Capítulo 30: Nuevo acuerdo (1ª Parte)

El médico examinaba los resultados de todas las pruebas realizadas a la joven Rin.

Todo en ella estaba perfectamente, y no se apreciaba que la joven hubiese sufrido algún daño cerebral que fuera la causante de esa amnesia parcial que tenía. Por lo que su diagnóstico era que la chica había perdido la memoria a causa de algún shock que la había traumatizado y obligado a su cerebro a olvidarlo.

Observando el historial de aquella muchacha, el médico la miró de reojo. La joven tenía sus ojos puestos en la nada. Su cabeza y sus brazos estaban vendados. Heridas que catalogaba como leves y que en pocos días, ya no estarían sobre su cuerpo. Sin embargo, al haberla examinado con más detalle, había observado cosas de carácter grave, y que habían sucedido hace tiempo, cómo las cicatrices en sus brazos. Pero lo más importante, y lo que le tenía preocupado, era los daños que tenía en el aparato genital. Algo que no era muy habitual, y que solo locos extravagantes llegaban a hacer.

Un zapateo constante a sus espaldas y el médico hizo uso de su experimentada paciencia.

No era la primera vez que tenía que enfrentarse con familiares o enfermos que se sentían tan desesperados, capaces de trasladar ese estado y no sentir sobre el sanitario que se esforzaba en cuerpo y alma, a hacer que sus pacientes estuviesen sanos. Los médicos que llevaban años en aquella profesión, habían aprendido a quedarse neutros y a no sentir emoción alguna, sino a hacer su trabajo y procurar la recuperación del enfermo. Ese era su objetivo principal, pues si se dejaba caer en la angustia, ¿cómo podría ayudar psicológicamente al paciente o familiar con el que estaba?

El médico volvió a centrarse en el historial de aquella muchacha y a ignorar la frustración y la desesperación que tenía aquel agente de policía, que si la memoria no le fallaba era la pareja.

Sino fuera porque no tenía prejuicios, se habría escandalizado de la diferencia abismal de edad que existían entre ambos.

Un escándalo junto a la extrañeza que había tenido la chica amnésica cuando aquel agente la había abrazado y éste le había dicho que era su novio.

La chica había contestado con una confusión y a no saber quién era.

Lo único que ella sabía era su nombre y su edad. Lo demás, era cómo si se hubiera borrado de la cabeza.

Y de no ser por eso, no podría poner nombre a su historial. Ya que, no sabía por qué, pero aquella chica no estaba registrada por ningún lado. Es cómo si hubiera nacido en la calle, y criado en ella.

-Bueno, Rinchan -hablando el médico por fin, dirigiéndose a ella e ignorando más que nunca al policía que tenía detrás-, parece que no hay ninguna anomalía. Te tendremos unos días más en observación y luego te daremos el alta.

La joven le miró y sonrió agradecida. El médico hizo lo mismo, y luego, por el bien de su paciente, volvió a recordarle a Koga.

-Recuerde ser suave y paciente. Si quiere que siga estable, no la abrume con cosas del pasado. Es mejor ir poco a poco.

Cuando la joven había despertado y a no reconocer a su pareja, éste se había vuelto tan histérico, que por lo que las enfermeras le habían contado, la joven había empezado a sujetarse la cabeza y a sentir dolores terribles cómo si alguien se la estuviera estrujando.

Koga chasqueó la lengua sintiéndose más desesperado que nunca.

¿Ser suave y paciente?

Eso no iba con él.

Además, el estúpido del médico aquel no sabía que él ya había tenido mucha paciencia desde que Rin era una niña. Finalmente, la había encontrado, sólo para descubrir que aquel perro sarnoso de Dog le había arrebatado tanto su cuerpo como su corazón. Lo que más le enfurecía es que la relación era consentida, y Dog no había tardado en restregarlo en señal de victoria, para después dejarle a él más apaleado que a un perro abandonado. Había tardado en recuperarse. De no ser por aquella melodiosa voz que adoraba, habría seguido en coma sin la oportunidad de volver a verla. Ya no recordaba cuanto tiempo había pasado desde que se había recuperado, hasta que había recibido el chivatazo de que la habían encontrado. Y para su mala suerte, por culpa de aquella mujer incompetente llamada Kikyo (que ahora estaba muerta) y del Dead Moon, la había vuelto a perder. Y ahora, que estaba ahí sin ningún estorbo y aún por encima había olvidado todo, incluso la relación que había mantenido con el líder mayor del Dead Moon, ¿tenía que ser suave y paciente?

Estaba de coña, ¿no?

Como se notaba que ese médico no sabía lo que era el amor cuando lo has perdido tantas veces y siendo arrebatado una y otra vez por las mismas personas.

Si pensaba fríamente, habían pasado varios días desde que Rin estaba ingresada en aquel hospital. Hasta su imagen había salido en las noticias, por lo que el pitbull aquel tendría que saber dónde estaba ahora Rin.

Y sin embargo, no hubo ninguna persona sospechosa que rondase por los alrededores, ni nada que le indicara que el Dead Moon planeaba llevársela. Por si acaso, le había pedido a Taichi que reforzasen la seguridad del hospital para evitar que el Dead Moon se la volviera a llevar.

No iba a permitirlo.

Esta vez, no se la volverían a arrebatar.

Quizás lo mejor era que cuando le diesen el alta, renunciar a su trabajo y marcharse lejos del país con nuevas identidades. Si ella no se acordaba de nada, sería más fácil de hacerle creer el amor tan apasionado que tenían, ¿no?

Con una amplia sonrisa, Koga asintió encantado a las recomendaciones del médico.

¿Cómo es que no se había dado cuenta que con la amnesia de Rin, todo sería mucho más sencillo para ellos?

El médico, con cierto recelo, abandonó la habitación y Koga se sentó frente a ella con la cara de un niño que nunca había roto un plato.

-Qué bien que pronto te den el alta, ¿verdad, Rin?

-Sí.

-Ya verás cómo poco a poco volveremos a estar como antes.

La chica volvió a asentir con algo de nerviosismo.

-Disculpe, pero…

-¿A qué vienen esos formalismos si somos novios desde hace mucho tiempo? -le preguntó Koga sorprendido por esa actitud tan educada.

-Disculpa -rectificando-, pero ¿en serio que somos novios? -la pregunta dejó a Koga en silencio-. Quiero decir, no se ofenda -volviendo a tratarlo muy formalmente-, pero usted parece ser una persona muy mayor y yo todavía soy… -mirándose dónde no tenía ningún encanto femenino que pudiera llamar la atención a los hombres-. Todavía soy una niña.

El prejuicio que sentía Rin desde luego no encajaba con la Rin que conocía. Si ella supiera que había sido la pareja de un treintañero como Dog, se habría escandalizado y a negarlo. Sino fuera porque Koga no tenía una grabadora a mano, para después mandárselo al pitbull, se lo habría dicho.

-Lo que quiero decir es -continuó Rin nerviosa, viendo que sus palabras podrían haberlo ofendido- que yo soy solo una niña sin atractivo y sin experiencia. Ahí fuera hay muchas mujeres mejores que yo y más expertas en… -cortándose con un descarado carmín sobre sus mejillas simulando la vergüenza que le producía decir aquella simple palabra, como si creyera que todavía era virgen.

Algo que a Koga sorprendía. Viéndola tan inocente, tan ingenua y tan indefensa le producía unas inmensas ganas de tirarse sobre ella.

Estaba a punto de hacerlo, pero alguien llamó a la puerta y la presencia de una de las enfermeras apareciendo con una radiante sonrisa, hizo que desistiera de su intento. Mientras estuvo la enfermera, Koga pensó fríamente en que si se lanzaba sobre Rin sin más, volverían al punto de inicio, y entonces, Rin volvería a alejarse de él con miedo.

-Bueno, Rinchan -después de haber cogido la silla de ruedas que estaba aparcada al otro lado de la habitación para que no molestara- ¿lista para tu paseo diario?

La chica asintió.

Koga se excusó diciendo de que se iba a la cafetería para tomar algo, cuando en realidad, lo que quería era enfriarse la mente y alejar su deseo pervertido que aquella niña le provocaba inconscientemente.

-¿No vienes conmigo?

La invitación incitada por Rin era para dejar pasmados a más de uno, y aunque le encantaría ir con ella, quería ir con cuidado para que ella no considerara exageradas sus insinuaciones.

-La próxima vez.

Rin sintió algo de pena. Y así se lo mostró a la enfermera, mientras ella la ayudaba a sentarla en la silla de ruedas. Empujándola suavemente, la enfermera inició una conversación animosa con ella.

