Capítulo 28: La caída de los fuertes
Izumi bajaba las escaleras que llevaban hasta el calabozo cargando una bandeja de comida.
Su cara reflejaba una profunda tristeza por los acontecimientos ocurridos, mientras no dejaba de preguntarse:
"¿Cómo habían llegado a aquella situación?"
Si hasta podía recordar como si fuera ayer, la pequeña competición que había tenido con Miyako para liberarse de las malas condiciones en la que estaba, y así poder estar con Kouji libremente y obteniendo un cargo elevado en la organización, el de guardaespaldas de Phoenix, la mujer de Yamato.
Muchas veces lo había lamentado por Miyako con la que habían sido colegas en el oficio, y la cual ella también se había esforzado por la misma razón, poder estar libremente con Ken. Pero, el poder ascender y librarse de ser la zorra que se acostaba con cualquier tipo de hombre como modo de subsistencia, era una oportunidad única en la vida.
Pero al igual que Miyako, ella era incapaz de usar trucos sucios para deshacerse de su rival, y demostrar a Phoenix su valía como guardaespaldas suya. Al final, tanto Miyako como ella, se habían mostrado como eran realmente. Sin mentiras, leal, con sinceridad. Y eso, Phoenix lo había visto. Y cómo Phoenix tenía un gran corazón que nadie en el Dead Moon poseía, había convencido a Wolf de que las aceptara a ambas.
Wolf que amaba con locura a Phoenix, había aceptado con tal de verla feliz.
Era curioso como la relación entre Wolf y Phoenix había evolucionado desde que Phoenix había sido secuestrada por Wolf, que parecía la típica historia de amor donde el malo se enamora locamente de la chica y viceversa.
Con un corazón tan bondadoso y compresivo como el de Phoenix era normal que acabase sucediendo.
Pero…
Soltó un pesado suspiro viendo la puerta con una pequeña rejilla arriba para que le diera el aire al preso que estuviera en su interior.
Miró la llave que descansaba sobre una mesa, pero Izumi no necesitó de su uso para abrir la puerta. Al ver a la persona en su interior, Izumi mostró tristeza y nuevamente volvió a preguntarse:
"¿Cómo habían llegado a aquella situación?"
El Shining Sun, enemigo natural del Dead Moon había secuestrado al mayor punto débil de los líderes, el Three World. Ellas habían estado cautivas unos tres meses, tiempo suficiente para hacerles infinidad de cosas. Pero lo que les había pasado a las tres de forma distinta e individual, no había estado dentro de todas aquellas posibilidades.
La que más mal había acabado, había sido Heaven, seguido de Rose, las cuales habían sido violadas y ultrajadas de forma tan terrible que solo imaginárselo le daba asco.
Phoenix había sido la única de la que no habían abusado sexualmente. Pero, el líder de la organización enemiga se había encargado de lavarle la cabeza con verdades que deberían haber estado ocultas como era el caso de la muerte de los padres de la chica a manos de Wolf.
El líder del Shining Sun también le había desvelado otros crímenes cometidos a espaldas de la chica, como la matanza discriminada ocurrida las pasadas Navidades, y que Wolf había efectuado como venganza contra aquel policía por haber sido uno de los causantes de la desolación de Phoenix. Incluso, había destapado algo que ni hasta Dragon o Dog conocían, y era sobre la desaparecida Mimi. Para asegurarse de que el policía Yagami se olvidaba completamente de Phoenix, Wolf la había mandado para que conquistara a aquel inespector.
Quizás lo último no fuese algo tan hiriente. Pero por lo que había oído, el líder del Shining Sun le había mostrado día tras día cómo Wolf y los suyos habían matado cruelmente a sus padres.
Su corazón bondadoso había sido destruido para dar paso al odio. Un odio que había dirigido hacia todos los que pertenecían al Dead Moon, incluso ella misma.
Phoenix se había resentido de tal manera que había escupido su posición como Three World dentro del Dead Moon y a encerrarse voluntariamente en una de las celdas.
No quería los tratos especiales, porque ya no confiaba en nadie del Dead Moon y a fin de cuentas, ella era una secuestrada.
-Aquí le dejo la comida, Phoenix sama.
-Ya te he dicho que no me llames jamás por ese nombre -espetó ella molesta.
Izumi la miró con tanta lástima que le saltaban las lágrimas de ver cómo desde lo más alto, había descendido hasta lo más bajo por voluntad propia.
La celda en la que se encontraba, estaba llena de polvo, carecía de ventana y solo había una cama, aunque se encontraba en malas condiciones. También contaba con una silla y que usaba su propietaria para mirar continuamente a la pared, como si el ver a cualquiera del Dead Moon le diera asco.
-Phoenix sama, por favor, entiéndalo. Lo que pasó con sus padres sucedió cuando Wolf sama aún no se había enamorado sinceramente de usted.
-Tuvo tiempo de sobra para contármelo.
-Es que si lo hacía, sabía que no lo perdonaría. Estaba tan enamorado de usted que temía perderla.
-¡Pues tenía razón! No quiero saber nada de ese asesino ni de sus seguidores. Para mí sois todos de la misma calaña. Unos mentirosos asesinos que os habéis burlado de mí.
-Phoenix sama, eso no es cierto.
-¡Deja de llamarme así! -tapándose las orejas- ¡Ya no quiero saber nada de ti ni de nadie del Dead Moon!
Izumi pudo ver cómo Phoenix sorbía por la nariz y como su cuerpo se convulsionaba en señal de que estaba llorando amargamente por el dolor de la traición.
Mirando el piso, a punto de llorar ella también, se retiró cerrando la puerta, pero como siempre, sin cerrarla con llave, donde ella podría ser libre de escapar si quisiera. Una de las decisiones que Wolf había dispuesto.
Subiendo por las escaleras con la tristeza marcada en su cara, Izumi llegó a la gran sala donde todos hacían su respectivo trabajo.
Habían pasado unos meses desde que habían liberado al Three World, pero viendo cómo las luces de neón iluminaban tenuemente a las chicas explotadas en contornear sus figuras para calentar a los hombres salidorros con sus bailes o teniendo relaciones sin importar quiénes les viesen, le hacía ver que habían vuelto al punto de partida.
Temari al haber fallado como guardaespaldas de Sakura, Sasuke la había destituído de su puesto, poniéndola en el puesto que había tenido en su llegada al Dead Moon, la de una simple ramera que solo servía para complacer al hombre de turno. Lo mismo había sucedido con Miyako y ella misma. La locura de los líderes había llegado a límites extremos, donde Kagura había recuperado su antiguo cargo como encargada y con sus amiguitas que también habían recuperado su puesto como VIPS, no dejaban de putearlas a la mínima oportunidad que tenían.
Ante eso, los líderes no hacían nada.
Cada uno estaba tan afectado y con sus propios problemas que ya no hacían nada ante lo que antes consideraban chiquilladas que alborotaban el local.
Era fácil de ver, por ejemplo, como Dog se la pasaba continuamente en la barra sin atender lo que pasaba a su alrededor y con un vaso de alcohol en la mano.
Lo ocurrido a Heaven había sido tan sorprendente como antinatural.
La antigua novia, o la supuesta novia de Dog, Kikyo, la única integrante femenino del Shining Sun, se había cebado tanto en Heaven que había empleado métodos crueles para atormentarla y a desear la muerte.
Tsunade había tenido que encargarse personalmente de la situación tan crítica en la que había estado la joven. Cuando se lo había contado a los de más confianza, nadie había articulado palabra alguna de la macabra acción que la chica del Shining Sun había hecho.
Heaven había sido abusada sexualmente, pero no por hombres, sino por perros amaestrados, provocando daños interinos y psicológicos. La adolescente había sufrido una grave infección en los ovarios, donde si por casualidades quedaba embarazada, su propia vida podría correr peligro.
