.
-Hay unos cuantos, la mayoría parten del palacio, pero no voy a decir nada más al respecto-anunció Luna, con gesto cortante.
-Secreto de estado ¿eh?-inquirió el visir real, divertido.
En cuanto estuvo todo más o menos preparado, los centauros y minotauros se presentaron de improviso en torno al mediodía del tercer día, trayendo consigo todas sus máquinas de guerra; pusieron al corriente tanto al rey Creto como a Scorpan y Demeter, los cuales aceptaron de buen grado el plan y decidiendo atacar esa misma tarde.
La movilización de casi mil individuos desde un pueblo tan pequeño como Ponyville se notó desde lo más alto de la montaña de Canterlot, viéndolos venir en ese sentido; tanto Twilight como Sauron observaron al ejército invasor avanzando hacia ellos, siendo el maia el primero en comentar.
-Bueno, pues ya comienza…
-Eso parece.
-Que estén listas las defensas del primer sector. Me voy arriba para verlo todo mejor.
Nada más decir eso, Sauron desapareció de allí para ocupar su lugar en la parte más alta de la montaña, volviendo a adoptar su forma de ojo en llamas para observarlo todo con suma atención. Por su parte, Twilight se sentó en el trono y comenzó a comandar al ejército desde allí.
La subida hacia Canterlot fue lenta pero progresiva, observando entonces la aparición del ojo de Sauron, cuyo haz de luz se posó sobre ellos inmediatamente, intimidando a más de uno; sin embargo Galadriel estaba allí para poner orden y tranquilizar a las tropas.
-¡Ése es vuestro enemigo, y tenéis razones más que de sobra para temerlo! ¡Veo en vosotros el mismo miedo que atenazó a mi pueblo la última vez que nos enfrentamos a él en mi mundo! ¡Pero gracias a la unión de hombres, elfos y otras razas pudimos detenerlo, y eso es exactamente lo mismo que vamos a hacer nosotros aquí y ahora! ¡Sed valientes, luchad por vuestra tierra! ¡Llegará el día en el que Sauron no será nada más que una sombra que no podrá volver a levantarse por mucho que quiera, pero hoy no es ese día! ¡Este día lucharemos! ¡Este día será uno en el que recordaremos todos, incluida yo! ¡En este día, Equus será libre!
Gracias a las poderosas e inspiradoras palabras de la elfa la moral volvió a estar alta enseguida, continuando su marcha imparable hasta llegar al acceso principal de la ciudadela. Como bien predijo Luna, los portones se encontraban cerrados y el puente levadizo alzado, con sus murallas hasta arriba de guardias oscuros que esperaban el momento para entrar en acción. Tanto Creto como Luna, Galadriel, Scorpan, Mwanajuma, Autumn Blaze, el duque de Maretonia y el visir real de Saddle Arabia se adelantaron para intentar un parlamento ante el guardia oscuro que guardaba el portón.
-¡El ejército de coalición de Equus os insta a deponer las armas y rendiros ahora que aún estais a tiempo!-exclamó Luna, adelantándose.
Como respuesta, el guardia oscuro se rió con voz de ultratumba, al tiempo que el ojo de Sauron se fijaba en ellos y hablaba entonces a través de él.
-Vais a tener que intentarlo primero ¿no creeis? No pienso irme de aquí sin luchar, elfa de Eldamar. Puede que ganes ésta batalla, pero no ganarás la guerra cuando volvamos a Arda.
-¡Lo que pasará en Arda se quedará en Arda, sólo nosotros lo sabremos! ¡Pero no tienes ningún derecho a venir aquí, a una tierra que no te pertenece, y tomarla por la fuerza corrompiendo a almas inocentes que nada tienen que ver con Eä! ¡Esto es entre nosotros!-exclamó Galadriel, visiblemente enfadada.
-Aquí te espero entonces, elfa de Eldamar… eso si consigues llegar hasta aquí.
Y, tras ese intercambio airado de palabras, el intento de parlamento se quedó ahí y volvieron con el resto del ejército; Galadriel se dirigió entonces a las chicas, las cuales llevaban consigo en sus cuellos sus correspondientes elementos de la armonía.
-Vale, escuchadme las cinco, vamos a avanzar juntas ¿de acuerdo? Nos os separéis de mí en ningún momento, el resto del ejército contendrán lo que sea que haga falta, pero os necesito a todas conmigo.
-De acuerdo-asintieron todas, con sendos gestos determinados grabados en sus rostros.
-Bien…
-En cuanto a mí me abriré paso hasta el palacio y me enfrentaré a Twilight, hemos de recuperarla como sea-anunció en ese momento Luna, con mirada seria.
Eso preocupó de cierta forma a las demás, pero en el fondo sabían que era algo que iba a pasar tarde o temprano, por lo que se centraron en lo que Galadriel las dijo.
El resto del ejército esperaba a la señal para entrar en acción, el de Sauron parecía hacer lo mismo. A una señal de Creto las catapultas comenzaron a lanzar proyectiles y los primeros soldados a atacar, llevando consigo escalas para salvar el foso con agua y las murallas. Los arqueros de Saddle Arabia también comenzaron a dispararar como respuesta a los disparos de los guardias oscuros, cubriéndose el resto de tropas con sus escudos, aunque alguna que otra flecha alcanzó su objetivo. En las almenas algunos guardias se vieron azotados por las flechas de Saddle Arabia, mientras que los demás comenzaban a contener las escalas desde arriba.
-¡Infantería de Maretonia, cargad!-indicó el duque, poniéndose a la cabeza.
Junto con ellos avanzaron también un buen número tanto de minotauros como centauros, al tiempo que varias gárgolas volaban directamente hacia las almenas para enfrentarse de frente a los enemigos; Rainbow Dash comenzó a volar al raso, preparando un par de flechas en sus alas, y sin apartar la vista de los goznes que sostenían el puente levadizo. En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, se elevó un poco y disparó la primera, dando en su objetivo con fuerza. La cadena se desprendió y el puente dio un bandazo, a lo que los enemigos respondieron lanzando aceite hirviendo desde el baluarte que coronaba la puerta. Aun así la pegaso describió un rápido tonel volado, esquivando el aceite pasando por debajo del puente y preparando la otra flecha. En cuanto tuvo el otro gozne a tiro disparó y los eslabones cedieron, al tiempo que el puente caía y se volvía a desplegar, salvando así el foso.
En cuanto el camino estuvo libre, los minotauros sacaron de entre varios un ariete de menor tamaño que cargaban entre todos y, enfilando la puerta, comenzaron a golpearla repetidamente para abrirla. Mientras tanto, varias torres de ataque comenzaban a acercarse al foso, preparando más escalas, mientras que algunos minotauros comenzaban a ocupar las almenas, luchando sólo como ellos sabían hacer. Varias piedras impulsadas por las catapultas se llevaron por delante a algunos guardias oscuros y abrieron alguna que otra brecha en las blancas murallas de Canterlot, mientras que muchas otras pasaban por encima y golpeaban los tejados de las casas más cercanas.
Galadriel y las demás esperaban a que abrieran la puerta, pero la defensa estaba resultando ser más fuerte de lo esperado.
-¡Alguien va a tener que colarse o nos atraparán aquí!-exclamó Applejack en ese momento.
-¡Voy yo!-anunció Rainbow, echando a volar de nuevo.
