Como me temía, me he retrasado mucho en subir este capítulo. Lo escribí hace días, pero he tenido una semana muy movidita en casa y no me pude sentar a subirlo, pero ¡haya tranquilidad! para compensar subiré éste y el siguiente a la misma vez. Entre otras cosas, porque este capítulo termina de forma abrupta, en mitad de una escena importante, y me parecía muy cruel dejaros con la intriga. Así que doble ración de Dramione para hoy!

Gracias por leerme.

5.TÚ NO SABES NADA DE MI

"Estúpido, estúpido, estúpido" se repetía constantemente Draco Malfoy, camino de su sala común. Solo hacía unos minutos que había sentido de nuevo el cálido y placentero contacto con Hermione Granger en las escaleras.

"¿Eres consciente de que has sobrepasado la línea? Si alguien te hubiese visto..." .

Poseído por la culpabilidad sacó su varita del bolsillo y descargó la rabia que llevaba conteniendo meses. Varios rayos de color rojo salieron disparados hacia las armaduras que adornaban los lúgubres pasillos. Éstas estallaron en mil pedazos, provocando un estruendo que resonó en medio castillo. Alertados por el sonido, aparecieron Filch y su gata por el recodo del pasillo, pero al ver al Slytherin resoplando con fiereza y los ojos inyectados en sangre alrededor de miles de escombros de hierro se detuvieron en el acto. El squib, ajeno a casi todo lo que pasaba en el exterior del castillo, aún le profesaba respeto al chico Malfoy. Draco siguió andando y pasó por su lado sin inmutarse por su presencia. Sabía que aquel viejo no diría nada, y si lo hacía, no le importaba, puesto que tenía otras cosas más importantes de las que preocuparse. Como por ejemplo, porqué demonios ansiaba con tal fervor la cercanía de Hermione Granger. Por mucho que quisiera, era algo que no debía permitirse, así que lucharía contra sus deseos de tenerla en su brazos... como fuese necesario.

...

Hermione abrió los ojos con pereza aquella soleada mañana. Mientras se vestía para bajar al Gran Comedor a desayunar rememoró los últimos días en el castillo. Solo una semana y media después de comenzar el curso, ya estaba agobiada. Se notaba oxidada después de haber perdido un año escolar buscando y destruyendo horrocruxes, Y la sola expectativa de tener que enfrentarse a los EXTASIS hacía que sus nervios se crisparan. Probablemente era la única alumna de séptimo año que a esas alturas estuviese nerviosa por los exámenes de final de curso, pero necesitaba cumplir unas altas expectativas que ella misma se había creado, y sentía que no la dejaban concentrarse en ningún momento.

Los pocos momentos que podía pasar en soledad eran muy apreciados para ella, porque alumnos de todas las casas la abordaban por los pasillos con preguntas, comentarios e incluso agradecimientos por su contribución a liberar del mal el mundo mágico. Su lugar sagrado, la biblioteca, era ahora un sitio insufrible, puesto que el que tenía que ser un ambiente de paz se convertía cada vez que ella entraba en un hervidero de cuchicheos que provocaban un zumbido incesante que traía de cabeza a Pince.

En cuanto se colocó el uniforme, bajó casi volando al Gran Comedor, con la esperanza de no encontrarse a nadie que la molestase por el camino. Aún era temprano, si se daba prisa podía desayunar a solas sin tener "admiradores" a su alrededor. Así quizás podría sumirse en sus pensamientos... y recordar el incidente con Draco Malfoy en las escaleras del hall del castillo. Aquella caricia le seguía inquietando, pero lo que más le perturbaba era la actitud que el chico había mostrado hacia ella desde entonces: la evitaba completamente. No como antes, que la ignoraba a propósito para hacerla sentir que no merecía ser una bruja por ser hija de muggles. Ahora pretendía hacer que la castaña no existía, ni para bien ni para mal.

Cuando la chica casi estaba terminando su desayuno, el comedor ya empezaba a llenarse, se dio más prisa aún en acabarlo cuando vio entrar a un grupito de Gryffindors que la perseguían todos los días. Pero no hizo falta que se apremiase, porque en aquel momento llegaron cientos de lechuzas con el correo. Una enorme lechuza parda se posó delante de ella y levantó la patita en la que llevaba atado un pergamino gris. Hermione casi se atragantó al reconocer la letra de Harry en él. Con un gesto le indicó a la lechuza que se terminase sus cereales, a lo que sin dudarlo el ave se lanzó a picotear en el cuenco. La chica recogió sus libros y escapó del comedor. Salió del castillo buscando un lugar tranquilo para abrir el pergamino, y lo encontró debajo de un gran abedul. Se obligó a recuperar el aliento antes de leer noticias sobre sus seres queridos.

