Capítulo 25: El sol que brilla sobre la luna muerta

La bienvenida que había recibido Rin al regresar a lo que era su hogar, había sido sorprendente y cálida.

El personal que no había aparecido como apoyo del Dead Moon, manifestaron su preocupación ante la más joven y una de las miembros más importantes de la organización. En algunos se notaba que era para mostrar simpatía hacia los líderes, y poder congraciarse con ellos. Otros, como por ejemplo la hermana del guardaespaldas de Dragon, mostraban sentimientos sinceros. Sin embargo, a pesar de todo, Sesshomaru no estaba para que sus aliados se compadecieran de la muchacha. Había algo más importante y urgente que hacer. Y fue bastar para mirar a sus dos colegas líderes, quiénes habían entendido sus intenciones, ya que con un asentimiento de cabeza, Yamato le había dicho que en una hora se reunirían en la sala de juntas principal para hablar sobre aquel tema tan delicado. Una reunión donde todos los guardaespaldas, para tenerlos a ellos también precavidos, estaban convocados a asistir de forma obligatoria.

-¿De qué será el tema a tratar?

Había preguntado Miyako intrigada. Ella y el resto de los guardaespaldas, esperaban ansiosos a la llegada de sus líderes. Como buenos guardaespaldas, era normal que tuvieran que llegar antes de la hora acordada.

-Para reunirnos a todos, debe ser algo bien gordo –objetó su novio Ken tan curioso como ella.

-Y tan gordo debe de ser –dijo Izumi acercándose-. Parece que ni Kouji ni el resto de guardaespaldas principales sospechan de qué puede tratarse.

-Y tampoco las fuerzas especiales –añadió Temari, acercándose al grupo de guardaespaldas de Phoenix-. Yang le ha preguntado a mi hermano sobre eso –acotándolo, recibiendo un asentimiento por varios de los miembros de las Fuerzas Especiales.

-La verdad es que sino fuera por el Dead Moon, jamás sabría que existía una organización tan temible como el Shining Sun –dijo Miyako mordiéndose el labio inferior.

-Lo mismo pasa conmigo. Y que yo sepa, hasta ahora, nunca han cometido algún crimen importante que haya aparecido en las noticias donde ellos sean los autores –aportó Izumi sin comprender porqué de repente, aquella organización se hacía demasiado eco.

-¡Pues claro, mujer! Nuestros maravillosos líderes opacan al resto de organizaciones –alababa Jaken tomando despreocupadamente aquella conversación-. Nosotros somos más importantes que esa organización de tres al cuarto –añadió el hombrecito inflado de orgullo como si él fuese uno de los líderes.

Un carraspeo a sus espaldas bastó para que el hombrecillo sintiera un estremecimiento recorrer por toda su piel. Al ver cómo todos los guardaespaldas ocupaban celosa e inmediatamente sus lugares correspondientes, indicaba con toda claridad que tras suya estaban ni más ni menos que sus jefes.

-Oye, Sessh, cuando tu guardaespaldas se refiere a "nosotros" no estará hablando por él también, ¿no? –la voz burlona del máximo líder, congeló más a Jaken y a no atreverse a encararlos.

-A mí me dio esa impresión. Yo no sabía que teníamos un cuarto líder –seguía esta vez Sasuke con la broma.

Y las palabras del líder menor solo sirvieron para que Jaken reaccionase y se diera la vuelta, para postrarse en el suelo y pedir disculpas una y otra vez.

-Lo siento muchísimo, mis señores. Siento mucho lo que dije. No hablaba por mí. Por este hombre que no vale nada. Lo siento muchísimo. Lo lamento. Perdón. Perdón.

Pero el hombrecillo no escuchó respuesta alguna, sino que sus jefes con sus respectivas mujeres pasasen por su lado, como si ignorasen su pesar. Desconcertado, vio cómo sus líderes ocupaban su respetivo asiento, por lo que antes de seguir haciendo el ridículo y con la cara roja como un tomate, corrió hacia su lugar correspondiente.

En el camino, escuchó alguna que otra mueca burlona por parte de algún guardaespaldas, que no pudo saber quién era, pero que sin ninguna duda se trataba de una mujer. Después ya investigaría quién era. Ahora tenía que comportarse, o sino su respectivo líder lo designaría a vigilar las alcantarillas de por vida.

-Bien –fuera de bromas, Yamato se había puesto serio. Juntando las manos por encima de la mesa, miró a todos los presentes que estaban sentados a la mesa y a las personas que estaban detrás de ellos-, creo que será mejor para todos los que estamos aquí que sepáis quién es realmente el Shining Sun.

Daba la impresión de que sería una historia un tanto desagradable, o al menos para Sasuke, o esa le parecía a Sakura al mirar cómo tras sentarse, se había acomodado, adoptando un aire bastante desinteresado, como si no quisiese oír la historia. Por lo que Sasuke le había contado como prólogo, los miembros principales del Shining Sun habían entrado a sus vidas, mucho antes de convertirse ellos mismos en Dead Moon. Por curiosidad, miró también a Sesshomaru, el cual tenía la mirada perdida en la nada, donde no podía adivinar si estaría perdido en los recuerdos de su pasado o en el futuro de lo que el Shining Sun representaría para ellos. Pues era ver la cara extremadamente seria de Wolf para ver que podrían ser más peligrosos que su abuelo y la policía junta. Algo difícil de creer si tenían en cuenta las desgracias que Uchiha Madara había provocado en su familia y sobre ellos mismos. Su abuelo todavía seguía en paradero desconocido, y el Akatsuki no había recibido ningún mensaje de él. Era bastante inquietante, pero Sasuke le había prometido que lo capturarían y le harían pagar por todo el sufrimiento que había ocasionado a su familia.

-Deberíamos haberos contado antes sobre ellos –continuaba Yamato rompiendo los pensamientos de Sakura sobre su abuelo, por lo que prestó atención a la historia que narraría el máximo líder-. Pero cómo ya os habéis podido dar cuenta, son personas que actúan muy cautelosamente.

-Y cuando se les antoja –añadió Sasuke con desdén.

-Era obvio que tras llamar muchísimo la atención, ellos harían lo mismo para volver a despotricarnos –fueron esta vez las palabras neutras de Sesshomaru.

-¿Para volver? –preguntó Sora igual de confusa que el resto- ¿Es que ya han intentado acusaros de algo injustamente por su culpa?

La mirada de los tres líderes indicaba que así era. Algo que realmente nadie entendía, y Rin mucho menos. Incluso, a cada segundo que pasaba sentía una tremenda curiosidad en que contasen toda la historia con pelos y señales.

Su profesora Kikyo, la que había intentado matarla, había salido con ÉL en el pasado, donde Sesshomaru le había asegurado que no habían tenido la relación que ella pensaba, y al final, aquella mujer le había dado la puñalada, ¿por qué y cómo había sido? ¿Y cómo es que Wolf y Dragon estaban también involucrados?

Por lo que había visto en aquella vieja fotografía, tanto ÉL como Kikyo parecían tener unos dieciocho años, y según había oído, ÉL se había unido a Wolf y Dragon, cuando ellos estaban en el instituto.

No entendía nada de nada. Era como un puzzle donde las piezas no encajaban en el lugar que tendrían que ir.

-La verdad es que he de reconocer que en parte fue culpa mía por no detenerlos a tiempo y permitir que siguieran haciendo sus… … …"diversiones".

Concretó Yamato con ligera irritación. Cerró los ojos y silenciosamente, se tomó un par de segundos para calmarse, unos segundos que mantenían expectantes a los que lo escuchaban. Cuando los abrió, soltó un ligero suspiro y prosiguió.

-Nunca hemos contado esto a nadie, porque ha ayudado a mantener las apariencias de esta organización y de nuestros planes –con esa declaración, Sasuke abrió los ojos para mirar el centro de la mesa con gran pesadez-. Nuestro primer crimen, el que se dio a conocer ante la opinión pública, la de incendiar el internado donde estábamos Sasuke y yo, en realidad no fue obra nuestra, sino del Shining Sun.

Alguien soltó un quejido ante esa revelación tan insólita. Otros dejaron escapar un sonido de algo chocando contra algo, y las tres Three Worlds se encontraban boquiabiertas y hasta casi aliviadas, de que tan cruel crimen no fuese cometido por ellos en sus años mozos.

Dejando escapar otro pesado suspiro, Yamato empezó a contar la historia de cómo había sucedido, de por qué se les había acusado, y sobre todo, porque estaban involucrados tanto él, como Sasuke e incluso Sesshomaru. Una historia que los había llevado a llevar el título de criminales sin piedad.

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Hace aproximadamente nueve años…

-¡Me aburro! –fue la palabra que había dicho un pelinegro por segunda vez en tres minutos.

-Pues fúmate uno de estos, y ya verás como tu imaginación se dispara –le dijo un castaño tendiéndole algo que había tenido en los labios. Sus labios desnudos fueron sustituidos para besar a una hermosa chica que lo acompañaba, y que se dejaba hacer todo lo que el castaño le hacía.

-Takuya harías el favor de mantener esa clase de… cosas fuera de mi vista –pidió otro pelinegro con una sonrisa aparentemente gentil.

-¡Ni se te ocurra, Takuya! –denegaba el primer pelinegro, teniendo en sus labios lo que Takuya le había dado-. A Sena no le importa que la veamos, ¿verdad, Sena chan? –la aludida, en una sonrisa coqueta, le dio la razón al pelinegro permitiéndole que le tocara el muslo y algo más. El primer pelinegro sintiéndose satisfecho, se enfocó en el otro con superioridad-. Así que Sai si no te gustan las mujeres, vete con tu rollo raro a otra parte.

Sai perdió su sonrisa, para mirar seriamente a su acompañante. Para él, que tenía los gustos del otro lado, le repugnaba tener que presenciar cómo sus amigos se enrollaban con sus compañeras de internado, que pretendían hacerse las recatadas, pero que en el fondo buscaban eso y mucho más, sobre todo con ellos. Ellos, los más populares del internado, donde no existía chica que no fuese virgen. Aunque más bien era decir, que esas chicas buscaban a alguien en especial. Alguien que ahora mismo, se encontraba acostado sobre la hierba, protegido por la sombra de un frondoso árbol que estaba en la parte de atrás del internado, donde realizaban sus actos pecaminosos y prohibidos.

-Yamato –empezó Sai-, ¿podrías decirle a Takuya y a Kiba que no hagan esas cosas delante mía? Y de paso, podrías decirle a Kiba que respete mis gustos –mirando al pelinegro con malos ojos.

Un Yamato de diecisiete años seguía en su pose de no interesarse por lo que hacían sus amigos, y seguir en su estado de pereza. Odiaba ese internado en el que sus padres le habían mandado, y más que nada, odiaba que hubieran mandado a su querido e ingenuo hermano menor a contaminarse de aquel mal rollo como él lo estaba.

El internado Tsukishima era conocido por ser un internado para chavales ricos, donde se impartía los seis cursos de enseñanza secundaria. Sin embargo, a pesar de sus estrictas normas, muchos alumnos las rompían descaradamente, donde ningún profesor se atrevía a decirles nada. El poder de aquellos alumnos era tan grande, que temían que sus padres tomasen represalias contra los docentes. Así que lo mejor era ignorar lo que sucedía y dejar que aquellos chavales hiciesen lo que quisieran.

Cuando Yamato había sido matriculado hace cuatro años, había sido el objetivo tanto de chicos como de chicas. Pues su familia, la familia Ishida, era una de las más poderosas de todo Japón. Todos sus compañeros se le habían acercado por conveniencia, y las chicas no paraban de acosarlo y de seducirlo.

No era por presumir, pero tenía un físico bastante envidiable para el género masculino, donde incluso las profesoras pretendían acostarse con él.

Por su odio hacia aquel internado de conveniencia, que Yamato, como joven rebelde, se aprovechó a mala conciencia de todas las oportunidades que se le presentaban para hacer lo que le diera la gana. Incluso se llegó a acostar con esas profesoras calientes y deseosas de un cuerpo joven y hermoso. Y las chicas… si no se había follado a todas, poco le faltaba.

Lo único bueno que había encontrado en aquel internado era Takuya, su compañero de clase desde primer año, y mejor amigo hasta la fecha. Dos años después, se les habían unido Kiba y Sai, que eran de cursos inferiores. El primero era bastante directo y a tender a actuar sin pensar; Y el segundo, según la opinión de Yamato, bastante rarito por sus preferencias sexuales hacia los hombres. Aún así, mantenían una buena amistad.