-¿Tanta pena te da que tu novio no venga contigo? -caminando a través de los pasillos del hospital para llevarla afuera y que le diera el aire.

-Es que… No recuerdo a nadie. Y nadie, excepto él, ha venido a verme. Parece que él es la única persona cercana a mí. Da un poco de pena que solo tenga a una persona que se preocupe por mí, ¿verdad?

A la enfermera se le borró la sonrisa, pero de inmediato volvió con su buen ánimo.

-Bueno, a veces es mejor una sola persona en la que confiar, ¿no crees?

-Puede -no muy convencida-. Pero me resulta extraño que solo haya una persona en mi vida. A mi edad, eso es patético -asomando tristeza.

La enfermera trató de animarla, y de recordarle cómo era su grandioso novio. Pero Rin no atendió a sus palabras.

Su rostro era de alguien que se había dado cuenta de que no era cómo el resto de chicas de su edad. Sus heridas eran de suma importancia que resaltaba allá donde fuera.

Incluso para tres personas que habían estado hablando animadamente, hasta hace poco. Eran dos hombres y una mujer. Los dos hombres eran personal cualificado del hospital, mientras que la mujer andaba con ropa de calle, y que se notaba que tenía algún tipo de relación con aquellos dos hombres. Y que si alguien que conociese a Takenouchi Sora la viese, pensaría que aquella chica podría ser su gemela. Su parecido era demasiado para no pensar lo contrario.

Los ojos del doble de Sora habían visto a Rin, una Rin tan solitaria y desolada que le dio pena y a querer saciar su curiosidad sobre qué le había pasado.

-Hermano, ¿qué le ha pasado a esa chica?

-¿Es que no ves las noticias? -le dijo su hermano dándole un leve capón en la frente.

La mujer infló sus mofletes en señal de molestia.

-Acabo de llegar de Suiza. ¿Cómo esperas que me entere de las noticias japonesas?

-Rei tiene razón, Neo -dijo el otro hombre apoyando a la mujer.

-Gracias, Hideto, tú sí que me entiendes.

-Dejémonos de tonterías. En unos minutos se acaba nuestro turno, Rei, espera aquí y después vayamos a tomar algo para ponernos al día.

-¿Cuánto tiempo te quedarás en Japón, Rei? -le había preguntado Hideto.

-Dos o tres semanas…

.

Los días iban pasando y todo seguía igual en el hospital donde Rin estaba.

Seguía con amnesia, y daba la impresión de que quería estar en aquel nuevo mundo donde no conocía a nadie, y aceptaba a Koga como su pareja. Taichi y Naruto también la visitaban, y de vez en cuando, trataban de hacer preguntas indiscretas sobre el Dead Moon por si recordaba algo de ellos o la ubicación de su base. Pero era inútil. La chica no recordaba absolutamente nada. Y en ocasiones, aquellas preguntas, la ponían peor y a sufrir esos terribles dolores de cabeza.

Ante eso, Koga les había dicho que no le volvieran a hacer ese tipo de preguntas. Podía entender que Taichi y Naruto se sintieran desesperados en conocer el paradero de las chicas que amaban, pero, él ya había recuperado a la suya, y no quería correr el riesgo de perderla por tercera vez.

Lo que le parecía extraño y que tenía que aprovechar, es que el Dead Moon no daba señales de vida. Tan pronto cómo le dieran a Rin el alta, se marcharían del país de inmediato.

Desde luego que Koga no sabía, que el policía infiltrado, Hatake Kakashi mantenía a los del Dead Moon informados sobre la evolución de Rin en el hospital.

El hecho de que no recordase nada de lo que había ocurrido y que aceptase esa nueva vida donde estaría con Koga, abría más de un debate en varios de los miembros del Dead Moon. Especialmente en Sesshomaru.

El líder más mayor tenía una extraña mezcla de emociones, que las descargaba con ira, contra todo aquel que se encontrara.

Cuando había recuperado a Rin del Shining Sun, se había quedado perplejo en ver en lo que aquellos miserables habían hecho con ella. La había perdido en cuerpo y en alma, estando en vida.

Todo por su culpa, se había atormentado.

Sesshomaru estaba de acuerdo, en que lo mejor para ella era un ambiente cálido y feliz. Fue por eso por lo que la había mandado con su hermano y su familia. Pues con él, jamás llegaría a recuperarse de aquel trauma.

Él no tenía la paciencia suficiente para tratarla y comprender sus miedos. Y ahora mismo, las cosas dentro del Dead Moon estaban muy mal. No podía contar con nadie para que la ayudaran.

Y al final, para Rin y para él mismo, la situación había ido a peor.

El Shining Sun había asesinado a su familia.

Rin sufría amnesia a causa de aquel incidente, donde todavía no estaba claro qué era lo que había pasado. Pero no tenía ganas de investigarlo.

Su hermano había muerto.

Rin no le recordaba.

El Shining Sun había destruido cruelmente a la única familia que le quedaba.

Rin aceptaba estar con Koga.

Sesshomaru dio un puñetazo contra la pared más cercana, haciéndose daño y provocando una grieta en la pared.

-Si sigues así, te destruirás más a ti mismo.

Sesshomaru soltó una mueca burlona de que la persona menos indicada le dijera esas palabras.

-¿Va a hablarme el que se divierte atormentando a la que fue su amada en esa mazmorra donde ella se auto encerró?

Yamato entrecerró el cejo.

Sesshomaru no mentía en sus palabras. Él se dedicaba a atormentar a Sora, a la persona que seguía amando, simplemente porque sentía que no habría esperanza para ellos.

Su única esperanza radicaba en Heaven y Rose.

Pero Heaven había perdido la memoria.

Y Rose no quería escuchar a nadie y hacía lo que se le antojaba.

Ya no había nada que hacer.

Para que seguir implorando a Sora, si ella no quería entender que el asesinato de sus padres había ocurrido antes de que se enamorara de ella.

Ella había caído. Y él caería con ella.

Ya todo daba igual.

Yamato giró sobre sus talones.

Sesshomaru lo escuchó marchar y supuso a dónde iría.

Ahora, volvía a tener esa libertad de auto machacarse y descargar toda su frustración.

Sabía que era un error dejarla estar con Koga. Un error muy grave, teniendo en cuenta que era un policía psicópata, capaz de encerrarla y abusar de ella contra su voluntad, creyendo que ella lo estaba disfrutando. Pero ella no le recordaba, no recordaba tampoco nada de todas las atrocidades que había vivido.

Era una vida nueva para ella.

Eso era lo que había querido estando con su hermano.

Pero no, con Koga.

Así que solo tendría que matarlo.

Pero por supuesto, de manera que no le afectase a Rin.

La pregunta era, ¿cómo?

.

Sakura era otra que estaba preocupada por el bienestar de Rin.

Con aquel policía cerca de su amiga, nada bueno podía ocurrir.

Pero si Rin no recordaba nada, era mejor para ella.

En ciertos momentos, Sakura le tenía envidia.

A ella también le gustaría olvidar el calvario que había sufrido con el Shining Sun. Ignoraba los pormenores que habían sufrido Sora y Rin. Pero ella, todos los días, era violada por aquel hombre. Kiba había sido su nombre. A veces, la violaba violentamente, otras, era drogada donde no tenía noción y tiempo para saber lo que estaba pasando. Lo que sí podía recordar con claridad era la cantidad de veces que la insultaba y cómo se burlaba de ella. Le había dicho un montón de obscenidades horribles que siempre se dedicaba a rezar para que se cansara de ella.

Meneó varias veces la cabeza para tratar de olvidarlo.

Y nuevamente, aparecía aquel monstruo llamado envidia y deseando ser cómo Rin para olvidar todo.

Podría darse un golpe en la cabeza, pero no tenía la habilidad de los asesinos del Dead Moon o del Shining Sun para golpearse de manera que muriera.

Pero ¿qué más daba ahora?

Ya no era solo lo vivido con el Shining Sun, sino el hecho de que Sasuke no la tuviera en consideración al deshacerse de su hijo, aprovechándose de su inconsciencia. Era algo que no le convenía a él. Era su hijo. Sasuke no había tenido nada que ver con él. Así que era a ella a quién le correspondía el derecho de tenerlo o no. Y aunque fuera el hijo de su violador, le hubiera gustado tenerlo.

Pero al final, Sasuke se había convertido en alguien como su abuelo. Al igual que el Dios Saturno que devoraba a sus hijos, Sasuke no había tenido contemplaciones en deshacerse de su primo. Ella no había podido perdonárselo, y al final, se habían separado. Ella flirteando con otros. Y Sasuke haciendo lo mismo con otras mujeres.