Querida Hermione:

¿Qué tal tu estancia en Hogwarts? Si no me equivoco, ya andarás estresada por los EXTASIS.

Aquí también estamos estresados, parece que el volumen de trabajo en la oficina de aurores nunca desciende. Los más veteranos dicen que después de la tempestad viene la calma, y que por ello, no tiene que quedar mucho tiempo hasta que todo se normalice. Con suerte pronto podremos tener un horario fijo de trabajo, que nos permita tener, por lo menos, la mitad del día de descanso. De momento solo nos queda trabajar como elfos domésticos (no te enfades conmigo por esa comparación) con la diferencia de que a nosotros cuantas más horas trabajemos, mas sueldo recibimos. Ron está entusiasmado por ello, dice que nunca ha visto tanto dinero junto. Está planeando comprarse un baúl entero de ranas de chocolate, ya que nos han comentado que van a introducir nuevas cartas en ellas en las que...¡Sorpresa! ¡Apareceremos los tres! ¿no te parece increíble?.

Por otro lado, se qué las cosas entre tu y Ron no van muy bien, y me vas a tener que perdonar, pero no he podido tener todavía un conversación seria con él sobre ello. Así que no tengo mucho que decirte de su parte.

No quiero volverme más pesado porque seguro que trendrás mil cosas que hacer, así que me despido ya.

Espero pronto tu respuesta.

Harry J.P.

PD: Ron me ha visto escribirte, y me ha dicho que te diga esto: "dile a Hermione que pienso mucho en ella, bueno no tanto porque lo de las ranas de chocolate me tiene emocionadísimo y no puedo pensar en nada más, oye, eso último no lo escribas Harry, que es capaz de lanzarme una maldición desde Hogwarts".

Hermione rió para si misma al leer el final de la carta. No le extrañaba para nada que Ron no pensase mucho en ella, era de esperar, le costaba mucho centrarse en todo. Pero tampoco podía juzgarle por ello, puesto que ni siquiera ella misma se acordaba tanto de él. Echaba de menos a Ron, no podía negarlo, pero no extrañaba tanto al Ron novio como al Ron amigo.

Como le sobraba tiempo antes de su primera clase, escribió una carta de respuesta para Harry y fue a la lechucería para enviarla. En ella les confesó lo mucho que los extrañaba a ambos, y lo difícil que era su estancia en Hogwarts sin ellos. Después paseó tranquilamente hasta el aula de Historia de la Magia. Echó un vistazo rápido, solo había un alumno ya sentado en uno de los pupitres del fondo, Draco Malfoy. Quien la observó entrar por el rabillo del ojo y acto seguido comenzó a mirar su pluma, como si cada matiz de color en ella fuera apasionante. Hermione pasó por su lado para dirigirse a la primera fila, resistiendo el impulso de sentarse con él. Le apenaba tener que verlo siempre solo al final de todas las aulas, rechazado por los demás. Pero dudaba que sentándose a su lado consiguiera alegrarle un poco, puesto que estaba empeñado en ignorarla.

Si no se hubiese comportado así con ella sin duda habría aprovechado aquel momento para preguntarle a qué había venido aquel gesto cargado de súplica de días antes, en las escaleras. Evidentemente quería algo de ella porque en varias ocasiones le captó mirándola furtivamente, como rogándole con la mirada. Pero no iba a intentar entablar una conversación con Draco si él no quería saber nada de ella.

La clase transcurrió con normalidad, bueno, con aburrida normalidad para el resto de los alumnos excepto para Hermione Granger, que era la única que siempre prestaba atención. Pero, para sorpresa de la chica, el profesor Binns la llamó a su presencia justo al dar por terminada la lección, rompiendo con su rutina de desaparecer tras terminar de soltar su sermón. El fantasma del maestro parecía estar bastante alterado.

- Señorita Granger – la nombró, haciendo que la chica se alarmase, ya que siempre la llamaba "señorita Grant" – tengo que comunicarle algo muy importante.

- Dígame profesor – le apremió la Gryffindor con voz temblorosa, temiendo que ocurriese algo malo.

