NOTA ACLARATORIA: Estoy reeditando este fic desde cero, haciendo grandes e importantes cambios. Por lo que el fic no será una copia exacta de cómo había sido escrito, sino todo lo contrario. Por eso, lo vuelvo a escribir con estos cambios y manteniendo algunas cosas que han sucedido en la vieja versión.

Parejas principales: YAMATO X SORA, SESSHOMARU X RIN y SASUKE X SAKURA

Parejas secundarias: Múltiples. Principalmente: Itachi x Izumi, Takeru x Hikari, Kouji x Izumi, Ken x Miyako, Neji x Tenten, Inuyasha x Kagome, Ryo x Ruki, Taichi x Meiko, Naruto x Hinata, Miroku x Sango, etc.

DISCLAIMER: Los personajes de Digimon, Inuyasha y Naruto son creados y de la propiedad, respectivamente, de Akiyoshi Hongo/ Bandai /Toei Animation/Izawa Hiroshi, Rumiko Takahashi/Sunrise y Masashi Kishimoto/ Studio Pierrot / Ukyo Kodachi / Mikio Ikemoto respectivamente.

En este fic se incluirá los personajes tanto originales del manga como de las películas y rellenos de los animes de las siguientes franquicias de Digimon, Inuyasha y Naruto:

Digimon 01/02

Digimon Tamers

Digimon Frontier

Digimon Tri

Digimon Last Evolution Kizuna

Digimon V-Tamers

Inuyasha

Inuyasha Kanketsu-hen

Hanyou no Yashahime

Naruto

Naruto Shippuden

Boruto -Naruto Next Generations-

EN ESTE CAPÍTULO NO HAY PERSONAJES INVENTADOS. TODOS PERMANECEN A LAS MENCIONADAS FRANQUICIAS. LOS ROLES DESEMPEÑADOS EN EL FIC PUEDEN SER DISTINTOS A LOS ROLES QUE DESEMPEÑAN EN LAS FRANQUICIAS PERTENECIENTES.


CALLES NOCTURNAS

by: Atori


PRÓLOGO

Capítulo 00: El lugar dónde empezó todo

07 de junio del 2028

3:37 AM.

Una fecha tardía. Una hora tardía.

El único momento en que una poderosa organización se había reunido ante los restos de una academia, que hace trece años, había sido muy privilegiada y reconocida por acoger a alumnos de familias ricas y a becarios. Una academia que había abarcado desde el parvulario hasta el bachillerato, y que ahora solo quedaban cenizas y retratos de los que habían fallecido en aquel incendio ocurrido el 06 de junio del 2013.

Debido a su décimo quinto aniversario, durante todo el día se habían emitido un especial, donde en las noticias se ofrecía la imagen actual de los familiares aglomerándose frente a los restos de aquel centro académico, para honrar a sus hijos, hermanos y amigos que habían perdido la vida.

Incluso se había hecho hincapié de las personas más importantes que habían fallecido, como era el caso de la hija de uno de los parlamentarios, que en aquel tiempo, había gozado de excelente reputación, y que ahora, era una persona normal y corriente que trabajaba en una modesta oficina.

También, se habían entrevistado a los sobrevivientes de aquel atentado.

Desde el primer día, los investigadores criminalistas, determinaron que el incendio en el que se había llevado a más del ochenta por cierto del alumnado y parte de todo el claustro, no había sido ocasionado por alguna avería.

La investigación forense había determinado que todas las puertas de salida estaban completamente cerradas, y no solo eso, los que habían fallecido, habían sido quemados vivos. Pero la prueba más fehaciente se produjo cuando se enteraron de que los supervivientes que se habían quedado en casa, habían tenido el mismo malestar estomacal.

No sería hasta meses después, en que una nota llegase a sus oficinas, declarando que los culpables de aquel atentado era una organización clandestina llamada Black Moon.

Aquella información había quedado entre las cuatro paredes del cuartel de policía, para no crear el pánico en la sociedad.

Y no sería hasta años después, que llegase una nueva notificación inmadura e infantil, pero peligrosa, declarando que no eran el Black Moon, sino el Dead Moon y que buscaban venganza.

Fueron muchos años de tensión y de pérdidas, donde nada se sabía sobre aquella organización. ¿Quién la lideraba? ¿Quiénes eran? ¿De qué venganza hablaban? Muchas preguntas que fueron resueltas al cabo de los años.

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En aquel décimo quinto aniversario, el ministro japonés había dado una charla sobre el atentado, acompañando en el sentimiento a los familiares de las víctimas. Y tratar de tranquilizar a los ciudadanos de que la policía, el FBI y la CIA continuaban trabajando sin descanso, para atrapar a esa organización llamada Dead Moon.

Todo el mundo atribuía, por falsos hechos, que el Dead Moon era el responsable de aquel atentado. Pero ellos, como miembros del Dead Moon, nunca habían declarado lo contrario. Pero tampoco confirmado.

Lo que la gente sabía era que el Dead Moon era una organización que en sus primeros años se había hecho llamar Black Moon. Durante mucho tiempo, había estado sumida en el misterio y se había desconocido quiénes estaban detrás de ella.

Y lo más extraño, era que dos de las familias más ricas e importantes de Japón, habían muerto, varias semanas después, en circunstancias muy especiales. Casos que se habían cerrado casi al instante, porque no existían pruebas ni testimonios de que hubiese alguien que lo hubiese maquinado.

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Ocho años después del atentado, durante una fracasada emboscada policial, por fin habían descubierto las identidades de los tres cabecillas de la organización Dead Moon.

La sorpresa había sido mayúscula, al descubrir que los herederos de esas dos familias adineradas eran los líderes. Y no solo eso. El tercer líder era el jefe de la organización "Inu". Una organización independiente que cooperaba con la policía y la justicia, para erradicar el mal y la mafia que había en la sociedad japonesa.

