¡Muy buenas! ¡Qué alegría regresar tan pronto!
Muchísimas gracias a todos los que habéis vuelto de nuevo y a los nuevos que habéis llegado… ¡Bienvenidos! espero que os sintáis cómodos en este pequeño rinconcito dentro del gran mundo fanfiction y que disfrutéis con la lectura.
Proseguimos con un capítulo que, ya os aviso: hay confesiones.
La verdad es que ha sido todo un desafío intentar plasmar la multitud de sentimientos encontrados que tienen ambos, espero haberlo conseguido.
No me extiendo más, espero que os guste :)
9. CAMBIO DE TORNAS
Draco se acercaba cada vez más al lugar de la celebración de Halloween y conforme lo hacía, se reducía exponencialmente la velocidad de sus pasos. Las dudas sobre si estaba haciendo lo correcto le asaltaban, pero de momento, no se arrepentía.
Ya estaba en el pasillo anterior, cuando oyó cómo una puerta se abría violentamente y se cerraba al instante con un portazo. Tras esto, se oyeron sollozos ahogados, pero no podía ver de donde provenía. Las penas de otros nunca eran de su interés, así que siguió caminando lentamente cuando de repente:
- ¡Hermione! - oyó cómo gritaban al otro lado del pasillo el cara rajada y su amiga la Ravenclaw loca.
Buscó con la mirada a la chica y la encontró en el suelo a pocos metros de él, agazapada mientras lloraba e ignoraba a sus amigos.
- ¿Granger? - preguntó sin pensar.
La chica dejó de sollozar y levantó la mirada hacia él. Pero lo que hizo a continuación le dejó más sorprendido incluso que a Potter y Lovegood. Hermione granger se levantó y sin mediar palabra se dirigió hacia él y le abrazó, mientras lloraba sin consuelo.
Sin saber cómo reaccionar, Draco se paralizó intentando encontrar en su mente la forma en la que reaccionar ante aquel asalto inesperado, pero el aroma a lilas que emanaba el cabello de la chica lo tenía obnubilado. No era una persona sentimental, ni tampoco nadie acudía a él llorando en busca de consuelo, así que no tenía experiencia en ese tipo de casos. No dejaba de mirar como la cabeza de la chica subía y bajaba apoyada en su pecho con cada sollozo. "¿Qué se hace en estos casos? ¿Tengo que devolverle el abrazo?" pensaba, pero una vez más no sabía dónde colocar sus brazos.
Levantó el brazo derecho para pasarlo por detrás de la chica. Un abrazo completo le parecía excesivo, quizás con una sola extremidad conseguía que no pareciese que la Gryffindor abrazaba un palo sin sentimientos. Pero al hacerlo levantó la mirada y vio cómo la lunática de Lovegood estaba más pálida de lo habitual, contrastando con Potter, que del enfado se había tornado de un color similar a su amigo el Weasley pobretón, que por cierto, ¿Dónde estaba esa comadreja?.
Decidió rectificar su trayectoria y llevar su brazo hacia su espalda para agarrar la muñeca de Granger, entonces tiró de ella para llevársela de allí a la vez que veía con el rabillo del ojo que Potter empezaba a correr hacia ellos. Creía que ya no iba a poder estar cerca de ella porque tenía que respetar que tenía novio, él ante todo, había sido criado como un caballero de honor, pero si la presa acudía a él libremente, no la iba a dejar escapar, y mucho menos se la iba a arrebatar San Potter. La necesitaba para él, por lo menos esa noche, hasta que tuviera una explicación de porqué pretendía invitarlo a la fiesta de Slughorn.
…
Hermione se abrazó a Draco sin poder controlar su desconsolado llanto. No supo en qué momento cambió la situación, pero de repente se encontraba corriendo por los pasillos de Hogwarts, siendo arrastrada por él, que tiraba de su muñeca muy fuertemente.
Ella se zafó de su agarre haciendo que el chico se detuviera y se girara para mirarla con desconcierto.
- ¿Por qué corres? ¿nos persigue alguien? - dijo la chica poniéndose alerta, aún con la memoria de la guerra reciente.