Alzó el vuelo por encima de la muralla y esquivó elegantemente algunas flechas que la lanzaron, respondiendo de seguido para luego embestir y rematar a los guardias que la amenazaban. Aprovechó que muchos de los arqueros enemigos comenzaban a replegarse para bajar hasta el túnel de acceso, donde vio a más guardias apuntalando la puerta y aguantando los embates como jabatos.
-Oh, mierda-masculló la pegaso.
Los enemigos oyeron su improperio y unos cuantos se centraron en ella, a lo que respondió con una rápida retirada, en un intento por alejarles de la puerta.
-¡Estoy un poquillo apurada aquí abajo!-exclamó en ese momento, mirando hacia las almenas.
Su grito fue oído por un soldado minotauro cercano, que bajó de un salto a la calle empedrada y comenzó a avasallar a los guardias con su lanza, empalando a unos cuantos con ella y estampándolos contra el suelo, rompiéndolos en mil pedazos.
-¡Gracias, amigo!-exclamó Rainbow, aliviada.
-¡Más madera, es la guerra! ¡Raaargh!-exclamó el minotauro, cargando de nuevo hacia la puerta.
La pegaso fue con él para ayudarle desde lejos con más flechas, despejando el camino rápidamente; quitaron el travesaño del portón y lo abrieron, dejando pasar a las tropas y reuniéndose con las demás.
-¡Rainbow, aquí estás!
-¡No os separéis, avancemos!-indicó Galadriel, comenzando a hacer virguerías con Nenya brillando.
Enfilaron la calle principal hacia la primera plaza, donde se encontraron con otro numeroso contingente de guardias oscuros esperándolos; la infantería de Maretonia se encargó de realizar los primeros barridos, mientras que centauros, gárgolas y minotauros comenzaban a presionar desde todos los ángulos posibles. Los arqueros de Saddle Arabia avanzaron y tomaron posiciones desde las almenas, disparando desde allí, mientras que más piedras impulsadas por las catapultas seguían asediando desde fuera. Una de ellas destrozó la fuente que allí había, mientras que otras aplastaron a un pequeño grupo de arqueros oscuros que se habían subido a unos tejados aledaños. Los pedazos de cristales oscuros comenzaron a cubrir gran parte de los caminos, reduciendo su número poco a poco.
-¡Sigamos, no nos paremos!-exclamó Galadriel.
-¡Por aquí, callejearemos un poco!-indicó Luna en ese momento, despachando a un guardia rápidamente con una combinación de magia y espadazos.
Dejaron atrás la avenida principal para empezar a atravesar calles más pequeñas y estrechas por las que apenas pasaban enemigos, aunque sí vieron a civiles varios que trataban de esconderse de la batalla, muertos de miedo.
-¡Fuera de aquí, escondeos, vamos!-indicó Luna, a una familia con la que se encontraron.
-¡Princesa Luna, gracias al cielo que está aquí!-exclamó la madre al verla.
-¡Los guardias se atrincheran en las calles perpendiculares a la avenida, la que lleva al palacio está totalmente tomada!-añadió el padre, sosteniendo a una pequeña yegua de apenas meses de vida.
-Ya veo… queremos llegar hasta el cementerio ¿podemos atajar por el parque?-inquirió la alicornio, pensando a toda velocidad.
-Sí, creo que sí, al lado de la catedral no queda nadie.
-Vale, vamos entonces, y vosotros escondeos, rápido.
La familia obedeció mientras que ellas continuaban su marcha, por encima de los tejados de las casas vieron los altos campanarios de la catedral, no muy lejos de donde se encontraban.
-¡Desde aquí vamos a tener que salir de nuevo a la avenida, no me agrada, pero es la única manera de llegar hasta la catedral!-comentó en ese momento la alicornio.
-¡Estamos listas para lo que sea!-exclamó Pinkie en ese momento.
-¡Sí, tengo ganas de seguir dando coces!-añadió Applejack, encendida.
Torcieron a la derecha en la siguiente calle y volvieron enseguida a la avenida, donde vieron a más guardias oscuros peleando con centauros y unos cuantos kirines comandados por Autumn Blaze. Llamaron la atención de unos cuantos y no tuvieron más remedio que contraatacar.
-¡De frente, vamos!
-¡A la carga!
Entre todas batieron a todos los guardias oscuros con una fuerza arrolladora, Rarity manejaba con más soltura que nunca su espada, cortando en pedazitos a sus enemigos, mientras que Applejack tronchaba cabezas con su hacha como quien troncha troncos de madera.
-¡Vamos, asquerosos, vamos!-gritaba la poni de tierra, con furia.
-¡Estás que lo tiras, AJ!-exclamó Rainbow, lanzando más flechas.
Sin embargo, en ese momento una flecha perdida impactó sobre la pata derecha trasera de la poni granjera, dejando escapar un grito adolorido. Al ver esto las demás reaccionaron, tratando de cubrirla.
-¡Applejack!
-¡Aquí, ven conmigo, deprisa!-llamó Fluttershy, preparando su bolsa.
Galadriel convocó varios escudos con su anillo, cubriendo a la aludida, mientras que los demás seguían presionando. Se apartaron junto a una balaustrada cercana, cubriéndose tras varios puestos de mercado y la pegaso comenzó a tratarla rápidamente.
-¡Vale, voy a tener que sacarte la flecha!-comentó en ese momento Fluttershy, sin poder evitar ponerse nerviosa por su amiga.
-¡Pues hazlo ya!-masculló la poni de tierra, aguantando el dolor sin apenas quejarse.
En un abrir y cerrar de ojos, la pegaso cogió la flecha con sus dientes y la sacó de un tirón; la poni de tierra apretó los dientes con fuerza, siendo apoyada por Galadriel. Tras eso trató la herida rápidamente con un ungüento especial que ya tenía preparado de antes y la vendó rápidamente, pero en ese momento varios guardias aparecieron de improviso doblando la esquina y se abalanzaron sobre ellos. Galadriel alzó la mano para ir a defenderles, pero en ese momento varios nirik aparecieron de improviso y los destrozaron con su usual fiereza. Uno de ellos se acercó, inquiriendo de seguido.
-¿Estáis bien?
-¡Autumn Blaze! Gracias, menos mal que has venido…
-Os vi desde el otro lado, menos mal ¿eh? Por un momento pensé que…
Sin embargo no pudo seguir, puesto que una flecha apareció de improviso atravesándola la garganta y dejándola clavada en el sitio, sangrando a chorros. Tanto la pegaso como la elfa y la poni de tierra se quedaron atónitos, al tiempo que Autumn se derrumbaba frente a ellos, volviendo a su apariencia original. Fluttershy, con lágrimas en los ojos, intentó ayudarla, pero supo que no podía hacer nada por ella.
-Lo siento… lo siento, lo siento…
La kirin trató de hablar, pero no podía, puesto que la habían dañado las cuerdas vocales; miró a la pegaso fijamente entre estertores de agonía hasta que finalmente se dejó de mover. Otros kirines convertidos en niriks que estaban allí cerca, al verlo, dejaron escapar unos gritos guturales, atacando con el doble de fuerza en un intento furioso por vengar a su amiga. Fluttershy la cerró los ojos dejando escapar unas lágrimas, al tiempo que Galadriel la hablaba.
-No es culpa tuya, Fluttershy, murió protegiéndonos… no hay mayor honor que ese.
La pegaso asintió, tratando de pensar en otra cosa, y siguiendo adelante. En cuanto Applejack se encontró mejor continuaron hacia la catedral, reuniéndose por el camino con Luna, Rainbow y las demás.
