Capítulo 14: Minna no Christmas

En la oscuridad de la habitación, teniendo como única luz la lamparita de mesa, en un silencio inmutable, Yamato se dedicaba a cuidar el sueño de la pelirroja, que dormía apaciblemente en su cama.

Habían pasado casi tres días desde que la había traído de vuelta, desde aquel día donde por primera vez la hizo suya con todo el 'amor' que un criminal tiene escondido para no mostrar sus debilidades.

Sabía que estaba jugando con fuego, que tenerla consigo como SU mujer era muy peligroso, tanto para él como para ella. Ya había visto el prólogo de esa relación cuando había aparecido en la organización con ella entre sus brazos.

Sus dos compañeros líderes se habían quedado parados sin saber que decir. Por favor, aún podía ver sus viñetas con sus bocadillos y sus puntos suspensivos encima. Sus respectivas presas, estaban igual que ellos. Hasta podía jurar que querían acercarse para cerciorarse de cómo estaba la pelirroja, pero su mera presencia las paraba y al mismo tiempo las confundía.

El resto de sus aliados de la organización, se encontraban cuchicheando entre ellos con la sorpresa dibujado en sus ojos.

También había visto a las VIP quiénes lucían igual que todos, a excepción de Mimi donde por primera vez desde que la conocía, tenía una mirada que destilaba odio e ira. Si su instinto como criminal no le fallaba, aquella chica tenía verdaderos deseos asesinos contra Sora.

-tonterías. –se dijo a sí mismo jugando con un mechón pelirrojo que caía sobre la frente de SU mujer- puede que sea una cabeza hueca, pero no es tan tonta como para matar a Sora sabiendo que le costaría la vida. –miró a Sora, la cual se había movido ligeramente- esta vez sí que lo convertiré en hechos si alguien te hace sufrir. –recordando la de veces que las VIP intentaban atentar contra Sora y sus amigas sin que él ni los dos líderes hicieran hechos para que escarmentaran- lo juro. –terminó diciendo en un susurro.

Alguien tocó a la puerta y con una mirada cargada de furia debido a sus pensamientos dio la orden de que pasaran. Por allí, Miyako, Izumi y Temari hicieron acto de aparición, donde la última cargaba una bandeja con comida.

-Wolf-sama… venimos a… -empezó Temari con un tono de desconcierto.

Yamato no necesitaba que la rubia continuase, mostrando su imagen fría y arrogante, se levantó de la cama para dirigirse a las tres chicas.

-tratadla como a vuestra propia vida, de lo contrario os aseguro que el infierno será el paraíso en comparación con lo que os haré.

Las chicas tragaron saliva de miedo y no por las palabras amenazadoras del rubio, sino por los ojos gélidos que solo mostraba cuando estaba fuera de sí.

Sintiéndose más seguro sobre el estado de SU mujer, Yamato salió por la puerta, para que las tres jóvenes no se sintieran tan nerviosas por su presencia. Sabía por experiencia, que estando él a sus espaldas controlándolas, se volvían patosas.

Y lo que encontró fuera, como esperándole, lo dejó medio sorprendido. Apoyada en la pared, frente a la puerta, estaba Ruki con los brazos cruzados.

-tenemos que hablar. –fue lo que dijo Makino con sequedad.

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Mientras, en el interior las tres chicas se recuperaban de ese tembleque que producía que a Temari casi se le cayera el contenido de la bandeja, cometiendo una falta tan grave como la de manchar la habitación de Wolf. Por lo que optó por dejarla sobre la mesilla más cercana. Sin embargo, un ruido inesperado, hizo que parte del contenido alimenticio cayese sobre la bandeja provocando al mismo tiempo que el corazón de Temari se parara por segundos. Al ver, lo ocurrido, intentó regular la respiración.

-maldita sea Miyako, a ver si tenemos cuidado.

-oye y tú baja el volumen que si ELLA despierta bruscamente, Wolf-sama nos mata. –dijo la Inoue con la cara roja de vergüenza al haber cometido una tontería como la de tropezar con sus propios pies y caer en el piso. Pero maldita sea, la mirada de su líder había sido tan abrumadora que andar era una tarea de Hércules.

-sin faltarme al respeto Miyako que estoy por encima de ti. –le dijo Temari amenazadora.

-eh, eh, basta calmaos las dos. –intervino Izumi- quién os ha visto y quién os ve. Os estáis comportando como las VIP, cuando debemos estar unidas. Vamos, cumplamos las órdenes de Wolf-sama antes de que regrese.

Y aplicándose lo dicho, Izumi procedió a despertar a Sora, mientras su mente viajaba hacia el pasado, concretamente hacia lo ocurrido tres días atrás cuando su líder había traído a la pelirroja en brazos.

-

La aparición de su máximo líder trayendo a la chica perdida, la dejaba más que sorprendida. En el tiempo que llevaba trabajando en ese local, jamás había visto algo parecido. Incluso le parecía que Yamato la sostenía delicadamente como si cargase una flor de cristal a punto de romperse. Tras el líder, vio como entraban su novio, Gaara y Jaken con el mismo semblante que tenían todos los que observaban aquella escena. Sin más, corrió hacia los tres guardaespaldas alarmada.

-Kouji-kun, ¿qué es lo que ha pasado? ¿Por qué Wolf-sama trae a la Bird en brazos?

El chico la miró brevemente queriendo decir algo, pero calló abruptamente y giró la vista hacia su líder que desaparecía escaleras arriba.

-no lo sé. –contestó sinceramente.

-¿cómo que no lo sabes? –insistía la chica- has estado con él, ¿no?

-oye Izumi ya te he dicho que si no lo sé, es porque no lo sé. –contestó irritado. Y de ese humor, alejándose de sus compañeros guardaespaldas y su novia, se dirigió a la barra de bar, pidiéndole al asombrado Kohaku que le sirviera algo bien fuerte.

No pasó mucho tiempo, en tener a su lado a su novia cabizbaja y arrepentida.

-lo siento. –se disculpó la chica.

-olvídalo. –mirando hacia la zona donde su líder se había perdido.

-y ahora… -fijando su vista en la misma dirección que su novio con rostro extraño- supongo que te harán participar en su castigo… me refiero a que tendrás que acostarte con esa chica…

-una, no es acostarme, y dos, no soy solo yo. –agarrando el vaso de licor que Kohaku le había servido.

-¡De una u otra manera es lo mismo! –espetó volviendo a estar molesta como antes, aunque esta vez su sentimiento de furia eran debido a los celos.

-tú también andas con otros y no monto una película como lo estás haciendo. –replicó con el mismo tono de voz que ella, obteniendo el silencio y el que frunciera la boca- de todas maneras, puedes estar tranquila. Yamato-sama no piensa castigarla.

El enfado que se había acumulado dentro de la rubia Orimoto se disipó por esa revelación.

-¿no? –preguntó con los ojos abiertos cerciorándose de que había escuchado bien- pero, ¿por qué? No entiendo.

-y yo que sé. Lo único que sé, es que se internó en las montañas Seppuku en solitario. Y a la mañana siguiente apareció con Sora-sama en brazos.

-¿has dicho Sora-sama?

-así es como quiere que Yamato-sama nos dirijamos hacia ella.

Izumi quedó pensativa, si Wolf-sama había decretado tal decisión era porque esa chica ocuparía un puesto importante en la organización y en la vida del rubio Ishida.

-

Y ese mismo día lo comprobó, al ser llamada pocas horas después por Yamato.

-

-¿me mandó llamar? –preguntó la rubia en la habitación de su líder donde quedaba anonada al verlo acariciando tiernamente el cabello de una Sora dormida.

-Izumi, ¿cuánto hace que trabajas para esta organización? –sin apartar la mirada de SU mujer.

-ah… pues no lo sé… -con el corazón palpitando fuertemente. Para la chica, en ese momento, el acto afectuoso de Yamato había desaparecido para ser sustituido por el miedo al estar su vida en peligro. Pues una pregunta formulada de esa manera, sin venir a cuento, solo indicaba que querían deshacerse de ella.

-como todas, empezaste desde abajo. Te raptamos aprovechándonos de tu belleza y durante estos años has sido BUENA chica ofreciéndonos tu fidelidad. –miedo, temor y cortas escenas de su vida pasando en escasos segundos- por si no lo sabes, eres una de las chicas que tiene un puesto importante en este lugar. Por eso, y porque Kouji me lo suplicó a cambio de su lealtad, no nos hemos deshecho de ti. –emoción por lo que su novio hizo por ella y tranquilidad, aunque no completa, es lo que estaba sintiendo ahora Izumi- antes me estaría preguntando como es que alguien como Kouji ha perdido la cabeza por una chica como tú. –pausó unos instantes para bajar su mano hacia los labios entre abiertos de Sora- ahora lo entiendo. Por eso, -mirándola finalmente donde podía apreciar la sorpresa y el sonrojo en sus mejillas- pienso darte la oportunidad de ofrecerte un puesto que estaría por encima de los demás miembros activos, pero un poco más abajo de las VIP. Ese puesto requiere de una absoluta devoción para esta organización y la promesa de dar tu vida si es necesario para los líderes y para ella. –señalando a Sora.