- Potter - se limitó a decir él.
- Entonces corre como si te persiguiera un centauro desbocado - le suplicó ella, cogiéndole de la mano de nuevo, esta vez entrelazando sus dedos con los de él.
El Slytherin dudó un instante del nuevo agarre, pero se limitó a asentir para sí mismo y retomar la carrera. La castaña le seguía unos treinta centímetros por detrás, ya que él era más alto y atlético y le costaba seguirle el ritmo, pero desde su posición podía observar el perfil cincelado del rostro del chico, que en aquel momento estaba muy concentrado. No sabía porqué, pero recientemente había descubierto que le encantaba mirarle.
No sabía hacia dónde se dirigían pero creía que él sí, o eso parecía hasta que se dio cuenta de que iban directos a una desnuda pared de ladrillos.
- ¡Malfoy, nos vamos a estrellar! - gritó mientras tiraba de él para evitar que se estampase.
- Confía en mí - dijo el chico, una de las frases que Hermione nunca creería haber escuchado de los labios del joven Malfoy, pero contra todo pronóstico, le creyó y se dejó llevar de nuevo por él.
Segundos después atravesaban la pared, que resultó ser falsa, y aparecían en un lúgubre pasillo, levemente iluminado con antorchas de fuego mágico. Malfoy soltó la mano de la chica y se apoyó en la pared para recuperar el aliento. Ella hizo lo mismo preguntándose dónde diablos estaban, y porqué la había traído hasta allí.
…
"¿Y ahora qué hago?" pensaba Draco mientras fingía descansar tras la correntilla. Estaba en forma, no necesitaba hacerlo, pero sí que era inminente ganar minutos para pensar qué hacer a continuación.
En un acto irracional había arrastrado a Granger hasta la estancia secreta donde se escondía de todos los habitantes de Hogwarts, desvelándole el único lugar de ese castillo donde se sentía en paz. Pero una vez que ya estaban allí, no se le ocurría cómo actuar.
Observó cómo la chica comenzaba a avanzar por el pasillo para descubrir qué había al final, "dichosa valentía Gryffindor, si llega a ser una trampa va directa a la boca del lobo sin cuestionárselo".
- Espera Granger - le dijo y ella pegó un respingo - ¿a dónde vas tan decidida?-.
- Tú dirás… ¿Qué hay detrás de esa puerta? - preguntó ella
Draco dio un largo suspiro, ya no servía de nada ocultarlo más. Tendría que confesar.
- Mira Granger, me estoy arrepintiendo cada maldito segundo desde que hemos cruzado el muro falso de haberte traído aquí, pero ya que estás, te aviso con antelación de que te prohíbo divulgar lo que estás a punto de ver - advirtió el rubio platino.
- Malfoy, no estoy para jueguecitos, por si no te has dado cuenta, no es uno de mis mejores momentos - le dijo la Gryffindor, que había dejado de llorar pero seguía sollozando con sentimiento.
- Lo sé, por eso he pensado que te vendría bien alejarte de todo el mundo… - comenzó a decir Draco mientras avanzaba por delante de ella, pero al darse cuenta de que estaba dejando entrever un abismo de sentimentalismo, tuvo que cortar la frase - en fin, bienvenida al deprimente cuarto del "príncipe de Slytherin" - dijo con soniquete al abrir el gran portón de madera.
Le hizo un gesto con la mano a modo de mayordomo y se apartó para dejarla avanzar y observó cómo ella rápidamente recorría la mirada por todos y cada uno de los rincones de la estancia. Sabía que estaba analizándolo todo como buena tiquismiquis que era, y que no tardaría en acribillarle a preguntas.
- ¿Qué lugar es este? No recuerdo haber oído hablar de él - preguntó al instante.
- ¿Es necesario dar explicaciones? - Le respondió
- Estrictamente necesario - puntualizó ella - sobre todo de esta decoración, no pega nada con tu personalidad, hubiera jurado que es el dormitorio de Luna.