-¡Vamos, el parque está ahí en frente!-exclamó la alicornio, despejando el camino.
Sin embargo, antes de que se pusieran en marcha, el ojo de Sauron agrandó su pupila, extendiendo su rojizo haz de luz en todas las direcciones; nada más hacerlo, los restos de cristales negros que dieron forma a los guardias oscuros comenzaron a temblar, al tiempo que se movían todos hacia una misma dirección, como atraídos por una fuerza primaria. Éstos comenzaron a concentrarse en un solo punto en otra plaza cercana, tomando forma rápidamente y dejando a todos atónitos por lo que veían. Y es que la figura de un imponente e inmenso dragón comenzaba a formarse sobre ellos, tapando la poca luz del sol que llegaba desde las densas nubes y sumiendo a todo Canterlot en una súbita oscuridad. Al ver tanto el tamaño como la forma que tomaba, Galadriel musitó.
-Ancalagon…
Acto seguido el dragón de cristal negro soltó un inmenso rugido que hizo retumbar a todas las ventanas de Canterlot, además de a los tímpanos de todos los presentes. Luna supo entonces que debía de llamar ya a los dragones, indicando de seguido.
-¡Todos a la catedral, rápido!
Cerraron tras de sí, atrancando la puerta en el proceso, y una vez dentro la alicornio indicó.
-¡Quedaos aquí un momento, voy a ir arriba para lanzar la señal a los dragones!
Tras eso Luna echó a correr escaleras arriba en dirección hacia el coro, pasando frente al órgano, para luego subir todo recto desde el otro lado. Las demás se sentaron en los bancos de la nave central, tomándose un momento de respiro.
-¿Estáis todas bien?-inquirió Rainbow en ese momento.
-Sobreviviré, tranquila…-masculló Applejack, recolocándose bien la pata con un gesto de leve dolor.
-¿¡Qué era esa cosa enorme?!-quiso saber Rarity, un tanto atacada.
-Ancalagon, el primer y más grande dragón de mi mundo creado en la Primera Edad. No es más que una copia, pero bastante exacta he de decir. Recuerdo que mi madre, Eärwen, me contaba historias de la Guerra de la Cólera, cuando fue muerto por el medio elfo Eärendil protegiendo el Silmaril-explicó Galadriel en ese momento.
-Espero que los dragones puedan con él…-murmuró Fluttershy, preocupada.
-De nuevo, sólo es una copia, pero los mantendrá ocupados durante un buen rato… maldita sea, Sauron está en todo.
Tras eso se quedaron todas calladas, descansando, al tiempo que podían oír afuera cómo se gestaba la batalla.
Mientras tanto, Luna terminó de subir las escaleras hasta que finalmente alcanzó la parte más alta del campanario izquierdo, junto a las campanas más grandes; alzó la vista y vio a aquella monstruosidad alzándose sobre toda la ciudadela y lanzando cristales de su boca contra sus tropas.
-Vale, necesitamos refuerzos ya…
Tras eso concentró gran parte de su magia en su cuerno, concentrándose, hasta que finalmente lanzó un rayo mágico que hizo explosión a pocos metros de altura, extendiendo una luz morada hacia todas las direcciones; por un momento no hubo nada, pero al cabo de unos breves minutos se oyeron entonces una serie de rugidos, al tiempo que una numerosa manada de dragones provenientes del sureste hacían acto de presencia, estando entre ellos el mismísimo Lord dragón Torch, que competía en cuanto a tamaño se refería con esa mole de cristal. A una señal suya, el resto de dragones se lanzaron al ataque, comenzando a revolotear en torno al de cristal, llamando su atención, mientras que Torch comenzaba a desquitarse de lo lindo con él.
Luna dejó escapar un ligero suspiro, aunque en ese momento le pareció ver una figura familiar acercándose hasta ella, saludándola de seguido.
-Me alegro de volver a verte, Spike…
-¡Princesa Luna, aquí está! Menos mal que ya nos habíamos puesto en movimiento, vimos la señal en cuanto nos empezábamos a acercar-murmuró el dragón, aterrizando a su lado.
-Sí, buen timing por vuestra parte… vamos, nos esperan abajo.
Regresaron rápidamente a la nave central, donde se encontraban las demás, y se pusieron en movimiento enseguida; se dirigieron a la sacristía para intentar salir por otro lado, pero allí se encontraron con el párroco, el cual dio un vistoso salto al verlas llegar.
-¡Ah, ah! Un momento… ¿¡princesa Luna?!
-Ah, Dense Lecture, estás aquí, pensaba que la catedral estaba vacía…
-Vine aquí para rezarle al Primer Alicornio y que nos asista en esta hora tan aciaga… gracias a Él está usted a salvo, es un milagro, la creíamos muerta…
-Tranquilo, nunca lo estuve, aunque si sigo viva es porque me lo he currado, eso sí…
-¡Gracias al Primer Alicornio por traerla de vuelta! ¿Ha venido a derrocar a la traidora, princesa?-inquirió Dense Lecture, esperanzado.
-¡Twilight no es ninguna traidora!-exclamó en ese momento Rainbow, molesta.
-¡Sí, acabó corrompida por culpa de Sauron, no ha hecho esto por simple placer!-añadió Applejack.
Antes de que el párraco hiciera más preguntas, Luna se adelantó comentando.
-Necesitamos salir por otro lado sin que nos vean ¿conoces alguna manera de llegar hasta el cementerio desde aquí?
-¡Oh, por supuesto, a través de la cripta, conecta directamente con el panteón de los santos, donde enterramos a antiguos sacerdotes, cardenales y obispos! Síganme, por favor.
Salieron de nuevo a la nave central, concretamente hasta el altar, donde justo detrás de él había una trampilla oculta debajo de una vistosa alfombra. El párroco abrió la cerradura con una llave gordísima, levantando la trampilla y alumbrando unas escaleras que bajaban hacia una densa oscuridad.
-Aquí se entierran a todos aquellos fieles que deseen descansar al amparo de la catedral, así como a grandes personalidades como nobles u otros ponis… hace tiempo que no bajamos, pero si siguen todo recto sin desviarse acabarán llegando al panteón en el cementerio.
-Estupendo, gracias por tu ayuda, Dense Lecture… vamos.
Tanto Luna como las chicas y Spike se adentraron en las profundidades de Canterlot, al tiempo que el párroco las despedía.
-¡Suerte en su misión para derrotar al mal! ¡Que el Primer Alicornio os ilumine el camino!
Y, tras eso, cerró la trampilla. Luna encendió su cuerno y alumbró la oscuridad con él.
-No ha sido precisamente el Primer Alicornio quien ha iluminado el camino, pero bueno, dejémoslo ahí…-murmuró Luna, con gesto plano y tono sarcástico.
-Oh, vamos, lo ha dicho con las mejores intenciones…-murmuró Applejack.
-Seguro que sí, casi tanto como cierta santidad que no puede hacer más porque no da más de sí… ridículo.
-¡El cura de Ponyville es un semental jovencito muy majo y de lo más apuesto! Que pena que sea cura…-comentó Pinkie en ese momento, divertida.
-¡Pinkie!-le espetó Applejack, escandalizada.
-¡Ja! Sólo a ti se te ocurriría echarle los trastos al cura, Pinkie…-rió Rainbow, divertida
-Bueno, que sea cura eso no quita que se pueda divertir… en el buen sentido, por supuesto-añadió Rarity rápidamente.
-¿Podemos hablar de otra cosa, por favor?-inquirió Fluttershy en ese momento, avergonzada.