- Esta misma mañana he sido informado de que han terminado de escribir un nuevo capítulo en el libro de Historia de la Magia que usamos en este colegio. Trata sobre la Segunda Guerra Mágica y la derrota del Lord Tenebroso – Hermione no pudo evitar resoplar, ¿no sería verdad que ahora tenía otro admirador más? - el historiador que me ha dado estos datos me ha comunicado también, para mi asombro que este año le doy clase a una alumna que participó fervientemente en esa lucha. Me dijo su nombre, pero le negué que entre mis alumnos existiese ninguna Hermione Granger. Tras debatirlo un rato llegamos a la conclusión de que era usted, pero yo pensaba que su apellido siempre fue Grant...

- Me pareció descortés corregirlo, profesor – respondió la chica.

- Vaya... bien pues en unos meses, si cumplimos correctamente con mi estricto calendario establecido, estudiaremos cómo usted y sus amigos batallaron contra los magos oscuros, seguro que puede aportarnos algunos datos interesantes para ampliar nuestros conocimientos...

- Claro, profesor – le cortó Hermione, estaba realmente harta de tener que ser alabada continuamente, como para encima ser objeto de estudio en persona. Se planteó seriamente faltar a esas clases, cosa que nunca se le había ocurrido hacer – si me disculpa, tengo otra clase ahora y no puedo retrasarme más... - algo que no era cierto, tenía una hora libre antes de su próxima clase, pero Hermione Granger ya no tenía pánico a mentirle a los profesores.

Por supuesto, señorita Grant... Granger– le dijo cortésmente el fantasma haciendo una reverencia.

Y Hermione abandonó el aula de Historia de la Magia indignada por ser el centro de atención siempre, iba tan ofuscada que no se dio cuenta de que había un grupo de alumnos arremolinados en el pasillo. Solo salió de sus pensamientos cuando el tumulto estalló en carcajadas, sobresaltándola. Ya no era prefecta, los puestos estaban cubiertos por los alumnos de séptimo de aquel año, le explicó Mcgonagall, algo que le alegró por que así no tendría que tener tantas responsabilidades y podría dedicarse a preparar mejor los EXTASIS. Pero en aquel momento, deseó volver a ser prefecta para disolver aquella marabunta de alumnos y enviarlos a todos a sus casas. Volvieron a estallar en risas y Hermione no aguantó más, y a base de empujones llegó hasta el centro del tumulto. Con pavor descubrió de qué se trataba tanta algarabía...

Tres alumnos de Gryffindor, compañeros de séptimo año, apuntaban con su varita a Draco Malfoy, que se encontraba pegado a la pared de piedra, con una mano en el bolsillo del pantalón y otra sujetando despreocupadamente el asa de su mochila, intentando aparentar que no le importaba nada estar allí arrinconado.

- ... así que aquí le tenéis todos, el grandísimo príncipe de las serpientes venido a menos – reía socarronamente el más alto de los tres leones.

- Ya no tienes a tus guardaespaldas aquí ¿Quién te va a defender ahora si te lanzo una maldición? – rió también el de la izquierda provocando que otros alumnos le animaran a hacerlo.

- ¿Te ha comido la lengua el basilisco, mortifaguito? - Habló de nuevo el alto, pero Draco no parecía tener intención de abrir la boca, cosa que impacientaba más al Gryffindor de la izquierda, que movía su varita de forma temeraria delante del rubio.

- Me estoy hartando ya de ti, Malfoy, te comportas como si siguieras siendo el rey del mundo – le escupió con rabia el de la izquierda– y no eres más que un criminal, mereces una lección...- echó hacia atrás su varita dispuesto a atacar, pero Draco no se inmutó - ...¡EXPULSO!

En una milésima de segundo, Hermione dejó caer sus libros, empuñó su varita y se colocó delante del Slytherin y gritó.

- ¡PROTEGO! - y la rabia con la que conjuró el hechizo hizo que la maldición dirigida a Draco rebotara en la barrera invisible que ella había creado, haciendo que los tres Gryffindor que segundos antes se metían con Draco Malfoy salieran volando un par de metros por la onda expansiva que se produjo – ¡ME DAIS VERGUENZA! ¡NO OS MERECÉIS FORMAR PARTE DE LA CASA GRYFFINDOR SI ATACAIS A QUIEN NO TIENE INTENCIÓN DE DEFENDERSE! - Impactados, los tres se levantaron como pudieron, trastabillando y huyeron de allí lo más deprisa que pudieron - ¿Y VOSOTROS QUE MIRÁIS? - les gritó a los que seguían allí observando la escena, con los rostros desencajados por el asombro, que tardaron unos instantes en reaccionar y poner pies en polvorosa, temerosos de ser atacados también por la leona. Ella les mantuvo la mirada hasta que se disolvió el tumulto y la zona quedó despejada – ¡Y en cuanto a ti... ! ¿Malfoy?.