A partir de entonces, se produjo una investigación más exhaustiva y a ocultar durante un tiempo, las identidades de los tres líderes. Se reabrió el caso de las muertes de sus padres, y a tener la posibilidad de que ellos fueron los responsables, con el objetivo de quedarse con la herencia.

Dentro de ese cuerpo policial, habían varios agentes que discrepaban sobre ese hecho, especialmente uno, que se había unido a la policía por circunstancias personales.

Pero, aunque aquel agente los hubiese defendido, a capa y espada, de que serían incapaces de matar a sus padres e incluso de haber cometido aquel atentado, le era imposible de negar que los tres líderes eran: Ishida Yamato, Youkai Sesshoumaru y Uchiha Sasuke.

Tres hombres que lideraban la organización Dead Moon y que habían arrastrado a sus hermanos y a otra gente a la misma sentencia. La muerte.

Según el informe policial registrado, sus antecedentes no solo cubrían el incendio de la Academia Tsukishima. Sino que, a lo largo de los años, hasta ese día, habían cometido muchos más y crueles incidentes.

El traspaso de la herencia pecuniaria de Yamato y Sasuke a bancos extranjeros.

El secuestro de numerosas prostitutas, donde varias de ellas habían sido devueltas, pero con la memoria perdida.

Atentados contra numerosos prostíbulos, quemándolos con sus propietarios y clientes en el interior.

Asesinato de policías y varios agentes del FBI y de la CIA.

El secuestro de la nieta del acaudalado señor Takenouchi.

Asesinato de un grupo de civiles de identidad desconocida en Japón.

Accidentes de tránsito con numerosos fallecidos.

Atentado contra una de las mafias más poderosas de China.

Y la lista aún podía continuar.

Con semejante expediente, era normal que el Dead Moon tuviera que salir en la madrugada, y con cautela, para no ser descubiertos.

Pero ese día…

Ese 6 de junio…

Ese día, también era especial para ellos. Aunque tuvieran que hacerlo en la madrugada del día siguiente.

No porque fuese el punto de inflexión de lo sucedido, y que los había unido. Tampoco porque fuese algo que los hubiese traumatizado, especialmente a una mujer pelo rosa.

No.

Ese día era importante para ellos, porque, por su culpa, había muerto un montón de gente inocente, y se sentían responsables indirectos de aquella masacre.

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Aquella noche era más fresca de lo habitual, y golpeaban los ramos de flores, que los familiares habían dejado en honor a los fallecidos. Las velas colocadas al lado de la foto de los difuntos, se apagaban constantemente.

Varios hombres vestidos de traje negro y camisa blanca con un pañuelo en el antebrazo de un determinado color, se encargaban de volver a encenderlas. Algunas mujeres, que vestían igual que aquellos hombres, se encargaban de acomodar las flores, que estaban esparcidas por el piso. Todo sin molestar a un hombre que estaba de rodillas rezando frente a la foto de una hermosa chica de pelo castaño y ojos rojos.

La noche y el lugar tan apartado, los protegía de ojos ajenos. Incluso, aunque se escuchaba el leve ruido que hacían algunos niños, eso no interrumpían en la oración de aquel hombre de cabello rubio.

Iba vestido también de traje negro como todos. Su única diferencia era el color de camisa que era verde y el color del pañuelo en su antebrazo que era negro. Ninguno de los de traje negro y camisa blanca portaba un pañuelo en su antebrazo de ese color. Algunos lo llevaban de color rojo, otros de color morado y otros de color añil.

El hombre llevaba tanto tiempo rezando y sin moverse, que preocupó a otro hombre que estaba detrás. Llevaba el mismo color de pelo, por lo que era fácil deducir que los unía algún tipo de parentesco. Sin embargo, en aquel hombre, había algo más que lo diferenciaba, sus vestimentas. Iba todo de negro, salvo la corbata y una bufanda que colgaba sobre su cuello, de color rojo. Sobre sus hombros, llevaba puesto un largo abrigo, que lo vestía como si fuese una capa, como si quisiera indicar su poderío. Al lado de aquel hombre, había una mujer que no vestía traje y camisa como el resto. Sino una elegante camiseta roja sin mangas y un pantalón corto de color negro. Sobre el pantalón, llevaba una gasa de color negro transparente, que ondeaba junto al viento, como el pañuelo negro que llevaba en el antebrazo. Aquella mujer sostenía la mano de un niño muy pequeñito y en su brazo, cargaba a una niña muy parecida a ella. Aquellos dos niños tenían dos años aproximadamente. Ambos luchaban con todas sus fuerzas en permanecer despiertos. Sobre todo la niña, que parecía costarle más que al niño.

Aquel hombre rubio suspiró pesadamente. Observó a una niña, donde el lenguaje figurado de tal palo tal astilla, se quedaba corto. Aquella niña, que no debía tener más de cuatro años, le regresó la mirada a su padre, y como si entendiera lo que quería decir, asintió con la cabeza y se dirigió al lado de un hombre pelinegro de coleta baja, quién parecía estar esperándola. Aquel hombre que estaba cerca de aquella familia, resaltaba de entre los camisas blancas, no solo por llevar una camisa gris, sino por llevar tres pañuelos de color rojo, negro y dorado.

Tras saber que su hija estaba en buenas manos, aquel hombre llamó con voz suave al que rezaba, y del que no había notado su presencia.

—Takeru.

El rezo de aquel hombre se interrumpió bruscamente. Dio un respingo como si se hubiera olvidado por completo de las circunstancias de tiempo y lugar en el que se encontraba.

—Hermano… —pronunció torpemente Takeru, como si hubiera salido de algún trance.

Había estado tan concentrado en sus recuerdos pasados, que no se había dado cuenta de que su hermano mayor se había situado al lado suyo. Al girarse, contempló avergonzado como era el centro de atención de las tres familias. Al percatarse de que casi todos los niños, les costaba permanecer despiertos, sonrió nervioso y apurado.