Lo gracioso es que estaba bien que él lo hiciese, pero si lo hacía ella, era un pecado imperdonable. Sasuke mataba a todos los hombres con los que flirteaba, y luego la violaba como el monstruo que era.

Ahora, encerrada en su habitación, sin poder salir, sin poder pisar el exterior, donde Sasuke flirteaba con otras y luego la buscaba, sentía que había vuelto a ser la presa aquella que había sido llamada "Flor marchita".

La puerta de la habitación se abrió. Sasuke llegaba de nuevo.

Por la mente de Sakura pasó miles de cosas.

Entre ellas, la idea que había tenido hace tiempo cuando era su presa, el de salir de allí.

Escapar.

Huir.

¿A dónde?

Se preguntaba con sarcasmo.

No tenía un lugar al que regresar.

Naruto sabía que ella era una Dead Moon.

Además, Naruto estaba con Hinata.

Pero había aprendido mucho en ese lugar.

Así que no sería algo descabellado huir del país con Rin.

La mente trabajó tan veloz que a veces, lo que imaginamos nunca llega a realizarse.

-Creo que será mejor que bajes.

Sakura se sintió sorprendida.

Sin entender nada, le obedeció, creyendo que podría aprovechar esa oportunidad para realizar su plan de huida.

Sakura tomó nota de cómo Sasuke estaba muy cerca de ella. Como si pudiera leerle la mente e imaginar sus intenciones de querer escapar.

Sin embargo, cuando vio a muchos del Dead Moon parados en la entrada, se sintió sorprendida y a entender menos lo que estaba ocurriendo. Sobre todo, cuando muchos expresaban su asombro. Y cuando vio quién era el recién llegado, Sakura contuvo la respiración.

-¡¿Rin?!

¡Era ella!

Venía vestida con la ropa del hospital, tenía la respiración entrecortada como si estuviera cansada y el viento de la noche la hacía tiritar algo de frío que trataba de aguantar.

Su rostro parecía neutro al verla. Pero Sakura sentía cierta emoción al verla que lentamente se fue acercando a ella.

-¡¿Rin?! ¿Has vuelto? ¿Cómo…? Pero… -ella había perdido la memoria. Y sin embargo, ahí estaba ella de regreso. Sin nadie que la hubiera escoltado.

-¡Rin!

Una voz grave calló los balbuceos de Sakura. Al mirar a su espalda, se encontró con los otros líderes. Yamato no se sentía sorprendido como Sasuke. Quizás, porque ellos ya se habían recuperado del asombro, todo lo contrario a Sesshomaru que no se creía que la joven hubiera recuperado la memoria y venido con sus propios pies al local.

Rin miró hacia abajo ocultando todo tipo de emociones. Para luego, alzar la cabeza y mirar a alguien con tanta determinación que asombraba a más de uno.

-¿Por qué no vino a buscarme?

Sus palabras y su tono extrañaron por completo a todos.

La pregunta iba claramente dirigida hacia Sesshomaru.

Aún así, nadie pudo entender el contexto detrás de su pregunta.

¿Es que se sentía emocionalmente desequilibrada o que pasaba realmente?

Al no tener respuestas, Rin seguía indignada, por lo que prosiguió.

-Sabiendo cómo es Koga. Tuve que esforzarme en contener las caras de asco cada vez que estaba cerca mía.

Un pensamiento en común.

Una vaga idea cruzó por todos.

Pero…

-Rin, ¿de qué hablas? ¿No se supone que perdiste la memoria? -preguntó Sakura confusa, acercándose a ella.

-No. No la perdí en ningún momento. Fue lo que se me ocurrió para salir del paso -contestando con cierta culpabilidad. Sabía que tras su relevación tenía que dar una buena explicación. La versión simple era tal cual había dicho. Pero la versión compleja, era explicar cómo había aguantado todas las emociones y hacerle creer a todo el mundo, sobre todo a Koga, que ella no se acordaba de nada.

En medio de aquel asombro que todos tenían, Sesshomaru soltó una gran risotada. La situación no es que fuera para reírse, pero el hecho de que Rin, su Rin actuase de forma convincente ante todo el mundo, era para recordar cuando la ordenaba realizar los espectáculos de cara al público con la expresión de una muñeca sin emociones. Parece que gracias a aquellos espectáculos la habían ayudado a sobrevivir y a engañar a Koga y a todo el mundo. Incluso a él mismo. No había duda de que había hecho de Rin una gran mujer digna del Dead Moon.

-Un momento -intervino Yamato sin entender la risa de su compañero-, si realmente no perdiste la memoria, supongo que sabrás lo que pasó con el Shining Sun -todavía no se creía que el maldito de Takuya y el resto muriese.

Según Kakashi, los forenses aseguraban de que las pruebas de ADN pertenecían a Takuya y a los suyos. Incluso cuando ellos habían ido a comprobarlo en persona, seguía negándose a creer que todo hubiese terminado de forma tan rápido donde ellos no habían tenido nada que ver.

Le quedaba un regusto amargo, que medio atendió a las palabras de la joven.

-Sí. Lo vi todo.

Los días que había pasado en el hospital habían sido largos. Tener que hacer creer a todo el mundo que había perdido la memoria había sido fácil, pero contener sus emociones, no tanto. Aún así, había sido paciente. Esperando que en alguna noche, los del Dead Moon viniesen a por ella. Había visto al infiltrado Kakashi entre los policías que habían venido a acompañar a Koga y los demás, e imaginaba que él les mantendría informado. Pero por más que esperaba, nadie venía a buscarla.

Ella tenía la llave para solucionarlo todo, tal como Utakata le había dicho.

Podía solucionar lo de Sakura, revelando la verdad que nadie se atrevía a decir por orden de Sasuke. Además, tenía que contarle, que Utakata era en realidad un Uchiha, el sobrino de Sasuke y Sakura. Todavía no sabía cómo era posible. Pero el parecido y la voz eran tan asombrosas, que no había duda de que tenía que ser un pariente Uchiha de sangre.

Y si solucionaba lo de Sasuke y Sakura, entonces, junto a Sakura podrían hablar con Sora, y hacerle entender el error en el que estaba. Además, durante su estadía en el hospital, Rin había descubierto a una persona con gran parecido a Sora. De madrugada, y a hurtadillas, había estado indagando. No había tenido mucha suerte, pero el Dead Moon tenía la tecnología suficiente para comprobar la identidad de aquella chica.

Si era una pariente de Sora, como Rin creía y Sora se enteraba, estaba convencida de que por ella, seguiría viviendo y no se hundiría más en la oscuridad.

No podía esperar más. Por eso, había huido del hospital en plena noche y llegado a la base del Dead Moon con las cosas malas que había aprendido en el Dead Moon, cómo ir de taxi en taxi y bajarse sin pagar en los momentos oportunos.

Seguro que ahora mismo estaría en boca de todos los taxistas de que la chica que había perdido la memoria era una aprovechada y que les estaba engañando.

Bueno, más mala era al regresar a la base de la organización más peligrosa del mundo.

A su hogar.

En un ambiente más caliente y con ropa más abrigada, Rin explicaba a los beneficiarios lo que había sucedido. Ella había expuesto que no solo relataría los hechos al Dead Moon, sino que Sakura, Takeru, Ryo y Ruki también debían estar presentes. Por petición de los líderes, también estaban los tres guardaespaldas de confianza y parte de las fuerzas especiales.

Rin relató lo ocurrido, empezando por la visita de Takeru y los suyos a la casa de Inuyasha. Heaven no omitió detalle, incluso cuando Takeru y Tenten habían reconocido que toda la culpa de lo había pasado tras el secuestro del Shining Sun era de Rin al haberse rebelado contra Kikyo. Eso había hecho que los responsables sintieran un atisbo de arrepentimiento por haber hablado de más. Rin continuaba su relato con su intento de suicidio. Algo que había dejado a Sesshomaru con los ojos abiertos, al imaginarse aquello y cómo Rin había llegado a hacer un acto tan extremista.

Les habló de Utakata y cómo gracias a él había recuperado su voz y cómo la había animado. De reojo, Yamato había avistado los celos en Sesshomaru cuando ella hablaba de Utakata y lo tan transparente que era en esos momentos. Pero Rin seguía hablando y explicando por qué había recuperado la voz. Así que ahora, miró a su colega líder Sasuke como si sintiera curiosidad de ese doble suyo que tanto se le parecía. La joven siguió explicando sobre Utakata y su devoción al Dead Moon, sin tocar el hecho de que fuera pariente de Sasuke y Sakura.

Y entonces, Rin había llegado a la parte que a Yamato le interesaba, Takuya y el Shining Sun.