-¿Hay dioses en tu mundo o algo que se le parezca, Galadriel?-inquirió Luna en ese momento, curiosa.
-¡Por supuesto! Está Eru, el único, o como los hombres más antiguos lo llamaban, Ilúvatar. De Él y su pensamiento nacieron tanto los elfos como los hombres, y también dio forma tanto a Eä como a Arda, con la ayuda de los Ainur y su música-explicó la elfa.
-Interesante…
Continuaron todo recto sin desviarse, ignorando las intersecciones y dejando atrás numerosas tumbas de lo más antiguas dispuestas a modos de nichos a lo largo de todo el pasillo, hasta llegar a otras escaleras que llevaron directamente hasta dicho panteón en el cementerio. Dado que no tenían llave ni nada parecido, tuvieron que forzar la cerradura desde el interior, abriendo la puerta de golpe y porrazo y encontrándose en el cementerio de Canterlot.
Situado en la parte oeste de la ciudadela y un poco apartado de la misma, pasado el parque, desde allí podían ver la silueta del palacio alzándose no muy lejos de donde estaban, por lo que llegarían enseguida. Sin embargo la enorme figura del Ancalagon falso luchando contra todos los dragones, Torch incluido, se podía ver mejor que nunca. Entre todos iban despistándole constantemente, al tiempo que el enorme dragón de cristal trataba de alcanzarles lanzando cristales de su boca a falta de fuego. Al mismo tiempo, muchos iban calentando su dura superficie poco a poco con sus lanzallamas, haciéndole más complicado moverse. Por su parte, Torch le asestaba fuertes golpes a diestro y siniestro que iba arrancando poco a poco los cristales que lo componían, lanzando a bocajarro varios lanzallamas que fueron condensándole cada vez más. En un momento dado la enorme figura del Ancalagon falso comenzó a dejar de reflejar el poco sol que se filtraba de entre las nubes, volviéndose claramente opaco y sin apenas poder moverse.
-¡Está a punto de caramelo, el cristal se ha reducido por el calor!-exclamó Spike en ese momento.
En cuanto el dragón de cristal se detuvo por completo, Torch alzó su enorme garra derecha cerrada y, de un solo golpe en el pecho, redujo a miles de cachitos de cristales negros el Ancalagon falso. Por un instante estuvieron lloviendo cristales sobre todo Canterlot, al tiempo que los dragones dejaban escapar grandes y poderosos rugidos llenos de fuerza y orgullo.
-¡Eso ha sido increíble!-masculló Rainbow, alucinada.
-¡Impresionante!-exclamaron las demás.
-¡Así se hace, Lord dragón Torch!-añadió Spike, orgulloso de su lord dragón.
Sin embargo la alegría duró poco, puesto que en ese momento el haz de luz rojiza del ojo de Sauron incidió de nuevo sobre los cristales, que volvieron a recomponerse más rápido que antes, tomando ésta vez otra forma mucho más alta e imponente. Se erguía sobre dos patas y se encontraba ensutado en una tosca armadura acabada en un picudo yelmo que a Galadriel la era horrorosamente familiar. Portaba además una enorme maza puntiaguda, que empuñaba con ambas manos.
-¿¡Y ahora qué es eso?!-inquirió Rainbow, algo acongojada.
-Es él… es Sauron cuando aún poseía forma física… cuando nos enfrentamos a él en la guerra de la Última Alianza-reveló la elfa, sin poder ocultar su asombro ante tamaño despliegue de poder.
Aun a pesar de que tan solo era una pequeña parte de su poder encerrado en el anillo, era lo suficientemente fuerte como para hacer y recomponer figuras gigantescas con ese cristal tan peculiar. Antes de que la elfa pudiera preguntar al respecto, el Sauron de cristal gigante blandió su maza y golpeó directamente a un Torch completamente desprevenido. El golpe fue lo suficientemente potente como para tumbarle, cayendo hacia atrás en el proceso ladera abajo hasta los pies de la montaña. Tanto Spike como el resto de los dragones contemplaron atónitos lo ocurrido, volviendo al ataque rápidamente. Torch tardaría un buen rato en volver a levantarse debido a su descomunal tamaño, incluso Spike quiso ir a ayudar, pero se contuvo sabiendo que le necesitaban en ese momento.
-¡Tenemos que continuar, vamos!-exclamó Galadriel en ese momento.
-¿¡Y qué hay del resto del ejército?! ¡No van a poder ellos solos con esa mole!-exclamó Rainbow, alterada.
Antes de que alguien más pudiera decir algo, un extraño eco con tonos incluso celestiales resonó a gran altura, deteniendo en seco el combate por unos breves instantes; todo el mundo alzó la vista y fue en ese momento cuando vieron un símbolo dibujándose en el cielo, extraño para la gran mayoría, pero familiar sobre todo para Luna, que abrió muchísimo los ojos con un gesto incrédulo grabado en su rostro.
-No puede ser…
En cuanto el glifo de la A de Alicornia terminó de dibujarse en el aire, hubo otro sonido celestial que hacía mucho tiempo que Luna no oía y, de golpe y porrazo, los cielos se abrieron, al tiempo que una luz blanquísima despejaba en parte las densas nubes que cubrían esa parte de Ecuestria. En cuanto el brillo cesó, pudieron ver una pequeña parte de Alicornia flotando en el aire y entrando en el espacio aéreo de Equus, al tiempo que un buen número de guardias alicornianos, acompañados además de unos cuantos alicornios jóvenes, volaban hacia el Sauron gigante de cristal y se unían a la lucha junto a los dragones. Mostrando entonces un poder sin parangón, los alicornios dispararon una serie de rayos mágicos poderosísimos que hicieron mella en el Sauron gigante, que trastabilló por un momento hacia atrás.
En ese momento Luna sintió algo en su pecho que ardía con la intensidad de mil soles, aclarándose la garganta y entonando entonces con la voz real de Canterlot.
-¡No temas más porque ya ha llegado, la esperanza en ti se ha posado! ¡Por un mañana mejor luchamos sin dilación, en ti portas tu tesón! ¡Equus, no llores más, por ti he de luchar! ¡Larga vida a Alicornia!
Los alicornios y guardias que oyeron sus palabras respondieron al unísono, pasando así a la ofensiva y resumiendo la batalla rápidamente. En cuanto Luna se calmó vio que todos la miraban con gestos confusos y ligeramente interesados, a lo que ella murmuró un tanto avergonzada.
-No he podido evitarlo, era la antigua divisa de la guardia alicorniana, mi padre me la enseñó cuando era pequeña…
-Eso está muy bien, princesa, pero si lo que queríamos era no ser detectados pues no ha sido muy sutil que digamos…-murmuró Rainbow, con gesto plano.
-Curioso que digas tú eso, Rainbow…-añadió Applejack, divertida.
Antes de que la pegaso contestara a eso, Luna exclamó.
-¡Tienes razón, vamos, el panteón real está por aquí!
Aprovechando que nadie más se había percatado de dónde había salido exactamente su voz, atravesaron el cementerio hacia el oeste hasta llegar a dicho panteón, que se distinguía por ser el más opulento y lujoso de todos, con el sello de la casa real ecuestriana en su escudo y las figuras del sol y la luna grabadas en su puerta. Al contrario que otros panteones, éste se abría con una cerradura mágica especial que sólo los miembros de la familia real podían usar. El cuerno de Luna se encendió y lo introdujo por un orificio que hacía las veces de cerradura, abriéndose la puerta de seguido.