—Disculpa, hermano… Siento haberme quedado en la inopia… Debí de haber pensado en mis tres sobrinos y en el resto de los niños… —levantándose, para que así pudieran marcharse y los niños dormir sin problemas.

Antes de que pudiera erguirse, su hermano había colocado una mano en el hombro, impidiéndoselo. Un simple gesto que logró calmarlo. Cuando lo vio a los ojos, el mismo color de ojos que los suyos, azul como el cielo, Takeru pudo ver en ellos, comprensión y compasión. Pero también, en aquellos ojos se encontraba una frustración y una culpa de algo que ya no se podía enmendar. Su hermano asomó una pequeña sonrisa y el frío de la noche, balanceó su larga gabardina.

—¿Tienes frío?

Una pregunta un poco extraña por la situación que provocó una mueca divertida en Takeru. Lo normal sería preguntar, ¿estás bien? Pero si uno se encuentra rezando durante horas ante la foto de la única persona que había amado con locura durante su juventud, y fallecido en aquel maldito incendio, por supuesto que no iba a estar bien.

Takeru le devolvió la sonrisa, agradecido de que no le preguntara lo obvio, y no tener que mentir para no preocuparlo.

—Es verdad —habló Takeru con tono casual, tratando de disimular su pena y la nostalgia que le producía aquel lugar—. Aunque estemos en junio, esta noche está siendo muy fría —respirando con fuerza, entreviéndose el vaho y la respuesta a su hermano, sobre si tenía frío. Observó de nuevo a los siete niños con la mirada perdida, como si en el fondo de su corazón, albergara algún tipo de sentimiento negativo, por no poder formar una familia como su hermano y sus amigos—. Y eso no es bueno para los niños —como el hecho de que tampoco estuvieran despiertos a esas altas horas de la madrugada.

Pero debido a que su hermano y los demás eran asesinos perseguidos por la policía, el FBI y la CIA, no podían asistir a ese homenaje por el día.

Observó como el resto de los subordinados, como los llamaba su hermano, estaban quietos y atentos ante cualquier orden suya o algún desorden del lugar, y empatizó con ellos. Tampoco le parecía justo que casi toda la organización estuviera ahí presente, y esperando a que terminase de honrar a alguien que había desaparecido de este mundo hace trece años.

—Será mejor que regresemos —había sugerido Takeru.

Sin embargo, su hermano hizo más presión sobre su hombro, impidiendo que se moviera.

—Hoy es un día muy importante para todos, pero especialmente para ti. Nos llevó muchos años, pero hicimos justicia al asesinar a Takuya y a los suyos, aunque eso no nos devuelve lo que hemos perdido.

"Hemos pagado por dolorosas consecuencias y hechos del pasado que nos gustaría enmendar. Y, sin embargo, tú, siempre has sido honesto con tus principios y con tus sentimientos. Siempre me has apoyado, pero también me has regañado por no hacer lo correcto respecto a Sora. También has prestado tu ayuda y tu apoyo con Sesshoumaru, Sasuke y todos los demás que formamos el Dead Moon. Quizás lo hacías para que la pena que tenías por la muerte de Hikari no fuese tan dolorosa, porque sé que, desde ese día, nunca has podido olvidarla. Es justo que te quedes un poco más, aunque no podamos estar todo el tiempo que quisiéramos. Pero hasta que no venga nadie, me quedaré a tu lado para protegerte, mientras tú sigues recordando a Hikari.

Takeru Lo miró con los ojos abiertos. Su hermano mayor, quién pocas veces, se expresaba abiertamente, por la condición de líder que ocupaba, lo había hecho en aquel lugar, delante de todos, por él. Que tuviera en consideración sus sentimientos, le había emocionado mucho. Aquel sentimiento junto a la pena por recordar a Hikari en el mismo día que había fallecido, lo rompió por dentro.

Quiso hacerse el fuerte y no llorar frente a los subordinados de su hermano y frente a los niños. Pero al voltearse hacia el frente y encontrarse con el retrato sonriente de Hikari, tan dulce y cálida como la recordaba, no pudo tragarse el lamento, y empezó a llorar silenciosamente.

En aquella foto, ella tan solo tenía catorce años. Había fallecido muy joven. Tenía una vida por delante, junto a él. Incluso a pesar del terrible suceso que habían padecido antes del incendio. Ambos le habían echado valor a la vida y a seguir adelante. Juntos, apoyándose mutuamente. Puede que hubiesen sido unas criaturas ingenuas, sobre todo, porque habían empezado como novios a los doce años. Pero se habían querido tanto que a Takeru le había roto por dentro y por fuera, el día en que había presenciado con sus propios ojos como Hikari había ardido entre las llamas.

Todo por culpa de la avaricia de esa persona llamada Takuya y sus esbirros. Ellos habían sido los causantes de todo aquel desbarajuste. La frustración se unió al resto de sentimientos negativos que le carcomían por dentro. Sintió cómo su hermano mayor lo abrazaba con fuerza y le cubría con esa larga gabardina, que tanto presumía de usar como capa, como si se creyera algún caballero medieval justiciero. No se percató como su hermano había hecho unas señas a los camisas blancas para que se retiraran.

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Los que estaban más alejados, observaban aquello como si de una resolución se hubiera acordado.

Al lado de la familia del hermano de Takeru, se encontraban dos grupos de familias, cada uno con dos niños. El más cercano al grupo de la familia de su hermano, se encontraba un hombre alto de casi dos metros de altura y de largo cabello blanco que hacía competencia con el color de la luna. El hombre de pelo blanco, al igual que el hermano de Takeru, resaltaba de entre los demás por su ropa, parecida a la que llevaba el rubio de corbata roja. Sólo que su diferencia radicaba en que llevaba el abrigo puesto y abotonado y el color de la corbata que era blanca. Al lado de aquel hombre, había una mujer de largos cabellos castaños que parecía estar entrando a la adultez. Vestía un elegante vestido negro con un lazo en la cintura de color morado. A través de una gasa que cubría parte de sus hombros, podía entreverse en su antebrazo, un lazo de color negro.