Ahí, Rin se tomó más tiempo de silencio, tanto, que algunos pensaban que no iba a continuar.

-Cuando llegué a casa de Inuyashasama… -un nuevo silencio y luego empezó a verlo todo borroso, pero hizo acopio de todo su autocontrol y no dejó que las lágrimas acariciaran sus mejillas-. Todo estaba oscuro y muy silencioso. Por un momento, pensé que Inuyashasama y su familia se habían ido sin mí. Pero no podía ser, por lo que cuando entré a la casa, tuve la sensación de que algo malo estaba ocurriendo. Quise salir para pedir ayuda, pero, me agarraron por detrás y me llevaron a la sala. Allí se encendieron las luces y vi a Inuyashasama y a su familia, prisioneros del Shining Sun…

.

Temblaba como si fuera gelatina.

Incapaz de moverse del sitio, Rin veía aquel panorama como si estuviera dentro de una pesadilla.

Toda su vida apareció ante sus ojos en fracción de segundos, donde tuvo la sensación de que mañana no volvería a ver el sol.

El silencio se esparcía por el interior de la vivienda donde solo los sonidos de llanto de la pequeña Kanna junto a las risas maquiavélicas de los miembros del Shining Sun resonarían por siempre en un futuro, creando una casa encantada para los nuevos inquilinos que comprasen aquella vivienda.

Rin quiso correr.

Tenía que correr.

Aprovechar para huir antes de que la amordazasen como a la familia de Inuyasha. Pero sus piernas no le obedecían. Estaba paralizada del miedo. Recordando por todo lo que había pasado desde que era niña, puntualizando la experiencia tan traumática que había pasado tanto con Koga, con Sesshomaru y con el Shining Sun.

Sintió que perdía la voz y la conversación que había vivido con aquel muchacho, había llegado a ser inexistente.

-Por fin ha llegado la actriz principal -saboreaba Takuya sentado sobre el sofá, haciéndose dueño y señor de la casa.

-Es una pena que no pueda volver a llevarla a la habitación del castigo con sus amigos los perros -se lamentaba Kikyo sentada sobre el posa brazos, al lado de Takuya, como si ella fuese la chica del líder.

La mención de Kikyo puso a Rin con los ojos en blanco y a tener mareos constantes con aquellas escenas torturándola, como si las estuviera reviviendo en esos mismos instantes.

-¿Y por qué no divertirnos antes? -había propuesto Kiba cogiéndola del brazo, y sacándola de ese horrible mal estado, para ponerla en uno mucho peor.

-¡Por favor! No me hagas ver cosas tan repugnantes -expresó Sai con su disgusto sobre las relaciones entre hombre y mujer.

-Yo tengo una idea mejor -y Kikyo sacó una pequeña arma afilada de su escote-. Hoy en día, las autopsias pueden revelar si un cuerpo ha sido torturado antes o no. Aunque no podremos quemarla.

-¿Es eso cierto, Tomoki? -le preguntó el líder a uno de sus subordinados y que actuaba como cerebrito de la organización.

-Así es Takuyasama -habló el más bajito de todos.

-Pues entonces… -se levantaba Kikyo.

-¡Ey, ey! ¡Un momento! ¿Vais a mutilar a una chica y no a jugar con su cuerpo? No estoy de acuerdo con ello -protestó Kiba.

-Kiba si no te gusta la idea, puedes ir a la entrada y sustituir a Junpei y a Yuura y hacer algo más provechoso como vigilar.

Ante la propuesta de su líder, Kiba chasqueó la lengua y soltando de mala gana a la más joven, se fue a grandes pasos hasta la puerta principal.

-Bien, ahora solo falta algo para estar completamente tranquilos.

Rin se sobresaltó al escuchar el repentino ruido de un disparo. Los llantos de Kanna cesaron para siempre y en su lugar, hubo un reguero de sangre. Inuyasha y Kagome clamaron en alto angustiados el nombre de su hija fallecida. Kagome entró en un estado de histeria e Inuyasha tratando de levantarse para intentar vengarse del malnacido que había asesinado a Kanna. La única respuesta que tuvo fueron unos cuantos disparos que tocaron el cuerpo de Kagome y el de Inuyasha, silenciándolos para siempre.

Rin contemplaba anonada cómo ante sus ojos la familia de ÉL moría, y como la sangre de uno de ellos había salpicado su rostro. Eso la hizo reaccionar y a desear más que nunca salvar su vida.

La muerte de la familia de Inuyasha supondría un dolor muy profundo para Sesshomaru. No quería intensificarlo si ella moría también.

Rin se percató de repente, que si Sesshomaru supiera de sus muertes, sería capaz de dejarse llevar por sus sentimientos y hacer un acto kamikaze. El resto de los líderes le seguirían y entonces, Sora, Sakura y todo el Dead Moon se extinguiría para siempre.

En esos momentos, ella era la llave que podía llevar a la salvación o a la destrucción del Dead Moon. Por eso el Shining Sun estaba ahí. Por eso, en esta ocasión, iban a matarla.

Tras el daño emocional que le había ocasionado a los líderes del Dead Moon y disfrutar con su sufrimiento, ahora querían ponerle punto y final a toda aquella diversión.

Trató de escapar, pero Sai fue más rápido y se lo impidió.

-Cuántas menos mujeres hayan en el mundo, mejor -lo escuchó decir en un susurro tan bajo, que parecía el siseo de una serpiente.

Escuchó cómo dos personas se acercaban, seguramente serían los mencionados Junpei y Yuura. Pero Rin no quiso comprobarlo. Estaba más asustada por el arma afilada que Kikyo tenía en su poder. Acercándose a ella divertida, paseando la hoja por su lengua como si el sabor metálico fuese la fruta más sabrosa del mundo. Veía también cómo Takuya sonreía triunfal como si imaginase el patético final de sus peores enemigos.

Trató de resistirse.

Pero era inútil.

Su débil fuerza nunca la había frustrado tanto como aquel día. Tanto, que empezó a llorar.

Llorar por no poder hacer nada. Una vez más.

Llorar, al imaginar cómo todos caerían por su culpa. Otra vez.

Llorar porque ya nunca volvería a ver a Sesshomaru.

Llorar por haberle dejado con un recuerdo amargo y doloroso cuando se habían visto por última vez.

Sintió cómo la punta del cuchillo rozaba su brazo desnudo, haciéndola gritar de dolor y creando una hilera de sangre.

Escuchó cómo todos se reían ante su sufrimiento, incluso el hombre que la tenía aprisionada. Aunque quién más disfrutaba de todo aquello era Kikyo.

-Después de esto, tendrás una figurita tan espantosa, que hasta a Sesshomaru le dará asco.

Y volvió a rozarle el cuchillo de forma lenta y tortuosa por encima de su pecho. Volvió a gritar de dolor y a desear que la matasen, en vez de ser torturada de esa manera.

-¿Por qué no le cortamos los dedos? -propuso Junpei divertido.

A Kikyo le pareció una excelente idea, y Rin se puso tan histérica que empezó a moverse con tanta fuerza, que Sai la insultó por no saber estarse quieta. Pero Rin no le hizo caso. A cada segundo que Kikyo acercaba el cuchillo, Rin se puso más histérica, que sin querer, acabó pisando con fuerza uno de los pies de Sai. Rin no se dio cuenta de ello, ni siquiera de porqué Sai la había soltado de repente. No tenía tiempo para pensar en esas tonterías. Sólo pensó en correr. La puerta de la entrada estaba vigilada, así que sin otra idea, corrió escaleras arriba.

-¡Serás imbécil! -rugió Kikyo, donde Rin no hizo caso de la sonora bofetada que la mujer le había dado a Sai.

-¡Cogedla! -demandó Takuya a sus subordinados.

En medio de aquel terror, Rin se metió en la primera habitación con puerta abierta que vio. Una imprudencia y una estupidez cuando estaba siendo perseguida y no había mucho dónde esconderse. Aún así, puso todo lo pesado que tenía a mano y que ella podía mover para atrancar la puerta.

Era la habitación de la pequeña Kanna, y aunque tenía la suerte de poder con los pequeños muebles, estos sólo le darían unos segundos para retrasarlos.

En medio de aquella desesperación, Rin trató de pensar algo aprisa.

No tardó en escuchar los ruidos sordos contra la puerta, y la fuerza de aquellos persecutores en querer abrirla.

Lo único que estaba consiguiendo era ganar tiempo. Un tiempo que más adelante se daría cuenta de lo valioso que había sido para que su vida estuviera a salvo.

Pero, ahora solo pensaba en qué hacer.

¿Escapar por la ventana?

Estaba en un primer piso.