Además, debido a su posición, como uno de los estudiantes más ricos del internado, Takuya y los demás lo veían como una especie de líder, donde casi todo lo que decía se cumplía a rajatabla.

-Takuya deja de manosear a Sena y tú Kiba respeta a Sai –repitió lo que le pidió Sai, solo para que lo dejara en paz y seguir vagueando.

-Vaya, Yamato –comentó Takuya asombrado, acatando sus ordenes, aunque no del todo, ya que no podía resistirse a besar a la chica-. Qué raro que hagas caso de lo que el maricón de Sai te dice.

-Maricón solo para los infelices anticuados, Takuya –objetó Sai con su sonrisa tranquila.

-¡Joder, Sai! ¡Desde luego, mira que eres rarito! –espetó Kiba.

-¡Ya está bien! –sentenció Yamato sentándose, donde la chica al ver más de cerca al más popular de todos los chicos, lo miró con ojos encandiladores, deseosa de poder acostarse con el rubio por tercera vez- ¡Está bien! –rindiéndose a sus compañeros, donde ya podía olvidar la siesta que iba a darse- Estáis aburridos, ¿no? –tras mirar a la chica, asomó una sonrisa arrogante-. Pues dejamos a Takuya pasárselo bien con Sena, y nosotros buscamos diversión en otro lado –levantándose y dejando frustrada a la joven.

Eso parecía interesar a sus amigos más jóvenes, ya que lo imitaron y siguieron sus pasos. Takuya, perdiendo el interés en Sena, tras ver cómo buscaba la atención de su mejor amigo, la dejó tirada, para acoplarse en la diversión de Yamato.

-Ni se te ocurra dejarme con esa putilla y divertirte sin mí –objetaba el castaño con una sonrisa maliciosa.

-¿Y qué es lo que tienes pensado? –preguntó Kiba expectante, deseoso de hacer alguna maldad de las suyas.

-Todavía no lo sé –reconocía el rubio, metiendo las manos en el pantalón de su uniforme.

Miraba para todos lados, en búsqueda de alguna idea para pasárselo bien. Era la hora del almuerzo, y bajo aquel tiempo primaveral tan bueno, muchos tomaban su comida en el extenso jardín que rodeaba aquel internado perdido en la mano de dios. Incluso, a lo lejos, pudo distinguir a su hermano, acompañado de una hermosa muchacha, que si la memoria no le fallaba era una de sus compañeras de clase. Ya no era la primera vez que lo veía con esa chica, por lo que algo le decía que debían ser más que amigos. Y teniendo en cuenta la personalidad de su hermano, tan opuesta a la suya, era lógico imaginar que acabaría teniendo novia antes que él.

-Oye –dijo Takuya, colgándose de su hombro-, no es ese de ahí tu hermanito –señalándolo.

-¡Oye! –silbó Kiba impresionado al ver la chica con la que estaba el pequeño- ¡Menudo bombón es la que está con él! –relamiéndose los labios, reconociendo como aquella chica una de las pocas que todavía seguían vírgenes.

-¡Basta! Ya os he dicho que el territorio de mi hermano es sagrado.

-Es una pena –repuso Takuya en bajo con cierto misterio-. Seguro que nos habríamos divertido mucho.

Sin embargo, cuando se trata de Takeru, Yamato parecía tener una especie de sexto sentido, ya que había escuchado perfectamente el comentario de su mejor amigo. Y al igual que una bestia enloquecida, cogió a Takuya por el cuello de su camisa blanca.

-¡Tocas a mi hermano o lo que es suyo, y te haré una cara nueva! –advirtió con un rostro que daría miedo, pero Takuya no lo expresó. Y eso enfureció más a Ishida.

-Tranqui, Yama. Solo bromeaba. ¿Crees que sería capaz de hacerle algo al hermanito que tanto quieres después de cuatro años de amistad?

La sonrisa sincera de su amigo, que por unos segundos había perdido el honor de seguir siendo su mejor amigo, tranquilizó a Yamato.

-¡Procura no volver bromear con eso! –advirtió soltándole el cuello de la camisa y prosiguiendo su camino.

Takuya se arregló su uniforme, pese a que lo llevaba a su gusto, y no bajo las reglas del internado de llevar la camisa por dentro de los pantalones, el chaleco reglamentario o la corbata tan sofocante. Quizás no proviniese de una familia tan rica como la de Yamato, pero tenía su importancia como el resto de alumnos, donde los profesores no le decían nada en cuanto a su vestimenta rebelde.

-Desde luego Takuya, solo tú tienes los huevos necesarios para bromear con lo único que Yamato aprecia –se burló Kiba.

-Solo quería indicar que sería interesante meternos con alguien. Takeru kun es el único chaval risueño e inocente en este internado. Si hubiese alguna otra víctima como él.

Yamato miró de reojo a su amigo. ¿Es que acaso había ideado meterse con alguien para divertirse?

-Yo conozco un objetivo interesante –la idea de meterse con alguien le gustaba mucho a Sai, donde tenía a alguien en mente-. Uchiha Sasuke, ese chaval tan antisocial que perdió a toda su familia –aportando como dato informativo.

-¿Uchiha Sasuke? –repitió Kiba sin sonarle de nada- ¡Ahh! ¿El imbécil ese que venía de una familia como la de Yama, y que al final toda su familia se fue a la tumba porque no lo aguantaban? –se mofaba, donde Takuya y Sai lo acompañaban. Yamato no, ya que no le encontraba el lado divertido del asunto.

Una cosa era meterse con la gente, pero otra muy distinta meterse con los muertos, como si carecieran de toda humanidad.

-Corren rumores de que ese Sasuke tiene un tutor loco que experimenta con él. Seguro que hasta se lo folla –volviéndose Sai a mofarse- ¿Qué opinas tú Yamato?

-No me interesa burlarme de una persona a sus espaldas –comentó seco.

-Pues vamos a humillar a ese emo antisocial –dijo Kiba tan excitado como deseoso de hacerlo ya.

-¡Paso! –decretó Yamato desinteresado, viendo que sus amigos habían encontrado un divertimiento del que él no compartía-. No me interesa meterme con una sola persona en grupo.

-¿Por qué? –comentó Takuya extrañado. Si Yamato se les unía, la fiesta sería más que divertida, así que trató por todos los medios de que se le uniera-. Total, aunque nos haga algo, él acabará perdiendo. Entre el poder que tienen nuestras familias, especialmente la tuya, nadie nos puede hacer nada –puntualizando.

-Simplemente que prefiero meterme con toda una clase que ir en grupo a por una sola persona. ¡Eso es de cobardes!

Su comentario molestó bastante a Takuya.

-¡Tú te lo pierdes! –decretó con sequedad, llevándose a Kiba y a Sai con él.

Yamato suspiró sintiéndose ahora aburrido. Miró su reloj de pulsera, viendo que aún tenía dos horas libres antes de que empezasen las clases de la tarde. Por lo que tenía que buscar algo con lo que matar el tiempo, y la verdad, es que con el asuntillo de sus amigos, se le habían quitado todas las ganas de echarse la siesta. Estaba muy desvelado y con tantas energías, que solo tenía ganas de una cosa. Y era sexo.

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Con la mirada puesta en la nada, Sasuke observaba cómo aquellos jóvenes de su misma edad se lo pasaban bien.

Él, por su parte, había conocido la desgracia y la tragedia a tan corta edad.

Hacía dos años que su hermano se había metido a una túrbida organización, y teniendo en cuenta la mierda de internado en el que estaba metido, no le extrañaría que fuese incentivado por algún compañero de clase o incluso por algún profesor. Y poco después, se había suicidado, yendo carretera abajo. Y por si no tuviera suficiente, semanas más tarde, sus padres habían tenido un accidente de coche. En el caso de sus padres, se había descubierto un fallo técnico que había sufrido el automóvil. Sin embargo, si lo hubiera pensado más fríamente, habría descubierto que era demasiada casualidad que toda su familia muriese casi de la misma manera.

Pero, estaba más enfrascado en la mierda de vida que tenía, que en pesar en asuntos complicados.

Estaba solo.

Se había quedado sin familia.

Y lo cuidaba un hombre loco, fanático de las serpientes y de experimentos raros, donde su cuerpo era objeto de ello.

Soltó una mueca, notando su brazo demasiado entumecido. No sabía qué mierda le había metido Orochimaru hace años, pero ahora empezaba a sentir algo extraño por su piel.

-¡Mira dónde estaba el famoso emo!

Sasuke levantó la vista, encontrándose con tres tipos, identificando a uno de ellos como su compañero de clase, el rarito gay, como lo llamaban algunos. Los tres venían con una sonrisa de superioridad y arrogantes, donde era fácil adivinar lo que pretendían.

-Si habéis venido a que os dé una paliza, no tengo ningún problema –después de todo, había asistido a clases de lucha y de defensa personal desde los ocho años. Su padre lo había enviado junto a su hermano como una obligación, dándole la impresión de que su padre tuviese la paranoica idea de que alguien pudiera hacerles algo malo.

-¡Ja! ¡El mariquita sabe pelear! –se bufó Kiba, preparando sus puños.

Sasuke entrecerró los ojos, y luego sonrió con la misma arrogancia que ellos.

-No me habléis de mariquita, cuando tenéis uno entre vosotros.

-Al menos, a mí no me la mete un loco de las serpientes. Supongo que por eso mataste a tus padres, para tener a ese maniático para que te la metiera todos los días.

Aquello sí que enfadó de sobremanera a Sasuke.

-¡Eres un don nadie que lo ha perdido todo! ¡Y como una puta buscas a tu tutor para follártelo y seguir manteniendo tu sustento! –se burlaba Takuya.

Sasuke ya no pudo soportarlo más y se abalanzó sobre ellos.

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Desde la ventana del tercer piso, Yamato tenía una buena vista de cómo sus amigos habían rodeado al tal Sasuke, y cómo tras un intercambio de palabras (seguramente toscas), se habían liado a tortazos. Lo lamentaba por el Uchiha, pero no podría hacer nada contra Takuya y los otros. Aunque no lo parecieran, estaban muy especializados en el arte de la lucha, principalmente Takuya y Kiba.

-¿Qué miras? –le dijo una mujer un poco más mayor que él, abrazándolo por la espalda. Viendo el espectáculo de pelea, sonrió divertida-. Veo que tus amiguitos se lo están pasando bien con ese chico –lamiéndole el cuello y toqueteando su pecho desnudo con la punta de las yemas tratando de excitarlo.

-No creo que el chico se lo pase bien –objetó Yamato viendo cómo Sasuke empezaba a retroceder. Dos expertos contra uno, por muy bueno que fuese el Uchiha sus amigos tenían demasiada ventaja. Y si eso le sumamos un tercero que usaba trucos sucios, más tenía Sasuke las de perder.

-Vamos, Yamato. Olvídate de él. No viniste aquí en búsqueda de tu propia diversión.

El rubio sonrió irónico.

-¿Y qué pasaría si alguien necesita de tus cuidados como enfermera, Kikyo?

-La puerta está cerrada con llave. Imaginarán que me habré ido a comer –le respondió Kikyo restregándose contra él, y desabrochándole el botón de sus pantalones y metiendo la mano.

-No me haría ninguna gracia que apareciera de repente ese novio mafioso tuyo y descubriera que su descarada novia se lo monta con estudiantes y algún que otro profesor.

-¡Ohh! No te preocupes por el imbécil de Sesshomaru. Ahora mismo está más centrado en hacerle la vida imposible a su medio hermanito –agregaba divertida.

Yamato rió por su comentario, y le prestó atención a aquella mujer adulta, donde muchas veces había acudido a ella para entretenerse en sus ratos de necesidad sexual. Pues aunque tuviese chicas a las que buscar y follárselas, sabía que siempre tendría la disponibilidad de Kikyo a su alcance, a cualquier hora y en cualquier momento.

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Los días seguían pasando, y todo se había vuelto demasiado rutinario para los amigos de Yamato. Habían tomado a Sasuke como víctima para meterse a cualquier hora del día. Sasuke se defendía, pero pese a lo que había aprendido, no daba ganado a aquellos tres que se aprovechaban de cualquier descuido para dejarle con la cara completamente morada o con alguna costilla rota. Debido a su orgullo, no reconocía que aquellos golpes eran provocados por aquellos tres imbéciles, que se regocijaban de su poder. Y por culpa de ese orgullo, a veces, hasta los buscaba para cobrarse su venganza. Y el resultado era siempre el mismo.