Draco maldijo para sí porque ella había captado la misma idea que tenía él sobre la decoración. En realidad no tenía la culpa de que todo fuese colorido, había sido una necesidad.
- No es de tu incumbencia, simplemente vivo aquí y ya está - bufó el chico.
- Incendio -.
Granger había encendido la chimenea de la esquina derecha y le volvía a agarrar la mano. "demasiado contacto para un mismo día", pensó. Ella tiró suavemente de él y ambos se sentaron en el sillón rojo de tres plazas que se situaba justo delante de las llamas.
- Malfoy, puedes confiar en mí como yo lo he hecho contigo antes, no voy a decirle nada a nadie, ahora mismo creo que ni siquiera tengo amigos a quien contarles nada, así que puedes estar tranquilo - le dijo dulcemente.
No supo si era el candor de las llamas o la dulzura en el tono de voz de la Gryffindor, pero en su interior notó cómo el gran bloque de hielo que tenía por corazón, se derretía levemente, aportándole tranquilidad. Por primera vez en su vida empezaba a tener la certeza de que estaba conociendo a alguien que sí merecía su confianza.
Dirigió su mirada a las llamas para no tener que mirarla a los ojos mientras hablaba de sus intimidades: Pero no servía de nada, pues sentía los observadores ojos de la Gryffindor clavados en su perfil, cosa que se había vuelto demasiado común últimamente.
- ¿Sabías que a algunos mortífagos de "baja peligrosidad" les mandaron a hacer trabajos sociales verdad? - notó por el rabillo del ojo que la castaña asentía - pues… me ofrecí voluntario para ello yo también, y me mandaron aquí, a Hogwarts, a reconstruir el castillo - confesó
- No tenía ni idea - dijo ella
- Lo sé, pedí al ministro que fuera discreto. En fin, me mandó a este ala del castillo, que siempre ha estado casi abandonada. Vi que este pasillo daba a una sala con mucha iluminación y como sabía que este año no iba a querer relacionarme con nadie, ni siquiera en mi sala común, se me ocurrió falsear la pared con un hechizo de ocultación y crear aquí una especie de "refugio secreto", este es mi dormitorio y sala de estudio - dijo el chico no sin mucho esfuerzo. Esperando las represalias de ella por incumplir las normas de la escuela
- Es brillante Malfoy - se asombró ella.
- ¿Brillante dices? - respondió él girándose para descifrar su rostro, no estaba seguro de si lo decía en serio o no, ¿Era esa la misma Granger inquisidora de años atrás que era incapaz de saltarse una norma? - ¿No piensas que me merezco la expulsión?
- Para nada, lo único que me da rabia es que no se me haya ocurrido a mi antes - masculló ella también mirando el fuego mientras los pensamientos fluían por su mente - Este año está resultando muy duro para mi, no soporto el acoso que recibo día a día… no comentes nada - añadió cortándole ya que él ya se preparaba para soltar una de sus frases sobre la fama de la Gryffindor - Estoy cansada de que me juzguen por lo que creen que soy y no por ser quien soy. No soy una heroína, simplemente hacía lo que creía que era correcto, a pesar del miedo. A veces pienso en escapar de todos y esconderme para estar sola, que es lo que tú has conseguido hacer al crear este espacio.
El Slytherin no respondió puesto que estaba rumiando en su mente las palabras de la chica, a pesar de las diferentes circunstancias, ambos sentían lo mismo. La necesidad de huir de la sociedad y de sus juicios.
- Pero, ¿y la decoración?, no sé, esto parece un arcoíris. En fin, eres Draco Malfoy. Si alguna vez hubiera imaginado estar en tus aposentos, me esperaría más bien una mazmorra lúgubre con serpientes plateadas por aquí y por allá…-
- Granger no te pases, son los muebles que he podido ir robando del castillo sin que nadie se percatara - ella empezó a reír al oír aquello - Me guiaba por su funcionalidad, no por su aspecto.
Una sonora carcajada resonó en la habitación.
