Aquí tenéis el siguiente capítulo, pero no puedo prometer actualizar siempre tan rápido. Ha dado la casualidad de que tengo unos días libres y he aprovechado para escribir, pero no siempre podré tener tanto tiempo libre. Intentaré tardar lo menos posible en escribir y subir los siguientes capítulos pero si tardo un poquito... no me lo tengáis en cuenta, por favor :)

También tengo que agradecer a los que escribísteis reviews en los primeros capítulos, porque conseguiísteis sacarme muchas sonrisas. Y a los que los que los leísteis, y no comentasteis, que fuisteis muchísimos más de lo que me esperaba, gracias también porque lo que más alegría le da a alguien que escribe es que otras personas lean sus relatos. Espero que os guste la continuación de la historia, si es así no me canso de pediros que me lo hagáis saber a modo de mp o review, estaré encantada de contestaros. Venga, no me enrollo más...

Gracias por leerme ;)

4. ANHELOS Y DOLOROSAS AUSENCIAS

Hermione no sabía si habían pasado minutos u horas, no le importaba, abrazaría a Draco Malfoy todo el tiempo que hiciera falta para intentar arreglar su agravio. Momentos después se percató de que él cerraba la puerta del compartimento de nuevo. No sabía con qué intención, pero el rubio decidió quedarse con ella, tal y como le había pedido. Notó que las huesudas manos del slytherin separaban las suyas de su cuerpo. Sin decir una palabra el chico volvió al mismo sitio donde se lo encontró Hermione al entrar al lugar. Sentado al lado del ventanal, mirando el paisaje que no cesaba de moverse y que poco a poco se iba oscureciendo.

No supo qué decir y él tampoco pronunció ninguna palabra en lo que restaba de viaje. Ambos callaban e intentaban no mirarse el uno al otro directamente, pero de vez en cuando, Hermione levantaba la vista y descubría cómo Draco apartaba los ojos de ella rápidamente. Sin mover la cabeza, como temiendo ser descubierto observándola si movía un solo ápice de su cuerpo. Ella se dio cuenta, sorprendida, que no estaba molesta por aquello porque en sus ojos no encontraba ni rastro de la mirada de odio y desprecio que siempre le dedicaba. Al contrario, ahora veía en ellos una pizca de curiosidad, como de quien observa algo por primera vez después de haberlo visto mil veces antes sin prestarle atención.

Cuando finalmente se comenzó a vislumbrar el castillo por las ventanas del tren, Draco se levantó en un suspiro, provocando que Hermione diera un respingo. No esperaba que alguien que llevaba tanto tiempo sin moverse en la misma postura tuviese esa pasmosa agilidad. Tragó saliva y lo observó bajar su baúl para marcharse. La Gryffindor se puso de pie también, pero ninguna palabra apropiada vino a su mente. No encontraba nada coherente que decirle. Quizás hubiese bastado con un simple : "si necesitas algo este curso, acude a mi, por favor, estaré encantada de ayudarte", pero sonaba tan surrealista decirle esa frase a Draco Malfoy que decidió callar. Antes de salir por la puerta con su baúl, el rubio se detuvo unos instantes, como cavilando. Se giró y abrió la boca para decir algo, pero al encontrarse con la mirada interrogante de la Gryffindor, decidió unir sus labios de nuevo sin emitir sonido alguno, y desapareció por el pasillo a la velocidad del rayo. Y es que en ocasiones, hay silencios que lo cuentan todo y no dicen nada a la vez.

...

Una hora más tarde, Draco Malfoy removía con aburrimiento el puré de patatas que se había obligado a tomar del copioso banquete que se hallaba ante él, pero del que no había probado un solo bocado. Rememoraba el discurso de la nueva directora de la escuela, Minerva Mcgonagall, en el que habló sobre la explosión de felicidad que le producía ver la alegría en los rostros de todos porque una etapa oscura se cerraba, pero que, a su pesar una niebla lo enturbiaba todo. Después explicó que esa niebla representaba las innumerables bajas de inocentes que se produjeron tanto fuera como dentro de ese mismo castillo. Concluyó con un consejo, "perdonar a quienes debían ser perdonados y aprender a convivir en armonía en esta nueva paz". Aquellas últimas palabras en especial le resonaban especialmente en su cabeza. ¿Era posible que se refiriese a él en concreto? Sinceramente dudaba que nadie a su alrededor le fuese a perdonar. Ya lo habían demostrado todos los que se toparon con él desde que fue exculpado en el juicio, le odiaban. Excepto Granger, ella parecía haberle perdonado sin ni siquiera pedírselo y no tenía miedo de compartir el mismo espacio que él. Se lo había demostrado en el tren, cuando estuvieron más de dos horas sin hablarse pero en ningún momento dio signos de estar molesta por su presencia o querer escapar de allí.

