Caer en lo más bajo y aprender a levantarse nunca es fácil pero hay que obligarse a intentarlo
Me da vergüenza continuar. Soy consciente de los años que han pasado, y ni siquiera sé si alguien todavía sigue aquí. Pero creo que debo dar una explicación y necesito hacerlo para cerrar una etapa y comenzar de nuevo.
Tras publicar el séptimo capítulo pasó algo en mi vida de lo que prefiero no entrar en detalles. Cuando empecé a volver a ser yo, y quise recuperar lo que más me gusta, que es escribir, mi ordenador decidió no volver a funcionar. Por favor, no cometáis nunca los siguiente errores que yo tuve y que espero no me vuelvan a pasar:
- Siempre tened copias de lo que habéis escrito en distintos dispositivos, por si uno falla. Yo he perdido todos los relatos que con tanto esfuerzo escribí desde los 16 años (ahora tengo casi 30).
- NUNCA le deis a la opción de "guardar contraseña". Yo siempre lo hacía y no apuntaba las contraseñas, así que perdí el acceso a la cuenta de gmail con la que gestionaba fanfic y, por ende, ya no podía entrar aquí.
Hoy, sin esperarlo, he recordado la contraseña y lo primero que he hecho ha sido probarla y entrar directamente a fanfic porque tenía la espinita clavada de haberme quedado a la mitad.
De verdad que necesito retomar esto y, con ello, la escritura en general. Son casi 5 años sin escribir ningún relato y no os imagináis la rabia que sentía al haberlo perdido todo... pero como os digo en el título: caer en lo más bajo y aprender a levantarse nunca es fácil, pero hay que obligarse a intentarlo.
Así que he releído los capítulos que publiqué y me ha comido por dentro leer el aviso que puse en el número 7, que os contaba que ya tenía escrito todo el guión de los siguientes... en fin. Al releerlos me voy acordando de lo que tenía planteado, pero no de todo, así que empiezo ya mismo con el capítulo 8 y mientras escribo me obligo a recordar.
Si alguien sigue ahí, le invito a que haga como yo y relea de nuevo los anteriores y así estará preparad para los siguientes. Además he aprovechado que los repasaba para hacer cambios para que la lectura sea más legible y corregir algunos errores de contexto y acentillos que había por aquí y por allá. Así que están resubidos y preparados para que los vuelvan a leer.
Tanto si ya habéis vuelto a leer los capítulos anteriores como si es la primera vez que llegáis hasta aquí, proseguimos con la trama con el capítulo 8:
Dejamos a Hermione frustrada por la forma en que Ron la trata y a Draco impactado por saber que su castaña es de otro. También teníamos la fiesta de Slughorn en ciernes, ¿Qué pasará en ella? ¿y fuera de ella?. Después de la enooorme espera, por fin podéis saberlo.
PD: Hice una pregunta años atrás sobre si sabíais qué era el papelito que Draco recogía del suelo. Pues bien, tuvimos bingo por parte de Crazzy76 y hay que reconocerle el mérito a pesar del paso del tiempo.
8. La catastrófica fiesta de Halloween
Los dos últimos días habían sido un caos para Hermione. No conseguía encontrar la invitación extra que le envió Slughorn por si quería llevar algún acompañante a la fiesta de Halloween que éste celebraba para sus alumnos más selectos. Recordaba llevarla en el bolsillo exterior de su túnica cuando salió de la clase de pociones, dispuesta a hacerle una encerrona a Malfoy para dársela y que la acompañase, pero aparecieron Harry y Ron y se olvidó de ella. Cuando llegó a su habitación llorando y se quitó la túnica, se dio cuenta de que se había esfumado. "toda la culpa es del estúpido de Ronald, siempre lo estropea todo. Ahora no podré llevar acompañante porque sin el papel de Slughorn no puede acceder nadie", repetía una y otra vez en su cabeza mientras revolvía su perfectamente ordenado baúl en busca de algo que ponerse para la dichosa fiesta. "¿Pasará algo si la perfecta Granger falta a una de sus citas por primera vez en su historia? con todo el jaleo que suele haber no creo que nadie se de cuenta…" pero tuvo que desechar la idea porque, ¿a quién quería engañar?, Draco Malfoy tenía razón cuando le dijo que ella era el centro de Hogwarts, al menos este curso, así que estaba claro que iban a esperar su llegada con ansia y si no aparecía la acosarían con lechuzas para hacerla ir.