En cuanto a los psicológicos, eran los más preocupantes.
Había perdido, y esta vez de verdad, la facultad para hablar. Tenía una especie de fobia a todo aquella persona que la tocara, por no hablar de los perros, que se ponía histérica cada vez que los veía o escuchaba ladrar como si creyera que volvieran a atacarla. Su histerismo había llevado en una ocasión, a que corriera sin rumbo fijo y a atravesar la carretera y a punto de ser atropellada.
A Dog casi le había dado un infarto cuando había visto aquel accidente.
Desde que ella había regresado, se la había pasado a su lado. Pero incluso rechazaba el tacto de Dog como si tuviera delante al mismo demonio.
Y por las noches…
Muchas veces, ella y sus colegas despertaban por los gritos angustiados de Heaven como si estuvieran torturándola. Escuchaban también como Dog trataba de calmarla, pero ella se ponía igual de histérica que cuando tenía contacto con el mundo canino.
Había llegado un punto en que Dog ya no había podido más. O más bien, era correcto decir que no podía ver cómo ella había perdido toda la luz que lo había sacado de su mundo oscuro.
Entre los delirios de Dog mientras bebía, podía escuchar cómo se sentía culpable de haberla arrastrado a ese lugar, y de cómo por su culpa, Heaven había sido secuestrada.
Era tan doloroso, que no pudo imaginar el dolor que tuvo que haber sentido cuando había ordenado que Heaven se fuera a vivir con su medio hermano Inuyasha.
Izumi había sido testigo de cómo a Heaven parecía disgustarle tal idea. Pero Dog siguió tajante con aquel ideal, pensando que sería mejor que estuviera con gente amable y de confianza, que pudieran devolverle el habla y la sonrisa. Además, estaban en un lugar en el que la policía y el Shining Sun desconocían, por lo que tenía la seguridad de dejarla a salvo de aquellos locos que no dejaban tranquila a una adolescente que solo había querido vivir en paz como cualquier otra chica de su edad.
La marcha de Heaven había sido un gran aliento para Kagura y para Sara que no habían tardado en aprovechar la oportunidad para volver a conquistar al mayor de los líderes. Pero, por mucho que se esforzaban, Dog solo estaba enfrascado en la bebida y en cómo había perdido a Heaven para siempre.
-¡¿Se puede saber que estás haciendo, puta holgazana?! -le gritó Kagura en jarras con aquel aire de superioridad que tanto había detestado- ¡¿No ves que hay estúpidos haciendo cola para que les follen?! ¡Espabila!
Sin nadie que le diga nada, y de regreso a aquel puesto tan desagradable, Izumi no le quedaba otra que callar la boca y obedecer a regañadientes lo que ella le decía.
Durante su camino, pudo ver a Rose recostada cómodamente en un sofá riendo estúpidamente con varios hombres a su alrededor, donde seguramente la estarían halagando o haciéndole proposiciones indecentes que Rose no rechazaba, todo para vengarse de Dragon por lo que le había hecho.
El cautiverio que había tenido Rose no había sido tan extremista como el de Heaven, ni tan distinto al que había sufrido durante los primeros meses que había sido secuestrada por Dragon para divertimiento del líder más joven.
De hecho, con el fuerte carácter de Rose y el apoyo incondicional de Dragon, habría podido superar el haber sido violada por uno de los del Shining Sun. Sin embargo, lo que había roto la relación que tenían Dragon y Rose, había sido el descubrir cómo Dragon, sin tener en cuenta su opinión, le había provocado un aborto. Aunque fuese concebido producto de una violación, según Rose, aquel niño seguía teniendo su sangre y no tenía derecho a quitarle algo que era suyo.
E Izumi, como otras personas de confianza, sabían que había algo detrás. Y que estaban obligados a mantener en silencio.
Pero Rose era igual de cabezota que Phoenix y a tomárselo tan a pecho, que no había atendido a las razones que Dragon le había dado para justificarse.
Rose no había vacilado en romper su relación con Dragon, llegando a tacharlo igual que el despreciable Uchiha Madara. Ser considerado como su abuelo, había sido una gran ofensa hacia Dragon, y a que le siguiese el juego con aquella discusión sin aclararle la auténtica verdad de porqué había provocado el aborto.
Izumi no sabía cuantas noches tenía que escuchar como ellos dos se peleaban, incluso como él le había levantado la mano en más de una ocasión, cuando ella se sobrepasaba con sus palabras.
Y ahora, Rose seguía con su juego de querer ver el mundo arder dejando cómo varios de los hombres, la tocaban sin descaro y ella les correspondía como si se divirtiese al estilo de mujer VIP.
Al otro lado, Izumi veía como Dragon estaba que se lo llevaba el demonio de los celos. Su mano reposaba sobre su pistola, dispuesto a armar un gran escándalo y un gran río de sangre. Sus antiguas VIPS, Karin e Ino, se aprovechaban de reconquistarlo, cosa que cuando Rose se giraba a verlo, Dragon le seguía el rollo a sus chicas para devolverle la traición con otra traición.
Era extraño lo que diría, pero gracias a Ino y a Karin impedían que hubiese un baño de sangre. Aunque estaba convencida de que por la noche, discutirían por haber cometido infidelidad.
Y Wolf…
Se marchaba en solitario a cometer aquellos crímenes que hacía antes de haberse ablandado. De vez en cuando, Dog y Dragon lo acompañaban, pero para liberar el estrés que sentían por la pérdida de sus respectivas amadas.
Pero Wolf lo hacía para desquitarse contra todo ser humano, culpando a la propia vida por hacer que lo perdiera absolutamente todo.
Ya no le quedaba nada a lo que llamar esperanza, como su hermano le había dicho en una ocasión, así que si él no la tenía, no iba a dejar que el resto de la humanidad fuese feliz. Era como el ojo por ojo y diente por diente.
Si él lo pasaba mal, lo haría pasar al resto del mundo.
Debido a aquellos atentados, la opinión pública no tuvo duda alguna de los responsables de los atentados ocurrido en el instituto en el que había estado Heaven y en el congreso donde habían estado los partidarios del Dead Moon había sido provocado por ellos.
Con la policía nipona con las pilas recargadas y con el apoyo de la sociedad se esforzaba más que nunca en la captura del Dead Moon y aplicarles la pena de muerte.
Ese era el pan de cada día que deberían de vivir para siempre. Pues solo un milagro podía hacer que todo aquello cambiase.
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-Cariño, ¿ya llamaste a Rin chan para que viniera a comer? -había preguntado Kagome a su hija, sin dejar de remover el contenido alimenticio que estaba dentro de la cazuela.
-Eso hice mamá, pero la tía Rin sigue sin hacerme caso.
Kagome miró con gravedad a su hija, quién debido a su tierna edad, no le habían explicado la razón de porqué la nueva integrante en la familia, se la pasaba en la babia. Posando suavemente el cucharón sobre la cazuela, le pidió a la niña que vigilara de que la comida no se quemara.
La pequeña asintió obedientemente, mientras Kagome se retiró de la cocina para ir a buscar a aquella adolescente que el hermano de Inuyasha les había confiado.
Ni ella ni Inuyasha sabían muy bien porqué Sesshomaru había hecho aquello. Lo único que sabían es que Rin había estado tres meses cautiva con el Shining Sun y que había desarrollado una fobia ante cualquier ser viviente, especialmente hacia los perros.
En aquel momento, tanto ella como Inuyasha no habían entendido muy bien aquello. Y mucho menos, la tristeza y desolación de la chica cuando había visto a Sesshomaru partir, donde el hombre se había sentido igual que ella al dejarla con ellos.
Inmediatamente, habían descubierto a lo que se refería Sesshomaru con lo de fobia y la razón de porqué la había dejado a su cargo.
