Que no, que no os entretengo, os dejo seguir..

Gracias por leerme :)

6. EL COMIENZO DE UN PLAN

- ¿Qué necesito de ti? - atinó a decir el muchacho. "necesito que vuelvas a tocarme, como antes has echo, que me abraces y me aportes tranquilidad, decirme que no te vas a apartar más de mi, porque fingir que no existes no esta ayudando nada, no dejo de pensar en tí en todo el día" pensó para si mismo - ¿Qué voy a necesitar yo de Hermione Granger?- Le dolió tener que pronunciar esta frase, estaba negando lo evidente, pero ¿A quién pretendía engañar? Si le dijera lo que realmente estaba pensando lo mandaría a San Mugo a tratarse de su locura.

- A mi no me engañas, algo quieres, me lo dice tu mirada - La oyó decir a sus espaldas, puesto que se había asomado a la ventana fingiendo que pasaba de ella, para no desmoronarse, tenerla allí a solas, le resultaba insoportable

- Estás loca Granger, no se de qué mirada hablas – intentó desviar el tema.

No obtuvo respuesta ninguna, pero notó cómo la Gryffindor se acercaba a la ventana y se detenía tras él. Unos segundos después, notó que ponía ambas manos en su espalda y con una caricia fue paseándolas por debajo de sus brazos para acabar en su torso.

Lo estaba haciendo, otra vez, _e transmitía con su roce más de lo que nadie le había aportado nunca. Cariño, ternura... Necesitó más de ella y sin pensarlo agarró una de las manos de la chica y entrelazó sus dedos con los suyos ahogando un suspiro de tranquilidad: Estaba indescriptiblemente cómodo con la sensación, se sentía querido, importante, especial.

- Granger... - gruñó casi de forma inaudible, cerrando los ojos para intensificar aquel sentimiento de paz que le embargaba.

Ella lo oyó, pero no dijo nada, solo se acercó más, apretando su mejilla contra los hombros del muchacho, sin importarle que todo su cuerpo rozase con el del Slytherin. Draco sintió que poco a poco la chica estaba comprendiendo lo que necesitaba, sin necesidad de tener que decírselo. La anhelaba a ella y al cariño que desinteresadamente le ofrecía.

- Mírame – le repitió de nuevo la Gryffindor, pero esta vez de forma suave y dulce, en un susurro.

Draco no pudo negarse y lentamente se dio la vuelta hasta quedar frente a ella y la miró. La miró como nunca antes. Su cabello salvaje y alborotado, sus ojos marrones, las divertidas pecas que se amontonaban en sus mejillas, su piel ligeramente aceitunada... se moría por acariciar aquella piel.

Los brazos de hermione se pasearon de nuevo por el cuerpo de Draco, esta vez subieron por su torso y acabaron en el cuello del chico. Él no dejaba de mirarla, obedeciendo a su petición, sorprendido y a la vez agradecido por todo aquello, se inclinó y juntó la frente con la de la chica y ambos cerraron los ojos dejando que pasase el tiempo...

Al poco, Draco se percató de que no sabía qué hacer con sus brazos, que colgaban inertes a ambos lados de su cuerpo. ¿Quizás debía rodearla con ellos? Nunca había dado un abrazo, iba a ser el primero... "Espera un momento, Draco Malfoy no da abrazos, y menos a Hermione Granger".

Aterrado por aquello tensó todo su cuerpo, algo que sin duda notó la Gryffindor porque abrió los ojos para ver qué pasaba, se encontró con la mirada de hielo de Draco Malfoy...

- A esa mirada me refería... - empezó a decir – anhelas algo...

Al oírla Draco apartó los brazos de ella con un manotazo. Se sentía indefenso ante la Gryffindor, captaba en su mirada lo que otros no podían siquiera imaginarse. En ningún momento tuvo miedo de lo que le pudieran hacer cuando le atacaban aquellos alumnos de Gryffindor en el pasillo. Tampoco el terror que sentía al estar en presencia de Lord Voldemort era comparable con el pánico que estaba sintiendo en ese mismo momento. Sentía que su alma estaba desnuda ante ella, la que siempre había considerado su enemiga, alguien a quien no debía acercarse, cuanto menos necesitar de su contacto. ¿En qué se estaba convirtiendo? Estaba volviéndose adicto a Hermione Granger y ella parecía aprovechar cada ocasión en la que estaba cerca suya para analizarlo interiormente. Temía estar dándole demasiado información de sí mismo, tanta que la hábil e inteligente Gryffindor pudiera utilizarla para destruirle más de lo que ya se encontraba.