En los ratos en que Yamato estaba con Takuya y los demás, tenía que joderse y escuchar como sus amigos le contaban lo muy humillado que dejaban al Uchiha, y cómo seguían burlándose de su condición familiar y social.

-Seguro que su tutor le aplica un método de lametones en sus heridas y el muy masoquista lo disfruta. Por eso nos pide que lo machaquemos más –se bufaba Kiba tan divertido, donde había encontrado algo con lo que entretenerse hasta la graduación.

Yamato, por su parte, seguía sin parecerle bien lo que sus amigos hacían. Pero, tampoco era un samaritano que ayudaba a los demás. El tal Sasuke no era nadie para él, y si buscaba a sus amigos para pelearse, entonces es que era un subnormal. Especialmente, cuando no los delataba. Vale que no tendría nada que hacer contra las familias de Takuya y los demás, pero al menos, que tuviera dos dedos de frente, e hiciera algo coherente para detener aquel bulling, como cambiarse de escuela o lo que fuera.

-Yamato, deberías unirte, que ya verás que divertido es –lo animaba una vez más Takuya en su juego-. Contigo seguro que nos lo pasaremos mejor.

-Ya te he dicho que paso. No me interesa. Me entretengo mejor con otras cosas.

-¡Ah! ¡Ya sé! –comentó Kiba con picardía- ¡Con Kikyo chan! ¿Verdad?

Siendo un tema que a Sai le repudiaba, volcó toda su atención en la comida de verduras con pollo que tenía en su plato.

-Es la única que se abre de piernas a cualquiera –dijo Takuya con una sonrisilla-. Aunque se nota que es una puta de calidad.

-Llamar puta a Kikyo chan es ofenderla –objetó Kiba en su defensa-. Que Kikyo chan sabe cómo complacer en la cama.

-Eso no te lo niego. Si su novio se enterara, tendría la cara estampada en el suelo por vergüenza.

-Dicen que su novio es un mafioso. Si se entera de que Kikyo chan se folla a cualquiera, ¿nos mataría? –y aunque la pregunta debía ser inquietante, Kiba la decía con burla y sin miedo.

Yamato suspiró con fuerza. Ahora sus amigos tenían otra víctima de sus burlas. Estaba a empezando a cansarse de escuchar subnormalidades.

-¡¿Queréis callaros de una puta vez?! ! ¡Estoy hasta los huevos de que os burléis de la gente que no conocéis de nada! ¡Me importa una mierda lo que hagáis cuando yo no estoy, pero no me jodáis el día hablando de gente que no me interesa!

Las palabras de Yamato habían asombrado a sus amigos, incluso Sai había dejado de atender a su plato de comida para mirarlo con la boca abierta.

Asomando una sonrisa nerviosa, Takuya le dijo con toda tranquilidad.

-Está bien, tío. No te enfades. Nos guardaremos la diversión para nosotros.

Soltando un silencioso suspiro, Yamato regresó a su plato. Lo miró con desprecio, donde a pesar de la consideración que tendrían sus amigos de ahora en adelante, no tuvo ninguna gana de seguir comiendo. Y manteniendo el mal humor que tenía, se levantó de la mesa del comedor y tiró la bandeja al suelo de un manotazo, llamando la atención de todos.

Estaba cabreado y ahora mismo no tenía ganas de nada, sólo de estar solo.

Yendo a la parte de trasera del edificio, se sentó sobre la hierba. Del interior de su chaqueta, descubrió el bolsillo donde guardaba el vicio que tanto Takuya como Kiba le habían instado a probar y que tomaba cuando estaba irritado.

Fue darle una bocanada, para calmar un poco sus nervios. Sintiéndose cansado, se recostó sobre el tronco del árbol, y cerró los ojos, mientras disfrutaba del tabaco, donde el recuerdo de lo ocurrido hace unos minutos se evaporaba como el humo que salía del cigarrillo.

No supo cuánto tiempo estuvo así, tranquilo y en paz consigo mismo, perdido en su propio mundo donde no existía nada y podría sentirse libre, por lo que no sintió unas pisadas acercarse a él, descubriendo uno de los delitos más graves que un joven de diecisiete años podría hacer en la sociedad japonesa.

-¿Dónde está la enfermería?

Yamato casi se come el cigarrillo al escuchar aquella voz de adulto. Sacándose el cigarrillo de la boca, tosió secamente al sentir cómo se había tragado el humo.

-¿Dónde está la enfermería?

Volvió a preguntar aquel hombre con su voz monótona, como si no le importara que su cara se pusiera blanca por unos momentos, por culpa del humo tragado. Tras unos segundos que le duró para recuperarse por su propia cuenta, Yamato miró a la persona que le había hablado.

Era un adulto, bien vestido y arreglado como si fuera o viniera de un funeral. Su traje negro contrastaba con su larga cabellera de un blanco tan inmaculado, donde jamás había visto un color de pelo así. Sin embargo, le llamaba la atención sus ojos. Unos ojos donde no mostraba ni miedo ni temor, sino decisión y dispuesto a cualquier cosa.

-¿Dónde está la enfermería?

Preguntó por tercera vez, en esta ocasión con un timbre bastante impaciente, algo que mosqueó a Yamato.

-¡Búscate la vida! –le espetó Ishida, volviendo a sacar su cajetilla y viendo que a ese adulto le importaba una mierda si fumaba o no.

El adulto siguió mirándolo con tanta inquisición, que Yamato con el cigarro en los labios, no pudo soportarlo.

-¡¿Es qué estás sordo o qué?! ¡Búscate la vida! ¡Desaparece de mi vista, viejo!

-¿Viejo? –repitió el adulto con una ceja alzada, luego sonrió con arrogancia-. Solo tengo unos años más que tú para que me llames viejo –y sin permiso ni nada, cogió uno de los cigarrillos de la cajetilla que Yamato tenía en las manos-. Pero suficientes para hacer lo que me dé la gana –sacando un mechero del bolsillo de su chaqueta y encender el necesitado cigarrillo.

Las palabras y la actitud de aquel adulto impresionó a Yamato. Aquella forma de hablar, como si fuese alguien importante, incluso más que él, hizo que sintiese curiosidad sobre su identidad.

-Vaya aires que te das, como si fueras más importante que el hijo de la familia Ishida –objetó Yamato en un intento de averiguar su nombre.

El hombre tras dejar escapar una bocanada de humo, soltó una mueca sarcástica.

-Cualquier organización mafiosa es más importante que esas pequeñas familias adineradas –Yamato quedó de piedra, y tras enlazar la pregunta iniciar que aquel hombre le había dicho, tuvo una sospecha de quién podría ser aquel hombre realmente-. Pero no tengo tiempo que perder con un niño malcriado de esta mierda de internado –tirando el cigarrillo sin ser consumido por completo-. Y no puedo seguir perdiendo el tiempo en una puta que no para de acosarme. Así que si conoces a la enfermera de este internado, dile de parte de Youkai Sesshomaru, que deje de llamarme, que no pienso volver con ella.

Y el adulto giró sobre sus talones, para marcharse del lugar, donde el viento meneó su larga cabellera bien cuidada. Una imagen hermosa, si alguna de las chicas del internado lo vieran.

Sin embargo, algo en las palabras de aquel hombre lo desconcertaron. Sacándose el cigarrillo que tenía en los labios lentamente, las palabras del hombre no dejaban de martillearle la cabeza.

Apretando los labios, Yamato se sintió tan mosqueado que no dudó en abandonar el lugar y dirigirse a la enfermería como alma que lleva el diablo.

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La enfermería estaba cerrada.

¿Kikyo iría a comer?

En absoluto.

Esa era su maldita excusa que usaba para que nadie averiguara que estaba en interior, compartiendo cama con algún profesor o con algún estudiante.

Y la verdad, es que a Yamato le importaba una mierda que se acostase con otros. Ella no era nada para él, sino un simple pasatiempo con el que entretenerse. Aún así, la sorpresa que tuvo al encontrarse a Takuya follándose a Kikyo era como si le hubiesen dado una bofetada en la cara. La cortinilla que separaba la cama del exterior que ofrecía la ventanilla de la puerta, no ocultaba a los dos amantes que se entregaban con una pasión frenética.

Ver cómo su mejor amigo se follaba a la misma que se follaba él, le daba asco. Retirándose del pasillo, buscaría otro momento para hablar con Kikyo y preguntarle por qué le había mentido al decirle que tenía un novio mafioso, cuando era el propio novio quién no quería verla más.

Si había algo que Yamato detestaba eran las mentiras, y que se burlasen de él. Y ver cómo ahora lo estaban haciendo con su mejor amigo, era algo que tenía que prevenir y buscar la forma para deshacerse de ella.

Por eso le había impactado tanto. Porque estaba viendo cómo su mejor amigo era también objeto de las mentiras de esa mujer, que solo pensaba de cintura para abajo.

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-¿Qué has dicho? –le había preguntado Takuya en el descanso entre clase y clase.

-Lo que has oído. He visto a su novio y, aparte de considerarla lo que es, una puta, me ha dicho que le diga a esa perra, que lo deje en paz. Así que ya sabes, Takuya. Esa puta se está burlando de nosotros, diciendo que tiene un novio mafioso, para pavonearse cuando en realidad no es cierto.

-Bueno, hombre. Tampoco es que sea tan grave una mentirijilla así –proclamó Takuya sin darle mucha importancia.

-Entonces, ¿estás de acuerdo en seguirle el juego a esa loca del sexo? –preguntó Yamato alucinado.

-Si ella es feliz así, no hace mal a nadie. Y yo disfruto mucho follándomela. ¿No me digas que no disfrutas follándotela?

Después de saber cómo era, desde luego, no sentía ningún deseo hacia ella. Se sentía más frío que caliente.

-Pues toda para ti, que ya me buscaré la vida para quitármela de la vista.

-¡Venga, Yamato! ¿Acaso vas a quitar a la mujer que todos adoramos? No te será tan fácil, ya que incluso les cae bien a las chicas.

Ahí llevaba razón. Aunque usara el poder de su familia, estaba convencido de que el alumnado y los profesores, recogerían una recolecta de firmas, o incluso le comerían el tarro hasta la graduación por haber expulsado a alguien, supuestamente, amable y encantadora, como Kikyo.

-¡Cht! –masculló molesto volviendo su vista al frente, sin poder ver la sonrisa diabólica de Takuya.

-A veces, resultas divertido.

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Y teniendo ahora que aguantar la cara de Kikyo, donde verla sonreír como alma pura a las chicas, para después ver cómo profesores o estudiantes, incluido Takuya, se metían a la sala de la enfermería, era algo para vomitar.

Para más inri, de vez en cuando, pillaba a sus tres amigos metiéndose con el pobre diablo de Uchiha Sasuke que seguía proclamando su venganza, y que como masoquista, seguía recibiendo una paliza diaria, donde seguía ocultándoselo a los profesores y a su tutor responsable. De vez en cuando, a sus tres compañeros, se le escapaba lo divertido que era eso, pero una advertencia de Takuya, bastaba para que cambiasen de tema.

Un día, en el término de clases, de camino a su casa, Yamato se encontró con una escena tan impactante donde sus ojos se clavaron en el suelo, donde ahí yacía el cuerpo golpeado de su hermano menor. Al lado de él, con restos de haber peleado, se encontraba Uchiha Sasuke y miraba con fijeza el cuerpo del menor en el suelo.

-¡Takeru! –corrió Yamato asustado, pensando lo que no era.

Al voltearlo, lo encontró en tan deplorable estado que su cuerpo tembló de ira. Con la furia pintada en su rostro, miró al Uchiha que seguía ahí plantado.

-Tú… -arrastrando la palabra como si de repente lo hubiese poseído el demonio.

-¡Oye! ¡No te embales que yo no le he hecho nada!

Pero Yamato no atendía a razonamientos, y se abalanzó contra Sasuke, dispuesto a matarlo por haber golpeado a su querido hermano.

Solo habían sido cuatro o cinco golpes, para que el joven Uchiha estuviera en el suelo con lesiones bastante graves, y cerca del estado en el que Takeru se encontraba. Así lo habían visto los sanitarios y la policía, quiénes habían llegado al lugar, como si alguien les hubiese llamado previamente. Al ver al rubio machacando sin piedad al pelinegro, inmediatamente, los funcionarios se dirigieron hacia Yamato para apartarlo y a tratar de meterlo en el coche de policía, donde Ishida no dejaba de insultar y de amenazar al Uchiha con matarlo en cuanto lo viera. Por otro lado, los sanitarios se encargaban del malherido Takeru y al mismo tiempo de Sasuke, donde uno de los funcionarios avisaba por radio la necesidad de otro coche patrulla y de otra ambulancia para llevar al maltratado Sasuke.