Aquella muchachita, no sabían muy bien porqué, se asustaba cada vez que Inuyasha, su hija o ella la tocaban.
Daba la impresión de haber perdido la capacidad de hablar, donde solo emitía sonidos que para muchos les parecía de tontos.
Y por las noches, era horrible.
La joven se despertaba en mitad de la noche gritando como si le estuvieran arrancando el corazón en vida, y el hecho de asustarse más cuando alguien la tocaba, dificultaba el poder tranquilizarla.
Lo peor había sido cuando habían descubierto su fobia hacia los perros.
Ante tales circunstancias, la pareja no sabía cómo lidiar un asunto que debía estar en manos de profesionales. Pero Sesshomaru, se los había encargado a ellos precisamente. E Inuyasha no podía por más que sentirse frustrado de que le pasara semejante responsabilidad. Inuyasha no podía entender cómo la impotencia de Sesshomaru le había superado de tal manera, que solo lejos de él, podía evitar que el peligro volviera a acecharla.
Kagome en cambio, como mujer caritativa que era, tuvo la paciencia de ayudarla y a tratar de que volviera a ser la chica que Inuyasha le había hablado.
Con tiempo y paciencia se podría conseguir.
Y aunque, poco, había hecho pequeños progresos, como por ejemplo, el hecho de que no se asuste cuando ella la abrazaba. En ocasiones, aquella fobia regresaba, pero solo cuando la rodeaba el histerismo.
Pero cada tarde, no dejaba de sentarse a su lado, y de hablarle de cosas divertidas con la esperanza de que eso la hiciera reír. Pues, desde que ella había llegado, nunca la había visto sonreír.
Cuando no estaba metida en el mundo de la tragedia, estaba en uno propio como si se lamentara por las pérdidas que había experimentado. Y ahora mismo, estaba en ese mundo.
Sentada en el descansillo que unía la casa con el jardín, Rin se mantenía con los ojos perdidos en la nada, como si ahí viera una utopía que jamás viviría.
-Rin chan, la comida ya está lista. ¿Por qué no vienes?
Y como había pasado con su hija, Rin seguía sin hacer caso. Sus ojos vacíos y sin expresión, preocupaban muchas veces a Kagome.
-¿Rin chan? -la llamó tocándola del hombro.
Ella se sobresaltó por unos segundos y luego se giró para ver a su interlocutora. Kagome trató de poner la sonrisa más amable que tenía.
-Vamos. Es hora de comer.
Ella no contestó. Solo bajó la cabeza como si fuera un asentimiento.
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La hora de la comida en la familia Hanyou siempre era entretenida. La pequeña Kanna comiendo sin la típica pelea que ofrecen los niños cuando son pequeños; a Inuyasha protestando por no poder socializarse con la civilización por culpa de los radicales; y a Kagome pidiéndole paciencia a su marido y que entendiera que no se podía hacer nada contra aquellas personas que no conocían cómo era realmente el Dead Moon.
Rin sí que lo sabía.
Lo había experimentado en su propia carne.
Quizás fuese todo aquello que los radicales decían, pero también sabía, que todo lo que hacían era por muchas razones que habían detrás.
Ellos nunca buscaron ser unos asesinos despiadados.
Takuya y los suyos los había obligado a convertirse en asesinos al haberlos culpado del incidente del internado Tsukishima en el momento más terrible de sus vidas.
Además, Sesshomaru era como era, debido a sus orígenes. Nacido en el seno del clan Inuyoukai, una organización mafiosa, siempre es motivo para que el hijo sea objeto de habladurías, sobre todo si había sido concebido por hermanos de sangre y llevaba unas marcas en su rostro como estigma del diablo.
Rin recordaba cómo a veces se maldecía por esas marcas, y en consecuencia por haber nacido de la unión entre dos hermanos de sangre. Pero fuera de eso, Sesshomaru era un humano como otro cualquiera. Alguien muy habilidoso, fuerte y pendiente de ella. Eso lo había descubierto cuando la había rescatado de Koga.
Quizás se llevasen unos quince años de diferencia, pero ella se había sentido atraída hacia él, hasta entender que ese sentimiento era amor y que además, era correspondido.
El tiempo que habían estado juntos había sido como de ensueño, y ahora lo veía tan lejano que no quería seguir indagando en sus recuerdos para no recordar aquellos días tan agónicos que había sufrido.
Mirando al frente, vio como su comida seguía sin tocar y cómo Kagome, la persona que estaba más pendiente de ella, le indicaba de manera graciosa lo que su marido tenía que hacer contra aquellos que decían barbaridades de Sesshomaru y los demás.
A través de las noticias, Rin podía observar cómo el Dead Moon había vuelto a las andadas. En muchos de esos crímenes, Rin comprobaba que la gran mayoría eran perpetrados por Wolf. Pero cuando veía que en otras ocasiones, Sesshomaru también estaba involucrado, sentía un nudo en la garganta y a culparse por haberle hecho regresar a aquella vida de criminal.
Cuando ella era solo su Perrita, el instinto asesino de Dog desaparecía para interesarse en jugar con ella, desarrollando un interés obsesivo que se había transformado en amor.
La Reina le decía que lo había cambiado, y como si fuera un daño colateral, había acabado por afectar a los otros dos líderes tras su decisión de tener una presa cautiva como Dog.
Viendo cómo Dragon y Wolf (especialmente éste último) realizaban aquellos actos criminales, le dio que pensar que Sora y Sakura se habían separado de ellos por alguna razón que ella desconocía. Debido a que había estado en una habitación oscura y encerrada, con aquella mujer llamada Kikyo disfrutando de su agonía, no sabía muy bien que había pasado exactamente con Sora y Sakura durante su cautiverio. Tampoco sabía si Wolf y Dragon habían hecho como Dog, y ahora mismo, se encontraban con otras personas de confianza para que las cuidara. Solo esperaba que estuvieran bien. Porque ella, dudaba que pudiera recuperarse algún día.
El miedo estaba muy presente, sobre todo, cuando todo durante las noches oscuras, que la hacían revivir aquellos momentos cuando había estado secuestrada por el Shining Sun.
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Desde habitaciones contiguas, el personal del Dead Moon escucharon el fuerte ruido de algo fuerte cayéndose al suelo. No hacía falta salir al pasillo y ver que procedía de la habitación de Dragon donde una noche más, ambos se volverían a atacar verbalmente hasta llegar a las manos.
En la habitación de Dragon, Sasuke y Sakura, tenían un cara a cara, desafiándose mutuamente.
-¡Me tienes hasta las mismísimos ovarios, primito! ¡¿Se puede saber quién eres para cortarme el rollo?!
-¡Creo que tú misma acabas de decirlo! ¡Soy tu primo! ¡O más bien, soy tu hermano y tengo derechos!
-¡Ohh! ¡Ni que fueras el hermano mayor! ¡Porque que yo sepa soy tres meses más mayor que tú!
-¡Seas la mayor o no, "Tú" -remarcándolo bien- estás en mis propiedades y no tienes ningún derecho a abrirte de piernas al primero que se te insinúa!
-¡Ja! ¡Fue hablar el virgencito de la organización que me hizo abrirme de piernas a la primera de cambio! ¿Acaso te preocupa que me haga un hijo?
La tensión que sufrió Sasuke fue tan alarmante, pero Sakura no se estremeció. Ya todo le daba igual.
-Sabes de sobra porque ocurrió aquello -dijo Sasuke arrastrando las palabras.
-¡Oh, sí! ¡Porque era el hijo del que me violó! ¡O más bien, como era una niña, preferiste arrebatármelo como hizo nuestro abuelo con nuestra abuela! ¡Después de todo, tú y el abuelo os parecéis demasiado!