-¡Vamos, vamos, adentro!
Los demás fueron los primeros en entrar, siendo Luna la última y cerrándose las puertas tras ella. Las antorchas se encendieron solas, iluminando una estancia más pequeña y modesta por dentro que por fuera, viéndose tan solo unos pocos féretros guardados allí junto a las escaleras.
-Vaya, apenas lo han usado por lo que veo…-observó Applejack.
-Sí, por suerte no hemos sufrido mucho en ese sentido, aunque la mayoría de los que descansan aquí no eran miembros de la familia real de facto…-reveló Luna en ese momento.
-¿Ah, no?-inquirió Fluttershy, extrañada.
-No, más bien son antiguos empleados de la casa real. Por ejemplo, al fondo a la derecha descansa el primer mayordomo que tuvimos y que sirvió cuando éramos pequeñas y vivíamos todavía en el antiguo castillo en Everfree. Good Sire se llamaba, era un poni muy formal y bastante profesional en su trabajo. En los de la izquierda descansan antiguas amas de llaves del palacio, y en el del centro frente a las escaleras descansa la madre de Blueblood, una antigua aristócrata de Vanhoover que acabó emparentada con la familia real tras conocer a un primo lejano nuestro con el que tuvo un affaire en el que, posteriormente, nació mi sobrino.
-¿¡En serio?!-masculló Rarity, anonadada.
-Sí, por eso cuando ella murió él se quedó a nuestro cuidado y la enterramos aquí al corresponderla como tal. Pero bueno, vamos para allá.
Bajaron las escaleras y, tras torcer a la izquierda, el pasadizo fue todo recto hacia el palacio mientras evadían gran parte de las defensas enemigas; la batalla encima de ellas se podía notar incluso ahí abajo, oyéndose ruidos apagados y explosiones variadas, muy probablemente de los alicornios que en esos momentos luchaban codo con codo junto con el resto de reinos y razas.
-Aún no me puedo creer que Alicornia realmente haya decidido tomar parte en todo esto, eso sí que es un milagro-comentó Luna en ese momento.
-Algo me dice que su madre ha tenido algo que ver en ello, princesa-comentó Rarity en ese momento.
-No me extrañaría nada a decir verdad, cuando se la mete algo entre ceja y ceja no para… vale, estamos llegando, atentos ahora.
Un poco más adelante llegaron al final del pasadizo, junto a una pared que aparentemente era un callejón sin salida. Sin embargo, Luna asió una de las piedras de la pared con su magia, moviéndola ligeramente, y al hacerlo la puerta se abrió ante ellos, desembocando en una de las celdas de las mazmorras.
-Vale, esperad aquí un momento, voy a ver si está despejado.
La aliornio se asomó un momento, sin ver a nadie por las inmediaciones, y salió al pasillo, mirando a ambos lados con gran precaución. Al ver que no había moros en la costa, indicó a los demás que continuaran y la puerta se cerró sola, sin dar muestras de que estaba ahí siquiera.
Continuaron todo recto, pasando por unas espaciosas bodegas llenas de barricas, hasta subir unas escaleras que daban directamente a las cocinas, donde tampoco había nadie. El ceño de Luna se arrugó, un tanto extrañada al respecto.
-Qué raro… ¿dónde está todo el mundo? Normalmente siempre hay ponis del servicio por aquí durante la mayor parte del día…
-Quizás Twilight los despidió…-asumió en ese momento Rainbow.
-¿Y renunciar a la vida palaciega? Lo dudo…
Salieron al pasillo más cercano donde entonces sí que vieron a alguien, concretamente un guardia oscuro solitario que rondaba por allí tranquilamente; al darse la vuelta les vio, pero Galadriel, rápida de reflejos, hizo un rápido gesto con su mano y el guardia se vio arrastrado súbitamente hasta donde ellos estaban. La elfa lo cogió entonces del pescuezo, comenzando a apretar e inquiriendo de seguido con voz más grave de lo habitual.
-¿Dónde está Sauron?
Por un momento el guardia no dijo nada, a lo que ella respondió haciendo la misma pregunta e incidiendo un poco más, tanto en el tono como en el agarre. Fue entonces cuando el guardia habló.
-Pues en lo alto de la montaña ¿es que no lo habéis visto?
-¿Y cómo llegamos hasta él?
El guardia se revolvió, tratando de zafarse, pero Nenya brilló con fuerza y los cristales comenzaron a desmoronarse, al tiempo que Galadriel se hacía un poco más grande, o al menos esa fue la sensación que les dio al verla. Amedrentado entonces, el guardia masculló.
-Los… los jardines… al otro extremo hay unas escaleras que trepan por la montaña, os llevarán directas hacia él…
-Muy bien.
Y, tras esas palabras, el brillo de Nenya se concretó, al tiempo que el guardia se desmoronaba por completo hasta quedarse en nada. La elfa respiró entrecortadamente, al tiempo que las demás la miraban un tanto intimidadas.
-¿Estás bien, querida?-inquirió Rarity en ese momento.
La voz de la poni pareció hacer efecto en ella, reaccionando de seguido.
-Ah… sí, sí, perdonadme, es que estamos tan cerca… me estoy preparando mentalmente para enfrentarme a él, normalmente no soy así…
-Bueno, al menos sabemos a dónde tenemos que ir… por mi parte se refiere voy a ir ya al salón del trono, alguien tiene que mantener ocupada a Twilight mientras vosotros subís-anunció Luna en ese momento, con gesto serio.
Al oír eso las demás se quedaron calladas, con miradas llenas de preocupación grabadas en sus rostros, pero Luna las tranquilizó enseguida.
-No os preocupéis, haré todo lo posible por neutralizarla sin hacerla daño…
-¿Y qué hay de mí? Yo también quiero ayudar…-murmuró Spike en ese momento.
-Quiero que busques algo inusual o que se salga de lo meramente común para vosotros. Desde que llegamos noto que hay algo más por aquí que no pertenece a este mundo, encuéntralo y traemelo-anunció Galadriel.
Ante eso el dragón se quedó un tanto extrañado, inquiriendo de seguido.
-Entonces… ¿qué busco exactamente? Es que no me queda claro…
-No sabría decirte con exactitud porque no estoy del todo segura de lo que es, pero está claro que hay algo en este lugar más propio de mi mundo que del vuestro. Quizás sea un objeto o un material, no lo sé, pero que está aquí eso es seguro.
-Está bien, veré qué encuentro…
Una vez que estuvo todo bien hablado, se separaron en tres grupos, yendo Luna por su lado y los demás por el suyo.
Durante todo el camino no se encontró con ningún otro guardia, lo que extrañó en parte a la alicornio, pero para entonces su mente buceaba por otros derroteros. Como Galadriel dijo antes, se estaba preparando mentalmente para enfrentarse a Twilight, descubriendo que era mucho más complicado de lo que en un principio pensó que sería. Podía notar cómo los nervios la atenazaban, respirando entrecortadamente. En el fondo sabía que se iba a enfrentar a una amiga muy querida que había sido corrompida por una fuerza muy superior a cualquier otra que se habían enfrentado antes. Y eso, de cierta forma, la hacía dudar al respecto. ¿Y si la Twilight que ella conocía seguía estando ahí? No quería hacerla daño, pero estaba claro que si la daba la oportunidad, la atacaría sin dudar. Aun así no tuvo más remedio que aplacar sus pensamientos más personales, conjurando entonces su espada onírica con su magia y blandiéndola con fuerza. El filo resplandeció intensamente, dejando a la vista las runas que Galadriel grabó en su día en la parte más baja del mismo, junto a la empuñadura. Su sola presencia tranquilizó y preparó a la alicornio, que inspiró e expiró con lentitud.