Había una niña a cada lado de aquella mujer de unos tres años. El físico de esas dos niñas eran el claro reflejo del peliblanco y de la de cabellos castaños.

En ese mismo grupo, y un poco retrasado de aquella familia, había un hombre muy bajito, casi de la misma estatura que las niñas. Se notaba que era alguien importante, ya que su camisa era gris y en su antebrazo, portaba dos pañuelos. Uno de color negro y otro de color morado.

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La última familia estaba compuesta por un hombre de cabellos y ojos negros, como la noche, y una mujer de curiosos cabellos rosas y ojos verdes, que hacían recordar a la flor del cerezo.

El hombre iba vestido de la misma manera que el peliblanco y el hermano de Takeru. Solo que su diferencia se trataba del color de la corbata, que era de color índigo. La mujer, por su parte, vestía un conjunto de camiseta sin mangas y pantalón corto color negro. Usaba unos guantes que le llegaban hasta el codo y unas botas hasta la rodilla. Usaba un cinturón con forma de rosa y una diadema de un rosa más oscuro para resaltar el color natural de su cabello. Por encima de todo aquel conjunto negro, llevaba un chaleco de gasa de tonalidad rosácea, para no parecer tan lúgubre a la vista.

Junto a ellos, habían dos niños. Un niño, de cabello bicolor, que por su altura y constitución parecía tener doce años y que sujetaba la manita de una niña de dos años. El niño mayor no dejaba de verla, continuamente, preocupado por un acto que la niña no dejaba de hacer constantemente.

Atrás de esa familia, se encontraba un hombre pelirrojo. Era un camisa gris que gozaba de cierta importancia en aquella organización, y no solo por poseer un rango por encima de los de camisa blanca, sino porque portaba dos en su antebrazo, uno de color negro y otro de color índigo.

—Vámonos —ordenó el hombre peliblanco.

—¡Por fin! —había gritado emocionada la niña de del mismo color de pelo que el de su padre.

Inmediatamente, la niña se tapó la boca con sus dos manitas, por la imprudencia de haber gritado en un lugar inapropiado, y sobre todo en presencia de su estricto padre. Temerosa, echó un vistazo a su padre, algo arrepentida y con la boca atorada sin poder pedir unas simples disculpas. Pero él no le había devuelto la mirada ni dicho nada. Todo lo contrario al hombre bajito, que no tardó en llamarle la atención por insensata y no respetar el lugar en el que se encontraban.

—¡¿Qué hubiera pasado si alguien te oyera?! ¡¿Eh?! ¡¿Es que tienes la cabeza de adorno?! —no dejaba de sermonear el hombre bajito.

La niña se sintió más mal y tuvo deseos de llorar o de gritar a aquel hombre que se callara. Puede que él la cuidase como si fuera un abuelito, pero no tenía ningún derecho a dejarla en evidencia delante de todos.

—Jaken, cállate —su voz fría y siseante, acojonó al hombre bajito, donde solo pudo seguir los pasos del peliblanco y rogar por no recibir algún castigo de los suyos.

Aunque el mencionado Jaken había recibido su merecido, la niña seguía arrepentida y comiéndose la cabeza si su padre estuviese molesto con ella también.

La mujer de aspecto adolescente, se acercó a ella y cogiéndola la mano, le dedicó una amplia sonrisa.

—Cuando estemos en el coche, le pides perdón a papá por haber gritado así, ¿vale Towa?

—Sí, mamá —contestó la niña, algo avergonzada.

—Ya verás, Towaneechan como papá te perdona —la animó la otra niña con mucha esperanza e ingenuidad— ¿Verdad, mamá?

—Claro, Setsuna. Vuestro padre entenderá que todavía sois unas niñas muy pequeñas para permanecer largo rato aquí, y a estas horas de la noche. Pero, apuesto a que también será algún tipo de prueba, para que crezcáis igual de fuerte que él.

—¡Y lo seremos! ¿Verdad, Setsuna? —dijo Towa ya animada y olvidándose de su arrepentimiento.

La niña llamada Setsuna asintió con la cabeza toda alegre e ingenua, como si el crecer dentro de una organización donde su padre y sus amigos eran perseguidos, no fuese algo de lo que temer.

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La tercera familia no había sido tan escandalosa como la anterior. Se retiraban para meterse en el coche, donde un camisa gris con pañuelo en el antebrazo de color índigo, los estaba esperando. Durante el trayecto, el niño no dejaba de observar como la niña más pequeña, continuaba haciendo ese gesto que le preocupaba.

—Tío Sasuke, Sarada no ha parado de hacer muecas raras con los ojos y tallárselos a cada rato.

De inmediato, la mujer de cabello rosa se detuvo y se acercó hasta la niña con grave expresión.

—¡No es verdad! —protestó la niña llamada Sarada, mirando con cierta rabia al niño que la había delatado.

Sin embargo, su mentira se vio desbaratada, cuando su madre advirtió algo rojizo en el ojo y a su alrededor, por habérselo frotado una y otra vez con sus manos.

—Estoy bien, mamá —seguía Sarada con su mentira. La mirada severa de su madre, donde con su silencio le indicaba que a ella no podría engañarla, hizo que Sarada agachara la cabeza apenada—. La verdad es que veo las cosas un poco borrosas.

—¡Sarada! Estuviste hasta anteayer en cama con una fiebre muy alta. ¿Y si se trata de una recaída? —le reprendió su madre con profunda preocupación.

La niña se apenó más y con la cabeza gacha, queriendo hundirla como si fuera un avestruz, confesó:

—Es que… En realidad, no dormí, la siesta para poder estar despierta a estas horas como Natchan y los demás. Como estuve en cama durmiendo durante una semana. Pensé que podría aguantar. Pero parece que no. Y no quería montar un numerito y avergonzaros… —expresando con absoluta sinceridad la última frase.