Decidió ponerse un sencillo vestido amplio de gasa azul que le llegaba hasta las rodillas, y que se ajustaba al cuerpo en la parte de arriba con un corsé en el mismo tono de azul y que tenía escote en forma de corazón. Para acompañarlo se puso una rebeca larga de hilo de color blanco, porque ya empezaba a refrescar en el castillo y no quería pasar frío al llevar los hombros descubiertos. Trató de domar su melena alborotada en un recogido sencillo, con algunos mechones sueltos para que pareciera que llevaba un look desenfadado a propósito y no porque había tratado exactamente tres minutos en elaborarlo.
Salió decidida a llegar cuanto antes, saludar al profesor, dar un par de vueltas por la sala para hacerse la vista y desaparecer de allí discretamente. Necesitaba volver pronto a su cama e intentar recuperar el sueño que no había podido disfrutar en las noches anteriores, las cuales se pasó pensando en la actitud que Ron tenía hacia ella. No podía comprender cómo tras tantos años detrás de ella la dejaba perder de esa manera, y por ende, destruir tantos años de amistad.
Ensimismada en esos pensamientos entró a la sala que habían habilitado para la celebración. Tenía una decoración muy recargada, con miles de guirnaldas de color calabaza y negras, que flotaban como si el aire las moviese a pesar de que no había corriente en la sala. Las mesas estaban también decoradas en los mismos todos y esta vez, los camareros eran profesionales contratados, en vez de alumnos del colegio, o eso es lo que le explicaba uno de ellos mientras la acompañaba a la zona reservada donde estaba el profesor anfitrión. Al echar un vistazo a la sala, las ilusiones se esfumaron de inmediato.
- ¡Ginny! ¡Harry! -.
La feliz pareja se encontraba hablando con el profesor Slughorn, ambos con sus mejores túnicas de gala. Una melena roja como el fuego se abalanzó sobre Hermione y se fundieron en un abrazo.
- ¿Pero qué hacéis aquí?- Hermione se sintió desolada al ver que tampoco le habían avisado de esta visita
- Me temo que he de atribuirme el mérito de que estén hoy aquí - interrumpió el profesor Slughorn, que a pesar de ser temprano, ya andaba un poco chispado - creí que era una ocasión especial para unir al trío de oro… bueno y a la señorita Weasley.
- ¿Dónde está Ron...? - preguntó la castaña, pero tuvo que rectificar al ver que se esfumaba la sonrisa en la cara de todos - ¿Tan ocupado se encuentra que tampoco ha sido capaz de aparecer hoy por aquí? - elevó el tono.
- Vaya… pues creo que debería ir a saludar al resto de invitados, no es que quiera desmerecer vuestra presencia, pero bueno, ya saben… - añadió Slughorn y desapareció raudo de la escena, viendo que la situación se ponía tensa y no estaba dispuesto a que le arruinaran su estado de felicidad.
Hermione seguía ojiplática por verles allí
- ¿Qué tal estás Hermy?, no quisimos decirte que veníamos para darte la sorpresa - Dijo harry
- Bueno, hubiera estado bien que me avisarais, ya que no pensaba venir- dijo rotunda la Gryffindor - ¿Y Ron? - añadió mientras le buscaba fuera de la sala con la mirada.
Mientras, Harry y Ginny se dirigían miradas inquisitivas el uno al otro, comunicándose en un idioma que solo ellos entendían. Al final tuvieron que ponerse de acuerdo en algo, porque ambos asintieron y se dirigieron hacia la castaña.
- Bueno Hermione, creo que yo también voy a saludar al resto de invitados, tengo ganas de ver a Luna… te dejo con Ginny un momento - y se alejó lanzando miradas inquisitivas a su futura esposa.
- Claro, Harry, nosotras hablaremos de cosas de chicas así que te ibas a aburrir - soltó la pelirroja con una falsa carcajada, intentando disimular que la situación no estaba minuciosamente preparada.
- ¿Se puede saber a qué viene tanto misterio? ¿Por qué no ha venido Ronald? - preguntó la Gryffindor sin dar rodeos.
- Pues… mira Hermione, te voy a ser sincera: su excusa ha sido que estaba cansado y no le apetecía venir a "esta fiesta llena de personas petulantes"- soltó Ginny.
- Ya, tampoco le apetecía ver a su novia entonces - refutó la castaña.
- Eso le he recriminado, y además, Harry también estaba cansado y ha venido igualmente por verte, Hermione-.
- Eso no me ayuda, solo recalca el hecho de que mi pareja no quiere verme - Afirmó Hermione.