- Si te vas a reír, desaparece. No te he traído aquí para que te cachondees - dijo sintiéndose humillado. Notó como la chica dio un respingo a su lado y paró de reír de golpe. Tras esto ambos se miraron fijamente hasta que ella rompió la cortante tensión del momento.
- ¿Y para qué me has traído entonces? hay algo más aparte de lo que has dicho de pensabas que me iría bien alejarme de todos - soltó ella mirándolo inquisitivamente, Draco no supo descifrar la expresión de su cara. No la conocía también cómo para saber si lo que veía en su rostro era anhelo o intriga.
- No… lo tengo claro en realidad - de repente un atisbo de nerviosismo le inundó. Sabía desde hace tiempo que ansiaba estar cerca de ella pero, en el momento de la verdad, su antigua vida pesaba sobre él. Se veía desde fuera, el sangre limpia de Malfoy necesitando a la hija de muggles, llevándola a su rincón de paz y sincerándose con ella. Era del todo surrealista. No podía volver a permitirse más momentos de debilidad con ella, así que volvió a sacar su coraza protectora de odio - encontré esto y fui a devolvértelo - le lanzó la invitación de Slughorn a la Gryffindor, que todavía la llevaba en la mano. Quería saber el porqué de escogerlo a él, pero se lo preguntaría a su manera- ¿Qué esperabas, que fuésemos juntitos a la fiesta? ¿Pretendes humillarme hundiendo aún más mi reputación?-.
Al instante se arrepintió del cariz que le dio a sus palabras por ver la reacción de la chica. Había conseguido distraerla momentáneamente de sus penas pero ahora las lágrimas volvían a sus ojos.
- Lo siento, se me olvidaba que sigues pensando que tenemos que odiarnos - Dijo ella y se levantó del sillón para lanzar la invitación al fuego, después se encaminó hacia la puerta de salida - No somos tan diferentes como tú piensas, ¿Sabes? se podría decir que podemos ayudarnos mutuamente a superar todos nuestros problemas emocionales, pero te cierras en banda.
- Granger... - gruñó siguiéndola con la mirada
- No, no vayas a empezar con tu excusa de que nuestros orígenes hacen imposible que seamos amigos, porque no es así. Somos personas, indiferentemente de donde provengamos - dijo ya desde la puerta, sujetando el pomo con su mano derecha - No querer tener una simple relación de amistad conmigo es clasista y ridículo.
- Granger… - repitió, pero ella no le escuchaba.
- No te preocupes, que a partir de ahora, te dejaré tranquilo. Intentar acercarme a ti para que me confiaras tus problemas no ha funcionado, así que te quedas solo Malfoy, y esta vez más solo que nunca - farfulló la Gryffindor mientras salía de la estancia.
"Mierda, mierda, mierda, no puedo seguir engañándome, ella intentaba acercarse, yo quiero que lo haga, y gracias a los principios que me han inculcado siempre, voy a perder lo que más ansío una vez más. No puedes dejar que esto siga pasando, actúa sin prejuicios por primera vez en tu vida, Draco. "
- Granger, que te esperes, maldita sea - refunfuñó y dio tres zancadas hasta llegar al pasillo donde estaba ella y la agarró de la cintura para girarla y que quedara enfrente suya - esta noche te quedas aquí, vamos-.
- No me gusta que me den órdenes - dijo ella negándose a moverse.
- Ya sé que la grandiosa Granger prefiere mandar a que le digan qué hacer, pero esta vez me harás caso - le dijo mientras la sujetaba de la cintura posesivamente y se encaminaba hasta el dormitorio. Si todavía no encontraba la forma en la que relacionarse con ella tranquilamente, al menos ganaría tiempo manteniéndola allí.
- ¿Por qué? - desafió ella
- Porque estás mal - repuso el platino
- No tengo mi pijama - protestó la chica, dispuesta a agotar todas sus excusas
- Te pones uno mío - dijo él acudiendo a su baúl y sacando un pijama verde esmeralda de seda, compuesto de dos piezas: una camisa abotonada y un pantalón suelto.