La mujer de cabello rosa tuvo un golpe al corazón ante el detalle tan bonito de su hija. Sin poder contenerse, la abrazó con fuerza.

—¡Mamá, me haces daño! —se quejó la niña por los abrazos de oso que le daba su madre.

Mientras su madre se disculpaba, el niño volvió a hablar.

—A mí no me dio la impresión de que tus muecas fuesen por falta de sueño.

Confiando en las palabras del niño, el hombre pelinegro dio instrucciones a la de pelo rosa:

—Sakura, será mejor que mañana le hagas una revisión a Sarada, por si acaso.

—Pero papá, estoy bien —volvía a quejarse la niña con un ligero puchero. A Sakura le hizo gracia por unos segundos. Si su físico era igual al de su padre, aquellas muecas le hacían recordar a las que Sasuke había empleado de niño cuando vivían con su hermano Itachi. Sin embargo, esos recuerdos tuvieron que ser fugaces y darle importancia a la salud de su hija.

—Sarada deja de protestar. Mañana miraremos si tienes alguna secuela o alguna otra cosa. Y no sigas frotándote los ojos, sino te hará daño. Si quieres dormir, puedes hacerlo en el coche, mientras llegamos a casa.

La niña se sintió desconforme con la decisión de su madre. Miró con cierta amargura al niño mayor que la había delatado. Y como la niña pequeña y consentida que era, viró la cabeza bruscamente, como si ya no quisiera ser su amiga. Algo que al niño mayor no le hizo mucha gracia y acabó por esconderse tras el perfil de su tío Sasuke.

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La otra familia donde se encontraba la mujer y los tres niños, no se había movido del sitio ni un ápice. Los tres niños se mantenían quietecitos y dignos hijos para no avergonzar a sus padres.

La niña más mayor, la que se había quedado con el hombre de confianza de su padre, se mantenía serena y observando con mucha atención a su padre y a su tío, como si aquel suceso la estuviera marcando en lo profundo de su corazón. Su aspecto era idéntico al de su padre. Cabello rubio, ojos azules. Incluso su forma de tenerlo revuelto cuando su padre había sido un niño. En cambio, sus dos hermanos pequeños eran muy distintos a ella. Su hermano mediano, por haber nacido antes que su hermana, tenía el pelo plateado y los ojos de color azul más oscuro que el de su padre. Si no fuera porque nadie Podría negarlo. Cualquiera diría que es ser al hijo de sus padres. Su hermana pequeña, melliza de su hermano mediano, era el vivo retrato de su madre. Cabello entre castaño y anaranjado. Y unos ojos rojos como si fueran rubíes. Incluso la forma de su cabello era como el de su madre. Alisado, de media melena y con las puntas hacia afuera.

Quizás porque era la más pequeña de todos los niños que ahí habían estado, que se notaba, que era mucho más mimada y consentida por todos. Se encontraba en los brazos de su madre, y cuando ella se la había entregado a una rubia de camisa gris claro y pañuelo rojo en el antebrazo, la niña se quejó silenciosamente de ser apartada de su madre.

—Tranquila, cariño. Voy a hablar un momento con tu padre y con tu tío y luego me reúno contigo. Pórtate bien hasta entonces, ¿vale?

La niña se resistió por unos segundos, pero al ver a su padre junto a su tío desconsolado, asintió tímidamente, no sin antes agregar.

—Mami, el tío estará bien, ¿verdad? ¿Volverá a reír y a jugar con nosotros?

—Claro que sí. No te preocupes y ya verás como mañana tu tío tendrá unas ganas enormes de jugar con vosotros. Pero no se os ocurra mencionar nada de lo de hoy, ¿prometido? —dirigiéndose a sus tres hijos.

Los tres niños asintieron con fuerza con la cabeza, donde compartían el mismo pensamiento de no querer volver a ver a su tío tan angustiado como lo estaban viendo. Para ellos, era una faceta nueva y desconocida. Su tío siempre era alegre y estaba dispuesto a jugar con ellos y con el resto de los niños en todo momento. Lo mejor, es cuando le consentían el capricho de comer algo dulce, cuando sus padres no se lo tenían permitido. Y cuando se enteraban, principalmente por Jaken, Takeru asumía toda la responsabilidad, dejando libres a los siete niños.

Por eso, que no querían seguir viéndolo tan triste como ese día. Les entristecía a ellos también, y las ganas de animarlo. Pero era tan solo unos niños. Y no sabían muy bien qué hacer, para alegrarlo.

La mujer de cabello pelirrojo, sonrío con ternura a sus tres hijos, después, se dirigió a la rubia de camisa gris claro.

—Izumichan, ¿podrías llevar a los niños al coche? —aunque parecía gozar de alguna clase de poder sobre las camisas blanca, la mujer se veía honesta y encantada de cuidar de los tres niños.

—Por supuesto, Phoenixsama —le contestó la mujer con una reverencia respetuosa y cargando con mucho cuidado a la que llevaba en brazos, donde ya no podía aguantar más despierta. No hizo ninguna queja cuando fue separada de los brazos de su madre, de hecho, la niña se había acurrucado en ella, quedando dormida al instante—. Vamos, niños.

Sin embargo, pese a que Neo estaba dispuesto a seguirla, la más mayor se mostró renuente al respeto.

—¡Mamá, yo puedo quedarme aquí con Koujisan para proteger a papá y al tío Takeru! —dijo con convencimiento aquella niña rubia de cuatro años, como si se sintiera capaz de hacerlo.

La mujer apodada Phoenix iba a contrariarla con suavidad, pero su hijo mediano se le adelantó.

—Hermana, por muy mayor que seas, deberías tener un poco de sentido común y entender que, no tienes las capacidades para proteger a papá y al tío Takeru —habló el niño de pelo blanco, como si tuviera más madurez que su hermana mayor.

La pequeña rubia lo miró con malos ojos. Luego, miró a su madre con ojitos de cordero degollado para que le permitiera quedarse. Pero su madre, tan solo le ofreció una media sonrisa a modo de respuesta.