- Lo siento mucho Hermione, es mi hermano y no voy a defender lo que está haciendo porque no lo comprendo, ni da explicaciones. Pero quiero que sepas que ni Harry, ni yo, ni el resto de mi familia le apoya en su actitud y comprenderemos que decidas dejarlo - soltó de golpe la pelirroja, demostrando que tenía planeada esa frase
- Bueno, gracias a todos entonces - respondió un poco aturdida - En realidad sería lo más lógico. No quiero que esto se prolongue mucho más y acabar perdiéndole como pareja pero también como amigo. Solo necesito saber el motivo por el cuál se comporta así conmigo y volveré a ser su amiga sin más reproches. Pero no veo lógico que me trate así y se empeñe en seguir siendo mi novio - afirmó Hermione, quien también tenía preparada esa frase por si se daba la ocasión de soltarla.
- Yo tampoco, Hermione, pero no podemos obligarle más. Tenemos que esperar a que sea él quien dé el paso de acercarse a ti y dar explicaciones - dijo la pelirroja.
- Espero que eso ocurra pronto - sentenció Hermione.
- Yo también, pero Hermione, en el caso de que dejases a mi hermano… si comienzas otra relación… - tanteó Ginny.
- ¿A dónde quieres llegar? -.
- Pues por favor, que no sea Draco Malfoy - lanzó de golpe la chica Weasley.
- ¿Perdona? - Dijo Hermione empezando a comprender por dónde iban los tiros.
- Harry me ha contado todo lo que has vivido este curso con él, por favor no te enfades - Confesó.
- No, tranquila. Me supuse que a ti si te lo contaría. Mientras no salga de vosotros, me parece bien, confío en ambos. Pero no entiendo porqué dices eso, la razón de que esté así ahora con él es por la necesidad de ayudarle, no hay nada sentimental - dijo Hermione seriamente.
- Bueno Hermione, todos conocemos a Draco Malfoy, siempre ha sido un seductor nato, y cuando se encaprichaba de una chica, no paraba hasta que la conseguía - le contradijo Ginny
- ¿Y? - preguntó la castaña, comenzando a ofenderse
- Pues que no quiero que haga lo mismo contigo. No me gustaría que cayeras en sus redes de vil serpiente - continuó la pequeña de los Weasley.
- La verdad es que me ofende un poco que insinúes que voy a enamorarme perdidamente de él como si fuese una cabeza hueca sin dos dedos de frente - le rebatió Hermione.
- Yo solo digo lo que pienso - sentenció Ginny.
- Bien, pues piensas erróneamente. A día de hoy, la verdad es que podría decir que Draco Malfoy es la única persona que podría comprender realmente mi situación emocional. Ni tu, ni Harry, ni mucho menos Ron , ni nadie más, No tenéis derecho a juzgarme de esa manera entonces - lanzó la castaña.
- ¿Cómo dices? - se ofendió Ginny.
- Lo que oyes. Siento que desde que he entrado a Hogwarts este año, todos me tratáis diferente. Huis de mí o evitáis contactar conmigo para hacerme partícipes de vuestra vida. No os hacéis a la idea de lo que es estar atrapada aquí sola, sin contacto con nadie del exterior. Sintiéndome alejada de las personas que están aquí dentro, que solo se acercan a mí por la leyenda que han creado sobre mí, pero en realidad, nadie me conoce. Me siento sola, abandonada, desplazada… y por eso siento que el único que me puede entender, puesto que tiene que sentirse igual, es él. Y aunque no me dirija la palabra, estar en su presencia me hace sentir más comprendida que todos vosotros. Y me duele muchísimo que los que os consideráis mis amigos solo estéis preocupados por si Malfoy me engatusa para meterme en su cama, en vez intentar poneros en mi situación y comprender por lo que estoy pasando - soltó sin filtros Hermione Granger, y sin añadir nada más, se giró y abandonó el reservado, dejando plantada a su, hasta ahora, mejor amiga.
Miró un gran reloj de números romanos que había en una de las paredes de la sala de ceremonias, eran las nueve y veinte minutos de la noche. Bien, no había pasado ni media hora desde que comenzó la fiesta y ya había saludado al anfitrión, socializado un poco, y se disponía a abandonar el lugar. Todo transcurría según lo planeado, a excepción del incidente con Ginny que la había dejado trastocada.
…
Al mismo tiempo, en una de las partes más recónditas del castillo, un chico rubio platino se frotaba el rostro con cansancio. Llevaba toda la tarde estudiando sin parar. Años atrás no era algo que le costase un gran esfuerzo, siempre había sido muy buen estudiante, solo superado por la perfecta Hermione Granger, la mejor bruja de su generación. Aquello era algo que le molestaba más a su padre que a él, porque, en algunas ocasiones, no estaba tan mal no tener que ser perfecto en todo. Pero aquel año todo era diferente, no tenía a sus escuderos detrás para distraerle ni se dedicaba a atormentar a nadie, así que todo su tiempo lo dedicaba al estudio, cosa que ya le estaba empezando a afectar a su ya frágil estado mental.