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Un sonoro golpe se escuchó en la sala de espera del hospital.

La cabeza de Yamato virada hacia un lado, y la mejilla roja e inflamada por la bofetada recibida por su padre.

No había estado mucho tiempo en la cárcel. Su padre, con sus influencias y gracias al dinero, había logrado sacarlo. Sin embargo, él no se había presentado a recogerle, sino su madre, quién silenciosa y sin saber qué decir, habían ido hacia el hospital, donde allí estaba internado Takeru y su padre con un genio de mil demonios.

-¡¿Qué significa esto, Yamato?! –gritó su padre, sin importarle que el resto los mirase, con la posibilidad de que hubiera algún reportero y tuviese su exclusiva de cómo el importantísimo Hiroaki Ishida hacía una escena frente a su rebelde y polémico primogénito.

Yamato se quedó en silencio por unos momentos. La bofetada le había dolido bastante, pero lo que más le dolía es que no escuchase su versión, cuando lo que había hecho era algo más que justificable.

-¡Qué le he partido la cara al hijo de puta ese que ha dejado a tu otro hijo dónde está!

-Yamato –habló ahora su madre con voz suave, pero igual de severa y apoyando a su padre-, ¿acaso has visto a ese chico golpear a Takeru?

Yamato sonrió sarcástico.

-¡No lo he visto, madre! ¡Pero sí he visto cómo tenía restos de haber estado en una pelea! ¡En una pelea contra Takeru! ¡No se necesita ser tan imbécil para imaginar lo que ha pasado!

Y otra bofetada, pero esta tan fuerte, provocando que Yamato cayera bruscamente.

-¡Solo sabes crear problemas a la familia! –reprochó el hombre decepcionado, y como si sintiera repugnancia hacia su hijo, se dio la media vuelta, marchándose del lugar, donde los presentes que los habían visto, se habían hecho a un lado, asustados de que también explotase aquella ira contra ellos.

Yamato no necesitó ver cómo incluso su madre se sentía decepcionada de él. Estaba más centrado en el fuerte golpe, y cómo la sangre escapaba de su labio inferior.

Se sentía rabioso.

¿Por qué la tomaban contra él si era el imbécil de Uchiha Sasuke el culpable de todo?

-Esto… Disculpe… -le habló una médica con voz tímida y dubitativa-. ¿Es usted pariente de Ishida Takeru?

Yamato se secó con el puño la sangre y con voz monótona le respondió con una afirmativa y su parentesco con Takeru.

Lo que la médica le dijo a continuación sobre el estado de su querido hermano, había dejado a Yamato con los ojos en blanco. Aunque estaba fuera de peligro, todavía seguía inconsciente. Su hermano había sufrido importantes daños, que tardaría mucho tiempo en recuperarse.

Apretando los puños con fuerza, Yamato solo deseaba vengarse, sin importarle las consecuencias por parte de su padre.

Tomando una decisión, Yamato se encargaría primero de cuidar él en persona a Takeru, y cuando estuviese lo suficientemente estable, se encargaría de aquel que lo había dejado en aquel estado. Así se aseguraría de que su hermano se sintiese aliviado de que aquel Uchiha no volviese a repetir faena.

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Los días fueron pasando. El incidente que había sufrido el hijo menor de una de las familias más importantes de Japón, no solo había estado en boca de la opinión pública, sino también de los alumnos del internado Tsukishima. Aunque lo que más murmuraban, era la pelea de Yamato contra Sasuke. Muchos tenían sus propios rumores al respeto. Desde el hecho, de que al final Yamato hubiese participado junto a Takuya y el resto en humillar al Uchiha, y por eso, el Uchiha en señal de venganza, la había tomado contra el pobre Takeru.

Un rumor casi idéntico era el que Yamato había creído cuando había visto a su hermano en el suelo. Pensar que Sasuke en señal de venganza contra sus amigos y que por eso la había tomado contra Takeru era algo que creía fervientemente. No encontraba otra explicación de porque aquel Uchiha la había tomado con su hermano.

De una u otra manera, el joven Takeru era finalmente la víctima de todo lo que había padecido.

Quizás por la personalidad de Takeru que hacía caer bien a casi todo el mundo, o por la personalidad aislada y antisocial de Sasuke, o quizás, para congraciarse con Yamato, que todos los alumnos del internado Tsukishima tenían la idea de meterse con el Uchiha, como lo habían estado haciendo Takuya y los demás.

Aunque, durante esos días, tanto Uchiha Sasuke como Ishida Yamato no habían acudido a clase. El primero, para curar sus heridas. Su tutor no había presentado denuncia, ya que la familia Ishida lo había recompensado con una suculenta indemnización, donde a Orochimaru se le habían brillado los ojos por el dinero recibido. Y aunque su asqueroso tutor denunciase al primogénito Ishida, él mismo se habría negado. Primero iba su orgullo, y no quería que aquella serpiente (como la llamaba) le solucionara la vida. No quería deberle nada. Suficiente era tratar con él y dejar que su cuerpo fuese su objeto de experimentos peligrosos para sumarle favores.

En el caso de Yamato, para cuidar día y noche de su hermano pequeño. No abandonaba el hospital, salvo para ir a casa a dormir. Y cómo llevaba la decepción de sus padres encima, el ambiente familiar se había enfriado de tal manera, donde se notaba que la alegría de la casa era Takeru. Con él inconsciente, solo había oscuridad y sentimientos negativos.

Y cuando los alumnos del internado Tsukishima vieron llegar a Uchiha Sasuke, de sus bocas había escapado la sorpresa, y luego los comentarios grotescos a su persona. Pues aunque quisiesen meterse con él, no se atrevían a hacerlo cuerpo a cuerpo como Takuya y los demás. Eran demasiado débiles para ello. Pero a través de los comentarios insultantes y cargados de amenazas, dejaban escapar que aquel chico no era bienvenido ni querido por nadie.

-¡Míralo! ¡Y regresa tan pancho!

-¡No tiene vergüenza!

-¡Ojala lo maten que no le voy a llorar!

Ignorando esos comentarios, Sasuke seguía su camino. Le importaba una mierda lo que pensaban de él. Parecía que no se llevaba bien con el destino, porque una vez más se empeñaba en hacerle la vida imposible. Sin familia y con un tutor que se aprovechaba de él, estaba resuelto a no buscar la felicidad para sí mismo. Solo a sobrevivir. La primera prueba de supervivencia se la encontró, cuando Takuya y sus dos amiguitos, Kiba y Sai, entorpecieron su paso, con una actitud bastante conocida, la de pelear contra él.

Y él, encantado.

Aunque aún tenía algún que otro síntoma de la pelea contra Yamato, donde debía reconocer que aquel tipo era extremadamente fuerte, no se iba a echar para atrás.

Tirando su mochila a un lado, dejó en claro que estaba preparado para la pelea.

-¡Eres un mierda! –fue el insulto de Sai cargado de desprecio- ¡Mira que atreverte a pelearte con alguien más débil que tú!

-…

Sasuke no dijo nada, y viendo cómo el resto los había rodeado, aullando contra insultos contra él y ánimos contra los tres imbéciles que tenía delante, supo que hablar sería inútil. Hablarían sus puños.

-¡Vengaremos a Takeru de la escoria que eres! –amenazó Takuya crujiendo sus nudillos.

-¡Esta vez no irás al hospital! –continuaba Kiba con una sonrisa arrogante y sacando algo que sorprendió a Sasuke, pero no al resto, que animaban más a que lo matasen- ¡Lo entendiste, uke! –canturreando la última palabra a medida que lamía la navaja que tenía en su poder.

Sasuke se sentía irritado.

Y antes de que nadie diese el primer paso, una piedra voló por la zona, golpeando la mano donde Kiba tenía la navaja. El aludido gritó de dolor, y furioso gritó quién había sido.

La zona por donde había aparecido la piedra, fue como la separación del mar cómo había hecho Moisés, y la sorpresa fue mayúscula para todos sin excepción, donde solo un nombre salió de los labios de Takuya.

-¡¿Yamato?!

Éste, jugando con una nueva piedra tirándola al aire para volver a cogerla, se fue acercando por el camino que le había hecho, con la mirada puesta sobre sus tres amigos.

Cuando se detuvo, todo el mundo volvió a asombrarse, al ver cómo se había colocado frente al Uchiha en señal de querer defenderlo. Dejó de jugar con la piedra, y con una mirada grave, dijo.

-Los que quieran golpearlo o meterse con él, se las verá conmigo también –apretando con fuerza la piedra.

Y un quejido general escapó de la boca de los que le rodeaban, y que Takuya y los demás mirasen a Yamato sin comprender porqué ahora defendía al que había dejado a Takeru en tan mal estado.

-¡¿Estás loco?! –rugió Kiba dolorido por el golpe- ¡¿Has olvidado que ese fue el imbécil que casi deja muerto a tu hermano?!

-Takeru ha despertado –comunicó Ishida colocando una mano en el bolsillo de su pantalón, mientras que con la otra seguía sujetando la piedra-. Me contó que sufrió el ataque, pero no a manos de una persona.

-¡¿Y eso que tiene que ver?! ¡Ese tipo seguro que tendrá sus amiguitos y…!

-No –cortándole a Sai-. Aunque Takeru no pudo ver a sus asaltantes, ni recuerda mucho de ese momento, recuerda perfectamente, como apareció alguien que logró espantarlos. Luego, escuchó la voz de Sasuke, preguntando por su estado y llamando al 119. He investigado por mi cuenta, y me han dicho que efectivamente, alguien con la voz seca, decidida pero apurada, los había llamado –mirando al Uchiha, que lo miraba neutramente-. Incluso he escuchado personalmente esa llamada, y sin lugar a dudas era tu voz.

-Pero…

-¿Algún problema, Kiba? –volviendo la mirada al frente, y apretando más la piedra, donde se iba agrietando.

-¿Estás intentando decirnos que no podemos hacerle nada a ese emo inútil? –cuestionó Takuya fríamente.

-Gracias a él, le debo la vida de mi hermano. Si la ambulancia hubiese llegado cinco minutos tarde, ahora Takeru estaría muerto –y la piedra se hizo añicos.

Tanto Sai como Kiba tragaron saliva, incluso el resto de alumnos que los rodeaban, los cuales retrocedieron asustados.

-¡Ju! –espetó Takuya, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones-. Así que ahora te dedicas a proteger a mi juguete de diversión. Me decepcionas, Yamato –dándose la vuelta, para ingresar a la estancia escolar, donde nadie advirtió la sonrisa entre dientes que asomaba Takuya.

Kiba y Sai lo siguieron, tras echarle una mirada de desprecio a Ishida, sintiéndose traicionados, mientras que el resto, asustados por la mirada de advertencia de Yamato, se marcharon silenciosamente, donde el juego de meterse con Uchiha Sasuke había llegado a su fin.

Cuando estuvieron solos, Sasuke miraba la espalda de Yamato con irritación.

-No necesito que venga un hipócrita que me ha dejado tres costillas rotas a protegerme.

-Ya te he dicho que esto solo lo hago por haber salvado a Takeru –relajando la mano donde tenía la piedra, se giró sobre sus talones y para sorpresa del Uchiha, Yamato inclinó su espalda como buen japonés arrepentido- ¡Lo siento! ¡Malinterpreté la situación! ¡Siento muchísimo lo que te hice! ¡Entenderé que no puedas perdonarme! ¡Aún así, lo siento y muchas gracias por salvar a Takeru! ¡Gracias!

Sasuke miraba a Ishida, parpadeando varias veces sin saber cómo reaccionar. Aquel rubio se mostraba totalmente arrepentido, con la cabeza tan gacha, donde parecía esperar una respuesta o un comentario. Lo escuchó sorber por la nariz, y entonces pudo comprobar que aquel individuo hablaba con el corazón, y aliviado de que su hermano no falleciera.

Relajándose, Sasuke no pudo evitar acordarse de su difunto hermano y cuánto lo había querido. Estaba claro, que Yamato querría de igual manera al niño que había visto tirado en el suelo días atrás, y que ahora estaba estable.