—Tu hermano Neo tiene razón, Nat. No puedes quedarte con tu padre y tu tío —la niña rubia llamada Nat, bajó la cabeza toda apenada. Su insistencia en quedarse, no era por mero capricho, sino porque realmente le preocupaba lo que pudiera pasarle a su padre y a su tío. Pero debido a su inocencia infantil, no se daba cuenta, de que por muy fuerte que se considerara, en realidad, sería un estorbo para ellos—. Además —continuaba su madre, esperando convencerla con lo siguiente—, tu padre y tu tío necesitan tiempo para estar a solas, como hombres y como hermanos.

—Pero… —aún así, seguía sin dar fácilmente su brazo a torcer. Era tan o igual de testaruda como lo era su madre— ¿Y si les pasa algo? Aunque se queden Koujisan y varios hombres de papá, yo también puedo ser útil para ayudarles. Mamá, ¿acaso no recuerdas que papá me alabó el otro día por ser muy fuerte? —haciendo una demostración al adoptar el último estilo de pelea que le habían enseñado.

—Y eres muy fuerte —dijo su madre entre risas. Se agachó para estar a su altura y acarició aquel pelo rebelde como el que había llevado su padre a su edad—. Por eso mismo, como heredera de tu padre, debes venir con nosotros. Recuerda que tu deber es ser su heredera y proteger a tus hermanitos y a los demás niños, como la mayor que eres.

—Kawakikun es el más mayor de nosotros y puede ocupar mi lugar —seguía Nat reticente a abandonar a su padre y a su tío.

—¿Acaso estás desconfiando de las habilidades de Koujikun? —viendo que su hija seguía terca como una mula, esperó que tocando ese tema y "ofendiendo" a Kouji, el cual su hija le tenía en tan grande estima, cediese por fin.

—No… —contestó muy bajito, comiéndose la cabeza de que si Kouji se sintiera decepcionado por no confiar en él.

La pelirroja sonrió todavía más y le acarició la mejilla con dulzura.

—En ese caso, deja todo en manos de Koujikun. Él no permitirá que nada malo les pase a tu padre y a tu tío, ¿verdad? —dirigiéndose al hombre de coleta llamado Kouji.

Antes de que la apodada Phoenix se dirigiera a él, Kouji había estado dando instrucciones, tanto a los camisas blancas como a los camisas grises, para que unos se retirasen y otros bordearan la zona para vigilar si venía alguien

—Por supuesto que no, Phoenixsama —luego, se dirigió a la niña, a sabiendas como debía sentirse—. No se preocupe, señorita Natsumi, como guardaespaldas de su padre, y líder provisional de la organización Dead Moon, en ausencia de los tres líderes, le juro que llevaré a su padre y a su tío de vuelta a casa sanos y salvos. Y después de eso, le enseñaré una nueva técnica de lucha —guiñándole el ojo.

Con esas últimas palabras y ese gesto, Nat ya se sintió mucho más tranquila, y sin más protestas, obedeció lo que su madre le pedía.

Phoenix le sonrió a Kouji, y luego, observó como su hija había cogido la manito de su hermano Neo para guiarlo hasta el coche. Todo eso, mientras observaba a sus alrededores, por si sentía la presencia de alguien extraño. Uno de los tantos trucos que le había enseñado su padre, y que, en ese momento, resultaba muy gracioso.

Aquel sentimiento se evaporó fácilmente cuando Kouji se había acercado hasta ella para pedirle que también regresara.

—Ahora mismo voy —contestó, volteando su cabeza hacia su pareja y su cuñado.

Su sonrisa se había esfumado por completo, ante los sentimientos manifestados por Takeru. Una enorme debilidad que los enemigos que le quedaban, podían aprovechar.

Estar ese día todos juntos y con los niños, significaba estar expuestos ante el ataque de algún enemigo de la mafia o de la policía, pese a que estaban con los más fuertes de la organización,

A los ojos de la policía y de los cuerpos de seguridad, ellos eran una organización criminal que se dedicaba a asesinar y a secuestrar a chicas para prostituirlas.

Y a los ojos de sus enemigos, ellos eran un estorbo para continuar con sus maquiavélicos planes.

Hace siete años, antes de que ella entrara en contacto con el Dead Moon, la organización se encontraba en su estado más vulnerable y totalmente desequilibrada. Su pareja y los otros dos líderes, aunque ejecutaban bien su trabajo, se encontraban cegados frente a la venganza contra Takuya y los suyos. Responsables absolutos de aquel atentado y de haber hecho su vida un infierno. A diferencia de los tres líderes y la mujer del pelinegro, ella, no había estado involucrada en aquel atentado de forma tan directa como ellos. Haberse enterado de la verdad, había sido muy doloroso. Incluso, algunas veces, había sentido un odio muy profundo hacia Takuya, porque no solo había destrozado la vida de los líderes del Dead Moon y de la de pelo rosa, sino que también había destrozado la vida de la familia de su amigo de la infancia y antiguo prometido.

Los restos de la academia privada donde había estudiado desde los nueve años hasta los diecisiete, le producía una sensación de desasosiego.

Pensar que aquel chaval llamado Takuya y sus amigos urdieran un plan para probar un nuevo tipo de pólvora, en el que se había cobrado cientos de vidas, era de locos.

Apartándose un mechón rebelde detrás de la oreja, Phoenix aún podía recordar aquellos tiempos cuando Takeru y Hikari eran pareja.

Ambos eran tan solo unos niños adolescentes. Pero inocentes y tiernos. Su amor era puro y sincero. De esos que, con tan solo mirarlos, a cualquiera se le dibujaba una sonrisa en la cara.

Pero aquellas personas, lo habían destruido todo. Su vida, su futuro, su alma…

Ella había tenido suerte. Ya que había sido, junto a un cuarto de estudiantes, los elegidos para salvarse. Algo que agradecía, y al mismo tiempo, no lo hacía.