-¿y ese puesto…?

-te quitaría de tus obligaciones como puta, para que te encargues del cuidado de Sora. Serías como su doncella personal. –apoyó los codos en la rodillas para centrarse en Izumi- puedes rechazarlo y seguir como puta. O intentar conseguir el puesto, después de todo, tengo a otra candidata pensada para su cuidado. Inoue Miyako. Al cabo de determinado tiempo, veré quién de las dos es apta para ese puesto, y el Dead Moon dará el comunicado oficial.

-

Y por supuesto que había aceptado. ¿Cómo negarse cuando ya no iba a compartir cama con hombres verdes que le repugnaban? Sabía que su aceptación era egoísta e interesada, y lo que es peor, estaba rivalizando con su amiga Miyako. Eso la dejaba con un montón de murmullos a sus espaldas que debía cargar y llevarlo en solitario. Sin embargo, en el día anterior…

-

Era la hora de los cuidados de Sora, Izumi trataba de mantener la calma, pero con la mirada escrutadora de Yamato sobre su espalda, era algo imposible hacer algo a las derechas.

-no sabéis cuidarla sin armar tanto ruido. –dijo Yamato en bajo pero intimatoriamente- aunque el premio se lo lleva Miyako ayer al tirar el agua sobre el cuerpo de Sora. ¡Tsk! Tendría que haber propuesto a otra como candidata a este puesto.

La rubia tragó saliva e inconscientemente se tocó una parte del brazo donde estaba rojo. Con los ojos cerrados, recordó cómo y quién se lo había hecho.

-¡me largo a ver si puedes hacerlo mejor! –espetó dando un portazo que sacudió casi toda la habitación, provocando que Sora fuera despertando.

-Yamato…

La joven se giró, y aunque había sido un murmullo apenas audible, escuchó perfectamente el nombre de su líder. Su sorpresa era grande, pues la pelirroja lo había llamado con un tono muy afectivo.

-¿Yamato…? –volvió a insistir Sora, intentando sentarse en la cama para tener mejor campo visual, sin embargo un leve mareo hizo que apoyara una mano sobre el colchón para no caer bruscamente.

El instinto de tener que cuidarla, despertó en Izumi, que acudió de inmediato junto a Sora para ayudarla a acostarla.

-no se altere Sora-sama. Wolf-sama volverá enseguida.

Consternada, Sora se fijó en la chica. Las secuelas de la fiebre, hizo que pusiera una mueca de confusión. Aquella rubia le sonaba de verla por el local, incluso tenía un vago recuerdo de haberla visto con el guardaespaldas de Yamato y no hablando precisamente.

-¿quién eres tú? ¿Qué ha pasado con Miyako?

Izumi volvió a mirarla con sorpresa, ¿cómo era posible que esa mujer supiera del nombre de su compañera y amiga si para ella eran simples conocidas de vista? A no ser, que el día anterior, cuando Miyako tuvo que ocuparse de la pelirroja, se presentara ante ella.

-hoy la atiendo yo. –le respondió algo seca y la verdad, no supo porqué lo hizo.

-¿cómo te llamas?

-Orimoto Izumi.

-un placer conocerte. Espero que seamos amigas. –dijo Sora débilmente por la fiebre pero con una sonrisa incrustada en el rostro.

Izumi se quedó sorprendida, no se esperaba ese acto tan amistoso por parte de la pelirroja. Tan acostumbrada a que la gente de ahí, la tratara como a un paño sucio, que aquello la impresionaba. Sin embargo, aunque sonase egocéntrico, ella estaba ahí para ganar aquel puesto y así estar más libremente con Kouji. Aunque eso significaba competir contra una de las pocas amigas que tenía en ese local. Sin querer pensar en eso, se dispuso a hacerle los cuidados necesarios.

-¿te has caído? –escuchó como le preguntaba y es entonces cuando se dio cuenta del moratón que tenía en el brazo a la vista de Sora.

Con algo de preocupación y nerviosismo, intentó taparlo con la manga de la camiseta aunque fuese inútil ya que era de manga corta y la zona rojiza estaba en el codo.

Sora viendo ese acto, dedujo que aquello había sido obra de alguien, y tuvo un vuelco en el corazón al imaginar que había sido cosa de Yamato.

-¿fue… fue Yamato?

-Wolf-sama cuando pega a alguien, lo hace a conciencia. Si me hubiese pegado, estaría encamada.

Sora suspiró aliviada. Aunque, no tendría que extrañarle que Yamato se portase como el líder criminal con sus aliados en la organización. Sabía que si algún día el rubio fuese un caballero, antes las ranas criarían pelo.

-entonces, ¿quién fue?

-¿para qué lo quiere saber? -mirándola molesta.

-para empezar deja de tratarme de usted. –agregó con una cálida sonrisa.

Eso trastocó a Izumi que cada vez entendía menos la actitud de la pelirroja. Desde el principio, había pensado que aquella chica, al igual que las otras dos, eran personas como las VIP, gente despreciable y egocéntrica que solo piensan en sí mismas y en amargar a la persona de turno. Sin embargo, no era como ella había pensado. Aquella pelirroja era una mujer que se preocupaba por los demás, de rasgos apacibles que hacía que se sintiera en calma en esa habitación, contrario a cómo estaba antes, en tensión por la presencia del máximo líder.

-entendido. –respondiendo a su petición- aunque no creo que Wolf-sama esté de acuerdo con eso.

-hablaré con él, no te preocupes.

-gracias.

-y ahora por favor, siéntate y cuéntame quién te ha golpeado.

-pero… Wolf-sama dijo que tengo que cuidarla…

-cuidarme es también hacerme compañía. –cortándola con un guiño.

Nerviosa, mirando hacia la puerta, Izumi dudó en hacer lo que le pedía. ¿Qué tal si Wolf-sama aparecía por ahí y la recriminaba por no cumplir sus órdenes? Así perdería ese puesto y la posibilidad de estar más tiempo con Kouji. Pero por otra parte, la observación de Sora al 'cuidarla' era acertada.

'Que sea lo que Dios quiera'

Se dijo a sí misma, cogiendo la silla y sentándose al lado de la cama para iniciar su explicación sobre quién le había hecho aquel moratón.

-verá…

-no me trates de usted. –le recordó sonriente.

-oh… disculpe… -pero se tapó la boca al ver que lo había vuelto a hacer- esto… como iba diciendo, esto me lo hizo las VIP.

-¿las VIP? –preguntó extrañada- pero, ¿por qué? Pertenecéis a la misma organización, no lo entiendo.

-es que a ellas solo les importa los tres líderes. Les da igual el resto. No les importa pisotearnos con tal de conseguir la atención exclusiva de Wolf-sama y los otros dos líderes. Sin embargo, todo empeoró con la llegada de esa chica nueva Karin, donde se ven más interesadas en perseguir a los tres líderes y en destrozarnos. Sobre todo, cuando vosotras tres tienen lo que ellas quieren desesperadamente.

-por eso es que nos odian tanto. –murmuró Sora.

Izumi la miró por unos momentos, recordando algo que había visto y que estaba asociado con quién le había golpeado.

-ten cuidado. –Sora la miró confusa- aquel día que regresaste en brazos de Wolf-sama, fue algo que nos impactó a todos. Especialmente sobre Mimi. Su mirada destilaba odio e ira que me produjo escalofríos. En realidad, fue ella quién me golpeó al burlarse de mí por querer este puesto.

-¿este puesto?

-fue Wolf-sama el que nos ofreció a Miyako y a mí el cuidarla. Es un puesto que nos quitaría de lo que somos, unas simples rameras. Aunque en realidad, tanto ella como yo lo queremos solo para estar sin problemas con nuestros novios.

-tu novio es el guardaespaldas de Yamato, ¿verdad? –preguntó como si fuera lo más evidente, a lo que la rubia solo asintió con un tono escarlata sobre sus mejillas que la hacían verse adorable- está bien, hablaré con Yamato de eso.

-no… no hace falta que lo haga. –repuso alarmada.

-pero quiero hacerlo. A cambio, quiero que me hagas un pequeño favor. –dijo borrándole la sonrisa para poner un rostro preocupado y al mismo tiempo temeroso.

-

La puerta sonó con insistencia llegando ahí el favor que debía hacerle a Sora. La miró donde con miedo, había agachado la cabeza, al mismo tiempo que sujetaba la mano de Miyako como si buscase apoyo.

-Temari por favor. –le dijo Izumi a la otra rubia que ya entendía el mensaje, pues por ello había acudido a la habitación.

Temari con cuidado, abrió la puerta, para salir al exterior y cerrarla tras su espalda, impidiendo que viesen a Sora, ni aunque fuese de soslayo.

-déjanos entrar, queremos ver a Sora. –dijo Sakura airada.

-no puedo permitirlo. –cruzándose de brazos como si fuera un guarda de esa habitación.

-por favor, solo queremos saber como está. –pidió Rin que a diferencia de la pelirrosa, lucía preocupada.

-ella está bien. Miyako e Izumi se ocupan de ella.

-aún así, queremos verla. –volvió a insistir Sakura.

-no puedo dejaros pasar. –se negaba Temari- fueron órdenes suyas.