Se intentó atusar bien el pelo que había desordenado él mismo con las manos al frotarse, y miró a su alrededor. Llevaba poco tiempo habitando ese lugar, que se había convertido en su refugio ese año y en el que se encerraba todo el tiempo, a excepción de cuando tenía que asistir a clase o ir al Gran Comedor. Se trataba de una estancia amplia, con varios sillones mullidos de diferentes tonalidades en un lateral, acompañados de cojines coloridos, y que rodeaban una enorme chimenea de piedra pizarra. Le horrorizaba pensar que parecían que la lunática Ravenclaw amiga de Harry Potter podría haber sido perfectamente la diseñadora de los mismos, pero tenía claro que no iba a llevar a nadie a esa estancia para que viera la falta de gusto que tiene decorando.
En otra esquina de la habitación, un largo escritorio daba a un ventanal por el que ahora mismo entraba una tenue luz de luna, pero que durante el día dejaba entrar una enorme claridad que ayudaba mucho al estudio. En la esquina opuesta a la puerta de entrada había una enorme cortina de terciopelo que tapaba un marco ornamentado, por el cual se accedía a una sala más pequeña. Allí se encontraba una cama con doseles, una pequeña mesita de noche y el ostentoso baúl del chico, profusamente decorado con el emblema de su familia, y que contrastaba con la sobriedad de esa habitación. A la izquierda tenía una gran ventana circular con un banco mullido, ideal para recostarse a leer, y en el lado derecho, tras una pequeña puerta, había un baño discreto.
Sin detenerse más en pensar en lo diferente que era su cuarto ahora, acostumbrado a una vida de lujos sin medida, se levantó y fue hacia una silla donde colgaba su mochila y la agarró dispuesto a guardar sus libros. Al levantarla, un arrugado papel se deslizó de ella cayendo al suelo. Extrañado, lo miró unos instantes hasta que recordó que se le había caído a Granger dos días antes, cuando corría detrás suya después de la clase de pociones y él lo recogió poco después para ver qué contenía. Se maldijo por haberlo olvidado, pero la visita de Potter y Weasley trastocó sus pensamientos. Desde entonces no dejaba de darle vueltas al hecho de que Granger fuera pareja de la comadreja, sintiéndose ridículo al haber pensado siquiera en acercarse a ella.
Tras un largo suspiro decidió abrirlo y le dio un vuelco al corazón cuando leyó su contenido:
El profesor Horace Slughorn, se complace en comunicarle que celebrará una fiesta para invitados selectos con motivo de la conmemoración de la festividad de Halloween.
Tendrá lugar la noche del 31 de octubre, a las 21 horas, en la sala de celebraciones número 1 del primer piso.
Sería para mi un placer que acudiera a la misma como acompañante de la señorita Hermione Jean Granger.
Por favor, añada su nombre completo al final del pergamino para que pueda ser identificado a su entrada.
Y al final de la misma, con una caligrafía perfectamente milimetrada, estaba escrito su nombre: DRACO LUCIUS MALFOY.
Reconoció al instante la letra que llevaba viendo desde principio de curso, sin duda era la escritura de Granger.
No pudo más que paralizarse al no comprender lo que aquello significaba ¿Para qué quería que fuese con ella? ¿Acaso no tenía novio? ¿Prefería ir con él antes que con su pobretón Weasley? Era necesario admitirlo, él tenía más estilo que aquella sucia comadreja, pero anteponerlo a su propio novio, le parecía, cuanto menos, extraño.
Miró su reloj de muñeca, eran las nueve y media, la fiesta había comenzado y allí estaría Granger sin él. o quizás no iría al no haberle entregado su invitación. Dio un paso hacia delante para ir a la fiesta y descubrirlo, pero se detuvo porque no sabía muy bien si presentarse allí o no… "Al diablo con todo, ya pensaré qué hacer por el camino" pensó. Y sin ni siquiera fijarse en cómo iba vestido, se encaminó dando zancadas hacia la sala de ceremonias.
…
Hermione intentaba desesperadamente salir de aquella fiesta, que se había tornado insoportable para ella, pero a cada paso que daba, un compañero del colegio, un profesor, un amigo o incluso un desconocido la abordaba. Todos querían disfrutar del placer de su compañía pero nadie parecía darse cuenta del agobio que a ella le suponía esa situación. La Gryffindor intentaba zafarse de todos poniendo excusas educadas, pero estaba llegando al límite de su paciencia e iba a estallar de un momento a otro.
