Capítulo 26: Victoria anticipada (2ª Parte)
Una fiesta se celebraba para festejar la mayoría absoluta que el Dead Moon había obtenido.
Con sus propios ojos habían visto cómo en un abrir y cerrar de ojos la opinión pública había cambiado de idea, gracias a lo que los alumnos (de la escuela donde asistía Rin) habían visto. Comprobar personalmente, que el Dead Moon defendía realmente la justicia, y que existía hasta un policía corrupto que apoyaba a un asesino (o asesina, en este caso), dejaba mucho a la imaginación. Sin embargo, el haber estado con una de las Three World en persona, y ver que se trataba de una chica normal que solo asistía a clase como cualquiera, sin ningún objetivo que beneficiase al Dead Moon, convencían más a aquellos adolescentes y a creer lo que el grupo a favor, liderado por Meiko y Kirara, defendían.
Aquellos jóvenes no veían política y los debates que formaban contra el partido donde estaban los funcionarios más importantes que luchaban contra el Dead Moon. Pero sí que se enteraban de lo sucedido a través de sus padres, al criticar a uno y a otro, y ser objeto de discusión en más de una comida familiar.
A eso se le sumaba el hecho de descubrir que Koga también estaba dentro del grupo de funcionarios que estaban en contra del Dead Moon, para suponer que el resto de policías eran iguales de corruptos que solo deseaban salvar su culo para que no descubrieran lo que había detrás. Y así, cómo pólvora que se esparce, habían empezado a surgir rumores. Algunos eran ciertos, otros inventados, manchando el honor de los que estaban en contra del Dead Moon.
Para los partidos en contra del Dead Moon, aquello era tan viral que era imposible detenerlo y tratar de razonar a la juventud, donde se necesitaría de mano dura para poder callarlos y hacer que entendiesen que estaban equivocados. Pero cuando a la situación se unían sus padres, la situación no hacía más que empeorar y a sentir una humillante derrota, cómo la que había obtenido el Shining Sun.
Todo lo contrario al Dead Moon quiénes celebraban por todo lo alto aquella victoria tan aplastante. Muchos se habían abandonado al alcohol y a la diversión.
Los hermanos de Yamato y Sesshomaru, así como sus aliados de fuera de Japón, también asistían a la celebración. Inuyasha, como siempre, se sentía muy desplazado de aquel lugar, por lo que Takeru estaba continuamente encima de él, para no dejarlo solo.
Los únicos que no asistían a aquella fiesta eran las presas Karin y Kagura. Al resto de las VIP se les había concedido la libertad, con la amenaza previa de que si volvían a hacer algunas de las suyas, volverían a estar prisioneras y a ser torturadas de por vida. Quizás porque tenían la lección bien aprendida, o porque no se sentían capaces de cometer un nuevo altercado, que las VIP preferirían disfrutar con el resto del personal a hacerles la vida imposible al Three World.
-Después de tantos años y sufrimientos, parece que por fin se hará realidad lo que tanto deseasteis –comentaba Kakashi detrás de Sasuke.
-Si el grupito de Takuya y mi abuelo se esfumaran del mapa, la felicidad sería completa. ¿Se sabe algo, Kakashi?
No había más palabras para que Kakashi y la propia Sakura imaginasen sobre quién estaba hablando.
-Recitando lo que has dicho, es cómo si Madara se hubiera esfumado del mapa.
-Pero vivo estará. Y seguro que andará tramando algo.
-Solo espero que no se haya aliado con el Shining Sun –comentó Sakura con algo de temor.
-En el Shining Sun hay una mujer, y ya sabes lo quisquilloso que es con el género femenino. Además, él no es la clase de hombre que comparta liderazgo con un chiquillo imbécil cómo Takuya.
-Dragon sama tiene razón Rose sama.
El análisis de su primo y las palabras de apoyo por parte de Kakashi, calmaron un poco a Sakura y a volver a tener el humor festivo que tenían debajo de ellos.
Desde el palco alto donde estaban los seis líderes, en cómodos sofás, y algunos cargos importantes, que tenían derecho a estar arriba, observaban cómo sus aliados se lo pasaban tan bien y despreocupados, cómo si ya disfrutasen de una victoria completa.