La ira de ser nuevamente comparado con su abuelo hizo que Sasuke temblara y a tratar de controlar sus impulsos, pero Sakura no se lo ponía nada fácil.
-¡No te preocupes, querido primo! ¡Que no quiero ver cómo arrancas a la carne de mi carne nuevamente, que me cuido para que no me dejen embarazada!
Sakura se dispuso a irse de aquel cuarto en el que ya no estaba, pero la mano de Sasuke cogiendo sin ninguna delicadeza su brazo, se lo impidió.
-¡Me haces daño! ¡Suéltame! -tratando de forcejear.
-¿Para qué? ¿Acaso piensas que no sé que tienes a algún imbécil perdedor en tu habitación?
-¡Igual que tú tienes tus derechos de follarte a toda perra que se te ofrece yo también tengo los míos a acostarme con quién quiera! ¡Ahora, suéltame!
-¿Sabes? -apretando más el brazo y acortando las distancias-. Eso mismo pensaba hace tiempo. Darte tus derechos, pero también tenía en mente a matar a todo gilipollas con el que estuvieras. Y eso es lo que he hecho.
-¡Maldito desgraciado!
-Si tantas ganas tienes de que te follen, y ya que te estás cuidando, puedes abrirte de piernas a mí, como siempre has hecho, que yo estaré encantado de volver a metértela.
-No sabes el asco que me da cuando acabas de estar con aquellas dos zorras oportunistas.
-Estoy jugando al mismo juego que tú.
-¡Y tú puedes disfrutar metiéndosela, pero yo no puedo! -le reprochó con ira- ¡Tu juego es una mierda como lo eres tú, Uchiha Sasuke! -volviendo a tratar de zafarse de él, pero Sasuke la aprisionaba con más fuerza- ¡Suéltame de una vez o me pongo a gritar como una loca!
-Tu habitación está hecha un asco por culpa de la sangre que dejó aquel tipo, creo que te será imposible regresar a aquella habitación hasta que la mande limpiar. Y desde luego, no tengo la gana de mandar una orden como esa.
-¡Como si no hubiera habitaciones en este local de mierda! ¡Hasta los calabozos serían una suite!
-Ni de broma pienso permitir que sigas apartada de mí. Tú eres mía y si tengo que volver a obligarte a que vuelvas a mis brazos, pues es lo que pienso volver a hacer.
Arrastrándola, ante los gritos, forcejeos y puñetazos que Sakura le daba, Sasuke no cedió en su objetivo y la llevó hasta su propia cama.
-¡Esto es una violación, Uchiha Sasuke! ¡Ni pienses que volveré a caer ante tus falsos encantos! ¡Todo lo que me haces es asqueroso como tú! -decía únicamente como resistencia, puesto que sus brazos habían sido invalidados por los del hombre y su fuerza era nula comparada con la de él.
Sentir como la besaba y cómo se movía contra ella, ya no la calentaba como había sucedido al principio.
Había aprendido demasiado, había madurado lo suficiente para abrir los ojos y ver que solo la había conquistado para llevarla a la cama y manipularla a su antojo.
Ya no confiaba en él. Solo sentía asco y odio.
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Los gritos de Sakura se escuchaban desde la celda en la que Sora se encontraba. Ella seguía manteniendo su posición sin querer preocuparse por nadie, ni siquiera por ella misma. Era una secuestrada y en la gran mayoría de los casos, los secuestrados morían a manos de su secuestrador. Sin nada en lo que creer o confiar, Sora buscaba los puntos para que eso sucediera y desaparecer de una vez para siempre.
Atrás de ella, estaba Yamato con los brazos y piernas cruzados mirándola fijamente, ignorando los gritos de Sakura y lo que estaba sucediendo en la habitación de Dragon. Sus ojos azules antes habían viajado hacia la bandeja de comida que estaba en el suelo y que, desde la mañana, seguía sin tocar.
Últimamente había llegado a sus oídos que Sora estaba como en huelga de hambre, y eso se apreciaba en como su figura era más esquelética de lo normal y como la ropa pasada de moda, como él lo llamaba, resbalaba de sus hombros.
Desde que se había encerrado, ella no solo había desechado su posición en el Dead Moon, sino que también había desarrollado una desconfianza hacia todo el mundo y había empezado a usar su vieja ropa.
Si ella no quería comer para morir, pues estaba en un gran problema.
-Hoy tampoco has comido.
-Es más sano los ratones de este calabozo que la comida que prepara unos asesinos.
Los primeros días en los que Sora se había encerrado en la celda, Yamato había tratado desesperadamente en explicarle el error que había cometido en matar a sus padres, cuando en aquel tiempo, él aún no se había enamorado de ella. Pero ella era tan terca como una mula que había logrado que perdiera los nervios y a que su relación fuese tormentosa.
-¿En serio? -cogiendo la bandeja-. Si tantas ganas tienes de comer arroz con ratas, no tengo ningún problema en ofrecértelo.
Con cierto recelo, Sora observó cómo Yamato pasaba por su lado con la bandeja en una mano, mientras que con la otra llevaba un objeto afilado y que usó contra uno de los roedores que pululaban por el lugar.
Yamato se ensañó tanto con el roedor que daba la impresión de estar desquitándose contra alguien. Para Sora, aquel comportamiento le puso la piel de gallina, ya que le recordaba a cómo Yamato había asesinado cruelmente a sus padres. Y cuando vio a Yamato con una sonrisa sádica y con el roedor empalado con la sangre cayendo sobre su comida, le dio ganas de vomitar.
-Entiendo que quieras un condimento que acompañe al arroz en vez de la típica y sosa salsa de tomate. Siempre he pensado que la sangre tiene más nutrientes que una salsa de fábrica, ¿no crees? Así que ahora ya no tendrás ningún problema en comer, porque, dudo que prefieras que te dé de comer yo mismo como si fueras una niña pequeña -acercándose con paso seguro hasta ella-. Sabes que no soy muy amigo de la paciencia y que no soy nada delicado para obligarte a comer.
Sora temblaba desde su sitio, pero eso no impedía que en respuesta le mirara con todo el desprecio y asco posible.
Su huelga de hambre había terminado para acabar comiendo lo más vomitivo que existía y lo propio de rehenes como ella.
Solo deseó que la rata tuviese alguna enfermedad vírica y así morir de una vez.
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En la comisaría de policía, donde el departamento de investigación contra el Dead Moon continuaban sin descanso para capturarles, había llegado nueva información de manos de Koga que poder usar.
-¿Qué es esto Koga? -le había preguntado Taichi algo receloso, ante el informe grueso con fotografía de la persona investigada y que Koga se lo había puesto ante sus ojos.
-¿Recuerda cuando le dije que hubo una mujer en aquel instituto que se hizo pasar por la amante de Sesshomaru? Pues es esta -señalando la fotografía de Kikyo en sus años mozos.
-Miko Kikyo, edad desconocida, licenciada en medicina en la universidad de Fukuoka, responsable de enfermería durante cinco años seguidos en el internado Tsukishima desde… -cortándose ahí, para mirar con una ceja alzada a su colega-. Koga, ¿qué significa este informe? ¿Qué tiene de raro que esta mujer haya coincidido con Wolf y Dragon cuando estudiaban en ese internado?
-Es que no lo ha leído todo, inspector. Esa mujer, mientras ejercía como doctora en el internado Tsukishima, era novia de Dog. Ahora, por motivos que desconozco, son rivales, y ella desea su muerte tanto como yo.
Taichi se puso a leer el resto del informe, donde no existía más datos desde el incendio del internado Tsukishima. Ni siquiera se explicaba cómo había sobrevivido a aquel atentado de hace años. Y a juzgar por no tener una foto reciente, algo le decía, que ella había desaparecido del mapa, y que alguien, realmente habilidoso en la falsificación de documentos, había logrado esconderla hasta la actualidad en que Koga se había topado con ella.