—Phoenixsama —la apremiaba Kouji con algo de apuro.

Ella le sonrió, comprendiendo su prisa.

Como guardaespaldas personal de su pareja, eso incluía garantizar su seguridad. Los tres niños, junto a la mujer rubia, la estaban esperando en el coche. Los otros dos coches que llevaban a las otras dos familias ya se habían marchado.

Phoenix asintió como sabiendo que no debía permanecer más tiempo ahí. Sin embargo, no quería marcharse.

Para ella, aquel aniversario era igual de importante que para Takeru.

Acercándose hasta los dos hermanos, cogió una de las flores que se había salido de su lugar a causa del viento. Se arrodilló para estar a la misma altura que Takeru y olió aquella flor blanca. Le entró la nostalgia de cuando vivía con su familia, y estaba obligada a convertirse en una experta del ikebana. Un arte floral que implicaba paciencia y buenas dotes de elección de flores. Ella, aunque lo intentaba, las expectativas de su madre eran muy altas. Por no hablar de la de su abuelo, quién había organizado su vida, desde que había nacido, privándole incluso la libertad.

Su abuelo había dispuesto todo. Qué estudiaría, qué sería, qué tipo de mujer se convertiría y el marido con el que se casaría, cuando ella había cumplido los cinco años.

Durante más de veinte años había estado bajo el yugo de las decisiones de su abuelo, como patriarca de la familia Takenouchi. Sólo hasta que se había envuelto, por propia voluntad, con el Dead Moon para encontrarse con el máximo líder, el cual había sido su primer amor y ahora su pareja, Ishida Yamato.

Dejando con mucho cuidado la flor, ella sonrió a la foto donde Hikari había estado retratada con sus catorce años. Hizo un rezo corto, ante la atenta mirada de Yamato, y luego, se giró para observar a Takeru. Aunque seguía llorando, le había llamado la atención los actos de su cuñada.

—Estoy convencida de que Hikarichan se sentirá muy feliz de saber que todavía no la has olvidado —ampliando su sonrisa—. Totalmente, segura —añadiendo para ejercer más fuerza en su frase.

Takeru pudo sonreír ligeramente. Aunque aquellas palabras fuesen reconfortantes, eso no aliviaba el gran dolor que había estado guardando durante años.

—Bueno —dijo ella levantándose y mirando al resto de retratos de las personas fallecidas. Muchos de ellos, Sora los había llegado a conocer, aunque debido a la presión de su abuelo, sólo pudo considerarlos como compañeros de clase. Aun así, sintió un nudo en el estómago al ver esas fotos y recordar aquellos tiempos que había pasado con ellos—. Será mejor que regrese —notó como el mencionado Kouji, había suspirado aliviado—. Koujikun, te confío a Yamato y a Takerukun.

—Por supuesto —respondió Kouji de forma automática.

Phoenix se dirigió hacia el coche, tratando de que las lágrimas no descendiesen de sus mejillas. Aquel aniversario, la actitud de Takeru, el ver los retratos de sus antiguos compañeros y el recuerdo, la habían puesto sensible.

—¡Sora! —sintió como la llamaban. Ella se volteó al ver cómo Yamato la miraba con esos ojos de amor y preocupación. Unos ojos que de niño, adolescente y cuando lo había reencontrado en el Dead Moon, habían sido todo lo contrario—. Ten cuidado tú también.

En respuesta a la preocupación de Yamato, le regaló una amable sonrisa, prometiéndole que lo haría.

—Tendré que hacerlo, por nuestros tres hijos y como mujer del máximo líder, ¿no?

Yamato sonrió junto a ella, y asintió.

Después, ella volvió a encaminarse al coche donde sus hijos la esperaban con impaciencia.

Una vez que el tercer coche se hubo ido, Yamato pudo concentrarse de lleno en el dolor que sentía su hermano.

La culpa que se sintiera así era solo suya.

A pesar de que habían cobrado venganza por lo sucedido, y aquellas personas se encontraran, posiblemente en el infierno, eso no aligeraba el remordimiento con el que siempre había cargado.

Si no se hubiera juntado con Takuya.

Si no le hubiera seguido el juego.

Si hubiera tomado cartas serias en el asunto.

Si hubiera reportado a la policía cuando lo había secuestrado, en vez de guiarse por la venganza.

Pero es muy fácil pensar en el "si hubiera…" como si en nuestro poder hubiese una máquina del tiempo para cambiarlo todo.

Eso solo existía en los libros o en las películas de ciencia ficción.

Era una lástima que estuviese enfrentándose a las consecuencias de las malas decisiones que había tomado en el pasado.

.

07 de junio del 2028

5:52 AM.

La luna iba ocultándose lentamente tras las montañas, para que la tierra diera la bienvenida al cálido sol.

Yamato y Takeru continuaban en aquel lugar sin moverse y sin ápice de sueño. Yamato velando y dándole apoyo moral y corporal a su hermano. Takeru, con ojos perdidos y cristalinos, mirando el retrato de Hikari y recordando los tiempos felices que había pasado junto a ella. De vez en cuando, esos recuerdos se entremezclaban con la tragedia de aquel incendio de hace quince años, y eso hacía que volviese a llorar como un niño pequeño. Pero ahí estaba su hermano, brindándole ese apoyo moral que tanto necesitaba. Y cuando se calmaba, volvía a ese ciclo vicioso de recuerdos pasados con Hikari.

Ninguno de los dos sentía temor por si alguien los descubría.

Kouji, algunos camisas grises y otros camisas blancas de pañuelo rojo, estaban junto a ellos, y vigilando la zona.

Yamato siempre había tenido fe ciega en Kouji. No solo porque era su guardaespaldas personal, sino porque se le había otorgado el título de líder, en sustitución de él y de los otros dos dirigentes del Dead Moon.