- Mira Malfoy, a mi esto no me convence - dijo ella al ver cómo él dejaba las ropas en los pies de la cama
- Yo dormiré fuera, en los sillones - afirmó para calmarla.
- ya me parece mejor - contestó ella respirando tranquila por fin.
Ella estaba delante suya, mirando la gran cama aún con indecisión, y él, que no tenía paciencia suficiente para esperar a que la castaña se decidiese, le comenzó a quitar la rebeca desde atrás, bajándola por sus hombros para después dejarla caer al suelo.
Al ver los desnudos hombros de la chica, punteados con pequeños lunares, pensó en la cantidad de veces que había desnudado a una chica ante su cama, sabiéndose superior. Pero ya no quería ser más ese chico que tomaba todo lo que quería cuando le apetecía, solo por su apellido. Tampoco ella era una de las ignorantes e indefensas jóvenes que acudían a él para vanagloriarse de su estatus.
Aún así, no pudo controlar sus manos, que se dirigieron hasta el lazo del corsé del vestido de la Gryffindor, acariciando cada centímetro de piel de camino a él, notando cómo la chica temblaba al sentirlo. Empezó a tirar del lazo de raso azul suavemente, pero una agitada voz le detuvo.
- No necesito ayuda, gracias - repuso ella intentando recomponerse.
- Al demonio Granger, no se puede ser amable contigo - bufó él saliendo de su sopor, pero a la vez agradeciendo que ella lo hubiese detenido.
- Intentar desnudarme no me parece un gesto amable. Ahora mismo necesitaría la ayuda de un amigo que escuchase mis problemas, no uno que me acosara - dijo ella - mordazmente.
- Tomo nota, adiós Granger - dijo, y con una reverencia forzada, salió de la habitación dando un portazo.
…
Hermione lanzó un hechizo de cierre a la cerradura de la puerta y se cambió de ropa rápidamente mientras intentaba asimilar qué acababa de pasar. Le resultaba imposible saber en qué pensaba Malfoy.
Primero la traía hasta el lugar donde escapaba del mundo que le rodeaba y se sinceraba con ella, y después volvía a ser el mismo arrogante de siempre. Más tarde se comportaba medianamente amable con ella ofreciéndole dormir allí, de forma ruda, tal y cómo esperaría que se comportase un Slytherin incapaz de mostrar preocupación por otro ser humano de forma simpática. Pero cuando creía que estaba experimentando un cambio en él, que se estaba esforzando por ser amable con ella, intentó desnudarla y luego salió espantado cuando le dijo que necesitaba un amigo.
Cuando intentó escapar de aquel lugar, antes de que él la detuviera, tomó la determinación de tirar la toalla con su empeño de ayudarlo a sentirse mejor, pero este último acto del platino le hizo reafirmarse en su idea.
Lo que hubiera supuesto un desahogo para ella, se convirtió en un problema más grande. Al sentir sus frías manos acariciando sus brazos, sus hombros, su espalda… sintió como si decenas de duendecillos de Cornualles se agitaran en su estómago. Era una incongruencia, puesto que se había prometido renunciar a tener una mínima amistad con el chico Slytherin, pero a la misma vez, deseaba tenerlo cerca suya y que no se separara nunca.
Pero tenía que recordar que era una mujer comprometida y que, a pesar de lo mal que se encontraba su situación con Ron, le debía fidelidad. Así que no tuvo otra que detenerlo, aunque hubiera preferido que se quedase al lado de ella esta noche, aunque solo fuera para acompañarle.
Tras ponerse la suave camisa de seda, comprobó lo que ya suponía, que los pantalones le estaban grandes y se le caían, así que decidió no ponerselos e ir al baño de la habitación a refrescarse un poco. Tras echarse agua en la cara se miró en el espejo, no reconocía a la chica que se reflejaba, vestida con una ostentosamente cara camisa de pijama de Malfoy que apenas le llegaba a la mitad de sus muslos, con un moño despeinado y los ojos hinchados de tanto llorar . Al verlos recordó todos los acontecimientos que la habían llevado hasta allí esa noche y volvió a llorar desconsoladamente.