-¿Y? ¿Qué sugieres que hagamos?
-Contactar con ella y pedirle que se infiltre en la organización del Dead Moon o su colaboración o lo que sea.
-¡Ah, no! -decretó Naruto con demasiada rotundidad-. Otra mujer espía en la organización no. ¿Acaso te has olvidado de Karin? ¿Y cómo nos pasa información cuando se le da la puta gana?
-Ahí estoy de acuerdo con Naruto.
-Pero, inspector. Ella es realmente habilidosa. Más que Karin. Consiguió escapar del Dead Moon casi sin pestañear -exagerando un poco las cosas. El haber estado hace meses tan cerca de Rin y las acciones tan locas del Dead Moon, lo ponían ansioso en volver a tener a su antigua novia (como la llamaba) de regreso.
-Sé que quieres rescatar a Rin de esos cabrones, Koga. Yo también estoy ansioso en tener a Sora de vuelta. Pero, últimamente, los actos del Dead Moon se han vuelto escandalosos, sin sentido y hasta predecibles.
-Yo diría que ahora se han vuelto más peligrosos -opinaba Naruto desconfiado.
-Más bien, es como si de repente hubiesen perdido la cabeza. Ya no actúan con cabeza y con planificación. Y que de vez en cuando actúe Wolf en solitario, nos da una gran oportunidad para capturarlo y luego cazar al resto de la cuadrilla.
-Podríamos contactar con Uchiha Madara para que nos eche un cable -sugería Naruto. El problema es que el anciano quería cebarse contra Sasuke, y si él se lo ofrecía en bandeja de plata, lo único que le daría sería su corazón, porque antes lo mataría por haber cambiado tanto a su querida Sakura.
-Ese hombre desde que el Dead Moon le venció anda sabe dios dónde. Podríamos usar a los Akatsuki para que nos ayudasen, pero no me fío un pelo de ese líder provisional… ¿Cómo se llamaba?
-Pain -le recordaba Taichi a Koga-. Yo tampoco me fío de ese tipo. Si fuese una colaboración con Madara como líder, aún me lo pensaría, pero con Pain prefiero actuar sin su ayuda.
-¿Y entonces? ¿Qué vamos hacer?
-Esperaremos a que el Dead Moon dé su siguiente golpe.
La seriedad que había en aquel despacho se vio roto por la puerta abriéndose de golpe y la aparición de una bella mujer cargando una cesta como si fuese a un picnic.
-¡TAI KUN! -pronunció la mujer con una alegría desbordante.
La mujer ignoró la cara desencajada de Naruto y haciendo a un lado a Koga como si fuese una molestia, colocó aquella cesta justo encima del informe de Kikyo.
-¡¿Cómo estás cariñito?! -rodeando la mesa para darle un sonoro beso a los labios del moreno. Luego se sentó en la mesa cruzando las piernas, donde la mini falda que llevaba dejaba a la imaginación a cualquier pervertido-. Cómo sé que no has comido, te he traído el almuerzo, la merienda y hasta la cena. Solo tienes que calentarlo en el microondas para comerlo calentito.
Fastiado, así es como estaba Taichi que lejos de estar como sus colegas que estaban con la boca abierta por aquel remolque de persona desconocida que había pasado ignorándolos como si no estuvieran.
-¿Cuántas veces tengo que decirte que me dejes en paz, Mimi?
-¡Oh! ¿Cómo puedes decirme eso después de que hayamos pasado una noche tan ardiente? -sentándose ahora sobre sus rodillas.
-Eso fue hace unos meses. Y solo pasamos un buen rato porque estaba necesitado y tú estabas en el lugar y en el momento indicado.
-Esto… -intervino Naruto carraspeando-. Inspector, ella…
-Es Tachikawa Mimi -presentándola de forma desganada-. Una mujer que conocí en un bar hace tiempo y con la que pasé una noche como con cualquier otra.
-¡Para mí fue muy especial! -dijo ella abrazándolo con ternura.
-Y ya te dije un montón de veces que yo ya estoy interesado en otra chica y que solo estuve contigo para pasar el rato.
-Pero Tai kun, yo sé que hubo química entre los dos. Además, pasamos más de una noche juntos.
-¡Dos más! -aclaró con algo de sarcasmo y hasta pesadez-. Pero sigue siendo puro sexo lo que tuvimos.
-Esa clase de relaciones pueden cambiar cuando te enamoras -le dijo ella coquetamente acariciando su afilada pero bonita uña la mejilla de Taichi-. A mí me tienes conquistada y te aseguro que yo te conquistaré a ti.
Taichi bufó molesto, mientras que Koga y Naruto intercambiaban susurros silenciosos.
-Eso es lo que pasa cuando no le eres fiel a la chica que te gusta. Hay que ir con cuidado con ciertos instintos primitivos -murmuraba Koga, el cual no se dejaba caer ante ninguna fémina por su obsesión hacia Rin.
Todo lo contrario a Naruto que seguía buscando el calor corporal de Hinata para saciar su hambre sexual. Aunque la diferencia entre aquella nueva chica con la que estaba Taichi y Hinata, es que ella no le reclamaría cuando Sakura volviese.
Esa era la ventaja de tener a una mujer sumisa y tímida, pero con un cuerpo que envidiaría a muchísimas mujeres.
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Con todo al revés en el Dead Moon, donde no sucedía ningún avance positivo en la organización, Inuyasha estaba a punto de perder la paciencia por la condición tan crítica en la que se encontraba Rin (donde insistía en que tenía que verla un profesional), la llamada a la puerta de Takeru acompañado de las Fuerzas Especiales, fue una sorpresa tan grande como un momento para desquitarse por la condición de la jovencita.
Kagome le había ofrecido un café al joven Takeru que sentado enfrente de Inuyasha, escuchaba pacientemente las quejas que tenía el hermano de Sesshomaru. Detrás del hermano de Yamato, sin querer sentarse estaban las fuerzas especiales atentos a las palabras del albino.
-Sesshomaru me la encasquetó sin darme detalles concretos de su estado. Pero esa chica no debería estar aquí, sino en manos de psicólogos para que la traten y la curen.
-Si Rin chan estuviera en manos de profesionales, entonces, cierto inspector de policía, daría con ella, y eso empeoraría más de lo que están las cosas en la organización.
-¿Tan mal están las cosas allá? -preguntó Kagome preocupada.
Las caras desoladas de las fuerzas especiales en conjunto con la de Takeru fue suficiente respuesta.
-Están como nunca las había visto en mi vida. Mi hermano, Sesshomaru san y Sasuke san han perdido por completo la cabeza -tomando un sorbo del café, se acomodó en el sofá de la sala y lanzó un suspiro angustioso-. Imagino que estáis al tanto de los últimos atentados cometidos y cómo ahora mi hermano y los otros son más indiscriminados que antes.
-Por eso he intentado en más de una ocasión en contactar con vosotros para saber qué rayos está pasando.
-¡Inuyasha! -le reprendió su mujer.
-No pasa nada, Kagome san. Como hermano de Sesshomaru san tiene derecho a quejarse y saber lo que pasa. Por eso he venido y de paso, para pediros algo muy importante.
La seriedad que empleaba Takeru preocupaba a la pareja, más a Inuyasha, ya que las pocas veces que lo había visto, siempre andaba con una sonrisa de oreja en oreja, y soltando bromas despreocupadas, incluso en momentos de tensión.
-Con el secuestro de Sora san, Sakura san y a Rin chan por parte de Takuya y sus subordinados, mi hermano y los demás se pusieron desesperados en tratar de buscarlas y recuperarlas. Al decir verdad, Takuya y sus compinches son gente de lo peor que existe. Él… -pausando al recordar el terrible pasado que había vivido de adolescente por su culpa-. Él había asesinado a mis padres y poco después, cometió el crimen en el internado donde mi hermano y yo estudiábamos, culpándolo a él y a Sasuke san, obligándolos a convertirse en los proscritos que son.