-¡Oh! ¡Vamos, Sasuke! ¡No te comas la cabeza con el viejales ese! ¡Ya le daremos caza! ¡Ahora hay que divertirse! –decía Yamato igual de despreocupado que sus invitados con una copa en la mano, donde le dio un sorbo por el puro placer de degustar aquella bebida alcohólica- ¡Lo mismo va para ti, Sesshomaru! ¡Qué puedo imaginar en quién estás pensando! –observando como el mayor seguía con su rostro estoico, donde solo sonreía cuando se lo pasaba bien. Esos momentos eran pocos, y esa fiesta tendría que estar dentro de esas excepciones.
-¿Y tú no estás siendo demasiado tranquilo? ¿Ya has olvidado lo que ese Takuya es capaz de hacer?
-Ya le daremos caza.
Entre tragos, Yamato tenía los ojos entrecerrados, imaginándose lo que le haría a su viejo amigo en cuanto lo tuviese delante.
La muerte de su familia.
El dolor que su hermano había sufrido.
La carga que había tenido que soportar.
Era algo que jamás se lo perdonaría y lo cobraría con creces.
-¿Yamato?
La voz de Sora llamándolo preocupada, le hizo ver que en algún momento de la fiesta, se había aislado de lo que sucedía a su alrededor, para tener en su mente a aquel hombre que le había jodido la vida desde hacía años.
-¡Ah! No es nada. No es nada.
El tener a la población de su lado, era solo un paso para no tener que huir y esconderse continuamente. Entonces, podrían enfocarse en buscar a la organización Shining Sun y destruirla. Estaban tan cerca de conseguirlo que hasta podía tocarlo con las puntas de los dedos.
-Con este sondeo, creo que más de uno tendrá que callarse la boca. Tendremos que el golpe definitivo para tener a varios partidos de nuestro lado.
Sora suspiró silenciosamente, viendo que aún tendría que disfrazarse de Mochizuki Meiko para seguir defendiendo al Dead Moon. Sin embargo, tenía que aguantar un poco más. Tenía que mostrarse fuerte, igual que Yamato al asumir un atentado que nunca había cometido. Ella había superado otras pruebas muy duras y cruentas dentro de aquella organización, que no se comparaba en nada a lo que estaba haciendo, así que podía superar esa también y demostrar que era la mujer de un auténtico líder.
-De eso nos encargaremos nosotras, ¿verdad, Sora?
La aludida asintió con la cabeza con una sonrisa. Si Sakura estaba determinada a cumplir esa misión, con más razón que nunca, ella no podía echarse atrás.
-Yo también haré mi mejor esfuerzo –dijo ahora Rin.
Quizás para no quedarse atrás, o porque gracias a ella que habían conseguido aquel aumento, que quería seguir apoyando al Dead Moon con lo que poco que podía, pero que en el fondo había logrado mucho.
Los tres líderes se sentían más que satisfechos por la actitud de sus mujeres. Sino fuera por ellas, ellos no estarían en aquella posición tan elevada de cara a los ciudadanos.
-Bueno –comenzó Kakashi rascándose la cabeza-, algo me dice que tendremos un lunes bastante ajetreado.
Imaginándose lo que pasaría dentro de dos días.
Los partidarios a favor del Dead Moon se multiplicarían delante del palacio de congresos, clamando al Dead Moon y poniéndose en contra de sus colegas policías y de todo aquel que tuviese algo en contra de la organización, donde seguro que habrían algunos radicales que atentarían violentamente contra los funcionarios públicos.
-Será conveniente que reforcemos la seguridad de Rin y las demás –objetó Sesshomaru.
-No es necesario, Sesshomaru sama. Con que Toran sama o Shunran sama estén conmigo, es más que suficiente.
Pero Dog no se sentía muy convencido. Una nueva insistencia por parte de la más joven, confiada en la fuerza de sus guardaespaldas, acompañada de palabras por parte de ellas de que no se preocupara, acabaron por convencerlo, pero a agregar.
-No quiero que ninguna de vosotras la pierda de vista.
Por experiencia, sabía que Kikyo no se rendiría así como así. Aquella derrota tan humillante la habría encendido de tal manera, que buscaría la venganza.
Por otra parte, tanto Sora como Sakura trataron de convencer a Yamato y a Sasuke de que no era necesaria más gente para que las escoltasen, teniendo a sus propios guardaespaldas a su lado.
-Si llevamos a más, despertaría las sospechas y a que nos descubran. Yamato, dijiste que no querías que Taichi descubriera que estoy de tu lado.
Pues de entre las antiguamente llamadas "Presas especiales", Sora era la única que se desconocía que estaba del bando del Dead Moon.