-¿órdenes suyas? –repitió Rin sin saber a quién se refería exactamente.

-de Sora-sama. Ella lo ha pedido expresamente.

Eso dejó sorprendidas a las dos jóvenes que eran incapaces de articular palabra, al imaginar que su gran amiga ya no quería saber nada de ellas.

-no… no… ¡MIENTES! –dijo finalmente Sakura rabiosa con lágrimas descendiendo. Con una fuerza inimaginable, apartó a la rubia de un manotazo, provocando que ésta cayera al suelo y volvió a aporrear la puerta- ¡MALDITA SEA SORA! ¡¿QUÉ TE PASA?! ¡¿POR QUÉ NO QUIERES VERNOS?! ¡¡CREÍA QUE ÉRAMOS AMIGAS!! ¡¿POR QUÉ?! –llorando libremente que fue contagiado por Rin, que empezó a sollozar en el sitio- ¿por qué…? –decía débilmente.

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En la habitación, Sora también lloraba. Se sentía mal por no querer verlas, y no es que no deseara estar con ellas, solo que por culpa de estar al lado de Yamato, sentía vergüenza de decirles que ahora había cambiado de idea y que se quedaría en esa organización para siempre. No se atrevía a mirarlas a la cara y confesárselo. Además, también estaba el hecho de que había intentando suicidarse.

¿Qué cara pondrían cuando se lo contara?

No quería verlo.

Tenía miedo.

Estaba asustada.

-parece que han parado. –se atrevió a decir la chica de lentes, sintiendo el silencio en el exterior. Miró a la pelirroja que abrazaba, viéndola como un animalito indefenso y se compadeció de ella.

Dos días atrás, la había visto sonreírle, dándole confianza para que se calmara, tras el estropicio que había hecho nada más entrar por la puerta. Mientras que ahora, parecía un ser completamente diferente.

-Sora-sama. –intentó llamarla con autoridad para a ver si así se recuperaba.

-es… estoy bien… -respondió, aunque tanto Miyako como Izumi vieron que no era cierto.

-¿por qué no descansa? Le hará bien. Y aún no está recuperada del todo del resfriado. Necesita fortalecerse. –le sugirió Miyako usando ese tono de respeto que por supuesto Sora no se dio cuenta, sino ya la habría reprendido.

-sí, eso haré. –contestó- por favor, avisadme cuando Yamato regrese.

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Fuera, aunque para los de dentro era silencio, Sakura se encontraba llorando al igual que Rin, mientras que Temari se había levantado para observarlas en silencio.

-esta bien… -dijo de pronto Sakura secándose las lágrimas quedando los restos evidentes- si ella no nos quiere ver, se lo pediré a alguien con más autoridad. –y con esas palabras se marchó corriendo perdiéndose en el largo pasillo.

-Sakura… -susurró la joven Rin.

Rin miró el piso con tristeza para luego posarla sobre la puerta cerrada, preguntándose porqué Sora no querría verlas. Se negaba a creer algo así por parte de la pelirroja quién siempre estaba ahí para ayudarlas y animarlas. De hecho, así como a Sesshomaru lo veía como un padre, a Sora la veía como una hermana mayor.

Recordando cada acto suyo con ella, hizo que llegara a pensar que aquella orden quizás no proviniese de Sora, que en realidad podría venir de alguien con el propósito de no permitir que la pelirroja las vieran.

Tenía que buscar respuestas y sabía quién podría dárselas, claro si ÉL quería.

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Unos fuertes pasos en el exterior alertaron al más joven de los Dead Moon donde no tardó en reconocerlos. Levantando la vista hacia la puerta, esperó pacientemente a que su presa-aliada la abriera con fuerza para soltarle sabe dios que estupidez. Empezaba a conocerla, así como sus manías. Sabía que cuando estaba furiosa, perdía la razón y hablaba sin parar sobre lo que le molestaba, incluso era capaz de ordenarle que hiciera esto o lo otro. Tenía mucho carácter, pero le encantaba, ya que la pasión la rodeaba haciéndolo excitar de sobremanera.

Tal como había previsto, aquella joven de cabellos rosas abrió la puerta mandando a la mierda su privacidad y el hecho de que esa era SU habitación.

-¡Sasuke!

Y como era de esperar, estaba realmente furiosa, encolerizada, sus ojos brillando al igual que los suyos aunque a diferencia de los de ella, de deseo.

-¡tienes que ayudarme!

Ayudarla a desvestirla, con gusto lo haría y ahora mismo.

Pero sabía que eso solo ocurriría en sus fantasías, bueno, más bien el hecho en que la misma joven se lo pidiera. Además, pese a estar "domesticada" había ocasiones en que se descontrolaba, y ese era uno de ellos. Por lo que ya tenía que ir pensando en cómo callarla para que el tema tuviera fin.

-¡quiero ver a Sora!

¿Por qué no le sorprendía que fuera esa la petición? Conocía de sobra que su amigo Yamato había internado a la pelirroja en su habitación para protegerla con mayor seguridad, y lo más importante, para que se recuperara de su resfriado. Recordar eso, tuvo la excusa perfecta para denegarlo. La Bird… corrección, la "Mujer de Wolf" no estaba dentro de sus dominios, así como para Wolf no estaba los de SU chica y la de Sesshomaru.

-está enferma. –respondió con simpleza.

-¡con un cuerno! –saltó exasperada queriendo golpear algo- ¿desde cuando la gente que está enferma de un simple resfriado no puede recibir visitas?

Bien mirado, la excusa era patética. Bueno, siempre le quedaba la segunda opción para acallarla y era la más efectiva.

Con parsimonia se levantó de la silla, para acercarse a la joven y tomarla del mentón obligándola a que lo mirara fijamente. Sus orbes verdes aún centelleantes de furia no se dejaban intimidar por los negros de él… todavía

-no voy a permitir que entres en una habitación donde puede contagiarte, y así dejarme insatisfecho en mis momentos de necesidades primitivas. –a medida que hablaba, con la otra mano, la sujetó de la cintura apegándola a él para que sintiera su masculinidad y el deseo de poseerla ahora mismo.

-ni siquiera cuando estoy dispuesta a hacer lo que me pidas. –en circunstancias normales, ella se habría puesto nerviosa, roja por esa cercanía. Puede que se acostara decenas de veces con Dragon, pero las cosas habían que admitirlas, el cuerpo de ese Uchiha era tan perfecto, que ni los dioses se comparaban con él.

Las palabras de la Haruno sorprendieron levemente a Sasuke que por unos instantes se vio la incertidumbre para ser sustituidos por la desconfianza sobre la mujer. Ella nunca se había ofrecido a complacerle. Su orgullo y dignidad iban antes. Y ahora estaba dispuesta solo porque quería ver a la otra chica. Realmente tenía que estar desesperada y la oferta era demasiado tentativa. Pero, la chica era de Yamato. Pero, por otro lado, hacer lo que él le pidiera, era una oportunidad única.

La miró por largo rato, intentando buscar algún indicio de que fuera alguna trampa o con segundas intenciones que la favorecerían a ella. Solo encontró decisión, determinación pero también súplica.

-veré lo que puedo hacer. –soltándola con la mirada tapada por su cabello oscuro.

-gracias… -la escuchó decir en un murmullo y con un tono que reflejaba alivio.

Sasuke se paró a medio camino, pero sin voltearse, solo estando inexpresivo. Después de unos segundos, donde parecía estar sumido en sus propios pensamientos, continuó con su camino.

O.o.O.o.O.o.O

En el despacho del Dead Moon, un rubio se encontraba sentado apoyado cómodamente con rostro despreocupado, mientras que enfrente la Reina lo observaba con atención. Su expresión era molesta, sus ojos violetas lo miraban desafiantes, como si quisiera saltar sobre el lobo que había bajado la guardia.

-como sigas con el ceño fruncido acabarás por perder todo el encanto que te queda.

Y esas palabras donde se vislumbraba un toque de humor, fue la gota que colmó el vaso.

-¡joder Yamato! –levantándose, incapaz de sostener una conversación ahí sentada- ¡¿es que eres imbécil o poco te falta?!

-¿por? –preguntó inocentemente.

-'¿por?' –imitando su tono- no sé porque será… -agregando sarcástica- mira voy a dejarte las cosas claras. Por mí puedes hacer lo que quieras con esa pelirroja. Si has decidido hacerla tu única mujer, no me importa. Si has decidido que sea tu cómplice, no me importa. Si has decidido meterla dentro de la organización, no me importa. Pero lo que realmente me jode es que me dejes como la mujer que ha sido engañada, convirtiéndome en víctima para algunos, y objeto de humillación para ESAS. –no hacía falta que Yamato preguntara a que al referirse con ESAS- tengo mi orgullo, ¿sabes? ¡Y ahora por tu culpa está por los suelos! –acabando por gritar de manera que en el exterior se escuchara.

-esta bien, si esto te hace feliz, lanzaré una amenaza para que te sigan tratando como siempre.

-¡QUE NO SE TRATA DE ESO! –queriendo golpearlo.

-¿ah no? ¿Es qué ahora vas a decirme que realmente estás enamorada de mí?