Miró el reloj de la pared con desesperación, eran las diez de la noche. Aquello le indicaba que llevaba más de cuarenta minutos intentando atravesar una sala abarrotada de gente sin poder apenas avanzar.
Apenas unos metros le separaban de la salida pero era imposible llegar a ella, así que empezó a colapsar. Comenzó a sentir una gran presión en el pecho, como si alguien invisible estuviera estrujando sus pulmones impidiéndole respirar bien. Los invitados a su alrededor empezaron a nublarse y fue perdiendo la consciencia de su propio cuerpo.
Sin mediar palabra con sus actuales interlocutores, un par de jugadores de Quidditch, antiguos alumnos de Hogwarts y pertenecientes al selecto grupo de influencias de Slughorn, se dirigió a la puerta de salida dejando perplejos a todos los que hacían cola para socializar con ella.
Una vez fuera, se alejó unos metros y su respiración se hizo más agitada, avanzando más en su ataque de ansiedad.
Apoyó su espalda en una fría y húmeda pared de piedra, temiendo desmayarse y comenzó a deslizarse hacia abajo lentamente, hasta quedar sentada. En esa postura cerró los ojos y comenzó a controlar su respiración para calmarse y no empezar a llorar.
"Inhalar, exhalar..."
Oía dos pares de pasos rápidos a su izquierda.
"Inhalar, exhalar..."
A su derecha, oyó a una sola persona que andaba dubitativa.
No le prestó atención a ninguno, y siguió concentrada en su respiración.
"Inhalar, exhalar..."
- ¡Hermione! - gritaron las voces pertenecientes a las figuras que se acercaban rápidamente por su izquierda, aunque las ignoró a pesar de reconocer que era de Luna y Harry.
"Inhalar, exhalar..."
- ¿Granger?- dudó la persona que se acercaba lentamente a su derecha.
"Inhalar…" no pudo continuar, se quedó sin respiración.
Abrió los ojos y giró hacia donde provenía esa voz. Allí estaba Draco Malfoy a unos metros, mirándola extrañado, con su cabello platino despeinado, la camisa blanca del uniforme por fuera del pantalón, que se sostenía sin ningún cinturón, y sin zapatos. Todo lo contrario a la pulcra imagen de rectitud que siempre intentaba mantener. En ese momento, la Gryffindor sintió que veía al verdadero Draco: una persona real, que tenía defectos aunque intentaba negarlos, que se preocupaba por otro ser a pesar de hacer creer que solo pensaba en sí mismo. Sintió un punto de ternura en su interior al ver que en su mano llevaba un papel arrugado, que reconoció como el pergamino que había perdido con la invitación para acompañarla a la fiesta de Slughorn. No sabía cómo, pero había encontrado su invitación y parecía querer entrar en la fiesta, pero por lo visto no se percató de que no iba presentable para acceder a ella, y tampoco parecía importarle.
Como guiada por un resorte invisible, se levantó sin apartar la mirada de él, y comenzó a andar en su dirección mientras las lágrimas que tanto luchaba por retener, salían a borbotones de sus ojos.
Era consciente de que dejaba atrás a Luna Lovegood y Harry Potter, que se habían acercado corriendo a ella al verla salir de la fiesta tan apurada. Pero no le importaba. Algo en su interior le decía que no se estaba equivocando en elegir a Draco Malfoy.
...
Bueno, ¿Qué os parece? siento dejarlo ahí pero la siguiente escena era intensamente larga, y por algún lado tenía que cortar. Dejamos a Ginny perpleja por la actitud de Hermione, quien se ha agobiado entre tanta multitud que no dejaba de acosarla. Por otra parte, Malfoy acude sin pensarlo a una fiesta a la que se acaba de enterar que había sido invitado, solo por el hecho de que iba a verla. Y Harry y Luna se acaban de ver despreciados por su amiga, que ha preferido pasar de ellos e irse con Malfoy... inverosímil.
Por cierto, ya se empieza a vislumbrar la causa por la que Hermione no encuentra nunca a Draco, y es porque está oculto en una sala misteriosa. ¿Qué hace allí? ¿Cómo consiguió ese lugar?, serán dudas que resolveremos en el próximo capítulo...o no. Lo tengo ya casi entero escrito, falta ultimarlo y repasarlo, así que en un dos o tres días estará subido jajaja
Espero que os haya gustado, a mi me ha encantado volver a escribir. Ha sido como una catarsis, necesitaba continuar con esta historia, así que... ¡espero que podáis disculparme y veros por aquí!
SoyUnaHuff