Justo en ese mismo instante se encontró frente a las puertas dobles que daban al salón del trono en el primer piso, abriéndolas de seguido y entrando en él. Para su sorpresa vio que no había nadie, aparentemente, y al fondo del todo el trono lucía vacío y solitario. A los lados las vitrinas que rememoraban acontecimientos pasados seguían ahí, intactas y haciéndola compañía. Atravesó toda la moqueta hasta llegar junto al trono, arma en ristre y preparada para atacar en cuanto fuera necesario. Miró hacia un lado, viendo desde ahí cómo continuaba la batalla contra el Sauron gigante entre dragones y alicornios hasta que, finalmente, una voz conocida la dio la bienvenida.
-Luna… aquí estás. Dichosos los ojos que te ven…
Se dio entonces la vuelta y vio a Twilight al otro lado del salón, mirándola con gesto anodino y monótono. No se parecía en nada a la última vez que se vieron, de un gesto altanero y arrogante ahora había pasado a uno más cabizbajo y rendido, como si se hubiera resignado hace tiempo. Un tanto curiosa al respecto, la alicornio oscura comentó.
-¿Ocurre algo, Twilight? no pareces muy motivada…
Ante eso, la aludida tan solo esbozó una leve sonrisita triste, respondiendo de seguido.
-Tan aguda como siempre… aunque creo que no hace falta ser ningún experto para darse cuenta ¿no crees? Al final todo se acaba…
-Entonces ríndete, Twilight… no tenemos que hacer esto…
-Oh, pero ahí te equivocas. Puede que lo haya perdido todo, pero aún soy leal a mi señor. Y si tengo que enfrentarme a ti por ello, que así sea.
-No, no tienes por qué hacerlo. Sé que en el fondo sigues ahí, Twilight, tan solo tienes que dejar de escucharle…
-Ya es tarde. Tomé mi decisión en su momento y eso es algo que ya no puedo eludir por mucho que quiera. Aunque he de darte crédito, Luna. Has conseguido lo imposible uniendo de nuevo a todas las razas de Equus, incluso Alicornia ha intervenido. Una proeza loable, digna de alguien como tú. Pero mi tiempo se acaba. Y he de terminar lo que empecé.
Tras esas palabras su también corrompido elemento de la magia brilló en un aura oscura, al tiempo que una espada espectral hacía acto de presencia, tomándola con su magia y poniéndose en guardia. El gesto de Luna se contrajo, molesta por no haber podido persuadirla lo suficiente. Y, al segundo siguiente, se abalanzaron.
Las primeras estocadas fueron bloqueadas fácilmente por la alicornio lavanda, demostrando una técnica bastante buena, además de un muy buen juego de patas. El último golpe resonó por todo el salón, al tiempo que Twilight giraba su espada y apartaba de un seco golpe el filo de Luna, obligándola a echarse hacia atrás y bloqueando a tiempo, haciendo uso también un poco de su magia para ello. Al ver esto, Twilight murmuró.
-Ah ¿la magia también vale? en ese caso déjame mostrarte lo que he aprendido…
Nada más decir eso el cuerno de la alicornio lavanda brilló, al tiempo que una ola de cristales negros se abalanzaba sobre ella dispuestos a devorarla; Luna respondió rápidamente creando una roca brillante que plantó delante de ella, escudándose tras la misma y librándose así de la marea de cristales negros. Acto seguido la hizo estallar, extendiendo hacia todos los lados un polvo brillante blanco que deshizo los cristales por completo.
-Muy simple…-murmuró Twilight, volviendo al ataque.
Pasó entonces a atacar sólo con la punta de su espada, tratando por todos los medios de hacer daño a Luna, que trató de bloquear con su filo las estocadas; cada vez que la espada espectral tocaba a la onírica, ésta parecía fortalecerse cada vez más, extendiendo un brillo azulado intenso por todo su filo. El ceño de Twilight se frunció, extrañada por lo que veía, al tiempo que Luna observaba de manera sutil cómo una de las runas engastadas en el filo brillaba cada vez que recibía un golpe. La alicornio oscura aprovechó el momento para apartar de una estocada el arma de Twilight, al tiempo que alzaba la suya propia, que para entonces brillaba con gran intensidad. Acto seguido la blandió hacia delante repetidas veces, a cada golpe en el aire surgieron brillantes ondas de choque que fueron directas hacia Twilight.
La alicornio lavanda se vio obligada entonces a bloquear las ondas, pero la fuerza de las mismas era tal que a cada golpe bloqueado la echaba un poco más hacia atrás, siendo el último el que la hizo trastabillar por un momento, sin perder en ningún momento el agarre de su espada.
-Vaya, eso no ha estado nada mal… esa elfa te debe haber enseñado algunos trucos…
Luna permaneció callada ante eso, alzando su espada y poniéndola en posición defensiva, sin quitar la vista encima de ella.
-Pero a mí también me han enseñado algunos trucos…-anunció entonces Twilight, alzando ésta vez ella su espada.
Al punto, ésta se desdobló en varias copias que comenzaron a orbitar en torno a ella, al tiempo que unas alargadas lenguas de fuego se extendían hacia delante. Otra de las runas brilló, al tiempo que el filo de la espada onírica adquiría un aspecto más acuoso para sorpresa de Luna. La blandió entonces rápidamente hacia delante, a cada estocada lanzaba una oleada de agua que apagaba las llamas más cercanas, defendiéndose así de su atacante. Sin embargo las réplicas de la espada espectral seguían orbitando alrededor de Twilight, previniendo cualquier ataque frontal.
-¿Qué pasa, Luna? ¿Es demasiado para ti?-inquirió la alicornio lavanda, acercándose a ella lentamente.
La alicornio oscura se vio obligada a retroceder, mientras pensaba en una estrategia para contrarrestar su ofensiva. Por otro lado, su mente también estaba con Galadriel y las chicas, que en esos momentos debían de estar de camino hacia lo alto de la montaña.
La subida estaba siendo un tanto lenta y fatigosa, encontrar el acceso a las escaleras desde los jardines fue sencillo, pero éstas estaban toscamente labradas y había veces que tenían que escalar para poder subirlas apropiadamente puesto que había algunos escalones que eran más altos que otros. Además no estaban solas durante la subida, puesto que vieron a más guardias apostados en diferentes alturas, guardándolas. Por suerte no estaban juntos, por lo que fue sencillo para Galadriel deshacerse de ellos dándoles un ligero empujoncito con su magia y haciéndoles caer hacia el vacío. Desde donde estaban Canterlot comenzaba a verse como una pequeña cáscara de nuez, notándose bastante bien la plataforma sobre la que estaba construida, todo ello bañado por la luz de un brillante atardecer que se colaba por los claros que había producido la aparición de Alicornia. La batalla continuaba bajo sus patas, con los alicornios y dragones enfrentándose al Sauron gigante de cristal, mientras que el resto del ejército lograba avanzar hacia el palacio, abriendo brechas en las formaciones negras.
-¡Vamos, un poco más, un último esfuerzo! ¡Ya llegamos!-exclamó en ese momento Galadriel, viendo desde donde estaban la cima a pocos metros de distancia.
-¡Danos un momento, querida!-masculló Rarity, agotada.