-¡no digas tonterías! Fuiste tú el que se encaprichó conmigo y me diste el título de Reina porque un líder necesitaba una chica. Cuando mi atracción por ti es simplemente porque eres bueno en el sexo.

-gracias por dejarme con el ego bien alto.

La pelirroja dio un hondo suspiro, cuando al rubio líder se le subían los humos, era como tratar con un niño pequeño pero mimado.

-de todas maneras Ruki, creo que ya todos sospechaban que nuestra relación era física. –girando el asiento para mirar el horizonte que se veía desde su gran ventanal.

-¿qué quieres decir?

-creo que la distancia que hubo entre nosotros durante estos años; el hecho de que me acueste con otras mujeres como Mimi y Jun principalmente para satisfacerme; el que tú te pasees por medio mundo con Ryo a tu lado que bebe los vientos por ti y tú lo complaces… eso y muchas evidencias más son pruebas de que nuestra relación no es amorosa que digamos…

-de acuerdo, pero como reciba la compasión de alguien o esas furcias me humillen por haber sido desbancada por esa pelirroja, después no me recrimines por haberlas eliminado.

-tienes libertad para hacerlo. –contestó haciendo un además con la mano.

-¿cómo Reina o ex-Reina? –silencio- supongo que después de esto mi "Reinado" habrá llegado a su fin, ¿no?

-por supuesto que no. –contestó como si le dijera la tontería más grande del mundo.

-¿no? –repitió extrañada.

-Yamato, -interrumpió la voz de Sesshomaru para fastidio de Ruki que deseaba saber porque seguía en su puesto de Reina, si ella ya no era su chica oficial- tenemos que hablar.

El líder volvió a girarse, esta vez para ver frente a él al peliblanco que venía con rostro decidido.

-vaya Sessh, sé que este es tu despacho y te da derecho a invadir la privacidad, pero al menos podrías cortarte un poco, ¿no? –le recriminó Yamato que sino fuera porque estaba de buen humor, se lo diría con molestia y amenazas.

-tengo que pedirte algo que solo está dentro de tu alcance. –ignorando sus palabras para ir a lo importante.

-veo que molesto, así que os dejo con vuestras "cosas de locos" –y se encaminó hacia la puerta abierta que Sesshomaru había dejado, despreocupándose de que cualquiera escuchara su conversación. Antes de salir, se paró por unos segundos- por cierto, vigila a Mimi. –le advirtió dejándolo confuso y extrañado. No pudo preguntar la razón, ya que Ruki había abandonado el despacho dejándoles a puerta cerrada.

-bueno, ¿qué quieres? Imagino que será sobre Sora, ya que es lo único que está fuera de tu alcance. Así que sea lo que sea, NO. Ya sabes las reglas.

-no creo que sea tan grave el hecho de permitir a mi Perrita que la vea.

-Sora no quiere verlas. –contestó.

-lo sé y entiendo la razón. Pero ella aún no lo comprende y si lo sabe, le da igual la decisión que ESA mujer ha tomado.

-ESA mujer se llama Sora, y ahora pertenece a la organización. –le corrigió cambiándole la cara a una de molestia- por lo menos podrías dirigirte a ella, llamándola por su nombre.

-si lo hago, dejarás que mi Perrita la vea.

-si lo haces no… ¡LO HARÁS! –entrecerrando los ojos- aquí soy yo el que manda por encima de todo.

-oye no quiero contrariarte, solo quiero que mi Perrita la vea y ya está. No te estoy pidiendo que me des Europa o América.

-¿a qué viene tanta insistencia? –acabó por preguntar, le extrañaba que el mayor insistiera con el mismo tema sin sacar a relucir su mal genio.

-las Navidades se acercan. –fue la simple respuesta como si fuera la explicación.

-¿y?

-supongo que por una vez en años, la pasarás FELIZ con… Sora a tu lado.

-supones bien.

-tengo el mismo derecho que tú, por eso mi Perrita me ha prometido que si podía verla, haría lo que yo le pidiera.

-ahora lo entiendo. –echándose para atrás para tomar una decisión. Por una parte, debía respetar la opinión de Sora, pero por otra su amigo tenía derecho a pasar esas fechas con una sonrisa y no amargado, como en años anteriores. El rubio, por propia experiencia, sabía lo irritante que era pasarlo en soledad, mientras aquella gente que estaba por debajo de ellos, lo pasaban felices y contentos.

-Yamato tenemos que hablar de algo importante. –entrando el tercero y último de los líderes del Dead Moon.

Ishida no tuvo que pensar demasiado para imaginar de qué se trataba el tema. En definitiva ambas presas deberían estar bien desesperadas si han ido a pedirles el favor a las personas que las tenían cautivas.

-esta bien, hablaré con ella. –levantándose con pesadez- solo que a cambio, necesito vuestra ayuda con un plan que tengo en mente…

Sesshomaru y Sasuke lo miraron atentos, percatándose como su rostro estaba rodeado de un aura de furia e ira y sus ojos eran asesinos, por lo que dedujeron que aquellas navidades iban a ser como las anteriores, manchadas de sangre.

O.o.O.o.O.o.O

En la habitación de Dog, Rin jugaba con sus manos nerviosa, arrepentida de haberle dicho que haría lo que le pidiese si conseguía ver a Sora. Era un precio demasiado alto que la perjudicaba, porque a saber qué le pediría, pero por lo menos podría ver a su amiga y comprobar con sus propios ojos que estaba bien.

Bueno, quizás con un poco de suerte, si ÉL lograba que pudiera verla, su petición no sería peor de lo que ya había sufrido, además que últimamente estaba bastante amable con ella.

La puerta se abrió con delicadeza, por lo que supo que ÉL era el autor, así que se levantó para recibirlo y esperar su respuesta… y de ser positiva, su sentencia.

Esperó pacientemente a que ÉL hablara, aunque interiormente estaba impaciente, y ÉL le daba motivos para estarlo, ya que con toda la parsimonia posible, se sentó en el cómodo sillón entrelazando sus dedos y escrutarla con la mirada. Algo hizo que frunciera el cejo y soltase un gruñido de molestia.

Antes de que pudiera mirarse a sí misma y encontrar el defecto, el hombre habló con suavidad pero firme.

-he cumplido con mi parte del trato. –fueron sus palabras simples pero con el efecto de provocarle un leve temor por lo que querría a cambio- Yamato hablará con ella para que podáis verla.

-entonces… Sakura-san también podrá…

-pero no ha sido nada fácil convencer a Yamato. –levantándose para dirigirse al ventanal donde se veían los copos de nieve caer dejando el local camuflado- cuando él crea que Sora está dispuesta la verás, pero procura no alterarla…

Esas últimas palabras la dejaron extrañada. ¿Por qué a ÉL le preocupaba el estado de Sora?

-bien Rin, ahora que ya sabes cuales son las condiciones, es hora que te diga lo que quiero y obedezcas sin rechistar. –volteándose a verla donde la joven sintió un escalofrío- estas son las segundas navidades que pasas aquí. El año pasado fui muy desconsiderado en dejarte encerrada entre estas cuatro paredes mientras yo lo pasaba bien. –y ahí volvía aquella conducta de líder Dog con el poder absoluto sobre ella sin poder contradecirle, pero sí a dejar que la humillara- este año las pasarás conmigo. Día y noche, de principio a fin.

-¿eh?

-eso es lo que pido a cambio… oh sí, por supuesto quiero que te olvides de que eres prisionera, y me sonrías como haces casi siempre. No quiero verte deprimida ni triste. Por esos días, no quiero que me veas como tu captor sino como tu amante.

Las mejillas se tiñeron de inmediato de carmesí, así como a dolerle la cabeza al escuchar semejantes condiciones que no lograba entender. Además… ¿cómo pensar en él como su amante? Vale que ya habían tenido algunos momentos, pero en un principio era porque ÉL quería; después la había forzado; posteriormente ÉL se lo había pedido, y ella por no querer verle con otra, era la que atendía sus necesidades, pero era por compasión.

Aceptaba sumisa por compasión.

Sino fuera porque estaba solo y manco, su sentido de la razón, le habría recordado que ÉL era un hombre que casi le doblaba la edad.

Lo vio caminar hacia ella y otro escalofrío la envolvió. A un paso de ella, Rin observó como sus ojos dorados estaban enfocados en los verdes suyos, viéndose su propio reflejo en ellos. La distancia poco a poco se fue acortando, sintiendo el cálido aliento sobre sus mejillas encendidas. Su respiración se volvió entrecortada y sabiendo lo que iba a hacer, cerró los ojos a la espera del beso.

A escasos centímetros, Sesshomaru cambió el rumbo de sus labios hasta llegar al oído derecho femenino.

-por supuesto, tendrás que hacerme un regalo. –le susurró provocando que se le erizara los vellos de la piel.

Y con esas palabras, rodó por su lado encaminándose hacia la salida, dejando a la chica más roja si era posible e interiormente decepcionada de que no la besara.

Pero, ¿en qué rayos estaba pensando? ¿Cómo podía querer que la besara?

-

Fuera Sesshomaru tenía los ojos cerrados, pensativo. Hasta que los abrió, enfocándose en su fiel guardaespaldas que estaba a su lado.

-Naraku dijo que me necesitaba.

