He aquí el segundo, descubriremos quién es el personaje que se oculta en las sombras, aunque supongo que no será una sorpresa para nadie ;) No me entretengo más.

Gracias de antemano por leerme.

2. POR FAVOR QUÉDATE

- Malfoy... menudo susto me has dado, pensaba que estaba el compartimento vacío – le dijo bajando la varita.

- Eso pretendía, que estuviera vacío – respondió él apartando la mirada para mirar por la ventana.

Hermione se sentó de nuevo, la guerra la había vuelto desconfiada y aún no había podido bajar la guardia del todo. En cuanto se veía sorprendida reaccionaba de aquella forma: defendiéndose con su varita, como había tenido que hacer en tantas ocasiones. Pero ya no era necesario protegerse, ni siquiera de Malfoy. Tras la batalla en el castillo, la familia Malfoy al completo se entregó al ministerio confesándolo todo. El Wizengamot fue benevolente con su madre por el gesto que tuvo al arriesgarse y mentirle al señor tenebroso diciéndole que Harry estaba muerto, cuando en realidad seguía vivo. Su condena fue de 5 años de arresto domiciliario, y se podría considerar afortunada, porque su marido acabó en Azkabán al no poder encontrar pruebas a su favor. Draco Malfoy por su parte, fue exculpado, al no haber cometido ningún crimen de sangre y porque confesó que fue arrastrado hacia el mal por obligación y por miedo.

- ¿No te vas? - dijo de repente el chico haciendo que Hermione pegara un respingo.

- No, ¿porqué tendría que irme? - repuso ella sorprendida.

- ¿No te da miedo estar cerca de mi? - le preguntó Draco, intentando ocultar un deje de sorpresa en su voz.

- ¿Debería? - preguntó ella con osadía.

- Soy un exmortífago, si deberías – afirmó.

- No me dabas miedo antes, menos ahora – rió ella – Voy a encender la luz, no puedo hablar contigo si no te veo.

Dijo Hermione y se levantó para pulsar el interruptor e iluminar la estancia. Al hacerlo, Draco se removió en su sitio visiblemente incómodo. La chica sintió lástima en su interior al verlo. A pesar de haber salido libre, desde el juicio se encontraba en tierra de nadie, el resto de magos no le aceptaba y aquello debía de haberle dañado considerablemente su orgullo. Pasar de ser de una de las familias mágicas más respetadas a ser un repudiado no debía ser fácil para nadie. Quizás por eso se encontraba tan sumamente demacrado y ojeroso.

Hermione lo observó más detenidamente mientras se acercaba a él. Seguía vistiendo de oscuro, como antes, pero ahora sus ropas le quedaban bastante más anchas, por lo que se podía intuir su delgadez. Hermione sintió un arrebato en su interior, algo en ella le decía que debía ayudarlo, al igual que ayudaba a los elfos domésticos, puesto que ahora veía en él un reflejo de lo que ellos eran, unos esclavos de lo que la sociedad había impuesto para ellos y que debían acatar aún sin quererlo, solo porque era lo que se debía hacer.

- Malfoy... - comenzó a decir cuando ya se encontraba sentada enfrente suya.

- Indeseable, si no te importa – le cortó sin apartar la vista del paisaje.

- ¿Por qué dices eso? - dijo ella preocupada.

- Es lo que dicen todos, los oigo hablar de mi cuando paso a su lado – contestó mirándola fijamente con sus profundos ojos grises como el hielo.

- No pienso llamarte así, Malfoy. - dijo ella un poco nerviosa al ver que él le mantenía la mirada sin parpadear - No te preocupes por la gente, de mi también cuchichean... - comenzó a decir para quitarle hierro al asunto.

- Ya, seguro que dicen las mismas cosas de la gloriosa Granger que salvó al mundo mágico que las que dicen del indeseable Malfoy que debería estar en Azkaban con su padre por ser un siervo del Señor Oscuro – dijo él poniéndose de pie, para mirarla de frente y ser más amenazante – ¿Donde están tus perritos falderos de Potter y Weasley que no te pisan los talones? - continuó.

- No van a venir – dijo ella, no le afectaba el falso orgullo que intentaba aparentar Malfoy. Ahora que sabía que en realidad detrás de aquella fachada se escondía un muchacho temeroso, no le intimidaba nada, pero le ponía nerviosa que se acercarse tanto a ella, así que dio un paso atrás, hasta que se topó contra el asiento – No sé para qué preguntas, supongo que te habrás enterado a lo que se dedican ahora.