-¡Nunca subir unas escaleras costó tanto!-añadió Pinkie, con la lengua fuera.
Los siguientes minutos fueron tan largos como un día sin pan, pero finalmente llegaron a la parte más alta de las escaleras, que precedían a un corto descansillo que llevaba hasta la cima. Se detuvieron un momento para recuperar el resuello, en ese momento Galadriel miró a Nenya, dirigiéndose entonces a las demás.
-Quedaos detrás de mi, no miréis directamente al ojo… yo me encargaré de todo, pero os necesitaré cuando llegue el momento.
-¿Cuándo será eso?-inquirió Rainbow, con gesto cansado.
-Lo sabréis, en cuanto lo veáis activad vuestras joyas y canalizad toda la energía que podáis hacia Nenya…
-Vale…
En cuanto estuvieron todas un poco más descansadas, subieron los últimos metros que quedaban hasta encontrarse directamente con el Gran Ojo, el cual se clavó en ellas al verlas aparecer.
-Aquí estás…-se oyó la voz de Sauron musitar.
-Sí… se acabó-musitó Galadriel.
Por un momento no hubo nada, el Gran Ojo incidió sobre ella de golpe y porrazo, tratando de someterla; pero entonces, la figura de Galadriel se difuminó y todo su cuerpo se transfiguró. Un fulgor azul oscuro opaco la envolvió, dándola un aspecto aterrador, al tiempo que Nenya comenzaba a resplandecer con más fuerza que nunca. El brillo rojizo del Gran Ojo se achicó, al tiempo que la elfa alzaba el brazo hacia delante, comenzando a hablar con voz de ultratumba que resonó por toda la cima.
-¡No tienes ningún poder aquí, servidor de Morgoth!
Por su parte el ojo se entrecerró, como si parpadeara con fuerza, al tiempo que otra voz de ultratumba la contestaba en una lengua desconocida para ellas. La pupila comenzó a cambiar de forma, mostrando en ella la figura de Sauron, al tiempo que Galadriel continuaba.
-¡No tienes nombre, ni forma ni nada! ¡Tus intentos son en vano!
Aun a pesar de que por momentos la elfa le sobrepasaba, Sauron no cejó en ningún instante, al tiempo que el Gran Ojo se abría aún más y se abalanzaba sobre ella, haciéndola tambalear. Aun así Galadriel se mantuvo firme, con Nenya en alto, la cual parpadeó por un instante. Al ver esto, las chicas supieron que debían de intervenir ya, cerrando los ojos y activando sus elementos. Aun a pesar de la ausencia del elemento de la magia, los elementos resplandecieron y se conectaron entre sí a través del rayo multicolor que los caracterizaba. Acto seguido, cada elemento lanzó un pequeño rayo multicolor hacia Nenya, el cual los canalizó sin problema y recibiendo así un potente aumento de energía que intensificó su luz a una escala aún mayor. La figura de Galadriel también adquirió mayor tamaño, alzándose sobre el Gran Ojo, el cual se hizo cada vez más y más pequeño conforme pasaban los segundos.
-¡Lo estamos consiguiendo!-exclamó Rainbow,
-Sí, pero ¿dónde está Spike?-inquirió Rarity en ese momento.
Al mismo tiempo, y tras haber registrado casi todo el palacio de arriba abajo, Spike seguía sin encontrar lo que estaba buscando.
-Vale, busco algo fuera de lo común y ni siquiera sé lo que es… estupendo, maravilloso ¿¡qué es lo que tengo que encontrar?!-pensaba el dragón, cada vez más y más frustrado.
Se vio de nuevo de vuelta en las cocinas, pensando a toda velocidad, pero en ese momento se dio cuenta de que no había registrado todo lo que debía registrar. Regresó entonces a las mazmorras, atravesando las celdas hacia el otro lado de las mismas, donde había más habitaciones que no había comprobado. Comprobó que la mayoría de ellas eran despensas, pero tras la última puerta vio algo que le extrañó nada más verlo. Parecía ser una esfera totalmente lisa y negra que descansaba en lo alto de una peana y no parecía caerse aun a pesar de su forma esférica perfecta. Se acercó a ella y la cogió, era fría al tacto y no parecía hacer nada en especial. Sin embargo había algo en ella que le hizo reaccionar de seguido, sabiendo que lo había encontrado.
-Tiene que ser esto.
En ese mismo instante se oyó una súbita voz como de ultratumba proveniente de la cima de la montaña que le hizo reaccionar de seguido, abriendo sus alas y saliendo de golpe por una ventana cercana rompiendo el cristal. Miró hacia arriba y vio una intensísima luz brillando desde lo alto como un faro, por lo que no perdió más tiempo y voló hacia arriba rápidamente, pasando al lado del salón del trono.
En éste, Luna y Twilight seguían luchando entre sí, tratando de alcanzarse mutuamente. Aun a pesar de sus esfuerzos por llegar hasta ella, Luna fue incapaz de sobrepasar el escudo protector compuesto de espadas orbitales, trató de defenderse, pero los constantes golpes que la asestaban la desestabilizaron cada vez más y más hasta que finalmente no pudo aguantar los golpes y se vio desarmada, cayendo al suelo en el proceso. Twilight detuvo en seco las espadas y éstas volvieron a ser una sola, echándose sobre ella e inmovilizándola en el proceso pisándola las alas. Luna gritó con dolor, al tiempo que la alicornio lavanda murmuró.
-Vaya, qué fácil ha sido… al menos podré quedarme con esto antes de que todo termine…
-Twilight… por favor… esta no eres tú… recuerda quien eres, recuerda a tus amigas, han luchado lo indecible por llegar hasta aquí y ayudarte… por favor…
-Oh, cuanta palabrería barata, Luna, pero esto ya está sentenciado. Ahora debes morir…
La alicornio lavanda levantó entonces su espada, dispuesta a ensartar con ella a la que fue su amiga. Luna cerró los ojos, esperando al golpe final al tiempo que su hermana volvía a su mente.
-Lo siento, Tia… te he fallado.
En cuanto Spike llegó a la cima se encontró entonces con todo un espectáculo; y es que una Galadriel más poderosa que nunca se encontraba terminando de someter al Gran Ojo, que para entonces había adquirido el tamaño de una canica. Los intentos de Sauron para entonces ya eran fútiles, al tiempo que sus balbuceos en lengua negra se iban apagando hasta casi desaparecer. Fue en ese momento cuando la elfa masculló con voz potente.
-¡Vuelve al lugar de donde proveniste!
Hubo entonces un último aullido acompañado de un fogonazo, al segundo siguiente el ojo ya no estaba y en su lugar había un pequeño anillo dorado que giraba en el aire lentamente como si una corriente lo hubiera atrapado. Spike exclamó entonces, levantando el objeto.
-¡Galadriel, aquí, lo tengo!
La aludida se dio la vuelta, mirando a lo que el dragón alzaba, y en cuanto lo vio, lo comprendió al instante. Sus ojos se aclararon, exclamando entonces con la voz más normalizada.
-¡Tíralo hacia el anillo!
Spike obedeció, apuntando bien y lanzando la esfera hacia el susodicho, que parecía haberse quedado suspendido en el aire; Nenya brilló una última vez y un rayo de energía blanca impactó sobre la esfera, rompiéndola en mil pedazos. Al hacerlo, varios elementos cayeron al suelo, entre ellos el corazón de cristal, el amuleto alicornio y el ídolo de Boreas, entre otros materiales. Y, justo donde el palantir se redujo a nada, se abrió una especie de portal por el cual se podía ver una tierra que a Galadriel le era tremendamente familiar. La joya entonces dio un bandazo y comenzó a caer hacia abajo, atravesando el portal y perdiéndose a través de él.