La revelación de que aquel crimen no fuese por obra de Yamato y de Sasuke como siempre habían pensado, dejaban perplejos a la pareja.
-Pero… -empezó Kagome recuperada de la estupefacción-, ¿qué tiene que ver hermano Sesshomaru en todo eso?
Takeru soltó un hondo suspiro.
-En el internado Tsukishima existía una doctora bastante problemática. Esa doctora se llamaba Kikyo y era una mujer que se dedicaba a acostarse con profesores, alumnos y andaba divulgando mentiras como que era la amante del líder mafioso del clan Inu, Sesshomaru san. Un día, él apareció y la humilló de casi todo el internado, dejándole en claro que su relación no era cierta. Sin embargo, ella tenía buenas migas con Takuya. Y Kikyo es una mujer muy rencorosa. Intentó hundir a Sesshomaru san con el origen que muchos saben -Inuyasha apretó los labios entendiendo muy bien a lo que se estaba refiriendo-. Pero mi hermano le echó un cable y lo invitó a unirse a la organización que se le había ocurrido en ese momento -terminó con una sonrisa, ya que si lo pensaba desde otro punto de vista distinto, aquello parecía algo gracioso-. Tras aquel atentado en el internado Tsukishima, Takuya y los suyos parecían haber desaparecido del mapa, ya que habían conseguido lo que querían, desprestigiar por completo a mi hermano y a los demás. Y por casualidades de la vida, acabaron coincidiendo con Rin chan y ella desenmascaró a Kikyo porque se hacía pasar por una Heaven falsa.
-¿Una Heaven falsa? -pronunció Kagome sin entender muy bien.
-Heaven es el apodo que mi hermano le puso a esa chiquilla -le aclaró Inuyasha.
-Y además, tiene uno de los mayores estatus dentro de la organización -acotó Toran.
-Mi hermana y yo éramos sus guardaespaldas, pero tras el secuestro, fuimos revocadas de ese puesto.
-¿Por qué?
Takeru inspiró profundamente.
-Ya habéis visto como quedó ella tras su cautiverio. Como Rin chan fue la que destapó a la falsa Heaven, fue la que descubrió que se trataba ni más ni menos que de Kikyo -Inuyasha y Kagome pusieron especial atención sin atreverse a interrumpirlo con preguntas banales-. Como ya he dicho antes, ella es una mujer muy rencorosa. El que la descubriera ante toda la gente que había engañado y la humillaran, tuvo que haber sido un golpe muy fuerte para su orgullo. Especialmente, cuando Rin chan está ligada sentimentalmente a Sesshomaru san.
-Siendo honestos, Heaven sama cometió un gran error al querer enfrentarse sola a alguien cuando no tiene la capacidad suficiente para hacerlo -habló Tenten.
-Tenten -la llamó Neji para que no dijera nada inapropiado.
-¿Acaso no es cierto? Hasta Shunran piensa como yo. Heaven sama, a diferencia de Rose sama y Phoenix sama, no tiene la habilidad para saber enfrentarse a esta clase de problemas. Es una niña que no sabe nada de la vida y se metió ella misma en la boca del lobo, cuando todo estaba yendo a las mil maravillas. Teníamos a Rose sama y a Phoenix sama para representar al Dead Moon y estábamos ganando a la opinión pública. Heaven sama avivó la ira de esa mujer y provocó que secuestraran al punto débil de nuestros líderes y pasara lo que está pasando ahora mismo.
-Tenten san, por favor -pedía Takeru casi cansado, como si estuviera dentro de una agonía-. Entiendo tu malestar, pero Rin chan lo hizo para defender su reputación, aunque eso significara que tuviese graves consecuencias, sobre todo para ella misma. Ya lo ha pasado mal y eso ya no se puede arreglar.
Tenten asintió con tristeza como si recordase la condición tan crítica en la que había estado cuando la habían encontrado.
-Aunque reconozco que lo que Tenten san ha dicho es cierto -decía Takeru con pesadez-. Su inconsciencia trajo daños colaterales por todos lados. Durante el largo cautiverio de Sora san, Sakura san y Rin chan, Takuya había aprovechado para dar a mi hermano y los demás donde más les duele -pausando por unos segundos que parecieron interminables-. Sora san descubrió que mi hermano había asesinado a sus padres. A raíz de ello, Sora san comenzó a aborrecer a mi hermano y a todo el que tuviese que ver con el Dead Moon y se trasladó motu propio a la peor de las mazmorras que hay en el local.
-Pero, ¿es verdad que Wolf asesinó a los padres de esa chica? -preguntó Kagome, donde de ser afirmativa la respuesta, podía entender la actitud de Sora.
-Pero eso ocurrió antes de que mi hermano se enamorara de ella. Fue poco después de que la capturara. Y si lo hizo, es porque es algo que suele hacer habitualmente. Mi hermano trató de explicárselo, hacerle entender que había sido un error. Incluso yo traté de hacerla razonar. También lo hicieron muchos de los fieles de mi hermano. Pero no hay manera. No quiere escuchar a nadie. Su terquedad hartó tanto a mi hermano, que empezó a comportarse como en los viejos tiempos, y hasta, ha empezado a molestar cruelmente a Sora san.
La confesión de Takeru dejaban al propio rubio triste y deprimido por cómo había terminado la relación entre su hermano y Sora. Si antes había tratado de razonar a Sora para que entendiese a su hermano, ahora tenía que tratar con su terco y loco hermano que se dedicaba a cometer asesinatos sin ton ni son y a vivir la vida con cualquier chica que se le abriera de piernas.
-En realidad -prosiguiendo-, tenía esperanza en que Sakura san o Rin chan hicieran recapacitar a Sora san. Ellas han pasado por lo mismo que ella, y podrían ayudarla a que lo entendiera. Pero ya habéis visto como está Rin chan.
-¿Y esa tal Sakura san? ¿También quedó tan afectada como Rin chan? -volvía a preguntar Kagome.
-No. Sakura san no sufrió abusos extremos como Rin chan. Pero Sasuke san hizo algo tras liberarla que conmocionó a Sakura san. Lo peor de todo, es que Sasuke san está tapando la verdadera razón de porque lo hizo y se niega a decírselo.
-¿Y qué es? ¿Qué pasó? No nos hables tan enigmáticamente y di las cosas como son -volvía a hablar Kagome impaciente.
Takeru se mordió el labio superior, como debatiéndose sobre si contarlo o no. Pero, Inuyasha era el hermano de Sesshomaru, y Kagome, la mujer de Inuyasha, tenían el derecho a saberlo, aunque fuese una terrible revelación.
-A pesar de sus lazos sanguíneos, Sasuke san y Sakura san mantenían constantemente relaciones sexuales. Cuando Takuya y los suyos secuestraron a Sakura san, ella ya estaba embarazada.
-¡¿Embarazada?! -clamó la pareja al unísono.
-Sí, pero solo tenía dos semanas de embarazo, por eso, ni la propia Sakura san lo sabía. Pero, el Shining Sun lo descubrió -callándose unos momentos-. Abusaron de ella, e hicieron creer tanto a Sakura san como a Sasuke san que ella estaba esperando un hijo de su violador -volviendo a callar-. Cuando fue liberada, Sakura san estaba de varios meses y Sasuke san ordenó a Tsunade sama, una médica que está a nuestro servicio, que sacara al feto que había en su interior, aprovechando que Sakura san estaba inconsciente. Sakura san ante la perdida de su hijo tuvo una crisis nerviosa y le echó en cara a Sasuke san por no haber tenido en cuenta sus sentimientos y su decisión.