-Él… Takeru… Entonces, ¿está bien? –escuchó una respuesta afirmativa por parte de Yamato-. Lo quieres mucho… -suspirando silenciosamente-. Entiendo muy bien ese sentimiento. Yo también quería mucho a Itachi.

Las palabras cargadas con pena, hicieron que Yamato levantase la cabeza, regresando a su posición inicial, para verlo con cierta curiosidad.

-Nada… -cortaba el Uchiha, volviendo a cargar su mochila-. No es nada que importe.

Y entonces, Sasuke vio cómo Ishida le tendía la mano y una sonrisa amigable.

-Creo que tú y yo somos más parecidos de lo que pensamos, por lo menos, en lo que a nuestros hermanos se refiere. Ishida Yamato –presentándose oficialmente.

Sasuke alzó una ceja. ¿Acaso esperaba que por compartir el mismo apego fraternal ya podrían hacerse amiguitos?

Ignorando su cordial saludo, Sasuke prosiguió su camino, dejando en claro que él no necesitaba amistades. ¿Cómo confiar en un desconocido que le había dado la paliza de su vida, humillándolo más de lo que estaba?

-Uchiha Itachi –y Sasuke se detuvo al escuchar el nombre de su hermano de labios de Ishida. Incrédulo, giró la cabeza, donde el rubio le correspondió con una mirada extraña-. Ese es el nombre de tu hermano mayor que murió hace años en un extraño accidente, donde tú barajas la opción de que haya sido asesinado, ¿me equivoco?

-¡¿Cómo lo sabes?! –quiso saber.

Yamato se encogió los hombros tomando un aire desinteresado.

-Ya dije antes que he investigado. Así que también investigué tus antecedentes. Creo en la palabra de Takeru, pero me gusta conocer las dos caras de la moneda.

Frunciendo la nariz, Sasuke retó a Yamato.

-¡¿Y pretendes hacerte amigo mío cuando has indagado sobre mí a mis espaldas?!

-Tampoco es eso –comentó misterioso-. Solo que por Takeru te debo algo, y viendo tu pasado, si quieres, puedo ayudarte a saber sobre la verdad de tu hermano. Mi padre tiene una empresa de software, y gracias a ella, pude descubrir sobre ti. Puedes considerarme un simple colega, o un trapo para usar, pero estoy dispuesto a dejarte usar los poderes de mi familia para averiguar si tu hermano ha sido asesinado o no.

Por supuesto que conocía a la familia Ishida, y su imperio en el mundo informático. Incluso antes de que su familia falleciera, había escuchado de ellos a su padre y la posibilidad de hacer negocios con ellos.

¿Negocios?

Si lo pensaba de esa manera, el trato que le ofrecía no estaba del todo mal. El tal Yamato no le ofrecía amistad, sino devolverle el favor por haber salvado a Takeru.

Sonriendo, ahora fue el turno para que Sasuke alzara la mano con intenciones de estrechar lazos. No buscaría amistad, sino el poder de su familia, y ese era un punto en que ambos lados habían dejado claro.

-Uchiha Sasuke.

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Claro que una cosa era decir que Sasuke se aprovecharía de la familia Ishida para conseguir información, y otra pasar tiempo con Yamato, y descubrir que no solo compartían ese apego extremo fraternal, donde muchos lo calificarían como raro. Estando con el rubio, Sasuke no sufría los abusos de Takuya ni de nadie, hasta le había ofrecido adquirir más fuerza y habilidades con su entrenador personal. Según Yamato, aquello estaba incluido en el paquete por haber salvado a Takeru.

Pero el tiempo pasaba, y ambos se iban conociendo más y más, donde Sasuke ya no veía a la familia Ishida como una fuente para aprovecharse y adquirir lo que necesitaba. En cuanto a Yamato, comenzaba a ver al Uchiha como lo que era realmente un amigo. Nada que ver con su antiguo mejor amigo Takuya, que solo pensaba en divertirse haciendo cosas ilegales y buscaba el refugio de su familia, para esconder y tapar sus fechorías. Incluso, no sabía muy bien porqué, pero sus padres habían dejado de mirarle con desprecio, como si viesen en él un cambio para mejor.

O eso es lo que Takeru le decía constantemente cada vez que lo visitaba en el hospital.

-Que sí, hermano. ¡Es verdad! ¡Has cambiado muchísimo! –insistía Takeru una y otra vez con su sonrisa risueña, aún estando entre esas cuatro tristes paredes pintadas de blanco y el suero a su lado como calmante contra el dolor- ¡Y todo gracias a Sasuke san! –sonriendo al pelinegro, donde el rojo pintaron sus mejillas.

Debido a la insistencia del rubio menor en que quería dar personalmente las gracias al Uchiha, había acabado por acompañar al Ishida. Sin embargo, al final acompañaba a Yamato en todas las visitas que le hacía a Takeru. No sabía cómo explicarlo, pero aquel chavalín le transmitía luz y esperanza. Además, preferiría estar con los hermanos Ishida, a pasar más tiempo en aquella casa con su maniático tutor de las serpientes.

-Y tú también has cambiado mucho, Sasuke san –agregaba el aludido feliz-. Se nota que juntos os compenetráis bien.

-Quién te oiga Takeru –repuso Yamato con un suspiro pesado- acabará pensando en lo que no es.

Takeru rió divertido y no pudo evitar bromear.

-Acaso, ¿no tenéis esa clase de relación?

Y el puño de Yamato aterrizó suavemente sobre la cabeza del menor.

-¿A qué te mando de regreso al mundo eterno de los sueños?

-Bromeaba. Solo bromeaba –riéndose, luego se aclaró la garganta y poniéndose serio preguntó-. ¿Y bien? ¿Has podido encontrar algo sobre Uchiha Itachi san, Sasuke san?

El mencionado dejó caer su espalda sobre el asiento para visitantes, a medida que dejaba escapar un profundo suspiro.

-Nada. Solo sé el nombre de la organización en la que estuvo.

-Debe ser una organización importante, si no podemos encontrar nada entre los programas de mi padre –agregó Yamato con sumo fastidio.

-¿Cómo se llama esa organización?

-Akatsuki. Y para colmo, la sede se encuentra en China.

-¿En China? –repitió Takeru pensativo, como si algo no tuviera lógica en su cabeza.

-¿Pasa algo? –preguntó su hermano.

-No… -denegando con la cabeza, y para que no le preguntaran más, cambió de tema-. Y hermano, ¿la policía no ha encontrado a los que me hicieron esto?

-Nada. Buscan pistas, pero no encuentran nada. Hasta yo traté de investigar el asunto, pero nada –luego miró a su hermano- ¿De verdad que no recuerdas quiénes y cuántos fueron?

-Lo siento hermano –lamentó el joven-. Me vendaron los ojos y luego comenzó la paliza, hasta que vino la persona que me ayudó. Y poco después, fue cuando llegó Sasuke san y me quitó la venda.

-¿Y no escuchaste las voces de tus atacantes? –preguntó Sasuke en esta ocasión.

-No pude. Estaba embotado, muy asustado… -y daba la impresión de que estaba recreando aquella escena, ya que empezó a ponerse pálido.

-Está bien. No te preocupes Takeru. Seguiré investigando en saber quiénes fueron los hijos de puta que te hicieron eso, y cobrármelos –aseguró Yamato, donde estaba decidido a cualquier cosa.

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-Estaba pensando –dijo Sasuke de forma casual por los corredores del internado- en Takuya y los otros.

-¿A qué te refieres? –preguntó Yamato confuso.

-Los que asaltaron a tu hermano –expresó con sencillez.

La posibilidad que le ofrecía Sasuke era un poco caótica, casi sin sentido, dejando a un Yamato estático.

-¡Vamos! –contestó con una media sonrisa-. No los veo capaces de hacerle eso a mi hermano. Además, lo conocen desde hace años y se llevan bien.

-Quizás tu hermano se lleve bien con ellos –corrigiéndole-. Pero esos tipos se la pasan divirtiendo abusando del débil y aprovechándose de su estatus social.

-¡Te digo que eso es imposible! –volvió a denegar, esta vez con más firmeza-. ¡A mi hermano, no se atreverían sabiendo que se les puede caer una buena!

Quizás ya no se llevara con ellos, pero aún así, veía improbable que atacaran a su hermanito, a sabiendas cuánto lo adoraba y lo que implicaba si alguien le hacía daño.

Takuya y los otros buscaban diversión, pero no eran tontos como para buscarle las cosquillas.

-Piensa lo que quieras –dijo Sasuke rendido-. Yo ya te he sugerido que tengas cuidado con Takuya y los demás. Esos solo buscan diversión sin pensar en lo demás.

-Qué mal hablado eres de nosotros, Uchiha kun.

Y como si el diablo fuese llamado, por detrás de Yamato y Sasuke habían aparecido los tres supuestos culpables. El rostro de Sasuke era el más puro desprecio, y al mismo tiempo, las ganas de probar lo que había aprendido con el entrenador personal de Yamato los últimos días con ellos y devolvérselas todas. Sin embargo, su entrenador le había enseñado también algo muy importante y necesario, trabajar la paciencia y buscar el momento adecuado para el enfrentamiento.

Yamato miraba a sus tres antiguos compañeros con inexpresión. Sus propios amigos habían sido los que se habían enfadado con él, solo por el hecho de defender al Uchiha, y ahora, ¿venían como si nada?

Quizás no creyese en que fuesen los culpables de lo que había sufrido su hermano, pero que fuesen chavales que solo aparecían cuando les convenía, eso lo sabía de sobra.

-¡Hey, Yamato! ¡Cuánto tiempo! –lo saludaba Kiba con la mano vendada, donde días atrás le había dado con la piedra. Ahora parecía haberse olvidado del asunto.

-Queríamos pedir también disculpas a Uchiha por todo lo que hicimos –agregó Sai con su sonrisa despreocupada.

-No las necesito –espetó Sasuke secamente, a sabiendas que esas disculpas no eran igual de sinceras que las que le había dado Yamato (e incluso Takeru en su nombre).

-Vamos, vamos. Sería mejor para todos que nos llevemos bien –añadió Takuya colgándose de Ishida y Uchiha como si fuesen sus amigos de toda la vida-. Se me ha ocurrido una idea, una grandísima idea, y hemos venido a pedir que participéis en nuestro proyecto.

-Paso –volvió a despreciar Sasuke, descolgándose de Takuya. Su sonrisita le daba más arcadas que ver al pelinegro que tenía por compañero de clase, besándose con un hombre.

-¿Y tú, Yama? ¿Qué dices? –interesándose más por el rubio, pero éste seguía inexpresivo.

-Takuya –los ojos azules de Yamato no podían ser más asustadizos que nunca-, ¿fuisteis Kiba, Sai y tú los que atacasteis a mi hermano?

-¡¿Qué?! –Takuya se soltó de Yamato, como si de repente su cuerpo desprendiera fuego. Al rato, soltó una gran carcajada- ¡Pero qué tonterías dices, Yama! ¡¿Cómo vamos a hacerle algo al inocente de Takeru kun?! ¡¿Verdad, chicos?!

-¡Ni loco le tocaría un pelo! ¡Sé cómo eres cuando alguien daña al peque! –comentó Kiba también entre risas.

-Ya sabes que es uno de mis amores imposibles. Sería incapaz de hacerle algo –fue el turno de Sai.

Sus razonamientos convencieron a Yamato, pero no a Sasuke, que cada vez estaba más convencido de que habían sido ellos. Pero, en los días que había estado con Yamato, había descubierto que era un cabezota donde cuando se le metía una idea en la cabeza, era muy difícil hacerle cambiar de parecer.

-A lo que íbamos –volvió Takuya a retornar el tema-. Estábamos pensando en que aprovechándonos de nuestros estatus, podríamos construir una especie de organización.

-¿Una organización? –repitió Yamato alzando una ceja.

-Así es –continuaba Kiba-. Sería como una de esas mafiosas que hay. Con todo lo que nuestras familias poseen, podríamos hacer una tan grande y poderosa, y tomar el control de todo Japón.

-¿Y para qué queréis tener el control de Japón? ¿Para abusar de los débiles? –no pudo evitar preguntar el Uchiha con desdén.

Fue el turno para que Sai se riera.

-Así nos ganaríamos enemigos –dijo, tomándolo como ejemplo, como si hubieran aprendido la lección-. Sería hacer lo que queramos. Dar lujos a quiénes nos sigan, con un única condición –y a través de sus ojos negros, se dejó ver una misteriosa mirada-, que se dejen someter a todo, especialmente en el sexo.