Volvió al dormitorio y se metió entre las sábanas que, como no podía ser de otra manera, olían a Draco Malfoy. Aquel aroma a sándalo y cedro tan característico de él le atormentaba cada vez más. Odiaba saber que él era la persona con quien ahora mismo se sentía más emocionalmente conectada, tal y cómo le había confesado a Ginny en un arrebato de rabia contenida. No era justo que el ser menos accesible del mundo fuera también el que más necesitaba ella en ese momento, y también, quien más la necesitaba a ella, por lo que llevaba notando desde su primer encuentro ese año, en el tren.
Una media hora más tarde, se sobresaltó al notar cómo el pomo de la puerta giraba, pero no se abría, gracias al embrujo que le había lanzado antes. Al otro lado de la madera pudo oír cómo el chico lanzó improperios para sí, y después solo tardó unos segundos en susurrar un contrahechizo que deshizo la magia de la bruja.
"Se me olvidaba que es casi tan buen mago como yo" maldijo para sí la Gryffindor.
- A ver si te calmas Granger, que no hay quien duerma con tanto llanto - bufó el chico desde el marco de la puerta
Como respuesta, Hermione le ignoró y se encogió aún más de lo que estaba entre las sábanas para ver si así se iba y le dejaba en paz.
- Cuenta lo que quieras si así me dejas descansar- dijo por sorpresa, entrando a la oscura habitación, iluminada solo con la luz de la chimenea desde la otra sala. Se sentó a los pies de la cama, en el lado opuesto al que ella se encontraba.
- ¿Lo dices en serio?- preguntó anonadada.
El de Slytherin se limitó a encogerse de hombros, gesto que ella aceptó como pistoletazo de salida para soltar casi todo lo que le carcomía por dentro, teniendo la picardía de esconder las partes sensibles. No le contó que se propuso acercarse a él para que le contase lo que le pasaba y ayudarlo, aunque tenía la ligera impresión de que se le había escapado algo de eso antes, mientras intentaba escaparse enfadada. Ni mucho menos le contó, que creía que estaba empezando a tener sentimientos por él.
Si habló de lo abandonada que se sentía desde que entró en Hogwarts. De cómo sus amigos la habían apartado de sus vidas. De que su pareja la evitaba y de que sus amigos no veían bien que se acercara a él.
Él la escuchaba pacientemente apoyado en uno de los doseles de la cama y observando el suelo para evitar cruzar la mirada con ella.
- Bueno, y eso es todo - concluyó ella - se podría resumir en que las únicas personas de mi vida me ignoran y su única preocupación es que no me metas en tu cama, Malfoy.
- Granger - habló él por fin levantando la mirada y apuntando sus grises ojos directamente hacia ella - ya estás en mi cama.
La castaña se ruborizó al instante, presa de la obviedad. No había reparado hasta entonces en que las suposiciones de sus amigos se habían vuelto realidad, aunque no en el sentido que ellos se imaginaban.
- Esto… no de esta forma - dijo nerviosa, moviéndose en la cama- ya me entiendes a donde quiero llegar-.
- No, explícate -.
- No me tortures Malfoy, sabes perfectamente a lo que me refiero -.
Ella vio entre la penumbra como el chico sonreía de medio lado y se emocionó al darse cuenta de que era la primera vez que le sacaba un gesto así, y eso le encantaba. Era como un pequeño premio en su plan de ayudarle. Parecía que había tenido que abandonar su empeño para que empezase a funcionar, pero renunciar a su plan había sido inevitable, ya que si él se oponía, no iba a seguir detrás de él, y mucho menos teniendo sus propios problemas que atender.
Inmersa en esos pensamientos, notó cómo el Slytherin se levantaba en silencio de su puesto a los pies de la cama y se deslizaba dentro de las sábanas. Ella, lejos de sentirse asustada, se mantuvo en silencio esperando para descubrir qué pretendía el chico.