Si caía, estaba claro que se haría mucho daño y Kiba la escucharía y sería el primero en cogerla.

El ensordecedor ruido de querer abrir la puerta por la fuerza, la asustó más.

Era cuestión de tiempo de que la abriesen.

¿Qué hacer?

¿Matarse en vez de ser torturada cruelmente?

¿Con qué?

No había nada en la habitación de Kanna que pudiera usar consigo mismo como arma.

¿Qué hacer?

El ruido de la puerta siendo aporreada cesó, pero eso no significaba que sus persecutores se hubieran rendido.

¿Qué hacer?

El juego del gato y el ratón dio a su fin, al escuchar cómo algo sordo y seco chocaba contra la puerta, haciendo grietas y destruyendo toda la barricada formada.

Rin se echó para atrás.

Escuchó cómo el Shining Sun la insultaban y se sentían frustrados por la guerrita que les estaba dando.

No tardó nada en regresar a la sala donde estaba Takuya junto a Kikyo. Ambos con rostros relajados y burlescos. Daba la impresión de que no se sentían preocupados de que pudiera escapar. Al fin de cuentas, no había salida. Y aunque viniese el Dead Moon, ellos podían tomarla como rehén o usarla como escudo humano.

Ya se habían divertido con ella lo suficiente, que ahora ya no les servía para nada.

-Bueno -empezó Takuya-, creo que será mejor dejarla sin piernas para que no pueda huir más -con su arma apuntando hacia sus rodillas.

Rin estaba realmente histérica. Pero esta vez, la tenían bien sujeta. Ya no solo eran Sai y Kiba, que había regresado de su puesto cómo vigilante, sino que casi toda la organización la tenían movilizada.

Con lágrimas cerró los ojos, mientras un solo nombre cruzaba por su mente.

¡Sesshomarusama!

Y se escuchó el chirrío de la puerta de la entrada.

Luego el sonido de unos zapatos acercándose.

La sorpresa de todos fue mayúscula al visualizar a un muchacho de gran parecido a Dragon, y que a más de uno, le molestaba, porque le sonaba de algo más.

-¡Utakata! ¡¿Qué haces aquí?! -preguntaba Rin sin comprender porqué aquel chico se metía dentro de la boca del lobo. Además, ¿cómo había podido pasar con Kiba haciendo guardia en la entrada?

Que no fuese Dragon era algo que la gran mayoría había imaginado, si lo miraban de cerca. Se veía más joven, casi parecía un niño, y no tenía esa mirada tan huraña que el más joven de los líderes tenía. Por no hablar de la ropa harapienta que portaba y sin ningún arma de protección que pudiera usar contra ellos.

-Vaya, parece que tenemos más diversión para la fiesta.

Utakata echó un vistazo a lo que tenía a su alrededor.

La familia de Inuyasha asesinada a balazos. A un hombre sentado cómodamente, como si se las diera de importante. Una mujer que lo examinaba de arriba a abajo cuidadosamente. Y luego, a varios hombres inmovilizando por completo a Rin.

-Se ve que mi instinto ha vuelto a acertar -murmuró el muchacho con cierta pena cómo si se lamentara el tener ese talento tan especial que poseía-. Jamás, imaginé que después del intento fallido de matar a Takerusan hace años, lo hicierais ahora con Inuyashasan y su familia.

Y más de uno pensó que aquel niño estaba loco. Porque a primera vista, eso es lo que era, un niño que aún debería ir a la primaria. Así que ¿qué iba a saber él algo que había sucedido cuando aún se dedicaba a amantar el pecho de su madre?

Rin siguió gritándole a Utakata de que huyera. Avisándole de los peligrosos que eran. Pero varios de los miembros del Shining Sun, habían dejado de apresarla, para acorralar a Utakata.

-Oye, Takuya, ¿qué crees que podemos hacer con él?

-Es demasiado atractivo -opinaba Sai con algo de lástima de que tuvieran que torturarlo.

-Simplemente es un pobre niño que no crecerá porque su vida acabará aquí -apuntándolo con su arma- ¿Algo qué decir, pequeño?

El chico se quedó inexpresivo por unos segundos y luego preguntó con cierta molestia.

-¿Quién fue el que violó a Sakurasan?

Kiba que seguía aprisionando a Rin, declaró su culpabilidad con todo el orgullo rodeándole.

Rin pudo ver cómo Utakata había mostrado un enfado que ella había visto muchísimas veces en la cara de Sesshomaru.

Sintió un escalofrío recorrerle por todo el cuerpo.

Lo siguiente que sucedió fue tan rápido que no pudo seguir con sus ojos todo lo que pasaba.

Solo escuchó el sonido del disparo de la pistola de Takuya, a ella siendo mágicamente liberada y protegida por Utakata. Luego, Utakata había cogido a uno de los miembros del Shining Sun colocándolo de frente y haciendo de escudo humano. Más disparos, palabras perdidas, hombres perdidos, la voz de Kikyo más alterada que nunca. El sonido de los disparos de una pistola, cerca de su presencia, retumbándole los oídos. El cuerpo que tenía delante, moviéndose bruscamente por los disparos que recibía. Más disparos, y el repentino sonido de algo explotando. Luego el olor del humo. Gritos de terror, como si estuvieran teniendo una muerte lenta y dolorosa. Los insultos del líder Takuya, maldiciéndolo y luego su voz rota después de cinco disparos a quemarropa.

El cuerpo que había hecho de escudo, fue arrojado bruscamente contra el suelo. Y lo que Rin vio, fue lo inimaginable.

Estaban rodeados por las llamas flamígeras y a casi todo el Shining Sun muerto. Takuya incluido.

Solo quedaba un componente.

Kiba.

Él, misteriosamente, se encontraba vivo, pero tenía las manos y los pies inutilizados. Imploraba al muchacho que le perdonara la vida.

-¿Después de lo que le has hecho a mi tía Sakura? ¡Jamás!

Utakata disparó hacia un lugar en específico, y las llamas aumentaron de tal manera, que o escapaban de aquella casa en llamas o morirían abrasados. Así que Utakata saltó hacia el exterior cargando a Rin y dejando que Kiba tuviera la peor de las muertes, ser quemado vivo.

El golpe contra el suelo junto a la humareda que había tragado, hizo que perdiese la consciencia, no sin antes escuchar las últimas palabras de Utakata, revelando su lazo sanguíneo con Sasuke y Sakura.

.

Alguien arrastró la silla y Rin vio de inmediato que se trataba de Sakura. A su lado, estaba Sasuke de brazos cruzados mirándola con la misma impresión que tenía su antigua pareja. Ninguno de los dos podía dar crédito de lo que habían escuchado.

¿Un sobrino?

¿Eso era imposible?

-¡¿Nos estás vacilando o qué?! ¡¿Eso no tiene sentido ninguno?! -bramaba Sasuke sin poder creerse aquella versión.

-Bueno -interrumpió Takeru como si la historia de Rin le abriera viejos recuerdos que había querido encerrar con candado-, bien pensado, cuando Takuya y los otros me dieron aquella paliza, me pareció escuchar la voz de Sasuke, en medio de la pelea.

-¡¿Estamos de guasa o qué?! -seguía Sasuke terco en no querer aceptar el hecho de que tenía un sobrino. Era sencilla y biológicamente imposible- ¡¿Cuántos años han pasado de aquello?! ¡¿Diez?! ¡Y ella ha dicho que ese chico se veía como un niño! ¡¿Dónde está la lógica en esto?! ¡Además! ¡¿Sobrino mío?! ¡El único hijo que tuvo mi hermano murió sin que pudiera nacer!

-¿Seguro que no tienes algún hermano perdido por ahí cómo pasó con Sakura? Teniendo en cuenta tu historia con ese abuelo tan majo que tienes -ironizaba Yamato.

-¡Por mi parte, está claro que no! ¡A no ser que Sakura esté mintiendo y nos haya escondido algún hermano para protegerlo!

Ahí fue cuando tocó la fibra sensible en Sakura para contraatacar y tener la excusa perfecta para discutir con su primo.

-¡Al menos, lo protejo de un asesino de familias como lo eres tú!

-¡Estás equivocada! -interrumpió Rin nuevamente-. Sakura, ahí estás equivocada.

-¡¿Equivocada?! -y fue el turno de que Rin sufriera en sus carnes la irritación que tenía Sakura al recordar lo que Sasuke le había hecho. Estaba tan irritada, que habló de más- ¡Tú no lo sabes lo que ese bastardo me hizo, porque estabas en tu propio mundo de horror! ¡Aunque me quitara al hijo de mi violador, seguía siendo mi hijo, y mi derecho a si quería tenerlo o no! ¡Él, por puro egoísmo, no quiso tener nada que ver con el hijo de alguien que odiaba, aunque yo fuera la más perjudicada!