Yamato quedó mudo ante la propuesta que le hacían sus amigos.

-¡ESO ES LO MISMO QUE ABUSAR DEL DÉBIL!

-Al contrario –dijo Takuya volviendo a colgarse de Yamato-. Solo someteremos a aquellos que estén de acuerdo con nuestros requisitos. No los obligaremos, pero es que hay tanta gente masoquista en el mundo –burlándose-. ¿Qué dices, Yama? ¿A qué suena divertido?

Pero Yamato no tenía palabras para contestar a algo que sonaba demasiado liberal.

-Por supuesto, incluiríamos al peque.

-Incluso ya tenemos un nombre para la organización. Se le ocurrió a Takuya.

-Shining Sun –completaba el aludido, envenenando más su idea al rubio-. El sol que brillará sobre todo Japón. ¡Vamos, Yamato! ¡Por supuesto, tú serías el líder! –animándolo una vez más-. Podremos hacer lo que queramos con las fortunas de nuestras familias y formar una organización increíble. Especialmente con lo que tiene tu familia. Si unimos todas nuestras cabezas –y ahora se dirigió al pelinegro desconfiante-, podremos saber la verdad de tu hermano.

-Una vez más, ¡NO ME INTERESA!

-¡Tú te lo pierdes! –se mofaba Kiba-. Que sepas que si Yama y el peque se nos unen, ya seríamos seis.

-¿Seis? –repetía Yamato donde no le cuadraban las cuentas.

-Tú, yo, Kiba, Sai, el peque y Kikyo –la sola mención de aquella mujer, asqueó a Yamato-. Kikyo será la primera integrante femenina de la organización. Ella junto a Sai, se encargarán de reclutar a los varones. Y Kiba se encargará de las chicas. ¡Venga, Yama! –sin cesar de insistir- ¡¿Te imaginas la tremenda orgía que podríamos montar con las chicas que queramos?!

Y en medio de aquel caos mental que Yamato estaba recibiendo, su teléfono móvil empezó a sonar. Tanto Takuya como el resto le dejaron la privacidad para que hablara por teléfono. Sin embargo, tras segundos de conversación y una exclamación atónita por parte de Ishida, sirvió para que todos le hicieran caso y se encontraran con un Yamato incrédulo y a punto de derramar lágrimas por la noticia que le habían dado.

Sus padres se habían suicidado.

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Sentado en su sitio, con los auriculares puestos para ignorar a todo aquel que le hablara, Yamato miraba la nada, perdido en sí mismo, tratando de ordenar en su cabeza lo que había pasado los últimos días.

Sus padres se habían suicidado.

¿La razón?

La quiebra de la empresa donde su padre lo había perdido casi todo.

Su padre no había podido soportarlo, y no dudó en ahorcarse con su propia corbata. Su madre, la primera en saber la noticia de su marido, se puso histérica y acabó por acompañarle en el camino hacia la muerte tomándose una caja entera de antidepresivos.

Su hermano…

Apretó el puño con fuerza.

Todavía seguía hospitalizado, se había puesto igual que un niño pequeño, llorando, gritando, negándose a creer aquello. Incluso durante el funeral, donde se le había permitido la asistencia, se había puesto histérico, negando aquella terrible realidad.

Y él…

Solo frente a una vida donde ya no tenían casi nada.

Sasuke le había devuelto la indemnización, prometiéndole que al menos se graduase y empezase de cero en alguna parte, ya que contaría con él para lo que fuera.

Y Takuya no dejaba de insistirle más que nunca que se uniera a su organización. Y para ayudarle económicamente, estaba dispuesto a comprarle los programas que su padre había creado.

Pero ahora, no quería hablar de dinero.

Quería estar solo.

Pensar lo que hacer con Takeru.

Aunque dentro de poco cumpliría los dieciocho, dudaba en que pudiese criar a Takeru si no tenía nada. Y, sin tíos o abuelos con los que pudiera contar, Takeru estaría condenado a quedarse con servicios sociales o con alguna familia que quisiera adoptar a un adolescente tan inocente y risueño como su hermano.

Chasqueó la lengua y se puso de mala manera en su asiento.

Desde la muerte de sus padres, aquella gente que veía todos los días, casi todas las horas, se portaba más hipócrita que nunca.

Las chicas se le ofrecían más descaradas, aludiendo que si necesitaba consuelo, que no les importaba ser usadas para que se animara. Y el sexo opuesto, aparte de darle las condolencias, cambiaban rápidamente de tema donde no entendían cómo es que seguía asistiendo a aquel prestigioso internado, cuando estaba en la supuesta bancarrota.

Sexo y dinero era lo único en lo que pensaban aquellos hipócritas. Y por si no tuviera suficiente, tenía que ver lo mismo en los medios de comunicación y a través de la opinión pública.

¡Asco de mundo!

Se repetía una y otra vez y las ganas de joder a más de uno, por amargarle más la dramática existencia que él, con sus diecisiete años, estaba llevando.

Eso sin olvidarse que también estaba Takeru.

¿Qué iba a hacer con él? Volvía a preguntarse.

¿Permitir que tuviera el mismo destino que su primo Ryo cuando murieron sus padres? ¿Permitir que los servicios sociales se hicieran cargo de él?

No.

Si él ya estaba siendo señalado por los medios como el hijo que vendía su cuerpo para obtener dinero, no iba a permitir que otros contaminasen la mente de Takeru.

¡Estaba decidido!

Y en medio de su decisión, notó cómo sus compañeros de clase se habían levantado tan apurados y salido al pasillo, cómo si hubiese sonado alguna falsa alarma de incendios.

Llevado por una extraña sensación, Yamato se quitó los auriculares de la oreja, escuchando voces ensordecedoras en el pasillo.

.

-¡O me dejas en paz, o la próxima vez que me llames para tus tonterías, te mataré Kikyo! ¡Sabes que soy capaz de ello!

La amenaza que aquel hombre bien arreglado de pelo lacio y blanquecino, asombraba a todos los alumnos que estaban en el corredor, donde muchos no habían dudado en especular, que aquel hombre era el famoso novio mafioso de la enfermera del Tsukishima. Pero, ¿por qué el novio actuaba cómo si ya no existiera la relación que la enfermera Kikyo afirmaba que seguían llevando? Era algo que no dejaban de murmurar confundidos, como si aquello fuese más importante que el hecho de que aquel hombre pudiera asesinar a alguien.

-Sesshomaru –comenzaba Kikyo con una sonrisa nerviosa. No se imaginaba que él se presentase en persona en el internado para dejarle las cosas claras-, no me digas eso. Sé que tienes que mantener las apariencias por tu estatus, pero…

-¡¿Es qué me estás tomando por imbécil o es que eres sorda?! –espetó Sesshomaru con la ira acrecentado y una mirada aterradora.

-Claro que no, cariño –contestó ella más nerviosa-. Entiendo que estés enfadado porque he estado con otros…

-¡Cómo si te abres de piernas a todos estos mocosos, que me da igual lo que hagas con tu vida! ¡Déjame en paz! ¡No necesito a gente como tú a mi lado!

Furiosa de que la estuviera dejando en evidencia delante de tantas personas, Kikyo volvió a proponer lo que por teléfono le había dicho.

-¡Ni siquiera vas a reconsiderar la oportunidad de unirte a una organización como la del Shining Sun! ¡La organización Inu ya no existe, Sesshomaru! ¡Y sé que aún tienes muchas cosas por cumplir! –Sesshomaru entrecerró los ojos, y Kikyo siguió tentándolo-. ¡Si te unes al Shining Sun, con nosotros, podrás hacer realidad todo lo que desees!

-Exactamente –y por si no tuviera suficiente, en medio de aquel tumulto de alumnos, aparecían Takuya, Kiba y Sai-. Necesitamos de los conocimientos de alguien experto como tú, para crear una buena y responsable organización. A cambio, te ayudaremos en todo lo que tú quieras.

Desde su sitio, observando aquel paripé, Sasuke casi tuvo ganas de reírse por el enorme chiste que Kanbara se estaba montando.

Sasuke todavía seguía en sus trece de que había sido aquel grupito de falsos hipócritas los que habían atacado a Takeru. Pero claro, con la muerte de los padres de Yamato, no había vuelto a insistirle en el tema. Sabía, por experiencia, que ahora estaría pasando por un mal momento, donde lo último que quería era escuchar temas que lo molestasen más. Y aquel imbécil de Takuya junto a sus amigos, no le tenían consideración, sino que seguían incordiándolo en que se uniera a esa ridícula organización, que lo veía como un circo para pasárselo bien.

-¡Hn! ¡No necesito la ayuda de nadie para hacer lo que quiera! –contestó Sesshomaru desinteresado en el tema- ¡Y mucho menos seguir viendo a esta mujer! –mirándola con desprecio.

Los alumnos que los rodeaban volvieron a murmurar entre sí, empezando a confirmar la teoría de que aquel novio mafioso, era solo una mentira que la enfermera les había contado.

¿Por qué les habían mentido?

Se preguntaban más confusos.

¿Para impresionar?

¿Para presumir?

Fuese como fuese, no podían evitar sentir total decepción de alguien que consideraban cómo una gran mujer, y un ejemplo a seguir.

-Vamos, vamos –hablaba ahora Kiba despreocupado-. No hay que tratar tan mal a mujeres tan bellas como Kikyo chan. Eso es una falta de respeto hacia su persona.

-¡Ella no se merece ningún respeto! –escupió Sesshomaru.

Y la bofetada llegó a la mejilla de Sesshomaru. Kikyo no estaba dispuesta a seguir escuchando cómo la insultaban delante de sus propias narices.

-¡Tú sí que no te mereces respeto, Sesshomaru! ¡Eres un engendro del diablo! –y dispuesta a cobrarse su venganza, Kikyo reveló el secreto de Sesshomaru-. ¡Tus propios padres fueron hermanos de sangre!

Y su relevación cobró más atracción y asombro, donde ahora era objeto de comentarios de los alumnos que no paraban de murmurar y de burlarse del hombre.

-¡Qué asco!

-Qué raro que no haya salido deforme.

-Con razón su pelo es blanco como el de los viejos.

-Ahora entiendo porque tiene esas marcas tan raras.

Sin embargo, si algo había aprendido Sesshomaru era a ignorar esa clase de comentarios. De niño las había sufrido cuando los subordinados de su padre se metían con él, por sus marcas y la vergüenza nacida de la unión de sus padres. Así que escuchar lo que un puñado de inmaduros le decían, no le afectaba en absoluto. Pero no iba a marcharse con el rabo entre las piernas, con los insultos sobre su persona, y mucho menos darle la victoria a Kikyo. Pero tampoco podía decir algo contra Kikyo, porque sería un añadido para que aquellos chavales siguiesen despotricando sobre su persona. Así que lo mejor era esperar a que algún imbécil profesor apareciera y llamase la atención de aquellos alumnos tan vagos y que no tenían otra cosa mejor que hacer.

Viendo cómo aquel hombre aguantaba todo lo que sus compañeros decían, Sasuke advirtió la sonrisa zorruna en el grupo de Takuya e incluso en la enfermera Kikyo, como si tuviesen aquello planeado y se divirtieran de aquel pobre hombre, que solo quería que aquella mujer lo dejase en paz de una condenada vez.

-¡ASCO ME DAIS VOSOTROS, PANDA DE COBARDES! –rugió Yamato atrás de todo, y callando a todos sus compañeros.

Todos sin excepción, se giraron para ver en la dirección en la que había salido el sonido de la voz de Ishida.

Caminando a través de aquel pasillo que le habían hecho y que lo llevaban hasta donde estaba el grupo de Takuya y Sesshomaru, Yamato se detuvo frente a su antiguo mejor amigo.

-¿De esto me hablabas cuando me pediste que me uniera al Shining Sun? ¿De provocar a un pobre diablo y venir en masa contra él? –cuestionó Ishida con sarcasmo.

A Sesshomaru le había tomado segundos para reconocer que aquel rubio era el mismo con el que se había cruzado días atrás. Sin embargo, había algo en él que parecía distinto. Cómo si tuviera otra alma, una más negativa y sumergida en lo más profundo de la oscuridad. Aún así, no estaba dispuesto que un chavalín le salvara el pellejo. Tenía su dignidad como miembro de la extinguida organización Inu.

-No necesito que un malcriado venga a ayudarme.

-No te equivoques, solo quiero aclarar uno de los términos con mi viejo amigo –volviéndose a dirigirse a él, donde se apreciaba la hostilidad en Yamato- ¿Y bien? ¿Esto es lo que haría el Shining Sun?