El anillo atravesó entonces varias capas de realidad hasta que por fin llegó al otro lado, viéndose entonces una Tierra Media bañada por la luz de un sol brillante; a varios miles de metros sobre el suelo, se podía ver un caudaloso río que atravesaba grandes bosques y extensiones de terreno, viéndose incluso desde allí un par de estatuas situadas a ambos márgenes del río con porte majestuoso y regio. El anillo siguió cayendo imparable durante unos largos e interminables segundos hasta que finalmente aterrizó en el mismo río, chapoteando levemente y hundiéndose en él hasta posarse en el fondo, quedándose allí.
Al otro lado, en Ecuestria, el portal se fue haciendo cada vez más pequeño hasta que finalmente se desvaneció en el aire, como si nunca antes hubiera existido. Nada más hacerlo, el enorme Sauron de cristal hizo lo mismo junto con el resto del ejército oscuro, al tiempo que muchos de los soldados ecuestrianos que fueron controlados tiempo atrás eran liberados de su cautiverio. Entre ellos destacaba el mismísimo Shining Armor, que se quedó un tanto desubicado en cuanto recuperó la consciencia.
-¿Eh? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago yo aquí?
-¡Shiny!
Al oír esa voz, se dio la vuelta y vio entonces a una cara familiar que se acercaba a él con rostro aliviado.
-¡Cady!
Ambos ponis se dieron un gran abrazo, compartiendo entre ellos un gran beso.
En el palacio, Twilight estaba a punto de ensartar a Luna cuando, en una leve fracción de segundo, la espada espectral se desvaneció en el aire y la alicornio lavanda, tras dejar escapar un ligero aspaviento, puso los ojos en blanco y se desplomó sobre una aliviada Luna que reaccionó de seguido.
-¡Twilight! ¿¡Estás bien?! ¡Responde, por favor!
En ese justo momento se vio también un ligero resplandor en el cielo, al tiempo que algo salía disparado de la superficie de una luna creciente, que comenzaba a salir por el oeste coronando una incipiente noche. El aparente meteoro se dirigió directo hacia el salón del trono, entrando en el mismo atravesando una vidriera sin detallar y aterrizando justo al lado de Luna. En cuanto el brillo cesó se mostró a una princesa Celestia que abrazó de seguido a su hermana, la cual no pudo hacer otra cosa salvo llorar.
-¡Oh, Tia! ¡Lo siento, lo siento, lo siento!
-¡No, Luna, no es culpa tuya, es enteramente mía, ni siquiera me di cuenta! ¡Yo soy la que lo siente!
Mantuvieron en abrazo durante unos breves pero intensos segundos, al tiempo que las puertas se abrían y una voz familiar para ellas exclamó.
-¡Hijas mías!
Las aludidas alzaron la cabeza, siendo Luna la primera en reaccionar, seguida de Celestia, que se quedó atónita al ver quien se acercaba a ellas para abrazarlas. Fue en ese mismo instante cuando Celestia no pudo más y se echó a llorar, abrazando a su madre. Lauren sostuvo entre sus patas a sus hijas, llorando de igual forma y dejando escapar lo que sentía.
En cuanto estuvieron todas un poco mejor, Celestia y Luna se inclinaron sobre una Twilight que permanecía inconsciente, preocupadas por ella. En un momento dado la alicornio lavanda recuperó la consciencia poco a poco, mirando con extrañeza lo que la rodeaba.
-¿Princesas? ¿Dónde estoy, qué ha…?
Sin embargo no pudo continuar, puesto que por un momento algo pareció hacer clic en su cabeza y, al segundo siguiente, esbozó un gesto horrorizado en su rostro para luego comenzar a chillar y a llorar como si la estuvieran desgarrando por dentro. Celestia y Luna trataron de calmarla por todos los medios, pero el espantoso gesto en su cara no se borraba, y sus gritos y sollozos eran cada vez más y más fuertes, provocando en ellas un fuerte escalofrío que las dejó heladas. Fue en ese momento cuando Lauren intervino, iluminando su cuerno y juntándolo con el de Twilight, la cual cayó en redondo en un súbito sueño que cesó todo.
-Un hechizo de sueño profundo, no había otra manera. Le ha venido todo de golpe y eso la ha provocado una fortísima conmoción-explicó Lauren.
-Cielo santo… mi pobre yegua ¿qué te han hecho?-musitó Celestia, horrorizada, mientras acariciaba la crin de la alicornio lavanda.
-Someterla a una tortura psicológica muy fuerte, eso está claro… seguramente cedió en su día como un mecanismo de defensa para no volverse completamente loca.
-Claro, de ahí que acabara uniéndose a Sauron…-murmuró Luna, comprendiéndolo un poco mejor.
-Os va a necesitar cuando despierte, estad con ella, es muy fuerte, pero será un momento muy difícil para ella.
-Gracias mamá… nosotros también te vamos a necesitar, quédate aunque sólo sean unos días, por favor…-pidió Luna en ese momento, cogiéndola del casco.
-Mamá…-musitó Celestia, con lágrimas en los ojos.
Lauren quiso decir algo, pero supo entonces que no podía negarse por mucho que quisiera y finalmente aceptó, dándolas otro abrazo.
-Oh, mis potrillas… siempre seréis mis pequeñas…
En ese momento entraron en el salón Galadriel acompañada por las demás y Spike, siendo Rainbow la primera en exclamar.
-¡Princesa, no se lo va a creer, realmente conocemos a Spike, sólo que no nos…!
Sin embargo en cuanto vio a Twilight cortó de improviso su perorata, yendo directamente a por su amiga en compañía de las demás; Celestia y Lauren las calmaron y las estuvieron explicando lo ocurrido, mientras que Luna y Galadriel se apartaban un momento para hablar.
-Ha acabado…
-Sí, por fin. El anillo ha vuelto donde pertenece. No he visto donde ha caído, pero será mejor así. No sé qué nos esperará a mí y a los míos cuando vuelva a mi mundo, pero nos enfrentaremos a Sauron cuando llegue el momento. Gracias por todo, Luna-murmuró la elfa, esbozando otra de sus radiantes sonrisas.
-No, gracias a ti, Galadriel, sin ti hubiera sido imposible…
Elfa y alicornio se dieron un gran abrazo, siendo la primera en volver a hablar.
-Ha sido toda una aventura. He aprendido mucho de vosotras, y jamás os olvidaré.
-Te vas ya ¿no?-asumió Luna en ese momento.
-Sí, mi misión ha terminado y he de regresar ya, no puedo quedarme más tiempo, esa fue la condición para venir aquí.
-Entiendo… si quieres te despido, o…
-No hace falta, es mejor así. Todas ellas son muy fuertes, cada una a su manera, y tienen un futuro brillante por delante.
-Sí… ése es el poder de la amistad.
Las dos se sonrieron una última vez, la elfa se dio la vuelta y alzó su mano con Nenya en ella, empujando entonces un espacio entre espacios y abriendo así una puerta. Antes de cruzar, Galadriel echó una última mirada hacia esos ponis tan especiales y, al segundo siguiente, se dio un breve destello y desapareció de la vista.
Afuera, la noche se alzó sobre una nueva Ecuestria, con una luna cuarto creciente por corona.
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