Los que sabían la verdad, se sentían con las ganas de contar la verdad. Sakura, como Rin había dicho, estaba equivocada. Pero, no podían ir contra Sasuke. Y los líderes, no decían nada, simplemente porque no estaba dentro de su dominio. Era algo que había decidido Sasuke y que tenían que respetar, aunque fuese la peor decisión del mundo. Pero tanto Yamato como Sesshomaru no podían reprochárselo ya que ellos también habían optado por muy malas decisiones.

-No es así. Estás equivocada, Sakura.

Pero Rin, no parecía pertenecer al grupo que se quedaba callado. Sino en el de revelar la verdad.

Sasuke pareció darse cuenta, y quiso callarla, pero Yamato se lo impidió.

La esperanza que siempre creía perdida, podría recuperarse. Y no iba a permitir que por culpa del joven líder caprichoso, se estropeara su relación con Sora.

-En realidad, el niño que tenías… -continuaba Rin en una mezcla de tristeza y cuidado para no lastimar a Sakura emocionalmente-, no era de Kiba. Era de Dragonsama.

La verdad que Rin le decía, sorprendió tanto a Sakura, que tras recuperarse, estuvo a punto de dar más razones para despreciar a Sasuke y a tratarlo como a un semejante a Madara.

Sin embargo, Rin no se lo permitió y con más cuidado que nunca. Le contó la terrible verdad. El Dead Moon cuando las habían rescatado, el feto ya estaba sin vida.

Había sido el Shining Sun los primeros en enterarse en que estaba embarazada. Habían tomado aquello como una oportunidad de oro, para hacerle creer que el niño era de su violador. Sin embargo, lo que también habían hecho, aprovechando de su inconsciencia (drogada, aseguraría Sakura), era sacar el feto que tenía dentro, dejándolo sin los nutrientes necesarios para sobrevivir, hacer sabe dios que barbaridades y luego volver a metérselo sin vida.

Había sido muy fácil hacerle creer que la cicatriz que tenía, era por la tortura vivida con Kiba. Y que éste la envenenara día tras día, de que el niño era suyo, ayudaba a que ella creyera lo que no era.

Cuando Rin terminó, no se sintió capaz de mirarla. Bajando la vista, aguantó las ganas de llorar.

Sakura no solo no pudo encontrar la expresión de Rin. Cómo si no pudiera creer lo que le había dicho, quiso cerciorarse viendo a los demás, pero, o no se atrevían a mirarla o tenían miradas de compasión. Finalmente, vio a Sasuke, pero éste no tenía cara para mirarla. Solo el sentir la misma frustración que ella, al haber perdido a su hijo de forma cruel.

Sentándose de golpe en la silla, Sakura fue uniendo hechos.

El hijo que había creído que era de su violador, en realidad era de Sasuke.

El hijo que había crecido en su vientre para forzar un aborto estando inconsciente, en realidad era porque estaba muerto.

El hijo que había perdido por culpa de Sasuke, en realidad era por culpa de su violador.

Él nunca le había dicho todo eso.

Pero…

Recordar cómo lo había despreciado por su error.

Recordar las palabras dolorosas al compararlo con su abuelo.

Recordar cómo había querido vengarse por algo que no tenía culpa.

Él había tenido que recibir todas esas falacias.

Lógico que se sintiera irritado, cuando lo único que había hecho era mentirle sobre lo que realmente había pasado.

Pero…

Lo había hecho porque así no se sentiría tan destrozada.

Lo había hecho por su bien.

Su hijo…

Aquel niño era suyo y de Sasuke.

Lo había perdido por culpa de otro.

Había muerto sin que ella pudiera hacer nada.

En realidad, el que hubiese muerto, fue porque ella había sido débil ante su captor.

Eso era lo que Sasuke no quería que supiera.

Lo había hecho por ella.

Y ella en cambio, le había respondido con un jarro de agua fría.

Lloró desconsolada.

No tuvo el consuelo de nadie. Ni siquiera el de Sasuke.

-Creo que lo mejor será dejarlo aquí. Mañana seguiremos -no hacía falta decir que el tema a tratar sería el de aquel chico llamado Utakata.

Un niño de once años que era el sobrino de Sasuke y Sakura y que había acabado con todo el Shining Sun.

Algo ilógico. Pensaban todos en común.

Tenía que haber algo más.

Todos fueron retirándose, pero Sakura estaba tan destrozada, que solo pensaba en llorar y no parar nunca.

Sasuke hizo un gesto a su guardaespaldas para que se ocupara de ella.

Aquella noche, él no podía dormir en su cuarto y mucho menos tenía los huevos suficientes para estar en la compañía de alguien. Aunque lo necesitase con urgencia.

Cuando todos se levantaron, Rin aceleró más los pasos para dirigirse hacia Yamato para detenerlo. Todos, menos Sesshomaru, seguían con su marcha. Llamaba más la atención el dolor que sentía la pelirrosa que ver cómo dos de los líderes quedaban rezagados por culpa de Rin.

-¿Qué quieres? -había preguntado Yamato.

-Esto… La verdad es que también he visto algo que puede ayudar a que Sorasan confíe de nuevo en usted.

La expectación se expresó en el rostro de Yamato y le prestó toda la atención conveniente.

-En el hospital donde estuve ingresada, vi a una mujer idéntica a Sorasan. Era como si fuese su doble o su gemela. Y tengo el presentimiento de que puede estar emparentada con Sorasan.

Por unos segundos, Yamato pensó que aquella adolescente tenía problemas mentales. Primero hablaba de una figura idéntica a Sasuke, y ahora, le decía que también existía alguien parecida a Sora. Sin embargo, tenía que reconocer que aquella jovencita se había espabilado bien durante el tiempo que había estado fuera del local, que incluso le ofreció pistas fiables para asegurar de que no se trataba de su imaginación.

-Como era la hermana de uno de los médicos interinos, indagué en los archivos del personal por si por casualidad, había algo sobre ella. Pero no encontré nada, así que entonces, se me ocurrió querer saber sobre las personas que me cuidaban y encontrar el momento adecuado para saber sobre aquel médico y la chica parecida a Sorasan. Al final, descubrí que se llama Saiba Rei, tiene veintitrés años y vive en Suiza con sus padres. Su hermano se mudó aquí para trabajar en el hospital. Ahora ella se encuentra aquí de vacaciones. Hay que aprovechar antes de que se marche, porque seguro que tiene algo que ver con Sorasan. Saiba Reisan no se parece en nada a su hermano, y yo creo…

-Está bien -la cortó con pesadez-, la investigaré.

Si Rin se lo contaba con tanta emoción y sin albergar dudas, es porque creía ciegamente en que aquella mujer llamada Rei tenía algún vínculo sanguíneo con Sora.

Sintiéndose más aliviada, Rin volvió al lado de Sesshomaru. La mirada recelosa que tenía, fue sustituía por una más tranquila cuando Rin regresó feliz a su lado.

Viéndolos, Yamato sintió una punzada de celos. Estaba claro que ellos volverían a ser la pareja de antaño. Ahora que la joven parecía haberse recuperado, ya no había razón para dejarla en manos ajenas.

Y Sasuke, ahora que Sakura sabía la verdad, quizás le buscaría para pedirle perdón y regresar juntos. A veces todo resultaba tan obvio que le daba asco.

Mientras que la suya, seguía encarcelada por decisión propia, negándose a comer lo que le daba y a querer perdonarle.

Dudaba que su relación con Sora pudiera cambiar con el hecho si descubría algo importante sobre la chica llamada Rei. Incluso empezó a pensar que ni Sakura ni Rin pudieran hacerle cambiar de opinión y que recapacitara.

.

Poco después, en la comodidad de la intimidad, Rin le contó a Sesshomaru, el asunto de la doble de Sora y sus sospechas de que fuese pariente suya.

Sin embargo, había algo que incomodaba realmente a Sesshomaru. Él la veía hablar con tanta naturalidad sobre hechos relevantes, como si no se viese afectada psicológicamente, como había ocurrido después de haberla rescatado del Shining Sun.

Comparándola a cómo había estado desde entonces hasta ahora, la diferencia era arrolladora. Además, ella había vuelto a pasar por cosas terribles.

Ver cómo asesinaba a su hermano y a su familia. Y la presencia constante de aquel policía psicópata. Debía de haber sido traumático para ella.