Elevó la vista y la buscó, estaba dando cuenta de un puré de calabaza mientras un tumulto de gente a su alrededor no dejaba de hablarle. Ella respondía de vez en cuando con una sonrisa aunque a su parecer, estaba totalmente incómoda.

"Maldita Granger" gruñó para sus adentros "Siempre intentando agradar a todos... incluso a mi".

No podía negarlo, aunque lo intentase siempre volvía a su mente el abrazo que le había concedido en el tren, sintió un arrebato de saltar por encima de las mesas, arramblando con todo lo que se encontrase a su paso, ya fueran platos, vasos o personas, llegar hasta ella y gritarle: "¿Qué hiciste conmigo, Granger? Sea lo que sea, repítelo, porque no puedo dejar de pensar en tus cálidos brazos envolviendo mi cuerpo, haciéndome olvidar...".

Tuvo que sacudir su cabeza para alejar esos pensamientos de él, ¿pero es que acaso se estaba volviendo loco? No podía permitirse nublar su mente con una sangresucia, y menos ella. Se atusó con la palma de la mano el los mechones platinos que le caían por la frente después de la fuerte sacudida. "Tranquilízate, Draco, lo único que pasa es que te ha dado un poco de cariño, cosa que no has tenido nunca, es un sentimiento desconocido para ti, pero no te obsesiones por ello".

...

Hermione se quedo rezagada cuando acabó el banquete de inicio de curso, quería saludar a Luna Lovegood, quien también había retornado a Hogwarts a continuar sus estudios, pero lo más importante: estaba deseando librarse de sus nuevos compañeros de clase, que al descubrir que la "gloriosa Granger" iba a ser su compañera de curso aquel año, se presentaron con descaro y no dejaron de hablarle en toda la cena. Pretendían convertirse en su nuevos mejores amigos en un santiamén. Pero Hermione no estaba dispuesta a reemplazar a sus amistades tan fácilmente, así que evitaba conversar con ellos en la medida de lo posible, intentando ser educada pero sin tener que involucrarse con ellos.

Tras unos minutos de búsqueda entre el tumulto, distinguió una larga cabellera rubia levantándose de las mesa Ravenclaw y salió en su busca.

- ¡Luna! - Le apremió antes de que ésta saliera por las puertas del comedor. La rubia la oyó y se acercó dando saltitos hacia ella canturreando. Aquel día se había colocado unos pendientes con cascabeles que resonaban con cada movimiento – Vaya, veo que hoy estas muy... musical -.

- ¿Te gustan? Son mis pendientes de celebración– dijo la Ravenclaw con aire soñador – si quieres puedo hacerte unos a ti también-.

- Emm, gracias Luna, pero últimamente no tengo nada que celebrar – le cortó.

- ¿Vaya, sigues triste porque no han venido ni Harry ni tu novio? - le preguntó la rubia bajando la voz para que ninguno de los alumnos que pasaban alrededor camino de sus casas les oyeran.

- La verdad es que si, no pensaba que me iba a resultar tan duro, pero me da miedo afrontar el camino hacia la sala común sola... y respecto a Ronald... no estoy segura de si seguimos siendo pareja o no... - Se sinceró Hermione no sin dificultad.

- Tranquila, no pienses en eso ahora, recuerda que estamos de celebración por regresar a Hogwarts, no debemos estar tristes o los esquimorfs podrían aprovecharse de nuestras energías negativas para alimentarse de ellas -.

- Claro Luna, ¿Cómo no había pensado en los esquimorfs? - rió la Gryffindor. Las ocurrencias de Luna consiguieron calmarle un poco los nervios.

- Nadie suele acordarse de ellos a menudo – dijo Luna con total sinceridad – que criaturitas más injustamente tratadas, aunque por otro lado, se lucran de nuestros malos pensamientos, así que no deberíamos tener tanta pena por ellos ya que consumen nuestras...

Luna desapareció por las puertas del comedor camino de su sala común sumida en su extraño monólogo, sin darse cuenta de que dejaba atrás a su amiga Hermione, que entristecida decidió esperar en el dintel de la puerta hasta que el Gran Comedor quedó casi vacío de alumnos. Casi sin pensarlo, giró su rostro hacia la mesa de Slytherin, buscando unos ojos grises, pero ya debía de haber abandonado el lugar, puesto que no los pudo encontrar. Se sintió triste al recordar que lo había visto comer solo durante toda la cena, en una esquina de la larga mesa. Nadie quiso sentarse a su lado, y dejaron un gran espacio vacío a su alrededor, aunque aquello suponía que estuvieran más apiñados. Puede que fuera porque era el único exmortífago que había regresado, el resto de alumnos de Slytherin que andaban metidos en el lado tenebroso estaban cumpliendo condena o no se les había permitido volver al colegio. Era entonces comprensible que sus propios compañeros de casa lo tacharan de ser un privilegiado cuando el resto no había gozado de tales privilegios. Sentía cada vez más empatía por él, debía ser muy duro pasar toda una vida siendo el centro de atención, el príncipe de Slytherin para, de repente, pasar a ser un marginado.