-quiero que mañana vayas con Ken y Miyako a la ciudad y compréis nuevos vestidos para mi Perrita.

-¿vestidos? –pestañeando varias veces.

-y que sean elegantes, pero sin ser exagerados. Confío en el gusto femenino de Miyako. Supongo que no tendré que amenazarla para que haga bien el trabajo, ¿no? –mirándole con una sonrisa siniestra.

-no… claro que no… -contestando apurado- pero… Dog-sama, ¿por qué Ken tiene que ir también?

-despertará menos la atención si una mujer va acompañada de SU chico, que una mujer con chófer. –haciendo alusión de que Jaken sería el conductor y criado de la chica de gafas- no quiero que haya problemas, ¿entendido?

-por… claro que no… -contestando de inmediato.

-bien, ve y cumple lo que dije y avisa de que nadie me moleste. –tomando una dirección que llevaba a las escaleras.

-Dog-sama, ¿es que va a ESA sala? –indagó Jaken.

-hay una nueva misión que solo los líderes del Dead Moon deben cumplir. –fue su respuesta antes de perderse escaleras abajo.

Jaken tragó saliva observando como la ventana se cubría por completo de la blanca nieve que muy pronto estaría manchada de sangre.

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En la habitación de Wolf, se encontraba éste, el cual había llegado hace minutos dando instrucciones a las chicas de que se tomaran un pequeño descanso, para así quedarse asolas con la pelirroja. Pues su orgullo le impedía que ellas descubrieran su lado tierno. La pelirroja, aún encamada, se había alegrado al verlo y tuvo deseos de abrazarlo, pero el síntoma del resfriado hizo mella en ella. Su debilidad y la tos, provocó que volviera a cubrirse con las mantas de aquella gran cama que pertenecía a Wolf y ahora a ella también.

-¿cómo te encuentras? –sentado en la cama.

-un poco mejor. Pero… ¿y tú?

-¿Yo?

-bueno… duermes a mi lado… lo lógico es que tú también…

-mi voluntad es fuerte. –contestó despreocupado- la última vez que pillé la gripe tendría cinco años. Desde entonces no volví a tenerla, y eso que mi hermano la pillaba todos los inviernos.

-ya veo…

-Sora.

-¿sí?

-he oído que Rin y Sakura quieren verte. –la pelirroja se contrajo- pero tú no quieres recibirlas. ¿Creía que eran tus amigas?

-… -escondiendo el rostro apenada.

-no puedes estar escondida aquí indefinidamente. Y lo sabes. Vas a tener que encararlas, y si sigues posponiéndolo, acabarás por perderlas.

-tengo miedo… -acabó confesando entre lágrimas- las he traicionado… no tengo valor para mirarlas y ver sus rostros de odio y decepción por estar contigo…

-no creo que eso sientan, de lo contrario no irían hasta Sesshomaru y Sasuke para que me pidieran permiso. –la mujer le miró sin creérselo- por supuesto, ellos no me lo pedirían sin más, por lo que tuvo que haber algo para que pudieran ser convencidos. Rin ha dicho que haría lo que Sesshomaru le pidiese, por lo que deduzco que Sakura haría lo mismo. Han pagado un precio muy alto, solo para poder verte. ¿Crees que alguien que te odia haría eso?

-no… -contestó como si fuera una niña pequeña a la que le habían reprendido.

-en ese caso, daré el aviso de que mañana vengan. –levantándose- tú descansa.

-¿te vas?

-… descansa y no me esperes despierta... –dijo con toque misterioso.

O.o.O.o.O.o.O

-¿lo dices de verdad? –había preguntado una Sakura sorprendida.

-¿no era eso lo que querías? –contestó Dragon con otra pregunta.

-sí… claro… -bajando la cabeza, a medida que soltaba un hondo suspiro- bien, un trato es un trato, ¿qué quieres que haga?

El joven la miró detenidamente como si pensara lo que quería, tomándose su tiempo para que sufriera, pues desde el primer momento ya sabía lo que deseaba de ella.

-por lo que he oído, Jaken irá mañana a la ciudad con Ken y Miyako para comprar vestidos para tu pequeña amiguita. No estaría mal renovar también el tuyo, especialmente para estas fechas. Considéralo como un regalo de navidad de mi parte, por lo que tú tendrás que HACERME uno. Eso es lo que quiero.

-¿ha… hacerte un regalo? –cerciorándose de que había entendido bien.

-no puedes salir, por lo que no puedes comprarlo. Por cierto, puedes hacerlo con tranquilidad, que estaré hasta nochebuena fuera por 'cierto' asunto.

La forma en que había pronunciado ese 'cierto' le dio a Sakura que pensar. Aunque el hecho de saber que tendría que hacerle un regalo a ese dragón arrogante, hizo que se quedara extrañada de que le pidiera algo tan simple, pero difícil para ella. Pues las tareas domésticas no eran lo suyo. Así que, ¿qué podía hacer?

O.o.O.o.O.o.O

A la mañana siguiente, Gaara y Jaken escoltaban a Rin y a Sakura, pues esa era la orden los líderes Sesshomaru y Sasuke. Al parecer, desde ayer noche se habían internado en la sala especial de entrenamiento con una idea en mente, mientras que a ambos guardaespaldas les había tocado la misión de recaderos. Comprar vestidos para las dos chicas que tenían detrás. Todavía desconocían el porqué, pero fuese cual fuese la razón, tendrían que acatarla de todas maneras. Sin embargo, era esa curiosidad que les impedía dormir y el temor de que sus respectivos líderes las tomaran como SUS chicas, como había hecho el rubio. Eso supondría una gran debilidad en la organización y que los que no les eran tan fieles provocaran una rebelión.

Quizás era por eso que estaban entrenándose.

-bueno, aquí es. –parándose en la puerta que daba al interior del Wolf, donde estaba Temari como guarda de seguridad.

-Temari, quedan bajo tu cargo. –le dijo Gaara a su hermana, para marcharse acompañado de Jaken a cumplir el capricho de sus jefes.

Antes de que Temari las dejara entrar, les echó un vistazo y frunció el cejo molesta.

-ahora está sola y duerme. Cuidado con no alterarla que sino las broncas irán para mí. –las avisó.

-nosotras jamás la alteraríamos. –le respondió Sakura usando su mismo tono.

-Sakura…

-en todo caso, -prosiguió la Haruno- tus amiguitas de seguro que lo hacen. Pues deja que te advierta rubita, si veo a Sora ALTERADA, juro que te haré una nueva cara.

La rubia se quedó parada, pues por unos instantes le pareció que era Dragon el que le hablaba. Su amenaza y su firmeza sonaban como la del Uchiha. Acaso, ¿el tiempo pasado con él, habían provocado que la chica adquiriera sus manías?

-Sakura déjalo. Temari-san jamás haría algo como eso.

Y nuevamente sorpresa, confusa miró a la joven que al contrario que la Haruno, le sonreía abiertamente.

-ella puede tener algo de genio, pero en el fondo no es mala. –continuó la joven.

Después de eso, Temari se quedó quieta repasando la actitud y palabras de ambas.

En definitiva no encajaban en el perfil que se había creado de ellas, pues era la primera vez que tenía tanto contacto con ambas. Eran personas que se preocupaban por los demás, lo que precisamente no abundaba en ese mundillo. Y aún tenían energías para sonreír con naturalidad cuando habían pasado un verdadero infierno.

Realmente aquellas chicas eran admirables, no como ella que siempre estaba con el cejo fruncido por culpa de las VIP. Esa era su tapadera para no lamentarse en un rincón como hacía Miyako en ocasiones.

-

Dentro de la habitación, Sakura y Rin observaban nerviosas como su amiga estaba en cama, durmiendo plácidamente con la única luz de la lamparita de mesa. El cuarto estaba completamente cerrado con persianas, por seguridad y para que la mujer durmiera mejor.

Ante lo visto, ambas perdieron el coraje y solo pudieron quedarse paradas, preparándose para qué decir cuando despertara. Por supuesto, no era una regañina, solo querían volver a estar con ella como antes. A las dos, les daba igual su decisión, lo que había hecho. Pero recordar que no les había querido recibir, alimentaba ese pequeño temor que habían tenido guardado y les carcomía el alma. Temían que las influencias la contaminasen y se convirtiera en una mujer egocéntrica e hipócrita como las VIP.

Al decir verdad, esa había sido la razón principal, por la que habían ido hasta los dos líderes.

Antes de que pudieran estar preparadas, Sora fue despertando como si sintiese a alguien. Al abrir los ojos y encorvarse para tratar de quiénes eran, se quedó como ellas.

Sabía que hoy vendrían a verla, pero no las esperaba tan temprano. De hecho, como ellas, tenía su propio temor. Aunque Yamato intentase convencerla de lo contrario, el sentimiento negativo continuaba ahí, dentro de ella.

El ambiente se volvió tenso e incómodo. Sin que ninguna pudiera decir algo. Cada una metida en su mundo, y eso ayudaba a que el miedo creciera más. Sino habían palabras, sino había buen ambiente, ya nada volvería a ser como antes.

Pero, ¿quién de las tres tendría el valor para decir algo? Pues solo terceras personas sabían que estaban muy equivocadas. Que su temor era mal infundado.