-Un momento, un momento -frenaba Kagome sin entender muy bien-. Dices que Sakura san estaba embarazada, por lo que el niño que Dragon quitó era el suyo, ¿no?
Un asentimiento silencioso por parte del rubio y una desolación mayor en el grupo de fuerzas especiales.
-Pero… ¡¿Acaso él no sabía que era su hijo?!
-Lo supo -aseguraba Takeru con pesadez-. Lo supo cuando Tsunade sama hizo un análisis del feto. Aunque, si Sasuke san provocó el aborto no fue porque Sakura san esperase un hijo de otro, sino… -con los dientes apretados por la atrocidad tan fuerte que los secuaces de Takuya habían hecho-. Es que el niño ya llevaba muerto desde hace tiempo. Takuya y los suyos en algún momento de inconsciencia de Sakura san, le sacaron al feto, provocándole la muerte al instante y se lo volvieron a poner -apretando las manos sobre el descansillo del sofá para aguantar la rabia que crecía en su interior y las ganas de matarlos por haber llegado tan lejos.
Takeru no escuchó cómo Kagome había dejado caer la bandeja donde le había servido el café a Takeru, llevándose las manos a la boca y llorando al imaginar semejante atrocidad nunca ocurrida.
Inuyasha se había quedado bloqueado, entendiendo ahora lo terriblemente peligrosos que era esa organización y lo capaces que eran con tal de destrozar al Dead Moon.
Fueron minutos los que a Takeru le costó recuperarse y proseguir con aquella terrible aberración.
-Cuando Tsunade sama le confesó a Sasuke san que el hijo era suyo, Sasuke san entró en una terrible conmoción y a tomar la firme determinación de no revelar que el niño que tenía Sakura san dentro ya estaba muerto y que era de ellos. Suponía que eso le provocaría un daño muy grande y emocional similar al que tiene Rin chan y por ello, solo le dijo que el niño que había mandado quitar era de sus violadores. No tuvo en cuenta el carácter de Sakura san y que sufriese semejante crisis que la llevara a actuar tan desvergonzadamente como Sasuke san en el pasado. Por lo que ahora mismo, su relación también está rota y sin nada que pueda arreglarlo.
Ante aquella terrible verdad, entendían perfectamente que todo estuviese patas arriba, y se cometieran asesinatos como si fuesen cometidos por niños consentidos que solo buscaban desquitarse y liberar estrés.
-¿Y Sesshomaru? Quiero decir… ¿Acaso él también rompió su relación con la chiquilla? -preguntaba Inuyasha.
-No. Todo lo contrario. Pero, viendo cómo está y su impotencia de no poder hacer nada por ella, y la culpa de que terminase en ese estado, lo ha llevado a dejarla con vosotros.
-No sé si quiero saber qué es lo que le pasó -murmuraba Kagome, donde si el Shining Sun había hecho semejante barbaridad contra Sakura, Rin que había quedado peor, tenía que haberle pasado algo más horrible.
-Una abominación más desagradable es lo que solo puedo decir -no tenía la cabeza para confesar algo que solo había visto en películas de animación ficticias para mayores de edad.
Sin querer entrar en detalles, Inuyasha se echó para adelante y tomando sendas bocanadas de aire, se masajeó las sienes como si de repente le entrara un dolor de cabeza terrible.
-Con todo lo que os he contado, podéis imaginar que las cosas están muy delicadas. En la organización, muchos de los cargos ascendidos han sido anulados y devueltos a sus puestos originales o a un cargo aún más bajo. Los antiguos guardaespaldas de Rin chan y Sakura san, al pertenecer originariamente a las fuerzas especiales -mirándolos-, no fueron castigados severamente, excepto la hermana de Gaara san que regresó al puesto que tuvo cuando llegó al Dead Moon.
Inuyasha hizo memoria, recordando que el tal Gaara era el guardaespaldas de Dragon, por lo que pensar en cómo de la noche a la mañana, la hermana había pasado de un puesto honorable a uno deshonroso tenía que ser como una puñalada para alguien que daba su vida por uno de ellos.
-Por otro lado -seguía Takeru como portavoz de malas noticias-, las VIPS fueron liberadas, supuestamente para ayudar a mi hermano y a los demás, cuando el Three World había estado en cautiverio. Pero ahora, andan libres detrás de mi hermano y de Sasuke san. Sesshomaru san se la pasa bebiendo y auto culpándose por lo sucedido con Rin chan, por lo que sus antiguas VIPS se la pasan divirtiéndose de las que estaban del lado de Sora san y las demás. Resumiendo, todo se está yendo al garete. Mi hermano ya no se molesta en efectuar planes para cometer sus asesinatos, y mi primo Ryo me advirtió que lo mejor será que regrese a Francia, antes de que la policía arreste a mi hermano y descubra nuestra guarida y la pena de muerte nos afecte a todos. Esa es la otra razón por la que vine.
Toran se movió, entregándoles cuatro pasaportes a la pareja.
-Vosotros también tenéis que marcharos para no veros perjudicados por las acciones alocadas de mi hermano y los otros.
Inuyasha recogió los pasaportes viendo cómo su familia había pasado de ser apellidaba Hanyou a Higurashi y con nombres distintos. Rin también se había convertido en una Higurashi, y lo que le llamó la atención es que se llamara como su apodo, Heaven. Un nombre que llevaba la mezcla de lo nacional con lo internacional.
-También os hemos preparado los billetes para que partáis mañana en el primer avión con destino a Sidney.
Ahora le tocó a Neji entregar los cuatro billetes, donde la pareja estaba conmocionada por cómo en pocas horas tendrían que salir del país y convertirse en personas distintas. Era como un plan de protección de testigos que ofrecía el FBI a los civiles que corrían peligro de los terroristas más buscados.
-¿Y por qué a Sidney? -preguntó Kagome por curiosidad.
-Bueno, todo el mundo siempre toma como destino que la gente que escapa se va a América o a Europa. Nadie se acuerda de ese pequeño continente llamado Australia. Solo se acuerdan cuando piensan en canguros o koalas.
Algo de lógica había en esas palabras, por lo que sería un buen lugar para esconderse y empezar una nueva vida.
-Además -continuaba Takeru levantándose del sofá-, Asia es peligroso porque China ocupa gran importancia en el continente, y también porque China es la patria de Uchiha Madara. Y África, no me parecía un lugar apropiado para que vuestra hija fuese feliz.
-Yo… -Inuyasha imitó su movimiento-. Muchas gracias por tu ayuda -alzando la mano para que se la estrechara.
-No hay de qué -estrechándosela amigablemente-. Espero que seáis felices.
-Lo mismo digo.
-Si llego a Francia antes de que la policía descubra donde estamos -dijo medio en broma.
-Esto… -volvía de nuevo Inuyasha a titubear-. Dale las gracias también a Sesshomaru por todo…
-Dudo que me haga caso. Pero trataré de decírselo para que quede tranquilo sobre el futuro tuyo y de Rin chan.
-¿No quieres pasar a despedirte de Rin chan? -ofrecía Kagome.
-Creo que es mejor que no. Si me viera, seguro que se pondría triste de que viniéramos todos menos Sesshomaru san. Eso haría que sintiese más abandonada y a perder toda esperanza. Y dada su condición es mejor dejarla así.
-Entiendo. Muchas gracias, de todas formas.
-A vosotros -despidiéndose, donde aquella despedida significa el que nunca más los volviera a ver.
Takeru no quiso pensar en ello hasta que entró en el coche y empezó a derramar lágrimas por tener que decir adiós para siempre. Aquel día había empezado con Inuyasha, y mañana, tendría que hacerlo con su hermano y el resto del Dead Moon, la única familia que le quedaba.