…
Se sentía muy orgulloso de sí mismo porque, para ser él, estaba siendo muy respetuoso con la chica: le había dado espacio para que estuviese sola y pensara en sus cosas. Ella le había echado de allí diciéndole que necesitaba un amigo, cosa que él no era, así que prácticamente, le estaba obligando a irse. Improvisó una cama en uno de los sillones de la salita y se tumbó a intentar pasar la noche sin pensar en que tenía a Granger a unos metros.
Pero no dejaba de darle vueltas, a esa última frase de Granger, quizás se refería a que dejara de desnudarla y se comportase como un amigo con ella. Pero es que, a su parecer, ya estaba siendo amable al ayudarla a quitarse la ropa cortésmente y no de forma lujuriosa, tal y como hacía siempre con las chicas.
Desechó todos los recuerdos de esa índole que le vinieron a la mente, ya que pertenecían a su antiguo yo, y por tanto no se sentía muy orgulloso de ellos, pero entonces, recordó otra de las frases que le dijo la Gryffindor:
"No somos tan diferentes como tú piensas, se podría decir que podemos ayudarnos mutuamente a superar todos nuestros problemas emocionales…"
"¿Ayudarnos mutuamente? ¿Ella y yo?" pensaba sin parar cuando otra de las frases le vino a la cabeza.
"Intentar acercarme a ti para que me confiaras tus problemas no ha funcionado"
"¿Cómo que acercarse a mi? ¿Pretendía ayudarme con ese jueguecito de pegarse como un puffskein? Por las barbas de Merlín, que críptica es.
Un sollozo desenredó la maraña de pensamientos que tenía en ese momento. La chica no dejaba de llorar amargamente dentro del dormitorio. Rápidamente unió todas las pistas que Granger le había ido soltando aquella noche, deliberadamente o no, y decidió sus próximos movimientos: "¿Quería un amigo? pues lo tendrá, aunque no espere consejos, como mucho puedo escuchar, y además, ¿Quiere que nos ayudemos? pues lo que necesito es la calma que me produce estar cerca de ella, y además, si quiere acercarse, no va a tener distancia".
Y con esta convicción se lanzó a la puerta que los separaba, sólo para darse de bruces con que la chica había lanzado un conjuro protector y no podía abrirla. Reconoció al instante el hechizo, uno muy avanzado que él había estudiado años antes de un libro que sacó de la sección prohibida y que utilizaba en la mansión de su familia cuando quería aislarse de los mortífagos que vivían allí. Aquellos ineptos no conocían el contrahechizo que lo disolvía, pero él sí. Así que lo lanzó mientras farfullaba improperios y el portón se desplazó lentamente hacia dentro.
Se quedó en el marco de la puerta teniendo un breve ataque de pánico sin saber cómo actuar a continuación.
"A ver si te calmas Granger, que no hay quien duerma con tanto llanto"
"Mierda, esto no es lo que había planeado" se recriminó a sí mismo, "siendo borde no vas a conseguir ser su amigo, ni de lejos. Piensa en qué diría Potter"
"Cuenta lo que quieras si así me dejas descansar"
"Bueno, es mejorable, pero no está mal" se enorgulleció a la vez que se sentaba a escucharla. Ella pareció dudar un momento, pero se arrancó a hablar y no paraba. El platino se perdía en algunas partes de la trama, porque era increíble la cantidad de sentimientos que podía describir la chica, pero captó la esencia de lo que la carcomía. Sin embargo, la última frase que lanzó la Gryffindor obtuvo toda su atención.
Por una vez y sin que sirviera como precedente, le daba la razón al cara rajada y al Weasley. Se acababa de enterar de que tenían miedo de que llevase a Granger a su cama, y la realidad era que ya estaba en ella. Aunque tenía que admitirle a la chica que no era de la misma forma que ellos pensaban. Sonrió al ver lo nerviosa que se puso Granger al darse cuenta de la situación.
La verdad era que no había sido premeditado, sino una serie de acontecimientos inesperados los habían llevado hasta allí, pero de una forma u otra, la profecía se había cumplido. Allí estaban ambos, en el mismo lecho.