Así transcurrieron las horas, sin decir nada, sin moverse, hasta que sin darse cuenta la puerta sonó. Sora temerosa de dar el permiso, como propietaria también de la habitación, no dijo nada, solo dejar que el de fuera volviera a tocar, obteniendo lo mismo, por lo que tocó con más insistencia, hasta que al final el propietario abrió la puerta preocupado, aunque más bien, preocupada, ya que se trataba de Temari, seguida de la rubia Orimoto, que estaban blancas como el papel.

Ambas rubias observando que todo estaba bien, que ELLAS estaban bien, soltaron un suspiro de alivio.

-gracias a Dios. –murmuró Izumi- Sora-sama, ¿por qué no contestaba?

¿Sora-sama?

Se preguntaron Rin y Sakura a la vez que miraban a la pelirroja, la cual había agachado la cabeza, imaginando lo que estaban pensando. En otras circunstancias, reprendería con suavidad de que dejara de tratarla con respeto, pero ahora…

La rubia Izumi observó su estado de abatimiento, lo mismo que Temari. Pero Orimoto, que había estado casi todo el tiempo con ella, que le había cogido cariño por la bondad que la pelirroja poseía, no pudo evitar callarse y acusar a las dos jóvenes.

-¿qué le habéis hecho a Sora-sama? Informaré de su estado a Wolf-sama ahora mismo.

-¡no Izumi! ¡Espera! –habló Sora desesperada- ellas no han hecho nada.

-entonces, ¿por qué está tan triste?

Si pudiera, Sora agachó más la cabeza, apenada, con el alma por los suelos.

Temari se fijó en ello, así como en las otras dos que estaban igual, por lo que no lograba entender lo que ocurría. Ayer, las dos chicas estaban desesperadas en hablar con la pelirroja y ahora lucían disgustadas.

-pero, ¡¿qué os pasa?! –exclamó Temari molesta- vosotras os llevabais bien, ¿acaso os molesta que Sora-sama sea ahora una de los nuestros?

-eso es ser hipócrita, porque vosotras técnicamente lo sois. –habló ahora Izumi hacia Rin y Sakura- sobre todo tú Rin que lo eres desde hace años. Y tú Sakura, he oído que tras enterarte lo que tu marido te hizo, estás del lado de Dragon-sama.

-¡por supuesto que no me molesta que se haya pasado al otro bando! –espetó la pelirosa- solo… -cortándose.

-¿solo…? –apremiando a que continuara.

-…solo que a pesar de todo, ¿sigues siendo amiga nuestra? –finalizó Rin.

-¡por supuesto que sí! –exclamó la pelirroja sorprendida- yo… yo creí… que eráis vosotras las que no… que me odiabais por haber aceptado el estar aquí… pensé que me echaríais en cara mi idea de huída y suicidio… sobre todo tú Rin…

-nunca lo haría. –contestó la mencionada.

-¿cómo pudiste pensar que te odiaríamos? –preguntó Sakura ahora contrariada.

-por lo que veo, de la misma manera que vosotras lo pensabais. –dijo Sora para acabar riendo por pensar estúpidamente.

La risa fue contagiada por las otras dos, mientras que Temari e Izumi se miraron con una sonrisa, comprendiendo que de alguna manera, gracias a ellas, aquellas tres chicas volvían a estar como antes.

-disculpe Sora-sama, -interrumpió Izumi el buen ambiente muy a su pesar- aquí le traigo la comida y la de ellas también. Órdenes de los líderes. Con permiso. –dijo después dejando a las tres chicas solas para que pudieran hablar con comodidad.

Y fue cerrar la puerta, para que aquellas escenas donde las tres se lo pasaban bien, se repitiera, siendo el primer tema, el estado de Takenouchi.

Así se la pasaron toda la tarde, hasta que Jaken y Gaara habían llegado por Rin y Sakura respectivamente. La extrañeza despertó en las tres mujeres, sobre todo cuando vieron el reloj marcar las dos de la madrugada y que los tres líderes no aparecieran todavía.

-¿dónde está Yamato? –preguntó Sora a sabiendas que a ella le darían una respuesta sin vacilar.

-Wolf-sama nos ha dicho que le comunique que estará ausente hasta la nochebuena. –apareciendo Kouji al lado de los otros dos guardaespaldas.

-¿ha salido?

-no, se encuentra aquí. Pero ha pedido que absolutamente nadie les molesten.

-eso quiere decir, ¿qué Dog y Dragon están con él?

-así es. Por cierto, también se nos ha pedido que les comuniquemos que hasta entonces, las tres estén juntas todo el tiempo que deseen y caminar por el local con libertad si lo desean.

-¿pueden quedarse aquí? –preguntó Sora esta vez con un brillo de alegría.

-si esas son sus órdenes. –contestaba Kouji a todas sus preguntas sumiso. Pues como guardaespaldas de Wolf, tenía que tratar de la misma manera a SU mujer.

-¡genial! –contestó Sakura feliz al pensar en la noche de SOLO de mujeres que tendrían.

-oye mocosa, ¿dónde quieres que te deje los vestidos que se te han comprado? –preguntó Jaken sin respeto. Pues hasta que Dog no le dijera lo contrario, no tenía que tratarla como a la pelirroja.

-¿vestidos? –repitió Sora con la mirada puesta en la adolescente esperando una explicación.

-es parte del trato. –explicó con brevedad.

-¿de qué me suena? –murmuró Sakura con rabia, observando que los tres líderes solían tener la misma idea.

-eso quiere decir, ¿que a ti también? –preguntó Sora emocionada.

-ah… sí…

-¿se ha comprado también los de Sakura?

-por supuesto. –contestó el pelirrojo guardaespaldas de Dragon.

-tráelos. –ordenó con una sonrisa ante las miradas confusas de sus dos amigas- vamos a jugar a 'Pretty Woman'.

De esa manera, la habitación de Wolf se convirtió en una fiesta, donde cualquiera que conociera el lugar, pensaría que esa no era la guarida del Dead Moon, por las risas y la felicidad que desprendían.

Claro que en el sótano las cosas eran muy diferentes. No había alegría, sino miedo. No había buen ambiente, sino sangre. No había sonrisas, sino falsas y malignas.

En medio de la sala, los tres líderes con sus torsos desnudos llenos de sangre, sujetando armas desde una espada hasta un cuchillo, les rodeaba un río de cadáveres, los cuales habían tenido una muerte brutal y lenta.

-la venganza es un plato que se sirve bien caliente, sobre todo en invierno. –dijo Yamato despachando a la última víctima.

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24 de diciembre, 11:00 AM

La mañana de nochebuena amanecía con calma, con la gente haciendo las compras de última hora apurados. Muchos aún llevaban en sus bolsas los regalos de navidad que antes no pudieron comprar. Los dependientes atendían sonrientes y felices, contagiados de la alegría navideña. Otros daban un paseo para contemplar los preparativos, mientras que los más pequeños jugaban divertidos con la nieve.

En medio de tanta felicidad, se provocó una explosión llevándose a decenas de civiles. El pánico inundó toda la calle, los niños empezaron a llorar, el color negro y el rojo del fuego sustituyó a la blanca nieve. Un minuto después, otra explosión se produjo muy cerca de la zona sembrando el completo caos.

En una casa, lejos de aquellas explosiones, un moreno despertaba sin ganas de querer ir a trabajar, incluso en nochebuena. Por fortuna, solo tendría que hacer turno hasta las ocho de la tarde, y después podría regresar a su hogar y pasar una feliz nochebuena con Catherine.

Pensar en ese hecho, hizo que sonriera y medio adormilado estirara el brazo buscando el calor de aquella mujer. Sin embargo, al tocarla sintió algo viscoso. Con la poca luz que presentaba la habitación, llevó su mano hasta la poca visibilidad que le daba la calle. Sin poder ver nada, y resultándole aquel tacto tan familiar, se enderezó para encender la luz.

Lo que vio después hizo que soltara un grito de terror al ver a la mujer con rostro pálido, ojos abiertos de miedo y lo que hizo que le entrase arcadas, su pecho estaba descuartizado, pudiendo verse sus órganos internos. Viendo aquel cadáver en semejante descomposición, recordar que estuvo durmiendo con eso, no pudo evitar vomitar del asco.

-buenos días Taichi-kun. –dijo una voz burlona al frente pero reconocida.

Jadeante, miró al frente donde sentado con el mismo altivo que un rey, se encontraba Wolf con dos hombres de rostro tapado con unos pasamontañas.

-¡Wolf! Tú… tú… -señalándole con el dedo tembloroso- tú… ¡¿qué has hecho?! –rugió con fuerza.

-venir a desearte unas feliz navidad. –contestó tranquilo.

-¡maldito cabrón! –saltando hacia él, pero los dos compañeros de Wolf se adelantaron sujetándolo uno a cada lado.

-no te pongas tan malhumorado en este día. Hay que estar felices. Aunque a ti te ha sobrado cuando estabas con esa rubita. –mirando el cadáver de la chica- realmente eres muy simple si pierdes la cabeza por la típica chica rubia de ojos azules…

-¡cabrón…! –pero uno de los que le agarraban le asestó un puñetazo en el estómago.