La primera en ser descubierta había sido Rin cuando había sido prisionera de Koga. Que Rin fuese la mujer de uno de los líderes, había enervado tanto al oficial, que se había tomado el tema del Dead Moon como algo personal, y a matar personalmente al mayor de los líderes.
La segunda en anunciar su cambio de bando, había sido Sakura tras haber sido liberada de su abuelo y el Akatsuki. Ella misma se lo había comentado a su (todavía) esposo, Uzumaki Naruto. Sin embargo, no sabía porqué, que su esposo no había revelado la verdad, sino que había declarado que Dragon le había lavado la cabeza, poniéndola de su lado. Un acto demente, que había preocupado a Yamato, y a concluir que el hecho de que Sora estuviese de su lado fuese alto secreto. Con su seudónimo como Phoenix y aludiendo que ella era su mujer, podía proteger su identidad de Taichi y la civilización exterior, hasta que el momento llegase.
-Está bien, de acuerdo.
Sasuke no estaba del todo de acuerdo con que Yamato cediera. Sabía por carne propia cómo se las gastaba Takuya y los suyos, así que solo le quedó hacer lo mismo que Sesshomaru.
-Como le pase algo a Sakura os aseguro que no viviréis para contarlo.
Los guardaespaldas al cargo de Rose se pusieron rígidos al instante, y a prometer que la cuidarían cómo a su propia vida.
-Vamos, vamos no exageres. Que les tengo mucho cariño.
-¿Y a mí?
Ishida Takeru acompañado de Hanyou Inuyasha aparecieron por el palco donde estaban los líderes.
El más joven con su típica sonrisa risueña y el otro, un poco acongojado por estar en aquel ambiente tan desconocido. Sino fuera por el joven Ishida, se sentiría aburrido y con ganas de irse a su casa. El muchacho se había enganchado a él, que no lo soltaba ni para ir al baño. También lo invitaba a unirse a alguna que otra conversación donde él no sabía que decir. Y ahora, su nuevo destino era donde estaban sus respectivos hermanos mayores.
-¿A mí no me tienes también cariño, Rose chan?
-Takeru déjate de bromas si no quieres que te meta la pistola en la boca por muy hermanito que seas de Yamato.
-¡Vale! ¡Vale! –entre risas, contagiando a las tres mujeres de los líderes.
Con expresión aburrida, Yamato miraba a su hermano, donde el parecido que existiese entre ellos no hacía más que confirmarse día a día que solo era físico. En personalidad eran tan distintos como el agua y el aceite.
-Hermano, hay alguien que quiere hablar contigo.
Yamato cambió su rostro, mostrándose interesado, como si supiera de quién estaba hablando. Excusándose con Sora, de que volvería pronto, le dio un ultimátum a su hermano pequeño de que se comportara frente a Sesshomaru y Sasuke.
-Todavía cree que soy un niño pequeño. Tu hermano también te trata así, Inuyasha kun.
-Ehh… Pues no…
-Porque él no es tan elocuente cómo tú –comentó Sesshomaru.
Inuyasha no supo si tomar eso como un insulto contra él o contra el propio Takeru.
Riéndose, Takeru comentó.
-Los hermanos pequeños tenemos que ser la alegría de la casa.
-Yo fui hermano pequeño y no fui tan pesado como tú –reveló Sasuke echando por tierra la teoría del joven.
-Pues Itachi san no opinaba lo mismo.
-¿Conociste a mi primo?
Había preguntado Sakura sin entender en qué momento de la vida aquel pequeño rubio había conocido a Itachi. Si las cuentas no le fallaban, había una diferencia de edad de seis años entre el pequeño rubio e Itachi.
-Sí. Cuando era niño. Me salvó de otros niños que abusaron de mi.
-Siempre abusan de ti, Takeru san –comentó Rin sin querer.
-¡Oh! ¿Le habéis hablado de lo que Kanbara y los otros me hicieron? –y aunque aquella experiencia debería ser traumática, Takeru la comentaba como una anécdota divertida más de la vida-. Fue horrible, eso sí. Y de no haber sido… -y su sonrisa de desvaneció, como si recordase algo a mayores.
Sasuke y Sesshomaru se centraron en ver al joven con gravedad.
-¿Has recordado a la persona que te salvó? –le preguntó Sasuke interesado.