- No vuelvas a acercarte a mi, Granger – le dijo con maldad – ¿me has oído? - insistió

Hermione rió sarcásticamente y Draco sintió otra punzada de miedo que lo paralizó. ¿Es que para ella no significaba nada lo que acababa de ocurrir? Se odió aún mas por haberse permitido sentir tanto con el simple roce de ella, ya que, visto lo visto, solo era una estrategia de ella para reírse de él. ¿Pero para qué? Si un rato antes lo defendió de los que pretendían atacarle ¿por qué ahora querría mofarse a su costa?

Dio un par de zancadas hasta el pupitre donde dejó su mochila antes de entrar, quería abandonar aquella aula cuanto antes y olvidarse para siempre de lo que acababa de ocurrir, de lo que Hermione Granger le hacía sentir. Solo entonces lo supo, cientos de recuerdos se agolparon en su mente y le permitieron sacar una conclusión. Todas las veces que él la había insultado por ser una sangresucia, todas las ocasiones que él había utilizado para ridiculizarla... ahora Hermione Granger pretendía devolverle la jugada. Era una sabelotodo, antes le mencionó que se había percatado de que ya no se defendía ante nada, y él fue idiota y dejó entrever que necesitaba su cariño... no era necesario darle más vueltas, la Gryffindor había encontrado su punto débil y quería aprovecharse de él para vengarse por todo lo que le hizo sufrir.

- De nada – soltó Hermione ofendida al ver que huía del aula sin darle más explicaciones.

- No te he dado las gracias por defenderme – le respondió mordazmente mientras abría la puerta.

- ¡No me refería a eso! - gritó antes de que Draco diese un sonoro portazo.

...

Hermione daba vueltas por los pasillo del Castillo, sin rumbo fijo. Caminaba de un piso a otro, perdida, la vista le daba vueltas y no era capaz de sentarse. Su mente bullía de pensamientos. Estaba formando en su imaginación una vaga idea de lo que Draco quería, de lo que necesitaba. Pero no se atrevía a formular ninguna hipótesis, quería que fuese él quien acabara confesando, el problema estaba en... ¿Cómo le hacía confesar? Si cada vez que parecían conectar él acababa huyendo.

- Hola Hermione! - gritó una dulce voz a sus espaldas, haciéndole frenar en seco.

- Luna... - dijo sin girarse, para poder continuar su camino.

- Mira he recibido una lechuza de Neville esta mañana – Hermione tuvo que darse la vuelta al ver que la rubia pretendía entablar una conversación – dice que está en Irlanda para estudiar los poderes mágicos de los tréboles de cuatro hojas, pero todavía no ha encontrado ninguno, ¿Será porque no tiene suerte? Tendré que enviarle unos cuantos de la plantación de mi huerto si sigue sin encontrar ninguno...-.

- Espera, ¿dices que tienes tréboles de cuatro hojas en tu casa? - le dijo a la chica que aquel día llevaba unas gafas gigantescas que ocultaban casi todo su rostro y que cambiaban de color cada pocos segundos.

- Si, cientos de ellos – le respondió abriendo los ojos, que unido a los grandes cristales de las gafas multicolor hicieron que pareciese un colorido búho.

- ¿Y porqué no le dices a Neville que los estudie allí? Así no perdería el tiempo en Irlanda – le sugirió casi cegada por un rayo de luz verde que proyectaron las gafas.

- ¡Vaya! ¡Que buena idea Hermione! - le abrazó con efusividad – A veces es bueno hablar con amigos, porque te dan consejos que ni a ti mismo se te ocurren...

- Vaya... oye ya que hablas de dar consejos – Hermione tuvo una idea repentina que podría funcionar, a pesar de que Luna andaba en otro mundo, a veces un punto de locura es lo necesario para resolver un problema que se niega a ser desentrañado – Verás, tengo un amigo, bueno, más bien conocido, que quiere confesarme algo, pero parece que no encuentra la forma de hacerlo. ¿A ti se te ocurre alguna forma de "obligarle" a que comience a hablar?