Se había girado para dirigirse a él, quien creía que seguía a sus espaldas, pero el chico estaba un metro a su derecha, en la mano llevaba los libros que Hermione había tirado al suelo. Sin levantar la mirada, se los ofreció de mala manera. La chica los recogió dudando y acto seguido, el Slytherin se dio la vuelta y se alejó de ella.

- ¿TE VAS A IR ASÍ SIN MÁS? - Le gritó a la espalda la castaña, más cabreada aún que antes, pero, para variar, Draco ni se inmutó. Harta de que le ignorase, se lanzó hacia él y agarrándolo de los hombros, le empujó dentro de la primera clase que encontró vacía. Una vez dentro cerró la puerta y se enfrentó a él con toda la valentía que pudo reunir.

- ¿Se puede saber qué te pasa? - Draco a modo de respuesta lanzó su mochila encima de un pupitre y se sentó encima de él, mostrando así su enfado – Mírame cuando te hablo ... - le dijo Hermione intentando mostrarse menos agresiva... - ... ¡QUE ME MIRES! – falló en el intento de ser más considerada con él.

Draco puso los brazos en jarras a modo desafiante, pero no la miró. Estaba distraído observando el techo de la sala. Hermione ya no podía más, su actitud estaba pudiendo con ella, si no le quería mirar por voluntad propia, le obligaría. Dejó sus libros en el suelo y se dirigió a él. Puso sus manos en el rostro del chico y le bajó la cabeza, para quedar frente a frente con él.

- ¿Me puedes explicar, por favor, que te pasa? ¿Cómo es posible que no te defiendas aunque te estén apuntando con la varita? Me he percatado que desde que empezó el curso no contestas ante nada, si alguien te dice algo, en vez de responderle, lo evitas- le dijo rápidamente, hasta que se dio cuenta de que estaba demasiado cerca del chico, intentó alejarse un poco pero sin soltar su rostro para que no volviese a ignorarla – Ya no eres el Draco Malfoy que conocía...

- ¿Disculpa, Granger? ¿Prefieres al Malfoy mortígafo? - habló por fin el chico, arrastrando las palabras y poniendo una expresión entre sorprendida y maliciosa.

- No es eso... - respondió la castaña, apartando ya las manos de su rostro, dio un paso atrás y se puso a pasear por la sala meditando lo que iba a decir a continuación – pero me duele ver cómo te dejas amedrentar de esa manera sin ni siquiera oponer resistencia.

- ¿Te duele? - se indignó Draco – Lo dices como si te importase lo que me pasara...

- ¿Porqué no ibas a importarme? Se que en el fondo no eres mala persona y...-

- Tú no sabes nada de mi – le espetó el muchacho escupiendo las palabras mientras se levantaba del pupitre amenazadoramente.

- Pues ayúdame a conocerte – le dijo la chica seriamente, mirándole fijamente a los ojos, el Slytherin no se esperó esa respuesta y dudó, así que Hermione siguió hablando, era el momento idóneo para descifrar aquel enigma que la atormentaba, aquellos ojos suplicantes...– podrías empezar contándome qué necesitas de mi...

No me odiéis por dejarlo así, pero es que justo ahora toca cambio de papeles y pasamos a la perspectiva de Draco y me pareció que se iba a convertir en un capítulo eeeeextralargo. Por eso lo dividí, ¿Tiene su lógica no?

Por otra parte, vemos que Hermione está cada vez más agobiada por ser el centro de atención. Espero no ser muy repetitiva con las alabanzas hacia ella, pero es necesario en la trama para que después pase algo importante... no digo más que si no me lío a desvelar cosas ;). Así que sed pacientes con ello y entended que es algo justificado por el bien mayor, como diría Dumbledore.

También hemos visto la aparición vía carta de Harry... no dice nada nuevo, peeeeeero, sus cartas llevarán pronto noticias jugosas, y hasta ahí puedo leer.

¿Qué más me queda por comentar? Ah si, el incidente de Draco con los chicos de Gryffindor: todos en el castillo ya se habían dado cuenta de que hacía oídos sordos a todos los insultos y malos comentarios que se vertían sobre él, así que solo era cuestión de tiempo que la bomba estallase. Acostumbrados a verlo pavonearse y despreciando a todos... pues unos "valientes" Gryffindors han visto que era su momento de vengarse. Menos mal que estaba Hermione allí, ¿Qué haría Draco sin ella?

Pasad al siguiente capítulo si queréis conocer cómo acaba la escena Dramione, os advierto que hay... contacto, por así decirlo jajaja.

SoyUnaHuff