El recordar la muerte de Inuyasha, hizo que sintiera algo de culpa. Nunca había querido involucrarlo, por miedo a que le pasase lo mismo que a Takeru hace años, que era por eso, que a ojos de fuera, hacía creer que lo despreciaba y que se divertía con su sufrimiento, que no se paró a pensar que eso a Takuya y a los suyos les daría igual.

-Sesshomarusama, ¿está bien?

Al ver a Rin, se encontró también con su reflejo ante el espejo. Su rostro era neutro, pero podía visualizarse algo de tristeza. Algo que solo los que lo conocían muy bien podían apreciar. Y ella era uno de ellos.

Sin decir nada, la abrazó con fuerza.

Ahora mismo, necesitaba su calor.

Sentirla de nuevo.

Era lo único que le quedaba.

Y ahora, había aprendido muy bien la lección.

Nunca, pero nunca más, volvería dejarla sola.

Si quería ir a algún lado del exterior, él tendría que estar a su lado.

Ni siquiera confiaría en Toran o en Shunran para aquella labor.

Rin se sintió un poco sorprendida por aquel acto tan afectivo y repentino de su parte.

Sin embargo, ver que ya no sufría traumas como antes cuando la tocaban, le hacía ver que parecía haberse recuperado.

Incluso cuando él buscó sus labios con los suyos, en un beso lleno de deseo y pasión, ella no puso pegas. Sino que se dejó llevar.

Deseándose y consolándose, así estaban los dos.

Pero los traumas no son tan fáciles de superar como uno cree.

El cuerpo siempre acaba recordando las terribles experiencias. Y dar tan pronto ese paso tan acelerado, había sido un error.

Por lo que cuando iban a consumar el acto sexual, Rin se puso tensa y empezó a temblar.

Sesshomaru al sentirlo, se detuvo y al verla, se percató de que ella tenía los ojos la cara pálida y los ojos llenos de lágrimas.

-Ah… Yo… -comenzó ella, apartando el mar de lágrimas que caían de sus ojos-. Lo siento… Lo siento… Creía que… Yo…

Su voz temblorosa indicaba que ella no se había recuperado tan fácilmente cómo había creído. Ella quería seguir, sabía que ÉL lo necesitaba. Y ella necesitaba que le dieran ese calor para olvidar todas las cosas terribles que había vivido sin su presencia a su lado. Pero una cosa es el desear y otra, lo que el cuerpo exigía.

Tiempo y paciencia.

Algo que Sesshomaru aceptaba.

Ya no iba a cometer más errores con ella.

Suspirando en silencio, la cubrió con la manta y se dedicó únicamente a abrazarla con fuerza.

No iba a forzarla, cuando todavía no estaba del todo preparada.

Rin se sentía confundida.

Rápidamente, se comió la cabeza con la idea de que por culpa suya, no podían hacer algo tan necesitado como natural. Y ella había visto muy bien, cuanto él lo quería. Sus besos cargados de pasión y cómo la había tocado, eran clara evidencia.

Iba a disculparse y a pedirle que continuara. Pero él, no le había dejado terminar la frase, sino que la había abrazado con más fuerza contra él.

-Cuando estés realmente preparada, lo haremos. No quiero volver a pasar otra vez por lo mismo.

Señal de cuánto la había afectado.

Y ella no quería retroceder a aquel estado donde no atendía a lo que le rodeaba, sino solo a ella misma y lo que había vivido.

Meneó la cabeza ligeramente, tratando de olvidar esos pensamientos, y a centrarse en aquel cálido abrazo, donde a través de ellos podía sentir una promesa. La promesa de no abandonarla jamás.

.

La mañana comenzaba a abrir, y Yamato se encontraba solo en la sala de vigilancia, todavía sin haber ido a dormir. Pero, tras lo que Rin le había contado, y paso a paso de lo que iba averiguando gracias al programa del abuelo de Sasuke, más despierto se sentía y con más motivación que nunca.

Se sentía como los piratas cuando encontraban un tesoro, aunque lo irónico es que el tesoro había venido a él por voluntad propia.

Sin embargo, dentro de él existía otra emoción contradictoria y era la irritación. Aquel tesoro había estado siempre ahí, durante más de veinte años. Un tesoro que él tenía que haber encontrado, después de haber investigado los antecedentes de Sora.

La puerta fue abierta, y Sasuke se llevó una sorpresa al hallarlo en aquel lugar.

-¿Tú tampoco te has ido a la cama? -preguntó el Uchiha, pero cuando sus ojos negros viajaron a la grande pantalla, donde había un mosaico de distintas imágenes, se quedó desconcertado- ¿Y esa chica? No es Sora, ¿o sí?

-Es su hermana pequeña -contestó con toda naturalidad.

-¡¿Cómo que su hermana pequeña?! -repitió alarmado- ¿Qué no se suponía que era hija única?

-Oye, Sasuke ¿sabías que hace años hubo un caso dónde los niños eran robados nada más al nacer? -empezó Yamato con aquel tema de forma casual.

-¿Niños robados? -preguntó, haciendo entender que no sabía qué significaba eso realmente y mucho menos, no entendía a qué venía aquello ahora.

-Tuvo gran impacto, sobre todo, en uno de los países europeos. Se dice que muchos bebés fueron robados nada más al nacer -apoyando la mejilla sobre su mano-. Todo era organizado por un grupo especializado. Cuando la madre daba a luz, aprovechando su inestabilidad física y emocional, realizaban el cambio. Le hacían creer que el niño había nacido muerto, y para que tuviera más credibilidad, mostraban a otro bebé que estaba muerto. Mientras, el bebé que había nacido era entregado a otra familia, a cambio de una gran suma. Por supuesto, que para evitar en un futuro encuentros casuales, que los pedidos, se realizaban, fuera de la ciudad, o incluso del país. Parece que ese grupo, llegó en algún momento a Japón, para seguir con la vocación de venta de bebés.

-¿Qué estás tratando de decir exactamente?

-Que esta chica es una de esas bebés robadas. Se ve que la madre de Sora perdió a un hijo nada más nacer hace exactamente veintitrés años, los mismos que esta chica tiene. Incluso la fecha de nacimiento coincide. Así que me puse a investigar, y acabé viendo que por esa época, comenzó la afluencia de bebés robados en Japón. Y en su biografía oficial, pone claramente que ella ha sido adoptada. Investigué más a fondo, y he descubierto la prueba evidente. Su grupo sanguíneo es cero negativo. Igual que el que Sora y el de sus padres. Y ya sabes lo que eso significa.

Según las leyes de Mendel, una pareja solo podrá engendrar hijos con ese mismo grupo sanguíneo. Si el hijo nacido de la madre, tuviese un grupo sanguíneo distinto, eso significaba que la madre había tenido un adulterio. Pero este, no era el caso.

Ya de por sí, aquel grupo sanguíneo era muy raro, y que lo tuviera una pareja, resultaba muy casual. Pero al mismo tiempo, evidente, como era el caso.

-Pero entonces ¿cómo es que nunca la hemos encontrado hasta ahora? ¿Y no se supone que cuando Sakura y la tuya fueron secuestradas, que sus imágenes aparecieron muchas veces por las noticias?

-Según parece, aunque sus padres son de origen japonés, viven en Suiza. Tiene además un hermano mayor que se instaló en Japón hace muy poco -mostrando su imagen-. A juzgar por su edad y su media, se ve que es todo un cerebrito. Es normal que muchos hospitales le ofrecieran vacantes disponibles. Pero él, optó por venirse a Japón y trabajar en el mismo hospital que le habían ofrecido a su mejor amigo en la universidad. Y la chica ha venido hasta Japón para visitar a su hermano. Si ese policía de pacotilla la ve, es capaz de confundirla con Sora y a ejecutar una relación basada en la locura -riéndose de lo muy bajo que podría acabar su rival.

-Si esa chica, es su hermana, por lógica cuenta con nuestra protección. Lo primero que habría que hacer es evitar que se encuentre con Yagami -Yamato asintió con la cabeza con la mirada puesta en la chica-. Llamaré a Kakashi para que tome las medidas necesarias -tomando su móvil y dictando las órdenes adecuadas. Una vez que cortó la llamada, Sasuke volvió a centrarse en Yamato- ¿No crees que deberías decírselo a Sora cuanto antes para que se arregle lo vuestro?

-¿Arreglará lo tuyo con Sakura tras saber sobre ese sobrino que te ha aparecido?

Sasuke frunció el cejo molesto.

-¡Ya he dicho que ese chaval no puede ser sobrino mío!

Yamato miró de reojo a Dragon, su terquedad le impedía ver las opciones de que sí fuera. Pero estaba tan cegado, que no atendía a razones. Así que, juntó las manos y apoyó el mentón pensativo.