Desde el momento en que el joven había dicho que quién lo había salvado había sido alguien parecido a él, la espina la tenía tan clavada que sentía curiosidad en saber si había sido alguien de su entorno familiar. Alguien cercano o que no había conocido.
Inuyasha miró al rubio también con intriga. Era la primera vez que lo veía serio y preocupado.
-Solo sigo recordando ver una figura más bajita que Kanbara y los otros, como de niño preadolescente. Pero debo estar mezclando lo real con algo que soñaría. Es imposible que un niño pudiera ahuyentarlos –terminando con una sonrisa nerviosa.
-¿No se supone que habías estado con los ojos vendados?
-La venda se aflojó a mitad de la paliza y pude ver algo, aunque borroso. Pero recuerdo perfectamente que mis atacantes fueron Takuya y los suyos.
Nadie dijo nada.
El hecho de que Takeru dijera que mezclase lo real con el sueño, era una clara alusión de que durante noches habría tenido la pesadilla de lo que Takuya y su grupo, gente de confianza, amigos de su hermano de casi toda la vida, le diesen semejante puñalada por la espalda. A eso se sumaba la muerte de sus padres y el peso de Yamato de llevar cómo asesino, para que el inocente Takeru se auto culpase por no haber sido fuerte y evitar la tragedia.
Levantándose del sofá, Sora se acercó al más joven y a posar sus manos sobre los hombros de su pequeño cuñado. Con una sonrisa dulce, le murmuró.
-No volverás a pasar por una experiencia así. Yamato no lo permitirá.
El joven sonrió agradecido.
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Apartados de la muchedumbre, donde nadie podía observarles, Yamato se encontraba con aquella persona que Takeru le había dicho que quería hablar.
Unas palabras en clave que el mayor le había pedido con anterioridad para que pudiera reunirse sin que nadie, principalmente Sora, los viese y comenzasen a murmurar. Que Yamato hablase con esa persona era demasiado sospechoso para desconfiar de su máximo líder.
-Hace tiempo lo habíamos hablado, y creo que hoy es el momento de llevarlo a cabo.
Su acompañante no dijo nada. Observaba al máximo líder inexpresiva, como si fuese una máquina que mediante los botones, hacía esta o aquella acción.
-Esta es una misión ultra secreta, pero bajo la aprobación de Dog y Dragon y a espaldas de las Three World y del resto del Dead Moon. Aunque sea una situación ventajosa para ti para darnos la puñalada, ya sabes a dónde irás si vuelves a traicionarnos, ¿lo has entendido Mimi?
-Sí, Wolf sama.
Contestando automáticamente.
Complacido, Wolf continuó con la charla.
-Estamos en una situación bastante favorable, por lo que, aunque te deje en libertad para que lleves a cabo la misión, si intentas hacer lo contrario, solo saldrías perjudicada.
-Lo sé.
-¿Sabes entonces lo que tienes que hacer?
-Conquistar a Yagami Taichi, para que se olvide de Phoenix sama.
-Correcto.
Tenía a Sora consigo. Lo amaba. De eso no cabía duda. Pero el corazón de su mujer era tan blando, que no podía evitar sentir pena por Taichi en ciertas circunstancias donde Taichi salía perdedor.
Aunque eso formaba parte de su personalidad, odiaba que ella sintiese compasión por alguien tan corrupto y odioso, que no había tardado nada en sustituirla por otra. Necesitaba mostrarle que Yagami Taichi ya la había abandonado por completo y que se había olvidado de él. Quizás, de paso, podría curar aquel síntoma que su mujer tenía cuando volvía de debatir con lo que había sido su amor de infancia.
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Tras el sábado de fiesta, le había seguido un domingo tranquilo para descansar y no pensar en nada. Un descanso poco habitual, y que muchos lo habían aprovechado al máximo. Los días de descanso eran tan raros, que muchos se sintieron como reyes. Nadie echó en falta la ausencia de una de las VIP, Mimi, que por orden de los máximos líderes, había partido al mundo exterior para cumplir con el encargo asignado aquella misma noche.
Faltaba poco para que el sueño del Dead Moon se convirtiera en realidad. Los dos obstáculos que les quedaban, el Shining Sun y Uchiha Madara, sería cuestión de tiempo para que desaparecieran. Pero la labor más importante, ya estaba hecha.
-¿Y te atreverías a mostrarnos que tú y yo somos pareja? –preguntó una Sakura desnuda encima de él y jugueteando con sus mechones oscuros.