- Lo primero: deberías olvidarte de obligarle, deja que esa persona te lo cuente cuando crea necesario, es mejor no forzar las cosas – le dijo la Ravenclaw adoptando de repente una actitud seria, para nada acorde con su personalidad.

- El problema está en que no quiere hablar conmigo nunca, así no se yo... - se lamentó Hermione.

- Pues acércate a él, aunque no le hables, pero dale la oportunidad de que se sienta cómodo contigo hasta que sea capaz de confesarte lo que quiera que le ronde por la mente -.

- ¡Gracias Luna! ¡Me has dado una idea genial – esta vez fue Hermione la que abrazó a la rubia.

- Siempre es un placer ayudar a una amiga – y sin más siguió su camino releyendo de nuevo la carta de Neville que estaba ya arrugada de tanto manoseo.

Hermione sonrió de satisfacción, tenía un plan gracias a Luna Lovegood . Daba igual si tardaba días, semanas o meses, pero finalmente conseguiría que Draco Malfoy tuviera la confianza suficiente como para mantener una conversación con ella en la que acabase confesando todo lo que le suplicaba con la mirada. Miró su reloj, quedaban 10 minutos para su siguiente clase. Tocaba pociones con Slughorn , el momento ideal para dar comienzo a su plan. Resuelta emprendió el camino a las mazmorras sin pausa, estaba ansiosa por comenzar.

...

- Bienvenidos chicos – saludó Horace Slughorn con fingido entusiasmo – hoy prepararemos una poción del olvido ¿Tenéis todos vuestros libros? - esperó a que todos los alumnos asintiesen – bien, pues guardadlos en el armario, hoy haremos un simulacro de examen – todos los alumnos de séptimo, excepto Draco y Hermione protestaron al unísono.

- Pero eso no es justo, profesor – gritó una alumna de Ravenclaw.

- No hemos estudiado – la apoyó otra chica de Hufflepuff.

- Tranquilas, tranquilas, no soy tan malo, podéis poneros por parejas y así os ayudaréis mutuamente ¿mejor así? - varios muchachos asintieron sin mucha convicción – bien, pues a vuestros calderos, los ingredientes los podéis encontrar en las estanterías de la izquierda ¿Veis? Ya os estoy dando más pistas.

Como siempre que se propone en cualquier clase del mundo un trabajo en grupo, se formó un gran alboroto de alumnos, intentando ponerse de acuerdo en qué parejas formar. Como era de esperar, casi la mitad de la clase le pidió a Hermione ser su compañero, pero ella los rechazó lo más cortésmente que pudo. Se dedicó a esperar paciente a que todos estuviesen emparejados para dirigirse al fondo del aula, donde un Slytherin rubio platino ya cortaba unas ramas de valeriana para añadirlas después a su caldero. Echó un vistazo rápido a los ingredientes que tenía en la mesa y...

- Faltan las bayas de muérdago – y se dirigió a la estantería a hacerse con ellas, mientras Draco se detenía en su labor y la fulminaba con la mirada – Aquí están, yo las moleré – le dijo al chico sentándose a su lado.

- ¿Qué pretendes? - le escupió Malfoy todavía petrificado.

- Hacer una poción del olvido contigo – le repuso Hermione mientras molía las bayas con el mortero.

- Te he dicho que no te acercases a... - comenzó Draco

- Mira a tu alrededor, no hay nadie más sin pareja, así que si no te importa, sigue cortando esas ramitas de valeriana porque a este paso van a enraizar en la mesa -.

Dicho y hecho, Draco obedeció y continuó con la poción. Hermione se sintió satisfecha consigo misma, aunque pensó que quizás la mejor manera de empezar su plan no era dándole órdenes. Si seguía así le acabaría por coger manía en vez de abrirse a ella.

Conforme avanzaban en la elaboración, Hermione se sorprendió, era la primera vez que tenía un compañero de trabajo a su altura. No necesitaban hablarse, se coordinaban muy bien, Hermione preparaba los ingredientes mientras que Draco los añadía al caldero y removía las veces necesarias. Era una poción sencilla pero se notaba que ambos eran alumnos muy avanzados. A mitad de la elaboración tuvieron que detenerse y esperar 45 minutos para que la poción se asentase, tiempo que Hermione aprovechó para interesarse por el futuro del chico, aunque no obtuvo respuesta ninguna por parte de él, que miraba hacia otro lado divirtiéndose al ver cómo el resto de alumnos se frustraban al no recordar los ingredientes o al equivocarse en el orden de elaboración.