Si Sora se enteraba de que tuviera una hermana, para empezar, se negaría a creérselo, aunque le mostrase la evidencia. Ella, al igual que Sasuke, se cegaría y seguiría centrada en su idea de que era una mujer secuestrada por unos peligrosos criminales, a la espera de que la mataran.

Sin escuchar lo que Sasuke seguía diciendo, Yamato apretó los dientes con fuerza.

Lo único que le quedaba era en lo único en que llamaba esperanza, Heaven y Rose. Y esa esperanza cada vez se iba hundiendo más y más en el fango.

.

Parada frente a la puerta de la habitación, Rin dudaba por unos momentos, si aquello era lo mejor.

Todavía era muy temprano, y muchos seguían durmiendo, incluyendo Sesshomaru. No sabía si también lo estaría Sakura. La persona con la quería hablar.

Tras haber soltado ayer toda la bomba, apenas había podido dormir. No podía evitar recordar cómo había quedado de devastada tras saber la noticia. Si estuviera en su lugar, se habría pasado toda la noche sin dormir, dedicándose a llorar y a atormentándose por todo lo que había hecho. Y seguro que tras horas y horas de angustia, el sueño y el cansancio habrían acabado con ella.

Era muy temprano. Y solo unos pocos miembros se habían levantado para revelar las guardias correspondientes o para prepararse para el trabajo diario. Quizás lo mejor, era esperar hasta el mediodía para hablar con Sakura. Pero estaba tan preocupada por ella, que no podía dejar esperar más tiempo.

Por lo que había visto, antes de irse a su respectiva habitación con Sesshomaru, Dragon no iba a estar en la misma habitación que ella, pero Gaara, el guardaespaldas de Dragon, la había dejado al cuidado de Yang. Ella, una de los miembros del inicialmente grupo conocido como "Las fuerzas especiales", se había convertido en una de las guardaespaldas de Sakura junto a Ying (conocido como Neji y pareja de Yang) y Temari (la hermana mayor del guardaespaldas de Dragon).

Por la noche, poco antes de que ella cayera dormida junto a Sesshomaru, él le había contado muy por encima, cómo muchos miembros habían bajado de categoría, perdiendo sus cargos anteriores como castigo por haberles fallado. Y también, por la furia que los líderes habían sentido. Pero aquello último, había sido un detalle que Sesshomaru había omitido.

Ella le había pedido que les perdonasen, alegando en su defensa que habían cumplido muy bien su papel y que el secuestro a manos del Shining Sun era algo que no se podía haber evitado, incluso estando los tres líderes del Dead Moon presentes.

Sesshomaru se lo había consentido. Pero también le había aclarado, que él solo podía interferir sobre los miembros que estaban bajo su autoridad. Para los otros, habría que hablar y convencer a Dragon y a Wolf.

Pero primero, Rin quería hablar con Sakura. Quería ver si estaba bien y apoyarla.

La puerta fue abriéndose con cautela por Yang, al verla, ella le mostró sus respetos. Rin preguntó por Sakura, a lo que Yang le contó que estaba despierta.

Sakura había dejado de llorar y se encontraba mirando a la nada, pero pensativa, hasta que el sonido de la puerta y saber quién era, hizo que le despertara la curiosidad.

Quiso que fuera Sasuke, pero al ver a la joven Rin, sintió algo de decepción.

Él le había mentido sobre el niño que había perdido. No quiso decirle que era suyo, sino que dejó que creyese que fuera de su violador. Lo acusó injustamente, sin que él se defendiera de su error, solo para protegerla.

Pero en algún momento, eso se le había ido de las manos. Y su relación volvió a ser peor que la que habían tenido al principio.

Sin embargo, recordaba cómo en los actos sexuales, él se cuidaba más que nunca, para no volver a embarazarla, porque de lo contrario, su vida peligraría.

Una de las consecuencias que tampoco sabía, y que Sasuke sí. Y que, nuevamente, para protegerla, nunca le había dicho.

Sakura había sabido todos aquellos detalles mediante Yang. La cual le había pedido que le dijera todo lo que ella sabía. Y a cada palabra que ella le contaba, más culpa sentía por haber tratado tan injustamente a Sasuke. Pero ahora, con la cabeza más cuerda, tras haber llorado horas y horas por su hijo perdido, había llegado a una conclusión.

Aquello había sido causado por ella y por él a partes iguales.

Ella estaba dispuesta a perdonarlo y a volver con él, solo si él hacía lo mismo.

Una parte de ella, le decía que él estaba muy arrepentido y afectado, y que todavía la quería. Por eso, se había quedado en su habitación, esperando a que volviera.

Mientras esperaba, pensaba en el chico que Rin le había hablado.

Su posible sobrino.

Un fugaz recuerdo había hecho que se le encendiera la bombilla y a pensar en una terrible posibilidad.

Pero quería hablarlo con Sasuke. Expresar su teoría al respeto. Pero para ello, tenían que conocer al chico para confirmarlo.

Rin sabía dónde estaba.

Pero si primero tenía que arreglar las cosas con Sasuke, entonces, perderían el rastro del chico.

Por eso, que cuando había visto a Rin, se le ocurrió una idea.

-Yang, ¿podrías dejarnos a solas?

Tenten acató la orden de inmediato, dejando entrar a Rin. Yang cerró la puerta detrás de sí, manteniéndose fuera, pero en guardia, a la espera de que terminaran la conversación y volver de nuevo a la habitación.

.

Antes de preguntar cómo se encontraba, Rin titubeó varios segundos. A primera vista, Sakura parecía estar bien. Sin embargo, se le notaba los ojos rojos de haber llorado mucho.

Sakura la tranquilizó, dándole una respuesta positiva.

-Por cierto -agregó después-, perdóname por lo que te dije ayer. No tuve en consideración contigo, cuando también pasaste un calvario terrible con esos locos.

Rin meneó la cabeza animada, aludiendo que eso ya era agua pasada y que era hora de mirar al futuro, y no pensar tanto en el pasado.

-Yo no tengo resentimientos, porque si vine, fue para arreglar el estropicio que causé.

-Pero si tú no has hecho nada -riendo sorprendida de que pensara de que todo había sido por culpa suya-. Todo iba a acabar pasando, aunque no te rebelaras contra aquella mujer. Tanto Sora como yo, dábamos demasiado la nota en el Congreso. Era lógico pensar que teníamos algo que ver con el Dead Moon.

-Entonces, ¿arreglarás las cosas con Dragonsan?

Sakura no le contestó. Se mantuvo callada unos segundos muy largos, por lo que preocupó a Rin.

-Oye Rin, sobre Utakata, ¿tú sabrías cómo llegar hacia dónde vive?

-Sí, claro.

-¡Quiero que me lleves junto a él! -dijo con determinación.

Quería conocerlo. Quería averiguar que su hipótesis era correcta. Y si así fuese, lo traería consigo al Dead Moon y lo criaría como hijo suyo.

Suyo y de Sasuke.

No pretendía convertirlo en el reemplazo de su hijo muerto.

Sino que quería saldar una deuda que tenía con su hermana por haberla protegido de su abuelo Madara.

Pues si todo era como ella se imaginaba, aquel niño llamado Utakata era en realidad el hijo de su hermana Izumi y de Itachi, el hermano de Sasuke.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Lamento que en este capítulo no haya tenido mucho sobre el sorato. Pero, debido a las circunstancias de la historia, la parte sorato, se reserva para el siguiente capítulo.

Seguramente muchos no lo sabrán, pero la inclusión de los personajes de Saiba Rei, Saiba Neo y Fujimoto Hideto, pertenecen al manga oficial de Digimon V-Tamer. Es cierto que los personajes de Rei y Neo son hermanos en el manga, así como que Neo y Hideto son muy buenos amigos. Y por supuesto que el personaje de Rei es muy parecida a Sora. Al decir verdad, no tenía pensado en introducirlos. Pero, cuando la historia avanza, muchas cosas se van añadiendo y otras quitando. Sin embargo, la idea base que tengo, incluso para el final, la sigo manteniendo. Eso no va a cambiar.

Creo que en capítulos anteriores puse otro nombre para la hermana de Sakura, pero creo que hace poco, había mencionado que iba a cambiar el nombre de la hermana de Sakura. Y que ahora, será Izumi. Los seguidores de Naruto, si vieron los rellenos de Shippuden (tenéis todos mis respetos si los visteis todos) o si conocéis algo sobre las dos novelas de Itachi Shinden, sabréis que esta Izumi, es la que estaba enamorada de Itachi.

Creo que no me queda aclarar nada más.

Espero que os haya gustado.

Besos y saludos.

'Atori'