Kouji era uno de los miembros que había estado desde que se había fundado la organización. Había trabajado muy duro para ser reconocido por ellos, tanto por su agudeza como por su fortaleza y valentía.

A través del pinganillo, Kouji recibió un aviso de que un empleado de la limpieza se estaba acercando al lugar donde se encontraban. Les comunicó de inmediato a Yamato y a Takeru del asunto para que se marcharan en el coche que ya habían preparado con antelación.

Yamato, prácticamente, había arrastrado a su hermano para que ingresara al vehículo. No le había dado tiempo a que pudiera despedirse apropiadamente de Hikari. Pero la situación no estaba para tomarse las cosas con calma. En eso, Yamato era un experto. Había aprendido tanto en todos aquellos años, que no podía permitirse ningún error más.

Mientras iban corriendo hacia el coche, se aseguró de cubrir todo el cuerpo de Takeru con su abrigo, mientras que él había sacado del bolsillo interior de su chaqueta, una extraña máscara oscura. Una máscara que ocultaba toda su cabeza y que tenía la forma de un lobo negro.

.

La sociedad conocía al Dead Moon desde hacía mucho tiempo. Eran temerosos por las grandes fechorías que habían cometido. Pero nadie, hasta hace poco, conocía sus verdaderas identidades. Lo único que la sociedad sabía es que la organización estaba compuesta por tres líderes. Y esos tres líderes, para ocultar sus identidades, usaban las máscaras de un lobo gris, un perro blanco y un dragón rojo. Wolf, Dog y Dragon, así se hacían llamar los líderes del Dead Moon.

Sólo el cuerpo de policía, el FBI, la CIA y un grupo determinado de personas conocían sus verdaderas identidades: Ishida Yamato, Youkai Sesshoumaru y Uchiha Sasuke.

Tres hombres envueltos en una misma situación y unificados para cobrar una venganza en común. Una venganza que les había llevado años ejecutarla, por culpa de lo resbaladizo que Takuya y su grupo había sido.

Durante ese tiempo, terribles acontecimientos, importantes sacrificios, habían tenido que soportar para llegar a ese día presente, en el que los tres habían formado su propia familia.

Algo que los cuerpos de seguridad y los pocos civiles que estaban al tanto del caso, sabían. Las mujeres con las que habían formado una familia, pertenecían a una extraña asociación llamada Three World.

El Three World era una asociación misteriosa, de la que solo sabían que estaba formado únicamente por tres mujeres que recibían los siguientes apodos: Phoenix, Heaven y Rose.

Solo unos pocos agentes del cuerpo de seguridad y algún que otro civil, podía imaginar quién estaba detrás de aquellos apodos. Pero por respeto a su familia, por respeto al amor que dos de ellos le habían tenido y por la venganza unipersonal que un agente de la policía sentía, nadie dijo que aquellas tres mujeres eran: Takenouchi Sora, Rin y Uchiha Sakura.

Muchos misterios y enredos es lo que existía en ambos lados, y que muy pronto, todo terminaría.

Mientras tanto, para la mayoría de la policía japonesa, el FBI y la CÍA, el Dead Moon seguía siendo una peligrosa organización criminal. Estaba en su saber, que existían varias organizaciones mafiosas que los tenía en el punto de mira.

Algo que los líderes del Dead Moon y el Three World sabían muy bien. Por eso, su máxima prioridad era proteger a su familia y a sus subordinados, desconociendo que hubiese un traidor entre ellos.

Pero, antes de dirigirnos a ese momento tan tenso, a ese último fuego cruzado, te contaré sobre quiénes fueron estos tres hombres. También, te contaré sobre la historia de estas tres mujeres, únicos miembros del Three World, que se habían unido al Dead Moon por voluntad propia.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Y aquí está la reedición de este fic.

Como habéis leído, no solo comienza muy distinto al de la antigua versión, sino que ya hay cambios importantes de los roles de los personajes en este prólogo.

Me hubiera gustado publicar los once primeros que sirven como introducción, pero quería que para este día (QUE ES MI CUMPLE), pudieseis leer esta nueva versión que espero que os guste.

Comunicar, que en la antigua versión, ya tenía previsto llegar a este punto donde todos tienen hijos. Aunque claro, debido a que no se había estrenado Hanyou ni se había acabado el manga de Naruto, tenía otra idea en torno a los hijos de las tres parejas. De hecho, en la familia sorato, tenía pensado en que fuera el niño pelirrojo y no la niña rubia (que aprovecho para aclarar que el nombre de la niña no es oficial. Pero si en un futuro, si Toei se anima, hay algún spin off donde nos digan los nombres de los hijos, lo cambiaré) y otros dos niños que pertenecen a la franquicia de Digimon. Para la familia sessrin, sería un hijo de aspecto parecido a Sesshoumaru. Y para la familia sasusaku tenía pensado en que tuviesen una niña. Aunque no me la imaginaba como es Sarada.

Otro cambio notorio son las vestimentas y el pañuelo que tienen en el antebrazo. No os preocupéis que la jerarquía de los colores de los pañuelos, se verá explicada. Aunque ya os podréis hacer una idea, de qué simboliza cada color.

Los diseños finales de los trajes de Yama, Sessh y Sasu son basados en una idea que se me ocurrió y que la gran escritora y dibujante UYAMIKO le dio arte visual (por una comisión que yo le pedí) y que podéis ver en el grupo de face de los fics de Atori o Fics sorato, sessrin, sasusaku y otros. Está en proceso de terminar de dibujar los de Sakura y Rin.

Otro dato adicional en esta versión es el uso de las máscaras. Eso también será explicado en capítulos posteriores.

Creo que no me dejo nada por aclarar en el tintero. Solo desear que esta nueva versión os guste y que me regaléis un review. Al menos hoy que es mi cumple.

Saludos y muy pronto publicaré los siguientes capítulos que vendrán cargados con más sorpresas.

'Atori'

-CAPÍTULO PUBLICADO EL 14 DE AGOSTO DEL 2021-