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La prisa estaba presente en la casa de Inuyasha, donde habían desempolvado todas las maletas que estaban guardadas en el trastero, y apuradamente metían las cosas de más valor en ellas. Tanto a Inuyasha como a Kagome les daba pena dejar algunas cosas, pero no podían llevarse todo. Tenían que ir con lo imprescindible y de valor.
Con aquel apuro daba la impresión de que eran unos ladrones donde dentro de poco estaba la policía al caer para capturarlos. Eso es lo que les había dicho la pequeña Kanna cuando se había pasado por la habitación de matrimonio, para preguntarles si podía llevar uno de sus juegos favoritos. Y aunque no fueran ladrones, la niña no estaba tan mal encaminada en que escapaban de la propia justicia. Pero para no preocuparla, le habían dicho que iban a hacer un viaje largo donde vería animales que no se veían en los zoos. Solo con aquello, habían convencido e ilusionado a la niña para que siguiera haciendo la maleta sin problemas.
Todavía no habían hablado con Rin sobre el viaje, pero en su estado, era mejor contárselo por la noche y con más calma. Así les daría tiempo sobre cómo decírselo para que no se sintiera más desgraciada por la separación tan larga con Sesshomaru.
-Mamá -apareciendo la pequeña con un osito bastante grande y usado, donde daba la impresión de que era el favorito de la niña.
-¿Qué pasa cariño? ¿Ya has escogido toda la ropa bonita y los juguetes que quieres llevar?
-Eso estaba haciendo. Pero Oso chan no cogerá en la maleta, ¿verdad? -preguntaba bastante angustiada.
-Tranquila, cariño. La pondremos en la maleta de Rin chan.
-Pero Rin chan no la está haciendo -dijo la niña extrañada.
-Bueno… Ya sabes que no tiene muchas cosas… -tratando de darle una excusa bastante razonable- ¿Por qué no vas a decirle que la cena tardará un poco en servirse?
-Como si la fuera a escuchar -murmuraba Inuyasha sin dejar de hacer el equipaje.
-No puedo -contestó la niña con naturalidad.
-¿Por qué? -preguntó Kagome extrañada.
-Porque se marchó y todavía no ha vuelto.
Inuyasha dejó de meter la ropa y Kagome miró incrédula a su hija.
-Como que se marchó… -repitió Kagome- ¡¿Cuándo?! -preguntando desesperada.
-Cuando estabais hablando en la sala con aquel señor tan guapo. Rin chan estaba apoyada contra la pared. Me pareció verla llorando y cuando le pregunté, me hizo la señal de que estuviera en silencio, me sonrió y se fue.
Kagome miró rápidamente a su marido y éste le devolvió la mirada con una idea en común. Rin les había escuchado y algo les decía que lo había escuchado todo, incluso cuando Tenten la había señalado como responsable de que el Dead Moon estuviera cayéndose.
-¡Dios mío! ¡Rin chan! -Kagome salió de la habitación para tratar de buscarla por la casa, queriéndo cerciorarse de que su teoría no fuese cierta, y la joven estuviera en algún lugar del hogar.
Inuyasha la siguió, no sin antes cargar a su hija para no dejarla sola.
Pero Rin no estaba ni en la casa, ni por los alrededores. Ella ya estaba muy lejos y pretendía ir a un lugar mucho más lejano. A uno inalcanzable que solo se llegaba cuando la vida tocaba a su fin.
Con la mirada puesta en el horizonte, donde el mar rompía con fuerza contra las rocas y el viento mecía sus cabellos y borraba el rastro de sus lágrimas, Rin solo podía recordar las duras palabras de Yang y como Takeru estaba casi de acuerdo.
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-…Heaven sama, a diferencia de Rose sama y Phoenix sama, no tiene la habilidad para saber enfrentarse a esta clase de problemas. Es una niña que no sabe nada de la vida y se metió ella misma en la boca del lobo, cuando todo estaba yendo a las mil maravillas. Teníamos a Rose sama y a Phoenix sama para representar al Dead Moon y estábamos ganando a la opinión pública. Heaven sama avivó la ira de esa mujer y provocó que secuestraran al punto débil de nuestros líderes y pasara lo que está pasando ahora mismo…
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-…Aunque reconozco que lo que Tenten san ha dicho es cierto. Su inconsciencia trajo daños colaterales por todos lados…
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¿Tenía derecho a defenderse de sus acusaciones?
Para nada.
Todo era verdad.
Si no fuera porque había querido hacerse la valiente, nada habría ocurrido.
Era terrible haber escuchado cómo sus amigas Sora y Sakura habían roto con sus respectivas parejas y que les pasaran todo aquello por su culpa. Pero lo peor de todo, es ella misma había acabado con el Dead Moon.
Había tenido su castigo cuando Kikyo le había mandado aquellos perros para que la violasen, pero pensar en cómo por su culpa había acabado todo, era algo con lo que no podía seguir soportar en vida.
Si ella no hubiera avivado la ira de Kikyo, las Three World no habrían sido secuestradas.
Entonces, Sora jamás habría descubierto que sus padres habían sido asesinados. Habría seguido ignorante, pero feliz al lado de la persona que más amaba.
Tampoco Sakura habría perdido al niño que tenía con Sasuke. Lo habría tenido y habrían sido una familia feliz.
Rin había jugado con fuego al enfrentarse a Kikyo, sin pensar en lo peligroso que podía ser. Siempre pendiente de que otros le sacaran las castañas del fuego.
Podía recordar aquel día en que habían derrotado a Kikyo y como Sasuke no estaba para nada de acuerdo en que Sakura siguiese con su disfraz y se sintiera más inquieto que nunca sobre Takuya y los suyos.
Tenía que darse cuenta de ello, y no ser soberbia aquel lunes de camino a su instituto y querer ver la aclamación de sus compañeros de clase y cómo gracias a ella, la fama del Dead Moon se había disparado a niveles insospechados.
Pero había ido toda orgullosa. Y el espectáculo que había visto había sido el de sus compañeros, los profesores y todo el personal quemándose vivos.
Ahora, en ese mismo instante, podía sentir a la muerte y como aquellas almas atormentadas la culpaban por haberlos matado.
Si hubiese muerto el mismo día en que sus padres y hermano lo habían hecho. No llevaría una vida de fugitiva y nunca habría robado a Sesshomaru. Entonces, el Dead Moon jamás le habría puesto el ojo en Sora y Sakura.
Sesshomaru se lo había dicho hace tiempo.
Su secuestro había sido el detonante porque Wolf y Dragon se habían sentido interesados en el cambio que experimentaba Dog cuando estaba con ella.
Mirando una de sus muñecas, observó cómo las cicatrices de las tantas veces que había querido suicidarse dolían más que nunca. Aquellos intentos fracasados, ahora se harían realidad, pero de la forma en la que nadie podría salvarla.
No vaciló al acercarse más hasta el precipicio de aquel acantilado. No tuvo miedo de los casi veinte metros de altura. Tampoco de las imponentes rocas puntiagudas donde las fuertes olas chocaban contra ellas con bravura.
Colocó los brazos en cruz como si quisiera volar y se estrelló contra el vacío.
Volaría por última vez y su destino era el Cielo como su apodo indicaba.
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Dolía.
Le dolía terriblemente la cabeza.
Con la oscuridad como fondo, Rin se preguntaba si eso era el Cielo.
-Ey, despierta. ¿Estás bien?
Aquella voz, la hizo abrir los ojos de golpe y a enderezarse.
En un instante comprobó que no había muerto y que ante ella tenía una persona que le provocó…
-Eres…
...el regreso de su voz.
Pero ante tal personaje inesperado que la dejaba en shock, todo lo que le había pasado, había dejado de existir para centrarse en el presente y en aquel chico que tenía delante de ella y tan familiar.
CONTINUARÁ…