-El amor es libre. Y a quién no le guste, que se joda.
Sakura rió divertida y le dio un beso en los labios.
-¿Qué te ha hecho cambiar de idea?
-¿A qué te refieres?
-Pues ayer aún amenazabas con tu arma por una broma inocente de Takeru kun, y ahora, por algo más importante, ya ni la mencionas.
Con una sonrisa arrogante, Sasuke cambió de posiciones, para sorpresa y sonrojo de Sakura al sentir algo caliente y erecto rozar su vientre.
-En estas condiciones solo puedo pensar en otra arma más efectiva contra alguien que tengo justo delante mía.
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-Neh, Sesshomaru sama, ¿he estado pensando en algo?
El hombre le prestó atención. Era de mañana y prácticamente no habían dormido nada. La fiesta pública con sus aliados, se había convertido en una privada cuando habían llegado a la habitación. Estaba tan ansioso en disfrutar con ella el triunfo, en darle el premio por aquella victoria, que no la había dejado dormir casi nada.
Él estaba fresco, pero eso era algo normal. Siempre que tenía una buena dosis de sexo, y más con su pequeña Rin, le sentaba de maravilla. Pero, no encajaba en que ella también lo estuviera cuando la había dejado, prácticamente, inservible. O eso debía de haber sucedido. Así que se sentía un poco mosqueado al respeto.
-Si Kikyo y el director ya no están en el instituto, alguien tendrá que sustituirlos, ¿no?
-…
Y que la muchacha se hubiera comido la cabeza con tonterías ajenas a lo que habían hecho ellos durante horas, lo mosqueaba aún más, golpeándolo en su virilidad.
-Estaba pensando que Toran sama o Shunran sama pueden ocupar el lugar de mi profesora. Y Jaken sama… … …No, Jaken sama, no, que es muy pesado. Pero, usted… -y luego recordó el fanatismo que tenían sus amigas de clase, y lo volvió a descartar-. Bueno, quizás mejor, Kouji sama o Gaara sama los que ocupen el puesto de direc…
Sin poder decidirse en quién podía ocupar el puesto de director, Rin se vio callada por el ataque de Sesshomaru contra sus labios y la decisión de que ese día no saldrían de aquella habitación.
Si la joven tenía la mente puesta en otra parte, él le iba a recordar que Él era su todo y que lo tenía en cuerpo y alma. Así como él la tenía a ella.
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La misma situación se vivía en la habitación donde estaban Yamato y Sora. El rubio solo le permitía un poco de descanso entre un momento y otro, para volver a continuar como si no tuviese fin.
Sora se sentía un poco sorprendida de porque aquella noche estuviese tan fogoso y tan animado, mientras que ella, a punto de quedarse dormida.
-Yamato, ¿podemos descansar un poco más?
-Y ya te dejo descansar.
Habían llegado al clímax hace unos segundos, pero Yamato volvía a impartir besos sobre su espalda, donde el descanso parecía ser de menos tiempo en comparación con las veces anteriores.
Lo sentía duro de nuevo. Su dureza chocando contra su trasero caliente y dolorido. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo habían hecho aquella noche y en tantas posiciones, que ni ella se imaginaba que pudiesen existir.
-Yamato, de verdad, estoy cansada.
Suspirando derrotado, Yamato se acostó sobre ella, donde Sora sentía todo su peso y la imposibilidad de descansar tranquila.
-Yamato, ¿podrías quitarte?
-No –abrigándola con sus manos.
Su cuerpo la abrigaba, pero estaba tan cansada y tan adolorida que quería un poco de espacio.
-Yamato, ¿qué te pasa? ¿A qué viene esa actitud tan posesiva y tan…? –sonrojándose. Aún, y con todo lo que había experimentado, se sentía incapaz de decir en alto aquellas palabras.
-Solo que me siento muy contento por la victoria –abrazándola con más fuerte.
-¿Y esta es tu forma de celebrarlo?
-¡Sí!
Yamato la había contestado con cara de niño pequeño tan adorable, que no pudo reprimir un sonrojo en sus mejillas.
Se veía tan atractivo así, que todavía no se creía que aquel hombre fuese su pareja. Si las circunstancias fuesen otras, estaba convencida de que aquel hombre sería alguien inalcanzable. Tan guapo, tan atractivo que podía permitirse a la chica que quisiera.