Pasados los minutos pertinentes, el chico le arrebató a Hermione su mortero y vertió en el caldero dos cucharadas de la mezcla que la chica había machacado y comenzó a revolverla mientras cambiaba de color. Hermione apoyó su cabeza sobre su brazo y lo observó con detenimiento. Se veía tan concentrado, sabiendo perfectamente qué pasos debía seguir. Fruncía un poco el ceño mientras unos mechones platinos caían sobre su frente, levantó su varita y con una floritura dio por terminada la poción. La Gryffindor se percató de que lo estaba observando embobada demasiado tarde, al ver la nariz de Slughorn aparecer al borde del caldero para examinar el contenido. Con un respingo se incorporó y comenzó a carraspear, como si con ello pudiera olvidar que se había ensimismado observando a Draco, pero no pasó desapercibido para el chico, que la miraba con los ojos entrecerrados.

- Maravillosamente bien, perfecta diría yo- murmuraba para sí mismo Slughorn -Enhorabuena a los dos, hacéis muy buen equipo, vaya que sí – se enorgulleció el profesor provocando que Hermione se sonrojase y que Draco resoplase con exasperación – 10 puntos para Gryffindor y otros 10 para Slytherin, os lo merecéis. Y veo que las demás parejas aún andan perdidas y eso que he propuesto una poción sencilla. Sinceramente no sé cómo van a enfrentarse a los EXTASIS con este nivel tan pésimo– dijo esto último en susurros para que solo lo oyesen ellos dos - Queda hora y media para que concluya la clase, podéis marcharos ya si queréis, aprovechareis mejor el tiempo que aquí sin hacer nada.

- Gracias profesor – sonrió Hermione mientras recogía.

Slughorn miró entonces al chico esperando un agradecimiento similar, pero éste no ocurrió, así que siguió paseando por la clase con gesto contrariado. Hermione entonces fue al armario a recoger su libro de Pociones Avanzadas para poder marcharse de la clase. No alcanzaba bien el estante de arriba para alcanzar su libro y se le caía cuando, de repente, una fría mano apareció desde atrás y agarró con firmeza el libro y la mano de la chica. La Gryffindor se giró para ver a quién pertenecía, aunque ya se lo suponía, Draco Malfoy se aseguró de que ella tenía el libro bien sujeto antes de soltarle con una suave caricia la mano. Ella le concedió entonces una sonrisa, pero él giró el rostro serio e impertérrito, recogió su libro y sin mirar atrás desapareció del aula.

Hermione Granger, en cambio, no se movió ni un ápice. Continuó allí sonriendo, a pesar del gesto hosco del chico, aquella caricia confirmaba que su recién estrenado plan, comenzaba a funcionar.

Y se acabó por hoy. Como veis, era necesario hacer una división, porque todo era un solo capítulo y la verdad, lo veía muy pesado para leer de golpe. Aunque si preferís los capítulos largos me lo decís, que yo encantada de no tener que cortarlos.

Tengo una espinita clavada con este capítulo, espero haberme explicado bien. Me refiero a cuando Draco tiene la genial idea de que Hermione quiere vengarse de él... no es que sea verdad, es que en su mente retorcida de niño criado por Lucius Malfoy no es capaz de ver que la gente puede actuar sin maldad. El pobrecito se pone trabas a sí mismo para ser feliz simplemente porque no sabe lo que es sentirse así. Después de releerlo tres veces aún tenía dudas de si se entendía o no que solo es un pensamiento suyo y no que Hermione quiera se cruel con él.

Tras este inciso... ¿Qué os parece esta Hermione? Es mucho más lanzada, no tiene miedo a expresar lo que siente y...¡hasta miente a los profesores! ¡Se nos ha vuelto una rebelde en potencia al sobrevivir a la guerra!

Si os ha gustado este doble capítulo hacédmelo saber, que ya sabéis que contesto a todos, aunque a los comentarios anónimos no pueda, pero con las ganas me quedo! Gracias por todas las reviews y favs, de verdad, conseguís hacerme muy feliz :)

SoyUnaHuff