Malfoy había descubierto, que aquella bruja producía en él un efecto balsámico, que le calmaba, que le hacía olvidar que era uno de los magos más odiados y despreciados del país. Esa chica lo trataba como a un igual sin juzgarlo por su pasado, a pesar de que tenían una historia en común de lo más desagradable. Si el destino los había guiado hasta ese lugar, él iba a aprovechar la situación a su favor para sentir lo que era estar cerca de ella, allí, ocultos en su lugar secreto, sin que nadie se enterara.
Respiró lentamente preparándose para lo que iba a hacer, ya había cumplido con la primera parte de su plan, que era la de ejercer de amigo escuchando sus problemas. Así que, sin más dilación, levantó las sábanas de seda y se metió entre ellas.
Sorprendentemente, la quisquillosa de Granger, que siempre tenía palabras para cualquier situación, no dijo nada. No encontrar oposición facilitaba las cosas, así que se giró hacia ella, deslizó su mano izquierda hasta encontrar la cintura de ella y la atrajo hacia sí. Después pasó su otro brazo por debajo del cuello de ella, pudiendo así hundir su rostro en el espeso cabello rizado de la chica. Suspiró profundamente, dejando liberar todo el aire de su pecho, sintiendo el gran peso que le oprimía desde hacía meses le dejaba por fin dar una bocanada decente.
Ese era su lugar en el mundo, con ella. Todavía le daba temor admitirlo, pero en el fondo ya lo sabía: Hermione Granger era todo lo que necesitaba.
- ¿Malfoy? - oyó decir a la chica muy cerca de su pecho.
Abrió los ojos y bajó la mirada para encontrarse con los suyos. Le miraba entre intrigada e inquieta.
- Tranquila - le susurró de la forma más pacífica que pudo, lo último que quería era enfadarla y que huyera.
Parecía que había surtido efecto, porque notó como la chica se relajaba y sonreía ligeramente mientras se removía para devolverle el abrazo. Cerró de nuevo los ojos disfrutando aquel momento y notó que ella ponía una mano en su pecho, y la otra se dirigió hasta su rostro, comenzando a acariciar su mejilla. Draco contuvo con todas sus fuerzas una solitaria lágrima que luchaba por aparecer. Nunca nadie le había demostrado afecto de aquella manera, aportándole sin palabras lo que necesitaba. Tener la certeza de que había un ser a su lado, que le apoyaba sin pedir nada a cambio, era un sentimiento indescriptible.
No necesitaba nada más, ni quería que aquel instante se desvaneciera.
- Duerme - casi le rogó.
La Gryffindor no le hizo caso, en vez de eso se dispuso a ordenar su platino cabello hacia atrás con delicadeza. Cuando estuvo satisfecha, dirigió su mano hacia atrás para posarla en la nuca del Slytherin, y se acomodó entre sus brazos.
Y así, entrelazados, ambos durmieron en paz.
Ains… lo dejamos aquí, pacíficamente. Dejemos que la tormenta se desate en el siguiente capítulo jajajaja
¿Queréis un adelanto? Me imagino que sí así que os doy la primicia de que el título del próximo capítulo es …. "El mapa del merodeador" (guiño-guiño). Con esta mega pista os podéis suponer que se avecinan conflictos.
Os pido perdón si este capítulo ha sido un poco aburrido al repetir las escenas desde la perspectiva de ambos, pero es que siento que hay veces que es necesario explicar los dos puntos de vista, sobre todo ahora que están confusos.
Bueno un repaso rápido: ya sabemos dónde se esconde Draco entre clases cuando Hermione le buscaba y no lo encontraba. El hecho de que inconscientemente la haya llevado hasta allí significa que su subconsciente se ha abierto a ella, pero él no lo quería admitir, porque, es Malfoy, no iba a ser tan sencillo para él darse cuenta de esas cosas.
Por otra parte, lo que para Hermione comenzó como una misión para ayudarle, le ha estallado en la cara y ahora se está colgando de él… pero tiene novio ¿Cierto? veremos entonces cómo se desarrollan los acontecimientos…
Un abrazo enooooooooooooorme!
SoyUnaHuff