-Él se lo ha buscado por insultar a Kikyo sama –contestó Sai sintiéndose indignado por lo que la mujer había sufrido.

-¿Que insultó a Kikyo? -repitió Yamato en un murmullo tan bajo, que apenas fue audible.

Agachando la cabeza, su cuerpo empezó a temblar.

Extrañados por esa actitud, se asombraron cuando Yamato empezó a carcajearse como si le hubieran contado el chiste del año, donde más de uno pensó que se había vuelto loco.

-¡Qué pena me da! –se burló Yamato con una mueca irónica, y asomando una actitud de superioridad cómo si no le temiera a nada-. Realmente, debiste haberlo pasado mal –enfocándose en la mujer-, aunque te puedes consolar con tus nuevos amiguitos. Cómo te gusta tanto follarte a quién sea. Seguro que hasta te follas a tu gato.

-¡¿CÓMO TE ATREVES?! –habían rugido Kiba y Sai casi a la vez.

Lo que sucedió después, hizo que muchos se quedaran asustados y retrocedieran. Mientras Kiba y Sai formulaban la frase, Kikyo había pretendido abofetear a Yamato, cómo había hecho contra Sesshomaru minutos atrás, pero la bofetada la recibió ella a manos de Ishida, quién sin ningún tipo de delicadeza, le había dado tan fuerte, que había caído al suelo.

Los gritos desesperados procedieron de Kiba y Sai que fueron en su ayuda, mientras que Takuya observaba con rencor a su viejo amigo.

-Takuya –volvía a hablar Yamato con ese tono de arrogancia-, ¿sabes? Aunque me lo pasaría bomba partiéndole la cara a esa zorra todos los días –refiriéndose a Kikyo-, declino de forma oficial tu oferta de unirme al Shining Sun. Tus diversiones me hastían –mirándole a los ojos como si le estuviera declarándole la guerra-. De hecho, este internado me hastía. Es una puta mierda que lleva a todos sus alumnos a pudrirse. A morirse. Eso es el Tsukishima, aunque, más bien debería llamarse Tsukishine -y calló por unos segundos como si una magnifica idea se le hubiera venido a la cabeza, donde su sonrisa se hizo más petulante-. Aunque eso de montar una organización sí que es interesante. Yo montaré la mía propia, y la llamaré Dead Moon. La luna muerta que se impondrá ante el brillante sol. El Dead Moon llevará a cabo la verdadera justicia y limpiará este mundo podrido de gente como tú.

La declaración de guerra había sido anunciada de forma clara y precisa. Aún así, Takuya no podía por menos que reírse por las palabras absurdas de Yamato.

-¿Y piensas hacerlo tú solo que estás vendiendo tu cuerpo por la pasta?

-No está solo –apoyó Sasuke, metiéndose en el círculo-. Si con su organización puedo cobrarme lo que me hicisteis, pues no pienso dudar en unirme a Yamato.

-¿Vosotros dos solos? –volvió a mofarse Takuya en carcajada-. ¿Dos contra toda una humanidad? ¿Acabaríais en la cárcel a los pocos días?

Sin embargo, pese a todo lo que decía, Yamato no había abandonado su sonrisa arrogante en ningún momento.

-Todavía poseo lo que mi padre creó y dinero suficiente para hacer lo que me dé la gana. Alguien me enseñó a que eso es algo capaz de cumplirse, aunque no tenga los años necesarios –Sesshomaru agrandó por unos momentos los ojos, sintiendo que lo estaban desafiando-. No puedo decir lo mismo de ti, que solo cuentas con una zorra que miente y se vende, un gay falso y un loco que lame el suelo por el que paseas.

-¡YAMATO TE ESTÁS PASANDO Y TE ESTÁS BUSCANDO QUE TE ROMPA LOS HUESOS! –explotó Kiba con ganas de querer cumplir con lo dicho.

-¡Adelante! –retó Yamato en el sitio-. A diferencia de vosotros, no me busco grupitos para una pelea. Me basto y me sobro para dejaros medio muertos.

-Te veo muy crecidito, ahora que ya no tienes a tus papis para controlarte, ¿verdad? –repuso Takuya irónico.

-Igual que tú desde que decidiste a empezar a divertirte de manera tan rastrera.

Pero Takuya no pudo contestarle, ya que un profesor había regresado de la hora de comer y visto todo el tumulto que los alumnos habían hecho, por lo que ordenó que despejasen el pasillo, ya que no era lugar de reunión. En medio, de todo eso, el grupo de Takuya, aprovechó para desaparecer con Kikyo, sin que el profesor advirtiese del golpe que la mujer había recibido en la mejilla. Sin embargo, la presencia de Sesshomaru, era algo que el profesor no pasó por alto.

-¿Y usted quién es? ¿Qué hace aquí?

Sesshomaru miró al docente, y a punto de marcharse sin darle una respuesta, se sorprendió al escuchar la voz de Yamato.

-Es mi tutor. Me olvidé la fiambrera en casa y vino a traérmela –contestó Yamato despreocupado como un chico de mamá.

Aquello fue algo que hasta asombró a Sasuke, donde no entendía porqué volvía a defender a aquel tipo. Podría comprenderlo la primera vez que lo hizo, pero ahora…

-Bueno… -el docente no se sentía muy contento por la intrusión de un desconocido-. Entiendo que andes un poco despistado con la muerte de tus padres, Ishida kun, pero ya sabes que no se permite la entrada a gente ajena al internado.

-No se preocupe, ya se iba. Yo mismo lo guiaré hasta la salida.

Y esa respuesta dejó satisfecho al profesor, que con una sonrisa afirmativa, lo dejó en sus manos. Cuando estuvieron solos, Sasuke se apresuró a preguntar.

-¡Yamato, te has vuelto loco o qué cojones! ¿Cómo es que has protegido a este hombre que no es nada para ti?

-Ni esperes a que te dé las gracias –aclaraba Sesshomaru, poniendo punto y final a su estancia en aquel internado. Por lo que empezó a caminar para salir… o más bien, a buscar a Kikyo, y devolverle la bofetada, la humillación y la clara intención de matarla si volvía a joderle.

-Un momento –dijo Yamato-. Si no recuerdo mal, te llamabas Youkai Sesshomaru, ¿verdad? –donde en su primer encuentro, le había dicho su nombre-. Entiendo que hayas denegado la propuesta de Takuya para unirte a su organización, pero, me parece interesante lo que dijo, sobre la experiencia de alguien que conoce este mundillo, así que, ¿qué me dices de unirte a la mía?

-¡Pero Yamato! –exclamó Sasuke, donde ahora estaba convencido de que su amigo se había vuelto completamente loco.

-No me interesa unirme a bandas de niños que patalean para que la gente les haga caso –contestó Sesshomaru sin abandonar su camino.

-Entiendo –y ampliando su sonrisa-. ¿Y si te gano en una pelea?

Ahora sí que consiguió detenerlo y que Sasuke lo mirase con los ojos agrandados. El albino giró la cabeza, y asomando una misteriosa sonrisa, no pudo evitar decir.

-¿En serio crees que podrás ganarme? Parece que eres un idiota ignorante que no sabe quién soy. Ando muy molesto y con ganas de matar a alguien. Así que no llores cuando te encuentres en el hospital en silla de ruedas para siempre.

Y como respuesta, el rubio amplió más su sonrisa confiada de su victoria.

Fue detrás del internado, donde disputaron su pelea, una pelea en la que Sasuke había observado maravillado cómo Yamato, sin ningún esfuerzo había derrotado a Sesshomaru. Tragando saliva, recordó el momento en que el rubio le había dado aquella paliza, al malentender la situación cuando lo había visto ante Takeru, y estaba convencido, que ahora mismo, el albino se sentiría igual de humillado y pisoteado, pero sin entender cómo es que aquel rubio poseía semejante fuerza.

Aún así, no le quedó otra que aceptar la oferta de Ishida y de esta manera, el trío de líderes del Dead Moon se había formado.

Aquel mismo día, Yamato planificaba cómo sería la organización y la idea de reclutar a más gente como subordinados. Sasuke y Sesshomaru serían líderes cómo él, con derechos al mismo mando. No tenía intención de crear una banda para hacer cosas divertidas, sino para limpiar el mundo. Usaría lo poco que le quedaba, e incluso podría abrir un negocio ilegal para aumentar el capital, pero haría realidad aquel sueño, que desde tiempos inmemorables, era considerado utópico. No le importaba mancharse las manos si fuera necesario, así que… tendría que hacer algo realmente doloroso, y era alejar a Takeru de Japón.

Sin embargo, el comienzo de los ideales de Yamato sufrieron un drástico cambio, cuando en la entrada del internado se encontró con Takuya y los demás. Delante de ellos, estaba Sasuke, furioso de que no le dejasen entrar al recinto escolar.

-Hombre, por fin ha llegado el hombre con el que quería hablar –dijo amigablemente Takuya acercándose al rubio-. Me gustaría daros una última oportunidad tanto a Uchiha kun como a ti, e incluso a Sesshomaru sama de uniros al Shining Sun.

Yamato rió por lo ridículo que Kanbara sonaba.

-No te creí tan estúpido para no captar la indirecta de que ahora estamos en guerra –pasando por su lado, ignorándolo por completo.

-Es una pena –murmuró el moreno donde Yamato lo miró desconfiado.

Un estremecimiento sacudió la tierra de tal manera acompañados de un fuerte ruido, que echó para atrás a Sasuke y Yamato, obligándolos a cerrar los ojos. Cuando todo hubo pasado, empezaron a sentir demasiada calor. Y cuando abrieron los ojos, observaron estupefactos cómo el internado estaba cubierto en llamas. Temblando por lo que tenían ante sus ojos, pudieron distinguir gritos de histeria y pidiendo auxilio para que los sacaran de allí.

-¿En serio quieres mantener una guerra conmigo?

Formuló Takuya pasando entre ellos, y poniéndose entre Kiba y Sai con una sonrisa sádica.

-¡¿QUÉ MIERDAS HABÉIS HECHO?! –explotó Sasuke, incrédulo a pensar que algo tan atroz fuese hecho por ellos.

-Como no queríais uniros a nosotros, pues pensamos que un incentivo así, os animaría para que sepáis que tenemos el poder y la sangre fría de provocar esto y más –dijo Kiba despreocupadamente-. ¡Escuchad sus gritos! ¡A que son divertidos!

-Fue fácil convencerlos para que llegaran antes, profesores incluidos, para hablar sobre la polémica que causaríais –añadía Sai.

-Y fue fácil drogarlos para que no armasen jaleo. El tiempo suficiente hasta que llegases, Yamato, y así quemarlos vivos. ¡Que sufran en sus carnes el poder del Shining Sun! –hablaba Takuya en un grado de tal locura, que a Sasuke le erizaba la piel.

-¡Estás loco! –manifestó incrédulo.

El aludido rió seguido de Kiba y Sai.

-Yo que tú, me preocuparía por lo que os podría pasar –dijo Kiba entre risas-. En estos momentos, Kikyo ha avisado a la policía y a los bomberos, culpando al Dead Moon formado por Yamato, Sasuke y Sesshomaru de ello.

-¡¿Cómo?!

-Una última oportunidad, Yamato. Si os unís a nosotros, aunque tendréis que vivir escondidos, gozareis de una vida llena de libertades y lujuria. Me he librado de tus padres y lo intentamos con tu hermano para vivir este mundo soñado. Juntos para divertirnos, Yamato…

-¡MALDITO HIJO DE PUTA!

Descubrir que había sido Takuya y su grupo los autores de la paliza de su hermano, tal cómo había sospechado Sasuke, y peor aún, saber que lo de sus padres había sido también por su culpa, hizo que perdiera la razón y el juicio.

Incrédulo por la revelación escuchada, el sonido de las sirenas acercándose, despertó a Sasuke. Cogiendo a Yamato, trató de instarle a que se detuviera y largarse. Sabía que cuando perdía la razón, nada podría detenerlo.

-¡Vamos, Yamato! –apartándolo a duras penas de un Takuya que a pesar de recibir, sonreía sádicamente- ¡Vámonos de aquí! ¡Tenemos que irnos!

-¡TE MATARÉ! –resistiéndose al forcejeo de Sasuke- ¡MALDITO HIJO DE PUTA! ¡JURO QUE TE MATARÉ! ¡OS MATARÉ A TODOS!

Fin Flash Back

.