- Puede que haya oído algo... - dijo y sin apartar la mirada dio un paso adelante para salvar la distancia que ella había interpuesto entre los dos y quedar otra vez frente a frente – y dime... ¿Que se siente al haber sido la mano derecha de Potter, y la cabeza pensante del trío y que ahora se lleve el mérito tu querido Weasley? Porque si tú estás aquí es porque no te han ofrecido un puesto en el Ministerio... Que triste ¿no, Granger? - dijo esto acercándose cada vez más a ella hasta que solo unos milímetros evitaban que sus rostros se rozaran.

- ¿Qué pasa Malfoy? - Hermione estaba dolida por aquello, pero no iba a dejar que se saliese con la suya – ¿Nunca vas a dejar atrás tu orgullo? - le dijo poniendo sus manos en los hombros del muchacho para apartarlo lentamente de ella – para tu información, estoy aquí por voluntad propia, ni ofreciéndome el puesto de primera ministra de magia hubiera dejado mis estudios sin terminar.

- No hemos llegado a Hogwarts y ya te comportas como una sabelotodo, Granger... – dijo él arrastrando las palabras, solo entonces Hermione se dio cuenta de que le sujetaba por las muñecas las manos que ella todavía posaba en sus hombros. Intentó zafarse de su agarre pero le fue imposible. Él rió sarcásticamente al notar lo incómoda que se sentía la chica - … ¿y con esa fuerza sobrehumana has conseguido derrotar al Lord Tenebroso? Todo lo que publica El Profeta sobre tus hazañas debe ser falso, si no puedes ni siquiera apartarme de ti, sangresucia.

Tras estas últimas palabras, Hermione reunió toda sus fuerzas y consiguió empujarle. Esto hizo que el chico cayera de espaldas sobre el asiento que estaba detrás suyo. Al verse humillado de esa manera, le lanzó una mirada de odio a la muchacha, que le observaba con los brazos en jarras y lágrimas a punto de brotar por sus ojos.

- Vaya Malfoy, pensaba que después de todo lo que has tenido que pasar, no tendrías que ocultarte tras esa fachada de niño rico y mimado, pero veo que necesitas seguir humillando a los demás para alimentar tu orgullo como antaño, a pesar de que ahora tú seas quien debería... - dejó de hablar al darse cuenta de que no debería haber pronunciado nunca esas palabras, no era propio de ella hurgar en las heridas de los demás, pero se dio cuenta demasiado tarde del error que había cometido, puesto que ahora Draco Malfoy andaba con brusquedad hacia la puerta del compartimento para escapar de sus palabras – espera Malfoy, no quería decir eso, lo siento... -

Le dijo mientras él ya abría la puerta. Al ver que no le hacía caso no se lo pensó y decidió actuar: le abrazó por la espalda, apoyando su cabeza en los hombros de él. El Slytherin se estremeció al notar el contacto, y se detuvo con su mano derecha aún posada en el pomo de la puerta.

Ella, al ver que su abrazo surtía efecto, apretó más sus brazos sobre la cintura del chico, que notó sumamente delgada a través de la ropa. Esto hizo que se sintiera aún más culpable de sus palabras. Si se encontraba tan desmejorado era porque estaba sufriendo por todo lo que le había ocurrido a su familia y a él mismo. Ella no era quien para juzgarle, a pesar del daño que Draco Malfoy le hizo durante toda su estancia en Hogwarts, a pesar de que hubiese sido un mortífago, su enemigo… Hermione tenía la virtud, o la desgracia, según por donde se mire, de ver el lado bueno de la gente, aunque este fuera muy pequeño o se intentara enmascarar.

Si su intuición no le fallaba, estaba segura de que Draco en su interior ocultaba un gran corazón, si no era así no se habría derrumbado arrepentido de sus actos ante todo el Wizengamot. Por tanto estaba increíblemente arrepentida de las palabras que acababa de pronunciar, porque no esperaba que produjeran ese efecto en él. El anterior Draco Malfoy le habría contestado con una réplica mordaz, y ahora sin embargo pretendía escapar de ella. Aquello solo podía significar que le había herido.

- Perdóname, no pretendía ser así de cruel – le dijo la Gryffindor llorando, pero él no contestaba, ni siquiera movía un músculo- No te vayas por mi culpa... por favor, quédate -.

Fin de este capítulo. Hermione ve en Draco una de las criaturas desvalidas a las que necesita salvar siempre, incluso cuando éstas le son hostiles. Mientras, Draco sigue creyéndose el rey del mundo, o quizás no... para saberlo leed el capítulo 3, os adelanto que se titula como la historia: A veces el hielo puede derretirse.

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