Eso la hizo sentirse afortunada por haber sido la mejor amiga de Taichi. De lo contrario, jamás se hubieran conocido. Y jamás habría conocido lo que es el verdadero amor.
Había estado enamorada de Taichi, pero el amor que le tenía, no era el mismo que el que sentía por Yamato. El amor hacia Yamato era más fuerte, más intenso, capaz de hacer locuras por él.
Creía que durante este tiempo, había llegado a conocerlo, pero se ve que aún le quedaba otra cara por descubrir. La de la felicidad más absoluta.
-Está bien –rindiéndose a esa actitud desconocida, pero muy graciosa-, solo por hoy, porque no volverás a sentirte así que te doy permiso para continuar.
-Después –contestó simplemente, sin moverse del sitio.
-¡Pero bueno! ¿No dijiste que te sentías contento y con ganas de celebrarlo?
-Por eso mismo. Si estás cansada, tú tampoco lo disfrutarás. Así que aprovecha para recuperar energías, cariño, porque seré una máquina cuando vuelvas a estar a tope.
¿Cómo soportar el día que tendría hoy? Se preguntó Sora con languidez.
Algo le decía que mañana las iba a pasar negras cuando se levantara.
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La fiesta y el descanso habían terminado. Tocaba jornada laboral.
El apoyo hacia el Dead Moon había seguido subiendo en las redes sociales. Y ahora delante de la sede, era innegable el apoyo de aquella gente. Aglomeraciones de personas con pancartas y clamando el Dead Moon, así como el rechazo a aquellos que no estaban a favor de la organización era tan alto que era imposible que no llamasen la atención.
La llegada de Meiko y de Kirara con sus respectivos seguidores, supuso un vitoreo y la petición de querer unirse a su grupo para sentir más de cerca al Dead Moon. Sin embargo, cuando llegaron Taichi y los suyos, aquellos vitoreo se convirtieron en abucheos llegando hasta el interior de la sede e incluso hasta en los baños femeninos, donde Sora y Sakura arreglaban sus disfraces con unas Temari e Izumi haciendo guardia en la puerta.
-¿Los escuchas? No me sorprendería que viese a ese estúpido de Naruto con un bistec en el ojo –se mofaba Sakura.
Por su parte, Sora no decía nada. Se lavaba las manos tras haber usado la crema para blanquear su piel morena. Su silencio fue algo que Sakura supo interpretar y a suspirar con pesadez.
-Sora, sé que tienes un corazón de oro, pero tienes que recordar que Taichi…
-Lo sé –cortándola-. No hace falta que me lo digas una y otra vez –adoptando un porte serio. El porte que debía mostrar como mujer del líder que era. A Sakura y a Rin les era imposible mentirles sobre cómo se sentía, pero tenía que esforzarse-. No puedo pensar en el pasado. Si Yamato no lo ha hecho con lo que ha tenido que vivir y pudo seguir adelante, yo también debo mantenerme firme en lo que he decidido.
Sakura sonrió y le cogió de las manos.
-Es duro, te entiendo. Pero, no estamos solas.
Sora asintió.
Fuera de los baños, Temari movía el dedo impaciente. Entendía que ambas mujeres necesitasen tiempo para prepararse y todo eso, pero estaban tardando demasiado. Consultando su reloj de pulsera, teóricamente, no había pasado tanto tiempo cómo había imaginado. Pero era la presión que Dragon le había impuesto que perdiese la noción del tiempo.
-¡Humm! ¡Qué ganas de que acabe el día y regresar a casa! –comentó Izumi estirando los brazos.
Temari vio a su compañera con algo de envidia. La rubia había hecho una clara alusión de regresar a casa para estar con su novio. Seguramente para volver a pasarlo juntos cómo lo habrán hecho después de la gran fiesta.
Ella por su parte, no tenía a nadie estable con el que estar.
Y lo que más le frustraba de su compañera, es que Izumi no había sido amenazada por Wolf para que tuviese los ojos abiertos con Phoenix, mientras que ella había sido advertida como unas tres veces.
-A veces la vida es tan injusta –murmuró con un suspiro angustioso.
Izumi la miró de reojo sin entender, pero antes de que pudiera preguntar por su estado, una enorme explosión que vino desde el baño femenino sacudió el lugar. La explosión provocó que ambas mujeres chocasen contra la pared más cercana. Temari e Izumi medio afectadas, tosieron para abrir los ojos y mirar horrorizadas cómo de la puerta del baño femenino estaba recubierto de llamas engrandecidas, impidiendo su acceso.