Boquiabiertos, con la respiración contenida, así estaban todos aquellos que habían escuchado el relato del máximo líder, quién parecía sentirse muy cansado tras haber hurgado en un pasado tan trágico y doloroso.

Sasuke tenía los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre su pecho, como si pudiera revivir aquellos días en estos momentos. Sesshomaru, seguía con la mirada en la nada, también reviviendo, y pensando qué quizás, todo hubiese sido diferente si no hubiera aparecido por el internado. No dudaba de que aquello hubiera sido un truco de Kikyo para atraerlo, donde si no podía tenerlo consigo, se desharía de él. Contaba con Takuya, una máquina inteligente que sabía cómo usar sus cartas para salir beneficioso, y ellos perdedores.

Ellos eran el sol, que siempre iluminaba, la luz que muchos ansiaban. Y ellos, estaban bajo el fajo de la oscuridad, siendo señalados como asesinos crueles de algo que no habían cometido.

-…Después de aquello –proseguía Yamato- junto a Sesshomaru nos largamos del país para asimilar en lo que nos habíamos convertido sin quererlo. Nos habían ajusticiado un crimen que no habíamos cometido. Nadie quiso escuchar nuestras excusas. Tenían claro que nosotros éramos los culpables y tanto Takuya como Kikyo (usando su cuerpo, naturalmente), convencieron a más gente de que nosotros éramos unos asesinos sin piedad –pausó otros segundos que parecían largos para muchos de los que estaban ahí-. Al final, decidimos darles una razón de peso para ser considerados asesinos de sangre fría, y empezamos a asesinar a todos aquellos que no nos creían. Aquello empeoró nuestra situación, porque empezamos a cogerle el gusto al asesinato y a matar a todo aquel que se cruzase en nuestro camino.

Sakura no pudo evitar pensar en su abuelo, siendo víctima de algo tan pueril. De reojo miró a Sasuke, notándolo más arrepentido y dolorido que nunca. Al verlo borroso, se dio cuenta, de que había comenzado a llorar. Sin embargo, no lloraba al recordar la muerte de su abuelo materno, sino por Sasuke, por todo lo que había sufrido durante su estancia en el internado, a manos de unos dementes cómo lo eran los miembros del Shining Sun.

Soltando un amargo suspiro, Yamato continuó con una media sonrisa.

-Solo unos pocos se salvaron de no morir. Unos, para usarlos cómo objetos en nuestro turbio negocio; Y otros porque no se resistían e imploraban la muerte como salvación, o el deseo de ayudarnos.

Kouji no pudo por más que sentirse identificado en ese segundo grupo.

Cuando había sufrido el accidente familiar, viendo cómo su hermano gemelo había acabado muriendo en sus brazos, solo deseaba reunirse con su otra mitad.

Por su parte, Gaara estaba dentro del segundo grupo, pero en aquellos que había querido la ayuda del Dead Moon. Desde pequeños, sus hermanos y él habían sufrido maltrato por parte de su padre. Habiendo muerto su madre, tras su nacimiento, su padre había entrado en un estado donde dependía del alcohol y del juego para desahogarse. Eso lo había llevado a un estado demente y a pagarlo con ellos. Su hermano mayor Kankuro, había muerto por culpa de la tremenda paliza que un día su padre la había dado, tras haberlo perdido todo en el juego. Su hermana Temari, temerosa de que también los matara a ellos, le había dicho que lo mejor era huir. Huir lejos de aquel hombre. Por años, estuvieron robando y vagabundeando para sobrevivir. Hasta que el propio Gaara, deseoso de venganza, le había aconsejado a su hermana de unirse al Dead Moon. Ella no había estado nada convencida, y eso lo había visto Dragon y los demás. Por eso, por él, porque él quería ser como ellos, que le enseñaron y le dieron un título, mientras que a su hermana un título más bajo. Si Temari no fuese mujer y su hermana, estaba seguro de que el Dead Moon habría optado por deshacerse de ella y quedarse solo con él.

-Durante años nos hemos ganado el ser asesinos que no tienen piedad, todo por culpa de Takuya, que seguro que se ha estado regocijando desde las sombras.

La rabia de ver cómo por su culpa, su vida se había ido a la mierda era tanta como la impotencia de no haberlo detenido si hubiese abierto los ojos, y no pasado de todo. De no ignorar lo que Takuya y lo que los demás hacían, seguro que sus padres seguirían vivos y su hermano no tendría que vivir con el título de hermano de un cruel y peligroso asesino a escala mundial.

De pronto sintió como algo cálido y reconfortante se posaba sobre su cuerpo. Agradeció silenciosamente el abrazo que Sora le estaba dando. Pero es que ella no podía aguantar más. Escuchar aquella terrible historia, le producía lo mismo que lo que Sakura sufría ahora mismo. Unas ganas intensas de llorar por tanta carga que Yamato debió de haber soportado.

Un crimen que se le acusaba de no haber cometido.

El suicido de sus padres, siendo en realidad obra de aquel que había considerado su mejor amigo.

El intento hacia el joven Takeru…

Llevar todo eso…

Era demasiado doloroso.

Apretó su abrazo con más fuerza, haciéndole ver que ella estaba y estaría a su lado, apoyándolo para siempre. Quizás todavía no tuviese la suficiente voluntad para soportar sus crímenes y otras cosas, pero si él había sufrido cosas peores y seguido adelante en pie, sin derrumbarse, no podría dejar que él siguiese viendo como decaía por las noches. Tendría que ser fuerte.

Rin era otra que tenía ganas de llorar. Aunque Él no había tenido mucha participación en la historia, y no había sufrido tanto de los abusos de Takuya y los suyos, la historia era muy triste. No entendía cómo era posible que existiese gente tan retorcida que buscase el placer de diversión, haciendo sufrir a otra gente. Era una locura lo que iba a pensar, pero aquellas personas eran peores que Koga. Y el saber algo más sobre la mujer que había sido su profesora por la que había tenido simpatía hasta que descubrió la foto, le daba escalofríos de cómo podía engañar tan fríamente a la gente. Estaba claro, que para conseguir lo que deseaba, estaba dispuesta a todo. Se frotó los brazos para alejar ese sentimiento. Vio cómo Él se fijó en aquello, y para no preocuparlo, rompió el silencio con una pregunta que seguía sin ser aclarada.

-¿Y… y… quién salvó entonces a Angel sama del Shining Sun?

-Eso es un misterio que todavía seguimos sin descubrir –contestó Sasuke.

-Takeru sigue sin recordar muy bien, pero sigue insistiendo en que se parecía bastante a Sasuke –agregó Yamato.

-¿Podría haber sido el hermano de Dragon sama? –preguntó Sora como optativa.

-No. Mi hermano estaba muerto por aquel tiempo. Y el único que se parece a mí, es mi odioso abuelo Madara –añadiendo con desdén.

Sakura se secaba las lágrimas que tenía sobre los ojos. Por unos segundos, una posibilidad cruzó por su cabeza. ¿Y si fuese su padre?

Era imposible.

Su padre también estaba muerto por aquella época.

-¿Y tío Obito? –cuestionó ahora Sakura.

-Obito no se parece en nada a Sasuke –dijo Sesshomaru, quien había llegado a conocerlo-. Ni en el aspecto, ni en la voz.

Entonces, ¿quién había sido?

Coincidía con Sasuke, en que Madara era completamente imposible. Además, para poder estar a la altura de Takuya y compañía, que parecían estar bien experimentados en el arte de la pelea, tenía que ser alguien excepcional. Pero, ¿quién?

Rompiendo aquella incógnita, alguien entró a la sala sin importarle perder el decoro de llamar, y poder ganarse un billete de ida al otro mundo. Pero Henry estaba demasiado agitado y hasta emocionado, para preocuparse de algo que afectaría a su vida.

-¿Qué sucede? –preguntó Toran como portavoz de los allí presentes.

-Ha… Esto… Es… Es… ¡Increíble! -decía entre jadeos y con tanta excitación, que impacientaba a más de uno.

-¡¿Qué es?! ¡¿Qué pasa?! –exigió saber Jaken siendo el menos paciente de todos.

-Los votos… Han… Han subido… ¡El voto popular de la gente! -y después cómo si hubiese sufrido un subidón, exclamó lleno de alegría-. ¡HAN PUESTO EL RESULTADO DEL SONDEO SEMANAL Y CONTAMOS CON UN 77% DE APOYO DE LA GENTE!

.

-"Sorprendentemente, en pocas horas, el voto popular que apoyaba al Dead Moon ha subido vertiginosamente, donde ahora mismo cuenta con una mayoría absoluta del país nipón apoyando a esta organización. No se trata de ningún error informático. Está comprobado a través de las redes sociales de cómo en pocas horas, el tema del Dead Moon ha estado en boca de todos los adolescentes, donde testigos han afirmado que se han encontrado con los tres líderes y con el Three World, desenmascarando a alguien del entorno de estos estudiantes, y viendo cómo esa persona había asesinado y utilizado a…"

.

Y las noticias dejaron de emitirse, tras haber sido apagada. El mando a distancia fue lanzado contra el suelo, en señal de frustración de ver cómo sus enemigos habían logrado contar con tantos apoyos, a pesar del historial de crímenes que llevaban a sus espaldas.

Una sonrisa a sus espaldas, la frustró más.

-Parece que esta vez sí que te derrotaron bien. O más bien, una chiquilla de dieciséis años ha conseguido derrotarte, Kikyo –se burlaba Takuya.

Y eso sí que era un golpe muy bajo.

-Pero, ¿cómo ha podido pasar? –preguntó Kiba sin comprender cómo en pocas horas, hubo semejante disparo de votos a favor del Dead Moon.

-Basta con que uno le diga a sus amigos lo sucedido, y esos amigos a sus amigos, y así continúa el círculo sin fin. Eso sin contar, con el poder que tienen las redes sociales de comunicarse unos a otros. Basta con que esos adolescentes, que están todo el día metidos en esas cosas, para enseñárselos a los adultos, y así que hacerles cambiar de parecer –explicó Takuya.

-Yo creía que eran a los jóvenes a los que se podían influenciar y no al revés –opinó Sai.

-Esa es una idea desfasada. Estamos en una sociedad permisiva y que se consiente todo. Por eso, es que los jóvenes son los que realmente llevan la batuta en la casa para hacer lo que quieran sin que se les diga nada.

-Luego salen retorcidos como tú –espetó Kikyo, donde si no insultaba o hacía algo peligroso, no estaría satisfecha.

-Yo no soy retorcido. Solo seré retorcido cuando conozca a esas Three World –relamiéndose los labios-. Créeme, querida, no solo disfrutarás como yo, sino que esto provocará la caída en picado del Dead Moon para siempre –y con una sonrisa siniestra, añadió-. Después de esto, jamás volverán a tener el apoyo de la opinión pública. Y entonces, me volveré a divertir con su desgracia.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Como dije en el capítulo anterior, este sería un flash back para contar la relación entre el Dead Moon y el Shining Sun en sus orígenes. Y la historia fue larga cómo habéis visto.

Como dato curioso, en principio iba a usar un nombre inventado para el instituto donde estaban Yamato y Sasuke, aunque con intenciones de que empezase por "tsuki" (luna), pero en cuanto he visto en Digimon Tri que el instituto donde estaban Taichi y compañía, aproveché el nombre y de paso, hago alusión a ese instituto, para que así, los fans de Digimon, puedan imaginarse a los personajes el uniforme que llevarían.

La palabra "Tsukishine" que mencioné es la fusión de las palabras en japonés de Luna y Muerte. Por lo que mejor no podía encajar esto con el Tsukishima y el Dead Moon.

Otro dato curioso es el número de emergencias 119 donde en Japón lo usan tanto para llamar a bomberos o a ambulancias.

Para los que siguen mi página en FACE, sabréis que habrá otra actualización, concretamente este domingo.

La razón es porque cumplo trece años en fanfiction. Y como en este día me hice la cuenta, y el 11 fue cuando publiqué mi primer fic en esta página, pues habrá actualizaciones hasta el domingo. Comienzo con actualización del crossover y finalizo el domingo con el crossover también. La siguiente actualización no es tan larga como esta, unas ocho páginas de Word. Pero bueno, supongo que estas 25 páginas en este capítulo, lo compensa.

Para aquellos que quieran saber qué actualizaciones haré, está puesto en mi página de FACE. El enlace lo encontrareis en mi profile.

Pues nos vemos el domingo, deseando que os gustase este capítulo.

'Atori'