-no le hagas mucho daño. Quiero que viva, que recuerde que nosotros aún estamos aquí sembrando el terror y el miedo. Que no se relaje en los laureles, sino quiere que su querida Sora acabe en el mismo sino.

-¡TÓCALA Y TE ARREPENTIRÁS! –bramó el moreno.

-y tanto que la toco. –contestó con una sonrisa de triunfo- su cuerpo ha perdido toda su inocencia, aunque eso ya lo sabes. Pero… -levantándose para acercarse y así situar su boca cerca de su oído de manera que solo le escuchara él, como si le contase un secreto- pero querido Taichi, ¿a qué desconocías que no solo la he tocado, sino que la he besado en partes que para ti te serán vedadas? ¿A qué desconocías que tiene un lunar cerca de esa parte baja donde mi miembro la ha invadido una y otra vez?

-¡MALDITO…! –intentando zafarse, pero volvió a ser golpeado, esta vez por el propio Yamato.

-que esto te quede claro. Por mí, acuéstate con las putitas de turno y descuida tu trabajo, después no te lamentes por no haber impedido la masacre en medio mundo. –esas palabras cogieron por sorpresa a Taichi y como si Yamato le leyera la mente, con el mando a distancia, prendió la televisión donde se veían las noticias matutinas.

-

-"una nueva bomba ha estallado en el sur de China. Con estas ya son más de quince bombas, donde cinco de ellas han estallado en Japón, en la ciudad de Odaiba. Las víctimas alcanzan los miles y se presume que este atentado terrorista es obra del Dead Moon…"

-

Taichi miró aterrorizado al rubio que sonreía con los ojos brillándole como si tuviera a la más suculenta de sus presas a solo un mordisco.

-bonito festival de fuegos artificiales, ¿eh? Es solo un recuerdo de nuestra parte para crear una nueva historia en los libros de texto y nuestra manera de decir, 'Feliz Navidad' –y volvió a golpearle con tanta fuerza que lo dejó en el suelo quejándose de dolor- procura no olvidar quiénes somos, tu peor pesadilla de por vida. ¡Vámonos! –ordenó a sus dos compañeros.

O.o.O.o.O.o.O

En una casa de Japón, un hombre acompañado de su mujer observaban las noticias incrédulos.

-Inuyasha… -dijo la mujer con compasión.

-¿por qué lo han hecho? No… no puedo creerlo… ellos… -llevándose las manos a la cabeza desesperado.

-Inuyasha… -decía Kagome sin saber que más decir.

-otosan… -habló su hija Kanna animada- mira tío Sesshomaru ha venido y me ha traído un regalo.

Eso asustó a la pareja que se pusieron de pie mirando al peliblanco con temor y recelo. Éste sin embargo se mantenía inmutable, de vez en cuando miraba a la pequeña que feliz alternaba sus ojos negros en la muñeca regalada y su tío.

-solo he venido a decirte que todo esto tuvo un propósito, pero por nada en el mundo lastimaría a nuestra familia. –y con esas palabras se fue sin dejar rastro, igual que la brisa del viento donde solo puedes percibir su intromisión por segundos.

-Inuyasha… -volvió a decir Kagome.

-aunque muchas familias han quedado destrozadas… sigue siendo mi hermano y vela por mí… -mirando a su hija que tenía una alegría nunca vista- haga lo que haga creeré en él.

O.o.O.o.O.o.O

En Francia, un rubio observaba también la televisión con expresión seria. En la ciudad de al lado, habían estallado una de las bombas.

Él, como ex miembro del Dead Moon, reconocía que era obra de la organización.

Sin embargo, no entendía porque su hermano, en esa fecha, había actuado tan fríamente, tan macabramente. Eso lo asustaba, porque lo único que conseguía era provocar descaradamente a sus enemigos, la policía.

Quería coger el teléfono y llamarle. Preguntar porqué lo había hecho. Pero temía que el tal Daisuke le descubriera y peligrar a la organización.

-nisan… cuídate mucho… -mirando al lado, donde había un pequeño árbol de navidad y a los pies una foto familiar tomada hace tantos años que parecían siglos- feliz navidad Yamato, feliz navidad chicos… -susurró esperando que las palabras se las llevara el viento y pudieran escucharle.

O.o.O.o.O.o.O

En China, en un callejón oscuro, se encontraban tres sombras. Dos de ellas eran bastante altas, mientras que la del otro representaba la figura de un joven.

-¿por qué lo habéis hecho? –preguntó uno de los hombres altos.

-fue el capricho de Yamato de su venganza. Si él va a ayudarme con la mía, no le voy negar yo la suya. –se escuchaba la voz de Sasuke grave.

-pero eso ha puesto incluso a los Akatsukis más activos. La bomba colocada en la capital se produjo en una de su guarida. De hecho, Pein ha incentivado a los otros con dinero si cazaban tu cabeza.

-¡hn! eso no me interesa. Kisame ¿has averiguado por qué el Akatsuki quería a mi hermano en sus filas?

-no. Aunque se rumorea que le chantajearon.

-¿chantaje?

-yo solo sé que cuando entró, estaba ido, como si perdiera el alma.

-sigue investigando. Y tú Kakashi, necesito que también investigues sobre una chica.

-ahh… pero ya tengo suficiente lío con lo que me ordenaron, además seguro que le sumarán el asunto de la bomba y Shikamaru es perezoso. –el chico le miró gravemente- oh, está bien… haré lo que pueda… -repuso cansado.

-se trata de la hermana de la Haruno que tengo. En su historial forense dice que fue suicidio, quiero que compruebes que tan cierto es esa teoría. Ahora me marcho.

-¿ya? –pregunto Kisame.

-tengo un trato que me tienen que cumplir. –dijo como respuesta y con una sonrisa esta vez juguetona.

O.o.O.o.O.o.O

24 de diciembre, 10:45 PM

Yamato entraba a su habitación donde dentro estaba SU mujer leyendo apacible, y al parecer curada del resfriado. Nada más verle, la pelirroja se alegró y se echó a sus brazos. Tal como había ordenado, Sora no había salido de la habitación, y así no descubriría la atrocidad que había hecho. Sabía que de saberlo, la perdería, y con el trabajo que le había costado tenerla para él, no iba a echarlo todo por borda.

-¿a dónde has ido? Has estado fuera demasiado tiempo.

-tenía que hacer unas visitas. –y no era mentira- hasta que amaine la tormenta no saldré de este local.

Sora atribuyó que se refería al tiempo, ya que empezaba a caer una fuerte nevada que obligaba a que la gente se mantuviera en sus casas bien abrigados.

-oye… ehm… quería darte algo… -despegándose de él para dirigirse a la mesilla, donde Wolf se percató de que había un paquete pequeño envuelto en papel de regalo- feliz navidad. –entregándoselo con un leve rubor.

La cara de Yamato fue la de la sorpresa, pues no se esperaba que ella le regalara algo.

-es que… bueno… como por mi culpa, Rin y Sakura se han visto obligadas a hacer un regalo, pues pensé que tú también tenías derecho…

-gracias. –contestó con una pequeña sonrisa recibiendo aquel paquete.

Sora no pudo más que sonreír por lo que Yamato no pudo evitar pensar en todo lo que había pasado para que se mostrara de esa manera tan afectiva con él. Sus ojos azules bajaron hasta sus muñecas que todavía seguían cubiertas por la venda blanca. Observarlas hizo que lo ocurrido en esa mañana no le fuera suficiente. Quizás debería de haber torturado al jefe de policía Yagami. Pero ahora salir, supondría su tumba.

-neh Yamato, tienes mala cara, ¿te pasa algo?

-no es nada. –tranquilizándola- bueno, veamos tu regalo. Yo también te tengo uno, que durará toda la noche, así que espero que estés bien descansada. –agregó con una sonrisa seductora que puso las mejillas de Sora calientes al comprender aquella insinuación.

-

En otra habitación, en la del líder mayor, Dog, éste entraba con un pequeño obsequio en su única mano que había llamado la atención de Rin.

-¿acaso has olvidado lo que te he pedido?

-oh… lo… lo siento… -intentando sonreír, ya que una cosa era mostrarse natural, pero otra a forzarse.

Sesshomaru soltó una bocanada de aire, como si pudiera leerle la mente.

-toma esto, a ver si te alegra.

-¿es para mí? –preguntó asombrada recibiendo aquel regalo.

-no hay nadie más en esta habitación.

-vaya… muchas gracias… -mirando con atención aquel paquete cuadrado con forma plana.

-¿a qué esperas? ¡Ábrelo! –dijo más bien como orden a cumplir, que como persona impaciente que desea saber lo que le parece su regalo.

-ah… de acuerdo… -y ante la mirada escrutadora de Dog, el cual la observaba de arriba hacia abajo provocando en la joven cierto nerviosismo, desenvolvió con dificultades el papel de regalo. Una vez que descubrió su contenido, se quedó de una pieza- yo… yo… -mirándole con sorpresa para parpadear varias veces y verificar que lo que tenía en sus manos no era una ilusión- yo… yo… no… no puedo aceptarlo… -con sus manos estiradas para que lo cogiera- lo siento… es que… no entiendo porqué me hace un regalo como ese… y yo… de verdad no puedo aceptarlo…

Lo raro fue que Sesshomaru cogió aquella cajita dejando a Rin con la paranoia de que quizás lo habría molestado. Pues no todos los días recibía un regalo de Dog. Pero es que un collar de diamantes no era cualquier regalo.