Finalmente el lugar se vació y Hermione Granger no encontraba ya más excusas para quedarse. Debía afrontar ya el hecho de que no le acompañaría nadie a la sala Gryffindor. Ron no iría a su lado terminando un muslo de pollo que se había guardado para después del postre, ni Harry bromearía a su otro lado sobre que cada año los alumnos de primero eran más pequeños. Se sentía incompleta, le faltaban dos tercios de su alma.

Cerró los ojos con fuerza, se planchó con las manos los pliegues de su falda y con paso firme abandonó el comedor, dispuesta a llegar cuanto antes a su dormitorio. Pero sus deseos se vieron truncados a los pocos minutos. Al girar en el hall de entrada al castillo para subir las escaleras se encontró con alguien que parecía estar esperándola. Aquella figura hizo que se detuviese en el acto. En lo alto de los escalones, apoyado en la balaustrada, un muchacho delgado, con las manos en los bolsillos miraba al suelo con aspecto preocupado.

Malfoy... - susurró Hermione, más para si misma que para que él la escuchara.

Pero aquel susurró viajó con el aire y llegó a los oídos del Slytherin, que raudo levantó la mirada para posarla en ella. Aquel rostro le heló la sangre a Hermione, parecía suplicante, como implorando ayuda... ¿Cómo era posible que el arrogante de Malfoy suplicara a alguien? Cuanto menos a ella. Era algo imposible de creer. Hermione asumió que se estaba equivocando y dio un paso al frente para comenzar a subir los escalones.

A su vez, Draco se incorporó y bajó los escalones lentamente, dirigiéndose directamente a ella. Hermione dudó si seguir de frente o girar hacia un lado para esquivarlo, pero tardó demasiado tiempo en tomar la decisión y él ya estaba a un peldaño de toparse de frente con ella.

Pero no lo hizo.

En el último momento, Draco Malfoy viró hacia su izquierda y bajó hasta el mismo escalón en el que ella estaba, pero no se alejó demasiado, puesto que los hombros de ambos chocaron.

Los siguientes segundos se convirtieron en minutos, todo parecía acontecer más lento de lo normal.

Hermione pudo notar cómo el brazo derecho del chico se entrelazaba con el suyo, y unos fríos dedos le acariciaban la palma de su mano, desde la muñeca hasta la base de los dedos. Lentamente. Deleitándose con el roce de su piel. Ante esto la chica giró su rostro para mirarle, intentando encontrar respuesta a lo que estaba ocurriendo. Al hacerlo se topó frente a frente con aquel rostro suplicante. Si, sin duda aquella mirada le imploraba algo, pero no sabía el qué. Sintió que el Slytherin entrecruzaba sus dedos con los suyos y los apretaba fuertemente. Impactada, Hermione no podía pronunciar palabra, simplemente se perdió en el hielo gris de los ojos de Draco.

Sin previo aviso, el rubio soltó el agarre y continuó su camino. A partir de entonces, el tiempo volvió a transcurrir a una velocidad normal. Incluso más rápido de lo usual, porque a Hermione solo le dio tiempo a darse la vuelta completamente cuando él ya solo era una estela que desaparecía al fondo del hall, camino de las mazmorras.

Solo entonces se dio cuenta de que había dejado de respirar. Se dejó caer para acabar sentada en los escalones y recuperó el aliento. ¿Draco Malfoy acariciándole la mano? ¿Entrelazando sus dedos con los suyos? ¿Rogándole con la mirada? No podía decir que no le hubiese gustado, el contacto de su piel fue agradable y para nada incomodo... era solo que estaba desconcertada. Los acertijos sin resolver no eran lo suyo, y estaba dispuesta a descifrar aquel enigma. Tenía que existir alguna respuesta al hecho de que él se hubiese aproximado de esa forma tan intensa, y la iba a descubrir.

Por si hay dudas... los esquimorfs me los he sacado de la manga, pero existen... al menos en la mente de Luna.

No siempre iba a ser un capitulo desde el punto de vista de Hermione y otro de Draco, en este hemos podido estar en ambas mentes, tan dispares de pensamiento pero tan iguales de sentimientos. Los dos andan perdidos bien sea por verse solos o por necesitar a otra persona a su lado. Draco ya se ha dado cuenta de que Hermione, sin saber cómo, le aporta algo que necesita, aunque sus principios intenten negárselo. A hermione le va a costar un poquito más porque todavía no sabe que lo necesita... pero tiempo al tiempo...

SoyUnaHuff