-No… No puede ser… -murmuró Temari aterrorizada.
-¡Phoenix sama!
La alarma creció entre los interinos de la sede que corrían por el pasillo principal, pero una segunda explosión volvió a sacudir el lugar. Lo que Temari e Izumi alcanzaron a escuchar de alguien que les pedía que fuera con ellos para que escapasen fue:
-¡Rápido, por la puerta de emergencia! ¡Qué alguien llame al 119! ¡Por la puerta principal hubo un atentado! ¡Ha afectado a la gente que está fuera! ¡Están todos muertos!
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El móvil del máximo líder sonó en el despacho donde estaban los tres líderes. El hecho de que su procedente fuese un número desconocido, concretamente de un fijo, hizo que Yamato hiciera una seña a su guardaespaldas que captó al instante lo que tenía que hacer.
Cuando alguien llamaba con número desconocido, inmediatamente, los guardaespaldas de cada líder activaban un dispositivo especial para averiguar su destinatario, pudiendo reconocer no solo el número sino el lugar exacto desde donde llamaba. Muchos de esos números eran llamadas hechas por equivocación. En circunstancias pasadas, esos destinatarios eran asesinados para que el Dead Moon pudiese seguir manteniendo el anonimato. Pero ahora, por sus mujeres, por su sueño, ya no tenían nada que temer, aunque eso no significaba que no tomasen precauciones.
Al sexto tono, Kouji ya tuvo todo preparado, y Yamato descolgó el teléfono.
-¿Cuánto tiempo has tardado en coger el teléfono, Yamato?
Aquella voz tan sádica y reconocible, hizo que Yamato pusieron los ojos en blanco y a temblar de ira, como si tuviera a aquel personaje justo delante de sus narices.
La expresión de Wolf sorprendió a los tres guardaespaldas, identificándolo cuando estaba fuera de sí.
-Oye, ¿no digas que es…?
Pero para Dog y Dragon aquella expresión solo podía significar que al otro lado de la línea estaba ni más ni menos que Takuya Kanbara.
-Y yo que dudaba de las habilidades de mi colega Tomoki en si era este o no tu número de teléfono –replicó burlón.
Apretando el móvil con fuerza, Yamato pronunció.
-¿Qué quieres?
-¡Oh! ¿Esa es la actitud hacia un viejo amigo del insti?
-¡VETE A LA MIERDA, TAKUYA! –explotando con tanta ira que sobresaltó a los guardaespaldas tanto por el miedo como por el hecho de que al otro lado estuviese su enemigo- ¡ME JODISTE LA VIDA SOLO POR DIVERSIÓN!
Una carcajada al otro lado.
-¡Y lo que te queda! ¡Parece que no te has enterado de lo nuevo!
-¡¿De qué hablas?! –con la voz temblorosa. Un mal presentimiento empezó a sacudirlo.
-¡WOLF SAMA! ¡DOG SAMA! ¡DRAGON SAMA! ¡HA SUCEDIDO ALGO TERRIBLE!
Henry, alterado y con el rostro pálido había aparecido. Hace días, había sido el portador de buenas noticias, pero ahora mismo, parecía ser todo lo contrario.
La alarma y el miedo que sentía Yamato se expandió por el resto de los varones.
-He vuelto a quitarte lo que tanto adoras –dijo con retintín.
Con esas palabras Takuya colgó el teléfono. El sonido que escuchó Yamato al otro lado de la línea, redundó en su cabeza como un martillo, sin creerse que Sora había muerto.
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
No tuve muchos reviews en el anterior capítulo, así que espero que el ver cómo finalice este capítulo os incentive un poco. Jejeje.
Y no voy a decir nada más, salvo agradecer a Antotis y a Ana Maria por los reviews. El de Antotis le contestaré desde el propio facebook, pero al review de Ana Maria desde aquí puesto que es anónimo.
Ana Maria: Si pensabas que se iba descontrolar con el anterior capítulo, con esto entonces, no te quiero ni contar. Jejeje. Espero que te haya gustado.
Pues nada más. Con esta actualización, finalizo la semana de intensas actualizaciones y ahora, a ver si puedo cumplir algunas que prometí (de actualizar antes de que termine el año), o por el contrario, vernos el año que viene. Como siempre, eso viene perjudicado por mi estado anímico, la inspiración y los médicos.
Un saludo a todos.
'Atori'