-no entiendes nada. –rodeándola hasta situarse a sus espaldas- he mandado que te compraran buenos vestidos en pago por haber sido una niña buena. –decía entre susurros que le provocaban escalofríos en la piel femenina- El collar no es más que una simple baratija en agradecimiento por haber cuidado de mis perros. –con su única mano se lo puso delante con el ademán de que se lo colocara.

Como si estuviera hipnotizada ante esas piedras de esmeralda, lo cogió entre sus manos para colocárselo ante la satisfacción del peliblanco quién sonrió.

-todo eso en conjunto te hace una mujer hermosa. –acariciando con sutileza la tela del elegante vestido verde que portaba sin llegar a tocarla directamente.

Escuchar esas palabras era como creer que estaba metida en un sueño. ¿Desde cuándo Dog intentaba seducirla si hacía con ella lo que se le antojaba? Extrañada se fue girando lentamente para mirarlo a esos ojos dorados en busca de una respuesta. Pero solo obtuvo inexpresión. ÉL era muy bueno ocultando sus emociones. Y ahora estaba más que intrigada en saber qué demonios pretendía, porque en lo poco que llevaba con ÉL, solo había aprendido que todo lo que hacía era con un propósito y nunca nada bueno.

-habíamos acordado que en estos días te quería alegre. –reprendiéndola al verla con ese rostro tan largo y dubitativo.

-ah… gomen… -tan pronto como estaba inexpresivo como cambiaba a estar furioso. Y cuando así era, el temor la rodeaba. ÉL era un gigante frente a ella. Así que, ¿cómo no sentir miedo?

Bajando la cabeza, fue incapaz de mirarle hasta poder acatar su orden de sonreír, aunque fuese forzado.

-ven. –cogiéndola de la mano, sintiendo su tacto frío como el tiempo que hacía en el exterior.

Sesshomaru la condujo hasta la ventana haciéndole señas de que observara el cielo. Con una mueca de interrogante, ella le obedeció y al contemplar como los copos de nieve caían lentos pero con elegancia, la sonrisa acudió a sus labios, viendo tan hermoso espectáculo. La nieve caía sin la fuerza del viento. Una canción imaginaria los envolvía de manera que aquellos copos danzasen como si bailasen un vals.

Rin pudo escuchar aquella melodía, por lo que cerró los ojos con las manos sobre su pecho tarareando esas canciones tan tradicionales en épocas navideñas. No se percató de que tenía un público demasiado atento y que le había rodeado el hombro con su mano, a medida que miraba el cielo inexpresivo. Todavía lo veía de rojo como aquella mañana donde muchos no celebrarían alegremente la nochebuena.

O.o.O.o.O.o.O

Con la altivez de un rey, así había entrado el menor de los Dead Moon a su habitación deseando a la pelirosa que allí habitaba una feliz navidad. No hacía falta describir el rostro de Sakura que era el de la indignación. Pues Dragon había empleado aquel tono que ella odiaba. Creyéndose el dios del planeta con su arrogancia de complemento.

-¿qué pasa? Estamos en navidad, hace tiempo que no nos vemos… deberías estar algo alegre, ¿no?

¡Genial! El presuntuoso Uchiha Sasuke, uno de los líderes del Dead Moon volvía a usar ese comportamiento tan molesto con ella.

-por cierto, bonito vestido. Se nota que Miyako no es de las que andan justitas de ropa como otras que yo me sé. -¿cómo debería tomar eso? se preguntaba Sakura- bueno, ¿y dónde está mi regalo? –mirando hacia los alrededores en busca del papel de regalo que lo llevara a deducir que era para él.

-los regalos se dan en el día de navidad. –contrariándolo.

-en mi casa se daban en la noche de nochebuena para que durmiera tranquilo después.

-con razón así acabaste de caprichoso y consentido. –murmuró por lo bajo.

-mi regalo. –dijo simplemente como demanda.

Con un suspiro, Sakura sacó de su bolsillo un pequeño envoltorio color rojo. Sin mirarle, con un ligero carmín se lo tendió. El Uchiha al cogerlo, lo analizó con una mueca algo rara.

-es pequeño. –se quejó.

-¿y qué esperabas? –cruzándose de brazos más molesta- una no puede hacer un GRAN regalo en un periodo de tiempo tan corto, sobre todo si hay que hacerlo.

-bueno, pues entonces me regalarás también el estar TODA la noche unidos.

-¿toda la noche? –repitió a medida que se giraba a mirarle con los ojos desorbitados.

-espero que hayas descansado bien, porque no te voy a dejar dormir. –avisaba mientras quitaba el lazo que tenía envuelto aquel pequeño regalo.

Sakura no protestó, más bien estaba interesada en saber lo que le parecía su regalo a aquel Uchiha. Pues había tenido que pedir ayuda a Sora y esforzarse para hacer aquello en condiciones. Por lo menos se merecía un pequeño halago, pero que viniese de Dragon, las posibilidades eran nulas.

-¿qué es esto? –preguntó Sasuke cogiendo con dos dedos una bolita de color marrón oscuro.

¿Podría acaso estar más molesta? Pues sí. Admitía que la cocina no era lo suyo, que la repostería no era su especialidad. Pero cualquiera distinguiría un chocolate aunque no estuviese en PERFECTAS condiciones.

-se le llama chocolate o bombón.

-esto… -arrastrando las palabras con todo el descaro- ¿es una porquería de esas?

-vale, no me salió bien. –roja de vergüenza- pero si esto alimenta tu ego, no sé cocinar ni tejer que es lo único que puedo hacer como regalo aquí encerrada.

-no me gustan los dulces. –explicándole el motivo de su cara de asco. Soltando un suspiro de desagrado volvió a observar aquel chocolate notándole el quemado por ciertos lados. A golosos del chocolate, les tendría mala pinta y sin querer probarlo, pero para Sasuke todo lo contrario.

Decidido, y ante la confusión de la chica, le dio un mordisco, tomándose su tiempo para saborear su paladar.

Su rostro de asco fue desapareciendo para dar a uno bastante aceptable.

-¿no dijiste que no te gustaban los dulces?

-… -dándole otro bocado para después hacerle señas para que se sentara sobre sus piernas.

Sakura se quedó quieta, con un lío mental sobre si con ello se aprovecharía para hacer de las suyas.

-no te voy a comer. –habló viendo que no le hacía caso- no, de momento. –refiriéndose a lo que esa noche disfrutaría.

Y con la cara roja pero esta vez por aquella insinuación, se fue acercando hasta hacer lo pedido. De reojo, observó como había acabado el primer bombón y la miraba fijamente.

Repentinamente, sin previo aviso, Sasuke la cogió acercándola más a él para besarla profundamente, insertando su lengua, acariciando la suya, aprovechando la sorpresa de la Haruno.

Al separarse de ella, acomodando la espalda sobre la silla giratoria, fijó sus ojos oscuros en su rostro demarcado por el asco. Llevándose una mano a los labios, Sakura no pudo evitar pronunciar.

-saben fatal. –sintiendo en su paladar el sabor del chocolate.

Y fue entonces cuando Uchiha Sasuke rompió a reír a carcajadas. Sakura volvió a molestarse, esta vez sin encontrarle la gracia. Pero ver a aquel chico reírse como otro cualquiera, hizo que se le contagiara y riera con él creando una atmosfera muy cómoda, donde cualquiera diría que aquella joven era prisionera de aquel hombre, el cual era un criminal peligroso que hace unas horas había matado a civiles con una de las tantas bombas activadas.

O.o.O.o.O.o.O

El espíritu navideño parecía haberse internado en los tres líderes del Dead Moon, que por primera vez desde hacía años gozaban de verdadera felicidad y alegría, pese a que fuera injusto por lo que ese día habían hecho, teniendo la consecuencia de que la policía se pusiera en más alerta, así como las organizaciones enemigas como el Akatsuki, que por culpa de esas bombas habían perdido algunas de sus guaridas.

Claro que eso los tres líderes ya lo sabían, por lo que ya se habían puesto manos a la obra para reforzar su medida de seguridad.

En dos sitios alejados entre sí, cuatro personas cogían el vuelo que les llevase a Japón, la ciudad donde sus líderes les estaban esperando pacientemente.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

¿Cuántos meses han pasado desde la última actualización? ¡Siete! Ejem, en definitiva no tengo perdón por esto, y sé que no es excusa, pero quería que este día coincidiera con lo ocurrido en este capítulo. Espero que no os haya decepcionado y os haya gustado. Como antaño, intentaré revivir este fic y actualizarlo lo antes posible. Por cierto, que el cap que viene será lemon (Sesshomaru x Rin) y al siguiente lemon otra vez (Sasuke x Sakura)

Muchas gracias por los reviews, y feliz navidad! Y si no actualizo antes de que acabe el año (espero que sí y con Unmei) pues, ¡hasta el año que viene!

'Atori'